lunes, 16 de febrero de 2026

Hellblazer:Miedo y Odio Garth Ennis & Steve Dillon Norma Editorial


Sea por la razón que sea, lo cierto es que la historia de Hellblazer en nuestro país recuerda al chiste que se contaba de la democracia en tiempos de Franco: todo el mundo hablaba de ella pero nadie la había visto.

Ciertamente, resulta curioso que la colección más veterana del prestigioso entre los fans sello Vertigo, haya sido publicada en nuestro país a cuentagotas, sin ningún criterio y con inconfesa vocación de desconcertar, mientras que, por ejemplo, otra apuesta tan arriesgada a priori como las aventuras del niño gótico ese del sueño se publicaba puntualmente, del modo que se pudiera o incluso con gran derroche de medios recuérdese la edición en tapa dura, con sobrecubiertas y fotitos de Muerte: El Alto Coste de la Vida, un auténtico alarde para cualquier editorial, cuándo menos para los miserables estándares de Zinco).

Y decimos sin ningún criterio porque del guionista más representativo de Hellblazer, el que sentó las bases y convirtió a Constantine en un personaje vivo, Jamie Delano, sólo hemos visto los cuatro primeros y soberbios números de su estancia de más de tres años con el personaje. Sí publicados por Zinco, en cambio, están los Constantine de Moore, de Gaiman, de Morrison... eso, creo yo, es no tener criterio.

En su última y famélica etapa, Zinco publicó, como a estertores, los primeros números que contaban con guión de Garth Ennis, más por el éxito de Preacher que por sana intención de publicar por fin un material injustamente inédito. Y también porque era de momento el único trade paperback publicado por DC de la estancia de Ennis en el título.

Norma sigue por ese camino y ahora se descuelga con Miedo y odio, el segundo paperback de Hellblazer con guiones de Garth Ennis, ahora ya ayudado por Steve Dillon al dibujo, esto es, el mismo equipo creativo de Preacher. Convendrá avisar al lector de que entre lo anteriormente publicado por Zinco y lo que ahora nos trae Norma se han quedado inéditos la friolera de 15 números. Esto se traduce en que, por ejemplo, el climático último número de este Miedo y odio pierde gran parte de su intencionado dramatismo porque al lector se le ha hurtado todo el conocimiento previo de la historia de amor entre Constantine y Kit.

Miedo y odio se sitúa en el meridiano de la estancia de Ennis en la colección, cuando el irlandés ya había despejado todas las posibles dudas y temores que los lectores de Hellblazer pudiesen haber tenido cuando supieron que su amado Delano iba a ser sustituido por un jovencito semidesconocido y se había metido a público y crítica en el bolsillo a base de historias como Dangerous Habits o Royal Blood, que pasaban con pasmosa facilidad de la hilaridad irreverente al horror absoluto, características que con el tiempo se ha convertido en marca de la casa y que Ennis ha terminado de refinar en Preacher. Esto, según se vea, puede ser una ventaja o un inconveniente. Si el guionista está cómodo y asentado en el título hablará con voz propia y dará su verdadera medida, lo que en el caso de Ennis puede ser mucho. Por otra parte, la rendición absoluta de los lectores puede llevar al guionista a la autocomplacencia y el ombliguismo, lo que en el caso de Ennis se traduce en historias de borrachos simpáticos y anécdotas gruesas a mansalva, como por ejemplo la del cuarenta cumpleanos de Constantine, narrada en el número 63 de la colección, el primero en esta edición de Norma. La historia central, Miedo y odio, insiste en un tema que Ennis ya había tratado en Royal Blood, la conexión de la política, en el caso de Royal Blood de la mismísima familia real británica y de las altas esferas de poder político, en el caso de Miedo y odio de un partido ultraderechista, con lo sobrenatural, dando un paso más allá en el género de terror político en los cómics.

