A aquellos que conocemos la obra de María Colino desde su etapa en el fanzine Pota G no nos sorprende el reconocimiento que está adquiriendo su trabajo. En aquellos primeros pasos se encuentra el germen de ese estilo gráfico dinámico, esa aparente facilidad en el trazo y ese gusto por el escorzo deformante a los que se ha sumado la técnica adquirida durante su paso por el diario El Mundo, remedo del grabado y eco lejano de algunos ilustradores de prensa de las primeras décadas de este siglo.
También puede hallarse en aquellas historietas primerizas ese notable uso del lenguaje como apoyo del grafismo a la hora de caracterizar sus personajes; ese peculiar sentido del humor; esa capacidad de mostrar la estupidez inherente al ser humano, a sus relaciones, comportamientos y convencionalismos; ese escorzo conceptual, en definitiva, que deforma la realidad para mostrarla desde una perspectiva propia no menos tangible que la convencionalmente aceptada. Más que su grafismo, la verdadera "marca de la casa" de María es esa visión de la existencia, perpleja al tiempo que escéptica y vitriólica, que la hermana con el Franquin de las ideas negras.
El tebeo que nos ocupa, Rabia Máxima, es un compendio de todo ello, un mini-álbum en formato cuaderno que claramente puede dividirse en dos partes. La primera la componen una serie de gags dinamiteros con el nexo común de una "carminaburaniana" Fortuna, Imperatrix Mundi como hilo conductor y detonan-te/ espectador de diferentes actitudes y situaciones fácilmente reconocibles. La segunda parte se compone de tres historietas independientes. Dos de ellas diseccionan con acierto desigual y cierta ingenuidad la realidad de una sociedad de consumo clasista y que condena a la marginalidad a aquellos que no aceptan las reglas del juego. La tercera ofrece una reflexión sobre la soledad humana cargada de lirismo malsano y resuelta de forma un tanto apresurada. El cuaderno se cierra con una breve metáfora de la sempiterna lucha de sexos en clave de candente actualidad: las prácticas eugenésicas.
La comparación de las diferentes historietas ofrecidas en Rabia Máxima permite afirmar que su autora se defiende mejor en las distancias cortas. Como ya demostrara al autor de estas líneas con sus deliciosas colaboraciones en Conciencia Planetaria, el gag desarrollado en una o dos páginas es su entorno natural.
No puede decirse que no sea capaz de solucionar historias de mayor longitud (una memorable visión de la muerte que se hizo con un premio en un concurso y su aportación al número 11 de La Comictiva dan fe de ello), pero la resolución de dos de las tres historietas que conforman la segunda parte del cuaderno editado por Under Comics restan de brillantez al conjunto.
A aquellos que seguimos la obra de María Colino desde su etapa en el fanzine Pota G no nos sorprenderá el reconocimiento que continuará adquiriendo su trabajo, ni su insultante facilidad para el dibujo, ni la inteligencia que transmiten sus páginas... Pero lamentamos que la técnica que emplea en la actualidad nos prive de su espectacular dominio del color.
Eduardo García Sánchez
U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


































