lunes, 28 de septiembre de 2026

¡Dioses del trueno!

Una nueva y trepidante etapa se inicia en la vida del poderoso Thor


José Luis Vidal

24 de septiembre 2026 

Como monarca de Asgard, las tareas de Thor ahora son muchas, como por ejemplo enfrentarse a la ira de un grupo de gigantes de hielo, comandados por el peligroso Skrymir.

Pero hay situaciones en las que el peligro acecha, y las palabras están de más, por lo que tal vez haya que tirar de martillo, el poderoso y restaurado Mjornir, para resolver la situación.


Ficha

Marvel Premiere 176. El Inmortal Thor 1: Pronóstico de tormenta.

Guion: Al Ewing

Dibujo: Pasqual Ferry

Tapa blanda

Color

144 pags.

14 euros

Panini Cómics


Y no solo será el martillo el que vuelva a tener todo su esplendor, ya que la aparición de Loki hará posible que ese maravilloso pasaje a otros mundos llamado bifrost vuelva a existir, por lo que Thor regresará a Midgard, La Tierra.

Pero claro, como ya todos sabemos, la existencia de un dios no es nada sencilla, y una simple tormenta va a convertirse en la puerta de entrada de un ser que viene de un lugar oscuro, sombrío, y que pertenece a una raza primigenia de poderosos entes.

El es Toranos, el Uthar Thor, y su poder sobre el trueno es infinitamente mayor que el que Thor posee, por lo que su enfrentamiento tan solo puede calificarse como épico.

Pronto, muy pronto, el rey de Argard se percatará que él solo no va a poder frenar la amenaza que se cierne sobre la ciudad de New York, por lo que vamos a disfrutar de uno de los momentos más espectaculares jamás vividos por el protagonista, que convocará a un grupo de rostros conocidos junto a los cuales, una vez ejecutada una 'ceremonia' podrán verse las caras con el letal contendiente.

Lo que Thor no sabe es que una profecía está a punto de cumplirse, susurrada por aquellos primigenios seres que nacieron del poder más grande que conoció el universo, y una vez que la rueda comienza a girar, no hay manera humana o sobrehumana de detenerla…

Y por si esto fuera poco, el CEO de la todopoderosa empresa Roxxon, Agger, tiene un plan en mente, en el que va a contar con la colaboración de dos viejos conocidos.

Si algo ha demostrado el guionista británico Al Ewing durante los últimos años es que cuando se hace cargo de una colección, le da su impronta personal a las peripecias del personaje protagonista. Lo hizo con El Inmortal Hulk, y os aseguro que ahora con Thor, al que también coloca el calificativo que al gigante verde, lo va a conducir por un sendero en el que la mitología nórdica tendrá un papel muy importante, llevando al protagonista a lugares y situaciones que hasta ahora le eran desconocidos.

Junto al guionista, uno de esos talentos gráficos que brillan en la Casa de las Ideas, Martin Coccolo, que lleva a Thor y Compañía a las viñetas con todo el esplendor que se merece.


Diario de Cadiz


El ojo de la historia

Así éramos, así somos. La fotografía es testigo y aliada imprescindible de nuestra memoria colectiva. Sucesos, vida cotidiana, ambiente político o personajes han quedado inmortalizados gracias a la labor de los fotógrafos que retratan España desde inicios del siglo XX. Estas imágenes pertenecen a la colección de EL PAIS 'La mirada del tiempo, que se publica a partir del próximo domingo. Un testimonio único.

Por Publio López Mondéjar


MADRID DE CINE. El actor Charlton Heston muestra un halcón al académico Ramón Menéndez
Pidal, ante la mirada del productor Samuel Bronston, durante el rodaje del filme
'El Cid, el 17 de marzo de 1961. • FOTOGRAFÍA EFE

Cuando el daguerrotipo fue presentado en 1839 por el diputado liberal François Arago, la primera idea que llego a la mente de los científicos y artistas de la época fue su aplicación inmediata al campo del retrato y el paisaje. El metal tornasol del daguerrotipo devolvía la imagen exacta de la realidad con un grado de precisión inalcanzable para la pintura. No es casual que su primera víctima fuese el retrato en miniatura, tan demandado entonces por la aristocracia y la ascendente burguesía industrial, lo que suscitó agrias diatribas por parte de los que le reprochaban su origen mecánico y la supuesta falta de vocación artística de sus inventores y apóstoles. De hecho, el daguerrotipo se conoció como el espejo con memoria: el ojo, la mano, la técnica, frente al espíritu. Luego, en plena madurez del lenguaje fotográfico, va se vio que cuando la fotografía era realizada por alguien con talento, también era capaz de transmitir las sensaciones del espíritu, abriendo un antiguo debate, que todavía preocupa a expertos, marchantes y a los propios fotógrafos.

