sábado, 28 de marzo de 2026

La primera y última moneda

Una imparable amenaza llegará del espacio exterior, y tan solo hay un pato capaz de vencerla


José Luis Vidal

24 de marzo 2026 


Aún recuerdo a aquel niño que comenzó leyendo tebeos: las locas peripecias de dos locos agentes de una organización secreta, las increíbles aventuras de héroes de coloridos uniformes en un universo compartido… Pero, un buen día, en su aparato de televisión apareció un anuncio que le llamó la atención.



Ficha
Marvel Disney 4. El Tío Gilito: El pato más poderoso de la Tierra.

Guion: Jason Aaron

Dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

96 págs.

11 euros

Panini Cómics


Ya conocía a aquellos personajes porque había disfrutado de sus historias tanto en el cine como en la pequeña pantalla. Un colorido mundo protagonizado por animales antropomórficos.

Y ahora llegaba a todos los quioscos los cómics protagonizados por Miki, Donald, Los jóvenes Castores, Goofy, Los Apandadores… y, cómo no, el Tío Gilito.

Durante un buen montón de años, con la paga que le daban sus padres, pudo comprar la dosis semanal de emoción y aventura. Por si esto no fuera poco, en las librerías del lugar comenzaron a aparecer diferentes manuales, en los que esos personajes nacidos de la imaginación de Walt Disney, trataban temas de lo más útil y práctico si querías parecerte y vivir en la naturaleza como el trío de sobrinos de Donald o el enmascarado Patomas.

Así pasó el tiempo, y aquel chico creció, y otras historias llenaron sus horas de lectura. Hasta ahora, en la que a sus manos llega la que puede ser considerada la GRAN aventura protagonizada por el muchimillonario pato, que dentro de su enorme casa, reconvertida en una colosal caja fuerte, guarda su incontable fortuna, esas brillantes monedas a las que gusta lanzarse y nadar, disfrutando del placer de contarlas una y otra vez.

Pero lo inesperado sucede, y en el cielo aparecen unas extrañas naves de las que desciende un auténtico ejército de robots comandado por Los Conocedores, una raza alienígena que llega al planeta para arrebatarle a sus dueños todas las obras de arte y demás objetos valiosos que encuentre sobre la faz de La Tierra.

Y hablando de valor, no podían dejar pasar el dinero, claro está. Las monedas que Gilito ha ido acumulando a lo largo de los años, y que con tanta fiereza vigila.

Justo aquí comienza una peripecia en la que conoceremos a su protagonista y las mil caras que ha tenido a los largo de la historia, y se iniciará una carrera contra reloj en la que los malvados aliens y sus robots (que por cierto, funcionan con monedas) tratan de arrebatar a Gilito toda su fortuna.

El vaquero de las tierras yermas, el capitán del Cutty Sark, el señor del castillo McPato, el rey del Klondike, el limpiabotas con más agallas de Dublín… Recorreremos los pasillos del tiempo para conocer sus vivencias y, claro está, el as en la manga que Tío Gilito posee, y que hará que la balanza se incline hacia los habitantes de Patolandia.

Al frente de esta gran aventura, uno de los mejores guionistas del panorama norteamericano, Jason Aaron, que estará acompañado por una auténtica legión de dibujantes, la mayoría venidos de Italia, entre cuyas filas podremos disfrutar del trabajo de Esad Ribic, Pete Woods, Nick Bradshaw, Mirka Andolfo, David Lafuente…


Diario de Cadiz



viernes, 27 de marzo de 2026

El Demonio Rojo Mauro Entrialgo La Cúpula


Miércoles, 20 de mayo. Al filo de la media noche. Mientras escribo esto, hay un montón de monos en las calles que se dedica a ir de un lado para otro, accionan de forma compulsiva el claxon de sus coches, gritan no sé qué consignas. Se ha preparado para mañana, dicen, un gran Desfile de la Victoria que colapsará probablemente la ciudad. Un entusiasmo suicida caldea la atmósfera (las tormentas diarias constituyen, además, telón de fondo ideal para el Apocalipsis, con su seco látigo de ozono y su arrebato de agua tibia). Cualquiera diría que hoy se ha acabado el paro, que se ha descubierto una vacuna universal, algo trascendental para la especie humana. La alegría incendiaria se debe, sin embargo, a algo relacionado con el fútbol. El motor de la Nueva Europa.

