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jueves, 5 de marzo de 2026

jueves, 12 de febrero de 2026

Los 4 Fantásticos Clásicos

 



Era 1961 y la década había arrancado con fuerza en uno de los frentes de la Guerra Fría que mantenían Los Estados Unidos de América y la Unión Soviética: la carrera espacial. Las dos superpotencias mundiales se afanaban en lograr victorias de alto valor propagandístico la una sobre la otra, cautivando la expectación de gentes de todo el planeta.

Probablemente, eso sí, nada de esto estuviese en la mente de Martin Gooman, propietario de una compañía de cómics de nombre cambiante desde que la fundó en los años cuarenta (siendo Marvel el más reciente), cuando le hizo un encargo al Director Editorial de esa empresa, un tal Stan Lee.

Goodman había descubierto que a su competencia directa, DC Comics, le estaba resultando muy rentable una serie protagonizada por un grupo de reinvenciones de viejos superhéroes, La Liga de la Justicia de América. Así que, dado que su editorial estaba especializada en imitar exitosas tendencias de otras, ordenó a Lee que lanzase un título con otro superequipo. Cabe sospechar que Goodman se refiriese a que estuviese formado también por nuevas versiones de antiguos superhéroes, de aquellos que Marvel había publicado en el pasado: La Antorcha Humana, el Capitán América, Namor...

Pero Lee, que llevaba tiempo algo quemado en la compañía, decidió afrontar el encargo de una manera más original y que le satisficiese a él mismo. Así, habló con el dibujante Jack Kirby, auténtico titán de la autoría de cómics, que prefirió fijarse más bien en otro grupo de DC (aunque no estrictamente de superhéroes) que él mismo había creado cuando trabajaba allí hacía unos años: Los Retadores de lo Desconocido.

Sobre esa base, añadieron ingredientes de los cómics de monstruos gigantes y ciencia ficción en los que llevaban trabajando juntos unos años, y de héroes clásicos de La Edad de Oro publicados dos décadas antes por la editorial Quality, como El Rayo (cuyo origen también estaba basado en la exposición a radiación en las capas externas de la atmósfera) o Plastic Man. Introdujeron una dinámica similar a la del personaje de novelas pulp Doc Savage y sus ayudantes, con fuerte énfasis en la interrelación de personajes como la que ambos autores tenían también experiencia en plasmar en los tebeos de temática romántica que Marvel publicaba. Y se incluyó, quizás por presión de Goodman, a una nueva iteración de la Antorcha Humana que todo apunta que no estaba en el concepto original cuando parece ser que Kirby ya había empezado a dibujar el cómic, teniendo que insertar al personaje como pudo en las viñetas ya realizadas.

Y claro, también estaba ahí el tema de la carrera espacial, que apasionaba a Kirby, y que mientras se elaboraba aquel cómic se desbocó cuando los rusos pusieron en órbita por primera vez en la historia a un ser humano, Yuri Gagarin. Esto hizo que el viaje sideral del cuarteto protagonista tuviese un objetivo genérico: para cuando se publicase, la Unión Soviética podía haber llegado ya a cualquiera que hubiesen concretado, creían.

Todos esos factores se combinaron para que Los Cuatro Fantásticos se convirtiese en toda una sensación: un producto que se sentía fresco, más emocionante que ningún otro del género superheroico, con personajes y diálogos más naturales, y que acabaría convirtiéndose en el modelo de cómo se harían ese tipo de cómics en no mucho tiempo.

Sergio Aguirre





















miércoles, 28 de enero de 2026

Los Náufragos del Tiempo por Blutch


INSPIRACIÓN DIVINA

Paul Gillon, Los náufragos del tiempo, volumen 1, lámina n.° 34. Reimpresión. Glenat. 2008.

AL ADENTRARME EN SU ESTILO DE DIBUJO, VI QUE ERA RÁPIDO, SU LÍNEA ES UNA PINCELADA. NADA ELABORADO.

