domingo, 3 de mayo de 2026

Solo no puedo…

Separados, los protagonistas de este adictivo manga se van a enfrentar a unos enemigos implacables


José Luis Vidal

30 de abril 2026


Desde que Nozomi, Akami y Sakura separaron sus caminos, las cosas han ido de mal en peor para este inusual trío de jóvenes que, después de una traumática experiencia, volvieron a la vida con poderes sobrehumanos que han ido aumentando en potencia número tras número.



Ficha
EVOL 9

Autor: Atsushi Kaneko

Tapa blanda

Blanco y negro

272 págs.

15,95 euros

Panini Cómics


El hartazgo y algún que otro trauma del pasado harán que la principal misión del trío sea hacer llegar el fin del mundo, el apocalipsis. Pero las cosas no van a ser para nada fáciles, ya que los bautizados como 'héroes', un extraño y oscuro grupo que permanece expectante en otra dimensión, hará todo lo posible para aguar los planes de los rebeldes muchachos, aunque utilizando métodos poco ortodoxos y muy expeditivos, que los alejan de esas heroicidad de la que presumen…

Y ahora, a las puertas del desenlace de esta impactante historia, los protagonistas tendrán que enfrentarse a tres nuevos oponentes cuyos poderes son muy letales, tanto que incluso la ciudad de Hiiragi será evacuada de sus habitantes que, en la lejanía y ya a salvo momentáneamente, podrán observar el terrible combate que enfrenta a Akari, Sakura y Nozomi contra sus particulares némesis.

Lo malo es que el trío funcionaba a la perfección cuando estaban juntos, sus tres poderes combinados se convertían en un arma casi invencible. Pero ahora, solos y, sobre todo, con una Sakura que ha desaparecido dentro de la oscuridad de su propio trauma, que ha tomado forma, convirtiéndose en el terrorífico y letal Conegro, hará que la invisible balanza se incline del lado de sus oponentes.

Solo habrá una solución, una vida de escape para esta situación, y una única manera de conseguirlo. Pero como podréis suponer las cosas no van a ser fáciles para llegar a este fin, y Atsushi Kaneko, con un increíble manera de narrar, nos va introducir en un combate a vida o muerte en unas páginas en las que la acción sale de sus viñetas, golpeándonos con fuerza a los que disfrutamos de su impactante lectura. Hecho este que han convertido a este manga, EVOL, en uno de los mejores y más adictivos de los que se publican en este momento.

Una trama genial, en la que el autor mezcla a la perfección temas de hoy en día que afectan a la juventud, como son el bullying, el maltrato dentro del seno familiar o las influencia y el mal uso de las redes sociales, con un fantástico y oscuro universo donde existe la gente con letales poderes. Todo junto a un estilo narrativo con una fuerte influencia de la narrativa occidental convierten a EVOL y, por qué no decirlo, al resto de original obra de Kaneko en una de las trayectorias más originales dentro del mundo del manga actual.

¿Podrá Sakura escapar de la terrible influencia de Conegro? ¿Lograrán Nozomi y Akami librarse de sus letales némesis? ¿Ya está aquí el tan deseado fin del mundo? ¿Y quién observa, en silencio, para aparecer en el momento más inesperado?

¡Todo esto mucho más en la penúltima entrega de EVOL!


Diario de Cadiz


sábado, 2 de mayo de 2026

Capitan América Mark Waid/Ron Garney Cuatro Fantásticos Scott Lobdell/Alan Davis Iron Man Kurt Busiek/Sean Chen Los Vengadores K. Busiek/George Pérez Forum






No hay nada peor en el mundo del entretenimiento que las expectactivas incumplidas. Godzilla fue la horrible lección de las películas del pasado verano: se le había dado tanto bombo que al final se acabó volviendo contra la película y haciendo que resultase aún más decepcionante para muchos espectadores. Desgraciadamente, se puede decir lo mismo de la línea Heroes Return, cuyo primer año ya casi se ha cumplido en los Estados Unidos. Es difícil recordar lo excitantes que estas cuatro colecciones -Vengadores, Capitán América, Cuatro Fantásticos e Iron Man- parecían al principio. La excitación, sin embargo, era palpable en su momento: no sólo suponían el final del año de los Heroes Reborn de Image, sino que también anunciaban un futuro esperanzador con varios autores de gran talento al timón. Pero aunque las cuatro series empezaron con ímpetu, por distintas razones de diverso calado todas menos Vengadores han sido incapaces de mantener esa excitación.

Al hablar de la línea Heroes Return es importante considerar el contexto. El primer paso consiste en recordar cuánta oposición encontró la línea Heroes Reborn entre los lectores veteranos. Debo confesar que yo disfruté de la mayoría de los Cuatro Fantásticos de Heroes Reborn e incluso de los primeros números de Iron Man. El universo compartido WildStorm/Marvel de los números trece fue el mejor crossover entre editoriales que he visto hasta ahora; y como mínimo, fue mejor prueba de las capacidades de James Robinson para escribir superhéroes que cualquiera de los últimos números de Starman.

Sin embargo, mi entusiasmo - por limitado y concreto que fuera- era probablemente la excepción entre los lectores de mi edad. Los lectores más jóvenes destetados con Image probablemente disfrutaron un montón de la línea Heroes Reborn, pensando que ya era hora de que esos supervivientes de la Edad de Plata pasados de moda recibieran un remozado radical y se volvieran cool. Por contraste, los lectores veteranos -los de veintitantos y mayores- a menudo tenían grandes inversiones en nostalgia en los personajes y se horrorizaron con los cambios.

