jueves, 31 de julio de 2025
Mobile Suit Gundam Wing - Operación 30
Excelente video especial para el 30.º aniversario de la serie de anime " Gundam Wing ".
Producido por Sunrise , con Toru Iwasawa (director de las secuencias de acción de la primera temporada de Frieren) como director , y un montón de secuencias geniales producidas especialmente para este PV de aniversario.
Via Catsuka
miércoles, 30 de julio de 2025
THE AUTHORITY / Warren Ellis y Brian Hitch
¿Pueden los superhéroes cambiar el mundo? Luchan mensualmente con armadas alienígenas, se enfrentan a mafias comandadas por villanos grotescos y se dejan los supernudillos en refriegas contra sus némesis y gemelos malvados. Pero ¿qué pasaría si un superhéroe se enfrentara a problemas globales reales? ¿Y si decidiera que no basta con la lucha contra el crimen, sino que el sistema, en sí, no funciona y/o está corrupto? Algunas obras encumbradas entre las grandes del cómic, se plantearon la respuesta a estas preguntas. A mediados de los ochenta, cómics como Batman: El regreso del caballero oscuro y Watchmen colocaban a justicieros enmascarados en un mundo decididamente real, donde las instituciones gobernantes se desvelaban como un problema a considerar y afrontar. Pero pese a que estas obras fueron inspiradoras para la siguiente generación de autores, poco o nada quedó de esto en el mainstream del género. Y pese a que en ocasiones, aparecían destellos de estas problemáticas reales, de actualidad contemporánea, pocas veces solían ser un tema que definiera el paradigma de las aventuras de un personaje a priori o el espíritu de la formación de un grupo. El mundo seguía siendo el mismo cuando todos los supervillanos quedaban vencidos; esto es, hasta la llegada de The Authority.
Antes de entrar en el ajo, vale la pena echarle un ojo a sus prolegómenos. Porque primero fue Stormwatch, serie creada por Jim Lee en la que sus protagonistas eran una especie de cascos azules de la ONU, con poderes y unas tramas escasamente destacables. Sin embargo, cuando entregaron la serie a Warren Ellis —que ya había bregado en el género superheroico en títulos como Excalibur o Doom 2099— este decidió darle un giro en el tono usando la desaprovechada temática policial-militar que permitía jugar muchas cartas interesantes. Ellis trató a sus personajes como personas, como «superhumanos» sin dar por sentado el aspecto heroico. Tenían actitudes más o menos difíciles de lidiar con las que el lector no siempre se identificaba. También tenían opiniones bastante divergentes respecto a su trabajo de «super- maderos»... Podría decirse que se inspiró en el paradigma de la edad de plata que trajo Stan Lee humanizando a los personajes; pero también les dio puntos del realismo crudo que es firma del británico.
Change or Die fue la historia que colocó los cimientos de The Authority. En ella Stormwatch debía enfrentarse a un grupo de superhumanos que creen que atrapar a atracadores de bancos y ayudar a ancianas a recuperar sus gatos no resuelve los problemas mayores del mundo, por lo que deciden usar todo su poder para combatir problemas sistémicos: deciden acabar con gobiernos corruptos, deponer dictadores, destruir mafias institucionalizadas, acabar con el hambre en el mundo y darle a la gente tecnología gratis. Los poderes fácticos deciden que Stormwatch debe ir a pararles los pies. Y los protagonistas deben enfrentarse al dilema moral de hacerlo o no: de plantearse quien es «el malo» realmente en este asunto. El caso es que Stormwatch fue un poco el laboratorio de pruebas para lo que vendría después y allí es donde Ellis iría introduciendo personajes creados por él mismo que en 1999 formarían parte de la alineación del grupo que nos ocupa. Algunos de esos siete protagonistas pasaban por ser trasuntos de otros superhéroes por todos conocidos, pero todos ellos tenían particularidades que les hacen muy carismáticos. Ellis incluso se saltaba a la torera las convenciones de vestir de mallas a algunos de estos personajes, que salían a la batalla con ropa de calle y respondiendo a sus nombres de pila. Jack Hawksmoor, por ejemplo, recordaba a Spiderman, por sus cabriolas y escaladas callejeras, pero su poder provenía de los grandes núcleos de población (las grandes ciudades) con los que podía ponerse en contacto como si estos fueran entidades vivas. También estaba la célebre Jenny Sparks, el espíritu del siglo XX, un eco de John Constantine en femenino, con poderes eléctricos y respuestas cáusticas. Engineer era una mujer con nanomáquinas en su sangre que le permitía construir tecnología al instante. El Doctor, una especie de chamán, medio yonqui, medio hippie, medio espíritu de la tierra, con capacidad para transformarlo absolutamente todo. Swift, una pistolera tibetana alada, destacaba por ser uno de los pocos personajes femeninos asiáticos del género que no cumplía con el trilladísimo estereotipo de ninja en bikini; era además, uno de los personajes más antiguos de Stormwatch que llegó a esta formación. Y por fin teníamos a Apollo y Midnighter, versiones poco escondidas de Superman y Batman, que el autor, dando un golpe en la mesa del mainstream superheroico, revelaría como pareja gay. Algo que solo rara vez había sucedido, y solo en series que no eran cabeceras de las editoriales y con personajes no excesivamente populares.
Así, estos siete se enfrentaban a invasiones de otras dimensiones, alienígenas y supervillanos al uso; pero en numerosas ocasiones también se enfrentaban con el gobierno de los Estados Unidos e incluso acabaron con la ocupación china del Tíbet. Jenny Sparks es conocida por ir siempre vestida con una camiseta con un Union Jack, pero en su primera aparición en batalla con The Authority llevaba en su camiseta un símbolo que recordaba al célebre grafiti de V de Vendetta: toda una declaración de intenciones. El grupo no respondía a otra autoridad que la propia, con la peliaguda cuestión ética de instalarse como autoridad última. El autor nos planteaba, a aquellas alturas, lo que el anquilosado género necesitaba: una renovación del concepto de superhéroe. Para Ellis, sus personajes son ante todo gente normal: follan, beben y tienen opiniones sobre el mundo que esquivan lo políticamente correcto y evitan maniqueísmos. No son juguetes ni arquetipos. Y como personas, se plantean lo que éticamente debería hacer un humano con superpoderes, sin perder de vista la realidad del mundo en el que viven: es decir, Ellis deconstruye el concepto de superhéroe, construye el concepto del superhumano y aplicándole un posicionamiento ético en un contexto realista vuelve al concepto de superhéroe, refundándolo. Y el resultado es The Authority: la búsqueda de lo utópico en un mundo que no lo es.
Por supuesto, esta renovación necesitaba de un dibujo espectacular y llamativo, y ahí es donde entra Bryan Hitch y su estilo «widescreen», es decir, muy cinemático, deslumbrando al lector como si estuviera viendo una película. Hitch juega con panorámicas espectaculares, capturas a un milisegundo de la acción; viñetas enormes de acción pura y dura con fondos absorbentes, peleas dinámicas que mantienen la elegancia y fluidez del combate... Vamos, que los que busquen un mero recreo gráfico también encontrarán solaz y divertimento en sus páginas.
