viernes, 26 de junio de 2026

Sure la piste de Blueberry (Tras la pista de Blueberry)


Artículo/Prólogo de este álbum/homenaje al Teniente Blueberry por 29 autores.

Jean-Michel Charlier y Jean Giraud, sobre 1974 ©Dargaud


MIKE STEVE DONOVAN, alias Blueberry, aparece el 31 de octubre de 1963 en el número 210 de la revista Pilote, nacido de la fértil imaginación de Jean-Michel Charlier —guionista, entre otros, de Buck Danny y Barba Roja— y del talento ya bien consolidado de Jean Giraud, un joven dibujante apasionado por la ciencia ficción, el wéstern y el jazz, colaborador y discípulo de Jijé (especialmente en Jerry Spring, que por entonces era LA gran referencia del wéstern en el cómic franco-belga).

Al principio, el teniente Blueberry no debía ser más que un personaje entre otros de una serie destinada a narrar la vida de una guarnición, el fuerte Navajo del título, en lo que podría haber sido un prototipo de relato coral en formato de cómic. Pero este personaje indisciplinado, testarudo y, para decirlo todo, un poco bebedor, además dotado de un código moral a prueba de balas y tomahawks, conquistará rápidamente el corazón de los lectores y acabará convirtiéndose en el verdadero protagonista.

La llegada de este antihéroe es una novedad refrescante en el espacio pulcro y un tanto boy scout que era entonces el cómic. Jean-Michel Charlier estaba harto de militares intachables como Buck Danny o Tanguy; quería un héroe menos convencional, más inconformista. Jean Giraud propone dotar a este rebelde sin causa del físico de Jean-Paul Belmondo: nariz rota de boxeador, con un aire de granuja descarado y simpático, cuya imagen encaja con la caracterización del personaje, pero también con la juventud de los años sesenta.

Desde el principio, Jean Giraud rompe los códigos gráficos de la época al imponer encuadres y un dinamismo que se volverán cada vez más cinematográficos a medida que avancen los álbumes. Aunque puede percibirse la influencia de Jijé en los primeros tomos (de hecho, sustituirá a Giraud durante algunas páginas de Tonnerre à l'Ouest (Tormenta en el Oeste) y Le Cavalier perdu (El jinete perdido), el joven dibujante impresiona por su madurez gráfica y su personalidad. Los guiones de Jean-Michel Charlier toman su materia de hechos históricos sólidamente documentados. Ya desde el primer episodio, se inspira en un hecho real: una masacre atribuida a los apaches que degeneró en una guerra india. Una seña de identidad que aplicará al conjunto de la serie, y que la alquimia entre ambos autores elevará muy alto y con gran fuerza.

Al clasicismo muy fordiano de los cinco primeros álbumes (Fort Navajo, Trueno en el Oeste, El Águila Solitaria, El Jinete Perdido, La Pista de los Navajos) le sucederá un one shot, El Hombre de la Estrella de Plata, cuya historia recuerda a Río Bravo de Howard Hawks (una simple reminiscencia para Charlier, que siempre trabajaba en varias series al mismo tiempo). A partir de los álbumes El Caballo de Hierro, El Hombre del Puño de Acero, La Pista de los Sioux, aunque el trasfondo histórico (la construcción del ferrocarril) sigue estando tan bien documentado como siempre, el realismo da un paso más, inspirado en parte por el nuevo spaghetti western y las películas de Sam Peckinpah: el aspecto de los personajes se vuelve cada vez más desaliñado y sucio, un efecto acentuado por el uso del rayado. Un dibujo aparentemente espontáneo, siempre igual de dinámico y cada vez más virtuoso.

