Que autores como Miguel Ángel Martín o Mauro sean dos de los más prolíficos, publicados y populares (hasta donde cabe) de nuestro país, es síntoma preclaro de lo marciano que es nuestro mercado. Entiéndaseme, que no digo que no se merezcan Martín y Mauro su (relativo) éxito. Que lo que digo es que nuestro mercado es raro, en tanto que carece de un mainstream (¿" corriente comercial" sería una buena traducción?) autóctono, (lo más parecido a eso que tenemos es Mortadelo y El Jueves), mientras el resto de producción local queda relegada a la marginalidad y a la fanedición, de entre la cual, francotiradores como Martín y Mauro destacan, precisamente, por su condición radical.
La principal editora de los trabajos de Miguel Ángel Martín es La Factoría de Ideas, empresa madrileña ligada a la distribuidora Distrimagen y a la cadena de tiendas Arte-9, que parece determinada a recopilar en libro su obra completa (y que, por cierto, también ha fichado recientemente a Mauro). Al mismo tiempo que compendia series como Keibol Black y Space Between, La Factoría está recogiendo, en albumcitos de atractivo formato y presentación, el más atípico trabajo de Martín, Kyrie Nuevo Europeo, serie de tiras diarias creada para el periódico La Crónica de León.
No hace falta decir que Martín es mayormente conocido por sus historietas cuasi documentales, o así, sobre actividades sexuales extremas y psicopatías criminales (o al menos a eso se suele remitir la gente cuando habla de él). Sin embargo, este Kyrie es un trabajo destinado a un medio que difícilmente toleraría semejantes excesos y, por tanto, en el cual Martín se ve forzado a controlarse. ¿O no?
Lo cierto es que la serie arrancó (como vimos en el tomo I) con una serie de anécdotas anodinas y de ambientación playera (es de suponer que Kyrie debutó como un relleno veraniego del periódico que dejaban a las claras una cosa: el humor no es uno de los rasgos más destacados de la personalidad de Martín (al menos, como historietista). Pero, hete aquí que no pasaron muchas entregas hasta que Martín encontró la forma de introducir, en los diálogos de sus personajes, cada vez más frecuentes aguijonazos de impropiedad opinativa. Los primeros en destacar por sus declaraciones controvertidas fueron los radikales ratones que forman el dúo musical Big Whack (que si Dylan y los Beatles son horteras y carcamales; que si "no tomamos drogas, pero algunas de nuestras canciones hablan de drogas y de gente que muere a causa de ellas", y, por tanto: "¡estamos totalmente a favor!" de ellas; que si lo que más detestan es "la salsa y los tíos que llevan coleta... ¡y desde luego, a Garfield y Snoopy!"). Pero pronto el resto del reparto se sumó a las diatribas sobre los temas más variopintos: desde la cretinez de los intelectuales y la inutilidad del funcionariado, hasta el cinismo de las cruzadas conservadoras en contra del sexo y la violencia en los medios de comunicación. Martín ejerce de (como se autodenomina Jody, uno de sus personajes, en una secuencia del tomo segundo) "terrorista sicológico", lo cual consiste en decir a la gente lo que piensa de ella. Con ánimo de irritar, claro. "La crítica más despiadada a las grandes lacras sociales de hoy", reza parte del texto promocional de la contraportada de los álbumes de la serie. ¿Es para tanto? Pues no, no creo que lo sea. Lo de Kyrie son dardos, lanzados con más puntería unos que otros, pero de escaso impacto. Mucho más despiadado se muestra Martín en otras páginas.
Cuatro tomos después, la cosa sigue más o menos igual. La tira se lee como si fuera yanqui (lo cual no sé si a Martín le resultará un elogio o una ofensa). Cada personaje tiene su papel establecido que interpreta con fidelidad. No hay "continuará", pero Martín produce con habilidad secuencias de tiras unidas por temas o variaciones en torno a un mismo chiste (alguna vez cae en cierta reiteración). Es una lectura, en sus mejores momentos, entretenidilla, simpática, pero que bastantes veces cae en la nimiedad total. E, incluso, y aún peor, en el lugar común: véanse esas tiras en las que aparecen neo-nazis caricaturizados metafóricamente como simios o deficientes mentales. ¿No resultan, no sólo tópicas, sino, diría yo, ingenuas (sobre todo en Martín)? (Entre otras cosas, se me ocurre que si los neo-nazis fueran realmente subnormales, como se sugiere, serian menos peligrosos de lo que lo son).
Pues eso, un Martín descafeinado y soso que sólo incomodará a los que se incomoden fácilmente y que enturbia su reputación de creador arriesgado e indomable.
J.Edén
U, el hijo de Urich #12 Septiembre 1998






























































