Ojo de Melkart
martes, 17 de febrero de 2026
"Un hombre feliz no tiene pasado"
El faro del fin del mundo / Jacinto Antón
Cuáles son nuestras frases favoritas de novela? Están las clásicas, claro: "todas las familias felices se parecen", "detesto los héroes vulgares y los sentimientos moderados", "Dios sabe que no debemos avergonzarnos nunca de nuestras lágrimas, pues son la lluvia que cae sobre el polvo cegador de la tierra que endurece nuestros corazones". Pero me refiero a esas frases nuestras, que nos han marcado de manera especial como lectores y componen las líneas tenues sobre las que trazamos esforzadamente la caligrafía de lo que somos.
Cada uno tendrá las suyas. Entre las mías están "cuesta mucho luchar contra el deseo del corazón; todo lo que quiere obtener lo compra al precio del alma" (Justine), "el desierto no podía reclamarse ni poseerse; era un trozo de tela arrastrado por los vientos" (El paciente inglés), "desaparece del mundo como envuelto en una nube misteriosa, inescrutable en el fondo de su corazón, olvidado, sin el perdón de los que lo rodeaban y excesivamente romántico" (Lord Jim). Y desde hace un tiempo hay otra frase que se ha unido a estas y no me abandona: "un hombre feliz no tiene pasado, un hombre infeliz no tiene nada más" (El camino estrecho al norte profundo).
Es imposible acudir, para comentarlas, a los autores de las frases anteriores, pues todos (Larry Durrell, Michael Ondaatje y Conrad) ya han muerto. Pero en el caso de la última, de Richard Flanagan, sí. Y lo he hecho.
Tuve la posibilidad de hablar con Flanagan a propósito de su último libro, La pregunta 7 (Libros del Asteroide), un texto maravilloso y a ratos desconcertante que desborda los géneros -narrativa, ensayo, memoria- y que es en última instancia un canto conmovedor a su familia y su tierra (Tasmania( en el que aparecen temas tan aparentemente variados y que va conectando como los campos de concentración japoneses, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y cómo se gestaron, la relación amorosa entre H. G. Wells y Rebeca West, Chejóv o el accidente de kayak en el que casi se ahoga el autor. La pregunta 7 tiene mucho que ver, precisamente, con mi novela favorita de Flanagan -y una de mis favoritas en general-, El camino estrecho al norte profundo (Penguin Random House, 2016), de la que se ha hecho en 2025 una buenísima miniserie con Jacob Elordi, Ciarán Hinds y Odessa (!) Young.
En la novela se dice que "cuando llegara a viejo, Dorrigo Evans [el protagonista] no sabría decir si había leído esa frase o la había inventado él mismo". Le pregunté a bocajarro a Flanagan por el origen. Le sorprendió mi entusiasmo por una línea de un libro de 445 páginas. Dudó un poco ¿Es algo que se pueda aplicar a sí mismo?, le animé, que le haya venido de dentro, vamos. "Mira, a veces pienso que sí y otras que bueno, que fue una pura invención, una idea que tuve para ese personaje. Yo soy sustancialmente feliz y ese personaje era infeliz por un amor del pasado que lo atormentaba. Esa frase era verdad para él, que tenía un pasado del que nunca iba a escapar".
El camino estrecho es un libro lleno de poesía, Basho, Shitsui, Tennysson, Catulo, la cita de Celan al inicio, los haikus de los oficiales japoneses cuando no están cortando cabezas, frases como la subrayada. "Me gusta la poesía, pero buscar crear un efecto poético en prosa me parece un error, cuando las novelas funcionan es cuando traspasan fronteras, océanos, tormentas y cataratas, y llegan a otras culturas e idiomas, así que han de someterse al relato, es la historia que cuentas lo que importa y sobrevive".
Tan inolvidable como la frase que motiva estas líneas es en El camino estrecho... la maravillosa escena de enamoramiento en la librería de Adelaida. "Siempre me han parecido las librería y las bibliotecas lugares muy eróticos". La preciosa imagen de la chica con la camelia roja en el cabello...¿existió? "No, me temo que me la he inventado".