En 1856, cuando el daguerrotipo había dejado paso a otras técnicas capaces de multiplicar infinitamente las imágenes, Ernest Lacan ya intuyó que la fotografía acabaría convirtiéndose en el gran auxiliar de la historia y que la futura tarea de los fotógrafos iba a ser la de documentar los sucesos más relevantes y dignos de perpetuación y de recuerdo. En vísperas de su definitiva masificación, la fotografía comenzaba a convertirse en una verdadera memoria de la realidad, ocupando una ancha parcela que la pintura, acomplejada entonces por la pujanza del nuevo lenguaje, parecía abandonar. Hay que reconocer" , escribió el pintor Claudet en 1861, "que en este campo la pintura está en pleno proceso de desaparición, y ha sido la fotografía la que ha acabado con ella. ¿Por que ya no hay miniaturistas y los pintores abandonan la pintura de historia? Pues por la sencilla razón de que la fotografía consigue una exactitud tan absoluta que, cuando menos, agrada en corazón y llena de satisfacción la memoria".
Fotografía y memoria comienzan a convertirse en términos sinónimos. El fotógrafo es visto no sólo como un artesano dotado de mayor o menor destreza y talento, sino como una especie de demiurgo, a través de cuyo trabajo se iba tendiendo un puente vigoroso entre las grandes figuras, la vida cotidiana, los acontecimientos más trascendentes y la posteridad. Los pueblos, las personas fotografiadas a lo largo de los años, han ido cambiando o desapareciendo, pero sus imágenes permanecen inalterables gracias al milagro de la fotografía. Porque la cámara es esencialmente una herramienta honesta, capaz de mostrarnos un trémulo reflejo de la vida, con un grado de veracidad inalcanzable para cualquier otro lenguaje. Y es aquí, en esta cualidad de espejo del pasado y fuente de memoria, donde reside buena parte de la fascinación que las viejas y amarillentas fotografias provocan en nosotros, al mostrarnos instantes fugaces que el paso implacable del tiempo convierte en pasado en el momento mismo de la toma. Las fotografías antiguas no sólo llenan de satisfacción la memoria, sino que también ayudan a ésta a precisarse, convirtiendo en presente aquello que ya no existe ni en los confines más remotos del recuerdo.

Tan importante como la propia técnica, para la integración de la fotografía en los hábitos culturales de la sociedad fue decisivo el perfeccionamiento de los procedimientos fotomecánicos que propiciaron el nacimiento de la prensa ilustrada en los años postreros del siglo XIX, tan bien representada en España por semanarios como Blanco y Negro, Nuevo Mundo, Mundo Gráfico o La Esfera. España vivía entonces la resaca del desastre colonial y veía cómo se desmoronaba el tinglado de la vieja farsa de la Restauración. El mismo año en que ABC nacía como diario, en julio de 1905, el país llegó a tener hasta cuatro presidentes de Gobierno diferentes, y en el tiempo en que La Vanguardia iniciaba la publicación de sus célebres páginas de huecograbado, Mateo Morral lanzaba una bomba envuelta en un elegante ramo de flores contra la comitiva de la boda real, tenían lugar en Barcelona los sucesos estremecedores de la Semana Trágica y Ferrer Guardia era fusilado en los fosos del siniestro castillo de Montjuic. La prensa gráfica llegó a reflejar ya estos acontecimientos, y precisamente sobre esta información se fue consolidando su prestigio y el de los primeros reporteros. El reconocimiento popular del periodismo gráfico español se produjo definitivamente durante las sucesivas campañas de Marruecos: miles de desdichados fueron arrancados de sus casas para ir a morir en los desolados blocaos y aduares del Rif.

La guerra fue durante años el centro de la vida política nacional y la causa directa o indirecta de los sucesos decisivos de la historia de España, como la radicalización de las protestas obreras, los años inaugurales del deporte, la bronca realidad de las plazas de toros, el abigarrado enjambre de las calles, la huelga general de 1917, el golpe de Estado del general Primo de Rivera, la dictablanda de Berenguer, la trémula esperanza republicana, o el golpe de Estado militar de 1936, que sumió a España en el mas atroz drama humano de su historia contemporánea. La gran popularidad de la prensa gráfica afianzó la de algunos reporteros como Alfonso Sánchez García, Alfonso Sánchez Portela -conocidos profesionalmente como Alfonso-, Campúa, Merletti, Brangulí, Cervera o Díaz Casariego, la mayoría de los cuales se habían formado en los inclementes resoles africanos. Ellos son los que con su perseverancia y su talento nos han dejado una imagen fidedigna de aquella España menesterosa, alegre y contiada que vivía ya sin saberlo las vísperas de su final.

Su testimonio se completa con la obra de los modestos fotógrafos populares, que a lomos de caballería o en los temblorosos autocares y diligencias de la época recorrieron el país retratando a los lugareños y realizando foto-noticias, que enviaban luego a los diarios y revistas ilustradas. La fotografía, como una emanación viva de la realidad pretérita, nos ofrece en aquellas imágenes inolvidables el valor complementario de su carácter de certificación de lo que fue, independientemente de sus méritos técnicos o artísticos. Así, a pesar de lo forzado de las poses, de la actitud misma de los modelos, desamparados ante la presencia de la cámara, la contundente verdad de la fotografía nos obliga a creer que lo reflejado en la edad eterna de las placas, alguna vez ha sido y aún late en la vertiginosa fugacidad del presente.




TRANSICIÓN. Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, observa a Manuel
Fraga en el Congreso, el 8 de marzo de 1978. • FOTOGRAFÍA DE MARISA FLORES

En los años de penitencia y de terror que siguieron a la Guerra Civil, la vida cultural quedó violentamente cercenada. En el ambiente de exaltación nacionalista propiciado por la victoria militar, el arte -y, por supuesto, la fotografía- era concebido como algo meramente ceremonial puesto al servicio del Estado y del imperio, entre pompier, reverencial y azul. Pero los fotógrafos populares siguieron trabajando al margen de cualquier tipo de oficialismo, manteniendo vivo el espíritu de los ambulantes de la preguerra, que debían atender aún la creciente demanda de los lugareños, que con sus retratos buscaban recomponer la geografía afectiva de su entorno familiar, doblemente devastado ahora, más que por las enfermedades y el olvido, por la cárcel, el exilio o la muerte en los frentes.

