sábado, 18 de julio de 2026

UNA TRANSPARENCIA AMBIGUA por Thierry GROENSTEEN

La comodidad pequeñoburguesa de Max Fridman...


No veo quién, en el cómic contemporáneo, puede aspirar tanto al clasicismo como Giardino y, como él, no verse en absoluto limitado por sus reglas tradicionales y elementales, que son las de la reserva, la coherencia y la transparencia. El clasicismo, en Giardino, no es una cuestión de depuración. Muy al contrario: las imágenes de Max Fridman poseen una riqueza raramente alcanzada, alimentadas tanto por detalles figurativos (una infracción de las reglas), como por efectos estéticos (una transgresión de la coherencia) y connotaciones simbólicas (una superación de la transparencia). Lo que las autentifica como clásicas es el velo que, al limar toda aspereza, unifica estas imágenes en un continuo narrativo dotado de la suprema virtud de la evidencia.


Un ejemplo, entre otros, de la minuciosidad de la ejecución en Rapsodia Húngara de Giardino.



Sin duda, Giardino no nació clásico. Sus primeras planchas (no publicadas en Francia) se esforzaban torpemente por representar la materia de los diversos objetos representados mediante un grano de intensidad variable, como si el dibujo pretendiera imitar la fotografía. Al mismo tiempo, esta exageración del realismo se veía contradicha por una tendencia a la caricatura en el sistema de representación, tanto gestual como fisonómico, de los personajes. El trabajo de Giardino consistió en depurar sus dibujos, abandonando el grano en favor de oposiciones binarias negro/blanco (de una notable claridad en los últimos Sam Pezzo) y en homogeneizarlos, hasta alcanzar la codificación aparentemente neutra que conocemos. Pero Giardino ya estaba preocupado desde el principio por la fluidez de la secuenciación y por el efecto de realidad del relato, por su poder de verosimilitud. Su ideal ya era clásico. En ello, su evolución ilustra un funcionamiento general propio del cómic, ese género en el que el estilo de un artista, siempre ya dado, solo puede afirmarse a través de un proceso de maduración.

Lo que caracteriza el estilo realista que Giardino practica hoy es, ante todo, una atención extrema a los detalles. En la economía del relato, esta atención se manifiesta mediante un conocimiento muy elaborado de la caracterización externa. No es solo el temperamento de los personajes lo que se encarna en su vestimenta, sus manías visibles y su lenguaje; es todo un modo de existencia lo que se revela de golpe gracias a una incursión en su entorno familiar. Pienso en las viñetas de Rapsodia húngara que nos muestran a Fridman en su casa, y más aún en una ilustración realizada para JE BOUQUINE que representa a un joven en una habitación donde cada elemento, desde el monopatín hasta el póster de Snoopy, pasando por el tablero de ajedrez, es mucho más que decorativo: eminentemente significativo.

En la ejecución de los dibujos, esta preocupación por el detalle se traduce también en una minuciosidad superlativa: alfombras, tejidos, vajilla, encajes e incluso la vegetación están detallados como preciosas miniaturas. Sin embargo, Giardino nunca da esa desafortunada impresión de saturar el espacio icónico, una impresión que Jacques Martin no siempre evita. La «definición» de cada una de sus imágenes sigue siendo selectiva; más alta aquí, más baja justo al lado, evita la sobrecarga al dar profundidad a la viñeta, al darle ritmo y relieve.

Se observa, por último, en Giardino una búsqueda, discreta pero insistente, de elegancia en las formas, las proporciones y el equilibrio de las composiciones. Incluso los canallas conservan bajo su lápiz algo distinguido que, de cierta manera, los redime. Este dibujante refinado es capaz de crear a Olrik, pero los Sharkey no son lo suyo.

