sábado, 28 de febrero de 2026

Hergé Pierre Assouline Destino

Después de hacerse famoso con una biografía de Simenon, estaba claro que Pierre Assouline lo tenía difícil para repetir el golpe. Cuando has contado los hechos y obras del gran patriarca de las letras nacionales, sólo te queda dirigir tu mirada hacia otro icono cultural de la misma categoría. Quizás fuera este pensamiento el que animó al autor a emprender la tarea de indagar en la historia del otro gran belga universal, y no estoy hablando de Eddy Merckx precisamente.


Todos los tintinófilos (la legión completa) tendremos que agradecérselo eternamente, porque esta biografía de Hergé que Assouline publicó en 1996 y que Destino ha traducido al español a finales del año pasado se revela desde la primera página como definitiva, como la biografía de Hergé que servirá de punto de referencia para siempre. El autor no sólo ha contado con el beneficio de los miles de trabajos que le han precedido, sino que ha podido consultar libremente los archivos secretos del historietista, accediendo a informaciones y declaraciones que hasta ahora habían permanecido ignoradas, como es el caso de las transcripciones completas originales de las famosas cintas que Numa Sadoul grabó en 1971 y que, severamente corregidas por el padre de Tintín, acabarían publicándose en el libro Entretiens avec Hergé. Esta biografía no es una biografía dictada por la celosa Fundación Hergé, sino animada por una Fundación Hergé que "me ofreció su ayuda sin reservas ni contrapartidas. Como si sus responsables hubieran estimado que había llegado el momento de extirpar el tumor, de no dejar planear la duda sobre un período oscuro de su vida, y de disipar el malentendido de otra parte de su obra. A lo largo de mi investigación no me negaron su apoyo en ningún momento. Estaban convencidos de que la exposición rigurosa y la revelación más neutra posible de las famosas "verdades que es mejor no divulgar" eran preferibles a la insinuación, la alusión y la sospecha permanente" (pág. 12). La obra reúne, pues, la profundidad documental y la voluntad reveladora, dos herramientas decisivas cuando quien las maneja posee el talento y la experiencia de Assouline.



Pero si para los tintinófilos carecer de este Hergé debería ser equivalente a carecer de La oreja rota, para cualquier aficionado a la historieta se trata de un libro necesario, ya que plantea un apasionante viaje a través no sólo de la vida y obra de uno de los tres grandes fundadores del tebeo comercial moderno en el mundo (junto a Osamu Tezuka en Japón y Jack Kirby en América), sino también a lo largo de cinco décadas del cómic europeo. A menudo, Hergé es simplemente una atalaya desde la que contemplamos el nacimiento de las viñetas en los albores del siglo, el desarrollo de los suplementos juveniles de prensa en entre-guerras, el despliegue del gran cómic franco-belga de posguerra, el duelo de los semanarios que dieron albergue a tantos genios de la historieta europea (y que tanto influyeron en nuestros tebeos bien directamente, bien indirectamente mediante las publicaciones de Bruguera), el cambio de guardia traído por Pilote...

Por supuesto, eso es sólo uno de los argumentos que se desarrollan sobre una pantalla que retrata con enérgica claridad el marco político y social en el que se desarrolla la vida de la comunidad de historietistas. Así, en Hergé viajamos de lo particular a lo gremial, de lo gremial a lo nacional, y de lo nacional a lo universal en trayectos continuos de ida y vuelta, haciendo paradas que no se deben a un cambio de perspectiva. sino al seguimiento de los hilos conductores que unen el tablero de dibujo de Hergé con el traumático final del colonialismo europeo, el ascenso del fascismo, el gran conflicto global o los rencores con los que se reconstruye un país liberado. Resulta así obvio que la presente descomposición de las ideologías se puede detectar incluso en detalles tan aparentemente nimios como la falta de relación de nuestros actuales autores con su entorno, completamente encerrados en un ombligüismo devorador que se sitúa en las antípodas de la relación continua de retroalimentación existente entre Hergé, autor de tebeos juveniles al fin y al cabo, y sus circunstancias privadas e históricas. Mientras que Tintín está en la mitad de las corrientes de su época, nuestro cómic actual parece haberse apeado de ese viaje.

Por supuesto, establecer estas relaciones sólo está al alcance de un investigador ajeno al mundo del cómic, y por tanto a las miserias, insuficiencias, torpezas y limitaciones de los que pasan por críticos o entendidos en este mundillo. Es en ocasiones como ésta en las que más dolorosamente obvia se hace la distancia que separa la risible aportación teórica que ha producido la historieta en su ya larga existencia de la que han producido otros medios. Si es menor el número de grandes obras dejadas por el cómic en comparación con las dejadas por el cine o la literatura, al entrar en el terreno de las obras sobre es cuando resulta escandalosamente obvio que hablar de tebeos es, aún y antes que nada, hablar de entretenimiento infantil y basura comercial. Precisamente es sólo Hergé quien parece capaz de inspirar algo más, pero siempre a investigadores y proyectos nacidos fuera de la comunidad viñetera.

