domingo, 6 de septiembre de 2026

Aventuras con peces y sirenas en Formentera

 EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

La vida marina real y la fantástica se dan cita en las lecturas y las experiencias en las vacaciones en la isla


Una joven caracterizada de sirena se da un chapuzón en China.

Yang Bo (China News Service via Getty Images)


Jacinto Antón

29 AGO 2026

Entre mis lecturas de este verano en Formentera han estado A la caza de los grandes peces (1953, la edición que tengo es de 1976 de Círculo de Amigos de la Historia), del aventurero pionero de la pesca submarina, realizador y fotógrafo francés Marcel Isy-Schwart, Zizi, que capturó en Brasil el mero más grande de que se tiene noticia (178 kilos, lo que a los precios del pescado en los restaurantes de la isla balear daría para hacerte rico), y la novela The sirens (Harper Collins, 2025), de la escritora australiana Emilia Hart, una bonita, honesta y conmovedora historia con ribetes fantásticos editada en castellano por Umbriel. Son dos libros que pueden parecer muy distintos e incluso contrapuestos pero que responden a dos de mis actividades favoritas en la isla: observar —en la medida de mis posibilidades de cauto nadador— la vida marina real, y buscar sirenas, echándole imaginación.

Lo primero me ha reportado este año ver de nuevo el famoso pez roncador, golondrina de mar o xoriguer (Dactylopterus volitans), una criatura sorprendente que cuando se siente amenazado o se excita despliega las aletas laterales que son en forma de alas —aunque no son peces voladores— y están rematadas en los bordes con una preciosa tonalidad azul fulgurante. No son difíciles de encontrar si te fijas y de hecho lo hemos visto toda la familia (yo el primero, eso sí) haciendo buceo de superficie cerquita de la costa en las playas de Migjorn con gafas y tubo o con las máscaras de cara completa, que cuando van bien son un primor y parece que viajes en la proa- mirador del Nautilus o el Seaview. Cuando no van bien te entra agua y entonces parece que vayas en el Kursk.

Peces roncador (Dactylopterus volitans), sobre un lecho marino de arena.

Helmut Corneli (Alamy Stock Photo)

Pese a la belleza alada de sus aletas pectorales, el roncador, que se desplaza por los fondos arenosos (es un pez bentónico), es un bicho que si lo desconoces la primera vez que lo ves pegas un respingo y casi te ahogas, lleves la máscara como la lleves. No en balde en algunos lugares se lo conoce como pez diablo o pez demonio. Tiene una cabeza poderosa y parece salido de un cuento de hadas con ilustraciones de Arthur Rackhman; provoca tanta fascinación como alarma. El otro día, en la librería Tur Ferrer de San Francesc (que acaba de recibir el distintivo de comercio “emblemático de las Islas Baleares”), Joan me explicó que él había cazado roncadores hace años con fusil de pesca submarina, y que tienen la cabeza tan dura y acorazada —como el Shturmovik, el avión de ataque soviético— que la flecha rebotaba; en inglés se le denomina helmet gurnard. Comparó el sonido que hacen y del que procede su nombre popular de roncador al de “piedrecitas en una caja”.

También Ernest de Longis, dos de cuyas señas de identidad son regentar la popular pizzeria Sa Pizza de Sant Francesc y que en 2009 le atravesara la pierna un pez espada, me ha hablado estos días de los roncadores (pesce civetta o rondine di mare). Él, Ernest, originario de Benevento, en la Campania, es un gran buceador que ha visto cosas que no creeríais (por no hablar de lo del pez espada), pero admite que los roncadores, que son comestibles, aunque aparecen poco en las lonjas, y para nada venenosos, constituyen un espectáculo.