Por lo demás, Giardino me parece menos cercano a Jacobs de lo que a veces se ha querido decir. El trabajo de depuración es mucho más acentuado en Jacobs. Basta con comparar el sistema de representación de los rostros: disposición de pictogramas anónimos en el belga, recreación de figuras individuales, sensibles y plenas en el italiano, para quien los imperativos de la esquematización no parecen reducir ni alterar «las cien máscaras que conviene fijar a un mismo rostro» (Proust).

Genio de la caracterización, minuciosidad, elegancia: si hubiera que encontrarle a Giardino no modelos, sino pares, los buscaría más bien del lado de los grandes ilustradores estadounidenses al estilo de Norman Rockwell (véanse en particular algunos de sus dibujos a lápiz o a plumilla), cuya exuberancia natural los sitúa, por otra parte, en las antípodas del autor de La Puerta de Oriente. En efecto, no puede imaginarse nada menos exuberante que las aventuras de Max Fridman, cuyo único defecto es quizá una cierta insipidez latente. Parece que la placidez del héroe, al que el propio Giardino califica de aburrido (para añadir enseguida que en eso se parece a su creador), amenaza con contagiar a la propia obra. Todo está tan controlado, tan contenido, que el lector tiene la impresión de que su interés podría decaer al menor bajón del guion. Pero, afortunadamente, ese temor difuso nunca se confirma, pues Giardino tiene recursos suficientes para relanzar su relato cada vez que este podría, a su vez, volverse «aburrido».

Se comprende bastante pronto que la flema de Fridman es también una actitud dictada por los peligros que lo rodean. La vigilancia de Giardino, atento a dominar todos los parámetros de su arte, encuentra un eco en la vigilancia de Fridman. Obligado a desconfiar de todos, el espía francés es para sí mismo el primer objeto de su propia vigilancia: para triunfar sobre sus adversarios, debe decir y mostrar lo menos posible. Para ocultar sus cartas, debe ejercer una conciencia infalible sobre cada una de sus palabras y cada uno de sus gestos. Es quedarse corto, figura de la reticencia, la que gobierna sus actos y sus discursos. Cuando Fridman se encuentra frente a alguien que juega un juego similar al suyo, por ejemplo la turbadora Magda Witnitz, ello da lugar a diálogos llenos de insinuaciones que son pequeñas maravillas de duplicidad.

Una elipse memorable

Porque Giardino se complace en la duplicidad, y en ella es soberano: viñetas con dobles fondos (léanse más adelante las pertinentes observaciones de Jean-Claude Glasser sobre la importancia de las puertas), juegos de espejos (véase en particular esa memorable elipsis que introduce el primer abrazo de Sam Pezzo y Lia Wang), silencios subrayados o desmentidos por miradas que dicen mucho; todo le sirve de pretexto para ahondar en la evidencia, e incluso para hacer trampas con ella. Concibe el relato de espionaje como un teatro de las apariencias.

Se comprende bien que narraciones tan sutiles, donde lo esencial no está en los puñetazos y los disparos, sino en la cara oculta de un decorado o de un mensaje, no se acomodarían a imágenes demasiado afectadas, desplegando ostensiblemente su propia seducción. Por el contrario, exigen una realización lo bastante neutra, transparente y dócil como para no ocultar los matices del relato, matices que no lo adornan, sino que lo constituyen verdaderamente. Sin embargo, también se comprende que un autor tan retorcido, tan hábil en el arte del fingimiento, no puede dejarse encerrar en un clasicismo de buena ley, y que pondrá toda su ingeniosidad en trascenderlo (cuando no en subvertirlo), al menos de manera puntual.




Estampado de moda, sombra proyectada gigantesca, guiño lúdico a Hitchcock: algunas manifestaciones de una estética del efecto.

