miércoles, 11 de febrero de 2026

Adam Hughes - Are they big enough fanboy?

 

















Sur la route encore Baru Casterman



En la memoria de la historieta hay almacenadas grandes cantidades de anécdotas, más o menos reales, traducidas a narraciones con irregular éxito. La mayoría de esos intentos no han sabido, o podido, librarse del paradójico lastre de la liviandad cotidiana que convierte lo que promete ser espléndido vuelo en truncada trayectoria de fallido fuego artificial. El núcleo dramático de las anécdotas es tan llamativo como precario, es un momento vital que emerge irregularmente de lo cotidiano para volver a desvanerse poco después en su uniformidad, por eso necesita de una previa recreación de atmósferas y personajes que haga entrar al lector en situación para poder saborearlo plenamente. La caricatura con su expresividad facial y corporal, la configuración, y a veces la deformación, de las puestas en escena, el ritmo de las secuencias y especialmente los diálogos o los silencios son elementos claves a la hora de dar solidez a la traducción narrativa de la anécdota.

Baru, otro autor francés desconocido mayoritariamente en nuestro mercado, es un historietista con una especial capacidad tanto para detectar yacimientos de anécdotas como para explotarlos narrativamente. Sus primeros álbumes, la trilogía de Quequette Blues, una recreación costumbrista de las pequeñas aventuras de un grupo de muchachos franceses, ya evidenciaron una especial habilidad para extraer de personajes y situaciones anónimos una alta rentabilidad narrativa. La obra de Baru continuaría por el camino costumbrista hasta que en Le chemin d'Amerique eleva su objetivo temático al enfrentarse a un tema casi tabú en Francia: la independencia de Argelia. En esta historia el protagonista sale, precisamente, del anonimato para iniciar una espectacular pero precaria ascensión social que le convierte en un referente público y potencia la repercusión de sus actos.

Después llegaron los japoneses y le encargaron una obra que resultó ser Autoroute du Sud, con la que ganó el Premio a la mejor obra del Salón de Angulema de 1.996. Autoroute es un historia de acción mantenida a un fuerte ritmo, de esas que te enganchan desde el principio y te sumergen en el remolino de un viaje enloquecido por una Francia tan real como emocionante. Ahora bien, entre tanta huida y escapada, persecución y acoso, hay intercalados suficientes retazos de cotidianidad como para llenar de carne el esqueleto argumental y definir los abundantes personajes secundarios al tiempo que se refuerza la consistencia de los principales.

Sur la route encore, su último álbum, es una obra estructurada en historietas en apariencia auto-conclusivas, aunque poco a poco empieza a desvelarse una segunda trama que unifica todas las acciones dispersas y configura otra historia que sólo se nos revela al final . De esta forma recupera la anécdota como fuente de inspiración, para las historias parciales, aunque dentro de un contexto narrativo más amplio. Por otra parte, la relación presente-pasado que recorre todo el álbum favorece la sensación de un cierto retorno del autor a sus inicios. Así, de entrada nos encontramos con una historieta que se mueve como una lanzadera por el tiempo utilizando como vehículo la misma pasión por el rock que palpitaba en Quequette Blues. Tras esta introducción, el viaje sigue a través de una serie de estampas costumbristas de carretera y de la Francia profunda, estampas descritas con sabia naturalidad y alternando el sujeto narrativo, un sujeto que se esconde tras el mirada del autor que planifica las historietas como si manejara la cámara subjetiva. Después, los protagonistas desvelarán su identidad y ocuparán el lugar que les corresponde en la narración en una última e imprevista cita con el ayer.

Gráficamente, su concepción de la viñeta sigue siendo muy dinámica, recreando como pocos la potencialidad del movimiento y las escenas de masas en lugares cerrados. Por otra parte el expresionismo, algo salvaje y turbio, de Quequette Blues, se ha serenado y ahora su caricatura sigue reflejando la vida a través de la distorsión, pero lo hace de una manera más limpia, con más rabia pero con menos impaciencia.

