miércoles, 30 de septiembre de 2026

Metrópolis, día a día

El mayor héroe de todos los tiempos no descansa nunca, enfrentado a una y mil amenazas


José Luis Vidal

25 de septiembre 2026

Los más agoreros pusieron el grito en el cielo cuando se hizo pública la noticia que anunciaba la marcha de John Byrne de las colecciones del Hombre de Acero, que con tanto talento había logrado revitalizar junto a un grupo de geniales artistas.

Su visión del universo del Hijo de Krypton se basó sobre todo en darle voz e imagen al gran grupo de secundarios que interactuaban con el protagonista, léase Lois Lane, Jimmy Olsen, Perry White, Cat Grant…



Ficha

Biblioteca Superman 15

Guion: Jerry Ordway, Roger Stern

Dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

176 págs.

16 euros

Panini Cómics


Afortunadamente, los editores de DC comprendieron que para qué cambiar el rumbo de las colecciones, si la cosa había funcionado hasta ese momento, así que dejaron que Jerry Orway, talentoso dibujante, se encargara también de los guiones en Las aventuras de Superman, mientras que un recién llegado de su etapa marvelita ocupaba el puesto de guionista en la colección madre, junto a Kerry Gammill, por lo que el camino estaba claro, despejado y con miles de lectores esperando las nuevas peripecias de Superman.

Pero claro, como ya he dicho, la herencia argumental de Byrne fue tan decisiva en la existencia del personaje, que los nuevos encargados de narrar sus aventuras siguieron utilizando a personajes como Milton Fine o, mejor dicho, Vril Dox, al que volveremos a ver en las calles de Metrópolis haciendo de las suyas.

Mientras esto sucede en la gran urbe, un Superman acuciado por la culpa se refugia en la granja de los Kent para reflexionar sobre ese hecho que le ha cambiado totalmente la vida, y que va a perseguirlo como una mala pesadilla.

Ya todos conocemos el afán aventurero de la mejor reportera del Daily Planet, Lois Lane, por lo que junto a Jimmy Olsen parten hacia una pequeña isla escocesa donde residen los últimos descendientes del clan relacionado con la peligrosa Silver Banshee.

Como no podía ser de otra manera, allí se van a encontrar con una peligrosa aventura, a la que se unirá Superman, que las va a pasar canutas, debido a su debilidad a la hora de enfrentarse a la magia.

Este episodio cuanta con un invitado muy especial en el aspecto gráfico, Mike Mignola, que tras descubrirnos la historia antigua del Mundo de Krypton junto a Byrne, regresa a estas páginas para, como siempre, realizar un soberbio trabajo.

A lo largo de estas páginas vamos a disfrutar del regreso de personajes como la moribunda Dra. Faulkner, que lleva en su interior a la poderosa y furibunda Rampage, o a la nueva encarnación de Gangbuster, un vigilante con unos métodos bastante expeditivos a la hora de enfrentarse a los criminales.

Y, por supuesto, como no podía faltar, los maquiavélicos planes de Lex Luthor, que siempre trata de hacerle la vida imposible a su némesis, Superman.

Creo que estas son más que buenas razones para darnos un garbeo por Metrópolis, ¿no creéis?


Diario de Cadiz



La respuesta está en Glokor

En un futuro lejano, solo dos hermanos tienen el poder de terminar con una peligrosa secta


José Luis Vidal

20 de septiembre 2026 



Tener un gran poder también conlleva sus riesgos, y si no que se lo digan a la peculiar pareja de hermanos que tratan por todos los medios de acceder a la gran ciudadela-catedral que se yergue sobre la ciudad, y en la que los acólitos del culto de Glokor siguen sus preceptos que, por otra parte, eliminan a todos y todas aquellos que no los cumplan al pie de la letra…

Sara y Sam son los nombres de estos poderosos jóvenes, y desobedeciendo las órdenes de Xander, al que siempre han tratado como a un padre, le roban a un tipo bastante poco fiable (que a su vez también ha sustraído los objetos) las llaves para poder colarse sin peligro en el templo de Glokor.

Lo malo es que Xander les ha repetido una y mil veces lo peligroso que es acercarse tanto a ese lugar, ya que cualquier paso en falso puede suponer el arresto, tortura y posible eliminación.

Pero si algo caracteriza a los hermanos es su cabezonería, y justo después de que Sara le eche en cara a Xander su pasividad, van a conseguir que este acceda a acompañarlos en la peligrosísima incursión.

Lo de peligrosa se quedará corto, ya que la sensibilidad de Sam hará que en un momento dado su plan se trastoque y aparezca en escena un personaje de lo más letal, el perro mastín del culto, La Conserje.

Y justo entonces el relato da un vuelco, un giro de lo más inesperado que va a llevar a los lectores por vericuetos que no imaginan. Nuevos personajes aparecerán, que tienen una crucial importancia en la historia de los hermanos y conocen su verdadero origen, que para nada es el que ellos imaginan…

El guionista Rick Remender es conocido y admirado por poseer una fértil imaginación a la hora de plantear argumentos originales, y en esta miniserie que ahora llega a nuestro país recopilada por Norma Editorial, como si de un hábil arquitecto se tratara, nos conduce a un futuro distópico, terrible, en el que un férreo culto tiene subyugados a la mayoría de los habitantes del lugar, y aparta como apestados a los que no entran en sus patrones.

Pues bien, como el buen guionista que es, Remender nos presenta a esta peculiar pareja de hermanos, ella con el poder de hacer reales los sueños (lo malo es que lo hace dormida…) y él es un hábil y émpata acróbata, un ninja moderno que utiliza una curiosa máscara.

Pero el relato, que podía quedarse ahí, entre peleas, acrobacias y algún momento de extrema violencia, es mucho más. Sin poder contaros demasiado, Remender ejecuta varias piruetas narrativas que os aseguro os van a dejar con la boca abierta, ya que como si se tratara de unas cajas chinas, cada vez que abramos una nueva vamos a encontrarnos con una sorpresa, un giro narrativo que hace de este cómic algo muy recomendable para todos aquellos a los que os chifle la ciencia ficción y los escenarios distópicos.