En efecto, Giardino no es prisionero de un código tan rígido como el de la «línea clara». No se priva, en principio, de ninguno de los recursos de la imagen gráfica, y en Fridman se observan sombras proyectadas gigantescas de una estética expresionista, efectos de niebla y explosiones de color. Esta independencia se manifiesta de forma aún más abierta en Sam Pezzo, donde sería interminable enumerar las secuencias «de efecto»: un telón de nieve, un cuadro de costumbres estilizado a la manera de un grabado de moda, o incluso ballets de sombras chinescas —entre ellos, una persecución sobre los tejados que, me parece, remite a los primeros planos de Vertigo.

Pero Giardino es ante todo guionista, y luego «director de escena» de sus guiones: solo es dibujante en última instancia, y además. Su composición revela un dominio de la espacialidad propio de un director de escena, al igual que la elección siempre acertada de decorados con connotaciones psicológicas y/o simbólicas. En este sentido, tal motivo o encuadre que una lectura rápida registra como un mero efecto gráfico suele revelar, en una segunda mirada, su verdadera naturaleza: la de una idea de puesta en escena.

Tomemos el ejemplo de los fuegos artificiales que iluminan la página 33 de La Puerta de Oriente. Parece que brindan la ocasión de alinear unas cuantas imágenes bellas que proporcionan un placer adicional al lector y le ofrecen un instante de respiro inmediatamente después de una escena muy tensa. Sin embargo, creo que esos fuegos artificiales mantienen con el conjunto del relato relaciones más justificadas que esas. Desde el punto de vista plástico, parecen ofrecer una variación de una escena anterior en la que Fridman quedaba deslumbrado por un reflector (cf. p. 17). Psicológicamente, dan fe del estado de nerviosismo y miedo del héroe, visiblemente más afectado de lo que quisiera mostrar por los minutos tan penosos que acaba de vivir. Por último, simbólicamente, culminan (de manera provisional) con una apoteosis la primera velada que Max ha compartido con Magda, dejando entrever que el coqueteo al que hemos asistido a lo largo de toda ella podría conducir a desbordamientos más «explosivos». Sin embargo, también puede verse en ello el anuncio metafórico de que su relación será intensa y efímera como el resplandor de un cohete, y de que, al final, la noche tendrá la última palabra.


Cahiers de la Bande Dessinée nº 71 Bimestral Sept-Oct. 1986

viernes, 17 de julio de 2026

Romeu / 500 años no es nada

 


El Pais Semanal número 95 Domingo 13 de diciembre de 1992

Aceptación

Pese a sus reticencias iniciales, Theresa va a lanzarse de cabeza a ese nuevo y extraño mundo que ha descubierto


José Luis Vidal

08 de julio 2026 


Pero claro, aunque las invisibles piezas de su caótica vida parecen empezar a encajar, la relación con su madre sigue mal, debido sobre todo a la rebeldía de la mujer a la hora de encarar su enfermedad y desorbitados gastos económicos.

Y a todo esto sumamos la aparición de Miles, un afable tipo que busca firmas para que en Limberlost no se construya una central eléctrica, y que se va a convertir en el que tal vez sea el último affaire de la mujer, lo que enfada aún más a Theresa.



Ficha

Arcanos Menores. Volumen Dos: La rueda de la fortuna.

Guion: Jeff Lemire

Dibujo: Jeff Lemire, Letizia Cadocini

Tapa blanda

Color

144 págs.

20 euros

Astiberri


Lo bueno es que las cosas parecen calmarse con el antiguo amor de la protagonista, y en una charla con ella dejarán las cosas claras. Además, lo inusual ocurre cuando el sheriff del pueblo, Brad, que también es el marido de Melissa, pide a Theresa que lo acompañe para enseñarle algo.

Ese 'algo' es una pieza más en el misterio que rodea a Theresa, que gracias a la generosidad y agrado de Kelly, la camarera de la cafetería cercana, se enfrentará a una auténtica legión de vecinos que buscan la verdad en las cartas del Tarot, tras haberlo hecho con una solitaria y atribulada joven.

Pero Kelly no puede apartar de su cabeza el hecho de que su hermano ha desaparecido y se le vio por última vez en un bar de carretera con bastante mala fama.

