viernes, 15 de mayo de 2026

Nuestro hombre en el Führerbunker

El faro del fin del mundo / Jacinto Antón

He pasado unos días de fiebre intensa bajando al búnker subterráneo de Hitler en Berlín, lo que no creo que haya acelerado precisamente mi recuperación. He aprovechado la postración para leer En el búnker de Hitler en Berlín, lo que no creo que haya acelerado precisamente mi recuperación. He aprovechado la postración para leer En el búnker con Hitler (El Desvelo Ediciones, 2025), el testimonio directo del joven capitán de la Wehrmacht, el ejército regular alemán, Gerhard Boldt, de 27 años que tuvo el dudoso privilegio de estar en aquel antro de pesadilla, el Führerbunker bajo el jardín de la Cancillería, que fue el último lugar en la Tierra de Adolf Hitler y donde se vivió en toda su intensidad surrealista y su espanto el colapso último del III Reich.

Creo que no había tenido una experiencia similar desde que leí a principios de los setentas en otro ataque de fiebre a H. P. Lovecraft. Ahora me parece que hasta se me mezclan las dos lecturas, lo que no es original pues he visto que hay varias ficciones que cruzan el mundo nazi con el lovecraftiano, a Hitler le salen tentáculos verdes de debajo de la gorra y Bormann es un primigenio. Bueno, el caso es que será porque me han coincidido los momentos de mayor fiebre con los pasajes más intensos de Boldt en el búnker pero tengo la sensación de haber estado allí con él en aquel claustrofóbico averno bajo tierra, con lo peor de cada casa, pululando todos como sombras y grotescas marionetas en torno del gran tirititero en horas bajas.

El relato de Boldt (Lübeck 1918-1981) fue el primero en ofrecer testimonio directo de los días postreros de Berlín y el carnaval oscuro del búnker. Publicado originalmente en 1947 y traducido ya al castellano (Luis de Caralt, 1973), antecede a relatos clásicos como el de su amigo y camarada el ayudante de campo Freytag von Loringhoven, con el que pasó aquellos días, y es el mismo año que la tan popular reconstrucción Los últimos días de Hitler, de Hugh Trevor-Roper.

La verdad, cuando has leído tantos relatos sobre esos últimos días - el de la telefonista Mish, el de la secretaria Junge, el del chófer Kempka, o el Informe Hitler del NKVD para Stalin a partir de los interrogatorios al ayudante Günsche y al ayuda de cámara Linge, por no hablar de las pelis con El hundimiento (2004) a la cabeza-, creer que no hay mucho espacio para la sorpresa. Además de que existe, claro, Berlín, la caída: 1945 (Crítica, 2002), de Antony Beevor, el libro que hay que leer al respecto.

Hitler, en Berlín en abril de 1945, poco antes de suicidarse.

Pero el libro de Boldt aporta una perspectiva interesante. No diré que es como si usted o yo mismos hubiéramos estado allí -probablemente, no nos hubieran dejado entrar y nos hubieran dirigido amablemente al número 8 de la Prinz-Albrecht-Strasse- pero un joven oficial de la Wehrmacht acostumbrado al frente y con una mirada hasta cierto punto lúcida y desilusionada se acerca a algo a lo que podríamos haber observado nosotros, aunque yo leo los mapas siempre al revés, lo que tampoco le hubiera importado tanto a Hitler. Es verdad que no hay que idealizar en absoluto a los militares de carrera del Ejército regular alemán, pues buenos eran mientras la guerra tiraba bien. Además, Boldt no era para nada un joven que pasaba por ahí. Tenía una carrera de aúpa y ganó la preciada Cruz de Caballero, por extrema valentía. A mí me recuerda mucho a un joven Stauffenberg, que era diez años mayor.