Pero claro, esta maravilla no es solo obra de una persona, y el dibujante francés Bengal, que ya conoce muy bien a Remender, ya que formaron equipo en el cómic Death or Glory, sabe plasmar a la perfección en sus páginas este mundo futuro en el que los personajes se mueven, pelean, sufren y se van a llevar más de una sorpresa.

Artista fuertemente influenciado por el cómic nipón, el manga, compone unas páginas en las que sus personajes son de lo más expresivos, los diseños de las máquinas, armamento, etc, muy originales, y de vez en cuando nos regala alguna que otra viñeta página de esas que quitan el hipo.

En fin, qué más os puedo decir para que sin pensarlo dos veces os lancéis de cabeza a este relato que te atrapa desde sus primeras páginas y en el que os vais a llevar más de una sorpresa, sobre todo cuando lleguéis, después de un ajetreado periplo, a la última página, donde la Verdad con mayúsculas os será revelada.

Y como colofón a esta gran obra de ficción, una galería de portadas alternativas de esas que quitan el hipo, ya que cuenta con la presencia de algunos de los mejores dibujantes del momento como Daniel Warren Johnson, James Harren, el español Miki Montlló…

Diario de Cadiz



¿Dónde estabas durante el eclipse?

 EL FARO DEL FIN DEL MUNDO


La cita solar se ha convertido en fecha de referencia en nuestras vidas como el asesinato de Kennedy, la llegada a la luna o el estreno de ‘Tiburón’



El eclipse solar visto desde Barcelona.

Massimiliano Minocri


Jacinto Antón

15 AGO 2026

“¿Dónde estabas durante el eclipse?”, me pregunta un amigo que lo que quiere, como todo el mundo, es explicarme dónde estaba él. Se ha convertido la cita solar en fecha de referencia en nuestras vidas como la muerte de Kennedy, la llegada a la luna o el estreno de Tiburón. Pues yo hice lo más absurdo que se podía hacer en tan señalado día. Me encontraba desde hacía tres semanas en Formentera, uno de los muy buscados lugares estrella para vivir la experiencia del fenómeno y donde se habían implementado grandes medidas oficiales para observarlo —aparte de varias jaranas privadas, incluido un concierto dedicado “a la luna, el sol y los misterios del Cosmos” en Bananaroques con invitación a pizzas Bella Napoli— , pero me marché el mismo día temprano hacia Ibiza para tomar el ferri de vuelta a Barcelona con mi viejo coche, el gato Charly y las mil cosas, entre ellas un siempre demasiado optimista número de libros, que cargo para pasar las vacaciones. La cuestión es que al sacar los billetes de regreso con mucha antelación no caí en lo del eclipse, y eso que yo mismo he escrito varias páginas sobre el acontecimiento.

Me consolaba pensando que lo vería desde el barco, en alta mar, e incluso tenía pensado un título para una oportuna crónica, Eclipse a bordo, que sonaba a novela de aventuras de Alistair MacLean, como Estación Polar Cebra. Resultó que al llegar a la terminal portuaria de Ibiza nos dijeron que el barco en el que teníamos los pasajes, el Ciudad de Barcelona de Trasmed, no zarparía por estar averiado y que nos recolocaban en un buque de Balearia, el chipriota Kerry, un ferri de sustitución con un largo historial y que ha visto más mares que Conrad. Curiosamente, he leído que Trasmed utilizó el mismo día el Ciudad de Barcelona para su ruta Valencia-Ibiza convertido en observatorio flotante del eclipse, así que supongo que ya nos habían sustituido ese buque por el Ciudad de Granada que fue el que se estropeó la noche antes en el puerto catalán cuando debía hacer el trayecto previo Barcelona-Ibiza, dejando en tierra por cierto a numerosos pasajeros que iban en dirección contraria a la mía a ver el eclipse en las Pitiusas. En fin, el camarote de los Marx, como se ve.



El eclipse de sol, en el puerto de Barcelona.

El caso es que el veterano Kerry fue como una bala sobre un mar deliciosamente plano, azul y espejeante y nos plantamos en Barcelona bastante rato antes del fenómeno celeste, sin posibilidad alguna de verlo en el agua —y qué magnífico hubiera sido contemplarlo acodado en la borda con mi ejemplar de Lord Jim (ese eclipse en Patusán) en una mano y una botella de ron en la otra, leyendo: “Desaparece del mundo como envuelto en misteriosa nube, inescrutable” —. De manera que, desembarcado en la ciudad condal, con el baqueteado y polvoriento jeep Suzuki Santana cargado como para cazar rinocerontes en el Ngorongoro con John Wayne en Hatari! o para realizar incursiones tras las líneas de Rommel con los hombres del SAS de Stirling, incluida la bicicleta colgando precariamente detrás y el kit completo de playa, me dirigí a toda prisa en busca de algún punto donde observar el portento solar, que ya llegaba.

Dice mucho del ambiente extraordinario que se respiraba el que nadie se fijara mucho en mi vehículo y en mí, que presentaba una estrafalaria estampa, tras tres semanas asilvestrado en Formentera, de pescador de esponjas griego madurito e iba tocado con una gorra del Sónar y las gafas para el eclipse en la visera. Encontré finalmente un buen lugar de observación en el Muelle Oriental junto al nostálgico letrero Las Golondrinas al Rompeolas (que evoca el trayecto de las populares embarcaciones de paseo del puerto), detrás del hotel Vela y la gran noria. Aparqué junto a la acera en un lugar prohibido pero en la consideración de que la Guardia Urbana estaría astronómicamente ocupada.


Gente viendo el eclipse el 12 de agosto desde el Castillo de Montjuic de Barcelona.

