domingo, 15 de marzo de 2026

Las mil noches del Murciélago

Entre los rascacielos y torres de Gotham, una veloz sombra se mueve, luchando incansable contra el crimen


José Luis Vidal

14 de marzo 2026 


Paraos a pensarlo por un momento. Un millonario se disfraza de murciélago para perseguir y enfrentarse a una legión de chiflados bastante peligrosos: Un payaso desquiciado, un orondo tipo que piensa que es un pingüino, otro que adopta la apariencia de un espantapájaros… Y así la lista nos lleva a una galería de freaks, todo ellos muy letales, que suelen hacerle la vida bastante imposible, ya no solo a los gothamitas, sino también al enmascarado vigilante.


Ficha

DC Edición Facsímil Limited Collector´s Edition C-59: Los casos más extraños de Batman

Guion y Dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

80 Págs.

15 euros

Panini Cómics


Hasta ahora, ¿os ha parecido lo suficientemente extraña toda la situación? Pues para nada, porque entre los miles de páginas de cómic en las que Batman ha sido el protagonista, existen un buen puñado de ellas en las que el Caballero oscuro se verá inmerso en relatos en los que lo bizarro, lo inesperado e inusual se dan la mano…

Y es que hasta el más aplicado de los héroes tiene un límite, y en este caso el físico, los reflejos de Batman comienzan a verse perjudicados por el cansancio. Así que el único aliado que tiene en el Cuerpo de Policía de Gotham le recomienda que se tome unas merecidas vacaciones en la lejana Irlanda.

Justo ahí, Bruce Wayne se encontrará en un crucero en el que su camino va a cruzarse con el de un chavalín, cuyo destino es una pequeña isla, Kennamora, donde van a empezar a suceder hechos de lo más insólitos.

¿Hay algo más extraño que un tipo verde, de apariencia monstruosa, se pasee por la ciudad? Pues claro, ya que se trata de la Cosa del Pantano, que llega a Gotham en busca de una pareja muy importante para él, Abby Arcane y su pareja Mathew Cable, que han sido secuestrados por el cruel líder de un culto.

¿Adivináis quién se va a ver metido en la historia?

Dentro de su labor filantrópica, Bruce Wayne se hace cargo de algunos chavales a los que lleva al bosque para compartir unos momentos de tranquilidad en medio de la naturaleza. Y así lo encontraremos con tres niños a los que les sobra es imaginación, ya que cada uno tiene su propia versión de cómo es el verdadero Hombre Murciélago.

Lo que ellos no sabes es que este sombrío ser está más cerca de ellos de lo que piensan…

La llamada de auxilio de la sobria del fiel Alfred hará que Batman se traslade hasta un oscuro castillo, donde las cosas se van a poner verdaderamente peligrosas.

Y como colofón a estas peripecias que se salen de lo habitual, el protagonista se topará con un grupo de fenómenos de circo, un asesinato y el camino hasta averiguar el por qué de esta muerte y quién es el inesperado culpable.

No solo los originales argumentos de estos relatos os mantendrán pegados a sus páginas de gran formato, sino que disfrutaremos del arte y buen hacer de un grupo de talentos como Denny o´Neil, Neal Adams, Len Wein, Berni Wrightson, Frank Robbins, Dick Giordano y Irv Novick.

¡Casi nada, menudo grupo de grandes nombres de la viñeta norteamericana!

Diario de Cadiz


sábado, 14 de marzo de 2026

Bone Jeff Smith Dude Comics

No está claro por dónde habría que comenzar la presente reseña, si por el tebeo mismo o por su trascendencia como buque enseña de una nueva editorial que, parece, apuesta fuerte y con dosis de riesgo más que considerables (especialmente si tenemos en cuenta lo volátil del actual mercado español). Pero claro, del tebeo se ha hablado ya largo y tendido en prácticamente todos los papeles del medio: nada menos que Bone, la cabecera mágica del afortunado Jeff Smith, la cara más amable de la historieta independiente yanqui (a pesar de algún flirteo con Image y hasta con Disney), el retorno triunfal de la aventura fantástica y el más tradicional cartoon al paisaje de papel norteamericano. No debe quedar nadie sobre la superficie del planeta que no haya oído hablar del autor o de su creación.