Esa proliferación de exégesis tintinescas no arredra a Assouline (al contrario, le beneficia al darle abundante materia prima de trabajo), que divide la vida de Hergé en tres grandes bloques. El primero, Certidumbres, abarca desde el nacimiento de Georges Remi en Bruselas el 22 de mayo de 1907 hasta su edad de oro", en 1944. Un tabú pesaría sobre el futuro Hergé desde antes de su nacimiento: la identidad del abuelo paterno. Su abuela, Marie Dewigne, fue madre soltera de dos gemelos, Alexis (el padre de Hergé) y Léon, que adoptarían el apellido Remi al casarse Marie con Philippe, un tipógrafo. Marie había servido de doncella con la condesa Hélène Errembault de Dudzede, y a menudo se atribuye orígenes reales (Leopoldo II) o aristocráticos (el conde Gaston) a los vástagos de Marie. En todo caso, será uno de los grandes silencios que pesarán sobre la vida de Georges y que contribuirán, quizás, a producir en él esa inhibición de la que no se librará jamás y que tantas amarguras acabará provocándole.

Asistimos aquí a su orientación hacia grupos conservadores de manera casi involuntaria, a partir de su ingreso infantil en los scouts, que será el ingreso en una cadena que le llevará a un periódico de catolicismo militante, Le Vingtième Siècle, de fácil antisemitismo y donde "uno puede eventualmente perderse una información de política extranjera, equivocarse al montar las columnas, o dejar pasar alguna falta de ortografía o un gazapo. Pero no se consiente el publicar algo relativo a los hábitos, usos y costumbres que hayan sido condenados por los obispos" (pág. 27). Allí recibirá la primera influencia de su vida, una de las más duraderas (no renegará jamás de ella) e intensas, la del abate Norbert Wallez, al que se podría calificar benévolamente de fascistoide. También llegan entonces las primeras influencias artísticas decisivas, a través de los periódicos que remite Léon Degrelle (enviado especial del Vingtième Siécle) desde México, donde el joven Georges se empapa de americanos como Herriman, Dirks, y muy especialmente, el George MeManus de Bringing Up Father. Es en esta época cuando nace Tintín, cuyas dos primeras páginas se publican el 10 de enero de 1929 en Le Petit Vingtième, el suplemento infantil de Le Vingtième Siécle. El éxito de Tintín, cuyo modelo real más aproximado sería el famoso periodista belga Albert Londres, es instantáneo. Los años siguientes, a la par que en Bélgica aumenta la propaganda pro-nazi (a la que no es ajena Le Vingtiéme Siécle), Hergé, "en armonía con las ideas desarrolladas en su entorno" (pág 52) sigue produciendo nuevos álbumes, se casa con Germaine Kieckens en un matrimonio predestinado al fracaso ("Nos casamos por causa del abate, porque nuestras dos vidas se correspondían. Pero nunca sentí un amor loco por Georges. No era de mi estilo" pág. 57), establece contacto con Casterman  (1934) y recibe la segunda gran influencia de su vida, la de su gran amigo Tehang Tehong Jen de la que saldrá su primera gran obra, El Loto Azul. Al mismo tiempo que crece el Hergé artista, brilla más intensa la estrella del totalitarismo en Europa, proyectada en Bélgica en el partido católico reaccionario Rex de Degrelle. Hergé desea pasarse al Pays réel, el periódico rexista, pero su intrínseca tibieza le impide tomar ninguna decisión. La ocupación alemana divide el país en 1940. Este es uno de los momentos clave en la trayectoria de Hergé, que dirigirá Le Soir-Jeunesse, suplemento juvenil de Le Soir, periódico "robado", que es la calificación que la Resistencia aplica a la prensa que sigue publicándose bajo control nazi. Hergé no le da ningún significado político a su postura: "Me dedicaba a trabajar, eso es todo. Como trabajaba un minero, un cobrador de tranvía o un panadero. Pero mientras que se veía normal que un maquinista hiciera mover un tren, los hombres de la prensa eran tachados de traidores" (pág.127). ¿Y cómo va a sacrificar su carrera Hergé cuando está en pleno apogeo? El trabajo se le acumula; además de Tintín (El cangrejo de las pinzas de oro, La estrella misteriosa, El secreto del Unicornio), le llueven los encargos publicitarios, de ilustración y de diseño, y emprende entonces la adaptación de sus viejos álbumes al formato de 62 páginas a color. Para hacer frente a los compromisos, contrata a su primera ayudante, Alice Devos, pero necesita algo más. En 1942 tiene otro de los encuentros decisivos de su vida, con Edgar P. Jacobs, tres años mayor que él.