Massimiliano Minocri

Había mucha gente instalada de cara al puerto y al astro rey (todavía normal), acomodada en las gradas y el borde del muelle en plan People in the sun de Edward Hooper. Un individuo llevaba lo que me pareció un larguísimo telescopio y que resultó ser un canuto de cartón, sin que se pudiera discernir a qué efecto. Reinaba un ambiente expectante. Había gente preparada y otros que no. De hecho compartí mis gafas de eclipse homologadas adquiridas en Formentera y acreditadas por la asociación astronómica de la isla con varias personas poco previsoras o directamente inconscientes que iban a ojo desnudo y que hubieran acabado como Tobías en su imprudente mirar al cielo. Y eso que nos había advertido hasta el presidente Illa. Un tipo me explicó resignado que no tenía gafas porque su mujer le había dicho que ya miraba ella y le iba contando. Otro, enterado a medias, me preguntó si sin gafas se verían las perlas de Baily, y otro más cómo había conseguido llegar hasta allí con un coche como el mío. El momento surrealista pre-eclipse lo puso una enorme limusina que desembarcó a unas jovencitas muy pijas y a su escultural madre para hacerse selfies con unos globos plateados mientras celebraban el cumpleaños de una de ellas. Pensando que podía haber visto el fenómeno solar en los espectaculares acantilados del cabo de Barberia, junto al faro y a numerosas italianas con ganas de astronomía (hubiera podido titular Lucía, el sexo y el eclipse, manjar para el clickbait), me sentía un poco deprimido en mi emplazamiento urbanita sustitutorio.


El eclipse del 12 de agosto desde el Castillo de Montjuic de Barcelona.

Massimiliano Minocri

A todas estas empezó el eclipse, los previsores nos pusimos las gafas remedando a Oppenheimer y los suyos aquel día brillante en los Álamos y deseándonos suerte unos a otros. Entre las cosas más sorprendentes de este evento solar es que hubiera quien no se enterara del riesgo oftalmológico o le importara un comino. También es fascinante que tantos otros hayan decidido no observar en absoluto el eclipse por si acaso. Hay quien lo vivió con mucho miedo y se encerró en casa como si fuera el preludio de una invasión marciana o se le fuera a cegar el perro. Mientras empezábamos a ver la luna devorando poco a poco al sol pasó un hombre con barba de profeta gritando como un milenarista dulciniano “¡el fin del mundo, haced penitencia!”.

La sombra avanzaba inexorablemente sobre el sol, las charlas se interrumpieron. No es raro que los lidios y los medos dejaran de guerrear. Se hizo un silencio profundo acompañado de una quietud total. Y de repente, el fenómeno pareció acelerarse y ya casi no se veía nuestro astro dador de vida, un filito. Traté de vislumbrar tras las gafas las dichosas perlas o la corona solar, quizá incluso una erupción o una fulguración, pero me embargaba un sobrecogimiento paralizante, acientífico, y solo parecía que me funcionara el cerebro reptiliano. Me quité las gafas para mirar alrededor y desligarme de la visión hipnótica, digna del ojo de Saurón. Una extraña e inquietante semioscuridad se había extendido sobre el mundo como un vapor o una miasma. Estábamos en una distopía ballardiana en la que los pájaros empezarían a caer o los edificios a cristalizar. Me miré las manos y luego fugazmente al cielo donde el sol había dejado de arder. Fue, ya lo ha dicho todo el mundo y ya casi no quedan palabras originales, un momento mágico, maravilloso, sobrenatural. Un vientecillo raro nos puso los pelos de punta. Reinaba una sensación de irrealidad y ansiedad anticipatoria. A la izquierda se veía enorme Venus, lanzado al centro del escenario por la ausencia transitoria de la gran luminaria. Distinguí también varias estrellas. Era prodigioso y estremecedor. Era la repera. La gran y emocionante feria del cielo (en cambio en Formentera, he sabido, decepcionó un poco, lo que son las cosas: ¡rabia Lucía!).

Un sonido me devolvió a la realidad mientras se descorría la cortina en el firmamento. Era Charly, mi gato, que estaba hiperventilando tras dos trayectos de barco y un eclipse. Lo acaricié abriendo un poco la puerta del transportín y los dos fuimos recuperando la calma. Volvían a volar las gaviotas. El mundo regresaba a la normalidad y la gente se miraba sorprendida como si saliera de un trance. Hubo un aplauso espontáneo.

Tras despedirme de los amigos de eclipse, conjurándonos optimistamente para coincidir en otro, este siglo o el siguiente, redondeé la jornada en el Montseny, en Viladrau, mirando el segundo espectáculo que nos regaló el cielo el martes, en insólita sesión doble: las lágrimas de san Lorenzo. Observando de madrugada los fugaces meteoros era imposible no repetirse como un mantra aquella frase (de Rabindranath Tagore, ¿quién se acuerda hoy de él, pese a que ganó el Nobel de Literatura y le admiraba Yeats?) que nos conmovía en la adolescencia y que nunca pensamos que un día tendría tanto nuevo sentido: si lloras por la pérdida del sol las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.


Jacinto Antón


El Pais Sábado 15 de agosto de 2026


martes, 29 de septiembre de 2026

Elemental

Estimado lector, las páginas que vas a leer contienen el mayor y más complicado caso al que tuvo que enfrentarse el mejor detective de Londres


José Luis Vidal

19 de septiembre 2026


Disfrutando de la libertad tras la marcha del invasor galo, la capital de Inglaterra temblaba debido a los atroces asesinatos cometidos por un misterioso y violento criminal.



Ficha

El archivo de Stamford Hawskmoor

Autor: Bryan Talbot

Tapa dura

Color

192 págs.

27 euros

Astiberri


Es por este hecho que desde Scotland Yard, uno de sus más avezados empleados, comenzaría a indagar en unas muertes, unas víctimas que, a simple vista, no tenían nada en común, ya que pertenecían a diferentes estamentos sociales.

El habitual estoicismo de Stamford Hawksmoor se vería afectado con una noticia que lo apartó momentáneamente de sus pesquisas, ya que su hermano Gerald, con el que no tenía ningún tipo de relación, se había volado la cabeza de un disparo de escopeta.

Incapaz de ignorar un misterio, el sagaz detective, mientras intenta reunir las piezas que diluciden su caso, no podrá evitar rememorar su infancia junto a un cruel hermano, lo que le llevará a visitar a su también antipática cuñada, Blanche, con la que va a iniciar una relación bastante más cercana que la que tuvo mientras su hermano aún estaba entre los vivos.