Quizás lo más ofensivo fuera que le quitaran Capitán América a Mark Waid y Ron Garney para dárselo a Rob Liefeld, un dibujantillo sin talento y autopromocionador que condensaba los peores aspectos de la Era Image. Con el Capi en sus manos, Liefeld dejaba de ser una molestia para convertirse en una poderosa amenaza contra los valores tradicionales del Fanboy. Daba igual que le echaran sin contemplaciones a mitad del trabajo; simplemente la decisión de Marvel de contratar a Liefeld en primer lugar suponía una clara muestra de falta de respeto hacia los lectores de base.

La linea Heroes Return suponía la oportunidad de devolver a estas cuatro colecciones su gloria original; algo que era terriblemente necesario desde hacía años. Con la excepción del Capi, estos títulos estaban a la deriva cuando Onslaught envió a los personajes al universo de bolsillo de Heroes Reborn. La parrilla de creadores era verdaderamente estelar, incluyendo estrellas como George Pérez, Alan Davis, Kurt Busiek, Mark Waid y Ron Garney. Sin embargo, parece ser que no bastaba con equipos creativos fuertes y buenos personajes.

Con una sola excepción, los cuatro títulos rápidamente han pasado de un inicio prometedor a la vulgaridad superheroica. Para colmo, el bombo dado al relanzamiento de Heroes Return sólo ha servido para acentuar aún más rápidamente el proceso de descenso a la mediocridad que tanto Reborn como el relanzamiento tendrían que haber corregido.

La serie que más claramente estaba viviendo en tiempo prestado era Cuatro Fantásticos. El único atractivo real de la colección era el dibujante Alan Davis. Davis tiene numerosos seguidores gracias a su trazo flexible y a sus juguetones ramalazos de humor nostálgico, y encajaba perfectamente en lo que antaño fue "El Mejor Tebeo del Mundo." Pero Davis firmó únicamente por tres números lo que significaba que muchos lectores empezaron estos nuevos 4F con la actitud de que cuando Davis se marchara, ellos también lo harían. El guionista Scott Lobdell era la aberración entre los guionistas de Heroes Return, ya que su trabajo en muy raras ocasiones ha alcanzado los niveles que Busiek y Waid han sabido demostrar. Lobdell se esforzó por repartir de forma equitativa el tiempo entre los miembros de su reparto, pero sus historias eran sosas y su sentido del humor excesivamente obvio. La diversión de leer los primeros números de los nuevos 4F no era comparable a la diversión de simplemente mirarlos.

Y aunque disfruté de los dibujos del sustituto de Davis, Salvador Larroca, no fue suficiente para mantenerme interesado la serie: especialmente con el siguiente cambio de personal. Lobdell fue sustituido por el legendario guionista-X Chris Claremont después de seis números, en lo que supuso un cierto karma Marvel, ya que Lobdell había sustituido a Claremont cuando lo echaron de las series-X hace anos. Pero Claremont convirtió la serie de mediocre en execrable.

En dos palabras, Claremont sobreescribe, y espantosamente. Claremont parece incapaz de confiar en que su dibujante será capaz de contar la historia visualmente, y sus intentos de sobrecompensar seudo-literariamente desembocan en una experiencia de lectura mas bien tortuosa. Asi que a pesar de que aguante tras la marcha de Davis, Cuatro Fantásticos fue la primera serie que dejé. Qué demonios, si la alternativa era esta, echaba de menos incluso los Cuatro Fantásticos de Heroes Reborn.

Como tampoco esperaba que a la larga los 4F de Heroes Return prosperasen, esto sólo supuso una leve decepción. Más frustrante fue la segunda oportunidad de Mark Waid y Ron Garney en Capitan America. Su regreso al título fue presentado como el triunfo de los desvalidos, como una clara reivindicación de sus dotes y una disculpa implícita por la forma en que fueron tratados anteriormente. Y los tres primeros números de la nueva serie fueron fantásticos. Si bien no resultaron tan poderosos como la historia de Waid y Garney la primera vez, si proporcionaron emociones y diversión haciendo un excelente uso del Capitan América como icono de virtudes patrióticas. El segundo número fue una de las historias mejor construidas que Waid ha entregado en mucho tiempo, e incluso los momentos que podían resultar más tontos fueron ejecutados hábilmente.

Sin embargo, esta segunda luna de miel no duraría. Mientras que el trabajo de Garney la primera vez había sido elegantemente minimalista, su trabajo para la Versión 2.0 empezó a parecer más anémico que despojado. Pero poco importaba, ya que fue apartado del título principal para situarlo en la secuela Captain America: Sentinel of Liberty. Su sustituto Andy Kubert (que trabajaba con Waid en Ka-Zar) es un dibujante sólido, dinámico y muy en la onda de la Marvel actual. Sin embargo, aporta una sensibilidad más pirotécnica que no consigue explotar el ángulo patriótico con tanta resonancia o sutileza como el mejor Garney. Recuerdo haberme cansado de la historia en cuatro partes de la Capimanía y sencillamente abandonar la colección cuando vi el número en el que al Capi le daban un nuevo escudo de energía. Me pareció la clase de truco seudo-tecnológico al estilo de las cosas que habían hecho los dibujantillos de Image como... pues, no sé, ¿Rob Liefeld?

En agudo contraste, la sorpresa bienvenida fue Iron Man. Nunca había sido fan del personaje, pero el énfasis de Heroes Reborn en Tony Stark, el Cabrón Capitalista, fue una variación intrigante que hizo que le prestara atención durante un tiempo. El guionista Kurt Busiek eligió la dirección contraria para Heroes Return, convirtiendo a Stark en un sabio filántropo que dispone del gran recurso de ser/poseer al Vengador Dorado. El dibujante Sean Chen no era un gran nombre, al contrario que los otros autores de Heroes Return, pero consiguió mantener el tipo gracias a su trazo limpio y un tacto fino para los aspectos tecnológicos seudo-científicos de la colección. Iron Man #1 fue el primer número más poderoso de los cuatro, con un inesperado resultado emotivo. Apropiadamente para un playboy millonario/ genio científico como Tony Stark, las historias de Busiek tenían tanto romances jet-set como problemas de alta tecnología integrados en la acción.

