lunes, 4 de mayo de 2026

Grapeando, que es gerundio

Llegan a las librerías dos perfectos ejemplos de lo que fue, y es hoy en día, un buen cómic


José Luis Vidal

03 de mayo 2026 


La grapa, ese tebeo que todos los que ya peinamos canas (algunos ni eso…) buscábamos todos los meses en nuestros quioscos, papelerías y algunas librerías como si de un auténtico safari se tratara. Hace años la distribución y, sobre todo, la importancia que se le daba a este medio, el cómic, era muy, muy diferente a la de hoy en día, por lo que encontrar números consecutivos de aquella colección que seguías podía convertirse en un auténtico vía crucis para la chavalada de los años ochenta y noventa.

Afortunadamente, aunque más tarde que en el resto del país, llegó en momento en el que por estas tierras surgieron las primeras librerías especializadas y, de golpe y porrazo, los ahorros de todos aquellos jóvenes lectores se vieron consumidos, ya que en las maravillosas estanterías de aquellos lugares de peregrinación podían encontrar los números atrasados que faltaban en sus colecciones.

Como ya os digo, el tiempo ha pasado, los quioscos son un producto del pasado y la grapa ha pasado a ser algo común en toda tienda de cómics que se precie. Y justamente, en este mes de abril, llegan a los estantes dos cómics que son un perfecto ejemplo de este formato que, desde hace ya tiempo, salvo por algunos nostálgicos, está perdiendo la partida ante el tomo, ya sea de tapa dura o blanda, ya que muchos lectores prefieren disfrutar de un arco argumental completo que no tener que estar mes tras mes esperando que llegue la nueva ración de veintidós páginas que, en la actualidad, se consumen con una rapidez extraordinaria.


El primero de estos cómics a los que me refiero es un Clásico con mayúsculas, y se convirtió en el primer comic en el que, allá por 1939, los chicos norteamericanos pudieron disfrutar de las aventuras de un tipo, un superhombre que, aunque aún no volaba, si que ejecutaba increíbles saltos, tenía una fuerza descomunal y era lo más veloz que habían visto en sus vidas…

Su nombre era, y sigue siendo, Superman. En este primer número, que ahora de la mano de Panini Cómics nos llega en formato facsímil, conoceremos el origen del protagonista, y cómo es encontrado por el matrimonio Kent, que más tarde lo adoptará.

Y de ahí, en un abrir y cerrar de ojos, Clark Kent llegará a Metrópolis, donde tratará de encontrar un trabajo donde se entere el primero de los crímenes, accidentes y de más hechos que acontezcan en la gran urbe.

Y qué mejor que presentarse ante el editor del Daily Star (sí, ya lo sé, pero a lo largo de la lectura de este cómic comprobaréis que hay más de un cambio) que lo rechaza sin casi mirarlo a lo cara.

Afortunadamente, las circunstancias y su otra identidad harán que finalmente consiga el trabajo y conozca a una compañera de redacción, la esquiva (y por qué no decirlo, algo borde) Lois Lane.

Y el resto es historia de los cómics, firmada por los padres de la criatura, Joe Shuster y Jerry Siegel, que curiosamente, en estas primeras páginas, no enfrenta a Superman contra supervillanos, sino criminales, mafiosos, empresarios sin escrúpulos…

Una delicia de edición que todos los que hemos crecido disfrutando de las aventuras del Hombre de Acero deberíamos tener.

Y de ahí a un universo sito en la editorial Marvel, un nuevo y exitoso intento creativo en el que las versiones Ultimate vuelven a tomar el protagonismo. Y en este número especial, lo que se conoce como un one shot, titulado Universo Ultimate: Dos años después, seremos testigos de que las maquinaciones del malvado Hacedor han tenido éxito, dejando a un grupo de personajes, héroes, desperdigados en el lejano siglo LXI…

Tan solo un grupo de personajes, pertenecientes a los extintos Guardianes de la galaxia, van a tratar de reconstruir el grupo y recuperar esa esperanza perdida.

Ellos y ellas son la Capitana Marvel, Starlord, Nulificador Supremo y el canino Cosmo que, gracias a su prodigioso olfato, los llevará a otro lugar, otro tiempo ya muy lejano, en el pasado, donde se reencuentran con un conocido.

Y así, su periplo continuará por diversos lugares, en busca del resto de miembros, cosa que no va a ser nada fácil.

Este cómic es un perfecto ejemplo de libertad creativa, en el que los guionistas Deniz Camp (uno de los mejores y más originales escritores del momento), junto a Alex Paknadel, juegan con diferentes versiones de estos personajes, en un tablero totalmente novedoso, y acompañados por una talentosa legión de dibujantes como Patrick Boutin, Phil Noto, Francesco Manna, Lee Ferguson y el extraordinario Javier Pulido, que nos regala una alucinante versión de Daredevil.


Diario de Cadiz




domingo, 3 de mayo de 2026

Black Jack Osamu Tezuka Glénat




Me pregunto cuántas personas estarán interesadas en leer una historieta titulada "El quiste teratógeno". Imagino que pocas en una primera impresión, y que Black Jack va a pasarlo muy mal para atraer la atención del público español. Espero equivocarme, porque esta colección de deliciosos tomitos que acaba de poner a la venta Glénat constituye, dentro del ámbito de la historieta, lo que de producirse en otros campos de la cultura habría sido saludado por la prensa general como un verdadero acontecimiento: la primera aparición dentro de nuestras fronteras de una obra de quien fue el dios del manga y padre fundador de la historieta moderna japonesa, Osamu Tezuka (1928-1989). Es decir. algo comparable a lo que significaría que a estas alturas se publicara en España por primera vez una novela de Yukio Mishima o que se estrenara en nuestras pantalla una película de Akira Kurosawa. Excepto que Tezuka fue más importante para el manga que Mishima y Kurosawa para la literatura y el cine, respecti-vamente.

Pero como no creo que acudir a semejantes razonamientos sea la mejor manera de popularizar un producto, olvidémonos de argumentaciones historicistas y concentrémonos en el tebeo en sí. ¿Qué es este Black Jack que nos sirve de carta de presentación de Tezuka? Black Jack probablemente sea una de las más populares series del maestro nipón, publicada originalmente en entregas semanales entre 1973 y 1978, hasta sumar un total de 4.000 páginas. Al contrario que la mayoría de los mangas publicados en español, Black Jack se divide en capítulos autoconclusivos de una extensión media (sobre las 20 páginas), y no existe una trama o desarrollo argumental continuado de una entrega a otra. Por el contrario, sigue más bien el esquema de las series televisivas con protagonista fijo que en cada episodio desarrollan una historia completa y cambian de ambientación. Black Jack es el médico protagonista, personaje de rasgos psicológicos escasamente definidos y que por lo general tiende a reaccionar a las dramas y peripecias de los otros, verdaderos motores de la acción. Lo curioso de este médico es que ejerce sin licencia, lo cual no le impide ser el cirujano más extraordinario que jamás haya existido y pasar unas facturas que hacen tragar saliva incluso a los más ricos y poderosos del mundo. O mejor sería decir: especialmente a los más ricos y poderosos. Black Jack es capaz de enfrentarse a cualquier operación y salir bien librado de ella -a menudo impulsado por un viril sentido del honor-, aunque sea haciendo trampa, es decir, buscando una solución para el paciente que no sea exactamente la eliminación de su mal tal y como se esperaba. Las intervenciones son mostradas con una naturalidad casi documental, enfocando órganos y vísceras como si se tratase de un reportaje sanitario, a lo cual sin duda contribuyen los conocimientos de Tezuka y la pasión del autor por el oficio: no en vano tenía la profesión de médico, que nunca ejerció. Sin embargo, Tezuka es demasiado inquieto para plegarse a las limitaciones de un escenario reduccionista.