Mientras que en Royal Blood contaba con los dibujos de un fabuloso y desatado Will Simpson, extraordinariamente simbióticos con el horror furioso que allí se describía, en Miedo y odio cuenta con Steve Dillon, un estupendo dibujante, sin embargo limitado en su capacidad de describir lo horrible. Dillon es un gran narrador, Dillon puede contar historias de las que tanto gustan a Ennis, en las que los personajes se pasan horas charlando en el pub de esto y de aquello, de relaciones humanas distorsionadas o simplemente imposibles, de la necesidad imperiosa de la amistad y la lealtad, tópicos todos que está desarrollando en Preacher con innegable maestría.

Pero Dillon, ay, no es un dibujante para Hellblazer, al menos el Hellblazer del horror, de la náusea. Quizá por eso este Miedo y odio se podría describir como lo más cercano a Preacher que Ennis escribió para Hellblazer, porque de Preacher se podrán decir muchas cosas, pero una no es que sea un tebeo de terror costumbrista, como las andanzas de John Constantine.

Así pues, una vez más, como en los tiempos de Zinco, Hellblazer seguirá sufriendo la paradoja de ser una ilustre desconocida en nuestro país gracias a que lo publicado aquí sigue sin ser parte sustancial del mito de John Constantine.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


domingo, 15 de febrero de 2026

Body Bags Jason Pearson Norma Editorial



Si uniéramos la contundente densidad rítmica de Prodigy o Chemical Brothers y la vertiginosa musculatura del mejor McTiernan, podríamos quizá hacernos una idea de lo que nos aguarda en las deslumbrantes páginas de esta nueva incursión de Norma en el catálogo de Dark Horse (la más afortunada, hasta hoy): un tebeo de acción, violento y voluptuoso, valiente, divertido. La puesta de largo definitiva de un dibujante que corría el peligro de quedarse en eterna gran promesa: Jason Pearson.

La obra de Pearson es más bien escasa, pero brillante (algo más de un año de Legion of Superheroes, Uncanny X-Men Annual #17, Vanguard #2, la miniserie Dragon:Blood & Guts y un puñado de historias cortas, ilustraciones y portadas a menudo arrebatadoras; poca cosa, si tenemos en cuenta que empezó a publicar en 1991). Integrado en el Gaijin Studio de Adam Hughes, su estilo espectacular y limpio, conglomerado de influencias tan dispares como el diseño gráfico o el manga, así como su evidente amor por determinados autores atípicos que tuvieron sus momentos de gloria hace ya más de una década (Golden a la cabeza, pero también está la sombra de Chaykin y, muy lejana, incluso la de Steranko), le convierten en un nombre a seguir en los próximos años (y en el mejor, con diferencia, de entre sus compañeros de estudio).




Pero volvamos a Body Bags, la serie que nos ocupa. Podemos definirla como un thriller brutal ambientado en un futuro indeterminado, cercano, que permite al autor lucirse con una ambientación rabiosamente actual (de un estilizado realismo MTV, para entendernos) y regalarse licencias como la inclusión de todo tipo de cyborgs (un recurso casi más estético que argumental, si nos ponemos estrictos). Construido con precisión milimétrica y muy poco amor por la corrección política (aunque tampoco llega demasiada sangre al río, no nos dejemos engañar por las apariencias y ese texto un poco papanatas del simpático Piñol) y resuelto con un desparpajo y un dominio de los mecanismos del medio absolutamente apabullante, Body Bags es un tebeo como uno no esperaba ya ver. No una mera montaña rusa: todo un parque de atracciones empeñado en arrancarte el aliento entre página y página.

De la edición española, poco podemos decir (aparte del precio, que sigue siendo, como parece ya norma de la casa, excesivo). Quizá habría que tener más cuidado con la impresión (los colores, deudores también del discutible pero espectacular estilo del gran Golden, quedan demasiado apagados), y tampoco hubiera estado de más una traducción más suelta, más coloquial. Eso sí, es de agradecer que también Norma haya decidido potenciar los textos informativos en sus tebeos (aunque en este caso Cels Piñol insista en vendernos un tebeo que no se parece en nada al que yo he leído; le redime que al menos da un par de datos útiles en torno a la génesis de la obra).

