viernes, 2 de octubre de 2026

Regreso a Woodbrook

El pasado, queramos o no, siempre regresa para cobrarse sus deudas…


José Luis Vidal

21 de septiembre 2026


Las hojas del calendario han ido cayendo al igual que aquellas que caen de los árboles en el bosque cercano al pueblo de Woodbrook, un lugar apacible cuya fisonomía está cambiando con el paso del tiempo.

Has pasado los años, y los habitantes del lugar han seguido con sus vidas pero sin poder olvidar los sangrientos sucesos que colocaron al pueblo en el mapa del país.


Ficha

Bajo los árboles, donde nadie te ve. La consagración de la primavera.

Autor: Patrick Horvath

Tapa dura

Color

152 págs.

19 euros

Astiberri


Alguien que no ha podido enterrar el dolor por la pérdida de su hermano Daniel es Monica Brewer, que vive sin vivir en ella, pendiente de cualquier dato, noticia o pista que la conduzca al lugar donde puede reencontrarse con él.

Es entonces cuando, en un chat de la recién llegada internet, alguien le señala el lugar donde debe dirigirse para saber más de la misteriosa desaparición.

Y es justo entonces cuando llegará a Woodbrook, ese pueblecito donde todos los vecinos se conocen, donde la confianza está por encima de todo. Allí conocerá a Samantha Strong, propietaria de un negocio y que le confiesa que ha sido ella la que la contactó.

Lo que Monica desconoce es que se está metiendo en la boca del lobo o, mejor dicho, de la osa. La amigable Samantha, como ya todos los que habéis disfrutado del primer volumen de Bajo los árboles, donde nadie te ve, sabéis que este personaje es una peligrosa asesina psicópata, culpable de innumerables muertes y que sigue un modus operandi que hasta ahora le ha resultado el apropiado para seguir pasando totalmente desapercibida entre sus vecinos.

Lo malo es que Monica, presa de su obsesión, va a ser un hueso duro de roer y en su ciega búsqueda tal vez ponga en peligro toda la artificial fachada que Samantha ha construido a su alrededor, ya que incluso tiene como aprendiz al joven Lewis, a cuyo padre también asesinó, dejando una herida que no cierra en el corazón de su madre, que se ha convertido en una adicta a las pastillas.

Esta nueva entrega del cómic creado por Patrick Horvath sigue manteniendo la tensión, y nos va a conducir de la mano al pasado de la protagonista, revelando escenas de su juventud junto a sus padres, con los que mantuvo una excelente relación hasta que su lado oscuro se manifestó…

Hábil mezcla en la que el autor nos presenta a una serie de animales antropomórficos, muy humanos (como el pusilánime Bertie, que sin comerlo ni beberlo va a convertirse en un héroe), con un relato en el que cuando la violencia más descarnada hace su aparición, ya no hay nada que la detenga. Y en ocasiones, le obsesión cegará a alguno de sus personajes, colocándolo a la misma autora que la escurridiza asesina.

¿Conseguirá Monica averiguar dónde está su hermano? ¿Terminará la ola de asesinatos perpetrados por la osa Samantha? ¿Qué ocurrirá cuando caiga el telón?

Todas estas respuestas van a ser contestadas en una secuela que está a la altura, dejándonos boquiabiertos con su resolución, que nos introduce en una auténtica orgía de violencia, sangre y fuego.


Diario de Cadiz



jueves, 1 de octubre de 2026

Doce días

El hombre que siempre recibía el disparo se enfrenta a su caso más difícil




Greg Smalwood ganó el Premio Eisner al Mejor Dibujante por su trabajo en este cómic, 'Blanco humano'

José Luis Vidal

27 de septiembre 2026

¿Qué ocurre cuando la víctima eres tú mismo? La estructura básica de todo buen relato noir que se precie está compuesta, claro está, por un detective, un tipo con un trasfondo trágico la mayoría de la veces, lo que hace que siempre esté cerca de un vaso con whisqui, y se le distinga por una actitud de lo más cínica ante la vida y la muerte.

El otro personaje es el de la femme fatale. Una bella mujer, arrebatadora, que un buen (mal) día llega al despacho del sabueso con un oscuro caso entre las manos y, entre fingidos sollozos, solicita su ayuda que, obviamente, el rudo protagonista va a prestar obnubilado por el magnetismo de semejante fémina.

Y claro está, para completar este trío, el villano. El Mal encarnado en un ladrón, un asesino o un psicópata que le pondrá las cosas bastante complicadas al investigador…

Pero, ¿y si introdujéramos este tipo de relatos en un universo plagado de seres super poderosos, de gente que viste mallas ajustadas y coloridas capas?

Pues bien, tan solo nos haría falta un talentoso guionista como Tom King, de los mejores y más interesantes dentro del mercado del comic-book norteamericano, un escritor que le da un toque especial, muy humano a sus personajes, y tan solo pondré como ejemplo su versión de La Visión o Supergirl.