La misteriosa madeja se irá enredando más y más, conduciéndolo desde los más secretos y selectos prostíbulos, a lupanares de más bajo rango, lugares donde los altos cargos de la urbe se lanzaban a sus más lascivos sueños.

Pero el protagonista también deberá luchar por acercarse más a su propio hijo, el malcriado Oswald, que tan solo sabe repetir una y otra vez lo feliz que es junto a la nueva pareja de su madre, hecho este que casi saca de sus casillas al estoico Stamford…

Una persona seria, responsable, dedicada totalmente a su trabajo como minucioso investigador que, debido a las circunstancias de este caso tan oscuro, se dejará llevar por sus sentimientos hacia una joven secretaria.

Mientras tanto, el peligro, la traición, penden como una espada de Damocles sobre el investigador, que se enfrentará a más de una situación peligrosa…

El autor británico Bryan Talbot regresa al universo ucrónico de Grandville para presentarnos al mentor de su conocido personaje, Lebrock. Y en este mundo de animales antropomórficos, nos sumergimos en una densa y compleja trama en la que se mezclarán los recuerdos del protagonista, que tendrán que pelear contra una oscura conspiración prácticamente solo cuando nadie le crea.

Con un dibujo minucioso, Talbot nos sumerge en las calles de este Londres de ficción, donde el peligro acecha en cualquier esquina, y la codicia y maldad reside en el corazón de aquellos que menos esperas.

La sombra de Arthur Conan Doyle es alargada, y en este apasionante cómic, Bryan Talbot le rinde un sincero homenaje, presentándonos a un personaje que tiene mucho de la esencia del habitante del 221B de Baker Street.


Diario de Cadiz


Leer Dibujos (Año 2000)

Una selección de títulos de cómic publicados en el último año especialmente indicados para el público infantil y juvenil.

ANDRÉS PADILLA

Estimular el gusto por la lectura es una de las principales preocupaciones de los padres al pensar en la educación de sus hijos. Los cómics pueden desempeñar un importante papel en este cometido, aunque a menudo tienden a ser olvidados porque ningún tebeo, ni siquiera los buenos, acostumbra a los niños a manejarse con libros "llenos de letras", pero sí les permite hacer algo que, a la larga, probablemente sea más importante: disfrutar del habito de abrir un libro y recogerse en silencio para vivir historias ajenas. Más aún, los cómics, a través de recursos como las líneas cinéticas o el encuadre de las viñetas, estimulan la imaginación visual porque obligan al lector a dar vida y movimiento a dibujos estáticos. Algo que difícilmente ocurre en los cuentos ilustrados, en los que la imagen suele concebirse como un apoyo.


La mazmorra: Corazón de Pato


Un buen ejemplo de ello puede ser
La mazmorra, una serie publicada por Norma de la que ya han aparecido en España los tres primeros títulos: Corazón de pato, El rey de la pelea y La princesa de los bárbaros. Partiendo del eficaz dibujo de Lewis Trondheim. los guiones de Joann Sfar trenzan historias de tejemanejes palaciegos, dragones y brujería en torno al cobarde y algo cínico pato Herbert, que por fortuna cuenta con amigos más valientes y leales que él.

Sin salir del cómic escrito originalmente en lengua francesa, se encuentra La maquinación Voronov (Norma), el decimocuarto título en el que Blake y Mortimer se aplican a la solución de alguna intriga internacional. La serie, creada por el que fuera primer colaborador de Hergé en Tintin, Edgar P. Jacobs, continúa ahora con la labor de Yves Sente y André Juliard, autores que han sabido respetar la linea de elegancia en el dibujo y claridad en la narración.

Para niños más pequeños, recién familiarizados con la lectura, el autor valenciano Daniel Torres ha creado las historias de un simpático dinosaurio que traba amistad con un par de niños, Lily y Miguel. Por el momento han aparecido los libros Tom en Los Angeles, Tom en Nueva York y Las aventuras de Tom. Dentro de unos meses se emitirán los primeros capítulos de una serie televisiva que la editorial Norma coproduce con Cromosoma.

Bone es una interesante obra con la que se presenta una pequeña editorial, Dude Cómics, de Avilés (Asturias). Escrita y dibujada por el estadounidense Jeff Smith, la serie, que se publica en formato de comic-book, puede interesar tanto a adultos como a jovenes. Cuenta la historia de Phoney, Smiley y Fone, tres bones (huesos) con caracteres muy diferentes —el rico egoísta, el simpático inconsciente y el chico- que, tras ser desterrados de su pueblo, se enfrentan de distintas maneras a los peligros de un mundo mágico.

Rurouni Kenshin: el guerrero samurai

En el ámbito del manga, el tebeo japonés, puede destacarse la obra Rurouni Kenshin: el guerrero samurai, de Nobuhiro Watsuki. Esta serie de larguísimo aliento -Glenat ya ha publicado los primeros 12 volumenes de un total de 26, con más de 170 páginas cada uno - se enmarca en el final del shogunato y comienzo del periodo Meiji, en un Japón en el que abundan conspiraciones y mafiosos.

Para quienes prefieran el comic-book de superhéroes, la editorial Planeta-De Agostini está publicando obras clásicas en su colección Biblioteca Marvel. Allí pueden encontrarse, en blanco y negro, los primeros capítulos de la Patrulla X. Estos mutantes creados, por los míticos Stan Lee y Jack Kirby, de actualidad gracias a la película X Men, de Bryan Singer, además de detener a peligrosos superdelincuentes o científicos megalómanos, sufren en carne propia el racismo y las dificultades para integrarse en una sociedad temerosa de la diferencia. Si se obvian algunos mamporros, la serie, ya ven, puede ser de lo mas políticamente correcta.

Contraportada de El nuevo Calvin y Hobbes clásico


En el terreno de las tiras de prensa, otra de las especialidades estadounidenses, Ediciones B ha publicado El
nuevo Calvin y Hobbes clásico, una recopilación de entregas diarias y dominicales de estos personajes creados por Bill Watterson utilizando los nombres del teólogo Juan Calvino y el filósofo Thomas Hobbes. Watterson, que ya ha clausurado la serie en Estados Unidos, pone en escena a un niño solitario, con mucha imaginación y gusto por la gamberrada, que tiene por único amigo a su tigre de peluche.

