jueves, 9 de julio de 2026

Tras las huellas de Blueberry

Historietistas europeos rinden homenaje a uno de los iconos del cómic europeo, en un álbum colectivo que celebra el sesenta aniversario de la publicación de su primer álbum, ‘Fort Navajo’.


Julián Ruesga Bono

05 de julio 2026





La ficha

Tras la pista de Blueberry. Varios autores. Norma Editorial. Barcelona, 2026. Tapa dura, 23,5 x 31 cm, 128 páginas. 29,50 euros


Blueberry es una serie de culto en el cómic europeo. El año pasado celebró el 60 aniversario de la publicación de su primer álbum, Fort Navajo. Este western apareció por primera vez por entregas en la revista Pilote en 1963 y fue publicado como álbum por la editorial francesa Dargaud en 1965. Desde entonces, varias generaciones de lectores en todo el mundo han seguido sus andanzas, haciendo de él un icono del cómic de aventuras.

Escrita por Jean-Michel Charlier (1924) y dibujada por Jean Giraud (1938), Blueberry comenzó como un western clásico que jugaba ingeniosamente con las convenciones del cine del oeste. Su popularidad y relevancia cultural han seguido creciendo a lo largo de seis décadas, atrayendo y ganando un público de diferentes generaciones. En España lo comenzó a publicar por entregas Bruguera, en la revista Bravo, en 1968, y desde aquel momento sus aventuras han pasado por diferentes revistas y editoriales.

Jean Michel Charlier ya era un destacado guionista en 1963, –creador de series de éxito como Buck Danny, Barbarroja y Michel Tanguy– a la vez que redactor jefe de la revista Pilote. En Blueberry, destaca de nuevo su talento como narrador y su capacidad para construir complejas tramas que se desarrollan a lo largo de varios álbumes manteniendo un ritmo trepidante.

Jean Giraud, Moebius, entretanto, alcanzó rápidamente un alto nivel de madurez. Fue perfeccionando su estilo gráfico álbum a álbum, adquiriendo un admirable sentido espacial, con cuidados encuadres y disposición de viñetas, al servicio de la composición de las páginas. Su dibujo y la delicadeza de sus fondos alcanzarán un nivel de virtuosismo sorprendente que influirá en posteriores generaciones de ilustradores, convirtiéndose en uno de los grandes maestros del cómic.

Además de las bondades y logros técnicos, el éxito popular de la serie reside en el carisma del personaje que Charlier y Giraud construyen: teniente de caballería del ejército de EUA, desertor después, algo cínico y amigo de los nativos norteamericanos. El medio centenar de títulos publicados, divididos en varios arcos argumentales, abordan cada uno de ellos diferentes periodos de la vida y aventuras del personaje. La serie inicial y centro de las aventuras –Teniente Blueberry– se vio ampliada por una precuela –La juventud de Blueberry–, un spin offMarshall Blueberry– y el tramo final de la serie, después de la muerte de Charlier, guionizado también por Giraud, Mister Blueberry. Varios años después de la muerte de Giraud, en 2019, Dargaud volvió a retomar el personaje, esta vez con guión de Joann Sfar y dibujo de Christophe Blain, Rencor apache, volviendo a situar a Blueberry en los años de Fort Navajo. Para este año se espera la publicación de un nuevo volumen. La rentabilidad económica de la serie es evidente y parece que Dargaud no la va a desperdiciar.

Precisamente Dargaud le dedicó el pasado año un álbum tributo, Tras la pista de Blueberry, que ahora se publica en España. En el álbum participan un grupo de reconocidos historietistas del cómic europeo, especialmente del western, con relatos cortos e ilustraciones que ofrecen nuevas perspectivas del personaje. Cada una de las historias transcurre en diferentes momentos de la vida de Blueberry. Desde su infancia hasta su tranquila jubilación, catorce relatos inéditos de no más de ocho páginas, en su mayor parte ambientados entre dos álbumes de la serie, antes o después de alguno de sus episodios. En cada relato comparte viñetas y aventuras con otros personajes habituales de la serie: Red Neck, McClure, Chihuahua Pearl, el coronel Vigo, nativos americanos, mexicanos, jugadores de póker y el vasto paisaje de Arizona y Nuevo México, un elemento visual fundamental en la puesta en escena de las historias.

