lunes, 19 de octubre de 2026

Quino en El Pais Semanal

 


El Pais Semanal Núm. 1.171 Domingo 7 de Marzo de 1999

El mundo contra mí

La Hora del Bocadillo

Albert Monteys lleva a las páginas de cómic una de las grandes novelas contemporáneas con el talento que le caracteriza



José Luis Vidal

11 de octubre 2026

Trasladar a viñetas los textos de un autor no es tarea sencilla, y más cuando en esta los numerosos diálogos tienen una importancia vital, así que la calidad de esta adaptación es aún mayor, ya que Monteys, que ya se enfrentó a una esta misma tarea con Matadero Cinco, esta vez junto al guionista norteamericano Ryan North, ha sabido meterse en la cabecita de este peculiar personaje y salir victorioso de la tarea.

Y es que Ignatius J. Reilly es un tipo, digamos, de lo más curioso. Ya solo su pinta te llama la atención, y seguro que volverías la cabeza si te lo cruzas por la calle para poder verlo mejor: un llamativo gorro con unas orejeras que parecen tener vida propia, enorme chaquetón de cazador que se quita en muy pocas ocasiones, ya que se siente protegido con él puesto y una bufanda para proteger su garganta de las inclemencias del tiempo en su ciudad, New Orleans.

Una urbe en la que, acompañado por su sufrida progenitora, Irene, y debido a su actitud y planta, se convierte en el objetivo de un policía poco hábil en sus tareas, ya que entre una multitud de viandantes, precisamente es Ignatius el que le llama la atención, etiquetándolo como sospechoso.

La algarada que se forma en el lugar llevará al oficial Mancuso a vivir un auténtico vía crucis en las siguientes semanas para demostrarle a su comisario que no es un completo y total inútil.

Y hablando precisamente de inutilidad, este calificativo se forma en la cabeza de Irene a medida que ver pasar el tiempo e Ignatius, que además de tener estudios universitarios que no aprovechó, se jacta siempre de poseer un intelecto superior a la mayoría de sus congéneres, pero que al final, como vamos a poder comprobar a través de sus peripecias, lo que lo caracteriza es una vagancia total y una cara de lo más pétrea, que siempre que se ve acosado por los reproches utiliza su válvula pilórica como excusa.

Si no, que se lo digan a sus compañeros en la empresa Pantalones Levy, donde además de dar un palo al agua, se convertirá en airado líder de una rebelión obrera que culminará de la manera más caótica posible, como no podía ser de otra manera con Ignatius implicado en ella…

Entre problema y problema, el flemático protagonista aprovecha sus largas horas de asueto para redactar soflamas laborales, aplicando su propia y particular filosofía. Eso sí, nunca las firma con su nombre, no sea que se busque un problema.

Historia coral, a lo largo de sus páginas vamos a ir conociendo a su poblado dramatis persoane: desde los trabajadores del bar de alterne Night of Joy, como Jones el barrendero, que no se quita las gafas de sol ni para dormir; Darlene, una inocente prostituta o Lee, la propietaria, que guarda algún que otro secreto.

También tenemos al señor Levy y su esposa, que siente una devoción y especial preocupación por la Srta. Trixie, una anciana que vive absolutamente en su mundo, y que ‘trabaja’ en la fábrica de pantalones junto a su encargado, el sufrido Jones.

O el propietario de Longanizas Paraíso que, desesperado por la falta de trabajadores, tiene la ‘genial’ idea de poner a Ignatius en la calle a vender perritos calientes, hecho este que no solo no reportará ningún beneficio a la empresa, sino que contribuirá a que el negado trabajador gane bastante peso.

No quiero olvidarme de alguien, aunque él no la trate demasiado bien, muy especial para Ignatius. Se trata de su antigua compañera de universidad Myrna Minkoff, una chica que no tiene muy claro qué ser en la vida, directora de cine, activista política…

Su autor, el prematuramente desaparecido John Kennedy Toole, los mete a todos en una imaginaria coctelera, creando una obra que rebosa genialidad, humor, ironía en todas y cada una de sus páginas.

En fin, esta es una genial historia, dotada de un sentido del humor que desafía a los más estoicos del lugar, ya que las disparatadas situaciones que el protagonista provoca van a ir embrollando más y más la trama, mezclando con genialidad a todos los personajes que orbitan alrededor de Reilly.

