viernes, 16 de octubre de 2026

Cuatro comidas pesadas por Maitena

 


El Pais Semanal 

‘El lago de la creación’, de Rachel Kushner: la humanidad involuciona, y la culpa es de los ricos

La escritora firma una potente novela de espías existencial en la que dispara contra el conservadurismo extremo de la época, el más feroz de los lobos


Rachel Kushner. SCIAMMARELLA



Laura Fernández

20 DIC 2025

Bruno Lacombe es un ideólogo, una suerte de Nuevo Mesías, el tipo que ha entendido que el capitalismo no se puede desmantelar, que lo único que podemos hacer para librarnos de él es apartarnos. ¿De qué? De la vida como lleva siendo entendida desde que el Homo sapiens sustituyó al neandertal, y permitió a nuestros prehistóricos antepasados abandonar las cuevas y empezar a demostrar de qué forma éramos mejores que los demás, cómo nuestro césped siempre es más verde que el del vecino —o debería—. Bruno Lacombe vive en un cobertizo y desde allí predica Su Palabra en filosóficamente pomposos —puro narcisismo desatado— correos electrónicos que envía a sus adeptos —a los siguientes en la cadena de mando de su peculiar secta ecorradical afincada en la campiña francesa— y que la protagonista de la nueva novela de Rachel Kushner (Oregón, Estados Unidos, 57 años), Sadie, Sadie Smith, está leyendo a escondidas. ¿Por qué? Porque Sadie es una espía. Pero una que hizo algo terriblemente mal y fue despedida del Gobierno. Ahora se dedica a trabajar para misteriosos clientes externos de los que nada sabe, ¿y no es eso peligroso?

Aquello alrededor de lo que gira la novela, una bomba meticulosamente construida —el destilado de las frases de Kushner persigue la perfección que ha hecho único a Don DeLillo, pero en su caso, es una perfección no flotante, sino en extremo arraigada a la tierra—, es la perdición, es decir, la Humanidad está por completo perdida, prácticamente desaparecida en un ir y venir de mensajes contradictorios —eso que se ha dado en llamar el turbocapitalismo, y que Lacombe prefiere considerar un capitalismo tardío, crepuscular, desesperado—, y para encontrarse, está dispuesta a dar un par de millones de pasos atrás y volver a las cuevas. No la humanidad al completo, por supuesto, sino el tal Lacombe y su corte de seguidores. Un tipo en exceso privilegiado —un rico, un alguien sofisticado, clasista— que considera a los thales —así llama a los neandertales— sus iguales. No había en ellos, dice, la sed capitalista que dominó desde el principio, dice, a los Homo sapiens, ese querer ser mejor todo el tiempo, y aplastar al otro.

No admite Lacombe, ni siquiera se plantea, en esos correos electrónicos aceptados en la cueva, que nada de lo que le ha llevado a pensar así, a siquiera pensar, existiría sin esa ansia de progreso. Entiende el progreso como un atraso, y he aquí la flecha —el nido, en realidad, de ellas— que Kushner —no olviden, autora de Los lanzallamas, activista, a su manera, de un despertar de la conciencia ante la injusticia pasada, presente y futura— dispara contra el conservadurismo extremo de la época. Un conservadurismo que se presenta como un cordero al que el lobo trata de zamparse cuando es el más feroz de los lobos o, mejor, de los buitres, pues se alimenta de lo ya muerto, en el caso de Lacombe, de lo muerto hace millones de años, la especie no conectada y no superviviente, vendida como una exquisitez dedicada únicamente al pensamiento en sus cuevas, a solas, en una hipotética ucronía utópica. La mirada cínica y poderosa de la descarriada agente Smith convierte la aproximación a semejante burbuja en un apasionante tira y afloja metafísico existencial (muy muy terrenal).