Por si fuera poco, a la etapa de doce números de estos dos autores, les siguió otra igualmente excelente con Mark Millar a los guiones y Frank Quitely a los lápices siguiendo el camino iniciado por sus predecesores. Como broche de oro, me queda recomendar los varios especiales guionizados por Garth Ennis (sello indiscutible de calidad) que no deberíais perderos: Apollo y Midnighter comparten protagonismo con Kev, un soldado inglés de las fuerzas especiales, muy homófobo y bastante torpón, que termina sobreviviendo siempre de pura casualidad. La legendaria habilidad para crear diálogos delirantes del irlándes, repletos de pullas entre Midnighter y Kev (al que nuestro superhéroe vestido de cuero quiere retorcer el pescuezo) os harán reír hasta llorar.
Jot Down: Cien Tebeos Imprescindibles (2014)
GodsTV: Campaña de Kickstarter (para el juego)
El próximo videojuego " GodsTV " del estudio español Melbot se está financiando colectivamente en Kickstarter .
La diseñadora de personajes del proyecto es la artista Anna Cattish , y el videojuego incluirá cinemáticas 2D animadas por el estudio Honkfu .
El tráiler animado (con nuevo diseño de sonido) dirigido por Stas Bashkatov, así como los créditos completos de esta secuencia.
Hay una demo del juego disponible en Steam .
>> kickstarter.com/projects/melbitspod/godstv-fame-is-fate
Via Catsuka
Promethea / Alan Moore y J. H. Williams III
«La energía que desciende por el Árbol de la Vida carece de forma hasta que llega a Hod, la octava esfera de los dioses escritores, donde se viste con el ropaje de las imágenes y las palabras».
Alan Moore
Todo en Promethea, desde el diseño de personajes hasta la distribución de las viñetas, está planificado milimétricamente: son legendarios los detalladísimos guiones de Moore que dejan sin embargo libertad creativa al dibujante. La parte ocultista está explicada de forma clara y concisa: los cuatro palos (armas) del Tarot, las cartas, las sefirot del árbol de la Vida, el significado del Apocalipsis. Un cóctel filosófico mucho más preciso y estructurado que el deslavazado corpus místico-espiritual de Jodorowsky (por citar otro eminente mago-guionista de cómic).
Hay muchos números inolvidables en Promethea. El duodécimo es un prodigio de la planificación: una historia completa del universo, desde el Big Bang hasta el lejano futuro, en la que en cada una de sus veintidós páginas se describe una carta del Tarot, se muestra un anagrama (con sentido y relación con lo que se habla) de la palabra «Promethea» y se narra un largo chiste de Aleister Crowley sobre el significado de la magia. Un cómic cuyas páginas pueden arrancarse y colgarse en horizontal, como un largo friso continuo...
En Sexo, estrellas y serpientes, el décimo número y uno de los mejo- res (ganó un premio Eisner en 2001), se narra con todo detalle un polvo entre Promethea y el mago Jack Faust, que lleva por cierto los mismos espectaculares anillos que Alan Moore luce en la vida real. Aparecen descritos no solo cada uno de los pasos de un coito, desde el strip-tease inicial hasta los orgasmos, sino también su significado simbólico, su efecto sobre la imaginación y el inconsciente... Como dice Faust: «el simbolismo es importante. Podemos hacer el amor entre dioses o joder en un colchón sucio, tú eliges».
Pero la mayor locura de Moore fue el último número, no solo un epílogo sino un gigantesco puzle cuyas páginas pueden desmontarse y reordenarse formando un póster en cuyas dos caras se pueden ver, desde lejos, dos enormes imágenes de Promethea. Una machada inaudita en el mundo del cómic que fue posible no solo gracias a Alan Moore sino al otro padre de la criatura, el dibujante J. H. Williams III. Y es que incluso los detractores de Promethea reconocen que es una maravilla de la espectacularidad y la experimentación gráfica: viñetas en forma de banda de Möebius, cómics narrados en horizontal, inesperadas páginas fotorrealistas, bellísimas combinaciones cromáticas (cada número dedicado a cada esfera del árbol de la Vida está dominado por un color diferente). Tanto gráfica como narrativamente cada número es más experimental que el anterior hasta desembocar, dónde si no, en el Fin del Mundo. Un Apocalipsis que ocupa los últimos y sobrecogedores números de Promethea, y que no hay que entender necesariamente como la destrucción del mundo sino de la forma en que lo percibimos. O, por citar a Neil Gaiman en Sandman: «la muerte de un punto de vista».
Para que esta reseña sea sincera, he de terminarla reconociendo algo importante: estoy enamorado de Promethea. No de Sophie Bangs o Grace Brannagh o alguna de las otras encarnaciones prometeicas creadas por Alan Moore, sino de la Promethea que logré invocar, no sé cómo, el 7 de diciembre de 2012 en un accidentado encuentro que incluyó cuerdas, un error de agenda y una varita mágica japonesa. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.
Por mucho que suela escribir sobre otro tipo de placeres más carnales, toda mi vida he disfrutado básicamente con la lectura... O, por ser más preciso, con la narración en cualquiera de sus formas. Cuentacuentos, teatro, cómic: cualquier medio a través del que se manifieste una historia interesante. A veces una narración resulta tan potente que cobra vida propia; conecta con el inconsciente colectivo, con imágenes, ideas y emociones que resuenan poderosamente en nuestro interior. Historias que parecen a la vez nuevas y tan antiguas como el mundo, relámpagos de imaginación pura que se encarnan en palabras e imágenes.
Promethea, uno de mis cómics favoritos y obra maestra de Alan Moore, es una de estas historias. Un cuento que empieza en Alejandría en el siglo V a. C., cuando un mago es asesinado por una turba de cristianos furiosos. Su hija pequeña, Promethea, se refugia en el desierto bajo la protección de los dioses de su padre, y se vuelve inmortal convirtiéndose en una historia. A partir de entonces, cada vez que un artista la imagina con suficiente intensidad, se encarna en el mundo físico como una superheroína. Una escritora se convierte ella misma en Promethea, o un dibujante la proyecta sobre una esposa, amante, amiga... En cualquier caso, cuando aparece una nueva encarnación de Promethea trae consigo el fuego devorador de la imaginación.
Las mujeres poseídas por Promethea aprenden a viajar entre el mundo físico y la inmateria, el lugar en que residen ideas, símbolos y arquetipos («el ser humano camina por un bosque de símbolos que le observan con miradas familiares», escribió Baudelaire). Gran parte de Promethea es un viaje lisérgico por las diez sefirot o esferas del árbol de la Vida, el mapa cabalístico que describe tanto el alma humana como el universo. En el cómic se asciende de la materialidad de Malkuth al espíritu puro de Kether... El trayecto inverso al realizado en otra obra indirectamente cabalística, mi amada novela El péndulo de Foucault, en la que sus protagonistas se precipitan de la iluminación inicial (la contemplación del Péndulo-Kether en el primer capítulo) a la muerte, locura y ruina finales de Malkuth.
Hay más paralelismos entre El péndulo y Promethea: ambos adoptan un tono irónico y paródico para transmitir sus respectivos mensajes, ambos han sido a menudo incomprendidos, ambos dejan una profunda huella en según qué lectores, ambos rebosan de juegos cabalísticos y numerología oculta (no es casualidad que El péndulo tenga ciento veinte capítulos y Promethea treinta y dos: averiguar por qué lo dejo al lector atento). Y ambos dejan claro que adentrarse en lo más profundo de la imaginación, como el coronel Kurtz en la selva, puede ser muy peligroso. Dijo Moore en una entrevista: «La magia y el lenguaje son prácticamente lo mismo, y así se consideraban en el pasado remoto. (...) La escritura y las palabras son peligrosas, mágicas, trátalas como si fueran radiactivas».