El segundo bloque, Soledad, cubre desde la Liberación, en 1944, hasta el final de su penitencia por colaboracionista, en 1950. Al igual que a muchos de sus amigos y colaboradores, a Hergé le esperan años de oprobio y persecución, marcado con la infame señal del traidor. Son años no sólo de vergüenza, sino de temor por la vida. Las purgas aplican cadenas perpetuas e incluso penas de muerte a muchos de los camaradas de Georges Remi, que se ve obligado a retirarse de la actividad y cae en un estado de infelicidad del que ya no logrará desasirse durante el resto de sus días. Al rescate del dibujante acuden los jóvenes Raymond Leblanc y Pierre Ugeux, que le restituyen a la vida pública gracias a sus intachables credenciales en la Resistencia y a su interés por utilizarle como mascarón de proa de una nueva revista, el semanario Tintín, que aparecerá el 26 de septiembre de 1946. Así se inicia una dura competencia con las revistas de la época, como Coeurs VaillantsVaillant, y muy especialmente Spirou, donde, además de las aventuras del osado botones, también se publican series como Lucky Luke o Buck Danny. La difícil coexistencia entre Hergé y Jacobs llega a su fin en 1947. Hergé necesita que el padre de Blake y Mortimer le dedique todo su tiempo. Jacobs se lo piensa y acepta con una condición: firmar los álbumes de Tintín a medias. Hergé se niega. 1948 ve el lanzamiento de la edición francesa de Tintín, editada por ediciones Lombard y el joven Georges Dargaud, asociados al 50%. Al mismo tiempo, su distanciamiento de Germaine es cada vez más irremediable. A un amigo le confiará:

-Si tuviera el valor para hacerlo, debería cambiar todo...

-¿Todo, qué?

-Pues todo. Todo... Mi trabajo,. mis amigos, mi forma de enfrentarme a las cosas en general... (pág. 225)

En el tercer segmento Plenitud, vemos a Hergé convertido ya en una leyenda universal. El punto de arranque de esta etapa es el establecimiento de los Studios Hergé en 1950, estudios donde los dos pilares básicos serán Bob de Moor y Jacques Martin. "Bob de Moor sabrá que es su colaborador más próximo el día que comparando dos dibujos idénticos de locomotoras con Tintín como único personaje. Hergé se declarará incapaz de distinguir el suyo de Bob de Moor" (pág. 243). Será precisamente en los Studios donde cambiará su vida, pues gracias a ellos conocerá a Fanny Vlamynck, una espectacular colorista de 21 años contratada en 1956 con la que tardará apenas cinco meses en iniciar relaciones. Mientras la transformación de Hergé en mito cultural se confirma con la aparición del primer libro sobre su obra (Le Monde de Tintín, de Pol de Vandromme, 1959), la vida de Georges Remi es un infierno de mentiras. Durante tres años vive con Fanny sin abandonar a Germaine. La presión acumulada sale a flote en esa metáfora psicológica que es Tintín en el Tíbet (1958), donde se enfrenta a la dolorosa pureza del blanco para purificar su propia alma. Cuando en 1960 se publica el álbum, Hergé se separa de Germaine para irse a vivir con Fanny.

A partir de ahí, y hasta el resto de su vida, sólo le queda recibir, en un proceso paralelo al vivido por Hitchcock, el reconocimiento de la progresía intelectual, que ve en él a un artista donde antes sólo había un artesano, y que saluda con albricias la aparición de la filigrana conceptual de Las joyas de la Castafiore (1963). Pero Hergé ya no da para más. Los nuevos tiempos pertenecen al arrollador Astérix, y sus espaciadas y desangeladas réplicas (Vuelo 714 para Sidney, Tintín y los pícaros) son un deslucido broche para una obra tan monumental. En olor de santidad casi, lamentando no haber podido ser un pintor importante como sus admirados Hockney, Noland, Rauschenberg o Wharhol, reconfortado con el reencuentro con Tchang enb 1981, 47 años después de su despedida, frustrado por sus infructuosos contactos con Spielberg. Hergé muere en 1983 dejando el legado de una vida y una obra cuya influencia y magnitud parecen agigantarse cada año que pasa.

Consideren este resumen únicamente el fugaz trailer de la apasionante historia que es su biografía.

Trajano Bermúdez


U, el hijo de Urich #9 marzo 1998

Minimun wage Bob Fingerman Fantagraphics


Bob Fingerman es un historietista de 34 años que, atraído por las vertientes más impúdicas de la sub-cultura juvenil - pornografía y gore-, se inició como dibujante en revistas sicalípticas de diversa índole, transitó por publicaciones humorísticas de pelaje más bien cochambroso, entró en Fantagraphics por la puerta de Eros, con alguna obra que obtuvo, incluso, buena acogida crítica, recaló en Dark Horse para realizar una extraña pero sugerente miniserie titulada White like she, se arrimó, en busca de sustento, a Marvel y DC con alguna portada pintada y a Cosmic Comics (aquello de Roger Corman) con algunos guiones y, por fin, afrontó la realizacion de una obra mas personal con la creación, de nuevo para Fantagraphics, de Minimum Wage, serie que debuto en el 95 con un tomo de 76 páginas y que se continua actualmente en un comic-book de comparecencia irregular del cual han aparecido cinco números hasta la fecha (recopilados recientemente en un segundo libro).