Ahora, además, los lectores de nuestro país podrán comprobar de primera mano las bondades del fenómeno Bone (con la ventaja de que podrán disfrutarlo todos los meses: en los USA viene saliendo, retrasos aparte, cada sesenta días, una cadencia que no favorece en absoluto su lectura).


El primer número de Bone se puso a la venta en EEUU en julio de 1991, pasando desapercibido para casi todo el mundo. Sin embargo, un puñado de excelentes reseñas en la prensa especializada y el apoyo público de Dave Sim, que incluso publicó algunas páginas en un número de su Cerebus, contribuyeron a un progresivo aumento de ventas que llegó a ser ligeramente escandaloso a la altura del número 6. Lo demás es ya historia (tomos recopilatorios, aplauso unánime de público y crítica, una corta temporada bajo el palio protector de Image...). ¿Pero, qué es Bone, en definitiva? ¿A qué viene tanto ruido, tanto entusiasmo, tantísimo éxito? Básicamente, se trata de un tebeo de aventuras fantásticas, una especie de relectura de los temas (y los decorados) de El Señor de los Anillos en clave de comedia que hubiera sustituido a los pacíficos hobbits por unos hiperactivos muñequitos directamente desgajados de un homenaje a Walt Kelly. Los tres protagonistas (Fone Bone, Phoney Bone y Smiley Bone) han sido exiliados de su aldea (Boneville) poco menos que a ladrillazos, debido a los constantes manejos turbios del desvergonzado y corrupto Phoney.

En su huida llegan al Valle, donde conocen a la hermosa Thorn y a su abuela Ben, al tabernero Lucius y a un buen puñado de secundarios más. Se encuentran también con las estúpidas Rat Creatures (cuando escribo esto aún no sé cómo van a traducir tan sonoro apelativo) y su cacique Kingdok, que vienen a ser los malos. (También hay, no me olvido, un dragón bondadoso y alguna oscura figura oculta en las sombras más siniestras.) La historia comienza en un registro decididamente humorístico, pero conforme la acción avance y la trama vaya complicándose, comprobaremos que los tonos oscuros van teniendo más peso. No obstante, la comedia (verbal y física) no dejará en ningún momento de ser una de las constantes del tebeo, alcanzando cotas casi de delirio en momentos memorables como la célebre Carrera de Vacas de los números 9 y 10.

Como dato curioso, no está de más aclarar que Jeff Smith ya intentó narrar esta historia en sus tiempos de universitario. Coneretamente, hacia 1982 comenzó a publicar una tira diaria en el periódico Lantern, que editaba la Ohio State University. La serie se tituló Thorn, y si bien venía a desarrollar el mismo argumento básico, la inexperiencia de su joven autor y las características del formato hicieron que se centrase en los aspectos mas humoristicos. Desde entonces, Smith ha aprendido mucho (un aprendizaje al que no es ajeno su paso por el mundo de la animación, desde luego) y se ha convertido en uno de los autores más eficaces a la hora de manipular todos los recursos del medio en beneficio de la narración eficaz. La secuencia medida, la acción cronometrada y la ingeniería rítmica de cada una de sus páginas están entre lo más granado que hoy podemos encontrar sobre papel blanco. La lentitud con que los acontecimientos se van desarrollando, amén de la cadencia bimestral del tebeo, hacen de su lectura fragmentaria una experiencia casi frustrante por lo insustancial. Un repaso a los números atrasados, sin embargo, confirma la condición de gran narrador del creador de Bone.

(Como ya hemos apuntado antes, la edición de Dude se verá beneficiada por su periodicidad mensual. Buena noticia para los lectores, que podrán seguir la aventura a un ritmo razonable.)

En cuanto a la faceta gráfica, poco hay que no se haya dicho ya.

Respetuoso con sus mayores, influido por gente tan dispar e importante como Kelly, Barks o Al Capp, el clasicismo de su puesta en página y la fluidez de sus personajes se va asentando con cada nuevo número (a pesar de algún altibajo ocasional). A partir de número 2 empezará a entintar con pincel, logrando un trazo mucho más orgánico. Por otra parte, el diseño de algunos de sus personajes es, como poco, peculiar (el dragón o Kingdok, por poner un par de ejemplos muy obvios). En absoluto atractivo, pero sí muy característico.