Las historias de Black Jack no siguen un esquema fijo, ni en cuanto al desarrollo de la acción, ni en cuanto a la ambientación, ni en cuanto a la resolución final de las tramas. Así que la serie no es un interminable desfilar de casos médicos extravagantes a los que el superhéroe quirúrgico responda con las pertinentes hazañas médicas. A menudo nos alejamos de los quirófanos para seguir alguna historia de acción, de crimen o de aventura, y en otras ocasiones el problema médico es sólo uno más de los elementos que se ensamblan en una historia más compleja de lo que se puede resolver con un tratamiento. Eso sí, si de operaciones se trata, en Black Jack se ofrecen las más espeluznantes e imaginativas, de las que el primer tomo da sólo una muestra, pero cuyo repertorio no se agota ahí, ni mucho menos (rizando el rizo, el facultativo de la capa negra llegará incluso a operarse a sí mismo).

Además de a la incomprensión generalizada que suele despertar el manga entre los no lectores de manga y la incomprensión generalizada que suele despertar el manga no parecido a Dragon Ball entre los lectores habituales de manga, para ganar al público Black Jack también tendrá que enfrentarse al desconcertante efecto que produce el primer contacto con el grafismo de Tezuka, una especie de versión sencillota y algo descuidada de los dibujos de la Disney de los años 30. Infantil y caricaturesco, lleno de iconografía humorística, la mezcla de este estilo de dibujo con unos contenidos adultos y a menudo incluso crueles y altamente emotivos, resulta chocante para nuestra sensibilidad actual. El lector que se encuentra de buenas a primeras con una viñeta hiperenérgica y grotesca en la que un divertido doctorcillo agita el brazo mientras dice "Tiene fractura craneal, el cuello roto, los pulmones aplastados, el estómago descolgado, y el intestino le ha estallado con evacuación de excrementos..." no sabe muy bien cómo reaccionar. ¿Debe considerar seria y estremecedora una escena representada por tan curioso monigote? Por el contrario, ¿debe reírse y tomarse a la ligera una desgracia tan monumental como la que describe el diálogo? Hace falta algo de tiempo y de voluntad para penetrar en el mundo de Tezuka.

Afortunadamente, la forma de narrar de Tezuka ayuda, ya que resulta mucho mas occidental que la de mangakas más modernos. La historia se desarrolla a un ritmo mucho más accesible para nuestros hábitos de lectura, sin detenciones morosas que alarguen durante páginas un mismo instante, sin recrearse en diferentes aspectos de una misma escena, sin bombardearnos con personajes cuyo rostro y nombre nos resulta imposible recordar sin un esfuerzo deliberado. Black Jack se lee con agilidad, con viveza y con comodidad, el autor sabe aplicar movimiento y variedad incluso a los más áridos pasajes -es curioso como ocasionalmente intercala una página muda que sólo nos muestra un desplazamiento en coche, aparentemente intrascendente, pero que en realidad dinamiza la narración cuando la historia amenaza con quedarse dormida-, y demuestra continuamente que todo su virtuosismo está aplicado, no al dibujo exhibicionista, sino a la narrativa más eficaz. No quiere esto decir que no haya soluciones mejorables, porque Tezuka trabajó casi toda su vida bajo unas exigencias inhumanas y una presión insoportable, de manera que a veces da la sensación de que las prisas han pesado más que el control de calidad, lo cual es perdonable porque cuando uno tiene el inmenso talento narrador de Tezuka, bien puede relajarse y confiar en el desleal instinto para aumentar un poquito el ritmo de producción.

Como Jack Kirby y Hergé, que son en Estados Unidos y Europa las figuras más aproximadas a lo que representa Tezuka en Japón, nuestro autor supo fundar un estilo universal a partir de unos presupuestos industriales de extrema voracidad. Como ellos también, y como cualquier otro artista del entretenimiento masivo que haya llegado a esa estratosfera donde están los modelos a imitar o a destruir, la obra de Tezuka está impregnada de un humanismo creciente, de una reflexión primaria y aglomeradora sobre la condición humana y un posicionamiento activo a favor de la bondad, la solidaridad y la generosidad. Pero Tezuka es más radical que Kirby y que Hergé, llegando a poner la pureza de los ideales por encima del bien personal y a la justicia, siempre, por encima de la ley, que a menudo no sólo es inútil, sino directamente nociva y opresiva. No en vano Black Jack es un auténtico justiciero ilegal, de carácter más bien adusto y maneras brutales, como un ángel que sirviera a una verdad más luminosa que la de los hombres. ", ¿Dónde está el médico?!", la historieta que abre el primer tomo de Black Jack, es un buen ejemplo de los complicados caminos que sigue el autor para conseguir un bien que nos resulta tan extraño y oblicuo que casi podríamos considerarlo intolerable. Quizás la víctima de la historia se encuentre al final de la misma en una situación indudablemente peor que la que tenía al principio, pero no es eso lo que observa o subraya Tezuka, sino la ejecución de un bien que casi podría calificarse de equilibrio cósmico, un bien separado y superior de las mismas personas que se han de beneficiar de él.

El ideario de Tezuka no admitía concesiones, y Black Jack lo demuestra con su intenso revoltijo de emotividad exagerada y gestos grandilocuentes desplegados a lo largo de historias escritas con un puño tan firme y un ritmo tan rápido que a veces extravía un par de pasos. Olvídense de los valores históricos, Black Jack es una lectura continuamente sorprendente para espíritus intrépidos.

Trajano Bermúdez


U, el hijo de Urich #13 noviembre 1998


Sinergias artísticas: el cómic y otras artes

Escrito por Nerea Fernández 20 abril, 2026


 ¡Ah, el cómic! Ese arte, que ya contempla la inclusión de elementos de otras artes en su ser, no ha cambiado tanto desde sus orígenes hasta la actualidad… Al menos, no en cuanto a los elementos que lo conforman: dibujo, línea, color (o su ausencia), presencia del sonido y del movimiento a través de la línea y la palabra… Es más, paulatinamente fue ampliando sus horizontes y diversificándose en cuanto a formatos y temáticas, desarrollando una serie de subgéneros y una industria sobre los hombros (o las manos y la vista) de sus seguidores.

