miércoles, 16 de septiembre de 2026

‘Jovellanos’, la vida de un ilustrado entre la esperanza y la tragedia

La biografía de Benigno Pendas cartografía la mitología del político y escritor en la historia y constata que en España sí hubo ilustración y fue por mentes como la suya


'Gaspar Melchor de Jovellanos' (1798), de Francisco de Goya.

MUSEO DEL PRADO


Ignacio Peyró

26 AGO 2026

Es sin duda una justicia póstuma que la posteridad haya tenido con Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega, 1811) una dulzura muy superior a la que le mostró la vida. No en vano, la centralidad de Jovellanos en la Modernidad española no puede explicarse por el legado material de sus puestos políticos: apenas nueve meses infelices como Ministro de Gracia y Justicia (1797) y otros quince, no mucho más fáciles, en aquella Junta Suprema Central (1808) embrionaria de las Cortes de Cádiz. La contabilidad de sus desgracias, de hecho, iba a ser mucho más abultada que la de estos éxitos mundanos: si primero sufrió siete años de postergamiento en su Asturias natal, después iba a sufrir siete años de prisión injusta en Mallorca. Su muerte en 1811, en lo más profundo de la guerra y en fuga del francés, no ha hecho más que añadir un noble patetismo a su figura.

Frustrados sus proyectos vitales, sus esperanzas políticas y sus ideales ilustrados, en puertas de una España que iba a arder en intolerancias cruzadas, Jovellanos ha podido alzarse en efigie de una cierta tragedia española. Y, malquerido de los radicales de su tiempo, incluso en protomártir —como postula, con agradecidas cautelas, Benigno Pendás— de cualquier noción de Tercera España. La iconografía goyesca, que nos muestra la gravedad de un hombre embargado por la melancolía política, es una de las dulzuras que la posteridad reservaba a Jovellanos, pero también una de las imágenes que cifran nuestra Historia: ¿qué hubiera sido de España sin los dos hombres, Jovellanos y Goya, más benéficos de su tiempo? ¿Qué vacío no tendríamos a la hora de conocer el último esplendor dieciochesco, las ambiciones ilustradas, los desastres de (y la resistencia ante) la guerra?

Extraña poco, pues también es de justicia, que Jovellanos haya pervivido ente nosotros, ante todo, como mito. Según hemos visto, en su vertiente política, tuvo un poder muy menor. Y en Jovellanos. Ilustración para españoles, Pendás es realista sobre su alcance libresco: el Informe sobre la Ley Agraria o sus distintas Memorias pueden pasmar por su ánimo ilustrado más que subyugar como literatura. El prócer asturiano, además, se ha visto perjudicado por el predicamento de un siglo que nunca ha satisfecho a nuestros progresistas y siempre causó la irrisión de nuestro tradicionalismo. Y si, en términos generales, le afecta la fama muy mejorable de las letras del XVIII, en lo particular le ha afectado una sólida tradición de malas ediciones. Esta falla no solo se ha resuelto con toda felicidad en las últimas décadas, sino que —con sus magníficos Diarios— por primera vez puede decirse que Jovellanos es un autor leído. Con todo, a efectos pedagógicos, y si queremos emular las aspiraciones ilustradas del propio Jovellanos, quizá debamos anclarlo en la asignatura de Historia más que en la de Literatura.

Uno de los muchos méritos de la biografía de Pendás consiste, precisamente, en cartografiar la proyección de su mito en la Historia. Para Moreno Alonso, “los absolutistas vieron en Jovellanos la sombra de un jacobino”, y “los liberales más radicales lo consideraron como un trasnochado”. Post mortem, sin embargo, Jovellanos encarna la rareza de un consenso, por no decir unanimidad, por el cual pareciera que las más distintas filiaciones ideológicas españolas se hubieran visto huérfanas sin el asturiano. Menéndez Pelayo, poco dado a dispensas, lo considera un tradicionalista acérrimo. Díez del Corral, un liberal doctrinario. Fernández de la Cigoña, un contrarrevolucionario. Fraga lo convierte en estrella de su El pensamiento conservador español. Juan Cueto lo desliza al nacionalismo asturiano. Y otros han subrayado su feminismo, lo han acercado a Azaña o le han convertido en profeta de valores republicanos. La propia complejidad de Jovellanos abona tantas y tan distintas interpretaciones: al cabo, fue, según Sánchez-Agesta, hombre “religioso y picado de jansenismo, señor y detractor de los señores, propietario (..) y desamortizador, español rancio y resabiado de enciplopedismo, universal y provinciano”. En fin, sin ir más lejos, Jovellanos puede conseguir que un erudito moderantista como Pendás le dedique una biografía, que un poeta de Izquierda Unida como Luis García Montero le dedique un poema y que esos versos figuren en el libro.