Y todo ello resuelto con talento por uno de los grandes autores de cómic con el que contamos en nuestro país, Albert Monteys.

Diario de Cadiz


Vida y olvido de Mercedes Formica

Alicia Pena rescata en 'Mercedes Formica. La reformica' la figura de aquella intelectual valiente que acabaría erosionada por el alzheimer

La novela gráfica. / D. S.


Javier González-Cotta

11 de octubre 2026

En realidad, la editorial Renacimiento sí ha publicado la obra toda de Mercedes Formica-Corsi Hezode (Cádiz, 1913-Málaga, 2002), quien fuera jurista, novelista y formidable defensora de los derechos de la mujer en España bajo la larga noche de Franco. En sentido estricto no ha sido olvidada en cuanto al rescate de su obra (sobre todo sus tres tomos de memorias recogidas en Pequeña historia de ayer o su novela Monte de Sancha, ambientada en la Málaga de la guerra civil).

Así y todo, a diferencia de Clara Campoamor o de Victoria Kent, Mercedes Formica quedó difuminada y hasta orillada entre el progresismo democrático por haber pertenecido a Falange Española, lo que la convertiría en una heterodoxa sin ubicación en el canon del cainismo español. Nunca renunció a los postulados sociales y revolucionarios de la primera Falange. Repudió desde primera hora la unión decretada por Franco entre tradicionalistas y falangistas. Ella lo llamó “el albondigón”, donde el pensamiento de José Antonio quedó diluido bajo el hálito franquista. Sólo dio su conformidad a las medidas sociales que el franquismo llevó a cabo en la oscura década de los cuarenta (la creación del Instituto Nacional de la Vivienda, la puesta en marcha de universidades laborales o la actividad reconstructora a través de Regiones Devastadas).

Esta hermosa novela gráfica, obra de Alicia Pena y con prólogo de Anna Caballé, vuelve a rescatar la figura de aquella intelectual valiente que acabaría erosionada por el alzheimer. La sedación de los recuerdos y los traspiés de identidad forman parte de esta historia reconvertida en viñetas por Alicia Pena. Una ya anciana Mercedes conversa en su piso de Málaga con una joven que acude para cuidarla y para charlar con ella mientras los grumos del alzheimer lo permiten.

Cádiz, Sevilla, Málaga, Madrid y de nuevo Málaga. La vida de Mercedes Formica (sería una las tres únicas abogadas ejercientes en Madrid), fue la de una lucha por liberar a la mujer de toda atadura jurídica respecto al régimen conyugal. Se enfrentó a la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera al no soportar la idea que la institución tenía acerca de la mujer sumisa y sometida al dilecto. Su feminismo batallador en el Código Civil (de ahí la ley conocida como “la reformica”), su interés parejo por la infancia, su elegancia natural y su cultivo personal e intelectual sin sesgo de ideología, marcarían su trayectoria profesional, periodística y literaria.

Conocida es la controversia creada en Cádiz, su ciudad natal, cuando el otrora alcalde José María González “Kichi” decidió retirar el busto que la abogada y escritora tenía en la Plaza del Palillero aduciendo que no merecía tal honor por su pasado falangista. Ocurrió en 2015. Como sugiere Anna Caballé, la indigencia intelectual de ciertos vates y vatas (ellos y ellas) evidencia “una desenvuelta y desafiante ignorancia que ha venido a ocupar el lugar del conocimiento histórico”.


Diario de Cadiz


domingo, 18 de octubre de 2026

La tragedia griega desde la visión del soldado Esquilo

Marta González González propone releer al autor griego, uno de los grandes tragediógrafos junto a Sófocles y Eurípides, como testigo de la violencia bélica y las guerras de devastación en Maratón y Salamina





Estatua del poeta griego Esquilo.

Zoonar GmbH / Alamy / CORDON PRESS

Manel García Sánchez

13 JUN 2026

Imaginen que Cervantes o Tolstoi hubiesen querido que en su epitafio se recordase que habían luchado en Lepanto o Crimea o que las últimas voluntades de los epitafios de Hemingway o Orwell hubieran sido que vivieron en primera persona la Guerra Civil Española. No son pocos los ejemplos de escritores-soldados, escritores-enfermeros o escritores-corresponsales, entre otros Descartes, Nietzsche, Wittgenstein, Jünger o Pérez Reverte. Lo inverosímil, como en la buena literatura, es realidad en Esquilo (525-456 a.C.), que no quiso ser recordado en su epitafio por ser el padre de la tragedia ática, sino por haber combatido contra los persas en Maratón.

