miércoles, 27 de mayo de 2020

Castillo de naipes

Cuatro amigos. Un secreto y varias mentiras. Una agencia de investigación… Piezas de un absorbente puzzle de temática criminal

JOSÉ LUIS VIDAL
18 Mayo, 2020

Para los amantes de los relatos noir, novela negra, sería un auténtico shock si al principio de su lectura se encontraran, de golpe y porrazo, con que personajes tan emblemáticos de este género, detectives, murieran en las primeras páginas. Sam Spade, Philip Marlowe, Mike Hammer morderían el polvo sin poder hincarle el diente a un nuevo caso que se abría ante ellos…

Máxima discreción
Guion: Andreu Martín
Dibujo: Alfonso López
Tomo con solapas
112 págs.
Color
15 euros
Panini – Evolution Comics

Pues precisamente la trama de Máxima discreción se abre así. En medio de un hogar español de lo más normal, la familia de Daniel, el detective en cuestión, se prepara para pasar una tarde de cine. Y sin previo aviso se inicia el drama. Una pieza de dominó que empujará a las otras, en una caída imposible de controlar.

El remordimiento es la piedra más pesada que puede soportar una persona, y en el caso de Antonio, uno de los amigos más cercanos, será su vía de escape, una manera de pedir perdón, ahora que ya es demasiado tarde para él y todos.

Y con todos me refiero a sus socios en la exitosa empresa de importación ABCSA, Bernardo y Carlos que, como perros acorralados, se van a revolver, intentando encontrar una solución al problema que ellos mismos han creado ocultando un secreto que puede acabar con todos los sueños de grandeza del trío de, hasta entonces, amigos.

El reloj corre en su contra y la desconfianza hará que la tragedia se amplíe, salpicando a todas las piezas de este oscuro juego.

Y será precisamente uno de los peones sobre el tablero, Gloria, la viuda de Daniel, la que tenga que calzarse una imaginaria y bisoña gabardina de detective, tirando de valor y algo de suerte, acompañada por Fanny, policía con la que tiene alguna cosa en común, tal vez demasiadas e intentar averiguar qué hay tras la muerte de su marido. Un frágil castillo de naipes que se derrumba por momentos y amenaza con enterrarlos a todos.
Hablar de Andreu Martín, para mí como lector, es dirigir la mirada hacia la estantería de mi biblioteca donde atesoro gran parte de su obra como escritor, como uno de los 'padres' de la novela negra, criminal en nuestro país, cosa que no voy a descubrir a estas alturas, claro está.

Aquí ha construido una trama que funciona a la perfección, como un reloj suizo recién comprado, y que nos habla de temas muy actuales, que por desgracia no pasan de moda. La ambición, el ansia por acumular riqueza a costa de lo ilegal. Los secretos, los grandes y los pequeños, los de andar por casa. Ambos igual de reprochables, y peligrosos.

Junto a Martín, Alfonso López, un dibujante con una larguísima trayectoria, una profunda convicción social que ha reflejado en muchas de sus obras. En esta, su trazo se vuelve rápido, muy suelto, como la velocidad a la que se desarrolla la absorbente trama, transformando metafóricamente en ocasiones a sus personajes en lo que son en el fondo, lobos atrapados en su propia trampa, un cepo del que no van a poder escapar.


Malaga Hoy


Diario dibujado de un genio maldito

Se edita en español ‘Pompeo’, el testamento artístico de Andrea Pazienza, creador de culto que murió a los 32 años

TOMMASO KOCH
Madrid - 24 MAY 2020


Con 12 años, Andrea Pazienza dibujó su funeral. Retrató los rostros de sus padres, excavados por el dolor. Esbozó un ataúd llevado a hombros, mientras varios cuervos y un buitre lo sobrevolaban. Y añadió un mensaje inequívoco: “Andrea ha muerto”. Aunque, entre la multitud desesperada, también diseñó más de una cara sonriente. Su madre, confusa, le preguntó por qué.

—Mamá, siempre hay alguien que se alegra.

Cuando Giuliana Di Cretico confesó aquel recuerdo al semanario Il Venerdì, en 2013, aseguró que era “un dibujo profético”. En efecto, ayuda a explicar quién fue Andrea Pazienza: ahí están el talento innato, la ironía, la fe en sí mismo o el destino sentenciado. Sin embargo, no hay marco que encierre un retrato completo del artista. Entre otras cosas, porque dedicó su carrera a superar cualquier límite: se mantuvo fiel solo a su canon, mientras demolía todos los demás. “Desbordante”, lo define al teléfono la que fue su esposa, Marina Comandini. Junto con el trabajo artístico, los viajes o la pasión por los animales, ambos compartían el día de nacimiento: 23 de mayo. Ayer sábado, pues, Pazienza hubiera cumplido 64 años. La vida, sin embargo, solo le concedió la mitad. La heroína se lo llevó una noche de junio de 1988. Sus tebeos y su figura crearon un mito, un culto que resiste y se refuerza. Aunque también queda una duda: a saber qué habría hecho Paz con algo más de tiempo.

“Representa una mezcla de genio superior, excesivo, total, con una expresividad verbal, visual y poética de una fuerza sobrenatural”, sostiene César Sánchez, responsable de la editorial Fulgencio Pimentel y difusor de la obra de Pazienza en España. Tras Zanardi y Corre, Zanardi, centrados en su personaje más célebre, un estudiante tan salvaje y violento como libre, publica ahora Pompeo, considerado el testamento artístico del creador. “Andrea era uno de esos casos raros en los que la figura pública coincide mucho con la privada. Le gustaba provocar cada vez más, sin miedo a quien le pudiera juzgar. Arriesgaba siempre, y esta es la obra más importante que haya hecho”, aclara Comandini. Ella estaba ahí cuando su marido la dibujaba y ponía sus “entrañas encima de la mesa”, como dijo una vez. “A Marina”, reza la primera página.

He aquí uno de los últimos trabajos de Pazienza y el único que su madre nunca se atrevió a leer, como relató a Il Venerdì. No es de extrañar: Pompeo puede verse como el diario desnudo de un hombre y sus tormentos. Aunque, como siempre en Pazienza, cada viñeta es un océano donde bucear en busca de más significados. Hay referencias a Maiakovski y Borges, guiños a la vida y la obra de Paz y sus habituales juegos lingüísticos. Todo, en un estilo crudo y sencillo, en blanco y negro, a veces incluso sobre folios cuadriculados. Para Sánchez, Pompeo resuena como una larga y melancólica canción.

“Es un poema, puede recordar el Ulises de Joyce. Son fuegos artificiales de imaginación, y un puñetazo en el estómago. Lo que cuenta, en realidad, es el malestar del artista”, considera Comandini. “Es emblemático”, añade, “que sea muy requerido en el extranjero a pesar de que su complejidad lo hace prácticamente intraducible”. Tanto que el traslado al castellano generó un conflicto entre esposa y editor: finalmente, Pompeo se publica en España con una pegatina que avisa de que “la traducción [de César Palma] no fue aprobada ni revisada” por Comandini, que hoy retiene los derechos sobre la mayoría del legado de su marido. Los dos hermanos de Pazienza, Michele y Mariella, gestionan otra parte.

Doble página de 'Corre, Zanardi', una de las obras de Andrea Pazienza.

“Nunca he pensado en la pasta, al menos mientras dibujaba. Si acaso antes, o después, nunca durante. Quiero decir que al final he hecho siempre lo que me dio la gana”, escribe Paz en Pompeo, que lanzó por entregas en 1985 en la revista Alter alter, hasta que el auge del sida recomendó a los editores apartar aquel material explosivo. A esas alturas, estaba acostumbrado a que su obra sembrara el caos. Finalmente, se publicó en Editori del Grifo, en 1987, un año antes de su muerte.

A la sazón, Pazienza era un gigante. Aunque las sombras empezaban a apagar su existencia deslumbrante. “Era un hombre solar, alegre. Y luego tenía su parte negra del alma, que se puede encontrar en Zanardi. Uno con esa energía no muere a 90 años. De alguna forma, ya preanunciaba malamente su futuro”, afirma Comandini.

Nacido en San Benedetto del Tronto, en el centro de Italia, en 1956, hijo de dos profesores, su madre contaba que se estrenó con 18 meses, dibujando un oso. De niño prodigio, quemó las etapas hasta artista celebrado: todavía adolescente, ya exponía en una galería, y a los 21 publicó su debut en el cómic, Las extraordinarias aventuras de Pentothal. “Empezó como pintor, pero se dio cuenta de que no quería que su obra terminara en el salón de un dentista”, explica Comandini. El tebeo le ofrecía un vehículo más libre para sus ideas. Y Pazienza las volcó sobre la realidad a la que se había mudado, una Bolonia convulsa por los choques entre estudiantes y policía y la muerte del joven Francesco Lorusso en las protestas, en 1977.

La apuesta por el cómic y por la izquierda le costó conflictos con su padre. Y le alejó de una universidad que nunca terminó. Pero, a cambio, le abrió el camino hacia el triunfo: protagonizó revistas que revolucionaron el cómic italiano y europeo, de Frigidaire a Il male, y creó a Zanardi, álter ego tan rebelde que en una viñeta hasta masacraba a su autor. Se convirtió, así, en el cantor de una generación atrapada entre el nihilismo y la utopía. Daba clases de ilustración, pintaba, realizaba dibujos animados, diseñó el cartel de La ciudad de las mujeres para Fellini. En sus últimos días, fantaseaba con rodar una película. Aunque el cine terminaría homenajeándole en 2002, con Paz!, de Renato de Maria. “Es el Caravaggio de nuestros días”, afirmó Milo Manara. “Soy el mejor dibujante vivo”, escribió él. Quizás la enésima provocación. O una constatación sincera.

