domingo, 5 de julio de 2026

Carolyn Bessette Kennedy: vestir después de morir

Vestidos para la aventura

YO SOY MÁS DE JFK que de Carolyn Bessette Kennedy, pero me estoy empezando a preguntar si no me habré equivocado. Cada vez me encuentro más gente que habla de la mujer de John John Kennedy y menos de la comisión Warren. Carolyn, precipitada en el mar en 1999 en la avioneta que pilotaba su marido, que era guapo y estiloso pero desde luego no un gran piloto, se ha convertido en una influencer póstuma y está tan de moda, imagino que en parte por la miniserie Love Story sobre la vida de la pareja, que es imposible librarse de su influjo.

El otro día recibí un mail que quiero creer que me confundía con otra persona y que tras preguntarme cómo estaba y desearme una semana estupenda, continuaba: "Si de repente estás obsesionada con el estilo de Carolyn Bessette Kennedy... ¡Tranquila, te entendemos! Nosotras también". Las simpáticas remitentes me señalaban que sabían las marcas que serían sus favoritas "si fuera una chica del 2026", Polin et Moi y Charles & Keith, y me sugerían el bolso Tote Calla XL y las bailarinas troqueladas Renata para recrear su look. En posteriores mensajes ("cómo estás?, espero que fenomenal") he sido informado de que las propuestas de los susodichos Charles & Keith, que incluyen botas hasta la rodilla, tejanos y camiseta, "trasladan el minimalismo sofisticado que tanto la caracterizaba" (a Carolyn) "a un contexto actual manteniendo esa esencia effortless que convirtió el estilo noventero en un referente atemporal".

He descubierto pues, tardíamente, como siempre, que es desde hace tiempo "la eterna musa americana" que marcó tendencia y sigue haciéndolo con su glamour casual y su enfoque desenfadado en el vestir inyectado de la vitalidad de Nueva York (esto no lo digo yo, lo he tomado de la colección primavera verano de 2024 de Carolina Herrera inspirada en Carolyn). Además, en un libro reciente, Iconos de estilo, de Erea Louro, se incluye a nuestra chica entre las 20 mujeres más influyentes de la historia de la moda, en el puesto 16, por encima de Lady Di, Kate Moss y Zendaya. La lista la encabeza... Cleopatra, esa influencer del Nilo. Me he enterado de que Bessette Kennedy sufría por la presión mediática sobre la pareja. Es lo que tiene liarte con un Kennedy, ser guapos y pijos y vivir en un apartamento en Tribeca. A mí no me va a pasar, al menos lo de Tribeca.

Qué decir de John John, el príncipe estadounidense, sexiest man alive 1998 según People: se convirtió en un icono con tres años al saludar militarmente el paso del cortejo funerario de su padre, y su madre Jacqueline se lo llevó de EE UU con su hermana tras el asesinato de su tío Bobby en 1968 considerando que estaban matando demasiados Kennedys. Las cosas que me caen más simpáticas de JFK jr. son que trabajara un verano de vaquero en Wyoming, que salvara a un amigo en un accidente de kayak y que recitara uno de mis poemas favoritos, The truly great, de Stephen Spender en un aniversario de la muerte de su padre. Yo de ser él, discúlpenme, hubiera seguido con Daryl Hannah, que no llevará las mejores sandalias y bolsos pero nos ha dado tanto encarnando a la replicante Pris de Blade Runner o la sicaria Elle de Kill Bill. Y sobre todo, John John, hijo mío (figurado), ¿cómo pudiste preferir una influencer a una sirena. ¡Splash! *


Carolyn Bessette y John John saliendo de casa con ese estilo effortless que tienen los guapos al caminar.



ICON nº 139 Sábado 2 de mayo de 2026

La libertad de palabra, el pánico de las élites y la maldición de Milton

 

El discurso de Sócrates (1867), de Louis Joseph Lebrun. IMPAINT / ALAMY / CORDON PRESS


De las tiranías de la Antigüedad a los peligros de las nuevas tecnologías, el ensayo de Jacob Mchangama repasa la historia de los ataques al pensamiento libre

Por Daniel Gascón

Jacob Mchangama ha escrito una historia del desarrollo y de los ataques a la libertad de expresión, algo que "nunca se pierde ni conquista del todo". A lo largo de los siglos, los poderosos han empleado argumentos muy parecidos para defender las restricciones a la libertad de lo que se escribe, dice y publica: las acusaciones de mentira y amenaza a la estabilidad.