La nueva actividad de Theresa al frente del gabinete ha llamado la atención de un misterioso grupo de personas que la ven como un peligro. Por ello un extraño llega al pueblo, no se sabe con qué intenciones, pero está claro que quiere que la protagonista deje de visitar ese otro 'mundo' al cual accede a través de la lectura de las cartas de Tarot, que le sirven como llave que abre una invisible puerta.

La presencia, los recuerdos sobre Budd St. Pierre, el abuelo de Theresa, han sido muy importantes en su vida. Y en este segundo volumen regresaremos al pasado para pasar una temporada junto a Budd entre rejas. En prisión tendrá que enfrentarse a la realidad que supone el alejamiento de tu familia y tan solo una baraja de cartas de Tarot serán su razón para seguir adelante y, quien sabe, tal vez volver algún día a saborear la ansiada libertad.

Jeff Lemire, creador de esta serie, vuelve a demostrar una vez más que es un auténtico genio a la hora de crear personajes cuyos sentimientos traspasan las viñetas, ya que el dolor, el miedo, el agobio que pesa sobre sus cabezas son tan creíbles que el lector o lectora empatiza con ellos desde el minuto uno.

Si a esta increíble capacidad sumamos una imaginación que nos ha llevado más allá de las estrellas, a otras dimensiones y que, como en esta, el elemento sobrenatural y misterioso es muy importante, pues resulta una lectura de lo más estimulante, que te hace devorar las páginas a toda velocidad.

Lemire tiene una gran, cai inagotable, capacidad de trabajo, y aunque él seguirá dibujando este cómic, ha buscado a una artista que lo supla de vez en cuando, y qué mejor que la italiana Letizia Cadocini, que cumple con su labor a la perfección.

En fin, nuevas cartas serán puestas sobre la mesa, ese misterio que rodea a la protagonista, que sin saberlo se está internando en terrenos peligrosos…


Diario de Cadiz


lunes, 13 de julio de 2026

¡Pardiez, albricias, repámpanos!

Tu vida, como la de Bardín, puede cambiar cuando menos te lo esperes…


José Luis Vidal

07 de julio 2026 


Y es que este tipo bajito y cabezón tenía una existencia bastante vulgar, diríase harto grisácea. En su interior suspiraba por la esquiva Bárbara, objeto de su más rendido e incomprendido amor, pero ante la pasividad de esta él de dedicaba sobre todo a dar largos paseos.




Ficha
Bardín el Superrealista

Autor: Max

Tapa dura

Color

168 págs.

26,50 euros

Ediciones La Cúpula


Pero mira tú (o usted mejor dicho, no perdamos las formas…) que un buen día (por decir algo, tal vez no se trate del calificativo más adecuado) en su camino se cruzó un peculiar can que además de hablar (¡Oh, sorpresa!) le confesó que su nombre era El perro andaluz y poseía unos poderes robados en una situación en la que hubo más que palabras con Buñuel y Dalí. Y termina explicando a Bardín que ha llegado, sin él proponérselo al ¡mundo superreal!

Este es un paraje en el que, además de descubrir que posee la mirada interior (con un funesto descubrimiento), el alucinado protagonista se va a encontrar con la fauna y flora (poca) de este lugar tan pintoresco, que como podréis comprobar, queridos y avezados lectores, parece sacado de uno de los sueño del Genio de Cadaqués.

Preparaos, ya que como Bardín, estamos a punto de iniciar un periplo en el que la lógica deberá guardarse en un bolsillo. Y es que a lo largo de un buen montón de historias, el protagonista, que vive entre nuestro mundo y ese otro tan especial, vivirá mil y una peripecias en las que llegará a reflexionar sobre temas que como una enorme losa, sostiene sobre su llamativa testa.

