domingo, 24 de mayo de 2026

El que tienes delante

Opinión por Anatxu Zabalbeascoa

En un poema, atribuido durante años falsamente a Borges, un verso hacía balance de su vida: "Si volviera a nacer comería más helados". Era, claro, una llamada a averiguar lo importante. También la constatación de que, hagamos lo que hagamos, nos equivocaremos porque, cuando consigamos acertar, ya no seremos los mismos. La vida es cambio. En aceptar, sobrellevar, observar, observar, aprovechar, celebrar, fomentar o disfrutar los cambios consiste vivir. "Que te pasen cosas", deseaba Manuel Vicent a sus lectores.

Si pudiera volver a empezar. Si lo conociera hoy. Si volviéramos a estudiar. Si fuera de nuevo madre. Si pudiéramos volver a ver a nuestros padres... ¿qué haríamos? Las emergencias sirven para pensar en eso. Para aprender a priorizar. Priorizar no es fácil porque tiene truco. Ver las cosas de manera sencilla se llama ver claro. Quien consigue hacerlo es clarividente. Pero la clarividencia es un don que poco tiene que ver con la sencillez. O mucho. Los clarividentes perciben lo no evidente a través de sentidos comunes. Es decir: desarrollan una capacidad excepcional. Y lo excepcional es el reino de lo inesperado. El milagro de las emergencias es que nos convierten a todos en clarividentes. Por un momento nos ponen de acuerdo. Todos queremos lo mismo: sobrevivir. Cuando lo contingente desaparece, la mente se aclara. El civismo manda. Y el civismo es emocionante. Sirve para plantearnos por qué tenemos que llegar hasta esa urgencia para darnos cuenta de que un bocinazo, una mala palabra o cualquier falta de amabilidad tiene un recorrido muy corto Y no beneficia a nadie. Nos sirve para constatar que, transcurridos unos meses, volveremos a descuidar esa clave tan sencilla para poder convivir en paz.

Hace unos días España se apagó. Pero, permítanme la cursilería, descubrimos otra luz. La tía de mi amigo G tuvo que quedarse a dormir en casa de su sobrino. Nunca habían dormido en la misma casa. Ese día les tocó compartir cama. Una vez al año, mi amiga A queda con M, su ex, en un bar cuando visita su ciudad. Quedan allí porque E, la mujer de M, se ha negado siempre a conocerla. El lunes 28, M apareció en su casa con A. Y... sorpresa. No tuvo que decirle a E "ya está bien de tonterías". Ella abrió una botella de vino. Se pasaron la noche hablando a oscuras. De nuevo, la oscuridad iluminó.

En su última y extraordinaria novela, Amélie Nothomb nos recuerda que en 1990 aún era posible no contar con más compañía que la que tenías delante. Eso sucedió durante el apagón. En una era de soledades normalizadas, fomentadas y, a veces, conquistadas, las emergencias nos recuerdan que formamos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos. Comprometerse con los demás multiplica la vida. Por eso una emergencia es, además de muchas otras cosas, una oportunidad. Nos recuerda el regalo que es tener la oportunidad de confiar.

"¿Qué significa portarse bien?", se pregunta Nothomb en El libro de las hermanas. Marguerite Duras escribió que vivir es callar algunas cosas. Sentir para no decirlas. En buena medida, comportarse es no hacer algo. Por eso Huxley apuntó que la mitad de la moral es negativa. Pero la vida escapa a recetas. Hace convivir contrarios para que tengamos la libertad de elegir. Así, no hacer algo podría ser el camino para no ser. O... podría ser también la vía para llegar a ser.


ICON DESIGN Nº17 junio 2025

sábado, 23 de mayo de 2026

Corto Maltes:Tango Hugo Pratt Norma



Por extraño que parezca, conozco a bastantes aficionados a la historieta que han sido incapaces de leerse un tebeo de Hugo Pratt. Por el contrario, también conozco a quienes, sin ser en absoluto lectores habituales de cómic, son fanáticos seguidores de las aventuras de Corto Maltés. Supongo que entre los miles de eruditos en la vida y milagros del marino de Malta habrá quien tenga respuestas a esta paradoja; yo sólo me espanto al pensar qué hubiera sido de la historieta si Hugo Pratt no hubiera existido.

