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lunes, 7 de septiembre de 2026

Lo imposible, lo impensable…

Este nuevo volumen de la biblioteca dedicada al Hombre de Acero es uno de los capítulos más importantes y duros en la historia del icónico personaje


José Luis Vidal

06 de septiembre 2026 



Que esta sea la decimotercera entrega no os haga recelar de su lectura, ya que en su interior brilla el genio de ese autor que ya figura con letras mayúsculas dentro de la historia del comic-book norteamericano, John Byrne.

Y aunque su presencia gráfica en este volumen no es muy numerosa, su faceta como guionista sí que lo es, demostrando la importancia de su papel en esta larga etapa al frente de las aventuras de Superman.

Una de las importantes ocupa gran parte de esta nueva entrega, y se trata de la miniserie Mundo de Metrópolis, en la que Byrne se lanza de cabeza al pasado de los personajes junto al dibujante Win Mortimer, todos esos secundarios que acompañan al protagonista y forman parte de esos invisibles pilares sin los cuales las historias no tendrían chicha.

Vamos a acompañar a un Perry White más joven, que regresa como reportero por tierras asiáticas y va a encontrarse con una funesta noticia. Aquel que fue su amigo de juventud, ahora megamillonario, va a deshacerse del periódico Daily Planet.

Y por si esto no fuera poco, Alice, el amor de su vida, tiene algo que contarle…

De ahí acompañamos a una joven Lois Lane, que pese a su corta edad no ceja en su empeño a la hora de conseguir un puesto como redactora en el mítico periódico, hecho este que va a hacer que se meta en más de un embrollo.

Poco sabemos sobre la vida del joven Clark Kent cuando, tras dar la vuelta al planeta, decidió establecerse en la soberbia urbe llamada Metrópolis. ¿De qué trabajó? ¿Cómo le fueron los estudios de periodismo?, ¿Tuvo alguna novia?

Todas estas preguntas y alguna que otra más serán respondidas, llevándonos hacia el final de la miniserie, en la que faltaba, cómo no, una historia protagonizada por cierto fotógrafo pelirrojo, y como se forjó su relación con Superman, al que siempre llama cuando se ve metido en un problema.

Ya simplemente con el contenido de esta miniserie la lectura y disfrute de este volumen sería suficiente, pero como diría aquel: “No se vayan todavía, que aún hay más…”.

Y es que con John Byrne (y el indispensable Jerry Ordway, claro está) ya como autor completo acompañaremos al Hombre de Acero en una historia que lo va a dejar marcado de por vida, y que comienza de la manera más inimaginable, ya que este se reencuentra con alguien a quien daba por muerta. Nada más y nada menos que su propia prima, la rubia Supergirl.

La situación se tornará aún más extraña cuando la confundida joven se transforme en otra mujer del pasado de Clark, Lana Lang, que sobrevuela asombrada el cielo sobre Metropolis, una ciudad que ella creía arrasada.

Por supuesto, todo este misterio tiene una respuesta que lleva al protagonista a una dimensión paralela, que ya no es para nada idéntica a nuestra realidad, y en la que la primera conmoción para Kal- El será el súbito e inesperado encuentro con su némesis, pero en una versión muy, muy diferente a la que conocemos.

Y es que en este otro mundo, Lex Luthor no es un villano, más bien todo lo contrario. De hecho, su bondad hizo que liberara a tres supervivientes de la extinta Krypton que se encontraban encerrados en un lugar muy extraño.

Los que sois fans del universo de Superman ya podéis imaginar de quiénes se tratan, y a partir de este terrible hecho, llega el momento de que Superman tome una decisión drástica, la más dura de su existencia.

John Byrne se lo jugó todo a una carta y salió vencedor, sumiendo al personaje en un dilema que iba más allá de su recta moral. Algo que nunca se le podía haber pasado por la imaginación pero, si no se realizaba, significaría la existencia de un letal peligro ya no solo para ese mundo paralelo, sino para el propio.


Diario de Cadiz



domingo, 6 de septiembre de 2026

Un Héroe con mayúsculas

No hay amenaza, provenga de donde provenga, a la que el Hombre de Acero no pueda enfrentarse y vencer



José Luis Vidal

28 de agosto 2026

La mítica época en la que John Byrne se hizo cargo del universo protagonizado por uno de los mayores iconos de la editorial DC está a punto de llegar a su final en esta Biblioteca dedicada a este personaje, y que tanto hemos disfrutado durante los últimos meses.


Ficha

Biblioteca Superman 14

Guion y Dibujo: John Byrne, Roger Stern

Dibujo: Curt Swan, John Byrne.

Tapa blanda

Color

192 págs.

18 euros

Panini Cómics


Si la anterior entrega, por muchos motivos, se convirtió en un punto de inflexión en la existencia del protagonista, donde tuvo que enfrentarse y ejecutar una decisión que le perseguirá durante el resto de sus días, esta que ahora llega a las librerías no es menos importante ya que comienza con la publicación de un anual mítico, en el que las riendas creativas llegan de la mano de un dúo de excepción, el guionista Roger Stern, que vendría a ocupar el lugar de Byrne, y lo haría con talento. Y junto a él un dibujante que, dejando por una temporada sus trabajos para la estimada competencia, homenajearía con este relato a un dúo mítico en el mundo de los comics norteamericanos.

El es Ron Frenz, un magnífico discípulo gráfico de esa auténtica fuerza gráfica de la naturaleza llamada Jack Kirby, que junto a Joe Simon crearon tantas obras sublimes para las viñetas.

En este anual, un grupo de chavales aparece en Metrópolis, pero algo ha cambiado, la ciudad ya no es la misma, los perritos calientes son carísimos y hay alguien, un guerrero, que les sigue la pista.

Ellos son la Newsboy Legion y, claro, todo lo que suponga una alteración de la deseada tranquilidad en la ciudad es asunto de cierto héroe vestido de rojo y azul…

El misterio rodea a estos jovenzuelos, y comienza una aventura que los llevará a ellos, Superman y a Guardián a un lugar desconocido, donde los fans de las creaciones que nacieron del talento de Kirby, se lo van a pasar en grande.

Pero este volumen 14 de la línea contiene una pequeña joya firmada y dibujada por John Byrne, que antes de decir el adiós definitivo deja clara, muy clara, dónde reside el corazón de un personaje tan carismático como la comisaria Maggie Sawyer.

Continuamos con otra maravilla, un cómic que en su momento fue editado en el mítico formato prestigio, cuyo título es Los ladrones de la Tierra, y cómo no, viene firmado por Byrne y Curt Swan, dibujante que al que también hay que loar, ya que tuvo una vital importancia en el resultado final y calidad de toda esta etapa protagonizada por Superman, y al que entinta con maestría otro grande, Jerry Ordway.

Un héroe que las va a pasar canutas a la hora de tratar de impedir que una misteriosa y colosal nave espacial robe la Luna y nuestro planeta, con unas oscuras intenciones, poniendo en peligro a toda la humanidad.

Y hablando de Stern y Swan, el imprescindible tomo concluye con algo muy especial, toda la etapa, inédita en nuestro país, de los weekly publicados en Action Comics, páginas dobles, apaisadas, en las que el talento brilla, construyendo un argumento en el que el continuará es sumamente importante para mantener la atención de los lectores que seguirán a Superman en una nueva peripecia.

Como ya os decía, canela fina para todos aquellos que disfrutamos con las aventuras del Hijo de Kryton.


Diario de Cádiz


Aventuras con peces y sirenas en Formentera

 EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

La vida marina real y la fantástica se dan cita en las lecturas y las experiencias en las vacaciones en la isla


Una joven caracterizada de sirena se da un chapuzón en China.

Yang Bo (China News Service via Getty Images)


Jacinto Antón

29 AGO 2026

Entre mis lecturas de este verano en Formentera han estado A la caza de los grandes peces (1953, la edición que tengo es de 1976 de Círculo de Amigos de la Historia), del aventurero pionero de la pesca submarina, realizador y fotógrafo francés Marcel Isy-Schwart, Zizi, que capturó en Brasil el mero más grande de que se tiene noticia (178 kilos, lo que a los precios del pescado en los restaurantes de la isla balear daría para hacerte rico), y la novela The sirens (Harper Collins, 2025), de la escritora australiana Emilia Hart, una bonita, honesta y conmovedora historia con ribetes fantásticos editada en castellano por Umbriel. Son dos libros que pueden parecer muy distintos e incluso contrapuestos pero que responden a dos de mis actividades favoritas en la isla: observar —en la medida de mis posibilidades de cauto nadador— la vida marina real, y buscar sirenas, echándole imaginación.