He aquí, pues, una novela de espías en la que el objeto de estudio no es único porque, en un juego de espejos tan sutil que se vive como un viaje lector, la propia Sadie se disecciona a sí misma o a aquello que queda de ella después de haber sido invadida por su condición de espía, o pieza de una sociedad en la que ella misma no tiene tiempo de pensar, porque ¿qué es su vida sino servir a sus clientes? Hasta sus relaciones personales —el sexo, ningún tipo de amor— están marcadas por aquello que no puede dejar de ser, es decir, algo usable, un producto más del sistema que, desde la cueva, Lacombe critica. Sí, la reflexión está servida. Y es intensa. Y también muy divertida.



El lago de la creación

Rachel Kushner

Traducción de Javier Calvo

AdN, 2025

448 páginas. 21,95 euros


Babelia Núm. 1.778 Sábado 20 de noviembre de 2025



El gigante de pelo rojo

La Hora del Bocadillo

Oriente y Occidente se unen en lo artístico para crear una obra única

José Luis Vidal

04 de octubre 2026




En una playa del islote de Tanegashima aparece un hombre medio muerto tras el feroz ataque de unos piratas. Un pescador del lugar, Shôbei, con no poco esfuerzo, lo traslada a su modesta cabaña y tras curarlo comienza una relación de amistad entre este hombre de enorme estatura y el anciano.

Los habitantes del pueblo verán la presencia del nanbanjin (extranjero) como una amenaza, pero en poco tiempo, el portugués Fernando se ganará la confianza de la mayoría, sobre todo de los más pequeños, y gracias a su fuerza y diligencia, comenzará a ganarse la vida como mozo en una taberna del lugar, donde su enorme presencia se convertirá en algo habitual.

Hombre de pocas palabras, conoceremos su pasado. Cómo su progenitor lo repudió, ingresándolo en un estricto monasterio donde además de la amistad que le unió a otro niño, Joachim, también padeció en propias carnes los castigos de los monjes.

Y así pasarán los días, con un Fernando cada vez más integrado en el lugar, acostumbrándose a las costumbres de los lugareños, tan diferentes de las europeas, hasta que un día llega al lugar un espadachín de renombre, Toramaru, con el que iniciará una curiosa relación en la que el sake es el medio por el cual ambos hombres se conocerán mejor, uniéndoseles la bella sacerdotisa Kumagiku en una noche que ninguno podrá olvidar.

Pero, sin él proponérselo, el irremediable cambio llegó a la isla el día que lo encontraron inconsciente, mecido por las olas de la orilla, ya que una de las pocas pertenencias que Fernando trajo fue un arma de fuego, un objeto desconocido por los japoneses, que hasta el momento se defendían con la hoja de sus espadas.

Tokitaka, el joven señor de la isla, se interesa y ordena seguir los pasos del protagonista, llamándole la atención ese objeto que escupe fuego, por lo que comienza a hacer planes en los que el portugués tiene un papel esencial…

El también autor portugués, Cyril Pedrosa (Ring Circus, Tres sombras, Portugal…), compone esta parte de la historia, que tiene como protagonista al gigantón pelirrojo, conduciendo el relato hacia una conclusión que emociona y a la vez, a lo largo del camino, te provoca un auténtico e irremediable síndrome de Stendhal, debido a la belleza de sus páginas, en las que lo onírico se mezclan con el día a día en la isla.

Y aún en proceso de recuperación del impacto de esta parte de la increíble historia, otro genio de la viñetas, el mangaka Taiyo Matsumoto (Sunny, Los gatos del Louvre, Tokio día a día…), toma las riendas del relato y nos lo ofrece desde otra perspectiva, la de los personajes nipones que habitan la historia, y cuyas vidas y acciones van a tener tanto eco e impacto en la de este soldado portugués.

Conoceremos el recuerdo, oscuro y doloroso, que acompaña en todo momento al pescador Shôbei, que hasta ahora le ha impedido volver a disfrutar de un día de pesca, trauma que tal vez se cure gracias a la amistad de Fernando.

Viajaremos en el tiempo, a través de la memoria del hábil espadachín Toramaru, a su juventud, cuando formaba parte de la peligrosa banda de maleantes encabezada por Kyuzo, con el que volverá a reencontrarse en el islote, siendo el momento de pagar viejas deudas por parte de ambos.

