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viernes, 29 de agosto de 2025

La vida en viñetas de Michel Rabagliati

 

El dibujante canadiense Michel Rabagliati, fotografiando en el estudio de su casa en Montreal el pasado 10 de junio. Michael Abril

Con la autoficción como vía para certificar el presente, el canadiense desnuda la cotidianidad a través de su alter ego. El dolor de un divorcio y la muerte centran su nuevo cómic, Paul en casa.



Por Irene Serrano

Tiene cierto morbo entrevistar a un autor de autoficción en su casa, más aún cuando la casa es escenario de parte de su obra. El chalecito del comiquero quebequense Michel Rabagliati en el barrio montrealés de Ahuntsic no decepciona. Rodeado de arbustos, con un pequeño mirador y un porche toldado ("lo construí yo cuando nos mudamos aquí hace 26 años", cuenta), es casi idéntico a los dibujos que aparecen en su última obra publicada en España, Paul en casa.

Aquí mismo, en su estudio, que durante un tiempo estuvo en el sótano y ahora se encuentra en la planta baja, Rabagliati ha desarrollado minuciosamente el personaje de su alter ego, Paul: a lo largo de 11 álbumes -seis de ellos publicados en español por la editorial Astiberri-, de la infancia a la madurez, pasando por todos los hitos vitales, y desde los años sesenta hasta la actualidad. "He contado prácticamente todo mi pasado", dice.

Si se ha leído su saga de Paul, uno también tiene la sensación de conocer de alguna manera a Rabagliati antes de cruzar una palabra con él. El autor tampoco decepciona: comparte con Paul la frente ancha, la nariz prominente y las cejas pobladas tan características del personaje. Pero, a diferencia de su alter ego, Rabagliati es elocuente y energético, generoso con la palabra y con el tiempo ("hablo mucho" y "tengo todo el día para vosotros" fueron dos cosas que nos advirtió nada más llegar). En el pequeño comedor contiguo a una cocina americana vintage verde oscuro, habla de la autoficción como una respuesta al olvido, una suerte de documentación vital.

-Además, no soy capaz de escribir ficción. No me la creo ni yo. Es una cuestión de honestidad. Inventar cosas, inventarme a una persona que no conozco, que se llama, no sé..., Lucía o Silvia, y darle un papel como, yo que sé, azafata..., ya estoy fuera. No me lo creo. Digo: bah, qué aburrido. Si ni siquiera la conozco, esta persona no existe. Así que cuanto más cercano, más me interesa, más me motiva. Prefiero contar la historia de un tipo que va al Provigo [una cadena de supermercados en Canadá] que inventarme una historia de alguien que se va de expedición a África. Probablemente haré algo mejor con el que va al Provigo que con el aventurero africano.

La vida de Paul es, efectivamente, una vida sin eventos notorios, sin sobresaltos. No hay grandes aventuras ni héroes. Tampoco tragedias ni situaciones sórdidas o violentas. Sin embargo, la serie es un éxito de ventas en toda la francofonía, ganadora de dos premios en el Festival Internacional del Cómic de Angulema, el encuentro de referencia para historietas francohablantes. Y la razón por la que en 2022 se condecorase a Rabagliati como caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

-Probablemente haya una especie de magia en el dibujo. Creo que el dibujo es simpático. Es simple, fácil de entender, de descifrar. Y el personaje cae bien. No tiene rasgos muy marcados: no está supermusculado, ni es muy masculino, ni muy femenino. Es un poco andrógino. Es sensible y receptivo con lo que pasa. Su forma de estar en la historia hace que sea cautivador. Porque yo lo coloco como si el lector estuviera dentro del personaje, como si se pusiera un disfraz con cremallera y caminara con Paul. Y Paul va descubriendo las cosas a la vez que el lector. Y el lector, sea hombre o mujer, se puede proyectar fácilmente, porque el personaje es bastante neutral. Y lo que le pasa es la vida. Los acontecimientos van ocurriendo como ¡zas!, ¡pam!, ¡sorpresa!, y él los recibe, los acepta, los vive. El lector está en la misma posición, avanzando con él por la historia. Quizás ese sea el secreto.

A Paul le pasa la vida, y le pasa en Quebec. La saga da un repaso a usos, costumbres e historia reciente de la provincia canadiense -francófona y nacionalista-, con cierta nostalgia y con muchísima precisión. Por ejemplo, Paul en los scouts, quizá el más político de todos los títulos, tiene como contexto la lucha del Frente de Liberación de Quebec (FLQ), un grupo separatista violento considerado como terrorista por el Gobierno de Canadá, que en 1970 protagonizó la llamada crisis de octubre.

El álbum describe e ilustra con bastante objetividad y desde el punto de vista de un Paul adolescente las semanas en las que el FLQ secuestró al diplomático británico James Cross y al entonces ministro de Trabajo, Pierre Laporte, a quien terminarían matando, y desencadenaron que el entonces primer ministro, Pierre Trudeau, padre de Justin Trudeau, aplicase la ley marcial. Como en otras ocasiones, la historieta navega entre el francés y el inglés para retratar un momento que marcaría las relaciones entre Quebec y Canadá.

El dibujante canadiense Michel Rabagliati, autor del cómic Paul en casa (Astiberri, 2025), abrió su casa en Montreal para Babelia el pasado 10 de junio. También enseño su estudio, en el que ha creado las páginas de la serie protagonizada por su alter ego, y posó dibujando una viñeta. Michael Abril.


El cambio de registro e incluso de idioma es uno de los puntos fuertes de Rabagliati. A cada personaje y a cada situación, el autor le otorga el estilo lingüístico apropiado, y como bien corresponde a un país bilingüe, el idioma adecuado al momento. En el universo de Paul no faltan el vecino de origen italiano que pese a llevar toda su vida en Montreal no habla francés -algo que irrita profundamente a los quebequenses (y a Paul)- o la mánager que utiliza tantos anglicismos que en sus frases cuesta encontrar palabras en francés.

-En Paul va de pesca o Paul se muda, verás que hay diferentes niveles de lenguaje.

El de los inmigrantes, como el vietnamita del colmado, que tiene muchas dificultades con el francés. O el pescador de Joliette (ciudad en el suroeste de Quebec), que tiene un acento rural, y usa muchos anglicismos. Cuanto más te alejas de la ciudad, más anglicismos encuentras, más quebequismos también. Me gusta detectarlo y subrayarlo cuando encaja bien.

La casa de Rabagliati está plagada de bártulos que dan cuenta de su interés por las artes visuales. Muñecos, juguetes, un luminoso de un taxi, matrículas de coches locales y muestras impresas de fuentes tipográficas de distintos estilos, cuidadosamente organizadas en estanterías y corchos de la pared de su estudio. Su padre y su hermana se dedicaron a la tipografía, y él, tras un breve paso por el oficio, estudió diseño gráfico. De ahí saltó a la ilustración editorial y para marcas, y acabó aterrizando en el cómic, su gran sueño desde la infancia.