En Minimum Wage, Fingerman practica una historieta anclada en su realidad circundante. con evidente poso autobiográfico, que como suele ocurrir en este ¿género? es en su mejores momentos perspicaz, sensible o mordaz y, en los peores, autoindulgente y previsible. Lo que cuenta Fingerman es. ni que decirlo, su propia vida; sus personajes, Rob y Silvia, trasuntos del autor y su esposa. Así las cosas. Minimum Wage propone un escenario humano que nos suena mucho: pareja enamorada, que malviven a base de curros poco gratificantes, que se lanzan a la aventura de la convivencia en pareja, que tienen un montón de amigos pelín "freakies"

Sin embargo, el ingrediente que más llama la atención en MW, por su abundancia y por su peculiar tratamiento, es el sexo. En MW hay mucho sexo. Prácticamente no hay numero sin, al menos, una escena sexual, y en alguno, varias (el primer tomo. por supuesto. esta repleto de ellas), los diálogos y monólogos interiores (de Rob, la voz narradora acaban derivando. en las mas de las ocasiones, a algún asunto sexual. Rob (Bob) trabaja (claro) en revistas porno; incluso en un simple paseo de sus personajes por las calles de la ciudad (Nueva York), no deja Fingerman de resaltar los referentes sexuales posibles. El mundo en el que se mueven es, por otro lado, el de un ambiente, no marginal, pero sí poco convencional, (nada que ver con el american way of life, desde luego). Es un mundo de homosexuales militantes, de artistas que practican el malditismo vocacional, de ufanos pornógrafos, performances sado-maso, piercing a mansalva...

De tebeos, también, aunque no tanto como se podría esperar. Tratandose del (auto)retrato de la vida de un joven historietista, no podía faltar un episodio ambientado en una comicon, pero, también entonces prevalece el enfoque crudo y procaz de Fingerman y lo que podría haber sido un típico festival de chistes para iniciados y de apariciones de "artistas invitados" en plan "a ver a cuantos reconoces, lector" (aunque alguno sí sale; Dorkin, por ejemplo) se convierte de nuevo en un escaparate de la conducta sexual de algunos de los personajes de la serie (incluso el inevitable chiste "trekkie" es de indole genital). En fin, el mejor ejemplo del particular uso que hace Fingerman del sexo como elemento destacado de la serie, lo hallamos en el episodio en que se descubre el embarazo de Silvia. La alarma sobre su estado de buenaesperanza se dispara cuando, en plena actividad amatoria de los pechos de ella comienza a manar leche.

¿Poco sutil? todo lo contrario en mi opinión. El talento de Fingerman reside precisamente en que toda esta "tension sexual" casi permanente resulte natural, y a la vez reveladora acerca de las particularidades de los personajes. Oscilando entre lo patético y lo eufórico. el tratamiento del sexo en MW es realista y creíble y dota de personalidad a la obra sin contar con la ética creativa radical e incorruptible de un Crumb, de un Spiegelman, o de un Bagge, pero sin enfangarse en la ciega supeditación comercial del company man, del "currito-feliz-porque-le-pagan-por-jugar-con-sus-heroes-de-infancia", o del cínico que explota un cierto talento innato para descollar en un medio que realmente desprecia.

Fingerman va trazando una carrera, si bien no excelsa, sí honesta e interesante, comparable a la de otros autores de su generación: Terry LaBan (practicante de un inteligente humor en Unsupervised Existence y Cud y hábil guionista comercial en Grendel y en cosas de Vertigo y Dark Horse); Evan Dorkin (humorista acido y alocado en Dork! y en Instant Piano con trabajos comerciales para Marvel - Bill & Ted y Dark Horse -Predator); Bernie Mireault (delicioso e inclasificable creador de The Jam; excelente dibujante y colorista de alquiler para Dark Horse -otra vez Grendel- o DC); y más (Dave Cooper, Jeff Nicholson, Ed Brubaker...).

Fingerman no es Crumb o Spiegelman o Bagge, insisto, como tampoco lo son la mayoría de jóvenes autores alternativos norteamericanos que han ido apareciendo y siguen haciéndolo. cada vez en mayor numero, durante la segunda mitad de esta década. Los Crumb y los Spiegelman y los Bagge escasean, huelga decirlo, en todo el mundo y en cualquier medio. Así que, bienvenidos sean los Fingermanes

Edén


U, el hijo de Urich #9 marzo 1998



Locas Jaime Hernández La Cúpula



Tienes que encuadrar una obra, analizarla o ver en qué niveles se mueve dentro de una serie de parámetros o valores que es deseable que tenga y que estén trabajados, digan cosas, desarrollen lenguaje, etc., etc. y, sobre eso, en tu fuero interno, equiparas, destacas, fulminas o, simplemente, colocas cada tebeo en una casillita del cerebro: mejor que éste, peor que aquél. El dibujo, la narrativa, la construcción de personajes, la solución de situaciones son cosas concretas sobre las que un autor despliega una cierta cantidad de oficio y luego, y mejor. vierte otra cierta cantidad de imaginación o talento. Con arreglo a estas "cantidades", sólo subjetivamente medibles, vamos nosotros y soltamos nuestra parrafada de argumentos, sólo subjetivamente racionales, y concluímos algo sobre la obra que sea.