Jot Down: Cien Tebeos Imprescindibles (2014)
martes, 29 de julio de 2025
Pokémon stop-motion: Aardman
lunes, 28 de julio de 2025
Amigas, pese a todo
Una temporadita en un plácido pueblo es lo que necesitan las protagonistas para recuperar su relación… ¿O tal vez no?
José Luis Vidal
26 de julio 2025
Las conocimos hace ya tiempo de la mano de un trío de genios, Keith Giffen, J.M. De Matteis y Kevin Maguire. Una de ellas es el calor, la pasión sin freno, mientras que la otra es la placidez, la tranquilidad llevada hasta el extremo. Calor y frío, frío y calor.
Hielo y Fuego, Tora y Beatriz. Amigas que se han enfrentado las mayores amenazas como heroínas. Pero el problema que las acucia ahora puede romper para siempre su amistad. Y como juez imparcial que es, Superman les dará un buen consejo para que las cosas puedan llegar a arreglarse entre ellas, ya que el caos que las acompaña ha estado a punto de convertirse en un grave suceso, sobre todo por la súbita y para nada esperada aparición de cierto Green Lantern bastante patoso, que luce un particular corte de pelo.
Guion: Joanne Starer
Dibujo: Natacha Bustos
Tapa blanda
Color
160 págs.
14 euros
Panini Cómics
Así que la pareja de amigas tendrán que hacer las maletas y recalar en Smallville, el pueblo que vio crecer a uno de sus ciudadanos más brillantes, el periodista (cof, cof) Clark Kent.
El recibimiento no podrá ser más amistoso por parte de Martha Kent, que será quien trate de hacer que las chicas se integren en el lugar.
Y las sorpresas no tardarán en llegar, la primera de ellas con el lugar donde vivirán las protagonistas. Una peluquería donde, sin comerlo ni beberlo, se verán contratando a Tamarind, que no tardará mucho en demostrar sus facultades profesionales… y amorosas.
Otros de los personajes secundarios del relato son dos hermanos, a los que Beatriz y Tora conocerán cada una por su lado, cuando la presión entre ellas comience a ser demasiado insoportable, tensando las cuerdas de su amistad.
Rocky es la peor camarera del pueblo, pero sin embargo no tardará ni un segundo en querer ser amiga de Hielo, a la que va a acompañar en más de una ocasión.
Beatriz conocerá al propietario de un bar donde va a tomar más de una copa. Se trata de Charlie, un tipo con una marcada personalidad, que no se lleva demasiado bien con su hermana.
La peluquería no tiene apenas clientela, y a Fuego se le ocurre una 'genial' idea, viendo que el éxito en estos momentos radica en las redes sociales. Así que se pone en contacto con un grupo de supervillanos de segunda regional, pensando en crear en el lugar algo remotamente parecido a cierto reality de éxito.
Y, por supuesto, el caos va a surgir en la siguiente página, haciendo que la relación entre las protagonistas peligre cada vez más. Preparaos para los cameos más inesperados, a lo que habrá que añadir un extraño suceso que se está extendiendo entre la población, un súbito gusto por la carne humana.
Y como guinda, la presencia de una entidad que busca un lugar donde establecerse y crecer…
Os aseguro que en más de una ocasión no vais a poder reprimir una carcajada con las divertidas, desopilantes situaciones que la guionista Joanne Starer nos plantea. Y si estas son llevadas a las viñetas por la talentosa artista española Natacha Bustos, pues el producto se convierte en un cómic super divertido, pero que también habla de sentimientos y de amistad, entre otras cosas.
Como genial extra, una entrevista con Natacha Bustos, donde nos habla sobre el proceso de creación de este cómic, acompañada por una galería con los diseños de los principales personajes.
Diario de Cadiz
Sherlock Holmes de Kazuhide Tomonaga
Generaciones
¡Una nueva encarnación de la Sociedad de la Justicia regresa a los cómics!
José Luis Vidal
24 de julio 2025
A lo largo de su historia, este grupo de héroes ha vivido mil y una aventuras, resurgiendo como un ave fénix para ocupar su lugar en el vasto universo de la editorial DC Comics.
En esta ocasión las riendas artísticas las toman un dúo de excepción: el guionista canadiense Jeff Lemire que con su increíble, casi sobrehumana, capacidad de trabajo se ha labrado una exitosa carrera fuera y dentro de las Dos Grandes. Y ahora regresa a DC, para hacerse cargo de los mandos argumentales de esta renovada JSA y también para narrar las aventuras del novedoso Absolute Flash.
Guion: Jeff Lemire
Dibujo: Diego Olortegui
Tapa blanda
Color
72 págs.
6,50 euros
Panini Cómics
En la parte gráfica, el dibujante peruano Diego Olortegui va a tener la responsabilidad, nada fácil, de llevar a las viñetas e interactuar con una cantidad ingente de personajes (es lo que tienen los supergrupos), y os garantizo desde ya que lo hace de manera sobresaliente.
Y bien, ¿qué ofrece de nuevo esta JSA?
Pues además de la presencia de tres miembros clásicos del grupo, como son Jay Garrick, Alan Scott y Ted Grant, a los que tal vez conozcáis mejor bajo sus sobrenombres, Flash, Green Lantern y Wildcat.
Y junto a ellos, los componentes de Justice INC., entre los que se encuentran Jade y Obsidian, vástagos de Alan Scott. Jade va a tener entre sus manos la inmensa responsabilidad de dirigir el grupo en un momento de crisis, que comienza precisamente cuando abres la primera página de este nuevo cómic, así que preparaos porque aquí no hay preámbulos posibles…
Pero antes concluir con la presentación del resto del grupo, entre los que están el nuevo Dr. Fate, que bajo el dorado casco místico se encuentra el inexperto Khalid, que deberá aprender en estas páginas la enorme responsabilidad que significa portar este yelmo.
Para terminar con las presentaciones, la nueva Doctora Mid-Nite, Flash y Sandman. Todos y todas nuevas encarnaciones de héroes clásicos.
Bueno, vayamos ya al tema (argumental) que nos ocupa, que no es otro que la misteriosa desaparición de Jay, Alan y Ted, junto a la pareja de Hawkman y Hawkgirl.
No se sabe dónde están ni su estado, y será la responsabilidad de Jade la de dirigir a unos compañeros a los que el problema tal vez les venga algo grande, sobre todo porque en ningún momento sospechan que hay un enemigo infiltrado y, a la vez, combatir los ataques de Kobra.
Mientras, los desaparecidos tendrán que lidiar contra una legión de peligroso demonios, en un lugar alejado de la Tierra, un emplazamiento que puede convertirse en una letal trampa…
El choque de personalidades será uno de los importantes temas, las relaciones entre los miembros del grupo, los sentimientos que los unen y, por supuesto, una gran dosis de acción y aventura, lo que convierte a esta nueva colección en una de las más interesantes y adictivas del momento.