Pepe Gálvez

L'Autoroute du Soleil fue reseñado por Lorenzo Díaz en U Especial n° 1 (agosto 1.996)


U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997


martes, 10 de febrero de 2026

Reyerta en la feria Jacques Tardi / Leo Malet Norma Editorial



Existe un consenso generalizado que considera a Tardi uno de los grandes maestros de la historieta europea, lo cual es una falsedad. Cuando Jacques Tardi (1946) publica un nuevo álbum, es un acontecimiento de primera magnitud, y con justicia, porque el francés nunca defrauda a sus lectores, entregando páginas tan excelentes como las de esta Reyerta en la feria, tercera adaptación de los casos del detective Nestor Burma creado para la literatura por Leo Malet. Pero, ¿qué se puede aprender de Reyerta en la feria, excepto a ser Tardi? Y Tardi ya hay uno, y sólo uno, y no es un maestro, es un genio singular.

Quien lea Reyerta en la feria con escasa simpatía por la obra o su autor, podrá achacarle una larga lista de imperfecciones. Entre las más notables: exceso de verbosidad que frecuentemente reduce la narración a interminables secuencias de bustos parlantes; los personajes parecen a menudo anclados en una estática frontalidad que los asemeja a siluetas de cartón recortadas y colgadas delante del escenario; ramplonería en la adaptación al apoyarse en fragmentos del texto original ilustrados formulariamente. Algunas de estas acusaciones (especialmente la última) son mendaces. Pero tengan más o menos razón, todas ignoran el hecho fundamental de que las normas establecidas, la gramática común y el buen gusto imperante son para dibujantes menores, y no se aplican a gigantes de la talla de Tardi que, como Robert Crumb, crean sus propias reglas en cada trazo.

El rasgo característico de Tardi es su enorme personalidad, lo exageradamente reconocible de su huella. Tardi es un hombre con una visión, y un hombre con una visión es un artista, trabaje con viñetas, con música o con un balón en los pies. Eso no se puede aprender, por muy atentamente que se estudien sus páginas, plagadas de soluciones indescifrablemente atinadas porque se han concebido con la confianza que da la intuición genial, mucho más útil que el laborioso y a menudo estéril proceso de racionalización profesional. ¿Y cómo se puede aprender a tener intuiciones geniales? Probablemente el mismo Tardi no sabría explicarlo.



Por ejemplo: dijimos que alguien podría pensar que Reyerta en la feria cae en el tópico pecado de ilustrar redundantemente fragmentos del texto original. Eso podría parecer al ojo casual, pero no es así. Reyerta en la feria, como Calle de la estación 120 y Niebla en el puente de Tolbiac, las anteriores aventuras de Burma, se desenvuelve con una frialidad engañosamente distanciada, y en realidad profundamente amarga y apasionada. Los personajes parecen impasibles, apenas muestran expresividad, son sólo cascarones vacíos enganchados en el hilo del argumento que con industrial inexorabilidad avanza en cada página. Ese despojamiento sentimental (más obvio aquí que en los títulos anteriores) conviene mucho a la inoperancia afectiva del detective privado y antiguo anarquista juvenil, desencantado de todo lo que el mundo pueda ofrecerle, y el hecho de recurrir a esos textos de apoyo contribuye a deslizar con mayor brutalidad la hegemónica trama, que así aparta de su paso el tipo de simplonas consideraciones introspectivas que variarían fatalmente el tono de la obra. De paso, el texto de apoyo es un recurso que facilita la compresión de una cantidad enorme de argumento dentro de apenas 80 páginas, lo cual es un tamaño moderado para Tardi.

