TRAS LAS BAMBALINAS DEL WESTERN REALISTA
Personajes, caballos y paisajes son los elementos distintivos del western. Un género en el que el error se paga caro. En plena producción del décimo tomo de *Bouncer* (ed. Les Humanoïdes Associés/Glénat), François Boucq —uno de los aristócratas del dibujo realista— revela algunos de sus secretos de creación y se mide con uno de los grandes maestros: Jean Giraud.
POR VINCENT BERNIÈRE
Una cabalgada fantástica
Bouncer y su corcel, en una pose emblemática del wéstern. Boucq utiliza muy raramente las onomatopeyas; en este caso, prefiere sugerir el galope del caballo mediante unos cuantos trazos y una nube de polvo. François Boucq: «Me molesta incluir "¡bang!" o "¡cataclop!" en mis páginas.
Eso le confiere un cierto aire de ingenuidad que ya no encaja con mi estilo de dibujo realista. Por otra parte, en la realidad, un caballo nunca hace "¡cataclop!". Si tengo que transmitir visualmente un sonido, prefiero recurrir a un recurso gráfico —algo parecido a las onomatopeyas japonesas (que para nosotros carecen de significado)— en lugar de escribir "¡IIIIIIIII!"».
Página opuesta y páginas siguientes: François Boucq, *Bouncer*. Ed. Les Humanoïdes Associés / Ed. Glénat

François Boucq es uno de los más grandes dibujantes realistas franceses; tal vez, incluso, uno de los últimos. Galardonado con el Gran Premio de la ciudad de Angulema en 1998, es autor, entre otras obras, de la serie humorística *Jerôme Moucherot*; de álbumes convertidos en obras de culto con guion de Jerome Charyn —*La Femme du magicien*, *Bouche du diable*, *Little Tulip*—; de las aventuras de *Bouncer*; e incluso de un *spin-off* de *XIII*. *Bouncer*, serie iniciada en Les Humanoïdes Associés con guion de Alejandro Jodorowsky, continúa publicándose en la editorial Glénat.
El próximo volumen —un extenso díptico— verá la luz en enero y marzo de 2018. Siguiendo la estela de Jean Giraud —al igual que otros autores como Christian Rossi o Ralph Meyer—, Boucq ha convertido el *western* en uno de los pilares fundamentales de su obra. Se trata de un género que no admite errores ni frivolidades: caballos al galope, escenarios emblemáticos, posturas bien definidas, encuadres audaces... En *Bouncer*, Boucq no se guarda nada. Su lema es claro: ofrecer placer al lector. Y, precisamente, en las páginas que siguen veremos cómo François Boucq tiene al lector constantemente presente: su mirada, su punto de vista y aquello que el dibujante decide mostrarle. Boucq domina el dibujo realista con una perfección que hoy en día escasea. Forma parte de una larga tradición que abarca desde Alex Raymond y Harold Foster hasta Víctor de la Fuente o Eduardo Coelho, pasando por Hermann, Raymond Poïvet o Alberto Breccia —a quien este dibujante nacido en Lille venera en secreto—.
Lograr una economía gráfica y una estética eficaz en el dibujo humorístico no es tarea sencilla; sin embargo, una vez conseguido, resulta más fácil aplicarlo a diferentes variantes.
En el dibujo realista, la situación es algo distinta. El más mínimo error se paga caro. François Boucq forma parte de los «aristócratas» del cómic, por utilizar la expresión tan querida por Jean Giraud. Ambos mantenían una fructífera relación profesional. Entre dibujantes de estilo realista, se observan, se vigilan, se juzgan y, a veces, incluso se copian... Solo un miembro de la aristocracia de los dibujantes realistas es capaz de distinguir el original de la copia, o un dibujo perfecto de otro que contiene un error. ¿Era Giraud imbatible en este juego? No está tan claro... La anécdota la cuenta el propio Boucq. En 1996, durante el festival de Angulema, el dibujante de *Blueberry* se encontraba sentado a la mesa con Boucq y Rossi en el hotel Mercure. Estos últimos eran casi veinte años más jóvenes que su colega veterano. Giraud, que por aquel entonces trabajaba ya en solitario, estaba inmerso en el vigesimoquinto tomo de *Blueberry*, titulado *Ombres sur Tombstone*. Sin embargo, no se sentía del todo cómodo. Por increíble que parezca, Jean Giraud —alias Mœbius— atravesaba una etapa de dudas.
Giraud subió a su habitación y regresó con sus páginas para mostrárselas a sus dos jóvenes colegas. El veredicto fue contundente: en algunos dibujos había algo que, sencillamente, no encajaba.
Giraud tardaría varios meses en entregar las páginas a su editor. Vuelta al remitente: Boucq había leído y analizado *Blueberry* con una minuciosidad extrema.