Diario de Cadiz
domingo, 27 de julio de 2025
El tesoro de Barracuda: Tráiler (película española)
Primer tráiler (y póster) de " El tesoro de Barracuda ", un largometraje español de Adriá García (codirectora de "Nocturna"), animado por Hampa Studio .
Basada en la novela de Llanos Campos, la película está producida por Filmax (que anteriormente tenía su propio estudio de animación, "Nocturna" y compañía), junto con Belvision e Inicia Films.
Se estrena en cines el 26 de septiembre (en España, por lo tanto).
Via Catsuka
La otra vida de Batman
Mark Russell y Mike Allred nos ofrecen una biografía del Caballero Oscuro muy diferente a la que ya conocíamos
José Luis Vidal
23 de julio 2025
Mezclar hechos reales con la ficción propia de los superhéroes fue una fórmula perfecta que hizo que el tándem Russell-Allred ganara un premio Eisner por su recorrido a lo largo d ela vida del Hombre de Acero en Superman: La Era Espacial.
Batman: La Era Oscura
Guion: Mark RussellDibuja: Mike Allred
Tapa dura
Color
264 págs.
32 euros
Panini Cómics
Era obvio que esta misma fórmula sería utilizada con otro de los grandes iconos de la editorial DC, Batman.
El relato comienza con un anciano que pasa sus últimos años en un sanatorio, su memoria comienza a desvanecerse, por lo que su doctora le pide que plasme en un cuaderno su pasado, toda su vida.
Su nombre es Bruce Wayne…
Y por ello retrocedemos hasta el principio, esa noche fatídica en la que los padres del jovencito Bruce decidieron ir al cine a ver la película protagonizada por un espadachín enmascarado y ya no volvieron. Aunque en este caso no fue un vulgar ladrón el que acabó con sus vidas, ya que aquellas muertes llevaron la firma de los miembros de La Sociedad de la Cara Falsa, un grupo criminal que siembra el terror en la ciudad de Gotham.
El trauma por el fallecimiento de sus padres convertirá a Bruce en un rebelde, siempre metido en problemas, ignorando los sabios consejos del único familiar que le ha quedado en la vida, ese padre adoptivo llamado Alfred.
Caminando sobre el filo de la navaja, terminará condenado a una pena de prisión, de la que únicamente se librará acudiendo a servir como soldado en uno de los peores conflictos bélicos que jamás existieron, la guerra de Vietnam.
Allí formará parte de un grupo especial de infiltración comandado por un tipo duro, que hará que el carácter de Bruce se endurezca, convirtiéndolo en un autentico soldado y un superviviente ante las más peligrosas de las situaciones.
Pero habrá algo, un hecho que hará que la relación entre Bruce y su superior se rompa, haciendo que el joven regrese, muy cambiado, a la ciudad que le vio nacer.
Y justo ahí, luchando contra las injusticias y los criminales, comenzará la cruzada de Batman que, gracias a los artefactos creados por Lucius Fox, se transformará en esa imagen oscura que lleva el terror al corazón de los que tratan de traspasar la Ley.
Con el tiempo conocerá a un chico que trabaja para un peligroso mafioso, Falcone, y le dará la oportunidad que él tuvo, la de enderezar su vida.
Así, con talento y originalidad, el tándem compuesto por Mark Russell y Mike Allred nos sorprende en cada página, metiendo al personaje en situaciones a las que nunca tuvo que enfrentarse, pese a que veremos muchas caras conocidas en este relato que, escrito en un cuaderno, hará que Bruce Wayne recupere muchos de los recuerdos, y descubra que tal vez algunos de estos no eran exactamente como él pensaba…
Diario de Cadiz
sábado, 26 de julio de 2025
Tokio criminal
El destino de dos hombres va unido por una amistad secreta que los lleva a elaborar un intrincado plan para triunfar
José Luis Vidal
18 de julio 2025
Japón tiene uno de los índices de criminalidad más bajos del planeta, pero no quiere decir que en su sociedad el papel de la mafia nipona, la yakuza, no esté perfectamente integrado.
Uno de los protagonistas de esta historia es Akira Hôjo, jefe de una facción yakuza, la Hokushôkai. Es un tipo templado, que solo ejerce la violencia en determinados momentos y que casi siempre se hace acompañar por su mano derecha, Tashiro, un tipo que le guarda fidelidad, ya que en un momento de su vida Akira hizo algo muy importante por él y su familia.
Santuario 1
Guion: Sho Fumimura
Dibujo: Ryoichi Ikegami
Tapa blanda
Blanco y negro
464 págs.
22 euros
Planeta Cómic
Los tentáculos de la yakuza se extienden en el mundo de los negocios, poseyendo multitud de empresas que, en apariencia, son totalmente legales. Pero ahora Akira mira hacia otro mundo, el de la política, y concretamente en Sakura Shûichi, un tipo de avanzada edad, bastante desagradable en el trato, al que va a marcar con una imaginaria diana…
El hombre de confianza, secretario, de Shûichi es Chiaki Asami, un tipo estoico, muy preparado para su trabajo, pero que bajo esta impoluta fachada también tiene un plan, ya que piensa que el mundo de la política nipona está manejado solamente por ancianos, anquilosados en sus sillones, con el manejo del país en sus manos.
Es por ello que Asami, junto a Akira, van a comenzar a dar un pequeño gran golpe de estado en este mundo, haciendo que las cartas de esta imaginaria partida les favorezcan.
Pero, ¿qué une a estos hombres?
Mientras tanto, la comisaria de policía Kyôko Ishihara sigue los pasos de estos hombres, sospechando que algo traman.
Esa es una pregunta que tan solo podréis conocer dentro de este manga, Santuario, que, en una nueva y flamante edición Kanzenban regresa a las librerías españolas. Y resulta curioso ya que, esta obra, para los que no lo sepáis, fue de los primeros manga que se publicaron en nuestro país. Formó parte de aquella 'explosión manga' que vino a cambiar los gustos de lectura de muchos y muchas.
Sus autores son dos grandes nombres del manga nipón. Shô Fumimura, cuyo alias Buronson seguro que también os suena es el guionista de dilatada carrera, con títulos a sus espaldas como Kyoko, Odyssey, Strain, Heat, Rokumonsen Rock. Todos y cada uno de ellos junto a su partner en crimen, el extraordinario dibujante Ryoichi Ikegami, cuyo personal estilo es reconocible a leguas, y que como autor completo ha puesto su firma a obras tan conocidas como Mai, the psychic girl o Crying Freeman, que incluso fue llevada al cine, protagonizada por Mark Dacascos.
En fin, Santuario es una hábil mezcla argumental donde vamos a sumergirnos en el mundo de los yakuza, donde la violencia puede surgir en el momento más inesperado, todo ello aliñado con momentos de una fuerte carga erótico-festiva, y una apasionante trama donde se va desgranando el plan de su pareja protagonista.