(Antes de cerrar, un par de consejos: que nadie pierda de vista las portadas absolutamente espeluznantes de Michael Golden, un monstruo de lo gráfico sin cuya influencia seminal Jason Pearson estaría hoy copiando quién sabe a qué nipón. O, peor aún, quizá al propio Hughes.

Al abrir el tebeo, por favor, dejemos los prejuicios a un lado y disfrutemos de la obra como lo que es: un ejercicio de malabarismo lúdico, una valiente ecuación de montaje, vértigo y euforia).

francisco naranjo


U, el hijo de Urich #7 Noviembre 1997


Lo mejor del mes. Antibelicismo desde la trinchera, la podredumbre de lo cotidiano y los ciclos de la cosecha.

 Por Álvaro Pons y Noelia Ibarra



1. Spa. Eric Svelotf. Traducción de Martin Simonson. Planeta Cómic

Extraña hibridación entre una pesadilla lynchiana y la prolija imaginería del terror japonés que huye de las estructuras clásicas del relato para zambullirse en el onirismo más inquietante, llevando la lectura a través de los laberínticos pasillos de un spa donde la podredumbre desvela miedos desde lo cotidiano. Pero entre la avalancha de situaciones perturbadoras, Svetoft filtra críticas a una sociedad donde la corrupción se conjuga con el culto al cuerpo para crear jerarquías cadavéricas que siguen imponiendo su poder desde el miedo atávico al cambio, a salir de una realidad putrefacta que llega a reconocerse como refugio.


2. Okinawa, el viento habla. Susumu Higa. Traducción de Sandra Ruiz. Reservoir Books. 

Relato de la guerra desde la perspectiva de la trinchera, desde la ignorancia de aquello que luchaban con la única certeza de una muerte sin sentido para construir un alegato demoledor contra la guerra dando voz a sus víctimas, a esas que son obligadas a luchar por decisiones lejanas que no saben de sus problemas, de su realidad. Higa une esos relatos con las heridas de la posguerra, desde los efectos en los espacios y paisajes con los que tener otra lectura de la ocupación hasta la lucha por la pervivencia de la identidad cultural en tiempos convulsos. Una obra magistral que recuerda desde la sencillez de su dibujo que la paz no siempre llega cuando se acaban las balas.





3. Tedward. Josh Pettinger. Traducción de Sara Díez. La Cúpula.

Sátira mordaz del ridículo de nuestra existencia cotidiana mediante una radiografía de espacios límite donde Pettinger deconstruye las paredes de las celdas que nos encierran, planteando las situaciones disparatadas y ridículas que, no obstante, llegan a ser posibilidades extrañamente plausibles en este mundo de locura acelerada. Tedward es absorbido por ese entorno de monotonía y absurdo que se presenta como el estereotipo de felicidad que marca el amor romántico, pero que las viñetas desnudan de emociones hasta dejarlo en un grotesco intercambio de fluidos que también puede ser mercantilizado.




4. Cosechadora. Aidan Koch. Traducción de Andrés Magán. AIA Editorial (a la venta el 8 de febrero).

A través de tres historias que se conectan por medio de espacios desérticos, la autora norteamericana vuelve a demostrar la capacidad de la poesía gráfica para conmover desde la sutileza de viñetas donde la carga cromática y simbólica crea lecturas a través de medidas elipsis. Los ciclos de la cosecha y de la siembra son para Koch confirmados por nuestras experiencias vitales, deteniéndose en los instantes invisibles de lo cotidiano para enseñarnos cómo la luz se escapa entre los silencios, filtrándose por intersticios de vida que solo resultan visibles desde la perspectiva de una pequeña hormiga mientras seguimos esperando la siguiente cosecha.




5. See You In Memories. Pen So. Traducción de Nerea García. Planeta Cómic

Singular exploración del tiempo y la memoria como lugar de construcción de nuestras identidades a través de los lugares y espacios que habitamos, pero también una reflexión sobre los límites de la fama y sus excesos. Pen So plantea una novedosa vuelta de tuerca, al presentar la obra en dos volúmenes, el cómic y un cuaderno de dibujos que está leyendo el protagonista, como ruptura de los límites entre ficción y realidad para plantear al lector sugerentes ideas sobre cómo construimos nuestros recuerdos en esos márgenes entre lo ocurrido y lo imaginado.


