sábado, 5 de septiembre de 2026

Diamantes y luchas de poder

La crítica especializada ha recibido ‘Katanga’ como 
uno de los cómics más contundentes de los últimos 
años, cautivada ante un ‘thriller’ político que retrata con crudeza el caos del África poscolonial de la década de 1960.

Un joven melancólico frente al mundo


Página de 'Katanga'.

Julián Ruesga Bono

30 de agosto 2026



La ficha

Katanga (edición integral). Fabien Nury (guión), Sylvain Vallée (dibujo) y Jean Bastide (color). Norma Editorial. Barcelona, 2025. 224 páginas. 39,50 euros

Norma Editorial presentó recientemente el integral de la serie Katanga (2017-2019), un cómic impactante y de gran calidad, dirigido y dibujado por Sylvain Vallée (1972), con guión de Fabien Nury (1976). La edición recoge los tres álbumes que conforman la trilogía original –Diamantes, Diplomacia y Dispersión– en un solo volumen de 224 páginas a color y gran formato que incluye extras con material gráfico, estudios de personajes y otros contenidos que contextualizan la historia.

Nury y Vallée ya habían colaborado anteriormente en la serie Érase una vez en Francia (2006-2012), un gran éxito comercial con más de un millón y medio de ejemplares vendidos, traducción a quince idiomas y varios premios en su haber (entre ellos dos a la mejor serie en el festival de Angoulême y otro en el de Lucca). De forma novelada narra la vida de Joseph Joanovici, un chatarrero de origen judío que en la ocupación alemana de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, amasó una gran fortuna haciendo negocios al mismo tiempo con la Gestapo y la Resistencia. Nury y Vallée se inspiran en un personaje real para construir un dinámico relato de intrigas, traición y ambigüedad moral en la ciudad de París dominada por las tropas nazis. La narración salta constantemente entre tres niveles temporales, gracias al uso de distintos flash-backs, hilvanando un relato que nos acerca a la oscura trastienda del régimen de Vichy en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

Con Katanga, sus autores acuden al thriller político para narrar una historia ambientada en el corazón de África en los años 60. Concretamente en la República del Congo, que después de pasar 80 años bajo la dominación colonial belga se independiza en 1960, con Patrice Lumumba como primer ministro y Joseph-Desiré Mobuto como ministro de Defensa, dando paso a un periodo de gran inestabilidad, semanas después de la proclamación de independencia la rica región minera de Katanga inicia la secesión con el apoyo militar belga y de la Unión Minera del Alto Katanga. En medio de las tensiones de la Guerra Fría, y en plena guerra civil, Patrice Lumumba es destituido y posteriormente asesinado en 1961. Así, con este telón histórico de fondo, más los juegos de poder de ministros y diplomáticos corruptos al servicio de las compañías mineras, los autores tejen una trama donde la ambición de un grupo de personajes muy dispares actúa como eje dramático en torno al cual se articula toda la narración.

La historia se desarrolla como un thriller coral, con una amplia galería de personajes muy bien construidos y perfectamente insertados en la intrincada trama; donde empresarios, mercenarios, políticos y agentes secretos compiten en una sangrienta lucha por conseguir unos valiosos diamantes robados, el hilo conductor de la narración. Las historias paralelas que discurren a lo largo del relato son excelentes, combinando en ellas la ambigüedad moral de los personajes y el humor negro crean una tensión que va creciendo hasta el desenlace final. Nury consigue presentar y caracterizar los personajes de manera clara y concisa y Vallée desarrolla un estilo gráfico que combina el realismo de los escenarios en los que se mueve la acción con un ligero tono caricaturesco en los rostros de los personajes, que le permite potenciar la expresividad narrativa sin sacrificar la credibilidad de la historia.