Ya que estábamos, le pregunté si es raro se tasmano. "Tasmania me influye más de lo que pensaba, estoy muy marcado por esa selva primordial y por la cultura indígena". No sé cómo, acabamos hablando del amor. "El de la familia es muy importante. Pero no has de desperdiciar ninguna clase de amor, hay que honrar todo el que te llega y extenderlo. Es una palabra que nos hacen creer que es naíf y se nos anima a rehusarla y no ofrecerla como debemos. Pero no debemos perder ninguna oportunidad de amar".
Dije adiós a Flanagan con una sensación agridulce. La conversación había tenido emoción y poesía pero no por los senderos que yo esperaba. Tasmania, la familia, la bomba atómica, la bondad y la dignidad, el rugby y los cazadores de zarigüeyas. No puedes reducir a un escritor a lo que proyectas sobre él. Lo que ves en su obra y tanto te conmueve no tiene por qué ser lo relevante para el autor. Y sin embargo, la chica de la camelia roja... "Un hombre feliz no tiene pasado; un hombre infeliz no tiene nada más".
El Pais, sábado 14 de febrero de 2026
lunes, 16 de febrero de 2026
Hellblazer:Miedo y Odio Garth Ennis & Steve Dillon Norma Editorial
Sea por la razón que sea, lo cierto es que la historia de Hellblazer en nuestro país recuerda al chiste que se contaba de la democracia en tiempos de Franco: todo el mundo hablaba de ella pero nadie la había visto.
Ciertamente, resulta curioso que la colección más veterana del prestigioso entre los fans sello Vertigo, haya sido publicada en nuestro país a cuentagotas, sin ningún criterio y con inconfesa vocación de desconcertar, mientras que, por ejemplo, otra apuesta tan arriesgada a priori como las aventuras del niño gótico ese del sueño se publicaba puntualmente, del modo que se pudiera o incluso con gran derroche de medios recuérdese la edición en tapa dura, con sobrecubiertas y fotitos de Muerte: El Alto Coste de la Vida, un auténtico alarde para cualquier editorial, cuándo menos para los miserables estándares de Zinco).
Y decimos sin ningún criterio porque del guionista más representativo de Hellblazer, el que sentó las bases y convirtió a Constantine en un personaje vivo, Jamie Delano, sólo hemos visto los cuatro primeros y soberbios números de su estancia de más de tres años con el personaje. Sí publicados por Zinco, en cambio, están los Constantine de Moore, de Gaiman, de Morrison... eso, creo yo, es no tener criterio.
En su última y famélica etapa, Zinco publicó, como a estertores, los primeros números que contaban con guión de Garth Ennis, más por el éxito de Preacher que por sana intención de publicar por fin un material injustamente inédito. Y también porque era de momento el único trade paperback publicado por DC de la estancia de Ennis en el título.
Norma sigue por ese camino y ahora se descuelga con Miedo y odio, el segundo paperback de Hellblazer con guiones de Garth Ennis, ahora ya ayudado por Steve Dillon al dibujo, esto es, el mismo equipo creativo de Preacher. Convendrá avisar al lector de que entre lo anteriormente publicado por Zinco y lo que ahora nos trae Norma se han quedado inéditos la friolera de 15 números. Esto se traduce en que, por ejemplo, el climático último número de este Miedo y odio pierde gran parte de su intencionado dramatismo porque al lector se le ha hurtado todo el conocimiento previo de la historia de amor entre Constantine y Kit.