El álbum comienza con un prefacio del editor, introduciendo el álbum, donde presenta a Blueberry como un antihéroe: díscolo, testarudo y algo bebedor. El volumen también incluye breves testimonios de los autores que participan en el proyecto. En párrafos cortos, que preceden a las historias que han creado, reflejan recuerdos de su primer encuentro con las aventuras de Blueberry y comentan los álbumes que más les han influenciado. La mayor parte de ellos subrayan su admiración por la serie y sus autores y reconocen lo mucho que han aprendido sobre su oficio con el trabajo de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud. Para los lectores del personaje será un auténtico placer descubrir los otros Blueberry que aporta este volumen.

Tras la pista de Blueberry es un atractivo homenaje a un personaje único del cómic y a sus sesenta años de historia; a la vez que un recordatorio de sus contribuciones: un héroe que envejece, un western que trastoca los clichés del género, un narrador heredero de la tradición francesa de novelas de aventuras, un dibujante que alcanza un nivel de virtuosismo excepcional y, sobre todo, una galería de autores contemporáneos que siguen sus pasos, mayoritariamente masculinos: veintiocho hombres y una mujer, Anlor, dibujante del excelente western femenino Ladies With Guns.

Habría que destacar la presencia en el álbum del ilustrador jerezano Alberto Belmonte dibujando una de las aventuras y la portada de Matthieu Lauffray, además de la galería de ilustraciones con la que concluye el volumen a cargo de autores tan relevantes como Milo Manara, Stefano Carloni, Lu Ming, o Ralph Meyer. Entre los historietistas participantes, Anlor, Dominique Bertail, Michel Blanc-Dumont, Olivier Bocquet, Blunch, Vincent Brugeas, Alexandre Coutelis, Fred Duval, Jérôme Félix, Paul Gastine, Goossens, Jean Mallard, Enrico Marini, Mathieu Mariolle, Thierry Martin, Matz, Félix Meynet, Vincent Perriot, Corentin Rouge, Olivier Taduc, Ronan Toulhoat, Jean-François Vivier y Philippe Xavier.


Diario de Cadiz


miércoles, 8 de julio de 2026

Dos mujeres y un destino

Pese a las férreas convenciones sociales y religiosas, el amor de esta pareja se mantuvo vivo siempre


José Luis Vidal

04 de julio 2026 


Hay historias que a menos que alguien las haga públicas por cualquier medio permanecerán prácticamente en el olvido. Este podría haber sido el caso de las vidas de Charity Bryant y Sylvia Crake, dos mujeres que desde prácticamente el día que se conocieron y sus miradas se cruzaron, sin ella aún saberlo, surgiría una increíble historia de amor que uno de los grandes nombres del Cómic internacional se ha encargado de llevar a las viñetas en su último y, por qué no decirlo, espectacular trabajo.



Ficha
Charity y Sylvia

Autora: Tillie Walden

Tapa blanda

Color

276 págs.

29,90 euros

Ediciones La Cúpula


En nuestro país la autora estadounidense Tillie Walden es de sobras conocida gracias al trabajo editorial de La Cúpula y en esta, su nueva novela gráfica, coge la mano al lector o lectora, proponiéndole un viaje al pasado que comienza en el año 1807 en Weybridge, Vermont.

En esta localidad se va a dar un hecho, un inesperado encuentro entre las protagonistas, dos mujeres que entre el barullo de la numerosa familia de una de ellas, se darán cuenta que algo nace, un sentimiento irrefrenable que luchará contra todo y todos por que aflore en unos tiempos en los que, como ya todos podréis imaginar, el amor entre dos mujeres era considerado como poco un pecado mortal que te llevaría de cabeza al infierno…

Pasará el tiempo y, al fin juntas, acurrucadas en una pequeña cama, además de su amor, compartirán las duras condiciones de vida en aquella ya lejana época. Poco a poco, la habilidad como costurera de Charity la hará necesaria en una comunidad que mirará hacia otro lado, aceptando el hecho de que estas dos mujeres vivan su 'amistad'.

Sumergirse en la lectura de esta densa obra es una experiencia única. Tillie Walden se ha apartado completamente de su modo de narrar y, con una rejilla de doce viñetas de igual tamaño, va a volver de demostrar su talento, ya que llegará el momento en el que el relato obligue a la autora a realizar una composiciones de páginas útiles para que el relato avance y que gráficamente son una auténtica delicia. Si tuviera que quedarme con unos capítulos, serían aquellos en los que la autora realiza un repaso a la existencia de ambas mujeres desde sus nacimientos hasta justo el momento antes de conocerse. Increíble.