Este artículo pretende dar una muestra de las sinergias entre el cómic y otras artes, más allá del cine y la televisión. De esta manera, se incidirá en la pintura, la música y la literatura intentando, en la medida de lo posible, ofrecer una muestra equitativa en cuanto a ejemplos y espacio; sin embargo, desde este momento, y por una debilidad manifiesta hacia la última frente a las dos primeras, advierto al lector o lectora de que es más que probable que encuentre más información literaria que pictórica o musical. Esto, y que seguramente falte alguna obra o autor, debido a las limitaciones de espacio, por lo que ruego disculpe si no aparece algo que pueda echar en falta y disfrute del resto.

Y, como todo tiene que comenzar por alguna parte, daremos el pistoletazo de salida con la pintura…

Se puede afirmar, sin demasiadas discusiones, que el cómic y la pintura comparten conexiones profundas en cuanto al uso de la narrativa visual, la composición, el color y la emoción que puede provocarse en el receptor (quien no haya sentido impacto alguno ante la contemplación de algún cuadro puede afirmar que nada lo perturbará). Así, desde una base puramente visual y de un lenguaje gráfico, cómic y pintura han visto cómo se diluían sus fronteras y entre ellos surgía, a veces, una colaboración. Por ejemplo, en el caso de la pintura tenemos al conocidísimo (al menos, sus obras así lo son) Roy Lichtenstein, quien reprodujo a gran escala imágenes del cómic.

Por otro lado, en el caso que nos ocupa, el cómic, podemos encontrar novelas gráficas que se centran en un autor y su biografía o su obra, otras que exploran ciertos conceptos o periodos artísticos, y alguna que incide en técnicas o materiales.

Ejemplo de los primeros tenemos varios autores patrios como Javier Olivares y Santiago García con Las meninas (en ella se utiliza la obra de Velázquez para mostrar cómo ha servido de inspiración para autores posteriores), Paco Roca y su El juego lúgubre (en torno a la figura de Dalí), María Hesse y su biografía sobre Frida Kahlo, Max y El tríptico de los encantados (acerca de El Bosco), Antonio Altarriba y Keko con El perdón y la furia (que se centra en la figura de José de Rivera), Álvaro Ortiz y Dos españoles en Nápoles (acerca de la influencia de Caravaggio en otros pintores del norte de Europa), o las obras acerca de la figura de Goya de El Torres y Fran Galán, por un lado, y Manuel Gutiérrez y Manuel Romero, por otro; entre otros muchos ejemplos.

En cuanto a los periodos artísticos, destacaría Au fil de l’Art, dos volúmenes a cargo de Ivana y Gradimir Smudja que comienzan en las cuevas de Lascaux y realizan un recorrido a través de la historia de la pintura y sus autores más representativos con un dibujo que, a veces, se adecúa al pintor que está tratando (el Cubismo de Picasso o el uso de la perspectiva de Velázquez, por ejemplo). Desde aquí, ojalá lo publicaran en castellano, porque, de momento, solo puede encontrarse en francés… Una mención a Pedro Cifuentes y su Historia del arte en cómic es obligatoria (ya se han publicado los volúmenes 1 al 5, el último sobre el periodo de las revoluciones), o al ensayo de Luis Gasca y Asier Mensuro La pintura en el cómic (por si os quedáis con las ganas de un acercamiento más académico y profundo).

Por último, destacaría Un mundo de «art brut», de Oriol Malet y Christian Berst, que juega constantemente con el dibujo, el color y el diseño para acercarnos al art brut; las obras en tándem de Jorge Carrión y Sagar, Gótico y El museo (no os destripo nada para picar vuestra curiosidad y que os acerquéis a ellos), Feminist art de Valentina Grande y Eva Rossetti sobre los cambios en el arte en los años 60 y 70 y, por último, Máculas de Jordi Pastor y Danide (aunque no alude directamente a técnicas pictóricas, sí realiza un trabajo acerca del cómic, su historia y las formas de presentarse ante el lector).

En cuanto a las relaciones entre el cómic y la música, en apariencia, estas son menores y menos profundas que las establecidas entre la pintura y el tebeo. Sin embargo, del mismo modo que existen biografías de pintoras en cómic, también las hay de músicos (John Lennon, Ozzy Osborne, AC/DC, los Beatles, Freddy Mercury, David Bowie, Iron Maiden, Beethoven…), incluso siguiendo ciertas teorías de suplantación de originales por dobles (seguro que todos conocemos la historia sobre Avril Lavigne…) como Paul ha muerto de Paolo Baron y Ernesto Carbonetti.

También existen numerosos ejemplos de obras que tratan un género en concreto (soul, black music, underground, blues, metal, pop…), con cierto predominio del rock por encima de los demás, incluso conectando, en algunos casos, también el Arte a través de carátulas y pósteres.

Mención aparte merece El anillo del Nibelungo, adaptación al cómic de Craig Russell de la versión operística de Richard Wagner del Cantar de los nibelungos (y aquí encontramos una conexión con la literatura a través de la música y el cómic).

Hemos de señalar, además, la existencia de dibujantes de cómic que diseñan portadas de álbumes musicales (Robert Crumb, Alex Ross, Art Spiegelman, Bill Sienkiewicz, Dave McKean, Bernie Wrightson, Todd MacFarlane, Greg Capullo, Frank Quitely o Mauro Entrialgo, entre otros muchos), de grupos de música animados (la conocidísima Gorillaz) o los personajes de cómic que inspiran o se mencionan en canciones (por ejemplo, Something Just Like This de The Chainsmokers y Coldplay).

También existen cómics en los que la música aparece de una manera u otra, como aquellos en los que los personajes protagonista actúan en una banda (aquí habría que mencionar, entre otras, a la de Spider Gwen o Scott Pilgrim, en el que te animan a tocar con ellos), o los que incluyen información para poder tocar uno mismo la música de las páginas (como en V de Vendetta). Cabe mencionar al autor Kieron Gillen (The Phonogram y The Wicked and the Divine), quien elaboraba listas de canciones con las que poder seguir o leer sus obras, al igual que David Aja con sus Hawkeye; o a Matthew Rosenberg, cuya edición de lujo de ¿Qué lugar está más lejos de aquí? incluía un vinilo (hay que tener en cuenta que la historia se centra en un grupo de niños y adolescentes que guarda con celo cada uno de ellos un vinilo como lo más preciado de sus vidas).

Por último, en lo referente a las conexiones con el cómic y la literatura (como si el cómic no lo fuera…), estas conexiones son innumerables, desde las biografías de autores (por ejemplo, los poetas de la generación del 98 o del 27: Antonio Machado, en Penguin Random House y Diábolo; Miguel Hernández, en Planeta; o Federico García Lorca, en Lunwerg, Lumen o Planeta; entre muchos otros), a la metaficción (Masacre matalustrado, en el que el mercenario se dedica a asesinar a los grandes personajes de la Historia de la Literatura) o las adaptaciones y versiones de clásicos (o no tan clásicos…).