En una reciente entrevista, hablando de From Hell, su colaboración con Eddie Campbell, Alan Moore decía: "Decidimos suprimir completamente los textos de apoyo y contar la historia usando únicamente diálogos (...) En cierto momento, Eddie me dijo que si hubiéramos usado textos de apoyo, probablemente habríamos podido meterlo en unas 100 páginas, lo cual seguramente sea cierto, pero creo que tomamos la decisión correcta. Creo que no podíamos haberlo hecho de otra manera, eso lo que le da vida (...) Los personajes tienen una dimensión humana que sólo conseguimos usando diálogos ficcionalizados y dramatizados, en vez de usando el recurso más distanciador de los textos de apoyo. Eddie tiene razón, así probablemente le añadimos 200 ó 300 páginas, pero mereció la pena." De eso se trata exactamente en Reyerta en la feria, pero a la inversa: no sólo se pretenden restar 200 ó 300 páginas de volumen, sino también dar con el tono preciso que reste su dimensión humana a los personajes, o al menos a su protagonista, un Nestor Burma que deambula cansinamente por el mundo cargado con el fardo de los cascotes de su moral. En el fondo, Burma es un Tintín adulto y maleado. Hijo de la misma línea clara sometida al tiránico imperio del argumento, pero que intoxicado de historia ha perdido el color, se ha manchado con un impresionismo borroso y ha dejado el entusiasmo en el Stalag en el que estuvo encerrado en 1940. Por lo demás, todo lo que ponía Hergé lo pone también Tardi: la exhaustiva documentación, los paisajes verosímiles, tan documentadas las calles de París en1957 como el prototipo de cohete lunar del reportero belga. La diferencia es una cuestión de perspectiva, de personalidad, de genio.

Algo que, me temo, no enseñan en ninguna escuela, sino que hay que llevar dentro desde el nacimiento, y cultivarlo con mucho tesón, con mucho sufrimiento, año tras año, página tras página.

Trajano Bermúdez


U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997


Iberia Inc. Iberia Inc. Databook Carlos Pacheco, Rafael Marín & Rafa Fonteriz Planeta de-Agostini



Un subtítulo muy apropiado para Iberia Inc. sería El Viaje a Ninguna Parte o, por utilizar los modelos anglosajones que tan queridos les resultan a sus autores, The Road to Nowhere. Y es que aún a riesgo de resultar injusto en tanto en cuanto todavía no se ha publicado el último número de la serie, Iberia Inc. es como un tren fantasma, que no se sabe muy bien de dónde viene y menos aún a dónde va. Para continuar con el símil viajero, para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

Veamos: co-argumentista, Carlos Pacheco, ni más ni menos que el dibujante oficial de una de las colecciones de comic-books más vendidas de la historia: X-Men, convertido de joven promesa a estrella emergente; guionista, Rafael Marín, autor de novelas de fantasía y ciencia-ficción y de una tesis sobre los tebeos Marvel publicada por Ediciones Global hace un par de años, y como dibujante, Rafa Fonteriz, cuyo trabajo se ha visto en Kiss Comix, El Víbora o la entretenida Nocturno para Marvel UK

Entre los tres han pergeñado un ambicioso proyecto que según sus propias palabras "tiene argumentos para al menos dos años de historias y tres series que se complementarían", claro que en un alarde de honradez reconocen que "en poco más de un mes fabulamos un universo entero que abarca más de cincuenta años y otros cincuenta personajes", lo que no está nada mal si tenemos en cuenta que Dios tardó siete días, siete en construir todo un mundo.

Y es que quizá sea éste el problema con Iberia Inc.: la propia desmesura del proyecto. Empeñados ambos guionistas en mimetizar su amado universo Marvel y transplantarlo a España, han acabado perdiendo toda perspectiva. Los personajes no nos son presentados, sino arrojados, sin que sepamos quiénes son, qué hacen y por qué, aunque eso sí, no falta ninguno: el semidiós (Melkart), el intrépido líder (Trueno), el misterioso (Drac de Ferro), el fuerte (Dolmen), el gracioso (Trasnu), la mujer fatal (Traka) y el feroz (Lobisome). La narración se hace de forma tan confusa que al terminar la lectura del primer número se tiene la impresión de haber caído en medio de una acción con un desarrollo anterior que sin embargo no acaba de explicarse en ningún momento, haciendo que leer los números siguientes sea una tarea entre desconcertante y agotadora, lo que se ha dado en llamar "el efecto Patrulla X". Además, el tremendo trabajo de documentación que han llevado a cabo los guionistas se desperdicia plasmado en forma de forzados apéndices al final del tebeo, à la Watchmen, que contribuyen no poco a la sensación de confusión que asalta al lector desprevenido.