Miedo y odio se sitúa en el meridiano de la estancia de Ennis en la colección, cuando el irlandés ya había despejado todas las posibles dudas y temores que los lectores de Hellblazer pudiesen haber tenido cuando supieron que su amado Delano iba a ser sustituido por un jovencito semidesconocido y se había metido a público y crítica en el bolsillo a base de historias como Dangerous Habits o Royal Blood, que pasaban con pasmosa facilidad de la hilaridad irreverente al horror absoluto, características que con el tiempo se ha convertido en marca de la casa y que Ennis ha terminado de refinar en Preacher. Esto, según se vea, puede ser una ventaja o un inconveniente. Si el guionista está cómodo y asentado en el título hablará con voz propia y dará su verdadera medida, lo que en el caso de Ennis puede ser mucho. Por otra parte, la rendición absoluta de los lectores puede llevar al guionista a la autocomplacencia y el ombliguismo, lo que en el caso de Ennis se traduce en historias de borrachos simpáticos y anécdotas gruesas a mansalva, como por ejemplo la del cuarenta cumpleanos de Constantine, narrada en el número 63 de la colección, el primero en esta edición de Norma. La historia central, Miedo y odio, insiste en un tema que Ennis ya había tratado en Royal Blood, la conexión de la política, en el caso de Royal Blood de la mismísima familia real británica y de las altas esferas de poder político, en el caso de Miedo y odio de un partido ultraderechista, con lo sobrenatural, dando un paso más allá en el género de terror político en los cómics.
Mientras que en Royal Blood contaba con los dibujos de un fabuloso y desatado Will Simpson, extraordinariamente simbióticos con el horror furioso que allí se describía, en Miedo y odio cuenta con Steve Dillon, un estupendo dibujante, sin embargo limitado en su capacidad de describir lo horrible. Dillon es un gran narrador, Dillon puede contar historias de las que tanto gustan a Ennis, en las que los personajes se pasan horas charlando en el pub de esto y de aquello, de relaciones humanas distorsionadas o simplemente imposibles, de la necesidad imperiosa de la amistad y la lealtad, tópicos todos que está desarrollando en Preacher con innegable maestría.
Pero Dillon, ay, no es un dibujante para Hellblazer, al menos el Hellblazer del horror, de la náusea. Quizá por eso este Miedo y odio se podría describir como lo más cercano a Preacher que Ennis escribió para Hellblazer, porque de Preacher se podrán decir muchas cosas, pero una no es que sea un tebeo de terror costumbrista, como las andanzas de John Constantine.
Así pues, una vez más, como en los tiempos de Zinco, Hellblazer seguirá sufriendo la paradoja de ser una ilustre desconocida en nuestro país gracias a que lo publicado aquí sigue sin ser parte sustancial del mito de John Constantine.
gonzalo quesada
U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997
domingo, 15 de febrero de 2026
Body Bags Jason Pearson Norma Editorial
Si uniéramos la contundente densidad rítmica de Prodigy o Chemical Brothers y la vertiginosa musculatura del mejor McTiernan, podríamos quizá hacernos una idea de lo que nos aguarda en las deslumbrantes páginas de esta nueva incursión de Norma en el catálogo de Dark Horse (la más afortunada, hasta hoy): un tebeo de acción, violento y voluptuoso, valiente, divertido. La puesta de largo definitiva de un dibujante que corría el peligro de quedarse en eterna gran promesa: Jason Pearson.
La obra de Pearson es más bien escasa, pero brillante (algo más de un año de Legion of Superheroes, Uncanny X-Men Annual #17, Vanguard #2, la miniserie Dragon:Blood & Guts y un puñado de historias cortas, ilustraciones y portadas a menudo arrebatadoras; poca cosa, si tenemos en cuenta que empezó a publicar en 1991). Integrado en el Gaijin Studio de Adam Hughes, su estilo espectacular y limpio, conglomerado de influencias tan dispares como el diseño gráfico o el manga, así como su evidente amor por determinados autores atípicos que tuvieron sus momentos de gloria hace ya más de una década (Golden a la cabeza, pero también está la sombra de Chaykin y, muy lejana, incluso la de Steranko), le convierten en un nombre a seguir en los próximos años (y en el mejor, con diferencia, de entre sus compañeros de estudio).
Pero volvamos a Body Bags, la serie que nos ocupa. Podemos definirla como un thriller brutal ambientado en un futuro indeterminado, cercano, que permite al autor lucirse con una ambientación rabiosamente actual (de un estilizado realismo MTV, para entendernos) y regalarse licencias como la inclusión de todo tipo de cyborgs (un recurso casi más estético que argumental, si nos ponemos estrictos). Construido con precisión milimétrica y muy poco amor por la corrección política (aunque tampoco llega demasiada sangre al río, no nos dejemos engañar por las apariencias y ese texto un poco papanatas del simpático Piñol) y resuelto con un desparpajo y un dominio de los mecanismos del medio absolutamente apabullante, Body Bags es un tebeo como uno no esperaba ya ver. No una mera montaña rusa: todo un parque de atracciones empeñado en arrancarte el aliento entre página y página.