Personalmente, en días como el que se avecina, en noches como la de hoy, preferiría poder emigrar a Urano, por ejemplo, y quedarme por allí hasta que el sol se enfríe (o hasta que al imbécil arrogante subido a los hombros de la pobre, muda Cibeles, le crezca un cerebro). Ante la imposibilidad del exilio, el último refugio bien puede ser la lectura de El Demonio Rojo, otro álbum del multinstrumentista Mauro que recopila esta vez las páginas que de su célebre personaje han ido apareciendo en El Víbora durante los últimos cuatro años, además de las tiras de Jorge y Blanca que publicó El País durante el verano de 1995. La televisión apagada, las ventanas cerradas para no escuchar los aullidos (y por si los botes de humo, que esa es otra).

Y unas risas a costa de unos personajes que demasiado a menudo se comportan como gente muy cercana, como nosotros mismos. Risas cálidas, por lo tanto, de reconocimiento.

Mauro Entrialgo, uno de los historietistas más ubicuos y activos del planeta, lleva ya un buen puñado de años desarrollando su personal universo de vidas cruzadas en distintas cabeceras y formatos. Amante del disparo de precisión y la frase brillante, cultiva como pocos el gag de una página (con un pulso que a uno le recuerda un poco a la vieja escuela terrorista de Bruguera, salvando las muy considerables distancias), apoyado siempre en unos diálogos elementales, a menudo brillantes. y en la gestualidad naif de sus muñecos de trazo blando, en su talento para una suerte de caricatura amable de tipos universales.

Lo que diferencia su trabajo del de otros compañeros de viaje menos afortunados (pienso en Rabo, por ejemplo, pero también en tmeos y comictivos varios, practicantes del tiro con perdigones y sal muy gruesa) es la creación de personajes y su fidelidad a los mismos. A lo largo de los años, hemos aprendido a reconocer y apreciar las distintas personalidades de Drugos y Rafa, de Blanca y Atomo, de Tyrex, les hemos seguido en sus idas y venidas (o más bien hemos podido disfrutar de sus varias vicisitudes gracias a las distintas recopilaciones que arqueólogos como El Pregonero o TMEO han ido poniendo en la calle), los hemos hecho un poco nuestros, como hacemos nuestros a los personajes de nuestra telecomedia preferida.


(De hecho, es precisamente eso lo que Mauro va poco a poco desarrollando en sus páginas: una fragmentaria, demencial comedia de situación que algún día podremos recuperar como cuaderno de bitácora de lo que fueron las dos últimas décadas del siglo XX, una suerte de minúsculo y personalísimo ejercicio de antropología pop que no abandona en ningún momento su vocación de comedia de costumbres: su vocación, en última instancia, y eso es lo que de verdad importa, de comedia.)

Habrá quizá gente que no acabe de entender mi insistencia en la naturaleza humorística del trabajo de Mauro, porque sigue existiendo una cierta resistencia a considerar el humor algo serio (valga la paradoja). Podríamos irnos por la tangente y hablar de sus cualidades como historietista (que las tiene, y no pocas: insisto en su capacidad para la construcción del gag de una página, que es una cosa muy difícil que empezó a cultivarse allá por los albores del medio, hace ya, dicen, un siglo, y que gente como Vázquez o Coll convirtieron en nuestros viejos tebeos en un auténtico arte de equilibrios y poesía; no esta Mauro, aun, a su altura, pero es de los que mas se acercan a alguna plancha afortunada; más al primero, desde luego, que al segundo, que continúa a años luz de todos), pero es que el humor (también el de Mauro) forma una parte esencial de lo que quiero entender por cultura. Reir los chistes mínimos (afilados en ocasiones como bisturíes) de este álbum nos aísla, durante unos momentos preciosos, del ondear frenético de banderas en que este país va convirtiéndose día sí y día también.