Este recorrido vital ha dejado su impronta en la saga de Paul. En las historietas, aparecen productos y negocios típicamente montrealeses dibujados con rigor. Rabagliati asegura que con esto también responde a esa necesidad suya de batallar contra el olvido, de documentar el presente.

-Cuando dibujo un objeto, me gusta ser muy preciso. Sobre todo cuando hay tipografía, o si es un cartel, especialmente los carteles exteriores. Soy muy muy detallista con eso, porque son landmarks, puntos de referencia, y muchas veces son cosas que van a desaparecer. Sobre todo con los letreros antiguos, soy muy nostálgico. Por eso me gustan tanto las películas de Wes Anderson. Es muy meticuloso. Si pone un cartel de "elevator" (ascensor) en una escena, usa Futura Light. ¡Guau, me encanta eso! Todo está cuidado. Cualquier caso que aparece en una mesa tiene una buena tipografía. Todo está bien equilibrado, bien espaciado, con un interletraje impecable. Es el único que cuida la tipografía así. Bueno, también Almodovar. Sus títulos de crédito son una pasada. Sólo los créditos ya me hacen parecer ver la película.

Esa misma minuciosidad en el dibujo la aplica en los detalles arquitectónicos, en los edificios que aparecen como escenario de las historias de Paul. Y probablemente este aspecto costumbrista de su obra sea una de las claves de su éxito en Quebec, una región obsesionada con su identidad cultural y una necesidad de reafirmación como nación distinta a Canadá. Y aunque este verano haya recibido la medalla de la Orden de Canadá, una de las distinciones civiles más altas que otorga el Gobierno, Rabagliati es consciente de que no todos los públicos acogen con el mismo entusiasmo al personaje de Paul.

-No tengo éxito en el mundo anglosajón. Mis historias les parecen demasiado dulces, demasiado tiernas. Mi traductora -magnífica, por cierto- me lo ha dicho. Las tiradas son decentes, pero las ventas son lentas, sin mucho entusiasmo. Y sé por qué: los estadounidenses vienen de los superhéroes, del bien contra el mal, las armas... Incluso los cómics autobiográficos que les gustan son Maus, cosas muy duras, muy oscuros. Buddy Bradley, Dan Clowes, Charles Burns... Todo muy subterráneo, con traumas, depresión. Juliet Doucet, por ejemplo, que es de aquí, tiene mucho éxito en Estados Unidos. Porque es punk, es oscuro, hay bares, encuentros turbios. Eso gusta. Y en el Canadá inglés también: sus lecturas son muy oscuras. Mi obra es más luminosa. Lo que presento de la vida es bastante soleado.

La excepción en este trabajo soleado es Paul en casa, su décimo título que cierra una primera etapa de la saga, y que salió a la venta en España el pasado mes de marzo. En este volumen, Paul se acaba de divorciar de su esposa, un personaje muy presente en el resto de su obra, y su hija, ya mayor de edad, decide irse a vivir temporalmente a Londres. Y en medio de esta soledad de sus 51 años, a su madre le diagnostican un cáncer terminal y muere.

-Entré de lleno en los peores momentos de mi vida. Muy real, muy duro. No sé por qué lo hice. Quizá porque necesitaba escribir. Necesitaba hablar con alguien. En Paul en casa, Paul dice: "Me gusta hacer cómic porque me relaja". Y su perro le responde: "No, es porque necesitas hablar con alguien". Y es así, tal cual... Aunque creo que escribir sobre ello fue menos doloroso que hacer la promoción del libro doloroso. Por culpa de la autoficción. Me sería mucho más fácil hablar de un libro si fuera ficción. Pero es mi vida. Y me vuelven a interrogar sobre mi vida. Y eso a veces... es demasiado.

Mientras gestiona momentos desoladores, se enfrenta a tareas y situaciones altamente irritantes: limpiar una piscina sucia, ir al dentista, lidiar con la apnea del sueño, empezar a correr, abrirse un perfil en una web de citas... Patéticos problemas del primer mundo y de la mediana edad con los que es fácil sentirse reconocido, simpatizar.

-En Paul en casa, al principio me dije: me voy a quedar en el sótano todo el tiempo. Pero me di cuenta de que no sería bueno, ni para mí ni para el lector. Así que uso el humor para romper la atmósfera, para cambiar de tono. Exactamente como hace Woody Allen. No se queda siempre abajo: le da al lector galletas, azúcar, para que haya diversión. Lo que se llama comic relief. En guión se usa mucho. El comic relief llega cuando el lector está cansado, saturado emocionalmente, y le das un chiste para reengancharlo. A mí eso me interesa muchísimo, la construcción del guión. Cómo organizar los elementos de una historia para que provoquen un efecto: flashbacks, flashforwards, primeros planos...

El comic relief funciona de maravilla en la versión teatral de Paul en casa que durante 2024 y 2025 se ha podido ver en Montreal, y en la que Rabagliati ha colaborado con el guión. Aunque esta no era la primera puesta en escena de Paul; en 2015 el director de cine quebequense François Bouvier llevó a la gran pantalla Paul en Quebec, en la que Rablagiati colaboró también como guionista.

-Escribir para cine no me interesó. Muy laborioso, todo cronometrado. Todo es un problema. Todo cuesta, cuesta, cuesta. Mientras que en cómic... puedes dibujar ocho caballos con uniformes napoleónicos y cañones... y no pasa nada. Tú dibujas lo que quiera. Una escena aérea, ¡y tan feliz! En cine, para tener esa imagen, tienes que negociar todo.

En la habitación donde está su estudio, Rablagiati nos enseña bocetos de la obra en la que trabaja y también algunos de Rose en la isla, una novela ilustrada que se publicará en España a finales de año. Cuenta que la viñeta de la historieta se le quedaba pequeña para representar la inmensidad de los vastos paisajes de Bas-Saint-Laurent, donde se encuentra la isla en la que se desarrolla la historia, y que decidió probar un nuevo formato. La amplitud se agradece y favorece al estilo característico de Rabagliati: los dibujos son más minuciosos si cabe y sin la limitación de los bocadillos, las reflexiones de Paul son aún más interesantes.

-Pensé en hacer algo así, un poco anticómic tradicional, con ilustraciones grandes. Hago un dibujo, lo escaneo y lo encajo en el texto. Primero escribí todo el libro en InDesign, que normalmente los escritores no hacen. Ellos escriben en Word, y luego un diseñador maquetador se encarga. Pero yo hago la maquetación directamente. La tipografía que quiero, márgenes, el tamaño, todo. Eso me permite controlar muy bien el ritmo. Una página, un tema. En Word no puedes controlar eso, el texto fluye y luego alguien lo ajusta como puede.

Rablagiati quedó contento con el resultado y su próxima publicación, que saldrá a la venta en Canadá el año que viene, seguirá el mismo formato y estilo. Y aunque Paul ya no aparecerá en los títulos, seguirá siendo el protagonista. Es lo que tiene declararse incapaz de crear personajes ficticios: tu alter ego se vuelve imprescindible, aunque duela.