Argumentalmente, me gustaría destacar un hecho que va a sobrevolar el relato de principio a fin, y es el de la muerte. La dura vida en aquellos tiempos, las inclemencias del tiempo (como mejor ejemplo una cruel nevada en pleno verano) y los pocos medios en el apartado médico harán que veamos como docenas de familiares o conocidos perezcan a lo largo del argumento, ya sea por enfermedad o accidente.

Y ya que nombro a los familiares, la autora ha investigado a fondo por todos los medios disponibles a su alcance, introduciendo en la historia la relación de Charity con su sobrino William, escritor, o la de Sylvia con Acsha y su desgraciado destino, hecho este que marcará la mujer de por vida.

Habrá discusiones, comentarios en voz baja, momentos duros y dolorosos, debilidad, pesadillas y enfermedad. Pero el amor con mayúsculas de Charity y Sylvia resistirá hasta el final de esta increíble historia de amor.


Diario de Cadiz


martes, 7 de julio de 2026

La zona sombría de la moral y el cruel anhelo del bien


El buen samaritano (1647), de Balthasar van Cortbemde. Wikipedia

La nueva edición de Etica de la compasión reúne muchas obsesiones de Joan-Carles Mèlich: la finitud, la gramática heredada, el deseo y la ambigüedad de las decisiones

Por Use Lahoz

Hay una frase de Joan-Carles Melich, incluida en el prólogo de esta edición de Etica de la compasión, que podría resumir buena parte de su trayectoria filosófica: "Para un ser finito no hay posibilidad de existir en una calma total sin desprenderse de un pasado que nunca esta definitivamente cancelado, de un presente que no se reduce a la actualidad ni de un futuro que se vislumbra borroso en el horizonte. Ninguna existencia puede evitar la extraña sensación de la disonancia". Este ensayo, publicado originalmente hace más de una década en la editorial Herder, regresa hoy en una edición revisada para afirmarse como una de las obras filosóficas más singulares del pensamiento español contemporáneo. Desde La lección de Auschwitz, donde la barbarie del siglo XX se convertía en punto de partida para pensar los límites de toda pedagogía moral, hasta Filosofía de la finitud, La sabiduría de lo incierto, Lógica de la crueldad o La fragilidad del mundo (Premio Nacional de Ensayo 2022), Melich lleva décadas construyendo una filosofía de la vulnerabilidad, de la contingencia y de la sospecha frente a cualquier sistema moral demasiado seguro de sí mismo. Lo humano no comienza en la autonomía, sino en la dependencia, y Ética de la compasión condensa esa intuición. Ya en el prólogo, Melich afirma que toda ética que sitúe la finitud en su centro requiere necesariamente de compasión.

Para el filósofo catalán, la ética no tiene que ver con el qué, sino con el cómo, el cuándo, el dónde, el quizá. La distinción entre ética y moral aparece enseguida con la claridad que caracteriza su obra. Si la moral está formada por normas, códigos, hábitos, mandamientos, reglas de decencia y gestos propios de una cultura concreta en un momento determinado, la ética, en cambio, nace de las situaciones irrepetibles de la vida ordinaria; depende de la imprevisibilidad, de las relaciones, del encuentro con un otro cuya demanda nos obliga a responder sin saber nunca del todo qué responder.

No es casual que dos de los grandes interlocutores filosóficos del libro sean Arthur Schopenhauer y Emmanuel Levinas. Del primero hereda la compasión como reconocimiento del sufrimiento compartido; del segundo, la idea de que el otro comparece antes como exigencia que como concepto.

Pero Mèlich no se limita a la filosofía. Como en libros anteriores, vuelve a la literatura, a la poesía y al relato bíblico. En este caso, al episodio del buen samaritano del Evangelio de san Lucas. Lo revolucionario de la parábola no es solo que alguien ayude a un desconocido herido al borde del camino, sino que el prójimo deja de ser una categoría previa -definida por raza, religión o nación— para convertirse en aquel que se acerca y responde al sufrimiento concreto. De los tres caminantes, solo uno responde. Y lo hace sin cálculo, sin garantía de reciprocidad. Ser ético, para Mèlich, no consiste en actuar bien, sino en actuar sabiendo que nunca actuamos del todo bien".