El relato de Boldt arranca en febrero de 1945 con el joven oficial admitido por primera vez en la Conferencia del Führer, la reunión diaria. Y retrata a personajes como Bormann, Keitel, Jodl, Doenitz (que bebe mucha ginebra en los apartes), Goering o Himmler. El viejo comandante de Panzers Guderian es el único que tiene el coraje de tratar de explicar a Hitler la situación real, muy mala. Boldt describe con rigor militar pero también alucinado las laberínticas estancias. Hitler "muestra cada vez más rastros de desintegración completa" y se ha vuelto "vacilante e indeciso". Maneja ejércitos fantasma y esperanzas imposibles. "Todas las habitaciones tienen un aspecto lúgubre y repulsivo" y de las paredes de hormigón rezuma "un olor mohoso". Es como una tumba.

Boldt presencia cómo Hitler condecora a un niño de la Juventudes Hitlerianas que ha volado un tanque soviético; luego lo envía de vuelta a la lucha desesperada en las calles. El joven oficial lo encuentra en un pasillo desplomado de agotamiento, lo acuesta en un rincón y lo deja dormir.

En un ambiente de fin del mundo, todo el mundo bebe. El 29 de abril Boldt y Von Loringhoven presentan un plan al líder para atravesar las líneas enemigas y volver con el ejército de Wenck, que ya es excusa. Sorprendemente Hitler no solo lo aprueba sino que aporta ideas. De manera increíble, los dos oficiales se salvarán y Boldt llegará el 19 de mayo a su casa en Lübeck disfrazado de trabajador francés, sufriendo septicemia, agotado y enfermo (como yo). Y perdonarán que le deje allí y me despida, para bajar otra vez al búnker de la fiebre, que el termómetro está que arde.


El Pais. Cultura. Sábado 25 de octubre de 2025



Walking on the moon

La Hora del Bocadillo


La vida del joven protagonista estará llena de preguntas a partir del suceso que va marcar su existencia


José Luis Vidal

10 de mayo 2026 




Esta historia comienza en un lugar aparentemente plácido, en que el pequeño Otelo va a encontrar una pluma de ave que marcará la que se convertirá en su mayor afición, una auténtica pasión. Curiosamente, este hecho le hará conocer en la escuela a Ángel, otro niño solitario como él con el que tiene mucho en común, y que también es un apasionado de la ornitología. Juntos va a pasar horas interminables observando y catalogando a todo pájaro que ven.

Las cosas irán bien por una temporada, y la amistad de los dos chavales se afianzará, llegando incluso a conocer a otro grupo de jóvenes que forma parte del club de ornitología de Magny, el pueblo donde residen.

Aunque la prueba a la que someten a Otelo y Ángel es muy complicada, solo para auténticos entendidos en el mundo aviar, logran superarla con éxito, por lo que su entrada al club está más que garantizada.

Lo malo es que la vida de Otelo va a dar un vuelco inesperado, debido a la separación de sus padres y a un hecho dramático, traumático, que, de golpe y porrazo, hará que el chico deba abandonar el pueblo y ser ingresado en una residencia de la que no podrá salir en mucho tiempo.

Sin poder comprender lo que ocurrió entre sus progenitores y, sobre todo, soportando el peso de la culpa, de haber sido un inconsciente instrumento en manos de su madre, Otelo trata de pasar los días imbuido en la rutina del lugar.

La sorpresa llegará cuando, después de algunos años sin saber de él, Ángel regrese a su vida, y con esta aparición la oportunidad de regresar a Magny.

Lo malo es que un invisible estigma cuelga sobre Otelo, y tan solo con la ayuda y compañía de Han, Solveig, Diente de león y el propio Ángel, que ahora ya son miembros oficiales de la asociación de jóvenes ornitólogos del lugar, logrará avanzar en el día a día, acompañándolos en su labor, que sigue siendo la catalogación de nidos, etc.