Paul en casa. Michael Rabagliati

Traducción de Óscar Palmer. Astiberri, 2025

208 páginas. 23 euros


El Pais. Núm. 1.760. Sábado 16 de agosto de 2025


martes, 26 de agosto de 2025

Las chicas de Bryan

Stephanie Seymour. 
Nacida en California en 1968, fue una de las supermodelos que dominaron el planeta en la década de los noventa, al final de la cual su fortuna se estimaba en 24,6 millones de dólares. Sus grandes éxitos llegaron de la mano del cabello (LÓreal) y la ropa interior (Victoria´s Secret). Su matrimonio con Axl Rose (Guns´n´Roses) duró poco más que un video de la banda.
Los protagonistas.
El diseñador de Calvin Klein, Francisco Costa, recibe el abrazo del músico Bryan Adams en la fiesta de presentación de su proyecto conjunto en Nueva York.

El cantante Bryan Adams sorprende como fotógrafo en su última obra. Un libro, titulado 'American women', en el que retrata a noventa mujeres de éxito vestidas por Calvin Klein. Un paseo por la femineidad estadounidense con fines benéficos que incluye a actrices, políticas, escritoras y cantantes. Por Xavi Sancho. Fotografía de Bryan Adams.


Un rockero que saca fotografías.

Una marca de moda de sartorial elegancia. Un nutrido grupo de mujeres de éxito norteamericanas. Una buena causa. American women es un libro de retratos de, eso, mujeres americanas. Hasta noventa, en una lista que incluye los nombres de Scarlett Johansson. Daryl Hannah, las hermanas Venus y Serena Williams, Pink, Lauren Bush o Hillary Clinton. Todas han posado para la cámara de Bryan Adams vestidas por Calvin Klein. La finalidad (aparte de la repercusión mediática, la proyección de una imagen multidisciplinar o, incluso, el aburrimiento a que aboca a industria a los músicos al no permitirles editar más que un disco cada tres anos es la ayuda al Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en su programa de investicacion para la cura del cáncer de pecho, enfermedad que se levo a una amiga íntima del musico canadiense en 1997. Los dos trabajos previos de Adams como fotógrafo han sido sendos libros de retratos femeninos, uno en su país natal (Made in Canada, 1999) y otro en el Reino Unido (Haven, 2000), donde llegó a fotografiar a la reina Isabel II, la mujer que le preguntó hace unos meses a Eric Clapton si hacía que tocaba la guitarra. "No estoy seguro de si ella me conocía, pero fue muy amable", responde por e-mail Bryan Adams. "Y le gustó la cámara de 10x8 que utilicé para hacerle el retrato", termina.

"Empecé en el mundo de la fotografía hace siete años, con las imágenes de las portadas de mis discos y reportajes sobre mis propias giras y sesiones de grabación. Trató de ser tan creativo como puedo mientras estoy vivo. No quiero llevarme nada dentro cuando me vaya, quiero haberlo dado todo". Así, entre la mística inherente al artista millonario y la urgencia por dejar huella en un mundo que tiene muchos problemas y poca memoria, Adams se embarcó en este proyecto. Las fotografías se tomaron entre Nueva York y Los Ángeles durante 2004. La relación con Calvin Klein se había iniciado en 2000, cuando Malcolm Carfrae, buen amigo del rockero en Londres (ciudad en la que reside) se mudó a Nueva York para ser vicepresidente de relaciones públicas de la marca estadounidense. Él conocía el traba-

DOS RUBIAS. Arriba, la actriz Gwneth Paltrow. quien a los 32 años es una de las mas rutilantes estrellas del Hollywood del siglo XXI y posó embarazada. Abajo, Debbie Harry.
Nacida hace 60 años en Miami, fue la cara y el sexo de la revolución punk de Nueva York
Su banda, Blondie, vendió mas de 20 millones de copias de Parallel lines, su tercer disco.

-jo como fotógrafo de Adams y a mediados de 2002 le llamó para proponerle que la marca que ahora le ayudaba a pagar las facturas se involucrara junto a él en un proyecto llamado American Women. El brasileño Francisco Costa puso toda su ilusión, como recién llegado al puesto de director creativo de Calvin Klein Mujer, al servicio de la causa. Costa no conocía el talento oculto del rockero, pero si tenia una cosa clara: Los provectos filantrópicos son cada día mas importantes. Cuanto mas opulenta se convierte la sociedad, mas importante es que las personas compartan su riqueza y su tiempo. La caridad une a la gente' responde también por e-mail el diseñador, quien, a pesar de ser consciente de que existen un par de cosas en el mundo que no funcionan bien, posee una naturaleza optimista ciertamente envidiable, aparte de un también hasta ahora desconocido talento para emular a Nancy Keagan.

-¿Cuáles fueron sus pensamientos iniciales sobre el proyecto?

-Es una gran idea, muy emocionante, ademas de una muy buena causa.

-¿Algún personaje se negó?

-Hemos conseguido una gran representación de mujeres.

-¿Cómo valoraria su experiencia en Calvin Klein hasta hoy?

-Me lo he pasado muy bien. Hemos conseguido mucho en muy poco tiempo, y tengo muchas ideas excitantes para la marca para el futuro.

La principal influencia que Brian Adams reconoce al ponerse tras una cámara es Herb Ritts quien le ayudó mucho en la creación de su primer libro. Me presto su estudio y sus asistentes. y ahí aprendí más sobre fotografía que en ninguna otra parte. Fue como un curso acelerado, y todavía hoy me mantengo en contacto con la gente de su oficina. También he aprendido mucho de quienes me han fotografiado, y entre ellos recuerdo especialmente a Andrew Catlin o Anton Corbjin" Aunque parece totalmente integrado en sus nuevas aficiones cuyo éxito parece cada día sorprenderle menos. Adams declara que su principal actividad es y será el rock and roll "Tengo un disco nuevo, Room service, y en enero giré por España. Las audiencias de vuestro país son las mejores", responde en un típico tic de viejo rockero que de cualquier modo, no desentona nada en este nuevo entorno. ¿Algún talento oculto más que debamos conocer.? "Llego a tocarme la punta de la nariz con la lengua". Con esto igual no se pueden recaudar fondos para ninguna buena causa, pero al bienintencionado Costa seguro que le parece admirable".

El libro "American women" tiene 120 paginas, cuesta 39,80 euros y está editado por Power House Books. Para más información, consultar: www.powerhousebooks.com.


El Pais Semanal número 1.497. Domingo 5 de junio de 2005



La isla "hippy" del sol naciente

El faro del fin del mundo / Jacinto Antón


En Formentera, los pequeños acontecimientos cotidianos se suceden y cobran importancia al margen de lo que pasa afuera en el mundo. La otra noche se proyectó en Sant Francesc, al aire libre, el documental Peluts i alters forasters a Formentera, que recupera entrañablemente una parte de la memoria del desembarco de los hippies en la isla y lo que supuso la experiencia para ellos y para los locales. Asistí al pase, multitudinario, y dado que todas las sillas estaban ocupadas, tuve que ver la película sentado en el suelo, como si hubiéramos regresado a los días del flower power.