Uno de los conceptos más sugerentes del ensayo es el de "gramática". La gramática heredada designa el conjunto de palabras, hábitos, sim-bolos y estructuras que recibimos antes incluso de elegir. Nadie comienza de cero. Pero vivir, para Mèlich, significa también desertar parcialmente de esa gramática. Aquí aparece la extraordinaria cita de Paul Celan: "Solo si soy desertor soy fiel". Desertar de lo heredado puede ser, paradójicamente, la única forma de honrarlo.

Otro gran tema del libro es el deseo. Somos seres finitos con deseos infinitos. El deseo está siempre a favor de la vida. No hay hombre que viva sin soñar despierto. En esa tensión entre realidad y deseo, entre lo heredado y lo posible, entre la gramática y su ruptura, se juega buena parte de la existencia.

No menos luminoso resulta el diálogo con Rainer Maria Rilke. Al comienzo de la cuarta de sus Elegías de Duino, Rilke escribe: "Somos conscientes a la vez del florecer y el marchitarse...". El pasaje le sirve a Mèlich para distinguir entre experimento y experiencia. El experimento pertenece al ámbito del control: cuando todo sucede como estaba previsto, en realidad no sucede nada. La experiencia, por el contrario, pertenece a lo imprevisible, a aquello que interrumpe nuestros cálculos y nos transtorma.

Apoyado también en pensadores como Ernst Bloch, Helmuth Plessner, René Descartes e Immanuel Kant, y acompañado siempre por escritores como Franz Kafka, Samuel Beckett o el propio Rilke, Melich argumenta brillantemente que toda moral posee siempre una zona sombría, que los decálogos crean inevitables espacios de exclusión y que el anhelo del bien puede adquirir formas de crueldad. La ética de la compasión que defiende Melich se aleja de las morales tranquilizadoras y nos obliga a cuestionar nuestras convicciones, nuestros prejuicios, nuestra idea misma del bien. Acechados por la inhumanidad y el dolor, la ética aparece allí donde una demanda ajena nos desestabiliza y nos obliga a responder. Decía Ludwig Wittgenstein que si un hombre pudiera escribir un libro de ética verdaderamente ético, ese libro destruiría como una explosión todos los demás libros del mundo. Es un debate sin tregua en el que Etica de la compasión nos recuerda que, antes de cualquier teoría, fuimos - y seguimos siendo-seres heridos en manos de otros. Y lo hace, además, con una rara claridad, sin exhibición erudita, sin solemnidad académica, con esa prosa limpia y melancólica que distingue a Mèlich y que convierte la lectura en un ejercicio casi compulsivo de subrayado.


Ética de la compasión

Joan-Carles Melich

Tusquets, 2026

320 páginas. 21,90 euros



Babelia Núm. 1.803 Sábado 13 de junio de 2026



Hiro y los samuráis

La cuenta atrás ha comenzado, y el joven protagonista de este cómic deberá huir junto a sus robóticos amigos


José Luis Vidal

03 de julio 2026 


Tras un fundido en negro, han pasado cinco meses desde que vimos por última vez a Hiro, y ahora las cosas parecen haber cambiado, ya que además de la ayuda de Sheru y Kombini, la presencia de un nuevo robot aparece en escena, pero la timidez de este tan solo le hará intervenir en el momento más peligroso para el niño.



Ficha
Yojimbot. Acto 2. Noche de herrumbre.

Autor: Sylvain Repos

Tapa dura

Color

160 págs.

25 euros

Nuevo Nueve


Pero esta no es la única novedad dentro de la historia, ya que alguien al que llaman el Derechohabiente, cuya cabeza tiene precio, está acompañando al chico. Pese a su aspecto, en su interior, camuflado, hay alguien muy importante en la vida de Hiro, cuyo único propósito es que este pueda huir sano y salvo de la isla.

Lo malo es que uno de los villanos de la función, Kozaki, pese a haber sido prácticamente cortado en dos por la afilada katana de Sheru, ha sobrevivido gracias a la experiencia y conocimientos científicos de Topu, cuyo único objetivo es borrar de la faz de la tierra al grupo de huidos.