En el aspecto gráfico, un dibujante que siempre sorprende, y en este caso nos lleva al pasado con un toque retro en sus páginas, su nombre es Greg Smalwood. Su maravilloso trabajo en este cómic hizo que ganara el prestigioso Premio Eisner a Mejor Dibujante. Casi nada.

Llegados a este punto os preguntaréis qué tiene de especial este cómic, además de sus reputados autores. ¿Qué hay de original en Blanco Humano?

A estas alturas de la película, la gran mayoría de vosotros, avezados lectores, conocéis quién es Christopher Chance, el hombre de las mil caras, contratado por todo tipo de personas para que asuma su identidad, y así recibir en primera persona el balazo, golpe o acuchillamiento tan temido.

Chance es la diana de todos los ataques, y así lo seguirá siendo cuando su rostro y porte se trasformen en el de el hombre más odiado del Universo DC, el hiper millonario Lex Luthor.

Y sí, obviamente, el ataque se comete, pero sin más consecuencias de las esperadas. Aunque algo inesperado sucede en un momento de total tranquilidad. Otro ataque, esta vez mucho más sibilino, estaba preparado para borrar del mapa de Luthor.

Lo malo es que Chance se cruzó en el camino, y ahora resulta que se muere, alguien lo ha envenenado y tan solo le quedan una docena de días para averiguar quién es el asesino…

Justo en este momento se cruza en su camino una mujer que, no tan solo con su belleza, corta la respiración, sino además por su toque helado. Ella es Hielo, ex componente de la Liga de la Justicia Internacional, un grupo de superhéroes que, como todos sabéis, dejó su imborrable huella en la existencia de muchos lectores, viviendo mil y una peripecias, y sobre todo, por un motivo muy inusual en los cómics de superhéroes: nos hicieron reír como ninguno hasta ese momento y aquí King rinde un sincero homenaje a Keith Giffen y J. M. DeMatteis, sus geniales creadores, junto a dibujantes como Kevin Maguire o Adam Hughes.

Chance iniciará una investigación contra reloj, y junto a Hielo, y como si se tratara del hielo de Ariadna, irá avanzando en un misterio que le llevará a encontrarse con viejos camaradas de la gélida chica, Booster Gold, Blue Beetle, Guy Gardner, Red Rocket, Detective Marciano y G’Nort…

Pero esta también es una bella historia de amor, ya que pese a la frialdad que desprende la muchacha, el cínico Chance, entre sorbo y sorbo de licor, no podrá resistirse a esa mirada que auténticamente traspasa la viñeta.

¿Hay sido Chance una víctima del azar o el veneno que le está matando iba dirigido a él?

Y por si aún no conocéis bien al personaje, este tomo se completa con un número especial en el que se recorren varios casos de la agenda de Chance.


Diario de Cadiz



Pirámides, tumbas y Skorzeny

 EL FARO DEL FIN DEL MUNDO


Las exitosas excavaciones del catalán Josep Cervelló en Saqqara conducen a un electrizante ‘thriller’ de la Segunda Guerra Mundial con nazis y egiptólogos


La pirámide escalonada de Zoser (2646 antes de Cristo), en Saqqara, es la más antigua de las 120 pirámides de Egipto.

Philippe Body


Jacinto Antón

19 SEPT 2026 

De lo sorprendente que puede ser la egiptología, da fe que entras en un sesudo encuentro de la especialidad y acabas en una historia con paracaidistas nazis tratando de matar a Roosevelt y a Churchill en 1943 junto a las pirámides. A ver, no es que en el VIII Congreso Iberoamericano de Egiptología, celebrado en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) del 7 al 9 de septiembre, no pasaran cosas emocionantes: hasta hubo cocodrilos, misterios y sexo (antiguo). Pero nunca hubiera pensado que unas excavaciones presentadas allí me acabarían llevando a un entretenidísimo thriller con pirámides, tumbas y los comandos del coronel de las SS Otto Skorzeny.

Uno de los grandes momentos del congreso fue la ponencia inaugural del catalán Josep Cervelló sobre los trabajos de la misión que dirige en Saqqara, 30 kilómetros al sur de El Cairo, la necrópolis más grande de Egipto y de más largo uso (de la dinastía I a época copta). Presidida por la extraordinaria pirámide escalonada de Zoser, de hace 4.650 años, la necrópolis, cuyo nombre deriva del árabe sakhr, piedra, roca, y se la ha llamado “la planicie de las momias”, es en realidad un enorme conjunto de cementerios que se extienden por 10 kilómetros cuadrados de puro desierto. Mucho menos turística que Giza, recorrerla es una de las experiencias más fascinantes y auténticas de Egipto: la soledad, la percepción de inmensidad del espacio y el tiempo, los monumentos como el muro y la columnata del recinto de Zoser, las pirámides con textos, el Serapeum con sus momias de toros, la sensación de que bajo tus pies se esconden todavía tantos secretos y maravillas… Paraíso de los ladrones de tumbas, Saqqara, que lleva en su mismo nombre la raíz del saqueo, ha sido tradicionalmente uno de los lugares arqueológicos más depredados de Egipto.