Los tomos siguientes, General Cabeza Amarilla, La Mina del Alemán Perdido y El Fantasma de las Balas de Oro, son obras maestras del entintado, la puesta en escena y el color, y los guiones de Charlier están a la altura del dibujo. La desmedida ambición de un general dispuesto a masacrar a indígenas inocentes para añadir una estrella a sus galones y la obsesiva búsqueda del oro de Prosit Luckner beben de los resortes dramáticos más profundamente humanos, acordes con una composición de página y una puesta en escena que, por momentos, tienden hacia el expresionismo. Como ocurre en La Mina del Alemán Perdido y El Fantasma de las Balas de Oro, donde el relato de la leyenda del espectro por parte de Prosit roza lo fantástico sin llegar a adentrarse por completo en ello. De nuevo el oro, el de los confederados, es objeto de todas las codicias en los álbumes Chihuahua Pearl, El hombre que valía 500.000 $ y Balada para un ataúd. Aparece entonces un poderoso personaje femenino, Chihuahua Pearl, una especie de Milady del Oeste: codiciosa, oportunista, peligrosa, pero también inteligente y tenaz, tanto aliada como adversaria de Blueberry. Fuera de la ley y Angel Face cierran esta trepidante etapa con un thriller conspirativo y paranoico adelantado a su tiempo. Al término de este recorrido, Blueberry es un proscrito, de nuevo fugitivo, y encuentra refugio entre los indígenas. Nariz Rota, La Larga Marcha, La Tribu Fantasma y, después, La Última Carta y El Final del Camino logran cerrar brillantemente todos los arcos narrativos iniciados con Chihuahua Pearl e incluso con General Cabeza Amarilla.

Cuando Jean-Michel Charlier falleció en 1989, él y Jean Giraud estaban trabajando en Arizona Love, la historia de un fracaso amoroso anunciado que rompe claramente con los relatos paranoicos de grandes dilemas existenciales que la precedieron. Aunque el dibujante decidió terminar el álbum en solitario, hubo que esperar hasta 1995 para que relanzara la serie, encargándose tanto del guion como del dibujo de cinco nuevos álbumes: Mister Blueberry, Sombras sobre Tombstone, Gerónimo Apache, O.K. Corral y Dust. Giraud reúne en ellos a los hermanos Earp y a los Clanton, así como el célebre duelo de O.K. Corral. Mike ha envejecido, es más reflexivo y pasa la mayor parte del tiempo sentado a una mesa de póker, mientras a su alrededor la ciudad se agita, lucha, vive y muere, y en las montañas cercanas y en la memoria de Blueberry, Gerónimo merodea como una sombra.


¿POR QUÉ BLUEBERRY NOS FASCINA TANTO?

Fugitivo injustamente acusado de asesinato, refugiado en el seno del ejército; hijo de un esclavista que, sin embargo, luchó por el bando de la Unión durante la Guerra de Secesión; teniente de caballería simpatizante de la causa indígena; espía en busca de un tesoro para el ejército; traidor, presidiario y después nuevamente fugitivo, atrapado en una conspiración contra el presidente de los Estados Unidos; enamorado desesperado y más tarde jugador empedernido que apuesta su vida y su alma en una mesa de póker. Su recorrido nos muestra a un personaje moldeado tanto por las pruebas que afronta como por sus propias debilidades. No intenta resolver sus contradicciones, sino sobrevivir a las pruebas y los traumas que la vida, y los autores, le deparan. Pero su combatividad, su ingenio, su lealtad en la amistad y su sentido de la justicia hacen de él, pese a todo, un héroe positivo. Blueberry forma parte de esos protagonistas que reciben golpes sin descanso, pero que siguen avanzando y hacen lo que tienen que hacer; en ese sentido, continúa siendo un héroe clásico. En definitiva, son sus debilidades y sus extravíos los que lo convierten en un personaje profundamente humano, recordando a veces la figura romántica tan querida por Victor Hugo.

Este texto no hace más que mostrar la punta del iceberg que es Blueberry. Desde hace 62 años, la obra de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud no ha dejado de maravillar a quienes la descubren o la redescubren. Por supuesto, ha estado admirablemente servida por el talento excepcional de sus dos creadores*. Pero, por una gracia que jamás pasará el filtro del análisis, ha sido mucho más que eso: una alquimia que hace que el conjunto sea mucho más que la simple suma de sus partes. Una inspiración.

Tras la pista de Blueberry es un homenaje de autores de muy distintos horizontes a este personaje que cabalga por nuestras imaginaciones, siempre huyendo o buscando un tesoro perdido, paseando su aire desenfadado y cansado por paisajes fabulosos, en el fondo de un escarpado cañón, en un desierto abrasado por la luz y el calor, o en una ciudad fronteriza de mala fama.