Es por esto que, como ya ocurrió en el primer volumen de esta historia, el camino hacia la libertad va a ser muy peligroso, y pese a que Hiro y compañía hacen lo que pueden para ocultarse y no llamar la atención, Topu cuenta con un auténtico ejercito de drones que buscan a lo largo y ancho de la geografía del lugar, tratando de dar con el paradero de los fugitivos.

Mientras tanto, la relación entre el niño y los robots-samurai se irá haciendo más y más estrecha, tratándolos como si fueran personas reales, pese a que Derechohabiente no parece estar muy a favor de esta 'amistad', y sabe que va a sacrificar a cualquiera de esos robots si con ello consigue que el chaval salve la vida.

Lo malo es que Kozaki, ahora transformado en un ciborg sediento de sangre y venganza, les va a poner las cosas muy difíciles…

Esta segunda entrega de Yojimbot cuenta con todas las virtudes de la primera. Una historia que fascinará a todos y todas aquellas que sean amantes del universo de los samuráis nipones, representados a aquí por un grupo de robots que, pese a tu mutismo, son de lo más expresivos. Y lo van demostrar tanto con sus movimientos como con la extrema habilidad que poseen a la hora de desenvainar su katana, o cualquier otro tipo de arma a la hora de defender al desvalido Hiro.

Por si esto fuera poco, en el apartado gráfico impresiona el espectacular trabajo del autor de este cómic, Sylvain Repos, que parece padecer una maravillosa 'afección', horror vacui, que le hace llenar de detalles todas las viñetas, por los que es un auténtico gustazo realizar un paseo por estos abandonados paisajes, este parque temático en el que la única vida que ha habido ha sido la de sus artificiales habitantes, la comunidad robótica.

Y por si todo esto no fuera lo suficientemente sugerente, el final de esta segunda entrega, un tremendo cliffhanger, que os va a dejar con la mandíbula colgando, rezando para que Nuevo Nueve publique el deseado tercer tomo de esta apasionante historia.


Diario de Cadiz



El coco que salvó a JFK y otras historias de los Kennedy

Vestidos para la aventura

UN LECTOR QUE POR lo visto es más de salacot que de pamela y más de botas tácticas de combate Rocky que de bailarinas troqueladas Renata me afea traicionar la esencia épica de esta columna por haber dedicado la pasada entrega a Carolyn Bessette Kennedy y a John John y no, por ejemplo, a cómo vestían los defensores de El Álamo. He de darle la razón, aunque una lectora bajo el sugerente alias de Ondina Savage se muestra por su parte encantada con aquel texto. Qué difícil es satisfacer a todo el mundo.

El caso es que el cuerpo me pide volver de nuevo hoy a los Kennedy para explicar historias más sorprendentes de la familia, empezando por mi relación personal con ellos. No, no es que haya intimado con sus miembros en Cape Cod y Martha's Vineyard conduciendo con una mano mi propia lancha de caoba Hacker-Craft Classic Tender mientras sostenía con la otra un Ghost Margarita Boston Style. De hecho, son algunos de la familia los que estuvieron hace años en mi casa en Barcelona. Concretamente un cuñado de John Fitzgerald Kennedy, Stanislaw Radziwill, casado con la hermana de Jacqueline, Lee Radziwill (née Bouvier), que a la sazón buscó chalet para JFK y su mujer en la Costa Brava. El príncipe Radziwill nos visitaba porque andaba entonces en negocios con mi padre, entre ellos un primer proyecto para taladrar los túneles del Tibidabo, que desafortunadamente no prosperó (de haberlo hecho quizá sí que estaría yo hoy en Cape Cod y Martha's Vineyard conduciendo con una mano mi propia lancha etcétera).

La otra relación directa (más o menos) con los Ken-nedy, si dejamos de lado haber tenido una crisis (de ansiedad) en Cuba, ser muy fan de Topaz y entrevistar un día a Oliver Stone, fue escribir en este mismo diario en 2014 el obituario del tipo que llevó el coco que salvó a JFK durante la Segunda Guerra Mundial. La cosa merece una explicación. El futuro presidente combatió en el Pacífico al mando de una torpedera, la legendaria PT-109, y el 2 de agosto de 1943 un destructor japonés embistió la lancha, que no era de caoba, y la hundió cerca de las islas Salomón.