Cuando este verano vayan llenándose las calles abrasadas de tristes imágenes de escayola paseadas en pías danzas de la lluvia, volver a las páginas premeditadamente livianas de Mauro Entrialgo tendrá el sabor picante de la disidencia. (Leer va siendo, de cualquier forma y cada vez más, un puro disentir. Reír lo fue siempre.)

(La Cúpula inicia con este libro una nueva colección bajo la cabecera genérica ; ¡Me Parto! en la que darán cabida a gente como Alvarez Rabo, König, Wolinski.. Bienvenida sea esta iniciativa de álbumes baratos que recopilan obra dispersa y por tanto difícil de recuperar, y que además reivindican la historieta humorística por sí misma, en lugar de como relleno de paginación.)

francisco naranjo

[También La Factoría acaba de publicar como primer número de su colección Piscolabis un cuadernillo titulado El efecto solomillo. que recopila materiales diversos obra de Mauro.]

U, el hijo de Urich #11 julio 1998


Todos los trabajos son para él…

El día a día en Metrópolis se le suele complicar a menudo al Hombre de Acero


José Luis Vidal

25 de marzo 2026 


En este décimo volumen de la colección dedicada a la etapa de John Byrne y Cía al frente de la colección de Superman hay un elemento narrativo común en casi todas las historias. Habitualmente, estamos acostumbrados a que el Hijo de Krypton se vea las caras con peligrosas amenazas que, o bien provienen del espacio exterior, o de las terribles maquinaciones de sus letales enemigos, aquí en nuestro planeta.


Ficha

Biblioteca Superman 10

Guion: John Byrne, VV AA

Dibujo: John Byrne, VV AA

Tapa blanda

Color

176 págs.

16 euros

Panini Cómics


Pero si a algo nos acostumbró Byrne en su redefinición del icónico personaje, fue que de lo cotidiano también se pueden extraer buenos relatos, y como os decía, dentro de este tomo hay varios ejemplos.

A lo largo de estos números, Byrne estará acompañado por otros talentos del comic-book norteamericano como Jerry Ordway, Paul Kupperberg, Ty templeton, Karl Kesel, John Beatty, Ross Andru Y George Pérez. Y junto a ellos, vamos a sumergirnos en algo tan cotidiano como disfrutar de una tarde noche en la feria.

Junto a Jimmy Olsen, Cat y su hijo, Clark recorrerá las diferentes casetas del lugar. Pero claro, el peligro siempre acecha en los lugares más inesperados, esta vez en forma de descontrolado paquidermo.

Pero esto no será nada comparado con la sesión del mentalista Milton, que segura estar poseído por un alienígena… ¿Verdad o mentira?

También la política tendrá también cabida en estas páginas, como la llegada a Metrópolis del ministro de un país árabe, Qurac, que no tiene muy buenas intenciones.

Este hecho, unido al secuestro de un portaviones norteamericano por un grupo terrorista bautizado como 'Los ángeles de Alá', hará que la situación en la urbe se torne harto complicada.

Pero tal vez, la más loca de las historias que contiene este volumen es en la que la ciudad se verá azotada por una serie de inexplicables bromas, cometidas todas ellas por nada más y nada menos que Oswald Loomis, el Bromista. Un tipo este de sonrisa perenne. Pero no os equivoquéis, ya que puede convertirse en alguien muy peligroso…

Y así, saltaremos de una historia a otra, como el misterio de un Superman que de pronto tiene el cuerpo de un robot; o el malvado plan de Lex Luthor que implica al curioso grupo formado por los Metal Men, pasando por la presencia de Silver Banshee en la ciudad, que está buscando algo…

Y así, mucho más, y mejor.

Todo esto en una etapa que ya forma parte de la historia de los cómics, y que gracias al talento de John Byrne como dibujante y guionista aportó varios granos de arena para hacer que Superman se convirtiera en el icono que es hoy en día.