Lo primero me ha reportado este año ver de nuevo el famoso pez roncador, golondrina de mar o xoriguer (Dactylopterus volitans), una criatura sorprendente que cuando se siente amenazado o se excita despliega las aletas laterales que son en forma de alas —aunque no son peces voladores— y están rematadas en los bordes con una preciosa tonalidad azul fulgurante. No son difíciles de encontrar si te fijas y de hecho lo hemos visto toda la familia (yo el primero, eso sí) haciendo buceo de superficie cerquita de la costa en las playas de Migjorn con gafas y tubo o con las máscaras de cara completa, que cuando van bien son un primor y parece que viajes en la proa- mirador del Nautilus o el Seaview. Cuando no van bien te entra agua y entonces parece que vayas en el Kursk.

Peces roncador (Dactylopterus volitans), sobre un lecho marino de arena.

Helmut Corneli (Alamy Stock Photo)

Pese a la belleza alada de sus aletas pectorales, el roncador, que se desplaza por los fondos arenosos (es un pez bentónico), es un bicho que si lo desconoces la primera vez que lo ves pegas un respingo y casi te ahogas, lleves la máscara como la lleves. No en balde en algunos lugares se lo conoce como pez diablo o pez demonio. Tiene una cabeza poderosa y parece salido de un cuento de hadas con ilustraciones de Arthur Rackhman; provoca tanta fascinación como alarma. El otro día, en la librería Tur Ferrer de San Francesc (que acaba de recibir el distintivo de comercio “emblemático de las Islas Baleares”), Joan me explicó que él había cazado roncadores hace años con fusil de pesca submarina, y que tienen la cabeza tan dura y acorazada —como el Shturmovik, el avión de ataque soviético— que la flecha rebotaba; en inglés se le denomina helmet gurnard. Comparó el sonido que hacen y del que procede su nombre popular de roncador al de “piedrecitas en una caja”.

También Ernest de Longis, dos de cuyas señas de identidad son regentar la popular pizzeria Sa Pizza de Sant Francesc y que en 2009 le atravesara la pierna un pez espada, me ha hablado estos días de los roncadores (pesce civetta o rondine di mare). Él, Ernest, originario de Benevento, en la Campania, es un gran buceador que ha visto cosas que no creeríais (por no hablar de lo del pez espada), pero admite que los roncadores, que son comestibles, aunque aparecen poco en las lonjas, y para nada venenosos, constituyen un espectáculo.

Otra persona que sabe lo suyo de peces y que estaba estos días en Formentera, en casa de Sílvia en la Mola (juntas han estudiado el comportamiento playero del atractivo italiano-uruguayo Matteo, firme candidato a hombre del verano en la isla), es Núria Raventós, no en balde es bióloga marina del CSIC y experta en los otolitos de estos animales (parte de la estructura interna del oído de los peces y que arroja mucha información sobre ellos). Núria es de esas personas con las que tienes que tener mucho cuidado cuando hablas porque puedes quedar más tonto que aquel bocazas de la película Annie Hall al que Woody Allen calla haciendo aparecer al mismísimo Marshall McLuhan para que le rebata.


Un chorlitejo patinegro andando por el agua.

Juan Gómez (SEO/BirdLife)

A mí, la bióloga me rebatió mientras cenábamos en el Macondo que los chorlitejos patinegros, esos simpáticos pajarillos playeros que tienen una colonia cerca del Vogamarí, fueran endémicos de Formentera, lo que fue un golpe en la línea de flotación de mi prestigio ornitológico (afortunadamente ya nos habíamos bebido dos botellas de un rosado estupendo y nadie se dio por enterado). Pero se lo perdoné porque admitió que los roncadores son muy bonitos, “a su manera de teleostos”, precisó, y sobre todo porque me explicó que los tiburones blancos están en recesión en Sudáfrica, y con ello el negocio de bucear en jaulas para verlos, por culpa de las orcas que ¡los atacan para devorarles el hígado!, al que por lo visto se han hecho muy aficionadas. Que te puedan contar algo así una noche cualquiera comiendo la famosa tagliata del Macondo revela qué fantástico es el mundo.

Pero es que además, resulta que Núria, que ha estudiado el pez payaso (“el de Nemo, para que me entiendas”) en Papúa-Nueva Guinea, pasó parte de su infancia y juventud (como yo) en Viladrau, donde residía con su familia —su padre era peletero— en la Granja de visones, cerca de la Noguera. Allí, ¡les visitaba Félix Rodríguez de la Fuente! (¡¡Félix en Viladrau!!) que era muy amigo de su padre y con el que iban a cazar al Pla de la Calma. Traté de competir con toda esa información contándole a la bióloga la historia, que ella desconocía, de un grupo de camellos del rodaje de Lawrence de Arabia en Almería que fueron a parar a Viladrau (causando el natural asombro frente a la pastelería Font), donde se los sacrificó para usarlos como comida para los visones, precisamente…


Marcel Isy-Schwart con un tiburón en la portada de uno de sus libros.

Presses Pocket

A la caza de los grandes peces no es una obra de gran hálito literario y a algunos —como a Núria— les puede parecer un libro anacrónico y enervante en su entusiasmo por masacrar peces como deporte. Pero revela mucho del ambiente de aventura de esos pioneros del buceo, entre los que se contaba sin ir más lejos mi suegro, Carlos Poch, que se quedó sordo de sumergirse y al que hubo que quitarle con tijeras el primer neopreno que se vio en la Costa Dorada porque no se lo puso bien, no era de su talla y no había forma de que saliera del traje.

El aventurero, escritor y cineasta Marcel Isy-Schwart, fallecido en 2012 a los 95 años (una longevidad sorprendente vistos los peligros que corrió), fue todo un personaje al que se le conocía como “el hombre del collar de dientes de mono” por el adorno que le había regalado el famoso cacique kayapo Raoni (el amigo de Sting). Autor de 14 libros y otros tantos documentales sobre la vida marina, en A la caza de los grandes peces explica sus pinitos bajo el mar (una vez buceando en 1943 cerca de Antibes lo ametrallaron los nazis confundiéndolo ¡con un submarino Aliado!; en otra ocasión le acosó un pez espada) y sus peripecias en Brasil en 1951 persiguiendo presas y tratando a la vez de rodar un filme submarino. Cuenta que su captura favorita es el mero, pero tiene una sensibilidad especial, digna de Hans Hass, al describir a la raya, planeando entre dos aguas, batiendo lenta y suavemente las alas como una gigantesca águila marina. En Canarias encuentra a la gran raya llamada el Ángel de los Mares y a la gigantesca raya manta, de media tonelada y sobre la que los pescadores tejen mil leyendas. En aguas brasileñas es la jamanta de cuatro metros de envergadura y una tonelada, “una inmensa mariposa negra” y “un fantasma que asciende del abismo”.


Una mantarraya en el Oceanarium de Lisboa.

Didem Mente (Anadolu via Getty Images)

Y está la barracuda “el tigre de los mares”, el pez más temido, dice, de todo Brasil: en una inmersión Isy-Schwart se encuentra entre una y un tiburón mako: “Estas cosas son también las que hacen tan excitante este deporte”.

Con A la caza de los grandes peces he podido vivir aventuras sin cuento fuera del agua, aparte de que he aprendido que a los tiburones martillo se les llamaba en España “guardias civiles” y que la costumbre de frotar una patata cortada para limpiar el vaho de las gafas de bucear es muy antigua.

En cuanto a las sirenas, tan de moda esta temporada con la Odisea de Nolan, desde hace años me llevo de vacaciones a Formentera algún libro sobre ellas. Es como un ritual que comencé al acabar los veinte tomos, leídos en la isla, de las novelas marinas de Patrick O’Brian sobre el capitán de la marina inglesa de la época de las guerras napoleónicas Jack Aubrey y su camarada el naturalista Stephen Maturin. A Maturin le hubiera apasionado dar con una sirena para diseccionarla; a Aubrey se le hubieran ocurrido otras maneras más carnales (¿la sirena es carne o pescado?) de aprovechar el encuentro, aparte de que los dos hubieran podido incorporar la voz de la criatura a sus veladas musicales a bordo. Este verano me he traído a la isla la citada The sirens, historia de dos parejas de hermanas separadas por el tiempo, unas son dos chicas australianas de ahora mismo enredadas en un secreto familiar y las otras dos gemelas irlandesas embarcadas penosamente a finales del XVIII en un barco de convictos, el velero Naiad, rumbo a la colonia penal de Nueva Gales del Sur. Las tramas convergen en un lugar misterioso de la costa, el ficticio Comber Bay, una especie de Hanging Rock marino célebre por sus naufragios y enigmáticas desapariciones (de hombres) en acantilados y cuevas.


El Sireno, escultura de Francisco Leiro en Vigo.