Gracias a los autores que aceptaron participar en esta obra. Algunos optaron por un enfoque totalmente serio, otros tomaron más distancia e incluso añadieron humor, pero cada uno aportó SU propio Blueberry. Veintinueve autores, catorce relatos y otras tantas ilustraciones que reflejan la pasión despertada por lo que se considera, con toda justicia, la mayor serie del western del cómic franco-belga y una obra fundamental en la historia del noveno arte.

Les deseamos una maravillosa lectura.

EL EDITOR

\* El panorama quedaría incompleto si no mencionáramos también las series paralelas: La Juventud de Blueberry (21 tomos, con guion de Jean-Michel Charlier y después François Corteggiani; dibujo de Jean Giraud, posteriormente Colin Wilson y Michel Blanc-Dumont) y Marshal Blueberry (3 tomos, con dibujo de William Vance y guion de Michel Rouge). Por su parte, Joann Sfar ofreció su propia visión en un díptico, Lieutenant Blueberry.














¡Balas y mambo!

 La Hora del Bocadillo

¡Bienvenidos a La Habana, bella ciudad de gente alegre, y donde el peligro acecha en cada esquina!


José Luis Vidal

07 de junio 2026 



He de confesar que detesto aquellos cómics de corte histórico en los que se saquea más de un libro sobre el tema y, utilizando larguísimos párrafos, se nos trata de situar en el contexto del relato, sin tener en cuenta algo muy importante. El cómic es y debe ser, ante todo, narración gráfica, y por esto la palabra debe adaptarse a la perfección al resultado final, sin que largas parrafadas nos distraigan por el camino, impidiéndonos el disfrute.

Pues bien, a las librerías está a punto de llegar una nueva obra que cumple a la perfección con esta norma no escrita, ya que en pocas páginas, a modo de prólogo, se nos sitúa a la perfección en una época, ya lejana, pero muy importante en la vida de Cuba.

Su título es Habana Split, y vamos a conocer a su peculiar dramatis personae, encabezado por el héroe de la función, John Botia, ex agente de la CIA que, hastiado por los violentos y crueles métodos de la agencia, prefirió dedicarse a labores más ‘tranquilas’, las detectivescas…

Junto a José Cojones, tipo del que no te puedes fiar al cien por cien, trabajan para la agencia de investigación Valdés & Co., en la que los números rojos comienzan a ahogar a sus miembros, sobre todo debido a la afición que tiene su dueño y fundador, Arnaldo Valdés, al juego y las apuestas.

Este hecho rompió en pedazos su familia, dejando a una niña pequeña huérfana de padre. Pero como suele decirse, en la vida, pese a sus baches y contratiempos, aparecen momentos para los reencuentros y tal vez una posible reconciliación con su única hija, Lily Valdés Turner, que acaba de llegar a la ciudad.

Y esta podría ser una historia familiar con un tono dramático si no fuera por el enclave geográfico e histórico. Y es que la Cuba en los años cincuenta se había convertido en un auténtico lupanar, un enorme complejo turístico que recibía con una reverencia a los acaudalados norteamericanos, muchos de ellos miembros de la mafia, a los que con los brazos abiertos el corrupto régimen del presidente Batista había dado carta blanca para ejecutar todo tipo de negocios sucios y tropelías.

Este ambiente criminal es el que va a caer, como una enorme losa, sobre los protagonistas de este cómic que, sin comerlo ni beberlo, se van a convertir en víctimas de un chantaje ideado por Don Alfonso, un estirado tipo que maneja buena parte de los bajos fondos de la bulliciosa ciudad.

Obviamente, ante lo que se les plantea, el grupo formado por John, José y Lily tendrán que armarse de valor en unos tiempos peligrosos, en los que la sombra de la CIA planea sobre la urbe, con unos oscuros planes en los que se pretende implicar a los rebeldes de Fidel Castro, que con un ejército de desarrapados pero bravos hombres, tratan de inclinar la balanza y destronar a Batista.

Este cómic es una perfecta mezcla, en sus páginas vamos a encontrar momentos dramáticos, terribles estallidos de violencia. Pero también un tono de comedia que hace que su lectura resulte de lo más divertida, a la vez que contemplamos cómo una época histórica está a punto de transformarse, debido a las malas artes y la ambición del ser humano.