Y todo a media luz, aparecida originalmente en 1985 de forma seriada en la publicación italiana Corto Maltese, conoce ahora su edición definitiva en España de la mano de Norma, tras una anterior, en forma de fascículos, dentro de la revista Corto Maltés de la editorial New Comic. No es, me parece, el mejor modo de persuadir a los descreídos de lo mucho que se pierden. Tango es un tebeo para iniciados convencidos, para seguidores habituales del ciclo vital y aventurero del marino más famoso que ha cruzado el mar salado. Posiblemente éste sea uno de los episodios de Corto Maltés en el que mayores concesiones hemos de hacer, en el que se nos pide un mayor grado de complicidad, o de condescendencia, hacia algunos de los vicios narrativos de su autor, lo que puede llevar a lectores poco avisados a la desorientación o al aburrimiento. Sin embargo, puedo asegurar que no hay obra de Hugo Pratt que no encierre algunos personajes, frases o secuencias inolvidables, tocadas de la singular belleza con la que el italiano lograba conectar íntimamente con sus lectores. Y este tebeo, a pesar de todo lo dicho, está lleno de muchos de esos momentos impagables.

Quince años después de su anterior aventura por tierras sudamericanas (la que constituía el siguiente episodio previsto dentro del ciclo de La Juventud, que desgraciadamente ya nunca veremos), Corto Maltés regresa a Argentina. Vuelve, como casi siempre, por la llamada de un amigo, en este caso de una mujer, Louise Brookszowyk, personaje que nos enlaza con Fábula de Venecia. La búsqueda de esa mujer y, posteriormente, la de su hija, envolverá a Corto en una sucia trama de redes de prostitución y proxenetismo, de corrupciones. de oscuras luchas de intereses entre las grandes familias de terratenientes, de asesinos a sueldo, de políticos y policías vendidos. Pero también le hará reencontrarse con viejos amigos y antiguas nostalgias. La misma nostalgia, me parece, que debió sentir el propio autor al trazar estas páginas, al dibujar las calles, los tugurios, los ambientes que él mismo conoció en su juventud; en el prólogo de la primera edición argentina de esta obra, Juan Sasturain nos dice que Pratt refleja con gran verosimilitud, y con su acostumbrada erudición, el momento histórico del Buenos Aires de 1923, pero que, sin embargo, la escenografía y la ambientación que nos plasma gráficamente tienen mucho de oníricos y poco de realistas; Pratt prefirió dibujar Buenos Aires como él lo sentía en los años 50, más que como le dictaban las fotos y la documentación de la época.



El episodio comparte muchas de las mejores virtudes distintivas del estilo de Pratt: la abundancia y riqueza de personajes, todos ellos perfectamente definidos y cargados de matices, por pequeña que sea su intervención; la inteligencia y brillantez de los diálogos, plenos de ironía; la presencia de elementos mágicos que se insertan en la historia de forma natural, no para interrumpir o modificar el curso de la acción, sino para aportarle una nueva dimensión, una resonancia onírica y poética (en este caso, las dos lunas que sólo aparecen para Corto). Hay también, como siempre, algunas secuencias antológicas, planificadas con la soltura y brillantez de un narrador y dibujante genial: el asesinato de Kazinsky, el reencuentro de Corto y Butch Cassidy, o toda la escena final en casa de Habban y el asalto a Corto; y, por supuesto, la famosa secuencia del baile de tango y el impagable guiño para los mitómanos: ver al mismísimo Corto engominado al mejor estilo de Gardel.

Pero junto a todos estos momentos de verdadera altura, la peripecia argentina de Corto parece marcada por un tono general de cansancio y abandono. Hay demasiadas páginas en las que su autor no se complica la vida en absoluto y se limita a coleccionar cabezas parlantes con enormes bocadillos y prolijas explicaciones, o a encargarle a Lelle Vianello, su ayudante en cuestión de "maquinarias", que le dibuje coches en diversas posiciones. El exceso de viñetas discursivas, la escasa presencia de escenas de acción y la propia complejidad de la trama, unido a la gran variedad de personajes, hace también que la narración avance menos fluidamente que de costumbre y sea, en ocasiones, difícil de seguir. Pero es evidente que a Hugo Pratt, en el momento de su inmensa carrera en el que dibujó esta obra, todo eso había dejado de importarle. Él seguía cuidando, por encima de todo, el tratamiento de los personajes y de las relaciones humanas, y en esa línea intimista está concebida Tango, con un predominio casi absoluto de la palabra y la reflexión sobre la acción. Esta es, sobre todo, una historia sobre el paso del tiempo y las huellas del pasado. Los personajes principales, incluido el propio Corto, parecen rodeados de un hálito de hastío y derrota. Todos miran al pasado y buscan en él referencias y viejos anhelos. El concepto de aventura, omnipresente en toda la obra de Pratt, se diluye; aquí ya no se encuentran villanos románticos, ni locos soñadores, ni extrañas sociedades secretas, sino una sórdida lucha de intereses económicos entre grupos de poder. Quizá por eso el propio Corto Maltés parece estar fuera de sitio, sin apenas controlar ni intervenir en el desarrollo de los acontecimientos. Como le dice Esmeralda, "es más fácil quedarse románticamente enganchados al pasado". El tiempo de los aventureros empezaba a pasar, y Pratt decidió anunciárnoslo en una Argentina de tonos oscuros, donde el aire melancólico y crepuscular característico de su estilo encontraba el mejor paisaje para desarrollarse.