Junto a ellos y pese a la férrea censura de prensa, se mantuvo el trabajo de los reporteros gráficos, cuya obra constituye hoy un documento conmovedor de una España atenazada, que todavía se lamía las heridas de la guerra. Contrariamente a los fotógrafos oficiales, aquellos sencillos profesionales no tenían el más mínimo interés en disimular los estragos de la realidad, y en la medida en que las circunstancias se lo permitieron, fueron elaborando una especie de reverso de la imagen pregonada desde los despachos de Prensa y Propaganda del Régimen.

Con el Plan de Estabilizacion de 1959, España comenzó a desprenderse de la roña moral de la dictadura. Pese a que la prensa continuó infravalorando la información gráfica, una vigorosa generación de reporteros, herederos directos de la vanguardia documental iniciada en los años cincuenta y sesenta por Catalá-Roca y otros maestros como Masats, Cualladó, Paco Gómez o Miserachs, comenzaron a construir un monumental testimonio de los cambios sociales, políticos y culturales del país y de su esforzada lucha por la libertad perdida. Entre los miembros de esta generación figuran no pocos reporteros de prensa, que nos han dejado un documento luminoso de aquellos años convulsos del tardofranquismo y la transición democrática, entre 1972 y 1983.

Tras la muerte de Franco, la España atávica comenzó a desvanecerse, para convertirse en pocos años en un país industrial y moderno. Tras el fracaso del esperpéntico pronunciamiento militar de febrero de 1981, la democracia pareció definitivamente asentada. Si la primera revolución democrática española había durado un sexenio, entre 1868 y 1874, y la segunda, lo que duró la trémula esperanza republicana, entre 1931 y 1936, el actual periodo democrático está ya a punto de cumplir 30 años. En 1991, tras casi una década de Gobierno socialista, se había consolidado un Estado de bienestar nunca alcanzado hasta entonces. Cuatro años después, el país alcanzó la cifra de 40 millones de habitantes -las últimas estadísticas hablan ya de 44 millones, de los que el 76% vive en las ciudades, y más del 10% ha nacido después de la muerte del dictador.

Tras un cuarto de siglo de democracia, la enseñanza universitaria se ha descentralizado, con 70 universidades diferentes a las que acuden un millón y medio de estudiantes, una cifra superior a la de los trabajadores del campo. Del desolador panorama cultural heredado de la dictadura, España ha pasado a vivir un profundo dinamismo, que se manifiesta en sus indices de edición, en la pluralidad lingüística asumida por el nuevo Estado de las autonomías y en la creación de numerosos museos y centros culturales. En 1990, la presencia laboral femenina se emparejó con la masculina. El desarrollo social del país ha llevado inevitablemente a su secularización. El número de matrimonios civiles ha pasado de 877 en 1978 a más de 80.000 en 2004, mientras que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acaba de reconocer el derecho al matrimonio a las personas del mismo sexo.

Como otros países de su entorno, España se enfrenta ahora a una situación compleja, definida por los efectos de la marginación laboral y social, la preocupante ausencia de nuevas formas de solidaridad, la amenaza del terrorismo internacional, el creciente prestigio de la ética del éxito y el reto de la integración de unos tres millones de inmigrantes, que cada día más van dejando su huella y su presencia en todos los escenarios. Esta nueva España está presente en la obra de escritores, pintores, cineastas y, por supuesto, en la de los fotógrafos, que con su trabajo nos han dejado un deslumbrante fresco iconográfico del país, desde los años difíciles de la transición hasta la frontera de los siglos.

A lo largo de los diversos volúmenes de esta historia gráfica de España que ahora inicia EL PAIS, tendremos ocasión de contemplar la obra de todos aquellos fotógrafos cuyo propósito esencial era el de obtener un recuerdo o un documento, pero dejando en ellos la huella de su propia mirada.
"Ningún arte me habla", ha escrito Antonio Muñoz Molina, "de la parte más frágil y verdadera de mí mismo como la fotografía. De mí mismo y del mundo, del pasado individual y del que comparto con otros y el que recuerdo sin haberlo vivido". En estas fotografías encontramos la imagen de nuestro presente mas cercano, la de nuestros abuelos y bisabuelos, la realidad colectiva de un país que trata esforzadamente de superar los estragos de su historia, pese a las inercias nostálgicas de la derecha más montaraz. El testimonio de las cámaras nos acerca a la realidad social, cultural, deportiva, económica y política de la España del siglo XX, en un gozoso y necesario ejercicio de rememoración que nos permite conocernos a nosotros mismos y al país ya remoto en el que nuestros abuelos amasaron su pan.