De la edición española, poco podemos decir (aparte del precio, que sigue siendo, como parece ya norma de la casa, excesivo). Quizá habría que tener más cuidado con la impresión (los colores, deudores también del discutible pero espectacular estilo del gran Golden, quedan demasiado apagados), y tampoco hubiera estado de más una traducción más suelta, más coloquial. Eso sí, es de agradecer que también Norma haya decidido potenciar los textos informativos en sus tebeos (aunque en este caso Cels Piñol insista en vendernos un tebeo que no se parece en nada al que yo he leído; le redime que al menos da un par de datos útiles en torno a la génesis de la obra).
(Antes de cerrar, un par de consejos: que nadie pierda de vista las portadas absolutamente espeluznantes de Michael Golden, un monstruo de lo gráfico sin cuya influencia seminal Jason Pearson estaría hoy copiando quién sabe a qué nipón. O, peor aún, quizá al propio Hughes.
Al abrir el tebeo, por favor, dejemos los prejuicios a un lado y disfrutemos de la obra como lo que es: un ejercicio de malabarismo lúdico, una valiente ecuación de montaje, vértigo y euforia).
francisco naranjo
U, el hijo de Urich #7 Noviembre 1997
Lo mejor del mes. Antibelicismo desde la trinchera, la podredumbre de lo cotidiano y los ciclos de la cosecha.
Por Álvaro Pons y Noelia Ibarra
1. Spa. Eric Svelotf. Traducción de Martin Simonson. Planeta Cómic
Extraña hibridación entre una pesadilla lynchiana y la prolija imaginería del terror japonés que huye de las estructuras clásicas del relato para zambullirse en el onirismo más inquietante, llevando la lectura a través de los laberínticos pasillos de un spa donde la podredumbre desvela miedos desde lo cotidiano. Pero entre la avalancha de situaciones perturbadoras, Svetoft filtra críticas a una sociedad donde la corrupción se conjuga con el culto al cuerpo para crear jerarquías cadavéricas que siguen imponiendo su poder desde el miedo atávico al cambio, a salir de una realidad putrefacta que llega a reconocerse como refugio.
2. Okinawa, el viento habla. Susumu Higa. Traducción de Sandra Ruiz. Reservoir Books.
Relato de la guerra desde la perspectiva de la trinchera, desde la ignorancia de aquello que luchaban con la única certeza de una muerte sin sentido para construir un alegato demoledor contra la guerra dando voz a sus víctimas, a esas que son obligadas a luchar por decisiones lejanas que no saben de sus problemas, de su realidad. Higa une esos relatos con las heridas de la posguerra, desde los efectos en los espacios y paisajes con los que tener otra lectura de la ocupación hasta la lucha por la pervivencia de la identidad cultural en tiempos convulsos. Una obra magistral que recuerda desde la sencillez de su dibujo que la paz no siempre llega cuando se acaban las balas.
3. Tedward. Josh Pettinger. Traducción de Sara Díez. La Cúpula.
Sátira mordaz del ridículo de nuestra existencia cotidiana mediante una radiografía de espacios límite donde Pettinger deconstruye las paredes de las celdas que nos encierran, planteando las situaciones disparatadas y ridículas que, no obstante, llegan a ser posibilidades extrañamente plausibles en este mundo de locura acelerada. Tedward es absorbido por ese entorno de monotonía y absurdo que se presenta como el estereotipo de felicidad que marca el amor romántico, pero que las viñetas desnudan de emociones hasta dejarlo en un grotesco intercambio de fluidos que también puede ser mercantilizado.
