domingo, 8 de febrero de 2026

Perra vida

La Hora del Bocadillo



Desde su nacimiento, la existencia de este atribulado can no va a ser precisamente sencilla


08 de febrero 2026 


Ocurre de vez en cuando que un cómic te atrae, llama tu atención, por la portada. En el caso de Chucho Feucho fue así. Me hizo mucha gracia la expresión del protagonista, esos enormes ojos de mirada estrábica que de tan abiertos que están, parecen querer abarcar todo el mundo que se abre ante él.

Curiosamente, para mi posterior sorpresa una vez leído, aquella no era una historia publicada por la editorial Nuevo Nueve que estaba dirigida solamente al público infantil, sino que a lo largo del relato vamos a compartir momentos bastante duros, desgraciadamente cercanos a la realidad, la mayoría de ellos tocados por la sombra de la crueldad humana.

Nacido de una extensa camada, el minúsculo cachorro demostrará tener una extrema ansia por sobrevivir, y tras abrir los ojos comprueba que se encuentra en un lugar nuevo, desconocido para él, donde tendrá la suerte de encontrarse con una hembra canina, Boca Negra, que adoptará el rol de madre, guía en el duro mundo real.

En ese basurero aprenderá muchas cosas, cómo alimentarse y evitar a otros perros que, hambrientos como él, se le enfrentarán.

Pero como vamos a comprobar a lo largo del relato, si algo va a caracterizar la vida de este perrete son los bruscos, traumáticos cambios, y de golpe y porrazo se encontrará solo por primera vez en la vida, con un solo pensamiento en su pequeña testa. Debe ir a la ciudad, a ese lugar soñado, donde seguro que hay comida en abundancia y los humanos le tratarán bien. Su objetivo será encontrar un amo o ama al que ‘educar’ bien.

Pobre iluso.

Su llegada a la ciudad disipará rápidamente su fugaz ilusión, encontrándose con una jungla repleta de peligrosos coches en la que, debido sobre todo a su aspecto feote y desaliñado, terminará en lo más parecido al infierno para un animal. La perrera.

Allí conocerá a otros semejantes que también viven en el lugar, sirviéndole como experiencia ciertos consejos que estos darán al lloroso protagonista, que en un primer momento no comprende por qué está allí y no para de recordar a su querida Boca Negra.

Y justo entonces en su vida se cruzará la mirada de una niña, Manzana, que curiosamente, pese al desaliñado aspecto del protagonista le grita a sus padres que justo ese es el perro que ella quiere.

Salvando las reticencias de los progenitores, este chucho es adoptado y se convertirá en el mejor amigo de la pequeña, junto a la que va a pasar una de sus épocas más felices.

Desafortunadamente, esa apacible y divertida existencia tiene fecha de caducidad, y llegará el momento de tomar una decisión que dará paso a un nuevo episodio en la vida de El Perro, que es el curioso nombre con el que Manzana lo bautiza.

Lo que sigue en esta apasionante historia es un relato de iniciación, en el que el protagonista conocerá a nuevos personajes, caninos y humanos, aprendiendo muchas cosas por el camino, en ocasiones a las malas, inesperadas decepciones en las que una vez más su vida estará en peligro.

Pero Chucho Feucho demostrará que él es un superviviente, y siempre logra sacar la cabeza y seguir hacia delante. Y quién sabe si en su ajetreada vida volverá a reencontrarse con la que hasta ese momento fue su mejor amiga humana…

En el aspecto gráfico, esta adaptación de la novela escrita por Daniel Pennac, ‘Cabot-Caboche’ es totalmente ideal. El dibujo de Grégory Panaccione (Un ócean d´amour, Chronosquad, La petite lumiere…) es modélico, super expresivo y de un bello colorido. Se nota a la legua que ha trabajado como animador, ya que su manejo de la narrativa es magistral, que nos obliga placenteramente a sumergirnos en sus páginas, sin poder dejar de disfrutar (y en algunos momentos, sufrir) los avatares y peripecias de este particular personaje canino.

Como comentaba al principio, este no es solo un cómic dirigido al lector más joven, aunque sí que puede servirle para que en muchas ocasiones comprenda que las mascotas no son meros juguetes a los que dejar arrinconados y abandonados una vez no hemos cansado de ellos.