“Me considero buena en lo mío. Él, sin embargo, era otra cosa: yo podría haber sido incluso Frida Kahlo, pero Andrea era Picasso”, recuerda Comandini. La mujer lleva tres décadas cuidando la memoria de Paz, aunque la herencia de tamaño personaje también tiene un coste: entre muestras y nuevas ediciones, a Comandini le resulta más difícil centrarse en sus propios dibujos. “Hemos compartido un viaje increíble. Pero me he impuesto una disciplina durante 30 años para no pensar demasiado en él, para defenderme”, reconoce.

Los lápices de Pazienza repelían y escandalizaban, asombraban y enamoraban. Una vez retrató al papa Juan Pablo II mirando al cielo con un cóctel y soltando: “Imagínate si existiera de verdad”. Diseñó incestos, violaciones y asesinatos, pero también poesía, risas y esperanzas. Y vivía como dibujaba: podía marcharse al bosque con arco y flechas, anunciando que iba a cazar jabalíes. Aunque siempre volvía con las manos vacías. Y también se entregaba a fondo con sus amigos, incluso económicamente. “Nuestra casa parecía la corte de los milagros”, se ríe Comandini.

Habitaban en Montepulciano, en la Toscana. Y confiaban en que, tal vez, el campo curaría las toxinas de la ciudad. Para entonces, el artista había vivido tanto que le apodaban “el viejo Paz”. Y eso que tenía 29 años. “Andrea sintió una gran pasión por la heroína y en esa época se puso de moda. Te aisla, no necesitas a nadie ni nada: al principio es todo bonito; después, terrible. Él se arriesgó muchas veces con la droga, intentó incluso suicidarse. Y, en cambio, le sucedió en una noche cualquiera. No te puedes descuidar, y él murió así. La heroína lo cogió de rebote, como la última bala de una guerra ya terminada”, defiende Comandini. Paz siempre vivió adelantado. Tal vez por eso también llegó antes al epílogo.



Andrea Pazienza, en una imagen sin datar. ISABELLA DAMIANI


El Pais

martes, 26 de mayo de 2020

Guía insólita de Nueva York

Una Gran Manzana inesperada, a veces desaparecida, y poco trillada se despliega en el cómic 'Barrios, bloques y basura', de Julia Wertz

El teatro Earl del Bronx tal como era en 1941 y, a la derecha, hoy convertido en restaurante. JULIA WERTZ

ANATXU ZABALBEASCOA
26 MAY 2020

En Manhattan hay una estación de tren fantasma. Está en el sur de la isla, junto al Ayuntamiento. Fue construida en 1904 y se cerró en 1945. Desde entonces, uno puede verla si, viajando en la línea 6, no desciende en la última parada (Brooklyn Bridge-City Hall) y permanece en el vagón mientras el tren da la vuelta. “No está recomendado llegar hasta allí explorando las vías porque hay que ser gilipollas para caminar por las vías de un metro en funcionamiento”. La que habla con una refrescante mezcla de asombro y desparpajo es Julia Wertz, una inquieta ilustradora de San Francisco, de 38 años, que vivió entre los 24 y los 34 en Nueva York, sin dinero pero con tiempo. Su libro Barrios, bloques y basura (Errata Naturae) es el resultado de los paseos interminables que dio entre su minipiso en la zona de Greenpoint, en Brooklyn, y Central Park pasando por el Soho, Bowery, Greenwich Village, Union Square o el Upper West Side. “Paseando no ahorras tiempo, pero es la mejor manera de vivir la ciudad. También de recordar cuál es tu lugar en ella”.


Cuando Wertz no caminaba 25 kilómetros diarios, se sentaba en su sótano sin baño a dibujar lo que había visto, a anotar las historias sobre los inventos neoyorquinos que había ido descubriendo — el papel higiénico (el estadounidense Joseph Gayetty es reconocido como el creador del papel higiénico moderno disponible comercialmente), la tarjeta de crédito, la ensalada Waldorf, el Bloody Mary o el Señor Patata— o a beber whisky a solas y escribir cómics autobiográficos. Así dibujó Whisky & Nueva York o The Infinite Wait and Other Stories hasta que, con el tiempo, comenzó a vender sus dibujos de la ciudad a la revista New Yorker y a The New York Times. También compuso este libro de ilustraciones que viaja —más a lo hondo que a lo largo— por el pasado y el presente de la Gran Manzana.

La Tercera Avenida de Manhattan, entre las calles 21 y 22, descubre la resistencia de algunos propietarios a vender, lo que obliga a los arquitectos a diseñar rodeándolos. JULIA WERTZ

El singular cómic de Wertz detiene el tiempo, algo parecido a lo que sucede en el bar Fraunces Tavern, en el 54 de Pearl Street, por la zona del Distrito Financiero. Abierto desde 1762, es el más antiguo de Nueva York, muy anterior a la ley seca de 1920, cuando muchos locales servían alcohol de tapadillo u ofrecían “casi cerveza”, rebajada con agua. Eso sí, cuando la prohibición se eliminó, los bares brotaron como setas: hoy hay más de 2.000, incluidos algunos locales clandestinos como The Back Room (102 Norfolk St.) o Attaboy (134 Eldridge St.), al que se accede llamando a la puerta que reza Taylor M&H Alterations.

Importante: este libro no es una guía al uso. No busca lo último en la ciudad, sino más bien lo primero. O lo más extraño. Por eso habla de las barras del McSorley’s —en la calle Siete del East Village — o del Old Town —en la 45 Este, cerca del icónico edificio Flatiron —, que están entre las centenarias y favoritas. Y de Argosy, fundada en 1925, la librería independiente más antigua de la ciudad —en la calle 59 Este — o McNally Jackson, que imprime sus propios libros — ; 52 Prince St.—. Dos visitas obligadas para lectores independientes. ¿Qué será eso? Los que no buscan novedades. El mismo repaso que da a estaciones, bares y librerías, Wertz lo aplica a quioscos, cines, teatros, panaderías, farmacias y hasta vertederos: la intrépida ilustradora incluso cuenta cómo llegar al cementerio de barcos de Staten Island.


Barrios, bloques y basura no está construido solo con fachadas y nostalgia. Recoge la transformación de los rótulos y los carritos que venden pretzels, pero también la de la red de metro o la limpieza de la ciudad: durante casi todo el siglo XIX, hasta que se creó el departamento de limpieza en 1881, Nueva York fue un vertedero. El libro recupera además historias vitales como la de Matt Marello, un músico fan del cine independiente que construyó el catálogo de la mítica tienda Kim’s Video; la de la intrépida periodista Nellie Bly, que se coló en un manicomio para denunciar las sórdidas condiciones de los enfermos y dio la vuelta al mundo en 72 días, o la de Madame Restell, la millonaria abortista de la Quinta Avenida en el siglo XIX. También descubre cuál de los locales de Ray’s Pizza es el original (el de Prince Street). E ilustra la locura de los minipisos; desde el proceso de búsqueda, los altísimos costes y las pésimas condiciones hasta el dibujo de su baño fuera del propio apartamento. Puede que sea el precio a pagar si uno quiere quedarse en Nueva York.


Ilustración de Julia Wertz de la estación fantasma de City Hall, en Nueva York.

Donde Julia Wertz vivió durante una década, en Greenpoint, casi nada ha cambiado en 80 años o… eso parece: los locales de recambios de automóviles han sido sustituidos por panaderías. Antes los comercios de una calle pertenecían a un gremio, hoy reina la diversidad y, seguramente, la precariedad. Por eso lo mejor del libro es que va más allá de lo que sabemos o esperamos. “Hasta que no me puse a dibujar Nueva York como una obsesa no la vi realmente”. Eso que vio es el paseo en el espacio y en el tiempo que cuenta el libro.


El Pais

jueves, 21 de mayo de 2020

Toda la rabia en un dibujo

LA ILUSTRADORA ESPAÑOLA ANA JUAN FIRMA LA PORTADA HOMENAJE DE LA REVISTA THE NEW YORKER' A LAS VÍCTIMAS DEL ATENTADO AL SEMANARIO SATÍRICO 'CHARLIE HEBDO'


ANA MARCOS, Madrid

El pasado miércoles, Ana Juan (Valencia, 1961) recibió un mensaje de la editora gráfica de la revista The New Yorker. Nada fuera de lo normal después de 20 años de relación laboral. Cuando la ilustradora española leyó el contenido de la petición sintió dolor, pero aceptó el encargo. Todos los colaboradores de la publicación tenían que mandar ese mismo día ideas para realizar un homenaje en la web al semanario satírico Charlie Hebdo después del brutal atentado en París. "No pensé que sería capaz", cuenta al otro lado del teléfono desde Hamburgo. "Me puse a buscar inspiración y envié lo más rápido que pude tres dibujos". Lo que no esperaba la artista es que una de sus ilustraciones se convirtiera en menos de 24 horas en la portada del próximo número, que sale a la venta el 19 de enero.

"Primero montaron Una pregalería de bocetos, pero al director de la revista no le gustó", explica Ana Juan, Premio Nacional de Ilustración en 2010. "Volvieron a contactar para pedirnos trabajos terminados". La ilustradora cogió sus pinceles y remató, in extremis, una de sus ideas iniciales: la torre Eiffel acabada en forma de lápiz. Dos de los conceptos que, desde que se produjo el atentado yihadista en la sede de Charlie Hebdo, se han convertido en los símbolos que artistas, en particular viñetistas, han usado para reivindicar el derecho a la libertad de expresión y rendir homenaje a los 12 fallecidos.