Otra persona que sabe lo suyo de peces y que estaba estos días en Formentera, en casa de Sílvia en la Mola (juntas han estudiado el comportamiento playero del atractivo italiano-uruguayo Matteo, firme candidato a hombre del verano en la isla), es Núria Raventós, no en balde es bióloga marina del CSIC y experta en los otolitos de estos animales (parte de la estructura interna del oído de los peces y que arroja mucha información sobre ellos). Núria es de esas personas con las que tienes que tener mucho cuidado cuando hablas porque puedes quedar más tonto que aquel bocazas de la película Annie Hall al que Woody Allen calla haciendo aparecer al mismísimo Marshall McLuhan para que le rebata.


Un chorlitejo patinegro andando por el agua.

Juan Gómez (SEO/BirdLife)

A mí, la bióloga me rebatió mientras cenábamos en el Macondo que los chorlitejos patinegros, esos simpáticos pajarillos playeros que tienen una colonia cerca del Vogamarí, fueran endémicos de Formentera, lo que fue un golpe en la línea de flotación de mi prestigio ornitológico (afortunadamente ya nos habíamos bebido dos botellas de un rosado estupendo y nadie se dio por enterado). Pero se lo perdoné porque admitió que los roncadores son muy bonitos, “a su manera de teleostos”, precisó, y sobre todo porque me explicó que los tiburones blancos están en recesión en Sudáfrica, y con ello el negocio de bucear en jaulas para verlos, por culpa de las orcas que ¡los atacan para devorarles el hígado!, al que por lo visto se han hecho muy aficionadas. Que te puedan contar algo así una noche cualquiera comiendo la famosa tagliata del Macondo revela qué fantástico es el mundo.

Pero es que además, resulta que Núria, que ha estudiado el pez payaso (“el de Nemo, para que me entiendas”) en Papúa-Nueva Guinea, pasó parte de su infancia y juventud (como yo) en Viladrau, donde residía con su familia —su padre era peletero— en la Granja de visones, cerca de la Noguera. Allí, ¡les visitaba Félix Rodríguez de la Fuente! (¡¡Félix en Viladrau!!) que era muy amigo de su padre y con el que iban a cazar al Pla de la Calma. Traté de competir con toda esa información contándole a la bióloga la historia, que ella desconocía, de un grupo de camellos del rodaje de Lawrence de Arabia en Almería que fueron a parar a Viladrau (causando el natural asombro frente a la pastelería Font), donde se los sacrificó para usarlos como comida para los visones, precisamente…


Marcel Isy-Schwart con un tiburón en la portada de uno de sus libros.

Presses Pocket

A la caza de los grandes peces no es una obra de gran hálito literario y a algunos —como a Núria— les puede parecer un libro anacrónico y enervante en su entusiasmo por masacrar peces como deporte. Pero revela mucho del ambiente de aventura de esos pioneros del buceo, entre los que se contaba sin ir más lejos mi suegro, Carlos Poch, que se quedó sordo de sumergirse y al que hubo que quitarle con tijeras el primer neopreno que se vio en la Costa Dorada porque no se lo puso bien, no era de su talla y no había forma de que saliera del traje.

El aventurero, escritor y cineasta Marcel Isy-Schwart, fallecido en 2012 a los 95 años (una longevidad sorprendente vistos los peligros que corrió), fue todo un personaje al que se le conocía como “el hombre del collar de dientes de mono” por el adorno que le había regalado el famoso cacique kayapo Raoni (el amigo de Sting). Autor de 14 libros y otros tantos documentales sobre la vida marina, en A la caza de los grandes peces explica sus pinitos bajo el mar (una vez buceando en 1943 cerca de Antibes lo ametrallaron los nazis confundiéndolo ¡con un submarino Aliado!; en otra ocasión le acosó un pez espada) y sus peripecias en Brasil en 1951 persiguiendo presas y tratando a la vez de rodar un filme submarino. Cuenta que su captura favorita es el mero, pero tiene una sensibilidad especial, digna de Hans Hass, al describir a la raya, planeando entre dos aguas, batiendo lenta y suavemente las alas como una gigantesca águila marina. En Canarias encuentra a la gran raya llamada el Ángel de los Mares y a la gigantesca raya manta, de media tonelada y sobre la que los pescadores tejen mil leyendas. En aguas brasileñas es la jamanta de cuatro metros de envergadura y una tonelada, “una inmensa mariposa negra” y “un fantasma que asciende del abismo”.