El lenguaje de los personajes es sentencioso, lapidario y nada natural, teniendo incluso la sensación a lo largo de la lectura de que de tanto mirarse en el espejo de Marvel, han escogido frases que parecen perpetradas por los traductores de Vértice. ¿Qué quiere decir el Burlador cuando al volver a Sevilla dice "Demasiados recuerdos suspendidos" (nimero 2, pag. 3)? ¿Y qué significa que el gobierno británico haya "retirado sus demandas" (número 2, pág. 6)? ¿Y exactamente qué clase de "ocupaciones" son "mente criminal" o "pícaro", que según el Databook tienen Lince Dorado y Trasnu, respectivamente?


Mientras, los dibujos de Fonteriz, siempre abigarrados, están completamente al servicio del guión, y todo intento de proceso narrativo es abandonado buscando el efectismo, la pose y las dobles páginas innecesarias. Aún así, los tres primeros números, entintados por el propio Fonteriz, destacan sobre los siguientes, en los que el entintado está realizado a medias con Jesús Yugo.

Así las cosas, la declaración de intenciones que los propios autores hacen en el número 1, "son los Vengadores con un toque de Berlanga, Eloy de la Iglesia y un poco de la casposa (sic) ternura de las inocentes comedias madrileñas de los cincuenta" se queda en una verdad a medias: por lo que respecta a Eloy de la Iglesia, nada que objetar, pero lo de Berlanga... digamos que está más cerca de Mariano Ozores que de las comedias corales de Berlanga y dejémoslo así. En cuanto a las "inocentes" comedias de los cincuenta, suponemos que no se referirá a cosas como "Los Tramposos" o "Atraco a las tres", verdaderos monumentos a la mala baba.

Lo que no se le puede negar (ni criticar) a Iberia Inc. o a sus autores es la voluntad de hacer un digno (y loable) trabajo de transposición de los muy yanquis superhéroes a nuestro país ni el tremendo cariño que sus responsables sienten por lo que quieren retratar.

En definitiva, a los responsables de Iberia Inc. les ha podido más el corazón que la cabeza, aunque afortunadamente la serie está ganando (si hemos de creer en lo difícil que resulta encontrar sus números atrasados en las librerías especializadas) de un cierto éxito, que esperemos que sirva de espaldarazo definitivo a la línea Laberinto.

Gonzalo Quesada


U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997

lunes, 9 de febrero de 2026

Hellboy: El cadaver, Los zapatos de hierro, El ataud encadenado Mike Mignola Norma Editorial



