martes, 28 de julio de 2026

Entre el laberinto y la mazmorra


Un fotograma de la película 'Backrooms', de Kane Parsons.

Ent-movie / Alamy / CORDON PRESS

Marta Peirano

25 JUL 2026

Dédalo creó el laberinto para guardar un oscuro secreto en el corazón de una familia real. El minotauro era hijo de un encuentro prohibido entre Pasífae y un toro blanco que Poseidón le había regalado a su marido Minos, rey de Creta, para apoyar su derecho al trono. Minos tenía que sacrificar al toro en honor al dios, pero el animal es tan bello que decide quedárselo y matar a otro en su lugar. Como castigo por el engaño, los dioses instalan en su esposa un deseo salvaje por el animal, al que seduce paseándose con un lomo de madera con la forma y la piel de una vaca. De esa unión nace un hijo monstruoso y divino, un minotauro llamado Asterión.

El rey le encarga a Dédalo una prisión para esconderlo. De esta colaboración entre la culpa y el ingenio nace una arquitectura con forma de cerebro, con un camino serpenteante cuyos giros conducen al centro una y otra vez. Es tan intrincada que ni su creador es capaz de encontrar una salida, y se tiene que fabricar unas alas para poder escapar, aunque paga un precio alto por el atajo. El mundo antiguo no perdona ni al apuntador. El plan tiene éxito, el minotauro está atrapado. Pero tiene hambre. El precio para mantenerlo a raya es más alto aún.

Minos debe sacrificar a siete jóvenes y siete doncellas cada nueve años, que manda traer no de Creta, sino de Atenas. Un detalle finísimo sobre los tributos del trauma que merece ser contado en otra ocasión. Lo importante es entender que el laberinto no es un acertijo que se resuelve con ingenio o del que se sale con fuerza bruta, sino una arquitectura diseñada para esconder un secreto monstruoso que devora vidas inocentes con su oscura potencia destructiva. Teseo sale victorioso porque recorre el camino sin coger atajos y se enfrenta al monstruo voluntariamente, pero también porque tiene la ayuda apropiada. El hilo de Ariadna es el vínculo con el mundo que lo ayuda a regresar.

En Backrooms, la película de Kane Parsons, la puerta al otro lado está escondida a plena luz fluorescente en el sótano de una tienda vacía de muebles pirata. El dueño es Clark (Chiwetel Ejiofor), un divorciado alcohólico y emocionalmente inestable al que encontramos con su terapeuta Mary (Renate Reinsve), autora de un libro titulado The Window Within (la ventana hacia adentro). Están revisitando la última conversación que tuvo con su mujer, y ella lo anima a romper el patrón escogiendo una ruta distinta.

¿Es este el sortilegio que accidentalmente genera el portal o ha estado esperándolo desde siempre? Sea como sea, la retórica psicoanalítica parece ofrecernos una ventana hacia el centro del subsconciente donde se almacenan los traumas que debemos enfrentar para enderezar nuestras vidas. Los protagonistas de Backrooms han perdido sus vínculos con el mundo, hay sacrificios de jóvenes y doncellas. Parece un laberinto, pero es su asfixiante hermano contemporáneo, cuyo nombre no viene del griego sino del inglés mediaval: maze.

Desde fuera parecen lo mismo, pero hay notables diferencias que delatan su naturaleza contrapuesta. El laberinto tiene un solo camino, que se expande de forma horizontal, como una isla, mientras que el maze se expande en vertical, como un garaje, y tiene muchos niveles con caminos múltiples incluyendo bifurcaciones, callejones sin salida y otras trampas diseñadas para perderse de forma improductiva. El laberinto sólo se parece a sí mismo y conserva la simetría de los animales bellos, con un centro perfecto que hace de corazón; mientras que el maze es una imitación enferma de la realidad que se expande de manera anárquica, como un tumor. Es un estado de burocracia infinita cuyo único objetivo es la parálisis y la ofuscación.

Uno representa el camino de la vida, una experiencia ritual de autoconocimiento en la que se liberan secretos que necesitan ser descubiertos, mientras que el otro es una trampa alienante que nos atrapa sin enseñarnos nada porque no tiene sentido ni solución. La banda sonora de la película, creada por Parsons y Edo van Breemen, mantiene esa cualidad que Freud llamó das unheimliche, la sensación siniestra de que algo familiar se ha vuelto extraño, de algo que parece que no es.