Y dentro del tebeo español, la misma editorial ha publicado nuevas peripecias de Mortadelo y Filemón, unos personajes muy queridos por el público infantil de ayer y hoy que en Fórmula 1 reciben la orden de participar en una carrera de coches. Además, ha aparecido, también en Ediciones B, el primer Zipi y Zape que no firma su creador, Josep Escobar, sustituido por los dibujantes Juan Carlos Ramis y Joaquín Cera.

Pero ya hablando de personajes eternos, no está de más recordar que, aparte de las novedades destacables del último año, hay cómics que cualquier niño deberia devorar echado en la alfombra del salón. Eso, siempre y cuando sus padres no presten demasiada atención a las imputaciones emitidas por educadores bienpensantes, que periódicamente nos recuerdan que Astérix es profundamente chovinista; Tintín, algo misógino, y Mafalda, una marisabidilla redicha que pertenece a otra época con otras preocupaciones. Pero son muchos quienes disfrutaron en la infancia con esos comics sin arrastrar taras especiales.


Babelia Núm. 473 Sábado 16 de diciembre de 2000



lunes, 28 de septiembre de 2026

¡Dioses del trueno!

Una nueva y trepidante etapa se inicia en la vida del poderoso Thor


José Luis Vidal

24 de septiembre 2026 

Como monarca de Asgard, las tareas de Thor ahora son muchas, como por ejemplo enfrentarse a la ira de un grupo de gigantes de hielo, comandados por el peligroso Skrymir.

Pero hay situaciones en las que el peligro acecha, y las palabras están de más, por lo que tal vez haya que tirar de martillo, el poderoso y restaurado Mjornir, para resolver la situación.


Ficha

Marvel Premiere 176. El Inmortal Thor 1: Pronóstico de tormenta.

Guion: Al Ewing

Dibujo: Pasqual Ferry

Tapa blanda

Color

144 pags.

14 euros

Panini Cómics


Y no solo será el martillo el que vuelva a tener todo su esplendor, ya que la aparición de Loki hará posible que ese maravilloso pasaje a otros mundos llamado bifrost vuelva a existir, por lo que Thor regresará a Midgard, La Tierra.

Pero claro, como ya todos sabemos, la existencia de un dios no es nada sencilla, y una simple tormenta va a convertirse en la puerta de entrada de un ser que viene de un lugar oscuro, sombrío, y que pertenece a una raza primigenia de poderosos entes.

El es Toranos, el Uthar Thor, y su poder sobre el trueno es infinitamente mayor que el que Thor posee, por lo que su enfrentamiento tan solo puede calificarse como épico.

Pronto, muy pronto, el rey de Argard se percatará que él solo no va a poder frenar la amenaza que se cierne sobre la ciudad de New York, por lo que vamos a disfrutar de uno de los momentos más espectaculares jamás vividos por el protagonista, que convocará a un grupo de rostros conocidos junto a los cuales, una vez ejecutada una 'ceremonia' podrán verse las caras con el letal contendiente.

Lo que Thor no sabe es que una profecía está a punto de cumplirse, susurrada por aquellos primigenios seres que nacieron del poder más grande que conoció el universo, y una vez que la rueda comienza a girar, no hay manera humana o sobrehumana de detenerla…

Y por si esto fuera poco, el CEO de la todopoderosa empresa Roxxon, Agger, tiene un plan en mente, en el que va a contar con la colaboración de dos viejos conocidos.

Si algo ha demostrado el guionista británico Al Ewing durante los últimos años es que cuando se hace cargo de una colección, le da su impronta personal a las peripecias del personaje protagonista. Lo hizo con El Inmortal Hulk, y os aseguro que ahora con Thor, al que también coloca el calificativo que al gigante verde, lo va a conducir por un sendero en el que la mitología nórdica tendrá un papel muy importante, llevando al protagonista a lugares y situaciones que hasta ahora le eran desconocidos.

Junto al guionista, uno de esos talentos gráficos que brillan en la Casa de las Ideas, Martin Coccolo, que lleva a Thor y Compañía a las viñetas con todo el esplendor que se merece.


Diario de Cadiz


El ojo de la historia

Así éramos, así somos. La fotografía es testigo y aliada imprescindible de nuestra memoria colectiva. Sucesos, vida cotidiana, ambiente político o personajes han quedado inmortalizados gracias a la labor de los fotógrafos que retratan España desde inicios del siglo XX. Estas imágenes pertenecen a la colección de EL PAIS 'La mirada del tiempo, que se publica a partir del próximo domingo. Un testimonio único.

Por Publio López Mondéjar


MADRID DE CINE. El actor Charlton Heston muestra un halcón al académico Ramón Menéndez
Pidal, ante la mirada del productor Samuel Bronston, durante el rodaje del filme
'El Cid, el 17 de marzo de 1961. • FOTOGRAFÍA EFE

Cuando el daguerrotipo fue presentado en 1839 por el diputado liberal François Arago, la primera idea que llego a la mente de los científicos y artistas de la época fue su aplicación inmediata al campo del retrato y el paisaje. El metal tornasol del daguerrotipo devolvía la imagen exacta de la realidad con un grado de precisión inalcanzable para la pintura. No es casual que su primera víctima fuese el retrato en miniatura, tan demandado entonces por la aristocracia y la ascendente burguesía industrial, lo que suscitó agrias diatribas por parte de los que le reprochaban su origen mecánico y la supuesta falta de vocación artística de sus inventores y apóstoles. De hecho, el daguerrotipo se conoció como el espejo con memoria: el ojo, la mano, la técnica, frente al espíritu. Luego, en plena madurez del lenguaje fotográfico, va se vio que cuando la fotografía era realizada por alguien con talento, también era capaz de transmitir las sensaciones del espíritu, abriendo un antiguo debate, que todavía preocupa a expertos, marchantes y a los propios fotógrafos.