Babelia. Núm. 1.786. Sábado 14 de febrero de 2026

sábado, 14 de febrero de 2026

Heroes Reborn: Los 4 Fantásticos, Iron Man, Capitán América, Los Vengadores Jim Lee/Rob Liefeld & Otros Forum



En un desesperado intento por recuperar las ventas de sólo hace unos años (supongo que los contables de Marvel estarían pensando en las cifras millonarias del primer número de los X-Men de Jim Lee y del Youngblood de Rob Liefeld) y, utilizando como excusa narrativa la retorcida conclusión de la saga de Onslaught -la plana mayor de Marvel fue borrada de un plumazo de la continuidad habitual, para renacer desde cero en un nuevo universo- Marvel ha puesto durante un año cuatro de sus colecciones punteras en manos de los chicos de Image: Jim Lee y sus Wildstorm Studios se han encargado de Los 4 Fantásticos e Iron Man y Rob Liefeld y los Extreme Studios de Capitán América y Los Vengadores.

Como es probable que a estas alturas los lectores del U estén ya un poco hartos del culebrón Liefeld (y, si no es así, revistas como Dolmen y Slumberland han publicado artículos en los que se explica de forma detallada las circunstancias que han llevado a la expulsión de Liefeld de Image y a la cancelación de su contrato en Marvel) me vais a permitir que obvie el tema en lo posible, porque, al fin y al cabo, lo que realmente importa son los tebeos que Forum ha empezado a publicar en castellano sólo hace tres meses.

Paradojas aparte (¿quien les iba a decir a Liefeld y a Lee cuando abandonaron Marvel para formar Image que volverían por la puerta grande?) el proyecto Heroes Reborn puede enorgullecerse de haber conseguido en un solo año que los lectores veteranos de la casa empiecen a ver con buenos ojos el soporífero Capitán América de Mark Gruenwald, los Fantásticos de Tom De Falco y Paul Ryan o los Vengadores de Bob Harras.

En Los 4 Fantásticos, Lee y su dialoguista Brandon Choi se limitan a realizar un desangelado y artificioso "remake" que, salvo ligeras discrepancias (la historia se ambienta en los años 90 y narra con mayor lujo de -innecesarios- detalles las razones que llevan a Reed Richards a organizar su viaje al espacio) respeta fielmente el argumento de los primeros tebeos de Lee y Kirby: los Cuatro Fantásticos adquieren sus poderes de una manera similar, aparece el Hombre Topo, se enfrentan a Namor, etc.. Pero, aunque el abigarrado dibujo de Lee está a años luz del descomunal derroche de talento que ofrecía el titánico Kirby en cada una de sus viñetas y los falsotes diálogos de Choi no tienen nada que hacer ante los ingeniosos textos de Lee, hay que reconocer que por lo menos el creador de WildC. A. T. S. se toma algo más en serio su trabajo que Liefeld y, a pesar de que el resultado es absolutamente plomizo, intenta salir del aprieto con dignidad e incluso hace algún esfuerzo (confuso y algo caótico, eso sí) por narrar su historia con una cierta legibilidad.

Los otros tres títulos ya son harina de otro costal. La única pregunta que cabe hacerse después de leerlos es: ¿cuál es el peor?

En Iron Man, Lee se limita a ejercer de guionista junto al pesadísimo Scott Lobdell, mientras que el dibujo corre a cargo de un Whilce Portacio especialmente desganado y falto de inspiración (lo único positivo de este nuevo Iron Man es el diseño de la armadura) al que parece darle totalmente lo mismo que la historia se entienda o no, y parece contentarse con resolver todas las secuencias con planos imposibles o cabezas parlantes. Por no hablar del infinito número de incongruencias argumentales que se acumulan número tras número, de la pobre caracterización de los personajes, o el absurdo papel que juega Hulk en el desarollo de la historia... en fin, un desastre total.