Un tebeo excelente, de los que poca gente hace ya (algún día hablaremos del Castle Waiting de Linda Medley, otro buen tebeo con el que Bone tiene mucho en común). En cuanto a lo que pueda suponer su publicación como buque enseña de Dude Comics, poco hay que decir (excepto expresar, por supuesto, mis mejores deseos para la nueva editorial). La edición es irreprochable (aunque agradecería un papel más opaco), con una traducción razonable, una rotulación respetuosa y un precio bastante presentable. Por otra parte, Bone no es un título mal elegido de cara a unas ventas sustanciosas, pero no estaría de más publicitarlo un poco. No todo el mundo lo conoce de antemano (no todo el mundo lee fanzines, ni mucho menos publicaciones extranjeras), y seguramente hay un público numeroso que está deseando que le vendan algo así.

Sólo tienen que enterarse de que ya pueden comprarlo.

francisco naranjo


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


Peripecias en familia

Un numeroso y talentoso grupo de autores homenajea a este cuarteto tan peculiar


José Luis Vidal

13 de marzo 2026


Entre ellos ya existían lazos de amistad y amor antes de subir a aquel cohete que los llevaría al espacio exterior, donde los rayos cósmicos los atravesaron, transformándolos para siempre. Haciendo que sus vidas como exploradores de lo desconocido y científicos tomara otro rumbo, y se convirtieran en rostros adorados por los habitantes de New York, ya que en más de una ocasión iban a salvarlos de temibles amenazas.


Ficha

Marvel Treasury Edition. Los 4 Fantásticos Fanfare.

Guion y dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

136 págs.

25 euros

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Panini Cómics


Sus nombres son Sue, Reed, Johnny y Ben, y a lo largo de su ya larga trayectoria han pasado por todo tipo de situaciones. Momentos extremos en los que ese fuerte sentimiento que los une ha conseguido que pudieran escapar del peligro, situaciones ideadas por esos villanos que siempre vuelven a cruzarse en su camino.

Pues bien, en esta ocasión la celebración es doble, ya que también se homenajea a una cabecera que podemos considerar ya casi mítica, Marvel Fanfare, tras la cual hemos podido disfrutar de infinidad de historias protagonizadas por todo el Panteón Marvel.

Por eso, se han reunido un buen puñado de grandes nombres del comic-book norteamericano. Y todos y cada uno de ellos y ellas van a poner lo mejor que tienen, su inmenso talento para narrar historias, peripecias protagonizadas por Los 4 Fantásticos.

Una característica única de este grupo de héroes es su condición familiar, por los que en esos momentos de descanso entre aventura y aventura, vamos a verlos en sus facetas más 'normales', por decirlo de alguna manera.

Y uno de ellos es la capacidad bromista que Johnny Storm posee, siendo su diana siempre el grandullón pétreo Ben Grimm, al que provocará hasta el infinito para enfadarlo y que incumpla la condena de un juez.

Pero Johnny, además de su condición flamígera, también saca del peligro a sus amigos, como en esa ocasión en la que se vieron atacados por una legión de robots ocultos bajo tierra dentro de un artilugio alienígena.

Presumido como pocos, el más joven del cuarteto llegará hasta a presentarse a un reality show donde derretirá el corazón de las chicas, sin sospechar que un conocido villano le ha preparado una trampa.

La capacidad como inventor de Reed Richards es prácticamente infinita, como en esa ocasión en la que se ven sumergidos en una auténtica película de terror o la obsesión por un suceso que acontecerá en un futuro próximo, tal vez un peligro que acecha…

Y así, relato a relato, doce historias que vienen firmadas por grandes nombres de la viñeta como Mark Waid, Ramón Rosanas, Alan Davis, Andrew Wheeler, Sara Pichelli, Jonathan Hickman, Dustin Weaver, John Tyler Christopher, Andrew McIntosh, Mark Buckingham, Dan Slott, Marcos Martín, Tom DeFalco, Ron Frenz, Chip Zdarsky, Mike Allred, J. Michael Straczynski, CAFU, Greg Weisman, Mark Bagley, Daniel Warren Johnson y Tyrell Cannon.

Un grupo este del que seguro que los míticos padres y creadores del cuarteto, Stan Lee y Jack Kirby, estarían muy, muy orgullosos.

¿Estáis preparados para este alucinante periplo? ¡Pues sujetaos los cinturones, porque despegamos!


