domingo, 17 de septiembre de 2017

Mique MARCO ANTONIO

Jordi Sánchez






Ediciones Glénat



El estrecho espacio de una página no permite medias tintas ni altibajos. Cualquier error de cálculo, el menor despiste, puede tirar por tierra el brillante contenido de las siete, ocho o nueve viñetas anteriores. La página es, por tanto, un formato incómodo para el autor, y un perfecto blanco para las iras de lectores con paladares inconformistas. Cuando dicho formato se adentra en el pantanoso terreno de la infancia, conviene extremar el ojo avizor: las tropelías de algunos mentecatos alcanzan las más altas cotas de la infamia.

No es el caso de Mique Beltrán; el valenciano pertenece a una estirpe, como el Bill Watterson de Calvin y Hobbes o el Tome de El Pequeño Spirou, de niños de talla grande, capaces de revisar conceptos elementales de la historieta infantil sin exigir que el niño lector posea un cerebro privilegiado. Marco Antonio, como Calvin o el pequeño Spirou, es, más que un personaje, un concepto, el resumen de una actitud creativa.

Nacido de Cleopatra, uno de los más grandes, a la par que poco usados, personajes de la historieta española (La Pirámide de Cristal y Macao son dos obras maestras), nuestro protagonista es un pequeño monstruo de imaginación inabarcable y alucinada ética, incapaz de privarse de usar su poderes mentales para huir del colegio o lanzar un mordisco a la tarta de chocolate de Mamá Gutanda. Marco Antonio es, como cualquier niño que se precie (¿como Mique?), ese encarnizado enemigo de las absurdas convenciones adultas que todos querríamos ser. En una postura narrativa intermedia entre la cotidianeidad de las anécdotas de Tome y Janry y la desbocada fantasía del personaje de Bill Watterson, Mique Beltrán apuesta por un extraño registro, un lenguaje híbrido; una suerte de realismo mágico. En la página 23, Basilio es testigo de una espectacular pelea entre sus padres; en la plancha siguiente, Mamá Gutanda y Marco Antonio sobreviven a un naufragio, son apresados por unos caníbales, y, cuando están a punto de ser devorados, escapan gracias a los poderes del pequeño para llegar a una playa (¿valenciana?).

Es esa opción argumental la que hace de Marco Antonio un gran libro; un gran libro que, no obstante, contiene algunas de esas páginas malditas que se refieren en el principio de este texto. Unos pocos gags de desarrollo previsible y escasa gracia -pág. 7, pág. 16- que, pese a lastrar el conjunto, no consiguen enturbiar los logros de un buen puñado de planchas que destilan sabiduría y ternura. Como la del retrato de Verónica o la del niño repipí que pretende imponer reglas en un partido de fútbol, páginas que demuestran el genio y la sensibilidad de Mique.




Frank Miller SIN CITY


Jordi   Costa


 Norma Editorial

Como ya viene siendo moneda corriente en los últimos años, cada vez que Frank Miller asoma la cabeza con uno de sus arriesgados trabajos, se alzan unas cuantas voces prestas a informar a todo aquel que no se haya enterado de que "este Miller anda de capa caída". Consideraciones tan poco generosas como ésta las recibió Hardboiled, obra maestra de la ultraviolencia de vanguardia que el autor de Batman Dark Knight escribió para el mayúsculo Geoff Darrow. Sin City, sin duda la obra en la que Miller ha alcanzado el mayor grado de radicalidad plástica, no ha sido menos: como los grandes, el historietista se vuelve a mostrar como generador de pasiones extremas; grandes odios, pero también grandes amores. El problema es que esos grandes odios se antojan antes signo de la cicatería militante del habitual lector de comic books que no reflexivo voto de censura, pronunciado desde el conocimiento profundo de la obra milleriana.

Como en Perro Nick de Miguel Ángel Gallardo, el norteamericano parte aquí de referentes muy zafios, de esas novelas de serie negra de cuatro centavos escritas -como diría James M. Cain- no con el cerebro, sino con los testículos; en suma, una escritura genital cargada de hipérboles, de lenguaje cazallero y áspero, atravesado de cierta visión del mundo desesperada, sin posibilidad alguna de redención. Si Gallardo utilizaba ese punto de referencia para elaborar una pequeña, pero logradísima filigrana conceptual (lanzar un buen puñado de clichés, lugares comunes y personajes arquetípicos a un Twilight Zone post-pop), Miller tiene la osadía de querer construir un relato hardboiled siguiendo a rajatabla las reglas de esa literatura basura, impostando la voz hasta las últimas consecuencias, confundiendo su mirada con la de ese Marv de mentón cuadrado y facciones imposibles que siembra de muertos las impecables composiciones de página de Sin City.

Con todo, subyace la parodia, y Miller se lo pasa de lo lindo acumulando un cliché machista tras otro (los comentarios de Marv sobre la posible curación del lesbianismo de su amiga no tienen precio), una escena de exasperada truculencia tras otra (aquí, la suerte última del asesino silencioso se lleva la palma), hasta desembocar en una sorpresa final que, intencionadamente, linda con lo risible. Un epílogo en el que Marv, en tanto que único personaje de historieta capaz de aguantar el tipo incluso después de la muerte, demuestra ser el más duro entre los duros, pone espléndido punto final a una incuestionable obra maestra del Miller post-Dark Knight, en la que se juega constantemente a la burla del machismo por la vía de la exaltación grotesca del mismo. Algo así como lo que se propone hacer el gran John Kricfalusi, castigado creador de Ren y Stimpy, en su previsto largometraje The Ripping Friends, el primer dibujo animado sólo para hombres en la rica y polimórfica historia del género.

En el apartado gráfico, Miller logra unir a su ya habitual maestría compositiva una concisión de trazo llevada a las últimas consecuencias: las luces y sombras de todo el cine negro clásico parecen una chirriante y verbenera explosión de matices del gris frente al extremo planteamiento de la iluminación que propone Miller. Momentos como el de la aparición de las strippers, bajo unas sensuales ráfagas de luz blanca ,o ese paseo mastuerzo-reflexivo bajo la lluvia son sólo algunos de los momentos de oro dentro de una obra planteada como un tour de forcé desde su primera página hasta su seca conclusión. No hay que cogérsela con papel de fumar a la hora de hablar de Miller. Hay vida después de Batman Dark Knight... Vida y exceso de genio.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Milligan / Bachalo SHADE


Jaime Vane


 Ediciones Zinco

Esta obra merece, juzgamos, ser llamada peculiar. Habla sobre Shade, un nativo del planeta Meta que pasó por ser un adolescente pretendidamente hipersensible y aficionado a la poesía, enamorado de una joven en cuyo dormitorio entró una noche (sin permiso de ella, pero también, presumiblemente, sin ninguna pretensión normal), lo que le valió ser sometido a una suerte de lobotomía. Tiempo después, Shade es seleccionado para ser enviado a Tierra en calidad de agente mental bajo la forma de proyección astral, acompañado por un chaleco loco, chisme que le dará el poder de la locura externalizada. Entre Meta y Tierra está el área de la locura, una zona en la que Shade puede quedar preso durante su viaje.

Kathy George, una joven sureña,vivía en Nueva York, tenía un novio negro a los 20 años y se disponía a presentárselo a sus padres, que residían en Louisiana. Inició el viaje con su novio, se detuvieron en un prado a refocilarse, y llegaron tarde a la casa; Kathy abrió la puerta y se encontró con una escena un tanto curiosa, compuesta por: un tipo apuñalando a sus padres, muertos, y un recibidor con las paredes y el suelo bastante salpicados de sangre. El asesino, Troy Grenzer, dice que no está loco, y que hace aquello porque quiere "y punto". Al novio de Kathy lo mata la policía porque al guionista le apetece lograr, con pocos recursos, el favor de las minorías étnicas. Kathy, muy afectada, es recluida en un centro psiquiátrico. Tres años después del asesinato de sus padres, va a parar ante la penitenciaría del estado de Louisiana poco tiempo antes de que el asesino múltiple Troy Grenzer vaya a ser ejecutado allí en la silla eléctrica. Y, atención, en el momento de producirse la electrocución de Grenzer, Shade ocupa su cuerpo y, con él, sale de la cárcel, se encuentra con Kathy, la convence (tras algunas aventuras) de que es Shade y proviene del planeta Meta y se dirigen a Dallas. Aprovechando que las realidades son muchas y paralelas, el trío de protagonistas representa de un modo delirante el manido asesinato de JFK con algunas variantes, entre las que destaca el hecho de que JFK no es asesinado, y es un individuo muy campechano, capaz de tragarse un cuento preñado de licencias narrativas.

La acción resulta trepidante y la historia, siempre que se hagan esporádicas generosas concesiones, es susceptible de ser leída con ganas. Benevolencia requiere el dibujante, cuyos mejores monos parecen mal copiados de viñetas de algunos de los miembros de The Studio; los otros son incomparables, pero el conjunto puede no molestar durante la lectura.