Enrique Bonet


U, el hijo de Urich #15 Marzo 1999


Cuando el cómic se encontró con la universidad y la educación

Escrito por Noelia Ibarra 15 abril, 2026




La consideración peyorativa que ha pesado sobre la historieta durante prácticamente todo el siglo XX ha condicionado su relación con el ámbito académico y ha postergado en gran medida su inclusión como objeto de estudio. Si bien podemos rastrear la existencia de artículos de investigación en la década de los treinta y los cuarenta en Estados Unidos, en particular procedentes del ámbito sociológico, pero con relevantes aportaciones para los diferentes niveles educativos y sobre todo, para la formación de lectores, dados sus positivos resultados en cuanto a su inclusión en las aulas, sus aportaciones fueron apartadas ante la corriente de odio hacia los comics-books que, considerados como perversas influencias para la infancia y la adolescencia, se extendió en la prensa americana tras la segunda guerra mundial y desembocó en la drástica instauración de códigos de autocensura por la industria editorial y la reclusión del noveno arte en ámbitos vinculados a la infancia. De esta forma, la concepción del cómic como un producto destinado de forma exclusiva a la infancia y en consecuencia, su caracterización como un arte menor, mutilaba cualquier atisbo de interés académico ante la presión del juicio popular que ya lo había condenado.

La exclusión del cómic se propagó por toda Europa, y también en España, pese a que en Francia puede rastrearse la gestación del interés por su investigación durante la década de los sesenta, de forma paralela a la aproximación intelectual propuesta por colectivos como el CELEG (Centre d’études des littératures d’expression graphique) responsables de una tímida apertura que en nuestro país no pudo constatarse hasta casi el final del siglo XX. De hecho, la pionera tesis doctoral de Juan Antonio Ramírez, Historia y estética de la historieta española (1930-1970), defendida en la Universidad Complutense de Madrid, supone un hito que posteriormente su autor contextualiza con ironía a través de la descripción del extenso abanico de dificultades y resistencias para poder llevarla a cabo, entre ellas, la necesidad de un tutor que considerara que el cómic podía ser un objeto digno de una investigación rigurosa. Estas circunstancias se repiten en la segunda tesis doctoral defendida en España en 1981 en la Universidad de Valladolid, la de Antonio Altarriba, La narración figurativa. Acercamiento a la especificidad de un medio a partir de la «Bande Dessinée» de expresión francesa, con semejantes problemas relativos a prejuicios en torno al cómic y en consecuencia las profundas reticencias para aceptarlo como temática en una investigación científica. Ambas tesis doctorales constituyen ejemplos más que significativos del elevado número de obstáculos que como investigadores en formación debieron acometer para superar el escaso apoyo institucional, los problemas de acceso a las fuentes y la incomprensión de los expertos e incluso, la consecución de un director que se comprometiera a llevar a cabo esta tarea o la valoración positiva por parte del tribunal, que reiteraba los mismos estereotipos negativos sobre la historieta que sus tesis intentaban derrocar desde la perseverancia, el rigor científico y la amplitud de perspectivas. Frente a estas iniciativas aisladas, en otros países como Francia se constata un germen en torno a las décadas de los setenta y ochenta de estudios en esta línea, que todavía tardará en manifestarse en forma de tesis doctorales defendidas.

De forma progresiva, esta situación ha ido cambiando y la cartografía de las investigaciones que cristalizan en una tesis doctoral en la que el cómic ocupa el eje central se ha incrementado de forma progresiva, con aproximaciones desde distintos campos del conocimiento, entre los que despuntan, la filología, la educación, la historia, la historia del arte, pero también la medicina o la sociología, como ámbitos que dan cuenta de la extraordinaria riqueza del medio y el abanico de opciones que supone para estudiosos de diferentes disciplinas. Como también ha crecido considerablemente el número de Trabajos Final de Grado y Final de Máster desde diferentes perspectivas y ámbitos del saber que en definitiva dan cuenta de un renovado interés por el cómic. En este sentido, puede apreciarse una metamorfosis radical en cuanto a la consideración sociocultural del cómic se refiere en el inicio del siglo XXI, reflejado entre otras muestras relevantes, en la instauración del Premio Nacional de Cómic en 2007 por parte del Ministerio de Cultura español como reconocimiento expreso a la gran riqueza y diversidad del medio y su influencia en diferentes ámbitos de la cultura. No obstante, algunos de los problemas padecidos por Ramírez y Altarriba presiden todavía el panorama de la investigación en cómic en la universidad española, entre ellos, la dificultad de consulta de las fuentes primarias, la soledad del investigador de cómic en su ámbito de conocimiento, facultad o departamento de adscripción, la dispersión de las investigaciones en diversos campos del conocimiento y los problemas inherentes a la inexistencia de un consenso respecto a nociones clave como la misma definición de cómic, su génesis.