La backroom original nació como post anónimo de 4chan en 2019, en forma de foto borrosa de una oficina amarillenta y desierta, a medio camino entre el departamento de contabilidad de alguna antigua República Socialista Soviética y el pasillo de El resplandor. Decía: "Si no tienes cuidado y te sales de la realidad en las áreas equivocadas terminarás en los backrooms, donde no hay nada más que el olor a alfombra húmeda, la locura del amarillo monocromático, el intermitente zumbido de las luces fluorescentes y aproximadamente 600 millones de millas cuadradas segmentadas de manera aleatoria, en las que puedes quedar atrapado". Sobre esto se ha construido un universo de manera colectiva siguiendo el mismo proceso de la investigación creativa de la que nació QAnon y otras teorías de la conspiración.

La película es irrelevante fuera de este contexto. No está a la altura de los maestros a los que homenajea, de Kubrick a la Alicia de Disney y, sobre todo, Alien, el octavo pasajero, del que hereda el género del espacio cerrado con presencia desconocida, un guión de 12.000 palabras y la habilidad de sostener una hora y media de película sólo con ambientación. Pero esta cultura de los espacios liminares como manifestaciones puramente estéticas de mundos diseñados para vidas que ya no recordamos es tan potente y masiva que ha abierto una línea de investigación que podemos llamar arqueología del folklore de internet.

La aportación más notable, en este caso, es de la historiadora y comisaria italiana Valentina Tanni. Su ensayo Estéticas liminales (Caja Negra, 2026) cartografía estos espacios y elucubraciones que renegocian los límites de lo real. Son nuestros intentos de recomponer el mundo con los fragmentos de nuestra existencia híbrida en este mundo donde lo nuevo aún no ha nacido y lo viejo se resiste a morir.


Babelia Núm. 1.809 Sábado 25 de julio de 2026



AMARGURA Y ESCEPTICISMO: BALADA EN «SPY FICTION» por Jacques de PIERPONT

Fíjense en las manos de Max Fridman. En cuanto se produce una explosión (un disparo... o un neumático reventado), más generalmente en cualquier ocasión que genere una emoción violenta, implacables primeros planos ponen al descubierto sus incontrolables temblores de miedo. Al «héroe» no le queda más remedio que intentar, como buenamente pueda, disimular su turbación encendiendo una reconfortante pipa...

Este hombre, más espía por obligación que agente secreto por vocación, pasea su flema desencantada de hombre maduro por el vientre blando de una Europa enferma por el auge de los fascismos. Bien podría pasar por primo de Philip Mortimer: rostro redondo, barba pelirroja, aspecto bonachón ligeramente rechoncho, ropa cálida y acomodada. Pero cuesta imaginarlo enfrentándose a algún Olrik de los Balcanes: apenas responde a los principios heroicos de la acción al estilo de Jacobs, teatral, lírica y maniquea. Fridman sería más bien el Alack Sinner del relato de espionaje...

Si existen correspondencias, hay que buscarlas en las novelas de Graham Greene (El tercer hombre, El agente secreto), así como en El espía que surgió del frío, de John le Carré, autores por los que Giardino no oculta en absoluto su admiración; y aún más en las sofisticadas intrigas de su modelo común, Eric Ambler (La máscara de Dimitrios).

Curiosamente, la serie Max Fridman no tiene ninguna rival en el cómic. Incluso la omnipresente moda del género policíaco ha desdeñado el relato de espionaje en favor de la tradición estadounidense «universalizada» de la novela negra (Sam Pezzo...), cuando no ha sustituido este género, complejo y exigente como pocos, por los viejos cachivaches del folletín conspirativo de color desvaído (1).

En solitario, Giardino ha logrado adentrarse en los tortuosos entresijos de la guerra secreta, con un agudo sentido del relativismo ideológico y un amargo escepticismo que constituyen el sello distintivo de las novelas emblemáticas de la «spy fiction» moderna —y, la mayoría de las veces, inglesa—. O, dicho de otro modo: la novela de espionaje como herramienta de crítica moral y de análisis social a escala planetaria.

...Implacables primeros planos...

Desde luego, no es por casualidad que Giardino haya elegido como telón de fondo para las peripecias de su personaje el período decisivo de la posguerra de Múnich.

Particularmente, la geopolítica enrevesada de la Europa balcánica se presta de maravilla a los enfrentamientos oscuros y confusos; un patio trasero maloliente donde se urden las más diversas intrigas ocultas, poco conocido y ya lejano, por tanto misterioso, el eje Budapest-Estambul puede cargarse a voluntad de un exotismo peligroso sin que el realismo de la acción se vea afectado.