Las prendas morales de Jovellanos en la adversidad, así como su muy pragmática resolución ilustrada —“abrir un camino y fundar una escuela”— en todo tiempo han tenido mucho que ver en la admiración tan plural que la fama le ha otorgado. Eso no implica que no tuviera un haz de contradicciones, como se ha dicho, que —eso sí— logró armonizar con acierto. El hombre que anota “lectura en Gibbon. Chimenea. Conversación” en su diario es el mismo que no dejará el Kempis en los momentos de zozobra. Y el intelectual sofisticado y moderno que lee a Bentham, a Beccaria, a Adam Smith —cuatro veces— es también un ilustrado que, al modo de Burke, se sitúa frente a la revolución. Iluminista, sí; iluminado, nunca. En la hora suprema, a Jovellanos se le ofrece colaborar con el francés en un momento, como escribió el poeta Quintana, en que “todos pensábamos a la francesa”. Jovellanos se niega entonces “a las sugestiones y ofertas lisonjeras de la amistad y el poder” y, sin amparo ninguno, defenderá “la causa de mi país, (…) que puede ser temeraria pero es a lo menos honrada”. Ya había tenido la lucidez de ver en Napoleón al “tirano de Europa”, pero siempre causará pasmo pensar en el desgarro que tendría un Jovellanos “moderno, europeo, ilustrado y liberal” al ver a los admirados franceses comportarse “como un invasor bárbaro y un expoliador”.

Las cincuenta páginas de bibliografía comentada —un trabajo benedictino, digno del ilustrado Feijóo— refrendan el empaque de una biografía que no quiere ser académica y que quizá por eso está escrita en un magnífico castellano. Es mucha y abundante la bibliografía jovellanesca. Lo distintivo y loable de este trabajo de Pendás está en trazar un Jovellanos tan suyo como convincente: santo fundador de nuestro moderantismo, “germen del liberalismo doctrinario español que culmina en la política institucional de Cánovas”, liberal historicista a lo Burke y puente entre “el reformismo ilustrado y el liberalismo burgués”. Este punto es importante en tanto que, como afirma Fusi, “el reformismo ilustrado articuló la nación española” o, como matiza Pendás, “crea un Estado para una nación que no alcanza dimensión política (…) hasta el siglo XIX”. Jovellanos representa aquí, por tanto, una invitación a repasar los clichés sobre una Ilustración española que, según Pendás, fue, como en otros países, “una activa minoría (…) en estricta línea con la Modernidad”, sin otra excepcionalidad que “un acendrado catolicismo” y la limitada difusión internacional debida a la pérdida de hegemonía política. Discrepantes habrá de esta tesis, sin duda: ya los hubo, como Ortega. Pero el debate es de importancia, pues “si hubo Ilustración en España, somos un país como los demás (…); si no la hubo, ganan no solo los defensores de la España eterna, sino también (…) aquellos que se regodean en el fracaso histórico de una nación imposible”. “Hubo Ilustración porque hubo ilustrados”, remacha Pendás, en aserto difícil de rebatir. Y quizá por ese propósito ilustrado, Jovellanos, tanto tiempo después, sigue siendo mayor como esperanza que como tragedia.



Jovellanos. Ilustración para españoles

Benigno Pendás

Taurus / Fundación Juan March, 2026

568 páginas. 23,65 euros


Si llegara el fin del mundo, ¿tú qué harías?

 ¿Te gusta mirar?


José Luis Vidal

10 de septiembre 2026


La mayor afición de Val, una de las protagonistas de este cómic, será su perdición. Y no, no porque ella vaya a hacer nada malo o reprochable, y es que en la oscuridad de su sala de cine preferida va a ser testigo de una auténtica masacre perpetrada por un tipo que 'juega' a una competición a nivel mundial, cuyo tétrico hagstag #Marcador, ya os puede dar una ligera idea de por dónde van los tiros (Y nunca mejor dicho…).



Ficha

Espectadores

Guion: Brian K. Vaughan

Dibujo: Niko Henrichon

Tapa dura

Color

344 págs.

40 euros

Planeta Cómic


Y todo podía haber acabado aquí para Val, pero de pronto una inexplicable fuerza hace que su espíritu sea arrancado de su envoltura carnal, para emprender un camino que la va a llevar a lo largo y ancho de su ciudad, New York y, cómo no, a ver cómo pasan los años ante sus sorprendidos ojos.