Pese a los precios disparatados que hacen retraerse cada vez más a los visitantes, todo lo mejor de la isla, si lo piensas, es gratis: la arena, el mar, la puesta de sol, las estrellas, los amigos, el pase del documental. O la aventura con una morena - el intimidatorio pez anguiliforme Muraena helena- que vivimos el jueves. La localizó mi hija Berta justo al llegar, buceando frente al Pelayo, y todos nos zambullimos a buscarla (algunos con menos decisión que otros; la mordedura es dolorosa). Pero lo más interesante fue la evocación que nos hizo luego José Luis de cuando su padre pescaba morenas en estas mismas aguas. Nos explicó que entonces había muchísimas y atrapaban solo las grandes, las únicas que valen la pena como alimento. “Las colgaban aquí”, apuntó, señalando el muñón de una vieja Sabina junto a la barra del local. Escenificó entonces cómo rajar al bicho serpenteante para sacarle la espina central y el sistema digestivo. “Luego se recubre a la morena con sal gruesa, sin quitarle la piel, que es de lo mejor, muy sabrosa; se fríe para que quede crujiente”. Yo no he visto la morena pero el mismo jueves me encontré con una imagen muy evocadora junto al quiosco Sarai: un gran tiburón hinchable varado en la arena. Precisamente había acabado otro de los libros que me he traído este verano a Formentera, Historias bajo el mar (Punto de Vista Editores, 2025), en el que el autor, Pietro Spirito, recoge una variada serie de aventuras hiladas por la suya propia con un tiburón blanco. Imaginarán mi sorpresa al descubrir que una de las historias que cuenta es !de sirenas¡ “Necesitamos a las sirenas, y cuando no existen, las inventamos”, escribe.

Jacob Elordi y Olivia DeJonge, en 'El camino estrecho', adaptación de la novela de Richard Flanagan.

El libro de Spirito, todo y reunir sirenas, submarinos, mensajes en botellas, apuntes julesvernianos, los audaces buceadores italianos de la Décima Flotilla Mas, e incluso a Hans Hass y su fulgurante ondina Lotte, no ha sido la lectura que más me ha impresionado esto días. Me he traído Question 7 (Vintage, 2025), las extraordinarias memorias de Richard Flanagan, un escritor al que descubrí con la tan subyugante El camino estrecho al norte profundo (Penguin Random House, 2016), una de mis novelas favoritas (a ella pertenece la frase “un hombre feliz no tiene pasado; un hombre infeliz no tiene nada más”), que he releído aquí tras ver la miniserie que se ha hecho sobre ella, producción que me ha parecido esencialmente fiel y muy buena. Una novela como El camino estrecho al norte profundo que se desarrolla en Tasmania, en Australia y en Birmania y que recrea con mucho más realismo que Feliz navidad mister Lawrence, Rey de las ratas y no digamos El puente sobre el rio Kwai, el horror que sufrieron los prisioneros de los japoneses y en particular los condenados a construir la siniestra línea férrea del “ferrocarril de la muerte” durante la II Guerra Mundial, no parecería una (re)lectura idónea para Formentera, isla, se diría, más de sol poniente que naciente. Tampoco las memorias de su autor, que añaden una tercera dimensión a la novela y la serie: el padre de Flanagan, sargento de las tropas australianas, cayó cautivo de los japoneses y su experiencia es la base de la ficción. Pero no solo he encontrado inesperados puntos en común entre Flanagan y sus libros y la isla, sino que pasar con el escritor aquí el 80º aniversario (6 de agosto) del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, tema que aparece en la novela y muy especialmente en las memorias, ha sido excepcionalmente oportuno.

A través de los libros de Flanagan, convertido el peñón de Mola en el monte Suribachi de Iwo Jima y los bañistas desnudos de Migjorn en émulos de los escuálidos prisioneros de los japoneses, he recordado en Formentera la guerra en el Pacífico y su final. No he encontrado japoneses en la isla (según mis datos solo hay tres), para contrastar opiniones. Pero he querido creer, como uno de los compañeros del padre de Flanagan en el campo y el Jim de El imperio del sol, la novela de Ballard, que algo del fulgor de la vieja bomba se percibió en el cielo de aquí el miércoles en el aniversario. Aunque fuera solo un espejismo atrapado en el tiempo de aquel horror cegador, y su reflejo centelleante en los libros.


El Pais. Cultura. Sábado 9 de agosto de 2025


lunes, 25 de agosto de 2025

Superpoderes casi posibles

Parece un catálogo imposible de siete superpoderes con los que todos hemos soñado de pequeños: ser invisibles, vivir mil años, mover objetos con el pensamiento, teletransportarse, viajar al interior del cuerpo humano. La ciencia está demostrando que hay quimeras posibles. Bueno... casi posibles. Por Mónica Salomone.

 

Cuerpazos. En la película "El chip prodigioso", Dennis Quaid viaja por el cuerpo humano. (a la derecha). "El hombre invisible", de 1933 (a la izquierda).


Hace 50 años, un joven físico de la prestigiosa Universidad de Princeton (Estados Unidos) publicó una idea que pasó entonces sin pena ni gloria. Era su primera publicación científica y fue acogida con indiferencia. El joven, llamado Hugh Everett, dejó la ciencia poco después, y en 1982 murió a los 51 años. ¿Y su idea? Su idea es de las menos intuitivas y más fantasiosas del escaparate de la ciencia: los universos paralelos. Según Everett, el universo debía de estar constantemente dividiéndose; era la mejor explicación para el hecho de que los sorprendentes fenómenos que se dan a escala atómica, como que una partícula pueda estar en dos sitios a la vez, no se observen en el mundo microscópico. En su visión, "cuando encontramos un objeto superpuesto, esa superposición nos divide en dos que lo observa allá", explica la revista Nature.

Pero lo más curioso no es esa teoría, sino que, según Nature, físicos actuales la hayan rescatado para darle una vida que nunca se esperó que tuviera -sí, ellos también se preguntan cómo demostrarla-. Pero éste no es un artículo sobre la teoría cuántica. Ni sobre universos paralelos. Es sobre ilusiones, sueños, quimeras... que, como la idea de Everett, algunos empiezan a tomarse en serio. Vivir mil años, crear vida en el laboratorio, controlar la memoria... Hay donde escoger.

01 Meterse en nosotros
Mide lo que una píldora cualquiera, pero es un robot. Se traga. En el momento preciso de deglutir, alguien distrae al paciente para evitar que piense en bichos, o en novelas de esas en que los robots se rebelan. Porque eso es lo que es lo que se está tragando: un diminuto robot con cámaras, sensores, minipinzas e instrumentos quirúrgicos e incluso con patitas. Su misión será patrullar el interior del tubo digestivo en busca de, por ejemplo, lesiones cancerígenas. Si encuentra algo, los médicos podrán ordenarle que elimine las células dañadas. ¿No recuerda a la película Viaje alucinante, o a la novela de Issac Asimov del mismo nombre? Pues la realidad, o lo será pronto, si todo marcha según lo previsto. El microrrobot en cuestión se llama VECTOR y es un proyecto financiado por la Unión Europea en el que participan una veintena de centros de investigación, entre ellos la Universidad de Barcelona.