Diario de Cadiz



jueves, 26 de marzo de 2026

Claus & Simon en Hollywood Santiago Arcas/Daniel Acuña La Cúpula




El título que nos ocupa supone el estreno profesional de Santiago Arcas (Cartagena, 1974) y Daniel Acuña (Aguilas, 1974), dos licenciados en Bellas Artes que actualmente residen en Barcelona. Este joven equipo artístico se dio a conocer en el fanzine murciano El Tío Saín, para cuyas páginas crearon a los protagonistas de este volumen. Con ellos ambos autores quisieron dar forma a una pareja de personajes-actores a los que situar en épocas y circunstancias diferentes, ya sean estos el Polo Norte en los albores del siglo XX o. como es el caso, el Hollywood que vio medrar el cine sonoro en detrimento de las películas mudas.

Para esta primera entrega de lo que se pretende sea una serie. Santiago ha desempeñado la función de guionista y dibujante de un storyboard que Daniel se ha encargado de plasmar en el papel. Aún por confirmar, Hernán Migoya nos ha comentado la posibilidad de publicar un especial de 52 páginas ambientado en el siglo pasado. En él se narrarían las peripecias de Claus y Simon durante una travesía marítima. Esperamos que estos proyectos se concreten y Arcuña Productions continúe ofreciendo obras de calidad pareja a la aquí comentada.

En Claus & Simon en Hollywood Arcas y Acuña recrean el esplendor, las miserias y los excesos de una época en la cual las grandes productoras cinematográficas estadounidenses hacían negocio a la vez que ofrecían espectáculos intemporales. En su empeño aportan unas dosis de añoranza, ensoñación y magia equiparables a las vertidas por Stanley Donen y Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia y que denotan una idolatría por los artífices de aquella fábrica de sueños no exenta de desmitificación.

Ofrecen un producto que, en la línea de las mejores comedias, al finalizar deja a su consumidor en un estado de agridulce meditación. En las 32 páginas de esta perla desfilan meritorias en busca de su primer papel, astros en ciernes, estrellas resplandecientes.

ajadas glorias que han visto apagarse su brillo, figurantes que nunca saldrán del anonimato, eternos actores de reparto, espiritus pragmáticos que siempre se han adaptado a las vicisitudes, seres derrotados por la realidad, figuras cuya actitud en la vida real contrasta con la imagen que de ellas se proyecta en la pantalla... En definitiva, personalidades de carne y hueso fácilmente reconocibles tras el supuesto anonimato del juego de identidades ficticias propuesto por guionista y dibujante. Todo este "reparto" se pone al servicio de un argumento que hace de la sencillez esa virtud a menudo perdida en vacuos juegos de artificio y "recita" unos diálogos fluidos, nada impostados, que colaboran a lograr la definición de cada personaje. Un guión que tan sólo muestra una mácula destacable: el comentario redundante vertido por Dalton Fassbender tras conocer el contenido de la nota del suicida.

El dibujo de Daniel Acuña no desmerece la labor de Santiago Arcas. Las planchas hacen gala de una secuenciación y elección de planos inteligentes; nos enfrentan a una planificación meditada y madura que revela reflexión y habilidad narrativa por parte de sus artífices. Dado el sistema de trabajo seguido por los miembros de Arcuña Productions, imaginamos que el mérito de la puesta en escena deben compartirlo al alimón. Por otra parte, el estilo gráfico, preciosista y sencillo, se convierte en una herramienta más de ambientación al tiempo que el trabajo de las expresiones faciales se acopla a los diálogos para caracterizar los personajes. Incluso aquellos que, como los periodistas de la primera página, mantienen una presencia tangencial pero importante para situar al lector. Esa preocupación por crear la atmósfera adecuada a la epoca retratada ya se hace evidente desde una portada deliciosa donde tipografía e ilustración se cuidan de remedar un cartel cinematográfico del momento. Claus & Simon en Hollywood: una sorpresa muy agradable.