Geography Photos / Universal Ima

Se agradece que Hart no sea muy explícita en su descripción de las sirenas —la protagonista vive su condición como una extraña enfermedad real de la piel, urticaria acuagénica y psoriasis de placas, de extraña belleza, como una exuvia de serpiente—, trazando un relato lleno de poesía (el firmamento nocturno azucarado con estrellas), onirismo y viejas leyendas (merrows, mermaids, el tír fo thuinn, el país bajo las olas) que acaba siendo un canto a la fraternidad femenina a través de los tiempos. En el libro hay referencias directas a la Odisea, que suenan muy actuales, y las pinturas de sirenas que hace una de las hermanas australianas, así como las menciones a Waterhouse, me han recordado las muchas que se ven por Formentera si te fijas... Las hay pintadas en los lavabos del Banana Roques (a su dueño, Piero, le hicieron borrar una que había hecho plasmar en el muro exterior del local), y dos de largas colas se habían acomodado en la proa de una de las lanchas que acudieron a la festiva bendición de embarcaciones de la festividad de la Virgen del Carmen, según puede verse en el número de este año del Formentera Report de Juan Picca.


Una joven caracterizada de sirena en una playa.

Getty Images

Ha habido otras sirenas en mis lecturas estivales, las de Sylvain Tesson (Taurus, 2019) en Un verano con Homero —y qué más verano con Homero que este—, de las que dice que “su objetivo es arrancar al hombre de sus convicciones, de su destino, de su ‘línea de vida’”; las de Sarah Clegg en Woman’s lore (Head of Zeus, 2023), a cuya evolución, de las pajariles asexuadas de la Odisea a las eróticas bellezas de cola de pez, dedica todo un capítulo, Siren’s song.

Pero la mejor historia de sirenas es la que he encontrado en el extraordinario Siete décimas partes, el mar y sus umbrales (Almayer, 2026), del inclasificable James Hamilton-Paterson, que además de ser poeta, novelista y ensayista participó en la búsqueda del submarino japonés de la Segunda Guerra Mundial I-52 (¡ya hablaremos de ello!) embarcado en un sumergible ruso. Pues bien, Hamilton-Paterson, que habla de las Jenny Haniver, los cadáveres de rayas modificados para parecer sirenas que confeccionaban especialmente los marinos holandeses (dice que una estaba expuesta en un museo de Alejandría), cita el caso de los pescadores del Mar del Norte que al izar la red se quedaron petrificados al ver que entre el montón de pescados les miraba fijamente una muchacha con la boca abierta y ojos desorbitados. Al liberar la captura sobre cubierta, bajo el sol mortecino de un día cubierto y espectral, nadie se atrevía a meterse en la montaña de peces mientras contemplaban los miembros de la chica que parecían moverse cubiertos de escamas entre las pescadillas, cazones y calamares. Finalmente un valiente la sacó de debajo de un gran rape que aún coleaba: era una muñeca hinchable, amante desechada (o huida) de algún trabajador de plataforma petrolífera. De dentro de su boca de insaciable expresión brotaron cangrejos ermitaños. Sin poder dejar de pensar que habían atrapado una sirena, la devolvieron al mar echándola por la borda.


El Pais Sábado 29 de agosto de 2026


sábado, 5 de septiembre de 2026

Diamantes y luchas de poder

La crítica especializada ha recibido ‘Katanga’ como 
uno de los cómics más contundentes de los últimos 
años, cautivada ante un ‘thriller’ político que retrata con crudeza el caos del África poscolonial de la década de 1960.

Un joven melancólico frente al mundo


Página de 'Katanga'.

Julián Ruesga Bono

30 de agosto 2026



La ficha

Katanga (edición integral). Fabien Nury (guión), Sylvain Vallée (dibujo) y Jean Bastide (color). Norma Editorial. Barcelona, 2025. 224 páginas. 39,50 euros

Norma Editorial presentó recientemente el integral de la serie Katanga (2017-2019), un cómic impactante y de gran calidad, dirigido y dibujado por Sylvain Vallée (1972), con guión de Fabien Nury (1976). La edición recoge los tres álbumes que conforman la trilogía original –Diamantes, Diplomacia y Dispersión– en un solo volumen de 224 páginas a color y gran formato que incluye extras con material gráfico, estudios de personajes y otros contenidos que contextualizan la historia.

Nury y Vallée ya habían colaborado anteriormente en la serie Érase una vez en Francia (2006-2012), un gran éxito comercial con más de un millón y medio de ejemplares vendidos, traducción a quince idiomas y varios premios en su haber (entre ellos dos a la mejor serie en el festival de Angoulême y otro en el de Lucca). De forma novelada narra la vida de Joseph Joanovici, un chatarrero de origen judío que en la ocupación alemana de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, amasó una gran fortuna haciendo negocios al mismo tiempo con la Gestapo y la Resistencia. Nury y Vallée se inspiran en un personaje real para construir un dinámico relato de intrigas, traición y ambigüedad moral en la ciudad de París dominada por las tropas nazis. La narración salta constantemente entre tres niveles temporales, gracias al uso de distintos flash-backs, hilvanando un relato que nos acerca a la oscura trastienda del régimen de Vichy en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

Con Katanga, sus autores acuden al thriller político para narrar una historia ambientada en el corazón de África en los años 60. Concretamente en la República del Congo, que después de pasar 80 años bajo la dominación colonial belga se independiza en 1960, con Patrice Lumumba como primer ministro y Joseph-Desiré Mobuto como ministro de Defensa, dando paso a un periodo de gran inestabilidad, semanas después de la proclamación de independencia la rica región minera de Katanga inicia la secesión con el apoyo militar belga y de la Unión Minera del Alto Katanga. En medio de las tensiones de la Guerra Fría, y en plena guerra civil, Patrice Lumumba es destituido y posteriormente asesinado en 1961. Así, con este telón histórico de fondo, más los juegos de poder de ministros y diplomáticos corruptos al servicio de las compañías mineras, los autores tejen una trama donde la ambición de un grupo de personajes muy dispares actúa como eje dramático en torno al cual se articula toda la narración.

La historia se desarrolla como un thriller coral, con una amplia galería de personajes muy bien construidos y perfectamente insertados en la intrincada trama; donde empresarios, mercenarios, políticos y agentes secretos compiten en una sangrienta lucha por conseguir unos valiosos diamantes robados, el hilo conductor de la narración. Las historias paralelas que discurren a lo largo del relato son excelentes, combinando en ellas la ambigüedad moral de los personajes y el humor negro crean una tensión que va creciendo hasta el desenlace final. Nury consigue presentar y caracterizar los personajes de manera clara y concisa y Vallée desarrolla un estilo gráfico que combina el realismo de los escenarios en los que se mueve la acción con un ligero tono caricaturesco en los rostros de los personajes, que le permite potenciar la expresividad narrativa sin sacrificar la credibilidad de la historia.

En las once primeras páginas del álbum, a modo de introducción, el Ministro del Interior de la Katanga independiente, Godefroid Munongo, cuenta al Director General de la Unión Minera del Alto Katanga (UMAK), Bernard Forthys, la turbulenta historia política de Katanga antes de ser colonia belga. A partir de estas primeras páginas, el lector queda atrapado por una historia de gran vigor narrativo y belleza plástica. El cómic es un medio secuencial que combina imágenes y texto para contar historias. La narración gráfica no queda limitada al dibujo, la ordenación de las viñetas genera la narrativa visual que marca el ritmo de lectura. Nury y Valleé hacen de Katanga una obra redonda, con muy pocas fisuras, a la altura de su anterior trabajo, Érase una vez en Francia. La estructura de página empleada es la de cuatro o cinco filas de viñetas rectangulares –un tipo de puesta en escena muy clásica que permite muy pocos artificios, pero efectiva y clara– que combina excelentes panorámicas con planos medios y primeros planos. El color de Jean Bastide contribuye al realismo de la puesta en escena y a mantener una atmósfera constante durante todo el relato.

Katanga roza constantemente el modelo de la tragedia griega, con poderosos personajes muy bien construidos que muestran una cruda y áspera imagen de la condición humana, donde el poder económico, como el de los dioses griegos, prevalece sobre el humano. Todo dentro de una intensa e intrincada acción que no pierde nunca el pulso narrativo. El relato fluye a través de las viñetas con dinamismo y un ritmo que no da tregua, saltando entre las distintas localizaciones en las que se desarrolla la historia. Como en otros trabajos suyos, Nury construye una historia de ficción verosímil, impredecible y sorprendente, con personajes de una gran profundidad humana y tan realista que podría ser verdad. Un cómic tremendamente relevante, un momento creativo álgido de dos de los historietistas más reputados de su generación en Francia.