Diario de Cadiz


viernes, 13 de marzo de 2026

Amalia Avia, en su mundo


IDA Y VUELTA

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 

  

La cuestión está en encontrar un mundo, descubrirlo, irlo inventando poco a poco, decide dentro, Como quien se queda a vivir decide el principio en la casa que está construyendo. Que sea un mundo visual, escrito, sonoro, no es lo más importante. Lo que importa es que sea verdadero y reconocible, no porque busque satisfacer la expectativa de un cierto público. Sino porque también es irremediable, porque quien lo ha inventado y lo cultiva y le va añadiendo pormenores y derivaciones con el tiempo no puede hacer otra cosa, ya que ese mundo es la emanación, hasta la sustancia misma de su identidad mis secreta. Es lo más propio que uno tiene y sin embargo no es algo elegido, ni planeado. Es un tesoro que muchas veces no se sabe ni que se posee, de tan visceralmente que forma parte de uno mismo. Nadie elige su voz: tan solo puede educarla. Nadie elige tampoco su mirada. Pero a veces pasa mucho tiempo entre el hallazgo de la vocación y el descubrimiento de su mejor forma posible, de los materiales que se corresponden con ella, y también puede suceder que ese descubrimiento no llegue nunca, por falta de un azar benéfico, O por culpa de un entorno que esterilice las mejores facultades. Hay quien tiene un mundo poderoso y exclusivamente suyo y acaba aprisionado en él, víctima de su propio amaneramiento. Eso no le paso nunca a Onetti, a Giorgio Morandi, a Thelonious Monk, exploradores inagotables de territorios muy confinados en sí mismos: pero me parece que le ha pasado, por ejemplo, a Patrick Modiano.


El mundo propio se lo va hacienda alguien contra viento y marea. La única forma de ser original, dice Stendhal, es ser uno mismo. Un uno mismo obstinado, pero a la vez humilde, y observador, porque el narcisismo no ve con amor ni atención nada que esté fuera de él, y por lo tanto no recibe el alimento de lo real y el temblor de la emoción, que son la savia vigorosa del arte, "la emoción de las cosas", en las palabras de Antonio Machado. El que vive en su mundo va a lo suyo, a su tares, a su oficio, y le importa tanto y le ocupa tanto tiempo que no se entera de por dónde soplan en cada temporada los vientos de la ortodoxia o de la moda, que en las artes vienen a ser más o menos lo mismo.

En uno de esos espacios elocuentes de Madrid que concibió el arquitecto Antonio Palacios se puede transitar ahora por el mundo de Amalia Avia, en una exposición que tiene una doble cualidad de amplitud y de intimismo. Decide que era muy joven, Casi desprendiéndose todavía de las torpezas de aprendiz -y aprendiendo a sacar jugo a las propias limitaciones-, Amalia Avia estaba ya dando forma, tonalidad, atmósfera, a un mundo que iba a ser solo suyo, y en el que iba a habitar, delimitándolo





El Japon en Los Angeles, 1995. Jesús MADRINAN (AMALIA AVIA, VEGAP, MADRID 2022)


y expandiéndolo, durante el resto de su vida de pintora. Hay una simplificación de las figures y los volúmenes, Una renuncia a los colores vivas y a las prolijidades del virtuosismo. En los cuadros de fiestas y procesiones de pueblo se advierte Una sombra de las celebraciones lúgubres de Gutiérrez-Solana. Pero en vez de tremendismo documental, lo que hay en esos cuadros es una melancolía anticipada, Una sugestión de lejanía y recuerdo. En De puertas adentro, el libro de memorias de Amalia Avia, los pasajes tal vez mis poderosos son los de la infancia, la arcadia familiar traspasada por la desgracia de la Guerra Civil, el padre asesinado, los años de silencio y pobreza, aunque también de descubrimiento sensorial del mundo.