Pero además del séptimo arte, la joven tiene otra afición, ya que le gusta colarse en las vidas de los demás y observar sus relaciones más íntimas. Pero el tiempo ha pasado, y en el lejano futuro en el que se encuentra ahora las cosas han cambiado mucho, ya que la tecnología ha sustituido en muchos casos a las relaciones de pareja, planteando momentos que rozan lo surreal y/o ridículo.

Pese a los millones de espíritus que pululan por la urbe, la 'no existencia' de la protagonista es bastante solitaria, hasta el momento en el que se cruza en su camino el otro protagonista de este relato, Sam. Un tipo que parece salido de un western y que, sí, en efecto, lleva sobre sus espaldas un largo recorrido por este otro mundo, el de los muertos.

Juntos van a emprender una curiosa búsqueda, la de un trío de amantes que logre conseguir en ellos la excitación añorada.

En el camino, y una vez que se vayan conociendo mejor, surgirá la amistad y con ella las confidencias, los más íntimos secretos, que nos desvelarán hechos de la vida pasada de esta inusual pareja.

Brian K. Vaughan (Y, el último hombre, Ex Machina, Runaways, The Private Eye, Barrier, Saga) es uno de esos guionistas que, armado con su fértil imaginación, es capaz de cogernos de la mano y sumergirnos en una historia tan apasionante y original como esta, donde la ironía se da la mano con una clara crítica a esas estúpidas competiciones, desafíos, tan en boga en las redes sociales, que en este cómic será llevado hasta sus últimas consecuencias.

La posesión de armas en los Estados Unidos también tendrá su parte de crítica, en un país donde casi no hay día en el que se relate en un informativo la masacre en una escuela o un centro comercial.

Todo ello sabiamente mezclado con un relato fuertemente erótico, donde el arte de Niko Henrichon, con el que el guionista ya trabajó en la espectacular Los leones de Bagdag, brilla especialmente, llevándonos a un futuro lejano, en blanco y negro, con unos diseños realmente espectaculares. El trabajo durante tres años del artista es apabullante por momentos.

¿Logrará la pareja encontrar ese trío? ¿Llegará el temido apocalipsis? Entre tantos jadeos, sudor y cuerpos desnudos. ¿Hay espacio para el amor?


Diario de Cadiz


martes, 15 de septiembre de 2026

Lestrigones, feacios y sirenas de Formentera

 EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

La isla presenta diferentes caras -depredadora, amable o seductora- según el momento y la suerte


Una imagen de Formentera.


Jacinto Antón

01 AGO 2026

Desembarqué hace unos días en Formentera pertrechado con dos traducciones de la Odisea, la que uso siempre de Carlos García Gual (Alianza, 2013 ), en castellano, y la controvertida de Emily Wilson (Norton, 2020), en inglés, recomendada a la inversa por un lector que me la puso verde, aunque ya solo por los materiales adicionales vale la pena. Esta segunda, muy interesante, la verdad, es la que ha utilizado Nolan para su película, cuyas potentes imágenes llevo todavía en la retina, de forma que se me confunde todo: la selección argentina con los pretendientes, los incendios que asolan España con el de Troya, Zapatero con el tesoro de Príamo, Formentera con la terrorífica isla de los lestrigones, la paradisíaca y hospitalaria de los feacios (que el cineasta ha suprimido sorprendentemente en su filme) o la seductora de las sirenas, según el día.

La nueva versión cinematográfica del poema de Homero me ha gustado mucho. Es un gran espectáculo, tiene escenas muy bien resueltas y no es el menor de sus méritos toda la discusión que está provocando y que no hace sino darle mayor vidilla y actualidad al clásico (muchos jóvenes están leyendo a Homero para cotejarlo con Nolan, un camino curioso, pero bienvenido sea). Es verdad que Matt Damon no parece muy sagaz y que es algo extravagante convertir a Agamenón en Batman, con el añadido de esas siniestras vértebras que cuelgan del yelmo del líder aqueo, el “pastor de hombres”. Se hace raro que no aparezca Aquiles en el pasaje de la consulta a los muertos en el Hades, en el que en el original el gran guerrero dice aquello —más o menos— de que prefería ser un cualquiera vivo que un héroe muerto. Supongo que Nolan pensaría que el de los pies ligeros —“swift-foot(ed)” traduce Emily Wilson— ya había chupado mucha cámara en Troya. En el mismo episodio, poner a las tripulaciones masacradas por los lestrigones como zombis es una curiosa opción. Como lo es el ojo vertical de Polifemo, y que se elimine todo lo del ardid de Ulises de presentarse al cíclope como Ninguno (“Noman”, en Wilson). O que un marinero de rasgos orientales de la cóncava nave del protagonista se lance al agua en pos de las sirenas.