Y quién mejor que un guionista de primer nivel para narrarnosla, con una larga y exitosa carrera, como la de Frédéric Brrémaud, confeso amante de los sones cubanos, que nos atrapa desde el principio de este relato en el que la parte gráfica tan solo puede definirse como soberbia. Y esta viene del arte con mayúsculas de Vic Macioci, que no puede ni quiere evitar la influencia y su experiencia de la animación en sus páginas. Un camino gráfico en el que el diseño, la narrativa visual, colocan a este cómic en una de esas obras a las que podría colocarse con orgullo la etiqueta de nouvelle vague de la bande dessinée, y trae nuevos y espectaculares aires a un mercado como el franco belga, que agradece la renovación del medio.

Una auténtica gozada, que nos deja pendientes de la segunda entrega, y en la que antes de culminar el camino, haremos una parada en la sección de extras, donde realizaremos un recorrido por el diseño de personajes y algún que otro enclave importante en el relato.

¡Gracias a Nuevo Nueve por traernos esta auténtica maravilla del noveno arte titulada Habana Split!


Diario de Cadiz


jueves, 25 de junio de 2026

" Back from the Brink / Locke Champion ". (De vuelta del abismo) : cinemática de League of Legends (Campeón Locke)

Otro hermoso y extenso video cinemático animado en 2D para la promoción de League of Legends, protagonizado por " Back from the Brink / Locke Champion ".


Por obra y gracia de Catsuka

Tigres del frío para el calor

 El faro del fin del mundo / Jacinto Antón

Hasta la hora del ocaso amarillo / cuántas veces habré mirado / al poderoso tigre de Bengala". Me sentía como Borges, huérfano de tigres, perdidos el oro de la fiera y sus violentas rayas. Había ido al zoo de Barcelona a verlos, como suelo, y no estaban. En la instalación frente a la que desde niño he soñado tanto no se veía ni uno. Pensé que igual me había quedado ciego como el poeta, pero no, un letrero daba cuenta de que allí ya no había ni volvería a haber tigres. Signo de los tiempos.

Ya en casa llamé por teléfono a Pilar Padilla, conservadora de mamíferos del parque. "Sí, se murió en octubre el último, la hembra Pertama, de 18 años, una edad geriátrica, a causa de una enfermedad renal, y se ha decidido que ya no tendremos más, una pena, es doloroso, pero así son las cosas". Detecté una nota de melancolía en la voz de Padilla, quizá un alma gemela, y nos sumimos en una conversación sobre tigres, para pasar el duelo. "Teníamos dos, ambos tigres de Sumatra; Tibor, el macho, murió primero, tres meses antes". La conservadora evocó al animal, magnífico, aunque era tuerto.

Un tigre siberiano o del Amur

Ya no habrá tigres, pues. "Si, un final de época. La modernización exige espacios más grandes y optar por unas especies en detrimento de otras".

Afortunadamente, los libros del felino rayado siempre vienen al rescate. Y me he zampado para compensar Tigers Between Empires, del naturalista virginiano Jonathan C. Slaght (Allen Lane, 2025), el nuevo libro del autor de aquel estupendo Búhos de los hielos del Este (Siruela, 2022) y que trata sobre los tigres más majestuosos que existen, los intimidadores tigres del Amur, popularmente conocidos como tigres siberianos, unas bestias formidables, de pelajes deslumbrantes en la nieve y ojos de un ámbar frío.

Slaght, que ya nos llevó a las remotas y heladas regiones del extremo oriental de Rusia en pos del búho manchú, nos hace seguir ahora en los mismos parajes, la provincia de Primorye (capital Vladivostok), fronteriza con China, el rastro de los enormes tigres (pueden llegar a pesar 300 kilos), una peripecia muchísimo más peligrosa.

En Tigers Between Empires, tigres entre imperios, Rusia y China, que publicará en octubre Slaght relata la gran aventura de investigar a unos animales casi legendarios, paradojas de gracia y violencia, a través de las sensacionales experiencias de un puñado de naturalistas rusos y estadounidenses unidos por su amor a la naturaleza. Slaght explica la gestación y el desarrollo a lo largo de tres décadas del Siberian Tiger Project, central en el estudio y la preservación de los tigres del Amur.

