jueves, 16 de abril de 2026

El oso más peligroso no es el "grizzly" ni el polar

 Mi relación con los osos ha sido tradicionalmente distante. Lo más cerca que he estado de uno -si dejamos de lado la cena en un restaurante de San Petersburgo que pasé en compañía de uno disecado- fue una vez en la India cuando una noche escuchamos ruidos muy raros fuera de la tienda de acampada (suficientemente raros y alarmantes como para no sacar la cabeza), y a la mañana siguiente había una vaca muerta ahí cerca, destripada y con cara de reproche por la falta de ayuda. Los aldeanos nos dijeron que había sido un oso que rondaba desde hacía unos días: les afeamos que no nos lo dijeran cuando montamos la tienda. Hace unos años (y todavía me sorprendo) estuve rastreando osos en el Pirineo. Seguíamos al oso pardo esloveno Pyros. No lo vimos, aunque encontramos sus huellas, las señales que dejó en los cebos y los pelos que soltó en los rascadores dispuestos para obtener muestras biológicas. Conservo como amuletos algunos de los pelos, además de una garra de otro oso arrancada una noche loca del espécimen taxidermizado que tenía un amigo en su casa.

Pues bien, pese a toda esta experiencia hay que ver la de cosas que he aprendido en Ocho osos (Errata Naturae), el notabilísimo libro de la periodista canadiense especializada en naturaleza y cambio climático Gloria Dickie, que es exploradora de National Geographic. El libro es un fascinante viaje por Europa, Asia, América del Norte y del Sur en pos de las ocho especies de úrsidos que existen (en África no hay osos, el creador del célebre osito Paddington se equivocó al hacerlo venir de allí.)

Dickie se enfrasca en la búsqueda sobre el terreno de esos animales por lugares lejanos y peligrosos. Nos informa de que las ocho especies de osos -oso pardo (la de Yogui y Bubu), oso negro americano, oso panda, oso polar, oso negro asiático, oso malayo, oso perezoso y oso de anteojos-, seis están en peligro de extinción y el único que se considera a salvo en todo su hábitat es el oso negro americano, que cuenta con 900.000 ejemplares y es una especie más numerosa que las otras siete juntas.

Un oso perezoso

En el libro de Gloria Dickie, que documenta el conflicto entre osos y humanos y las crisis medioambientales que están llevando a la mayoría de las especies hacia la catástrofe, descubrimos  (al menos yo) que el oso de anteojos, el único que queda en Sudamérica, es sumamente pacífico y no ataca a las personas, o que los osos polares pueden cruzarse con los grizzly -una subespecie del oso pardo- dando lugar a unos híbridos blancos con manchas denominados pizzlys. Pero lo que me ha sorprendido más es que el oso más peligroso, no es, como se podría pensar, el gran grizzly ni el polar, sino el mucho menos impresionante oso perezoso, un bicho hirsuto y de aspecto desaliñado, sobre el que, sin embargo, ya nos había advertido en sus libros sobre tigres y leopardos devoradores de hombres Kenneth Anderson (al que Dickie cita). En Ocho osos se señala que estos osos son muy irascibles y atacan cada año a unas 150 personas, de las que muchas fallecen a causa de las "atroces heridas".

En cuanto a los osos polares, Dickie advierte de que los vamos a perder a causa del cambio climático que arrasa el hielo marino. La autora acaba su libro manifestando la tristeza de que los osos puedan desaparecer completamente. Sostiene que perderíamos mucho, entre otras cosas "parte de nuestro carácter salvaje", y que "sin los osos, los bosques y nuestras historias estarían vacíos". Y aquí lo dejamos, no sin recordar, como hace ella, la impagable acotación escénica de Shakespeare en su Cuento de invierno: "Sale perseguido por un oso".


El Pais , Sábado 11 de abril de 2026