El caballo de Troya de Nolan, en 'La odisea'.

Reducir a Circe a una bruja vindicativa en su isla del doctor Moreau avant la lettre es quitarle mucho glamur a la seductora diosa (“entonces yo me metí en el muy hermoso lecho de Circe”), mientras que eliminar a Nausicaa (¡qué diría Robert Graves!), la princesa Lolita, al suprimir a los feacios, es cargarse a otro personaje fundamental (en cambio sale, brevemente, el salvaje sacrificio de Polixena, degollada durante la toma de Troya). Que Helena sea negra, vale, pero ¿a qué viene ponerle una herida en la cara?; ¿es la venganza de Menelao para librarse del estigma de calzonazos? Lo de la emboscada de los pretendientes a Telémaco en el santuario de Atenea parece tomado de las aventuras de Sandokán entre los estranguladores thugs. Por cierto, a la pizpireta Atenea de Zendaya la podrían haber equipado con casco, lanza o égida (por algo nació armada), o al menos con su mochuelo. Me gusta mucho Charlize Theron como Calipso —aunque Nolan mezcle su episodio con el de los lotófagos y haga que la ninfa drogue con loto a Ulises, ¡como si le hubiera hecho falta para perpetrar el adulterio!—: las imágenes en la playa, inquietantes como las del cementerio militar aqueo en el campo de batalla de Troya, tienen algo de la magia desoladoramente ballardiana del planeta de Miller de Interstellar. También en la Odisea tenemos la historia de un padre perdido en un gran viaje en el espacio-tiempo, y un hijo que lo busca.

Playa de Es Cavall den Borràs, en Formentera.

Carles Ribas

Lo de la figurita de Atenea que carga Ulises parece un préstamo de Gladiator. Y Escila, un homenaje a Ray Harryhausen o a los muppets de Barrio Sésamo. En cambio, es interesante cómo Nolan incorpora la historia de Sinón, el espía, tomada de otras fuentes como la Eneida, convirtiéndolo en un personaje trágico. El caballo es demasiado escultórico y complicado, me gustaba más la idea de Troya de que estuviera hecho con trozos de las naves de los aqueos: le daba doble sentido al hacerlo pasar como tributo a Poseidón. Y lo de pulsar la cuerda de un arco tras montarlo nunca hay que hacerlo (consejo de arquero), aunque lo hagan Matt Damon, Ralph Fienes (El regreso) o el propio Ulises de Homero —“la cuerda resonó agudamente con un chillido semejante al de una golondrina” (Gual), “the string sang like swallow-song, a clear sweet note” (Wilson)—: se pueden partir las palas. Convendremos que hay poco sexo en esta Odisea de Nolan.

El final, y perdón por el espóiler de casi 2,8 milenios, envía de nuevo a Ulises de viaje, esta vez con Penélope, en una escena con un aire crepuscular de marcha de los puertos grises tolkinianos. Telémaco aparece con aspecto de senescal de Gondor. En realidad, la Odisea acaba con Ulises reinstalado en el trono de su isla.


La iglesia de Sant Francesc, en la Plaça de la Constitució (Formentera).

Carles Ribas

Con este cebollón odiseico y tanta exégesis homérica, no es raro que los días en Formentera los esté viviendo en clave del poema. Y es que la situación en la isla me parece un pulso entre los lestrigones, los hoscos gigantes antropófagos (jope, cuánta gente comía carne humana en tiempos de Ulises), que Nolan caracteriza casi de tropas del espacio, y los amables feacios (suprimidos por el director como hemos dicho). Los primeros se cargan la flota del rey de Ítaca que ha llegado a sus costas a lo bestia, masacrando y devorando a los tripulantes, mientras que, en el poema, los segundos reciben con los brazos abiertos al pobre náufrago, escuchan y valoran sus historias y cubren de buen grado sus necesidades.

En Formentera, el viajero puede sufrir mucho a manos del área de Movilidad del Consell Insular, que ha decretado un muy criticado, bastante arbitrario y en ocasiones injusto sistema de cuotas para circular por la isla, y ha montado un dispositivo de vigilancia digno de Guantánamo o el Stalag Luft III de La gran evasión, que incluye sofisticados postes con cámaras de ojo de cíclope en cada rotonda, poco acordes con la idea de libertad y buen rollo históricamente consustancial a la isla. El moderno Ulises puede también ser masacrado por los, estos sí, descontrolados precios en toda una red de restaurantes y chiringuitos lestrigones (solo falta que se te coman tras pagar la cuenta).

