martes, 24 de febrero de 2026

How to draw boobs from Adam Hugues

 
















Fábula de Venecia Hugo Pratt Norma Editorial



(Antes de empezar, debo admitir que soy incapaz de leer las novelas de Conrad, de puro aburridas. Aprecio más a Stevenson como personaje que como escritor, y de London prefiero con mucho las ocasionales adaptaciones de Carlos Giménez que los relatos originales. Con Kipling, en cambio, aún no acabo de aclararme. En fin, que lo mío no es la Aventura. Y sin embargo, la obra de Pratt consigue fascinarme casi siempre.

Especialmente, los distintos títulos por los que deambula el muy icónico Corto Maltés. Acaso por la solidez narrativa del veneciano, por su capacidad de crear personajes poderosos, enigmáticos, inolvidables. O por su condición de historietista nato, uno de los mejores que el medio ha dado en su historia.)

En su política de rescate de autores esenciales, Norma continúa lo que podríamos considerar la edición definitiva de los títulos de Hugo Pratt con un libro que no es, probablemente, su obra más redonda (a mi juicio, semejante galardón correspondería a Corto Maltés en Siberia), pero que sí constituye una pieza fundamental para comprender la evolución de su autor. Edición definitiva, por cierto, en la que se sustituye el brillante blanco y negro del original por un color de tonos desvaídos que, sin llegar a aportar nada al conjunto, tampoco molesta y entronca con el gusto de Pratt por la acuarela suelta y vagamente atmosférica.

Además, incluye un prólogo lleno de información prescindible que nos permitirá comprobar, si es que algún día reunimos suficiente ánimo para leerlo, que el autor veneciano sabía mucho de todo, y además se documentaba de manera exhaustiva, por si acaso. Información, creo yo, perfectamente irrelevante a la hora de disfrutar de la historieta.)

Verán, tengo una teoría en lo que a los tebeos de Corto Maltés se refiere. Para mí, en la trayectoria del mítico marinero se pueden distinguir dos etapas perfectamente diferenciadas. En la primera, que empezaría en La Balada del Mar Salado y continuaría con todas las historias cortas hasta culminar en su aventura más conseguida (insisto: Corto Maltés en Siberia), nos hallamos ante un Hugo Pratt respetuoso con sus mayores literarios, narrador aplicado y fabulador de aliento poderoso en cuyo trabajo se adivinan los ecos de Conrad y Kipling, de London, de todos los grandes del género. Son trabajos sólidos, apasionantes, de una eficacia incuestionable, y le valieron a su autor la consideración de crítica y público (más que merecida: hay algunas historias cortas, de las que luego se recopilaron en Las Célticas o Las Etiópicas, de una belleza que algún pedante calificaría de clásica).

Fábula de Venecia y La Casa Dorada de Samarcanda inauguran una segunda etapa (para mí, más interesante) en la que la Aventura se intelectualiza, los personajes se transforman en iconos autoconscientes y el autor transita sendas paralelas a las recorridas por Umberto Eco en sus novelas.

Quizá hayamos perdido un cierto aliento épico, una manera de poetizar, pero tenemos a cambio el placer del juego, la autorreterencia, el distanciamiento irónico, la reflexión en torno a las claves del género (y las claves, también, de la vida, del ser humano). Y recuperamos a un dibujante que regresa a la mancha, que limpia su trazo hasta lo esencial en un equilibrio hermosísimo, de ecos orientales. Las páginas de Fábula de Venecia son, en este sentido, reveladoras. (Será, sin embargo, en Mu donde Pratt conseguirá cuajar de manera definitiva la manera de hacer de esta segunda época.)