Diario de Cadiz
Chaland y Spirou, crónica de un desencuentro. Eduardo Maroño
Spirou por Y. Chaland
Yves Chaland
Dibbuks
Francia
Cartoné apaisado
122 págs. Color/Blanco y negro
Obra relacionada
Las aventuras de Spirou y Fantasio: Diario de un ingenuo
Émile Bravo
(Planeta Cómic)
Freddy Lombard integral
Yves Chaland
(Ediciones Glénat)
Franquin. La máscara
André Franquin
(Dibbuks)
Spirou: El botones de verde caqui
Yann Le Pennetier y Olivier Schwartz
(Dibbuks)
Cuando en 1981 el editor Alain de Kuyssche le ofreció a Yves Chaland (Lyon, 1957) la oportunidad de dibujar una aventura del botones Spirou estaba poniendo a su alcance un sueño de juventud. Chaland, que por aquel entonces comenzaba a dejar constancia de su enorme talento en la legendaria revista Métal Hurlant, había sido un ávido lector de Spirou durante su niñez, coincidiendo con una de las etapas más memorables del personaje, cuando el titánico André Franquin se ocupaba de dibujar sus aventuras. Entre abril y septiembre de 1982, el dibujante lionés publicaría en Spirou dos tiras semanales de Corazones de acero, una aventura en la que, tras un accidentado encuentro con un misterioso robot, el botones y su amigo Fantasio emprendían un viaje al ficticio país africano de Urugondolo. Sin embargo, el sueño tuvo un mal despertar. El intento de Jean Dupuis, editor y propietario del personaje, por recuperar el control de una franquicia que atravesaba uno de los momentos más erráticos de su historia terminó con el despido de un Chaland que no terminaba de encajar en la revista. Corazones de acero se cerró con un «continuará» que sonaba sincero. Chaland nunca abandonó la idea de volver e incluso dio forma a varios proyectos con los que pretendía retomar al personaje, pero su prematura muerte en 1990 terminó por hacerlo imposible.
Yves Chaland fue un dibujante portentoso, un renovador de la línea clara francobelga que supo asimilar los aprendizajes de maestros como Hergé, Jacobs o Swarte y dotarlos de un sentido personal. Su influencia en el cómic europeo posterior es indiscutible. Además, su gusto por la acción y la aventura trepidante con un punto de humor absurdo lo vinculaba a la otra gran corriente del cómic francófono del siglo pasado, la llamada Escuela de Marcinelle de autores como Jijé, Franquin o Tillieux. Que Chaland dibujara a Spirou tenía sentido más allá de la devoción del autor por el personaje, prometía ser el punto de encuentro entre dos tradiciones que se tenían por contrapuestas.
Y en efecto, el cambio de registro gráfico que supone Corazones de acero es más que evidente. Desde su primera aparición en 1938, el aspecto de Spirou había ido evolucionando a medida que diferentes artistas se hacían cargo de sus aventuras. Jijé en los años cuarenta le había dado un aspecto espigado al que Franquin en los cincuenta y Fournier en los setenta habían añadido la vivacidad característica del estilo Marcinelle. Ya en los ochenta, Nic Broca y Janry respetaban este legado, mientras Chaland optaba por reconducirlo a sus propias claves creativas. El suyo es un Spirou en línea clara, más plano y sintético, pero no menos dinámico o expresivo. Acostumbrado a dibujar grandes planchas en las que dar rienda suelta a su desbordante talento, el francés supo adaptarse también al formato tira, mucho más restrictivo. Sus viñetas son un alarde de composición, de economía narrativa y ritmo. Su dominio del trazo, los diseños de personajes y escenarios son una delicia para los sentidos que prefigura las versiones más recientes de Spirou que han desarrollado autores próximos a su estilo como Olivier Schwartz (El botones de verde caqui) o Émile Bravo (Diario de un ingenuo).
El Spirou de Chaland podía desviarse del canon previo en las formas pero no en el espíritu. Las páginas de Corazones de acero revelan a un autor que entiende a los personajes y diseña una trama que combina misterio, aventura y humor en la mejor tradición de la cabecera. Los años transcurridos se perciben solo en los detalles, en la ingenua borrachera que se cogen Spirou y Fantasio o en el modo de representar a los africanos, que hoy nos parecería inapropiado. «¿Atuendos coloniales? ¡Por supuesto!», les dice un vendedor a los protagonistas cuando se pertrechan para viajar a África. Cincuenta años después de que Tintín visitara el Congo, Chaland supera los peligros de la mirada neocolonial con grandes dosis de ironía. Fantasio se imagina Urugondolo como una dictadura militar repleta de «salvajes e ignorantes». Spirou le corrige, en realidad se trata de un Estado democrático e hiperdesarrollado tecnológicamente. Ni ellos ni nosotros llegaremos a verlo. La historia se interrumpe cuando todavía están de camino.
Además de todas las tiras que componen Corazones de acero, el excelente Spirou por Y. Chaland que publica Dibbuks contiene un pormenorizado repaso a la trayectoria de Chaland en el que el escritor José-Louis Bocquet detalla minuciosamente los avatares que rodearon su paso por Dupuis. De entre los numerosos dibujos que completan el volumen brillan con luz propia los diseños preliminares de los sucesivos proyectos con los que el autor pretendía volver al personaje, bocetos e imágenes inacabadas que nos muestran a un Chaland todavía más refinado. Hoy puede parecernos incomprensible que si en su momento existió no una, sino varias oportunidades para que Yves Chaland desarrollara libremente una aventura protagonizada por Spirou, no se allanaran todas las dificultades hasta hacerlo posible. Los entresijos editoriales primero y la fatalidad después lo impidieron. Además de una lectura apasionante, este magnífico volumen constituye una hermosa forma de protesta.
Jot Down - Cómics Esenciales (2016)
“Lo importante es el viaje”
Una tierra extraña, ajena y peligrosa aguarda al protagonista de este apasionante periplo
José Luis Vidal
20 de julio 2025
Despojaos de prejuicios e ideas preconcebidas, ya que este camino que se inicia deberemos realizarlo con todos los sentidos abiertos al máximo, y ojo avizor. Y es que en cada viñeta de este cómic se esconden multitud de señales que aportan pistas al, en principio, misterioso relato.
El silencioso caminante aparece en medio de este paisaje rocoso, portando una lanza que en más de una ocasión le salvará la vida.
Ante él, un largo camino que habrá (habremos) de recorrer, plagado de incógnitas y acechantes peligros que surgen de pronto.
Nada sabemos de este hombre, dibujado a la imagen y semejanza de su creador, que ha decidido darle su cuerpo y rasgos, trazados con la precisión de una milimétrica plumilla.
¿Quién es? ¿Qué busca? ¿Hacia dónde dirige sus pasos?
Estas tierras, inhóspitas, supuran muerte. Cada paso que das te lleva, enfrenta, a un nuevo horror. Ya sea contra un letal Minotauro que ha envenenado sus aguas, o una horda de arpías y otras monstruosidades que parecen surgidos de la peor de las pesadillas.
Pero la fuerza de voluntad o, incluso, la suerte, harán que el protagonista, este hombre que vino de otro lugar muy lejano, avance en su camino.
Y como si de un oasis en medio del desierto se tratara, aparecerá una casa. Lugar de descanso y ¿salvación?
¿Quién sabe? Tal vez en estas paredes se esconda más de un secreto…
El polifacético autor portugués Zé Burnay nos ofrece un cóctel fantástico en el que ha vertido multitud de detalles, referencias históricas, mitológicas, religiosas, folk horror, musicales e incluso cinematográficas. Y nos transporta a un escenario que, en un primer vistazo, nos puede trasladar a cualquier western. Esas tierras áridas, rocosas, que esconden riachuelos de los que más vale alejarse. Bosques en los que las bestias campan a sus anchas, y en cualquier momento tu mirada puede cruzarse con la de un peligroso predador y comenzar un duelo de voluntades.