Eduardo García Sánchez


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


El último recreo Carlos Trillo/Horacio Altuna Planeta-DeAgostini



Existen tebeos, libros, películas, pinturas, esculturas, edificios, paisajes, músicas, situaciones y personas cuya lectura, contemplación, escucha, vivencia o conocimiento quedan grabados indeleblemente en nuestra memoria; que se integran a nuestra persona; que revisitamos continuamente, aunque sólo sea con nuestra imaginación; que, en definitiva, pasan a formar parte de aquello denominado, en forma un tanto cursi y a falta de una definición mejor, "educación sentimental". En mi caso El último recreo es una de las obras que se inserta en esas coordenadas. La primera vez que leí esa historieta era un púber que trataba de librarse, a costa de no poco sufrimiento, del lastre de una educación católica férrea. Por ello no es extraño que en su última página identificara dos personas de mi edad que, tras muchas penalidades, superaban el complejo de culpa programado en sus cerebros y disfrutaban de la fruta prohibida sin ser expulsados del Paraíso. Como prueba de la marca que dejó en mi, y aún corriendo el riesgo de ser calificado como pederasta, basta saber que el físico de mi ideal femenino se aproxima al de las adolescentes que Altuna mueve en sus paginas. Curioso. Nunca he sido amigo de redactar textos que comiencen con notas autobiográficas, pero acabo de darme cuenta de que en ocasiones resulta inevitable.

Puede que mi siguiente apreciación no pase de ser una mala interpretación de la realidad fruto del pesimismo, pero creo que para algunas de las personas que lean estas líneas, a buen seguro aquellas más jóvenes, Carlos Trillo no pasará de ser el guionista de Cibersix y Horacio Altuna ese dibujante de las historietas cachondas de Playboy. Eso sin contar que, no me cabe duda, habrá quien siquiera tenga conocimiento de la existencia de estos autores. Sirvan estas las líneas como presentación de los mismos.

Trillo y Altuna pertenecen a una generación de historietistas argentinos que comenzaron su andadura profesional entre mediados de la década de los sesenta y principios de la de los setenta a la sombra de Alberto Breccia, Gillermo G. Oesterheld y Hugo Pratt y, por ello, sensibilizados respecto a las posibilidades que ofrece ese medio de expresión llamado historieta. La misma generación a la cual tanto la ausencia de mercado interno como una censura que se hacía más opresiva a medida que se sucedían los años de "proceso" militar obligaron a publicar su obra, cuando no exiliarse -como es el caso de Altuna y tantos otros- en el extranjero. Carlos TriIlo fue un periodista que se acercó a la historieta como teórico para acabar convertido en guionista con producción regular desde 1975. Su obra, vasta y diversificada, abarca géneros aparentemente tan alejados como el realismo costumbrista, la trama histórica, la ciencia ficción y el policial. Horacio Altuna, por su parte, es un autodidacta que debutó en la profesión en 1965. Hasta 1982, año en el cual fija su residencia en España, compaginó su trabajo frente al tablero con la secretaria de la Asociación de Dibujantes Argentinos y la docencia del dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires. Su talento gráfico y sus innovaciones en la planificación de la página le hicieron merecer el premio Yellow Kid al mejor dibujante otorgado en el Salón de Lucca de 1986. Ambos empezaron a colaborar en 1975, cuando crearon para el diario Clarín una tira, El Loco Chávez, que fue publicada durante doce años ininterrumpidos (y de la cual se vio una recopilación por estos pagos a Cargo de Norma Editorial, concretamente el número 13 de su colección B/N y en algún número de la revista Cimoc).


A ella le siguieron Las puertitas del Señor López, Charlie Moon y Merdichesky; series cuya calidad y éxito les abrieron las puertas del mercado europeo y que fueron publicadas en España por el malogrado Toutain, quien contrató a Altuna para Selecciones Ilustradas.