En las once primeras páginas del álbum, a modo de introducción, el Ministro del Interior de la Katanga independiente, Godefroid Munongo, cuenta al Director General de la Unión Minera del Alto Katanga (UMAK), Bernard Forthys, la turbulenta historia política de Katanga antes de ser colonia belga. A partir de estas primeras páginas, el lector queda atrapado por una historia de gran vigor narrativo y belleza plástica. El cómic es un medio secuencial que combina imágenes y texto para contar historias. La narración gráfica no queda limitada al dibujo, la ordenación de las viñetas genera la narrativa visual que marca el ritmo de lectura. Nury y Valleé hacen de Katanga una obra redonda, con muy pocas fisuras, a la altura de su anterior trabajo, Érase una vez en Francia. La estructura de página empleada es la de cuatro o cinco filas de viñetas rectangulares –un tipo de puesta en escena muy clásica que permite muy pocos artificios, pero efectiva y clara– que combina excelentes panorámicas con planos medios y primeros planos. El color de Jean Bastide contribuye al realismo de la puesta en escena y a mantener una atmósfera constante durante todo el relato.

Katanga roza constantemente el modelo de la tragedia griega, con poderosos personajes muy bien construidos que muestran una cruda y áspera imagen de la condición humana, donde el poder económico, como el de los dioses griegos, prevalece sobre el humano. Todo dentro de una intensa e intrincada acción que no pierde nunca el pulso narrativo. El relato fluye a través de las viñetas con dinamismo y un ritmo que no da tregua, saltando entre las distintas localizaciones en las que se desarrolla la historia. Como en otros trabajos suyos, Nury construye una historia de ficción verosímil, impredecible y sorprendente, con personajes de una gran profundidad humana y tan realista que podría ser verdad. Un cómic tremendamente relevante, un momento creativo álgido de dos de los historietistas más reputados de su generación en Francia.

Diario de Cadiz


martes, 1 de septiembre de 2026

Hijos de la noche

Se ocultan en las sombras, bajo tierra, elaborando temibles planes que amenazan a la humanidad


José Luis Vidal

27 de agosto 2026

Olvidaos de los coloridos trajes de los héroes del Universo Marvel, ya que en un abrir y cerrar de ojos vamos a sumergirnos en el lado oscuro, donde residen criaturas que parecen salidas de la peores pesadillas inimaginables. Aquí la amenaza no proviene del espacio exterior, ni de una dimensión paralela, sino que reside entre nosotros y cuando cae la noche se abre la puerta a su deseado imperio.



Ficha

Marvel Treasury Edition. Marvel: Blanco, negro, sangre y vísceras.

Guion y dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

136 págs.

25 euros

Panini Cómics


Vampiros, hombres lobo y demás monstruosidades de todo pelaje van a ocupar las páginas de esta nueva edición de la línea Marvel: Blanco, negro, sangre… y en este caso se añaden las vísceras.

Pero claro, para luchar contra estas imparables amenazas hacen falta seres que viven más allá de las leyes establecidas, e incluso que comparten alguna que otra característica con los monstruos, como es el caso de aquel que camina bajo la luz del sol, Blade.

Este auténtico guerrero, al que todos los vampiros mencionan en voz baja, es temido cuando desata su furia, empuñando unas letales katanas hechas de plata.

Va a protagonizar un buen puñado de los relatos incluidos en este volumen de gran formato, que gráficamente resulta una auténtica, y oscura, maravilla.

Una fiesta con lo mejor de la Jet Set se va a convertir en inesperado terreno de caza para el despiadado plan de un magnate tecnológico.

El corazón de un cazador de vampiros como Blade también guarda algo de ternura cuando una desvalida niña, Tanya, le pide que la defienda de una horda de chupasangres. Lo malo es que tal vez nada es lo que parece ser…

Pero en estas páginas también hay lugar para las maldiciones, como aquella que aguarda dentro de la armadura de un mítico héroe, oculta durante años dentro del armario de una anciana.

Por no hablar de un lejano futuro, postapocaliptico, donde los pocos supervivientes se divierten con la lucha de un ser que ha mutado, lo conoceréis por su piel verdosa. Lo malo llega con la presencia de un misterioso hombre que porta un objeto que tal vez cambie las cosas. Su nombre es Frank.

Y así seguiremos con el espeluznante recorrido por los espacios más lóbregos, oscuros, de este universo que tan bien conocemos los fans de La Casa de la Ideas, cuyos cimientos están construidos con el talento de un potente grupo de guionistas formado por Al Ewing, Chris Condon, G. Willow Wilson, Garth Ennis, Alyssa Wong, B. Earl y Taboo, Gary Moloney, Philip Kennedy Johnson, Mark Waid, Anthony Olivera y Victor LaValle.