    

La voz serena y cordial de las memorias cobra forma visible en los cuadros: el empeño y la dificultad del aprendizaje de la pintura en los talleres más bien artesanales del Madrid de posguerra, el gradual ir asomándose de la artista muy joven a las amplitudes de la ciudad y al mundo restringido pero estimulante de los otros pintores, Casi todos tan en ciernes como ella misma, Casi todos varones, en los que observa una suficiencia, un aplomo arrogante que a ella le falta, y del que no tarda mucho en darse cuenta de que es infundado. Ahora pinto la ciudad, los partidos de futbol en descampados en las mañanas de domingo, la gente que espera un autobús, los que suben numerosos y cabizbajos las escaleras del metro, los que contemplan como en un extraño ejercicio de observación mutua a los personajes empelucados de la familia de Carlos IV en el Prado, O los que van pensando en sus cosas por la calle, en un tiempo siempre de nublado invernal, figuras solitarias en un ensimismamiento como de Edward Hopper, un Hopper de las tabernas y las aceras de Madrid. Amalia Avia era Una pintora figurativa en un mundo de hombres. Pero incluso en el grupo de artistas, pintores y escultores en el que se la incluía bajo la etiqueta del realismo tampoco cuadraba La meticulosa fidelidad a lo visible, el virtuosismo técnico de Antonio López o de Julio López Hernández no tenían mucho que ver con ella. Sus cuadros de paisajes urbanos y de interiores domésticos se fueron despoblando con los días, de modo que parecía que pintaba zaguanes o comedores recién abandonados por fantasmas, y su forma de pintar se hizo menos ilusionista, más cercana a lo táctil, a la forma y a la materia misma de las cosas que representaba. El óleo espeso y sombrío sobre tabla a lo que más se parecía era a esas superficies de los postigos de madera castigada de las tiendas y los talleres en quiebra que pintaba: lo áspero, lo descolorido por la intemperie, lo cuarteado por el tiempo, lo arañado por garabatos y monigotes que nos recuerdan las fotos en primer plano que hacia Brassaï de los grafitis de las paredes pobres de Paris.

La primera vez que vivi en Madrid fue en el invierno franquista de 1974. Recuerdo esas tiendas cerradas, esos muros gangrenados de humedad y oscurecidos por el hollín del tráfico, esos cielos tan grises como los edificios y como los uniformes y las furgonetas de la policía. Ahora sé que también habitaba sin saberlo el mundo de Amalia Avia.



  El Pais, Babelia nº 1.611, sábado 8 Octubre 2022             


         

                                                         


La parejita Manel Fontdevila El Jueves


Dos años después de ser premiada por su guión en el Saló y tres después de su estreno en las páginas de El Jueves, La Parejita (inicialmente, La Parejita, S.A.), serie creada por Manel Fontdevila, obtiene su primera (esperemos que no única) recopilación en libro.

Surgida en un momento en que los fallecimientos y los retiros anticipados habían mermado notablemente la calidad de la publicación (problema que aún hoy persiste), la serie de Fontdevila destacó inmediatamente por su fuerza cómica. La Parejita son Mauricio y Emilia, personajes que ya protagonizaban otra serie de Fontdevila, Emilia-o, que aparecía en las páginas de Puta Mili y que giraba en torno a la peregrina premisa del alistamiento de Emilia (haciéndose pasar por "Emilio") para evitar separarse de su amado Mauricio. Este precario concepto de serie daba para bien poco y Fontdevila lo perpetuó como buenamente pudo (no muy buenamente) durante lo que duró la publicación.

Para la revista madre, en cambio, Fontdevila, a pesar de recurrir a los mismos personajes, jugó con la ventaja de un punto de arranque mucho menos constreñido (podemos imaginar que en Puta Mili el concepto le fue impuesto y que en El Jueves gozó de libertad de elección): se trata de hacer crónica de los avatares de Mauricio y Emilia desde el momento en que (solventado el trámite militar) deciden vivir juntos (decisión a la que llegan cuando se dan cuenta de que, entre otras cosas, ya no se esconden para tirarse pedos). O sea, realizar el retrato irónico de unos personajes que, muy posiblemente, representan con bastante precisión al lector medio de la revista, en cuanto a edad, franja social, situación laboral, estado civil, etc.