Cuando El último recreo vio la luz entre 1982 y 1983 en las páginas de la revista 1984 los tebeos de ciencia ficción se encontraban marcados, como tantas otras cosas, por la Guerra Fría. Más concretamente por el temor a una escalada bélica de proporción planetaria que arrasara con la vida tal como se conocía hasta entonces. Y esta serie de Trillo y Altuna no se substrajo a aquella tendencia. En ella se nos presenta un mundo postapocaliptico que, por una vez, no es herencia del empleo de los arsenales nucleares. sino de la acción de un ingenio muy sofisticado de destrucción selectiva bautizado como "Bomba Sexual".

El estallido de este arma bacteriologica, ideada para aniquilar a todo ser humano que hubiera alcanzado -o alcance mientras duren sus efectos en el ambiente-la madurez reproductiva, dejó como únicos supervivientes a niños y adultos esterilizados. Carlos Trillo supo aportar a este punto de partida cataclísmico, repetido hasta la saciedad en la historieta. el cine y la literatura de la época, un enfoque relativamente novedoso que le permitió exponer sus inquietudes sociales, ofrecer una radiografía de la condición humana y ofrecernos unos guiones sólidos y desencantados.

El álbum se estructura en doce historietas autoconclusivas en aparencia. Cada una de ellas desarrolla una anécdota desesperanzada que muestra la dificil adaptación de unos niños perdidos en un mundo para pero sin adultos, dominado por el caos de la lucha por la supervivencia: la progresiva perdida de inocencia de unas criaturas inmaduras abocadas a reproducir los defectos de la sociedad en cuyo seno nacieron. En sus páginas se dan cita la desorientación, el sentimiento de vulnerabilidad, la cobardía, la vanidad, la desconfianza, los celos, el desprecio, el egoísmo, la avaricia, la insolidaridad, la perdida de horizontes modelos de comportamiento, el abuso de la fuerza. la coacción al indefenso, el apego a lo superfluo... El catálogo de sentimientos y actitudes que, en definitiva, originaron la situación en que se ven inmersos. El conjunto de este anecdotario constituye un todo coherente en cuyo seno avanza una narración recorrida por el temor a crecer que caracteriza todo relato que describa la aprehensión de la realidad conocida como mundo adulto y que en La ciudad muerta adquiere sus tintes más dramáticos. La adolescencia, espada de Damocles que pende sobre los personajes de El último recreo, se erige en metáfora del temor a abandonar la comodidad de la niñez que -quien más. quien menos- todos hemos sentido: de la desorientación a la cual nos somete el encuentro con nuestra sexualidad, sobre todo si habitamos una sociedad en cuya educación el concepto de pecado carnal tiene un peso especifico considerable. Todos los grupos humanos han tenido y tienen (en el caso del Cristianismo, el conjunto de creencias que más de cerca nos toca, son la Primera Comunión y la Confirmación) ritos de paso que marcan el comienzo de la madurez. Caracterizados por simbolizar mas o menos explicitamente la muerte y resurrección del individuo, en ellos el niño da el paso al adulto, al ser completo y preparado para conocer y afrontar los secretos de la vida. A los personajes de la serie que nos ocupa se les escamotea el auxilio de estos mecanismos culturales que suavizan el transito.

Para ellos -como ocurre entre la infancia más necesitada de nuestra realidad- es traumatico, obligado por las circunstancias. Y, en el caso del despertar sexual, de consecuencias fatales.

La docena de historias que componen la obra que nos ocupa pueden dividirse en dos bloques

El primero de ellos presenta la situación de una ciudad, de cualquier ciudad, tras el holocausto.

Los ambientes urbanos opresivos claustrofóbicos. sembrados de cadáveres que pocas veces se muestran al ojo del lector pero cuya presencia se intuye, muestran un deterioro y un abandono que aumentan al ritmo de la mengua de alimentos y esperanza. A los juegos sin cortapisas de padres, maestros o autoridades les sucede la rapma. A renglón seguido ésta es substituida por conatos de organización improductivos, guiados no por la ley de la razón sino por la de la coacción. De forma paralela se presentan los rostros que poco a poco cobran el protagonismo de la serie, un puñado de críos unidos por la necesidad y la marginación por parte del resto.