Primero a través de las redes sociales, después en las ediciones impresas y digitales de publicaciones de todo el mundo, autores como Uderzo (creador de Astéfix y Obélix), el argentino Liniers, el historietista Joe Sacco, el humorista político David Pope y los españoles Forges y El Roto, entre otros, han pintado su indignación.

La misma noche del miércoles 7 Ana Juan conoció que su trabajo, Solidante, esa "sencilla imagen muy identificable", sustituía pocas horas antes del cierre de la edición a otra portada ya elegida. El resto del mundo se enteró ayer, cuando The New Yorker adelantó en Internet la ilustración. En pocos minutos, la imagen se convertía en emblema.

La gran repercusión internacional que ha provoca-do su trabajo se percibe en la voz apurada de la artista."No paran de llamarme y de contactar conmigo por Facebook", asegura. Y es ahí, en su cuenta de la red social, donde le empezaron a llegar las primeras reacciones. "No voy a dar explicaciones", aclara la ilustradora en referencia a aquellos comentarios que comparan su torre Eiffel con otras tantas ilustraciones publicadas  durante estos tres días en la Red. "Algunas personas me dicen que ellos mismos o conocidos ya usaron esta idea en su momento. Cuando yo hice la búsqueda no encontré nada parecido", zanja la artista, que ha realizado más de 20 portadas para la publicación estadounidense. "Todo depende de cómo la uses". Ana Juan comenzó a colaborar con The New Yorker a mediados de los noventa. Desde entonces ha firmado primeras tan simbólicas como las que realizó para el primer y décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, sobre la guerra de Irak, o la que ideó tras el paso del huracán Katrina en Nueva Orleans. "Esta ilustración representa mi rabia", dice. Tres días después del tiroteo en París que acabó con la muerte de 12 personas, la artista, conmocionada, sigue sin encontrar explicación a la barbarie: "No va a servir para nada". Ante el dolor y la impotencia y con la desolación de sentir que este tipo de acciones parecen imparables, se recluye en sus dibujos. "Lo único que queda es seguir trabajando".

El Pais, sabado 10 de enero de 2015


LEO TEBEOS (Y ME SIENTO ORGULLOSO)

 EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 30 DE ABRIL DE 1999



CADA AÑO HAY MÁS ADICTOS A LOS TEBEOS. Y MÁS DIBUJANTES, MÁS FERIAS DEL CÓMIC, MÁS (Y MEJORES) PUBLICACIONES. LA XVII EDICIÓN DEL SALÓ DE BARCELONA ES LA MEJOR OCASIÓN DE ENCONTRAR VIEJOS Y NUEVOS AMIGOS Y DISFRUTAR DEL PANORAMA ARTÍSTICO Y EDITORIAL MÁS ESTIMULANTE DE LOS ÚLTIMOS AÑOS. LA HISTORIETA ESPAÑOLA RENACE.

TEXTO: DAVIDMUÑOZ


LOS TRES SE DIBUJAN CON GAFAS, Y DOS DE ELLOS CON PERILLA. NO, NO SON CLÓNICOS, PERO LOS TRES ASPIRAN AL PREMIO AL AUTOR REVELACIÓN DEL XVII SALÓ INTERNACIONAL DEL CÓMIC. RAMÓN F. BACHS, JAVIER RODRÍGUEZ Y SERGIO CÓRDOBA (DE ARRIBA ABAJO) HAN DESCRITO PARA TENTACIONES, EN EL LENGUAJE QUE MEJOR CONOCEN SU PROPIA TRAYECTORIA, REMATADA CON UN PREMIO IMAGINARIO. FINAL FELIZ.


RAMÓN F. BACHS. Santa Colonia de Gramenet (Barcelona). 1973. Estudió ilustración, dibujo y diseño durante cinco años en una escuela privada. Sólo se ha presentado a un concurso en su vida, y lo ganó: Premio de Guión en el Concurso de Cómic de Cornelia. Ha publicado en la editorial Planeta Yinn', 'Satura babe' y 'Manticore'). 'Castor y Pollux' en Dude.

JAVIER RODRÍGUEZ. Oviedo. 1972. Estudió artes y oficios, especializaron en diseño gráfico. Su 'best seller' es una publicación que hizo dentro de una campaña de prevención contra el alcohol en los institutos de Gijón. Le acusaron de incitar a la drogadicción y la pornografía. Los 20.000 ejemplares de tirada se agotaron en una semana. Ha publicado en Under Comic y en 'El víbora'. Ha hecho portadas de discos para RCA y Virgin. Ha colaborado con EL PAÍS.

SERGIO CÓRDOBA Benidorm (Alicante). 1972. Actualmente estudia Bellas Artes. Su primera y única publicación, 'Freaks in love' (Subterfuge comix), le ha convertido en aspirante, no sólo al premio revelación del Saló, sino también al premio al mejor guión.

Desde su nacimiento en 1981, el Saló Internacional del Cómic de Barcelona ha sido el indiscutible punto de encuentro de todos los aficionados a las viñetas. Un heterogéneo y multitudinario grupo formado por editores, autores, fanzineros y, por supuesto, lectores, confluye año tras año en la Ciudad Condal, verdadera "capital de los tebeos", dispuesto a pasarlo bien y a demostrar que la historieta sigue gozando de buena salud y, que pese a la tantas veces comentada crisis del cómic, las viñetas no tienen ni mucho menos los días contados.

Lo cierto es que paseando por la bulliciosa Estación de Francia, sede del Saló desde hace ya cinco años, resulta difícil creer que la industria del cómic española no esté pasando por uno de sus momentos más boyantes.

Según la organización, nada menos que 85.000 aficionados acudieron al Saló del año pasado dispuestos a disfrutar de un certamen que, además de ser un gigantesco mercado (ocupa 6.500 metros cuadrados), en el que es posible encontrar prácticamente de todo -desde tebeos de los años cuarenta a exóticas muestras de mercaderías niponas-, contribuye a la divulgación del cómic mediante la celebración de varias exposiciones y decenas de mesas redondas.

Además, allí se otorgan los únicos premios con una cierta repercusión más allá del propio mundillo: el Gran Premio del Saló, el premio Josep Toutain al autor revelación, el que se otorga a mejor obra (nacional y extranjera), el premio al mejor guión y desde hace algunos años, también se premia el mejor fanzine.

Es muy posible que jamás haya existido un momento tan bueno como este para aficionarse a los tebeos. La cantidad de ediciones de cómics de todos los géneros está en el momento más álgido de la década. Si en los ochenta se vivió un boom, y en los noventa el cómic perdió fuelle a causa del cierre de numerosas publicaciones, hoy se puede decir, a pesar de la ausencia de datos oficiales sobre ventas, que la producción editorial entrará con buen pie en el próximo siglo.

Pero la oferta existente en el Saló, que este año se celebra del 6 al 9 de mayo, es tan amplia que puede resultar abrumadora para los neófitos. Desde hace más de una década los números uno son los superhéroes norteamericanos, liderados por los cómics de la editorial Marvel (Spiderman, Los Cuatro Fantásticos, etcétera), que publica Planeta. Muy de cerca, en cuanto a ventas y a popularidad, les siguen algunas series de manga (cómic japonés), como la enésima reedición de la mítica Dragonball (Planeta). También tienen su tirón los tebeos de Vértigo, el subsello de DC dedicado al terror sobrenatural que edita en España Norma Editorial, con series como Sandman o Predicador.
Hay que destacar el auge editorial de los cómics independientes, un término ambiguo que suele definir historietas publicadas por pequeños editores y destinadas a un público más adulto. Entre sus títulos estrella, Sonámbulo (La Factoría de Ideas), Odio, la serie de género negro Balas perdidas, Juego de manos (todas de La Cúpula) o Bone (Dude).

Respecto al material que nos llega de Europa, aunque con cuentagotas, Norma Editorial sigue editando con una cierta regularidad álbumes de autores como Jacques Tardi o Milo Manara.

PRODUCTOS DE LA TIERRA

En cuanto a los cómics de aquí, la oferta incluye revistas de sexo, risas y violencia como El víbora (la decana del cómic adulto español, con más de 200 números publicados); antologías de gran calidad en formato libro como Nosotros somos los muertos; salvajadas gore como las que edita Subterfuge Comix; colecciones destinadas a dar a conocer nuevos autores como Flor de un día, de Under Cómic; media docena de revistas teóricas especializadas, y primos lejanos de los supertipos yanquis como los de la línea Laberinto de Planeta.

Sobra talento y no paran de surgir historietistas. De hecho, cualquiera de los tres nominados a mejor autor de este año, Ramón F. Bachs, Javier Rodríguez y Sergio Córdoba, merece de sobra hacerse con el premio, pero igualmente podrían haberse añadido a la lista otra media docena de nombres de similar interés.

Lo cierto es que el mercado del cómic está en uno de sus mejores momentos en cuanto a la oferta a la que puede acceder el público. Aunque los autores españoles, sobre todo los más jóvenes, no vivan su mejor momento (es más barato comprar los derechos de edición de un extranjero conocido que arriesgar por un autóctono novel), el mundo editorial tiene una oferta amplia: hay tebeos gays y heterosexuales, vacuos y pretenciosos, simplones y retorcidos, castos y pornográficos, para hombres y para mujeres, para frikis acérrimos y para lectores ocasionales. Vaya, que el que no encuentra un tebeo a su gusto es porque no quiere.

Lo que no falta es variedad. Por eso lo mejor para conocer lo que se cuece en este mundillo es zambullirse en el mar de viñetas que colapsan los más de 150 stands del Saló. Y así, parafraseando una de las letras del músico James Brown, "l'm black and l'm proud" (soy negro y me siento orgulloso), poder decir al final del día: "Leo cómics y me siento orgulloso". A disfrutar.