Y será justo en este momento cuando, como lectores, nos demos cuenta que esta historia no acontece en nuestro planeta, la Tierra…

El tren en que Otelo y Ángel regresan a Magny, los vehículos con los que los chicos patrullan los campos y bosques, una extraña construcción con forma de interminable tubo que sube y se pierde en el cielo…

La explicación a todo este misterio llegará pronto, ya que nos encontramos en la Luna, que a lo largo de los últimos años, y debido a la degradación terrestre, ha sido colonizada, logrando convertirla en un auténtico sueño. Un lugar donde el verde lo inunda todo, los bosques, los campos que proveen de comida a sus habitantes que, por una serie de hechos que deberéis conocer en la lectura de este apasionante cómic, ha cortado prácticamente de manera total la comunicación con el planeta madre, por lo que está prohibida la circulación de terrestres hasta la Luna.

Impresionante alegato ecologista el que su autora, la francesa Jade Khoo, os regala en Tierra o Luna. Y lo hace tremendamente influenciada por el sensei Hayao Miyazaki, y no solo en la filosofía, sino en el espectacular aspecto gráfico. Un trabajo en el que la autora no ha utilizado ninguna herramienta digital, ofreciéndonos unos colores de acuarela que por momentos cortan la respiración debido a la belleza de las imágenes.

Pero este cómic, en su primera parte por la editorial Astiberri, es mucho, mucho más, ya que junto a Otelo y sus amigos vamos a descubrir parajes propios de la superficie lunar, que ocultan más de un misterio que puede que ayuden al protagonista a recuperar esos recuerdos de sus padres, pistas sobre la relación de esta pareja y así poder dilucidar por qué ocurrió lo que ocurrió.

Nos encontramos ante una obra que se lee de un tirón, de una belleza gráfica extrema y con una trama muy original, que te mantiene pegada a sus páginas, junto a Otelo, reuniendo las piezas que le faltan para conocer sobre sus el pasado.


Diario de Cadiz



jueves, 14 de mayo de 2026

Usagi Yojimbo: Sombras de muerte Stan Sakai Planeta-DeAgostini


En primer lugar, hago la solemne promesa de hacer todo cuanto pueda para escribir una reseña de Usagi Yojimbo sin utilizar las palabras funny animals (Vaya. Demasiado tarde).

El de Stan Sakai, autor de este Usagi Yojimbo, es un caso curioso. Dentro de los comic books, su carrera prácticamente se ha reducido a dos personajes. Ha sido durante más de quince años el rotulista de Groo, el bárbaro bárbaro de Sergio Aragonés. Naturalmente, este trabajo es perfectamente desconocido en España. Y, desde 1984, escribe, dibuja y publica con el título de Usagi Yojimbo (Conejo Guardaespaldas en idioma cristiano) las aventuras de Miyamoto Usagi, un conejo ronin, esto es, un samural sin señor, que vive en el Japón feudal del siglo XVII y que le han valido varios premios Eisner y varias nominaciones.

Dos son las características que más llaman la atención en Usagi Yojimbo: la primera es evidente, el mundo de Miyamoto Usagi está repleto de todo tipo de animales parlantes: perros, gatos, rinocerontes, leones... Para su épica medieval, Stan Sakai ha elegido una de las vías de más tradición en la escuela cartoonist norteamericana, la de los animales personificados, lo que uno no sabe muy bien si le añade o le resta crudeza a las abundantes escenas de batalla, muertes incluidas. La segunda característica, siendo el que suscribe un alegre ignorante en el tema de la historia del Japón, la recogemos de las propias palabras de Stan Sakai, quien ha declarado que, aunque evidentemente Usagi Yojimbo es un relato de ficción, completamente fantástico, se encuentra firmemente enraizado en la historia y la cultura del Japón, para lo que utiliza profusa documentación sobre el tema.