Una mantarraya en el Oceanarium de Lisboa.

Didem Mente (Anadolu via Getty Images)

Y está la barracuda “el tigre de los mares”, el pez más temido, dice, de todo Brasil: en una inmersión Isy-Schwart se encuentra entre una y un tiburón mako: “Estas cosas son también las que hacen tan excitante este deporte”.

Con A la caza de los grandes peces he podido vivir aventuras sin cuento fuera del agua, aparte de que he aprendido que a los tiburones martillo se les llamaba en España “guardias civiles” y que la costumbre de frotar una patata cortada para limpiar el vaho de las gafas de bucear es muy antigua.

En cuanto a las sirenas, tan de moda esta temporada con la Odisea de Nolan, desde hace años me llevo de vacaciones a Formentera algún libro sobre ellas. Es como un ritual que comencé al acabar los veinte tomos, leídos en la isla, de las novelas marinas de Patrick O’Brian sobre el capitán de la marina inglesa de la época de las guerras napoleónicas Jack Aubrey y su camarada el naturalista Stephen Maturin. A Maturin le hubiera apasionado dar con una sirena para diseccionarla; a Aubrey se le hubieran ocurrido otras maneras más carnales (¿la sirena es carne o pescado?) de aprovechar el encuentro, aparte de que los dos hubieran podido incorporar la voz de la criatura a sus veladas musicales a bordo. Este verano me he traído a la isla la citada The sirens, historia de dos parejas de hermanas separadas por el tiempo, unas son dos chicas australianas de ahora mismo enredadas en un secreto familiar y las otras dos gemelas irlandesas embarcadas penosamente a finales del XVIII en un barco de convictos, el velero Naiad, rumbo a la colonia penal de Nueva Gales del Sur. Las tramas convergen en un lugar misterioso de la costa, el ficticio Comber Bay, una especie de Hanging Rock marino célebre por sus naufragios y enigmáticas desapariciones (de hombres) en acantilados y cuevas.


El Sireno, escultura de Francisco Leiro en Vigo.

Geography Photos / Universal Ima

Se agradece que Hart no sea muy explícita en su descripción de las sirenas —la protagonista vive su condición como una extraña enfermedad real de la piel, urticaria acuagénica y psoriasis de placas, de extraña belleza, como una exuvia de serpiente—, trazando un relato lleno de poesía (el firmamento nocturno azucarado con estrellas), onirismo y viejas leyendas (merrows, mermaids, el tír fo thuinn, el país bajo las olas) que acaba siendo un canto a la fraternidad femenina a través de los tiempos. En el libro hay referencias directas a la Odisea, que suenan muy actuales, y las pinturas de sirenas que hace una de las hermanas australianas, así como las menciones a Waterhouse, me han recordado las muchas que se ven por Formentera si te fijas... Las hay pintadas en los lavabos del Banana Roques (a su dueño, Piero, le hicieron borrar una que había hecho plasmar en el muro exterior del local), y dos de largas colas se habían acomodado en la proa de una de las lanchas que acudieron a la festiva bendición de embarcaciones de la festividad de la Virgen del Carmen, según puede verse en el número de este año del Formentera Report de Juan Picca.


Una joven caracterizada de sirena en una playa.

Getty Images

Ha habido otras sirenas en mis lecturas estivales, las de Sylvain Tesson (Taurus, 2019) en Un verano con Homero —y qué más verano con Homero que este—, de las que dice que “su objetivo es arrancar al hombre de sus convicciones, de su destino, de su ‘línea de vida’”; las de Sarah Clegg en Woman’s lore (Head of Zeus, 2023), a cuya evolución, de las pajariles asexuadas de la Odisea a las eróticas bellezas de cola de pez, dedica todo un capítulo, Siren’s song.

