Agustín Álvarez
Norma Editorial
Si hubiera que definir a Yann con un sólo calificativo, este no podría ser otro que el de todoterreno. Su obra como guionista le ha llevado por todos los géneros que podamos nombrar, y es capaz de, como mínimo, cumplir en todos ellos con dignidad. Así, en el pequeño relato fantástico que es este Los tres Cabellos Blancos, podemos encontrar todos los elementos del género: príncipe encantado, bruja de los bosques, hechiceros, peces y pájaros que hablan, subditos sometidos por un rey tirano... A todo ello, Yann le añade unas gotas de comedia (hermanos que sin saberse tales se enamoran, y esto no puede ser), que va tiñéndose en esperpento, en humor macabro (porque al final, aunque no pueda ser, es, y si alguien tiene algo que decir , más vale que se calle).
El planteamiento de la obra es clásico como tal: trama, nudo y desenlace bien definidos. La aportación de Hausman como dibujante añade a la historia la ambientación y caracterización necesarias para convertirla en una fábula animada. Así, el mayor acierto es el paralelismo entre las peripecias vitales de Vaiva y su hermano, el Príncipe Karas y los dos pequeños zorros: ambos hermanos, ambos separados de la madre al nacer, uno de familia acomodada y el otro indigente, ambos enamorados en un amor imposible, ambos sirviendo de cebo para llegar hasta el otro, y en fin, ambos triunfando ante la adversidad. Muy brillante.
Aunque, tampoco nos engañemos. A pesar de todo lo dicho, no nos encontramos ante una obra maestra, aunque posea una notable corrección. Y es que tal como está el panorama, cuando te encuentras con algo firmado por Yann, no puedes permitirte el lujo de hacerle ascos.
Norma Editorial
Si hubiera que definir a Yann con un sólo calificativo, este no podría ser otro que el de todoterreno. Su obra como guionista le ha llevado por todos los géneros que podamos nombrar, y es capaz de, como mínimo, cumplir en todos ellos con dignidad. Así, en el pequeño relato fantástico que es este Los tres Cabellos Blancos, podemos encontrar todos los elementos del género: príncipe encantado, bruja de los bosques, hechiceros, peces y pájaros que hablan, subditos sometidos por un rey tirano... A todo ello, Yann le añade unas gotas de comedia (hermanos que sin saberse tales se enamoran, y esto no puede ser), que va tiñéndose en esperpento, en humor macabro (porque al final, aunque no pueda ser, es, y si alguien tiene algo que decir , más vale que se calle).
El planteamiento de la obra es clásico como tal: trama, nudo y desenlace bien definidos. La aportación de Hausman como dibujante añade a la historia la ambientación y caracterización necesarias para convertirla en una fábula animada. Así, el mayor acierto es el paralelismo entre las peripecias vitales de Vaiva y su hermano, el Príncipe Karas y los dos pequeños zorros: ambos hermanos, ambos separados de la madre al nacer, uno de familia acomodada y el otro indigente, ambos enamorados en un amor imposible, ambos sirviendo de cebo para llegar hasta el otro, y en fin, ambos triunfando ante la adversidad. Muy brillante.
Aunque, tampoco nos engañemos. A pesar de todo lo dicho, no nos encontramos ante una obra maestra, aunque posea una notable corrección. Y es que tal como está el panorama, cuando te encuentras con algo firmado por Yann, no puedes permitirte el lujo de hacerle ascos.
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