Recoge Norma en este libro (más bien caro, como va siendo ya habitual) tres trabajos cortos (que no menores, ojo) de Mignola centrados en su personaje estrella, ese Hellboy que recupera para los '90 la figura del investigador de lo oculto (tan querida por la literatura fantástica anglosajona) y que ha protagonizado las mejores páginas firmadas en los últimos años por un dibujante que llevaba demasiado tiempo atrapado entre las necesidades homogeneizantes de la industria y un estilo decididamente poco popular. De los tres títulos, sin duda el más interesante es El Cadaver (el más largo, además), una rigurosa reelaboración de diversos tópicos del folklore feérico a años luz, por fortuna, del edulcoramiento adolescente a que nos tienen acostumbrados los Gaiman que en el mundo son (que no son pocos). Respetuoso con el fondo y las formas de los viejos cuentos tradicionales, Mignola deja de lado el glamour que los herederos (o saqueadores, que de todo hay) de Tolkien o Lord Dunsany suelen cultivar hasta la náusea y narra, con una poesía seca y de atmósferas tensas, un argumento que parece arrancado de las páginas del reverendo Kirk o de la minuciosa Katharin Briggs (a la que se hace un velado homenaje en otra de las historias, Los Zapatos De Hierro), dos de las fuentes imprescindibles si uno quiere conocer las costumbres de la "Buena Gente". Como en un sueño, Hellboy se ve forzado a superar una serie de pruebas (tres, claro) para congraciarse con las criaturas subterráneas que han secuestrado a un bebé humano cambiándolo por uno de los suyos (para evitar la desaparición de su especie, condenada a la extinción y el olvido ante el avance de los humanos y su racionalismo) y ganarse así el derecho a deshacer el cambio. Narrado con un pulso y una economía de medios envidiables, El Cadaver constituye, a mi juicio, el trabajo más redondo que hasta hoy ha firmado Mike Mignola; por la sencillez de sus planteamientos y la elegancia y belleza de su ejecución. Una pequeña gema.




Los Zapatos de Hierro, una trepidante miniatura, abunda en los elementos ya comentados, pero carece de la tensión poética de la anterior historia y se limita a narrar el encuentro con una criatura agresiva y la consiguiente pelea contra (y derrota de) la misma. Hellboy apenas si es aquí un icono a medio camino entre el superhéroe y el cazarecompensas, pero Mignola sigue siendo Mignola, y hasta su página más mediocre posee más atmósfera que la obra completa de muchos otros. (Los Zapatos de Hierro es, seguramente, la encarnación del mayor peligro que el autor corre con su personaje, a saber: convertir la serie en un mero desfile de monstruos a los que enfrentarse. Que hasta ahora no haya caído en la tentación dice mucho en su favor.)

El Ataud Encadenado, que apareciera hace dos años en el n° 100 de la revista Dark Horse Presents, nos permite disfrutar del buen hacer del dibujante enfrentado al reto de trabajar en blanco y negro (algo que ya hizo, con óptimos resultados, en Los Lobos de San Augusto). Se trata de una hermosa historia de fantasmas en la que Hellboy se enfrenta al enigma de su origen, resuelta con soltura y, de nuevo, la elegancia que constituye ya seña de identidad del autor. Un colofón de lujo para un libro, me temo, imprescindible.

Confiemos en que Mignola acabe de aclararse con su personaje y deje de prestarse a extraños experimentos de crossover para ocuparse de definirlo con un poco más de profundidad. Y confiemos, también (cruzo los dedos), en que sepa resolver con inteligencia el embrollo en que la serie va convirtiéndose, con tantos enigmas en torno al origen del protagonista, conspiraciones nazis milenaristas, esa Oficina de Estudios Paranormales de la que apenas si conocemos el nombre y que tan pronto sirve para un roto como para un descosido, esos personajes secundarios terriblemente deslavazados y, sobre todo, esa especie de peligroso e inestable equilibrio en el tono de los argumentos. Mignola se documenta para sus guiones, eso es evidente (sin ir más lejos, en el libro que nos ocupa), y procura trabajar la narración lejos de la tradición vertiginosa a la que se ha visto forzada la historieta norteamericana por culpa de la institucionalización del comicbook de acción. ¿Por qué, entonces, no puede haber episodio sin que Hellboy se pegue con algún malvado? Y qué peleas; ya he dicho en alguna parte que no hay que dejarse engañar por las apariencias: Mignola debe más a Kirby de lo que pueda parecer.

Pero la dimensión mítica no se consigue necesariamente con enfrentamientos descomunales. Lo del maestro era mucho más sutil, y seguramente su discípulo más aventajado sea este Mignola que a veces parece que pierda el Norte pero que sigue siendo capaz de crear joyas como El Cadaver: lo mejor, insisto, que ha firmado en los últimos tiempos. Si consigue aclararse, ya digo, y se decide por fin a dejarse llevar por la tradición fantástica más literaria en lugar de por sus querencias superheróicas, tendremos en HELLBOY uno de los títulos clave de los próximos años.

