martes, 13 de octubre de 2026

La última bala

Todos los caminos conducen al explosivo final de esta autentica joya del género criminal



José Luis Vidal

07 de octubre 2026 

Para todos los que somos amantes del género noir, los últimos años solo nos han traído alegrías, ya que los relatos criminales llevados a la viñeta viven una auténtica época dorada. No hay más que recordar esas 100 Balas de Brian Azzarello; o al tándem formado por Ed Brubaker y Sean Phillips y su universo Criminal, por no habla de propuestas más modernas como la de Chris Condon y Jacob Phillips, That Texas blood, por solo citar algunas.


Ficha

Balas Perdidas Parte 5. Falsos amigos.

Autor: David Lapham

Tapa blanda

Blanco y negro

312 págs.

26,90 euros

Ediciones La Cúpula


Pero he de confesar que desde que hace ya un buen puñado de años, en el momento que a mis manos llegó aquel número de la Línea Brut, me enamoré del Balas Perdidas de David Laphan.

Y es que esta saga se circunscribe dentro de lo que se ha llegado a denominar como hardboiled. Aquí el protagonismo no lo van a tener sagaces detectives con un vaso de whisqui en la mano, sino que el dramatis personae estará compuesto por personajes que viven (o mejor dicho, sobreviven) en el filo de la navaja.

Narcotraficantes, psicópatas, asesinos a sueldo, femme fatales de todo pelaje y, sobre todo, personajes como Beth, Nina y Orson, unos protagonistas a los que hemos acompañado a lo largo de su personal via crucis, plagado de errores propios, decisiones equivocadas y, sobre todo, estallidos de violencia que de dejan con la boca abierta.

La oscuridad puede esconderse tras el colorido y feliz retrato del podrido American way of life, y aquí hay argumentos de sobra.

Como diría uno de esos tarados que suelen pulular en los Estados Unidos cargando un cartel, “el final está cerca”, y la sombra del peligroso Kretchmeyer se acerca implacable, buscando esos maletines que el trío ha birlado a la banda de Harry.

Con la ya famosa y personal estructura narrativa de David Lapham, una invisible soga se irá cerrando alrededor de los cuellos de los fugitivos, a los que también persigue esa arma de destrucción masiva que está a las órdenes de Spanish Scott, Monstruo.

Pero en estos últimos capítulos habrá un personaje clave que decantará el destino de los protagonistas hacia un lado u otro. Su nombre es Amor Propio, y con su pinta de sonriente rastafari, es un tipo con recursos que será capaz de sacar de más de un apuro a Beth y Cía.

Y claro, ya que la cosa está a punto de concluir, justo en uno de los momentos más graves, reaparecerá ese personaje tan especial que vive dentro de la cabecita de Beth desde que su madre le propinó un fuerte golpe, haciendo que un nuevo y surreal universo surgiera, regalándonos las imposibles peripecias de la mayor criminal de todos los tiempos, Amy Racecar.

A todos aquellos lectores fieles que durante años hemos esperado la conclusión de este relato, sentaos cómodos, porque estáis a punto de sumergiros en una conclusión donde la tensión surge de cada viñeta. Habrá disparos, violencia, muerte y quién sabe cuál será el destino de sus protagonistas, y me apuesto lo que queráis a que no lográis adivinarlo…


Diario de Cadiz


Paul Thomas Anderson y el mito de la revolución

‘Una batalla tras otra’ es una versión libre de ‘Vineland’, de Thomas Pynchon, que dialoga con todo el universo del escritor


Teyana Taylor en una escena de 'Una batalla tras otra', de Paul Thomas Anderson.

LANDMARK MEDIA / Alamy / CORDON PRESS


Sara Barquinero

08 NOV 2025 

One Battle After Another (Paul Thomas Anderson, 2025) es una adaptación muy libre de Vineland, una novela de Thomas Pynchon publicada en 1990. Sin embargo, lo más interesante es que la versión de Anderson dialoga con todo el universo pynchoniano y no solo con el libro que versiona, trasmitiendo su particular forma de comprender la política y el mundo, especialmente con su obra maestra, El arcoíris de gravedad.