Si realizamos una radiografía de la investigación sobre cómic a través de las contribuciones científicas generadas veremos cómo la situación descrita para las tesis doctorales se reitera, pues si bien una búsqueda en diferentes bases de datos de revistas indexadas de prestigio nos devolverá un elevado número de artículos, por una parte la cifra sigue resultando reducida en comparación con otras disciplinas y por otra, el incremento se produce de forma exponencial en los últimos años. En este sentido, cabe destacar el papel desempeñado por las revistas científicas para que los investigadores puedan publicar sus resultados en medios especializados, como Tebeosfera, creada en el año 2001, a la que se unieron en 2013 la revista Cuco y en 2019 Neuróptica, la nueva etapa de la mítica revista fundada por Antonio Altarriba. Además, diferentes colecciones como Grafikalismos, en la Universidad de León o la Editorial Marmotilla, reivindican la necesidad de publicar ensayos y monografías de calidad sobre el cómic, siempre desde la rigurosidad y exigencia de los estándares académicos.

En este sentido, cabe destacar el paso adelante que ha dado la Biblioteca de Humanidades Joan Reglà de la Universitat de València al crear un espacio dedicado a la teoría del cómic con más de 1500 referencias, al que ha seguido la apertura de secciones de cómics en otras universidades como la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Sevilla.

Asimismo, resulta destacable el espacio generado para el intercambio de conocimiento científico a través de eventos académicos, como congresos, jornadas y seminarios cuya continuidad y número ascendente de ediciones demuestran la necesidad de creación de sinergias y comunicación de resultados y buenas prácticas por parte de sus estudiosos. En esta línea podemos destacar la instauración de Unicómic, el salón del cómic de la Universitat de Alicante en 1998, primero como simple punto de encuentro de aficionados desde un formato tradicional de festival de cómic a su evolución años después en evento académico en el que se abría un espacio para la presentación de comunicaciones universitarias, el Congreso de estudios interdisciplinares sobre cómic celebrado en la Universidad de Zaragoza en 2017, al que pronto se unirían el congreso Comics in Dialogue en la Universidad Complutense de Madrid en 2020, la International Conference Teaching with Comics, celebrada en 2022 en la Universitat de Valencia, el Congreso internacional de investigación sobre cómic de la Universidad de Alcalá de Henares en 2023 o el Congreso de Genealogías Feministas del Cómic que albergó la Universidad Complutense de Madrid en 2024.

En este complejo trayecto de interacciones entre cómic y universidad, la creación en 2019 de la Cátedra de Estudios del Cómic Fundación SM-Universitat de Valencia estableció un claro punto de inflexión en la introducción del cómic en el ámbito académico. La puesta en marcha de esta cátedra institucional, nacida de la colaboración entre la institución universitaria y la empresa privada, marca el comienzo de un interés rápidamente creciente que se plasma en la aparición, en apenas cinco años, de otras cuatro cátedras: la Cátedra Moebius de la Universidad de la Laguna, la Cátedra de Investigación y cultura del cómic de la Universidad de Alcalá de Henares, la Cátedra Martín Morales de la Universidad de Granada y la Cátedra de Recerca i Experimentació en Còmic Finestres en la escuela Elisava dependiente de la Universitat Pompeu Fabra. Alrededor de estas cátedras se ha creado un ecosistema en el que se ha fomentado la investigación y la puesta en marcha de iniciativas como jornadas o congresos de investigación que han cambiado radicalmente el panorama de investigación en España, impulsadas además por la sinergia que desde el primer momento se ha mostrado entre ellas. Como también resulta reseñable en este recorrido la gestación de estructuras de actividad cultural con la historieta como protagonista, como las aulas de cómic de la Universitat d’Alacant, Murcia o València.

Por último, la puesta en marcha de la Sociedad Académica de Estudios del Cómic (SAEC) constituye la expresión más evidente de la existencia de una masa crítica de importancia en el estudio del cómic en España. Impulsada por las universidades de València, Alacant y Alcalá de Henares, la SAEC se constituye en 2025 como espacio de colaboración y promoción de la investigación universitaria en el ámbito del cómic, con casi medio centenar de asociados de una veintena de universidades que legitiman el colectivo de investigadores que se ha acercado a la historieta desde diferentes ámbitos. Entre sus acciones destaca la instauración de unos galardones científicos a los mejores trabajos de investigación y la puesta en marcha con éxito del I Congreso Internacional de Investigación de la SAEC, celebrado en la Universitat de València en 2026.