En 1856, cuando el daguerrotipo había dejado paso a otras técnicas capaces de multiplicar infinitamente las imágenes, Ernest Lacan ya intuyó que la fotografía acabaría convirtiéndose en el gran auxiliar de la historia y que la futura tarea de los fotógrafos iba a ser la de documentar los sucesos más relevantes y dignos de perpetuación y de recuerdo. En vísperas de su definitiva masificación, la fotografía comenzaba a convertirse en una verdadera memoria de la realidad, ocupando una ancha parcela que la pintura, acomplejada entonces por la pujanza del nuevo lenguaje, parecía abandonar. Hay que reconocer" , escribió el pintor Claudet en 1861, "que en este campo la pintura está en pleno proceso de desaparición, y ha sido la fotografía la que ha acabado con ella. ¿Por que ya no hay miniaturistas y los pintores abandonan la pintura de historia? Pues por la sencilla razón de que la fotografía consigue una exactitud tan absoluta que, cuando menos, agrada en corazón y llena de satisfacción la memoria".
Fotografía y memoria comienzan a convertirse en términos sinónimos. El fotógrafo es visto no sólo como un artesano dotado de mayor o menor destreza y talento, sino como una especie de demiurgo, a través de cuyo trabajo se iba tendiendo un puente vigoroso entre las grandes figuras, la vida cotidiana, los acontecimientos más trascendentes y la posteridad. Los pueblos, las personas fotografiadas a lo largo de los años, han ido cambiando o desapareciendo, pero sus imágenes permanecen inalterables gracias al milagro de la fotografía. Porque la cámara es esencialmente una herramienta honesta, capaz de mostrarnos un trémulo reflejo de la vida, con un grado de veracidad inalcanzable para cualquier otro lenguaje. Y es aquí, en esta cualidad de espejo del pasado y fuente de memoria, donde reside buena parte de la fascinación que las viejas y amarillentas fotografias provocan en nosotros, al mostrarnos instantes fugaces que el paso implacable del tiempo convierte en pasado en el momento mismo de la toma. Las fotografías antiguas no sólo llenan de satisfacción la memoria, sino que también ayudan a ésta a precisarse, convirtiendo en presente aquello que ya no existe ni en los confines más remotos del recuerdo.

Tan importante como la propia técnica, para la integración de la fotografía en los hábitos culturales de la sociedad fue decisivo el perfeccionamiento de los procedimientos fotomecánicos que propiciaron el nacimiento de la prensa ilustrada en los años postreros del siglo XIX, tan bien representada en España por semanarios como Blanco y Negro, Nuevo Mundo, Mundo Gráfico o La Esfera. España vivía entonces la resaca del desastre colonial y veía cómo se desmoronaba el tinglado de la vieja farsa de la Restauración. El mismo año en que ABC nacía como diario, en julio de 1905, el país llegó a tener hasta cuatro presidentes de Gobierno diferentes, y en el tiempo en que La Vanguardia iniciaba la publicación de sus célebres páginas de huecograbado, Mateo Morral lanzaba una bomba envuelta en un elegante ramo de flores contra la comitiva de la boda real, tenían lugar en Barcelona los sucesos estremecedores de la Semana Trágica y Ferrer Guardia era fusilado en los fosos del siniestro castillo de Montjuic. La prensa gráfica llegó a reflejar ya estos acontecimientos, y precisamente sobre esta información se fue consolidando su prestigio y el de los primeros reporteros. El reconocimiento popular del periodismo gráfico español se produjo definitivamente durante las sucesivas campañas de Marruecos: miles de desdichados fueron arrancados de sus casas para ir a morir en los desolados blocaos y aduares del Rif.

La guerra fue durante años el centro de la vida política nacional y la causa directa o indirecta de los sucesos decisivos de la historia de España, como la radicalización de las protestas obreras, los años inaugurales del deporte, la bronca realidad de las plazas de toros, el abigarrado enjambre de las calles, la huelga general de 1917, el golpe de Estado del general Primo de Rivera, la dictablanda de Berenguer, la trémula esperanza republicana, o el golpe de Estado militar de 1936, que sumió a España en el mas atroz drama humano de su historia contemporánea. La gran popularidad de la prensa gráfica afianzó la de algunos reporteros como Alfonso Sánchez García, Alfonso Sánchez Portela -conocidos profesionalmente como Alfonso-, Campúa, Merletti, Brangulí, Cervera o Díaz Casariego, la mayoría de los cuales se habían formado en los inclementes resoles africanos. Ellos son los que con su perseverancia y su talento nos han dejado una imagen fidedigna de aquella España menesterosa, alegre y contiada que vivía ya sin saberlo las vísperas de su final.

Su testimonio se completa con la obra de los modestos fotógrafos populares, que a lomos de caballería o en los temblorosos autocares y diligencias de la época recorrieron el país retratando a los lugareños y realizando foto-noticias, que enviaban luego a los diarios y revistas ilustradas. La fotografía, como una emanación viva de la realidad pretérita, nos ofrece en aquellas imágenes inolvidables el valor complementario de su carácter de certificación de lo que fue, independientemente de sus méritos técnicos o artísticos. Así, a pesar de lo forzado de las poses, de la actitud misma de los modelos, desamparados ante la presencia de la cámara, la contundente verdad de la fotografía nos obliga a creer que lo reflejado en la edad eterna de las placas, alguna vez ha sido y aún late en la vertiginosa fugacidad del presente.




TRANSICIÓN. Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, observa a Manuel
Fraga en el Congreso, el 8 de marzo de 1978. • FOTOGRAFÍA DE MARISA FLORES

En los años de penitencia y de terror que siguieron a la Guerra Civil, la vida cultural quedó violentamente cercenada. En el ambiente de exaltación nacionalista propiciado por la victoria militar, el arte -y, por supuesto, la fotografía- era concebido como algo meramente ceremonial puesto al servicio del Estado y del imperio, entre pompier, reverencial y azul. Pero los fotógrafos populares siguieron trabajando al margen de cualquier tipo de oficialismo, manteniendo vivo el espíritu de los ambulantes de la preguerra, que debían atender aún la creciente demanda de los lugareños, que con sus retratos buscaban recomponer la geografía afectiva de su entorno familiar, doblemente devastado ahora, más que por las enfermedades y el olvido, por la cárcel, el exilio o la muerte en los frentes.