Del guión molesta la invitación a argumentar que es un discurso sobre distintas formas de neurosis y esquizofrenia elaborado por un paranoico. Esto no sólo porque se sospeche que el pretendido discurso sobre América (del Norte), el sueño americano, el grito americano, la locura, la responsabilidad,... es absolutamente inconsistente, aunque parezca querer apoyarse en juegos retóricos cuya oscuridad no llega a confundirse en ningún momento con profundidad (otra sospechada intención). Las evidencias son mayores: la invención de figuras que pretenden dar coherencia a un universo delirante, el agotamiento de descripciones para llenar espacios narrativos que cobren el efecto de argumentos,... Como ejemplo de lo primero está la profusión de nombres que se refieren a elementos no descritos, que se utilizarán arbitrariamente en la narración: tal es el caso del chaleco loco. Como ejemplo de lo segundo tenemos la electrocución de Grenzer, donde, en media docena de páginas se nos hace tragar lo que parece toda la pobre información que el guionista ha conseguido sobre electrocuciones, de tal modo que uno sospecha (algo que sucede en varias ocasiones) que no se esta narrando una historia de ficción, sino que se está argumentando sobre aspectos o asuntos de la realidad. Para hacer algo así, y hacerlo en el grado en que aquí lo encontramos, no basta con ser paranoico, se tiene que ser novel. Entretenida historia entonces, de unos noveles que hablan sobre si mismos, y pretenden mayor profundidad de la que son capaces de conseguir.



Mignola / Thomas DRACULA


Jordi Sánchez


 Ediciones B

Puede ser que, como algunos afirman, Bram Stoker's Dracula, la controvertida película de Francis Ford Coppola, no sea la mejor adaptación de la novela de Stoker. Puede, incluso, que no sea esa gran película que algunos quisieron ver. Es indudable, sin embargo, que el film de Coppola es una gran historia de amor, y un vigoroso ejercicio de estética. Más aún, el Drácula de Coppola es una enciclopedia de texturas fílmicas, la síntesis perfecta de un millón de escuelas cinematográficas. Lo cual, unido a la necesidad, a la invariable manera del actual Hollywood, de inundar el mercado de merchandising, hizo de la película un material idóneo para fabricar un bonito tebeo. Y el tebeo salió bonito, claro. Aunque algo menos que la película.

El Drácula de Mike Mignola y Roy Thomas es un buen libro de historieta, pero un pálido remedo de lo que ofrecía el experimento de Coppola. Lo que en el film es desfile de códigos, en el papel es uniformidad; lo que en pantalla es investigación, en el libro es puro formalismo.

La adaptación (sitúense ahora en el punto de vista estrictamente literario) es satisfactoria; no podría ser de otro modo: Roy Thomas es garantía de oficio. La elección de planos y su trasplante al papel, aunque no exenta de cierto conservadurismo, es funcional; los diálogos son excelentes.
El trabajo de Mignola, por contra, es ampliamente cuestionable. Siendo un gran dibujante, Mignola ha traducido el universo estético de Coppola, nacido de la desfachatez, en un inhibido compendio de planas imágenes. Ejemplos no faltan: el prólogo ambientado en la Transilvania de 1462, una de las cumbres plásticas del film, es, en manos de Mignola, poco más que un curioso montaje ; el juego cinético de luces y sombras, un hecho estético fundamental en el castillo del Conde, queda en un estéril intento en las páginas; el encuentro de Mina y Drácula, que en la película es una brillante apuesta metalingüística, es, pasada por Mignola, una secuencia anodina.

El lector que no haya visto la película se enfrentará a algo muy diferente. Si Dracula, El cómic (así bautizó Ediciones B al álbum), hubiera nacido como una propuesta alejada del cine, a la manera de aquel Drácula al óleo de Fernando Fernández, hito del tebeo español de los años ochenta, sería una obra maestra. A veces, frente a los intentos de autores comprometidos en demostrar lo contrario, aparecen personas que, confundiendo convencionalismo con comercialidad, se empeñan en hacer de la historieta la hermana menor, muy menor, del cine.





McKean / Gaiman CASOS VIOLENTOS


 Agustín Oliver



 Ediciones Zinco

Nunca lo entenderé. Primero lapidan el Madriz con todas las acusaciones que se les pasan por la cabeza y, algunos años después, con un público más reaccionario aún si cabe (y no hablo de política), publican Violent Cases. Quizá crean que los nombres de los autores tienen el suficiente gancho como para poder tirar del producto pero, y ojalá me equivoque, no lo tengo yo tan claro.

Neil Gaiman es uno de los más interesantes escritores (ojo, que no es lo mismo que guionistas) que han participado en la nueva ola de historietistas que han tomado el mercado yanqui. Interesante, sobre todo, por dos características demasiado difíciles de encontrar entre los guionistas de hoy: es inteligente y sabe escribir. Esto último es fácil de comprobar en cualquiera de sus obras en inglés, aunque no siempre logre sobrevivir a la traducción nacional. Lo primero ya no es tan fácil de descubrir a primera vista, pero sí cuando se presta un poco de atención. En todas sus obras se encuentra esa chispa (que en Violent Cases es todo un torrente) de humanidad, de vida real, que distingue al escritor lúcido del artesano con oficio, aunque a veces sea distorsionado para disfrazarlo de lo que sea necesario.

Alguien ha escrito que si en vez de Dave McKean, Violent Cases lo hubiera dibujado Bill Sienkiewicz, el resultado hubiera sido el mismo. Algo de eso hay, sin duda. Pero del mejor Sienkiewicz, del que sabe (¿sabía?) adaptarse a la historia.

Algo muy básico pero de lo que parece que se olvidó un poco el amigo David en el afamado Arkham Asylum, donde dio rienda suelta a sus inquietudes estéticas aún a costa de la fluidez del relato, que en ocasiones quedaba un tanto sepultado bajo esa capa de dudoso esteticismo (muy bonito, pero ese es otro asunto). Tampoco es ese el caso en esta obra, y McKean evita las tentaciones de protagonismo y se mantiene en esa discreta y maravillosa penumbra en blanco y negro que da atmósfera a los brumosos recuerdos del protagonista, y que ya ofrece Gaiman en sus confundidos diálogos, aportando las dosis justas de esa distorsión que el tiempo ejerce sobre las ya de por si alteradas percepciones que corresponden a la mentalidad infantil, perfectamente apuntadas en las múltiples digresiones efectuadas por el narrador. Un relato perfectamente estructurado, de enorme honradez y franqueza, que consigue que no se pierda el interés sin recurrir a sorpresas fáciles ni trucos baratos, logrando que funcione la primera vez, pero que difícilmente soporta una segunda lectura. Aquí no hay efectismos ni revelaciones incrustadas a golpes, y sí un guión espléndido y un dibujo que lo apoya en todo momento, dando como resultado una obra genial, de las que siempre se ven demasiado pocas.
No cabe la menor duda de que Violent Cases ha sido de lo más interesante del año, y con diferencia.




Lauzier DIARIO DEL ARTISTA

Trajano Bermúdez



 Editorial Grijalbo

Nadie con un mínimo gusto en materia de viñetas podía necesitar que Diario del Artista recibiera el Gran Premio del Salón de Angulema de 1993 para reconocer en Lauzier a un historietista gigantesco, un autor que afrenta con sus páginas los pueriles balbuceos de legiones de finísimos dibujantes. Pero tal vez tan honrosa distinción sirva para que muchos se quiten de la cabeza la estúpida imagen de Lauzier como un chistoso más o menos legible, y descubran en él a uno de los escasísimos creadores verdaderamente adultos que existen hoy en el mundo de los tebeos (algo parecido a lo que ocurre, en buena medida, con Ralf Konig).

La exhibición narrativa que despliega Diario del Artista es tal que cuesta decidir por dónde meterle mano. La escena inicial prefigura toda la obra en muchos sentidos. Es en ella donde se enciende la chispa que moverá el motor del álbum, aunque sólo al final descubriremos cuál es el auténtico fuego. Este arranque se compone de doce viñetas consecutivas donde dos bustos parlantes comparten un diálogo sobre el decorado de una obra de teatro montada por aficionados. Ninguna de las doce viñetas es igual a las demás. No queda ningún resquicio al descuido, la rutina o la monotonía. Estamos acostumbrados a ver tebeos donde quince personajes, saltando atléticamente a lo largo de veinte páginas, no hacen sino componer la misma viñeta. Estamos tan acostumbrados a la molicie y al embuste del dibujo sin valor, que nos cuesta reconocer los enormes prodigios que Lauzier desliza en cada trazo, como si fuera lo más obvio del mundo. Así, por ejemplo, la capacidad dramática de las cuatro rayas con las que hace un rostro, que humillan a decenas de «retratistas» que andan sueltos por ahí. O el don de componer todo un paisaje con apenas un árbol (y un árbol con apenas dos líneas). O el inmenso talento de desgajar con naturalidad dos narradores en la obra. El protagonista, Michel Choupon, que toma en primera persona la voz de los textos (al fin y al cabo, es un diario), y el narrador objetivo, la tercera persona, que son los dibujos y diálogos. Hay un ejemplo brillante en la escena en la cual Choupon se recrea con pensamientos de su superioridad sobre Manu, al tiempo que éste le da jaque mate al ajedrez. Se trata de uno de los tesoros originales de este medio, y acostumbra a ser despreciado por hordas de «historietistas».