Pero debería existir otro mecanismo de análisis, otra aproximación a la composición de la obra que permitiera elaborar algo coherente fuera de ese baremo. Porque existe otro baremo donde entran trabajos que valoramos muy (infinitamente) por encima de todos los que sólo nos excitan las calificaciones (subjetivamente) racionales. Me gustaría saber si existen trucos, oficios o aprendizajes que, reducidos a elementos, expliquen por qué algunas obras pasan a encadenarse profundamente en el entramado afectivo real del lector Y, desde ese momento, escapan del todo (infinitamente) al estrecho pasillo de lo medible.

Amor y Cohetes y, de todo ello, especialmente, Locas, abrió, en su momento, la puerta al final de ese pasillo y se instaló en una habitación mucho más amplia y holgada en cuyas paredes ya no hay pintadas escalas. Los personajes que viven a través de esos papeles llegan a ser mas queridos, más reales, mejor conocidos incluso que la mayoría de tus amigos de carne y hueso. Cada nueva entrega remata por todos los flancos la redondez de sus vidas. Esperas la siguiente peripecia como un oráculo y, como con tus mas cercanos y naturales afectos, todo lo que hagan será perdonable, será real, será su vida (y la tuya). Has perdido la distancia, o mejor, la has salvado.

Son posibles y pertinentes todas las críticas, pero no lo quieres fuera de tu vida de ninguna manera. Lo que te da no tiene precio, está, de todo punto, pasado el estrecho pasillo de lo ajeno.

Me da la impresión de que no se podrá, en todo caso, atribuir a una técnica concreta el funcionamiento de este especial tipo de ilusión de realidad. Es cierto que existe una cierta dosis o incluso voluntad de realismo, pero la serie empezó, y ya te metía de lleno en la famosa habitación, plagada de elementos de fantaciencia y tópicos historietísticos que nunca abandonó del todo. Aquí, en Locas, Jaime se centra ya en la crónica de la escena punk de Los Angeles, lo que, evidentemente, está mucho más cerca de nuestras vidas que los dinosaurios, los cohetes y los mecánicos prosolares.

El costumbrismo urbano tendría, claro, que resultarnos cercano, pero mucho costumbrismo funciona también de argumentos torsionados para que parezcan cine y efectos sentimentales por fórmula ampliamente conocidos. Todo esto, por repetición, pierde su virtud y, desde luego, no te deja pensando que tienes que recordar que Maggie y Hopey no existen en realidad.

Así pues, básicamente, son los personajes los que, tal como son, tienen mucho en común con el lector. Habrá que reconocer entonces que el resultado es personal e intransferible, tiene que ver con la generación, con la musica, con buscarse la vida, compartirla con colegas, vivir una etapa especialmente movida (vaya palabra).

Pero, sobre todo, es caracterizar los personajes, no mejor ni peor, sino perfecto. No creo que sea magia ni un don maravilloso o una mente ultrapotente. Jaime Hernández no es Chris Ware. Es dejar a la naturaleza asentarse en su posición más relajada, observar con atención y cariño y, con el tiempo, como en cualquier pandilla de amigos, cada cual adopta un rol al que le llevan su personalidad y la de los demás, acoplando defectos, virtudes y manías para, simplemente, vivir la vida. Y a uno de ellos lo interiorizas más (o a varios), pero todos tienen sus razones. No puede sobrar nadie como no sobra en la vida. Ninguna trama, ningún giro es erróneo. Sobran sólo en las fórmulas. Como decía Renoir, lo malo de la vida es que todos los personajes tienen sus razones.

Podríamos criticar la forma de publicación del material, pero para qué. Dado de lo que se trata. la recepción fragmentaria y los flashbacks dispersos, la ignorancia de etapas, es otra forma encantadora de disfrutar la lectura con un punto de fascinación valioso. Yo. desde luego, de todo lo que llegaba de tebeos, siempre leía primero Love & Rockets. Y, desde luego. Jaime. Y, desde luego, Locas. Y siempre era poco.


Entique Vela


U, el hijo deUrich #9 marzo 1998

Tic tac

Amigo lector, ¿tienes algo de tiempo para disfrutar del contenido de este volumen que es más que el catálogo de una exposición?


José Luis Vidal

26 de febrero 2026 


Y te darás cuenta desde el momento en el que abras sus páginas y te sumerjas en ellas.

El autor de estas es Antonio Hitos, uno de los autores españoles con un universo gráfico y narrativo más personal que, en marzo de año pasado presentó en la biblioteca Ignasi Iglésias-Can Fabra una exposición dentro de los eventos a celebrar en el festival Graf.



