Rudos, solitarios y algo locos. Así son los protagonistas de estos relatos
José Luis Vidal
17 de octubre 2026
Y es que vivir rodeado de la gélida blancura de unas tierras como las de Groenlandia te cambia como persona. Instalado en una pequeña edificación, sirviéndote de la comida que te proporciona la misma naturaleza y tu habilidad con el rifle. Calentándote con las pieles de los animales que se han cruzado en tu camino, y engullendo el licor tú mismo destilas, que baja por tu pecho, quemándote.
Cuentos Árticos
Autores: Jon Riel, Gwen de Bonneval, Hervé Tanquerelle
Tapa blanda
Blanco y negro
384 págs.
35 euros
Nuevo Nueve
Lo peor de todo es ir tachando días al calendario sin contar con la compañía de nadie o, en todo caso, teniendo que soportar las manías de otro hombre que, como tú, tendrá que superar la dura prueba que supone vivir en estas solitarias tierras durante largas temporadas, a la espera siempre que en el horizonte aparezca la silueta del Vesle Mari, el navío capitaneado por Olsen, y con este la posibilidad de alejarte del lugar…
Jon Riel vivió en sus propias carnes la experiencia, y plasmó en el papel las peripecias de un puñado de adustos hombres, tipos duros la mayoría, que no se achantaban tan fácilmente. Esos Cuentos Árticos que Gwen de Bonneval, junto a Hervé Tanquerelle han trasladado con tanto talento a las viñetas de un cómic que, compuesto de un puñado de relatos, nos sumerge desde su primeras páginas en estas tierras donde el invierno es prácticamente eterno, y el peligro y la muerte llaman a tu puerta día sí, día no.
Pasan las horas, los días, y la mejor manera de aguantar es valerse de la imaginación y los recuerdos, rememorando anécdotas que, frente a un vaso de aguardiente, harán que el paso del tiempo sea más soportable.
Nos encontraremos con algunas que rozan lo fantástico, tal vez adornadas por la persona que la relata. Algunas son tan increíbles que no se duda de su verosimilitud, ya que en las condiciones que han vivido estos hombres, y con los pocos medios que contaban, no me extraña que por ejemplo, la mala suerte se cebe con dos de ellos y terminen 'navegando' sobre un trozo de iceberg que se ha desprendido de una gran superficie del glaciar.
Y este solo es un pequeño ejemplo, ya que la simple presencia de un tatuador en el lugar, dará inicio a una competición para ver quién posee la mejor ilustración sobre su piel.
Por no hablar de los osos polares. En concreto uno que, extrañamente, no guardó su obligado periodo de hibernación, convirtiéndose en un letal peligro para otro de los solitarios habitantes del lugar, que sin proponérselo o desearlo, iniciará un juego del gato y el ratón con semejante bestia.
Aunque, si tuviera que elegir, me quedaría con dos de los relatos: La pequeña gran guerra que se inicia entre Lause y Silverts debido a la construcción de una letrina.
El otro, por supuesto, será el protagonizado por Emma, esa mujer con mil rostros y cuerpos, cada uno adecuado a su acompañante, y que se convertirá en una presencia, un deseo en los corazones de estos hombres, que terminarán peleando por el amor de la ubicua hembra.
Una genial y original lectura, que nos transporta a unas tierras desconocidas por la mayoría, gracias al magistral trabajo gráfico de sus autores, que dan vida a los protagonistas de estos gélidos relatos.
Diario de Cadiz
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