Marta González González propone una relectura novedosa de Esquilo al ampliar el angular desde la consagrada condición de miembro de la tríada de grandes tragediógrafos formada por él, Sófocles y Eurípides, hacia una dimensión más traumática, vivencial y tan clásica como las otras tramas de sus tragedias: la de testigo —y en cierto modo cronista, si pensamos en su única tragedia histórica, Los persas— de la violencia bélica y las guerras de devastación. Un mérito no menor del ensayo es incorporar la perpectiva de género, porque no siempre es la misma la suerte de los hombres y las mujeres en la guerra, y como defiende la autora, aquí hay tema de reflexión porque ellas, mujeres y niñas, si no son, como los varones, exterminadas, son dominadas y explotadas como cautivas de guerra.

La tesis central del volumen es inequívoca: Esquilo no solo dramatizó luchas míticas, sino que articuló una poética de la guerra —como antes Homero en la Ilíada con la bella muerte de Aquiles o Héctor y el trágico destino de Andrómaca o Hécuba— profundamente marcada por su experiencia como combatiente en Maratón y Salamina. González González sitúa ese episodio biográfico en el epicentro de su interpretación, defendiendo que las tragedias de Esquilo, como género ciudadano por excelencia, de la totalidad de la polis, definen un espacio simbólico del trauma colectivo que nos invita también a reflexionar sobre el enigma de lo que el espectador se llevaba consigo a casa de estos espectáculos. No tratan las tragedias únicamente del drama de héroes y de dioses, sino de los aciertos y errores, de elecciones afortunadas o desafortunadas, de la vulnerabilidad del ser humano y de esa pasión irracional por la voluntad de poder que destruye vidas, devasta y arruina comunidades cívicas.

Marta González González es una reconocida especialista de los estudios de género en nuestro país y alguien desconfiará por ello de que su libro preste demasiada atención a las voces subalternas, las de las mujeres en particular. Nada más a ajeno a la verdad porque su enfoque es ecuánime desde el principio, incluso cuando denuncia una cierta tendencia a exagerar las polaridades masculino/femenino en los análisis de los textos de la Antigüedad. Sin desatender la dimensión política o religiosa de las tragedias, la autora destaca cómo figuras como Casandra, las suplicantes o las mujeres de Tebas, deben ser vistas también en su rol de portavoces de los vencidos. En este sentido, el ensayo analiza la perspectiva de las víctimas, destacando cuestiones como la violencia sexual, el exilio o el duelo, pero sin caer en lo que lúcidamente Pascal Bruckner ha denunciado como el mal hábito de nuestra sociedad victimista de convertir a la víctima en héroe y erigir el sufrimiento en valor supremo en detrimento de los verdaderos desgraciados.

Una estructura que alterna capítulos temáticos con otros centrados en tragedias concretas nos muestra que Esquilo fue un poeta de la guerra porque supo analizar las contradicciones morales del conflicto y el dolor del enemigo o la suerte del vencido. Quizás se podría objetar a la autora que se mueve más cómodamente en el ámbito de la historia cultural que en de la historia político-militar, pero su honesto enfoque nos enseña a descubrir en la lectura de Esquilo un ejercicio de empatía, algo que en su tiempo se definió como simpatía o capacidad de sentir o sufrir con el otro.

Al interpretar humanamente a Esquilo como un autor profundamente marcado por la experiencia de la guerra, se lo convierte en un lúcido interlocutor para comprender esa nada complaciente propensión del ser humano, como diría Heráclito, en hacer de la guerra el padre y el rey de todas las cosas.