Entre Vineland y su adaptación cinematográfica hay parecidos evidentes: en la novela de Pynchon la acción transcurre en una pequeña localidad californiana del mismo nombre. Zoyd Wheeler (a quien en la película Anderson convierte en Bob, interpretado por Leonardo DiCaprio) es un exhippie que cada año finge demencia para cobrar un subsidio estatal. Vive con su hija adolescente y su exmujer (que en el libro se llama Frenesí) es igualmente una antigua activista política que los abandonó años atrás. Todo cambia cuando el fantasma su exesposa reaparece, junto con el del amante por quien dejó a Bob (en el cine el coronel Lockjaw, Sean Penn), un fiscal federal obsesionado con ella.

Aunque la premisa es muy reconocible, a partir de aquí las diferencias se multiplican. En la película, el presente parece ser una realidad muy similar a la nuestra, pero distópica, en la que la represión a los migrantes ha alcanzado un punto de no retorno, mientras que en la novela de Pynchon la acción se sitúa durante la presidencia de Ronald Reagan, con los ecos del fracaso de los años sesenta aún resonando en el pasado “revolucionario” de los protagonistas. Esa distancia temporal es importante: Vineland trata de un país que ha domesticado la disidencia, que quizás estaba condenada de base. Sus personajes no son héroes, sino supervivientes despolitizados: el protagonista no fue nunca un militante real; su rebeldía se limitó a la música y las drogas, y su exnovia desaparecida jamás fue tan heroica como la de la película; si se cambió de bando fue por deseo y no por miedo. En el libro, pues, ambos personajes encarnan, cada uno a su manera, el desencanto de una generación que creyó poder cambiar el mundo y acabó absorbida por el mismo sistema al que se oponía. Respecto a las organizaciones políticas paralelas, que rodean a los personajes tanto en el libro como en la película, la diferencia también se mantiene: mientras que los personajes de Pynchon están paranoicos sin motivo (y sus organizaciones y protocolos son birriosos y rozan el absurdo), los de Anderson sí tienen razones para desconfiar, pues viven en un presente donde la vigilancia, la manipulación y el control son más que reales.

Otro cambio relevante entre la película y el libro es en la cuestión racial, que Pynchon solo aborda en Vineland de forma tangencial. El título del libro y del condado ficticio en el que sucede remiten al asentamiento vikingo en América, lo cual quizás traza una línea entre ese primer acto colonizador y esos restos del hippismo que se creen emancipados. Sin embargo, en la novela apenas hay personajes racializados y los que hay (algo más gallardos y útiles para la sociedad que sus compañeros no racializados, todo hay que decirlo) son secundarios y han sido fusionados en la figura de Benicio del Toro. Sin embargo, es fácil entender por qué Paul Thomas Anderson ha decidido poner en el centro esta cuestión, que Pynchon sí exploró en su obra más ambiciosa, El arcoíris de gravedad, donde el colonialismo, la supremacía blanca y la fetichización negra son los motivos centrales.

Esta no es la única referencia al Arcoíris, tal vez porque Anderson es consciente de que, por mucho que le encantaría llevarla a la gran pantalla, se trata de una novela imposible de adaptar. Uno de los guiños más obvios es que Leonardo DiCaprio es apodado Rocket Man, como el del protagonista de la gran novela de Pynchon. Además, algunas de las escenas más icónicas de la película (como la huida por el retrete) son guiños indudables al Arcoiris y no a Vineland. Incluso el título, Una batalla tras otra, proviene (o eso me atrevo a aventurar yo) de un pasaje del Arcoíris en el que Pynchon reflexiona sobre cómo la historia humana se reduce, al final, a una sucesión de guerras, cada una repitiendo los errores de las anteriores: “No debe olvidarse que el verdadero negocio de la Guerra es comprar y vender. [...] La naturaleza masiva de la muerte en tiempos de guerra es útil en muchos sentidos. Sirve de espectáculo, equivale a maniobras de diversión de los verdaderos movimientos de la Guerra. Proporciona materia prima que será registrada por la Historia para que esta pueda ser enseñada a los niños como un encadenamiento de violencias, de una batalla tras otra”.