Y Burnay vuelve a demostrar que en el cómic nos encontramos con un medio eminentemente gráfico, donde se puede prescindir casi totalmente de los diálogos y el texto, ya que la increíble narrativa que el autor posee es suficiente.
Creo que este cómic, Andrómeda o El largo camino a casa, plagado de cualidades posee una que considero la principal y más importante. Y es que cada lector puede extraer de él un mensaje totalmente distinto. Las relecturas harán que descubras detalles, imágenes que tal vez te pasaron desapercibidas, obnubilado por el increíble y minucioso arte del autor, un blanco y negro brutal, detallista, que convierte cada viñeta en una obligada parada en la que, a la que te descuides, puedes caer preso del síndrome de Stendhal.
El volumen incluye dos historias que son solo una, la que da título al volumen, y Días perros. Pero esto no es todo, ya que Zé Burnay nos ofrece la posibilidad de disfrutar de una banda sonora, creada en su faceta de músico.
Y como colofón es este increíble viaje, unos extras la mar de jugosos, que incluyen diseños de todo el dramatis personae, postales de los paisajes que vamos a recorrer, increíbles ilustraciones para enmarcar y una galería de artistas invitados de lujo que quita el hipo.
Ah, y si quieren saber más sobre este autor luso, les recomiendo encarecidamente un paseo por sus redes sociales o su web (www.zeburnay.bigcartel.com), donde podrán encontrar una auténtica galería de maravillas gráficas, dibujos que dan aún más sentido a su personal universo gráfico y temático.
La editorial sevillana Mondo Cane Books lo ha hecho de nuevo, y nos ofrece a los lectores ávidos de emociones un relato que nos saca de este mundo donde la repetición y falta de originalidad son el pan nuestro de cada día, hecho que es de agradecer. Si no me creen, pásense por su más que interesante y personal catálogo de publicaciones.
Y ahora, sin más dilación, ha llegado la hora de emprender el camino. ¿Nos acompañáis?
Diario de Cadiz
viernes, 25 de julio de 2025
Entre lo normal y lo extraordinario Jota Lynnot
Spiderwoman: Cambio de marcha
Dennis Hopeless (guion), Javier Rodríguez (dibujo, color), Álvaro
López (tinta) y Rachelle Rosenberg (color)
Panini Cómics
Estados Unidos
Rústica con solapas
120 págs.
Color
Obra relacionada
Hulka
Charles Soule y Javier Pulido
(Panini Cómics)
Capitana Marvel
Kelly Sue DeConnick y David López
(Panini Cómics)
Ms. Marvel
G. Willow Wilson, Adrian Alphona y otros autores
(Panini Cómics)
El nombramiento de Axel Alonso como editor en jefe de Marvel Cómics ha supuesto un au- téntico revulsivo dentro de la Casa de las Ideas.
Consciente de la popularidad de sus personajes gracias a las producciones de Disney o Netflix, Alonso ha reorganizado sus líneas editoriales apostando por los nuevos lectores, dando un mayor protagonismo a las superheroínas o introduciendo cabeceras protagonizadas por personajes LGBT o musulmanes. La actual encarnación de Spiderwoman es un claro reflejo de esta Marvel de Alonso.
Creada en 1977 por Archie Goodwin y Sal Buscema para proteger el copyright de la marca Spiderman, Jessica Drew apenas compartía similitudes con Peter Parker más allá del nombre de su alter ego. Su origen la presentaba como una renegada exagente de la organización criminal Hydra, cuya cabecera no superó los cincuenta números. Personaje claramente menor dentro del universo Marvel, es rescatado en 2005 por Brian Michael Bendis para sus Nuevos Vengadores, renovando su esencia como superespía antes de volver a contar con su propia serie mensual.
Tras los acontecimientos del evento Universo Spiderman, Jessica Drew abandona a Los Vengadores y, hastiada de lidiar con grandes amenazas globales, decide poner los pies en el suelo y reconvertirse en una suerte de investigadora privada con la ayuda del antiguo supervillano Puercoespín y el periodista Ben Urich. Un nuevo uniforme, un nuevo estatus y un nuevo equipo creativo (Dennis Hopeless y los españoles Javier Rodríguez y Álvaro López) sientan las bases de un perfecto punto de partida para jugar con un personaje con potencial. Si bien la propuesta podría ser el enésimo relanzamiento que pasa desapercibido, la nueva Spiderwoman añade una novedad destacable: está embarazada.
En plena baja por maternidad arranca Cambio de marcha, con una superheroína que intenta vivir una vida normal en sus últimos días de embarazo. Con las incomodidades, dudas, antojos y temores que conllevan su estado, Jessica Drew no deja de ser más que una mujer corriente con un trabajo extraordinario. Una mujer embarazada y soltera, que no tiene por qué desvelar la identidad del padre de su hijo ni aunque le interrogue el mismísimo Iron Man. Una mujer que acude a la matrona pero cuya clínica se encuentra en una nave espacial, donde es atacada por unos secuestradores alienígenas. Una mujer que se embarca en una aventura extraordinaria, tanto la de ser madre como la inherente a su condición de superheroína.
Dennis Hopeless plantea una carrera contrarreloj que alcanza su clímax en la consulta del obstetra, el repentino parto en mitad del ataque de los secuestradores y que llega a su desenlace con la depresión posparto de la ex-Vengadora. Sin condescendencias, Hopeless consigue que Spiderwoman piense y hable como una mujer embarazada/madre primeriza auténtica, y el tándem Rodríguez-López, que se mueva como tal. Sobresaliente es el trabajo de Javier Rodríguez, que fue padre mientras trabajaba en el cómic, dando un recital de storytelling, lleno de recursos y con un impecable uso del color. Como un alumno aventajado de Steve Ditko y Jaime Hernández, Rodríguez se siente tan cómodo en los momentos más costumbristas como en aquellos en los que la acción se desencadena o se traslada a entornos de ciencia ficción.
Spiderwoman: Cambio de marcha, tomo que se puede leer de forma independiente a pesar de su numeración española, no es solo un excelente cómic de superhéroes sino también un gran tratado sobre la maternidad en clave de cómic.
Jot Down - Cómics Esenciales (2016)
Fantasmas, secretos y ninjas
Un nuevo camino se inicia para el conejo samurai, en el que vivirá muchas y apasionantes peripecias
17 de julio 2025
Y es que la vida de este espadachín sin amo, un ronin, es un constante caminar, ya sea en solitario o, como en los últimos tiempos, junto a su primo Yukichi. Ambos se van a enfrentar en más de una ocasión a lo inesperado.
En la primera historia contenida en este nuevo volumen, 'Una historia de fantasmas', la pareja de protagonistas llega a un bosque que tiene una oscura leyenda, ya que hace tiempo, una joven llamada Midori se quitó la vida en él…
Usagi Yojimbo Vol. 39: El dragón verde
Autor: Stan Sakai
Tapa dura
Color
144 págs.
18,95 euros
Planeta Cómic
Muchas muchachas regresan al lugar y rezan en un pequeño altar justo en el lugar donde Midori falleció. Es el caso de Shizuye, cuya vida estará en peligro cuando un grupo de asesinos aparezca.