En lo que al álbum en sí mismo respecta, y si dejamos de lado disquisiciones estilísticas y semióticas, ¿qué decir? Un Corto Maltés irónico y sagaz como siempre, misterios y templarios en las calles de una Venecia llena de enigmas y de gatos, de pozos mágicos, de mujeres hermosas, de aventuras, de sombras... La búsqueda de la Clavícula de Salomón como excusa para darnos un paseo por una ciudad mítica, por sus canales mohosos, por sus noches de magia y musgo. Y, como siempre, una mujer, una bruja, alguien que acecha en la sombra, viejos amigos... Corto Maltés, en suma: Hugo Pratt. (Un libro, un autor, por si no ha quedado claro, imprescindibles.)

francisco naranjo


U, el hijo de Urich #8 enero 1998


Obras escogidas Joaquín López Cruces Camaleón Ediciones/ Masalosombra Ediciones




El autor de esta reseña quiere comenzar declarando su absoluta falta de objetividad a la hora de juzgar este tebeo. Porque al revisar estas páginas ha vuelto a convertirse en aquel adolescente abrumado que tuvo el privilegio de acceder al estudio granadino donde entonces (primeros años ochenta) trabajaban Joaquín López Cruces y Rubén Garrido, el adolescente impactado que volvía a casa envuelto en la magia de aquellos originales que aún olían a tinta fresca, de aquellos dibujos sublimes, impecables, hermosos, de aquel trabajo que empequeñecía hasta el ridículo los incipientes intentos de dibujar una historieta mínimamente correcta. Entre los dibujantes imberbes de mi generación, hablar de Joaquín López Cruces era hablar de la perfección exquisita. Y a pesar de todo, a pesar de la casi nula presencia de nuevas páginas de Joaquín en el panorama comiquero, a pesar de que dejamos de ser imberbes y adolescentes, los dibujantes de mi generación seguimos hablando de Joaquín y seguimos odiándolo por su maldita perfección.

Quien no tenga ni idea de lo que estoy hablando haría muy bien en correr a las librerías y hacerse con esta pequeña joya que Camaleón y Malasombra nos regalan ahora. Obras encogidas es una magnífica recopilación de historietas cortas realizadas desperdigadamente para diversas publicaciones (Madriz, La Granada de Papel, Don Pablito, Olvidos de Granada...). En los guiones, además de los de propia autoría, podemos ver las firmas de Almudena Martínez, Rubén y, sobre todo, de Santi (M° Isabel Santisteban), con quien también realizó el sensacional álbum Sol poniente, una obra que a mi entender nunca fue suficientemente valorada y que hoy día constituye toda una rareza.

Cada una de las historietas que componen esta recopilación es un trozo de vida; recogen fugazmente escenas cotidianas, pequeñas anécdotas banales, ráfagas en la existencia de personajes absolutamente corrientes, pero narradas con una sensibilidad que convierte lo aparentemente intrascendente en poético, emocionante o mágico. Esa especial sutileza para ver la vida y para contarla es la verdadera esencia del arte de Joaquín López Cruces, un camino que la historieta ha tomado en contadas ocasiones. Y bajo este planteamiento, la precisión documental y la perfección de su dibujo, más allá del puro goce estético, se convierten en un elemento narrativo más, en armas fundamentales para envolvernos en el hálito poético de sus historias, a veces mágicas, a veces nostálgicas y melancólicas, a veces incluso irónicas y humorísticas. A pesar de la variedad de estilos que el autor ha ido ensayando (desde el realismo casi absoluto al trazo más suelto y expresivo, pasando por el más puro humorismo), hay en todos ellos un denominador común: la absoluta precisión con que se dibujan todos y cada uno de los elementos que componen la viñeta, cuidando al máximo los detalles, los objetos, los vestuarios, los gestos..todo lo que, de un modo u otro, aportan densidad y riqueza a la lectura. Esta riqueza gráfica es fundamental, sobre todo en sus trabajos bajo los espléndidos guiones de Santi, basados en los silencios y las elipsis. Son historietas que sugieren más de lo que narran, que esconden mucho más de lo que enseñan. Es la puesta en escena la que nos describe ambientes, la que nos revela, o nos sugiere, algunos de esos secretos que parecen ocultarse bajo las modestas vidas de sus personajes.