Esta cita, de la que tal vez ha salido el título de la película, muestra quizás la diferencia más importante entre la visión de Pynchon y la de Anderson. En la película hay una suerte de nostalgia por la revolución perdida, una melancolía por aquella energía colectiva que alguna vez desafió al sistema y que acaba dignificada en la misma película, incluso aunque el enemigo no haya cesado de vencer. En cambio, la lectura de Pynchon es crítica y hasta cruel con los revolucionarios: leyendo sus novelas, pareciera que toda revolución está destinada a ser deglutida por el sistema, convertida en un nuevo producto o en una nueva forma de control (o, en todo caso, en un cliché cultural, en una mala broma). La historia humana, sugiere, no es más que una sucesión de batallas, una tras otra, en las que los triunfadores dejan tras de sí una ristra de cadáveres y traumas irredentos.

Sara Barquinero es escritora. Su última novela se titula ‘Los Escorpiones’ (Lumen, 2024).


Babelia Núm. 1.772 Sábado 8 de noviembre de 2025

Non stop

La ansiedad es un compañero de viaje del que es difícil desembarazarse


José Luis Vidal

06 de octubre 2026 

Has dormido mal y, aunque te despiertas cansado, como si te hubieran propinado una paliza, notas como dentro de tu pecho hay un tambor que no para de ser golpeado.

Tu cansancio es tal que acudes a la nevera, y allí te espera una solución momentánea, un falso maná que provoca que tus ojos se abran de par en par y tu cabeza comience a funcionar al ciento diez por ciento.




Ficha

Astral Panic

Autora: Katie Hicks

Tapa blanda

Color

188 págs.

23,50 euros

Ediciones La Cúpula


Eso sí, la incongruente melodía del tambor no se detiene, más bien al contrario, acompañándote en cada paso que das.

Notas una leve vibración en tu muñeca y es tu mejor amigo, que te está avisando de las mil y una tareas a las que tienes que enfrentarte hoy. Es tu smart watch, claro…

Después de todo este angustioso prólogo, sales a la calle y una invisible losa de ansiedad te cae encima sin avisar, refugiándose en tu mochila y acompañándote por el resto del día.

Pues bien, todo esto (casi nada) es lo que le ocurre al angustiado protagonista de este cómic. Su nombre es Gale, y por si ya no tuviera suficientes problemas, sumémosle una timidez tremenda, lo que le hace huir de toda relación casual o de amistad.

Y todo esto en un momento muy importante para él, ya que tiene que entregar su trabajo en la clase de arte, pero no se atreve a exponerlo delante de sus compañeros.

Afortunadamente, alguien se va a colar en la vida del joven protagonista sin llamar a la puerta, y como un torbellino de buen rollo, va a agarrarlo por el brazo y, juntos, tratar de sacar a Gale de la invisible e irrompible burbuja en la que se ha refugiado.

El nombre de este chico es Aiden y, además de tener una rara facilidad para relacionarse con los demás, es el líder de una banda que precisamente da nombre a este cómic, Astral Panic.

Eso sí, a la hora de buscar trabajo no es que sea precisamente un as, ya que una de las características de su personalidad es la de poseer una cara dura como el mármol y, si a esto sumamos la torpeza en algunos momentos de Gale, la cosa se va a poner bastante complicada para que Aiden acceda al mercado laboral.

Katie Hicks, la autora canadiense de este cómic, con un estilo fresco, que bebe del cartoon, nos coge de la mano, lanzándonos a un viaje frenético, logrando hacer que empaticemos con el agobiado protagonista y, también, que le cojamos bastante asco a las peras, que tienen un papel muy protagónico como uno de los elementos principales de esa bebida energética que persigue a Gale a lo largo de la historia, Pura Pera, convirtiéndose en una autentica pesadilla.

Con un tono divertido, la autora nos habla de padecimientos muy importantes, como la ansiedad, la depresión y el sufrimiento que padecen muchas personas que viven su soledad como una condena.