En el lado de los feacios, la mucha gente que te acoge con aprecio, te ayuda siempre que puede, valora que quieras la isla como ellos, que la respetes, y el esfuerzo que haces para venir de vacaciones aquí año tras año, pese a que cada vez es más caro y te lo ponen más difícil. Feacios son sin duda los Mayans de Can Martí, Carme y Joan de la librería Tur Ferrer, la gente del Rafalet, Andrés y la guacamaya Lola, Piero Ameli, que hasta te toca Pink Floyd gratis, o la familia del Pelayo…


El cartel indicador del restaurante Pelayo en su nueva localización en Es Cap.

Precisamente, Piero y la troupe del Pelayo son noticia este verano. El primero porque ha reabierto en otro lugar su emblemático bar musical y discoteca Ses Roques, acogedor antro canalla y mestizo que ha regentado los ocho últimos años. El edificio con jardín del Ses Roques original, a las afueras de Sant Ferran, ha pasado a otras manos que lo han remozado y convertido en un establecimiento de tan alto standing que si te caes te matas. Así que Piero ha tenido que coger sus bártulos —incluida la icónica furgoneta hippy de la entrada— y marcharse, y ha inaugurado su nueva singladura, Banana Roques, en un local de Es Pujols. Sirve pizzas y copas, ofrece música en directo (la otra noche un recital de canción italiana él mismo) en un ambiente muy agradable y ha reproducido la discoteca para actuaciones de artistas, grupos y dj’s de la isla y de visita.

Por su parte, la familia del Pelayo, con José Luis y Franci a la cabeza, han tenido asimismo que abandonar dolorosamente su mítico chiringuito y restaurante del extremo de Migjorn al no renovarles el propietario el contrato y se han trasladado al tan conocido y con tanta solera restaurante Es Cap del cruce de Cala Saona. También ellos se han traído algunos de sus dioses lares, como la enorme paella decorada (por Gabriel) de anuncio del local, que han colgado fuera, parte del mobiliario y las maderitas de reserva de mesa. “Estamos contentos, vamos a ver, nos ha sorprendido el cariño con el que muchos de nuestros clientes de Migjorn han venido ya aquí, aunque, claro, no tenemos el mar al lado como allí. No obstante, hay brisilla, y aire acondicionado dentro”.

Produce una sensación curiosa estar bajo la parra de Es Cap en formato Pelayo, pero la carta es la misma de la playa de Migjorn, como el buen ambiente, y ¡el domingo sigue la gran paella tradicional!



La playa de Migjorn de Formentera, con el chiringuito Pelayo en ruinas al fondo.

J. A.

Mientras, el antiguo Pelayo, que tantas alegrías y tanto cobijo ha dado durante años, está siendo demolido estos días y sus ruinas permanecen valladas (“estos Fabio, ay dolor…”). Desprovista de chiringuito, al menos este verano, la playa ha quedado casi desierta y produce una sensación de melancolía ver que han desaparecido los dos icónicos parasoles de palma que se recortaban contra el azul del cielo y el mar y habían propiciado tantos selfis. Es fácil imaginar que llega por mar Ulises, naufragado, y no encuentra quien le acoja. Por cierto, las numerosas rayas en el fondo marino de esta playa hacen recordar la leyenda de que el viajero murió traspasado por el aguijón de una: el que llevaba como punta de su lanza Telégono, hijo de Ulises y de Circe, y que habría matado a su padre sin reconocerlo, cumpliendo de paso la profecía de Tiresias en la Odisea: “La muerte te llegará del mar”.

El traslado del Pelayo tierra adentro recuerda también lo que el propio adivino Tiresias, convocado de entre los muertos, indica a Ulises que ha de hacer después de arreglar la situación en su reino: echarse un remo al hombro y caminar hasta llegar a un lugar donde nadie sepa qué es lo que carga. Allí ha de plantar el remo y hacer sacrificios a Poseidón, el irritable dios de cabellos azules.

Matt Damon, en 'La odisea'.

¿Y las sirenas? Ellas son otra de las presencias que determinan la isla y nuestra estancia. Simbolizan la seducción de las arenas prístinas y las aguas glaucas y la fuerza y la belleza salvaje de la naturaleza. Las puede representar un repentino fulgor sobre el mar, la visión fugaz de un destello de escamas, una canción del pasado aparecida inesperadamente en el modo aleatorio de Spoty en los iPods, o la joven italiana que chapoteaba el otro día en las playas del Vogamarí tocada con un extravagante casquete de espejitos que nimbaba su cuerpo de una deslumbrante iridiscencia sobrenatural. “¡Ven, acércate, muy famoso Odiseo, gran gloria de los aqueos!”. Me tuve que atar al parasol para no lanzarme al agua. Esperemos que para ellas, las sirenas, no haya nunca cupo en Formentera.


