Sandman Mystery Theatre, uno de los títulos más interesantes no sólo de la línea Vertigo de DC, sino probablemente de toda la producción mensual que nos viene de Estados Unidos, es, como no podía ser de otra manera, perfectamente desconocida en nuestro país. Aquí Zinco llegó a publicar, aunque no se sabe muy bien por qué, el anual 1 de la colección, primer trabajo para DC del fotográfico y hoy archiconocido gracias a mediocridades como Kingdom Come Alex Ross. Y eso fue todo.
Ahora Norma Editorial se descuelga con la publicación de Tarántula (1993), recopilación de los cuatro primeros números de la serie regular, y el prestigio Sandman Midnight Theatre (1995), obra de Neil Gaiman y Teddy Kristiansen, este último un volumen completamente prescindible (excepto por el excelente trabajo del danés) que demuestra lo fácilmente que se puede acabar con el talento de un guionista por el simple procedimiento de endiosarlo y que él se lo crea.
La aparición de Tarántula sería una buena, una gran noticia para los lectores españoles si ello quisiera decir que Norma fuese a seguir publicando, aunque fuera en cochambrosas entregas como la actual, la colección, cosa que me permito dudar muy mucho. ¿Que por qué? Bueno, de momento toda la producción Vertigo que ha publicado Norma procede, bien de tomos recopilatorios, lo que en Estados Unidos llaman trade paperbacks (Hellblazer, Sandman), bien de one-shots o series limitadas (Girl, Mata a tu novio) o bien títulos como Predicador, que DC está republicando en su totalidad en dichos tomos recopilatorios. Tarántula es, precisamente, el único trade paperback que ha recopilado números de Sandman Mystery Theatre. Mientras que en el caso de Sandman el hecho de publicar sólo material ya recopilado no tenía importancia porque lo único que tuvo que hacer Norma fue recoger la antorcha de Zinco en el mismo lugar donde Zinco la dejó, en ejemplos como el de Hellblazer la cosa era más grave, porque Zinco nunca publicó regularmente las historias de Constantine y compañía y cuando Norma se decidió a hacerlo se saltó más de un año de la colección desde el punto en que Zinco lo dejase, justo hasta el siguiente recopilatorio americano, desconcertando por completo a los lectores. De ahí las dudas sobre la disponibilidad o incluso la posibilidad de que Norma vaya a seguir editando la colección.
Y es que Sandman Mystery Theatre es, más que otra cualquier cosa, una historia de amor que se prolonga y desarrolla número a número. Es cierto que en cada arco argumental de cuatro números el enmascarado alter-ego de Wesley Dodds se las tiene que ver con una nueva amenaza o un misterio que resolver, pero el verdadero motor que arrastra todas y cada una de las historias es la relación, a veces tempestuosa, a veces deliciosamente romántica, a veces dolorosamente trágica, y siempre palpablemente real entre Wesley Dodds y Dian Belmont, la independiente y aguerrida hija del fiscal del distrito, en un entorno mítico, el Nueva York de los años treinta y cuarenta, donde nuevos hampones como Bugsy Siegel o Meyer Lansky habían sustituido a los viejos Lucky Luciano o Al Capone, y se codeaban con las estrellas más rutilantes de Hollywood como Talullah Bankhead o William Powell, cuando Dorothy Parker conducía las tertulias del Algonquin y el jazz era omnipresente en la radio y en los clubes nocturnos. La atmósfera de Sandman Mystery Theatre es, como en las buenas películas de cine negro, un personaje más. Y gran parte del mérito de esto se lo reparten cuatro personas: por supuesto, el dibujante Guy Davis, el colorista David Hornung y los portadistas Gavin Wilson y Richard Bruning.
Aún a riesgo de resultar obvio, se puede decir que todo en Sandman Mystery Theatre remite a dos fuentes muy claramente identificables: las novelas pulp y el género negro, quizá mucho más a las primeras que al segundo. De las primeras extrae al héroe enmascarado que lucha por la justicia con cualquier medio a su alcance, algunos argumentos de corte ligeramente más fantástico (como Night of the Butcher, en Sandman Mystery Theatre 25 al 28, Hourman, en Sandman Mystery Theatre 29 al 32) o el carácter episódico de las distintas entregas, que recuerda también a los seriales de radio de la época; del segundo, la ya mencionada atmósfera y los argumentos más policíacos (como este mismo Tarántula).
Tarántula propiamente dicho apenas sirve de más que de presentación de personajes, tarea normalmente engorrosa de la que Matt Wagner sale airoso permitiendo que las acciones de los personajes y ciertas dosis de monólogo interior los definan. Los momentos más interesantes son, por supuesto, cuando Wesley y Dian hablan y se van conociendo v descubriendo, momentos normalmente íntimos de los que los lectores somos espectadores privilegiados. Mucho menos interesante resulta la trama policíaca, con un Sandman que va siempre y literalmente un paso por delante de la policía, y un enredado argumento repleto de pistas falsas y elementos sicológicos un tanto manidos que al final queda en casi nada. Sí que merece destacarse, sin embargo, la sicotizada familia Goldman y sus insanas, alcohólicas e incestuosas relaciones que por momentos recuerdan a uno de los enfermizos argumentos de Jim Thompson.
Decía más arriba que Guy Davis era uno de los principales responsables a la hora de hablar de la atmósfera del título, y es que no se me ocurre mejor palabra para describir el dibujo de Davis que "atmosférico". Davis captura, mostrando así las horas que se ha pasado documentándose, el ambiente y las formas de la época, y su trazo suelto y en ocasiones deslavazado no hace sino darle personalidad a su estilo. Rayas, pliegues, sombras acentúan su carácter. En el apartado gráfico, no sería justo si no resaltase el coloreado de David Hornung, que complementa el dibujo de Davis a la perfección añadiéndole profundidad y aumentando esa atmósfera de tiempos pasados que desprende todo el tebeo.
También destacan por sí mismas las portadas, obra de Gavin Wilson y Richard Bruning, que han conseguido eso tan difícil de que una portada fotográfica no sólo no resulte espantosa, sino que además sea tremendamente atractiva, se integre en el carácter del titulo y llegue a ser parte de la fisonomía distintiva de la colección tanto como los dibujos de Davis o los guiones de Wagner y Seagle, lo que da como resultado que Sandman Mystery Theatre sea mayor que la suma de las partes que la integran, para decir otra obviedad.
Ahora sólo queda esperar que Norma se decida a seguir publicando los avances de Wesley Dodds y Dian Belmont en el campo del amor. Créanme, mejor, mucho mejor que cualquier culebrón. Y no tienen que avergonzarse de leerlo.
gonzalo quesada
U, el hijo de Urich #10 mayo 1998












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