Esta cuestión queda bastante clara en las ediciones americanas de la serie, en las que se incluyen notas históricas aclaratorias por mano del mismo Sakai. El interés del autor por la historia del Japón arranca no sólo de su propia herencia (Sakai pertenece a la tercera generación de una familia americano-japonesa), sino también de sus años de formación en Hawai, donde se pasó la adolescencia viendo en el cine películas japonesas de samurais y viejos seriales.

Ya hemos dicho que Usagi Yojimbo lleva catorce años publicándose en Estados Unidos y aunque pertenece a esos títulos que han encontrado casi más predicamento entre los profesionales que entre el propio público, ciertamente Sakai no ha comido todos esos años de las buenas críticas de sus colegas. Fantagraphics (sí, la misma casa que publica delicatessen alternativas como los hermanos Hernández y Robert Crumb) llegó a publicar siete trade paper-backs con el conejo samurai como protagonista, y el octavo, Shades of death sería publicado por Mirage Studios. Éste es justamente el que World Comics acaba de presentar en nuestro país.

Sombras de muerte se compone de los seis primeros números publicados por Mirage Studios y de algunas historias cortas de complemento que aparecieron en los números 7 y 8. En total, son siete historias, de muy distinta extensión y que abarcan distintas etapas de la vida de Miyamoto Usagi, desde su infancia como aprendiz de samurai a sus vagabundeos por un Japón diezmado por las guerras entre shogunatos.

La primera, Sombras verdes, es la más extensa y quizá la más incomprensible, dado que parece implicarse más en la continuidad de la serie, con personajes a los que Usagi ya conoce con anterioridad (para cuando este número se publicó en formato comic book Usagi Yojimbo ya tenía nueve años de vida) y que sin embargo resultan completamente nuevos para el lector, con lo que algunos momentos resultan chocantes, como el encuentro entre Usagi y Tomoe. Aunque chocante, lo que se dice chocante, es la aparición de las Tortugas Ninja en esta historia, aunque debo decir que esto último quizá se trate de un problema personal, dado que me declaro incapaz de separar a los quelónidos de Eastman y Laird (un tebeo apreciable, según he oído) de sus repugnantes sosias filmicos que todos aprendimos a odiar en un momento no tan lejano, máximos exponentes de que también los creciditos estamos expuestos a sufrir traumas que nos marquen para el resto de nuestras vidas.

Más conclusiones se pueden sacar de Shi, la otra historia larga del tomo. Para empezar, a mi entender es donde se demuestra la importancia de la elección de Sakai de ambientar históricamente las aventuras de Miyamoto Usagi en período tan fértil para la imaginación como aquél en que los samurais, ahora desempleados tras el fin de las guerras civiles, rondaban a sus anchas por el territorio japonés sobre la meramente formal de utilizar animales parlantes para contarlas. Para continuar, Shi es probablemente el epítome de las historias de Usagi Yojimbo, donde aparecen tanto las virtudes como los defectos de la serie. En la parte positiva, se podría hablar de los magníficos dibujos, del gran sentido de la narración de Sakai, de la corrección de un tebeo bien hecho. Por otra parte, el argumento no puede ser más manido, a saber: un magistrado corrupto pretende expulsar de su pueblo a unos campesinos que viven, sin saberlo, sobre una rica veta de oro y para ello no duda en alquilar los servicios de un grupo de ronin, mientras que Usagi no sólo tendrá que enfrentarse a estos últimos, sino también a la desconfianza de los campesinos, que no quieren líos. Para que no falte de nada, también aparece la bella hija de uno de los campesinos que se prenda de Usagi, aunque este, para su bien, tiene que demostrarle que la vida de un ronin no es vida para una chica como ella y la empuja a los brazos de su despechado ex novio. Naturalmente, de la escena de la reconciliación Usagi es testigo mientras se aleja en el atardecer, aunque no montado a caballo. ¿Les suena? No, no es El jinete pálido, ni Raíces profundas, ni siquiera es Lucky Luke, es Usagi Yojimbo en todo su esplendor. El resto de las historias van de la absoluta vaciedad fabulística (esto es, con moraleja) de Historia de lagartos a la originalidad de Jizo, contada en un plano único. Las tres últimas, El jardin de Usagi, Otoño y Campo de batalla cuentan con la baza de la infancia/juventud de Usagi, su período de aprendizaje como samurai. De todas y cada una de ellas se extrae su conveniente moraleja, una de las características más molestas de su lectura. Moralejas como que se debe ser bueno con todas las criaturas de Dios y que la espada de un samurai es su alma y cosas por el estilo. Se podría decir que, como estamos siendo testigos de los años de formación de Usagi, las moralejas forman parte natural de la narración. Pues bueno.