FRANCO, DE MANIOBRAS.
El 17 de junio de 1936, un mes antes de la sublevación militar, Franco se retrata con oficiales y jefes de las guarniciones canarias tras unas maniobras y un almuerzo en el monte de la
Esperanza (Santa Cruz de Tenerife). • FOTOGRAFÍA DE ADALBERTO BENÍTEZ

ARRIBA: DESFILE EN CASA.
La televisión empieza a ser la reina del hogar. Una familia contempla el desfile de la Victoria el 1 de abril de 1962. • FOTOGRAFÍA: EFE
ABAJO: LLEGAN LOS BEATLES.
Paul McCartney, Ringo Starr, John Lennon y George Harrison aterrizan en
Barcelona el 3 de julio de 1965. • FOTOGRAFÍA: EFE

ARRIBA: FUTBOL EN EL SEMINARIO.
Internos del Seminario Conciliar, en Madrid, aprovechan su tiempo libre, el 15 de marzo de 1950, para disputar un partido. • FOTOGRAFIA, EFE
ABAJO: LA PROTESTA ES LIBRE.
Primera gran marcha de la transición: 50.000 personas se quejan de los precios el 22 de junio de 1976 en
Madrid. • FOTOGRAFÍA DE CESAR LUCAS

UN TORERO ÚNICO.
El maestro Juan Belmonte, vestido de faena, en el año 1926, en una fotografía perteneciente a la colección de José Luis Mur.
FOTOGRAFÍA DE CERVERA


DESPEDIDA.
Un hombre besa a su niño antes de partir desde la madrileña estación del Norte hacia
Alemania en busca de trabajo, en 1941, en plena y dolorosa posguerra.
 FOTOGRAFIA DE HERMES PATO

ATENTADOS, NO.
Los estudiantes de la Universidad Autonoma se concentran el 15 de febrero de 1996 tras el asesinato de Francisco Tomás y Valiente.
FOTOGRAFIA DE MANUEL P BARRIOPEDRO

LA VOLUNTAD TRIUNFA.
Fue el rey de la bicicleta en los ochenta. La victoria de Perico Delgado en el Tour de Francia de
1988. • FOTOGRAFÍA DE RAÚL CANCIO


La evidencia de la realidad Por Ángel Bahamonde
Vivimos en lo que se llama la sociedad de la información. La era de la imagen. Y esta realidad no puede ser obviada por el historiador. Un historiador que día a día lucha con ideas, palabras y matices para conformar una visión ajustada de presentes acabados en un mundo poliédrico y extremadamente complejo. Entre sus nuevos parámetros metodológicos, la fotografía emerge como herramienta indispensable. Al acabar la Il Guerra Mundial, muchos jerarcas y cuadros dirigentes y militares del nazismo fueron juzgados. El acta de acusación halló un sustento irrefutable en las fotografías y el testimonio de Francisco Boix. Este fotógrafo se hizo profesional durante la guerra civil española, y en el exilio se incorporó a las actividades de la resistencia francesa. Capturado por los alemanes, fue enviado al campo de Mauthausen, donde su calidad de fotograto le llevó hasta los servicios de investigación. Boix revelaba las fotos que realizaban los jefes del campo. Las fotos de la barbarie. Con grave riesgo de su propia vida, Francisco Boix guardó para sí una copia de aquellas imágenes, y cuando el campo fue liberado sacó a la luz una espectacular y espeluznante colección. Dos rotativos franceses de corte comunista la difundieron en parte: el diario Ce Soir y la revista Regards. Miradas. Miradas auténticas sobre una realidad innegable que Boix corroboró al participar como testigo de la acusación en el gran proceso de Núremberg contra los dirigentes de la Alemania nazi, y poco después en el proceso de la sección de crímenes de guerra contra los antiguos mandos del propio campo de Mauthausen.

Una de las fotografías que más me impresionan de la colección de Boix, porque pienso que sintetiza mejor que mil palabras el desprecio por la vida y la dignidad del hombre que imperaba en los campos de la muerte nazis, es la de un prisionero soviético que fue ahorcado con la cuerda que sostenía su pantalón. Aparece colgado con medio cuerpo desnudo y la chaqueta del uniforme de preso. La imagen habla por sí misma, en una terrible soledad. Bien podemos decir que la fotografía como testimonio de una época y como lugar imprescindible para la memoria histórica alcanzó la mayoría de edad en Núremberg.

A ninguno escapa que una foto puede ser intencionada, puede ser utilizada como propaganda. Incluso se trucan las fotos que convienen para crear silencios y ocultar una historia verdadera. Es el caso de la misteriosa desaparición de Trotsky en la historia fotográfica de los primeros tiempos de la revolución rusa, por orden de Stalin. Quizá la foto que está más desprovista de cualquier carga subjetiva sea la foto-reportaje, probablemente la más útil para el historiador en su permanente búsqueda de la precisión y la objetividad. Las fotos intencionadas pueden tener una carga y capacidad narrativa evidente, como el inevitable Beso de Doisneau, y asimismo una carga simbólica: el beso representa la esperanza de futuro de unos jóvenes en una Europa traumatizada tras la II Guerra Mundial. En gran medida, nuestra memoria personal está compuesta por una secuencia de imágenes en las que la fotografía es el soporte básico. Nuestro recuerdo de la guerra civil española probablemente sería distinto sin las fotos de Robert Capa o de Gerda Taro. Capa supo penetrar a la perfección en la psicología de sus protagonistas. Fotos espontáneas, a veces intencionadas, pero que reflejaron con sumo dramatismo el terror de una guerra: de los soldados que la enfrentaban y la retaguardia que la sufría.

Cierto que las fotografías más dramáticas y los ejemplos más visitados, hasta el punto de convertirse en iconos y reconocerse como símbolos de una época, son las instantáneas de guerra. Todavía necesitamos evidencias de que los hombres matan a los hombres. Necesitamos saber cómo. Qué sucede en ese preciso instante en que acaba una vida. Pero la fotografía es elemento indispensable para reconstruir la vida cotidiana de las gentes. Es indispensable para hacer una aproximación a los valores estéticos de una época. También para ver cómo un tiempo histórico se representa a sí mismo. Instrumento, por tanto, esencial para reconstruir las psicologías y las conciencias colectivas.