JFK, teniente de 26 años y excelente nadador por Harvard, fue decisivo en conseguir que los supervivientes llegaran hasta la isla de Plum Pudding (rebautizada luego isla Kennedy). El joven oficial escribió entonces en la cáscara de un coco un mensaje para que los rescataran y la singular misiva la llevó a la base de las PT en Rendova Eroni Kumana, natural de la isla de Rannonga, que fue al que yo enterré con 93 años (ya sé que no es lo mismo que haber tenido un rollo con Marilyn, pero es una conexión). Kennedy desarrolló un afecto por Kumana y por el coco. Al primero lo invitó a su boda y a su toma de posesión presidencial y el segundo estuvo siempre en su mesa del Despacho Oval y ahora se exhibe en su museo en Boston. Probablemente, Trump lo hubiera pateado hasta las 70 yardas.

En términos de moda hemos de destacar que Kumana lucía a menudo una camiseta con el lema autorreferencial "I rescued JFK" y que entre la ropa más envidiable que vistió nunca Kennedy figura su uniforme blanco de la US Navy: aquí si confluyen la gran aventura y los Kennedy.

No puedo acabar esta crónica de mi relación con la familia sin dejar de señalar que a JFK le quitó de joven la novia el autor de Hiroshima, John Hersey, un periodista. Ahí queda.*

John Fitzgerald Kennedy en 1946, cuando era teniente y combatió en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.


ICON nº140 Sábado 6 de junio de 2026


lunes, 6 de julio de 2026

¿Quién quiere ser un héroe?

Para ser los mejores, aquel grupo de jóvenes vivirá un auténtico infierno


José Luis Vidal

02 de julio 2026


Ember, la protagonista de este cómic, lo único que había conocido en su vida siempre era la pobreza. Oriunda del planeta Venatu, que carecía de cualquier avance tecnológico, en su interior había ido crecido de manera imperceptible la semilla de la rebeldía.



Ficha
Space Cadets

Guion: Matt Kindt

Dibujo: David Rubín

Tapa dura

Color

144 págs.

25 euros

Astiberri


Así que cuando una inesperada llamada le anuncia que es una candidata a competir para convertirse en una Space Cadet, su primera reacción es negarse con todas sus fuerzas. No quiere venderse a esa organización y que su vida se convierta en algo conocido y seguido por miles, millones de ávidos seguidores.

Pero finalmente, la responsabilidad de mejorar las condiciones tanto de sus padres como convecinos hará que baje la cabeza y suba en la nave que la transporta a la base de estos famosos héroes. Defensores del universo, cuyos nombres, rostros y aventuras se han convertido en míticas.

Mil aspirantes a superar las pruebas de ingreso serán convocados, pero tanto Ember como todos ellos y ellas van a percatarse enseguida que las cosas no van a ser para nada fáciles. Más bien todo lo contrario, ya que a medida que vayan enfrentándose a los diferentes retos padecerán en sus propias carnes el dolor físico y la más que probable expulsión.

Pero si por algo se caracteriza la protagonista de este cómic es por su cabezonería, y pese a que detesta lo que hace y la exposición pública a la que está sometida, con mucho esfuerzo y, por qué no decirlo, algo de suerte y ayuda, irá superando pruebas y acercándose al objetivo final.

Junto a sus compañeros Hermes, Aye-Aye, Gram, Adrenaline-Boy, Sunchest Hawk, Bubble, Krystal, Bludd y Dupe formará un cohesionado grupo, gente en las que puedes confiar cuando el peligro acecha. Pero la decepción no tardará en llegar, y cuando crean que han conseguido su sueño, tal vez este se torne en autentica pesadilla…

La muy bien avenida pareja artística formada por el Matt Kindt y David Rubín vuelve a reunirse. Y como ya sucedió en Ether y Cosmic Detective (también junto al talentoso Jeff Lemire) el resultado no podía ser más genial, creando una historia en la que, además de un argumento que te lleva de la mano, sin dejarte apartar la mirada de las páginas, subyace una clara crítica a la 'importancia' que tienen las redes sociales en la vida actual, haciendo que muchos de sus usuarios se dejen la piel por un mísero like.

También seremos testigos que tras la imponente fachada de un mito, un héroe, puede ocultarse la mentira, los oscuros secretos, la pobredumbre.