VECTOR tiene precursores ya en el mercado o a punto de salir: pequeñas cápsulas para endoscopia equipadas con cámara y, en algunos casos, sensores químicos. Y estos cachivaches minúsculos no son la única tecnología médica que remite a la ciencia-ficción. También son sorprendentes los múltiples tipos de nanopartículas, tan pequeñas que resultan invisibles al ojo humano, cuidadosamente diseñadas para llevar las moléculas de fármaco y una reducción de su toxicidad", explica Josep Samitier, coordinador de la Plataforma Española de Nanomedicina. "Las nanotecnologías aplicadas a la medicina pretenden hacer realidad el argumento de la película Viaje alucinante no de forma literal, reduciendo el tamaño de los cirujanos, pero sí construyendo sistemas de detección, análisis y terapia que actúen a la misma escala que los microorganismos y sus estructuras internas".

02 La invisibilidad

Si alguien ha sentido envidia de Harry Potter y su capa de invisibilidad, que siga sintiéndola. La ciencia no solucionará su problema... a corto plazo. En un futuro más cercano, tal vez. El año pasado se creó el escudo de invisibilidad que más se parece, por ahora, a la capa de Potter, y la revista Science catalogó el desarrollo entre los diez mejores trabajos científicos de 2006. Eso sí, como capa es un tanto peculiar. Para empezar, no es de tela, sino de un nuevo tipo de material diseñado especialmente para eliminar la reflexión y la sombra de todo aquello que cubre. Tampoco sirve de momento para la luz que ve el ojo humano para la luz que ve el ojo humano, sino para la radiación de microondas. Pero, según Science, el dispositivo recurre a una estrategia "potencialmente revolucionaria para manipular la luz".
¿Cómo funciona? Las microodas, lo mismo que la luz visible, rebotan en los objetos con que tropiezan; las ondas rebotadas -ya sean de luz visible o microondas- son lo que ve. Las ondas en el agua, en cambio, se comportan de otra forma: cuando encuentran una roca pulida, la rodean y prosiguen su viaje como si nada; un observador corriente abajo no podrá averiguar nada de la roca mirando el agua. El nuevo escudo de invisibilidad funciona haciendo que las microondas hagan con los objetos a ocultar lo mismo que el agua. Lo logra gracias a su estructura, cuidadosamente estudiada -y muy compleja de construir- para alterar la dirección de las ondas.

El escudo en sí consiste en 10 anillos concéntricos de fibra de vidrio de un centímetro de altura, recubiertos por una lámina de cobre de forma distinta en cada anillo. El año pasado, los investigadores, de la Universidad de Duke, colocaron en su interior un cilindro de cobre de cinco centímetros de diámetros y, ¡magia!, lo hicieron desaparecer. ¿Se podrá hacer un escudo así que funcione con luz visible? Dar al material la estructura precisa para que interactúe como se quiere con la luz es muy complejo, así que los investigadores, simplemente, no lo saben. Lo que es seguro es que no dejarán de intentarlo.


Al lado izquierdo: Sin límites. El cine es un filón para detectar superpoderes. En la teleserie "Star Trek", los personajes son capaces de teletransportarse. La piscina de la película "Cocoon" (1985), que permite rejuvenecer indefinidamente (en la foto, el actor Steve Guttenberg).
Al lado derecho: Mentes peligrosas. Dos mitos de la ciencia-ficción. Ahora un poco menos ficticios y más científicos. Frankestein, en la versión clásica de 1931, dirigida por James Whale. Y Yoda, de la saga "La guerra de la galaxias", quizá el mejor ejemplo del poder de la mente.


03 Potenciar la memoria

¿Tomaría usted, persona sana, una píldora sin efectos secundarios capaz de potenciar su memoria? Es probable que pronto lleguen al mercado fármacos así. Los hallazgos sobre el funcionamiento de la memoria han salido de las publicaciones de ciencia básica para trasladarse a la arena comercial, y hoy, varias compañías farmacéuticas compiten por sacar al mercado su potenciador de la memoria. Lo que se promete no es una metamorfosis de superhéroe; nadie pasará de mediocre a genio y, a las doce campanadas, a casa como Cenicienta. Pero las píldoras de la memoria sí aspiran a devolver a un cerebro de 60 años la agilidad de uno de 20. ¿Quién no firmaría?

No se trata de suplementos alimenticios o productos semimágicos, sino de fármacos en toda regla respaldados por investigadores de prestigio. La empresa Memory Pharmaceuticals la inició Erik Kandel, premio Nobel de Medicina en 2000. En Helicon está Tim Tully, que a mediados de los años noventa creó moscas transgénicas con más cantidades de lo normal de una proteína implicada en la memoria, y que efectivamente demostraban habilidades de supermoscas. Varios de los fármacos en desarrollo, ahora en fase de ensayos clínicos, llegarían al mercado -si lo logran- indicados para enfermos de alzheimer o con deterioro cognitivo leve. Pero se da por seguro que muchos usuarios, independientemente de las regulaciones farmacéuticas de cada país, será gente sana. Así que la pregunta es: ¿serán fármacos seguros? Algunos expertos han advertido ya contra un potencial efecto secundario bastante dificil de medir: ¿y si acabamos recordando más de lo que queremos?

Eso nos lleva a otra quimera: la posibilidad no sólo de potenciar la memoria en general, sino de toquetear su código. Conocer y manipular las teclas adecuadas para memorizar unas cosas -el temario de la oposición- y olvidar otras -el amante traidor- a voluntad. ¿Se podría hacer eso? "Sí, es una posibilidad real", explica por correo electrónico Joseph LeDoux, investigador de la Universidad de Nueva York que meses atrás logró borrar selectivamente un recuerdo concreto de la mente de ratas de laboratorio (los animales olvidaron que un determinado estímulo sonoro venía seguido de una descarga eléctrica). "Nuestro trabajo plantea varias cuestiones éticas. Como científicos, simplemente tratamos de entender cómo funciona la memoria, no buscamos un método para borrar o reforzar recuerdos. Pero la sociedad deberá discutir las implicaciones prácticas de este trabajo".

El trabajo de LeDoux es en realidad uno más de muchos estilos en la misma línea. Gracias a ellos se sabe hoy que cuando un conocimiento almacenado se recupera, "hay un periodo crítico en el que la memoria es susceptible de se perdida", explica José María Delgado, investigador de la Universidad Pablo de Olavides (Sevilla). "Es cuando un recuerdo se rescata del olvido por un momento y se vuelve a guardar sin ser reforzado, como si de pronto ves a alguien que conocías de hace mucho tiempo y no interactúas con él. Entonces, la imagen de su rostro puede olvidarse para siempre, el recuerdo se borra". También el grupo Delgado ha demostrado como el de LeDoux, que es posible manipular esos procesos de borrado y reforzamiento.

La cara positiva de estos hallazgos es que abren una vía al tratamiento de las secuelas de experiencia traumática. Pero se entrevén también aplicaciones de utilidad borrosa. "¿Quién decidirá qué borrar y qué reforzar, y en quién? No tengo las respuestas", dice LeDoux. Incluso si esa potestad la ejerciera el propio usuario de la memoria a alterar, los efectos serían dudosos. Alguien ha advertido ya que el código de la memoria -la decisión de qué guardo y qué no- es un delicado mecanismo seleccionado a lo largo de millones de años de evolución. ¿Estamos seguros de que interesa alterarlo?