Los rusos ponían en la aventura científica el conocimiento del terreno y de los tigres del Amur, de los que en la actualidad quedan unos 450 individuos en estado salvaje, y los estadounidenses, además de también sus redaños, la tecnología para hacerles el seguimiento una vez se les colocaba los collares GPS para monitorizarlos. Como se puede imaginar, colocarle un collar a un tigre del Amur salvaje no es cosa fácil, y Slaght describe el emocionante proceso de rastreo, la captura empleando dardos anestésicos y el peligro de que el bicho se te despierte en plena faena. En una ocasión, con la tigresa Olga, a la que había que recapturar para cambiarle el collar por fallo de la batería, uno de los valientes naturalistas tuvo que dispararle el tranquilizante suspendido de una cuerda que colgaba del helicóptero en que la perseguían.

El libro está lleno de peripecias semejantes y además de constituir una privilegiada inmersión en la vida de los misteriosos tigres del Amur, de los que el proyecto ha revelado innumerables novedades, ofrece una panoramica excepcional de uno de los rincones de vida salvaje más extraordinarios de nuestro planeta. Slaght se mueve magistralmente entre el relato científico, la aventura vital, la fascinación que provocan los tigres del Amur y los parajes extremos e inhóspitos pero arrebatadoramente hermosos en que viven.

Es uno de los mejores libros de tigres que conozco, a la altura de El tigre (Debate, 2011), aquel fenomenal relato de John Vaillant sobre la caza real de un tigre siberiano, precisamente, devorador de hombres, episodio que recoge Slaght junto a otros igualmente dramáticos. La guerra de Ucrania, señala el autor, ha exacerbado de rebote la tensa atmósfera en las regiones del tigre siberiano. En todo caso, el proyecto ruso-estadounidense ha dejado, además de un gran impacto en la causa de la conservación de los tigres, una enorme cantidad de experiencia y conocimiento, y ha contribuido a arrojar luz sobre la ecología de los felinos. Y parece que, a diferencia de lo que ocurre con otros tigres, tigres siberianos tenemos para rato. Aunque su territorio nos pille más a desmano que el zoo de Barcelona, no deja de ser un consuelo que allí los tigres sigan rugiendo.


El Pais. Sábado 20 de junio de 2026


miércoles, 24 de junio de 2026

Azulejos y otras historias

 Ximena Maier dejó la ciudad para vivir en el campo y pintar cerámica. Lo narra en "Una casa portuguesa", un diario ilustrado y a la vez un repaso histórico que va de Jan Floris y Felipe II a los gatos que viven en su quinta

Texto: Ana Fernandez Abad

Ximena Maier nació en un quinto sin ascensor de la Calle Mayor de Madrid. "Hacía esquina con Factor y la ventana de mi cuarto daba a Poniente, siempre me sentaba ahí a ver la puesta de sol, después de Barrio Sésamo. Creo que por eso me gusta mucho ver la línea del horizonte, y también me ayudó a pensármelo bien antes de salir de casa, porque no se suben tantas escaleras así como así. Por eso soy muy casera", cuenta la ilustradora. Acaba de llegar a su ciudad natal desde el Alentejo portugués, todo un cambio de ritmo. Allí vive en el campo, en una quinta [finca rústica tradicional] cerca de Évora, donde se instaló hace 11 años, tras un lustro en la nubosa Aberdeen (Escocia). En Una casa portuguesa (Lumen) escribe que ha pasado "de urbanita a quintaneira, de ilustradora a ceramista, de la nada a jardinera". Y ese giro vital iniciado a los 44 años (ahora tiene 50) es clave en su libro, un diario ilustrado de una mudanza y una reforma llena de imprevistos, pero también del descubrimiento de una pasión: los azulejos y la pintura en cerámica.