Conoceremos mejor a Tokitaka, un jovencito que ocupa el lugar de su padre, al que considera un inútil para ocupar el importante puesto como señor del lugar, y como conocerá por fin a Fernando, al que sus fieles Sasaki y Oizumi siguen desde el primer día en la isla.

Norma Editorial lleva a las librerías esta colosal obra, tanto en tamaño como en contenido. Un exitoso experimento en el que dos creadores tan diferentes como Pedrosa y Matsumoto ponen sus voces al servicio de un relato, cada uno dando lo mejor de su arte y regalándonos un momento que no voy a desvelar, pero que me parece de lo más emocionante que se ha hecho en cómic en los últimos años. Un genial instante de unión en el que la nacionalidad se diluye, y las únicas palabras que hablan son las del Noveno Arte.

Una pieza histórica que nos traslada al siglo XVI, mostrándonos la inminente llegada de los mercaderes europeos iba a cambiar la vida y costumbres del pueblo nipón.


Diario de Cadiz



Pier Paolo Pasolini entre nosotros

Una biografía impolítica y deshistorizada y una nueva traducción de ‘Petróleo’ que desecha textos de la edición italiana que contextualizaban la novela cierran el 50º aniversario del asesinato del escritor y cineasta


Mural callejero de Pier Paolo Pasolini, pintado por Ernest Pignon en Nápoles, en agosto de 2015.

Salvatore Esposito (Pacific Press / LightRocket / Getty Images)


Antonio Giménez Merino

01 ENE 2026 

El medio siglo transcurrido desde la muerte de Pier Paolo Pasolini ha convertido a este autor en universal. El interés hacia su producción sigue vivo, también en España, donde no dejan de aparecer títulos que a estas alturas ofrecen una base robusta para aproximarse a ella. Los más recientes son Los guiones no filmados (Trotta), La palabra que construye el mundo (Altamarea) y los dos que nos ocupan aquí: una nueva traducción de Petróleo (tras la de Seix Barral de 1993), a partir de la 4ª edición italiana en Garzanti, y la biografía de Jordi Corominas.

Petróleo es un agregado de descripciones, alegorías y transmutaciones míticas que hablan del poder, con una notable variedad de registros estilísticos y temporales, y una escritura muy visual, profusa como en un guion fílmico en detalles de ambientes y personajes. Entre la realidad y el sueño, se centra en el personaje de Carlo, disociado en un ser racional (un arribista inteligente que acaba envuelto en la trama para impedir la entrada de los comunistas en el Gobierno del país) y otro abandonado a las pasiones. Ambos evolucionan a medida que avanza la obra, a la par que su trama política.

El núcleo narrativo gira en torno a la colusión italiana entre la clase política, los servicios secretos y el mundo empresarial. El estudio de Walter Siti en la edición italiana, avalado por investigaciones recientes, permite vincular el asesinato de Pasolini (y los de los periodistas Mauro di Mauro y Salvatore Palazzolo unos años antes) con la urdimbre de la novela y con los artículos que simultáneamente publicó en prensa (recogidos en los Escritos corsarios y las Cartas luteranas). La novela debía estar estructurada en dos bloques políticos relacionados con los años de plomo italianos: el primero en torno a 1962, año del asesinato del fundador de la corporación nacional de hidrocarburos (ENI), Enrico Mattei; el segundo, alrededor de la estrategia de la tensión (1968-1974) organizada en respuesta a las protestas sociales de aquel periodo.

La obra también desgrana las principales preocupaciones sociales de Pasolini, reconocibles en sus escritos y entrevistas (también publicadas en España), como la descomposición del mundo popular, el deterioro medioambiental y la neutralización del criticismo por el nuevo poder transnacional en gestación.