Pero la mejor historia de sirenas es la que he encontrado en el extraordinario Siete décimas partes, el mar y sus umbrales (Almayer, 2026), del inclasificable James Hamilton-Paterson, que además de ser poeta, novelista y ensayista participó en la búsqueda del submarino japonés de la Segunda Guerra Mundial I-52 (¡ya hablaremos de ello!) embarcado en un sumergible ruso. Pues bien, Hamilton-Paterson, que habla de las Jenny Haniver, los cadáveres de rayas modificados para parecer sirenas que confeccionaban especialmente los marinos holandeses (dice que una estaba expuesta en un museo de Alejandría), cita el caso de los pescadores del Mar del Norte que al izar la red se quedaron petrificados al ver que entre el montón de pescados les miraba fijamente una muchacha con la boca abierta y ojos desorbitados. Al liberar la captura sobre cubierta, bajo el sol mortecino de un día cubierto y espectral, nadie se atrevía a meterse en la montaña de peces mientras contemplaban los miembros de la chica que parecían moverse cubiertos de escamas entre las pescadillas, cazones y calamares. Finalmente un valiente la sacó de debajo de un gran rape que aún coleaba: era una muñeca hinchable, amante desechada (o huida) de algún trabajador de plataforma petrolífera. De dentro de su boca de insaciable expresión brotaron cangrejos ermitaños. Sin poder dejar de pensar que habían atrapado una sirena, la devolvieron al mar echándola por la borda.


El Pais Sábado 29 de agosto de 2026


sábado, 5 de septiembre de 2026

Diamantes y luchas de poder

La crítica especializada ha recibido ‘Katanga’ como 
uno de los cómics más contundentes de los últimos 
años, cautivada ante un ‘thriller’ político que retrata con crudeza el caos del África poscolonial de la década de 1960.

Un joven melancólico frente al mundo


Página de 'Katanga'.

Julián Ruesga Bono

30 de agosto 2026



La ficha

Katanga (edición integral). Fabien Nury (guión), Sylvain Vallée (dibujo) y Jean Bastide (color). Norma Editorial. Barcelona, 2025. 224 páginas. 39,50 euros

Norma Editorial presentó recientemente el integral de la serie Katanga (2017-2019), un cómic impactante y de gran calidad, dirigido y dibujado por Sylvain Vallée (1972), con guión de Fabien Nury (1976). La edición recoge los tres álbumes que conforman la trilogía original –Diamantes, Diplomacia y Dispersión– en un solo volumen de 224 páginas a color y gran formato que incluye extras con material gráfico, estudios de personajes y otros contenidos que contextualizan la historia.

Nury y Vallée ya habían colaborado anteriormente en la serie Érase una vez en Francia (2006-2012), un gran éxito comercial con más de un millón y medio de ejemplares vendidos, traducción a quince idiomas y varios premios en su haber (entre ellos dos a la mejor serie en el festival de Angoulême y otro en el de Lucca). De forma novelada narra la vida de Joseph Joanovici, un chatarrero de origen judío que en la ocupación alemana de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, amasó una gran fortuna haciendo negocios al mismo tiempo con la Gestapo y la Resistencia. Nury y Vallée se inspiran en un personaje real para construir un dinámico relato de intrigas, traición y ambigüedad moral en la ciudad de París dominada por las tropas nazis. La narración salta constantemente entre tres niveles temporales, gracias al uso de distintos flash-backs, hilvanando un relato que nos acerca a la oscura trastienda del régimen de Vichy en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

Con Katanga, sus autores acuden al thriller político para narrar una historia ambientada en el corazón de África en los años 60. Concretamente en la República del Congo, que después de pasar 80 años bajo la dominación colonial belga se independiza en 1960, con Patrice Lumumba como primer ministro y Joseph-Desiré Mobuto como ministro de Defensa, dando paso a un periodo de gran inestabilidad, semanas después de la proclamación de independencia la rica región minera de Katanga inicia la secesión con el apoyo militar belga y de la Unión Minera del Alto Katanga. En medio de las tensiones de la Guerra Fría, y en plena guerra civil, Patrice Lumumba es destituido y posteriormente asesinado en 1961. Así, con este telón histórico de fondo, más los juegos de poder de ministros y diplomáticos corruptos al servicio de las compañías mineras, los autores tejen una trama donde la ambición de un grupo de personajes muy dispares actúa como eje dramático en torno al cual se articula toda la narración.

