Sea por la razón que sea, lo cierto es que la historia de Hellblazer en nuestro país recuerda al chiste que se contaba de la democracia en tiempos de Franco: todo el mundo hablaba de ella pero nadie la había visto.
Ciertamente, resulta curioso que la colección más veterana del prestigioso entre los fans sello Vertigo, haya sido publicada en nuestro país a cuentagotas, sin ningún criterio y con inconfesa vocación de desconcertar, mientras que, por ejemplo, otra apuesta tan arriesgada a priori como las aventuras del niño gótico ese del sueño se publicaba puntualmente, del modo que se pudiera o incluso con gran derroche de medios recuérdese la edición en tapa dura, con sobrecubiertas y fotitos de Muerte: El Alto Coste de la Vida, un auténtico alarde para cualquier editorial, cuándo menos para los miserables estándares de Zinco).
Y decimos sin ningún criterio porque del guionista más representativo de Hellblazer, el que sentó las bases y convirtió a Constantine en un personaje vivo, Jamie Delano, sólo hemos visto los cuatro primeros y soberbios números de su estancia de más de tres años con el personaje. Sí publicados por Zinco, en cambio, están los Constantine de Moore, de Gaiman, de Morrison... eso, creo yo, es no tener criterio.
En su última y famélica etapa, Zinco publicó, como a estertores, los primeros números que contaban con guión de Garth Ennis, más por el éxito de Preacher que por sana intención de publicar por fin un material injustamente inédito. Y también porque era de momento el único trade paperback publicado por DC de la estancia de Ennis en el título.
Norma sigue por ese camino y ahora se descuelga con Miedo y odio, el segundo paperback de Hellblazer con guiones de Garth Ennis, ahora ya ayudado por Steve Dillon al dibujo, esto es, el mismo equipo creativo de Preacher. Convendrá avisar al lector de que entre lo anteriormente publicado por Zinco y lo que ahora nos trae Norma se han quedado inéditos la friolera de 15 números. Esto se traduce en que, por ejemplo, el climático último número de este Miedo y odio pierde gran parte de su intencionado dramatismo porque al lector se le ha hurtado todo el conocimiento previo de la historia de amor entre Constantine y Kit.
Miedo y odio se sitúa en el meridiano de la estancia de Ennis en la colección, cuando el irlandés ya había despejado todas las posibles dudas y temores que los lectores de Hellblazer pudiesen haber tenido cuando supieron que su amado Delano iba a ser sustituido por un jovencito semidesconocido y se había metido a público y crítica en el bolsillo a base de historias como Dangerous Habits o Royal Blood, que pasaban con pasmosa facilidad de la hilaridad irreverente al horror absoluto, características que con el tiempo se ha convertido en marca de la casa y que Ennis ha terminado de refinar en Preacher. Esto, según se vea, puede ser una ventaja o un inconveniente. Si el guionista está cómodo y asentado en el título hablará con voz propia y dará su verdadera medida, lo que en el caso de Ennis puede ser mucho. Por otra parte, la rendición absoluta de los lectores puede llevar al guionista a la autocomplacencia y el ombliguismo, lo que en el caso de Ennis se traduce en historias de borrachos simpáticos y anécdotas gruesas a mansalva, como por ejemplo la del cuarenta cumpleanos de Constantine, narrada en el número 63 de la colección, el primero en esta edición de Norma. La historia central, Miedo y odio, insiste en un tema que Ennis ya había tratado en Royal Blood, la conexión de la política, en el caso de Royal Blood de la mismísima familia real británica y de las altas esferas de poder político, en el caso de Miedo y odio de un partido ultraderechista, con lo sobrenatural, dando un paso más allá en el género de terror político en los cómics.
Mientras que en Royal Blood contaba con los dibujos de un fabuloso y desatado Will Simpson, extraordinariamente simbióticos con el horror furioso que allí se describía, en Miedo y odio cuenta con Steve Dillon, un estupendo dibujante, sin embargo limitado en su capacidad de describir lo horrible. Dillon es un gran narrador, Dillon puede contar historias de las que tanto gustan a Ennis, en las que los personajes se pasan horas charlando en el pub de esto y de aquello, de relaciones humanas distorsionadas o simplemente imposibles, de la necesidad imperiosa de la amistad y la lealtad, tópicos todos que está desarrollando en Preacher con innegable maestría.
Pero Dillon, ay, no es un dibujante para Hellblazer, al menos el Hellblazer del horror, de la náusea. Quizá por eso este Miedo y odio se podría describir como lo más cercano a Preacher que Ennis escribió para Hellblazer, porque de Preacher se podrán decir muchas cosas, pero una no es que sea un tebeo de terror costumbrista, como las andanzas de John Constantine.
Así pues, una vez más, como en los tiempos de Zinco, Hellblazer seguirá sufriendo la paradoja de ser una ilustre desconocida en nuestro país gracias a que lo publicado aquí sigue sin ser parte sustancial del mito de John Constantine.
gonzalo quesada
U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997