Afortunadamente, Usagi y Yukichi son incapaces de ignorar el peligro, por lo que salvan la vida de Shizuye, que les cuenta su historia, su estado de buena esperanza y la relación que le une a su señor… Hecho este que ha hecho que alguien ponga precio a su cabeza.
En el siguiente relato, como prólogo al nuevo arco argumental, los primos samuráis salvarán de nuevo la vida de un hombre que transporta un valioso objeto para el mercader Awase, por lo que desde ese momento, sin comerlo ni beberlo, Usagi y Yukichi se van a ver metidos de cabeza en un oscuro plan en el que sus vidas van a estar en peligro en más de una ocasión, sobre todo por la súbita aparición de un letal grupo de ninjas, que pertenecen al clan Komori, unos asesinos sin piedad que van en busca del dragón de jade que es el motivo de tantas persecuciones y ataques.
Afortunadamente, todos los que conocéis esta longeva serie ya sabéis que en su eterno caminar, el protagonista ha cultivado la amistad de infinidad de personajes, por lo que no es nada raro que se reencuentre con alguno de ellos en los momentos más peligrosos.
Y este, obviamente es uno de ellos. Justo cuando parecía que la balanza se inclinaba ante el ataque de los viles Komori, aparece en escena una vieja conocida. Chizu fue en su momento la cabecilla de otro clan ninja, Neko, y mantiene intactas sus habilidades y contactos para ayudar a Usagi y compañía.
Ya lo he comentado mil y una veces, esta serie es de lo mejor que puede encontrarse en el panorama internacional, con un autor, Stan Sakai, al frente, imaginando nuevas historias que nos siguen apasionando y, de paso, enseñándonos cosas sobre ese lejano Japón en el periodo Edo.
Recomendable para los más jóvenes, resulta una lectura genial para el resto de la familia y afortunadamente su publicación está asegurada por Planeta Cómic, que incluso está reeditando en tapa dura aquellas primeras andanzas del conejo samurai más famoso de los cómics.
Diario de Cadiz
jueves, 24 de julio de 2025
A propósito de "Sirat": cine puñetazo
El faro del fin del mundo / Jacinto Antón
Fui a ver Sirat a los cines Verdi, dudando hasta el último momento si meterme en la proyección del filme de Oliver Laxe, o, como me pedía el cuerpo, en la de Jurassic World: el renacer, o en F1, la película. Me habían hablado tanto de la dureza de Sirat, de lo mal que se pasa y de esas escenas ya legendarias que nadie te quiere desvelar pero que te advierten que te dejan hecho polvo, que me hacía casi irresistible la tentación de ver a Scarlett Johansson con un T. Rex. Finalmente, fiel al deber, entré a Sirat como quien entra al tren de la bruja y decidido a salirme en cuanto la cosa se pusiera demasiado chunga, opción que ha tomado algunos conocidos.
He de decir que a mí desde el principio, aunque no me llegaba la camisa al cuerpo, me atrapó la película: las imágenes de las manos colocando los altavoces, la panorámica de la gente bailando en la arena, la música, me parecieron sensacionales. A ver, los raveros de Sirat no son la gente con la que yo iría al Sónar, pero me resultaron simpáticos, así que por ahí no iba a venir al estropicio emocional.
Llegó, claro, en las montañas marroquíes, y luego, de nuevo, Sirat dejó a la sala en un enmudecido espanto con la escena que da un nuevo sentido a los conceptos de trance y de baile explosivo. Cuando se encendieron las luces, estudié las caras de otras personas presentes en el cine, entre ellos el actor Lluís Homar, la editora Anik Lapointe y el cocinero Isma Prados y pensé que si yo tenía la misma expresión ya podía pegarme un lingotazo de coñac o de Agua del Carmen, Homar -que anda enfrascado en los ensayos de Memorias de Adriano, donde encarna al sosegado emperador del animula, vagula, blandula (nada más distinto)- no se podía levantar de la butaca de la impresión. "Hay que verla", repetía como un boxeador sonado, "hay que verla". Una semana después se lo encontró el director Xavier Albertí y seguía diciendo lo mismo. Yo no paro de enredarme en conversaciones sobre Sirat en las cuales hago igual que todos, decir "¡que fuerte!", advertir del batacazo emocional y hasta existencial que te pega la peli (sin hacer espóiler) y recomendar no verla si eres demasiado sensible y a la vez sostener que nadie debería dejar de verla, oye: con lo cual los que te escuchan quedan muy confusos.
En fin, valga este largo preámbulo para traer a colación otros momentos en el cine que nos han producido impactos similares a los de Sirat, momentos desazonadores, turbadores, de dolor de barriga. Esta es, claro, una selección personal. (a cada uno le vendrán a la cabeza los suyos).
Dejando de lado la muerte de la madre de Bambi hay que referirse a la violación de Bobby (Ned Beatty) en Deliverance (1972), de John Bormann. En Tarantino hay varias escenas de ese calibre: el baile con la navaja de Mr. Blonde (el recientemente desaparecido Michael Madsen) en Revervoir Dogs (1992), por ejemplo. Tenemos asimismo el momento culminante de El cazador (1978), de Michael Cimino en que los dos amigos Michael (Robert de Niro) y Nick (Christopher Walken) juegan a la ruleta rusa en un tugurio de Saigón: la implacabilidad del destino en el rostro de Nick en el último disparo y la desesperación de Michael tratando inútilmente de restañar la sangre que brota en el agujero en la sien. Para situaciones inolvidables por la casi insoportable conmoción que provocan también la de Salvar al soldado Ryan de la lucha cuerpo a cuerpo entre el soldado judío Mellish (Adam Goldberg) y un alemán que acaba hundiéndole progresivamente la bayoneta en el torso de una manera casi tierna e íntima mientras le musita suavemente para que se deje morir: durísimo. Imborrable de igual manera la escena en que se rompe definitivamente el recluta Patoso (Vincent D´Onofrio) en los lavabos en La Chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987).
Otra escena que cuesta arrancarse de la cabeza es la de La decisión de Sophie (1982, Alan J. Pakula) en el que la protagonista (Meryl Streep) se ve obligada a elegir frente al infame doctor Mengele entre su hijo o su hija; finalmente es la niña la que se va a las cámaras de gas.
Hay tantos momentos perturbadores que nos han dejado para el arrastre emocional: el devastador final de Seven (1995, David Fincher), la decapitación de Ned Stark (Sean Bean) en Juego de tronos. También en teatro ha habido alguna escena demoledora: es el caso de los cinco minutos atroces de Purgatorio, de Romeo Castellucci, en los que el escenario permanece vacío mientras fuera de escena un padre abusa de su hijo. Para volver a casa abierto en canal. ¡No dejen de ver Sirat!, creo.