Diario de Cadiz


martes, 1 de septiembre de 2026

Hijos de la noche

Se ocultan en las sombras, bajo tierra, elaborando temibles planes que amenazan a la humanidad


José Luis Vidal

27 de agosto 2026

Olvidaos de los coloridos trajes de los héroes del Universo Marvel, ya que en un abrir y cerrar de ojos vamos a sumergirnos en el lado oscuro, donde residen criaturas que parecen salidas de la peores pesadillas inimaginables. Aquí la amenaza no proviene del espacio exterior, ni de una dimensión paralela, sino que reside entre nosotros y cuando cae la noche se abre la puerta a su deseado imperio.



Ficha

Marvel Treasury Edition. Marvel: Blanco, negro, sangre y vísceras.

Guion y dibujo: VV AA

Tapa blanda

Color

136 págs.

25 euros

Panini Cómics


Vampiros, hombres lobo y demás monstruosidades de todo pelaje van a ocupar las páginas de esta nueva edición de la línea Marvel: Blanco, negro, sangre… y en este caso se añaden las vísceras.

Pero claro, para luchar contra estas imparables amenazas hacen falta seres que viven más allá de las leyes establecidas, e incluso que comparten alguna que otra característica con los monstruos, como es el caso de aquel que camina bajo la luz del sol, Blade.

Este auténtico guerrero, al que todos los vampiros mencionan en voz baja, es temido cuando desata su furia, empuñando unas letales katanas hechas de plata.

Va a protagonizar un buen puñado de los relatos incluidos en este volumen de gran formato, que gráficamente resulta una auténtica, y oscura, maravilla.

Una fiesta con lo mejor de la Jet Set se va a convertir en inesperado terreno de caza para el despiadado plan de un magnate tecnológico.

El corazón de un cazador de vampiros como Blade también guarda algo de ternura cuando una desvalida niña, Tanya, le pide que la defienda de una horda de chupasangres. Lo malo es que tal vez nada es lo que parece ser…

Pero en estas páginas también hay lugar para las maldiciones, como aquella que aguarda dentro de la armadura de un mítico héroe, oculta durante años dentro del armario de una anciana.

Por no hablar de un lejano futuro, postapocaliptico, donde los pocos supervivientes se divierten con la lucha de un ser que ha mutado, lo conoceréis por su piel verdosa. Lo malo llega con la presencia de un misterioso hombre que porta un objeto que tal vez cambie las cosas. Su nombre es Frank.

Y así seguiremos con el espeluznante recorrido por los espacios más lóbregos, oscuros, de este universo que tan bien conocemos los fans de La Casa de la Ideas, cuyos cimientos están construidos con el talento de un potente grupo de guionistas formado por Al Ewing, Chris Condon, G. Willow Wilson, Garth Ennis, Alyssa Wong, B. Earl y Taboo, Gary Moloney, Philip Kennedy Johnson, Mark Waid, Anthony Olivera y Victor LaValle.

Y como os comentaba anteriormente, unas páginas con una calidad gráfica que os dejaran con la boca abierta, y que vienen firmadas por los talentosos Kev Walker, Devmalya Pramanik, Claire Roe, John McCrea, Chris Allen, Ho Che Anderson, Ty Templeton, Luke Ross, Baldemar Rivas, Christian Rosado, Bruno Büll de Oliveira y los españoles Jorge Fornés y Javier Pulido.

Y ahora, ¿qué estáis esperando? ¡Lanzaos de cabeza a la lectura y que comience el tembleque!


Diario de Cadiz


lunes, 31 de agosto de 2026

Jonathan Swift: Trescientos años molestando

Naufragios, accidentes o piratas llevan a Gulliver a mundos fantásticos, que sirven para retratar la política y para ridiculizar la la naturaleza humana

'Gulliver y los liliputienses', óleo de Jehan-Georges Vibert (1840-1902).

MeisterDrucke


Daniel Gascón

29 AGO 2026

Mi propósito principal no es divertir al mundo sino molestarlo”, escribió Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) acerca de Los viajes de Gulliver, de cuya publicación se cumplen 300 años en 2026. Popular como relato infantil y de aventuras, y adaptado a numerosos formatos, es una obra maestra de la sátira y “uno de los mejores libros de filosofía política que se hayan escrito jamás”, en palabras del catedrático de Filosofía del Derecho Javier de Lucas. George Orwell decía que sería uno de los seis libros que salvaría, y es difícil imaginar Rebelión en la granja, 1984 o La política y el idioma inglés sin el magisterio de Swift.

“Políticamente”, escribió Orwell, “Swift era una de esas personas que se ven empujadas a una especie de conservadurismo perverso por las locuras del partido progresista del momento”. Su obra rechaza la injusticia y la opresión, decía, sin mostrar aprecio por la democracia. F. R. Leavis destacaba de Swift la ironía, la energía y la negatividad: una especie de destrucción creativa.

“Tengo materiales para un tratado que pruebe la falsedad de la definición del animal rationale, y muestre que solo debería ser rationis capax. Sobre estos cimientos de misantropía (...) se erige todo el edificio de mis Viajes”, escribió Swift al poeta Alexander Pope.

En Los viajes de Gulliver, que publicó con seudónimo, Swift parodiaba los libros de viajes y en particular Robinson Crusoe. El protagonista, el cirujano Lemuel Gulliver, realiza cuatro expediciones: naufragios, accidentes o piratas lo llevan a mundos fantásticos, que sirven para retratar la política y el poder, y para ridiculizar la sociedad de su tiempo y la naturaleza humana. El texto es riquísimo en detalles, ingenio, alusiones y perspicacia.

Los conflictos políticos del primer viaje satirizan el sectarismo político y religioso. Lilliput está en guerra desde hace mucho con Blefuscu. El origen de la enemistad es una divergencia sobre la mejor forma de cascar un huevo. Pero también hay problemas internos: en Lilliput hay dos partidos enfrentados, según la altura de los tacones que prefieran. Los tacones altos, dicen algunos, son más tradicionales y favorecedores; pero el rey ha preferido imponer los tacones bajos en la administración del Gobierno y los cargos de la corona. “La animosidad entre ambos partidos ha llegado a tal extremo que ya no comen ni beben juntos”, explican al viajero. Quizá los partidarios de los tacones altos sean más numerosos, aunque el poder está en los de los tacones bajos. Hay razones para la inquietud: “el heredero del trono muestra cierta inclinación hacia los tacones altos”. Existen camarillas, sicofantes, envidias y traiciones. En uno de los numerosos episodios escatológicos del libro, Gulliver apaga un incendio en palacio orinando sobre el fuego: salva la vida a la reina, pero ella no le perdona el procedimiento.

El segundo viaje, a la tierra de los gigantes, es más oscuro: en un libro que gira a menudo en torno a la idea de dominación, la estancia en Brobdingnag puede verse como una alegoría de la esclavitud. Al principio Gulliver debe actuar en espectáculos de feria. Luego es acogido por los reyes, pero sufre los celos del enano de la corte y está sujeto a los caprichos de los gigantes. Las aristócratas lo usan de mascota; una, para repugnancia de nuestro héroe, lo posa sobre su pezón descomunal.

Hay un procedimiento de desfamiliarización. Gulliver describe la sociedad inglesa al rey, que considera que esta constituye “la raza más perniciosa de alimañas odiosas y minúsculas y odiosas que haya hecho reptar jamás sobre la faz de la tierra”.

La escritura de Swift es clara y poderosa; física y divertida. Pero el humor se va volviendo más sombrío, sobre todo en las dos aventuras finales. El viaje a Laputa se ha leído como una metáfora del colonialismo y de la situación de Irlanda bajo el dominio británico. El rey y la corte viven en una isla flotante, dedicados a la abstracción y despreocupados de sus súbditos. Cuando en una de sus ciudades hay una rebelión, la isla flotante se pone encima, bloqueando el sol y la lluvia, arrojando piedras o aplastándola si hace falta.Gulliver visita la ciudad de Lagado, devorada por la pobreza y donde sin embargo el rey ha instalado una academia. Allí, algunos científicos (que satirizan a la Royal Society y cuyos planes tienen alucinantes conexiones con el presente) desarrollan sus proyectos: convertir los excrementos en el alimento originario; una máquina que crea texto sin comprenderlo; otra que extrae rayos de sol de los pepinos. Hay planes para hablar solo con monosílabos o eliminar todas las palabras para mejorar la comunicación, y un intento de desactivar tramas e insurrecciones basándose en el análisis de la dieta y deposiciones de los ciudadanos. Según un profesor, cuando uno quiere matar al rey, caga verde. Los artefactos fracasan; los proyectores concluyen que deben ser más radicales.