Cartas de los mayores, constituye un punto de inflexión en esta parte urbana y es, junto a Cosas que quedan en el camino, una de las historietas que mejor evidencia lo que de viaje iniciático tiene la serie. En la primera Rana y Fino, junto a una muchacha sin nombre, terminan de abrir sus ojos a las sombras del estado adulto a la vez que comprenden que su única posibilidad pasa por salir de una ciudad que ya no puede satisfacer sus necesidades primarias. En la segunda los miembros del grupo que se forma en torno a ambos chicos, conforme dejan atrás el asfalto, deben afrontar la renuncia a aquello por lo que sienten mas apego, a objetos alrededor de los cuales habian girado sus vidas hasta entonces pero que obstaculizarían su supervivencia. El hecho de que se trate de juguetes enfatiza el simbolismo de su marcha: el abandono de la urbe es el comienzo del fin de su infancia.



El segundo bloque se adentra en espacios abiertos, en un mundo rural que no deja de ser claustrofóbico. Quienes huyen de la ciudad han de encontrar un lugar donde establecerse y, para ello salvar las mismas dificultades de las que pretendían evadirse. En el campo continua una lucha por la supervivencia mas ardua día a día, atenazada por la inseguridad de que los efectos de la "Bomba Sexual" hayan prescrito. El desarrollo hormonal sigue su curso y todo esfuerzo puede ser vano. Las pequeñas comunidades agrarias se consolidan, los cielos se despejan tímidamente y dejan paso libre a un tenue rayo de optimismo. La comprensión mutua abre un resquicio a la esperanza simbolizada en la cópula interracial de la ultima página, en el deseo de poder crecer en paz formulado por Rana. Sin embargo. el temor expresado en sus ojos aleja del ridículo a este final apologético del beatum ille, del imposible retorno a la naturaleza. Por ellos sabemos que se ha completado el viaje de iniciación de su poseedor.

Por fin ha comprendido que el ser humano no puede substraerse a su idiosincracia, a sus sombras Y luces: que este aparente nuevo principio no es mas que el prologo de un eterno retorno. La mirada que Altuna tan bien sabe plasmar sobre el papel redime en parte una historia que argumentalmente podría haber soportado muy mal el paso del tiempo.

Cuesta imaginar un dibujante más apropiado para El último recreo que Horacio Altuna. Cuando acometió su realización llevaba siete años colaborando con Carlos Trillo y existía un grado alto de compenetración entre ellos. El resultado es, probablemente, el mejor trabajo de ambos hasta la fecha. Con un estilo definido y reconocible. el historietista argentino ofreció en esta serie una planificación muy meditada, una puesta en pagina ejecutada con sencillez engañosa que recogía todo el saber acumulado en casi veinte anos de practica de la profesión y profundizaba en hallazgos ya presentes en Charlie Moon y Merdichesky. El sentido de la narración gráfica del que hace gala le permite marcar el ritmo de lectura, ora ralentizandola, ora acelerándola, ora haciendo uso del silencio. Cada plano, cada detalle. cada iluminación, cada mirada se alera del erecusino vacuo para ponerse al servicio del relato y contribuir a crear la atmósfera precisa que recree la desesperanza y el pesimismo que tiñen los guiones de Trillo. En los escenarios expresionistas en negro y blanco que nos hace creer reales inserta la figura humana: unos personajes caracterizados a la perfección y dotados de la expresividad corporal y facial precisas para llevar a buen puerto su empresa. Pocas veces se ha visto en un tebeo que no tuviera la firma de Carlos Giménez un retrato tan fiel de la mirada infantil: menos aun unos cuerpos y rostros que con tal economía de trazo, mas bien precisamente gracias a ella, transmitan tantas sensaciones. Sus preadolescentes. sean masculinos o femeninos, sugieren con sutileza la mixtura de sensualidad e inocencia propia de una sexualidad emergente, que intuimos a flor de piel aunque casi nunca se explicite.