El Petróleo de Nórdica destaca por la traducción de Miguel Ángel Cuevas, pero priva incomprensiblemente al lector de las aportaciones de Walter Siti y Maria Careri, decisivas para entender tanto el contexto que envolvió la composición de la obra como las razones de su reconstrucción editorial, fiel a las intenciones que Pasolini dejó anotadas. En la parte podada, Careri explica rigurosamente qué materiales de este poema en forma de novela se han conservado, cuáles son las posibles fases de su escritura y las razones de la recuperación de fragmentos tachados o de la alteración en el orden de presentación del texto con respecto a las ediciones anteriores. Por su lado, Siti da una interpretación actualizada acerca de la obra, que justifica la recuperación de materiales concebidos como parte del texto. Esto ofrece una versión bien distinta a la disparatada del pintor Giuseppe Zigaina que adopta Cuevas en la presentación de la edición española (por la que la trágica muerte de Pasolini habría sido una especie de puesta en escena orquestada por él mismo y Petróleo una obra “cumplida en su inacabamiento”) y que nos aleja del sentido del título.

El anudamiento de la trama de Petróleo con las intervenciones políticas de Pasolini pasa inadvertido en la biografía de Corominas. Especialmente lo concerniente al papel de Eugenio Cefis (Aldo Troya en la novela), el todopoderoso presidente del ENI y de la Montedison a quien se suele vincular con el asesinato de Mattei. Cefis fue el impulsor de la internacionalización de la economía ­transalpina, tanto por el lado de la penetración de la inversión extranjera como por el de la expansión de las empresas italianas.


El escritor y director de cine Pier Paolo Pasolini, fotografiado en los años sesenta.

colaimages / Alamy / CORDON PRESS


Corominas recae en la sólita recreación del mundo privado y marginal de Pasolini, lo que dificulta la percepción del contenido no autobiográfico de sus obras. El subrayado de las contradicciones del poeta impide entender el verdadero valor de su obra, lo que queda reforzado por la aceptación acrítica de las lecturas malévolas que vertieron sobre él sus antagonistas. El resultado es una lectura impolítica y deshistorizada de Pasolini, cuya producción madura es reducida a un efectista “truco de mago” destinado a no soportar el paso del tiempo (algo que valdría también para sus importantes proyectos interrumpidos). Las muchas vidas… se suma así a una tradición minimizadora de “la lucha comunista por los bienes necesarios” (lo que hoy llamaríamos “bienes comunes”), expresión que en Pasolini connotaba aquello que mantuvo vivos y resistentes a los indignados de su tiempo. Sus obras no pretendían aportar soluciones, como pide el biógrafo, sino plantear problemas mirando hacia donde no se debe. En su haber está, nada menos, la intuición de lo que luego vino a llamarse el pensamiento único.

Lo más valioso de esta biografía es la disertación sobre el cine pasoliniano de los años sesenta, al captar sus diversos y complejos niveles de lectura. Por lo demás, sorprende la omisión de la abundante labor de traducción, ensayística y documental en torno a Pasolini realizada en nuestro país, que hubiera aportado información sobre su interesante relación con España.

Pasolini conoció la soledad de quien ha de enfrentarse a la denuncia, a la censura y finalmente al asesinato. Su empatía hacia los marginados era compacta y su alargamiento en el presente lo vemos en nuevos rostros que nos siguen mirando a los ojos. Pero es sabido, como escribió el crítico Stefano Casi hace 35 años, que “todos los procesos a las intenciones que se han vertido contra escritores, de Sócrates a Oscar Wilde, pasando por Baudelaire, han jugado sobre la confusión entre ficción creativa y vivencia”.


Las muchas vidas de Pier Paolo Pasolini. Una biografía

Jordi Corominas

Siglo XXI, 2025

280 páginas. 23,90 euros




Petróleo

Pier Paolo Pasolini

Traducción de Miguel Ángel Cuevas

Nórdica, 2025

280 páginas. 23,90 euros


Babelia Núm. 1.780 Sábado 3 de enero de 2026



jueves, 15 de octubre de 2026

Ocaso en verde

Todo lo bueno tiene un final, y Peter David concluye su larga etapa con el talento que le caracteriza



José Luis Vidal

09 de octubre 2026


¿Puede la vida y sentimientos de un creador reflejarse en su obra?

La respuesta es obvia, y positiva. Y en esta séptima entrega en la que se recopila el tramo final de los doce años que el guionista Peter David estuvo al frente de la colección protagonizada por el gigante esmeralda tenemos un claro ejemplo.