Cuando empezó su carrera, Maier vivía en Malasaña y soñaba con hacer portadas para The New Yorker. Ahora tiene un huerto, muchos cestos, gatos y perros. Vive a lo Gerald Durrell y viaja para rastrear la historia del azulejo renacentista; se pierde en ermitas para replicar sus patrones en su cuaderno y luego decora sus piezas. Por eso su libro es una crónica de los cambios de expectativas en la vida, una defensa de lo inesperado, casi un tratado neoludita sobre los cambios y los ritmos. "Las piezas que uso son hechas a mano por el señor Baeta en su alfar de Redondo, a 30 km de mi casa, y otro alfarero de Lebrija [Sevilla], que las hacen a mano con el barro que obtienen tamizando tierra de su zona, y también de unos chicos jóvenes que acaban de montar su estudio en Talavera [de la Reina, Toledo]", explica, "las pinto como cuando hago acuarelas y luego hay que esperar porque al meterlas en el horno tiene que llegar a 1.000 grados. Los primeros 600 tienen que ir muy despacio para que no estallen, el polvo se va fundiendo y convirtiendo en vidrio, y luego ya se asienta el esmalte y tiene que bajar gradualmente. Puede tardar un día y medio, depende...".

Esa capacidad de sorpresa fue un imán para ella. "Es que lo artificial ya cansa. Y la cerámica está muy viva, no puedes controlarlo todo, hay muchas cosas que no dependen de ti", defiende. Comenzó a combinar historia e ilustración con Cuaderno del Prado, un viaje por la pinacoteca y sus obras, y luego decidió embarcarse en una exploración del azulejo renacentista que la ha llevado a entremezclar esos datos históricos con su propia vida. "El azulejo en sí es árabe, pero ellos no pintaban figuras, luego está el azulejo morisco de Valencia... Y de repente todo cambió cuando un italiano, Niculoso Pisano, llegó a Sevilla y comenzó a pintar como si lo hiciera en caballete pero en azulejos", relata con entusiasmo, "cuando él murió, murió la técnica, que reapareció 30 años después en Amberes y luego llegó aquí con Jan Floris, que hizo muchísimos azulejos para El Escorial, aunque no están documentados, y que llegó a ningunear al rey Felipe II".

Maier recoge su pelo con una pañoleta para pintar. Suele arrancar el día calentando la muñeca con bocetos mientras habla por teléfono con su madre y luego, si no tiene una ilustración con fecha de entrega, se pone a pintar y hornear cerámica.
(Abajo derecha)Uno de sus primeros proyectos en la casa fue crear unos azulejos para la ducha. Se inspiró en los viajes del botánico Alexander von Humboldt, explorador alemán nacido en 1769; en la imagen, el dibujo y el resultado.


Maier recita de carrerilla una "ruta Floris", que comienza en la Quinta da Bacalhoa, cerca de Lisboa, sigue en las localidades cacereñas de Garrovillas y Cañaveral, continúa en Plasencia y Garganta de la Olla y llega hasta Oropesa (Toledo). "Lo que me maravilla de él es que no sabemos hasta dónde habría podido llegar, sabemos que hizo obras, hoy perdidas, para el Alcázar de Madrid y el Palacio de Valsaín, debían de ser unas escenas preciosas", imagina. En el Museo de la Cerámica Ruiz de Luna de Talavera, donde Floris trabajó y murió en 1567, Maier expone este verano De Évora a Ébora: un viaje cerámico. Porque para ella, a través de la evolución de esta técnica se podría mapear el Renacimiento español: "El Imperio, la imprenta que hizo que se pudieran reproducir estampitas, las guerras de religión, el comercio que podía llevar a la escasez materiales como el estaño y determinar cómo eran las piezas... Por ejemplo, en esa época surgieron los "contrahechos", que hoy es deforme, pero quería decir de imitación, "a la manera de". La cerámica lo resume todo.


Smoda Nº 335 - Julio 2026

Lo que se ha roto…

 La hora del bocadillo

¡Que paren las rotativas! Llega a las librerías la esperadísima nueva obra de Paco Roca

Portada de la nueva novela gráfica de Paco Roca.

José Luis Vidal

31 de mayo 2026


Para todos aquellos que amamos el noveno arte, él es nuestro artista más internacional. Creo que no me equivoco al decir que a estas alturas ha trascendido el medio del cómic, ya que no solo se publican sus obras a lo largo y ancho del planeta; además ha realizado un trabajo (sin ser él un dibujante de tipos con mallas y máscara) para una de las editoriales norteamericanas más grandes, DC Comics, narrando las peripecias vacacionales del Señor Oscuro por nuestras tierras. Y por si esto no fuera suficiente, varios de sus cómics más famosos han tenido una exitosa traslación al medio cinematográfico o el catódico. ¿Qué autor de cómics español puede decir que tiene un premio Goya en su estantería?