!Cuánto podrían aprender de estas páginas algunos dibujantes que, dentro y fuera de nuestras fronteras, se empeñan en hacernos creer que sus figuras hipertrofiadas y de encantos sexuales nada implícitos representan puberes!

Tragaperras, aparecida en las paginas de Zona 84, y la continuación de El Loco Chavez, serie finalizada en 1988, han sido los últimos trabajos de Altuna junto a Trillo. Con Ficcionario iniciaría una carrera como autor completo dominada por un uso brillante del color y caracterizada por una temática de ciencia-ficción con leves tintes sociales que, si bien nunca alcanzo la frescura de El último recreo, se vio truncada por el desplome generalizado que la Industria de la historieta viene sufriendo desde finales de los ochenta. Su facilidad para representar la voluptuosidad femenina le abrió las puertas de la revista Playboy; en cuyas páginas realiza una labor alimenticia que no siempre da idea cabal de sus capacidades como historietista.

Ante una recopilación de las mismas un amigo sentenciaba que "Altuna siempre dibuja todas las mujeres igual" a lo que otro replicó (y perdonad comentario tan machista): "si, pero... ¡Ojalá todas las mujeres fueran igual a las de Altuna!"

La reedición de El último recreo que Planeta-De Agostini nos ha ofrecido con motivo del último Salón del Comic de Barcelona resulta ejemplar. En primer lugar porque facilita el encuentro (que dudo llegue a producirse realmente) de los lectores más jóvenes con una obra que a buen seguro no conocían, alejada de las coordenadas actuales de la historieta española, dividida -como bien afirma Pepe Gálvez desde las solapas del libro- entre el elitismo minoritario y la mimesis de modelos agotados. En segundo término por el cariño y cuidado manifiestos en una labor editorial tan sólo lastrada por ofrecer como ilustración de portada una viñeta ampliada y coloreada con acierto por Jaime Martín. No sabemos los motivos de la ausencia de una producción ex-profeso realizada por Altuna, pero hubiera sido la guinda a tan apetitoso pastel.

Eduardo García Sánchez


U, el hijo de Urich #11 julio 1998



miércoles, 25 de marzo de 2026

Hermann dejó de dibujar

Hermann Huppen

 He leído que Hermann Huppen ha fallecido. Para alguien nacido en 1938, y bueno, el fallecimiento entra dentro de una posibilidad mayor que en otras personas más jovenes. Pero aún así me ha sorprendido mucho. Más que nada porque seguía trabajando, trabajando dibujando comics, no con regularidad, sino a un ritmo endiablado. Se que realizaba la entrega anual de la serie Jeremiah (42 álbumes), tenía Brigantius (2 álbumes), y otro de esos trabajos independientes que realizaba de título "Cartagena".

En su página web se puede encontrar la despedida que ha hecho por todo lo alto, a pesar de estar enfermo de cáncer. Un hombre con una bibliografía espectacular. Con una lista de obras de un trabajo y un esfuerzo casi sobrehumano.

Leí en los 80 los primeros números de la serie Jeremiah y el impacto fue brutal. Prácticamente crecías a la par de Jeremiah en un mundo post-apocalíptico, aunque para mi el autentico fetiche de la obra era el personaje de Kurdy Malloy y Esra. 





Con el tiempo pude conocer otras obras del autor: Bernard Prince, Comanche, Yugurta, y finalmente Las torres de Bois-Maury, Historia medieval en cómic, historia en mayúsculas y digna de formar parte del material para los estudiantes, aprenderían algo. Aparte de otras historias, sin ser series fijas, pero siempre intentando contar algo importante o al menos nada complaciente, como Sarajevo/Tango, Caatinga o Luna de guerra, y muchas más.




En fin. El tiempo pasa inexorable y nuevos autores sustituirán a los anteriores. Eso sí, tenemos su trabajo para recordarlo siempre.







Vittorio Giardino scratchbook Eva Miranda (II)