Esta recopilación nos ofrece también la extraordinaria oportunidad de apreciar en su conjunto el dominio que Joaquín López Cruces ejerce sobre la historieta breve, un género cada vez menos cultivado ante la práctica inexistencia de revistas y la creciente tendencia al formato comic-book y la novela gráfica. Si quisiéramos hacer comparaciones (ya lo sé, siempre odiosas con otros medios, las historias de Joaquín serían equiparables a un cuento corto o a un poema, según los casos.

Siempre parten de premisas argumentales muy escuetas, en algunos casos prácticamente inexistentes, en las que lo realmente importante es el modo de narrar y la capacidad de interpretación del lector, al que continuamente se le dejan resquicios para que construya la historia a su modo. En este sentido, una historia tan aparentemente intrascendente como "En algún lugar de Escocia" (un diálogo en inglés entre dos chicas que se preparan para dar un paseo en coche) puede convertirse en un verdadero ejercicio de provocación para la imaginación y la capacidad emotiva del público. Si uno quiere, puede construir miles de historias distintas a partir de lo que nos ofrecen los autores (Joaquín y Rubén, en este caso): la mera descripción de un ambiente y una levísima presentación de personajes de los que nada sabemos pero sobre los que podemos sospechar muchas cosas. Este mismo esquema se repite en casi todas las historias: en "La aventura", con guión de Santi, la trama gira en torno al descubrimiento de unos niños de un libro "guarro" (El Decamerón), pero lo que realmente importa no es el descubrimiento en sí, sino la tensión y la intensidad con la que los niños acceden a lo prohibido y el impacto emocional que les causa (un tema, el de la infancia, muy presente en toda la obra de Joaquín). "Orfeo", también con la misma guionista, describe la crueldad y el dolor de la muerte con una eficacia y una elegancia admirables, gracias a una planificación de páginas que confronta pero a la vez confunde la vida y la muerte, el sueño y la realidad, el pasado y el presente. Y todo eso en sólo dos páginas y usando apenas tres o cuatro pequeños bocadillos.

En definitiva, cada una de las brevísimas piezas que componen este trabajo son modélicas en su construcción; insisto, son historietas que carecen de grandes pretensiones, construídas con la modestia de quien trabaja con el material que permanece agazapado tras las pequeñas historias de todos los días: el misterio, la fascinación, las pequeñas sorpresas, las emociones, los sentimientos, la recreación de ambientes y sensaciones. Y todo ello con el regusto tan especial que desprenden las obras trabajadas concienzudamente y con cariño. Quizá ahí radique la verdadera causa de por qué un autor de esta talla no haya continuado publicando profesionalmente como historietista y se haya desviado hacia otras facetas profesionales más rentables (ilustración y diseño, fundamentalmente); en contra de lo que podría pensarse, creo que Joaquín no ha abandonado la historieta porque haya dejado de gustarle, sino por todo lo contrario: respeta tanto este medio que sería incapaz de hacer páginas sin la entrega, el entusiasmo, la dedicación y la búsqueda de calidad que se merece. Joaquín López Cruces pertenece a una raza de autores que, me temo, la industria es incapaz de absorber y asimilar por su ritmo de producción y sus planteamientos de trabajo, poco rentables comercialmente. En cualquier caso, siga o no haciendo historietas (es muy posible que dentro de poco nos sorprenda con alguna pequeña cosita de nueva producción), Obras encogidas, con toda su brevedad y su modestia, es un nuevo ejemplo de resistencia, un recordatorio de lo que se hizo en otros tiempos quizá más felices para la historieta y un catálogo de sugerencias de muchas de las cosas que quedan por hacer.