4. Cosechadora. Aidan Koch. Traducción de Andrés Magán. AIA Editorial (a la venta el 8 de febrero).
A través de tres historias que se conectan por medio de espacios desérticos, la autora norteamericana vuelve a demostrar la capacidad de la poesía gráfica para conmover desde la sutileza de viñetas donde la carga cromática y simbólica crea lecturas a través de medidas elipsis. Los ciclos de la cosecha y de la siembra son para Koch confirmados por nuestras experiencias vitales, deteniéndose en los instantes invisibles de lo cotidiano para enseñarnos cómo la luz se escapa entre los silencios, filtrándose por intersticios de vida que solo resultan visibles desde la perspectiva de una pequeña hormiga mientras seguimos esperando la siguiente cosecha.
5. See You In Memories. Pen So. Traducción de Nerea García. Planeta Cómic
Singular exploración del tiempo y la memoria como lugar de construcción de nuestras identidades a través de los lugares y espacios que habitamos, pero también una reflexión sobre los límites de la fama y sus excesos. Pen So plantea una novedosa vuelta de tuerca, al presentar la obra en dos volúmenes, el cómic y un cuaderno de dibujos que está leyendo el protagonista, como ruptura de los límites entre ficción y realidad para plantear al lector sugerentes ideas sobre cómo construimos nuestros recuerdos en esos márgenes entre lo ocurrido y lo imaginado.
Babelia. Núm. 1.786. Sábado 14 de febrero de 2026
sábado, 14 de febrero de 2026
Heroes Reborn: Los 4 Fantásticos, Iron Man, Capitán América, Los Vengadores Jim Lee/Rob Liefeld & Otros Forum
En un desesperado intento por recuperar las ventas de sólo hace unos años (supongo que los contables de Marvel estarían pensando en las cifras millonarias del primer número de los X-Men de Jim Lee y del Youngblood de Rob Liefeld) y, utilizando como excusa narrativa la retorcida conclusión de la saga de Onslaught -la plana mayor de Marvel fue borrada de un plumazo de la continuidad habitual, para renacer desde cero en un nuevo universo- Marvel ha puesto durante un año cuatro de sus colecciones punteras en manos de los chicos de Image: Jim Lee y sus Wildstorm Studios se han encargado de Los 4 Fantásticos e Iron Man y Rob Liefeld y los Extreme Studios de Capitán América y Los Vengadores.
Como es probable que a estas alturas los lectores del U estén ya un poco hartos del culebrón Liefeld (y, si no es así, revistas como Dolmen y Slumberland han publicado artículos en los que se explica de forma detallada las circunstancias que han llevado a la expulsión de Liefeld de Image y a la cancelación de su contrato en Marvel) me vais a permitir que obvie el tema en lo posible, porque, al fin y al cabo, lo que realmente importa son los tebeos que Forum ha empezado a publicar en castellano sólo hace tres meses.
Paradojas aparte (¿quien les iba a decir a Liefeld y a Lee cuando abandonaron Marvel para formar Image que volverían por la puerta grande?) el proyecto Heroes Reborn puede enorgullecerse de haber conseguido en un solo año que los lectores veteranos de la casa empiecen a ver con buenos ojos el soporífero Capitán América de Mark Gruenwald, los Fantásticos de Tom De Falco y Paul Ryan o los Vengadores de Bob Harras.
En Los 4 Fantásticos, Lee y su dialoguista Brandon Choi se limitan a realizar un desangelado y artificioso "remake" que, salvo ligeras discrepancias (la historia se ambienta en los años 90 y narra con mayor lujo de -innecesarios- detalles las razones que llevan a Reed Richards a organizar su viaje al espacio) respeta fielmente el argumento de los primeros tebeos de Lee y Kirby: los Cuatro Fantásticos adquieren sus poderes de una manera similar, aparece el Hombre Topo, se enfrentan a Namor, etc.. Pero, aunque el abigarrado dibujo de Lee está a años luz del descomunal derroche de talento que ofrecía el titánico Kirby en cada una de sus viñetas y los falsotes diálogos de Choi no tienen nada que hacer ante los ingeniosos textos de Lee, hay que reconocer que por lo menos el creador de WildC. A. T. S. se toma algo más en serio su trabajo que Liefeld y, a pesar de que el resultado es absolutamente plomizo, intenta salir del aprieto con dignidad e incluso hace algún esfuerzo (confuso y algo caótico, eso sí) por narrar su historia con una cierta legibilidad.