El cuarto libro muestra una sociedad “ideal” y es el más angustioso de todos: los Houyhnhnms, con forma de caballo, son seres racionales que esclavizan a los Yahoos, una versión tosca de los humanos: brutales, desnudos, sin lenguaje. Esa sociedad perfecta de los Houyhnhnms, sin desorden, mentira ni afectos, se plantea el exterminio de los Yahoos. También considera esterilizarlos: eso acaba con el “problema” sin tener que matarlos. El propio Gulliver (aunque admire a los Houyhnhnms, aunque se vista y hable) está a medio camino: una Yahoo intenta acostarse con él; lo expulsan por ser un extraño y un riesgo para la seguridad. Gulliver, que huye en una canoa hecha con pieles de Yahoos, siente repugnancia ante su propia naturaleza, pero la sociedad ideal de los Houyhnhnms también resulta aterradora. La realidad da asco; la utopía, miedo. A fin de cuentas, Swift no escribía para divertir, sino para molestar. Trescientos años después, las aventuras de Gulliver siguen haciendo las dos cosas.


Babelia Núm. 1.814. Sábado 29 de agosto de 2026


Otros mundos, nuevos villanos

Cuando Spiderman y Lobezno cruzan sus caminos, los problemas van a aparecer por doquier



Ilustración de portada.

José Luis Vidal

26 de agosto 2026

Y eso precisamente ocurre al principio de esta apasionante aventura. Ya que bajo la ciudad, en las cloacas, surge una peligrosa y letal amenaza que por razones desconocidas se ha descontrolado.

¿Y podéis imaginar quién se va lanzar de cabeza a tratar de arreglar la situación?

Pues sí, premio para los que lo hayáis resuelto, ya que el Lanzarredes más famoso del Universo Marvel, como suele hacer habitualmente, se va a jugar el pescuezo en una situación de la que tan solo puede sacarlo sano y salvo cierto mutante canadiense…



Ficha

Spiderman y Lobezno Volumen 2.

Guion: Marc Guggenheim

Dibujo: Gerardo Sandoval, Kaare Andrews

Tapa blanda

Color

120 págs.

12 euros

Panini Cómics


Pero claro, esto es solo un aperitivo, porque la verdadera peripecia del este curioso dúo comienza cuando el Reed Richards de una Tierra paralela, los invoque con un plan muy claro en mente. La venganza contra aquel que asesinó a la pareja del elástico científico.

Pero hete aquí que la sorpresa será máxima cuando el dúo conozca que la finada no era Sue Richards, sino una mujer que ha ocupado el duro corazón de Logan. Se trata, como ya habréis supuesto, de Mariko, una mujer a la que creyó perder, y que tras regresar de la muerte no ha querido saber nada de él.

Todas estas disquisiciones serán interrumpidas cuando tengan que verse las caras con un enemigo implacable y prácticamente invencible, que por caprichos del destino y del Multiverso, es una curiosa mezcla de ambos, Spiderman y Lobezno…

Su nombre es Arachnix y les va a poner las cosas muy, pero que muy difíciles a los protagonistas, que tendrán que tirar de ingenio si quieren que el villano muerda el polvo, regresar a su casa y, sobre todo, cerrar viejas heridas sentimentales.

Pero claro, decirlo así puede resultar sencillo, pero librarse de Arachnix no va a ser tarea fácil, incluso cuando crean que han acabado con él, el tipo se empeña en volver más letal que nunca. Y si a esta peliaguda situación añadimos la aparición de la última defensa contra la villanía de esta particular Tierra, pues ya la tenemos liada (Atención a las peculiares versiones de héroes ya conocidos por todos).

Esta auténtica montaña rusa de emociones con la que concluye la aventura está escrita por el guionista Marc Guggenheim, que va a estar acompañado dos genios de la viñeta como son Gerardo Sandoval y Kaare Andrews, que con su incomparable arte van a colmar estas páginas de imágenes y escenas de lo más impactante. En el caso de Andrews, homenajeando a los ya lejanos años noventa, y su manera de afrontar la creación de un cómic, con esas reconocibles y casi imposibles composiciones de página.

En fin, uno de esos team ups para recordar, que mezcla con maestría acción a raudales, su pizca de humor y drama. Una combinación única de la que surge un apasionante cómic.


Diario de Cadiz



sábado, 29 de agosto de 2026

“Oh, negro muro de España...”: el horror de Goya y Motherwell ante la guerra

 El Museo de San Telmo de San Sebastián contrapone el espanto de su recién adquirida serie ‘Los desastres de la guerra’ del pintor español con la fúnebre ‘Iberia’ del norteamericano


'Estragos de la guerra', de la serie 'Desastres de la guerra, 30', de Francisco de Goya (1810-1823), en la Colección San Telmo Museoa de San Sebastián.

Enrique Andrés Ruiz

29 AGO 2026 

Muy a comienzos de los años cuarenta, Robert Motherwell trató estrechamente, en México, a Roberto Matta y a Wolfgang Paalen, que ya eran efigies en la panoplia surrealista. A su vuelta compuso, entre otras, una pintura geométrica, casi plasticista —¡y soberanamente blanca!— que lleva por título Spanish picture with window. Era un primer homenaje a un país que no conocía; y que no conocería hasta 1958, en el viaje de novios con su tercera esposa, Helen Frankenthaler; fue entonces cuando contempló en el Prado las Pinturas negras de Goya, un pintor para él decisivo. Pero su sistema de asociaciones —algo determinante en su manera de trabajar— contaba ya desde su juventud con una imagen de España bastante bien perfilada en sus rasgos trágicos y románticos, su noche y su sangre, la poderosa imagen difundida entre tantos jóvenes norteamericanos por la guerra civil española: heroísmo, muerte y tierras calcinadas. Es posible también que por las fechas de su viaje mexicano ya conociera la poesía de Lorca. Esa España y su desgarro expresivo, tauromaquia incluida, aflorarían igualmente en Clifford Still (quien mencionó en sus diarios a Juan Belmonte como modelo de artista sujeto de una especie de inmolación) o Frank Stella (quien tituló Luis Miguel Dominguín una de sus obras) o Frank Kline (quien pintó también una Spagna bravía, blanca y negra).

Sin embargo, las relaciones de Motherwell primero con el surrealismo que, una vez trasplantado, marcó con fuerza el nuevo arte de Estados Unidos, y luego con las maneras más comunes con las que sus colegas de la gran abstracción norteamericana afrontaban sus obras, estuvieron también determinadas por diferencias decisivas. En vez de tomar del surrealismo la gestualidad automática como huella de una identidad psíquica, lo que interesó a Motherwell a partir de los cincuenta, cuando se asientan sus formas más definitorias, es el lado atávico, litúrgico, que la nostalgia primitivista del surrealismo había llamado a rescatar para la obra de arte, el sueño de su carácter ritual, diríamos, perdido en algún incierto origen imaginario. Por otro lado, y en vez de acuñar una especie de marca de fábrica inconfundible (como hicieron Rothko, Still o Pollock), Motherwell trabajaría durante toda su vida en series muy singularizadas, a las que volvía una y otra vez llevado de aquella posibilidad de repetición infinita, propia de los ritos, para añadir a la serie nuevas variaciones, como en la música. Entre esas series célebres se encuentran las Elegías (más de un centenar) o las que llevaron por título Iberia, que comenzó a pintar durante aquella luna de miel española, en 1958.

Con motivo de la reciente adquisición por el modélico Museo de San Telmo, de San Sebastián, de una colección de Los desastres de la guerra —el Goya horrorizado ante los empalamientos y las violaciones de la guerra de la Independencia—, el museo encomendó a la sabiduría de María Bolaños la tarea de hacer sonar junto a Los Desastres otra nota que —a la vez contemporánea y ancestral— sirviera de complemento, aunque también de contrapunto. En este alucinado trabajo íntimo —Goya no conoció su publicación— cualquier trozo de metal le servía, urgido por el espanto ante la gran masacre callejera de los cuerpos y las almas. Junto a las estampas horripilantes, la pintura elegida para acompañarlas terminó siendo la extraordinaria Iberia, de Motherwell, que conserva el Guggenheim de Bilbao, una pintura casi completamente negra, aunque, como decía André Malraux en un ensayo dedicado al Saturno devorando a sus hijos, hay cosas que sólo se pueden ver en la oscuridad de la noche. De hecho, en el gran lienzo fúnebre suceden muchas cosas, uñadas, barridos, depresiones, como en la tiniebla de los desmontes españoles. “Yo lo vi”, inscribió Goya bajo una de las ochenta estampas, declarando su propósito testimonial, opuesto por completo a la tradición épica de la guerra. La matanza y la saña sobrecogen. Pero, llegado un momento, el pintor se da cuenta de que no es suficiente, de que el delirio de la realidad exige que la pintura o el grabado sean sacados de sus casillas para ser auténticamente leales a los hechos, más allá de lo que ven los ojos. La última sección de la exposición, titulada ‘Qué locura!’, reúne esas estampas que rebasan el límite de lo concebible y llenan de monstruos los territorios de la locura.


'Iberia', de Robert Motherwell, en la exposición 'Negro Goya. Negro Motherwell' del San Telmo Museoa de San Sebastián.