Sin embargo, pese a los positivos cambios mencionados y la asunción de las extraordinarias posibilidades del cómic en los diferentes niveles educativos y en disciplinas, así como su potencial para la formación de lectores y el descubrimiento del placer por la lectura, todavía no ha encontrado un lugar protagonista en las aulas frente a opciones como los textos narrativos en las listas y recomendaciones de lectura. Sin duda, el desarrollo de un panorama crítico sólido en torno al uso didáctico del cómic de acuerdo con su naturaleza multimodal y su lenguaje interdisciplinar como opción metodológica renovadora y al tiempo, complementaria, constituye una vía destacada para afrontar las posibles reticencias del profesorado interesado, así como para incidir en su autopercepción negativa sobre sus carencias formativas al respecto. Sin embargo, en modo alguno puede reducirse a un andamiaje teórico, a una loa descontextualizada de sus virtudes o a su conversión en la panacea resolutiva de gran parte de los retos educativos del siglo XXI, pues su inclusión en las aulas como una posibilidad real requiere también del cambio de percepción sociocultural generalizado y del compromiso institucional, así como de una programación coherente con la legislación educativa vigente. En cualquier caso, queda todavía un apasionante trayecto por recorrer en el que la conjunción de esfuerzos entre universidad y escuela puede suponer un hito para los itinerarios lectores de numerosas generaciones en edad escolar, que podrían ver entre sus lecturas de aula obras de cómic, como también para la enseñanza de diferentes materias y la inclusión de metodologías activas en las que el alumnado adquiera un rol esencial en la construcción del conocimiento y al tiempo, una mirada crítica respecto a la realidad circundante gracias a la magia de las viñetas.


Revista Mercurio (Jot Down)



viernes, 22 de mayo de 2026

El sueño del monstruo Enki Bilal Norma



El mismo extraño futuro geopolítico que Bilal venía perfilando en la llamada Trilogía de Nikopol le sirve de pertinaz teatro de operaciones para esta nueva historia que ahora, aparentemente de modo tangencial, como propiamente viniendo de alguien que lo ha vivido desde fuera pero innegablemente emocionalmente implicado, entronca con un pasado (presente nuestro) concreto, real, actual de su nativa Yugoslavia. A diferencia de la mencionada trilogía, o bien el tema o su momento personal, despojan este nuevo álbum del ligero tono de comedia surrealista, un poco a la Boris Vian, con que se teñían los negros futuros fantacientíficos de La feria de los inmortales y sus secuelas. Donde surgían giros argumentales, mutilaciones y muertes que servían al propósito de la parodia política, personajes absurdamente destructores e indiferentes, donde se provocaba la sonrisa, aparecen ahora, con la misma negrura biotecnológica por marco, interacciones emocionales cuyas consecuencias ya no nos apetece, como lectores, saldar con una risita cómplice.


Limitado en su dibujo, con unos referentes muy claros en lo gráfico que se remontan hasta el fértil tronco de Moebius, Bilal nos devuelve, álbum tras álbum, las mismas caras protagonistas con distintos (no tanto: Nike, Niko, ¿Enki?) nombres y diferentes colores de pelo. El aspecto de sus páginas continúa bajo la servidumbre, pese a todo, de un dibujo-espectáculo que no deja del todo de pretender el lucimiento, personal e inconfundible a pesar de sus nada ocultas deudas, que lo convirtieron en estrella del cómic en otra época, muchos de cuyos valores ya no tienen vigencia. Por ello, miradas desde una sensibilidad abierta, sin el influjo del fanatismo que en otro tiempo despertara, sus páginas pesan visualmente, se atragantan. A ello contribuyen también los negros y cuadrados textos de apoyo, tipografías y recortes de prensa que suele intercalar en sus narraciones. Incluso el color y el diseño con los que quizá se aparta más de sus referentes originales y revela unas direcciones e ideas algo más locas, responde a pautas estéticas que difícilmente estimularán un ojo de los 90.

Nos engañaríamos, sin embargo, si no le concedemos a este álbum la oportunidad de la lectura. Porque, como narrador, sí que Bilal se ha depurado y ha afilado sus armas y todo lo pesado que podía haber resultado leerle, con todo ese tiempo que te hace detenerte en viñetas 10x20, ha conseguido moderarlo, acompañarlo de textos medidos, incluso un poco prosa poética que sabe utilizar de contrapunto nada redundante, para entregarnos una narración sorprendentemente rítmica en alguien tan... sólido.

Poniendo en juego el recurso de la memoria que va ejecutando a golpe de flash una regresión hasta el día cero, Bilal va segregando su relato hasta completar una historia cíclica (que estaríamos tentados de adjetivar de redonda) de recuperación emocional de vidas destrozadas que podrían ser las de cualquier persona atrapada en, o sobreviviendo a, la guerra de Bosnia. Prudentemente, el yugoslavo elige no desarrollar ese desierto, ese destrozo emocional entre acontecimientos y localizaciones de la propia guerra en los años 90 de nuestro siglo. Sólo 18 días de retrorreflexión poética desde la cuna de un hospital bombardeado pertenecen realmente al segmento espaciotemporal del conflicto yugoslavo, que una añagaza típica de escritor de ficción científica le permite al protagonista narrarnos con todo detalle y al historietista, el ejercicio de adoptar el punto de vista del recién nacido.