Para Mchangama, esta libertad es la primera: todas las tiranías empiezan restringiéndola. Dos formas de entenderla se han ido alternando: la que distinguía entre parresía e isegoría, más igualitaria y vinculada al mundo griego, y la libertas, elitista y heredada del romano. El autor no se limita a los espacios más transitados. El mundo islámico, Asia y Escandinavia son importantes en la obra, que corrige la visión tópica de la Edad Media como una época de oscuridad.

El libro está lleno de información sobre debates y anécdotas: desde héroes como Mill, Spinoza o Constant hasta liberticidas entusiastas, pasando por censores que escondian obras para ponerlas a salvo. También aparecen fenómenos recurrentes, como la agitación que producen los cambios tecnológicos. Otro es la "maldición de Milton", según la cual quien defiende la libertad de expresión acaba abogando por restricciones. Es algo que podemos ver en el autor de Paradise Lost, pero también en Catalina la Grande o en Elon Musk. Y otro es la "falacia de Weimar" que atribuye el ascenso del nazismo a la permisividad de la República y se emplea para justificar la censura. Esa interpretación es inexacta. Había muchas limitaciones, y las leyes que se emplearon para ilegalizar medios ultraderechistas permitieron que los nazis se presentaran como víctimas y pudieran después perseguir a quienes los criticaban.

El autor se centra en una lectura política: hay un movimiento que va desde la persecución de la transgresión religiosa hacia las críticas a la autoridad y actualmente al discurso del odio, que en ocasiones se combina con la blasfemia.

Los ataques al arte y la literatura son menos relevantes en este libro que la persecución a la crítica política. Se habla mucho de sátira, pero no de Madame Bovary; bastante de McCarthy y no del código Hays. Habla de cómo se cercenaba (y cercena en muchos lugares) la expresión de las mujeres y minorías, y es muy interesante su análisis del imperialismo

También describe las guerras culturales del presente, desde la cancelación hasta las prohibiciones en bibliotecas estadounidenses impulsadas por grupos con nombres tan inolvidables como Moms for Liberty. Se pueden señalar algunas ausencias en esta obra de admirable amplitud se mueve de la Antigüedad a la Edad Media, del humanismo a la Reforma de la Ilustración a las revoluciones y al liberalismo, y llega a las democracias y autocracias del presente. En el siglo XX, cuando habla de regímenes autoritarios y totalitarios, analiza el nazismo, el fascismo italiano y los regímenes comunistas, pero otros, por ejemplo el franquismo, apenas aparecen.

La última gran disrupción es tecnológica: internet, las redes sociales y la inteligencia artificial han producido una aceleración y una polifonía que facilita diseminar falsedades (y hechos). Estas innovaciones generan pánico en las élites. Los temores, junto al concepto del discurso del odio, una imposición de la Unión Soviética y de cuyos peligros ya advirtió Eleanor Roosevelt en su momento -"cualquier crítica a las autoridades públicas y religiosas podría ser considerada con demasiada facilidad incitación al odio y, en consecuencia, prohibida"-, son dos de los grandes argumentos actuales de quienes quieren restringir la libertad de palabra. "Las democracias liberales deben aceptar que, en la Ciudad Digital, no es posible proteger eficazmente a los ciudadanos y a las instituciones de la propaganda hostil, el contenido que incita al odio o los bulos sin comprometer los valores liberales e igualitarios de la propia democracia", escribe Mchangama. Y, como argumenta este libro ágil, lleno de información y referencias útiles, la eficacia de la libertad de expresión para extender esos valores democráticos es insustituible.