Y hablando de temas, cada vez que se encuentre con su amigo del alma, Cirlot, tanto uno como el otro, acompañados por unos coñacs y unas tapas, divagarán sobre un buen puñado de cuestiones, inmersos en un auténtico laberinto de palabras, en los que deberán acceder a una posible solución o salida, cosa harto complicada, o directamente imposible.

Los sueños, o mejor dicho, las pesadillas y los traumas ocultos tendrán un papel muy importante en el devenir de Bardín, que una vez cierre los ojos, será incapaz de encontrar el solaz y tranquilidad de un buen sueño, debido a las trastadas cometidas por la peculiar pareja formada por un cachondo íncubo y un caballo.

Bardín cumple 30 años y qué mejor manera de celebrarlo que con la publicación de este volumen que recopila todo su recorrido viñetil, en el que Max, su autor, se hace acompañar en ocasiones por las colaboraciones de otros nombres del cómic patrio como Paco Roca o Álex Fito, por no citar a una inmensa cantidad de ilustraciones y demás, hasta ahora inéditas, que con más de ochenta páginas extras, convierten a este nuevo volumen en algo único e irrepetible. Una maravilla en la que la ironía brilla, poniendo a este frágil personajillo frente a una multitud de situaciones que obviamente le superan.

Preparad una mochila y abrid las páginas de este cómic, lanzaos de cabeza a este nuevo mundo, ¡el Superrealista!


Diario de Cadiz



jueves, 9 de julio de 2026

¡Ahí fuera hay monstruos!

 La Hora del Bocadillo

Cuando la humanidad se siente amenazada por seres y entidades que pretenden su destrucción, tan solo hay una manera de frenar sus planes




José Luis Vidal

05 de julio 2026


Precisamente para ello se creó la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal (AIDP) que siempre se ha movido en las sombras, encargándose de poner en su merecido lugar a todos aquellos espantos, fantasmas y demás fauna surgida de la más temida de las oscuridades.

A estas alturas, todos los que somos lectores de las peripecias de sus miembros, sabemos que aquel que fue el más destacado, cierto grandullón de piel roja y cuernos cercenados, ya no se encuentra entre sus filas; como tampoco el hombre pez que tantas y tantas peripecias ha vivido junto a estos.

Pero no temáis, ya que si por algo se caracteriza esta organización es por tener operativos paranormales siempre dispuestos a lanzarse contra el Mal. Algunos de estos son Liz Sherman, poseedora de un poder piroquinético que con el tiempo y necesario control, la ha convertido en una de las armas más poderosas con las que cuenta la AIDP.

Ella va a tener un rol muy importante en los sucesos que van a acontecer.

Otro de esos agentes es un ectoplasma, Johann Krause, lo que queda de él como hombre está contenido en un traje especial gracias al cual puede interactuar en las diferentes misiones, hecho este que le ha convertido en uno de los jefes de grupo con más experiencia.

Pero algo le está ocurriendo, Johann ya no parece ser el mismo…

Llega a las librerías la décima entrega de la colección dedicada a narrarnos el día a día de estos peculiares personajes, cuyas vidas se han convertido en un peligroso remolino del que es complicado escapar, debido a las múltiples amenazas que aparecen a lo largo y ancho del planeta.

Este tomo publicado por Norma Editorial, sello que lleva años encargándose de publicar todo lo relacionado con Mike Mignola, pater y mente maestra de este particular universo, en el que se ha hecho acompañar por una auténtica legión de genios, ya sean guionistas o dibujantes.

Y resulta que en la primera categoría de estos nos encontramos con un escritor, John Arcudi (Rumble), que llegó a la colección y, bajo la supervisión de Mignola, la ha convertido en un auténtico clásico moderno, dotando a sus protagonistas de una personalidad propia y enfrentándolos no solo a monstruos de diverso pelaje, sino también (y he aquí el talento) a dilemas morales.

Tal han sido las inmejorables críticas recibidas por la labor de Arcudi que su estancia dentro de la AIDP se ha prolongado por nada menos que doce años que ahora, en este décimo volumen, concluye.