Sin embargo, ningún relato de Bilal hasta éste había tenido la virtud de dejar al lector tocado, impregnado de un regusto amargo con viscosidad de caramelo. Si, desde luego, el yugoslavo nunca ha resultado un optimista, si sus futuros siempre han sido irrespirables, al menos hasta ahora, parecían irreales. Pero esa declaración con que comienza el relato, ese "Yo soy el mayor y juro por las estrellas que brillan por encima del techo desaparecido que los protegeré siempre", marca el álbum no sólo con un objetivo argumental, sino con un tono emocional que no deja margen para la comedia o la parodia. Y el resto del decorado típico de Bilal, en realidad, no se ha ido. Sigue ahí la crítica política, sigue incluso algún toque de cinismo irreverente que recuerda el Nikopol, las organizaciones opresoras, la ciencia-ficción... Pero la gente, es más gente que nunca y el relato, con seguir las normas clásicas que le marca su propio planteamiento, no es cerrado: el reencuentro previsto desde aquella primera frase no se produce del todo, la imagen programática de la portada no llega a concretarse en el interior.

Si existe una diferencia. una madurez en este cuento está ahí. Lo irreparable es irreparable. La contradicción perenne que es la vida nos golpea en la cara:

-Llega en mal momento... Estoy perdiendo a mi padre.

- Lo siento... ¿Está muy enfermo?

- No. Está muy feliz.

A pesar de todas sus limitaciones y del bagaje que arrastra, Bilal ha producido con El sueño del monstruo una auténtica historia de personajes que el lector vive como dolorosamente reales, que le deja el ánimo de distinto fario que antes de empezar a leerlo, en el que se ve sorprendido, cuando termina, del cariño que les ha cogido a esos personajes desesperados del ladrillo del Bilal, que ya se le van para siempre.

Enrique Vela


U, el hijo de Urich 15 marzo 1999


jueves, 21 de mayo de 2026

Reencuentro con Nijinsky en el Liceo

 EL FARO DEL FIN DEL MUNDO / JACINTO ANTÓN

El magnífico espectáculo del Hamburg Ballet sobre el bailarín es una buena ocasión para repasar la vida del legendario personaje, su locura y su fabuloso salto


Una escena de 'Nijinsky'.

KIRAN WEST


Jacinto Antón

25 ABR 2026 

Entre las diversas cosas que he querido ser y no me ha dado la vida para ello está bailarín de danza clásica. Me parecía más fácil que actor porque no había que memorizar texto y la verdad es que algunos maestros de lo corporal como Pawel Rouba o su mujer Irene consideraban que tenía aptitudes e incluso un salto de elevación más que notable. Ahora ya no, y ni digamos cómo me quedan las mallas. En su momento hice mucha barra, lo que me permitía intimar con las bailarinas que, con las sirenas y las amazonas, han sido siempre mi perdición. Pensaba en ello mientras releía el otro día, tras ver el tan exitoso y espectacular (medio centenar de bailarines en escena) Nijinsky de John Neumeier en el Liceo, mi vieja y baqueteada edición de La danza de Sergei Lifar (Labor, 1973), uno de los libros que marcaron mi interés por el ballet y en el que el creador y bailarín de Ícaro repasaba la historia del arte de la danza desde los griegos hasta Béjart pasando por los Ballets Rusos de Diaghilev y su estrella Nijinsky y poniéndose él, Lifar, modestamente en el centro de su desarrollo. A mi entonces Serge Lifar me parecía la repera y tengo todo su libro subrayado trémulamente desde la cita del principio, "la Danse est mon foyer ardent", que es una frase del propio Lifar, claro, y en la que foyer, vaya, significa hogar. Luego he sabido que este mi primer "dios de la danza" era un tipo de aúpa que se peleó con la viuda de Nijinsky, Romola, por quién se enterraría más cerca del legendario bailarín y que confraternizó con los nazis.