Diario de Cadiz


Razones para cualquier cosa

 Podemos polemizar lo que queramos, hasta la extenuación. Hay puntos de vista hasta el infinito. Y aún así es dificil pensar en optimismo. Leo en diversos medios un poco de todo hasta que no puedo más. Aunque llegué a leer que lo que pensamos como optimismo, en realidad es "confort, un sentimiento irracional provocado por el bienestar que algo te causa, y el optimismo debería estar basado en datos o algo que se le parezca." (Daniel García, Revista ICON).

Aún así, en mi pequeño rincón, en este blog, he superado las 6.000 entradas publicadas. Básicamente una especie de guía extraña sobre cómics, ilustradores, pintura, y el universo gráfico en general.  Curiosamente, al ir cumpliendo cifras en el tiempo suelo repetir más o menos el mismo discurso, a pesar de que la información que distribuyo suele ser de otro medios, pero al reunirla me sirve como enciclopedia de fortuna.

Se puede decir que estoy perdido en una vorágine de datos, imágenes e información. Si todo comenzó entre cuatro amigos este año hace 20 años, espero poder seguir otros 20 años más. 









Quentin Tarantino. A los pies de Uma

El maestro de la sangre a borbotones explota la relación vampírica con su actriz fetiche.



Si uno lleva una katana entre las manos, lo mínimo que puede hacer con ella es usarla, ya sea para rebanar melones o cortar cabezas. Si una tiene una cabellera "rubia arenosa" (Uma dixit), unos ojos verdes que hubieran podido inspirar aquello de "las chicas buenas van al cielo, las malas..." y lleva un número 45 en las botas, lo mínimo que puede hacer es convertirse en la musa del genio de la violencia cinematográfica y fanático de los pies Quentin Tarantino. De ahí a imaginar a cuatro manos la historia de una novia vengadora vuelta de la muerte, media un paso. De ahí a aprender a usar la katana, ninguno.

Aficiones peligrosas

Así como hay actores nacidos para recitar las palabras que en su boca pone un director hablemos de Jack Lemmon y Billy Wilder, hablemos de Woody Allen y Woody Allen; hay directores nacidos para poner palabras en la boca de una actriz, hablemos de Billy Wilder y Audrey Hepburn, hablemos de Woody Allen y Mia Farrow. Y hablemos de Quentin y Uma, o de Uma y Quentin.

Tarantino, ha quedado claro tras cuatro largometrajes, tiene dos aficiones en esta vida: el cine y Uma Thurman. Lo demás: los duelos a muerte, la sangre a borbotones, rescatar actores del cementerio de los elefantes, los Chevrolets o las katanas, no son sino consecuencias secundarias. Y cuando Tarantino logra conciliar, aunque la palabra sería en realidad desatar, sus dos obsesiones principales, el resultado roza el firmamento. Para muestra una Palma de Oro en Cannes (Pulp Fiction, 1994).

Aunque, si lo pensamos bien, por la cabeza de Tarantino ronda un tercer factor: las mujeres fuertes, la mujer como amazona dispuesta a todo, como homenaje a esa madre soltera que lo crió. Pensemos un momento en Pam Grier/ Jackie Brown, pensemos en Patricia Arquette/Alabama Whitman y volvamos a pensar en Uma Thurman y en las razones que, a lo largo de dos filmes, Tarantino tiene para encontrarse a sus pies.

Por todo ello si, en palabras de QT, Kill Bill es "vergonzosamente autobiográfica" y es "obviamente el producto del hijo de una madre soltera"; la novia/madre Uma es, por obra y gracia de la pluma de San Quentin, deliciosamente letal, de una manera que ya hubiera deseado Sharon Stone en Instinto Básico. Lo dice él: "Uma es el sueño de cualquier director", y ella, cuando la prensa no se harta de preguntar por su estrecha relación, responde sencillamente: "Imagino que es mitad accidente y mitad conexión. Quentin es un gran tipo". Y pinto 

Diego Salazar


ClubCultura #4 Otoño 2004

viernes, 6 de febrero de 2026

Tokio, día a día

¿Qué vidas e historias se esconden en las calles de la ciudad nipona?


José Luis Vidal

05 de febrero 2026


Hace diez años el cómic venido del País del Sol Naciente, el manga, ya llevaba bastante tiempo establecido en nuestro país. Los lectores estaban acostumbrados a encontrar en las librerías multitud de títulos, sobre todo dirigidos al público más joven, de ahí su éxito multitudinario.



Ficha
La chica de los cigarrillos

Autor: Masahiko Matsumoto

Tapa blanda

Blanco y negro

272 págs.