Recién divorciado de su esposa, el escritor volcó su dolor, frustración y furia contenida en las peripecias de un Hulk que, separado de su contrapartida humana Bruce Banner, opta siempre por el camino más violento, sin más.


Ficha

Marvel Héroes 135. El Increíble Hulk de Peter David 7: Las arenas solitarias e iguales.

Guion: Peter David.

Dibujo: Mike Deodato Jr., Adam Kubert, David Brewer y Dale Keown.

Tapa dura

Color

688 págs.

62 euros

Panini Cómics


Y así lo veremos en un cara a cara nada más y nada menos que con el olímpico Hércules, o los Thunderbolts para, harto de todo, acuda a los cayos de Florida y sin pensárselo dos veces y haciendo uso de su descomunal fuerza, aísle completamente al Cayo Duck, rebautizándolo como Isla Hulk.

En estos primeros números, el protagonismo gráfico vendrá de la mano de Mike Deodato Jr, que plasmará en las viñetas a un masivo Hulk, y jugará con las páginas, regalándonos algunas composiciones muy noventeras.

Perseguido por la coronel St. Lawrence y con la única compañía de Janis, que como todos ya sabéis (o en todo caso, leed Futuro Imperfecto) se trasladó desde el futuro para impedir el nacimiento de Maestro, Hulk se trasladará a un lugar muy, muy lejano… Y peligroso.

La Tierra Salvaje será el nuevo escenario en el que el gigante verde se convierte en el rey de una tribu local, aunque su actitud para con ellos es la de ignorarlos completamente. Pero claro, la tranquilidad va a durar poco, casi nada, ya que dos viejos conocidos del Universo Marvel harán su aparición en el lugar. Ellos son Lobezno y el señor de estas tierras, Ka-Zar.

Este segundo bloque de las peripecias de Hulk estará salpicado por un toque de tristeza, aunque David recupera en muchos momentos ese buen humor e ironía que le caracteriza y, para qué negarlo, el nivel de la colección sube varios puntos con la llegada de un gran dibujante, Adam Kubert, que va a regalarnos una serie de episodios totalmente antológicos.

Habrá reencuentros con secundarios imprescindibles, como la sufrida Betty, Marlo o Rick Jones. Pero el regreso más inesperado será el de cierto militar malhumorado, el que ha sido la némesis de Hulk desde su nacimiento, el general Ross.

Breves destellos de alegría, la vuelta de Bruce Banner a la escena, el incidente con Rick… Y más, mucho más que no os puedo adelantar pero que supondrá un autentico puñetazo para los que lo lean por primera vez, ya que como os comentaba al principio, muchas veces, la ficción es tan solo un reflejo de la vida real…

Peter David se despide de este personaje al que dio tanto, y el volumen se complementa con Last Call y The End, dos relatos en los que el guionista se reencontró con Hulk y el dibujante Dale Keown.

Una etapa única e imprescindible para comprender y comprobar lo lejos que se puede llegar junto a un personaje.


Diario de Cadiz


martes, 13 de octubre de 2026

La última bala

Todos los caminos conducen al explosivo final de esta autentica joya del género criminal



José Luis Vidal

07 de octubre 2026 

Para todos los que somos amantes del género noir, los últimos años solo nos han traído alegrías, ya que los relatos criminales llevados a la viñeta viven una auténtica época dorada. No hay más que recordar esas 100 Balas de Brian Azzarello; o al tándem formado por Ed Brubaker y Sean Phillips y su universo Criminal, por no habla de propuestas más modernas como la de Chris Condon y Jacob Phillips, That Texas blood, por solo citar algunas.


Ficha

Balas Perdidas Parte 5. Falsos amigos.

Autor: David Lapham

Tapa blanda

Blanco y negro

312 págs.

26,90 euros

Ediciones La Cúpula


Pero he de confesar que desde que hace ya un buen puñado de años, en el momento que a mis manos llegó aquel número de la Línea Brut, me enamoré del Balas Perdidas de David Laphan.