Esta página de Los Náufragos del Tiempo me la sugirió Frédéric Poincelet, un gran fan de Gillon. Me gusta mucho Los Náufragos, porque esta serie se sitúa a medio camino entre el cómic tradicional y el moderno.

Una ambigüedad bastante inspiradora. Prefiero los episodios escritos por Forest, con sus mundos espectaculares y caprichosos, su exuberancia poética.

Hay cierta rigidez cuando Gillon se hace cargo del guion de la serie. En mi página, no cambié el texto. Soñaba con compararme con Gillon, quien siempre me ha impresionado, porque es uno de los mejores ilustradores realistas.

Al estudiar su estilo de dibujo, vi que trabaja rápido y que su línea es fluida. Todo es muy esquemático.Sus pinceladas son como bofetadas, nada laborioso.

Cada página exige una herramienta específica. Aquí, es el pincel. Trabajé con mi álbum de Hachette de 1974, en blanco y negro, porque lo destacable de Gillon es precisamente el equilibrio entre el blanco y el negro. Sé que usaba formatos muy grandes, lo que me facilitó la construcción de mi página, porque está compuesto de tiras muy ligeras, y pude añadir una cuarta tira a mi página, que proviene de la página anterior, creando un flujo narrativo. Es casi como una pequeña historia.

También me divertí adoptando el enfoque opuesto a su técnica: por ejemplo, tiene una forma de construir los fondos que parece dibujada con una regla; todo parece perfectamente planeado.

Como es habitual, con una representación muy mecánica, una atmósfera electrónica y robótica. Por el contrario, al observar mi guion gráfico, mi ambientación es esponjosa, orgánica. En lugar de una nave espacial, es como si mis personajes evolucionaran dentro de un organismo vivo; no hay líneas rectas. En casa de Gillon, uno pensaría que está en una torre de control. En la mía, todo es suave, las paredes flotan, la luz fluye, es un universo pegajoso. A pesar de estos pequeños ajustes en la puesta en escena, en general me mantuve muy fiel a los ángulos de cámara, reproduciendo esta escena particularmente metafórica, con esta mujer inclinada sobre este hombre inconsciente y desnudo.


LEER
Variaciones
Blutch
publicado por Dargaud,
64 páginas, 29,99 €

En Variaciones, reinterpretando al estilo de un músico de jazz 30 láminas de Cómics de Rellos y Voossens, incluyendo Astérix. Solo cómics franceses, belgas e italianos. En definitiva, este libro de 30 x 40 cm no es un homenaje, sino más bien la revelación de una pasión ligeramente nostálgica por el dibujo y la narración que sólo pide una cosa: ser compartida.


Blutch, página de Variaciones, publicado por Dargaud, 2017.



Les Cahiers de la BD Nº1 Oct. → Dic. 17

miércoles, 14 de enero de 2026

IKKYU HISASHI SAKAGUCHI GLÉNAT



Parece que el manga está en nuestro país condenado a ser identificado con argumentos hiperviolentos, personajes de cabezas superlativas o pechos titánicos y con una especie de infantilismo mal curado que acabaría resolviéndose en fascismos varios e idiocia extrema. Sin negar que mucho hay de todo eso en el material que llega a los kioscos (por no hablar de la mayor parte de los productos miméticos que surgen del fandom más profundo), empieza a hacerse imprescindible una campaña de desagravio para con un medio del que apenas nos ha sido desvelada la mínima (aunque muy ruidosa, sí) punta del iceberg. Hay en Japón, que nadie lo dude, obras y autores poco amigos del fuego de artificio y el consolador de fantasía, incluso dentro de eso que puede calificarse como mainstream (si bien por allí no están tan claras las divisiones, y algunas de las mejores y más rompedoras obras se publican en multitudinarias revistas de género). No es este lar ni momento para extendernos en una lista de nombres y títulos que, por otra parte, aún no acabamos de completar, pero sirvan las siguientes líneas en torno a la edición francesa de AKKANBE IKKYU como reflexión sobre un medio del que aún lo ignoramos casi todo, pese a quien pese. 