Dicho lo cual, dejé de seguir el título después de siete u ocho números. No por ninguna razón concreta, sino porque no veía que fuese a ningún sitio interesante. La premisa era buena y los detalles tecnológicos proporcionaban escenas de pelea por encima de la media, pero ninguna de las dos cosas bastaba para mantenerme en sintonía. No me sentía tan conectado al reparto de personajes como quería, los villanos no eran demasiado distinguibles, además, ¿cuántas veces vamos a ver a Tony Stark separado del maletín de su armadura? No me sorprendería si me dijesen que Iron Man sigue siendo una buena colección... sencillamente ya no me siento impulsado a seguir leyéndola.

La otra serie de Busiek en Heroes Return, Los Vengadores, era clarísimamente el bombazo entre todas ellas. Tenía la combinación demoledora de Busiek más el legendario George Pérez, que había dejado su sello en los Héroes Más Poderosos del Mundo hacía más de veinte años. Esta serie recorre menos territorio nuevo que ninguna de las otras... aquí están todos los giros y situaciones esperados, desde los conflictos interpersonales hasta los debates para elegir miembros y el regreso de los villanos de toda la vida-pero sigue siendo la más fresca y excitante del grupo.

En cierta manera, Busiek se muestra como un mejor artesano en Iron Man, jugando con las complejidades de un solo personaje principal. Dicho eso, en Los Vengadores simplemente tiene más elementos con los que trabajar: el reparto es más amplio pero también más atractivo -incluso Jarvis- y la escala épica de los argumentos es, sencillamente, más divertida. Vengadores ha vuelto a convertirse en una lectura divertida: la golosina visual hiperdetallada y meticulosa de Pérez sigue siendo impresionante después de tantos años (al menos, lo es para este viejo y canoso fanboy), y aún se produce cierto júbilo al ver a tantos de los principales héroes de Marvel trabajando juntos contra la Amenaza Cósmica del Mes. Aunque Busiek cae con demasiada facilidad en festivales de angustia al estilo años setenta -Iron Man intenta aconsejar a Warbird por su alcoholismo; se está desarrollando un triángulo amoroso entre la Visión, la Bruja Escarlata y un Vengador supuestamente muerto- yo diría que eso forma parte de la diversión.

Los Vengadores funcionan mejor como melodrama a lo Sturm und Drang, y eso se aplica tanto a la caracterización como a la acción. El auténtico atractivo, sin embargo, es George Pérez. Después de más de dos décadas leyendo tebeos, aún no me he cansado de mirar el trabajo de Pérez; su atención al detalle y las superficies podría resultarle excesivamente refinada a algunos, pero yo sigo admirándome de sus habilidades. Su carencia de profundidad es compensada por su generosidad con los lectores, su voluntad de hacer que el esfuerzo de fijarse cuidadosamente en los fondos y en las caras y gestos de los personajes sea recompensado ampliamente. También ha sido muy astuto en la elección de sus colaboradores. Sus proyectos más importantes han sido siempre con guionistas con un fuerte gusto por la caracterización, y Busiek no es la excepción. Este énfasis siempre ha ido en beneficio de Pérez, ya que equilibra hábilmente páginas detalladísimas de superequipos en acción grandiosa con momentos mas tranquilos de introspección e interacción personal. Ambas clases de escenas resultan perfectamente naturales en manos de Pérez, lo cual explica por qué sigue siendo un fan favorite después de tantos años. El resultado final es que Vengadores sigue siendo una alegría todos los meses.

Pero Vengadores es la excepción, no la regla. Así que sigue los cuatro títulos de Heroes Return al principio, pero sin ponerte demasiado cómodo. Dos relanzamientos en dos años demuestran que Marvel valora más la promoción y el bombo que la producción de comics consistentes y de alta calidad para sus lectores. Ejercer con los comics de Heroes Return una opción de lectura inteligente -es decir, sabiendo cuándo dejarlo si una serie empieza a declinar (y lo hacen rápidamente, por cierto)- puede ser la mejor manera de enviarle a Marvel un mensaje al respecto de esa mentalidad basada en trucos publicitarios. Vale, vale, ya sé que no servirá de nada: el relanzamiento de Spider-Man es otro desastre que empieza a asomar la cabeza y que hará que aún más lectores crédulos se detengan a ver qué pasa. Pero lo menos que puedes hacer es ahorrarte algún tiempo y dinero extra para dedicarlo a comics que merezcan la pena.

Ray Mescallado


U, el hijo de Urich #13 noviembre 1998


La nueva glaciación

Escrito por Álvaro Pons  8 abril, 2026



Hace ya casi una década, en el periódico El País, se publicaba un panorama de la situación del tebeo patrio que generó no poca controversia por su título: “la edad de oro del cómic español”, decía, y se recibió con alegría y estupor a partes iguales, y aunque se consideró en general exagerado, cierto es que muy pocos pasaron del titular para descubrir en el texto que se hablaba de una edad de oro para los lectores y una edad de hielo para la autoría, resaltando el abismo de diferencia que existía entonces entre una calidad creativa auténticamente explosiva en su brillantez y la precaria situación que vivían aquellos y aquellas que querían vivir de las viñetas.