Minor White dijo: "Las dos únicas características intangibles de la fotografía son el sentido de la presencia y el sentido de la autenticidad del mundo visible. Podríamos pensar que la calidad de lo presente y lo real existe en la medida en que puede ser captado por el objetivo. Pero la fotografía, con toda su carga de realismo, transmite y expresa emociones y conceptos que no se sustentan tanto en la imagen cuanto en los ojos de quien la mira. Mirar una fotografía, siempre anterior a nosotros, siempre anclada en un pasado largo o inmediato, es verter una parte de la frágil memoria personal en la profunda memoria colectiva y social. Mirar una foto es proyectar parte de nuestro presente en un momento en el que sencillamente no existíamos, porque no estábamos allí.

En última instancia, aunque la fotografía sea capaz en sí misma de componer un discurso histórico propio -con una secuencia-, ello no significa que en un futuro el libro, tal como lo hemos concebido hasta ahora, haya de ser sustituido por este nuevo discurso. El historiador seguirá transitando imágenes y palabras, a veces anónimas, a veces secretas, y revelando la verdad que dejen traslucir. Siempre la palabra creará silencios que la potencien, y siempre la fotografía provocará el diálogo entre dos miradas: la del pasado congelado en un instante y la del presente, en el que cada generación interroga al pasado desde sus propios códigos e inquietudes.



El Pais Semanal  Núm. 1.532  Domingo 5 de febrero de 2006

domingo, 27 de septiembre de 2026

Un humor capaz de reírse incluso de accidentes fatales y tragedias da a Irene Márquez el Premio Nacional de Cómic

El jurado subraya que ‘La muerte de Irene Márquez’, recopilación de distintas historietas de la autora, “camina con éxito sobre la fina línea entre lo incorrecto, lo brutal y la carcajada”

La dibujante de cómics Irene Márquez, en la gala de los premios El Ojo Crítico, el pasado 14 de mayo en Madrid.

Alberto Ortega / Europa Press (Europa Press)

El País


Madrid - 21 SEPT 2026 

La artista y humorista gráfica Irene Márquez (Valdepeñas, 36 años) ha obtenido el Premio Nacional de Cómic, que otorga anualmente el Ministerio de Cultura y está dotado con 30.000 euros, por La muerte de Irene Márquez. El tebeo, publicado por el sello independiente Autsaider, reúne historietas muy distintas por longitud, tono o estilo gráfico, que tienen en común un intento de no “tomarse la muerte muy en serio”, como reza la propia sinopsis de la obra.

El jurado ha subrayado “la audacia y originalidad estética, maestría en el uso del humor y una voz singular e iconoclasta que, con una sorprendente jocosidad, nos enfrenta a esa amarga realidad que nos iguala a todos”, en un comunicado difundido por Cultura. “La creadora camina con éxito sobre la fina línea entre lo incorrecto, lo brutal y la carcajada, logrando un equilibrio casi imposible: el de inquietar, helar la sonrisa y subvertir los límites del humor contemporáneo”, agrega el jurado, según el mismo documento, que también destaca “la fuerte personalidad autoral” de la creadora.



Página de 'La muerte de Irene Márquez', de Irene Márquez, editado por Autsaider.


Márquez ya obtuvo el Premio El Ojo Crítico por el mismo tebeo y había recibido aplausos y reconocimientos anteriormente con su primera obra larga, Esto no está bien, de 2020, otra recopilación de distintos materiales también caracterizada por el riesgo creativo, la variedad estética y el humor negro. La autora “estudió Bellas Artes en Cuenca y se especializó en dibujo en Granada, donde reside. Empezó haciendo humor gráfico para redes sociales en 2016 y un año más tarde empezó a colaborar de manera habitual con la revista El Jueves”, como recuerda el comunicado del ministerio.

De paso, el propio Premio Nacional mantiene su reciente apuesta por iluminar a creadores más alternativos, y más allá de Madrid o Barcelona. Otro tipo de humor, la sátira mordaz de Lo sabes aunque no te lo he dicho, encumbró el año pasado a Candela Sierra, capaz de ridiculizar a través de distintas metáforas gráficas las principales manías de la sociedad contemporánea. Y, desde 2021, triunfaron Bea Lema, Paco Sordo y Magius, siempre con novelas gráficas empapadas de riesgo, innovación y sello autoral. Incluso Borja González, otro de los ganadores recientes, pese a publicar con un sello poderoso como Reservoir Books, propone obras inconfundibles y que exigen un público dispuesto a dejarse incomodar a lo largo de la lectura. Vuelve a ganar el Nacional, por otro lado, una autora, algo que afortunadamente ya no sorprende desde que Ana Penyas rompiera el techo de cristal en 2018 con Estamos todas bien. Hasta entonces, sin embargo, el premio solo había recaído en hombres desde su primera entrega, a Max, en 2007.



Página de 'La muerte de Irene Márquez', de Irene Márquez, editado por Autsaider.


El Pais


Récord histórico: la portada original de 'Astérix en Bretaña' se vende por casi 1,5 millones de euros

La ilustración original de Albert Uderzo, subastada en Bélgica con una dedicatoria histórica a su editor, supera con creces las estimaciones y marca un nuevo hito mundial para la obra del dibujante galo


EfeBruselas

Bruselas

Lunes, 14 septiembre 2026

La portada original de "Astérix en Bretaña" (Astérix chez les Bretons), el octavo álbum de la célebre serie creada por los autores franceses René Goscinny y Albert Uderzo, ha sido adjudicada en una subasta organizada por BD Enchères en Lieja por 1.474.500 euros.