Junto a ellos y pese a la férrea censura de prensa, se mantuvo el trabajo de los reporteros gráficos, cuya obra constituye hoy un documento conmovedor de una España atenazada, que todavía se lamía las heridas de la guerra. Contrariamente a los fotógrafos oficiales, aquellos sencillos profesionales no tenían el más mínimo interés en disimular los estragos de la realidad, y en la medida en que las circunstancias se lo permitieron, fueron elaborando una especie de reverso de la imagen pregonada desde los despachos de Prensa y Propaganda del Régimen.

Con el Plan de Estabilizacion de 1959, España comenzó a desprenderse de la roña moral de la dictadura. Pese a que la prensa continuó infravalorando la información gráfica, una vigorosa generación de reporteros, herederos directos de la vanguardia documental iniciada en los años cincuenta y sesenta por Catalá-Roca y otros maestros como Masats, Cualladó, Paco Gómez o Miserachs, comenzaron a construir un monumental testimonio de los cambios sociales, políticos y culturales del país y de su esforzada lucha por la libertad perdida. Entre los miembros de esta generación figuran no pocos reporteros de prensa, que nos han dejado un documento luminoso de aquellos años convulsos del tardofranquismo y la transición democrática, entre 1972 y 1983.

Tras la muerte de Franco, la España atávica comenzó a desvanecerse, para convertirse en pocos años en un país industrial y moderno. Tras el fracaso del esperpéntico pronunciamiento militar de febrero de 1981, la democracia pareció definitivamente asentada. Si la primera revolución democrática española había durado un sexenio, entre 1868 y 1874, y la segunda, lo que duró la trémula esperanza republicana, entre 1931 y 1936, el actual periodo democrático está ya a punto de cumplir 30 años. En 1991, tras casi una década de Gobierno socialista, se había consolidado un Estado de bienestar nunca alcanzado hasta entonces. Cuatro años después, el país alcanzó la cifra de 40 millones de habitantes -las últimas estadísticas hablan ya de 44 millones, de los que el 76% vive en las ciudades, y más del 10% ha nacido después de la muerte del dictador.

Tras un cuarto de siglo de democracia, la enseñanza universitaria se ha descentralizado, con 70 universidades diferentes a las que acuden un millón y medio de estudiantes, una cifra superior a la de los trabajadores del campo. Del desolador panorama cultural heredado de la dictadura, España ha pasado a vivir un profundo dinamismo, que se manifiesta en sus indices de edición, en la pluralidad lingüística asumida por el nuevo Estado de las autonomías y en la creación de numerosos museos y centros culturales. En 1990, la presencia laboral femenina se emparejó con la masculina. El desarrollo social del país ha llevado inevitablemente a su secularización. El número de matrimonios civiles ha pasado de 877 en 1978 a más de 80.000 en 2004, mientras que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acaba de reconocer el derecho al matrimonio a las personas del mismo sexo.

Como otros países de su entorno, España se enfrenta ahora a una situación compleja, definida por los efectos de la marginación laboral y social, la preocupante ausencia de nuevas formas de solidaridad, la amenaza del terrorismo internacional, el creciente prestigio de la ética del éxito y el reto de la integración de unos tres millones de inmigrantes, que cada día más van dejando su huella y su presencia en todos los escenarios. Esta nueva España está presente en la obra de escritores, pintores, cineastas y, por supuesto, en la de los fotógrafos, que con su trabajo nos han dejado un deslumbrante fresco iconográfico del país, desde los años difíciles de la transición hasta la frontera de los siglos.

A lo largo de los diversos volúmenes de esta historia gráfica de España que ahora inicia EL PAIS, tendremos ocasión de contemplar la obra de todos aquellos fotógrafos cuyo propósito esencial era el de obtener un recuerdo o un documento, pero dejando en ellos la huella de su propia mirada.
"Ningún arte me habla", ha escrito Antonio Muñoz Molina, "de la parte más frágil y verdadera de mí mismo como la fotografía. De mí mismo y del mundo, del pasado individual y del que comparto con otros y el que recuerdo sin haberlo vivido". En estas fotografías encontramos la imagen de nuestro presente mas cercano, la de nuestros abuelos y bisabuelos, la realidad colectiva de un país que trata esforzadamente de superar los estragos de su historia, pese a las inercias nostálgicas de la derecha más montaraz. El testimonio de las cámaras nos acerca a la realidad social, cultural, deportiva, económica y política de la España del siglo XX, en un gozoso y necesario ejercicio de rememoración que nos permite conocernos a nosotros mismos y al país ya remoto en el que nuestros abuelos amasaron su pan.


FRANCO, DE MANIOBRAS.
El 17 de junio de 1936, un mes antes de la sublevación militar, Franco se retrata con oficiales y jefes de las guarniciones canarias tras unas maniobras y un almuerzo en el monte de la
Esperanza (Santa Cruz de Tenerife). • FOTOGRAFÍA DE ADALBERTO BENÍTEZ

ARRIBA: DESFILE EN CASA.
La televisión empieza a ser la reina del hogar. Una familia contempla el desfile de la Victoria el 1 de abril de 1962. • FOTOGRAFÍA: EFE
ABAJO: LLEGAN LOS BEATLES.
Paul McCartney, Ringo Starr, John Lennon y George Harrison aterrizan en
Barcelona el 3 de julio de 1965. • FOTOGRAFÍA: EFE

ARRIBA: FUTBOL EN EL SEMINARIO.
Internos del Seminario Conciliar, en Madrid, aprovechan su tiempo libre, el 15 de marzo de 1950, para disputar un partido. • FOTOGRAFIA, EFE
ABAJO: LA PROTESTA ES LIBRE.
Primera gran marcha de la transición: 50.000 personas se quejan de los precios el 22 de junio de 1976 en
Madrid. • FOTOGRAFÍA DE CESAR LUCAS

UN TORERO ÚNICO.
El maestro Juan Belmonte, vestido de faena, en el año 1926, en una fotografía perteneciente a la colección de José Luis Mur.
FOTOGRAFÍA DE CERVERA