Enrique Bonet


U, el hijo de Urich #8 enero 1998




lunes, 23 de febrero de 2026

Zerocalcare desnuda ante el lector su imperfección

Dibujo de Más allá de los escombros. Zerocalcare

Por Álvaro Pons  y Noelia Ibarra

La obra de Zerocalcare se ha convertido en un auténtico fenómeno social en su Italia natal. Todo un millonario éxito de ventas que ha traspasado la viñeta para llegar a tener serie de animación en Netflix, en un camino que en otros autores podría constituir una vía de domesticación y gentrificación del mensaje, pero que el historietista ha aprovechado para crear una obra tan compleja como reivindicativa y honesta.

Desde una concepción autoficcional de la creación, sus obras se articulan en torno a dos grandes ejes: por un lado, el cuaderno de viajes a zonas de conflicto como Turquía, Irak o Siria, y, por otro, el relato personal e íntimo de su vida, en el que reflexiona sobre todos los temas cotidianos con un compromiso político militante y exigente ante la realidad que nos rodea. El espíritu punk de su juventud se encuentra siempre presente en sus obras, pero su relato vital se ha ido forjando desde la introducción de elementos fantásticos que sirven como reflejos metafóricos de la realidad, como la introducción de un armadillo como alter ego, pero también desde la interpelación a la cultura popular como argamasa de la construcción de nuestra identidad.

En esta nueva entrega, el autor repasa esos momentos de maduración y crecimiento, ese paso de la utopía juvenil a la resignación adulta, que le permite reflexionar sobre las relaciones con su familia o sus amigos. Sin filtro alguno, Zerocalcare se confiesa ante el lector a través de la liberación de una rabia interior que tendrá que dialogar con esas ficciones que definen los rasgos de la personalidad individual desde un humor ácido y cortante, a veces pura hipérbole descarnada que deja un poso amargo, pero que transforma la realidad en una ficción más digerible, nunca menos impactante en la lectura. Revisa sin ambages los traumas que arrastramos desde la infancia, ocultos y sin verbalizar, en una búsqueda que le permita comprender quiénes somos hoy, pero también desde una mirada crítica hacia ese concepto tan voluble que puede ser la integridad a uno mismo, jugando con los diferentes periodos vitales y comprobando cómo esa supuesta solidez supone tan solo una frágil edificación que va dejando escombros tras de sí como muestra de los encontronazos con la vida. Sin embargo, la dureza de su mirada encuentra refugio en la necesidad de apoyarse en los demás para poder mantener esos fragmentos en apariencia desechados en su lugar, para conseguir que esa delicada y endeble composición resquebrajada pueda seguir unida. Aceptar la imperfección de ese equilibrio imposible de piezas al que reconocemos con dificultad bajo la etiqueta de "yo" para poder entender y tolerar a los demás. Resulta imposible leer esta obra y no sentirse reflejado en algún momento, en algún silencio, en algún diálogo: Zerocalcare consigue siempre ir mucho más allá del escombro para empatizar y, al tiempo, tender la mano al lector para avanzar juntos en la lectura sin perder nunca su compromiso con la realidad.



Más allá de los escombros

Zerocalcare

Traducción de Irene Oliva Luque

Reservoir Gráfica, 2026. 384 páginas. 28,41 euros


Babelia Núm. 1.787 Sábado 21 de febrero de 2026




sábado, 21 de febrero de 2026

Gorillaz: The Mountain (tráiler del cortometraje The Line)

 



El cortometraje animado de Gorillaz , "La Montaña, la Cueva de la Luna y el Dios Triste" , se estrenará en YouTube el 27 de febrero.  Producido por el estudio de animación británico The Line . Primer tráiler

Via Catsuka

Madman Comics Mike Allred Norma Editorial



El protagonista de esta serie tiene dos nombres: Madman y Frank Einstein. Y los dos revelan con certera precisión lo que es. Es un tarado, una persona psicológica y emocionalmente insuficiente que se disfraza con un traje de superhéroe para compensar su patológica carencia de autoestima, y por eso le conocemos con la enmascarada identidad de Madman. Y es también el monstruo de Frankenstein, una criatura hecha de remiendos que vuelve a la vida y busca un lugar en el mundo que quizá no tenga.