Libertad de expresión. Una historia global desde Socrates hasta las redes sociales

Jacob Mchangama

Traducción de Sira Casariego

Ladera Norte, 2026 552 páginas. 24,90 euros


Babelia Núm. 1.798 Sábado 9 de mayo 2026


sábado, 4 de julio de 2026

El fin del mundo

 Paco Roca indaga en los procesos de creación de las emociones a partir de los recuerdos de una relación sentimental que termina

El viaje, de Paco Roca. Astiberri

Por Alvaro Pons y Noelia Ibarra


El protagonista de la nueva obra de Paco Roca, El viaje (Astiberri), comienza su relato en un remoto lugar donde las inclemencias técnicas le dejan varado durante unos días. Un "fin del mundo" geográfico que quizás es la única manera de enfrentarse a ese otro fin del mundo que supone para el ser humano una separación sentimental, poniendo distancia en el espacio y el tiempo, la suficiente para dejar las emociones desbordadas de lado y buscar la reflexión a la que nos ha acostumbrado el creador de Arrugas. Roca es muy consciente de que va a tratar un tema que las ficciones han abordado de forma prolija, pero también de lo fácil que resulta deslizarse hacia el melodrama y sucumbir ante los estereotipos que el amor romántico han marcado a fuego en nuestra sociedad. Pero también sabe que es imposible homogeneizar esa experiencia que comienza con unas palabras demoledoras: "Ya no te quiero".

La indagación sobre los recovecos del amor y la ruptura se estructura en torno a la necesidad de explicar cómo se ha desembocado en este punto sin retorno, de comprender el pasado desde el presente para poder afrontar el futuro de forma que los lectores puedan trascender la historia de esta pareja concreta y conectar con su propia experiencia a través de la búsqueda de la explicación sobre lo que fuimos en una relación y qué seremos tras el duelo.

La subjetividad y fragmentariedad de los recuerdos plantea un reto complejo desde la narración gráfica: intentar responder las diferentes preguntas a las que el personaje se enfrenta ante el fin del amor desde el diálogo de sus personajes, obligándose a un tour de force compositivo que permita que la viñeta pueda albergar esas conversaciones sin caer en la temida repetición. La disección del amor y la reconstrucción del yo pasa por búsqueda de respuestas a dos cuestiones clave: ¿cómo se puede dejar de querer tras una vida compartida? Cómo esa relación de largo recorrido muta y el hogar que el otro encarnaba pierde su sentido. Y la segunda: ¿cuándo dejamos de ser esa persona amada? ¿Cuándo se abandonó esa geografía común gestada al compás? Y, sobre todo, cómo es posible que este proceso ocurra sin que uno de sus integrantes haya sido capaz de percibir que el otro nunca volverá a mirarnos de la mista forma. A partir de esos interrogantes, Roca teje un escenario sobre el que se mueve con comodidad: la construcción del relato personal, de una memoria sentimental que intenta reconstruir esa cartografía compartida de sentimientos que conforma una identidad. Sabedor de que la memoria es solo un constructo que nos permite comprender nuestro pasado, recreándose hasta aceptarlo como propio, el relato de Fran, su protagonista, va desgranado esas preguntas desde el diálogo, siguiendo las fases de un duelo en el que van apareciendo otros temas, por ejemplo los que hablan de cómo las nuevas relaciones deben abordar esa geografía previa de recuerdos, gustos y experiencias, en un intento vano de abordar el amor como un palimpsesto, porque el mapa siempre tendrá recuerdos en apariencia imborrables, que deberán integrarse en las nuevas experiencias. Un relato que le obliga a viajar al pasado para encontrar alternativas a decisiones, que gráficamente delimitará gracias a una paleta que permite imaginar, de la mano de Wells, otros futuros que pudieron haber sido, buscando entre los momentos qué queda de nosotros cuando la pareja se acaba. Pero, también, con la seguridad de lo efímero de esa existencia compartida, implorando no convertirnos en eternos Sísifos del enamoramiento. La memoria siempre ha empapado las páginas de las obras de Paco Roca: la memoria histórica, la familiar, la personal, incluso su pérdida. Pero El viaje aborda finalmente la pregunta decisiva: cómo la creamos desde nuestras propias emociones y cómo nos permite explicarnos y reconstruirnos desde ese sentimiento evasivo al que llamamos amor.


El viaje

Paco Roca

Astiberri, 2026

192 páginas, 22 euros


Babelia Núm. 1.806 Sábado 4 de julio de 2026


jueves, 2 de julio de 2026

¿Quién no puede leer esta revista?