El cómic está "considerado por numerosos especialistas y por el público como una de las cumbres absolutas de la saga", subraya el catálogo de la casa de ventas.

La portada fue la pieza estrella de una subasta celebrada este domingo que reunió unos 700 lotes y recaudó en total más de 1,8 millones de euros, con cerca de un millar de participantes de distintos países.

El álbum fue publicado originalmente en agosto de 1966 y su portada, realizada por Uderzo en gouache sobre cartón, mide 34 por 47 centímetros.


Portada de Astérix en Bretaña.

El cómic narra las aventuras del astuto galo y su compañero Obélix cuando Julio César decide invadir Bretaña con una peculiar táctica: los romanos atacan exclusivamente a las cinco de la tarde, momento en el que los bretones se detienen para beber agua caliente, y los fines de semana, jornadas sagradas de descanso en las que se niegan a combatir.

La isla es conquistada rápidamente, con la excepción de una pequeña aldea en la que reside Buentórax. Este decide pedir auxilio a la Galia, donde vive su primo Astérix. El druida Panorámix prepara entonces un tonel de su famosa poción mágica y el trío emprende el viaje de regreso al otro lado del canal de la Mancha.

La pieza adjudicada cuenta además con una dedicatoria manuscrita de Goscinny y Uderzo a Georges Dargaud, editor de la serie: "A Georges Dargaud, quien es nuestro amigo antes que nuestro editor. Sus autores, que son ante todo sus amigos".

La obra partía con una estimación de venta de entre 150.000 y 200.000 euros, pero su remate final por 1.474.500 euros (gastos incluidos) a un comprador anónimo establece un nuevo récord mundial para un original de Uderzo. La anterior plusmarca la ostentaba la portada de "La vuelta a la Galia de Astérix" (Le Tour de Gaule d'Astérix), vendida en 2017 por 1,449 millones de euros.


El Mundo


sábado, 19 de septiembre de 2026

Primavera, a través del espejo

Cuando el circo llegue a tu ciudad, ¡corre, corre a esconderte!


José Luis Vidal

18 de septiembre 2026 


Nueva Gaulia ha sido siempre un lugar tranquilo, uno de esos lugares pintorescos. Sus vecinos se conocen entre sí, y como en la mayoría de lugares, tienen a un famoso, o varios, en su censo.

Ellos son los Seasons.

Pero, por desgracia, la familia se ha separado. Y lo ha hecho de una manera muy traumática para Primavera, la menor de las hermanas, todas ellas bautizadas como una de las estaciones del año.



Ficha

Las Hermanas Seasons. Volumen Dos.

Guion: Rick Remender

Dibujo: Paul Azaceta

Tapa blanda

Color

120 págs.

21 euros

Norma Editorial


La pizpireta joven se va a ver metida, sin comerlo ni beberlo, dentro de un cuento terrorífico, donde las sombras son sustituidas por los estridentes colores de los globos, las carpas y las vestimentas de los payasos de ese ominoso circo que ha recorrido el mundo y ahora ha llegado a Nueva Gaulia.

Y ay de ti si te cruzas con ellos, ya que su jefe de pista, un ser que parece nacido en una pesadilla, llevará en su mano un espejo para que te mires en él. Cuidado si lo haces, porque tus sueños más secretos y deseados se cumplirán, convirtiéndote en un yonqui que no puede apartar la mirada del maldito reflejo.

Comenzamos esta segunda entrega de esta apasionante entrega que mezcla aventura con fantasía y una pizca de drama con Primavera (¡Cómo no!) viendo desesperada como su hermana mayor, Verano, sujeta en sus manos un espejo, y dentro de él todos la adulan, la aman, no pueden vivir sin ella.

Si algo caracteriza a Primavera es que no piensa las cosas antes de hacerlas, por lo que, junto a su pececillo y mejor amigo, Gabriel, se introduce dentro de la carpa del circo…

Justo aquí comienza una larga y peligrosa persecución a lo largo de varios escenarios diferentes, donde la chica deberá evitar la tentación de sujetar el espejo que continuamente se le ofrece, tratando de convencerla y que se rinda a la inevitable pérdida de su familia.

Pero con una buena dosis de cabezonería y la ayuda inesperada de Gabriel y de otra de sus hermanas, tal vez consiga salir de esta peligrosa ratonera.

La verdad es que este cómic creado por Rick Remender y Paul Azaceta es una de esas historias que te agarra desde su primera página con un argumento apasionante (de hecho, su guionista tiene una tremenda habilidad para moverse entre géneros), unos personajes carismáticos y, obviamente, el dibujo de uno de los mejores artistas del panorama actual que, junto al colorista Matheus Lopes ponen la guinda al pastel y logran con esta genial mezcla una de esas obras en las que, cuando acabas un nuevo volumen, tan solo deseas que llegue el próximo lo antes posible.

Y si no, ya veréis el tremendo cliffhanger con el que concluye esta segunda entrega…


Diario de Cadiz


miércoles, 16 de septiembre de 2026

‘Jovellanos’, la vida de un ilustrado entre la esperanza y la tragedia

La biografía de Benigno Pendas cartografía la mitología del político y escritor en la historia y constata que en España sí hubo ilustración y fue por mentes como la suya


'Gaspar Melchor de Jovellanos' (1798), de Francisco de Goya.