VIDA MOSTRENCA: La identidad sexual es un dibujo animado

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 17 DE NOVIEMBRE DE 2000

Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti

1 Robert Crumb, padre del gato Fritz, declaraba en una entrevista que, en su adolescencia, solía masturbarse pensando en la imagen de Bugs Bunny travestido. El conejo de la suerte se vistió de mujer en 37 de los 168 cortos que protagonizó entre 1940 y 1964. En otros 28 cortos, Bugs besaba —casi siempre en la boca- a otros personajes masculinos sin necesidad de travestirse: eran besos envenenados, actos de agresión en el frenético juego de humillaciones desencadenado contra sus intercambiables oponentes. Bugs sólo besó a personajes femeninos en cuatro ocasiones. En dos de ellas, su objeto de deseo no era una hembra, sino su réplica mecánica: un robot y un señuelo de caza.

Según Kevin S. Sandler, editor del libro colectivo Reading the Rabbit. Explorations in Warner Bros. Animation, no hay que ver nada transgresor en esos festivos juegos con el concepto del género: al modo de clásicas comedias sobre el travestismo como La novia era él, el equívoco servía para ridiculizar al género femenino, reafirmando, así, el orden heterosexual establecido. Permítanme disentir: adoptando algunos recursos cómicos ya explotados por Chaplin -el travestismo, el beso "homo" entendido como desafío al contrincante-, los animadores de la Warner crearon con Bugs Bunny el esbozo de una sexualidad futura. Sin límites. Piénsenlo por un momento: para Bugs Bunny, la sexualidad es un arma arrojadiza, un instrumento de humillación, un medio para lograr fines. Bugs Bunny es Catherine Tramell. O Nuria Bermúdez. Además, la identidad sexual de Bugs es líquida: una convención puntual en un momento concreto, como el alias que adoptamos en algún tórrido chat. Bugs Bunny es el ancestro de esa transexualidad virtual que invade la Red. Y en los momentos de placer, Bugs prefiere el simulacro: la muñeca mecánica, esbozo de la hinchable, premonición de las Real Dolls.

Volvamos a Katharine Gates, nuestra consejera sexual de la semana pasada. En su libro Deviant Desires nos habla de una interesante subcultura fundamentada en la sexualización radical de un icono infantil: son los flurverts, evolución pervertida de los furries. La cultura furry está integrada por todos aquellos entusiastas de los animales antropomórficos que pueblan el imaginario de los dibujos animados. En ocasiones, algunos furries -denominados fursuiters— se construyen a mano sus disfraces, forjando un álter ego animal vagamente parecido a una mascota deportiva o una criatura extirpada de la figuración de un parque temático. Los furverts son los furries que utilizan este tipo de estrategias como fantasía sexual: o sea, gente que se traviste de animal hipersexualizado para fornicar con otra gente travestida de animal hipersexualizado. Una variante zoológica de la cultura drag. Muchos empleados de Disneylandia vestidos de Mickey, Minnie o Goofy son furverts que han encontrado su particular edén lúbrico-laboral.

3 ¿Es un pervertido todo aquel que se excita viendo dibujos animados? El joven Crumb se tocaba pensando en Bugs Bunny. A los chicos de Wayne's world —como a un servidor— les ponía Betty Mármol. Reduzcan por un momento los dibujos animados a su esencia: colores hipnóticos, mensajes elementales, formas voluptuosas... Los dibujos animados, amigos míos, son puro sexo. La primera pornografía de nuestras vidas.

miércoles, 20 de mayo de 2020

CUARENTONES

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 13 DE MARZO DE 1998

   ¿CALVOS Y AGENTES SECRETOS? MORTADELO Y FILEMÓN 

SON LA PAREJA MÁS FAMOSA Y DURADERA DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA. Y ES QUE SON YA 40 ANOS DE DISFRACES Y DESASTRES. 

TEXTO JOSÉ MARÍA GOICOECHEA ILUSTRACIÓN:FRANCISCO IBÁÑEZ

 


Se pone un poco serio, cosa rara en él cuando conversa, y declara sin pestañear: "Si hay algo en este mundo que me hubiera gustado hacer es dibujar. Cuando cojo la obra de un gran dibujante, se me cae la baba". Y se queda tan tranquilo don Francisco Ibáñez, que nació en Barcelona en 1936, y que dibuja desde hace más de 40 años tiras y más tiras de viñetas. De sus guiones, de sus lápices y de sus interminables horas sentado ante el tablero han nacido criaturas tan estupendas como el botones Sacarino, tan realistas como Pepe Gotera y Otilio, tan impresionantes como Rompetechos o tan míticos como Mortadelo y Filemón.

El aniversario de estos dos agentes de la T.I.A se conmemorará con un álbum especial (sobre la vida privada de Mortadelo y de Filemón: ¡por fin!) y algunas exposiciones. Pero Ibáñez le quita importancia, como a casi todo: "Son muchos, 40 años... pero yo no soy acaparador, me conformaba con 20". Todavía publica seis álbumes al año de la pareja de calvos (ya no dibuja a sus otros personajes) y se deja las manos firmando ejemplares cada vez que hay ocasión: "Esas colas que no consigo terminar nunca". Y es que ha pasado mucho tiempo desde que le pagaran cinco pesetas por una colaboración en la revista Chicos, cuando don Francisco tenía siete años.

LÁPIZ EN MANO
Y de retirarse, ¿qué?: "Pagas la factura de tantos años trabajando en el tablero. Al final, la columna... iba a decir que se resiente: no, está hecha una mierda. El último pinzamiento me tuvo que afectar, con la cantidad de dedos que tenemos, precisamente al de dibujar. Trabajo las mismas horas que antes, pero hago menos. El retiro de los dibujantes llega cuando un día estás trabajando en casa y la familia, de repente, oye un ¡BOOUUM! Ese es el retiro, que significa que la cabeza se te ha caído sobre la mesa y se acabó la cosa". Y se parte de risa y enciende otro cigarrillo, y sigue hablando y ha-blando...
"Antes había más venta de historietas, pero la gente de la calle no imaginaba que detrás de todo esto había un tío sentado y dibujando. Te preguntaban que si tú hacías esas cosas y que si hacías los personajes de uno en uno: sí, señora". Era la época de la editorial Bruguera, años sesenta y setenta. Y sus compañeros de trabajo eran verdaderos artistas, como Raf o Vázquez; u otros algo mayores como Escobar, Conti o Cifré.

Uno de los últimos trabajos de Francisco Ibáñez está dedicado al Mundial de futbol de 1998, siguiendo una tradición, ya larga, de abordar asuntos de actualidad a su manera: Maastrich... ¡Jesús!, Corrupción a mogollón o Expediente J. Aventuras en las que también aparecen secundarios de lujo como el profesor Bacterio o el Súper.

Ibáñez es el dibujante de historietas más conocido, no sólo por que su foto ilustraba antes sus libros, sino porque él mismo se ha colado muchas veces en las viñetas: "Al lector le gusta ver de vez en cuando al autor, sobretodo si está en una situación difícil; además es un recurso para crear otra acción". Y se sigue riendo.

Mortadelo y Filemón (Clever & Smart, en Alemania, donde venden miles de ejemplares desde hace años) son, sin duda, una creación genial. Pero Ibáñez, como no, le quita importancia: "Un personaje lo creas en 10 minutos. Lo que cuesta es mantenerlo durante cientos y miles de páginas". Difícil, sí, pero el calvo de levita negra y el de la pajarita con dos pelos siguen y siguen.

"Cuando los dibujos ya están entregados y el libro hecho, cojo un álbum y lo repaso. Y digo: este tío tiene gracia, algún día llegará a algo". Tal y como van las cosas, este tío parece que continuará intentándolo para "llegara algo". ¿Más?

VIÑETAS DESDE EL INFIERNO

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 29 DE JUNIO DE 2001

 HAY MUCHAS FORMAS DE CONTAR UNA GUERRA COMO LA DE BOSNIA. EL PERIODISTA JOE SACCO ELIGIÓ UNA INSÓLITA: EL TEBEO.




Tener unos Levl's 501. Pero auténticos. Eso es lo que quieren Nudjejma y Sabina. Todo normal si no fueran dos chicas musulmanas en una ciudad rodeada por los paramilitares separatistas serbios, antiguos vecinos que ahora queman sus casas, roban y asesinan a sus familiares. Una imagen impactante. En medio del infierno, su ilusión es lucir unos vaqueros. Joe Sacco, un periodista estadounidense que viajó a la ciudad sitiada de Gorazde (57.000 habitantes), quedó tan impresionado por este detalle que decidió incluirlo en el relato de su experiencia como corresponsal. Pero Joe Sacco (Malta, 1960) no escribió una crónica. Tras recoger centenares de testimonios durante casi cinco meses, volvió a casa y dibujó un tebeo.

Gorazde: zona protegida. La guerra en Bosnia Oriental. 1992-1995 no es sólo un recuento de horrores. Es la historia de unas personas que vieron cómo la Historia -con mayúsculas- irrumpió en sus casas y arrasó con todo. A través de ellos, Sacco desovilla la tragedia. Pero, ¿qué diferencia a Gorazde de tantos noticiarios, fotografías y reportajes que hemos visto en la última década sobre los conflictos de Yugoslavia? Pues que Sacco encuentra el medio adecuado para transportarnos a un mundo de vidas en ruinas. Las fotos captan ambientes con fuerza, pero difícilmente cuentan historias complejas. Los reportajes se apoyan en dos o tres imágenes, mientras que Sacco ofrece información visual a raudales en 230 páginas de viñetas. Y en cuanto a los telediarios, poco se puede decir en dos minutos.