Lo curioso es que la personalidad de su protagonista se traslada fielmente al conjunto de la obra: Madman Comics es una serie loca, a menudo desequilibrada, que acostumbra a esconder detrás de colores chillones y ráfagas de nerviosismo sus propias insuficiencias. Y, como la criatura de Frankenstein, está hecha de jirones de materiales muertos que, cosidos con habilidad, reciben una vida artificial. Pero la analogía va más allá: de la misma manera que Madman no es un héroe noble, sino ingenuo, y que esa ingenuidad, a su vez, no es más que una fachada tras la cual se pudre un secreto horrible, Madman Comics es sólo aparentemente tan obvio fomo se diría a simple vista, y tras sus rasgos más inmediatos se agazapa un denso entramado de resortes narrativos, temas recurrentes y motivos estilísticos.

La primera serie de Madman, The Oddity Odyssey, la publicó Tundra en 1992. Allí, un dubitativo Mike Allred aprovechaba el blanco y negro para desplegar un dibujo de enorme expresividad que nos guiaba a través de una intrigante aventura más deudora del Daniel Clowes de Como un guante de terciopelo forjado en hierro que de los grandes maestros del comic book comercial. La prometedora irrupción de Allred tuvo continuación en otra serie de Tundra, Madman Adventures (1992-93) en la que las novedades iban más allá del rutilante color para mostrarnos una planificación de página más espectacular y un dibujo de entintado más convencional, más rotundo, acorde con un guión pleno de acción que se desmarcaba varios metros de los principios del alternativismo militante. El tramo final de este camino es Madman Comics, once números publicados por Dark Horse entre 1994 y 1996 que ahora Norma ha vertido al español.

No sorprende en absoluto la rápida ascensión de Allred desde los sótanos del culto independiente hasta un razonable estrellato que le permite emparejar a su creación no ya con Hellboy, Nexus o Big Guy, sino con el mismísimo Superman. Al igual que en el caso de Kevin Smith, con quien es fácil compararle, su éxito más que de inesperado se puede calificar de inevitable. El campo estaba maduro para algo así. Al igual que Smith, Allred ha engullido una descomunal cantidad de influencias procedentes de la cultura mediática desde los años 50 hasta ahora, y al igual que Smith, ha sabido extraer de ellas un producto con las raíces hundidas en terreno clásico, comercial, y por lo tanto confortable para el consumidor general, pero con las ramas expuestas al aire y al sol, lejos de las claustrofóbicamente desfasadas y reiterativas catacumbas de las producciones comerciales habituales hoy en día.

Madman Comics es el Spider-Man de Steve Ditko en un mundo conformado por todo tipo de desechos rescatados del vertedero de lo fugaz. Entre muchos otros escombros, destacan principalmente Disney; el intrigante mundo pop japonés, desde el manga hasta la juguetería; el rock, con especial afecto por el glam-rock de los 70; y el cine, muchísimo cine, y más aún si es de ciencia ficción, fantástico o de acción. En efec-to, las acrobáticas y desenfadadas persecuciones de decenas de páginas con las que Ditko rellenaba los Amazing Spider-Man de hacen treinta años son mimetizadas con respetuosa perfección por un Madman igual de ágil y de temerario, que bota y rebota alrededor de adversarios tan dispares como los que encontraba en su camino el adolescente Peter Parker, pero, al igual que entonces, generalmente más voluminosos y lentos que el héroe, ejerciendo a la vez de contraste y de centro de gravedad para las evoluciones de la estrella. Sobre esa base se añaden androides hurtados a Tezuka o calzados con los guantes de Mickey Mouse, robots de latón comprados en una juguetería de saldos, citas a Bowie, los Who o Mott the Hoople y reverencias a Clint Eastwood, Jackie Chan, Planeta Prohibido y, francamente, más películas de las que soy capaz de identificar, además de otra porción de guiños menos escandalosos, dando forma a un batiburrillo que pretende armonizarse con una sub-trama continuada que tiene que ver con el misterioso origen de Madman ¿quién era antes de morir y renacer como el grotesco Frank Einstein?) y a la cual se añaden frecuentemente tonos de angustia existencialista en plan tremendo (un poco a lo Lynch en Carretera perdida) útiles para recordarle al lector que debajo de las risas y los colorines, atención, puede acechar algo grave.