La historia se desarrolla como un thriller coral, con una amplia galería de personajes muy bien construidos y perfectamente insertados en la intrincada trama; donde empresarios, mercenarios, políticos y agentes secretos compiten en una sangrienta lucha por conseguir unos valiosos diamantes robados, el hilo conductor de la narración. Las historias paralelas que discurren a lo largo del relato son excelentes, combinando en ellas la ambigüedad moral de los personajes y el humor negro crean una tensión que va creciendo hasta el desenlace final. Nury consigue presentar y caracterizar los personajes de manera clara y concisa y Vallée desarrolla un estilo gráfico que combina el realismo de los escenarios en los que se mueve la acción con un ligero tono caricaturesco en los rostros de los personajes, que le permite potenciar la expresividad narrativa sin sacrificar la credibilidad de la historia.

En las once primeras páginas del álbum, a modo de introducción, el Ministro del Interior de la Katanga independiente, Godefroid Munongo, cuenta al Director General de la Unión Minera del Alto Katanga (UMAK), Bernard Forthys, la turbulenta historia política de Katanga antes de ser colonia belga. A partir de estas primeras páginas, el lector queda atrapado por una historia de gran vigor narrativo y belleza plástica. El cómic es un medio secuencial que combina imágenes y texto para contar historias. La narración gráfica no queda limitada al dibujo, la ordenación de las viñetas genera la narrativa visual que marca el ritmo de lectura. Nury y Valleé hacen de Katanga una obra redonda, con muy pocas fisuras, a la altura de su anterior trabajo, Érase una vez en Francia. La estructura de página empleada es la de cuatro o cinco filas de viñetas rectangulares –un tipo de puesta en escena muy clásica que permite muy pocos artificios, pero efectiva y clara– que combina excelentes panorámicas con planos medios y primeros planos. El color de Jean Bastide contribuye al realismo de la puesta en escena y a mantener una atmósfera constante durante todo el relato.

Katanga roza constantemente el modelo de la tragedia griega, con poderosos personajes muy bien construidos que muestran una cruda y áspera imagen de la condición humana, donde el poder económico, como el de los dioses griegos, prevalece sobre el humano. Todo dentro de una intensa e intrincada acción que no pierde nunca el pulso narrativo. El relato fluye a través de las viñetas con dinamismo y un ritmo que no da tregua, saltando entre las distintas localizaciones en las que se desarrolla la historia. Como en otros trabajos suyos, Nury construye una historia de ficción verosímil, impredecible y sorprendente, con personajes de una gran profundidad humana y tan realista que podría ser verdad. Un cómic tremendamente relevante, un momento creativo álgido de dos de los historietistas más reputados de su generación en Francia.

Diario de Cadiz


martes, 1 de septiembre de 2026

Hijos de la noche

Se ocultan en las sombras, bajo tierra, elaborando temibles planes que amenazan a la humanidad


José Luis Vidal

27 de agosto 2026

Olvidaos de los coloridos trajes de los héroes del Universo Marvel, ya que en un abrir y cerrar de ojos vamos a sumergirnos en el lado oscuro, donde residen criaturas que parecen salidas de la peores pesadillas inimaginables. Aquí la amenaza no proviene del espacio exterior, ni de una dimensión paralela, sino que reside entre nosotros y cuando cae la noche se abre la puerta a su deseado imperio.



Ficha

Marvel Treasury Edition. Marvel: Blanco, negro, sangre y vísceras.

Guion y dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

136 págs.

25 euros

Panini Cómics


Vampiros, hombres lobo y demás monstruosidades de todo pelaje van a ocupar las páginas de esta nueva edición de la línea Marvel: Blanco, negro, sangre… y en este caso se añaden las vísceras.