Pinturas en la mastaba excavada por la misión hispano egipcia que dirige Cervelló en Saqqara.

Ministerio de Antigüedades de Egipto (EFE)


El veterano Cervelló, que cumplía 65 años, nos introdujo en ese mundo de arena, sacralidad e inmarcesible belleza con una emoción que desbordaba el relato científico. Evocó de manera irresistible (incluso en una mañana de lunes en una sala de actos con vistas al campus y con el cuerpo suplicando por un café) lo que es Saqqara, su magia, y cómo al excavar —ellos lo hacen en el cementerio de Mariette, al norte de la pirámide escalonada, donde se enterraron en el Reino Antiguo los sumos sacerdotes menfitas de Ptah— van apareciendo los muros de las mastabas, de sus capillas, de sus cámaras funerarias y de almacenaje. Describió lo que es ver surgir progresivamente de la arena las estelas de falsa puerta, los dinteles, los jeroglíficos, las pinturas con escenas cotidianas de un mundo desaparecido hace cuarenta siglos, como las de, se emocionó, “los burritos cargados” que conservan los colores originales.

El maduro egiptólogo, con los ojos enrojecidos como si le soplara en la cara el simún o el khamsin, materializó con sus palabras los restos de ataúdes y de momias extraídos de los profundos pozos y unos pequeños vasitos de alabastro, tan hermosos como perlas traslúcidas al alba. Y nos regaló la noticia de un descubrimiento excepcional en la última campaña concluida en junio: un conjunto de tres mastabas inéditas de finales de la quinta dinastía (hace cuatro mil años), una de las cuales es insólitamente doble y perteneció al importante funcionario real Yunmin, un juez, y a su padre, Iti.


Mastaba de de Mereruka, en Saqqara.

Isidoro Merino

Saqqara, en la que resuena el recuerdo del esquivo Imhotep, el genial arquitecto de Zoser devenido divinidad él mismo, ha sido tradicionalmente un predio francés, sobre todo por el devoto trabajo del gran Jean-Philippe Lauer (1902-2001), que consagró, viviendo en una pequeña casita en el yacimiento (tenía un teléfono con el número 1), más de 70 años de su vida a estudiar el lugar, que le cautivó desde su llegada como joven arquitecto en 1926. También hizo de cicerone para gente tan insólita como Ho Chi Minh y el general Giap. Durante la II Guerra Mundial, movilizado en Francia, le dedicaron, a él que se pasaba la vida desvelando cosas, a labores de camuflaje de todo tipo de instalaciones (pistas de aterrizaje, blocaos, puestos de artillería) en el Cuarto Ejército hasta la rendición. Lauer consideró casi de su propiedad Saqqara, y llegó a sentirse poseído por el gigantesco puzle a cuya resolución consagró su vida en, escribió, “un casi delirante estado de exaltación”. Sentía, dijo, “una irresistible afinidad, una repentina fascinación y una inmensurable curiosidad”.

En Saqqara han excavado, sin embargo, alemanes, como el general prusiano Von Minutoli, que en 1821 hizo la primera exploración de la pirámide escalonada, o Lepsius, que catalogó los momentos de la necrópolis. Y en abril de 1939, Joseph Goebbels visitó el yacimiento. Cuando Spielberg inventó su aventura de Indiana Jones y el arca perdida, colocó las excavaciones nazis en Tanis. Es cierto que era mejor buscarla allí que en Saqqara.


El oficial alemán de las SS Otto Skorzeny, en 1943.

Heinrich Hoffmann (Ullstein bild via Getty Images )


Fue escuchando a Cervelló cuando recordé una novela que tenía pendiente desde hacía años, Las arenas de Saqqara, de Glenn Meade (Planeta, 2000). No sabría decir por qué no la había leído, dado que presentaba todos los elementos para interesarme (incluida una portada con una esvástica nazi ascendiendo entre dos pirámides como un Ra blasfemo). El caso es que rebusqué en la biblioteca hasta dar con ella y he de decir que me zampé sus 626 páginas en un santiamén, postergando lecturas mucho más apremiantes y relevantes. Baste decir que la novela es un thriller arqueológico que junta la egiptología con la II Guerra Mundial y en el que aparece no solo Otto Skorzeny, como ya he señalado, sino ¡el conde Almásy!, mencionado erróneamente como “Almaszy”, y a propósito de su osado viaje a través del desierto líbico para introducir a un espía alemán, John Eppler, en el Egipto británico (historia real que detalla otro famoso thriller, La clave está en Rebeca, de Ken Follet). Saqqara, Almásy, Skorzeny… si parecía escrita para mí.