Y lo hace acompañándose, como siempre, por unos increíbles dibujantes, de estilos completamente diferentes, pero cada uno aporta su talento y buen hacer a la hora de llevar a las viñetas las peripecias de este grupo de luchadores contra la Oscuridad.

Lo harán en tres arcos argumentales consecutivos, que forman una de las sagas más importantes del título.

Peter Snejbjerg se encarga de ilustrar Etéreo, vacío, eterno. Relato en el que se hará patente que Johann tiene problemas que pueden afectar a su papel en la organización y sus misiones, como una muy concreta de la que ha regresado junto a su comando.

Pero ‘algo’, un sentimiento, ha comenzado a crecer como una invisible semilla dentro del fantasma. Y tomará una decisión…

Continuaremos con El moderno Prometheo, y el dibujante Julián Totino Tedesco, en la que una vieja armadura se va a convertir en el objeto sobre el que gira toda la trama, y el regreso de alguien muy importante dentro de la organización.

Y como conclusión, El fin de los días, un largo arco de diez episodios donde todos los operativos tendrán que hacer frente a un ente que viene más allá de las estrellas, y al que todos los fans del universo de Mignola ya conocen muy bien.

Si a esto sumamos el regreso del gran villano al que en varias ocasiones se han enfrentado los protagonistas, La Llama Negra, no podremos apartar la mirada de las espectaculares y oscuras páginas que nos regala Laurence Campbell.

En ellas Liz, Johann, Payna, Fenix y el comandante ruso Iosif harán todo lo posible por detener el Apocalipsis.

¿Lo conseguirán?

Este imprescindible volumen incluye una extensa sección de extras, donde podemos deleitarnos disfrutando del proceso de creación de este cómic, narrado por sus propios autores.


Diario de Cadiz


Tras las huellas de Blueberry

Historietistas europeos rinden homenaje a uno de los iconos del cómic europeo, en un álbum colectivo que celebra el sesenta aniversario de la publicación de su primer álbum, ‘Fort Navajo’.


Julián Ruesga Bono

05 de julio 2026





La ficha

Tras la pista de Blueberry. Varios autores. Norma Editorial. Barcelona, 2026. Tapa dura, 23,5 x 31 cm, 128 páginas. 29,50 euros


Blueberry es una serie de culto en el cómic europeo. El año pasado celebró el 60 aniversario de la publicación de su primer álbum, Fort Navajo. Este western apareció por primera vez por entregas en la revista Pilote en 1963 y fue publicado como álbum por la editorial francesa Dargaud en 1965. Desde entonces, varias generaciones de lectores en todo el mundo han seguido sus andanzas, haciendo de él un icono del cómic de aventuras.

Escrita por Jean-Michel Charlier (1924) y dibujada por Jean Giraud (1938), Blueberry comenzó como un western clásico que jugaba ingeniosamente con las convenciones del cine del oeste. Su popularidad y relevancia cultural han seguido creciendo a lo largo de seis décadas, atrayendo y ganando un público de diferentes generaciones. En España lo comenzó a publicar por entregas Bruguera, en la revista Bravo, en 1968, y desde aquel momento sus aventuras han pasado por diferentes revistas y editoriales.

Jean Michel Charlier ya era un destacado guionista en 1963, –creador de series de éxito como Buck Danny, Barbarroja y Michel Tanguy– a la vez que redactor jefe de la revista Pilote. En Blueberry, destaca de nuevo su talento como narrador y su capacidad para construir complejas tramas que se desarrollan a lo largo de varios álbumes manteniendo un ritmo trepidante.