Estos personajes, por cierto, distan mucho de ser individuos modélicos; al contrario más bien, el autor parece regocijarse, como buen humorista, en retratar a sus personajes por medio de sus defectos más que por sus virtudes. Nuestros héroes son perezosos (urdidores de las ideas más bastardas para eludir el bajar la basura o el fregar los platos), sarcásticos, cutres (capaces de servir pizza a sus padres en una cena de Navidad), celosos y no muy brillantes intelectualmente ("Se parte el pollo y se sazona... ¡joder! pero...¿¿antes o después de descongelarlo?!"). Además, les suele salir una vena cabroncilla y provocadora ante elementos carca-fachosos (como sus vecinos, a quienes gustan de despertar a altas horas de la noche con sonoros polvos) o modelno-snobs (como su amigo Carlitos, al cual gustan de dejar en evidencia, como cuando confunde el ruido de una batidora con la música de algún nuevísimo grupo de rock). Tras todo esto, también podemos percibir que son, en el fondo, buena gente, que se quieren mucho y tal, pero esto le interesa menos a l'ontdevila (y a nosotros; sus defectos son más divertidos).



Fontdevila ha sido capaz de hacer funcionar entrega tras entrega, chiste tras chiste (no digo que no falle nunca, sino que logra que sus dianas compensen con creces los ocasionales tiros fallidos), triunfando allí donde otros muchos (incluso Monteys) no han dado la talla: en el dificultoso formato de la plancha y con la inapelabilidad de la fecha de entrega semanal sobre su cabeza. Ha demostrado con ello poseer madera de humorista total y capacidad sobrada para sobresalir en todos los niveles. Como dibujante brillante capaz de dotar a sus personajes de una descacharrante expresividad, heredada de Vázquez, Ibáñez y algún otro maestro brugueril (ya sé que reivindica Fontdevila a otros maestros foraneos, pero estos, sin duda, fueron primero), y como guionista dotado de un agudo don de observación y de traslación de vivencias reales a la página (tras muchas de las situaciones desarrolladas en la serie parece resonar la voz de la experiencia), y de un humor arrollador en los diálogos ("¡Emilia! ¿Qué te parece si hoy... tralarín?").

Por fortuna hay en La Parejita, poco (más bien, nada) del humor kitsch (o friki, o como quieran ustedes definirlo) que practica Fontdevila en otras obras (¿más personales? ), particularmente en sus participaciones en Mr. Brain, y con el cual no comulgo en absoluto (si acaso, La Parejita entronca mas bien con Hombres-Mujeres, serie de Fontdevila aparecida en los últimos Cairo, que parece bastante olvidada -circunstancia que creo será subsanada próximamente en estas mismas páginas- y que era bastante, bastante buena). Me quedo con este Fondevila cronista del infinito e hilarante anecdotario de nuestra cotidianidad más cercana y reconocible, para el cual ha demostrado, hasta ahora, una habilidad inagotable.

J. Edén


U, el hijo de Urich #11 julio 1998


La memoria del constructor Ops/El Roto/Andrés Rábago Diputación de Sevilla


Han vuelto los buenos tiempos para los que, como yo, buscan diariamente la segunda página del suplemento local de El País y coleccionan físicamente o en la memoria las creaciones de El Roto. El motivo es que ha salido a la venta una hermosa caja exquisitamente editada por la Diputación de Sevilla, con dos volúmenes de obras relativamente recientes de ese personaje multifronte y de perfiles no muy bien conocidos, al que algunos recuerdan por sus ya lejanas colaboraciones en Hermano Lobo- para ellos es Ops-, otros, los menos, por su labor más puramente artística - para quienes aparece como Andrés Rábago- y casi todos por su labor ¿humorística? de notario siniestro de la realidad transeúnte y, lo que es más importante, de su poso inmanente, es decir, de la vida misma (El Roto).

Nos encontramos, pues, ante una excelente ocasión para enriquecer nuestro pequeño arsenal de recopilaciones del trifásico autor, en una calidad que mejora notablemente la de sus soportes habituales y que, en el caso de la obra pictórica, dando por supuesto que muchos no somos habituales de las galerías de arte, nos va a permitir a casi todos un primer acercamiento a las paletas y pinceles de Andrés Rábago.

La memoria del constructor, pórtico general de los dos volúmenes que forman la compilación, actúa ya como un poderoso aperitivo de lo que nos espera en el interior. Ambiguo como el personaje triple cuyos frutos acoge, el título sirve sin embargo para aventurar esta conclusión que extraigo a título completamente personal: Rábago-Ops-El Roto, uno y trino, trifurca su personalidad para expresar sentimientos y opiniones que a menudo tienen poco que ver entre sí, porque pertenecen a sectores distintos de la realidad, pero consigue mantener una unidad, un cierto hilo conductor que subyace en la observación de todas sus obras. Esa identidad es ciertamente difícil de expresar con palabras, y podría intentar resumirse en la idea de que planos distintos de percepción requieren códigos distintos de comunicación. En el fondo encontramos un solo cimiento, pero en la forma la diferencia es palpable. De ahí la memoria del constructor, el cuadro resumen comparativo de quien cuenta siempre lo mismo, pero con diferentes versiones y técnicas.