26 euros

Editorial Gallo Nero


Tan solo alguna editorial había tenido la valentía de editar material dirigido a un público más adulto, que buscaba otras propuestas gráficas y argumentales. Yoshihiro Tatsumi y su obra vino a abrirnos los ojos hacia otras historias, enmarcadas todas ellas dentro de un género bautizado como gekiga, en el que el autor o autora ponía su lupa sobre la gente de a pie, con las que, pese a la distancia que nos separa, podías empatizar.

Y justo hace diez años, una editorial como Gallo Nero quiso que de una vez por todas conociéramos un buen puñado de nombres del medio, la mayoría independientes, y tener a día de hoy uno de los catálogos más interesantes y variados en lo que al manga adulto concierne.

La chica de los cigarrillos regresa a las librerías en una nueva edición revisada, para que todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de disfrutar de ella conozca esta obra de otro de los grandes nombres del gekiga, Masahiko Matsumoto, que curiosamente, ya con tan solo ver la portada, utiliza un estilo gráfico que está totalmente alejado de esas historias dramáticas encuadradas en este género tan concreto.

Pero eso no es óbice para que, a lo largo de once relatos, regresemos a ese Tokio de los años setenta, en el que los habitantes de la urbe, la mayoría con pocos recursos económicos, hacía lo que podía para mantenerse a flote en un país que todavía padecía las heridas causadas por su derrota en la Segunda Guerra Mundial y la posterior ocupación yanqui.

Estas son historias sencillas en apariencia, como la de esa mujer silenciosa que, con no mucha fortuna, trata de ganar unos yenes vendiendo preservativos. Excusa que utiliza el autor para mostrar la soledad más absoluta en una urbe repleta de gente, personas cada una con su propia historia que, acompañando a esta solitaria protagonista, Señorita Felicidad, iremos conociendo.

Un encuentro fortuito al ir a comprar tabaco puede transformar la vida de alguien que, día tras día, irá regresando, tan solo para poder cruzar unas palabras con esa chica que da título al volumen. Lo malo es que el destino te puede deparar un súbito cambio, y borrar de un plumazo es ilusión que comenzaba a crecer dentro de ti…

Pese al tono dramático con el que impregna a la mayoría de sus relatos, gracias a su estilo de dibujo hace que el lector sonría en algunas ocasiones y acompañe a estos personajes por las calles de la ciudad, que retrata con fidelidad.

Una lectura que para aquellos que buscan ese otro tipo de manga será totalmente satisfactoria, y tal vez sea una puerta de entrada al numeroso catálogo que Gallo Nero ofrece a sus lectores.


Diario de Cadiz


Un tipo muy particular

Tal vez os lo crucéis por la calle y quiera ser vuestro amigo. O, mejor no…


José Luis Vidal

04 de febrero 2026



La vida, en ocasiones, se convierte en una gran y pesada roca para el protagonista de este puñado de historias.

Y es que Tedward, en el fondo, es un chico de lo más sencillo. Se conforma con su trabajo cultivando ruibarbos en el jardín comunitario, pese a las malas miradas de su vecina, que tampoco es que se lleve demasiado bien con su sufrida madre.

Lo reconocerás porque tiene una singular manera de vestir, y sobre todo nos fijaremos en él por ese peinado que desafía a la gravedad.



Ficha
Tedward

Autor: Josh Pettinger

Tapa blanda

Color

174 págs.

27 euros

Ediciones La Cúpula


Su hobby preferido es construir maquetas de su serie de televisión favorita, Los Thunderbirds. Gracias a esta habilidad ha ganado el campeonato del centro social Buttonwillow, ganando el trofeo y la envidia de algún que otro competidor.

Pero como os decía, la tranquila existencia de este muchachote se verá alterada por varias razones, y es que siempre puede aparecer alguien que pretende aprovecharse de su timidez e inocencia, como cuando es abordado en plena calle y, en un abrir y cerrar de ojos se encuentra contratado por una 'extraña' empresa dedicada a la limpieza coital.

Esa experiencia laboral le dejará un poso de pesadillas, y sobre todo, una deuda que en algún momento, y de la manera más inesperada, deberá pagar…

Menos mal que, sin embargo, en otros trabajos sí que se encuentra cómodo, como por ejemplo alquilando pequeños televisores que funcionan con monedas. Lo malo es que Tedward es tan cuadriculado en ocasiones que no deja pasar ni una.

