La valoración de una obra como El lado oscuro ha de tener en cuenta desde tres aspectos diferentes: primero, el de la calidad aislada de las historietas que la componen, segundo el de la relación que hay entre esas historietas, o sea, la impresión global que produce la lectura de esas narraciones, y finalmente el de su atípico origen editorial que explica en gran parte los dos primeros.
Empezando pues por el final: El lado oscuro es la concreción editorial de las actividades historietísticas de la Semana Negra de Gijón de 1999. Este aspecto de la obra es doblemente significativo, ya que por una parte evidencia la voluntad de agitación cultural que impulsa la Semana, y por otra también resalta, una vez más, los límites de la industria historietística, ya que este tipo de producto hoy es impensable desde los criterios comerciales imperantes en nuestro mercado. Ya en el pasado la Semana Negra había editado libros colectivos de estudio sobre Sienkiewicz, Mattoti y el guionista argentino Oesterheld. Para la edición de este año, y como la mejor reacción al estéril ensimismamiento lastimero en la crisis de la historieta, planteó a un conjunto de autores la realización de una historieta sobre un tema común, y todo ello da origen a una espléndida exposición y a este cómic. De esta forma, la Semana se convierte en plataforma de publicación para una sugerente y significativa selección de creadores internacionales: E. Baudoin, Hernández Cava, F. del Barrio, Alan Moore, Óscar Zárate, Muñoz y Sampayo, R. Pellejero, J. Zentner, H. Altuna, Das Pastoras, Sanchez Abulí, Miguelanxo Prado, Mattoti, B. Sienkiewicz... Evidentemente, este tipo de plataforma editorial que ofrece al autor más libertad, también se realiza con un mayor grado de espontaneidad y por todo ello corre el riesgo de un cierto descontrol, de la pérdida de coherencia conjunta.
Como libro, como producto que tiene que tener una cohesión, El lado oscuro se organiza alrededor de una idea argumental homogeneizadora: la otra cara -la parte desagradable, dura, marginal o marginadora- de una serie de significativas ciudades contemporáneas: Buenos Aires, A Coruña, París, Madrid, Barcelona, Milán por partida doble, Londres, Los Angeles y Nueva York; no están todas las que son, pero son todas las que están. Ahora bien, la ciudad actual no tiene un lado oscuro uniforme, esa cara oculta de la urbanidad es compleja y tiene muchas manifestaciones; es un terreno que puede ser explorado de formas muy diferentes, y por lo tanto la prospección narrativa de esa negritud puede conducir a visiones muy dispares. Por contra, el sujeto tratado y el condicionante de de realizar las historietas en blanco y negro han favorecido la homogeneidad gráfica alrededor del expresionismo, lo que favorece que la obra consiga esa entidad que debe tener mas allá del valor individual de las narraciones.
Desde la ambigüedad del enunciado temático, las diferentes historietas se han ido alineando mayoritariamente en grupos argumentales mas homogéneos. Así, nos encontramos con que las historietas de Baudoin y de Muñoz y Sampayo describen la potencialidad de rechazo de la ciudad, o sea, la capacidad de hacer sentirse extraño a los que llegan a ella desde la orilla de los débiles. Hay otra visión, la de Zentner-Pellejero y la de Cava-Barrio que nos habla de la memoria de las ciudades, de una memoria especial que configura su recuerdo como escenario de determinadas barbaries históricas. Otras, las de Mattoti, Altuna, Sienkiewiecz, reflejan hechos o ambientes de violencia específicos del fenómeno urbano. La de Moore y Zárate liga la violencia a la incertidumbre en que se desenvuelven las relaciones en el ámbito metropolitano. Prado, por su parte, se manifiesta contra las tentativas de someter a las ciudades a un lavado de cara aséptico y esterilizador, de ocultar su lado oscuro. Finalmente, Abulí propone y Das Pastoras ilustra un cuento sobre amor y celos que no tiene una relación específica con el entorno urbano.
El factor común gráfico de la mayoría de las historietas se nuclea, como ya hemos dicho, alrededor del expresionismo. Y ello viene favorecido por las posibilidades que ofrece ese estilo para distorsionar la realidad sin dejar de representarla, para jugar con las luces y resaltar elementos narrativos o dramáticos o incluso para insinuar otras realidades en las zonas de sombras. El expresionismo que encontramos en El lado oscuro, con sus diferentes matices, conjunta capacidad de narrar y de sugerir, de representar y de insinuar, de describir hechos y de expresar emociones. Es esta especie de ambivalencia la que permite expresar un amplio abanico de registros que va desde el intimismo introspectivo de Baudoin hasta el simbolismo de Pellejero, desarrollado el primero con un estilo turbio y abigarrado frente a la limpieza definitoria del segundo, aunque ambos compartan demostraciones de imaginación y sensibilidad. En medio se sitúan Zárate, Sienkiewicz y Muñoz. con un expresionismo mas clásico en los primeros y con fuertes dosis de barroquismo en el último. A través de ellos comunican inseguridades, confusiones, indignaciones y marginaciones. Del Barrio somete las imágenes y las atmósferas a una distorsión corrosiva. a un tratamiento en el que las máscaras de la apariencia se alternan con representaciones descarnadas del dolor o de la crueldad. Prado y Altuna, que en sus respectivos estilos se salen de la norma expresionista, ofrecen ejercicios de dominio del tiempo y de la eficacia narrativa. Y Das Pastoras, el mas constreñido por el texto, se ve limitado a exponer las potencialidades de su estilo.
En el apartado de cosas que no son lo que uno esperaba que fueran está, por ejemplo, la propuesta de Sienkiewicz, que se limita a yuxtaponer impactantes ilustraciones, o el guión de Abulí que no es tal sino un relato literario, con lo que la historieta tampoco es tal sino una ilustración, oportuna y como siempre con capacidad de seducir al tiempo que inquieta, de un texto. Tampoco la plasmación de la contraposición entre texto e imagen que proponen Muñoz y Sampayo alcanza la armonía narrativa esperada; quizás por las dificultades que la maquetación ha impuesto a la convivencia entre sus respectivos barroquismos escritos y gráficos. La historieta de Mattoti, por su parte, tiene el inconveniente de no ser actual aunque, aparte de que era desconocida entre nosotros, está realizada con un estilo mas cálido, y más adecuado al tema tratado, que el de sus últimas obras.
En resumen: Por la presencia de propuestas innovadoras, por los brillantes ejercicios de lenguaje historietístico, por la belleza de determinadas viñetas, por la enjundia y variedad de sus guiones, por la alta densidad de momentos de placer que proporciona, por todo ello la impresión que produce la lectura conjunta de El lado oscuro es francamente satisfactoria.
PEPE GALVEZ
U, el hijo de Urich #18 Diciembre 1999