Como suele decirse, “no hay dos sin tres”, y llega a las librerías la tercera entrega de esta imprescindible publicación


José Luis Vidal

25 de junio 2026


Antes que nada me gustaría aclarar un par de cosas. La primera, y creo que más importante, es que durante bastantes años de mi recorrido como lector devoré páginas y páginas de literatura de terror. Como algunas baldas de mi biblioteca atestiguan, me sumergí de cabeza en los personales universos firmados por clásicos y contemporáneos del género. Desde Poe, pasando por Lovecraft, King, McCammon, etc, etc…



Ficha
Tenebre nº 3

VV AA

Tapa blanda

Color

114 págs.

15 euros

Editorial Isla de Nabumbu


Pero llegó un momento en el que se abrieron ante mí otros senderos argumentales, por lo que abandoné ese sombrío mundo, no sin regresar puntualmente de vez en cuando si la ocasión lo requería.

Es por esto mismo por lo que advierto que para nada me considero un experto en la materia, aunque se ha dado la feliz casualidad que entre el variado contenido de este tercer número de Tenebre se encuentran varias novelas y antologías que he disfrutado como lector.

Aunque si hay algo inevitable en esta ocasión es quedarse medio hipnotizado por la excelente portada de la nueva entrega, firmada por Ernesto Priego, y que al menos a mí me ha hecho retroceder al día en el que tuve la fortuna de poder disfrutar de esa película de terror, a la que considero una de las mejores en su género, y que encima estaba dirigida por uno de los grandes nombres de la ficción española, el gran Chicho Ibáñez Serrador.

Y claro, como podréis comprobar, la principal misión de Tenebre, entre otras muchas, es la de homenajear a los grandes nombres del terror patrio, y de ahí que este número esté dedicado a Juan José Plans, con un extenso y meticuloso repaso a la vida y obra de este autor, de infatigable talento, que entre muchas otras interesantes obras nos hizo desconfiar para siempre de los más pequeños de la casa, naciendo de su imaginación el argumento de ¿Quién puede matar a un niño?

Pero este no es el único contenido de esta revista, ya que también hay espacio para hablar de otros grandes autores que, como Robert Bloch, que tuvo el 'honor' de convertir al tímido propietario de un apartado motel en uno de los grandes personajes de la literatura de horror.

Se realizará un recorrido por sus últimas obras, y en las siguientes páginas podremos comprobar la enorme influencia que la obra de Clark Ashton Smith tuvo sobre las creaciones de algunas autoras. Pero esta tan solo será una parada, ya que con la clara intención didáctica de esta publicación, nacida del amor por el género que Javier Alcázar, su editor, nos encontramos con la segunda entrega de un minucioso recorrido por las obras publicadas en la mítica colección Gran Super Terror (miro hacia uno de mis estantes y veo a varias de estas…).

El viaje no terminará aún, ya que un selecto grupo de expertos en el género diseccionan varias creaciones de Plans, culminando con una completísima bibliografía, un paseo por varias novedades editoriales y un estudio sobre la presencia actual del género en nuestro país.

Como ya ocurre con otra de las publicaciones de la editorial Isla de Nabumbu, con Tenebre dan en la diana, gracias a la calidad de esta revista que, con tan solo tres entregas se ha convertido ya en lectura imprescindible para todos aquellos amantes del Terror con mayúsculas.


Diario de Cadiz



miércoles, 1 de julio de 2026

Seis típicas cosas típicas por Maitena


 El Pais Semanal nº 1.220 Domingo 13 de febrero de 2000

Lawrence de Arabia en la Feria del Libro

 El Faro del Fin del Mundo / Jacinto Antón

Misterioso, desconcertante, genial, sabio, estratega, romántico, escritor, inconformista, visiona-rio, arrojado, profundamente contradictorio...". Leía y releía como una letanía febril las palabras del prólogo de la biografía de Lawrence de Arabia de Richard Perceval Graves, el sobrino de Robert Graves, haciéndome la vana ilusión de que se referían a mí, mientras atravesaba el parque del Retiro por su parte más soleada y con 35 grados a la sombra. Era como cruzar el desierto del Nefuz y no tuve pudor en sacar de la bolsa el salacot que me había llevado de casa para firmar en la Feria del Libro de Madrid y encasquetármelo a fin de protegerme de la que estaba cayendo. La gente me miraba, pero yo me limitaba a soltarles unas frases sentidas de Los siete pilares de la sabiduría, que también cargaba por si a alguien le sabía a poco que le firmara mi libro, rematadas por el inexcusable -si portas salacot- "doctor Livingstone, supongo".