Hoy, por desgracia, el calentamiento global no ha llegado a esa gélida glaciación que viven los autores y autoras de nuestro país, y lo máximo que se ha conseguido es certificar esa dolencia ya como patológica a partir de los pocos datos interesantes que aporta la oportunidad perdida que fue el Libro Blanco del Cómic Español publicado hace un par de años. Síntoma evidente de una industria enferma, pero de la que no se sabe mucho más: la falta de datos reales de facturación, ventas o tiradas no permite pasar de una capa superficial de análisis de la que es poco posible obtener conclusiones. De hecho, los pocos datos que se saben suelen venir de la mano de escándalos con alguna editorial que, según parece por las denuncias que llegan a la prensa, se ensañan con ese eslabón de debilidad extrema que es la autoría.

Los escasísimos datos objetivos de esta industria, los que proporciona el Informe Tebeosfera, hablan de un mercado asentado en una locura publicadora que tímidamente va a menos, pero sigue por encima de 4500 ediciones  mensuales cada vez más dominadas por el manga y con una presencia de autoría patria estancada alrededor de un 25% en el que hay mucha presencia de obra indirecta, publicada primero en otros países antes de llegar a España como parte de franquicias superheroicas o traducciones.

Y eso que, supuestamente, la presencia de España como país invitado de nuevo en el festival de Angoulême parecía abrir el año con cierta ilusión. Pero el festival galo ya no era el de aquél 2012 donde nuestro país fue también protagonista, y pese al intento, la ya indudable mala salud de un certamen que cayó en barrena meses después eclipsó en parte el importante desembarco de creatividad hispana que olvidó durante unos instantes la precariedad congelante al sur de los Pirineos. 

Sin embargo, hoy resulta difícil no seguir contagiado de ese optimismo al ver los rebosantes anaqueles de las librerías y la incesante actividad del cómic en el mundo cultural. Vaya por delante que, calidad autoral, a borbotones: las listas de “lo mejor del año” que puntualmente acuden a nuestra prensa mucho antes de que acabe diciembre para animar las ventas navideñas se han llenado de obras con acento claramente español, protagonista por cierto de ferias del libro internacionales en Guadalajara o Frankfurt con encendido apoyo institucional. Cada año, esas listas se llenan de nuevos nombres mientras las firmas veteranas siguen manteniendo un ritmo de producción envidiable en equilibrada convivencia: frente a una revolucionaria Natalia Velarde encontramos a Kim; junto a una ya consolidada Ana Penyas, a un chispeante Genis Rigol; mientras María Medem nos deja encandilados con una flor, Paco Roca sigue destilando obras maestras abisales; al tiempo que los premios nacionales apuestan por la modernidad de Bea Lema, Roco Vargas vuelve de la mano de Daniel Torres.  No es cuestión de hacer en este limitado espacio un listado exhaustivo de nombres, sirva como ejemplo de esa rutilante presencia de unos y otros, unas y otras, demostrando que esa edad de oro para el lector sigue intacta. La de hielo, también, porque ni la presencia en grandes ferias, ni el desembarco en festivales a golpe de jamón ibérico parece haber conseguido que la situación de los que tienen que dibujar mejore lo más mínimo.

Eso sí, la ilusión, intacta: vean si no la espectacular efervescencia de la autoedición y el fanzinismo, el primero tanto como forma de rebeldía como de supervivencia obligada y el segundo como expresión de libertad creativa que ya no es solo expresión juvenil, sino que atiende a cualquier edad. La multiplicación hasta la saciedad de eventos de fanzines en toda la geografía constata la indudable vitalidad de estos movimientos, que han tenido incluso espacio en un museo como el IVAM, que durante seis meses expuso en las paredes de su galería 6 la muestra “¡Esto (no) es cómic!”, comisariada por Noelia Ibarra y el que esto escribe. Fanzines como objetos de fascinación que se multiplican desde sus ínfimas tiradas que, quizás son también burbujas sostenidas precisamente por esos ecosistemas que se crean alrededor de ellos, pero que resultan en continua renovación del lenguaje del cómic y dan fe de una capacidad de evolución imparable.

Porque lo cierto es que parece que, desde las instituciones, el apoyo está llegando a las viñetas: durante estos años hemos podido ver cómo la academia ha encontrado en el cómic un tema de investigación con la misma pasión que durante años lo ignoró, multiplicando las actividades dedicadas al cómic desde las universidades, desde congresos a tesis doctorales que tienen el cómic como eje principal y aceptando por fin que lo que decían ya en su día gente como Antonio Altarriba o Juan Antonio Ramírez va y resulta que era cierto. Le llevó su tiempo, pero ya se sabe que la comprobación científica requiere de minuciosidad y tiempo.

Pero la implicación más esperada era la del ministerio de Cultura, curioso, en tanto las competencias industriales y culturales están delegadas casi en su totalidad a las comunidades autónomas y su capacidad de maniobra es relativamente limitada, pero al césar lo que es del césar: no solo ha incluido al noveno arte en el renovado nombre de la Dirección General del Libro, del Cómic y de Bibliotecas, sino que inesperadamente ha ido más allá del cambio nominal y ha demostrado una clara implicación con la puesta en marcha de una mesa de trabajo que debe aglutinar a todo el sector más allá de la coincidencia, de nuevo nominal, de alguna asociación, recordando que la pluralidad es garantía de ecuanimidad. Y oigan, que sobre la mesa se han puesto hechos como las ayudas a la creación de 25.000 que han llegado a 40 autores y autoras para conformar ese rumboso número de un millón de euros, siempre evocador de fortunas interminables, pero que se queda en evidencia cuando resulta que las ayudas a la cinematografía son de 37 de esos millones y solo a la escritura de guiones de largometrajes, de 8 millones. Que sí, que los números de ambas industrias son incomparables, pero duele, claro, aunque hay que agradecer el intento aunque haya generado no pocas polémicas por sus criterios, pero que seguro que puede ir mejorándose cada año y mejor ese millón con polémicas que nada limpio cual patena de debates.