Sobre todo, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial fue testigo del verdadero desarrollo del «oficio» de espía... y, simultáneamente, del de la literatura de espionaje. El «Gran Juego», tan querido por Kipling, deja paso al examen desencantado de ambientes malsanos cuyos peones libran batallas irrisorias entre bastidores de una Historia que supuestamente habría de ser modificada por ellas...

Giardino llevaría a cabo así un doble retorno a los orígenes histórico-geográfico: deja de lado las exigencias de contemporaneidad de sus ilustres predecesores, que describían el mundo tal como podían observarlo en su propio tiempo. Podría especularse largo y tendido sobre las razones de esta elección: ¿inclinación personal? ¿Marcada predilección del cómic por las incursiones en el pasado? ¿Temor a dominar insuficientemente los datos estratégicos, de difícil acceso, de los grandes enfrentamientos del momento?

Ficcional: aquella época fue el marco privilegiado de intrigas ejemplares de las que intentaría hacer una síntesis, reuniendo las grandes reglas dispersas de la novela de «ramificación» en el contexto de los años que la vieron nacer.

De Ambler, Giardino conservaría así las psicologías profundamente trabajadas de personajes para quienes los fracasos y las experiencias dolorosas solo aportan amargura y desilusión: el relato de iniciación... en negativo. Nada de heroísmo, salvo para salvar el propio pellejo: «morir siempre es una estupidez», recuerda Fridman. Búsquedas siempre vanas en relación con los sacrificios consentidos: informaciones fragmentarias o confusas, intoxicaciones y maniobras de distracción; así, la red «Rapsodia» es descabezada con el único propósito de dirigir a los agentes franceses hacia un hipotético cargamento de armas destinado a Franco, mientras en la sombra se prepara el Anschluss...

De Greene tomaría ese humanismo obstinado que lo llevó a privilegiar las emociones, las dudas y los conflictos interiores que agitan a seres todavía capaces de amistad. Fridman es capaz de implicarse, sin recibir órdenes, en una operación para proteger a un ingeniero soviético disidente, una búsqueda que culmina finalmente con la entrega del perseguido a los servicios de Stalin. Ahí asoma la sombra de Le Carré, que ya no ve en el espía más que a un títere marginado, engañado, manipulable a voluntad, incapaz de alterar ni siquiera de abandonar el universo kafkiano que fundamenta su existencia, pero asesina a sus seres queridos. La realpolitik obliga: «nunca se es tan bien traicionado como por los propios», murmura Fridman como credo de su impotencia.

Ethel: una mujer corriente arrojada a una historia que la supera.

A través de un personaje muy «sintético» se perfila así un panorama de los códigos que definen la novela de espionaje. Contenido: éticas elásticas y verdades inciertas; mentiras y traiciones de múltiples niveles; ambigüedad de los personajes y de las situaciones que los extravían... Tratamiento: neutralidad fría del desciframiento del microcosmos del espionaje; rigor histórico impecable que sustenta una desconfianza hacia los grandes sistemas devoradores de hombres; preeminencia de lo no dicho, que deja entrever la inestable amplitud de unas telarañas cuyas ramificaciones nunca podrían abarcarse por completo.

Imágenes de síntesis, aunque también los retratos de agentes de todas las nacionalidades con los que Giardino salpica su relato. Codiciosos, cobardes o feroces, pequeños delincuentes hipócritas o temibles aprendices de brujo, a veces pobres diablos marginados, estos numerosos personajes secundarios parecen desprovistos de todo poder real, perdidos en los meandros de su cinismo paranoico, incapaces de comprender con exactitud el alcance o incluso el porqué de sus actos. Con sutileza, Giardino llega incluso a sugerir que son víctimas de los conflictos que pueden enfrentar a los distintos servicios rivales de una misma nación.

Imágenes de síntesis también las de esos no profesionales ingenuos, llenos de escrúpulos e ideales, que se ven arrastrados (por amor, chantaje o aburrimiento) a un mundo, en definitiva, aterrador; «son personas corrientes, bastante simpáticas, que se ven arrojadas a una historia que las supera». Este juicio de Hitchcock sobre los personajes de Ambler se aplica a buen número de las figuras (a menudo femeninas) que acaban cruzándose en el camino de Fridman.

Él parece pertenecer al mismo tiempo a esas dos categorías extremas de marionetas. Ni profesional ni aficionado; actor y espectador. De Latimer (el novelista investigador de Ambler) hereda una curiosidad angustiada por un mundo que se precipita a paso acelerado hacia la guerra; de Alec Leamas (el héroe trágico de Le Carré) posee la conciencia de las intrigas de las que quizá sea la primera víctima, pero sin llegar él, eso sí, hasta el suicidio; del «agente secreto» (Greene) conserva la nostalgia de una juventud militante sin componendas.