Meade es un escritor dublinés de best sellers nacido en 1957 (como yo), dramaturgo y director de teatro, expiloto comercial de Aer Lingus, experiodista y autor de algún otro libro que tengo por leer, como Brandenburgo. Las arenas de Saqqara trata sobre un supuesto intento de asesinato (operación Esfinge) por parte de los servicios secretos nazis del presidente Roosevelt y el primer ministro Winston Churchill, aprovechando su encuentro para la Conferencia de El Cairo de noviembre de 1943. La trama, asegura el propio Meade, se basa en un plan real, la operación Salto Largo, concebido por Himmler y Walter Schellenberg y preparado conjuntamente por el SD y la Abwehr (siempre a la greña) y que se habría desarrollado de manera muy parecida a la de la novela. En esta, el intento de magnicidio se mezcla con la historia de una amistad de dos hombres y una mujer, involucrados de maneras diferentes (y en campos opuestos) en la conspiración, y que habían coincidido de jóvenes colaborando en unas excavaciones en Saqqara, precisamente. Los dos primeros son amigos estadounidenses —uno con padre alemán— y la chica, de la que se enamoran ambos, la hija de dos arqueólogos alemanes, ella judía y él el director de las excavaciones.

Es 1939, la guerra ha comenzado y una atmósfera de tragedia inminente y a la vez de tristeza por el final de la aventura arqueológica y vital se extiende sobre Saqqara, como si no fuera bastante la melancolía propia del lugar. Se describe la exploración de un pozo y el hallazgo de la tumba “de una princesa relativamente desconocida de la dinastía de Zoser”. Vamos, que estamos en el terreno de Cervelló, nazis aparte. Los chicos organizan una despedida con cervezas en la mismísima pirámide escalonada y uno de ellos graba en la piedra milenaria un grafito de recuerdo con sus nombres (para espanto de Lauer y Cervelló, imagino).


Vista del complejo arqueológico de Saqqara.

Pasan muchas cosas a continuación —como he dicho, son más de seiscientas páginas— y salen Canaris y ese maestro de la doblez parda que era Schellenberg, pero lo más sorprendente es la aparición de Skorzeny, al que le encargan el asesinato de los líderes Aliados, un poco al estilo de Ha llegado el águila, de Jack Higgins, novela llevada al cine muy bien por John Sturges, por cierto. Aquí, por supuesto, estamos en el terreno de la más pura ficción porque la relación de Skorzeny con Egipto fue más bien después de la Segunda Guerra Mundial, al parecer en el contexto de los planes de Nasser de desarrollar la cohetería nazi contra el Estado de Israel.

En todo caso, la trama, llena de espías dobles y triples, femmes fatales y bailarinas de la danza del vientre, Gestapo, peligros y acciones trepidantes, y que suena también a Alistair MacLean, pone al arrogante y escarificado Otto comandando dos aviones Dakota C-47 capturados y llenos de paracaidistas nazis rumbo a El Cairo para perpetrar el magnicidio. Desde el punto de vista de los que conozcan Egipto y disfruten con la egiptología, es muy sugerente que los nazis planeen atacar por un antiguo pasadizo secreto entre la zona de las pirámides de Giza y el hotel Mena House. ¡Lo que nos hubiera gustado ver al enorme jefe de comando de las SS arrastrarse por un conducto faraónico con su Schmeisser y quedar atascado!

En la novela, como se puede imaginar visto el género, hay también bastante sexo que no desmerecería en una conferencia como la que dio en el congreso de la UAB Marc Orriols sobre el papiro erótico de Turín (“ven dentro de mí, Harry”).

La novela concluye, cerrando el círculo, junto a la pirámide de Zoser con una escena que recuerda poderosamente —al menos a mí— a El paciente inglés. Y Meade escribe extrañamente arrebatado: “El lugar era muy hermoso a aquella hora del amanecer, realmente glorioso, cielo y tierra tenían el mismo color de la arenisca rugosa y una luz anaranjada bañaba la pirámide más antigua de Egipto”.

Saqqara, el universo contraído en un campo de ruinas encantadas, como lo describió una vez Lauer. Saqqara, el lugar de los sueños dorados envueltos en el sudario del amor y del olvido. Saqqara.


El Pais Sábado 19 de septiembre de 2026


miércoles, 30 de septiembre de 2026

Metrópolis, día a día

El mayor héroe de todos los tiempos no descansa nunca, enfrentado a una y mil amenazas


José Luis Vidal

25 de septiembre 2026

Los más agoreros pusieron el grito en el cielo cuando se hizo pública la noticia que anunciaba la marcha de John Byrne de las colecciones del Hombre de Acero, que con tanto talento había logrado revitalizar junto a un grupo de geniales artistas.