Jacinto Antón


El Pais Sábado 1 de agosto de 2026


lunes, 14 de septiembre de 2026

Fantasmas, ‘yokais’ y otros monstruosos habitantes para un caluroso otoño

Zerocalcare en la Hungría de Orban, el amor según Kabi Nagata o Frankestein visto por David Sala figuran entre las esperadas novedades de las editoriales


EL PAÍS

Álvaro Pons  Noelia Ibarra

02 SEPT 2026

Con una frontera entre verano y otoño cada vez más diluida por cortesía del cambio climático, la vuelta al cole y los anuncios de coleccionables vienen al rescate para recordarnos que la nueva temporada editorial llega con sugerentes novedades.


La 'rentrée' cultural de 2026


Kabi Nagata, guerrera errante

Kabi Nagata

Traducción de Luis Alis

Fandogamia, 2026

128 páginas. 12 euros

La descarnada sinceridad de la autora japonesa crea un vínculo indeleble entre una vida que se confunde con su obra. Viñetas de catarsis desde una mirada que no deja nunca indiferente. La crudeza de Nagata al contar su vida se acompaña siempre de un humor en ocasiones corrosivo que, más allá de diluir el dramatismo de la situación, aporta una necesaria apertura a la reflexión. Su nueva obra es un esperado reencuentro con esa vieja amiga capaz de sobrevivir a su propia vida.




Garigari

Hugues Micol

Mondo Cane Books, 2026

204 páginas. 25 euros

Con una larga trayectoria como ilustrador e historietista, la edición de su última y reconocida obra resuelve la invisibilidad de Micol para el mercado español. Autor de capacidad camaleónica en lo gráfico, se traslada al Japón feudal para plantear una aventura puramente visual, sin palabras que limiten una propuesta de dinamismo desbordante que bebe tanto del cine de Akira Kurosawa como del manga de Osamu Tezuka o Kazuo Kojima, dejándose impregnar de la fértil fantasía de las leyendas japonesas para crear una obra sorprendente en la que solo cabe dejarse arrastrar.




La reina de otoño

Borja González

Reservoir Gráfica, 2026

208 páginas. 23,65 euros

González ha ido creando a lo largo de su obra un particularísimo universo personal en el que su elegante trazo delinea escenarios entre la magia del cuento y la modernidad descreída del punk. Sus personajes sin facciones dejan en la coreografía de los cuerpos la transmisión de todo un catálogo de sensaciones y sentimientos que llegan desde esa sensación sinestésica que acompaña desde que abrimos la primera página de cualquiera de sus obras. No es necesaria la referencia del premio nacional para apostar por la nueva creación de uno de los autores más sugerentes del cómic nacional.




El iglú

Laura Pérez y Guillermo Corral

Salamandra Graphic, 2026

264 páginas. 23,70 euros

La obra de la artista valenciana se caracteriza por una insólita capacidad evocadora de esos intersticios por donde se desliza la realidad para crear espacios entre lo imaginado y lo vivido. Su elegante dibujo, siempre arropado por una paleta de tonalidades que acarician la lectura, lleva a lugares de sombras escondidas. En su nueva obra vuelve a trabajar con guionista después de muchos años de trabajo solitario, llevando esa cadencia estética de lo fantasmal a una propuesta que la hibrida con la actualidad del cambio climático y sus consecuencias. La siempre acertada prosa de Guillermo Corral encontrará una manera diferente de llegar a los lectores a través del dibujo de Laura Pérez, obligando a nuevos caminos de reflexión.





Encarna viva

Javi de Castro

Astiberri, 2026

208 páginas. 19 euros

Javi de Castro es uno de esos autores que se plantea la hoja en blanco como un espacio de posibilidades infinitas donde el lenguaje del cómic puede explayarse y encontrar nuevos caminos. En todas sus obras, ya desde lo digital o ya desde el papel, el dibujante ha traspasado los límites aceptados de la historieta para encontrar nuevos espacios de innovación, con propuestas que demuestran la plasticidad de los límites del noveno arte. Su nueva obra vuelve al género de terror, que ya había practicado desde lo digital, pero llevando al papel esa curiosidad que con seguridad nos sorprenderá en la lectura con soluciones formales tan inesperadas como sugerentes.