Al fin y al cabo, basta con examinar con atención las páginas que siguen para comprender por qué esta cofradía del dibujo realista cuenta con tan pocos miembros.
Monument Valley
François Boucq no utiliza únicamente sus propias fotografías como documentación.
En su biblioteca también se encuentran folletos fotográficos, como el dedicado al Gran Cañón y editado por el National Park Service. Resultan muy útiles para captar estos escenarios espectaculares.
Observación y fuentes documentales
En el año 2000, François Boucq emprendió un viaje al Gran Cañón, en Estados Unidos. «Fue una casualidad; quería irme pronto y ese era el único destino disponible. A mi regreso, me crucé con Jean Giraud en el Centro Belga del Cómic, durante una exposición, y le dije: "Entiendo que te guste el wéstern. Todos esos paisajes del Oeste americano deben ser una delicia de dibujar". Giraud me respondió: "¡Haz un Blueberry conmigo!". Poco después, empezamos a trabajar en *Blueberry 1900*, pero al final el proyecto no salió adelante. Así que, junto con Jodorowsky, decidimos crear nuestro propio wéstern». Por ello, Boucq recuperó sus fotografías de viaje y sus dibujos basados en la observación. Sin embargo, el dibujante nunca copia una fuente concreta: «La mayoría de las veces, no encaja con mi narrativa. Es un poco como si tuvieras que hacer un "copiar y pegar" de una cita ajena dentro de un texto que estás escribiendo. En mi caso, al menos, eso no funciona».
Personajes y punto de vista
La relación con la gravedad es un aspecto fundamental en el dibujo de historietas, especialmente cuando los personajes deben tener los pies en la tierra y las manos en la cintura, listas para desenfundar. François Boucq señala: «Si el personaje que dibujamos flota y no está en sintonía con el entorno, el propio lector se sentirá desequilibrado. El dibujante realista debe explorar el mundo antes de plasmarlo para el lector». Un ejemplo de ello es el dibujo anterior, que muestra a varios personajes en movimiento situados en distintos planos, con una perspectiva marcada por líneas en el suelo. Boucq añade: «La representación del movimiento es un aspecto muy particular del cómic. El dibujante debe captarlo en una fase que sugiera tanto lo que ha ocurrido antes como lo que podría suceder después; a menudo, se trata de un instante de suspensión.
Todos los personajes de la escena deben estar en consonancia con esa suspensión en el mismo momento». La forma de situar a los personajes en escenarios majestuosos es también esencial.
Aquí, Boucq alterna los puntos de vista: «Hacer cómics consiste en atrapar la mente del lector desde la primera viñeta y guiarla hasta la última. Debo mantener su atención para no aburrirlo. El objetivo es que realice una lectura de una sola vez y que, más tarde, pueda volver a la obra. ¡Las lecturas sucesivas son las propias de un sibarita!».
Majestuoso Lejano Oeste
Proyecto de portada para el primer tomo de *Bouncer* (que finalmente no fue seleccionado).
Las solapas de la cubierta estaban diseñadas para desplegarse.
Cuidar el movimiento
François Boucq conserva en su taller un voluminoso volumen que contiene estudios de anatomía equina,
así como fotografías de revistas con reportajes contemporáneos sobre carreras de caballos.
También hay material dedicado a la morfología de los equinos. Arriba, el galope.
En la mesa de dibujo de Boucq
Páginas en proceso, pertenecientes al próximo álbum de *Bouncer* que publicará la editorial Glénat.
El mejor amigo del hombre
Dibujar los distintos aires del caballo en diversas posiciones y entornos es un elemento esencial del wéstern en el cómic. Y, en este terreno, Boucq es un auténtico maestro.
Esta es su técnica: «La anatomía de los mamíferos es análoga a la de los humanos, salvo por los segmentos. Por ejemplo, la pata delantera de un caballo posee la misma articulación que el brazo humano, con la diferencia de que, en su caso, se apoya sobre un solo dedo. Es como si nosotros nos sostuviéramos sobre nuestro dedo índice.
Y es precisamente en esta segmentación donde se articula el dibujo.
Cuando dibujo al caballo, me convierto en él. Soy capaz de sentir el sonido de su movimiento, porque hay algo en mi interior que resuena.
Para los aires, consulto los fotogramas de Muybridge.
No se ha hecho nada mejor desde el siglo XIX. También cuento con algunos libros más técnicos y una colección de revistas sobre caballos. Después, integro al animal en las distintas irregularidades del terreno. Si el suelo es plano o accidentado, el paso que se representa no es el mismo».