Aparecida en Japón entre los años 1993 y 1995, esta biografía del muy célebre (parece) monje budista Ikkyu constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de que también por allí se hace una Historieta meditada y compleja. De la mano del excelente narrador que fue Hisashi Sakaguchi conocemos la vida del niño Shûken, que ingresará en un monasterio budista para convertirse en el joven Shójun, que a su vez recibirá de uno de sus maestros el nombre ya definitivo que sirve de título a la excelente edición francesa. El tono del relato es intimista y cercano, el peso siempre del lado de los personajes: sus conversaciones, sus gestos más pequeños. Sin perder de vista, por supuesto, la minuciosa reconstrucción histórica (que, pese a su importancia, nunca ocupa un primer término: ahí está siempre, como telón de fondo, sin interferir la narración, sin desvirtuar con una indigestión de documentación la dimensión puramente lúdica de la obra). Resulta curioso comprobar cómo el autor va dosificando los datos imprescindibles sobre la época (política, situación económica, relaciones con China, idiosincrasia de los diferentes templos...), bien merced a breves textos impersonales o a través de las conversaciones casuales de los campesinos o los propios monjes, pero siempre de manera que la información se integre en la historia en el momento adecuado, nunca antes o después, y nunca de manera artificial.

En lo plástico, el talento de Sakaguchi brilla con todo su esplendor en esta obra: la línea delicada y nerviosa, el trabajo de tramas, la mancha crispada y compleja.... El realismo estilizado del dibujo tradicional japonés (el delicioso costumbrismo, la poesía del paisaje, la composición elegantísima) se da la mano con el lenguaje del manga (Historieta, al fin) en un trabajo de maneras clasicistas que aprovecha hasta el último resquicio las posibilidades expresivas de la narración gráfica. (Por supuesto, las convenciones se nos siguen antojando, a veces, ajenas: el tratamiento del tiempo, la verticalidad de la puesta, un cierto hieratismo difícilmente asimilable por nuestra cultura visual. Y, sin embargo, resulta sorprendente lo cerca que las páginas de IKKYU están de los mejores trabajos de Hermann, por ejemplo. Por la fluidez del montaje, por la extraordinaria sensación de libertad formal que cada plancha respira.)



Hisashi Sakaguchi nació en Tokio en 1946. A los 17 años ingresó en los Estudios Mushi, donde trabajó para el gran Osamu Tezuka (el maestro de maestros, lamentablemente inédito en nuestro país) en series como TETSUWAN ATOM O JUNGLE TAITEl. En 1969 dejó la animación para dedicarse a tiempo completo a la ilustración y la Historieta. En 1984 comienza a seriar en la revista MONTHLY COMIC TOM su primera gran obra, ISHI NO HANA, (más de 1.400 páginas), sobre un partisano que lucha en la vieja Yugoslavia contra la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial.

Luego vino VERSION (cuyo primer tomo ha aparecido serializado en formato comic-book de mano de Glénat-España), una compleja aventura de ficción científica con la inteligencia artificial como telón de fondo. Por fin, entre 1993 y 1995 aparecen las distintas entregas de AKKANBE IKKYU, la que muchos consideran su obra maestra, de la que Glénat-Francia ha publicado hasta ahora dos espléndidos volúmenes (a los que habría que reprochar únicamente la rotulación de determinados textos de apoyo, ilegible, en el primero; el error se subsanó para el segundo, señal de que alguien se fija y hasta piensa. Allí, al menos). Sakaguchi murió de un problema cardíaco el 22 de diciembre de 1995, en lo más alto y fructífero de su carrera y de sus capacidades artísticas. Resulta lamentable que en nuestro país únicamente conozcamos una mínima parte de su obra. Su ausencia nos hace, sin duda, más pobres.

Francisco Naranjo


U, el hijo de Urich #3 Abril 1997