Jean Giraud, Moebius, entretanto, alcanzó rápidamente un alto nivel de madurez. Fue perfeccionando su estilo gráfico álbum a álbum, adquiriendo un admirable sentido espacial, con cuidados encuadres y disposición de viñetas, al servicio de la composición de las páginas. Su dibujo y la delicadeza de sus fondos alcanzarán un nivel de virtuosismo sorprendente que influirá en posteriores generaciones de ilustradores, convirtiéndose en uno de los grandes maestros del cómic.

Además de las bondades y logros técnicos, el éxito popular de la serie reside en el carisma del personaje que Charlier y Giraud construyen: teniente de caballería del ejército de EUA, desertor después, algo cínico y amigo de los nativos norteamericanos. El medio centenar de títulos publicados, divididos en varios arcos argumentales, abordan cada uno de ellos diferentes periodos de la vida y aventuras del personaje. La serie inicial y centro de las aventuras –Teniente Blueberry– se vio ampliada por una precuela –La juventud de Blueberry–, un spin offMarshall Blueberry– y el tramo final de la serie, después de la muerte de Charlier, guionizado también por Giraud, Mister Blueberry. Varios años después de la muerte de Giraud, en 2019, Dargaud volvió a retomar el personaje, esta vez con guión de Joann Sfar y dibujo de Christophe Blain, Rencor apache, volviendo a situar a Blueberry en los años de Fort Navajo. Para este año se espera la publicación de un nuevo volumen. La rentabilidad económica de la serie es evidente y parece que Dargaud no la va a desperdiciar.

Precisamente Dargaud le dedicó el pasado año un álbum tributo, Tras la pista de Blueberry, que ahora se publica en España. En el álbum participan un grupo de reconocidos historietistas del cómic europeo, especialmente del western, con relatos cortos e ilustraciones que ofrecen nuevas perspectivas del personaje. Cada una de las historias transcurre en diferentes momentos de la vida de Blueberry. Desde su infancia hasta su tranquila jubilación, catorce relatos inéditos de no más de ocho páginas, en su mayor parte ambientados entre dos álbumes de la serie, antes o después de alguno de sus episodios. En cada relato comparte viñetas y aventuras con otros personajes habituales de la serie: Red Neck, McClure, Chihuahua Pearl, el coronel Vigo, nativos americanos, mexicanos, jugadores de póker y el vasto paisaje de Arizona y Nuevo México, un elemento visual fundamental en la puesta en escena de las historias.

El álbum comienza con un prefacio del editor, introduciendo el álbum, donde presenta a Blueberry como un antihéroe: díscolo, testarudo y algo bebedor. El volumen también incluye breves testimonios de los autores que participan en el proyecto. En párrafos cortos, que preceden a las historias que han creado, reflejan recuerdos de su primer encuentro con las aventuras de Blueberry y comentan los álbumes que más les han influenciado. La mayor parte de ellos subrayan su admiración por la serie y sus autores y reconocen lo mucho que han aprendido sobre su oficio con el trabajo de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud. Para los lectores del personaje será un auténtico placer descubrir los otros Blueberry que aporta este volumen.

Tras la pista de Blueberry es un atractivo homenaje a un personaje único del cómic y a sus sesenta años de historia; a la vez que un recordatorio de sus contribuciones: un héroe que envejece, un western que trastoca los clichés del género, un narrador heredero de la tradición francesa de novelas de aventuras, un dibujante que alcanza un nivel de virtuosismo excepcional y, sobre todo, una galería de autores contemporáneos que siguen sus pasos, mayoritariamente masculinos: veintiocho hombres y una mujer, Anlor, dibujante del excelente western femenino Ladies With Guns.

Habría que destacar la presencia en el álbum del ilustrador jerezano Alberto Belmonte dibujando una de las aventuras y la portada de Matthieu Lauffray, además de la galería de ilustraciones con la que concluye el volumen a cargo de autores tan relevantes como Milo Manara, Stefano Carloni, Lu Ming, o Ralph Meyer. Entre los historietistas participantes, Anlor, Dominique Bertail, Michel Blanc-Dumont, Olivier Bocquet, Blunch, Vincent Brugeas, Alexandre Coutelis, Fred Duval, Jérôme Félix, Paul Gastine, Goossens, Jean Mallard, Enrico Marini, Mathieu Mariolle, Thierry Martin, Matz, Félix Meynet, Vincent Perriot, Corentin Rouge, Olivier Taduc, Ronan Toulhoat, Jean-François Vivier y Philippe Xavier.