Su visión del universo del Hijo de Krypton se basó sobre todo en darle voz e imagen al gran grupo de secundarios que interactuaban con el protagonista, léase Lois Lane, Jimmy Olsen, Perry White, Cat Grant…



Ficha

Biblioteca Superman 15

Guion: Jerry Ordway, Roger Stern

Dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

176 págs.

16 euros

Panini Cómics


Afortunadamente, los editores de DC comprendieron que para qué cambiar el rumbo de las colecciones, si la cosa había funcionado hasta ese momento, así que dejaron que Jerry Orway, talentoso dibujante, se encargara también de los guiones en Las aventuras de Superman, mientras que un recién llegado de su etapa marvelita ocupaba el puesto de guionista en la colección madre, junto a Kerry Gammill, por lo que el camino estaba claro, despejado y con miles de lectores esperando las nuevas peripecias de Superman.

Pero claro, como ya he dicho, la herencia argumental de Byrne fue tan decisiva en la existencia del personaje, que los nuevos encargados de narrar sus aventuras siguieron utilizando a personajes como Milton Fine o, mejor dicho, Vril Dox, al que volveremos a ver en las calles de Metrópolis haciendo de las suyas.

Mientras esto sucede en la gran urbe, un Superman acuciado por la culpa se refugia en la granja de los Kent para reflexionar sobre ese hecho que le ha cambiado totalmente la vida, y que va a perseguirlo como una mala pesadilla.

Ya todos conocemos el afán aventurero de la mejor reportera del Daily Planet, Lois Lane, por lo que junto a Jimmy Olsen parten hacia una pequeña isla escocesa donde residen los últimos descendientes del clan relacionado con la peligrosa Silver Banshee.

Como no podía ser de otra manera, allí se van a encontrar con una peligrosa aventura, a la que se unirá Superman, que las va a pasar canutas, debido a su debilidad a la hora de enfrentarse a la magia.

Este episodio cuanta con un invitado muy especial en el aspecto gráfico, Mike Mignola, que tras descubrirnos la historia antigua del Mundo de Krypton junto a Byrne, regresa a estas páginas para, como siempre, realizar un soberbio trabajo.

A lo largo de estas páginas vamos a disfrutar del regreso de personajes como la moribunda Dra. Faulkner, que lleva en su interior a la poderosa y furibunda Rampage, o a la nueva encarnación de Gangbuster, un vigilante con unos métodos bastante expeditivos a la hora de enfrentarse a los criminales.

Y, por supuesto, como no podía faltar, los maquiavélicos planes de Lex Luthor, que siempre trata de hacerle la vida imposible a su némesis, Superman.

Creo que estas son más que buenas razones para darnos un garbeo por Metrópolis, ¿no creéis?


Diario de Cadiz



La respuesta está en Glokor

En un futuro lejano, solo dos hermanos tienen el poder de terminar con una peligrosa secta


José Luis Vidal

20 de septiembre 2026 



Tener un gran poder también conlleva sus riesgos, y si no que se lo digan a la peculiar pareja de hermanos que tratan por todos los medios de acceder a la gran ciudadela-catedral que se yergue sobre la ciudad, y en la que los acólitos del culto de Glokor siguen sus preceptos que, por otra parte, eliminan a todos y todas aquellos que no los cumplan al pie de la letra…

Sara y Sam son los nombres de estos poderosos jóvenes, y desobedeciendo las órdenes de Xander, al que siempre han tratado como a un padre, le roban a un tipo bastante poco fiable (que a su vez también ha sustraído los objetos) las llaves para poder colarse sin peligro en el templo de Glokor.

Lo malo es que Xander les ha repetido una y mil veces lo peligroso que es acercarse tanto a ese lugar, ya que cualquier paso en falso puede suponer el arresto, tortura y posible eliminación.

Pero si algo caracteriza a los hermanos es su cabezonería, y justo después de que Sara le eche en cara a Xander su pasividad, van a conseguir que este acceda a acompañarlos en la peligrosísima incursión.

Lo de peligrosa se quedará corto, ya que la sensibilidad de Sam hará que en un momento dado su plan se trastoque y aparezca en escena un personaje de lo más letal, el perro mastín del culto, La Conserje.

Y justo entonces el relato da un vuelco, un giro de lo más inesperado que va a llevar a los lectores por vericuetos que no imaginan. Nuevos personajes aparecerán, que tienen una crucial importancia en la historia de los hermanos y conocen su verdadero origen, que para nada es el que ellos imaginan…

El guionista Rick Remender es conocido y admirado por poseer una fértil imaginación a la hora de plantear argumentos originales, y en esta miniserie que ahora llega a nuestro país recopilada por Norma Editorial, como si de un hábil arquitecto se tratara, nos conduce a un futuro distópico, terrible, en el que un férreo culto tiene subyugados a la mayoría de los habitantes del lugar, y aparta como apestados a los que no entran en sus patrones.