Por su parte, Liefeld escribe (es un decir) Capitán América ayudado por la hiperbólica verborrea de Jeph Loeb, mientras que en Los Vengadores el encargado de los diálogos es Jim Valentino (uno de los clones de Liefeld, Chap Yaep, ilustra buena parte del número uno). Como Lee en Iron Man, Liefeld toma elementos de las historias "clásicas" para refundirlos a su manera, cayendo a menudo, supongo que sin pretenderlo, en la autoparodia sonrojante. Atentos a lo que suelta el hipertrofiado Capitán América de Liefeld tras liberar a Thor (que, por cierto, habla inglés perfectamente): "Sí. ¿Pero qué hemos hecho? Los vikingos eran bárbaros y si de verdad es Thor... seguramente se rige por un código moral que el mundo actual puede encontrar inaceptable. ¡Vengadores, preparaos para cualquier cosa!". Por favor..

Si no fuera por la nefasta influencia que ha supuesto su éxito (y el de su peculiar "estilo") sobre toda una generación de dibujantes a los que ha echado a perder para siempre, la absoluta negación de Liefeld para el dibujo sería hasta simpática (recuerdo con especial cariño la bochornosa doble página que publicó en un número de Youngblood en la que se dibujó a sí mismo pidiéndole la mano a su futura esposa).

Es posible que Liefeld sea el peor dibujante que jamás haya dibujado una historia del Capitán América, pero me resulta imposible describir hasta qué punto Liefeld desconoce el significado de palabras como proporciones, secuencia, ambientación, perspectiva o coherencia. Como le ocurría a uno de los dibujantes protagonistas de Los profesionales de Carlos Giménez, las viñetas de Liefeld serían ideales para ilustrar en un libro sobre cómo hacer historietas los defectos que tienen que evitar a toda costa el aficionado si algún día quiere dedicarse en serio a esto de los tebeos.

De todos modos la jugada no salió tan bien como Marvel hubiera querido (los contables que citaba al principio no debieron tener en cuenta que en las cifras de venta de los primeros 90 influyó más la ingenuidad de los pardillos que compraban copias múltiples de cada tebeo con la vana esperanza de enriquecerse revendiéndolas algún día que el talento de Lee o Liefeld) y tras este peculiar año sabático los héroes Marvel han vuelto al redil para reintegrarse sin dificultad en la continuidad regular del universo Marvel.

Para terminar, una cita extraída del discurso que pronunció Frank Miller durante la entrega de los últimos premios Eisner. Un oportuno varapalo a una industria adormecida que viene que ni pintado: "¿En qué estado se encontraría hoy la industria del disco, si todo lo que ofreciera fueran grabaciones y videos de imitadores de Elvis? Entonces considerad las posibilidades de un campo cuyo "mainstream" consiste casi en su totalidad de personajes creados antes de que naciéramos la mayoría de nosotros (...) ¿Por qué dedicamos una parte tan importante de nuestra energía a la nostalgia? (...) Claro que se supone que no hay que llamarlo nostalgia, se supone que hay que llamarlo "retro" (...) y lo "retro' es sólo nostalgia con un aro en la nariz."

David Muñoz


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


The Ghost In The Shell : premier teaser (nueva serie de Science Saru)

 


Se acaba de publicar el primer avance de " The Ghost in the Shell ", la nueva serie de anime basada en la obra de Masamune Shirow, producida por Studio Science Saru , con la dirección de Mokochan y Shuhei Handa como diseñador de personajes y supervisor de animación.

Via Catsuka

Art & Beauty Robert Crumb La Cúpula



No cabe duda de que tenemos suerte, en este pequeño y provinciano país, de contar con la línea Brut gracias a la cual parte de lo más interesante del cómic alternativo americano actual acaba apareciendo ante nuestras complacidas miradas. Está muy bien, sin duda, que se publique lo último de Robert Crumb y, además, tan pronto. (Dejemos de lado las inmensas lagunas que, de su ya larga y productiva carrera, existen en el panorama editorial hispano, será que Crumb no vende). Una idea, por otro lado, la del Crumb, tan sencilla, autocontenida y fácil de asumir desde el punto de vista editorial como este Art & Beauty Magazine, retorcidamente inspirado en aquella simpática máxima del "Instruye deleitando".