Veremos si esa inyección en vena creativa se traduce en una ebullición de nuevas obras que hagan de necesaria cardioversión del ceniciento ritmo de la industria del cómic o bien alimenta la larga lista de libros de que no superan los 100 ejemplares vendidos, pero es seguro que ha sacado a la luz a un colectivo callado, y tan callado teniendo en cuenta que están al borde de la inanición, que necesita ese foco de atención. El gesto del ministerio debería ser acompañado por réplicas a nivel autonómico, donde están las competencias, para multiplicar la inversión y realmente poner en marcha ese motor artístico que más que gripado, está completamente oxidado, antes que los webtoons coreanos invadan todos los espacios con alegre aquiescencia lectora a la espera de la serie en Netflix que dé supuesta carta de madurez a la creación en viñetas ya no catódicas, sino de OLED.

Eso sí, recordemos lo de enseñar a pescar o dar peces, que en este caso debe ser entendido como la necesidad de ambas, porque cuando la cosa está tan mal, la ayuda pecuniaria se hace indispensable, pero no está de más mirar al futuro y pensar en acciones que fomenten la lectura del tebeo, que serán también acciones de fomento lector y cultural. No caigamos en el error otra vez de “donde hoy hay un tebeo mañana habrá un libro”, pero reconozcamos abiertamente que el cómic es la mejor puerta de entrada en el hábito cultural. Y ahí la lista de instituciones es amplia, empezando por aquellas dedicadas a la cultura y terminando por las educativas. El éxito de proyectos europeos focalizados en el uso del cómic como herramienta educativa, como el proyecto Erasmus+ CLI-MIC dirigido desde la Universitat de València son ejemplos claros de líneas de trabajo que pueden ser replicados desde las autoridades educativas para aprovechar el potencial del cómic en el aula. Autores como Pedro Cifuentes, pioneros en su uso, están demostrando con sus obras que esa realidad es no solo factible, sino que tiene el apoyo entusiasta del profesorado. De nuevo, la acción de las autoridades para hacer llegar a los docentes la información y las herramientas, así como la decidida labor de las bibliotecas es fundamental.

Quizás, en ese sentido, sea necesaria una mayor atención al público infantil: recordemos que los grandes éxitos de ventas del cómic en España no son exclusivamente series japonesas, sino que autoras como Raina Telgemeir o Dav Pilkey replican en aquí su éxito mundial. Nombres que no parece, ni son, patrios, cierto, pero muchas editoriales están apostando por la producción de títulos para ese rango de edades de lectores ávidos y progenitores desesperados de encontrar libros para su prole, y precisamente están apostando por los artistas de aquí. El brutal éxito del Superpatata de Artur Laperla es un ejemplo, al que hay que añadir el de autores como Jaume Copons y Liliana Fortuny, que encuentra eco por muchísimos países, demostrando que la senda de la creación para los más pequeños de la casa es rentable, exitosa y con muchísimas ventajas futuras.

Una línea que es compatible tanto por la apuesta por la producción cercana a los gustos de la juventud, con el excelente ejemplo de la revista PlanetaManga de series creadas por autores y autoras de aquí como por la necesaria reivindicación de las obras clásicas de nuestro cómic, desde las creaciones de los autores que trabajaron para el extranjero durante la época de las agencias a la apuesta por un cómic de autor que triunfó en otros momentos: ver reivindicados a nombres como los de Alfonso Font o Marika Vila debería ser una realidad constante.

Pero el frío persiste, y el cómic hecho aquí sigue instalado en esa perpetua edad de hielo de la que parece difícil salir. Queda mucho por hacer, y todos podemos poner nuestro granito de arena: sigan el ejemplo iniciado por @AspirinaWoolf en redes y compartan viñetas de su lecturas patrias, alentando y contagiando el placer de leer tebeos. Y si encima son de aquí, mejor.


Revista Mercurio (Jot Down)



La extraña comunidad

Danide regresa a las librerías con la edición integral de la que tal vez sea su obra más ambiciosa


José Luis Vidal

01 de mayo 2026 


Caminando por el bosque, al ir internándonos, nos percatamos que tanto la vegetación como los árboles tienen algo diferente. De sus ramas y tallos cuelgan cables, circuitos que los transforman en entidades tecno-orgánicas, pintando un paisaje insólito.



Ficha
Aprendiz de cuervo

Autor: Danide

Color

Tapa dura

348 págs.

39,59 euros

Norma Editorial


Pero esta no es la única sorpresa que nos aguarda, ya que por fin llegaremos a un lugar donde sus habitantes se comportan como animales, portan grandes cabezas que los representan e identifican (Gata, Osa…), y todos y todas siguen los mandamientos del Hombre-Dios, un tipo que junto a su mano derecha, Ciervo- Fantasma, controlan que todos los miembros de esta peculiar tribu cumplan a rajatabla con sus preceptos.

Una de estas 'criaturas' es la silenciosa Cuervo, protagonista de este relato. Su vida está dominada por las tareas que debe realizar a diario, sin olvidar ninguna, y que convierte su existencia en un monótono cuadro, salvo cuando tiene que ejecutar una de ellas, que tiene relación con los usuales fallecimientos de alguno de sus compañeros.

Afortunadamente, hay momentos para compartir con su mejor amigo, Batracio, con el que se pasa las horas enganchados a un imposible videojuego y sumidos en la somnolencia de los vapores de uno de esos hongos con los que su colega tiene una especial conexión.