Pues bien, como el buen guionista que es, Remender nos presenta a esta peculiar pareja de hermanos, ella con el poder de hacer reales los sueños (lo malo es que lo hace dormida…) y él es un hábil y émpata acróbata, un ninja moderno que utiliza una curiosa máscara.

Pero el relato, que podía quedarse ahí, entre peleas, acrobacias y algún momento de extrema violencia, es mucho más. Sin poder contaros demasiado, Remender ejecuta varias piruetas narrativas que os aseguro os van a dejar con la boca abierta, ya que como si se tratara de unas cajas chinas, cada vez que abramos una nueva vamos a encontrarnos con una sorpresa, un giro narrativo que hace de este cómic algo muy recomendable para todos aquellos a los que os chifle la ciencia ficción y los escenarios distópicos.

Pero claro, esta maravilla no es solo obra de una persona, y el dibujante francés Bengal, que ya conoce muy bien a Remender, ya que formaron equipo en el cómic Death or Glory, sabe plasmar a la perfección en sus páginas este mundo futuro en el que los personajes se mueven, pelean, sufren y se van a llevar más de una sorpresa.

Artista fuertemente influenciado por el cómic nipón, el manga, compone unas páginas en las que sus personajes son de lo más expresivos, los diseños de las máquinas, armamento, etc, muy originales, y de vez en cuando nos regala alguna que otra viñeta página de esas que quitan el hipo.

En fin, qué más os puedo decir para que sin pensarlo dos veces os lancéis de cabeza a este relato que te atrapa desde sus primeras páginas y en el que os vais a llevar más de una sorpresa, sobre todo cuando lleguéis, después de un ajetreado periplo, a la última página, donde la Verdad con mayúsculas os será revelada.

Y como colofón a esta gran obra de ficción, una galería de portadas alternativas de esas que quitan el hipo, ya que cuenta con la presencia de algunos de los mejores dibujantes del momento como Daniel Warren Johnson, James Harren, el español Miki Montlló…

Diario de Cadiz



¿Dónde estabas durante el eclipse?

 EL FARO DEL FIN DEL MUNDO


La cita solar se ha convertido en fecha de referencia en nuestras vidas como el asesinato de Kennedy, la llegada a la luna o el estreno de ‘Tiburón’



El eclipse solar visto desde Barcelona.

Massimiliano Minocri


Jacinto Antón

15 AGO 2026

“¿Dónde estabas durante el eclipse?”, me pregunta un amigo que lo que quiere, como todo el mundo, es explicarme dónde estaba él. Se ha convertido la cita solar en fecha de referencia en nuestras vidas como la muerte de Kennedy, la llegada a la luna o el estreno de Tiburón. Pues yo hice lo más absurdo que se podía hacer en tan señalado día. Me encontraba desde hacía tres semanas en Formentera, uno de los muy buscados lugares estrella para vivir la experiencia del fenómeno y donde se habían implementado grandes medidas oficiales para observarlo —aparte de varias jaranas privadas, incluido un concierto dedicado “a la luna, el sol y los misterios del Cosmos” en Bananaroques con invitación a pizzas Bella Napoli— , pero me marché el mismo día temprano hacia Ibiza para tomar el ferri de vuelta a Barcelona con mi viejo coche, el gato Charly y las mil cosas, entre ellas un siempre demasiado optimista número de libros, que cargo para pasar las vacaciones. La cuestión es que al sacar los billetes de regreso con mucha antelación no caí en lo del eclipse, y eso que yo mismo he escrito varias páginas sobre el acontecimiento.

Me consolaba pensando que lo vería desde el barco, en alta mar, e incluso tenía pensado un título para una oportuna crónica, Eclipse a bordo, que sonaba a novela de aventuras de Alistair MacLean, como Estación Polar Cebra. Resultó que al llegar a la terminal portuaria de Ibiza nos dijeron que el barco en el que teníamos los pasajes, el Ciudad de Barcelona de Trasmed, no zarparía por estar averiado y que nos recolocaban en un buque de Balearia, el chipriota Kerry, un ferri de sustitución con un largo historial y que ha visto más mares que Conrad. Curiosamente, he leído que Trasmed utilizó el mismo día el Ciudad de Barcelona para su ruta Valencia-Ibiza convertido en observatorio flotante del eclipse, así que supongo que ya nos habían sustituido ese buque por el Ciudad de Granada que fue el que se estropeó la noche antes en el puerto catalán cuando debía hacer el trayecto previo Barcelona-Ibiza, dejando en tierra por cierto a numerosos pasajeros que iban en dirección contraria a la mía a ver el eclipse en las Pitiusas. En fin, el camarote de los Marx, como se ve.



El eclipse de sol, en el puerto de Barcelona.