Ficha

Cómic radical

Autor: Antonio Hitos

Tapa dura

Blanco y negro

280 págs.

22 euros

Astiberri

Pues bien, este libro de pequeño formato es el resultado de aquella muestra, y su contenido nos lleva a transitar por una de las principales virtudes, por no decir la mejor, del cómic como medio de narración.

Y es que, como podrás observar, esta obra está compuesta por breves historietas, que cuentan con cuatro viñetas, y en las que el autor onubense va a hacer que traspasemos, casi sin darnos cuenta, ese recuadro llamado viñeta, y una vez en el interior, observemos como un invisible reloj marca el tempo de la narración, saltando de un recuadro a otro, y mostrando y demostrando que el autor de cómic posee en su mano un invisible instrumento con el que puede acelerar o ralentizar la acción que quiere narrarnos.

Para ello, en este caso particular, Hitos se lanza de cabeza a la raíz de esta cualidad, y presentándonos a su personaje, nos traslada a lo cotidiano, sin pretender nada más y nada menos que enseñarnos su capacidad a la hora de crear esa 'magia' que hace que el cómic, como medio narrativo, sea uno de los más completos, ya que en él, una sola persona, sin el soporte de nadie más, tan solo con un lápiz y un papel, es capaz de construir una historia, transportarnos a otros mundos, diferentes realidades…

Y así, a medida que vas a ir pasando las páginas de este volumen, acompañarás a su protagonista en instantes tan íntimos como la caída de de la hoja de una planta, la búsqueda de un buen plano para hacer un selfie, o cómo la luz del sol no deja disfrutar de la lectura.

Este periplo lo vas a realizar de manera totalmente inconsciente, y todo ello gracias a lo magistral del trazo de Antonio Hitos que, acostumbrados como nos tenía en toda de su obra hasta el momento a línea limpia, aquí opta por un trazo diferente, menos depurado, que no por ello pierde efectividad, donde con un simple trazo es capaz de emocionarnos al mostrar el movimiento de una tabla de skate, o esa lágrima que surge del ojos de su protagonista.

Pero esto no es todo lo que vas a encontrar en este libro, ya que el propio Hitos abandona el lápiz por unos momentos para disertar sobre el tema que protagoniza su exposición y el contenido de este volumen.

Y es que sí, querido lector, mientras has disfrutado de la lectura de este libro algo ha ocurrido y tú también has formado parte de la experiencia que demuestra cómo el tiempo, esas invisibles manecillas, avanzan dentro de las viñetas.


Diario de Cadiz


viernes, 27 de febrero de 2026

Oh, Wow by Adam Hugues

 
















Azoth Enrique Bonet Art Brook's, Jesús Saiz, Zaragoza y Eduardo Camaleón


Si existe un género realmente difícil de concretar en un tebeo. éste es el del terror. Los condicionantes del medio obligan a dominar toda una panoplia de mecanismos narrativos y recursos gráficos si se desea causar cierta sensación de inquietud -no digamos ya horror- en el lector. Sea dicho de antemano, los artífices de Azoth no se encuentran entre el grupo de elegidos capaces de ello.

Bajo esta cabecera se han distribuido en nuestras librerías tres cuadernillos de portadas ominosas. Los mismos agrupan un conjunto de historietas autoconclusivas de extensión variable y construídas en torno a posesiones demoníacas, descensos a los infiernos, genocidios, demostraciones de vampirismo postmoderno y la martirología como medio de adquirir el placer. Todo ello aderezado con la pulsión adolescente de una identidad sexual aún por definir que encubren las diferentes formas de dominio catalogadas en sus páginas. Con estos elementos Art Brook's hilvana unos guiones vacuos, repletos de tópicos, lugares comunes y diálogos pretenciosos que creen ser crípticos cuando únicamente confunden aún más la lectura de unas historias anodinas que ponen en evidencia una asimilación deficiente de las novelas de Barker y Rice, los primeros arcos argumentales de Sandman y alguna película de Ferrara.

En cuanto al apartado gráfico, Jesús Saiz se preocupa por crear la atmósfera requerida para el género, sin conseguirlo plenamente. Aunque en el primer número se encuentra cerca de ello, aún no posee el dominio de luces y sombras requerido para tal empresa y -lo que es más importante- sus dotes para el dibujo no se ven acompañadas por un sentido narrativo muy depurado. Esta lacra se hace más evidente en las confusas escenas de acción que nos regala. Si a ello unimos un deficiente tratamiento de la expresión facial -muy cercana al estreñimiento perpetuo de los personajes de Liefeld- hemos de concluir que a Saiz aún le queda un largo aprendizaje como historietista, aunque cabe reconocerle madera para expresarse en el medio. En el tercer número su labor se ve acompañada por la de J. Zaragoza y Eduardo, aún más verdes y -a juzgar por lo demostrado- con menos habilidades artísticas que él.