Echando un vistazo al lugar, veremos que se encuentra rodeado por una valla electrificada, a la que está totalmente prohibido acercarse, salvo que suceda alguna avería, hecho este que se convertirá en un momento en el que la violencia desatada hará su temida aparición en el lugar.

Y es que el temido Lobo, un ser que parece salido de una pesadilla, aguarda su momento…

Pero, ¿por qué estas personas se han recluido en este lugar? ¿Qué ha ocurrido más allá de la valla que los rodea? ¿Cuáles son los verdaderos planes de Hombre-Dios y Ciervo-Fantasma?

Todas estas preguntas serán contestadas a lo largo de este cómic, del que por primera vez podemos disfrutar de su versión íntegra, ya que en su momento el sello Spaceman Project tan solo publicó el Libro 1, y el relato completo está formado por tres partes donde se demuestra el poder gráfico de Danide (Fagocitocis, Revolution Complex, Máculas, Exsolteros…), autor con una ya larga trayectoria en la que ha tocado múltiples géneros, y que con realmente pocos diálogos consigue hacer que el lector se sumerja en una historia que al principio pone sobre la mesa muchos misterios pero que, poco a poco, gracias al periplo (visualmente espectacular) que inician dos de sus protagonistas, se irán contestando y ante nosotros se abrirán unos paisajes que parecen salidos de una autentica pesadilla lisérgica.

Y, ¿quién sabe? Tal vez la gris realidad que vive Cuervo y sus congéneres tan solo sea un bizarro decorado, esperando ser tumbado para poder observar que la realidad es tal vez otra.

Obra potente, ambiciosa, la más extensa hasta el momento el autor, que temáticamente se sale de lo que habitualmente el lector español está acostumbrado a consumir, y que pienso va a gustar especialmente a los fans de George Orwell y J.G. Ballard, cuyas sombras son muy alargadas y pueden identificarse a lo largo y ancho de esta historia.


Diario de Cadiz


viernes, 1 de mayo de 2026

La extraña familia

Cinco personajes viajan a lo largo de un río en busca de un legendario animal que puede cambiar sus existencias


José Luis Vidal

29 de abril 2026


Este peculiar quinteto es fruto del azar, ya que sus caminos se han unido y, debido a las condiciones físicas y vitales de todos y cada uno de ellos, han terminado por convertirse en lo más parecido a una familia.



Ficha
La barca de los cinco colores

Autora: Yoko Kondo (adaptación del relato de Yasumi Tsuhara).

Tapa blanda

Blanco y negro

208 págs.

26 euros

Gallo Nero Editorial


El papel de padre recae sobre Yukinosoke, un ex actor que solía interpretar papeles femeninos sobre el escenario, pero una galopante enfermedad hizo que perdiera ambas piernas, por lo que decidió buscar a otras personas que, como él, por diversas causas, podían formar parte de un espectáculo de fenómenos.

Shosuke que, pese a su corta estatura, es el forzudo del grupo, y se encarga de soportar el peso de su padre adoptivo.

Kyoko es en apariencia, una mujer totalmente normal, pero sus piernas, y ciertos retoques físicos, harán que sea bautizada como la Mujer Vaca.

Sakura sobrevive a una complicada operación que la separa de su hermana fallecida, perdiendo la capacidad de poder comunicarse con la gente que la rodea.

Y finalmente, este quinteto se completa con el que va a convertirse en narrador del relato. Kazuo no tiene brazos y tampoco logra expresarse con palabras, pero mantiene con Sakura una relación muy especial.

Son tiempos difíciles para los habitantes del País del Sol Naciente, ya que su papel en el conflicto bélico, la segunda Guerra Mundial, hace que la vida y economía de sus gentes se vea afectada gravemente. Es por esto que Padre (Yukinosoke) decide viajar en una destartalada barcaza junto al resto de compañeros del espectáculo, con una información que puede hacer que la vida de todos cambie a mejor.

Y es la existencia y el hallazgo de una criatura que parece sacada de las leyendas de los Yokai, esos seres mitológicos, fantásticos, que forman parte del imaginario nipón.

A medida que recorren el río vamos a conocer las historias y avatares de estos peculiares personajes, sus secretos y anhelos. Y tal vez logren su objetivo…

Yoko Kondo, la autora de este manga, tuvo una carrera de lo más variada. Compañera en la escuela de un auténtico mito del manga más comercial como es Rumiko Takahashi, su pasión por el manga nació leyendo el Kamui de Sanpei Shirato, y años después debutaría en la mítica cabecera Garo, trabajando en varias publicaciones centradas en el género gekiga, para más tarde dar el salto a relatos de corte erótico.

Tendrían que llegar los años ochenta para que la la labor de esta autora obtuviera sus frutos, llegando a ganar el premio de la Japan Cartoonist Association.

Con La Barca de los cinco colores, Yoko Kondo adapta con talento a Yasumi Tsuhara que, como bien expresa al final del manga, se muestra totalmente satisfecho con esta versión de su obra.


Diario de Cadiz



Kagurabachi: una serie de Tetsuya Takeuchi y Cypic (basada en el manga)

El primer avance de " Kagurabachi " es bastante prometedor artísticamente , una próxima serie de anime japonesa dirigida por Tetsuya Takeuchi en el estudio Cypic .


 



Está basada en el manga de Takeru Hokazono y su estreno está previsto para abril de 2027.