Desde la literatura me gustaría destacar a Luis Alberto de Cuenca, quien le dedicó un poema a Sonja la Roja, o José Luis Pérez Pastor y su Superhéroes; pero hay muchos más poetas, novelistas o dramaturgos que incluyen el cómic de una manera u otra en sus obras, como Margaret Atwood, quien también ha visto su obra versionada al cómic.

Así, podemos señalar algunos ejemplos de biografías dibujadas como el Kafka de Robert Crumb y David Zane Mairowitz, Dublinés de Alfonso Zapico (sobre James Joyce), Samuel & Beckett de Javier Olivares y Jorge Carrión, La divina comedia de Oscar Wilde de Javier de Isusi, Virginia Woolf de Michèlle Gazier y Bernard Ciccolini, los cómics sobre Galdós de El Torres y Alberto Belmonte, o Fernández Etreros y Menéndez Quirós, el de las hermanas Brontë de Isabel Greenberg, o las distintas biografías (completas o no) sobre Emilia Pardo Bazán (Bululú y Cascaborra), Unamuno (El gallo de oro), o las Sin Sombrero (Ponent Mon).

En cuanto a ejemplos de cómics sobre periodos históricos y movimientos se encuentran Está escrito. De la escritura cuneiforme al emoji de Vitali Konstantinov, editado por Libros del Zorro Rojo; la genial La comedia literaria de Catherine Meurisse, Un viaje por las letras de Pedro Cifuentes, o la adaptación del aclamado El infinito en un junco de Irene Vallejo (quien suscribe estas líneas, después de disfrutar enormemente de la Historia disparatada de España de Traité a cargo del dibujante Exprai aguarda con interés que decidan en algún momento, hacer lo mismo con su Historia torcida de la literatura…).

Por otro lado, relacionados con la literatura y todo lo que se mueve a su alrededor son dignos de mención El mundillo literario de Posy Simonds, La venganza de los bibliotecarios de Tom Gauld, Bibliomanías de Laura Pacheco y The Wild Detectives, o el interesantísimo (sobre todo, en cuanto a cómo se editó) Warburg y Beach de Javier Olivares y Jorge Carrión.

Finalmente, el número de adaptaciones al cómic de obras de la Historia de la Literatura es proverbial, desde la Antigüedad con Las troyanas de Rosanna Bruno y Anne Carson, The Epic of Gilgamesh de Dixon y Dixon, o el Gilgamesh de Arnau López Mazorriaga, la versión de la historia de Goliat de Tom Gauld o la de Medea de Fermín Solís, The Odyssey de Seymour Chwast, o el Apocalipsis de Castelli y Roi; pasando por grandes clásicos de la literatura occidental como Tristan & Yseult de Agnès Maupré y Signeon, Tito Andrónico de Shakespeare a cargo de Marcos Prior y Gustavo Rico, El hombre que ríe de Victor Hugo (David Hine y Mark Stafford), las numerosas versiones de Frankenstein (Moztros, ECC o Norma) y de Drácula (dos editadas por Moztros, y dos por Norma), las del personaje dual de Stevenson (SM y Clasicomix), 1984 de Fido Nesti, Fahrenheit 451 de Víctor Santos, el premiado El paraíso perdido de Milton (adaptado por Auladell) o las versiones de Astiberri de Bartleby, el escribiente (de Herman Melville), La guerra de los mundos (de H. G. Wells), La metamorfosis y otros cuentos (de Kafka) o Solomon Kane (de Robert E. Howard), o las versiones abreviadas que publica la editorial Herder bajo el sello La otra hache.

De aquellas obras de la literatura española citaré solo una pequeña muestra como el Amadís de Gaula (Ricardo Gómez y Emma Ríos), el Miguel en Cervantes de Miguelanxo Prado y David Rubín (en la páginas del Instituto Cervantes), o las ediciones de poesía a cargo de Laura Pérez Vernetti.

Y aquí acaba todo… Ni conclusión ni despedida. Tan solo la esperanza de que quien haya llegado hasta aquí desconociera alguno de los títulos mencionados y se aproxime a ellos para descubrirlos. Que lo disfrutes.


Revista Mercurio (Jot Down)



Solo no puedo…

Separados, los protagonistas de este adictivo manga se van a enfrentar a unos enemigos implacables


José Luis Vidal

30 de abril 2026


Desde que Nozomi, Akami y Sakura separaron sus caminos, las cosas han ido de mal en peor para este inusual trío de jóvenes que, después de una traumática experiencia, volvieron a la vida con poderes sobrehumanos que han ido aumentando en potencia número tras número.



Ficha
EVOL 9

Autor: Atsushi Kaneko

Tapa blanda

Blanco y negro

272 págs.

15,95 euros

Panini Cómics


El hartazgo y algún que otro trauma del pasado harán que la principal misión del trío sea hacer llegar el fin del mundo, el apocalipsis. Pero las cosas no van a ser para nada fáciles, ya que los bautizados como 'héroes', un extraño y oscuro grupo que permanece expectante en otra dimensión, hará todo lo posible para aguar los planes de los rebeldes muchachos, aunque utilizando métodos poco ortodoxos y muy expeditivos, que los alejan de esas heroicidad de la que presumen…

Y ahora, a las puertas del desenlace de esta impactante historia, los protagonistas tendrán que enfrentarse a tres nuevos oponentes cuyos poderes son muy letales, tanto que incluso la ciudad de Hiiragi será evacuada de sus habitantes que, en la lejanía y ya a salvo momentáneamente, podrán observar el terrible combate que enfrenta a Akari, Sakura y Nozomi contra sus particulares némesis.

Lo malo es que el trío funcionaba a la perfección cuando estaban juntos, sus tres poderes combinados se convertían en un arma casi invencible. Pero ahora, solos y, sobre todo, con una Sakura que ha desaparecido dentro de la oscuridad de su propio trauma, que ha tomado forma, convirtiéndose en el terrorífico y letal Conegro, hará que la invisible balanza se incline del lado de sus oponentes.

Solo habrá una solución, una vida de escape para esta situación, y una única manera de conseguirlo. Pero como podréis suponer las cosas no van a ser fáciles para llegar a este fin, y Atsushi Kaneko, con un increíble manera de narrar, nos va introducir en un combate a vida o muerte en unas páginas en las que la acción sale de sus viñetas, golpeándonos con fuerza a los que disfrutamos de su impactante lectura. Hecho este que han convertido a este manga, EVOL, en uno de los mejores y más adictivos de los que se publican en este momento.