IKER AZURMENDI (SAN TELMO MUSEOA)

La advocación goyesca de Robert Motherwell venía al menos de la mitad de los cuarenta. En las paredes del estudio siempre hubo una lámina del Saturno… Cuando su viaje a España y su encuentro directo con Goya, una Elegía a la República española había sido seleccionada para figurar en la exposición The New American Painting, que debía llegar a Madrid en pleno despliegue del arte norteamericano. El Gobierno español exigió el cambio de título, y Motherwell, muy airado, se negó (aunque fueron expuestas otras obras suyas). Unos años después, descubrió los versos de A la pintura, de Alberti, y reconoció lo que sin duda es el gran libro: un tratado de pintura. Luego compuso una veintena de litografías para editarlas con los versos; un día, en Roma, Rafael Alberti recibió una enorme caja blanca… Se conocieron en 1980, en la inolvidable exposición que dedicó al pintor la Fundación Juan March. Alberti declamó entonces ‘Negro Motherwell’, el poema que le había dedicado: “Oh, negro muro de España…”.

Parte de la elocuencia lograda en esta exposición, en la que también figuran algunas ediciones y fotografías, proviene del contraste entre dos sentidos de la temporalidad. Mientras el negro de Goya es el negro aire de la historia — “sucedió una vez”, nos vienen a decir las estampas—, la negrura pertenece para Motherwell a un espacio ceremonial, a un lugar apartado del tiempo histórico y reservado para la celebración de un conjuro que nos defienda, precisamente, del insufrible horror de la realidad histórica. Y esos son sus pinturas: ceremonias ritualmente repetidas una y otra vez.


‘Goya Black, Motherwell Black: Ochenta desastres y un abismo’. Museo San Telmo. San Sebastián. Hasta el 27 de septiembre.


Babelia Núm. 1.814. Sábado 29 de agosto de 2026


!Los colores que vinieron del espacio!

Varios trozos de roca, pertenecientes al planeta de origen de Superman, se van a convertir en una inesperada amenaza


José Luis Vidal

25 de agosto 2026

En los comic books norteamericanos, la sagrada continuidad puede llegar a convertirse en una pesada losa que hace que el cansancio creativo surja, ya que los equipos formados por guionistas y dibujantes no pueden salirse del sendero marcado por hechos del pasado.

Es por esto que suele resultar de lo más interesante cuando, editoriales como DC Comics, deja libertad absoluta para que el talento brille en la creación de una historia totalmente nueva y original.



Ficha

Superman: El espectro de la kryptonita.

Guion: W. Maxwell Prince

Dibujo: Martin Morazzo

Tapa dura

Color

184 págs.

26 euros

Panini Comics


Precisamente es el caso de este cómic, enmarcado dentro de la línea Black Label, que ya de por si es sinónimo de calidad. En El espectro de kryptonita vamos a ser testigos del descubrimiento de otros tipos de rocas provenientes del extinto planeta de nacimiento del Hombre de Acero.

Púrpura, cobalto, moteada y arcoíris serán los nuevos nombres con los que se las bauticen. Y claro, ya conocemos que Kal–El siempre ha tenido ese ansía por conocer cuando más y mejor sobre Krypton, por lo que va a pedir ayuda a la única persona que, además de tener bastantes conocimientos científicos es lo suficientemente resolutivo si algo sale mal en el experimento, Batman.

Obviamente, como ya podéis imaginar, el exponerse a la radiación de estas rocas va a meter a los protagonistas en más de un embrollo, con el consiguiente peligro para los habitantes de Metrópolis, y más concretamente para cierta intrépida reportera y un joven fotógrafo de pelo rojizo…

En este cuadro no podía faltar ese que siempre maneja los hilos, cuyas acciones y maquiavélicos planes están guiados por el rencor y el odio más extremo hacia Superman. Por supuesto, se trata del megamillonario Lex Luthor, que en vez de utilizar sus inagotables recursos para el bien, va a poner sobre el tablero a una serie de peligrosos enemigos que harán que el caos surja frente a la delicada situación de un Superman que, debido a la influencia de las diferentes rocas de colores, va a perder la noción del tiempo, llenando su cabeza de instantes del pasado, el presente y el futuro más próximo, convertidos en un auténtico galimatías.

Pero este tan solo va ser el principio de un vía crucis que llevará al protagonista a crecer de manera desmesurada, convirtiéndose sin querer en una amenaza para todos para después, en un abrir y cerrar de ojos, tenga que compartir apartamento y juventud con Billy Batson, alias Shazam.

¿Creéis que este será el final de la aventura? Para nada, con un Batman cada vez más atribulado, Kal-El será enviado de cabeza a la loca, loquísima Quinta Dimensión, donde se verá las caras con algún que otro rostro conocido.

Os preguntaréis quiénes son los padres creativos de tremenda peripecia, ¿verdad? Pues la verdad es que se trata de un muy bien avenido dúo de creadores que desde hace ya algún tiempo vienen demostrando que el horror más absoluto se esconde tras la sonrisa de un vendedor de helados.

Sí, ellos son el guionista W.Maxwell Prince (Ice Cream Man, Swan Songs, Judas: The las days…) y el dibujante argentino Martin Morazzo (She could fly, Snowfall, Art Brut…) que han creado una historia super original, sazonada con una pizca de ironía y en la que vamos a ver varias facetas de Superman que nos eran desconocidas, como los fragmentos pertenecientes a Krypton.

Ha sido tal el éxito de esta miniserie, que el tándem se ha enmarcado desde hace algunos meses en narrarnos una nueva historia protagonizada por uno de los personajes más enigmáticos del Universo DC, Deadman.


Ahí es nada.


Diario de Cadiz


martes, 18 de agosto de 2026

‘Ulises y Cyrano’: la cocina francesa y las heridas de la Segunda Guerra Mundial en uno de los mejores cómics del año

El volumen de los guionistas Antoine Cristau y Xavier Dorison y el dibujante Stéphane Servain es un tebeo sorprendente, que ofrece una mezcla temática tan improbable como conseguida


Página del cómic 'Ulises y Cyrano', de los guionistas Antoine Cristau y Xavier Dorison y el dibujante Stéphane Servain. NORMA EDITORIAL


Guillermo Altares


17 AGO 2026 


La colaboración con los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra es todavía una herida dolorosamente abierta en Francia. No solo apareció en la campaña de las últimas elecciones presidenciales, con el negacionismo del candidato ultra Éric Zémmour, que sostuvo que el régimen filonazi de Vichy salvó a los judíos franceses (olvidándose que colaboró en las deportaciones más allá incluso de lo que exigían los alemanes). Es también un tema central del último libro de Emmanuel Carrère, Koljós (Anagrama), porque la madre del escritor, la académica Hélène Carrère d’Encausse, vivió gran parte de su vida con miedo a que se supiese el gran secreto familiar: que su padre había sido un colabo, asesinado por la Resistencia en 1945 (el escritor lo reveló en un libro anterior, lo que provocó un profundo cisma). Además, uno de los grandes éxitos de taquilla en Francia en 2026 ha provocado un intenso debate entre historiadores sobre la exactitud de la película Les Rayons et les ombres, que relata la vida del empresario Jean Luchaire, fusilado en 1946. Es como si el fango y la vergüenza de la colaboración siguiese pringando el presente de la vida cultural y política francesa.

Este tema inagotable aparece, de manera sorprendente, en uno de los mejores cómics franceses de los últimos años, Ulises y Cyrano (nada que ver con los personajes de Homero y Edmond Rostand). ¿Se puede hacer un tebeo que mezcle la cocina francesa con la depuración de los colaboracionistas y que, además, incluya un drama familiar, el relato de una amistad insólita entre dos personas que vienen de mundos muy lejanos y una historia de amor? Los guionistas Antoine Cristau y Xavier Dorison y el dibujante Stéphane Servain lo han logrado con este cómic que, cuando se publicó en Francia en 2024, ganó tanto premios para libros de cocina (incluye unas cuantas recetas al final) como galardones de novela gráfica.

Dibujado con una expresiva línea clara, coloreado con brillantez y con un trabajo documental enorme para reflejar no solo la Francia de los años cincuenta, sino la forma en que se cocinaba en aquella época, Ulises y Cyrano cuenta la historia de un joven que se refugia con su madre en una casa de campo, cuando su padre, un industrial millonario, es acusado de haber colaborado con las autoridades de Vichy (y por lo tanto con los ocupantes nazis). Allí entablará amistad con un cocinero genial, con un carácter tan intenso que fue capaz de quemar su propio restaurante (no es un spoiler, se cuenta en las primeras páginas), y descubrirá que la cocina es la pasión de su vida, aunque tenga que hacerlo a escondidas porque su padre imagina un destino muy diferente para él.