Pero siendo impresionante la maestría de Lauzier en el dominio de la comunicación en viñetas (y merecedora de comentarios más prolongados que los que aquí me permite el espacio), toda su pericia en la forja de la cosa tebeística no es más que lo que debería ser: una herramienta para narrar adecuadamente una historia. Una historia sin bárbaros, sin caballeros medievales, sin asesinatos ni puñetazos, sin justicieros enmascarados. De hecho, tampoco hay justicia. Hablemos claro: Diario del Artista es uno de esos escasos álbumes que podría leer cualquiera, aunque no sea aficionado a los tebeos. Ahora bien, me pregunto cuántos aficionados a los tebeos serán capaces de leerlo. Cuando se ensalza a superhéroes sofisticados como tebeos experimentales, y a aventureros homicidas o superhéroes humorísticos como los viejos tebeos bien hechos es que se ha olvidado ya que para subir la pendiente hay que empujar en sentido contrario.

Desde Diario del Artista han pasado diez años para Lauzier (su dibujo es más cuidado, y su guión menos grotesco) y también para Choupon. Algunas cosas persisten, además de las asfixiantes descripciones de los círculos sociales burgueses, especialidad de la casa: también la alternancia de ciclos depresivo-eufóricos, la manía de Choupon de ir por detrás del mundo, su inmensa soledad. Pero, al final de Recuerdos de un Joven, Choupon estaba completamente atrapado, mientras que al acabar Diario del Artista, ha conseguido liberarse de todas las trabas. Hace diez años iba hacia la vida, y la vida le aplastó. Ahora, ha conseguido asomar la cabeza por debajo de la inmensa manaza de la vida. Será que Lauzier se hace mayor, pero aquí hay esperanza. Una fría, gélida esperanza.





Mauro Entrialgo HERMINIO BOLAEXTRA

Jordi Costa


Ezten Kultur Taldea Ed.


La ineludible evolución de nuestros modos sociales hacia la total y democrática asepsia mental está provocando un curioso fenómeno: la manera más rápida y eficaz para ser subversivo dentro de este nuevo orden educado y tolerante es convertirse en un individuo «políticamente incorrecto». En el árido terreno del humor gráfico español, autores como Álvarez Rabo y Mauro Entrialgo parecen haberlo entendido a la perfección y, cada uno a su manera, han acabado por convertirse en las firmas más estimulantes dentro de un panorama que empezaba a manifestar signos de agonía. Mientras en las páginas de Álvarez Rabo la misoginia, tan salvaje como ingeniosa, parece ser el tema rector, Mauro Entrialgo consigue atender en sus trabajos a todas las «minorías sensibles» que integran el cada vez más heterogéneo mosaico social: mujeres, jubilados, católicos, modernos, yonquis, homosexuales, parados, negros y niños, entre otros, pueden acabar la lectura de un álbum de Mauro -este álbum, sin ir más lejos- con el pulso ostensiblemente alterado.

Con su trazo anguloso y sintético, Herminio Bolaextra -periodista canalla bendecido por la Madre Naturaleza con tres atributos testiculares-es el personaje más carismático de la historieta de humor española después del Tío Vázquez, obra del ínclito ídem. Como él, Herminio hace de una actitud rotundamente anti-social su fe de vida, pero propone un brutal cambio de talante con respecto al incombustible moroso: si Tío Vázquez era un superviviente, capaz de ingeniarse mil argucias para burlar a sus agresores (acreedores), Herminio adopta en todo momento el rol de agresor, de amenaza imbatible para cualquiera de sus interlocutores. Situado en ese punto en el que el gamberrismo linda con el terrorismo de taberna, Herminio Bolaextra atraviesa las concisas historietas de Mauro escupiendo vitriolo y exponiendo su biliosa visión del mundo, ya sea a través de los más sardónicos comentarios o de las más bajas perrerías. No es, efectivamente, un modelo de moral, sino todo lo contrario: un modelo anti-moral, que actúa como perfecto revulsivo para lo que podríamos llamar el creciente «pazguatismo» de fin de siglo.

El álbum, barato y -quizá por eso mismo- trufado de molestas páginas de publicidad, recoge algunas de las perlas cultivadas de Herminio Bolaextra, que vieron la luz originalmente en las páginas del TMEO, quizá la revista más obscenamente viva en el actual camposanto que es el mercado español de las revistas de historietas. El trazo de Mauro evoluciona rápidamente de la desnuda tosquedad de las primeras entregas Hacia la sabia -y humorísticamente eficaz- síntesis que marcará el canon estético de la serie. Escatología, mal gusto, chanzas groseras, insultos elevados a forma de arte, chistes verdes y tropelías salvajes conforman la materia prima que alimenta el humor de Mauro: muchas de sus historietas parecen la simple puesta en escena de un chiste «bestia y sangriento» o de una ocurrencia que no todo el mundo se atrevería a soltar en público. ¿Cuál es, pues, el secreto de Mauro? ¿Qué le hace trascender esos innobles puntos de partida?¿Por qué en este Herminio Bolaextra puede detectarse un grado de hidalguía artística que está ausente, por ejemplo, de los cassettes de Arévalo que pueden adquirirse en las gasolineras? Pues, probablemente, porque Mauro posee esa inefable virtud que separa al graciosillo del gran humorista. En otras palabras, el vitoriano es lo mejor que le ha pasado a la historieta de humor española desde Vázquez. Cualquier página de Mauro garantiza risas -varias risas- y no está el panorama para andarse con remilgos. Autor de la estirpe de Michael O'Donoghue -el legendario guionista del Saturday Night Live que propuso en las páginas del National Lampoon un artículo sobre ropa interior para muertos-, Mauro y su humor políticamente incorrecto tienen la fórmula infalible para suscitar la hilaridad, y de paso han creado a un personaje -hijo de puta redomado- con madera de clásico. No es magro balance.




miércoles, 13 de septiembre de 2017

Una edición a la japonesa

JAVIER FERNÁNDEZ
13 Septiembre, 2017




'Hotel Harbour View'. Jiro Taniguchi, Natsuo Sekikawa. Planeta Cómic. 208 páginas. 16,95 euros.

Fallecido este mismo año, Taniguchi figura entre los mejores historietistas de la historia, y su enorme legado abarca obras de una infinidad de géneros. Hotel Harbour View, conocido ejemplo del trabajo de Taniguchi dentro del género negro, fue uno de los primeros manga que publicó Planeta (en 1993), cuando todavía no estaba claro qué formato sería el más adecuado para los tebeos japoneses.

Entonces se eligió el tamaño álbum y, si mi memoria no me engaña, el sentido de lectura occidental. Ahora, el espectacular cómic de Taniguchi y Sekikawa regresa a la japonesa en un cuidado tomo que contiene otras cien páginas de la misma temática (algunas de ellas a color) que no se incluían en la anterior edición. Altamente recomendable.

Malaga Hoy


De gaullista a universal

El año 1959 marca dos hitos de la historia francesa: la subida al poder de De Gaulle y la publicación de 'Astérix el galo'. Goscinny y Uderzo son los creadores de la célebre aldea gala

GERARDO MACÍAS
13 Septiembre, 2017




'Astérix El Galo'. Guión: René Goscinny. Dibujos: Albert Uderzo. Editorial Salvat, 2014.

El gaullismo es una ideología francesa basada en las ideas y políticas presidenciales de Charles de Gaulle. Sus simpatizantes aspiran a un tradicionalismo cultural y social, pero se muestran abiertos a la modernización técnica y económica.

La V República Francesa está en vigor en Francia desde el 5 de octubre de 1958. El año 1959 es muy importante para el país vecino, ya que fue entonces cuando se producen el inicio del mandato de Charles de Gaulle como presidente de la República Francesa y el debut del cómic Astérix el galo.

El gaullismo fue el movimiento político dominante en la V República Francesa hasta la dimisión de Charles de Gaulle como presidente en 1969. De ahí procede el mensaje de orgullo nacional francés de estos cómics. Pero esto no impidió el éxito internacional de los álbumes, publicados en 107 lenguas con un total de ediciones que ronda las 1.460.

Astérix vive alrededor del año 50 a. C. en una aldea ficticia de Armórica, al noroeste de la Galia, la única zona del país que no ha sido conquistada por Julio César. La aldea está rodeada por los campamentos romanos de Babaórum, Acuárium, Láudanum y Petibónum (todos ellos, juegos de palabras que se pierden en la traducción española).

La aldea resiste gracias a una poción mágica del druida Panorámix. Los romanos desconocen el origen de la fuerza de los galos. El centurión Cayus Bonus envia al legionario Calígula Minus a espiar a la aldea, por lo que lo disfraza de galo y lo manda llevar encadenado por el bosque. Astérix y Obélix lo liberan y lo llevan a la aldea, donde prueba la poción mágica. El espía escapa y se lo cuenta a su superior, que manda a otros legionarios a secuestrar al druida. Astérix averigua que está preso en Petibónum. Allí, consigue hablar con Panorámix y traman un plan para liberarle y de paso reírse de los romanos.

Astérix el galo es la primera historieta de la serie homónima de René Goscinny y Albert Uderzo. Los personajes principales de este primer álbum son Astérix y Panorámix; Obélix tiene un papel secundario. Otros aldeanos son Asurancetúrix (el bardo), Abraracúrcix (jefe de la aldea) y Esautomátix (el herrero, aún sin bautizar).

Goscinny y Uderzo ya habían tenido éxito con Umpa-Pá, el Piel Roja, ambientado en Norteamérica en el siglo XVIII, cuando se reunieron para intercambiar ideas sobre una nueva serie con telón de fondo histórico en los enfrentamientos entre galos y romanos.

Dejando aparte su colaboración con Uderzo, Goscinny escribió para Morris (Lucky Luke), Sempé (El pequeño Nicolás), Dino Attanasio (Spaghetti) y Gotlib (Les Dingodossiers).