Una trama genial, en la que el autor mezcla a la perfección temas de hoy en día que afectan a la juventud, como son el bullying, el maltrato dentro del seno familiar o las influencia y el mal uso de las redes sociales, con un fantástico y oscuro universo donde existe la gente con letales poderes. Todo junto a un estilo narrativo con una fuerte influencia de la narrativa occidental convierten a EVOL y, por qué no decirlo, al resto de original obra de Kaneko en una de las trayectorias más originales dentro del mundo del manga actual.

¿Podrá Sakura escapar de la terrible influencia de Conegro? ¿Lograrán Nozomi y Akami librarse de sus letales némesis? ¿Ya está aquí el tan deseado fin del mundo? ¿Y quién observa, en silencio, para aparecer en el momento más inesperado?

¡Todo esto mucho más en la penúltima entrega de EVOL!


Diario de Cadiz


sábado, 2 de mayo de 2026

Capitan América Mark Waid/Ron Garney Cuatro Fantásticos Scott Lobdell/Alan Davis Iron Man Kurt Busiek/Sean Chen Los Vengadores K. Busiek/George Pérez Forum






No hay nada peor en el mundo del entretenimiento que las expectactivas incumplidas. Godzilla fue la horrible lección de las películas del pasado verano: se le había dado tanto bombo que al final se acabó volviendo contra la película y haciendo que resultase aún más decepcionante para muchos espectadores. Desgraciadamente, se puede decir lo mismo de la línea Heroes Return, cuyo primer año ya casi se ha cumplido en los Estados Unidos. Es difícil recordar lo excitantes que estas cuatro colecciones -Vengadores, Capitán América, Cuatro Fantásticos e Iron Man- parecían al principio. La excitación, sin embargo, era palpable en su momento: no sólo suponían el final del año de los Heroes Reborn de Image, sino que también anunciaban un futuro esperanzador con varios autores de gran talento al timón. Pero aunque las cuatro series empezaron con ímpetu, por distintas razones de diverso calado todas menos Vengadores han sido incapaces de mantener esa excitación.

Al hablar de la línea Heroes Return es importante considerar el contexto. El primer paso consiste en recordar cuánta oposición encontró la línea Heroes Reborn entre los lectores veteranos. Debo confesar que yo disfruté de la mayoría de los Cuatro Fantásticos de Heroes Reborn e incluso de los primeros números de Iron Man. El universo compartido WildStorm/Marvel de los números trece fue el mejor crossover entre editoriales que he visto hasta ahora; y como mínimo, fue mejor prueba de las capacidades de James Robinson para escribir superhéroes que cualquiera de los últimos números de Starman.

Sin embargo, mi entusiasmo - por limitado y concreto que fuera- era probablemente la excepción entre los lectores de mi edad. Los lectores más jóvenes destetados con Image probablemente disfrutaron un montón de la línea Heroes Reborn, pensando que ya era hora de que esos supervivientes de la Edad de Plata pasados de moda recibieran un remozado radical y se volvieran cool. Por contraste, los lectores veteranos -los de veintitantos y mayores- a menudo tenían grandes inversiones en nostalgia en los personajes y se horrorizaron con los cambios.

Quizás lo más ofensivo fuera que le quitaran Capitán América a Mark Waid y Ron Garney para dárselo a Rob Liefeld, un dibujantillo sin talento y autopromocionador que condensaba los peores aspectos de la Era Image. Con el Capi en sus manos, Liefeld dejaba de ser una molestia para convertirse en una poderosa amenaza contra los valores tradicionales del Fanboy. Daba igual que le echaran sin contemplaciones a mitad del trabajo; simplemente la decisión de Marvel de contratar a Liefeld en primer lugar suponía una clara muestra de falta de respeto hacia los lectores de base.

La linea Heroes Return suponía la oportunidad de devolver a estas cuatro colecciones su gloria original; algo que era terriblemente necesario desde hacía años. Con la excepción del Capi, estos títulos estaban a la deriva cuando Onslaught envió a los personajes al universo de bolsillo de Heroes Reborn. La parrilla de creadores era verdaderamente estelar, incluyendo estrellas como George Pérez, Alan Davis, Kurt Busiek, Mark Waid y Ron Garney. Sin embargo, parece ser que no bastaba con equipos creativos fuertes y buenos personajes.

Con una sola excepción, los cuatro títulos rápidamente han pasado de un inicio prometedor a la vulgaridad superheroica. Para colmo, el bombo dado al relanzamiento de Heroes Return sólo ha servido para acentuar aún más rápidamente el proceso de descenso a la mediocridad que tanto Reborn como el relanzamiento tendrían que haber corregido.

La serie que más claramente estaba viviendo en tiempo prestado era Cuatro Fantásticos. El único atractivo real de la colección era el dibujante Alan Davis. Davis tiene numerosos seguidores gracias a su trazo flexible y a sus juguetones ramalazos de humor nostálgico, y encajaba perfectamente en lo que antaño fue "El Mejor Tebeo del Mundo." Pero Davis firmó únicamente por tres números lo que significaba que muchos lectores empezaron estos nuevos 4F con la actitud de que cuando Davis se marchara, ellos también lo harían. El guionista Scott Lobdell era la aberración entre los guionistas de Heroes Return, ya que su trabajo en muy raras ocasiones ha alcanzado los niveles que Busiek y Waid han sabido demostrar. Lobdell se esforzó por repartir de forma equitativa el tiempo entre los miembros de su reparto, pero sus historias eran sosas y su sentido del humor excesivamente obvio. La diversión de leer los primeros números de los nuevos 4F no era comparable a la diversión de simplemente mirarlos.

Y aunque disfruté de los dibujos del sustituto de Davis, Salvador Larroca, no fue suficiente para mantenerme interesado la serie: especialmente con el siguiente cambio de personal. Lobdell fue sustituido por el legendario guionista-X Chris Claremont después de seis números, en lo que supuso un cierto karma Marvel, ya que Lobdell había sustituido a Claremont cuando lo echaron de las series-X hace anos. Pero Claremont convirtió la serie de mediocre en execrable.

En dos palabras, Claremont sobreescribe, y espantosamente. Claremont parece incapaz de confiar en que su dibujante será capaz de contar la historia visualmente, y sus intentos de sobrecompensar seudo-literariamente desembocan en una experiencia de lectura mas bien tortuosa. Asi que a pesar de que aguante tras la marcha de Davis, Cuatro Fantásticos fue la primera serie que dejé. Qué demonios, si la alternativa era esta, echaba de menos incluso los Cuatro Fantásticos de Heroes Reborn.

Como tampoco esperaba que a la larga los 4F de Heroes Return prosperasen, esto sólo supuso una leve decepción. Más frustrante fue la segunda oportunidad de Mark Waid y Ron Garney en Capitan America. Su regreso al título fue presentado como el triunfo de los desvalidos, como una clara reivindicación de sus dotes y una disculpa implícita por la forma en que fueron tratados anteriormente. Y los tres primeros números de la nueva serie fueron fantásticos. Si bien no resultaron tan poderosos como la historia de Waid y Garney la primera vez, si proporcionaron emociones y diversión haciendo un excelente uso del Capitan América como icono de virtudes patrióticas. El segundo número fue una de las historias mejor construidas que Waid ha entregado en mucho tiempo, e incluso los momentos que podían resultar más tontos fueron ejecutados hábilmente.