Llegado como pude al recinto ferial, la primera firma fue de 12 a 2 de la tarde, una franja horaria ideal para beduinos, en la caseta de Visor. Me trataron muy bien, me abanicaron y me devolvieron a la vida con largos tragos de agua. Observaron con cierta sorpresa cómo desplegaba en el mostrador que me habían reservado el salacot, algunos talismanes y unas fotos de mis héroes, exploradores y aventureros favoritos. Para mi sorpresa empezó a aparecer gente para que les firmara. Algunos hasta me traían regalos como si fuera el niño Jesús. Un joven que se plantó ante mí me entregó un pequeño trozo de hierro oxidado. "Es un clip de sujeción de los railes del ferrocarril turco de Medina a Damasco, la antigua línea del Hejaz que atacaba Lawrence, del tramo de Abu Na'am", me dijo el joven, Álvaro García Ruano, mientras yo ponía ojos como platos. "Lo he encontrado yo mismo", continuó. No me había repuesto aún de la sorpresa cuando una visitante me pidió que le dedicara un ejemplar a su marido, Enrique, que no había podido venir él mismo pero me enviaba saludos y unas fotos que había tomado en la Antártida. Pasé a la caseta de la librería La Lectora Infiel y apareció Ángel Carlos Pérez Aguayo, que me traía un sobre con arena de la tumba de Akenatón y un fragmento de pizarra del tejado de la casa natal de Lawrence de Arabia en Tremadoc, Gales.

Peter O'Toole, protagonista deLawrence de Arabia.

Pero con todo y tantas visitas y sorpresas (el domingo en Sin Tarima una chica me pidió que le firmara El extranjero de Camus, confundiéndome con el autor), lo más emotivo fue el recuerdo de su padre que me dejó Teresa Jiménez Tostado. Me preguntó si por casualidad no habría conocido al teniente Eduardo Jiménez Tostado. ¡Por supuesto! Era uno de los dos con los que fuimos la Compañía número 1 de Policía Militar la noche del 23-F al Congreso: también fueron arrastrados a aquella parda aventura sin saber a dónde iban.

Recordé al teniente, bajito, con gafas. Me encontré hablándole bien a su hija del viejo soldado. Ella me explicó que había muerto, que había alcanzado el rango de comandante y que siempre se llevaba las manos a la cabeza cuando recordaba el 23-F y lo que vivimos. Se le humedecieron los ojos y compartimos un extraño momento de intimidad, entregados ambos a la nostalgia de nuestros recuerdos.

Partí de vuelta a Barcelona cargado de experiencias y objetos variados, como un viejo mercader del clan de los hariz. Acomodado en el tren y mientras con un ojo vigilaba nuestro progreso y que no hubiera algún árabe con gelignita agazapado junto a las vías, abrí al azar Los siete pilares y leí, adormilándome, con el deber cumplido: "El Rum era vasto, resonante y casi divino, y el insondable silencio de Azrak estaba embebido del saber de poetas errantes, de adalides, de reinos perdidos, y de todo el crimen, la caballerosidad y la perdida magnificencia de Hira y de Ghassan".


El Pais Sábado 6 de junio de 2026


La Guerra Civil en versión Generación Z

España partida en dos | Críticas


El historiador Julián Casanova, el guionista Miguel Casanova y el ilustrador Carles Esquembre adaptan el cómic ‘España partida en dos’ (Planeta Cómic), que publicó el primero en 2013.




Javier González-Cotta

14 de junio 2026 




La ficha

España partida en dos. Julián Casanova. Adaptación de Miguel Casanova e ilustraciones de Carles Esquembre. Crítica (Planeta Cómic). 160 páginas. 20,90 euros


La guerra civil española fue uno de los grandes episodios de la historia en el convulso siglo XX. Aquella balacera, tan trágica y goyesca, fue en buena parte un ensayo europeo que habría de alcanzar su formato más devastador en la Segunda Guerra Mundial, cuyo estallido ya se barruntaba pese a la inopia de las democracias liberales. Con ser importante, a menudo el ombliguismo propio nos ha hecho olvidar la tragedia de otras guerras civiles europeas ocurridas en plena hecatombe mundial.