El caso es que el veterano Kerry fue como una bala sobre un mar deliciosamente plano, azul y espejeante y nos plantamos en Barcelona bastante rato antes del fenómeno celeste, sin posibilidad alguna de verlo en el agua —y qué magnífico hubiera sido contemplarlo acodado en la borda con mi ejemplar de Lord Jim (ese eclipse en Patusán) en una mano y una botella de ron en la otra, leyendo: “Desaparece del mundo como envuelto en misteriosa nube, inescrutable” —. De manera que, desembarcado en la ciudad condal, con el baqueteado y polvoriento jeep Suzuki Santana cargado como para cazar rinocerontes en el Ngorongoro con John Wayne en Hatari! o para realizar incursiones tras las líneas de Rommel con los hombres del SAS de Stirling, incluida la bicicleta colgando precariamente detrás y el kit completo de playa, me dirigí a toda prisa en busca de algún punto donde observar el portento solar, que ya llegaba.

Dice mucho del ambiente extraordinario que se respiraba el que nadie se fijara mucho en mi vehículo y en mí, que presentaba una estrafalaria estampa, tras tres semanas asilvestrado en Formentera, de pescador de esponjas griego madurito e iba tocado con una gorra del Sónar y las gafas para el eclipse en la visera. Encontré finalmente un buen lugar de observación en el Muelle Oriental junto al nostálgico letrero Las Golondrinas al Rompeolas (que evoca el trayecto de las populares embarcaciones de paseo del puerto), detrás del hotel Vela y la gran noria. Aparqué junto a la acera en un lugar prohibido pero en la consideración de que la Guardia Urbana estaría astronómicamente ocupada.


Gente viendo el eclipse el 12 de agosto desde el Castillo de Montjuic de Barcelona.

Massimiliano Minocri

Había mucha gente instalada de cara al puerto y al astro rey (todavía normal), acomodada en las gradas y el borde del muelle en plan People in the sun de Edward Hooper. Un individuo llevaba lo que me pareció un larguísimo telescopio y que resultó ser un canuto de cartón, sin que se pudiera discernir a qué efecto. Reinaba un ambiente expectante. Había gente preparada y otros que no. De hecho compartí mis gafas de eclipse homologadas adquiridas en Formentera y acreditadas por la asociación astronómica de la isla con varias personas poco previsoras o directamente inconscientes que iban a ojo desnudo y que hubieran acabado como Tobías en su imprudente mirar al cielo. Y eso que nos había advertido hasta el presidente Illa. Un tipo me explicó resignado que no tenía gafas porque su mujer le había dicho que ya miraba ella y le iba contando. Otro, enterado a medias, me preguntó si sin gafas se verían las perlas de Baily, y otro más cómo había conseguido llegar hasta allí con un coche como el mío. El momento surrealista pre-eclipse lo puso una enorme limusina que desembarcó a unas jovencitas muy pijas y a su escultural madre para hacerse selfies con unos globos plateados mientras celebraban el cumpleaños de una de ellas. Pensando que podía haber visto el fenómeno solar en los espectaculares acantilados del cabo de Barberia, junto al faro y a numerosas italianas con ganas de astronomía (hubiera podido titular Lucía, el sexo y el eclipse, manjar para el clickbait), me sentía un poco deprimido en mi emplazamiento urbanita sustitutorio.


El eclipse del 12 de agosto desde el Castillo de Montjuic de Barcelona.

Massimiliano Minocri

A todas estas empezó el eclipse, los previsores nos pusimos las gafas remedando a Oppenheimer y los suyos aquel día brillante en los Álamos y deseándonos suerte unos a otros. Entre las cosas más sorprendentes de este evento solar es que hubiera quien no se enterara del riesgo oftalmológico o le importara un comino. También es fascinante que tantos otros hayan decidido no observar en absoluto el eclipse por si acaso. Hay quien lo vivió con mucho miedo y se encerró en casa como si fuera el preludio de una invasión marciana o se le fuera a cegar el perro. Mientras empezábamos a ver la luna devorando poco a poco al sol pasó un hombre con barba de profeta gritando como un milenarista dulciniano “¡el fin del mundo, haced penitencia!”.

La sombra avanzaba inexorablemente sobre el sol, las charlas se interrumpieron. No es raro que los lidios y los medos dejaran de guerrear. Se hizo un silencio profundo acompañado de una quietud total. Y de repente, el fenómeno pareció acelerarse y ya casi no se veía nuestro astro dador de vida, un filito. Traté de vislumbrar tras las gafas las dichosas perlas o la corona solar, quizá incluso una erupción o una fulguración, pero me embargaba un sobrecogimiento paralizante, acientífico, y solo parecía que me funcionara el cerebro reptiliano. Me quité las gafas para mirar alrededor y desligarme de la visión hipnótica, digna del ojo de Saurón. Una extraña e inquietante semioscuridad se había extendido sobre el mundo como un vapor o una miasma. Estábamos en una distopía ballardiana en la que los pájaros empezarían a caer o los edificios a cristalizar. Me miré las manos y luego fugazmente al cielo donde el sol había dejado de arder. Fue, ya lo ha dicho todo el mundo y ya casi no quedan palabras originales, un momento mágico, maravilloso, sobrenatural. Un vientecillo raro nos puso los pelos de punta. Reinaba una sensación de irrealidad y ansiedad anticipatoria. A la izquierda se veía enorme Venus, lanzado al centro del escenario por la ausencia transitoria de la gran luminaria. Distinguí también varias estrellas. Era prodigioso y estremecedor. Era la repera. La gran y emocionante feria del cielo (en cambio en Formentera, he sabido, decepcionó un poco, lo que son las cosas: ¡rabia Lucía!).