Diario de Cadiz


miércoles, 8 de julio de 2026

Dos mujeres y un destino

Pese a las férreas convenciones sociales y religiosas, el amor de esta pareja se mantuvo vivo siempre


José Luis Vidal

04 de julio 2026 


Hay historias que a menos que alguien las haga públicas por cualquier medio permanecerán prácticamente en el olvido. Este podría haber sido el caso de las vidas de Charity Bryant y Sylvia Crake, dos mujeres que desde prácticamente el día que se conocieron y sus miradas se cruzaron, sin ella aún saberlo, surgiría una increíble historia de amor que uno de los grandes nombres del Cómic internacional se ha encargado de llevar a las viñetas en su último y, por qué no decirlo, espectacular trabajo.



Ficha
Charity y Sylvia

Autora: Tillie Walden

Tapa blanda

Color

276 págs.

29,90 euros

Ediciones La Cúpula


En nuestro país la autora estadounidense Tillie Walden es de sobras conocida gracias al trabajo editorial de La Cúpula y en esta, su nueva novela gráfica, coge la mano al lector o lectora, proponiéndole un viaje al pasado que comienza en el año 1807 en Weybridge, Vermont.

En esta localidad se va a dar un hecho, un inesperado encuentro entre las protagonistas, dos mujeres que entre el barullo de la numerosa familia de una de ellas, se darán cuenta que algo nace, un sentimiento irrefrenable que luchará contra todo y todos por que aflore en unos tiempos en los que, como ya todos podréis imaginar, el amor entre dos mujeres era considerado como poco un pecado mortal que te llevaría de cabeza al infierno…

Pasará el tiempo y, al fin juntas, acurrucadas en una pequeña cama, además de su amor, compartirán las duras condiciones de vida en aquella ya lejana época. Poco a poco, la habilidad como costurera de Charity la hará necesaria en una comunidad que mirará hacia otro lado, aceptando el hecho de que estas dos mujeres vivan su 'amistad'.

Sumergirse en la lectura de esta densa obra es una experiencia única. Tillie Walden se ha apartado completamente de su modo de narrar y, con una rejilla de doce viñetas de igual tamaño, va a volver de demostrar su talento, ya que llegará el momento en el que el relato obligue a la autora a realizar una composiciones de páginas útiles para que el relato avance y que gráficamente son una auténtica delicia. Si tuviera que quedarme con unos capítulos, serían aquellos en los que la autora realiza un repaso a la existencia de ambas mujeres desde sus nacimientos hasta justo el momento antes de conocerse. Increíble.

Argumentalmente, me gustaría destacar un hecho que va a sobrevolar el relato de principio a fin, y es el de la muerte. La dura vida en aquellos tiempos, las inclemencias del tiempo (como mejor ejemplo una cruel nevada en pleno verano) y los pocos medios en el apartado médico harán que veamos como docenas de familiares o conocidos perezcan a lo largo del argumento, ya sea por enfermedad o accidente.

Y ya que nombro a los familiares, la autora ha investigado a fondo por todos los medios disponibles a su alcance, introduciendo en la historia la relación de Charity con su sobrino William, escritor, o la de Sylvia con Acsha y su desgraciado destino, hecho este que marcará la mujer de por vida.

Habrá discusiones, comentarios en voz baja, momentos duros y dolorosos, debilidad, pesadillas y enfermedad. Pero el amor con mayúsculas de Charity y Sylvia resistirá hasta el final de esta increíble historia de amor.


Diario de Cadiz