Esquilo: poeta de la guerra

Marta González González

Alianza Editorial, 2026

304 páginas. 13,95 euros


Babelia Núm. 1.803 Sábado 13 de junio de 2026




viernes, 16 de octubre de 2026

Cuatro comidas pesadas por Maitena

 


El Pais Semanal 

‘El lago de la creación’, de Rachel Kushner: la humanidad involuciona, y la culpa es de los ricos

La escritora firma una potente novela de espías existencial en la que dispara contra el conservadurismo extremo de la época, el más feroz de los lobos


Rachel Kushner. SCIAMMARELLA



Laura Fernández

20 DIC 2025

Bruno Lacombe es un ideólogo, una suerte de Nuevo Mesías, el tipo que ha entendido que el capitalismo no se puede desmantelar, que lo único que podemos hacer para librarnos de él es apartarnos. ¿De qué? De la vida como lleva siendo entendida desde que el Homo sapiens sustituyó al neandertal, y permitió a nuestros prehistóricos antepasados abandonar las cuevas y empezar a demostrar de qué forma éramos mejores que los demás, cómo nuestro césped siempre es más verde que el del vecino —o debería—. Bruno Lacombe vive en un cobertizo y desde allí predica Su Palabra en filosóficamente pomposos —puro narcisismo desatado— correos electrónicos que envía a sus adeptos —a los siguientes en la cadena de mando de su peculiar secta ecorradical afincada en la campiña francesa— y que la protagonista de la nueva novela de Rachel Kushner (Oregón, Estados Unidos, 57 años), Sadie, Sadie Smith, está leyendo a escondidas. ¿Por qué? Porque Sadie es una espía. Pero una que hizo algo terriblemente mal y fue despedida del Gobierno. Ahora se dedica a trabajar para misteriosos clientes externos de los que nada sabe, ¿y no es eso peligroso?

Aquello alrededor de lo que gira la novela, una bomba meticulosamente construida —el destilado de las frases de Kushner persigue la perfección que ha hecho único a Don DeLillo, pero en su caso, es una perfección no flotante, sino en extremo arraigada a la tierra—, es la perdición, es decir, la Humanidad está por completo perdida, prácticamente desaparecida en un ir y venir de mensajes contradictorios —eso que se ha dado en llamar el turbocapitalismo, y que Lacombe prefiere considerar un capitalismo tardío, crepuscular, desesperado—, y para encontrarse, está dispuesta a dar un par de millones de pasos atrás y volver a las cuevas. No la humanidad al completo, por supuesto, sino el tal Lacombe y su corte de seguidores. Un tipo en exceso privilegiado —un rico, un alguien sofisticado, clasista— que considera a los thales —así llama a los neandertales— sus iguales. No había en ellos, dice, la sed capitalista que dominó desde el principio, dice, a los Homo sapiens, ese querer ser mejor todo el tiempo, y aplastar al otro.

No admite Lacombe, ni siquiera se plantea, en esos correos electrónicos aceptados en la cueva, que nada de lo que le ha llevado a pensar así, a siquiera pensar, existiría sin esa ansia de progreso. Entiende el progreso como un atraso, y he aquí la flecha —el nido, en realidad, de ellas— que Kushner —no olviden, autora de Los lanzallamas, activista, a su manera, de un despertar de la conciencia ante la injusticia pasada, presente y futura— dispara contra el conservadurismo extremo de la época. Un conservadurismo que se presenta como un cordero al que el lobo trata de zamparse cuando es el más feroz de los lobos o, mejor, de los buitres, pues se alimenta de lo ya muerto, en el caso de Lacombe, de lo muerto hace millones de años, la especie no conectada y no superviviente, vendida como una exquisitez dedicada únicamente al pensamiento en sus cuevas, a solas, en una hipotética ucronía utópica. La mirada cínica y poderosa de la descarriada agente Smith convierte la aproximación a semejante burbuja en un apasionante tira y afloja metafísico existencial (muy muy terrenal).

He aquí, pues, una novela de espías en la que el objeto de estudio no es único porque, en un juego de espejos tan sutil que se vive como un viaje lector, la propia Sadie se disecciona a sí misma o a aquello que queda de ella después de haber sido invadida por su condición de espía, o pieza de una sociedad en la que ella misma no tiene tiempo de pensar, porque ¿qué es su vida sino servir a sus clientes? Hasta sus relaciones personales —el sexo, ningún tipo de amor— están marcadas por aquello que no puede dejar de ser, es decir, algo usable, un producto más del sistema que, desde la cueva, Lacombe critica. Sí, la reflexión está servida. Y es intensa. Y también muy divertida.