Pero claro, para luchar contra estas imparables amenazas hacen falta seres que viven más allá de las leyes establecidas, e incluso que comparten alguna que otra característica con los monstruos, como es el caso de aquel que camina bajo la luz del sol, Blade.

Este auténtico guerrero, al que todos los vampiros mencionan en voz baja, es temido cuando desata su furia, empuñando unas letales katanas hechas de plata.

Va a protagonizar un buen puñado de los relatos incluidos en este volumen de gran formato, que gráficamente resulta una auténtica, y oscura, maravilla.

Una fiesta con lo mejor de la Jet Set se va a convertir en inesperado terreno de caza para el despiadado plan de un magnate tecnológico.

El corazón de un cazador de vampiros como Blade también guarda algo de ternura cuando una desvalida niña, Tanya, le pide que la defienda de una horda de chupasangres. Lo malo es que tal vez nada es lo que parece ser…

Pero en estas páginas también hay lugar para las maldiciones, como aquella que aguarda dentro de la armadura de un mítico héroe, oculta durante años dentro del armario de una anciana.

Por no hablar de un lejano futuro, postapocaliptico, donde los pocos supervivientes se divierten con la lucha de un ser que ha mutado, lo conoceréis por su piel verdosa. Lo malo llega con la presencia de un misterioso hombre que porta un objeto que tal vez cambie las cosas. Su nombre es Frank.

Y así seguiremos con el espeluznante recorrido por los espacios más lóbregos, oscuros, de este universo que tan bien conocemos los fans de La Casa de la Ideas, cuyos cimientos están construidos con el talento de un potente grupo de guionistas formado por Al Ewing, Chris Condon, G. Willow Wilson, Garth Ennis, Alyssa Wong, B. Earl y Taboo, Gary Moloney, Philip Kennedy Johnson, Mark Waid, Anthony Olivera y Victor LaValle.

Y como os comentaba anteriormente, unas páginas con una calidad gráfica que os dejaran con la boca abierta, y que vienen firmadas por los talentosos Kev Walker, Devmalya Pramanik, Claire Roe, John McCrea, Chris Allen, Ho Che Anderson, Ty Templeton, Luke Ross, Baldemar Rivas, Christian Rosado, Bruno Büll de Oliveira y los españoles Jorge Fornés y Javier Pulido.

Y ahora, ¿qué estáis esperando? ¡Lanzaos de cabeza a la lectura y que comience el tembleque!


Diario de Cadiz


lunes, 31 de agosto de 2026

Jonathan Swift: Trescientos años molestando

Naufragios, accidentes o piratas llevan a Gulliver a mundos fantásticos, que sirven para retratar la política y para ridiculizar la la naturaleza humana

'Gulliver y los liliputienses', óleo de Jehan-Georges Vibert (1840-1902).

MeisterDrucke


Daniel Gascón

29 AGO 2026

Mi propósito principal no es divertir al mundo sino molestarlo”, escribió Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) acerca de Los viajes de Gulliver, de cuya publicación se cumplen 300 años en 2026. Popular como relato infantil y de aventuras, y adaptado a numerosos formatos, es una obra maestra de la sátira y “uno de los mejores libros de filosofía política que se hayan escrito jamás”, en palabras del catedrático de Filosofía del Derecho Javier de Lucas. George Orwell decía que sería uno de los seis libros que salvaría, y es difícil imaginar Rebelión en la granja, 1984 o La política y el idioma inglés sin el magisterio de Swift.

“Políticamente”, escribió Orwell, “Swift era una de esas personas que se ven empujadas a una especie de conservadurismo perverso por las locuras del partido progresista del momento”. Su obra rechaza la injusticia y la opresión, decía, sin mostrar aprecio por la democracia. F. R. Leavis destacaba de Swift la ironía, la energía y la negatividad: una especie de destrucción creativa.

“Tengo materiales para un tratado que pruebe la falsedad de la definición del animal rationale, y muestre que solo debería ser rationis capax. Sobre estos cimientos de misantropía (...) se erige todo el edificio de mis Viajes”, escribió Swift al poeta Alexander Pope.