Diario de Cadiz




Colonialismo ‘aujourd’hui’

El ‘ethos’ colonialista no es un asunto de tiempos lejanos, de salacots, clubes de oficiales y hacendados con esmoquin. Es una realidad recurrente y con pocos visos de llegar a su fin


Imagen de 'México Bárbaro', de John Kenneth Turner. ALAMY / CORDON PRESS

Izaskun Álvarez Cuartero

29 NOV 2025

Están de moda los imperios y el colonialismo sigue abriéndose paso. Charles de Freycinet (1828-1923), que fue presidente del Consejo de Ministros de Francia en cuatro ocasiones, incluyó también entre sus funciones el ejercicio, a veces simultáneo, de ministro de Asuntos Exteriores y de la Guerra y tuvo, además, tiempo de escribir varios libros, entre ellos una obra titulada La questión d’Égypte (1905). Sin ningún tipo de recato, manifestaba en ella que la codicia británica por Egipto radicaba en el sueño de unir las ciudades de El Cairo con la del Cabo a través del ferrocarril, o que Rusia, con pretensiones más débiles en la región por estar ocupada en otros teatros geopolíticos, sobre todo en el otomano, no dejaba por eso de apartar su mirada del país del Nilo. Lo que más puede llamarnos la atención es cómo expresa con naturalidad que Francia, por su secular influencia en el Levante y su dominio colonial “aujourd’hui si étendu”, fuera otra de las potencias interesadas en su destino.

¿Todo Estado moderno abraza el colonialismo?, ¿las guerras, la ocupación o reclamación de territorios transfronterizos disfrazan, en definitiva, acciones colonialistas? A la luz del desolador panorama que hoy nos rodea podríamos afirmar que sí. El ethos colonialista no es un asunto de tiempos lejanos, de salacots, clubes de oficiales y hacendados con esmoquin. Es una realidad recurrente y con pocos visos de llegar a su fin. En el caso de América, los procesos de independencia desembocaron en la descolonización del territorio y de la administración tras librarse de la tutela de la metrópoli. ¿Y qué ocurrió con las formas coloniales de conocimiento y pensamiento? ¿Los nuevos Estados-nación, las élites criollas, dejaron de pensar colonialmente? ¿Por qué fueron capaces de practicar el mismo sometimiento sobre la tierra y la población que ya habían padecido bajo el dominio imperial? Esta circunstancia se debate por los americanistas hasta la contemporaneidad y es objeto de un análisis riguroso y continuado.

La necesidad de denunciar los casos de colonialismo o neocolonialismo persistente tiene ejemplos de extraordinaria valentía en América Latina. El afán colonial no consiste solo en ocupar territorios, también incluye el horror del abuso y asesinato de poblaciones enteras. Tan solo dos ejemplos: el primero que deberíamos recordar es el del periodista estadounidense John Kenneth Turner, que publicó una serie de reportajes —reunidos en el libro México Bárbaro (1909)— donde denunciaba el trato a los indígenas yaquis deportados a Yucatán durante el Gobierno de Porfirio Díaz. No podemos obliterar la Conquista del Desierto (1878-1885) que, liderada por Julio Argentino Roca, militar y presidente de Argentina, ocupó la Patagonia y parte de la región pampeana, la acción militar llevó al genocidio —concepto controvertido que tal vez podamos sustituir por etnocidio, no por eso menos grave— de miles de indígenas. Las matanzas fueron denunciadas en su día ante el Congreso de la Nación y desde la década de los ochenta del siglo pasado asociaciones mapuches y tehuelches reclaman el carácter exterminador de las campañas militares. Negar el genocidio forma parte de la práctica política, que a un Estado le tachen de genocida tiene consecuencias insoportables. Alemania es un buen ejemplo, las cadenas de memoria, de la culpa, funcionan a la perfección. Recordemos que en Turquía quien se pronuncia sobre el genocidio armenio puede ser encarcelado.