En 1977 falleció Goscinny, pero Uderzo continuó con la gestión de las reimpresiones y escribió los nuevos guiones de la serie. Desde 2013, los álbumes son firmados por Jean-Yves Ferry y Didier Conrad; Uderzo se reservó las portadas.

Esta historia tuvo su adaptación al cine de dibujos animados en 1967, dirigida por los autores. En 1998 se rodó una versión con actores reales, dirigida por Claude Zidi e interpretada por Gérard Depardieu, Christian Clavier, Laetitia Casta y Roberto Benigni, que dio lugar a tres secuelas.

Panorámix revela dos ingredientes de la poción mágica: muérdago y langosta. Este último únicamente añade sabor a la poción. Astérix comenta que es sexto día de la luna y que el muérdago cogido en ese día es un poderoso contraveneno. La información sobre el muérdago, la luna y los druidas está sacada de Naturalis Historia, enciclopedia escrita por el procurador imperial romano Plinio el Viejo.

La página treinta y cinco del álbum tiene una anécdota especial. En 1970, durante una reimpresión del álbum, la plancha original se perdió y tuvo que rehacerse por completo. Y será Marcel Uderzo, hermano de Albert, quien se encargue de ello.

La serie incluye gran cantidad de locuciones latinas. Por ejemplo, en este primer álbum: Alea jacta est (La suerte está echada), frase de Julio César en el momento de cruzar el río Rubicón con sus legiones, contra la orden del Senado; Quo vadis, galo? (¿Dónde vas, galo?), conocida por la película inspirada en la novela del polaco Henryk Sienkiewicz; Quid novi? (¿Qué hay de nuevo?), expresión popularizada porque Warner Bros la puso en boca de Bugs Bunny, etcétera…


Malaga Hoy

Aventuras británicas

JAVIER FERNÁNDEZ
13 Septiembre, 2017



'Star Wars Clásicos Marvel UK'. VVAA. Planeta Comic. 312 págs. 40 euros.

Como parte de la celebración del 40 aniversario de la saga galáctica, Planeta recupera en un volumen antológico las primeras aventuras clásicas de Star Wars producidas por Marvel específicamente para el mercado británico. Una joyita bibliográfica para aficionados a la franquicia, cuya impresionante lista de autores incluye veteranos como Archie Goodwin, Roy Thomas, Chris Claremont, Howard Chaykin, Tony DeZuñiga o Carmine Infantino, junto a los (por entonces) muy jóvenes Alan Moore y Alan Davis, entre otros. Van páginas a color y en blanco y negro, publicadas originalmente en Pizzazz, el semanario Star Wars Weekly, y las cabeceras mensuales The Spire Strikes Back Monthly y Star Wars Monthly, entre los años 1977 y 1982, con historietas ambientadas entre la primera y segunda entrega fílmicas o inmediatamente posteriores a El Imperio contraataca.

Malaga Hoy

Aviones, sueños y astronaves

Las aventuras del piloto Jesse Bravo, la única serie larga que escribió y dibujó Alex Toth, regresa tras tres décadas en un álbum de gran formato

JAVIER FERNÁNDEZ
13 Septiembre, 2017



'Bravo for Adventure'. Alex Toth. Planeta Cómic. 112 páginas. 22 euros.

Tengo sobre mi mesa tres álbumes editados por Planeta que nos acercan a tres etapas bien distintas del tebeo estadounidense. Empezando por el más reciente, Saga. Capítulo siete recopila los números 37 a 42 (2016-17) de la serie espacial con la que Brian K. Vaughan y Fiona Staples llevan varios años acaparando todos los premios. No me canso de recomendar este tebeo fresco y sorprendente que combina el culebrón familiar y la ciencia ficción, con unos personajes a los que se adora desde el primer momento y un argumento que conjuga escapismo y relevancia. Como nos recuerda José Torralba en su introducción: "la diversidad parece ser un tema esencial en Saga", pero no solo eso, "los creadores retan la postura ideológica de sus lectores más comprometidos con dilemas aún más espinosos, que abarcan desde el maltrato o el cuidado responsable de los hijos hasta la dicotomía entre la justicia social reivindicativa y la violencia a la hora de conseguirla. Tal vez sea ese el motivo por el que Saga sigue gozando del mismo éxito año tras año: porque, con independencia de lo adictiva que resulte y lo bien ejecutada que esté, es una obra relevante".

De 1994, llega La última tentación, miniserie de Neil Gaiman y Michael Zulli publicada originalmente por Marvel y que ha conocido distintas reimpresiones, aunque ninguna tan completa como la que nos ofrece ahora Planeta en su colección Babel. En el estilo característico de Gaiman, literario e imaginativo, con preciosos dibujos de Zulli que recuerdan al mejor Barry Windsor Smith, la historieta aúna fantasía, sueños y estampas grotescas en el Teatro de lo Real, con el mismísimo Alice Cooper como maestro de ceremonias. La presente edición en tapa dura ofrece nuevos colores, la propuesta original remitida por Gaiman a Cooper, los guiones originales de la obra, una galería con las impactantes cubiertas de Dave McKean, una nueva lámina dibujada expresamente por Zulli para la ocasión, un epílogo del artista y un prólogo del escritor, estupendos materiales que amplifican el gozo de la lectura.

Por último, Bravo for Adventure nos invita a retroceder aún más en el tiempo para encontrarnos con uno de los gigantes de la historieta mundial, Alex Toth, en una de sus obras más significativas, la única serie larga que escribió y dibujó. Iniciadas en la segunda mitad de la década de 1970, por encargo de una editorial francesa, y publicadas por primera vez en 1980 en la revista The Rook, de la editorial Warren, las aventuras del piloto Jesse Bravo asomaron en nuestro país en las páginas de K.O. Comics y han tenido que pasar más de tres décadas para que regresen en todo su esplendor. Lo hacen en un álbum de gran formato, con una bonita sección de extras que incluye ilustraciones promocionales, bocetos a lápiz y páginas coloreadas, así como una introducción de Dean Mullaney y dos epílogos de Antoni Guiral. El libro es una lección magistral sobre cómic y un deleite de principio a fin. Si solo pudiera comprarme un cómic este mes, no tengo duda de que sería Bravo for Adventure.


Malaga Hoy

El duelo eterno

JAVIER FERNÁNDEZ
13 Septiembre, 2017



'Conan y Red Sonja'. Gail Simone, Jim Zub, Dan Panosian, Randy Green. Planeta Cómic. 104 páginas. 14,95 euros.

Desde que Marvel perdió los derechos del mundo hiborio, las aventuras de Conan y Red Sonja han discurrido por caminos separados. El primero recaló en 2003 en la editorial Dark Horse, que devolvió al personaje parte de la grandeza perdida, y la segunda encontró acomodo en 2005 en el catálogo de Dynamite, donde ha conocido tiempos mejores y peores. Por fortuna, las dos casas estadounidenses han devuelto a los fans la emoción del que fuera uno de los duelos más emblemáticos de la fantasía heroica en las miniseries Conan/Red Sonja (2015, Dark Horse) y Red Sonja/Conan (2015-16, Dynamite), la primera de las cuales acaba de ser recopilada por Planeta Cómic en un solo tomo.

Con guion de Gail Simone y Jim Zub, y dibujos de Dan Panosian (en los dos primeros números) y Randy Green (en los dos siguientes), el libro presenta la reunión del cimerio y la hirkania en lucha contra el mismísimo Thot-Amon. La historieta está ambientada en distintos momentos de la vida de los míticos guerreros, lo que nos permite disfrutar con la aparición de secundarios de lujo como la siempre añorada Bêlit y contemplar la evolución de la relación entre los protagonistas de este eterno duelo de espadas. Simone ya había tenido oportunidad de trabajar con Red Sonja, pero ésta es la primera vez que escribe a Conan, y se nota que ha disfrutado de lo lindo. Lejos de la rotundidad visual de los viejos cómics de Marvel, el apartado gráfico tiene el estilo propio de Dark Horse, en el que juegan un papel fundamental los colores de Dave Stewart. El resultado es excitante, y deja la puerta abierta para nuevos encuentros. Ojalá que no se haga esperar tanto.

Entretanto, Planeta ha publicado ya el tomo 26 de Las crónicas de Conan, reedición de los números 199 a 205 de la cabecera marveliana Conan the Barbarian (1987-88), junto con el anual 12 (1987), en los que, por cierto, también aparece Red Sonja. Forman parte de la imprescindible etapa de Jim Owsley y Val Semeiks, una de las mejores (si no la mejor) del periodo en que no estuvo implicado Roy Thomas.



Malaga Hoy

EN POCAS PALABRAS Miguel Francisco: “Mi cómic contacta a mi hijo con su abuelo”


El dibujante ha publicado "Espacios en blanco", una obra autobiográfica donde indaga en el pasado de su familia y su propia experiencia en Helsinki


BABELIA
11 SEP 2017



El dibujante Miguel Francisco. SETANTA

Cuando murió su padre y nació su hijo, el dibujante Miguel Francisco (Badalona, 1968), única intersección entre ambos, sintió que la vida era demasiado miserable si todo lo acumulado por su padre no podría llegar a su hijo. Así forjó Espacios en blanco (Astiberri), un cómic autobiográfico que sacó adelante en los recreos de su trabajo como diseñador de personajes de videojuego (Angry Birds, Best Friends). Vive en Helsinki, donde encontró una oportunidad, un hijo y el frío.