MUSEO DEL PRADO


Ignacio Peyró

26 AGO 2026

Es sin duda una justicia póstuma que la posteridad haya tenido con Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega, 1811) una dulzura muy superior a la que le mostró la vida. No en vano, la centralidad de Jovellanos en la Modernidad española no puede explicarse por el legado material de sus puestos políticos: apenas nueve meses infelices como Ministro de Gracia y Justicia (1797) y otros quince, no mucho más fáciles, en aquella Junta Suprema Central (1808) embrionaria de las Cortes de Cádiz. La contabilidad de sus desgracias, de hecho, iba a ser mucho más abultada que la de estos éxitos mundanos: si primero sufrió siete años de postergamiento en su Asturias natal, después iba a sufrir siete años de prisión injusta en Mallorca. Su muerte en 1811, en lo más profundo de la guerra y en fuga del francés, no ha hecho más que añadir un noble patetismo a su figura.

Frustrados sus proyectos vitales, sus esperanzas políticas y sus ideales ilustrados, en puertas de una España que iba a arder en intolerancias cruzadas, Jovellanos ha podido alzarse en efigie de una cierta tragedia española. Y, malquerido de los radicales de su tiempo, incluso en protomártir —como postula, con agradecidas cautelas, Benigno Pendás— de cualquier noción de Tercera España. La iconografía goyesca, que nos muestra la gravedad de un hombre embargado por la melancolía política, es una de las dulzuras que la posteridad reservaba a Jovellanos, pero también una de las imágenes que cifran nuestra Historia: ¿qué hubiera sido de España sin los dos hombres, Jovellanos y Goya, más benéficos de su tiempo? ¿Qué vacío no tendríamos a la hora de conocer el último esplendor dieciochesco, las ambiciones ilustradas, los desastres de (y la resistencia ante) la guerra?

Extraña poco, pues también es de justicia, que Jovellanos haya pervivido ente nosotros, ante todo, como mito. Según hemos visto, en su vertiente política, tuvo un poder muy menor. Y en Jovellanos. Ilustración para españoles, Pendás es realista sobre su alcance libresco: el Informe sobre la Ley Agraria o sus distintas Memorias pueden pasmar por su ánimo ilustrado más que subyugar como literatura. El prócer asturiano, además, se ha visto perjudicado por el predicamento de un siglo que nunca ha satisfecho a nuestros progresistas y siempre causó la irrisión de nuestro tradicionalismo. Y si, en términos generales, le afecta la fama muy mejorable de las letras del XVIII, en lo particular le ha afectado una sólida tradición de malas ediciones. Esta falla no solo se ha resuelto con toda felicidad en las últimas décadas, sino que —con sus magníficos Diarios— por primera vez puede decirse que Jovellanos es un autor leído. Con todo, a efectos pedagógicos, y si queremos emular las aspiraciones ilustradas del propio Jovellanos, quizá debamos anclarlo en la asignatura de Historia más que en la de Literatura.

Uno de los muchos méritos de la biografía de Pendás consiste, precisamente, en cartografiar la proyección de su mito en la Historia. Para Moreno Alonso, “los absolutistas vieron en Jovellanos la sombra de un jacobino”, y “los liberales más radicales lo consideraron como un trasnochado”. Post mortem, sin embargo, Jovellanos encarna la rareza de un consenso, por no decir unanimidad, por el cual pareciera que las más distintas filiaciones ideológicas españolas se hubieran visto huérfanas sin el asturiano. Menéndez Pelayo, poco dado a dispensas, lo considera un tradicionalista acérrimo. Díez del Corral, un liberal doctrinario. Fernández de la Cigoña, un contrarrevolucionario. Fraga lo convierte en estrella de su El pensamiento conservador español. Juan Cueto lo desliza al nacionalismo asturiano. Y otros han subrayado su feminismo, lo han acercado a Azaña o le han convertido en profeta de valores republicanos. La propia complejidad de Jovellanos abona tantas y tan distintas interpretaciones: al cabo, fue, según Sánchez-Agesta, hombre “religioso y picado de jansenismo, señor y detractor de los señores, propietario (..) y desamortizador, español rancio y resabiado de enciplopedismo, universal y provinciano”. En fin, sin ir más lejos, Jovellanos puede conseguir que un erudito moderantista como Pendás le dedique una biografía, que un poeta de Izquierda Unida como Luis García Montero le dedique un poema y que esos versos figuren en el libro.

Las prendas morales de Jovellanos en la adversidad, así como su muy pragmática resolución ilustrada —“abrir un camino y fundar una escuela”— en todo tiempo han tenido mucho que ver en la admiración tan plural que la fama le ha otorgado. Eso no implica que no tuviera un haz de contradicciones, como se ha dicho, que —eso sí— logró armonizar con acierto. El hombre que anota “lectura en Gibbon. Chimenea. Conversación” en su diario es el mismo que no dejará el Kempis en los momentos de zozobra. Y el intelectual sofisticado y moderno que lee a Bentham, a Beccaria, a Adam Smith —cuatro veces— es también un ilustrado que, al modo de Burke, se sitúa frente a la revolución. Iluminista, sí; iluminado, nunca. En la hora suprema, a Jovellanos se le ofrece colaborar con el francés en un momento, como escribió el poeta Quintana, en que “todos pensábamos a la francesa”. Jovellanos se niega entonces “a las sugestiones y ofertas lisonjeras de la amistad y el poder” y, sin amparo ninguno, defenderá “la causa de mi país, (…) que puede ser temeraria pero es a lo menos honrada”. Ya había tenido la lucidez de ver en Napoleón al “tirano de Europa”, pero siempre causará pasmo pensar en el desgarro que tendría un Jovellanos “moderno, europeo, ilustrado y liberal” al ver a los admirados franceses comportarse “como un invasor bárbaro y un expoliador”.