Las ansias por ocupar la tierra de los otros y recurrir a sentimientos patrióticos de hostigamiento o defensa de los espacios nacionales están en la cartera de prácticamente todos los países que apelan a sus derechos históricos y a un galimatías de laudos, resoluciones y tratados internacionales. El pasado agosto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reclamaba al Perú de Dina Boluarte la soberanía de la pequeña isla amazónica de Santa Rosa. Un enclave que comparte frontera también con Brasil. Las espadas están en alto y las acusaciones de colonialista a Petro no han cesado desde los medios de comunicación peruanos. En América Latina los conflictos de límites han estado y siguen ocupando las agendas de los gobiernos insatisfechos con las demarcaciones territoriales trazadas tras las independencias. En 1998 se firmó el Acta de Brasilia, que ponía fin, esperemos que definitivamente, a las disputas violentas durante más de un siglo entre Ecuador y Perú por los territorios entre la cuenca amazónica y los Andes, que incluye ciudades como Tumbes, Jaén y Maynas. Esta patriótica pelea, cuyos orígenes se remontan a la creación del virreinato de Nueva Granada por Felipe V, se resolvió con la firma de la paz por los presidentes Alberto Fujimori y Jamil Mahuad. La guerra de las Malvinas (1982) fue otro de los escenarios más dolorosos de confrontación del siglo XX entre el Reino Unido y Argentina, que todavía mantiene heridas internas sin cerrar y un litigio sin resolver. Recientemente Javier Milei reclamaba la soberanía de las islas ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lo más preocupante es que el discurso fue leído ante Donald Trump, que expresa sin prudencia alguna sus veleidades coloniales. Recordemos su desmesurado interés por apropiarse no solo de Groenlandia, sino también de accidentes geográficos históricos como el golfo de México, renombrado Gulf of America por la Administración de Trump. El nuevo nombre se ha incorporado (entre paréntesis) en Google Maps. Resulta paradójico que esta aplicación tan popular fuera diseñada por los hermanos daneses Rasmussen, antes de ser vendida al gigante tecnológico. Esperemos que su criatura no sea la responsable de otra acotación geográfica. Las palabras, los conceptos, también pueden soportar una gran carga colonial. En el prólogo a Retrato del colonizado (1957), de Albert Memmi —intelectual franco-tunecino de origen sefardí—, Jean-Paul Sartre expresaba que “la opresión es antes que nada el odio del opresor contra el oprimido. Con un solo límite a ese impulso de exterminación: el mismo colonialismo”.


Izaskun Álvarez Cuartero es profesora de Historia de América de la Universidad de Salamanca.


Babelia Núm. 1.775 Sábado 29 de Noviembre de 2025


lunes, 12 de octubre de 2026

Los secretos tras la máscara

El cruzado nocturno de Gotham se enfrenta a uno de sus casos más insólitos



José Luis Vidal

08 de octubre 2026

Si algo caracteriza y da trasfondo a un personaje ficticio, además de una personalidad que atraiga a los lectores, es estar rodeado por un buen plantel de personajes secundarios.

En el caso de Batman, a estas alturas de su historia sabemos muy bien que el Señor Oscuro no sería nada sin sus aliados y, sobre todo, ese reflejo oscuro que son sus desquiciados enemigos.



Ficha

DC Edición Facsímil Collectors. La leyenda jamás contada de Batman

Guion: Len Wein

Dibujo: John Byrne, Jim Aparo

Tapa blanda

Color

72 págs.

15 euros

Panini Cómics


Es por esto que el cómic contenido en La leyenda jamás contada de Batman, pese a situarse en una ya lejana época del personaje, viene a desvelarnos el origen de los principales personajes que componen el dramatis personae del protagonista.

Pero no adelantemos acontecimientos, ya que la historia comienza con Batman recibiendo un paquete, ni siquiera el fiel mayordomo y hombre para todo Alfred conoce su remitente. La sorpresa será mayúscula cuando este sea abierto y contenga, nada más y nada menos, que el traje original del Hombre Murciélago.