¿Qué hace un mediterráneo en Helsinki? Pasar frío por supuesto y, entre tiritón y tiritón, trabajo como diseñador de personajes para Seriously, una empresa de juegos de Helsinki donde estoy haciendo los personajes del juego Best Fiends. Vivo en una casa de madera con mi hijo y me quito horas de sueño para hacer cómics y otros proyectos que van apareciendo.

¿Se dibuja mejor con frío? No se dibuja mejor, pero estás más tiempo en casa para evitar 20 grados bajo cero. Te ves dibujando más horas porque no puedes ir de tapas, primero porque no hay y segundo porque te congelas en la parada del autobús.

¿Para vivir de la cultura: España o Finlandia? Para vivir de las ayudas a la cultura, desde luego Finlandia. Para vivir la cultura, para mí, y quizás sea muy subjetivo y desde la visión del inmigrante, España.

¿Quién o qué le hizo dibujante? Me empujó a dibujar la soledad por la enfermedad y por lo divertido que era inventar mundos y personajes y soñar aventuras... por jugar en definitiva. Un poco más mayor ya, me hizo dibujante la inercia y continué en esta profesión para seguir sintiendo, muy de vez en cuando, la misma sensación que tenía de crío cuando dibujaba piratas y pistoleros en el suelo de mi habitación. Y no es fácil conseguirla.

¿Qué tiene en su mesilla de noche: libros o pantallas? Ambos. No me gusta leer en digital, pero desde que vivo en Helsinki he tenido que acostumbrarme. Es más sencillo y rápido comprar libros que me interesan y que son totalmente imposibles de encontrar en Helsinki, que pedirlos a alguna librería en España y esperar a que lleguen por correo. Aún así, lo hago, pero la mayoría de veces no tengo la paciencia suficiente y acabo cayendo en el digital. Ahora tengo, en digital y en la mesilla, No llorar, de Lydie Salvayre, y en papel, Rabos de lagartija, de Juan Marsé.

¿Cuál ha sido el último libro que le ha gustado? Cielos de barro, de Dulce Chacón.

Cite su santa trinidad del cómic. Will Eisner, Hugo Pratt y Moebius, probablemente, aunque como no tengo nada de católico, creo que más que santísima trinidad tengo un panteón de dioses en los que entran desde Carlos Giménez a Josep M. Beá o de Franquín a Spiegelman. Está lleno de dioses este mundo del tebeo.

Su videojuego favorito. Debe parecer raro esto porque pago mi alquiler trabajando para videojuegos, pero no juego a ninguno. Hace bastantes años que me empezaron a aburrir y tuve una sensación terrible de pérdida de tiempo cuando jugaba, así que los dejé a un lado sin más y uso ese tiempo para hacer otras cosas. Sigo el arte que se hace para juegos esos sí. Los diseños de Yoshitaka Amano para Final Fantasy, Takayoshi Sato en Silent Hill o Aymeric Kevin para Rayman me parecen geniales aunque no juegue.

¿Qué cómic detesta? Ninguno. Hay cómics que me gustan más y otros menos, pero no detesto ninguno. Cualquier dibujante que tiene los suficientes redanyos para sentarse delante de una mesa y hacer un cómic ya me merece un inmenso respeto. Lo que no me gusta simplemente no lo leo.

Si no fuera lo que es, ¿qué le gustaría ser? John Silver el Largo, ¡por supuesto!

¿Qué está socialmente sobrevalorado? En mi opinión el dinero, la fama, la falsa aceptación social, la belleza física, las opiniones de ciertos personajes y medios de comunicación... vivimos en una sociedad tan superficial y mediática que la lista de cosas sobrevaloradas sería larga, muy larga.

¿Qué encargo no aceptaría jamás? La vida y las decisiones personales te ponen a veces en situaciones muy jodidas en las que has de aceptar trabajos simplemente para cubrir necesidades básicas, pero por ahora nunca me he visto obligado a aceptar encargos de corte racista, fascista o discriminatorio. Espero no verme obligado a hacerlo nunca. (dedos cruzados)

¿Por qué ha necesitado contar su autobiografía? Era una historia que llevaba rondando mi cabeza desde hacía tiempo y que, al llegar a Finlandia, quizás por el distanciamiento, más mental que físico, se empezó a concretar en algo que ha acabado siendo autobiográfico sin pretenderlo. El punto de inflexión fue el nacimiento de mi hijo y la muerte de mi padre, algo que me hizo poner los pies en el suelo de repente y que me hizo sentirme en una cola vital en la que al final simplemente te mueres y toda tu experiencia vital, todas tus vivencias e historias que has oído y escuchado desaparecen contigo y eso me pareció muy miserable y carente de todo sentido. Por otro lado, quería que mi hijo tuviera la posibilidad de saber cosas de su familia en España si es que algún día se interesa por ella. En cierto modo, no quería que la historia oral que mi padre me contaba se perdiera, y haciendo el libro, contactaba de algún modo a mi hijo con su abuelo. Cosas así. Cosas que te da por pensar cuando se muere tu padre y afuera hay veinte grados bajo cero.


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Autor: Miguel Francisco.

Editorial: Astiberri (2017).

Formato: tapa dura (128 páginas).

POR 15,20€ EN AMAZON


El Pais Babelia


martes, 12 de septiembre de 2017

Kirby / Lee ORÍGENES MARVEL


Agustín Oliver

 Comics Forum

Muchos de los que podemos pertenecer a eso que Ricardo Machuca denominó en cierta ocasión «la generación Vértice», es decir, los que nos iniciamos en la historieta leyendo la infame edición de la Marvel con que se nos torturaba en los 70, cuando revisamos nuestras colecciones de la época, vemos como los tebeos que más sobábamos en la época eran aquéllos más modernos, esto es, los de un dibujo más «realista», como John Buscema, Romita padre o Dave Cockrum, frente a otros, más «anticuados», como Jack Kirby y Steve Ditko. Algo similar ocurre ahora, cuando los niños y los adolescentes que son (cualquier otra idea es una utopía) la inmensa mayoría del público de historieta, prefieren descaradamente autores como Todd McFarlane, Jim Lee, Dale Keown o tantos otros maestros del abigarramiento gráfico y la confusión narrativa.

Thor, Iron Man y la Masa son personajes de sobra conocidos por la mayoría de los lectores de tebeos, tanto los de hoy como por aquellos de la «generación Vértice» de la que hablábamos antes. Siguen disfrutando, aunque unos más que otros, de cierto gancho, sobre todo entre los marvelianos veteranos; los más nuevos están decantados por la nueva onda macarra que nos llega de yanquilandia: los Cable, Motorista Fantasma y compañía. Y sin embargo, todos ellos, como tantos otros, tenían montones de lagunas en la edición española, por lo general en el material más antiguo, que es, a menudo, lo más interesante. Este material es el que se recupera en estos Marvel Masterworks que Fórum nos trae en su colección Clásicos Marvel. Lo más difícil en una historieta es la capacidad de contar lo que tú quieres de la manera deseada, y eso es algo en lo que tanto Kirby como Ditko, sobre todo el primero, han dado infinitas muestras de su talento, como demuestra la enorme cantidad de autores que, con mayor o menor fortuna, se han inspirado en ellos, desde Byrne a Miller, desde los hermanos Hernández a Daniel Torres... en todo lo referente a resoluciones y trucos narrativos.

Llegado el momento, y estudiando su obra con otros ojos, sin prejuicios, nadie puede negar el despliegue técnico desarrollado por los autores de estas obras, a pesar de lo ingente de su producción, tanto en el sentido comercial como en el industrial. Y eso por no hablar de lo bien y a gusto que se leen, de lo rápido y seguido que se entiende todo; en parte algo debido a la deliciosa e ingenua sencillez de los guiones de Stan Lee, si es que realmente le corresponde la autoría, que hay quien lo pone en duda. Guiones apropiados a la función que cumplían en su momento, que no era otra que la de entretener a su público natural: los niños, en principio los de su época y, probablemente, también los de hoy, a pesar del indudable toque rancio que destilan. En definitiva, narrativa bien llevada y capaz de disimular y sacar adelante lo que haga falta. De nuevo.

Centrándonos en esta colección que nos está ofreciendo Comics Forum, y de la que ya podemos disfrutar de siete volúmenes que oscilan entre lo interesante y lo imprescindible, (de estos tres, en concreto resultan definitivamente necesarios los de Thor y la Masa que, además, son los que más material inédito en España presentan). Es la primera vez que, fuera de la indecente edición de Vértice de la que hablábamos al principio, tenemos acceso a una exposición que hace justicia a este material. Quizá, la única pega sería la referente al precio, que sin ser prohibitivo, sí puede ser algo que aleje al público infantil de estos maravillosos tebeos. Claro que eso tampoco es demasiado grave porque paralelamente se nos está ofreciendo otra edición más barata, en el tan socorrido formato prestigio, que sirve para cubrir esta laguna. Por ahora se limitan a Los 4 Fantásticos y Spiderman, pero a lo mejor, si funciona, se amplía a otras series. A ver si hay suerte.

Giardino LA TERCERA VERDAD


Alvaro Pérez



 Norma Editorial

Inseguridad, desconfianza, miedo. Aquí está la clave de las dos historias que componen este álbum. Giardino nos muestra la fragilidad del hombre en dos relatos en los que el campo de creación es la excusa sobre la que se articula la trama. La sospecha se apodera de los personajes para complicar las situaciones, ya de por sí conflictivas, lo que lleva a que se rompa el quebradizo velo de la confianza, tanto en uno mismo como en aquellos que le rodean. Como la vida misma.