En Italia Mussolini fue colgado bocabajo de un palitroque en una gasolinera de Milán. El fascismo había sido vencido por la Italia partisana más allá de la ayuda militar aliada y del pulso de egos entre Montgomery y Patton por llegar a Roma el primero. En Yugoslavia (fue el país con más muertos en proporción a su población), el avispero civil entre los partisanos de Tito, los ustachas croatas y los chetniks serbios se desató con extrema violencia al alimón que acontecían las grandes batallas contra alemanes e italianos (caso de la épica batalla del Neretva). Y en Grecia, tras el atroz sufrimiento padecido bajo la ocupación nazi, estalló como corolario la guerra civil griega (1946-1949) entre monárquicos y comunistas y que habría de marcar a generaciones enteras durante décadas. El cine de Theo Angelopoulos no se entiende sin el eco de la guerra civil griega.

Quiere decirse, pues, que la guerra civil española no fue el único referente de la quiebra fratricida entre paisanos. Lo que sí la hizo peculiar fue, por una parte, la aterradora posguerra que la siguió con aquellos fusilamientos al por mayor, con sus morideros aún hoy no descubiertos del todo, y la larga noche del franquismo que se sucedió durante décadas. Por otra parte, algunos rasgos propios sí que la definieron respecto a otros conflictos civiles, como fue su violento anticlericalismo y la vesania cometida en la retaguardia de ambos bandos (la matanza de Badajoz, Paracuellos). El anticlericalismo es precisamente uno de los temas –véase el capítulo 3– que aparece reflejado en esta estupenda y difícil adaptación al cómic de España partida en dos, el clásico ensayo del historiador Julián Casanova, aparecido en origen y en lengua inglesa en 2013 (ampliado y revisado en 2022), y que ahora se versiona como narrativa gráfica con guión adaptado de Miguel Casanova e ilustraciones de Carles Esquembre.

En tiempos de revisionismo histórico, fruto de la indecente ignorancia y avivado por el albañal de las redes sociales (TikTok sobre todo), este libro se dirige especialmente para los hijos más extraviados de la Generación X. Como dice Julián Casanova, hacer un cómic de la guerra civil española no es devaluarla sino una manera de hacerla atractiva para aquellos que se amedrentan ante un copioso volumen. La era digital está obligando a modificar la manera de explicar y enseñar la Historia a los millennials. Sin perder rigor, España partida en dos ofrece entre ilustraciones y bocadillos de texto un resumido friso acerca de los antecedentes, el desarrollo y las consecuencias que tuvo la contienda española. De hecho el volumen comienza con la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos el 24 de octubre de 2019, ochenta y siete años después de la guerra.


El ilustrador Carles Esquembre, a partir del guión adaptado por Miguel Casanova, se ha servido del patrón estético de la fotografía antigua. El blanco y el negro. Los grises graduales. El simbolismo de la oscuridad. Todo para mostrar la fidelidad debida respecto a la documentación gráfica que se tiene de la guerra sucedida entre 1936 y 1939. La figura de Franco, no exenta de cierta aura pop, se diversifica entre el Franco juvenil, el de mediana edad y el anciano. Por edad y generación, el propio ilustrador ilustra –valga la redundancia– la catástrofe de la enseñanza en colegios e institutos respecto a la Historia contemporánea de España. Como a miles de estudiantes de su misma quinta, el espacio dedicado a la Guerra Civil quedó lastrado por la premura del tiempo ante la preparación urgente para la Selectividad (hoy la PAU). De aquellos barros estos lodos: bulos y tiktokers revisionistas convertidos en mercachifles de opinión.

Con un prólogo (el referido a la exhumación del Valle de los Caídos), una introducción (Las raíces del conflicto), siete capítulos (España partida en dos, Armas y paseos, Guerra santa y odio anticlerical, Una guerra internacional en suelo español, La República en guerra, El nuevo orden, La guerra larga) y un epílogo (Una paz incivil), este libro concebido a tres manos (historiador, guionista e ilustrador) consigue en gran medida –se podría matizar algún que otro enfoque– que la fuerza visual y gráfica del relato no está reñida con el rigor histórico.


Diario de Cadiz