04 Teletransportarse

Sigamos con la quimera más añorada por todo sufridor de atascos y vuelo retrasados. Ningún físico dirá que es está hoy más cerca que hace décadas de teletransportar una persona, pero en lo que se refiere a partículas, el campo avanza a buen ritmo. La teleportación cuántica se basa en el fenómeno del entrelazamiento entre partículas: dos partículas -por ejemplo, fotones- pueden permanecer en cierto modo unidas a pesar de encontrarse lejos; de esta forma, cuando se produce un cambio en una de ellas, en la otra ocurre lo mismo. Son las propiedades de la partícula, la información, las que se teleportan de modo instantáneo. El año pasado, un grupo de la Universidad de Copenhague en colaboración con el español Ignacio Cirac, del Instituto Max Plank para óptica cuántica en Garching (Alemania), logró por primera vez teleportar información entre luz y materia -dos objetos diferentes situados a medio metro de distancia-. De acuerdo, no es Star Trek, pero... habrá que seguir soñando.

05 Vivir mil años

El año pasado, el gerontólogo de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) Aubrey de Grey trazó un provocador puente entre los aspectos más fantasiosos de la muy publicitada medicina antiedad y la ciencia seria, declarando que los humanos llegaremos a vivir más de mil años. No como especie, se entiende, sino cada uno de nosotros. Respondieron una treintena de gerontólogos obviamente menos soñadores que De Grey: las ideas de éste son "extremadamente optimistas", dijeron. Vale. Pero ¿son del todo descabelladas?

La investigación sobre el envejecimiento está en plena ebullición; sus hallazgos a lo largo de las últimas décadas han cambiado el punto de vista sobre varias cuestiones clave. Por ejemplo: antes se creía que los humanos teníamos una edad preprogramada para envejecer, algo así como un reloj que obligaba a la células a perder su vigor llegado el momento. No es exactamente así. La longevidad parece estar regulada por la acción conjunta de muchos mecanismos de reparación, que eliminan los errores - en el ADN, por los efectos tóxicos de los residuos del metabolismo...- que se acumulan constantemente en la célula a lo largo de la vida. Esos mecanismos reparadores dejan de funcionar, o funcionan peor, a partir de cierta edad, y la razón -creen los investigadores- es simplemente la evolución: el organismo humano no estaría optimizado para vivir mucho más allá de la edad reproductiva. "Cada especie, al adaptarse a su entorno -depredadores, estilo de reproducción...-, se adapta también a una longevidad idónea, que consiste en garantizar que no va a envejecer ni va a tener cáncer [u otras enfermedades asociadas con la edad] antes de tiempo", explica Manuel Serrano, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

El trabajo de Serrano apoya la idea de que el envejecimiento es más una acumulación de fallos que una acción preprogramada. Su grupo ha demostrado la relación entre la acción del gen anticáncer P53 -que elimina células dañadas- y la longevidad. Los ratones con más P53 no sólo tienen menos cancer, sino que son más longevos. Y, por supuesto, P53 no es el único gen relacionado con la longevidad. Cada vez se desentrañan más mecanismos implicados en determinar el tiempo de vida de los organismos. En ratones, gusanos y moscas se sabe ya que alterando determinados genes, la esperanza de vida puede aumentarse hasta en un 60%.

¿Podría hacerse eso con los humanos? ¿Bastaría con tocar unos cuantos genes, como si fueran interruptores de la longevidad, para duplicar nuestra esperanza de vida? Dificultades técnicas y éticas aparte, ¿por qué no?
En sus provocativas declaraciones, De Grey asegura que será posible reparar los daños celulares y lograr así "revertir y no sólo ralentizar" el proceso de envejecimiento. A Serrano -que no ha sido preguntado sobre las declaraciones de De Grey- no le resulta increíble ese escenario: "Todo depende de que sepamos cómo repararnos y cuánto se invierta en hacerlo. Si uno repara su coche constantemente, le dura mucho, pero es un proceso muy costoso; si no lo reparas nunca, no te dura mucho más de dos años. ¡Todo depende! La ciencia-ficción de que algún día se podrán reparar los tejidos y vivir muchísimo... a mí me parece que algún día (lejano) será realidad".

06 Crear vida artificial

Todo apunta a que el mito de Frankestein se hará realidad el siglo XXI. Sólo que no será un monstruo de alma buena, sino un microorganismo. Nacerá -eso sí se cumple- en un laboratorio. Puede que en el del carismático Craig Venter, el inventor de la técnica que permitió acelerar la secuenciación del genoma humano. Venter ya creó en 2003 el primer virus del todo artificial y completamente funcional: una copia de un virus que existe naturalmente, llamado PhiX, y que infecta bacterias, no humanos. Venter lo creó en sólo 14 días a partir de piezas sueltas de material genético.








Este año, Venter ha dado un paso más allá. En vez de copiar un organismo ya presente en la naturaleza, quiere crear uno nuevo. En concreto, una versión reducida del primer organismo que él mismo secuenció, Mycoplasma genitalium, que tiene sólo 470 genes. Venter se ha dedicado a inactivar cada uno de esos genes para ver cuáles son los estrictamente indispensables para la vida, y se ha quedado con 381. El próximo paso será sintetizar una molécula de ADN con esos 381 genes, introducirlos en una célula sin núcleo, pero con la maquinaria molecular necesaria para leer los genes y traducirlos a proteínas, y, ¡voilà!, ya tenemos el primer organismo artificial en la Tierra (con alguna licencia, dado que para crearlo ha habido que recurrir a una célula ya existente). Todo eso está aún sobre el papel, pero Venter no quiere que nadie le pise la idea ni los potenciales beneficios que genere, y ha solicitado una patente que cubra la creación de Mycoplasma laboratorium (así lo han bautizado). ¿Se la concederán? El Grupo ETC, que ya ha alertado de los riesgos de la nanotecnología, ha iniciado una campaña en contra. Quieren que el apoyo que han escogido para el bicho de Venter, Synthia, acabe siendo tan popular como Dolly.

07 La telequinesia

Estire el brazo. Para hacer eso, alguna de las neuronas de la parte de la corteza cerebral responsable del movimiento -la corteza motora- han tenido que activarse y enviar determinadas señales. Suponga ahora que usted es manco, pero que de todas maneras su cerebro envía la orden de antes: estirar el brazo. Hoy se sabe que en esta segunda situación las señales que enviarían sus neuronas motoras serían muy similares a las enviadas ciando efectivamente movió el brazo. Y también se sabe porque el experimento se ha hecho: poco a poco, los neurocientíficos se acercan al viejo sueño de controlar objetos con el pensamiento.