En Los viajes de Gulliver, que publicó con seudónimo, Swift parodiaba los libros de viajes y en particular Robinson Crusoe. El protagonista, el cirujano Lemuel Gulliver, realiza cuatro expediciones: naufragios, accidentes o piratas lo llevan a mundos fantásticos, que sirven para retratar la política y el poder, y para ridiculizar la sociedad de su tiempo y la naturaleza humana. El texto es riquísimo en detalles, ingenio, alusiones y perspicacia.

Los conflictos políticos del primer viaje satirizan el sectarismo político y religioso. Lilliput está en guerra desde hace mucho con Blefuscu. El origen de la enemistad es una divergencia sobre la mejor forma de cascar un huevo. Pero también hay problemas internos: en Lilliput hay dos partidos enfrentados, según la altura de los tacones que prefieran. Los tacones altos, dicen algunos, son más tradicionales y favorecedores; pero el rey ha preferido imponer los tacones bajos en la administración del Gobierno y los cargos de la corona. “La animosidad entre ambos partidos ha llegado a tal extremo que ya no comen ni beben juntos”, explican al viajero. Quizá los partidarios de los tacones altos sean más numerosos, aunque el poder está en los de los tacones bajos. Hay razones para la inquietud: “el heredero del trono muestra cierta inclinación hacia los tacones altos”. Existen camarillas, sicofantes, envidias y traiciones. En uno de los numerosos episodios escatológicos del libro, Gulliver apaga un incendio en palacio orinando sobre el fuego: salva la vida a la reina, pero ella no le perdona el procedimiento.

El segundo viaje, a la tierra de los gigantes, es más oscuro: en un libro que gira a menudo en torno a la idea de dominación, la estancia en Brobdingnag puede verse como una alegoría de la esclavitud. Al principio Gulliver debe actuar en espectáculos de feria. Luego es acogido por los reyes, pero sufre los celos del enano de la corte y está sujeto a los caprichos de los gigantes. Las aristócratas lo usan de mascota; una, para repugnancia de nuestro héroe, lo posa sobre su pezón descomunal.

Hay un procedimiento de desfamiliarización. Gulliver describe la sociedad inglesa al rey, que considera que esta constituye “la raza más perniciosa de alimañas odiosas y minúsculas y odiosas que haya hecho reptar jamás sobre la faz de la tierra”.

La escritura de Swift es clara y poderosa; física y divertida. Pero el humor se va volviendo más sombrío, sobre todo en las dos aventuras finales. El viaje a Laputa se ha leído como una metáfora del colonialismo y de la situación de Irlanda bajo el dominio británico. El rey y la corte viven en una isla flotante, dedicados a la abstracción y despreocupados de sus súbditos. Cuando en una de sus ciudades hay una rebelión, la isla flotante se pone encima, bloqueando el sol y la lluvia, arrojando piedras o aplastándola si hace falta.Gulliver visita la ciudad de Lagado, devorada por la pobreza y donde sin embargo el rey ha instalado una academia. Allí, algunos científicos (que satirizan a la Royal Society y cuyos planes tienen alucinantes conexiones con el presente) desarrollan sus proyectos: convertir los excrementos en el alimento originario; una máquina que crea texto sin comprenderlo; otra que extrae rayos de sol de los pepinos. Hay planes para hablar solo con monosílabos o eliminar todas las palabras para mejorar la comunicación, y un intento de desactivar tramas e insurrecciones basándose en el análisis de la dieta y deposiciones de los ciudadanos. Según un profesor, cuando uno quiere matar al rey, caga verde. Los artefactos fracasan; los proyectores concluyen que deben ser más radicales.