Gorazde es un cómic pacifista, pero su preocupación por unas personas concretas, con todas sus miserias y grandezas, provoca un resultado distinto del habitual cuando se piensa en cultura comprometida. Al empezar la guerra alguien escribió Wellcome to hell (Bienvenidos al infierno) en un muro de una calle de Sarajevo que luego sería rebautizada como la avenida de los Francotiradores. Y mientras los intelectuales de Occidente organizaban actos de solidaridad con la capital, se olvidaban de ciudades asediadas como Srebrenica y Gorazde. La primera terminó arrasada por los paramilitares serbios, con cientos de musulmanes enterrados en fosas comunes. La segunda estuvo a punto de ser entregada a los chetniks durante las negociaciones de paz. Si el vestíbulo del infierno estaba en Sarajevo, las calderas llameantes se encontraban en Gorazde.
 Andrés Padilla

Gorazde: zona protegida. Joe Sacco. Planeta-DeAgostini. 238 páginas. 2.995 pesetas.

DIBUJOS BÉLICOS

 No esperó a que ningún editor se decidiera a publicarla. Tras dibujar 'Nosotros somos los muertos', una historieta de 10 páginas en terrible blanco y negro que denunciaba la impasibilidad de la Europa Occidental ante el conflicto bélico de los Balcanes, el dibujante Max no vaciló en editarla en 1993. Le bastó un 'fanzine' de edición simple y seca como el grito que realizaba el autor ante lo que consideraba una banalización de la guerra. "Nosotros somos los muertos, pero el dolor y la ira no se van con nosotros. ¡No!, se quedan con ustedes. Con ustedes que no han hecho nada por impedirlo", denunciaba ante la opinión pública europea uno de los personajes. Esta obra fue reeditada por Ediciones La Cúpula en el álbum recopilatorio 'Como perros!'.

La Bosnia en llamas, la Sarajevo de los francotiradores, inspiraron dos historias en viñetas, ambas realizadas por autores de renombrada trayectoria: 'Fax from Sarajevo', del estadounidense Joe Kubert, y 'Sarajevo-Tango', del belga Hermann, publicadas por Planeta-DeAgostini. Aun-que la mirada de Kubert rozaba un cierto maniqueísmo que la perspectiva europea más escéptica de Hermann corregía, en el trasfondo de las dos obras se encontraba un mismo personaje real: Ervin Rustemagic, el agente artístico de ambos en Yugoslavia. Rustemagic vivió toda una odisea para sacar a su mujer y a sus dos hijos del país y llevarlos a una zona neutral. La personificación de la historia fue una buena manera de narrar la terrible experiencia que vivieron miles de personas.  JAUME VIDAL





VIDA MOSTRENCA: Perversiones a todo color

EL PAIS DE LAS TENTACIONES
Viernes 10 de Noviembre de 2000

Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti



El Congreso de Estados Unidos quiere promulgar una ley que declare ilegales los globos de látex. O sea, los globitos de colores de toda la vida, responsables, al parecer, de un elevado índice de mortandad infantil al ser ingeridos en fase de reposo. La noticia, en principio, no parece tener más importancia que la de ser una muestra más de esa tendencia imperial -y, a la larga, universal- de detectar potenciales e inéditas formas de peligro en lo cotidiano. Pero la futura ley es algo más: una estocada de muerte a una de las más inocuas, singulares y complejas subculturas sexuales de nuestro tiempo, la de los fetichistas de los globos, también conocidos como looners, balloonists o balloonatics.

Los balloonatics ocupan uno de los capítulos del extraordinario libro Deviant desires. Incredibly strange sex, de Katharine Gates (Juno Books). Empeñada en censar todas aquellas subculturas sexuales de nuevo cuño que han vivido su expansión gracias a Internet, la autora demuestra que quizá no haya en el mundo objeto que no sea potencialmente erotizable. O, dicho de otro modo, lo trivial para la mayoría puede ser orgásmico para una selecta minoría. La textura y el olor de los globos son los primeros estímulos sexuales que utilizan los balloonatics para calentar motores: son dos sensaciones que les retrotraen a una infancia arcádica en la que los estímulos básicos eran más intensos y la idea de culpa todavía no había hecho su aparición. Esencialmente, los balloonatics necesitan (o prefieren) la compañía de un globo para alcanzar el orgasmo. Más allá de esta premisa, los balloonatics pueden ser tan distintos entre sí como los heteros o los gay. Existen, no obstante, dos subgrupos diferenciados: los poppers y los non poppers.

Estos últimos consideran al globo casi como un sustituto del compañero sentimental: tras frotarse contra él o penetrarlo de alguna inventiva forma, proceden a desinflarlo, con mimo y cariño, hasta su próxima sesión de desahogo sexual. Para los poppers -o sea, los que alcanzan el éxtasis al hacer estallar los globos-, los non poppers son un subgrupo inmaduro al que suelen convertir en objeto de chanzas y burlas.

Para algunos balloonatics, el globo hinchado es una reminiscencia del seno materno. Para otros, puede ser un pene hiperbólico y flexible: no obstante, el globo nunca es utilizado como sustituto del consolador, porque su estallido en el recto o en la vagina podría ser peligroso. Algunas parejas de balloonatics disfrutan haciendo el amor colocando globos hinchados entre sus cuerpos. Pero, por lo general, a esta subespecie de fetichistas les resulta difícil encontrar una pareja que comparta su singular afición. Y ahí surgen los problemas morales que suelen discutir en sus chats: ¿puede considerar se infidelidad jugar con globos con alguien que no sea tu pareja, aunque no haya penetración ni sexo explícito en el encuentro?, ¿puede considerarse acoso sexual pedirle a una dependienta que hinche un globo delante de ti, aunque ella ignore el componente erótico de la propuesta?

Lo que podríamos llamar el globismo es un fetichismo reciente: los globos de látex se inventaron en los años veinte y no se popularizaron hasta los años cincuenta. Por eso, la mayoría de los balloonatics son veinteañeros o treintañeros: el globismo, como subraya Gates, es una modalidad sexual propia de los babyboomers y miembros de la Generación X. ¿Se sienten ustedes con ánimo de inaugurar la perversión sexual capaz de definir a la generación del "España va bien"?





martes, 19 de mayo de 2020

PERSONAJES DEL OJO DE MELKART

Retomamos los personajes del Ojo de Melkart; aqui Raf Dal

MARVEL HEROES: HULKA por John Byrne, Kim DeMulder y Petra Scotese

Portadas de Marvel Héroes números 36, 37 y 38 dibujadas por John Byrne y Sempere




El ser más odiado de la galaxia

El Pais de las Tentaciones
Viernes 3 de Noviembre de 2000

Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti

Según Chris Gore, uno de los mejores críticos de cine que se encuentran ahora mismo en la Red -www.filmthreat.com—, el estreno de La guerra de las galaxias, en 1976, fue el Vietnam de la generación que hoy cuenta con treinta y tantos años. Cuando Gore dice Vietnam, en realidad está diciendo "gran acontecimiento cohesionador generacional". O sea, lo que puede convertir a cualquiera en camarada de un completo extraño. Jeff Cioletti, director de Millennlum's end: The fanthom menace, documental definitivo sobre el culto a la saga galáctica, le secunda: "Somos una generación muy afortunada por no haber vivido una guerra que nos robara la juventud como les ocurrió a nuestros padres y abuelos. Algo tan horrible como la guerra creó para ellos un vínculo cultural unificador. El fenómeno star wars demuestra que ese tipo de vínculos se pueden formar también bajo circunstancias felices". Maticemos: si uno no es serbio, croata, hutu, tutsi, palestino, israelí o de cualquier otra colectividad recién azotada por vientos de guerra, el fenómeno star wars puede ser su "gran acontecimiento cohesionador generacional", su Vietnam blando para unos tiempos blandos, su colectiva catarsis digital (o sea, inmaterial y, por tanto, sucedánea de una catarsis espiritual). Para los que vivimos en esta Disneylandia del alma que es el Occidente en paz, La guerra de las galaxias es, efectivamente, nuestro Vietnam: nuestro código para entender disfuncionalmente el mundo.

Tal circunstancia nos ha permitido escoger opciones vitales -Han Solo (o sea, sinvergüenza simpático) o caballero jedi (o sea, primo)- y entender de qué iba esto de la vida en la Tierra, pero, hasta hace bien poco, también había eliminado el concepto de odio de nuestro repertorio emocional. La idea del mal concebida originalmente por Lucas y encarnada en la figura de Darth Vader resultó demasiado carismática para ser odiada, aunque el cineasta acabara desvelando que, bajo su yelmo fuliginoso, anidaba un triste calvo con pinta de contable. Por eso, para que su cosmología fuera completa, George Lucas creó a Jar Jar Binks, el ser más odiado de la galaxia.

Se trataba de una solución guiada por la lógica: en un mundo donde, a la hora de generar señas de identidad grupales, la guerra virtual ha sustituido a la real, lo consecuente era que la idea de lo maligno (o lo nocivo) no adoptara una formulación moral (Darth Vader), sino estética (Jar Jar Binks). Mientras la Humanidad entera pensaba que Lucas había metido la pata, Jar Jar Binks estaba irradiando esas infalibles ondas que iban a sumir a toda una generación en un inédito estado anímico: el odio.

De Jar Jar Binks se ha dicho de todo: entre otras cosas, que era la primera lederona digital. El personaje ha inspirado las páginas web más agresivas del fenómeno star wars: en las que figuran, por ejemplo, animaciones que muestran a R2-D2 mordiéndole los testículos. George Lucas ha vuelto a triunfar: el Mal Rollo, en mayúsculas, ha entrado en su universo, por fin, complejo. Pero lo siguiente quizá no figuraba entre sus previsiones: Jar Jar Binks ha generado en el seno del culto a star wars su propia contracultura, propiciando la fermentación de un trash galáctico que acaba de dar su primer fruto. Se trata del corto Jar Jar Binks: The El True Hollywood story, de Leif Einarsson, falso documental, realizado a imagen y semejanza de un popular programa del canal E! Entertainment, que revisa la ascensión y caída del alienígena y su redención a manos de los mismos criticos franceses que reivindicaron a Jerry Lewis y John Ritter.