Las cincuenta páginas de bibliografía comentada —un trabajo benedictino, digno del ilustrado Feijóo— refrendan el empaque de una biografía que no quiere ser académica y que quizá por eso está escrita en un magnífico castellano. Es mucha y abundante la bibliografía jovellanesca. Lo distintivo y loable de este trabajo de Pendás está en trazar un Jovellanos tan suyo como convincente: santo fundador de nuestro moderantismo, “germen del liberalismo doctrinario español que culmina en la política institucional de Cánovas”, liberal historicista a lo Burke y puente entre “el reformismo ilustrado y el liberalismo burgués”. Este punto es importante en tanto que, como afirma Fusi, “el reformismo ilustrado articuló la nación española” o, como matiza Pendás, “crea un Estado para una nación que no alcanza dimensión política (…) hasta el siglo XIX”. Jovellanos representa aquí, por tanto, una invitación a repasar los clichés sobre una Ilustración española que, según Pendás, fue, como en otros países, “una activa minoría (…) en estricta línea con la Modernidad”, sin otra excepcionalidad que “un acendrado catolicismo” y la limitada difusión internacional debida a la pérdida de hegemonía política. Discrepantes habrá de esta tesis, sin duda: ya los hubo, como Ortega. Pero el debate es de importancia, pues “si hubo Ilustración en España, somos un país como los demás (…); si no la hubo, ganan no solo los defensores de la España eterna, sino también (…) aquellos que se regodean en el fracaso histórico de una nación imposible”. “Hubo Ilustración porque hubo ilustrados”, remacha Pendás, en aserto difícil de rebatir. Y quizá por ese propósito ilustrado, Jovellanos, tanto tiempo después, sigue siendo mayor como esperanza que como tragedia.



Jovellanos. Ilustración para españoles

Benigno Pendás

Taurus / Fundación Juan March, 2026

568 páginas. 23,65 euros


Si llegara el fin del mundo, ¿tú qué harías?

 ¿Te gusta mirar?


José Luis Vidal

10 de septiembre 2026


La mayor afición de Val, una de las protagonistas de este cómic, será su perdición. Y no, no porque ella vaya a hacer nada malo o reprochable, y es que en la oscuridad de su sala de cine preferida va a ser testigo de una auténtica masacre perpetrada por un tipo que 'juega' a una competición a nivel mundial, cuyo tétrico hagstag #Marcador, ya os puede dar una ligera idea de por dónde van los tiros (Y nunca mejor dicho…).



Ficha

Espectadores

Guion: Brian K. Vaughan

Dibujo: Niko Henrichon

Tapa dura

Color

344 págs.

40 euros

Planeta Cómic


Y todo podía haber acabado aquí para Val, pero de pronto una inexplicable fuerza hace que su espíritu sea arrancado de su envoltura carnal, para emprender un camino que la va a llevar a lo largo y ancho de su ciudad, New York y, cómo no, a ver cómo pasan los años ante sus sorprendidos ojos.

Pero además del séptimo arte, la joven tiene otra afición, ya que le gusta colarse en las vidas de los demás y observar sus relaciones más íntimas. Pero el tiempo ha pasado, y en el lejano futuro en el que se encuentra ahora las cosas han cambiado mucho, ya que la tecnología ha sustituido en muchos casos a las relaciones de pareja, planteando momentos que rozan lo surreal y/o ridículo.

Pese a los millones de espíritus que pululan por la urbe, la 'no existencia' de la protagonista es bastante solitaria, hasta el momento en el que se cruza en su camino el otro protagonista de este relato, Sam. Un tipo que parece salido de un western y que, sí, en efecto, lleva sobre sus espaldas un largo recorrido por este otro mundo, el de los muertos.

Juntos van a emprender una curiosa búsqueda, la de un trío de amantes que logre conseguir en ellos la excitación añorada.

En el camino, y una vez que se vayan conociendo mejor, surgirá la amistad y con ella las confidencias, los más íntimos secretos, que nos desvelarán hechos de la vida pasada de esta inusual pareja.

Brian K. Vaughan (Y, el último hombre, Ex Machina, Runaways, The Private Eye, Barrier, Saga) es uno de esos guionistas que, armado con su fértil imaginación, es capaz de cogernos de la mano y sumergirnos en una historia tan apasionante y original como esta, donde la ironía se da la mano con una clara crítica a esas estúpidas competiciones, desafíos, tan en boga en las redes sociales, que en este cómic será llevado hasta sus últimas consecuencias.

La posesión de armas en los Estados Unidos también tendrá su parte de crítica, en un país donde casi no hay día en el que se relate en un informativo la masacre en una escuela o un centro comercial.

Todo ello sabiamente mezclado con un relato fuertemente erótico, donde el arte de Niko Henrichon, con el que el guionista ya trabajó en la espectacular Los leones de Bagdag, brilla especialmente, llevándonos a un futuro lejano, en blanco y negro, con unos diseños realmente espectaculares. El trabajo durante tres años del artista es apabullante por momentos.

¿Logrará la pareja encontrar ese trío? ¿Llegará el temido apocalipsis? Entre tantos jadeos, sudor y cuerpos desnudos. ¿Hay espacio para el amor?


Diario de Cadiz