Se ha convertido en común el comentario de que Azoth es un tebeo que recupera el espíritu que animó las publicaciones del malogrado Toutain, tópico fomentado por los propios autores al dedicarle su primer número. (Curioso, nadie parece haberse fijado en la dedicatoria a Jack Kyrby -sic- del tercero. ¿Habrá en la carrera del Rey algo que se me escapa y por ello no entendí de qué van las historias que contiene? ¿Una de ellas no es un plagio descarado de una de Gaiman?) Aunque superficialmente pudiera parecer así, la realidad es que los productos ofrecidos por el editor y agente catalán gozaron siempre de una calidad media que Art Brook's y Jesús Saiz ni siquiera rozan con las yemas de los dedos. En cualquier caso pueden sentirse orgullosos.

Con el homenaje tributado a Filstrup han conseguido que recordara con nostalgia al entrañable Creepy.

Eduardo García Sánchez


U, el hijo de Urich #9 marzo 1998



Simpson Comics Varios autores Ediciones B


Mucho se ha escrito sobre la vocación de francotirador de Matt Groening. Desde la serie de televisión de sus desbarbilladas criaturas amarillas o desde la tira de prensa semanal Life in Hell, Groening ha disparado contra todo lo que le es sagrado al americano medio. Pero. ¡es que es tan fácil escandalizar en Estados Unidos...! ¿Que no me creen? Baste citar la columna firmada por Groening que aparece en el número 3 de la edición española de Simpson Comics, en la que se cuenta con pelos y señales cómo unos críos de una escuela primaria de Carolina del Sur no pudieron, como pretendían, bautizar su colegio con un nombre tan inofensivo como Escuela Primaria de Springfield porque ¡ése era el nombre de la escuela de Bart Simpson! Incluso las autoridades locales (las de siempre, o sea, el alcalde, el cura, el cabo de la Guardia Nacional, ya saben a quiénes me refiero) no tuvieron empacho alguno en aparecer en medios de comunicación justificando su decisión de no aceptar el nombre de Springfield en nombre de, lo han adivinado, los valores morales y esas cosas. Como dice el mismo Groening en otra de sus columnas (número 7 de Simpson Comics, edición española) "irritar a los irritables tiene un sabor muy agradable."

Mucho se ha escrito también sobre la millonaria (en audiencia y en metálico) serie televisiva y sobre su abrumador éxito: se emite en decenas de países (bueno, aquí la pone Antena 3, o sea que como si no) y ha propiciado un merchandising tan avasallador que ríase usted de Hombres Murciélago. Bart Simpson sí que es mas famoso que Jesucristo (jódete, John Lennon). sus frases se ponen de moda y la serie acapara premios

Algo menos, sin embargo, hemos podido leer sobre la serie de tebeos que edita Bongo Comics en su país de origen y aquí Ediciones B. La primera pregunta que uno se plantea es, obviamente. si el tebeo es tan bueno como su progenitor televisivo. Bueno, pues no. No me entiendan mal. en principio cualquier cosa que venga avalada por la familia mas amarilla de Pistado.

Unidos merece una lectura e incluso una compra, porque siempre hay grandes posibilidades de que aparezca alguna de esas perlas que son de rigor en la serie de televisión. Pero mientras que la mayoría de los episodios de la serie mantienen una calidad regular y constante, y los que se salen de esta norma lo hacen por arriba, lo de los tebeos es algo muy distinto. La irregularidad es en este caso la norma.

Aunque suponemos que a estas alturas Matt Groening estará demasiado ocupado contando el número de retratos de George Washington enmarcados en verde que le ha dado su creación, desde el principio su desvinculación de Simpson Comics ha sido notoria. reduciendose a firmar las portadas, escribir una columna que a veces deja trascender un tufillo progre que ya desprendían las planchas mas flojas de El Libro de Amor de Binky, recopilación de Life in Hell aparecida hace un par de años aquí en la que comenta lo que le viene en gana, eso si, muy enrolladamente, y a aparecer en los créditos como publisher de Bongo Comics. Matt Groening es ya como Walt Disney, Stan Lee o Hergé, una marca de fábrica.

Hasta el número 6 de la edición española (de la que hablaremos más adelante). el nivel de la serie es más que aceptable, tanto literario como artístico. Tiene mucho que ver, imaginamos, que son en los que están implicados de una u otra manera Steve Vance y Bill Morrison.

Pero como suele ocurrir en otras editoriales americanas que tienen entre manos personajes de éxito, pronto los autores dejan de tener importancia para la editorial y el énfasis se desplaza hacia el producto, confiando en que venderá igual porque lo verdaderamente importante es eso. el producto. Bongo Comics no es una excepción, por muy enrollados y rocanroleros que seamos. Así, a partir del número 7 comienza un desfile de dibujantes y guionistas muy conocidos en su casa a la hora de comer (o quizá sea ignorancia del que esto firma) que conducen la serie lenta pero resueltamente hacia unos abismos grfticos y literarios, pero sobre todo gráficos, que no habíamos visto desde la ultima vez que abrimos un tebeo de los Extreme Studios (elijan ustedes mismos).