Con todos ellos comparte la lucidez. Fridman sabe que oficia en una «procesión de necios vanidosos, de miserables canallas» —así califica Le Carré a los espías, «ni santos ni mártires»—. A él le corresponde, por ejemplo, recordar algunas reglas elementales de supervivencia a los inocentes que lo acompañan en los peligros. Precepto n.º 1: «No hay límite ni para la desconfianza ni para la credulidad».

Su pasado solo se deja entrever a retazos. Comerciante de tabaco, judío francés emigrado por oscuras razones a Ginebra, padre de una niña de once años, ex-agente retirado vulnerable a no se sabe qué chantajes que lo obligan a volver al servicio.

Pero Giardino tiene todo el tiempo del mundo. Las manos de Fridman seguirán temblando a lo largo de hazañas que seguirán sin servir para nada, en un lento deslizamiento hacia el gran conflicto.

Giardino ha elegido un camino peligroso dentro del género que cultiva. Porque la novela de espionaje realista se construyó contra los principios del folletín (a menudo emparentados con los que rigen las series) y se ha deslucido por su contacto reiterado con ellos (James Bond y compañía).

Autor de una novela cerrada y que podía permanecer como tal (Rapsodia húngara), Giardino podía enorgullecerse de un brillante éxito. El milagro es que no la haya desvirtuado añadiéndole una continuación.


Les Cahiers de la Bande Dessiné Nº71 Bimestral Sept-Oct 1986





lunes, 27 de julio de 2026

Lo mejor del mes. Lesbianas del XIX, la filosofía de Max y Barcelona antes de 1992

 Por Álvaro Pons y Noelia Ibarra

1. Charity y Sylvia. Tillie Walden. Traducción de Eva Reyes de Uña. La Cúpula, 2026

A través de cartas y documentos reales, Walden reconstruye la historia de Sylvia y Drake. y Charity Bryant, una pareja lesbiana en el Vermont de principios del XIX. Juega con la literatura decimonónica americana para trasladar al comic un relato que conjuga a la perfección el espacio íntimo con el contexto histórico, mostrando el paso del tiempo en los rostros de sus protagonistas mientras evita la mirada dramática centrándose en ese triunfo silencioso de la belleza de los cotidiano, que no lo elude confrontar su valentía con las dudas que la educación recibida les impone, pero que sabe deshacer la crudeza gracias a la calidez que desprende su relación. Un discurso de esperanza desde un panorama histórico de la percepción LGTBIG+.

2. Bardín el Superrealista. Max. La Cúpula, 2026.

El Premio Nacional del Comic se estrenaba reconociendo una nueva vuelta de tuerca en la obra de Max, autor referente del underground que supo protagonizar una evolución fascinante a través de los estilos para crear este particular personaje, en el que se funde la innovadora aproximación de Chris Ware a la historieta con la tradición más cáustica de la Bruguera de los años cincuenta, de los Conti, Nadal, Cifré, Vázquez o Peñarroya que compartían desde las viñetas el espiritu burlón azconiano. Desde la línea pulcra, Bardín se sumerge en el surrealismo daliniano para salir a respirar reconvertido en maestro del absurdo desde cuya lógica filosófica expone las contradicciones y vergüenzas de esta sociedad y cuyo humor desemboca en esa lectura inteligente que no tiene miedo al desafío.

3. Sangre de barrio. Jaime Martín. Norma, 2026.

Necesaria reedición recopilatoria de una obra que desde las páginas de la revista El Vñibora, supo seguir el ejemplo de autores como Carlos Giménez y Alfredo Pons para relatar la vida cotidiana de la juventud de los arrabales de una Barcelona preolímpica, de ese purgatorio de la periferia donde las drogas, el paro y la prostitución convivían con la música y el cómic como evasión. Retrato veraz de unas tribus urbanas que protagonizaban el sentimiento de pertenencia antes de la llegada de las redes sociales, que habla de supervivencia cuando el no future parecía real y cercano, sin condescendencia pero manteniendo la dignidad desde una conciencia de clase que se cantaba en los conciertos. Casi 40 años después , una clase de historia que no aparecerá nunca en los manuales.