La edición, sin embargo, no es que adolezca de algunos defectos reseñables sin menoscabar el todo, sino que corre el riesgo de desvirtuar bastante el mecanismo del pastiche imaginado por Crumb. Opciones tomadas no del todo aceptables son reducir el tamaño del original al de comic-book (¿Art & Beauty comic book: instruye deleitando? Ejem). Errores en los porcentajes de los, perdón, del color de las tapas hasta convertir unos verdes bien contrastados en algo que, como portada, ni se ve, ni atrae... pase, suele pasar, nos lo tragamos. El papel, que tampoco es blanco-blanco, pongamos que no influye en el resultado de los pinceles.

Pero la parte importante a la hora de disfrutar una obra, de captar su sentido, de que nos haga gracia, es decir, el texto, donde se vierten las ideas, donde si se es original, debe notarse, este sí que puede verse afectado por los defectos de una traducción rápida, despreocupada o poco cómplice. Mucho me temo que no se trata, simplemente, de poner palabras que en español no existen, o nadie las usa, como elusivo, seductivo, etc. O comerse cosas que vienen en el texto original (no es problema de espacio, otras veces el traductor elige la perífrasis castellana más larga sin ningún problema). Por el contrario, muchos de los textos traducidos, que Crumb presenta como pie de sus dibujos al estilo rancio de las viejas revistas, u otros, citas de las procedencias más variopintas, revelan que el traductor no se ha detenido a reflejar también la intención socarrona de Crumb y se quedan en una versión somera del contenido del texto, cuando no ofrecen, a las claras, la prueba palpable de que no ha comprendido el original como, por ejemplo, en la cita de Nietzsche.



Porque Crumb, en esta obrita, lo que está haciendo es servirse de un tipo de producto anticuado y pasado de moda para, parodiándolo, dar un vehículo, de nuevo, a sus fantasías sexuales (que todos, en cierta medida, compartimos) desplegando una serie de estampas dibujadas con un cuidado inusual en él, llevado en volandas por la calentura, no cabe duda, en la cual resulta de capital importancia la precisión y la dosis de auténtico "flavour" que contenga para el éxito del resultado. Cuanto más evocador de clichés encorsetados en el inconsciente colectivo, tanto mayor es su gracia. De lo contrario, se quedaría en una colección más de dibujos guarros del obseso del Crumb.

No hay que perder de vista que un trabajo como éste, como lo es, en otro registro, la pertinaz reproducción de esquemas de prensa antiguos que vehiculan el detonante imaginario de Chris Ware, depende, para su funcionamiento, del contraste entre el contenido, erótico en este caso, y la presentación, adscrita a formas tradicionalmente empleadas para otra cosa. Así, si el lenguaje es ridículamente pulcro, debe notarse y si la expresión se vuelve chabacana de vez en cuando, para marcarnos los límites de la parodia que se busca, esto debe quedar reflejado.

Porque, además, no sólo se trata, en este caso, de Crumb evocando sus fantasmas sexuales adolescentes (cosa que tan bien hace). A lo largo del recorrido que nos proponen las citas seleccionadas hay toda una crítica y una toma de postura con respecto al arte y al oficio del artista. Crumb va desgranando un racimo de opiniones, hablando por boca de otros, escogidas de forma no tan inocente como el carácter del producto podría dar a entender. Se nos ofrece además, sí, es cierto, en qué ir pensando mientras nos ponen cachondos los dibujos (no todos sólo de tías buenas). Resulta que, en cierto modo, la parodia es tan fiel que ¡instruye deleitando! Con el punto de humor necesario pero sin renunciar a opinar. Y todo el maravilloso talento de Crumb con las caras y los cuerpos para transmitir expresión, que es el auténtico motor de la identificación en tanto que vehículo de un realismo necesario siempre como disparadero erótico.