El título del álbum nos lo sugiere: ¿Cuántas verdades existen? La duda se nos plantea de entrada. Jan, el pintor holandés de la primera historia, desconfía de los motivos que pueda tener Schwarz, famoso coleccionista, para interesarse por su obra, con la que ni él mismo esta conforme. Schwarz se muestra receloso de Jan, a causa de la relación que pueda mantener con Anna, su esposa. Esta sospecha de Pirro, el compañero de estudios del pintor, a quien su marido va a comprar un valioso cuadro. Es una situación difícil, puesto que siempre que el engaño esta por medio, las cosas se complican, enredándose hasta el punto de acabar con una muerte cuando, como vemos al final, la tragedia se podría haberse evitado perfectamente. El mismo Schwarz lo dice: "fue un equívoco estúpido" .

También con muerte comienza y podríamos decir que termina la segunda historia, aunque no sepamos hasta el final si lo que se nos cuenta es cierto o no. Lo que sí sabemos con seguridad es que hay dos muertos, aún sin conocer las pistas que nos guíen hasta ellos. Según nos dice Piero al final de la historia, hay tantas verdades como espectadores. Vasco nos cuenta su propia versión de la historia, aunque él mismo pueda haber sido manipulado en el transcurso de la acción.¿Quién nos dice que no fue Janet, la viuda del traductor Corsi, la que mandó matar a su marido?. Se nos da una imagen codiciosa de ella, por lo que bien habría podido aprovechar la velada relación que existía entre su marido y Benson, el firmante de las novelas. La duda nos corroe como los celos al seducido Vasco, a quien la inseguridad lleva a confesarse ante Piero, en el único acto de confianza que plantea todo el libro. Una vez más, Giardino disecciona el alma de sus personajes para buscar, rebuscar en su interior, los temores y debilidades humanas, y sacarlos a la luz, colocando las fichas en un tablero de verdades a medias.



Haussman / Yann LOS 3 CABELLOS BLANCOS

Agustín Álvarez

 Norma Editorial

Si hubiera que definir a Yann con un sólo calificativo, este no podría ser otro que el de todoterreno. Su obra como guionista le ha llevado por todos los géneros que podamos nombrar, y es capaz de, como mínimo, cumplir en todos ellos con dignidad. Así, en el pequeño relato fantástico que es este Los tres Cabellos Blancos, podemos encontrar todos los elementos del género: príncipe encantado, bruja de los bosques, hechiceros, peces y pájaros que hablan, subditos sometidos por un rey tirano... A todo ello, Yann le añade unas gotas de comedia (hermanos que sin saberse tales se enamoran, y esto no puede ser), que va tiñéndose en esperpento, en humor macabro (porque al final, aunque no pueda ser, es, y si alguien tiene algo que decir , más vale que se calle).

El planteamiento de la obra es clásico como tal: trama, nudo y desenlace bien definidos. La aportación de Hausman como dibujante añade a la historia la ambientación y caracterización necesarias para convertirla en una fábula animada. Así, el mayor acierto es el paralelismo entre las peripecias vitales de Vaiva y su hermano, el Príncipe Karas y los dos pequeños zorros: ambos hermanos, ambos separados de la madre al nacer, uno de familia acomodada y el otro indigente, ambos enamorados en un amor imposible, ambos sirviendo de cebo para llegar hasta el otro, y en fin, ambos triunfando ante la adversidad. Muy brillante.

Aunque, tampoco nos engañemos. A pesar de todo lo dicho, no nos encontramos ante una obra maestra, aunque posea una notable corrección. Y es que tal como está el panorama, cuando te encuentras con algo firmado por Yann, no puedes permitirte el lujo de hacerle ascos.



Paco Roca tira el pijama

El dibujante valenciano cierra su serie autobiográfica con el tercer volumen de historietas, publicadas en 'El País Semanal'

GREGORIO BELINCHÓN

Madrid 10 SEP 2017

Parte de una de las historietas que componen el libro 'Confesiones de un hombre en pijama', de Paco Roca.


Paco Roca cogerá su pijama, lo doblará, lo meterá debajo de la almohada y lo usará solo para dormir. Al menos en su versión comiquera, porque Confesiones de un hombre en pijama (Astiberri Ediciones) supone el tercer y último volumen de historietas en las que Roca se autoparodia como eterno hombre en duda, espécimen derrotado por la tecnología y dibujante ataviado con esa ropa de noche mientras trabaja. "No es que me haya cansado, pero me limitaba en cierta forma. Esas entregas nacieron basadas en el humor, y con el tiempo tener que acabar con un gag por obligación no me dejaba reflexionar sobre temas de mi interés", cuenta el Premio Nacional del Cómic en 2008 y ganador de un goya por el guión adaptado de Arrugas. La tira se inició en 2010 en el diario Las Provincias y sus últimas entregas se han publicado en El País Semanal: el libro recopila 13 publicadas desde septiembre de 2014 más otras dos inéditas y una tercera realizada para la revista de la Academia de Cine. "Esas dos historias extras muestran un poco el camino por el que quiero transitar en este formato".

El dibujante y guionista Paco Roca. LUIS SEVILLANO EL PAÍS

Una de las grandes penalidades de día a día de Paco Roca (Valencia, 1969) es su incapacidad para decir no. Desde cualquier ofrecimiento de una compañía de teléfonos móviles a los numerosos encargos que le proponen. De ahí lo prolífico de su obra. "Ya he aprendido a rechazar colaboraciones por correo electrónico o por teléfono, pero cara a cara... Ahí me pierdo"; advierte. Más allá de su carácter bondadoso, que se intuye en el hombre en pijama, el Roca de novela gráfica es un creador contundente, de ideología humanista, muy directo en sus afirmaciones: ahí están El invierno del dibujante, Las calles de arena, La casa -su último libro-, Los surcos del azar o Arrugas, la obra que impulsó su carrera. Más de 150.000 ejemplares vendidos en total. "Me gusta explorar otros caminos, acercarme a la opinión y al periodismo". ¿Al estilo Joe Sacco? "Nunca sabes, lo mismo luego también me aburro", cuenta entre risas. "Pero sí creo que el cómic en la prensa funciona muy bien. Los reportajes en viñetas son claros, didácticos... Puedes contar hechos muy áridos o complejos de forma amena". Ese tipo de periodismo, habitual en los medios anglosajones, ha llegado con bastante retraso a España. "En muchos casos ha sido autocensura de los autores. Parece que cuando te encargan un cómic en prensa tiene que ser algo para todos los públicos, de humor blanco, que no se meta en temas escabrosos. En cambio, un escritor con columna de opinión puede mojarse. ¿Por qué no un dibujante?".

Tras hablar de su padre en La casa, o mostrar a su pareja -con la que tiene dos hijos, algo que también ha obligado a Roca a vestirse de calle por las mañanas- en Memorias de un hombre en pijama, al dibujante ya no le quedan muchos reparos: "Hablar sobre la relación con mi padre supuso un gran esfuerzo. Y logré superarlo. Ahí está el reto, en entender que a veces sentir pudor por un asunto no debe cortarte para dibujar sobre él. Te hace que te replantees tu trabajo. Cuando abordas algo sencillo, te acomodas en tus herramientas. Sin embargo, cuando encaras, por ejemplo, la memoria histórica, que desde un determinado sector recibe ataques solo con mencionarla, sientes que debes de estar a su altura, crecer como artista. Y en ese campo todavía quedan buenas narraciones por afrontar en viñetas".

Roca, que es de poco enfadarse, sí siente que le cambia el humor con este tema: "Como ciudadano me pongo enfermo de oír al presidente del Gobierno dar cero euros a la Ley de la Memoria Histórica, y en cambio se siga subvencionando a la Fundación Francisco Franco. Hemos alcanzado una desfachatez... A cambio, como autor te das cuenta de que hay un terreno enorme de creación". Roca todavía acompaña los pasos de La Nueve, la división conformada por combatientes españoles que liberó París de los nazis el 24 de agosto de 1944. A ella dedicó Los surcos de azar y la exposición nacida de ese cómic arribará a Madrid mediados de octubre en Centro Cultural Eduardo Úrculo. "Hay mucho material de coleccionistas, de las mismas asociaciones de las tropas... Hasta metralla procedente de heridas de aquellos soldados, una reliquia maravillosa [risas]. Es una exposición muy rica". En noviembre, llegará su nuevo trabajo, La encrucijada, un libro disco con José Manuel Casañ, el cantante de Seguridad Social. "Lo acabamos antes del verano y está esperando al otoño. Es una conversación entre ambos, en la que hablamos de la necesidad de hacer música o de contar historias, y de cómo a veces sientes que te pierdes por culpa del negocio".

Del buen momento actual del cómic español, a Roca le queda claro que se ha superado la burbuja comiquera: "Ya no es un invento de los medios, o el reflejo de la cantidad que hay, portentosa, de buenos creadores. Ahora vendemos a un público generalista, más allá de los aficionados a los tebeos, un sector endogámico y poco plural. Nos compran lectores que no han leído a Mortadelo y Filemón o al Corto Maltés, sino que descubren en la novela gráfica historias distintas, aproximaciones diferentes a temas interesantes. Por fin, el cómic español tiene pies sólidos. Puede que el mercado no dé para tantos autores y publicaciones, pero vivimos nuestro mejor momento en cantidad de lectores y en respeto generalizado".