Y como os comentaba anteriormente, unas páginas con una calidad gráfica que os dejaran con la boca abierta, y que vienen firmadas por los talentosos Kev Walker, Devmalya Pramanik, Claire Roe, John McCrea, Chris Allen, Ho Che Anderson, Ty Templeton, Luke Ross, Baldemar Rivas, Christian Rosado, Bruno Büll de Oliveira y los españoles Jorge Fornés y Javier Pulido.

Y ahora, ¿qué estáis esperando? ¡Lanzaos de cabeza a la lectura y que comience el tembleque!


Diario de Cadiz


lunes, 31 de agosto de 2026

Jonathan Swift: Trescientos años molestando

Naufragios, accidentes o piratas llevan a Gulliver a mundos fantásticos, que sirven para retratar la política y para ridiculizar la la naturaleza humana

'Gulliver y los liliputienses', óleo de Jehan-Georges Vibert (1840-1902).

MeisterDrucke


Daniel Gascón

29 AGO 2026

Mi propósito principal no es divertir al mundo sino molestarlo”, escribió Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) acerca de Los viajes de Gulliver, de cuya publicación se cumplen 300 años en 2026. Popular como relato infantil y de aventuras, y adaptado a numerosos formatos, es una obra maestra de la sátira y “uno de los mejores libros de filosofía política que se hayan escrito jamás”, en palabras del catedrático de Filosofía del Derecho Javier de Lucas. George Orwell decía que sería uno de los seis libros que salvaría, y es difícil imaginar Rebelión en la granja, 1984 o La política y el idioma inglés sin el magisterio de Swift.

“Políticamente”, escribió Orwell, “Swift era una de esas personas que se ven empujadas a una especie de conservadurismo perverso por las locuras del partido progresista del momento”. Su obra rechaza la injusticia y la opresión, decía, sin mostrar aprecio por la democracia. F. R. Leavis destacaba de Swift la ironía, la energía y la negatividad: una especie de destrucción creativa.

“Tengo materiales para un tratado que pruebe la falsedad de la definición del animal rationale, y muestre que solo debería ser rationis capax. Sobre estos cimientos de misantropía (...) se erige todo el edificio de mis Viajes”, escribió Swift al poeta Alexander Pope.

En Los viajes de Gulliver, que publicó con seudónimo, Swift parodiaba los libros de viajes y en particular Robinson Crusoe. El protagonista, el cirujano Lemuel Gulliver, realiza cuatro expediciones: naufragios, accidentes o piratas lo llevan a mundos fantásticos, que sirven para retratar la política y el poder, y para ridiculizar la sociedad de su tiempo y la naturaleza humana. El texto es riquísimo en detalles, ingenio, alusiones y perspicacia.

Los conflictos políticos del primer viaje satirizan el sectarismo político y religioso. Lilliput está en guerra desde hace mucho con Blefuscu. El origen de la enemistad es una divergencia sobre la mejor forma de cascar un huevo. Pero también hay problemas internos: en Lilliput hay dos partidos enfrentados, según la altura de los tacones que prefieran. Los tacones altos, dicen algunos, son más tradicionales y favorecedores; pero el rey ha preferido imponer los tacones bajos en la administración del Gobierno y los cargos de la corona. “La animosidad entre ambos partidos ha llegado a tal extremo que ya no comen ni beben juntos”, explican al viajero. Quizá los partidarios de los tacones altos sean más numerosos, aunque el poder está en los de los tacones bajos. Hay razones para la inquietud: “el heredero del trono muestra cierta inclinación hacia los tacones altos”. Existen camarillas, sicofantes, envidias y traiciones. En uno de los numerosos episodios escatológicos del libro, Gulliver apaga un incendio en palacio orinando sobre el fuego: salva la vida a la reina, pero ella no le perdona el procedimiento.

El segundo viaje, a la tierra de los gigantes, es más oscuro: en un libro que gira a menudo en torno a la idea de dominación, la estancia en Brobdingnag puede verse como una alegoría de la esclavitud. Al principio Gulliver debe actuar en espectáculos de feria. Luego es acogido por los reyes, pero sufre los celos del enano de la corte y está sujeto a los caprichos de los gigantes. Las aristócratas lo usan de mascota; una, para repugnancia de nuestro héroe, lo posa sobre su pezón descomunal.