Sin embargo, esta segunda luna de miel no duraría. Mientras que el trabajo de Garney la primera vez había sido elegantemente minimalista, su trabajo para la Versión 2.0 empezó a parecer más anémico que despojado. Pero poco importaba, ya que fue apartado del título principal para situarlo en la secuela Captain America: Sentinel of Liberty. Su sustituto Andy Kubert (que trabajaba con Waid en Ka-Zar) es un dibujante sólido, dinámico y muy en la onda de la Marvel actual. Sin embargo, aporta una sensibilidad más pirotécnica que no consigue explotar el ángulo patriótico con tanta resonancia o sutileza como el mejor Garney. Recuerdo haberme cansado de la historia en cuatro partes de la Capimanía y sencillamente abandonar la colección cuando vi el número en el que al Capi le daban un nuevo escudo de energía. Me pareció la clase de truco seudo-tecnológico al estilo de las cosas que habían hecho los dibujantillos de Image como... pues, no sé, ¿Rob Liefeld?

En agudo contraste, la sorpresa bienvenida fue Iron Man. Nunca había sido fan del personaje, pero el énfasis de Heroes Reborn en Tony Stark, el Cabrón Capitalista, fue una variación intrigante que hizo que le prestara atención durante un tiempo. El guionista Kurt Busiek eligió la dirección contraria para Heroes Return, convirtiendo a Stark en un sabio filántropo que dispone del gran recurso de ser/poseer al Vengador Dorado. El dibujante Sean Chen no era un gran nombre, al contrario que los otros autores de Heroes Return, pero consiguió mantener el tipo gracias a su trazo limpio y un tacto fino para los aspectos tecnológicos seudo-científicos de la colección. Iron Man #1 fue el primer número más poderoso de los cuatro, con un inesperado resultado emotivo. Apropiadamente para un playboy millonario/ genio científico como Tony Stark, las historias de Busiek tenían tanto romances jet-set como problemas de alta tecnología integrados en la acción.

Dicho lo cual, dejé de seguir el título después de siete u ocho números. No por ninguna razón concreta, sino porque no veía que fuese a ningún sitio interesante. La premisa era buena y los detalles tecnológicos proporcionaban escenas de pelea por encima de la media, pero ninguna de las dos cosas bastaba para mantenerme en sintonía. No me sentía tan conectado al reparto de personajes como quería, los villanos no eran demasiado distinguibles, además, ¿cuántas veces vamos a ver a Tony Stark separado del maletín de su armadura? No me sorprendería si me dijesen que Iron Man sigue siendo una buena colección... sencillamente ya no me siento impulsado a seguir leyéndola.

La otra serie de Busiek en Heroes Return, Los Vengadores, era clarísimamente el bombazo entre todas ellas. Tenía la combinación demoledora de Busiek más el legendario George Pérez, que había dejado su sello en los Héroes Más Poderosos del Mundo hacía más de veinte años. Esta serie recorre menos territorio nuevo que ninguna de las otras... aquí están todos los giros y situaciones esperados, desde los conflictos interpersonales hasta los debates para elegir miembros y el regreso de los villanos de toda la vida-pero sigue siendo la más fresca y excitante del grupo.

En cierta manera, Busiek se muestra como un mejor artesano en Iron Man, jugando con las complejidades de un solo personaje principal. Dicho eso, en Los Vengadores simplemente tiene más elementos con los que trabajar: el reparto es más amplio pero también más atractivo -incluso Jarvis- y la escala épica de los argumentos es, sencillamente, más divertida. Vengadores ha vuelto a convertirse en una lectura divertida: la golosina visual hiperdetallada y meticulosa de Pérez sigue siendo impresionante después de tantos años (al menos, lo es para este viejo y canoso fanboy), y aún se produce cierto júbilo al ver a tantos de los principales héroes de Marvel trabajando juntos contra la Amenaza Cósmica del Mes. Aunque Busiek cae con demasiada facilidad en festivales de angustia al estilo años setenta -Iron Man intenta aconsejar a Warbird por su alcoholismo; se está desarrollando un triángulo amoroso entre la Visión, la Bruja Escarlata y un Vengador supuestamente muerto- yo diría que eso forma parte de la diversión.

Los Vengadores funcionan mejor como melodrama a lo Sturm und Drang, y eso se aplica tanto a la caracterización como a la acción. El auténtico atractivo, sin embargo, es George Pérez. Después de más de dos décadas leyendo tebeos, aún no me he cansado de mirar el trabajo de Pérez; su atención al detalle y las superficies podría resultarle excesivamente refinada a algunos, pero yo sigo admirándome de sus habilidades. Su carencia de profundidad es compensada por su generosidad con los lectores, su voluntad de hacer que el esfuerzo de fijarse cuidadosamente en los fondos y en las caras y gestos de los personajes sea recompensado ampliamente. También ha sido muy astuto en la elección de sus colaboradores. Sus proyectos más importantes han sido siempre con guionistas con un fuerte gusto por la caracterización, y Busiek no es la excepción. Este énfasis siempre ha ido en beneficio de Pérez, ya que equilibra hábilmente páginas detalladísimas de superequipos en acción grandiosa con momentos mas tranquilos de introspección e interacción personal. Ambas clases de escenas resultan perfectamente naturales en manos de Pérez, lo cual explica por qué sigue siendo un fan favorite después de tantos años. El resultado final es que Vengadores sigue siendo una alegría todos los meses.

Pero Vengadores es la excepción, no la regla. Así que sigue los cuatro títulos de Heroes Return al principio, pero sin ponerte demasiado cómodo. Dos relanzamientos en dos años demuestran que Marvel valora más la promoción y el bombo que la producción de comics consistentes y de alta calidad para sus lectores. Ejercer con los comics de Heroes Return una opción de lectura inteligente -es decir, sabiendo cuándo dejarlo si una serie empieza a declinar (y lo hacen rápidamente, por cierto)- puede ser la mejor manera de enviarle a Marvel un mensaje al respecto de esa mentalidad basada en trucos publicitarios. Vale, vale, ya sé que no servirá de nada: el relanzamiento de Spider-Man es otro desastre que empieza a asomar la cabeza y que hará que aún más lectores crédulos se detengan a ver qué pasa. Pero lo menos que puedes hacer es ahorrarte algún tiempo y dinero extra para dedicarlo a comics que merezcan la pena.