El lago de la creación

Rachel Kushner

Traducción de Javier Calvo

AdN, 2025

448 páginas. 21,95 euros


Babelia Núm. 1.778 Sábado 20 de noviembre de 2025



El gigante de pelo rojo

La Hora del Bocadillo

Oriente y Occidente se unen en lo artístico para crear una obra única

José Luis Vidal

04 de octubre 2026




En una playa del islote de Tanegashima aparece un hombre medio muerto tras el feroz ataque de unos piratas. Un pescador del lugar, Shôbei, con no poco esfuerzo, lo traslada a su modesta cabaña y tras curarlo comienza una relación de amistad entre este hombre de enorme estatura y el anciano.

Los habitantes del pueblo verán la presencia del nanbanjin (extranjero) como una amenaza, pero en poco tiempo, el portugués Fernando se ganará la confianza de la mayoría, sobre todo de los más pequeños, y gracias a su fuerza y diligencia, comenzará a ganarse la vida como mozo en una taberna del lugar, donde su enorme presencia se convertirá en algo habitual.

Hombre de pocas palabras, conoceremos su pasado. Cómo su progenitor lo repudió, ingresándolo en un estricto monasterio donde además de la amistad que le unió a otro niño, Joachim, también padeció en propias carnes los castigos de los monjes.

Y así pasarán los días, con un Fernando cada vez más integrado en el lugar, acostumbrándose a las costumbres de los lugareños, tan diferentes de las europeas, hasta que un día llega al lugar un espadachín de renombre, Toramaru, con el que iniciará una curiosa relación en la que el sake es el medio por el cual ambos hombres se conocerán mejor, uniéndoseles la bella sacerdotisa Kumagiku en una noche que ninguno podrá olvidar.

Pero, sin él proponérselo, el irremediable cambio llegó a la isla el día que lo encontraron inconsciente, mecido por las olas de la orilla, ya que una de las pocas pertenencias que Fernando trajo fue un arma de fuego, un objeto desconocido por los japoneses, que hasta el momento se defendían con la hoja de sus espadas.

Tokitaka, el joven señor de la isla, se interesa y ordena seguir los pasos del protagonista, llamándole la atención ese objeto que escupe fuego, por lo que comienza a hacer planes en los que el portugués tiene un papel esencial…

El también autor portugués, Cyril Pedrosa (Ring Circus, Tres sombras, Portugal…), compone esta parte de la historia, que tiene como protagonista al gigantón pelirrojo, conduciendo el relato hacia una conclusión que emociona y a la vez, a lo largo del camino, te provoca un auténtico e irremediable síndrome de Stendhal, debido a la belleza de sus páginas, en las que lo onírico se mezclan con el día a día en la isla.

Y aún en proceso de recuperación del impacto de esta parte de la increíble historia, otro genio de la viñetas, el mangaka Taiyo Matsumoto (Sunny, Los gatos del Louvre, Tokio día a día…), toma las riendas del relato y nos lo ofrece desde otra perspectiva, la de los personajes nipones que habitan la historia, y cuyas vidas y acciones van a tener tanto eco e impacto en la de este soldado portugués.

Conoceremos el recuerdo, oscuro y doloroso, que acompaña en todo momento al pescador Shôbei, que hasta ahora le ha impedido volver a disfrutar de un día de pesca, trauma que tal vez se cure gracias a la amistad de Fernando.

Viajaremos en el tiempo, a través de la memoria del hábil espadachín Toramaru, a su juventud, cuando formaba parte de la peligrosa banda de maleantes encabezada por Kyuzo, con el que volverá a reencontrarse en el islote, siendo el momento de pagar viejas deudas por parte de ambos.

Conoceremos mejor a Tokitaka, un jovencito que ocupa el lugar de su padre, al que considera un inútil para ocupar el importante puesto como señor del lugar, y como conocerá por fin a Fernando, al que sus fieles Sasaki y Oizumi siguen desde el primer día en la isla.

Norma Editorial lleva a las librerías esta colosal obra, tanto en tamaño como en contenido. Un exitoso experimento en el que dos creadores tan diferentes como Pedrosa y Matsumoto ponen sus voces al servicio de un relato, cada uno dando lo mejor de su arte y regalándonos un momento que no voy a desvelar, pero que me parece de lo más emocionante que se ha hecho en cómic en los últimos años. Un genial instante de unión en el que la nacionalidad se diluye, y las únicas palabras que hablan son las del Noveno Arte.

Una pieza histórica que nos traslada al siglo XVI, mostrándonos la inminente llegada de los mercaderes europeos iba a cambiar la vida y costumbres del pueblo nipón.


Diario de Cadiz