Si le seguimos por sus redes sociales, veremos que la vida de Paco Roca es un imparable calendario en el que se acumulan presentaciones, charlas, viajes, etc… Y en los últimos años, ha tenido el inmenso honor de plasma su arte en las paredes de su ciudad, Valencia, siendo merecido profeta en su tierra.

Cada nueva obra es esperada con impaciencia por sus lectores que, como él mismo comenta: “Muchos de ellos no leen otros cómics…”.

Este hecho queda refrendado por la vertiginosa cifra de ventas a sus espaldas, convirtiéndole en un auténtico best seller, habiéndosele concedido todos los galardones habidos y por haber, no solo en nuestras tierras, ya que posee varios premios Eisner.

A lo largo de su trayectoria como autor ha tocado multitud de temas, desde el drama de una temible enfermedad como es el alzheimer, pasando por la crisis familiar que puede suponer la posesión de una casa con los recuerdos que esta guarda, o la peripecia política, judicial y personal que supuso el hallazgo de un tesoro bajo el mar…

Pues bien, ahora Paco Roca nos propone que le acompañemos en un particular viaje, en el que, como ya hizo en Arrugas, La Casa y Regreso al Edén, hay buena parte de él, de su propia historia.

Conoceremos a Fran Gisbert, un escritor que, por circunstancias que se nos explican, está literalmente atrapado en las solitarias tierras de la Patagonia argentina, esperando el deseado vuelo en el que pueda regresar a España.

En este lugar, los recuerdos van a comenzar a caer sobre él, ya que tan solo hace unos pocos meses que en su vida se rompió algo. Tras veinte años de vida en común, Susana, su pareja, pronunció esas cuatro palabras que pueden derribar los más altos y gruesos muros.


“Ya no te quiero”.

Padres de dos niñas de corta edad, Fran repasa todos esos momentos previos al abandono, sin terminar de comprender el por qué de la ruptura. En una imaginaria máquina de tiempo viajará al principio de su relación, cuando todo iba bien, y poco a poco, con el paso de los años, se irá dando cuenta de las razones para que Susana haya tomado esa determinante resolución que aún duele, dejando solo paso al rencor.

Esperando, las horas pasan. Aunque por momentos está rodeado de gente, otros impacientes pasajeros, Fran se siente más solo que nunca. Tan solo el móvil se convierte en ese invisible cordón umbilical que aún le une a Marta y Ana, sus hijas que, como podrá comprobar, también son víctimas colaterales de lo que ha sucedido.

Y todo podía haber seguido así, en este ventoso y frío paraje, seguido por los perros abandonados que lo pueblan. Observando ese infinito horizonte.

Pero en ocasiones la casualidad actúa, y el protagonista conocerá a alguien, Sonia. Ella, de manera inconsciente, va a convertirse en ese tópico tan argentino del psicoanalista cuando ya en un ambiente más relajado, las palabras y las confidencias fluyan.

El viaje es una obra de ficción en la que Paco Roca vuelca parte de su experiencia personal, demostrando el poder sanador del arte y la creación. Y, cómo no, vuelve a regalarnos una historia en la que te sumerges ya en las primeras páginas, con un fuerte componente humano, y que probablemente se convierta en un espejo en la que muchos lectores y lectoras puedan mirarse, ya que comparten una experiencia similar en sus vidas.


Diario de Cadiz



martes, 23 de junio de 2026

Dance Central Intro (2010, Xbox, Robert Valley)

Introducción del juego " Dance Central " (2010, Xbox).  Por obra y gracia de Robert Valley, a quien pude ver en persona y escucharle la Primera Comic-con de Málaga

En esta secuencia, fue codirector (junto con Dan Sumich), diseñador de personajes y director de animación.

Otros animadores (además de Robert Valley y Dan Sumich) fueron Riseon Kim, Peter Dodd, Calvin Barreto, Benoît Féroumont, Andy Bouchard, Jeff Carroll y Tabitha O'Connell.