Hay un procedimiento de desfamiliarización. Gulliver describe la sociedad inglesa al rey, que considera que esta constituye “la raza más perniciosa de alimañas odiosas y minúsculas y odiosas que haya hecho reptar jamás sobre la faz de la tierra”.

La escritura de Swift es clara y poderosa; física y divertida. Pero el humor se va volviendo más sombrío, sobre todo en las dos aventuras finales. El viaje a Laputa se ha leído como una metáfora del colonialismo y de la situación de Irlanda bajo el dominio británico. El rey y la corte viven en una isla flotante, dedicados a la abstracción y despreocupados de sus súbditos. Cuando en una de sus ciudades hay una rebelión, la isla flotante se pone encima, bloqueando el sol y la lluvia, arrojando piedras o aplastándola si hace falta.Gulliver visita la ciudad de Lagado, devorada por la pobreza y donde sin embargo el rey ha instalado una academia. Allí, algunos científicos (que satirizan a la Royal Society y cuyos planes tienen alucinantes conexiones con el presente) desarrollan sus proyectos: convertir los excrementos en el alimento originario; una máquina que crea texto sin comprenderlo; otra que extrae rayos de sol de los pepinos. Hay planes para hablar solo con monosílabos o eliminar todas las palabras para mejorar la comunicación, y un intento de desactivar tramas e insurrecciones basándose en el análisis de la dieta y deposiciones de los ciudadanos. Según un profesor, cuando uno quiere matar al rey, caga verde. Los artefactos fracasan; los proyectores concluyen que deben ser más radicales.

El cuarto libro muestra una sociedad “ideal” y es el más angustioso de todos: los Houyhnhnms, con forma de caballo, son seres racionales que esclavizan a los Yahoos, una versión tosca de los humanos: brutales, desnudos, sin lenguaje. Esa sociedad perfecta de los Houyhnhnms, sin desorden, mentira ni afectos, se plantea el exterminio de los Yahoos. También considera esterilizarlos: eso acaba con el “problema” sin tener que matarlos. El propio Gulliver (aunque admire a los Houyhnhnms, aunque se vista y hable) está a medio camino: una Yahoo intenta acostarse con él; lo expulsan por ser un extraño y un riesgo para la seguridad. Gulliver, que huye en una canoa hecha con pieles de Yahoos, siente repugnancia ante su propia naturaleza, pero la sociedad ideal de los Houyhnhnms también resulta aterradora. La realidad da asco; la utopía, miedo. A fin de cuentas, Swift no escribía para divertir, sino para molestar. Trescientos años después, las aventuras de Gulliver siguen haciendo las dos cosas.


Babelia Núm. 1.814. Sábado 29 de agosto de 2026


Otros mundos, nuevos villanos

Cuando Spiderman y Lobezno cruzan sus caminos, los problemas van a aparecer por doquier



Ilustración de portada.

José Luis Vidal

26 de agosto 2026

Y eso precisamente ocurre al principio de esta apasionante aventura. Ya que bajo la ciudad, en las cloacas, surge una peligrosa y letal amenaza que por razones desconocidas se ha descontrolado.

¿Y podéis imaginar quién se va lanzar de cabeza a tratar de arreglar la situación?

Pues sí, premio para los que lo hayáis resuelto, ya que el Lanzarredes más famoso del Universo Marvel, como suele hacer habitualmente, se va a jugar el pescuezo en una situación de la que tan solo puede sacarlo sano y salvo cierto mutante canadiense…



Ficha

Spiderman y Lobezno Volumen 2.

Guion: Marc Guggenheim

Dibujo: Gerardo Sandoval, Kaare Andrews

Tapa blanda

Color

120 págs.

12 euros

Panini Cómics


Pero claro, esto es solo un aperitivo, porque la verdadera peripecia del este curioso dúo comienza cuando el Reed Richards de una Tierra paralela, los invoque con un plan muy claro en mente. La venganza contra aquel que asesinó a la pareja del elástico científico.

Pero hete aquí que la sorpresa será máxima cuando el dúo conozca que la finada no era Sue Richards, sino una mujer que ha ocupado el duro corazón de Logan. Se trata, como ya habréis supuesto, de Mariko, una mujer a la que creyó perder, y que tras regresar de la muerte no ha querido saber nada de él.