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Autor: Paco Roca.

Editorial: Astiberri (2017).

Formato: tapa dura (64 páginas).

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LA PELÍCULA SOBRE PACO ROCA SIN PACO ROCA




Raúl Arévalo, en la película 'Memorias de un hombre en pijama'.

Memorias de un hombre en pijama, la película, se estrenará en los próximos meses sin Paco Roca como director. En estas Confesiones... aparece una historieta creada para la Academia de Cine en la que ilustra el inicio de la producción, cuando el valenciano aún figuraba como máximo responsable de realización. "A grandes rasgos, cuando dibujas un tebeo estás solo y siempre estás sufriendo por si no se te ocurren buenas historias. Peleas contigo mismo en pos del mejor material", apunta, aunque no quiere meterse mucho en el tema. “Pero en el cine es diferente. Y aunque trabajé como guionista y director, me vi teniendo que pelear por sacar adelante cada una de mis ideas”.

Sin embargo, Paco Roca ya conocía el mundo del cine, tras su labor como coguionista adaptador en Arrugas, dirigida por Ignacio Ferreras. "Como aprendí con Arrugas, solo puede haber un capitán en el barco, y como yo rehúyo los conflictos, me bajé del barco y decidí dedicarme a otros menesteres más productivos”. Roca ha estado en el proyecto dos años, durante toda la preproducción. “No lo considero tiempo perdido, he aprendido mucho de la experiencia. En el equipo hay gente estupenda y muy capaz que se han involucrado al máximo para convertir este proyecto pijamero en una realidad. Y aunque ya no sea mí película, espero que sea una buena película”. En la película, con parte con los actores de carne y hueso, Raúl Arévalo encarna a Roca, y María Castro, a su pareja, a su jilguero. “Cuando vienes de esas soledad de la creación de un cómic, resulta complejo el mundo cinematográfico, pero seguiré amándolo e idolatrando a Miyazaki y a Takahata".


El Pais

Muere Len Wein, legendario creador de Lobezno y La cosa del pantano

 El guionista y editor de 69 años escribió para Batman, Hulk, Spider-Man o la Patrulla X y publicó 'Watchmen'

ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

11 SEP 2017

Len Wein con una camiseta de 'La cosa del pantano'. DC

El guionista Len Wein (Nueva York, 1948) es responsable de algunos de los héroes y villanos más reconocibles de la mitología del cómic —de los más adaptados al cine y la televisión—, y, sin embargo, nunca se le acreditó lo suficiente por ello. "La historia moderna del cómic sería completamente diferente si no fuera por Len. Que nadie lo aplauda por ello es una desgracia". El guionista Chris Claremont, responsable de la etapa más icónica de la Patrulla X, tenía claro lo que la industria del cómic estadounidense debía a uno de sus nombres más infravalorados. Wein creó a Lobezno, a la generación de mutantes de Tormenta, Lobezno o Rondador Nocturno y a la Cosa del Pantano; había escrito para los títulos más famosos de las dos grandes editoriales, y allí además había editado títulos como Watchmen. Wein, guionista clásico que comenzó en el terror, era, al fin y al cabo, un trabajador, uno lleno de imaginación que nunca perdió su entusiasmo como fanático de los tebeos. El creador ha muerto este domingo a los 69 años tras varias operaciones de corazón, que había contado los últimos días por Twitter.

Portada de 'Giant-size X-men'.

Es fácil pasar por alto a Len Wein. Aunque pocos escritores tienen en su currículum etapas en El Increíble Hulk, Spider-man, Batman, Los Titanes (donde comenzó su carrera), Wonder Woman (donde rediseñó al personaje junto a George Pérez), Thor, Iron Man, Los Cuatro Fantásticos y la JLA, era tal su generosidad que cedía el protagonismo a quienes llegaron después. Además de López, sin él ni Alan Moore, que se dio a conocer por su brillante etapa en La cosa del Pantano, ni Chris Claremont, que comenzó como ayudante editorial de Wein en Marvel, tendrían una carrera. Pero su pluma para escribir cómics era tan poco estridente, que no llamaba la atención entre el gran público, si bien dominaba la estructura y la idiosincrasia de las viñetas como nadie.

Wein era un trabajador feroz y compaginó su tarea de escritor con sus labores editoriales en una de las épocas más complicadas y competitivas de la industria. En Marvel se erigió como editor en jefe tras la salida de Roy Thomas y desde allí lanzó toda una nueva manera de entender a los superhéroes, con la creación la nueva y diversa Patrulla-X en Giant Size X-men 1, junto al dibujante Dave Cockhrum, uno de los títulos más legendarios de la historia. En sus páginas, Charles Xavier reunía a un nuevo equipo de mutantes encabezados por Lobezno (heredado de la etapa de Hulk de Wein, en la que le habían pedido un cupo de canadienses), Tormenta, Rondador Nocturno y Coloso. Su trabajo editorial evitó que Wein siguiera en la serie, así que en 1975 pasó las riendas a un joven y entusiasmado Claremont, que había asistido a todas las reuniones como su ayudante. Así comenzó su leyenda, una etapa que duraría décadas. "Para mí era un trabajo más. No era diferente de Hermano Voodoo", contaba Wein en Las historias jamás contadas de Marvel cómic.


Primer cómic de 'La cosa del pantano'.

Las cancelaciones de títulos en aquella época eran constantes, y lidiar con una treintena de equipos creativos no era una tarea sencilla. De hecho, acabó tan cansado por su trabajo como editor que decidió probar un soplo de aire fresco y aceptar la oportunidad de escribir a Batman en Detective Comics. Pero Stan Lee no se tomó bien su paso a la competencia, y decidió que no podía estar en ambos sitios a la vez. DC no tardó en darle un puesto como editor en algunos de los títulos más reconocibles de una nueva era. En esa casa supervisó el lanzamiento de Crisis en Tierras infinitas, que revolucionó el universo para siempre, aunque su nombre siempre estará ligado a Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, si bien sus desavenencias con el guionista por su final fueron públicas desde el momento de su publicación. Tanto fue así que cuando en 2012 la editorial lanzó los polémicos cómics de Before Watchmen, que ahondaban en los personajes de la legendaria serie innecesariamente, Wein era cabeza de cartel: "Iba siendo hora. Moore ha tenido estos personajes durante un cuarto de siglo y decidió no hacer nada con ellos".

Pero Wein para entonces ya tenía el título de leyenda, un autor al que la industria le debía algo que nunca le entregaría. No solo los mutantes o la Cosa del pantano (al que escribió hasta 2016 y que adaptó Wes Craven al celuloide), Wein también ha visto traslados al audiovisual personajes como Lucius Fox, con el rostro de Morgan Freeman en la trilogía del Batman de Christopher Nolan; Amanda Waller, a la que ahora interpreta Viola Davis en el universo DC; Cottonmouth, al que encarnó Mahershala Ali en Luke Cage, o Blanco Humano, que contó con su propia serie de televisión. Aunque, en realidad, todo lo que recibía por ello era el honor de verlos en pantalla: "Nunca vi un duro de las películas Marvel, ni siquiera tengo crédito en alguna de las películas de Lobezno. Hugh Jackman es un hombre encantador y en el estreno de X-men orígenes: Lobezno dijo al público que me debía toda su carrera y me abrazó. Fue muy gratificante, pero hubiera preferido un cheque".

Por eso no es extraño que Wein, que comenzó queriendo ser dibujante, considerara uno de sus grandes logros ser de los pocos de su generación que había logrado superar al tiempo: "Tengo una carrera en este negocio tras 45 años. Eso es algo que no pasa mucho. Soy el hombre con más suerte en el mundo", exclamaba en 2012 en una entrevista en Collider: "He pasado toda mi vida haciendo lo que me gusta ¿Cuántos pueden decir eso?". Ese entusiasmo por los cómics de los que se enamoró de niño con Batman le siguió hasta el final.

El Pais

domingo, 10 de septiembre de 2017

Neil Gaiman SANDMAN

Toni Guiral





Ediciones Zinco


"... Ni tampoco es tan singular que Neil (Gaiman) haya creado un atractivo universo, internamente consistente para estas historias: una cosmología completa con un panteón de seres y de divinos no-seres, un precontinuo no-aristoteliano superimpuesto, un politeísmo recién acuñado tan atractivo como revisionista". (Extracto de la introducción de Harían Ellison a una recopilación de The Sandman, publicada en los Estados Unidos).

¿Implican estas palabras que nos hallamos ante una historieta pedante, aburrida y vanidosa? No. Sandman es, únicamente, una historieta anticonvencional, en el sentido de que rompe los esquemas del clásico comic-book que se limita a explotar los instintos más primarios del lector. ¿Qué significa eso? Vayamos por partes.

¿Cómo llega un comic book a ser anticonvencional? La incisión quirúrgica que supuso la aparición de las editoriales independientes en un mercado saturado de superhéroes es la raíz de la cuestión. De repente, los comic books podían narrar sentimientos convulsivos, casi antisociales, podían cuestionarse los valores impuestos... La industria advirtió la existencia de un nuevo espectro de
asumieron propuestas como Watchmen o Batman: El Señor de la Noche. Los superheroes mostraban facetas ocultas. Pero esto no es más que el  principio. The Sandman fue posible gracias a esta convulsión.