Por supuesto, hoy en día todo el mundo hace acopio de referencias y las traslada sin pudor a la página impresa que luego va a firmar como "obra original". Entonces, ¿qué diferencia a Allred de las legiones de expertos en cultura basura que se han lanzado al monte en los 90? Quizás que Madman Comics es un retrato veraz de la personalidad del propio Allred. Mientras que muchos buscan influencias cool con desesperación, Allred tiene realmente asimilada en su organismo esa mezcla de referencias, que forman honestamente parte de él y de su forma de ver el mundo. Por lo tanto, en lugar de desplegar un puñado de imágenes incongruentes que chirrían en un desesperado y nefasto intento de bailar juntas, Allred lo que despliega es el conocimiento exacto y profundo de los mecanismos y fundamentos que animan a esas imágenes. Donde otros copian la carrocería, él copia el chasis y el motor. Y es obvio que, sin chasis, la carrocería no se sostiene; sin motor, la máquina no se mueve. Allred plagia sin recato, pero aún así su trabajo transpira una sinceridad difícil de ignorar.



Sus fuentes rockeras o cinematográficas, por ejemplo, no son mera impostura, como se comprueba simplemente acercándose a su última obra, la enciclopédica Red Rocket 7 que recapitula la historia del rock con una leve excusa argumental de ciencia ficción, y que además es el nombre del grupo en el que toca nuestro autor, por no hablar de Astroesque, la película que ha dirigido. Claro que con sinceridad sólo no se va a ninguna parte. Lo cierto es que Allred es brillante en los diseños de personajes, sabe plantear situaciones intrigantes, y su dibujo, apoyado en trucos de planificación que disimulan muy bien sus deficiencias básicas y en el espléndido color que aplica su esposa Laura, no ha cesado de evolucionar. A veces, sí, los personajes que ha levantado exceden el alcance de los argumentos que concibe y se imponen al desarrollo de una trama que puede resultar algo pobre. Es lo que ocurre, por ejemplo, en el primer número de los publicados por Norma. Precisamente el arranque de Madman Comics es lo más flojo de todo lo publicado del personaje: historias endebles, montaje confuso, dibujo indeciso... Que el lector impaciente no tome decisiones precipitadas: es sólo una salida en falso rápidamente compensada con una confianza creciente a cada episodio que pasa. De hecho, me atrevería a recomendar al comprador de Madman Comics que acumule los cinco tomitos en la estantería y después los lea todos seguidos. La obra se revela cohesionada, y crece en interés al ganar relieve todos los detalles de segundo plano en los que generalmente nos fijamos menos, absorbidos por los requerimientos de la aventura titular. Y son precisamente esos detalles de segundo plano los que nos llevan cada vez más deprisa y mas ansiosamente hacia el final, hacia un final que, lamentablemente, llevamos esperando más de un año, porque Allred ha tenido la ocurrencia de interrumpir la publicación de Madman Comics tras el número 11 (octubre 1996) cuando la cosa se ponía más interesante y cuando las grandes revelaciones por fin llamaban a la puerta.

Mientras esperamos la continuación de la saga (que Allred ha prometido cien veces tener completamente planificada, al menos para los siguientes seis números), Norma podría hacernos el favor de recuperar The Oddity Odyssey y Madman Adventures. Sería un detalle tener publicado integro en español uno de los tebeos americanos de los 90 que merece la pena comprar.


Trajano Bermúdez


U, el hijo de Urich #8 enero 1998