Todas estas disquisiciones serán interrumpidas cuando tengan que verse las caras con un enemigo implacable y prácticamente invencible, que por caprichos del destino y del Multiverso, es una curiosa mezcla de ambos, Spiderman y Lobezno…

Su nombre es Arachnix y les va a poner las cosas muy, pero que muy difíciles a los protagonistas, que tendrán que tirar de ingenio si quieren que el villano muerda el polvo, regresar a su casa y, sobre todo, cerrar viejas heridas sentimentales.

Pero claro, decirlo así puede resultar sencillo, pero librarse de Arachnix no va a ser tarea fácil, incluso cuando crean que han acabado con él, el tipo se empeña en volver más letal que nunca. Y si a esta peliaguda situación añadimos la aparición de la última defensa contra la villanía de esta particular Tierra, pues ya la tenemos liada (Atención a las peculiares versiones de héroes ya conocidos por todos).

Esta auténtica montaña rusa de emociones con la que concluye la aventura está escrita por el guionista Marc Guggenheim, que va a estar acompañado dos genios de la viñeta como son Gerardo Sandoval y Kaare Andrews, que con su incomparable arte van a colmar estas páginas de imágenes y escenas de lo más impactante. En el caso de Andrews, homenajeando a los ya lejanos años noventa, y su manera de afrontar la creación de un cómic, con esas reconocibles y casi imposibles composiciones de página.

En fin, uno de esos team ups para recordar, que mezcla con maestría acción a raudales, su pizca de humor y drama. Una combinación única de la que surge un apasionante cómic.


Diario de Cadiz



sábado, 29 de agosto de 2026

“Oh, negro muro de España...”: el horror de Goya y Motherwell ante la guerra

 El Museo de San Telmo de San Sebastián contrapone el espanto de su recién adquirida serie ‘Los desastres de la guerra’ del pintor español con la fúnebre ‘Iberia’ del norteamericano


'Estragos de la guerra', de la serie 'Desastres de la guerra, 30', de Francisco de Goya (1810-1823), en la Colección San Telmo Museoa de San Sebastián.

Enrique Andrés Ruiz

29 AGO 2026 

Muy a comienzos de los años cuarenta, Robert Motherwell trató estrechamente, en México, a Roberto Matta y a Wolfgang Paalen, que ya eran efigies en la panoplia surrealista. A su vuelta compuso, entre otras, una pintura geométrica, casi plasticista —¡y soberanamente blanca!— que lleva por título Spanish picture with window. Era un primer homenaje a un país que no conocía; y que no conocería hasta 1958, en el viaje de novios con su tercera esposa, Helen Frankenthaler; fue entonces cuando contempló en el Prado las Pinturas negras de Goya, un pintor para él decisivo. Pero su sistema de asociaciones —algo determinante en su manera de trabajar— contaba ya desde su juventud con una imagen de España bastante bien perfilada en sus rasgos trágicos y románticos, su noche y su sangre, la poderosa imagen difundida entre tantos jóvenes norteamericanos por la guerra civil española: heroísmo, muerte y tierras calcinadas. Es posible también que por las fechas de su viaje mexicano ya conociera la poesía de Lorca. Esa España y su desgarro expresivo, tauromaquia incluida, aflorarían igualmente en Clifford Still (quien mencionó en sus diarios a Juan Belmonte como modelo de artista sujeto de una especie de inmolación) o Frank Stella (quien tituló Luis Miguel Dominguín una de sus obras) o Frank Kline (quien pintó también una Spagna bravía, blanca y negra).

Sin embargo, las relaciones de Motherwell primero con el surrealismo que, una vez trasplantado, marcó con fuerza el nuevo arte de Estados Unidos, y luego con las maneras más comunes con las que sus colegas de la gran abstracción norteamericana afrontaban sus obras, estuvieron también determinadas por diferencias decisivas. En vez de tomar del surrealismo la gestualidad automática como huella de una identidad psíquica, lo que interesó a Motherwell a partir de los cincuenta, cuando se asientan sus formas más definitorias, es el lado atávico, litúrgico, que la nostalgia primitivista del surrealismo había llamado a rescatar para la obra de arte, el sueño de su carácter ritual, diríamos, perdido en algún incierto origen imaginario. Por otro lado, y en vez de acuñar una especie de marca de fábrica inconfundible (como hicieron Rothko, Still o Pollock), Motherwell trabajaría durante toda su vida en series muy singularizadas, a las que volvía una y otra vez llevado de aquella posibilidad de repetición infinita, propia de los ritos, para añadir a la serie nuevas variaciones, como en la música. Entre esas series célebres se encuentran las Elegías (más de un centenar) o las que llevaron por título Iberia, que comenzó a pintar durante aquella luna de miel española, en 1958.