4. Paraíso. Park Kun-Woong. Traducción de Alba Verea. Tengu Ediciones, 2026

Cada nueva entrega de Park Kun-Woong lo consolida como una de las voces más sugerentes del comic coreano, instalado en la compleja tarea de reivindicar la memoria histórica de Corea del Sur dando voz a los olvidados de diferentes tragedias que marcaron el país. Sin embargo, el dibujante opta siempre por una lectura sorprendente, trasladando la realidad a miradas desde el género, en este caso a través de la ciencia ficción, para que las viñetas se transformen en contundente artefacto de justicia social, sin abandonar la exploración formal que le permite el lenguaje del comic para analizar el papel del tiempo como cura del trauma, pero desde una mirada onírica que transforma el dolor de la pérdida en un tránsito casi surrealista desde ese blanco y negro cortante y opresivo.

5. Dulce basura. Kayla E. Traducción de Juan Navarro. Reservoir Books, 2026.

Tan difícil de categorizar como de describir, la obra que propone Kayla E. es un objeto caleidoscópico, que cambia a cada giro que le damos, a cada página que pasamos. Aparente popurrí de posibilidades narrativas, mezcla de referentes infantiles que transitan del cuento a la publicidad festiva, de colores vivos y brillantes, al que nos acercamos indefensos para descubrir, demasiado tarde, que la autora ha sabido atraernos al otro lado de esa ingenuidad, a un durísimo relato de abusos que nos deja prisioneros, en una lectura desasosegante de una infancia rota que destruye cualquier esperanza para inyectarnos su dolor y sentir como propio el olor nauseabundo de una sociedad podrida.

Babelia Núm. 1.809. Sábado 25 de julio de 2026


Un pequeño desvío…

La vida de este famoso personaje, Corto Maltese, tal como reza la canción, “…está llena de sorpresas”


José Luis Vidal

16 de julio 2026


Lo que tan solo era una fugaz visita a un antiguo amigo, antes de marcharse de Sidney, dio un giro radical a aquel día.

Marcus, antiguo compañero de peripecias piratiles de Corto, vive entre la basura, totalmente abandonado en el abismo de las drogas, por lo que la inesperada llegada del protagonista tan solo sirve para que el aviador se sumerja aún más en sus difusos recuerdos.



Ficha

Corto Maltés: El día antes.

Guion: Martin Quenehen

Dibujo: Bastien Vivès

Tapa dura

Color

176 págs.

28 euros

Norma Editorial


Hay personas que se rinden a su destino, por lo que Corto regresa a su auto con la intención de llegar a tiempo al aeropuerto. Y justo en ese momento es abordado por dos mujeres que se cuelan en su coche sin casi mediar palabra.

Cuando alguien te apunta con un arma tu disponibilidad a la hora de escuchar sus planes se hace total, y si encima en la breve conversación entre el trío sale a relucir el nombre de la esquiva Ai-Ling, esa mujer a la que Corto lleva buscando desde hace mucho tiempo, la luz del interés surge de repente.

Las dos nuevas compañeras de viaje son Piper, una ex militar, perteneciente al ejército australiano, que suele disparar antes que hablar, y porta con una invisible mochila de remordimiento debido a la violencia de su pasado.

Pero la que llevará la voz cantante a la hora de explicar sus planes al protagonista será una abogada, Teana, super comprometida con lo que está ocurriendo en una franja del mapa muy cercana a Australia, concretamente en las islas Salomón y Tuvalu, una zona que en principio no parecía tener mucho interés sociopolítico, pero que se van a convertir en un suculento botín para el gobierno chino, que desea poseer este lugar a toda costa.

Aunque ha perdido en una apuesta su hidroavión, un reticente Marcus se unirá al peculiar grupo, y en cuando lleguen a Honiara, en las Islas Salomón, comenzarán los problemas, metiendo a los protagonistas en una aventura en la que el peligro y la amenaza aparecerán de la mano de unos mafiosos chinos pertenecientes a las peligrosas tríadas.

Jugándose el cuello, Corto y sus acompañantes deberán iniciar una carrera que los llevará, tras algún que otro inesperado aterrizaje forzoso, al lugar donde está aprisionada Ai-Ling, un cárcel bastante más distinta a las que estamos acostumbrados a ver habitualmente.

Pero claro, los mafiosos chinos les siguen la pista, y no se andarán con chiquitas para conseguir sus planes…

Me parece muy acertado contar con grandes nombres de la viñeta para continuar con las aventuras de personajes icónicos del cómic (Blueberry, Lucky Luke, Blake & Mortimer…), ya que no solo se les puede insuflar nueva vida, sino que la visión de otros creadores resulta muy interesante. En el caso de este 'nuevo' Corto Maltés, metido de lleno dentro de un conflicto sociopolítico, pero añadiendo grandes dosis de acción y aventura, hacen que la lectura de este cómic, el último del tándem formado por el guionista Martin Quenehen y el enfant terrible de la BD franco belga, Batien Vivès, sea una apasionante experiencia para los fans del personaje o simplemente para esos lectores que tan solo quieran pasar un muy buen rato.