Ray Mescallado


U, el hijo de Urich #13 noviembre 1998


La nueva glaciación

Escrito por Álvaro Pons  8 abril, 2026



Hace ya casi una década, en el periódico El País, se publicaba un panorama de la situación del tebeo patrio que generó no poca controversia por su título: “la edad de oro del cómic español”, decía, y se recibió con alegría y estupor a partes iguales, y aunque se consideró en general exagerado, cierto es que muy pocos pasaron del titular para descubrir en el texto que se hablaba de una edad de oro para los lectores y una edad de hielo para la autoría, resaltando el abismo de diferencia que existía entonces entre una calidad creativa auténticamente explosiva en su brillantez y la precaria situación que vivían aquellos y aquellas que querían vivir de las viñetas.

Hoy, por desgracia, el calentamiento global no ha llegado a esa gélida glaciación que viven los autores y autoras de nuestro país, y lo máximo que se ha conseguido es certificar esa dolencia ya como patológica a partir de los pocos datos interesantes que aporta la oportunidad perdida que fue el Libro Blanco del Cómic Español publicado hace un par de años. Síntoma evidente de una industria enferma, pero de la que no se sabe mucho más: la falta de datos reales de facturación, ventas o tiradas no permite pasar de una capa superficial de análisis de la que es poco posible obtener conclusiones. De hecho, los pocos datos que se saben suelen venir de la mano de escándalos con alguna editorial que, según parece por las denuncias que llegan a la prensa, se ensañan con ese eslabón de debilidad extrema que es la autoría.

Los escasísimos datos objetivos de esta industria, los que proporciona el Informe Tebeosfera, hablan de un mercado asentado en una locura publicadora que tímidamente va a menos, pero sigue por encima de 4500 ediciones  mensuales cada vez más dominadas por el manga y con una presencia de autoría patria estancada alrededor de un 25% en el que hay mucha presencia de obra indirecta, publicada primero en otros países antes de llegar a España como parte de franquicias superheroicas o traducciones.

Y eso que, supuestamente, la presencia de España como país invitado de nuevo en el festival de Angoulême parecía abrir el año con cierta ilusión. Pero el festival galo ya no era el de aquél 2012 donde nuestro país fue también protagonista, y pese al intento, la ya indudable mala salud de un certamen que cayó en barrena meses después eclipsó en parte el importante desembarco de creatividad hispana que olvidó durante unos instantes la precariedad congelante al sur de los Pirineos. 

Sin embargo, hoy resulta difícil no seguir contagiado de ese optimismo al ver los rebosantes anaqueles de las librerías y la incesante actividad del cómic en el mundo cultural. Vaya por delante que, calidad autoral, a borbotones: las listas de “lo mejor del año” que puntualmente acuden a nuestra prensa mucho antes de que acabe diciembre para animar las ventas navideñas se han llenado de obras con acento claramente español, protagonista por cierto de ferias del libro internacionales en Guadalajara o Frankfurt con encendido apoyo institucional. Cada año, esas listas se llenan de nuevos nombres mientras las firmas veteranas siguen manteniendo un ritmo de producción envidiable en equilibrada convivencia: frente a una revolucionaria Natalia Velarde encontramos a Kim; junto a una ya consolidada Ana Penyas, a un chispeante Genis Rigol; mientras María Medem nos deja encandilados con una flor, Paco Roca sigue destilando obras maestras abisales; al tiempo que los premios nacionales apuestan por la modernidad de Bea Lema, Roco Vargas vuelve de la mano de Daniel Torres.  No es cuestión de hacer en este limitado espacio un listado exhaustivo de nombres, sirva como ejemplo de esa rutilante presencia de unos y otros, unas y otras, demostrando que esa edad de oro para el lector sigue intacta. La de hielo, también, porque ni la presencia en grandes ferias, ni el desembarco en festivales a golpe de jamón ibérico parece haber conseguido que la situación de los que tienen que dibujar mejore lo más mínimo.

Eso sí, la ilusión, intacta: vean si no la espectacular efervescencia de la autoedición y el fanzinismo, el primero tanto como forma de rebeldía como de supervivencia obligada y el segundo como expresión de libertad creativa que ya no es solo expresión juvenil, sino que atiende a cualquier edad. La multiplicación hasta la saciedad de eventos de fanzines en toda la geografía constata la indudable vitalidad de estos movimientos, que han tenido incluso espacio en un museo como el IVAM, que durante seis meses expuso en las paredes de su galería 6 la muestra “¡Esto (no) es cómic!”, comisariada por Noelia Ibarra y el que esto escribe. Fanzines como objetos de fascinación que se multiplican desde sus ínfimas tiradas que, quizás son también burbujas sostenidas precisamente por esos ecosistemas que se crean alrededor de ellos, pero que resultan en continua renovación del lenguaje del cómic y dan fe de una capacidad de evolución imparable.

Porque lo cierto es que parece que, desde las instituciones, el apoyo está llegando a las viñetas: durante estos años hemos podido ver cómo la academia ha encontrado en el cómic un tema de investigación con la misma pasión que durante años lo ignoró, multiplicando las actividades dedicadas al cómic desde las universidades, desde congresos a tesis doctorales que tienen el cómic como eje principal y aceptando por fin que lo que decían ya en su día gente como Antonio Altarriba o Juan Antonio Ramírez va y resulta que era cierto. Le llevó su tiempo, pero ya se sabe que la comprobación científica requiere de minuciosidad y tiempo.

Pero la implicación más esperada era la del ministerio de Cultura, curioso, en tanto las competencias industriales y culturales están delegadas casi en su totalidad a las comunidades autónomas y su capacidad de maniobra es relativamente limitada, pero al césar lo que es del césar: no solo ha incluido al noveno arte en el renovado nombre de la Dirección General del Libro, del Cómic y de Bibliotecas, sino que inesperadamente ha ido más allá del cambio nominal y ha demostrado una clara implicación con la puesta en marcha de una mesa de trabajo que debe aglutinar a todo el sector más allá de la coincidencia, de nuevo nominal, de alguna asociación, recordando que la pluralidad es garantía de ecuanimidad. Y oigan, que sobre la mesa se han puesto hechos como las ayudas a la creación de 25.000 que han llegado a 40 autores y autoras para conformar ese rumboso número de un millón de euros, siempre evocador de fortunas interminables, pero que se queda en evidencia cuando resulta que las ayudas a la cinematografía son de 37 de esos millones y solo a la escritura de guiones de largometrajes, de 8 millones. Que sí, que los números de ambas industrias son incomparables, pero duele, claro, aunque hay que agradecer el intento aunque haya generado no pocas polémicas por sus criterios, pero que seguro que puede ir mejorándose cada año y mejor ese millón con polémicas que nada limpio cual patena de debates.

Veremos si esa inyección en vena creativa se traduce en una ebullición de nuevas obras que hagan de necesaria cardioversión del ceniciento ritmo de la industria del cómic o bien alimenta la larga lista de libros de que no superan los 100 ejemplares vendidos, pero es seguro que ha sacado a la luz a un colectivo callado, y tan callado teniendo en cuenta que están al borde de la inanición, que necesita ese foco de atención. El gesto del ministerio debería ser acompañado por réplicas a nivel autonómico, donde están las competencias, para multiplicar la inversión y realmente poner en marcha ese motor artístico que más que gripado, está completamente oxidado, antes que los webtoons coreanos invadan todos los espacios con alegre aquiescencia lectora a la espera de la serie en Netflix que dé supuesta carta de madurez a la creación en viñetas ya no catódicas, sino de OLED.