Un sonido me devolvió a la realidad mientras se descorría la cortina en el firmamento. Era Charly, mi gato, que estaba hiperventilando tras dos trayectos de barco y un eclipse. Lo acaricié abriendo un poco la puerta del transportín y los dos fuimos recuperando la calma. Volvían a volar las gaviotas. El mundo regresaba a la normalidad y la gente se miraba sorprendida como si saliera de un trance. Hubo un aplauso espontáneo.

Tras despedirme de los amigos de eclipse, conjurándonos optimistamente para coincidir en otro, este siglo o el siguiente, redondeé la jornada en el Montseny, en Viladrau, mirando el segundo espectáculo que nos regaló el cielo el martes, en insólita sesión doble: las lágrimas de san Lorenzo. Observando de madrugada los fugaces meteoros era imposible no repetirse como un mantra aquella frase (de Rabindranath Tagore, ¿quién se acuerda hoy de él, pese a que ganó el Nobel de Literatura y le admiraba Yeats?) que nos conmovía en la adolescencia y que nunca pensamos que un día tendría tanto nuevo sentido: si lloras por la pérdida del sol las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.


Jacinto Antón


El Pais Sábado 15 de agosto de 2026


martes, 29 de septiembre de 2026

Elemental

Estimado lector, las páginas que vas a leer contienen el mayor y más complicado caso al que tuvo que enfrentarse el mejor detective de Londres


José Luis Vidal

19 de septiembre 2026


Disfrutando de la libertad tras la marcha del invasor galo, la capital de Inglaterra temblaba debido a los atroces asesinatos cometidos por un misterioso y violento criminal.



Ficha

El archivo de Stamford Hawskmoor

Autor: Bryan Talbot

Tapa dura

Color

192 págs.

27 euros

Astiberri


Es por este hecho que desde Scotland Yard, uno de sus más avezados empleados, comenzaría a indagar en unas muertes, unas víctimas que, a simple vista, no tenían nada en común, ya que pertenecían a diferentes estamentos sociales.

El habitual estoicismo de Stamford Hawksmoor se vería afectado con una noticia que lo apartó momentáneamente de sus pesquisas, ya que su hermano Gerald, con el que no tenía ningún tipo de relación, se había volado la cabeza de un disparo de escopeta.

Incapaz de ignorar un misterio, el sagaz detective, mientras intenta reunir las piezas que diluciden su caso, no podrá evitar rememorar su infancia junto a un cruel hermano, lo que le llevará a visitar a su también antipática cuñada, Blanche, con la que va a iniciar una relación bastante más cercana que la que tuvo mientras su hermano aún estaba entre los vivos.

La misteriosa madeja se irá enredando más y más, conduciéndolo desde los más secretos y selectos prostíbulos, a lupanares de más bajo rango, lugares donde los altos cargos de la urbe se lanzaban a sus más lascivos sueños.

Pero el protagonista también deberá luchar por acercarse más a su propio hijo, el malcriado Oswald, que tan solo sabe repetir una y otra vez lo feliz que es junto a la nueva pareja de su madre, hecho este que casi saca de sus casillas al estoico Stamford…

Una persona seria, responsable, dedicada totalmente a su trabajo como minucioso investigador que, debido a las circunstancias de este caso tan oscuro, se dejará llevar por sus sentimientos hacia una joven secretaria.

Mientras tanto, el peligro, la traición, penden como una espada de Damocles sobre el investigador, que se enfrentará a más de una situación peligrosa…

El autor británico Bryan Talbot regresa al universo ucrónico de Grandville para presentarnos al mentor de su conocido personaje, Lebrock. Y en este mundo de animales antropomórficos, nos sumergimos en una densa y compleja trama en la que se mezclarán los recuerdos del protagonista, que tendrán que pelear contra una oscura conspiración prácticamente solo cuando nadie le crea.

Con un dibujo minucioso, Talbot nos sumerge en las calles de este Londres de ficción, donde el peligro acecha en cualquier esquina, y la codicia y maldad reside en el corazón de aquellos que menos esperas.

La sombra de Arthur Conan Doyle es alargada, y en este apasionante cómic, Bryan Talbot le rinde un sincero homenaje, presentándonos a un personaje que tiene mucho de la esencia del habitante del 221B de Baker Street.


Diario de Cadiz