Via Catsuka

Dos modelos clásicos del cómic español: el duelo entre TBO y Pulgarcito

Recordar el nacimiento de TBO y Pulgarcito nos permite entender cómo era el sector editorial en otros tiempos; evocar a sus autores y series más populares ayuda a diferenciar estos dos modelos que definieron una parte de la historieta española y modelaron el imaginario de todo un país

Escrito por Jordi Canyissà on 28 marzo, 2026




Un juguete literario

“El chico necesita un juguete literario. TBO es el juguete que hemos confeccionado”, contaban en el primer editorial de TBO. La revista nació por iniciativa de Arturo Suárez, un impresor-editor —figura habitual entonces—, y al parecer no arrancó muy bien pues empezaron a acumularse las devoluciones. Fue Joaquim Buigas quien se fijó en esos ejemplares sobrantes durante una visita a la imprenta. Miembro de la burguesía catalana, Buigas adquirió la cabecera y pasó a editarla y dirigirla a partir del número 10, dándole la forma con la que TBO alcanzará la fama. Con Buigas al mando, la revista pasa a editarse a dos tintas, aumenta su tamaño y potencia la presencia de historietas, aunque todavía con farragosos textos al pie de las viñetas. Se incorporan nuevos autores como Urda, destinado a ser un pilar de la revista, y rediseña la cabecera gracias a un nuevo logotipo diseñado por el pintor e historietista Ricard Opisso. Las letras que nos vienen a la cabeza al hablar de TBO son precisamente esas.

En los siguientes años, la firma Opisso será habitual tanto en historietas como en portadas que darán buena prueba de su elegante trazo. Se sumarán Tínez, Nit, Serra Massana e incluso autores extranjeros como el norteamericano George McManus o el alemán Wilhelm Busch. Otra colaboración importante, aunque fugaz, fue la de Cabrero Arnal, pues fue uno de los primeros en adoptar sistemáticamente el uso de los bocadillos de texto en sus viñetas.

La década de 1930 marca la gran popularización de la cabecera. Según escriben Antoni Guiral y Lluís Giralt en 100 años de TBO, es entonces cuando en la calle empieza a usarse el término “tebeo” para referirse a una revista de historietas. Hasta se acuñó la frase “está más visto que el TBO”, porque todo el mundo lo conocía.

La respuesta de Bruguera

En junio de 1921, cuatro años después de TBO, nace Pulgarcito por iniciativa de Juan Bruguera Teixidó bajo el sello El Gato Negro, que hacia 1939 se convertirá en Editorial Bruguera. En la portada del primer número aparece una protohistorieta de seis viñetas (El paraguas) cuyos textos al pie de la ocupan más espacio que los dibujos. Estamos muy lejos del cómic sintético y dinámico que caracterizará a la publicación años después.

El tamaño de ese primer Pulgarcito era menor que el de TBO. Su precio también, mientras la veterana revista valía 10 céntimos, su flamante competidora costaba la mitad. Ese será uno de los signos distintivos de Bruguera: publicar obras populares, accesibles incluso para economías modestas. Esta filosofía se extenderá a todas las publicaciones de la empresa, pues supo ser popular tanto al editar tebeos como a grandes novelistas de la historia. Popular en formatos, en precios y en difusión.

La revista se interrumpe durante la Guerra Civil y cuando reaparece, en 1944, empiezan a asomar firmas que luego serán fundamentales, como Cifré, Escobar o Miguel Bernet, quien más tarde adoptará el seudónimo de Jorge. Pero aún falta dar el verdadero empujón al proyecto. Eso ocurrirá en diciembre de 1946, con el primer número dirigido por Rafael González, un antiguo periodista represaliado que había colaborado en diarios como La Vanguardia y a quien Francisco Bruguera le encomendó reformar la histórica cabecera. Y lo hizo. Si en el caso de TBO Buigas fijó la filosofía de la revista, en Pulgarcito, quien marcó la línea, el tono humorístico y hasta el tipo de lenguaje a utilizar fue “el señor” González. Puso a los personajes en el centro de su proyecto y con ellos fijó también un tipo de humor distinto del de su competidora.

Dos estilos de humor

Pese a los cambios de dirección y de formato, TBO se mantuvo fiel al modelo de Buigas, con un humor blanco y atemporal, con historietas que recurrían a un humor cotidiano y costumbrista, familiar y amable. No pretendía adoctrinar, pretendía divertir sin sobresaltos. “La marca TBO es garantía de ingenio y buen gusto”, como proclamaba el lema impreso durante años en la correspondencia de la editorial.

En cambio, las historietas de Pulgarcito mostraban otra cara de la sociedad española de posguerra, en la cual los oficinistas odian a unos jefes que les explotan y donde varios personajes usan la picaresca como única manera para sobrevivir. Carpanta, uno de sus personajes más queridos, pasa un hambre atroz y contradice así la propaganda del régimen que asegura que en la España franquista no se pasa hambre. Y Don Pío vive atemorizado por su esposa en unos años en el que el matrimonio no solo es indisoluble sino sagrado. En Pulgarcito, palabras como dromedario, percebe, batracio, besugo o merluzo se convierten en insultos, y en sus viñetas campa una violencia —verbal o física— tan exagerada como cómica: hay golpes, trompazos, individuos que van por la calle con un garrote y castigos hoy sorprendentes en una publicación infantil.

El humor de Bruguera es el humor del perdedor —no en vano muchos de sus autores y el propio director eran antiguos represaliados—, es el humor del subordinado que se venga de su jefe. Deriva de la rabia de quien se rebela contra un orden injusto y despiadado. La realidad no se podía cambiar, pero esos tebeos tuvieron la osadía de reírse de ella y convertirse en una válvula de escape para muchos lectores. Y de esta manera nos dejaron uno de los mejores retratos de esos años. Un humor no exento de acidez al que la censura franquista puso freno a partir de 1955.