DESPEDIDA.
Un hombre besa a su niño antes de partir desde la madrileña estación del Norte hacia
Alemania en busca de trabajo, en 1941, en plena y dolorosa posguerra.
 FOTOGRAFIA DE HERMES PATO

ATENTADOS, NO.
Los estudiantes de la Universidad Autonoma se concentran el 15 de febrero de 1996 tras el asesinato de Francisco Tomás y Valiente.
FOTOGRAFIA DE MANUEL P BARRIOPEDRO

LA VOLUNTAD TRIUNFA.
Fue el rey de la bicicleta en los ochenta. La victoria de Perico Delgado en el Tour de Francia de
1988. • FOTOGRAFÍA DE RAÚL CANCIO


La evidencia de la realidad Por Ángel Bahamonde
Vivimos en lo que se llama la sociedad de la información. La era de la imagen. Y esta realidad no puede ser obviada por el historiador. Un historiador que día a día lucha con ideas, palabras y matices para conformar una visión ajustada de presentes acabados en un mundo poliédrico y extremadamente complejo. Entre sus nuevos parámetros metodológicos, la fotografía emerge como herramienta indispensable. Al acabar la Il Guerra Mundial, muchos jerarcas y cuadros dirigentes y militares del nazismo fueron juzgados. El acta de acusación halló un sustento irrefutable en las fotografías y el testimonio de Francisco Boix. Este fotógrafo se hizo profesional durante la guerra civil española, y en el exilio se incorporó a las actividades de la resistencia francesa. Capturado por los alemanes, fue enviado al campo de Mauthausen, donde su calidad de fotograto le llevó hasta los servicios de investigación. Boix revelaba las fotos que realizaban los jefes del campo. Las fotos de la barbarie. Con grave riesgo de su propia vida, Francisco Boix guardó para sí una copia de aquellas imágenes, y cuando el campo fue liberado sacó a la luz una espectacular y espeluznante colección. Dos rotativos franceses de corte comunista la difundieron en parte: el diario Ce Soir y la revista Regards. Miradas. Miradas auténticas sobre una realidad innegable que Boix corroboró al participar como testigo de la acusación en el gran proceso de Núremberg contra los dirigentes de la Alemania nazi, y poco después en el proceso de la sección de crímenes de guerra contra los antiguos mandos del propio campo de Mauthausen.

Una de las fotografías que más me impresionan de la colección de Boix, porque pienso que sintetiza mejor que mil palabras el desprecio por la vida y la dignidad del hombre que imperaba en los campos de la muerte nazis, es la de un prisionero soviético que fue ahorcado con la cuerda que sostenía su pantalón. Aparece colgado con medio cuerpo desnudo y la chaqueta del uniforme de preso. La imagen habla por sí misma, en una terrible soledad. Bien podemos decir que la fotografía como testimonio de una época y como lugar imprescindible para la memoria histórica alcanzó la mayoría de edad en Núremberg.

A ninguno escapa que una foto puede ser intencionada, puede ser utilizada como propaganda. Incluso se trucan las fotos que convienen para crear silencios y ocultar una historia verdadera. Es el caso de la misteriosa desaparición de Trotsky en la historia fotográfica de los primeros tiempos de la revolución rusa, por orden de Stalin. Quizá la foto que está más desprovista de cualquier carga subjetiva sea la foto-reportaje, probablemente la más útil para el historiador en su permanente búsqueda de la precisión y la objetividad. Las fotos intencionadas pueden tener una carga y capacidad narrativa evidente, como el inevitable Beso de Doisneau, y asimismo una carga simbólica: el beso representa la esperanza de futuro de unos jóvenes en una Europa traumatizada tras la II Guerra Mundial. En gran medida, nuestra memoria personal está compuesta por una secuencia de imágenes en las que la fotografía es el soporte básico. Nuestro recuerdo de la guerra civil española probablemente sería distinto sin las fotos de Robert Capa o de Gerda Taro. Capa supo penetrar a la perfección en la psicología de sus protagonistas. Fotos espontáneas, a veces intencionadas, pero que reflejaron con sumo dramatismo el terror de una guerra: de los soldados que la enfrentaban y la retaguardia que la sufría.

Cierto que las fotografías más dramáticas y los ejemplos más visitados, hasta el punto de convertirse en iconos y reconocerse como símbolos de una época, son las instantáneas de guerra. Todavía necesitamos evidencias de que los hombres matan a los hombres. Necesitamos saber cómo. Qué sucede en ese preciso instante en que acaba una vida. Pero la fotografía es elemento indispensable para reconstruir la vida cotidiana de las gentes. Es indispensable para hacer una aproximación a los valores estéticos de una época. También para ver cómo un tiempo histórico se representa a sí mismo. Instrumento, por tanto, esencial para reconstruir las psicologías y las conciencias colectivas.

Minor White dijo: "Las dos únicas características intangibles de la fotografía son el sentido de la presencia y el sentido de la autenticidad del mundo visible. Podríamos pensar que la calidad de lo presente y lo real existe en la medida en que puede ser captado por el objetivo. Pero la fotografía, con toda su carga de realismo, transmite y expresa emociones y conceptos que no se sustentan tanto en la imagen cuanto en los ojos de quien la mira. Mirar una fotografía, siempre anterior a nosotros, siempre anclada en un pasado largo o inmediato, es verter una parte de la frágil memoria personal en la profunda memoria colectiva y social. Mirar una foto es proyectar parte de nuestro presente en un momento en el que sencillamente no existíamos, porque no estábamos allí.

En última instancia, aunque la fotografía sea capaz en sí misma de componer un discurso histórico propio -con una secuencia-, ello no significa que en un futuro el libro, tal como lo hemos concebido hasta ahora, haya de ser sustituido por este nuevo discurso. El historiador seguirá transitando imágenes y palabras, a veces anónimas, a veces secretas, y revelando la verdad que dejen traslucir. Siempre la palabra creará silencios que la potencien, y siempre la fotografía provocará el diálogo entre dos miradas: la del pasado congelado en un instante y la del presente, en el que cada generación interroga al pasado desde sus propios códigos e inquietudes.



El Pais Semanal  Núm. 1.532  Domingo 5 de febrero de 2006