Diario de Cadiz



Estirpe de la noche

Hijo del Murciélago, nieto del Demonio. Una mezcla explosiva


José Luis Vidal

20 de julio 2026


Atada y con una bolsa en la cabeza, la mejor manera de distraer a su captor era contarle una historia, una especie de cuento en la que se narraban las peripecias de un joven príncipe que, tras haber sido criado por una férrea madre y un tiránico abuelo, había conocido por primera vez a su padre, junto al que recorría una ciudad en la que el crimen y la violencia campaban a sus anchas.



Ficha

The Boy Wonder.

Autor: Juni Ba

Tapa dura

Color

184 págs.

26 euros

Panini Cómics


Lo malo es que hay algunas herencias que no debieran haber existido nunca, y la semilla de la violencia había sido plantada en el interior del muchacho, que decepcionó a su padre al optar por la salida más expeditiva a la hora de enfrentarse a un simple ladrón, sin saber que a la vez que cercenaba su cabeza, cortaba de raíz sus vínculos familiares.

Para aplacar este perfil tan peligroso, el patriarca llamó de al hermano mayor, aquel que había sido el primero en acompañarlo, y que había aprendido a suprimir el dolor de los recuerdos.

Pero ni siquiera con su compañía, enfrentándose a uno de los más peligrosos villanos del lugar, el príncipe Damian, que así es como se llamaba, conseguía alejar de sí los recuerdos y la presencia de su oscuro abuelo…

Afortunadamente, había otros hermanos, concretamente aquel que había vivido el dolor más intenso y regresado de la tumba para luchar contra el Mal. Oculto tras una máscara, casi viviendo en la indigencia, era un buen espejo en el que mirarse para darse cuenta que el camino de la violencia tan solo conduce hacia un lugar, el de la más absoluta de las soledades.

Sin embargo, entre ambos había un nexo que los hizo patrullar las calles para averiguar qué estaba pasando con algunos habitantes del lugar, gente que de pronto desaparecía.

La respuesta fue demasiado terrible, y llegó el momento de buscar pistas que condujeran hacia el alado monstruo que asolaba la urbe. Y qué mejor lugar que un festín en el que, acompañado por otro de sus hermanos, lograría infiltrarse y llegar hasta las profundidades de un lugar que parecía una pesadilla hecha realidad y que conocía demasiado bien…

¿Cómo termina esta historia? Para conocer el desenlace del genial argumento creado por el artista franco-senegalés Juni Ba ( Monkey Meat, Mobilis, Djeliya…) deberéis transformaros en una silenciosa sombra y seguir al joven Damian Wayne, el heredero del manto de Robin, sobre cuya cabeza, como una invisible espada de Damocles pende la presencia de su madre, Talia, y sobre todo su temible abuelo, ese auténtico demonio que una vez fue hombre, y cuyo nombre tan solo se susurra.

Fuera de la continuidad, Juni Ba construye un relato en el que recorre la historia de todos los Robins, y a la vez coloca al joven protagonista ante un reto en el que deberá vencer a sus propios fantasmas y convertirse en lo que Batman, su padre, espera de él.

La originalidad del trazo de Ba, cercano al cartoon, hace que la experiencia de lectura de este cómic sea de lo más impactante en este paseo por los rincones de la ciudad de Gotham, en que el tendremos alguna que otra aparición especial.


Diario de Cadiz


domingo, 26 de julio de 2026

El Oeste antes del ‘western’: ‘Dragones de frontera’

Un cómic muestra un fragmento muy poco conocido de la presencia española en América, a través de las aventuras de un destacamento de soldados en el Virreinato de Nueva España a finales del siglo XVIII.

‘Dragones de frontera’.

Julián Ruesga Bono

23 de julio 2026


Antes de la invención del salvaje oeste, de que existiera el far west y mucho antes de que Hollywood consagrara el western como género cinematográfico, entre los siglos XVI y XVIII, aquellos territorios, lo que hoy son los estados mexicanos de Sonora y Chihuahua y los estadounidenses de Texas, Arizona, y Nuevo México, eran el norte del Virreinato de Nueva España, la parte más septentrional del Imperio Español en América. En este ámbito histórico y geográfico se ubica la trama de la serie Dragones de frontera, un cómic de aventuras, protagonizado por algunos personajes reales y muchos otros de ficción, durante el último tercio del siglo XVIII. Hasta ahora, la serie se compone de cuatro álbumes repartidos en dos ciclos. Con guión de Gregorio Muro Harriet y dibujo de Iván Gil en el primer ciclo y de Pedro Camello en el segundo.