Frankenstein

David Sala

Astiberri, 2026

232 páginas. 39 euros

En su adaptación de Zweig, el autor francés ya destacó por su cuidado tratamiento del color, exquisito en su composición, pero en el reto de trasladar a las viñetas la obra de Shelley, la paleta de azules y verdes adquiere una voz propia, un protagonismo narrativo que empapa esta interpretación del clásico que se focaliza en la otredad y deja lecturas modernas que confirman la universalidad de una obra maestra que crece en cada acercamiento.





Nanban-jin

Cyril Pedrosa y Taiyō Matsumoto

Norma, 2026

Por separado, Pedrosa y Matsumoto han brillado desde el cómic europeo y el manga, cada uno desde su estilo, pero coincidiendo ambos en un talento artístico inmenso. Ahora se reúnen en esta obra para plasmar el primer contacto entre Oriente y Occidente con la llegada de los marineros portugueses al Japón feudal del siglo XVI, pero narrando cada uno una perspectiva diferente, mientras las historias avanzan en direcciones opuestas de lectura para confluir en el centro y convertir al propio objeto en parte de la reflexión. Imposible no ansiar su lectura.




En el nido de las serpientes

Zerocalcare

Traducción de Irene Oliva Luque

Reservoir Books, 2026

200 páginas. 21,75 euros

Con esa capacidad camaleónica que le caracteriza, el italiano abandona sus historias más personales para acercarse a esa otra vertiente de su obra que, desde el compromiso más estricto, lo convierte en notario de la realidad sociopolítica que vivimos trasladándose a la Hungría de Orban. A través del relato del juicio a la activista Ilaria Salis, Zerocalcare consigue una inquietante radiografía de la intolerancia y el odio que está contagiando a toda Europa, siempre desde esa mirada personal e inconfundible, tan necesaria.



Babelia Núm. 1.815 Sábado 5 de septiembre de 2026



lunes, 7 de septiembre de 2026

Lo imposible, lo impensable…

Este nuevo volumen de la biblioteca dedicada al Hombre de Acero es uno de los capítulos más importantes y duros en la historia del icónico personaje


José Luis Vidal

06 de septiembre 2026 



Que esta sea la decimotercera entrega no os haga recelar de su lectura, ya que en su interior brilla el genio de ese autor que ya figura con letras mayúsculas dentro de la historia del comic-book norteamericano, John Byrne.

Y aunque su presencia gráfica en este volumen no es muy numerosa, su faceta como guionista sí que lo es, demostrando la importancia de su papel en esta larga etapa al frente de las aventuras de Superman.

Una de las importantes ocupa gran parte de esta nueva entrega, y se trata de la miniserie Mundo de Metrópolis, en la que Byrne se lanza de cabeza al pasado de los personajes junto al dibujante Win Mortimer, todos esos secundarios que acompañan al protagonista y forman parte de esos invisibles pilares sin los cuales las historias no tendrían chicha.

Vamos a acompañar a un Perry White más joven, que regresa como reportero por tierras asiáticas y va a encontrarse con una funesta noticia. Aquel que fue su amigo de juventud, ahora megamillonario, va a deshacerse del periódico Daily Planet.

Y por si esto no fuera poco, Alice, el amor de su vida, tiene algo que contarle…

De ahí acompañamos a una joven Lois Lane, que pese a su corta edad no ceja en su empeño a la hora de conseguir un puesto como redactora en el mítico periódico, hecho este que va a hacer que se meta en más de un embrollo.

Poco sabemos sobre la vida del joven Clark Kent cuando, tras dar la vuelta al planeta, decidió establecerse en la soberbia urbe llamada Metrópolis. ¿De qué trabajó? ¿Cómo le fueron los estudios de periodismo?, ¿Tuvo alguna novia?

Todas estas preguntas y alguna que otra más serán respondidas, llevándonos hacia el final de la miniserie, en la que faltaba, cómo no, una historia protagonizada por cierto fotógrafo pelirrojo, y como se forjó su relación con Superman, al que siempre llama cuando se ve metido en un problema.

Ya simplemente con el contenido de esta miniserie la lectura y disfrute de este volumen sería suficiente, pero como diría aquel: “No se vayan todavía, que aún hay más…”.

Y es que con John Byrne (y el indispensable Jerry Ordway, claro está) ya como autor completo acompañaremos al Hombre de Acero en una historia que lo va a dejar marcado de por vida, y que comienza de la manera más inimaginable, ya que este se reencuentra con alguien a quien daba por muerta. Nada más y nada menos que su propia prima, la rubia Supergirl.

La situación se tornará aún más extraña cuando la confundida joven se transforme en otra mujer del pasado de Clark, Lana Lang, que sobrevuela asombrada el cielo sobre Metropolis, una ciudad que ella creía arrasada.