Y es que esta saga se circunscribe dentro de lo que se ha llegado a denominar como hardboiled. Aquí el protagonismo no lo van a tener sagaces detectives con un vaso de whisqui en la mano, sino que el dramatis personae estará compuesto por personajes que viven (o mejor dicho, sobreviven) en el filo de la navaja.

Narcotraficantes, psicópatas, asesinos a sueldo, femme fatales de todo pelaje y, sobre todo, personajes como Beth, Nina y Orson, unos protagonistas a los que hemos acompañado a lo largo de su personal via crucis, plagado de errores propios, decisiones equivocadas y, sobre todo, estallidos de violencia que de dejan con la boca abierta.

La oscuridad puede esconderse tras el colorido y feliz retrato del podrido American way of life, y aquí hay argumentos de sobra.

Como diría uno de esos tarados que suelen pulular en los Estados Unidos cargando un cartel, “el final está cerca”, y la sombra del peligroso Kretchmeyer se acerca implacable, buscando esos maletines que el trío ha birlado a la banda de Harry.

Con la ya famosa y personal estructura narrativa de David Lapham, una invisible soga se irá cerrando alrededor de los cuellos de los fugitivos, a los que también persigue esa arma de destrucción masiva que está a las órdenes de Spanish Scott, Monstruo.

Pero en estos últimos capítulos habrá un personaje clave que decantará el destino de los protagonistas hacia un lado u otro. Su nombre es Amor Propio, y con su pinta de sonriente rastafari, es un tipo con recursos que será capaz de sacar de más de un apuro a Beth y Cía.

Y claro, ya que la cosa está a punto de concluir, justo en uno de los momentos más graves, reaparecerá ese personaje tan especial que vive dentro de la cabecita de Beth desde que su madre le propinó un fuerte golpe, haciendo que un nuevo y surreal universo surgiera, regalándonos las imposibles peripecias de la mayor criminal de todos los tiempos, Amy Racecar.

A todos aquellos lectores fieles que durante años hemos esperado la conclusión de este relato, sentaos cómodos, porque estáis a punto de sumergiros en una conclusión donde la tensión surge de cada viñeta. Habrá disparos, violencia, muerte y quién sabe cuál será el destino de sus protagonistas, y me apuesto lo que queráis a que no lográis adivinarlo…


Diario de Cadiz


Paul Thomas Anderson y el mito de la revolución

‘Una batalla tras otra’ es una versión libre de ‘Vineland’, de Thomas Pynchon, que dialoga con todo el universo del escritor


Teyana Taylor en una escena de 'Una batalla tras otra', de Paul Thomas Anderson.

LANDMARK MEDIA / Alamy / CORDON PRESS


Sara Barquinero

08 NOV 2025 

One Battle After Another (Paul Thomas Anderson, 2025) es una adaptación muy libre de Vineland, una novela de Thomas Pynchon publicada en 1990. Sin embargo, lo más interesante es que la versión de Anderson dialoga con todo el universo pynchoniano y no solo con el libro que versiona, trasmitiendo su particular forma de comprender la política y el mundo, especialmente con su obra maestra, El arcoíris de gravedad.

Entre Vineland y su adaptación cinematográfica hay parecidos evidentes: en la novela de Pynchon la acción transcurre en una pequeña localidad californiana del mismo nombre. Zoyd Wheeler (a quien en la película Anderson convierte en Bob, interpretado por Leonardo DiCaprio) es un exhippie que cada año finge demencia para cobrar un subsidio estatal. Vive con su hija adolescente y su exmujer (que en el libro se llama Frenesí) es igualmente una antigua activista política que los abandonó años atrás. Todo cambia cuando el fantasma su exesposa reaparece, junto con el del amante por quien dejó a Bob (en el cine el coronel Lockjaw, Sean Penn), un fiscal federal obsesionado con ella.