El primero de los volúmenes recoge la contribución de Ops a las fenecidas revistas Madriz y El Público, y datan de los años 80. A continuación encontramos algunos rotos de los años 92 a 96, aparecidos en diversas publicaciones, seguidos de una colección de óleos de Rábago, todos ellos de los noventa. El segundo volumen se debe por entero a El Roto, también noventero, aunque los recursos técnicos empleados varíen según el medio al que estuviese destinado el original. Además, para los muy academicistas, como no podía faltar en una edición seria, ambos libritos se abren con varios microensayos que nos acercan (más bien poco) a la vida, obra, modos de trabajo y pensamiento del autor.


Una cosa es segura. En todos ellos: ideogramas, viñetas macabras y composiciones al oleo, encontrará el aficionado material suficiente para el ejercicio neuronal. Los fríos jeroglíficos de Ops o esas escenas llenas de color paralizadas por Rábago en un momento eterno de un mundo interior que tal vez es mejor no conocer, cuyos títulos no siempre sirven para aproximarnos al contenido, sino que únicamente son un método convencional de identificación, una etiqueta; los macabros bocados con que El Roto se abre paso a dentelladas a través de la realidad, ese aguafuerte que corroe el óxido de la actualidad y la deja convertida en sedimento puro, en esencia, desprovista ya del oropel con que la reviste la apariencia, los agujeros de lucidez que nos permiten ver lo que de verdad se oculta tras un universo en descomposición, todos ellos nos muestran algo evanescente, que se nos escapa, que no sabemos muy bien qué es, pero que huele a filosofía y a moral, esas dos viejas disciplinas arrumbadas en algún archivo inaccesible de la memoria. En su contemplación no sabemos a qué carta quedarnos, pero sí tenemos claro que hay algo en ello que nos duele, que nos ha tocado una fibra sensible y que queremos que nos siga tocando. Ese algo debe ser el hilo conductor, el contenido organizador del que hablaba líneas arriba, la preocupación honrada e incoercible por el tema social, por los grandes asuntos individuales y colectivos, la soledad de los débiles, el futuro de la vida humana, la misma inexistencia del hombre, el afán simbólico, metafórico, alegórico, el desprecio comedido por lo comercial, que se manifiesta en el pulimento de la anécdota hasta que de ella no queda nada, un despliegue, en fin, de sana demagogia. Como ayer, como hoy mismo, como siempre, Ops- El Roto- Rábago y todos los desdoblamientos potenciales de este artista esquizoide, parecen gritarnos que frente a tanta hipocresía rampante, nos quedan aún parcelas de opinión y de creación que se mantienen hipercríticas, irreductibles, deseosas de herir directamente en el cuello de todo lo que sea susceptible de ser ridiculizado, destrozado, diseccionado, reinterpretado y, paradójicamente, inmortalizado por los trazos fuertes de quien no necesita pinceles, sino que graba directamente en nuestra sensibilidad con las aristas agudas de su inteligencia.

Eugenio Izquierdo


U, el hijo de Urich #10 mayo 1998


Si yo fuera hombre Julie Doucet Camaleón


Julie Doucet es una historietista que se dibuja a sí misma en una proporción relevante de sus historietas. También tiene una conexión más con el underground clásico, al que se remite quizá más que los otros contemporáneos de su círculo de artistas independientes norteamericanos. Se trata del dibujo, que participa, sobre todo en las historietas más antiguas, de un cierto desmadejamiento, una falta de voluntad por el acabado lustroso y profesional.