El objetivo del cortometrajista no puede ser más explícito: "La gente parece odiar a Jar Jar. Si hemos hecho bien nuestro trabajo, habremos creado una nueva y más benévola perspectiva sobre el personaje, haciendo que la gente se sienta mal por odiarlo y acabe amándolo". Amar lo horrendo: esa es la esencia de la cultura basura. Así, Jar Jar Binks, el equivalente galáctico de Támara, ha sido el pináculo que ha rematado la catedralicia construcción del fenómeno star wars: lo que ha elevado el conjunto, dotándolo de sentido, enfrentándolo a su propio infierno estético.




lunes, 18 de mayo de 2020

Los inventos de Meléndez

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES Viernes 9 de junio 1995


No lucirá como Antonio Banderas ni brillará como Victoria Abril, pero en Hollywood se hablará de él. Se llama Francisco Meléndez, es dibujante y Disney ha decidido llevar al cine uno de sus extraños cuentos.

Texto: Luis Martínez


Sus creaciones no tienen nada que ver con el embeleso dulzón de los personajes de Disney. Los suyos son seres de mil dobleces, obsesivos, soñadores impenitentes o inventores de catástrofes. Todos ellos entregados a la conquista casi desesperada de un mundo diferente, distinto de la realidad más apremiante y a años luz del universo bonachón que acostumbra a poblar la literatura infantil. Detrás de este cosmos particular, y disfrazado con los seudónimos de Edmund Wallace, Oskar Keks o Annibal Gobelet, se esconde el autor zaragozano Francisco Meléndez, de 31 años.

Este hombre ha decidido imitar a cualquiera de los seres a los que ha dado vida y se dispone a viajar a un mundo completamente desconocido para él. Uno de sus libros, La verdadera historia del inventor del submarino, ha caído en las manos de Touchstone Pictures, la productora de Disney, y se convertirá en película. Así, a principios del año próximo, los nietos ricos del ratón Mickey animarán las industrias y andanzas de The mermaid and the major (La sirena y el comandante), versión inglesa de La verdadera historia del inventor del submarino.

El protagonista de la historia es el marqués Chevalier de la Tour. Meléndez ha creado un noble muy peculiar que responde también al nombre de Tobías Chimérique y que es capaz de hacerse amputar las piernas por su criado Annibal para implantarse una cola de pescado y acompañar a su amada sirena al fondo del mar. Pero también ha dado vida, en otras obras, a Leopold, que se empecina en imitar a los pájaros en su vuelo con los artefactos más disparatados que imaginar se pueda. Y a Mr. Boisset, que inventa la primera locomotora de vapor con vida propia (la máquina se llama Tomi y es una viajera infatigable a través del más lejano de los orientes: Japón). Y así hasta completar una infinita lista de locos atrapados en su genial demencia.

Un libro en la pantalla
"Imagino que lo que harán estará más cerca de la película Pesadilla antes de Navidad, de Tim Burton, que de La sirenita", sugiere Meléndez. Por lo demás, se muestra confiado sobre el producto final de la adaptación: "No me importa en absoluto que manipulen mi trabajo. He. vendido los derechos a la productora de Disney, Touchstone Pictures, y ellos sabrán lo que hacen".

Alejado de modas y completamente volcado en su particular mundo de personajes ilusos siempre a la busca de algún imposible, Meléndez no oculta su satisfacción (hace ya tres años que empezaron las conversaciones con Touchstone) al ver que sus libros, de ediciones limitadas y muchos ya descatalogados, den el salto al variado e inmenso público de Disneylandia, es decir, al mundo entero. "De todas formas, me preocupan más mis próximos proyectos",concluye el ilustrador con una modestia que se antoja tan irreal como el submarino del noble Chevalier de la Tour.

De la Tour es la estrella que ha interesado a los norteamericanos. Es un tipo inventado capaz de inventarlo todo: una torre para asaltar fortalezas (el musculus), un robot para servir chocolate caliente (el autómata-asistente), una banda de música mecánica sin músicos y un cañón de fuegos artificiales para animar a las tropas en su avance ("infusión aérea de valor a nuestra infantería para momentos de escaso rendimiento bélico").

De la Tour es eso y mucho más: el noble que, una vez acabada la guerra, se retira a estudiar el exoesqueleto de los cangrejos con el propósito de patentar una dieta a base de sopa de crustáceos para endurecer la piel de los soldados; el romántico que conoce a Marie Thérése, la sirena, ninfa marina o nereida que, sin ser inventora, acaba por hacerle descubrir, que no inventar, el amor; el enamorado que para alcanzar su sueño imposible termina por inventar el submarino, un absurdo aparato que no permite besar a las ninfas marinas; el loco que hace que su criado, Annibal Gobelet, le corte las piernas y le trasplante la cola de un enorme pez (¡un sireno!); el marqués ilustrado que decide ser feliz y se casa (¡la sirena y el sireno!); el inquieto inventor que se aburre de los inconvenientes de la vida subacuática (un emperifollado deambular de fiesta en fiesta y de ópera en ópera sin poder hacer burbujas al respirar, ni estudiar a los cangrejos); el genial Tobías Chimérique que después de tanto penar se acaba divorciando; el enamorado agraviado, en definitiva, que sin piernas y con la fortuna perdida no tiene más remedio que exhibirse en las ferias. Él, Chevalier de la Tour, Tobías Chimérique y/o Francisco Meléndez viajará a Hollywood.

Una vida entre inventos
Sin ser tan dramática, la vida de Meléndez, como la de su personaje, también ha discurrido entre inventos. Sus creaciones son los libros. En 1987 llevó a cabo su primera aventura editorial. Dos cuentos de E. T. A. Hoffman (El cascanueces y el rey de los ratones) le sirvieron de argumento para iniciarse en la profesión de ilustrador. Horacio Quiroga, Jonathan Swift y Bernardo Monterde fueron los siguientes autores a los que prestó su pincel.




Dos años después, él mismo se encargó de caligrafiar, maquetar, concebir sus proyectos editoriales y controlar la producción. "Me decidí por redactar mis propias historias porque los textos que me llegaban eran muy malos", dice sin mostrar ningún rubor y haciendo gala del mismo porte aristocrático que De la Tour. La verdadera historia del inventor del submarino, que le valió la medalla de plata en la exposición Los libros más bellos del mundo de Leipzig (Alemania), fue su consagración.

Con posterioridad llegaron media docena de publicaciones, entre las que él destaca tres: Leopold, la conquista del aire, que narra las aventuras del primer e imaginario inventor de un artefacto volador; Kifuko Yep-yep, nami gu, un alocado manual de antropología; y Tomi Kikansha (El tren Tomi), recién terminado, que intenta ser "una introducción a la cultura nipona" con una locomotora oficiando de cicerone. "Mi obra ha sido calificada de barroca, gótica y demasido sofisticada. Yo no me meto en valoraciones. Lo hago así porque me sale y porque es mi trabajo", sentencia.

Acto seguido reconoce que lo copia todo y que recurre a fuentes antiguas en su trabajo: "He aprendido mucho a pie de imprenta del oficio de los que trabajan ahí. Ellos son unos artesanos extra-ordinarios, por su cultura, su buen hacer y sus gustos artísticos. Es a ellos a los que más debo". Sobre los críticos que han catalogado sus creaciones como poco apropiadas para los niños, su contestación es tajante: "El lenguaje que utilizo es natural, incluso bestia, y plagado de arcaísmos. Los dibujos no son suaves. Pero esto no quiere decir que no lo pueda asimilar el público juvenil. La literatura para jóvenes al uso trata a éstos como si fueran tontos, y yo procuro no hacerlo". 


'LA VERDADERA HISTORIA DEL INVENTOR DEL SUBMARINO'
narra las hazañas del noble Chevalier de la Tour; su amada, la sirena Marie Thérése, y su criado, Annibal Gobelet.

Así son estos tres seres:

CHEVALIER DE LA TOUR
"Chevalier de la Tour era lo que suele llamarse un espíritu ilustrado; hombre de eruditas lecturas, y con grandísima habilidad para la ingeniería en sus variadas ramas mecánicas, físicas, químicas, matemáticas y pirobalísticas". [Fragmento de 'La verdadera historia del inventor del submarino']. Por amor inventa lo que sea necesario. Idea el 'ictio-buque', es decir, el submarino, algo de lo que no puede presumir ni el mismísimo profesor Franz de Copenhague (el del TBO). Y es más: por su amada es capaz de amputarse los miembros inferiores e implantarse una cola de pescado. Un hombre excepcional sin duda.

ANNIBAL GOBELET

"Hasta dónde pudiese comprenderlos, no sabría decirlo: pero el bueno de Annibal no carecía de cierto talento natural y, cuando el alférez se lo indicaba, ponía aquí una rueda dentada, allá una polea, un arganeo e, incluso, una arcubalista".

¿Sancho Panza? Quizás. De respuesta rápida, borracho de vez en cuando y práctico, sobre todo práctico, Annibal Gobelet, que así se llama el criado del noble de pájaros en la cabeza, es el escritor del manuscrito gracias al cual tenemos noticia del submarino. Su intención es atraer a un editor para pagar las medicinas que curan el reúma de su amo.