(Y si no, en cualquier caso, siempre podremos disfrutar del buen hacer de un excelente historietista, que no es poco.)

Francisco Naranjo


U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997

Adam Hughes - A Brand You Can Trust (2004 Convention Sketchbook)

 


















El Víbora: Especial Nuevo Comix Underground Varios autores La Cúpula


Como bien explica Hernán Migoya en la introducción de este heterogéneo Especial Nuevo Underground, la consolidación, parece que definitiva, del formato comic book (gracias, básicamente, a sus bajos costes de producción) ha sido la razón que ha permitido la proliferación de pequeñas editoriales independientes como Camaleón, El Pregonero o Flor de un día y de iniciativas de mayor peso editorial como la línea Brut de la misma editorial La Cúpula, dedicadas a la publicación de los trabajos de toda una nueva generación de autores (cuya obra, por cierto, poco o nada tiene que ver, ni ideológica ni estéticamente con el primer underground americano y sí con los tebeos "alternativos" que editan Fantagraphics o Drawn 'n' Quarterly), con muy pocas cosas en común excepto su edad (la mayoría están entre los 20 y los 30 años) y una saludable falta de prejuicios que permite encontrar en su páginas influencias, por paradójico que parezca en un principio, de autores tan diferentes entre sí como Robert Crumb, Jack Kirby, Miguelanxo Prado o Simon Bisley. Así, y a falta de una denominación más apropiada, la informe "generación comic book" da cabida a las más variadas propuestas, desde luego imposibles de agrupar de acuerdo a unas líneas generales que vayan más allá de cuatro generalidades (dibujo caricaturesco, humor negro, bromas referenciales) difícilmente aplicables a todos y cada uno de los autores. ¡Qué lejos quedan ahora las batallitas de los años 80 entre los partidarios de la línea "chunga" y la línea clara, los estetas de Madriz y las milicias superheroicas! Si bien es cierto que dentro de la línea Laberinto se han publicado por regla general trabajos más convencionales que siguen (a veces de manera excesivamente artificial) casi al pie de la letra las reglas que gobiernan el relato de género, en busca de una supuesta comercialidad a priori que, teniendo en cuenta lo revueltas que andan las aguas del mercado editorial, cada día parece menos evidente, más cierto es aun que, por poner sólo algunos ejemplos, los tebeos para Laberinto del equipo Producciones Peligrosas no desentonarían en absoluto con el resto del material publicado en este especial y que algunos de los autores que se dan cita en sus páginas, como Enric Rebollo (además de su comic book para Brut, Rebollo ha dibujado una historieta del Juez Dredd para la editorial inglesa Fleetway) saltan de un registro a otro sin ningún tipo de problemas. Pero supongo que los lectores del U deben de estar ya a estas alturas hartos de leer una y otra vez reflexiones muy parecidas (resumiendo: a pesar de la precaria situación de nuestra industria, cada día hay más autores interesantes, jóvenes o no, empeñados en dibujar historietas) ya sea en boca de alguno de nuestros entrevistados o de los invitados a las dos mesas redondas que publicamos en el número uno, y se estarán preguntando: pero, ¿qué trae exactamente este Especial? Tras la divertida portada de Peter Bagge, realizada especialmente para la ocasión por el creador de Odio tras su visita a Barcelona durante el último Salón del Cómic de Barcelona, se agrupan 83 páginas de historieta, una buena parte (más de la mitad) está compuesta por nuevas entregas de autores de sobra conocidos por los lectores de El Víbora y de la colección Brut como Mauro Entrialgo, Bagge (con una historieta del año 84 de la familia Bradley y una delirante página titulada Una advertencia), Miguel Angel Martín (cada vez más frio, distante y, sí, aburrido), Dan Clowes (con una de sus mejores historietas, Art School Confidential, o el mundo de las escuelas de arte visto a través de la mirada cínica y despiadada del creador de Eightball, Santiago Sequeiros, Chester Brown, Jamie Hewlett y Alan Martin (los creadores de Tank Girl, quizá la presencia más discutible y menos underground del Especial), Thomas Hellville Ott, Rabo (más acertado que nunca), Quim Bou, con una desconcertante historieta de cuatro páginas escrita por Alex Figueras digna de haber aparecido publicada en la etapa más decadente del Creepy de Toutain, el soporífero Enrique (autor del aburridisimo Back-Anal en el cementerio municipal, el único Brut verdaderamente desechable de entre los publicados hasta ahora) y Juaco Vizuete, quien, con dos comic books de El Resentido publicados también en Brut y, a pesar de, como él mismo dice irónicamente en su historieta "se copia de tres o cuatro autores norteamericanos" (especialmente Chris Ware y Clowes) se está convirtiendo en uno de los autores más interesantes de la "generación comic book". En el apartado nuevos (o seminuevos, dependiendo del interés con el que siga cada cual el cada vez más hiperactivo mundillo fanzinero) tenemos a José Luis Ágreda, con su humor naif de dificil clasificación y su personalisma manera de entender la historieta, al barroco (y divertidísimo, hay que ver cómo dialoga este chico) Del Peral Pineda y a Maria Colino, una excelente dibujante que en este Especial publica la mejor historieta que ha ilustrado hasta la fecha. Los tres se han dado a conocer en las páginas de La Comictiva y tanto del primero como del segundo han aparecido sendos comic books publicados por Flor de un día. Además, es probable que el de María salga a la venta cuando se publiquen estas líneas.