El cómic idealiza, tal vez un poco demasiado, la vida rural en la Francia profunda, pero le salva la ironía y la frescura con la que sus autores envuelven temas eternos, desde el peso de la Historia sobre vidas individuales hasta el camino de alguien que trata de salirse de los caminos trazados por sus padres. El tebeo está lleno de guiños literarios y culinarios. Las relaciones dentro de la familia, por ejemplo, recuerdan a Los Thibault, ese enorme fresco de la Francia anterior a la Primera Guerra Mundial, del premio Nobel Roger Martin du Gard (que ha reeditado recientemente Punto de Vista). También encontramos ecos de grandes cineastas franceses, de Claude Chabrol a Louis Malle, de clásicos de la literatura popular como La guerra de los botones y, por qué no, hasta Ratatouille.

Pero, más allá del amor y la familia, dos temas se imponen por encima de los demás: la huella que la colaboración dejó en la sociedad francesa (algo que ocurre en cualquier país que se enfrente al mal absoluto, cuando se pueden tomar decisiones poco honrosas solo para sobrevivir o aprovecharse de la desgracia para enriquecerse). El otro es el inmenso placer de la cocina, como una de las señas de identidad de un país que quiere reconocerse culturalmente en los fogones. Ulises y Cyrano nos muestra que, tal vez, no están tan alejados.




Ulises y Cyrano 

Xavier Dorison / Antoine Cristau / Stéphane Servain

Traducción de Eva Reyes de Uña

Norma, 2026

172 páginas. 38 euros


Babelia 17 de agosto de 2026


domingo, 16 de agosto de 2026

Cien años de Goscinny, el padre de Astérix, Lucky Luke y El Pequeño Nicolás

El guionista que revolucionó el cómic, un genio que "siempre" quiso "hacer reír a la gente", nació el 14 de agosto de 1926 en París.


El guionista René Goscinny, a la derecha, con Maurice Bévere, dibujante de 'Lucky Luke'. / Efe

Agencias

14 de agosto 2026


Los irreductibles Astérix y Obélix, el vaquero Lucky Luke, que disparaba más rápido que su sombra, el malvado visir Iznogud de Bagdad o El Pequeño Nicolás... Todos esos personajes inolvidables de cómic salieron de la imaginación del guionista René Goscinny, un genio que revolucionó el universo del cómic y de cuyo nacimiento se cumplen este viernes cien años.

"Siempre he querido hacer reír a la gente", solía decir Goscinny, que con su humor y su ternura conquistó el corazón de medio mundo y vendió 500 millones de libros y cómics traducidos a casi 150 idiomas.

"Es uno de los autores, quizá incluso el autor francés, más leído en el mundo en el siglo XX", afirma a EFE Aymar du Chatenet, administrador de la Fundación René Goscinny y autor de numerosos libros sobre él.

Un humor internacional forjado entre Argentina, Francia y Estados Unidos

Detrás de este éxito internacional había un hombre tímido y un trabajador incansable, con una mirada cosmopolita forjada entre Francia, Argentina y Estados Unidos.

Antiguo despacho de Goscinny, hoy un instituto que recuerda al guionista. / Edgar Sapiña / Efe

Nacido en París el agosto de 1926 en una familia judía de origen polaco, siendo muy niño se trasladó con sus padres a Buenos Aires, donde pasó casi toda su infancia y adolescencia, una etapa que marcaría su humor, su imaginación y su manera de contar historias.

"Empezó su vida siendo un extranjero", explica Du Chatenet. Vivió, de hecho, "más tiempo en el extranjero que en Francia", lo que, a su juicio, se refleja en un humor "internacional, cosmopolita, todo menos provinciano. Un humor internacional que todo el mundo entiende".

Su estancia en Argentina también permitió a la familia Goscinny escapar del Holocausto, aunque muchos de sus familiares y amigos que permanecieron en Europa fueron asesinados durante la Segunda Guerra Mundial. Según la página oficial de Astérix, esa tragedia le acompañó durante toda su vida y dejó una profunda huella en su obra.

El nacimiento de Astérix

En 1943, tras la muerte de su padre, Goscinny emigró a Nueva York, donde empezó a abrirse camino en el mundo del cómic. En 1951 regresó a Francia, donde comenzó una colaboración decisiva con un joven dibujante francés con raíces italianas llamado Albert Uderzo.

Fruto de esa colaboración, el 29 de octubre de 1959 apareció en la revista Pilote la primera aventura de Astérix, el pequeño guerrero que resiste al Imperio romano gracias a una poción mágica.

La serie se convirtió rápidamente en un fenómeno editorial y dio proyección internacional a un humor basado en los juegos de palabras, la sátira y las referencias culturales. Goscinny y Uderzo crearon 24 álbumes convertidos en grandes clásicos del cómic.

Según Du Chatenet, Goscinny tenía un don para convertir los pequeños rasgos culturales en situaciones cómicas. Así ocurre con los españoles, británicos, corsos o suizos que aparecen en las aventuras de Astérix: "Ponía el dedo en su particularidad y tenía un talento extraordinario para convertir pequeñas cosas en cosas extremadamente divertidas".

Una influencia intacta

Goscinny escribió, además, los guiones de 36 álbumes de Lucky Luke junto a Morris, creó con Jean Tabary al visir Iznogud y, junto a Sempé, convirtió a El Pequeño Nicolás en un clásico de la literatura infantil.

Su secreto, según Du Chatenet, está en haber sabido captar comportamientos humanos que apenas cambian. "Es esa capacidad de captar las pequeñas cosas de la vida, la intemporalidad del comportamiento humano".

El Pequeño Nicolás es quizá el mejor ejemplo: "Hay decenas de miles de personas en el mundo que han aprendido francés con El Pequeño Nicolás, desde España hasta Seúl". Creado en 1959, "no ha envejecido", dice.

Goscinny murió el 5 de noviembre de 1977, a los 51 años, durante una prueba de esfuerzo médica, cuando todavía trabajaba en Astérix en Bélgica.

Casi cincuenta años después, sigue siendo una de las figuras más influyentes del cómic europeo y un referente del humor francés.


Diario de Cadiz


viernes, 14 de agosto de 2026

La pintora sensual

Tamara de Lempicka es una de las pintoras con más fuerza y personalidad del siglo XX. Venerada como una diosa en la Europa de entreguerras, sus cuadros, tan sensuales y voluptuosos como su vida, quedaron arrinconados hasta mediados de los noventa. Un libro lo cuenta todo. Por Julia Luzán.

Avasalladora, excéntrica y con gran talento, la pintora Tamara de Lempicka ha sido una de las personalidades más seductoras del arte contemporáneo. Escandalizó a la sociedad de entreguerras con sus aventuras sexuales y con el ambiente de sus fiestas, en las que no faltaban las drogas y en las que criados desnudos atendían a los invitados. Sus pinturas fueron calificadas a veces de porno blando, pero sus obras de los años veinte y treinta han sido comparadas con las de dos grandes del siglo XX, Léger y Picasso. Hoy es una de las pintoras más buscadas por los coleccionistas, y su influencia en muchos de los artistas actuales ha sido finalmente reconocida. El hedonismo de su pintura es uno de sus rasgos más atrayentes. Tanta sensualidad desprenden algunos de sus cuadros que la leyenda de que antes de pintarlos se acostaba con los modelos ha sentado cátedra.

El misterio rodea su vida. Tamara de Lempicka se dedico a falsear su propia identidad sembrando de mentiras, como si fueran minas, toda su biografía. Oculto hasta su fecha de nacimiento, probablemente en un gesto de coquetería. Se calcula que nació entre 1894 y 1902. Unas veces afirmaba que nació en Polonia, otras que en Rusia.

Por eso, reconstruir la vida de Tamara, nombre que le dio su madre en recuerdo de la heroína de un poema ruso, ha desanimado a más de un biógrafo. Hasta que una profesora norteamericana, Laura Claridge, ha conseguido desbrozar la leyenda de la realidad y ha escrito la que puede ser su biografía definitiva (Tamara de Lempicka, publicada por la editorial Circe).

'GLAMOUROSA: Tamara de Lempicka, con aire a Greta Garbo, fotografiada cuando se encontraba en la cúspide de su fama, en los años treinta, en París.

El 19 de marzo de 1994, Tamara de Lempicka renace de sus cenizas gracias a la subasta de la colección de arte de la actriz y cantante Barbra Streisand. El todo Nueva York asistía en la sala Christie's de la Quinta Avenida neoyorquina a una lujosa exhibición de cuadros, lamparas y muebles. Cuando apareció el cuadro Adán y Eva, pintado por Tamara de Lempicka en 1931, un grito de admiración se levantó entre el público. La sensual y luminosa pintura fue adjudicada por dos millones de dólares (alrededor de 400 millones de pesetas) y significó la vuelta a la vida artística de la pintora. El afán de poseer un lempicka se apoderó de Hollywood: Jack Nicholson, Madonna y Sharon Stone compraron su obras. Finalmente fue reivindicada como un icono deslumbrante de la edad del jazz.