¿Qué tiene Sandman de anticonvencional? Todo y nada. Neil Gaiman. un guionista británico que ya había mostrado sus credenciales en obras tan vitales como Casos Violentos u Orquidea Negra, recibió el encargo de dar forma a un nuevo personaje. Gaiman, visiblemente influido por la literatura y el ensayo, erudito, inquieto, generó un universo independiente, deudor de una ubicua cosmogonía, fabulador de leyendas ancestrales, transmisor de sensaciones transgresoras. Creó, en definitiva, un mundo compacto, abierto a la fantasía y contemporizador con las más antiguas tradiciones filosóficas.

¿Qué o quién es Sandman? Decir que es la personificación del Sueño de los Eternos es vacuo.No es un personaje cómodo, ni cercano, ni mitificado.

¿Quién hace Sandman? Ante todo, y a diferencia de la mayoría de historietas al uso, Sandman es una obra de guionista. Todos los artistas gráficos que han pasado por la serie, y ya son muchos, poseen un talento excepcional para el dibujo, tamizado por una visión muy personal de la historieta. Pero por encima de todos ellos está Gaiman, el personaje, su forma y su contenido. Kieth, Drungerberg, Jones, Talbot están al servicio del guión, de forma que el lucimiento gráfico está exento, se somete al dictado de la narración; otra forma de ser anticonvencional es la refrendada por las sugerentes cubiertas ilustradas por Dave McKean.

¿Es Sandman un comic-book de difícil lectura? Sí, para qué engañarnos. Exige del lector un esfuerzo adicional a la hora de seguir la historia, de leer los textos y los diálogos que cargan, entre comillas, con un claro precedente literario. Sin embargo, Sandman también es un divertimiento, culto si se quiere, pero divertimiento al fin y al cabo.

¿ Cómo debe leerse la edición española de Sandman? Ediciones Zinco, no muy convencida desde el principio del éxito de la serie, publicó los siete primeros números del comic-book original en su colección Universo DC de la siguiente forma: en el número 17 publica el número 1 de la serie original; los números 25 al 27 de Universo DC acogen los números 2 al 7 del comic-book de este personaje. La serie regular española, cortada en el número 19, presenta los números 8 a 28. Un reciente Annual, Orpheus, acaba de publicarse en España junto con el comienzo de la saga Un Juego de Tí, correspondiente al número 32 y siguientes de la serie americana. Esperemos que Zinco se digne, de alguna forma, a continuar la edición española. Si no, siempre nos quedará la posibilidad de acudir a la edición original.





Gabrion EL HOMBRE DE JAVA

Pepe Gálvez



Norma Editorial

El camino iniciático que se supone debe llevar a Herbert (Living)Stone hacia esa personalidad que se vislumbra detrás de ese Hombre de Java que da nombre a la serie se anuncia largo, y es de temer que un pelín reiterativo. Por lo pronto, en esta tercera entrega, titulada Piratas, vuelve a adentrarse en el terreno de la aventura. Para ello retoma la historia allí donde culminaba la trama de Rebelde , el primer álbum de la serie, o sea, en medio de un dantesco y gráficamente lúcido asalto naval, protagonizado por crueles y sanguinarios piratas asiáticos. Con este rizo sobre el tiempo y la narración, el autor parece relegar el segundo álbum a la categoría de paréntesis, destinado a envolver narrativamente la inevitable ceremonia iniciática que el protagonista realizará bajo la dirección espiritual de unos aborígenes australianos, lo que no deja de ser original, hay que reconocerlo. Ahora bien, como resulta que eso de la perfección personal es algo difícil de conseguir, la lucha de Herbert contra sus pertinaces inmadureces permanece como un eje argumental, que a veces potencia y a veces interfiere en el ritmo del álbum. Nos encontramos, pues, ante un adolescente que, alejado de sus raices geográficas y culturales, y superada su dependencia de la razón, se dispone a vivir emotivamente al día, y disfrutar de su tardía vocación marinera . O lo que es lo mismo, se acerca al prototipo de ficción del aventurero europeo, a ese espécimen opuesto a las convenciones sociales de su país de origen, que acepta la incerteza laboral, la mediocridad económica y la soledad sentimental, como contrapartida de un cierto grado de libertad e independencia. Claro está que este escenario coincide con el de una situación colonial, en la que las riquezas y tesoros de unos coexisten con la miseria y el expolio de otros. Pero el inevitable toque etnocentrista de nuestro género de aventuras obvia esos pequeños detalles sociológicos, y prefiere resaltar las actividades de esos precursores de la inseguridad ciudadana que son los piratas. Como no podía ser menos, junto a los salvajes filibusteros a los que combatir aparecen los tesoros que rescatar, y las mujeres hermosas que defender . Un poco de todo este material exótico hay en Piratas, mas un toque irónico que desmitifica, y otro toque metafísico que el autor utiliza,abusivamente, para resolver situaciones arguméntales. Así pasa que nuestro protagonista recorre una especie de montañas rusas emocionales, entre exaltaciones personales, inseguridades, incertezas y obcecaciones. Lógicamente, este arbitrario recorrido provoca confunsión entre amigos, adversarios y lectores. Especialmente entre estos últimos, que quisieran ver diferenciadas las ironías de las incongruencias narrativas .

Si el planteamiento y desarrollo del argumento de Piratas cojea por sus irregularidades, así como por cierta falta de armonía entre la conservación de los códigos del género y su desmitificación,en cambio el montaje y el grafismo consiguen atraer la atención ,y mantenerla hasta el final. Así, se nota en este álbum, respecto a los anteriores, como la rigidez va cediendo ante la agilidad, no solo en el trazo sino también en la composición de escenas y la resolución de secuencias, al tiempo que el color, de tonos (casi)siempre intensos, resaltados por las separaciones en negro, colabora activamente en esa exaltación irreal de lo exótico con la que parece jugar todo el álbum.





Delano / Pugh ANIMAL MAN

 Lorenzo Díaz





Ediciones Zinco


La irrupción en el mercado americano de un autor como Alan Moore, culto, inteligente y con un profundo conocimiento del idioma, abrió la puerta a otros autores ingleses también dominadores de ese medio difuso y difícil que es la historieta, cuyo talento sólo era conocido hasta entonces por el público inglés. De todos los que salieron a la luz, hubo uno que destacó por encima de la competencia y calidad de sus compañeros: Jamie Delano. Sugerido por Alan Moore para contar las historias de su personaje John Constantine en la colección Hellblazer, Delano destacó rápidamente por su control del idioma, su habilidad para retratar atmósferas tenebrosas y por su capacidad para inspirar horror, asco o desagrado. Cosas, todas ellas, muy agradecidas en una publicación que se supone de horror. En él descubrimos también a un guionista que, pese a dominar menos trucos que Moore, escribía mucho mejor que él, y hacía sudar tinta a los que leemos en inglés.

Pese a despistes ocasionales (su serie Mundo Sin Fin es muy desigual, y su final decepciona e invalida el resto de la obra, pese al elevado nivel literario que contiene), su aparición en la serie de Animal Man daba buena    espina    a    sus    seguidores.    Y  efectivamente así fue. Dejando atras la etapa pirandelliana de Grant Morrison (1-26 de la colección española), o la psicodélica y banal de Tom Veitch (30-50 de la colección americana), Delano ha optado por realizar historias de profundo corte ecológico y humano, repartiendo el protagonismo de la serie entre todos los miembros de la familia de Buddy Baker, alias Animal Man.

La historia que aquí nos ocupa engloba sus primeros siete números, y demuestra los registros de Delano y el control que tiene sobre los mismos. Empieza como un relato de hijo extraviado, para convertirse en un relato de horror con la muerte del protagonista y sus intentos para resucitar; sigue con la lucha de su familia para adaptarse a su pérdida, alternando con el retrato de un perturbado asesino en serie (raptor del hijo desaparecido), y rematando con una loa al amor en pareja. Todos los elementos se combinan milagrosamente para dar una historia coherente que, además, es una parábola de la evolución, y un canto a la naturaleza realista y cruel que no es blando, ni cursi, ni manido, ni se abandona a Greenpeace. Además, Delano hace algo muy extraño, a lo que nos tienen poco acostumbrados los tebeos, el cine o la televisión: crear una familia de individuos con entidad propia, que es feliz y que no tiene nada que ver con la típica familia a la que estamos mal acostumbrados. Lo que en otro serían problemas a resolver (un hijo con tendencias sádicas, una hija desplazada por ver el mundo de una forma distinta, una suegra a la que no le gusta su yerno, y un marido voluble en el que cuesta confiar por ser demasiado buena persona), aquí se consideran elementos cotidianos con los que hay que convivir, no que hay que cambiar. Y lo mejor es que, pese a lo que diga el título (y esto lo digo más por los episodios inéditos en España que por lo contenido en esta saga, aunque sea algo que se apunta), el auténtico protagonista de la serie es Ellen Barker, la esposa, mujer autosuficiente, inteligente y capaz, que, además, es quien aporta los garbanzos a la familia, Así que, para colmo, es un tebeo feminista.

Steve Pugh, el dibujante, es mediocre y tirando a malillo, pero eficaz, ilustrando aceptablemente la compleja maquinaria naturista de Delano, uno de los pocos guionistas que consiguen alargar las historias haciéndolas densas hasta cuando parece no pasar nada.