El Virreinato de Nueva España creó una red defensiva basada en una línea de fuertes, los presidios, y un cuerpo de caballería de intervención rápida, los dragones de cuera, que apoyaron la colonización y articularon la defensa y control de la frontera norte del Virreinato. Los soldados de cuera no formaban parte del ejército regular español, la mayoría de la tropa estaba formada por soldados criollos o mestizos, nacidos en Nueva España, adiestrados para el combate en aquellas difíciles regiones fronterizas. Su nombre derivaba de la cuera, abrigo largo sin mangas que llevaban como protección, confeccionado con varias capas de cuero que ofrecían una gran resistencia a las flechas enemigas. Además, combinaban el uso de caballos con barda, sombrero de ala ancha contra el sol, armas de fuego, lanzas y adargas, escudos ligeros de origen medieval, fabricado con piel endurecida, engrudada y cosida con cáñamo, muy resistentes a las lanzas y flechas de apaches y demás tribus de la frontera. A pesar de su escaso número, llevaron el peso de la vigilancia y control de la frontera norte del imperio español en América y las relaciones con las tribus indias, no siempre amistosas.

Así, Dragones de frontera nos descubre un universo histórico inexplorado y nos adentra en una parte de la historia de la colonización de América por España muy desconocida, como lo es la mayor parte de este episodio. Es como si entre la conquista y la independencia de las colonias tres siglos después no hubiese sucedido nada, salvo los Piratas del Caribe. La serie está muy bien documentada y nos ofrece la posibilidad de imaginar cómo debió ser aquel mundo, extraño y peligroso, lleno de dificultades y sobre todo variado: una rara y conflictiva mezcla de culturas, lenguas, razas y multiples intereses.

La acción de Dragones de frontera transcurre simultáneamente a la Guerra de Independencia de EEUU (1775-1783) y en algunos momentos el entramado de personajes que aparecen en la serie se cruza con ella. El primer ciclo de la serie está publicado en un volumen integral que reúne los dos primeros álbumes, Un largo camino a Santa Fe –que cuenta el secuestro de la monja Sor Madeleine por mezcaleros y comanches y el infructuoso intento de rescate que llevan a cabo los otros dos protagonistas de la historia, el cadete Sasoeta y el sargento Beitia– y Cuerno Verde, el segundo álbum, que directamente da cuenta de los prolegómenos y desarrollo de la campaña de Juan Bautista de Anza, Gobernador de Nuevo México, contra los comanches, dirigidos por el belicoso jefe de guerra Tavivo Narigant, Cuerno Verde, que hostigaban y saqueaban los asentamientos de los colonos hispanos. A través de una trama muy bien construida, un documentado y ágil guión y un detallado dibujo –brillante y espléndido en las panorámicas, más flojo en los planos cortos– conocemos la vida cotidiana, organización social y costumbres de los militares y colonos hispanos y a las diferentes tribus nativas con las que convivían y disputaban el día a día, también el épico recate de la monja secuestrada.

En el segundo ciclo el sargento Beitia y sus dragones acompañan a la ganadera tejana Azucena Acosta en la persecución de un grupo de franco-canadienses que han raptado a su marido y terminan en la ciudad de Geneviève, en la Luisiana española, donde reciben la noticia de la proximidad de un gran contingente de fuerzas del ejercito británico, que descienden por el Misisipi en dirección a la cercana población de San Luis de los Ilinueses (actual St. Louis) con la intención de atacarla. Suponiendo que sus perseguidos forman parte del contingente británico, los dragones del sargento Beitia se desplazan a San Luis, donde participarán en la defensa de la población en lo que se conocerá históricamente como la Batalla del Fuerte San Carlos.

Aquí la persecución se desplaza hasta la región de la Louisiana, un territorio cedido a España por la Corona Francesa en 1763, que se extendía al oeste del río Misisipi hasta Canadá y tenía su capital en Nueva Orleans. España apoyó a las colonias sublevadas durante la Guerra de Independencia de los EE UU y el Misisipi se convirtió en una de las principales vías de abastecimiento de los independentistas. Derrotados por Bernardo de Gálvez en el curso bajo del Misisipi, los británicos intentaron hacerse con la cuenca alta del río atacando la ciudad de San Luis y neutralizar así la principal vía por donde se canalizaba buena parte de la ayuda española a los revolucionarios norteamericanos. Este es el contexto del segundo ciclo de la serie que se desarrolla a través de dos álbumes, Azote (2024) y Los cañones de San Carlos (2025). Un excelente y sorprendente cómic histórico de aventuras español.