Este hecho hace que la memoria de Bruce Wayne se retrotraiga a su infancia, aquellos momentos felices que vivió junto a sus padres antes que la tragedia se cebara con ellos, dejando al joven solo, desvalido y con un trauma incurable.

Los recuerdos le conducen hacia un mafioso, Lew Moxon, que tuvo mucho que ver con el oscuro momento que se vivió en cierto callejón, y sobre todo el papel que un ladrón de poca monta como Joe Chill tuvo en este, ya que asesinó a los Wayne…

Pues bien, a partir de este misterio vamos a realizar un viaje al pasado de todos y cada uno de los personajes que rodean a Batman. Sus aliados, como el joven Dick Grayson, huérfano como él y al que adoptó como pupilo, convirtiéndose en su sidekick Robin.

¿Y qué decir de Alfred Penny Pennyworth? Británico veterano de guerra, frustrado actor y, sobre todo, esa conciencia, lo más parecido a un padre adoptivo que Bruce ha tenido a lo largo de su vida, cuidándolo y ofreciéndole su ayuda en los momentos más críticos.

Otro de los grandes aliados, si no el que más, en su lucha contra el crimen en Gotham, es el comisario James Gordon que, además, es el padre de la heroína Batgirl.

Y de ahí pasaremos al lado más oscuro, al de los enemigos, criminales que azotan día y día también la vida de los gothamistas. Auténticas pesadillas de carne y hueso como Joker o Dos Caras.

Pues bien, un Batman cada vez más enfurecido, moverá cielo y tierra para descubrir el origen y, sobre todo, quién le ha enviado el paquete. Para ello utilizará los puños a diestro y siniestro, bastante cegado por el dolor que el recuerdo de este traje le ha devuelto.

Seréis vosotros, avezados lectores, los que junto al mejor detective del mundo, los que tendréis que dilucidar este misterio, contenido en la fabulosa y enorme edición de Panini Cómic, una edición facsímil que guarda alguna que otra sorpresa más que seguro os va a sorprender y deleitar.

Y todo ello junto a un trío artístico de excepción, Len Wein al teclado y John Byrne junto a Jim Aparo a los lápices.

¿Se puede pedir algo mejor?


Diario de Cadiz



miércoles, 7 de octubre de 2026

En busca de la ciudad perdida

En las páginas de este cómic se revelará uno de los grandes misterios de la humanidad


José Luis Vidal

01 de octubre 2026

Cientos de investigadores, historiadores y científicos han tratado durante años de localizar en el globo terráqueo el lugar exacto donde existió la mítica Atlántida. Pero hasta el día de hoy todo son teorías, algunas más acertadas que otras, pero ninguna definitiva.

Hasta ahora.




Ficha

Crónicas de la Atlántida

Autor: Stefano Martino

Tapa dura

Color

216 págs.

40 euros

Yermo Ediciones


El autor italiano Stefano Martino se embarcó en la que tal vez haya sido la tarea artística más difícil de su trayectoria en el mundo de las viñetas, y nos anima a acompañarlo en un viaje a través del tiempo, concretamente al lejano 28428 A.C., donde vamos a visitar este lugar mítico y misterioso.

Gobernado por el rey Leodén que, debido a las malas artes del taimado sacerdote Hak-Na, ha caído en las invisibles garras de la droga, que poco a poco, le ha ido cambiando, transformándolo en una auténtica marioneta en manos del místico, que en las sombras ha elaborado un plan para hacerse con las riendas del reino.

Afortunadamente, todavía en este lugar existe alguien con claridad en su mente y acciones. Se trata de la reina Leyón, una atractiva mujer que no se corta a la hora de empuñar una espada y defenderse si es necesario y cuenta con la ayuda y consejos de la científica Artemión.

Los ecos de lo que acontece en el reino llegan lejos, muy lejos, para advertir a alguien muy ligado a estos personajes. El hermano perdido, Eodén, un guerrero que se auto exilió, alejándose de la violencia por la que llegó a perder un brazo, y que en estos momentos tan cruciales deberá tomar la decisión más importante de su vida.

Regresar a las tierras que le vieron crecer o ignorar la muda llamada, y dejar que el destino de su hermano y cuñada sea el más oscuro y dramático.