En fin, decía que fui a ver Nijinsky, al que descubrí precisamente en el libro de Lifar y que es el verdadero "dios de la danza" pese a que el autor lo ningunea un poco ("bailarín genial, desprovisto de toda clase de cultura"). Vaslav Nijoinsky (nacido en 1889 en Kiev de padres polacos) es palabras mayores y para mí el propio nombre resulta una onomatopeya del salto. Es decir Nijinsky y se me ensancha el corazón y sueño con volar, inmaterial,  sobre el escenario (la Paulova miraba en el interior de las zapatillas del bailarín para ver si estaba ahí el secreto de sus saltos prodigiosos) y comerme el mundo a base de grand jetés, tours en l´air y sissonnés. Comulgo menos con algunas de las inclinaciones sexuales de Nijinsky y sobre todo con su obsesión culpable (pero sostenida) por la masturbación, que encontró un eco artístico (y provocó escándalo) en el momento en que su fauno plus nu que nu de La siesta de un fauno se autosatisfacía visiblemente en el escenario sobre el pañuelo de una ninfa. a ver si la locura le habrá venido de eso como sostenían los curas.

Me gustó mucho el planteamiento de Neumeier de situar el arranque de su espectáculo en la famosa velada en el salón de baile del hotel Suvretta House de Saint-Moritz, donde Nijinsky bailó ante el público por última vez, el 19 de enero de 1919, calificando la actuación -ya andaba un poco loco- de sus "bodas con Dios". Los presentes vieron a Nijinsky bailar, recoge Lucy Moore en su impactante biografía Nijinsky (Profile Books, 2013, que tengo dedicada por Mijaíl Baryshnikov de una vez que estuvo en Barcelona, ya que el propio Nijinsky, que murió en 1950, no se encontraba a mano), como si estuviera en un campo de batalla. El Nijinsky del Hamburg Ballet recoge eso casi al pie de la letra con una danza de inmenso nivel técnico, aunque a mi profano parecer algo fría, para continuar como un ballet narrativo y alucinado en el que parece que entremos en la atormentada mente del gran bailarín (Aleix Martínez en el reparto que yo vi) para repasar momentos de su vida. El ballet de Neumeier se abona a la teoría de que fueron la Gran Guerra y sus horrores lo que lo desestabilizaron y no la ruptura sentimental y profesional con Diaghilev.

El reencuentro con Nijinsky ha sido muy emocionante, aunque ya advirtió Darysnikov (que le interpretó en Letter to a Man) que ningún bailarín contemporáneo puede bailar los papeles en los que brilló Nijinsky mejor que él, y que esas obras no funcionan con nadie más. O sea que el salto de Nijinsky es inigualable, aunque podamos soñar en darlo.


El Pais. Cultura. Sábado 25 de abril de 2026

Una historia de violencia

 La Hora del Bocadillo

Los tres hermanos protagonistas de este cómic ambientado en el lejano oeste vivirán un auténtico vía crucis en la búsqueda de su huidiza madre



José Luis Vidal

17 de mayo 2026 


Daniel Blood dejará constancia sobre el papel de su historia y la de sus dos hermanos, Simon y el pequeño Jack, al que apodaban Conejo.

Llegó un momento en el que la vida, pese a las duras condiciones y la rectitud del reverendo Blood, pareció más plácida para aquellos niños que habían sido acogidos junto a Anna, su madre.

Pero como suele repetirse una y mil veces, el pasado vuelve en el momento más inesperado y con gran violencia, ya que Carter Cain sale de una cárcel mexicana en la que ha vivido un auténtico infierno, y en su cabeza solo hay dos ideas: Hacerle una breve visita al director de la prisión y, sobre todo, reencontrarse con el amor de su vida, que no es otro que Anna.

En este camino, el pistolero, junto a sus dos acompañantes, Levi y Billy Roy, miembros de la misma banda de forajidos, van a ir dejando un reguero de cadáveres, que tan solo parará momentáneamente cuando su mirada se cruce con la de la mujer, que ante el cadáver de Blood, no se lo piensa dos veces y sube a su caballo, huyendo del lugar y dejando a sus hijos abandonados…

Solos, sin un recurso, los chicos emprenderán un camino que los lleve a reunirse de nuevo con su progenitora. Pero la vida en esas tierras es dura, mucho, y los peligros acechan por doquier.

Afortunadamente, la suerte aparece en el momento más crítico, y se cruzarán con una mujer perseguida por la justicia, Buho Loco, por cuyas venas corre sangre cherokee, y que va a convertirse en esa importante ayuda que el desamparado trío de niños necesita en un ambiente totalmente hostil.

Mientras eso sucede, seremos testigos de la brutal y traicionera manera de ser de Carter, que para sobrevivir es capaz de hacer cualquier cosa, vaciando el cargador de su pistola ante la menor amenaza. Y también vamos a saber que la relación entre estos personajes no es lo que parecía en un primer momento.

Brian Azzarello, el guionista de este cómic, ya recorrió el Far West durante las exitosas veinticuatro entregas de la serie publicada en el renacido sello Vertigo, Loveless, junto al dibujante argentino Marcelo Frusin. Volver a estas tierras es reencontrarse con la violencia del western más duro, con pocos personajes (tan solo los niños protagonistas) que expresen algún sentimiento positivo.