Sus orígenes provienen del mini-cómic autoeditado, circuito de bastante vigor hace unos años en Canadá, su país de origen. De ahí a su propio y " profesional" comic book en Drawn & Quarterly, a través del cual, en pocos números para bastantes anos, Doucet ha ido evolucionando y puliendo ese dibujo deslavazado, afianzando los rasgos que, finalmente, parecen constituir un estilo. Otra característica gráfica que resalta poderosamente es la obsesión por el horror vacui que le lleva, en ocasiones, a rellenar con cenefas y adornos los intersticios entre las viñetas, porque no seria razonable meter también allí personajes. Además de animar botellas, tostadoras, cafeteras y todo tipo de utensilios domésticos que acompañan a la autora/personaje a falta de gato o perro.

Lo que más le atrae, o le atraía hasta últimamente, lo que más se podrá ver de su producción en este álbum auspiciado por los chicos de Los muertos, es pasar a papel todo tipo de situaciones, con ella de prota, en las que la mente no funciona bajo los parámetros de la vigilia consciente. Es de las que tiene la costumbre de registrar lo que sueña, y la suerte de soñar cosas que se ve que el subconsciente ha elaborado, que ha trabajado. Y luego, lo pasa a historieta.

Lo que interesa es cómo te mete en un argumento onírico, aunque no sólo son sueños, la manera en que te lleva, al principio, cuando no te ha dicho aún si esto es normal o no y aquello empieza a deformarse de mala manera. Luego, muchos acaban en sangre. Incluso, exceso de sangre, en general, masculina.

En relación con las cuestiones sexuales, estos son sueños que no necesitan interpretación. Pero están bien, son bestias, las ideas se pasan, ves que la lógica se ha ido y eso es contar bien un sueño. No es tan directo, no le sale a todo el mundo y a ella le funcionan.

De todas formas, tienes la sensación de que tanta brutalidad sádico-sexual, con el desparpajo que le pone, es el sano ejercicio de despiojamiento de una persona bastante tranquila y, como muchas que conocemos, en esa franja de edad, buscándose la vida en la gran ciudad, intentando hacer algo suyo.

Porque siempre se presenta tras el salvoconducto onírico. Incluso cuando no se trata de sueños, el tono es el mismo, lo que contribuye a que funcione el absurdo, cuando hace su aparición, de forma natural.

Un punto que le falta es la arena de la historieta larga. O del continuará de Dan Clowes o Chester Brown. No parece que le interese, le apetezca o vaya a pasar, de momento, de esa fase en que las ideas surgen y pasan a la historieta virgenes, directas, breves, puntuales. Sí tiene, aparte ella misma, algún personaje recurrente, como Monkey, del que se ofrece alguna historia en este tomo, que, paradójicamente, es una gata con cuerpo de mujer. Lo de gata son la cabeza y el rabo, pero la cabeza la dibuja tan pegote que parece, en realidad, una máscara. No puedes evitar pensar que es también una forma de ella misma. Un intermedio entre lo que sería un vehículo para contar sueños y un personaje para que le pasen aventuras que, al ir como enmascarado, no importa que no vengan narradas al amparo de la lógica onírica.

Vais cogiendo la imagen, ¿no? La fuerza de esta chica radica en el empuje bruto de su subconsciente, sin mucha elaboración y estructura, ofrecido con su frescura por lo que pueda valer. Tiene una vía de conexión, desde luego, con cosas que ha hecho Crumb y las obsesiones sexuales también aparecen sinceras y desatadas, inadmisibles, seguro, para mucha mente algo cerrada. Pero le distancia de Crumb la cercanía de miras, la falta de discurso y la poca necesidad que tiene, de momento, no creo que permanezca así mucho, de estructurar por encima de un nivel o una longitud.

La línea autobiográfica también aparece entre el abanico de motivos de su producción porque, bueno, en los sueños, ya se sabe, la vida no avanza. Sin embargo, sí suele ofrecer algún episodio cotidiano de naufragio y despiste en que aparecen otros personajes que pueden ser reales. No sé si es porque es chica o por esa afición a florecerle el inconsciente que tiene, pero en éstas también aporta un punto que no dan otros autobiografistas underground, colgados, viñeta a viñeta, con el café, los discos, bajar a la esquina, la resaca. La impresión final que te deja es, en cualquier caso, incluidas mutilaciones y malos encuentros, alegre, de buen rollo un poco, como la expresión bobalicona y abierta con que dibuja su rostro, caricatura de inseguridades, deseos y miedos, siempre dispuesta a sobreponerse o a meter los problemas en un nuevo sueño.

Enrique Vela

U, el hijo de Urich #10 mayo 1998