Finalmente, hablemos de relaciones humanas, ese terreno en el que Tedward no se mueve demasiado bien, y comprobaremos en varias de las historias contenidas en este volumen, que lo suyo, pese a que se esfuerza, no es el romance.

Y no hablemos tampoco de amistades, ya que lo que nace como un común interés por un modelo de motocicleta puede derivar en una pesadillesca experiencia dentro de algo parecido a una sauna…

Josh Pettinger (Goiter), el padre artístico de Tedward, nos agarra con fuerza de la mano, y junto a él, nos introduce en el surreal mundo de su personaje, donde todo puede ocurrirle y que, pese a lo extraño y bizarro de algunas situaciones, en la mayoría de ellas terminaremos riendo a mandíbula batiente.

¿Conseguirá el protagonista encontrar la tan deseada paz, alejado de los problemas que como setas crecen a su alrededor? Y sobre todo, ¿Podrá junto a su madre cultivar la suficiente cantidad de ruibarbos?

Quién sabe, ya que en el mundo de Tedward todo, hasta lo más inaudito, puede suceder.


Diario de Cadiz


Contrato con Dios Will Eisner Norma Editorial



Tal relatividad implica el hecho creativo que, si para muchos auto res la consagración de un personaje colma sus afanes profesionales, para otros no parece más que un aprendizaje preceptivo antes del auténtico tour de force. Al igual que Quino con su Mafalda, Spirit fue un punto de partida para Will Eisner. Despreocupado de una edad que para tantos marca la jubilación intelectual o define estancamientos más o menos regresivos (cuando no reciclajes fuera de tono), nuestro autor inició, rebasados los sesenta, su más definitiva etapa publicando en 1.978 el título que motiva estas líneas. Ello no sólo significó su regreso a la ficción dibujada, sino el comienzo de su más poderosa contribución a la misma, justo en el cénit de sus facultades, esto es, tras el maravilloso campo de pruebas que conformó The Spirit y depurada su capacidad comunicativa en subsiguientes décadas de utilizar la historieta como herramienta didáctica.

Y una encomiable fe en las infrautilizadas posibilidades del medio junto a la convicción de que el cómic podía significar algo más que superhéroes o tiras de prensa fue quizá la causa de su adscripción a la por entonces naciente y socialmente relevante novela gráfica, ese inútil mestizaje entre ilustración y literatura donde precisamente los escasos productos de valor para el cómic son aquellos que eluden los presupuestos que la definen. Cosa que se apresuró a hacer Eisner tras el primero de los cuatro relatos que componen este Contrato con Dios. Por lo que asombra la insistencia en identificarle de continuo con la tal "graphic novel" o "cómic novela": no sólo no la inventa, sino que la deconstruye, se sirve del formato álbum (añejo ya en Europa por aquellas fechas) para profundizar en el puro lenguaje del cómic, para desgranar hasta la disección sus claves y ofrecer apabullantes lecciones de asignaturas tan ele mentales como, por ejemplo, planificación y montaje. Porque no hallaremos en Eisner innovador alguno; todos sus recursos ya estaban allí, aunque rara vez se utilizan con semejante intensidad o pericia y tan a menudo son pasmosamente obviados.



Contrato con Dios, El cantante callejero, El Super y Cookalein son las "historias de Nueva York" que componen el volumen, primeros escarceos autobiográficos en esa reivindicación de la memoria vivencial y racial que nos remonta a los años de la Depresión. Cuando, según palabras introductorias del autor, "el mundo era la Avenida Dropsie". Mundo novedoso como campo de trabajo y recurrente hasta la actualidad en su obra: Eisner había cambiado el thriller por el drama y el espectáculo por la vida misma. Ciertamente, la fábula que cuestiona los cimientos de la propia fe, ese Contrato con Dios que da título al álbum, será lo más cercano a la novela gráfica en tanto que se sirve de un generoso texto como esqueleto del artificio narrativo, puntuado por unas imágenes que, con todo, soportan por sí solas los acentos dramáticos. Sin embargo, no existen alardes literarios compitiendo con presunciones gráficas ni un verbo redundante que esclerotice el ritmo narrativo, sino que imagen y texto interactúan con precisión relojera en un proceso de integración casi osmótico. Y en ese punto concluye la relación del autor con la "graphic novel" a nivel de lenguaje, llámese como más plazca al soporte en que se publican sus obras. Porque, innecesario ya el tono grandilocuente del primer relato, Eisner reduce en el resto el protagonismo de la voz en off a la breve introducción o al somero epílogo, estado en que se mantiene hasta la fecha presente. No es éste, por otra parte, lugar para extenderse sobre la extinción natural de los postulados originales de la novela gráfica ni sobre la prodigalidad con que se utiliza hoy por hoy como simple formato.