Enrique Vela 


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


viernes, 13 de febrero de 2026

Nexus: Alien Justice Mike Baron/Steve Rude Norma Editorial



La reaparición de Nexus de la mano de sus creadores en una editorial como Dark Horse llenaba de alborozo a su (ahora parece que también escasa) fiel parroquia, que había visto cómo Baron y Rude se habían alejado de Horatio Hellpop y compañía en los últimos tiempos.

Baron y Rude, o Rude y Baron, que en Nexus tanto montan, empezaron su nueva trayectoria en la nueva editorial dispuestos a barrer el pasado y a encauzar el futuro. El primer paso, el de barrer la casa, se cumplió sobradamente con la publicación de Nexus: The Origin. El siguiente, el de encauzar el futuro, es precisamente el propósito de Nexus: Alien Justice que ahora publica Norma Editorial.

No nos vamos a detener ahora a explicar el imaginario de Nexus, su entorno ni su circunstancias, entre otras cosas porque ya se encargan de hacerlo Baron y Rude en la primera página de la serie que ahora comentamos. Hablando de lo cual, o realmente el punto de partida de Nexus es muy simple, o la capacidad de síntesis de sus autores es verdaderamente portentosa, porque en apenas cinco párrafos y cuatro dibujos queda perfectamente claro qué pasa, de dónde vienen, quiénes son los principales personajes y por dónde van a ir los tiros. Esto sí que es, como dirían los americanos, reader friendly, y no los tostones que por ejemplo, el sobrevalorado Starlin solía endiñarnos en cada número de Dreadstar, por hablar de otro tebeo de ciencia-ficción.

Una vez inmersos en la lectura de Alien Justice, lo primero que llama la atención es la disparidad de criterio argumental que preside cada uno de los tres números, (porque, atención, Alien Justice es en origen una miniserie de tres números, por mucho que Norma se empeñe en sacar sus novedades en el molesto formato de tomo. ¿Alguien podría explicarnos esta aversión de la casa al formato comic book?), a saber: el primero es como una peli de intriga política, el segundo como una de Indiana Jones y el tercero como una de los hermanos Marx, sobre todo a partir de la aparición del segundo Merk y de Judah McCabee. Pero no vayan a pensar que este "aligeramiento progresivo, que no abrupto, perjudica a la trama, nada más lejos de la realidad. Más bien enaltece la figura del guionista, que se desempeña a la perfección, con el talento y la honradez propia de los mejores artesanos, tocando palos tan diversos, logrando que al lector se le encoja el corazón cuando Dave llega a su mundo natal de Thune y que unas páginas más allá, se parta de risa cuando uno de los nuevos

Nexi utilice sus poderes para destruir el banco que arruinó la tienda de batidos de su tía Bea. Se podría decir que Nexus: Alien Justice manipula al lector, y es cierto. Baron y Rude reclaman tu atención y te piden sin recato tu complicidad, y lo hacen de un modo tan inteligente que no te puedes negar.

De los méritos de Baron ya hemos hablado, los de Rude saltan a la vista... li-te-ral-men-te. Indudablemente, sus dotes como ilustrador son lo primero que llama la atención: su dibujo, preciso y precioso, de trazo sinuoso y elegante, tan sencillo que parece que podría hacerlo cualquiera (y les aseguro, por experiencia propia, que no es así) ayuda a que la lectura se desarrolle con la naturalidad y el ritmo precisos, también ayudado por el espléndido sentido de la narrativa del que hace gala Rude. Aquí habría que hacer una mención especial a la colorista Nöelle Giddings, que hace un trabajo excepcional, vibrante, brillante y sin embargo sólido en plena fiebre del coloreado virguero por ordenador, detalle éste (el del coloreado) que los lectores españoles verán rebajado en un 50% gracias a la roñosa edición de Norma, que sustituye el precioso papel satinado del original por papel vulgaris aunque eso sí, sin renunciar a clavarnos 1.500 pelas por el tomo.

Baron y Rude, o Rude y Baron, entregan un nuevo capítulo de la saga space opera de Nexus dándonos más de lo de siempre, en una nueva demostración de cómo es posible avanzar sin moverse del sitio.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997