MARIE THERESE

"El rey midió con la vista a su yerno: tenía la mirada fría. Era orgulloso y no le hacía demasiada gracia aquel capricho de su hija. ¡Casarse con un hombre de allá arriba! Pero sabía también que contrariar a Thérese no servía sino para empeorar la situación, de modo que condescendió". Marie Hiérese es una ninfa marina o nereida —sirena es muy vulgar—, una princesa antojadiza amante del ballet acuático y devoradora de cangrejos. Odia, por este orden, los submarinos, los estudios de su fiel esposo (que de amante no se dice nada, tal vez por la operación en las piernas) y las burbujas en la ópera subacuáticas (las de su marido, que no se acostumbra a respirar debajo del océano).





domingo, 17 de mayo de 2020

VIDA MOSTRENCA: El enigma Blissett (y II)

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 27 DE OCTUBRE DE 2000


Dispuesto a intoxicar con rumores y noticias falsas las redes de la información y a atentar con saña contra los sutiles mecanismos de control de nuestro presente, Luther Blissett-nombre múltiple de la más inteligente conspiración preapocalíptica-se ha construido un historial de agresiones a lo establecido que desmoralizaría incluso al más obsesivo agente del caos de la literatura pulp. La Iglesia católica ha sido una de sus dianas favoritas: el 27 de septiembre de 1997, Luther Blissett saboteó en Bolonia la celebración de ese Concilio Eucarístico Nacional que unió en perturbadora comunión espiritual a Bob Dylan con el papa Juan Pablo II. El llamado Ataque Psíquico sobre Karol Wojtyla consistió, entre otras acciones, en el reparto de falsas octavillas con el logotipo de la Congregación para la Salvaguarda de la Moral Cristiana en las que se denunciaba a la Iglesia por invitar al Concilio a un comunista judío (Dylan), y en la lectura del sermón El evangelio según Judas, herética disección de la figura de Cristo como construcción mediática, que proponía al propio (y plural) Blissett como mesias alternativo y motor del hipocalipsis, o la revolución desde abajo. También se atribuye al esquivo Blissett la construcción de una falsa página web del Vaticano poblada de blasfemias que logró pasar inadvertida en el espacio virtual durante más de un año. A mediados de agosto de 1999, la región de Calabria se vio sacudida por una oleada de robos de imágenes del Niño Jesús en sus iglesias: Blissett reivindicó la acción, reclamando a las autoridades eclesiásticas el pago de 100 millones de liras a los pobres de la zona para evitar la destrucción de las estatuas.

La versión italiana del programa televisivo ¿Quién sabe dónde? (Chi l'ha visto?), considerado por Blissett como "una expresión nazi-pop de la necesidad de control", fue otra sonada víctima de su devastador plan de actividades. Filtrando a una agencia de prensa la falsa noticia de la desaparición en el Friul de un inexistente artista conceptual británico, Harry Kipper, que recorría la región en bicicleta siguiendo el trazado de la palabra ARTE, la conspiración Blissett logró que el equipo del programa se pusiera en acción persiguiendo a la mismísima nada. El baño de ridículo televisado en horario de máxima audiencia fue antológico.

Pero la verdadera medida de su radicalidad la aporta su valiente intervención sobre las manipulaciones judiciales y mediáticas de un tema tan delicado como la pederastía. En 1996, Marco Dimitri, líder de la secta Bambini di Satana, y sus adeptos Piergiorgio Bonora y Gennaro Luongo fueron detenidos y acusados de practicar violaciones de niños, ritos satánicos y sacrificios humanos sin que hubiera evidencia alguna de sus presuntos crímenes. La campaña de prensa que precedió al juicio adquirió tintes inconfundiblemente inquisitoriales y esculpió en la opinión pública un monstruoso perfil de los acusados. El Proyecto Luther Blissett reaccionó con una campaña de contrainformación que sensibilizó a algunos periódicos italianos -entre los que figuraba La Repubblica-y desembocó en la exculpación y liberación de los detenidos, seguidores de un culto inocuo que se habían convertido en los chivos expiatorios de una campaña oscurantista y-paranoica iniciada por la fiscal Lucia Musti con la complicidad de la curia de Bolonia.

A estas alturas se preguntarán: ¿quién busca a Luther Blissett a través de esos enigmáticos carteles que han aparecido en nuestras calles? Espero que la solución del misterio -un tanto prosaica- no les defraude: los carteles forman parte de una imaginativa estrategia publicitaria previa a la publicación por parte de Grijalbo-Mondadori de Q, caudalosa y celebrada novela firmada por Luther Blissett, atribuida erróneamente a Umberto Eco y escrita en realidad por cuatro miembros de la conspiración -Federico Guglielmi, Luca di Meo, Giovanni Catabriga y Fabrizio Belletati-, que sitúa su acción en el siglo XVI, cuna, según los autores, "de todo lo que está podrido en la vida moderna: Europa, la comunica¬ción de masas, la policía estatal y el capital financiero". No sé qué estarán pensando ustedes, pero yo me muero de ganas por leerla.










sábado, 16 de mayo de 2020

VIDA MOSTRENCA:El enigma Blissett (I)


EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 20 DE OCTUBRE DE 2000

Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti


Un tipo sale de casa de buena mañana y se encuentra la ciudad empapelada de enigmáticos carteles. Su texto: "Se busca. Desde el pasado 11 de julio falta de su domicilio el conocido mago Luther Blissett. Firmó como propia la novela Q. Luther Blissett tiene buena presencia física, mide 1,85, cabello castaño, ojos verdes, voz seductora y mirada penetrante. Quien facilite pistas que conduzcan a su paradero recibirá una suculenta recompensa. Si quieres saber más busca en: www.q-blissett.com".

El tipo que sale de casa es su mostrenco servidor. Al undécimo cartel con el atildado rostro de Blissett, me topo con Zebulón, mi amigo cibernauta. Zebulón apunta la dirección en un bono-bus sin que nada delate que ha percibido mi presencia. Tras guardarse el bono-bus, me dice: "Muchacho, creo que aquí hay temita", con el mismo tono que hubiese empleado si llevásemos toda la tarde charlando. Y se va. Durante los dos días siguientes, Zebulón me fue mandando un e-mail cada dos horas. Sin mensajes, ni título: sólo con algunos vínculos a diversas páginas de Internet que me han permitido ir reconstruyendo el rom¬pecabezas Blissett. Tal y como he creído entenderlo: así se lo cuento a ustedes.

Luther Blissett fue un jugador de fútbol de origen jamaicano en las filas del Watford, que fue fichado por el Milán durante la temporada 83-84. Los cinco ridículos goles que marcó a lo largo de los 30 partidos de esa etapa italiana le valieron una reputación de ídolo deportivo trash e inspiraron una reprobable tradición de chistes de marcado corte racista. Diez años después, el nombre de Luther Blissett fue adoptado por un nutrido grupo de agitadores culturales con base en Bolonia. Luther Blissett se convirtió, así, en un "nombre múltiple", concepto inaugurado por algunos artistas de vanguardia del mail-art de mediados de los setenta y que va mucho más allá de la simple idea de colectivo.

El uso de los "nombres múltiples" está directamente relacionado con la creación de una mitología imaginaria —varias acciones diversas son atribuidas a un solo individuo- y con la transgresión de las nociones de identidad, individualidad, valor y verdad propias de la filosofía occidental. El "nombre múltiple" barrena la idea de la propiedad intelectual, porque está a disposición de cualquier persona que lo quiera utilizar para reivindicar una determinada acción o firmar una determinada obra, y crea una situación abierta en la que se diluye toda responsabilidad. Según uno de los manifiestos inaugurales de lo que se ha dado en llamar el Proyecto Luther Blissett -una arborescente conspiración cultural que nació con un programa de acción de cinco años-, "hay que escapar de las identidades convencionales. Seguimos luchando contra el lenguaje de los poderes existentes (...) Luther Blissett representa el poder de la comunicación y la inteligencia colectiva".

Luther Blissett destila algunos planteamientos del dadaísmo, fluxus, el neoísmo, el punk y el mail-art. El movimiento opera en 32 países, entre ellos Gran Bretaña, Francia y España, con el objetivo primordial de sabotear los medios de comunicación mediante el pánico informativo. Luther Blissett ha aplaudido actos de terrorismo artístico, como el del italiano Piero Cannata, que fue encerrado en un manicomio tras "intervenir", brocha en mano, sobre un cuadro de Jackson Pollock. Una minucia comparada con los desmanes que Blissett es capaz de perpetrar...
(Continuará...).




DADA: EL PANDEMÓNIUM TOTAL Por ÁNGELA MOLINA

EL PAÍS, domingo 24 de julio de 2016


ARTE   Tristan Tzara impulsó el fenómeno cultural más rompedor, influyente y viral del siglo XX. Una muestra reconstruye su inacabada antología de textos dadaístas

De arriba a abajo, de izquierda a derecha. El ojo humano, de Johannes T. Baargeld; retrato de Sophie Taeuber; collage de Baargeld; y Tableau Rastadada, de Francis Picabia. MoMA, NY.




 Surgió para bailar sobre la tumba de la cultura burguesa, y un siglo después la influencia de este movimiento aún es capital.
 

Cuenta la leyenda que el poeta rumano Tristan Tzara escogió al azar la palabra "Dada" de un diccionario alemán-francés. Según el testimonio de algunos oficiantes del acto, "un abrecartas se deslizó fortuitamente entre las páginas del Larousse". La frase del matemático y filósofo racionalista Rene Descartes, "No quiero ni siquiera saber si antes de mi hubo otros hombres" fue cabecera de una de las primeras publicaciones de este movimiento artístico que nació un frío día de febrero de 1916, en el Cabaret Voltaire de Zúrich (el nombre del autor de Cándido era un ataque contra los idiotas de la época). El dadaísmo había surgido para bailar sobre la tumba de la cultura burguesa, "Una misa de réquiem de la clase más procaz", advertía el pacifista y performer Hugo Ball. Sus integrantes eran poetas y estudiantes de arquitectura y filosofía que no creían en la política en el sentido específico del término.