Con motivo de la reciente adquisición por el modélico Museo de San Telmo, de San Sebastián, de una colección de Los desastres de la guerra —el Goya horrorizado ante los empalamientos y las violaciones de la guerra de la Independencia—, el museo encomendó a la sabiduría de María Bolaños la tarea de hacer sonar junto a Los Desastres otra nota que —a la vez contemporánea y ancestral— sirviera de complemento, aunque también de contrapunto. En este alucinado trabajo íntimo —Goya no conoció su publicación— cualquier trozo de metal le servía, urgido por el espanto ante la gran masacre callejera de los cuerpos y las almas. Junto a las estampas horripilantes, la pintura elegida para acompañarlas terminó siendo la extraordinaria Iberia, de Motherwell, que conserva el Guggenheim de Bilbao, una pintura casi completamente negra, aunque, como decía André Malraux en un ensayo dedicado al Saturno devorando a sus hijos, hay cosas que sólo se pueden ver en la oscuridad de la noche. De hecho, en el gran lienzo fúnebre suceden muchas cosas, uñadas, barridos, depresiones, como en la tiniebla de los desmontes españoles. “Yo lo vi”, inscribió Goya bajo una de las ochenta estampas, declarando su propósito testimonial, opuesto por completo a la tradición épica de la guerra. La matanza y la saña sobrecogen. Pero, llegado un momento, el pintor se da cuenta de que no es suficiente, de que el delirio de la realidad exige que la pintura o el grabado sean sacados de sus casillas para ser auténticamente leales a los hechos, más allá de lo que ven los ojos. La última sección de la exposición, titulada ‘Qué locura!’, reúne esas estampas que rebasan el límite de lo concebible y llenan de monstruos los territorios de la locura.


'Iberia', de Robert Motherwell, en la exposición 'Negro Goya. Negro Motherwell' del San Telmo Museoa de San Sebastián.

IKER AZURMENDI (SAN TELMO MUSEOA)

La advocación goyesca de Robert Motherwell venía al menos de la mitad de los cuarenta. En las paredes del estudio siempre hubo una lámina del Saturno… Cuando su viaje a España y su encuentro directo con Goya, una Elegía a la República española había sido seleccionada para figurar en la exposición The New American Painting, que debía llegar a Madrid en pleno despliegue del arte norteamericano. El Gobierno español exigió el cambio de título, y Motherwell, muy airado, se negó (aunque fueron expuestas otras obras suyas). Unos años después, descubrió los versos de A la pintura, de Alberti, y reconoció lo que sin duda es el gran libro: un tratado de pintura. Luego compuso una veintena de litografías para editarlas con los versos; un día, en Roma, Rafael Alberti recibió una enorme caja blanca… Se conocieron en 1980, en la inolvidable exposición que dedicó al pintor la Fundación Juan March. Alberti declamó entonces ‘Negro Motherwell’, el poema que le había dedicado: “Oh, negro muro de España…”.

Parte de la elocuencia lograda en esta exposición, en la que también figuran algunas ediciones y fotografías, proviene del contraste entre dos sentidos de la temporalidad. Mientras el negro de Goya es el negro aire de la historia — “sucedió una vez”, nos vienen a decir las estampas—, la negrura pertenece para Motherwell a un espacio ceremonial, a un lugar apartado del tiempo histórico y reservado para la celebración de un conjuro que nos defienda, precisamente, del insufrible horror de la realidad histórica. Y esos son sus pinturas: ceremonias ritualmente repetidas una y otra vez.


‘Goya Black, Motherwell Black: Ochenta desastres y un abismo’. Museo San Telmo. San Sebastián. Hasta el 27 de septiembre.


Babelia Núm. 1.814. Sábado 29 de agosto de 2026