Sobra, decíamos, la retórica en esta crónica de la desesperanza que niega el optimismo presunto de Eisner, muy lejos de Frank Capra en semejante muestrario de mezquindad y amargura, en absoluto mitigada por un prepotente dios bíblico. La estética también elude aquella impactante Central City de sombras ominosas pero perfectas. Y el preciosismo gráfico, ahora disipado en pinceladas rotundas y trazos rápidos, casi reminiscentes del underground; el mundo ya no es en color, abunda el gris y ni siquiera el negro es absolutamente oscuro.

La revisión de Norma, en fin, se demuestra oportuna en su coincidencia con el octogésimo aniversario de Will Eisner y competente con una edición más fiel a la original de la que nos brindara Toutain hace 18 años, respetando, entre otras cosas, esa tinta sepia que nos advierte del filtro nostálgico de la memoria. Sólo resta reivindicar el completismo clamando por ediciones sucesivas de Vida en otro planeta y Afán de vida, inéditos aún en forma de álbum. Que no de novela gráfica.

Yexus


U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997


jueves, 5 de febrero de 2026

¡Gotham bajo el terror!

Una serie de horribles crímenes azotan la ciudad donde un oscuro desconocido lucha contra el Mal


José Luis Vidal

03 de febrero 2026


Años treinta, desde Europa llegan vientos de guerra. Y si a eso sumamos la terrible depresión económica que golpeó a los Estados Unidos, no es el mejor momento para que varios concejales de la ciudad de Gotham aparezcan brutalmente asesinados.

No hay pistas de quién o el por qué de estas cruentas muertes, pero en la urbe ha sido avistado, sobre las azoteas del lugar, la sombra de alguien o algo que se mueve entre ellas.



Ficha
The Bat-Man: First Knight

Guion: Dan Jurgens

Dibujo: Mike Perkins

Tapa dura

Color

160 págs.

38 euros

Panini Cómics


Hay mil rumores, y tan solo dos hombres conocen la verdad. Uno de ellos es el esforzado comisario de policía, James Gordon, al que de vez en cuando este extraño le hace una fugaz visita y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un fiel aliado en la lucha de ambos contra el crimen. Su nombre es Bat-Man.

Pero ¿quién es el amo del crimen en Gotham y está tras esta campaña del horror?

Pocas personas, tan solo un grupo de secuaces conocen su rostro, pero todos saben su alias. La Voz, un tipo que tira de los hilos, y maneja una subterránea organización que, a base de fuerza bruta, acomete un plan para hacerse con la ciudad.

Contra él, el rumor, la leyenda, el autentico Hombre Murciélago, Bat-Man, que no es sino otro que el heredero de la fortuna Wayne, el en apariencia playboy desocupado, pero que en realidad habita una enorme y vacía mansión en la que está rodeado de recuerdos de su vida junto a sus asesinados padres.

Gracias a su fuerza de voluntad y medios se ha convertido en el oscuro defensor de la ciudad. Pero tal vez la buena voluntad no sea suficiente, ya que una horda de muertos vivientes son la mano ejecutora de las órdenes de La Voz, y Bruce Wayne va a conocer en su propia carne lo dura que es la existencia del vigilante…

¿Os gustan aquellas películas en blanco y negro, protagonizadas por rostros clásicos del cine como James Cagney o Humphrey Bogart? Historias protagonizadas por tipos rudos, que con una metralleta Thompson en las manos se abrían camino en la jungla del asfalto.

Pues bien, si sois fans del género negro, noir o criminal, este es vuestro cómic. Una historia en la que su guionista, Dan Jurgens, acompañado por un espectacular Mike Perkins, nos trasladan a una versión alternativa de las peripecias del Caballero Oscuro, pero es este caso pasadas por el filtro de un argumento totalmente alejado del cómic de superhéroes.

Aquí nos vamos a encontrar con políticos corruptos, sádicos alcaides de prisiones, femme fatales, policías íntegros y, por supuesto, con un heroico joven cuyo rostro nos recuerda a uno de los grandes nombres del Séptimo Arte, el gran Gregory Peck.

Si ya el argumento de este cómic es espectacular, no lo es menos el enorme formato en el que Panini Cómics lo edita, convirtiendo su lectura en un puro deleite.


Diario de Cadiz