Los otros tres títulos ya son harina de otro costal. La única pregunta que cabe hacerse después de leerlos es: ¿cuál es el peor?
En Iron Man, Lee se limita a ejercer de guionista junto al pesadísimo Scott Lobdell, mientras que el dibujo corre a cargo de un Whilce Portacio especialmente desganado y falto de inspiración (lo único positivo de este nuevo Iron Man es el diseño de la armadura) al que parece darle totalmente lo mismo que la historia se entienda o no, y parece contentarse con resolver todas las secuencias con planos imposibles o cabezas parlantes. Por no hablar del infinito número de incongruencias argumentales que se acumulan número tras número, de la pobre caracterización de los personajes, o el absurdo papel que juega Hulk en el desarollo de la historia... en fin, un desastre total.
Por su parte, Liefeld escribe (es un decir) Capitán América ayudado por la hiperbólica verborrea de Jeph Loeb, mientras que en Los Vengadores el encargado de los diálogos es Jim Valentino (uno de los clones de Liefeld, Chap Yaep, ilustra buena parte del número uno). Como Lee en Iron Man, Liefeld toma elementos de las historias "clásicas" para refundirlos a su manera, cayendo a menudo, supongo que sin pretenderlo, en la autoparodia sonrojante. Atentos a lo que suelta el hipertrofiado Capitán América de Liefeld tras liberar a Thor (que, por cierto, habla inglés perfectamente): "Sí. ¿Pero qué hemos hecho? Los vikingos eran bárbaros y si de verdad es Thor... seguramente se rige por un código moral que el mundo actual puede encontrar inaceptable. ¡Vengadores, preparaos para cualquier cosa!". Por favor..
Si no fuera por la nefasta influencia que ha supuesto su éxito (y el de su peculiar "estilo") sobre toda una generación de dibujantes a los que ha echado a perder para siempre, la absoluta negación de Liefeld para el dibujo sería hasta simpática (recuerdo con especial cariño la bochornosa doble página que publicó en un número de Youngblood en la que se dibujó a sí mismo pidiéndole la mano a su futura esposa).
Es posible que Liefeld sea el peor dibujante que jamás haya dibujado una historia del Capitán América, pero me resulta imposible describir hasta qué punto Liefeld desconoce el significado de palabras como proporciones, secuencia, ambientación, perspectiva o coherencia. Como le ocurría a uno de los dibujantes protagonistas de Los profesionales de Carlos Giménez, las viñetas de Liefeld serían ideales para ilustrar en un libro sobre cómo hacer historietas los defectos que tienen que evitar a toda costa el aficionado si algún día quiere dedicarse en serio a esto de los tebeos.
De todos modos la jugada no salió tan bien como Marvel hubiera querido (los contables que citaba al principio no debieron tener en cuenta que en las cifras de venta de los primeros 90 influyó más la ingenuidad de los pardillos que compraban copias múltiples de cada tebeo con la vana esperanza de enriquecerse revendiéndolas algún día que el talento de Lee o Liefeld) y tras este peculiar año sabático los héroes Marvel han vuelto al redil para reintegrarse sin dificultad en la continuidad regular del universo Marvel.
Para terminar, una cita extraída del discurso que pronunció Frank Miller durante la entrega de los últimos premios Eisner. Un oportuno varapalo a una industria adormecida que viene que ni pintado: "¿En qué estado se encontraría hoy la industria del disco, si todo lo que ofreciera fueran grabaciones y videos de imitadores de Elvis? Entonces considerad las posibilidades de un campo cuyo "mainstream" consiste casi en su totalidad de personajes creados antes de que naciéramos la mayoría de nosotros (...) ¿Por qué dedicamos una parte tan importante de nuestra energía a la nostalgia? (...) Claro que se supone que no hay que llamarlo nostalgia, se supone que hay que llamarlo "retro" (...) y lo "retro' es sólo nostalgia con un aro en la nariz."
David Muñoz
U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997
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