Por supuesto, todo este misterio tiene una respuesta que lleva al protagonista a una dimensión paralela, que ya no es para nada idéntica a nuestra realidad, y en la que la primera conmoción para Kal- El será el súbito e inesperado encuentro con su némesis, pero en una versión muy, muy diferente a la que conocemos.

Y es que en este otro mundo, Lex Luthor no es un villano, más bien todo lo contrario. De hecho, su bondad hizo que liberara a tres supervivientes de la extinta Krypton que se encontraban encerrados en un lugar muy extraño.

Los que sois fans del universo de Superman ya podéis imaginar de quiénes se tratan, y a partir de este terrible hecho, llega el momento de que Superman tome una decisión drástica, la más dura de su existencia.

John Byrne se lo jugó todo a una carta y salió vencedor, sumiendo al personaje en un dilema que iba más allá de su recta moral. Algo que nunca se le podía haber pasado por la imaginación pero, si no se realizaba, significaría la existencia de un letal peligro ya no solo para ese mundo paralelo, sino para el propio.


Diario de Cadiz



domingo, 6 de septiembre de 2026

Un Héroe con mayúsculas

No hay amenaza, provenga de donde provenga, a la que el Hombre de Acero no pueda enfrentarse y vencer



José Luis Vidal

28 de agosto 2026

La mítica época en la que John Byrne se hizo cargo del universo protagonizado por uno de los mayores iconos de la editorial DC está a punto de llegar a su final en esta Biblioteca dedicada a este personaje, y que tanto hemos disfrutado durante los últimos meses.


Ficha

Biblioteca Superman 14

Guion y Dibujo: John Byrne, Roger Stern

Dibujo: Curt Swan, John Byrne.

Tapa blanda

Color

192 págs.

18 euros

Panini Cómics


Si la anterior entrega, por muchos motivos, se convirtió en un punto de inflexión en la existencia del protagonista, donde tuvo que enfrentarse y ejecutar una decisión que le perseguirá durante el resto de sus días, esta que ahora llega a las librerías no es menos importante ya que comienza con la publicación de un anual mítico, en el que las riendas creativas llegan de la mano de un dúo de excepción, el guionista Roger Stern, que vendría a ocupar el lugar de Byrne, y lo haría con talento. Y junto a él un dibujante que, dejando por una temporada sus trabajos para la estimada competencia, homenajearía con este relato a un dúo mítico en el mundo de los comics norteamericanos.

El es Ron Frenz, un magnífico discípulo gráfico de esa auténtica fuerza gráfica de la naturaleza llamada Jack Kirby, que junto a Joe Simon crearon tantas obras sublimes para las viñetas.

En este anual, un grupo de chavales aparece en Metrópolis, pero algo ha cambiado, la ciudad ya no es la misma, los perritos calientes son carísimos y hay alguien, un guerrero, que les sigue la pista.

Ellos son la Newsboy Legion y, claro, todo lo que suponga una alteración de la deseada tranquilidad en la ciudad es asunto de cierto héroe vestido de rojo y azul…

El misterio rodea a estos jovenzuelos, y comienza una aventura que los llevará a ellos, Superman y a Guardián a un lugar desconocido, donde los fans de las creaciones que nacieron del talento de Kirby, se lo van a pasar en grande.

Pero este volumen 14 de la línea contiene una pequeña joya firmada y dibujada por John Byrne, que antes de decir el adiós definitivo deja clara, muy clara, dónde reside el corazón de un personaje tan carismático como la comisaria Maggie Sawyer.

Continuamos con otra maravilla, un cómic que en su momento fue editado en el mítico formato prestigio, cuyo título es Los ladrones de la Tierra, y cómo no, viene firmado por Byrne y Curt Swan, dibujante que al que también hay que loar, ya que tuvo una vital importancia en el resultado final y calidad de toda esta etapa protagonizada por Superman, y al que entinta con maestría otro grande, Jerry Ordway.

Un héroe que las va a pasar canutas a la hora de tratar de impedir que una misteriosa y colosal nave espacial robe la Luna y nuestro planeta, con unas oscuras intenciones, poniendo en peligro a toda la humanidad.

Y hablando de Stern y Swan, el imprescindible tomo concluye con algo muy especial, toda la etapa, inédita en nuestro país, de los weekly publicados en Action Comics, páginas dobles, apaisadas, en las que el talento brilla, construyendo un argumento en el que el continuará es sumamente importante para mantener la atención de los lectores que seguirán a Superman en una nueva peripecia.

Como ya os decía, canela fina para todos aquellos que disfrutamos con las aventuras del Hijo de Kryton.


Diario de Cádiz