Series y autores faro

Hemos dicho que en Pulgarcito todo gira en torno a las series y los personajes recurrentes, y es cierto que en TBO abundan las historietas con personajes anónimos, que intervienen en un número y desaparecen al siguiente. Los protagonistas de TBO son la tipología de gente: el que pasea por la ciudad, el que va en coche, el explorador de la sabana, el pobre, el rico, el criado, el niño o la madre de familia. Y de la tipología nace la situación concreta, el chiste, pero no se cronifica en forma de serie, no se convierte en recurrente, aunque indirectamente se establecen conexiones entre las historietas de un mismo autor que retrata una y otra vez un mismo escenario: así, las múltiples historietas de Coll sobre náufragos o sobre cazadores en África podrían tomarse como una serie si un mismo título las agrupara.

Josep Coll es uno de los más brillantes historietistas del país, con una personalidad gráfica apabullante. Sus figuras altas, estilizadas y flexibles se movían como en un dibujo animado y eran reconocibles a simple vista. Un extraordinario narrador gráfico capaz de contar una historieta con una envidiable economía de medios. Eternamente moderno.

Sin embargo, en TBO también hubo series, y no menores. La más popular fue La familia Ulises, un trabajo humorístico-costumbrista de Buigas y Benejam, luego retomado por otras manos. Los Ulises son una familia de clase media típica de la época, aspiran a disfrutar de algún día de fiesta o comprar un electrodoméstico para modernizar la casa. Junto al matrimonio, los niños y el perro, está la abuela, doña Filomena, el personaje más carismático.

Otras sagas recordadas son Josechu el Vasco (de Muntañola), Melitón Pérez (de Benejam), Altamiro de la Cueva (de Bernet Toledano) o Los grandes inventos de TBO, en la que participaron Urda, Nit, F. Tur y muy especialmente, Sabatés. En su etapa más recordada, estos inventos inverosímiles —aparatos gigantes para conseguir resultados más bien dudosos— eran presentados por el eminente profesor Franz de Copenhaguen, cuyo aspecto glacial y su sonoro apellido parecía garantía de calidad en tiempos de autarquía, cuando todo lo que procedía de más allá de los Pirineos era sinónimo de progreso tecnológico.

En Pulgarcito, en cambio, las series fueron multitud y solían estar protagonizadas por personajes frustrados, rencorosos o raros. Uno de los mejores ejemplos de esta tipología de criaturas —y claro antagonista del modelo TBO— fue la pérfida Doña Urraca, de Jorge, quien disfrutaba haciendo el mal, aunque sus innobles acciones se le acababan girando en su contra y así la moral de la época quedaba salvaguardada. A ella se sumaron otros seres infames como Don Berrinche, de Peñarroya, capaz también de crear un personaje completamente opuesto, un orondo bonachón llamado Gordito Relleno. En el terreno laboral, destacó el retrato de la oficina y de los superiores despóticos que ofreció El repórter Tribulete, de Cifré, mientras que los conflictos familiares pudieron verse reflejados en series como Zipi y Zape, de Escobar, La familia Pepe, de Iranzo, o Don Pío, del citado Peñarroya. Entre los tipos solitarios destacaron el enamoradizo Cucufaro Pi, de Cifré, Casildo Calasparra, de Nadal, o el impredecible Carioco, de Conti. Dos solteronas de caracteres muy dispares protagonizaron uno de los grandes éxitos de Manuel Vázquez, Las hermanas Gilda. Humorista genial, dotado de un dibujo simple y a la vez eficaz, muy imaginativo en sus composiciones, Vázquez se convirtió en un puntal del humor Bruguera. Alumbró otras series icónicas como La familia Cebolleta, Angelito y, más tarde, Anacleto. Su humor marcará a toda una generación de historietistas empezando por Francisco Ibáñez, que en 1958 publica su primera serie en Pulgarcito: Mortadelo y Filemón, el gran éxito de ventas de la editorial y la serie más popular de la historieta española.

Ibáñez se afirmará luego con un estilo personal basado en la multiplicación de los gags, el dinamismo de sus viñetas y un eficaz uso del humor absurdo que lo convertirán en el modelo a seguir por los nuevos dibujantes. A diferencia de las series mencionadas hasta aquí, Mortadelo y Filemón dejan de lado el retrato directo de la sociedad de la época y optan por abrazar la parodia detectivesca, la pura evasión, sin ese poso amargo que encontramos en personajes creados antes, sin duda porque se trata de un autor joven, nacido justo al término de la Guerra Civil, y porque la sociedad española de 1958 ya no es la de la inmediata posguerra. Hay visos de esperanza en la economía y eso se traslada en series más desenfadadas. Mortadelo y Filemón son hijos de su tiempo como lo fueron también sus predecesores.

Ibáñez forma parte de la segunda generación de autores de Bruguera, en donde también figuran Martz-Schmidt con El doctor Cataplasma o Segura con un atractivo soltero llamado Rigoberto Picaporte. También pertenece a esa segunda hornada Raf, quien empezó su colaboración en Pulgarcito con un retrato muy de la época, Doña Lío Portapartes, pero firmaría su gran creación más tarde al desvincularse del costumbrismo y abrazar la parodia detectivesca con Sir Tim O’Theo, una de las series más atemporales del universo Bruguera.

Fin de una época

El TBO, ese TBO clásico, desapareció en 1983. Ironías de la vida, su fondo lo adquirió su gran competidora, Editorial Bruguera, que cerró sus puertas tres años después. La sociedad había cambiado. Ni TBO ni Pulgarcito buscaron ser reconocidas por su arte, simplemente quisieron divertir y entretener. Resulta imperativo fijarnos sus autores y las páginas que nos dejaron, reconociendo su valor plástico, narrativo y cultural. Hoy sabemos que conviene estudiarlos, reivindicarlos y editarlos como merecen. Porque en eso, también, la sociedad ha cambiado. Afortunadamente.


Revista Mercurio (Jot Down)