Aunque la premisa es muy reconocible, a partir de aquí las diferencias se multiplican. En la película, el presente parece ser una realidad muy similar a la nuestra, pero distópica, en la que la represión a los migrantes ha alcanzado un punto de no retorno, mientras que en la novela de Pynchon la acción se sitúa durante la presidencia de Ronald Reagan, con los ecos del fracaso de los años sesenta aún resonando en el pasado “revolucionario” de los protagonistas. Esa distancia temporal es importante: Vineland trata de un país que ha domesticado la disidencia, que quizás estaba condenada de base. Sus personajes no son héroes, sino supervivientes despolitizados: el protagonista no fue nunca un militante real; su rebeldía se limitó a la música y las drogas, y su exnovia desaparecida jamás fue tan heroica como la de la película; si se cambió de bando fue por deseo y no por miedo. En el libro, pues, ambos personajes encarnan, cada uno a su manera, el desencanto de una generación que creyó poder cambiar el mundo y acabó absorbida por el mismo sistema al que se oponía. Respecto a las organizaciones políticas paralelas, que rodean a los personajes tanto en el libro como en la película, la diferencia también se mantiene: mientras que los personajes de Pynchon están paranoicos sin motivo (y sus organizaciones y protocolos son birriosos y rozan el absurdo), los de Anderson sí tienen razones para desconfiar, pues viven en un presente donde la vigilancia, la manipulación y el control son más que reales.

Otro cambio relevante entre la película y el libro es en la cuestión racial, que Pynchon solo aborda en Vineland de forma tangencial. El título del libro y del condado ficticio en el que sucede remiten al asentamiento vikingo en América, lo cual quizás traza una línea entre ese primer acto colonizador y esos restos del hippismo que se creen emancipados. Sin embargo, en la novela apenas hay personajes racializados y los que hay (algo más gallardos y útiles para la sociedad que sus compañeros no racializados, todo hay que decirlo) son secundarios y han sido fusionados en la figura de Benicio del Toro. Sin embargo, es fácil entender por qué Paul Thomas Anderson ha decidido poner en el centro esta cuestión, que Pynchon sí exploró en su obra más ambiciosa, El arcoíris de gravedad, donde el colonialismo, la supremacía blanca y la fetichización negra son los motivos centrales.

Esta no es la única referencia al Arcoíris, tal vez porque Anderson es consciente de que, por mucho que le encantaría llevarla a la gran pantalla, se trata de una novela imposible de adaptar. Uno de los guiños más obvios es que Leonardo DiCaprio es apodado Rocket Man, como el del protagonista de la gran novela de Pynchon. Además, algunas de las escenas más icónicas de la película (como la huida por el retrete) son guiños indudables al Arcoiris y no a Vineland. Incluso el título, Una batalla tras otra, proviene (o eso me atrevo a aventurar yo) de un pasaje del Arcoíris en el que Pynchon reflexiona sobre cómo la historia humana se reduce, al final, a una sucesión de guerras, cada una repitiendo los errores de las anteriores: “No debe olvidarse que el verdadero negocio de la Guerra es comprar y vender. [...] La naturaleza masiva de la muerte en tiempos de guerra es útil en muchos sentidos. Sirve de espectáculo, equivale a maniobras de diversión de los verdaderos movimientos de la Guerra. Proporciona materia prima que será registrada por la Historia para que esta pueda ser enseñada a los niños como un encadenamiento de violencias, de una batalla tras otra”.

Esta cita, de la que tal vez ha salido el título de la película, muestra quizás la diferencia más importante entre la visión de Pynchon y la de Anderson. En la película hay una suerte de nostalgia por la revolución perdida, una melancolía por aquella energía colectiva que alguna vez desafió al sistema y que acaba dignificada en la misma película, incluso aunque el enemigo no haya cesado de vencer. En cambio, la lectura de Pynchon es crítica y hasta cruel con los revolucionarios: leyendo sus novelas, pareciera que toda revolución está destinada a ser deglutida por el sistema, convertida en un nuevo producto o en una nueva forma de control (o, en todo caso, en un cliché cultural, en una mala broma). La historia humana, sugiere, no es más que una sucesión de batallas, una tras otra, en las que los triunfadores dejan tras de sí una ristra de cadáveres y traumas irredentos.

Sara Barquinero es escritora. Su última novela se titula ‘Los Escorpiones’ (Lumen, 2024).


Babelia Núm. 1.772 Sábado 8 de noviembre de 2025