El ejemplo más llamativo por ahora se expuso hace un año en la portada de la revista Nature. En la corteza motora de un tetrapléjico de 25 años se implantó un diminuto sensor capaz de registrar la actividad de docenas de neuronas; estas señales eran instantáneamente decodificadas y enviadas a un ordenador y a otros dispositivos periféricos. El resultado es que el joven aprendió rápidamente a abrir el correo electrónico moviendo un cursor, a ajustar el volumen del televisor y a operar un brazo robótico con el que movía objetos. Todo ello, ordenándolo mentalmente. Sin trampa ni cartón. El sujeto podía incluso conversar mientras controlaba el cursor del ordenador, "lo mismo que nosotros trabajamos con un ordenador a la vez que hablamos", explicó en julio de 2005 John Donogue, neurocientífico de la Universidad de Brown (Providence, EE UU) y fundador en 2001 de Cyberkinetics, la empresa que aspira a llevar al mercado este tipo de implantes cerebrales, "Estos resultados nos permiten esperar que algún día podamos activar los músculos de las extremidades con las señales que envían las neuronas reestableciendo el control cerebro-músculo", añadió Donogue.

Pero para ese objetivo final aún falta mucho, advierte José Carmena, investigador español en la Universidad de Berkeley (California, EE UU) que hace ya tres años llevó a cabo un experimento similar al de Donogue, pero con monos -y que insiste en "no crear falsas expectativas"-. ¿Por qué tanta cautela? La tecnología de los implantes cerebrales tiene un problema: es muy invasiva. En un paciente joven, por ejemplo, no sólo habría que instalar un implante en el cerebro, sino probablemente reemplazarlo al cabo de un tiempo. Varias intervenciones quirúrgicas en el cerebro. Por eso Carmena cree que la técnica avanzará realmente sólo cuando se aprenda a registrar actividad neuronal con gran detalle desde fuera del cerebro. "Si se lograra eso, se harían cosas que hoy son ciencia-ficción", dice. "Sería una revolución. Tendrías una forma de comunicación directa con el cerebro". ¿Para qué? Para estar tranquilamente sentado -tal vez con un casco- y a la vez operando un robot; para escribir un texto sin necesidad de teclear ni de dictar... No es descabellado predecir que el cerebro acabaría integrando como una extremidad más ese nuevo hardware periférico. Y de ahí al mito del cyborg hay un paso. ¿Es ético que los humanos se añadan periféricos a voluntad?


El Pais Semanal Número 1.611. domingo 12 de agosto de 2007


miércoles, 20 de agosto de 2025

La muerte del capitán Nemo en Formentera

El faro del fin del mundo / Jacinto Antón


En Formentera parece que no pase nada pero no dejan de suceder cosas; es una de las paradojas de una isla llena de ellas: tradición y modernidad, nostalgia y disfrutar a manos llenas, hedonísticamente, el presente, soledad y masificación, realidad y magia, luz y sombras. Aquí puedes gastarte una fortuna en un beach club de moda o vivir a salto de mata, como hace el artista Gabriel, tomándote un café con leche en el Pelayo y durmiendo donde te pilla la noche. Dos Formenteras -y muchas más- que se entrecruzan si tocarse como si pertenecieran a dimensiones distintas. Un símbolo de ello son esas camisetas con una supuesta portada de Tintín en Formentera, en la que el reportero se dirige hacia el faro de la Mola en bici como, salvando las distancias, Paz Vega en Lucía y el sexo con su ciclomotor hacia el de Barbaria.

Entre los sucesos de estos días, el que dos pescadores formentereños han capturado una terna, cherna o romerete, una especie de mero, de casi 50 kilos en aguas de la isla. Ante la noticia, he cogido la bici como Tintín, y me he plantado esta mañana con gran hálito profesional en la pescadería Nuestra Señora del Carmen, en San Francesc, para ver con mis propios ojos el prodigio, que había recalado allí. Una dependienta no ha sabido darme razón del pez y me ha dicho que las piezas le llegaban ya troceadas, pero me ha ofrecido besugo. 

A destacar también, en otro orden de cosas, que Piero, el dueño de Ses Coques, el local más canalla y con más variedad de conciertos de la isla, me ha confundido con Adriano Panatta, el legendario jugador de tenis, lo que me he tomado como un cumplido hasta que he visto cómo está Panatta hoy en día.

Nemo atacado por un clamar gigante en un fotograma de la película 'Veinte mil leguas de viaje submarino' (1954), dirigida por Richard Fleischer.


A todas estas he acabado la relectura en la playa de La isla misteriosa, de Julio Verne, que era mi plan literario número uno del verano. Son la friolera de 752 páginas en la versión de Alianza (1989). La verdad, tras un inicio fulgurante, he pasado un bache de varios centenares de páginas que he encontrado soberanamente aburridas con los robinsones vernianos fabricando cosas más complejas, incluso hierro, cerveza y un ascensor. Me ha molestado también la forma en que los náufragos colonizadores masacran todos los pájaros que ven convirtiendo la esplendorosa biodiversidad alada del lugar en una pollería. Su afán en explotar a saco la isla de Lincoln, como la bautizan, tiene notables similitudes con la forma en que se trata de sacar ganancias en Formentera.

En la isla misteriosa ocurren cosas inexplicables, por eso es misteriosa. De hecho, entre los paralelismos que he tratado de encontrar entre la isla de la novela y Formentera los misterios son uno de ellos. En Formentera, aparte de los enigmas más mundanos, tipo cómo es posible que un agua valga 8 euros, hay misterios como el de la casa de Sílvia en la Mola, que el miércoles nos explicó cenando en Macondo (y valga la referencia al realismo mágico) que al parecer tiene un fantasma o un ser sobrenatural. Lo que nos lleva a las sirenas, cuya búsqueda es una tradición mía cada verano en Formentera. No salen sirenas en La isla misteriosa, ni siquiera se las menciona. Pero Carme, la librera de Sa Llibreria Tur, me ha pasado una novela en la que sí aparecen y que transcurre, ahí su interés, en Formentera. La isla de Aral (FVAI Edizioni, 2025), de Silvia Della Rocca y Michele Dalla Palma, tiene gracia: narra las historias de tres mujeres de distintas épocas -la actual, la hippy y la medieval de los piratas berberiscos- que se entrecruzan en Formentera y se mezclan con la existencia de seres humanos adaptados al medio marino, es decir, sirenas. La novela, romántica, con momentos muy emotivos y atmósfera de relato de fantasmas, posee el interés de que los autores conocen la isla, aparte de los bonito de que después de leer tantos libros sobre el tema encuentres uno en el que las sirenas merodeen por el Cap de Barbaria.

Volviendo a Verne, la presencia extraña en La isla misteriosa finalmente no es sobrenatural, sino que es el capitán Nemo, que pasa allí sus horas bajas. Es en el encuentro con Nemo moribundo en el Nautilus cuando la novela alcanza su punto culminante. Leer las últimas horas del capitán Remo en la playa de Formentera ha sido conmovedor. Cada vez con los ojos húmedos deslizaba la mirada desde la página al horizonte y me encontraba con el mar azul turquesa sentía un estremecimiento. Mobilis in mobili. “Al fin, el Nautilos, convertido en el ataúd del capitán Remo, pronto reposó en el fondo del mar”.