Eso sí, recordemos lo de enseñar a pescar o dar peces, que en este caso debe ser entendido como la necesidad de ambas, porque cuando la cosa está tan mal, la ayuda pecuniaria se hace indispensable, pero no está de más mirar al futuro y pensar en acciones que fomenten la lectura del tebeo, que serán también acciones de fomento lector y cultural. No caigamos en el error otra vez de “donde hoy hay un tebeo mañana habrá un libro”, pero reconozcamos abiertamente que el cómic es la mejor puerta de entrada en el hábito cultural. Y ahí la lista de instituciones es amplia, empezando por aquellas dedicadas a la cultura y terminando por las educativas. El éxito de proyectos europeos focalizados en el uso del cómic como herramienta educativa, como el proyecto Erasmus+ CLI-MIC dirigido desde la Universitat de València son ejemplos claros de líneas de trabajo que pueden ser replicados desde las autoridades educativas para aprovechar el potencial del cómic en el aula. Autores como Pedro Cifuentes, pioneros en su uso, están demostrando con sus obras que esa realidad es no solo factible, sino que tiene el apoyo entusiasta del profesorado. De nuevo, la acción de las autoridades para hacer llegar a los docentes la información y las herramientas, así como la decidida labor de las bibliotecas es fundamental.

Quizás, en ese sentido, sea necesaria una mayor atención al público infantil: recordemos que los grandes éxitos de ventas del cómic en España no son exclusivamente series japonesas, sino que autoras como Raina Telgemeir o Dav Pilkey replican en aquí su éxito mundial. Nombres que no parece, ni son, patrios, cierto, pero muchas editoriales están apostando por la producción de títulos para ese rango de edades de lectores ávidos y progenitores desesperados de encontrar libros para su prole, y precisamente están apostando por los artistas de aquí. El brutal éxito del Superpatata de Artur Laperla es un ejemplo, al que hay que añadir el de autores como Jaume Copons y Liliana Fortuny, que encuentra eco por muchísimos países, demostrando que la senda de la creación para los más pequeños de la casa es rentable, exitosa y con muchísimas ventajas futuras.

Una línea que es compatible tanto por la apuesta por la producción cercana a los gustos de la juventud, con el excelente ejemplo de la revista PlanetaManga de series creadas por autores y autoras de aquí como por la necesaria reivindicación de las obras clásicas de nuestro cómic, desde las creaciones de los autores que trabajaron para el extranjero durante la época de las agencias a la apuesta por un cómic de autor que triunfó en otros momentos: ver reivindicados a nombres como los de Alfonso Font o Marika Vila debería ser una realidad constante.

Pero el frío persiste, y el cómic hecho aquí sigue instalado en esa perpetua edad de hielo de la que parece difícil salir. Queda mucho por hacer, y todos podemos poner nuestro granito de arena: sigan el ejemplo iniciado por @AspirinaWoolf en redes y compartan viñetas de su lecturas patrias, alentando y contagiando el placer de leer tebeos. Y si encima son de aquí, mejor.


Revista Mercurio (Jot Down)



La extraña comunidad

Danide regresa a las librerías con la edición integral de la que tal vez sea su obra más ambiciosa


José Luis Vidal

01 de mayo 2026 


Caminando por el bosque, al ir internándonos, nos percatamos que tanto la vegetación como los árboles tienen algo diferente. De sus ramas y tallos cuelgan cables, circuitos que los transforman en entidades tecno-orgánicas, pintando un paisaje insólito.



Ficha
Aprendiz de cuervo

Autor: Danide

Color

Tapa dura

348 págs.

39,59 euros

Norma Editorial


Pero esta no es la única sorpresa que nos aguarda, ya que por fin llegaremos a un lugar donde sus habitantes se comportan como animales, portan grandes cabezas que los representan e identifican (Gata, Osa…), y todos y todas siguen los mandamientos del Hombre-Dios, un tipo que junto a su mano derecha, Ciervo- Fantasma, controlan que todos los miembros de esta peculiar tribu cumplan a rajatabla con sus preceptos.

Una de estas 'criaturas' es la silenciosa Cuervo, protagonista de este relato. Su vida está dominada por las tareas que debe realizar a diario, sin olvidar ninguna, y que convierte su existencia en un monótono cuadro, salvo cuando tiene que ejecutar una de ellas, que tiene relación con los usuales fallecimientos de alguno de sus compañeros.

Afortunadamente, hay momentos para compartir con su mejor amigo, Batracio, con el que se pasa las horas enganchados a un imposible videojuego y sumidos en la somnolencia de los vapores de uno de esos hongos con los que su colega tiene una especial conexión.

Echando un vistazo al lugar, veremos que se encuentra rodeado por una valla electrificada, a la que está totalmente prohibido acercarse, salvo que suceda alguna avería, hecho este que se convertirá en un momento en el que la violencia desatada hará su temida aparición en el lugar.

Y es que el temido Lobo, un ser que parece salido de una pesadilla, aguarda su momento…

Pero, ¿por qué estas personas se han recluido en este lugar? ¿Qué ha ocurrido más allá de la valla que los rodea? ¿Cuáles son los verdaderos planes de Hombre-Dios y Ciervo-Fantasma?

Todas estas preguntas serán contestadas a lo largo de este cómic, del que por primera vez podemos disfrutar de su versión íntegra, ya que en su momento el sello Spaceman Project tan solo publicó el Libro 1, y el relato completo está formado por tres partes donde se demuestra el poder gráfico de Danide (Fagocitocis, Revolution Complex, Máculas, Exsolteros…), autor con una ya larga trayectoria en la que ha tocado múltiples géneros, y que con realmente pocos diálogos consigue hacer que el lector se sumerja en una historia que al principio pone sobre la mesa muchos misterios pero que, poco a poco, gracias al periplo (visualmente espectacular) que inician dos de sus protagonistas, se irán contestando y ante nosotros se abrirán unos paisajes que parecen salidos de una autentica pesadilla lisérgica.

Y, ¿quién sabe? Tal vez la gris realidad que vive Cuervo y sus congéneres tan solo sea un bizarro decorado, esperando ser tumbado para poder observar que la realidad es tal vez otra.

Obra potente, ambiciosa, la más extensa hasta el momento el autor, que temáticamente se sale de lo que habitualmente el lector español está acostumbrado a consumir, y que pienso va a gustar especialmente a los fans de George Orwell y J.G. Ballard, cuyas sombras son muy alargadas y pueden identificarse a lo largo y ancho de esta historia.


Diario de Cadiz