Tamara de Lempicka es una de las pintoras con más fuerza del siglo XX, pero también de las más olvidadas. Su nombre no aparece en ninguna de las principales enciclopedias de arte moderno y hasta la subasta de Christie's ha sido prácticamente ignorada. Influida por los cubistas franceses y por los maestros del Renacimiento, se inventó un estilo propio que etiquetaron como art déco. Cuando vivía en París se pasaba horas y horas en el Museo del Louvre delante de los cuadros de sus admirados Bellini y Caravaggio para intentar captar el efecto translucido de sus pinturas, recordando el viaje que a la edad de 12 años hizo con su abuela desde su Polonia natal hasta el sur de Italia. El descubrimiento de Boticcelli fue para su mirada ingenua un fogonazo, y su influencia le marcó para el resto de su vida. Eso, y las clases de pintura que recibió en Montecarlo mientras su abuela jugaba a la ruleta en el casino.

Su vida no presagiaba una dedicación a las artes. La joven Tamara se integró en la rica sociedad de San Petersburgo, donde acudía con frecuencia a visitar a sus tíos. Fue allí, en 1912, en un baile de disfraces, donde conoció a un elegante Tadeusz Lempicki, un joven abogado de 22 años. "Al momento me enamoré de él por ser tan guapo", confesaría años después una vulnerable Tamara. En 1917, el matrimonio Lempicki sufrió los efectos de la revolución bolchevique. Una noche, la policía secreta entró de noche, por sorpresa, en su casa y detuvieron a Tadeusz "por actividades contrarrevolucionarias"



LOS MEJORES AÑOS. Arriba, Tamara de Lempicka en su estudio (1940), en Hollywood. Grupo de cuatro desnudos pintado en 1926. Con su única hija, Kizette, en 1919, en el sur de Francia. Mujer en un coche verde" (1929), autorretrato que hizo para la revista 'Die Dame! A la izquierda, 'Adán y Eva' (1931), el cuadro que revalorizó en 1994 la pintura de Lempicka.


Cuenta Claridge que la impresión que sufrió Tamara ante esos policías con chaquetas de cuero negro fue tal que la persiguió de por vida. Consiguió escapar de Rusia, pero ya nada volvió a ser como era. Cada vez que en su presencia se pronunciaba la palabra comunismo, Tamara palidecía. A partir de entonces decidió, como Scarlata O'Hara ante las ruinas de Tara, que nunca más pasaría hambre ni privaciones.

Europa vivía el final de la Primera Guerra Mundial cuando los Lempicki se instalan en París. El matrimonio y su pequeña hija pasan las amarguras tipicas de una familia de refugiados, agravadas por las tensiones entre Tamara y Tadeusz: "No tenemos dinero y él me pega", comentó en una ocasión. Fue en aquel momento cuando el destino marcó su vocación de pintora, como un oficio para poder trabajar. Un ano después ya había vendido sus primeros cuadros. 

Es el principio de su carrera artística. Siente que ha conquistado París. Alquila un piso en Montparnasse, frecuenta los cafés e inicia una relación con "una muchacha muy rica que vivía al otro lado de la calle", una pelirroja que posó para muchos de sus cuadros. Es la época de Jugador de cartas (1920), un lienzo en el que se aprecian fuertes influencias de los colores de Gauguin y pinceladas que recuerdan a las de Van Gogh. Su estilo tan característico se define ya claramente: los cuerpos con volumen llenan todo el cuadro y la perspectiva se aplana. "En mis pinturas apenas hay fondo, lo que yo quiero es que se vea la figura", comenta. Esculpía más que pintaba.

Durante el día lleva una vida convencional, pero al caer el sol se transforma en otra mujer. Tamara de noche se mueve en ambientes sórdidos, consume cocaína y tiene encuentros sexuales en los chamizos que se levantan al lado del Sena. Por las mañanas consume valeriana para calmar los nervios y se codea con duquesas y princesas. Frecuenta salones literarios, como los de Gertrude Stein; conoce a André Gide, a Jean Cocteau y al italiano Marinetti, creador del manifiesto fu-turista. Su parecido con Greta Garbo despierta admiración. Quiere convertirse en una mujer nueva, pero rechaza el ideal físico de la mujer liberada creada por Coco Chanel.


VIDA EN HOLLYWOOD. Con uno de sus sempiternos cigarrillos, en la casa que alquilo a King Vidor durante su estancia en Hollywood. Abajo, 'Modelo, pintado en 1925, y 'Hombre inacabado' (1927), el retrato de su primer marido, Tadeusz Lempicki, pintura que interrumpió (la mano izquierda está sin terminar) cuando se separaron. Abajo, con sus nietas, Chacha y Victoria, en Houston (Tejas), en 1963. Tamara prefiere retratar a una mujer voluptuosa y narcisista, como La bella Rafaela, "quizá el desnudo más importante del siglo XX".

Claridge dice en su libro que la pintora hizo un pacto con el placer que le duró toda la vida. En 1925 ya gana dinero con sus cuadros, y los ricos y famosos la adulan. Se entusiasma con el jazz y los musicales de Cole Porter, y asiste al estreno de Rapsody in blue, del compositor Gershwin. Consigue apalabrar una exposición en Milán y participa también en el Salón de Otoño de París.

Conoce al poeta italiano Gabrielle d'Annunzio, y éste la invita a visitarle en su palacio en el lago de Garda, un lugar que también frecuentaba Mussolini, donde iniciaron una corta relación. Fue la gota que colmó el vaso de su matrimonio con Tadeusz, del que pinta su Retrato de hombre inacabado, cuadro que abandona cuando, en 1928, él le anuncia que se separa de ella.

Viaja a Nueva York y descubre Harlem, "un barrio con los mejores clubes del mundo", y los rascacielos de Manhattan, que encajan de maravilla en sus pinturas. De vuelta a París, Tamara de Lempicka pinta algunos de sus mejores cuadros, entre ellos una obra clave, Adán y Eva (1931); dibuja las portadas de la revista alemana de moda Die Dame, y se casa con el barón Raoul Kuffner, un aristócrata alemán coleccionista de dureros y paisajes del siglo XVII.

La llegada de Hitler al poder hace comprender a Tamara que su situación en Europa no va a ser fácil. Entra en una fase depresiva que ni siquiera sus estancias en casas de reposo suizas logran mitigar. "Cuando uno crea, saca tantas cosas de dentro que acaba por secarse y deprimirse". Sus orígenes judíos son un problema, y, aterrada, decide poner tierra de por medio. En 1939 se instala con su marido en el Waldorf Astoria, y desde allí la pintora polaca inicia su estrategia para conquistar Manhattan. Expone sus pinturas en la galería de Paul Reinhardt, en la Quinta Avenida, confiando en su consagración definitiva, pero aquellas obras (Músico viejo, Virgen santa, San Antonio...) no eran las que los neoyorquinos esperaban de ella. Desengañados, los Kuffner eligen como residencia Hollywood, con el objetivo de establecer adecuadas relaciones sociales con ayuda de gacetillas pagadas en los periódicos: "Tamara de Lempicka, la baronesa polaca Kuffner, acaba de llegar a Norteamerica, y sus pinturas serán expuestas en Chicago, Los Ángeles y San Francisco". En otro empujón artístico, Tamara decide distanciarse de lo que para ella era anticuado modernismo y abraza el surrealismo, algo que su amigo Salvador Dalí aplaude.

En Hollywood alquila la lujosa mansión del director de cine King Vidor. Las fiestas de la condesa polaca deslumbran a los actores de Los  Ángeles. Cuando se aburre de ellos, regresan a Nueva York, donde compran un glamouroso apartamento con vistas al East River. Tamara de Lempicka reanuda su vida social, pero sus pinturas no despiertan ningún interés. Se siente profundamente dolida cuando Peggy Guggenheim inaugura su museo dedicado al arte del siglo XX y no cuenta con ninguna de sus obras.

Los últimos años de su vida, Tamara de Lempicka los pasa con más pena que gloria. Ya no es una mujer fatal, sino una vieja ridícula. Se traslada a vivir a Cuernavaca (México), donde muere, en 1980, entre el humo de sus cigarrillos, un vicio que no abandonó jamás, a pesar de tener que inhalar, entre calada y calada de tabaco, un chupito de oxigeno para que sus pulmones atacados por el enfisema pudieran bombear algo de aire.

Dejó como legado 500 pinturas que han entrado en la historia del arte. •

'Tamara de Lempicka", de Laura Claridge publicada por la editorial Circe). la biografía de una de las más interesantes artistas del siglo XX.


El Pais Semanal Núm. 1.263 Domingo 10 de Diciembre de 2000