El cuarto libro muestra una sociedad “ideal” y es el más angustioso de todos: los Houyhnhnms, con forma de caballo, son seres racionales que esclavizan a los Yahoos, una versión tosca de los humanos: brutales, desnudos, sin lenguaje. Esa sociedad perfecta de los Houyhnhnms, sin desorden, mentira ni afectos, se plantea el exterminio de los Yahoos. También considera esterilizarlos: eso acaba con el “problema” sin tener que matarlos. El propio Gulliver (aunque admire a los Houyhnhnms, aunque se vista y hable) está a medio camino: una Yahoo intenta acostarse con él; lo expulsan por ser un extraño y un riesgo para la seguridad. Gulliver, que huye en una canoa hecha con pieles de Yahoos, siente repugnancia ante su propia naturaleza, pero la sociedad ideal de los Houyhnhnms también resulta aterradora. La realidad da asco; la utopía, miedo. A fin de cuentas, Swift no escribía para divertir, sino para molestar. Trescientos años después, las aventuras de Gulliver siguen haciendo las dos cosas.


Babelia Núm. 1.814. Sábado 29 de agosto de 2026


Otros mundos, nuevos villanos

Cuando Spiderman y Lobezno cruzan sus caminos, los problemas van a aparecer por doquier



Ilustración de portada.

José Luis Vidal

26 de agosto 2026

Y eso precisamente ocurre al principio de esta apasionante aventura. Ya que bajo la ciudad, en las cloacas, surge una peligrosa y letal amenaza que por razones desconocidas se ha descontrolado.

¿Y podéis imaginar quién se va lanzar de cabeza a tratar de arreglar la situación?

Pues sí, premio para los que lo hayáis resuelto, ya que el Lanzarredes más famoso del Universo Marvel, como suele hacer habitualmente, se va a jugar el pescuezo en una situación de la que tan solo puede sacarlo sano y salvo cierto mutante canadiense…



Ficha

Spiderman y Lobezno Volumen 2.

Guion: Marc Guggenheim

Dibujo: Gerardo Sandoval, Kaare Andrews

Tapa blanda

Color

120 págs.

12 euros

Panini Cómics


Pero claro, esto es solo un aperitivo, porque la verdadera peripecia del este curioso dúo comienza cuando el Reed Richards de una Tierra paralela, los invoque con un plan muy claro en mente. La venganza contra aquel que asesinó a la pareja del elástico científico.

Pero hete aquí que la sorpresa será máxima cuando el dúo conozca que la finada no era Sue Richards, sino una mujer que ha ocupado el duro corazón de Logan. Se trata, como ya habréis supuesto, de Mariko, una mujer a la que creyó perder, y que tras regresar de la muerte no ha querido saber nada de él.

Todas estas disquisiciones serán interrumpidas cuando tengan que verse las caras con un enemigo implacable y prácticamente invencible, que por caprichos del destino y del Multiverso, es una curiosa mezcla de ambos, Spiderman y Lobezno…

Su nombre es Arachnix y les va a poner las cosas muy, pero que muy difíciles a los protagonistas, que tendrán que tirar de ingenio si quieren que el villano muerda el polvo, regresar a su casa y, sobre todo, cerrar viejas heridas sentimentales.

Pero claro, decirlo así puede resultar sencillo, pero librarse de Arachnix no va a ser tarea fácil, incluso cuando crean que han acabado con él, el tipo se empeña en volver más letal que nunca. Y si a esta peliaguda situación añadimos la aparición de la última defensa contra la villanía de esta particular Tierra, pues ya la tenemos liada (Atención a las peculiares versiones de héroes ya conocidos por todos).

Esta auténtica montaña rusa de emociones con la que concluye la aventura está escrita por el guionista Marc Guggenheim, que va a estar acompañado dos genios de la viñeta como son Gerardo Sandoval y Kaare Andrews, que con su incomparable arte van a colmar estas páginas de imágenes y escenas de lo más impactante. En el caso de Andrews, homenajeando a los ya lejanos años noventa, y su manera de afrontar la creación de un cómic, con esas reconocibles y casi imposibles composiciones de página.

En fin, uno de esos team ups para recordar, que mezcla con maestría acción a raudales, su pizca de humor y drama. Una combinación única de la que surge un apasionante cómic.


Diario de Cadiz