Lo mejor que se puede decir de Usagi Yojimbo es que es un tebeo correcto, que se puede leer que es simpático y todas esas cosas que decimos cuando estamos instalados en la mediocridad. No basta. A mí, por lo menos, no me basta. Un buen dibujo, una buena narración casi cinematográfica no bastan para compensar unas historias que se caen de puro viejas, unas moralejas trasnochadas y una falta de originalidad sangrante. Así las cosas, cualquier valoración que se haga de Usagi Yojimbo queda al capricho del lector, por simpatía con el tema tratado, con los personajes (aunque esto se me antoja difícil) o por cualquier otra desviación que se nos ocurra. Eso sí, Miyamoto Usagi es uno de esos personajes que quedan estupendos como iconos en camisetas, carteles y pins.


gonzalo quesada



U, el hijo de Urich #14 enero 1999



De hombres y cucarachas

De la mano de ese Genio llamado Will Eisner regresamos a la Avenida Dropsie


José Luis Vidal

08 de mayo 2026



Y lo hacemos para colarnos en sus vidas y comprobar que muchos de los problemas que en los años treinta padecían los habitantes de barrios marginales son perfectamente trasladables a nuestros días, lo que convierte al autor de este cómic (por si aún no nos habíamos percatado) en un auténtico visionario.

La mala vida que cubre a todos estos personajes como un invisible sudario nos lleva a conocer, en su dramatis personae, a Jacob Shtarkah, un carpintero que ha superado los cincuenta y que, de golpe y porrazo pierde su trabajo, con todo lo que ello puede conllevar en aquellos años en los que la pobreza y la crisis azotaba sin piedad a buena parte del pueblo norteamericano.

Rifka es su sufrida esposa, que siempre se está quejando de las pocas visitas que su hijo Daniel, médico, les hace. Y eso que Rebecca, la otra hija del matrimonio, que ya ha perdido la esperanza de casarse, aún vive con ellos.

Ellos aún no lo saben, pero en el devenir de sus existencias va a introducirse un elemento que hasta ahora ha sido ajeno a estas calles y manera de vivir. Su nombre es Elton Shaftsbury, hasta ahora un niño de papá, vástago de una familia con posibles que por su mala cabeza termina en medio de la calle vendiendo manzanas.

Muchos más personajes harán su aparición en estas páginas, en un curioso ejercicio de 'vidas cruzadas'. Gente como el inflexible rabino Bensohn, su enferma mujer Beckeleh; Aaron, un hombre mentalmente afectado; Angelo, amigo de Jacob, que verá como una oportunidad única llega a sus manos y no podrá rechazar el ofrecimiento de dos tipos que se mueven por los bajos fondos y utilizan métodos violentos para extorsionar…

Pero hay ocasiones en las que la vida parece darte una nueva oportunidad a la que agarrarse como un clavo ardiendo, y justo esto le sucederá a varios personajes de la trama, que ven cómo sus vidas pueden llegar a cambiar a mejor. Aunque, como ya todos sabemos, cada uno de nosotros y nosotras llegamos a la vida con un destino, y es prácticamente imposible variarlo, por lo que este relato, en el que el amor, la mentira, la mala suerte, la violencia y, sobre todo, el drama, es un perfectísimo ejemplo de la vida real vista a través de los ojos del magistral Will Eisner que, página a página, nos da una lección de cómo narrar gráficamente, con una historia que fluye con total naturalidad, saltando de una existencia a otra (incluso la de una obstinada cucaracha), con el apoyo histórico de esos recortes de periódico que, tan bien situados, nos abren los ojos a una complicada época.