A principios de los años veinte, Dada se había extinguido oficialmente o había sido subsumido de diferentes maneras, primero en el Surrealismo francés y en la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) alemana; después como la corriente antiartística, antiliteraria y antibelicista más longeva de la era moderna (Tzara había pronosticado que se propagaría por todo el mundo como un "microbio virgen"), el primer movimiento global y el que añadió un elemento al arte que hasta entonces no existía: el colectivo.

Han pasado cien años, las potentes Francia y Alemania —y no digamos la neutral Suiza, con sus banqueros corruptos— siguen echando madera al vagón precintado Dada, pues en efecto, París, Berlín y Zúrich son las capitales europeas que mejor sitúan a sus artistas en subastas, ferias de arte y museos. ¿Es posible que el sueño de la razón, el buen sentido de los más fuertes y las leyes capitalistas que apoyan todo tipo de carnicerías civilizadas sigan producien¬do y alimentando a artistas siempre dispuestos a soldar la fractura entre arte y vida, pues no hay du-da de que éste era, y sigue siendo, el significado más auténtico de Dada?

Una exposición en el MoMA saca a la luz los dibujos, fotografías y documentos, la mayoría inéditos, que formaron el Dadaglobe, una antología impulsada por Tristan Tzara en 1920 y que nunca llegó a publicarse, pues Francis Picabia rompió con él un año después y las obras se dispersaron. Tzara había enviado cartas a los integrantes del movimiento a ambos lados del Atlántico solicitando colaboraciones (cualquier cosa podía ser una obra de arte) con el propósito de editar una monografía de 180 páginas con un tirada de 10.000 ejemplares: "Enseñemos el nuevo arte en un circo al aire libre. Cada página debe ser una explosión", pedía el poeta en sus cartas de invitación. Dadaglobe Reconstructed muestra el dadaísmo como el fenómeno cultural más disruptivo, viral e influyente del siglo XX. Un pandemónium total. No es la primera vez que el museo neoyorquino aborda la influencia de este movimiento iconoclasta en la creación del siglo XX. En 1936, cuando el movimiento parecía ya olvidado, se inauguró Arte fantástico, Dada, Surrealismo, revisitada en el mismo museo en 1968, año de la muerte de Duchamp, como Dada, el Surrealismo y su legado; o la penúltima, Dada Blowout (2006) que dividía los experimentos dada por ciudades: Zúrich, Nueva York, París, Berlín, Hannover y Colonia.

Las revistas y manifiestos fueron el vehículo predilecto para difundir el virus nihilista. Se editaron hasta una docena. A la primera, Dada, editada en 1917 en Zúrich, le siguieron Dadaco y sus hermanas americanas Ridgefield Gazook y New York Dada de Man Ray y Marcel Duchamp, y 392 dirigida por Francis Picabia en Barcelona. En Francia, La Nouvelle Revue Francaise publicó un texto de André Gide donde el escritor afirmaba que en el futuro "nada estaría a la altura de Dada. Estas dos sílabas —escribe— han logrado esa inanidad sonora, una absoluta falta de sentido".

Dada convirtió las principales tendencias artísticas ya inauguradas en fabricaciones —y no objetos— anticubistas, antifuturistas y antiabstraccionistas. Para los dadaístas, lo importante era el procedimiento, la arbitrariedad, el uso de materiales inmundos y mostrencos. Una de las técnicas que mejor lo describe es el fotomontaje, cuya invención se atribuye a Raoul Hausmann, aunque John Hartfield ya se había anticipado cuando, en 1914, queriendo burlar la censura en el frente de guerra, enviaba extrañas postales compuestas de recortes de periódicos y revistas. También los Merz de Kurt Schwitters son todavía hoy un prototipo para exposiciones en galerías y museos en las que la obra se integra en un entorno total.

Prácticamente todas las corrientes artísticas de la segunda mitad del siglo XX son deudoras del mou-vement dada: Fluxus en Nueva York, Guta'f en Japón, los Nouveaux Réalistes en París, las composiciones de John Cage, las enseñanzas de Beuys, los assemblages de Rauschenberg, el Pop Art de Jaspers Johns y Andy Warhol, el arte-basura (Daniel Spoerri), los happenings, el accionismo, el povera, los grafittis de Basquiat-SAMO, el punk, Groucho Marx, los Monty Python... En música, su hermano gemelo, el jazz, impactó por primera vez durante la Gran Guerra para después hacer rugir los años veinte. En cierta ocasión, David Bowie exclamó en relación al impacto dadaísta: "Todo es basura y la basura es maravillosa". Pero nadie como John Lennon y su canción 'God' para simbolizar esa particular revuelta de los no creyentes contra los descreídos: "No creo en la magia, no creo en reyes, ni en Kennedy, ni en Jesús, ni en Buda ni en Elvis. No creo en los Beatles. Sólo creo en mí. En Yoko y en mi". Fin del sueño.





ERRAR ES HUMANO Por RODRIGO FRESAN

Hace unos 500 años, contemplada desde la óptica y conocimiento de nuestros días, la humanidad toda vivía completamente equivocada en casi todo, hasta que Newton y su Ley de de la Gravitación Universal (con dos milenios de retraso) comenzaron a erigir el armazón que soporta y fija nuestro presente. ¿Y si ahora está pasando lo mismo y vivimos totalmente equivocados? Esta idea, inquitantemente buena, se anuncia desde la portada del libro recién publicado en EE UU con la tipografía invertida, como si algo fuera un error de imprenta, cuyo título plantea el interrogante But, what ifwe're wrong? Thinking about the present as if it were the past [¿Y si estamos equivocados? Pensando en el presente como si fuese el pasado]. Lo que se pregunta el ensayista, novelista y pensador pop Chuck Klosterman (Minesotta, 1972) en su nuevo ensayo es si no será posible que, de aquí a medio milenio, se comprenda que todas nuestras certezas cotidianas no son más que frágil e imaginativa superchería. Empezando por el absurdo ese de la ley de Newton, que algunos físicos comienzan a cuestionar como "algo que no es del todo así" o "apenas la punta visible de una fuerza que aún no estamos capacitados ni intelectual ni técnicamente para vislumbrar y comprender". En resumen: la hipótesis es que estamos incapacitados para juzgar y calibrar nuestro ahora hasta que no se convierta en nuestro entonces.

Dicho lo anterior —superado el costado ominoso y críptico de la cuestión— hay que decir que el ensayo de Klosterman es de lo más ágil y divertido y, sí, muy personal que se ha escrito últimamente a la hora de la divulgación científico-sociológica-lite-rario-multi-mediático. Klosterman —conocido por sus columnas para Spin, The Believer, Esquire, y con tres títulos en español— se pasea por las páginas como si pensara en voz alta y, en ocasiones, con una dicción tan creativamente irresponsable, como saludablemente irritante. Salta de un tema a otro, de un libro a una película, de una innovación técnica a una sitcom; reflexiona sobre si la injusticia sufrida en su momento por la ignorada, y posteriormente redimida novela, Moby-Dick de Melville será síntoma más o menos parecido a lo que experimentará con los siglos La broma infinita de Foster Wallace. Se pregunta si, tal vez, el escritor del más admirado en el mañana no será un absoluto e inédito y kafkiano desconocido del hoy.
También —abriendo o cerrando el paraguas— Klosterman hace sitio para postular la posibilidad de si nuestra realidad no será otra cosa que la polución informática de un adolescente nerd en un garaje, en una dimensión alternativa. O si será cierto aquello que todo lo históricamente anterior a la Edad Media no es más que un invento de monjes letrados empeñados en sostener su dogma. O si Obama no será el mejor presidente para una sociedad con derecho a no votar. O si la supuesta "edad de oro de la televisión" y sus series no son más que un fenómeno de histeria colectiva. O si la figura de Chuck Berry acabará eclipsando a las de Elvis Presley y Bob Dylan aunque "todavía haya cosas acerca de The Beatles que no pueden ser explicadas".

En su racional delirio, Klosterman está en buena compañía. Sus hipótesis aparecen puntuadas, a lo largo de su deambular, por "especialistas" en diversos campos que intentan —casi siempre en vano— poner orden. Así, llama a las puertas de profesionales como el astrónomo Neil deGrasse Tyson y el teórico de cuerdas Brian Greene, los músicos David Byrne y Ryan Adams, la crítica literaria Kathryn Schulz, el director de cine Richard Linklater, y los escritores Junot Díaz, George Saunders y Jonathan Lethem, entre otros.

La tesis resultante es muy plural en su caprichosa singularidad: la Historia —tal como la-conocemos y usamos— es un animal de hábitos selectivos y simplificantes y sintetizadores. De acuerdo, Shakespeare y Bach son cumbres de vértigo; pero, también, impiden que prestemos atención a muchos de los escaladores que podrían clavar bandera en sus cimas. Y el acceso al Todo vía Internet ha probado ser una maldita bendición, o una maldición bendita, erosionando nuestra capacidad de juicio y concentración.

Así que -entre conservador y revolucionario—Klosterman se despide con un "estoy listo para un nuevo mañana siempre y cuando se parezca mucho al ayer".Pero —aunque lo ignoremos— va a ser que no.

Mientras tanto y hasta entonces, la idea de Klosterman y su libro funcionan como mensaje en una botella desde muy lejos. Producen el incómodo placer de preguntarnos tantas cosas. Una de ellas es la de si esa música más o menos distante que oímos es la de la orquesta del Titanic o la del bautizo de la USS Enterprise.

Rodrigo Fresan es escritor y crítico argentino. Su última novela . es La parte inventada.