Diario de Cadiz



sábado, 25 de julio de 2026

Frío en el corazón

La Hora del Bocadillo

En las heladas tierras montañosas, el camino del conejo ronin esconde peligros inimaginables


José Luis Vidal

19 de julio 2026



Son muchos los kilómetros recorridos ya por Usagi en solitario o, como en sus últimas historias, junto a su joven primo Yukichi, hecho este que ha librado a la pareja de más de un momento de extremo peligro gracias a la habilidad que ambos poseen con la espada.

Pero el camino desgasta, cansa. Y si además te encuentras en unos parajes en los que la temperatura es demasiado baja, tus sentidos se embotan y puede que no estén tan preparados, alerta para las ‘sorpresas’ que pueden encontrar…

Una de estas será la aparición de un numeroso grupo de bandidos, ladrones que tras haber escuchado la conversación de los protagonistas, hacen su aparición con no muy buenas intenciones.

Por fortuna, las espadas hablarán, y el conflicto se va a resolver con rapidez, dejando que el dúo de guerreros pueda continuar su camino, teniendo la enorme suerte de toparse con una solitaria cabaña en la que los recibe una bella joven, Yuki, que dará muestra de una enorme hospitalidad, al permitir que ambos puedan pasar la noche resguardados del letal frío.

Lo malo es que, como ya sabéis los seguidores de esta colección, hay alguien que sigue los pasos de Usagi. Un ser incansable, cuya malévola sonrisa te puede dejar congelado, y que no tendrá ningún problema en arrojar a su paso un rastro de cadáveres, sobre todo de los ladrones a los que ya hemos conocido.

El malvado Jei siempre aparece acompañado por la solitaria melodía de la flauta que su joven sobrina Keiko porta, una muchacha que no parece percatarse de la extrema maldad de este ser que ha regresado del más allá en multitud de ocasiones, con un solo plan en la cabeza, aniquilar a Usagi.

En este nuevo volumen, los peligros van a rodear a los protagonistas, apareciendo de manera inesperada en la forma de los famosos Yokai, esos seres que forman parte de los mitos nipones. La mayoría son monstruos que pueden adoptar la apariencia humana para en el momento menos esperado, asesinar sin piedad a sus víctimas.

Y por desgracia, Usagi y Yukichi van a tener que vérselas con varios de estos peligrosos seres, y además, por si esto ya no fuera poco, la imparable amenaza de Jei, que acorta la distancia que le separa de su objetivo, será una imaginaria espada de Damocles que espera su momento para caer, imparable.

Lo dicho, Stan Sakai, el genial autor de este cómic, nos prepara un apasionante argumento en el que el gélido ambiente se mezcla con la aparición de diversos seres sedientos de sangre y la letal presencia del demoniaco Jei.

¿Qué más se le puede pedir a esta colección, una de las más longevas del mercado estadounidense?

Stan Sakai ha conseguido lo que pocos, ha creado una historia en la que la aventura es primordial, pero también las relaciones humanas (sí, ya sé que el protagonista es un conejo…) y, por si esto no fuera poco, acerca a los lectores a una lejana época de la historia de Japón en la que conoceremos usos y costumbres de sus habitantes, por lo que es innegable el valor didáctico de estas páginas.

No lo dudo ni un momento, ya que este cómic y su lectura me ha acompañado durante los últimos años, siempre gracias a Planeta Cómic, y en cada ocasión que se presenta lo recomiendo para chicos y mayores, ya que considero su lectura una de las mejores experiencias que pueden tenerse si eres amante del Cómic con mayúsculas.

El volumen se completa con una jugosa sección en la que podemos disfrutar no tan solo de las portadas de Sakai para la edición original, sino de todas las cubiertas alternativas, las versiones que artistas de gran renombre han sumado al universo de Usagi Yojimbo. Nombres como Jared Cullum, David Petersen, Skottie Young, Mathew Armstrong o Ethan Young.

Y es que imagino el placer y alegría que ha supuesto para todos estos autores el poder sumarse al universo de este personaje al que ya se le puede adjudicar el calificativo de mítico.


Diario de Cadiz