Boucq, Giraud y McCarthy
François Boucq admira a Jean Giraud. En su taller, los álbumes del maestro ocupan un estante exclusivo, justo al lado de los de Hermann. En las páginas siguientes, Boucq se dedica a analizar algunas viñetas emblemáticas que el dibujante de *Blueberry* compuso a partir de los dibujos del ilustrador Frank C. McCarthy. Si bien Boucq se fijó en Giraud, lo mismo ocurrió a la inversa...
Punto de fuga para Jean Giraud
Los dibujantes de estilo realista se influyen mutuamente. En esta audaz perspectiva, extraída de *Bouncer*, François Boucq crea una imagen sumamente dinámica. En primer plano, a la izquierda, una perspectiva de fuga muy pronunciada sigue la pendiente marcada por el tejado de la oficina del sheriff; esta línea contrasta con la del ataúd que están transportando.
En *Dust*, Jean Giraud parece haber compuesto una imagen similar. También encontramos una composición parecida en la serie *Undertaker*, dibujada por Ralph Meyer. Según François Boucq, estas influencias son muy reales, aunque probablemente inconscientes: «Cuando un dibujante examina la obra de otro autor que conoce, hay ciertas imágenes que le llaman la atención. A mí, personalmente, me ocurre a menudo. Creo que Jean Giraud compuso esa viñeta porque había visto la mía previamente. De hecho, no es que lo crea, es que estoy seguro. Es un principio que denomino "la fuente inconsciente"».
Una diligencia, dos interpretaciones
Jean Giraud y François Boucq son admiradores del dibujante estadounidense Frank C. McCarthy
(1924-2002). Ambos han estudiado sus ilustraciones, pero las emplean de formas distintas. Aquí, por ejemplo, vemos una diligencia tirada por cuatro caballos sobre un terreno rocoso. Los animales están tensos por el esfuerzo. En *Ombres sur Tombstone*, Giraud copia literalmente la posición de los caballos a partir de un dibujo de McCarthy, mientras que, en *Bouncer*, Boucq se inspira en él. Estos procedimientos son frecuentes entre los dibujantes. Boucq: «Los dibujos de otros o las fotografías son para mí como accesorios. ¿Necesito una escena de caballos al galope tirando de una diligencia? Vale, pero hago girar en mi cabeza la imagen que conozco antes de volver a dibujarla en el ángulo que mejor se adapta a mi narración».


El respeto por la firma
¿Cómo imaginar que, para componer una simple viñeta de *Le Cheval de fer* (ed. Dargaud), Jean Giraud cuidó tanto el detalle que se inspiró en una ilustración sumamente minuciosa de Frank C. McCarthy? En *Blueberry*, solo los personajes principales de la viñeta evolucionan en función de las necesidades del relato. Pero es, sobre todo, el tratamiento de la roca lo que resulta espectacular. Respetuoso al extremo con el trabajo del ilustrador estadounidense, Giraud llegó al extremo de grabar su propio nombre —a modo de firma— sobre la roca. ¡Casi en el mismo lugar donde McCarthy había firmado su dibujo!
Boucq relee a Giraud y su arte de la recomposición
Si bien Boucq se ha inspirado a menudo en McCarthy, Jean Giraud llegó incluso a reutilizar directamente algunas de sus imágenes para recomponer portadas o viñetas.
Según François Boucq, este procedimiento no es en absoluto propio de un plagiador, sino la señal de que Giraud era un fanático de las imágenes, una auténtica esponja visual.
El hecho de que estas reinterpretaciones en la obra del dibujante de *Blueberry* sean reales, aunque relativamente escasas, confirma este punto. Boucq comenta: «Giraud era un voraz de la imagen.
Todos lo somos, pero él, particularmente. Cuando copia una imagen, no es por pereza en absoluto. Giraud tomaba apuntes de las imágenes y luego las digería.
Veía una imagen extraordinaria y se decía: "¡Joder! ¡Quisiera hacer lo mismo, es tan buena!". Es algo parecido a un cineasta que quiere hacer el *remake* de una película de la que es fan. No es una simple copia; es concupiscencia». Una prueba de ello es una viñeta de *Nez Cassé* («Nariz Rota»), un famoso episodio de *Blueberry*, en la que Jean Giraud escribe el nombre de McCarthy sobre una roca. Un vulgar plagiador no habría llegado tan lejos... *
Versiones y reinterpretaciones
He aquí un ejemplo típico del proceder de Jean Giraud cuando se inspira en McCarthy. En este caso, para un álbum de *Blueberry* titulado *Tombstone*. Para componer la viñeta de la parte superior derecha, Giraud se sirvió de la posición del indio en primer plano y del caballo de su montura.
El escenario de la portada de *Hors-la-loi* —otro álbum de *Blueberry*— también se inspira en una formación rocosa de Frank C. McCarthy. Según François Boucq: «¡McCarthy es el mejor dibujante de rocas del mundo!».
Les Cahiers de la BD Nº1 Oct-Dic. 2017