La ajustada selección de autores la completan un decepcionante Javi Rodríguez, mucho más "brut" que en su comicbook Love Gun pero también mucho menos divertido, el combativo (y veterano) Nono Kadáver con una historieta más propia de los primeros tiempos de El Vibora, prima hermana del Pons más abigarrado, Vicente Montalbá (de quien La Cúpula acaba de publicar un prometedor Brut cósmico descerebrado, casi una versión guarra de El quinto elemento titulada Jaw), la canadiense Julie Doucet, recién descubierta en España gracias a la historieta que publicaron Max y Pere Joan en su revista Nosotros somos los muertos y, por último, el monotemático Paco Alcázar y su costumbrismo gore.

De los lectores depende que los autores presentados en sociedad en este Especial continuen publicando con regularidad en las páginas de El Vibora. Porque, aunque este no es el lugar más adecuado para intentar dilucidar las razones por las que El Víbora ha sabido mantener el tipo frente al temporal que se ha llevado por delante a tantas otras revistas (un hecho en el que al parecer, la otra revista de la casa, la erótica Kiss Comix, ha jugado un papel importante), está claro que, al fin y al cabo (y a pesar de lo que pueda parecernos a los lectores veteranos de la revista, esos que preferíamos José Muñoz a Martin Edmond y las témperas de Gallardo a la agotadora paleta infográfica que maneja Jaime Martín) si algo ha demostrado El Víbora a lo largo de todos estos años -gracias sin duda al necesario recambio generacional que supuso la entrada como redactor de Migoya- ha sido una envidiable capacidad para reinventarse a sí mismo cada cierto tiempo de la que han carecido casi por completo todos sus competidores, incapaces de adaptarse a las nuevas tendencias sin perder credibilidad y dejarse lectores en el camino. Evidentemente, las ventas de El Víbora no son lo que eran, pero, según están las cosas (y no se trata de simple y puro derrotismo, sino de asumir lo que hay sin dramatismos) bastante es que se siga publicando. Al menos, con iniciativas como ésta, por muy tardías e incluso oportunistas que les parezcan a los veteranos de la independencia comiquera, El Vibora sigue demostrando que aún le queda mucho camino por andar y que negarse obstinadamente a envejecer a veces es la única manera de seguir vivo.

David Muñoz

U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997