Algún día se podrá medir el daño que han hecho a los comics obras y autores que, por su carácter innovador, se han convertido en verdaderos hitos en la historia del medio y han supuesto una influencia tan grande, han dejado una huella tan profunda, que otros profesionales, considerablemente menos talentosos que los pioneros, han pretendido seguir sus pasos con mucha menor fortuna. inundando el mercado de títulos, personajes y estilos que, en su torpeza, sólo han podido bastardizar y encanallar el concepto original. Hay algunos casos muy llamativos, como los de Neal Adams y Jim Steranko, ambos figuras gigantescas, que sin embargo engendraron toda una caterva de seguidores que han hecho más mal que bien, quedándose la innovación narrativa y la potencia gráfica de los primeros en los amaneramientos de los segundos. Algo muy semejante sucedió con Watchmen o The Dark Knight Returns, obras muy meritorias que tristemente desencadenaron que durante casi toda una década (¿alguien recuerda el funesto lema "¡Los comics ya no son para niños!"?) los lectores de superhéroes nos tragásemos o bien la penúltima paja mental de un guionista con un ego del tamaño de la Península Ibérica o bien rollos macabeos que trataban temas supuestamente trascendentes con el rigor de un episodio de Padres forzosos. Pero esto no sucedía tan sólo con los comics mainstream, que al fin y al cabo buscan explotar el filón que tan buenos resultados comerciales les había dado, sino que se podían y se pueden ver sus equivalentes en las llamadas editoriales independientes (por cierto, independientes ¿de qué?). Desde el primer artista que decidió que su ombligo era un lugar donde ocurrían cosas apasionantes que debían interesarnos a todos, el aluvión de comics autobiográficos nos llegó al cuello y amenazó con cubrirnos por completo (de mierda, naturalmente). Con las slices of life ha ocurrido exactamente lo mismo, y la escena independiente se ha llenado de personajes pretendidamente originales, encantadores y vaya usted a saber cuántas cosas más. Strangers in Paradise pertenece a este último grupo.
Partiendo de la base de que siempre es bienvenido cualquier título que amplíe un poco el escaso espectro temático de los tebeos en español, he de añadir rápidamente que eso es prácticamente lo único que cabe celebrar de la llegada de Strangers in Paradise a nuestro país.
Los cuatro primeros números de la serie presentan a los personajes protagonistas: Francine, una chica dulce y confiada que no es capaz de encontrar un buen hombre que la quiera de verdad; Katchoo, su mejor amiga y compañera de piso, una chica impulsiva que puede o no ser lesbiana y estar o no enamorada de Francine; y David, un pringadete que se cuelga de Katchoo. Vaya mimbres. Terry Moore, que quiere ganarse a pulso en sus declaraciones el título de Antonio Gala de los comics por salidas como "Estoy más interesado en estas dos mujeres de quienes podría enamorarme- y en averiguar qué las hace reaccionar- que en la historia de cualquier hombre", sin embargo pinta a Francine como a una pobre desgraciada dispuesta a humillarse en público ofreciendo su virginidad y perdonar al pichabrava de su novio con tal de que no la deje, porque al fin y al cabo las mujeres necesitan a un hombre de verdad, o nos desvela que Katchoo es una impulsiva mediante el sutil recurso de hacerle apagar el despertador a tiros. Madre mía. Eso sí, todos los tíos son o unos calzonazos (como el vecino de las chicas o el mismo David, que es muy, pero que muy sensible) o unos cabrones, como el incorregible sátiro con el que sale Francine. O sea, el feminismo entendido a la manera de Thelma y Louise. Este tufillo políticamente correcto mezclado con nociones sexuales sacadas de la enciclopedia del Reader's Digest rampa por los cuatro números que componen el primer arco argumental de Strangers in Paradise, y Terry Moore no mejora las cosas con declaraciones del tipo: "Mi única intención es satirizar América". Por Dios, en cualquier tebeo de los estudios de Rob Liefeld la sátira de los Estados Unidos es mucho más sangrante (y lo hacen sin querer).
Por mucho que diga el ex guitarrista de un grupo de rock duro (estos gustos musicales explican muchas cosas) Terry Moore que "la vida es más complicada que elegir la opción A o la B. La gente es más compleja" refiriéndose a su indefinición sobre la homosexualidad de Katchoo, no nos podemos quitar de la cabeza que es la salida de los cobardes, mucho más propia de una editorial como Marvel que de los supuestos adalides de la libertad creativa, quienes al fin y al cabo se muestran igual de acojonados que las grandes empresas ante la posibilidad de ofender a algún lector, no vaya a ser que decida dejar de gastarse sus dos dólares setenta y cinco en las aventuras de una bollera. Muy triste.
Para terminar de mejorar la cosa, Moore también es de los que abundan en la opinión de que los personajes se escriben solos. Según él, Francine y compañía actúan y hablan mientras Moore se queda observándolos en un rincón. Esta opinión, que puede parecer graciosa en un comentario de texto de tercero de BUP, resulta triste cuando se la oye en boca de un artista hablando de sus creaciones. Ya puestos, ¿por qué no repartir los beneficios con ellos? ¿No son seres vivos? Si se les pincha, ¿no san-gran?, etc, etc. En fin, que como la vida sigue, también lo hacen las de los personajes de la serie y Moore, en su afán de mejorar la colección (hay que decir que no quedó muy contento de estos primeros cuatro números, pero no por ninguna de las razones que hemos descrito más arriba) y como "la vida es una experiencia multimedia, y los tebeos también deberían serlo", Moore dixit, en próximos números tendremos letras de canciones incluidas en el tebeo y listas de discos que el señor Moore escucha mientras perpetra Strangers in Paradise. Toma experiencia multimedia.
Mientras que la única explicación que cabe al respecto del contenido de Strangers in Paradise es que su autor, por mucho que se empeñe en ser un tío legal y enrollado, no deja de ser el típico cuarentón de clase media americano con mujer e hijos y un montón de facturas que pagar, lo del dibujo tiene explicación. Es un trabajo primerizo (aunque Moore ya tenía sus buenos 37 tacos cuando empezó con esto) y, aunque un poco feo, considerando que Moore en su vida había dibujado antes un tebeo, no se puede decir que lo haga tan mal. Es más, quienes han tenido el valor de seguir leyéndolo más allá de los cuatro primeros números dicen que mejora bastante. Yo lo creo. Pero la verdad, me da lo mismo. Le echaré la culpa a mis prejuicios, pero no puedo evitar pensar que nada bueno puede salir de la cabeza de alguien que cree que Yesterday es una de las mejores canciones de todos los tiempos.
gonzalo quesada
U, el hijo de Urich #15 Marzo 1999