En el aspecto gráfico, David Rubín nos sube a una montaña rusa en la que, utilizando los recursos narrativos, la acción avanza de manera frenética cuando toca, con composiciones de página muy originales.

Destacar, y celebrar, el gran formato con el que Astiberri ha publicado Space Cadets en nuestro país, hecho este que el trabajo de Kindt y Rubín luzca aún más.

El volumen se completa con una jugosa sesión de extras, con fichas coleccionables de los diferentes candidatos y un recorrido por el proceso de diseño de estos.

Tal vez ir más allá del infinito no era el sueño que muchos perseguían…


Diario de Cadiz


domingo, 5 de julio de 2026

Carolyn Bessette Kennedy: vestir después de morir

Vestidos para la aventura

YO SOY MÁS DE JFK que de Carolyn Bessette Kennedy, pero me estoy empezando a preguntar si no me habré equivocado. Cada vez me encuentro más gente que habla de la mujer de John John Kennedy y menos de la comisión Warren. Carolyn, precipitada en el mar en 1999 en la avioneta que pilotaba su marido, que era guapo y estiloso pero desde luego no un gran piloto, se ha convertido en una influencer póstuma y está tan de moda, imagino que en parte por la miniserie Love Story sobre la vida de la pareja, que es imposible librarse de su influjo.

El otro día recibí un mail que quiero creer que me confundía con otra persona y que tras preguntarme cómo estaba y desearme una semana estupenda, continuaba: "Si de repente estás obsesionada con el estilo de Carolyn Bessette Kennedy... ¡Tranquila, te entendemos! Nosotras también". Las simpáticas remitentes me señalaban que sabían las marcas que serían sus favoritas "si fuera una chica del 2026", Polin et Moi y Charles & Keith, y me sugerían el bolso Tote Calla XL y las bailarinas troqueladas Renata para recrear su look. En posteriores mensajes ("cómo estás?, espero que fenomenal") he sido informado de que las propuestas de los susodichos Charles & Keith, que incluyen botas hasta la rodilla, tejanos y camiseta, "trasladan el minimalismo sofisticado que tanto la caracterizaba" (a Carolyn) "a un contexto actual manteniendo esa esencia effortless que convirtió el estilo noventero en un referente atemporal".

He descubierto pues, tardíamente, como siempre, que es desde hace tiempo "la eterna musa americana" que marcó tendencia y sigue haciéndolo con su glamour casual y su enfoque desenfadado en el vestir inyectado de la vitalidad de Nueva York (esto no lo digo yo, lo he tomado de la colección primavera verano de 2024 de Carolina Herrera inspirada en Carolyn). Además, en un libro reciente, Iconos de estilo, de Erea Louro, se incluye a nuestra chica entre las 20 mujeres más influyentes de la historia de la moda, en el puesto 16, por encima de Lady Di, Kate Moss y Zendaya. La lista la encabeza... Cleopatra, esa influencer del Nilo. Me he enterado de que Bessette Kennedy sufría por la presión mediática sobre la pareja. Es lo que tiene liarte con un Kennedy, ser guapos y pijos y vivir en un apartamento en Tribeca. A mí no me va a pasar, al menos lo de Tribeca.

Qué decir de John John, el príncipe estadounidense, sexiest man alive 1998 según People: se convirtió en un icono con tres años al saludar militarmente el paso del cortejo funerario de su padre, y su madre Jacqueline se lo llevó de EE UU con su hermana tras el asesinato de su tío Bobby en 1968 considerando que estaban matando demasiados Kennedys. Las cosas que me caen más simpáticas de JFK jr. son que trabajara un verano de vaquero en Wyoming, que salvara a un amigo en un accidente de kayak y que recitara uno de mis poemas favoritos, The truly great, de Stephen Spender en un aniversario de la muerte de su padre. Yo de ser él, discúlpenme, hubiera seguido con Daryl Hannah, que no llevará las mejores sandalias y bolsos pero nos ha dado tanto encarnando a la replicante Pris de Blade Runner o la sicaria Elle de Kill Bill. Y sobre todo, John John, hijo mío (figurado), ¿cómo pudiste preferir una influencer a una sirena. ¡Splash! *


Carolyn Bessette y John John saliendo de casa con ese estilo effortless que tienen los guapos al caminar.



ICON nº 139 Sábado 2 de mayo de 2026