Hacia el numero 15 la cosa se endereza mas o menos, de hecho más bien menos. pero a estas alturas ya no se puede pedir mucho y sigue un ritmo tambaleante, con apariciones esporádicas de Bill Morrison escribiendo guiones hasta de momento el numero 22, el último que ha aparecido a la hora de redactar esta reseña. Pero afortunadamente están los flip-books que acompañan a todos los números (exceptuando el numero 6). rinconcitos donde Matt Groening (bueno, es un decir) y los suvos pueden dar rienda suelta a su particular manera de entender algunos generos clasicos y al normal mente patetico (en este mundillo constantemente autorreferencial) ejercicio de homenajear.. ¿O no? Pues no. Sucede exactamente lo mismo que con la serie, a saber: los de los primeros números como Historias Terroríficas de Bart Simpson en el número 1. Krusty, Agente de P.A.Y.A.S.O. en el 3, McBein Comics en el 7 o, sobre todo, Las Escabrosas Aventuras de Busman en el 4 y Las Desdichadas Historietas Románticas de Patty y Selma en el numero 2 son estupendas, mientras que otras cosas (y queremos decir cosas como Historias de la Terrible Guerra en el número 12 o Los Comics Abusones de Jimbo Jones: en el 13 y muy particularmente esa cumbre del espanto que es Homer en la Sierra en el 11 son espeluznantes. Así. Sin paliativos. Desde el número 19 y hasta el 24 se han publicado las cuatro partes de Roswell. las aventuras del hombrecillo verde (bueno, ya se saben la historia del platillo volante que se estrelló en Roswell. Nuevo Méjico, ¿no?), con guión y dibujo de Bill Morrison que, si bien es una tontada, al menos los diseños tanto de personajes como de lugares son encantadores y el nivel gráfico supera en varios puntos al de la historia principal.

La edición española, para que no se diga, sigue el modelo titubeante del tebeo. Por un lado, parece que en Ediciones B se han preocupado por respetar la edición americana, y ciertos detalles como utilizar la fuente original para el rotulado. la inclusión de la columna de Groening o la publicación de los flip-books avalan esta teoría. Luego están los inconvenientes. Hallazgos de los traductores de la serie de televisión como "¡Mosquis!" o "Multiplícate por cero", lenguaje que se identifica plenamente con los Simpson se quedan en el tebeo en expresiones ramplonas como "Súpeer" o "Tope" o cualquiera de sus equivalentes, haciendo que Bart Simpson hable como los guionistas de Médico de Familia creen que hablan los jóvenes enrollados.

Pero lo mejor, con diferencia, lo encontramos en las páginas del correo. Mientras que la serie de televisión de Los Simpson se emite en su país en, como se dice ahora, prime time, aquí la siguen relegando a las horas más intempestivas de la programación infantil, sin darse cuenta de que que se trate de dibujitos no quiere decir necesariamente que se trate de un espacio para niños. Claro que lo de la emisión de Los Simpson daría para varios especiales de U, así que dejémoslo. Pero es que los responsables del tebeo siguen por la misma senda, y eso da que pensar.

Si desde el principio en Ediciones B han concebido Simpson Comics como un producto dirigido al público infantil no hacía falta molestarse en, por ejemplo, reproducir las columnas que escribe Groening, que están repletas de referencias a Frank Zappa, Gary Panter o Richard Nixon. La experiencia de leer completo un correo fluctúa entre el sonrojo vergonzante y los espasmos nerviosos. No es que sea verdaderamente importante, pero es un dato más que muestra que aquí Los Simpson no se entienden. Ya que no hay más remedio entendemos que el correo esté dirigido exclusivamente a los niños, pero ¿de verdad es necesario que esté escrito como si lo hiciera el hijo de Leticia Sabater y Joaquín Luqui? Una perla: "Y nosotros volvemos [...] dispuestos a dar caña a vuestra mente adormecida por los villancicos. ¡Juerga y cachondeo! ¡Marcha y carcajadas! ¡Jolgorio y escarnio (sic)! Allá '. Y una más: "Y, aquí se acaba mi rirrrollo, troncosss y troncasss... y todos los coleguis de mi corazón." Vale, dabuten.

Más cosas: la publicidad sugiere que la colección es quincenal. Dado que en Estados Unidos es bimestral, ¿qué van a hacer cuando alcancen la numeración americana? Y otra pregunta, aunque ésta obedezca más a una necesidad personal, ¿para cuándo nuevas recopilaciones de Life in Hell?

Si de verdad quieren comprarse algún tebeo de Los Simpson, háganse con El Hombre Radiactivo o los tres números de Krusty Comics. O esperen a que la colección regular recupere el pulso. Claro que lo mismo les daría ponerse debajo de un olmo a esperar a que caigan peras.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #9 marzo 1998