Los maquiavélicos planes de Hak-Na le han hecho forjar una alianza con una auténtica pesadilla hecha hombre, el temible Thorun, que marcado por el pasado, guarda una cuenta por pagar con Eodén, aquel que fue su mayor y mejor oponente en la batalla.

Pero esta no será la única arma con la que cuenta el sacerdote, ya que dentro de una inhóspita cueva se esconde algo, una monstruosa presencia…

Stefano Martino narra con mano firme, abandonando el canon franco belga más clásico, y dotando a sus páginas de una narrativa ágil, en las que los momentos de diálogo dan paso a espectaculares estallidos de violencia guerrera, y splash pages de una belleza arrebatadora.

El espíritu de Robert E. Howard revolotea sobre estas páginas, que entusiasmarán a los amantes del género Espada y Brujería, en las que por fin vamos a conocer el verdadero origen de la mítica Atlántida.

Este volumen integral que contiene los tres álbumes que componen las crónicas se completa con una maravillosa sección de extras, donde Martino nos regala una serie de increíbles ilustraciones, diseños de personajes, etc. Para enmarcar.


Diario de Cadiz





domingo, 4 de octubre de 2026

En lo más profundo del bosque

Entre los frondosos árboles se esconde algo tan terrible que cuesta trabajo describirlo


José Luis Vidal

30 de septiembre 2026

Lo que en principio era una simple excursión a un lugar apartado y tranquilo, en cuestión de segundos se transformó en una oscura pesadilla, ya que aquel encuentro con una peculiar pareja iba a meter al protagonista en una pesadilla en la que la supervivencia lo era todo.



Ficha

Lowreader 10

Autor: Akeussel

Tapa blanda

Color

36 páginas

8 Euros

Nuevo Nueve


Fíate poco, o nada, de aquellos que te ofrecen su ayuda. Tras esos rostros, aparentemente amigables, se esconde el Mal más absoluto, una total falta de empatía que te obliga a participar como único protagonista en un cruel juego en el que te conviertes en presa.

Pero este tan solo será el comienzo del mal sueño, ya que perseguido por las afiladas fauces de un perro, te encontrarás con lo inesperado, algo que nunca hubieras imaginado y que, pese a las pequeñas pistas que has tenido delante de tus narices en las últimas horas, te niegas a creer que algo así exista.

Y es que el Mal no solo reside dentro de los corazones de los hombres, la naturaleza tiene un reverso oscuro que se arrastra, con oscuros tentáculos que se introducen en tu interior, atrayéndote hacia otro estado de existencia mientras, sin darte apenas cuenta, te está devorando con un hambre infinita…

Los bosques son parajes en los que, alejados del mundanal ruido, apetece perderse, y tan solo escuchar el peculiar idioma del lugar; el piar de los pájaros, el viento que mueve las ramas de los árboles, cómo tus pisadas crujen al pisar la hojarasca…

Pero como los amigos de la indispensable Lowreader nos muestran en su décima entrega, no todos los bosques son lugares recomendables. Desde los Estados Unidos, pasando por Japón, Rumanía o los Alpes Franceses, existen puntos en el mapa internacional que componen las piezas de un puzle macabro, donde docenas de víctimas, en extrañas circunstancias, han desaparecido sin dejar rastro, o la crueldad del hombre se ha ensañado con ellos.

Y como ya todos sabemos, y disfrutamos, la intención didáctica de Akeussel (´Que de la Guelue´), autor de la historia titulada Bark, nos lleva a un artículo en que se describe a la perfección a un hongo que a estas alturas no nos es del todo desconocido (sobre todo a los locos de los videojuegos y cierta serie de televisión), y cuyo nombre ya nos hace temblar.

Cada entrega de Lowreader es un billete para viajar al lado más oscuro de la existencia, siempre encontrándonos con un giro sobrenatural en la apasionante trama, como en este caso, en el que el autor mezcla el terror redneck con algo que se esconde en la oscuridad, esperando para entrar dentro de ti.

Diario de Cadiz