Rescatados los náufragos de la isla misteriosa, cerrada también la última página de la novela de las sirenas de Formentera, me quedé absorto en la playa, huérfano de maravillas. Hasta que, al atardecer, pasó a mi lado una mujer mayor en bañador, de una gran fragilidad en tierra, casi anciana, pero que desprendía un aura especial. Llegó a la orilla se giró un instante para guiñarme un ojo con una sonrisa inesperadamente sensual, se puso unas gafas de nadar y entró en el agua. La transformación fue extraordinaria; apenas tocada la espuma se deslizó sobre las olas como las más ágil criatura marina y, braceando con armonía exquisita, se fundió en la inmensidad hasta que la perdí de vista.


El Pais. Cultura . Sábado 2 de agosto de 2025


martes, 19 de agosto de 2025

MARIKO PARADE / Frédéric Boilet y Kan Takahama

Desde pequeño siempre he tenido la creencia de que dibujar es una cualidad innata y que, si bien se necesita experiencia y aprendizaje para hacerlo con maestría, sin ciertas condiciones naturales es imposible hacerlo correctamente. A raíz de los avances en neurociencia y los fascinantes descubrimientos sobre la laterización cerebral de las habilidades y los procesos implicados, llegué hasta Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro, un manual que prometía ser el remedio para mi incapacidad manifiesta de hacer viñetas. En mitad de la revelación descubrí a Frédéric Boilet, un dibujante de comic que trabaja sobre fotografías y cuya técnica me hizo desterrar el manual y descubrir que hasta para calcar fotos hay que ser un artista.

Frédéric Boilet es el fundador de lo que se ha dado en llamar la nouvelle manga, un movimiento creativo de narrativa gráfica que combina estilos de dos de las escuelas más importantes del noveno arte, la historieta franco-belga y el manga japonés. El primero en mencionar el término manga nouvelle vague —rápidamente reducido a nouvelle manga—, en 1999, fue Kiyoshi Kusumi, antiguo director de la revista mensual de arte Bijutsu Techô, y lo hizo refiriéndose al francés Frédéric Boilet, el cual adoptó el término para sí y alentó a otros artistas a utilizarlo.

El dibujo de Boilet tiene un estilo hiperrealista muy original y es que acostumbra a grabar en vídeo o fotografiar los storyboards de lo que será su arte final. Como sus relatos son autobiográficos e intimistas, con el uso del objetivo consigue capturar en sus viñetas pequeños detalles que cargan de intensidad el rostro y los gestos de sus protagonistas.

El caso es que Boilet, además de ser francés y un seductor, o al menos así se muestra en la parte autobiográfica de su obra —básicamente, toda— tiene una habilidad especial para las relaciones sociales franconipófilas y así consiguió embarcar a algunos paisanos suyos, como Étienne Davodeau, Joann Sfar o François Schuiten y otros hasta ocho, junto con otros tantos autores japoneses, en un libro de historietas muy original en el que los autores europeos viajan a Japón para mostrarnos en ocho relatos sus impresiones en el país del sol naciente y a los que los dibujantes japoneses responden con otras ocho historias en las que nos enseñan su tierra con sus leyendas y su modernidad. Pero esta obra además de ser una propuesta novedosa en la que se entrecruzan miradas tan diferentes, le sirve a Boilet para entrelazar amistades, en especial con Aurita, relación fruto de la cual la autora japonesa realizará su autobiografía sexual Fresa y Chocolate.

El primer cómic que Boilet publica en España es Tokio es mi jardín, con guion de Benoît Peeters, también autor del texto de la fantástica saga de Las ciudades oscuras de Schuiten y con la colaboración de Jiro Taniguchi. Tokio es mi jardín narra la historia de un representante de vinos franceses enviado por su empresa a Japón para abrir mercado y que tras una breve estancia queda inesperadamente encantado por el país. Los números del negocio de representación no acaban de salir, por lo que David (que así se llama el protagonista) empieza a tener sudores fríos ante la perspectiva de tener que abandonar Japón y para colmo de males se enamora. Toda la historia está impregnada de la fascinación de David por los ideogramas y la caligrafía kanji, y le vemos explorar las reglas nemotécnicas que se utilizan para aprenderlos. Tras Tokio es mi jardín Boilet publica La espinaca de Yukiko, en el que nos cuenta el breve idilio que tuvo con Yukiko Hashimoto. La relación amorosa entre ambos está repleta de ternura y de instantes hermosos. Como se reseña en la solapa (y es que yo no lo podría decir mejor), las formas en que Boilet retrata a la mujer que ama transforman la propia creación del cómic en perpetuar en la página el acto de hacer el amor con ella. La primera edición de La espinaca de Yukiko se agotó, tal como pasó con Mariko Parade, de la que hablaremos a continuación. La obra más reciente de Boilet publicada en España es Ellas, donde el autor se recrea en las relaciones amorosas y sexuales con las protagonistas de sus anteriores trabajos, alcanzando el momento de máximo realismo visual de todas sus historietas.



De toda la obra de Frédéric Boilet, sin duda alguna Mariko Parade es la que más me gusta. Está realizada a cuatro manos con Kan Takahama. Ambos se conocieron a raíz de un email que Takahama le envió a Boilet, quedaron a tomar unas copas en el Café Relations Humaines —no me digan que no es un nombre bonito—. Ella era admiradora del francés y supongo que tenía ganas de fiesta, ya que el mismo día que quedaron, tal y como cuenta ella, tras amanecer embrutecidos por tanto alcohol se dijeron: «¡Tenemos que hacer algo juntos!». Ese «algo juntos» bullía de forma insconciente en la cabeza de Takahama que, fascinada con La espinaca de Yukiko, y tras comentarlo con Boilet, propuso volver a sumergirse en el universo sutil de los amantes para continuar de algún modo la historia. A partir de las fotografías y vídeos de Mariko, la modelo que usó Boilet en La espinaca de Yukiko, Takahama construyó una historia preciosa.

Mariko parade comienza con una sucesión de viñetas en las que se ve a la protagonista leyendo el libro de La espinaca de Yukiko mientras viaja en el tren con el propio Boilet. Ambos discuten sobre si la narración del manga es una historieta o un documental autobiográfico y entre las páginas se intercalan las láminas de Las doce quimeras del zodiaco que Boilet había preparado para otro proyecto. «Cuando estás en el paisaje es como si mi dibujo, mis historias, echaran a andar por su cuenta».

El dibujo de Takahama es simplemente magnífico, realizado con lápiz y carboncillo y después retocado digitalmente, cada viñeta es una bella ilustración. Con esta misma técnica, Takahama ha publicado en España otros dos albumes, Kinderbook, que es una recopilación de relatos cortos publicados en revistas manga japonesas, y Awabi, obra más madura en la que el protagonista es el amor — tema recurrente de la nouvelle manga—, pero desde una perspectiva mucho más pesimista que la de Boilet, impregnada de esa atmósfera de fatalidad en lo emocional propia de la cultura clásica japonesa.


Jot Down- Cien Tebeos Imprescindibles (2014)