Norma Editorial recupera por separado o reunidas en un pack una trilogía (Contrato con Dios, Avenida Dropsie, Ansia de vivir) que pueden considerarse dentro de su larga carrera el culmen de la genialidad y que, más allá de ser unas magníficas historias, se convierten en manuales para todo a aquel o aquella que quieran aprender las técnicas narrativas para realizar un buen cómic.


Diario de Cadiz



miércoles, 13 de mayo de 2026

El país del olvido

Acompañar a personas que padecen enfermedades neurodegenerativas no es tarea fácil


José Luis Vidal

09 de mayo 2026 



Después de quince años de insistencia, y tras muchos noes, Ètienne Davodeau consiguió que su pareja Françoise le permitiera compartir sus experiencias y trabajo junto a diversos casos, muchos de ellos Alzheimer, y plasmarlos en las viñetas de su siguiente obra con todo el conocimiento y responsabilidad necesarios para no herir susceptibilidades.

Una labor esta, la de acompañante, que no es para todo el mundo, ya que hay que tener una empatía total a la hora de observar ese pequeño resquicio por el que poder colarse y ayudar al enfermo en lo cotidiano, ya que en muchas ocasiones se muestra contrario a la presencia de una persona extraña en su vida.

Durante dos años, Ètienne entrevistará a Françoise, entrando imaginariamente en la vida de una serie de persona, todos y cada uno de estos casos diferentes. Y podrá ver lo gran profesional que es su pareja, que pone toda su pasión y conocimiento a la hora de ayudar, de acompañar y también, por qué no decirlo, aliviar del inmenso peso y dolor que se instala en el seno familiar cuando esta enfermedad ataca a uno de sus componentes.

Y lo más sorprendente es que la manera de acometer su labor se basa principalmente en dos cosas, toneladas de paciencia y el hallar con diferentes métodos la llave de esa puerta por la que entrar en el día a día de la persona, y poder caminar junto a él o ella, muchas veces en silencio, pero aportando un brazo en el que apoyarse ante el vacío al que se enfrentan, donde los rostros, los nombres y los recuerdos se van desvaneciendo.

El Sr. Saunier, las Sras. Marchand, Maleau, Viannot y Cédric serán los casos que vamos a compartir como espectadores, y resulta increíble y muy emocionante ver como en todos y cada uno de ellos, el método de trabajo de Françoise funciona.

Por supuesto, Davodeau no estará presente en ninguno de estos, contando siempre con la revisión constante de las páginas que va produciendo y que su pareja revisa en profundidad, no solo el retrato que hace de los pacientes, sino la manera de expresar términos, etc.

Pero habrá una única excepción en todos ellos en los que el autor sí que podrá entrar en el círculo familiar y ver como la implicación de sus miembros, en diferentes niveles, funciona a la perfección en todos los casos y, pese a que ya conocemos que por desgracia el final del camino está predestinado, este se le hace mucho más agradable a la persona.

La labor de documentación del autor es tan intensa que incluso llegará a viajar junto a Françoise a Canadá, para conocer las instalaciones de Carpe Diem, un lugar donde contemplará en primera persona los increíbles métodos de su alma mater y fundadora.

En fin, una obra esta que es muy necesaria, ya que en ocasiones nos resulta difícil empatizar con las personas que padecen este tipo de enfermedades. Es de agradecer la manera tan natural y efectiva con la que la pareja nos deja acompañarlos en este camino.


Diario de Cadiz


Jean-Baptiste Andréae