Y regresa junto al que se puede considerar ya a estas alturas, su partner in crime preferido, junto al que ha transitado los terrenos del mundo criminal en la miniserie Johnny Double, y encontrado un merecido éxito con ese oscuro retrato en viñetas titulado 100 Balas. Y no ha sido el único trabajo realizado con Eduardo Risso, un auténtico maestro de las viñetas, que maneja el blanco y negro como nadie, pero que en esta ocasión despliega una paleta de colores, de acuarela, que al que suscribe y seguro al resto de lectores, va a sumir en un estado cercano al síndrome de Stendhal, maravillados por los bellos paisajes que el artista argentino plasma en sus páginas, obras de arte para enmarcar.

Clara representante del bautizado como Neo Western, La madre de los hermanos Blood se circunscribe a ese universo cinematográfico en el que el llamado ‘genero de convoys’ ha ido regalándonos obras con argumentos alejados del típico relato del sheriff heroico, para adentrarse en terrenos más oscuros y realistas que ya transitó directores como Sergio Leone y sus spaghetti western, y que ha ido evolucionando con el paso del tiempo hasta regalarnos joyas del séptimo arte como El Jinete Pálido, Sin perdón o la magnífica serie de televisión Deadwood, donde se nos ha mostrado la verdadera cara de una época dura y extremadamente violenta.

Y en este relato escrito por el puño y letra de Daniel Blood seremos testigos de que en las vidas de algunos hijos pesa una oscura condena, y es la repetir los pecados de sus padres.


Diario de Cadiz

Un mundo feliz

La tierra prometida está más allá de las estrellas… ¿O tal vez no?


José Luis Vidal

16 de mayo 2026


Cuando los recursos naturales del planeta Tierra comenzaron a escasear y su superficie se convirtió en un eterno incendio, las grandes mentes trazaron un plan, una huida del antaño planeta verde en busca de un lugar en el que la raza humana pudiera seguir viviendo.

A ese enclave lo bautizaron como Edén.

A bordo de una enorme nave espacial llamada ARCA se ha establecido una jerarquía que hasta ahora ha funcionado a la perfección, como un reloj suizo.

Una eficiente colmena.


Ficha

ARCA

Guion: Van Jensen

Dibujo: Jesse Lonergan

Tapa blanda

Color

176 págs.

25 euros

Nuevo Nueve


Los Ciudadanos, un grupo formado por grandes mentes y fortunas, son los que han establecido una serie de normas, que los coloca por encima de los Ayudantes, la fuerza de seguridad del lugar y los Colonos, el resto de la población, encargados del resto de tareas que hacen que no falte el alimento y todas la necesidades en este lugar.

Nadie a bordo de estos trabajadores se ha cuestionado nunca el por qué de una ceremonia, en la que al cumplir los dieciocho años, los colonos ya no vuelven a ser vistos y son trasladados a otra zona de la nave.

Pero claro, a estos obreros se les ha privado desde su nacimiento de la capacidad de la lectura, por lo que toda su existencia, sin ningún tipo de reparo, es realizar su tarea lo mejor posible y servir a todos los deseos de los Ciudadanos. Y cuando digo todos, me refiero a 'todos'.

En medio de toda esta eficiencia está la protagonista del relato, Perséfone, una muchacha a la que todos conocen como Effie. Gracias a un secreto que atesora comienza a preguntarse a sí misma sobre algunos hechos que suceden a su alrededor.

Y es que Effie sabe leer. Gracias a la generosidad de Nahyan Al Said, el encargado de preservar la literatura humana, la chica ha podido disfrutar de todas esas historias que sus compañeros Mat, Key, Bet y Don nunca conocerán.

Obviamente, el vigilante ojo del líder del lugar, Denton Graves, se posará sobre la protagonista, que comienza a traspasar líneas hasta ahora prohibidas para ella o sus compañeros, siendo testigo de que en esa nave están sucediendo hechos bastante oscuros…

¿Cuál será la verdad que se esconde en algún lugar de la enorme nave ARCA?

Van Jensen, guionista de este cómic, demuestra que para la salvación de unos pocos afortunados, una cruel élite que mira hacia otro lado mientras sus vidas sigan siendo cómodas. La crueldad, la mentira y el secreto serán las herramientas a utilizar para este fin, por muy desoladores que sean sus resultados.

Junto a este el dibujante Jesse Lonergan (Drome, Planet Paradise, Hedra…), un artista que tiene un sello especial a la hora de plasmar las historias en viñetas, ya que le gusta jugar con estas, planteando un mapa narrativo totalmente apasionante, que te lleva de la mano a través de un relato absorbente, en el que a lo largo del camino nos vamos a encontrar con no pocas sorpresas, algunas de ellas totalmente inesperadas y escalofriantes.


Diario de Cadiz