El Pais. Cultura. Sábado 12 de julio de 2025
100 Balas / Brian Azzarello y Eduardo Risso
¿A cuánta gente querría matar? No enarque las cejas, claro que lo ha pensado. Fugazmente, si quiere, pero esta no es la primera vez que le sobrevuela la idea. «Si pudiera...», se dice. Hasta que salta el resorte automático: los principios, la moralidad y ese sentido embotado de la culpa. Pero no es eso lo que le frena, claro que no. Puede repetirse incesantemente la perorata sobre la sacralidad de la vida humana y la superación de la barbarie. Pero esa pulsión va a seguir ahí, traqueteando. Como los hijos de puta que le arruinaron la vida y no están ni en la tumba ni en la cárcel. Puede seguir bramando a la justicia, o escuchar a ese desconocido que se ha sentado a su lado en el autobús y sabe perfectamente cómo se llama. Porque además de un maletín, porta aquello que realmente nos frena para no abandonarnos al instinto, el antídoto contra el miedo que nos paraliza: la promesa de que después no tendrá que pagar la factura, porque no la habrá. Nada de coartadas, ni bofia, ni vertederos donde dejar pudrirse al finado. Simplemente, 100 balas y la certeza de la impunidad. ¿Continúa pensando en la moralidad, o sus dedos comienzan el recuento, pergeñando si será suficiente munición?
Ante las fauces tenemos el delicioso manjar de la venganza, punto de arranque de 100 balas (Vértigo), una de las series de cómic más laureadas de las últimas décadas, escrita por Brian Azzarello y dibujada por Eduardo Risso. Bajo este aperitivo potente, de premisa aparentemente sencilla —¿dónde queda la moralidad cuándo tenemos impunidad?— palpita una historia con infinidad de aristas que se irán desgranando a través de sus cien números. El agente Graves, el tipo del autobús, llama a la puerta con el misterio, el maletín y las balas para arrastrarnos por el barro del dilema ético, sin más exigencia que un apretón de manos. Los primeros volúmenes seremos cualquiera de los personajes que dejan de chapotear en la miasma de su fracaso para matar o no matar. Historias pequeñas, sórdidas y terribles, que van componiendo el intrincado tablero en el que jugaremos después. Seremos la joven expresidiaria Lizzy Córdova, el dueño de un antro Lee Dolan, el jugador de dados Chucky Spinks o el vendedor de helados Cole Burns. Parias, en cualquier caso, víctimas que han de elegir si convertirse en verdugos o esperar a que a cualquier don nadie con el mono se le escape un tiro y acabe con su miserable existencia.
El camuflaje es una historia coral, magistralmente dibujada y tan violenta como una ensoñación tarantinesca. Pútrida, desesperanzada, inserta en el género noir, aunque hay mucho más. Porque con el retorno del mefistofélico Graves tras el crimen, arranca lo que ha hecho de 100 balas una obra imprescindible, mucho más que un relato sobre el exquisito poder de la venganza y la moral del crimen y la violencia. Y es que el agente trajeado regresa, mascando una sonrisa malévola. El misterioso benefactor vuelve a sentarse a nuestro lado, desvelando poco a poco el juego en el que esas balas nos han involucrado. Las pistas que nos iba dejando no eran fallidas: bajo esos maletines había un descomunal puzzle, con más de cien intrigas intrincadas y fatales, cuyas ramificaciones se remontan mucho tiempo atrás.
Pisando charcos de sangre y esquivando las ráfagas de plomo se avanza en este thriller conspiranoico que sabe a Raymond Chandler y suena a la furia de un saxo en el peor garito de la ciudad. En este universo de zorras fatales y gángsters de pelo entero, lo complicado será comprender que lo que está en juego no es quién mueve los hilos, si no quién los moverá. Descubriremos esa poderosa y milenaria organización del Trust, y a las trece familias que han equilibrado las fuerzas en la sombra: Medici, Vermeer, Vasco, Madrid, Kotias, Simone, Peres, Dietrich, Carlito, Nagel, Rhone, D’Arcy y Von Hagen. El dilema sobre el asesinato sonará a chiste con el emerger de los Milicianos y su reactivación, cuando la furia, el dolor y el odio lo inunden todo y matar sea ya solo una rutina más de esta pesadilla que comenzó con un maletín. Fulminados los límites morales, vemos claramente el terreno que estaba bajo nuestros pies: que esto fue siempre un tablero de ajedrez y nosotros, los peones.
Ilustres entendidos han comparado 100 balas con la gran novela negra americana, algo tan cierto como injusto. Porque si bien es cierto que sus guiones harían palidecer a la mayoría de noirs, la comparativa entraña ese indefectible menosprecio al cómic en sí mismo. La obra de Azzarello y Risso no necesita ser elevada al género de novela para brillar: fraguada durante una década, constituye probablemente una de las mejores sagas de cómic negro hasta la fecha, sino la mejor. Una historia potente tanto argumental como visualmente, que consigue entretejer decenas de historias y personajes, sin dejar un cabo suelto en su final. Y ese es uno de los mayores méritos de 100 balas: llegar a la meta, una década y centenares de conspiraciones después, con una gran conflagración que cierra el círculo sin dejar porqués sin contestar. Matar o no matar nunca fue el dilema. Como diría el legendario personaje de Robert E. Howard: lo mejor de la vida es aplastar enemigos, verles destrozados y oír el lamento de sus mujeres. Y sí: para eso cien balas se antojan muy pocas.
Jot Down - Cien Tebeos Imprescindibles (2014)
miércoles, 23 de julio de 2025
…Y Ana Miralles creó a la Mujer
Llega a las librerías la cuarta entrega de esta imprescindible revista, que protagoniza una de las grandes autoras españolas
José Luis Vidal
16 de julio 2025
En este complicado mercado en el que vivimos los que nos dedicamos a esto del cómic, ya sea en la faceta que sea, es duro encontrar un espacio, pero cuando las cosas se hacen con profesionalidad y de una manera rigurosa, es normal que se alcance el objetivo deseado.
Eso mismo ha ocurrido con toda producción que surge de la pequeña editorial sevillana Isla de Nabumbu que, poco a poco, están elaborando un catálogo de obras que, con una increíble calidad, son un sincero homenaje a sus autores y autoras.
Autora de Cómic: Ana Miralles
Tapa blanda
Color
124 págs.
15 euros
Isla de Nabumbu
Y una de ellas es este formato, una revista que cuando uno termina su lectura ya está deseando que llegue a sus manos la siguiente entrega, ya que se ha convertido en el perfecto vehículo para que conozcamos la trayectoria de grandes nombres del cómic español.
En esta ocasión, como es costumbre, el ejemplar se abre con una extensa entrevista, en la que Ana Miralles, junto a su pareja, el guionista Emilio Ruiz, va a cogernos de la mano y conducirnos a aquella ya lejana época en la que hacer tebeos en nuestro país estaba visto como un simple hobby, una manera de pasar el tiempo.
Pero la resolutiva Ana, cargada de sueños y talento, consiguió abrir esa puerta por la que pocas autoras pasaban en los años ochenta y, sin ella darse cuenta ni proponérselo, se estaba convirtiendo en una pionera de las viñetas.
Recorreremos aquellos primeros caminos junto a ella, nos regala alguna que otra curiosa anécdota, como su relación de amor-odio con el servicio de Correos, o su familiar relación con uno de los grandes guionistas españoles de todos los tiempos, Antonio Segura, junto al que dio el gran salto a la industria francesa, donde crearon a la voluptuosa Eva Medusa, y donde paso a paso, tratando de evitar más de un inesperado puntapié, logró con el tiempo el merecido éxito.
Se lanzará a la búsqueda de un mitológico animal y hablará extensamente de su relación, tempestuosa, con el guionista de Djinn, que causó más de un dolor de cabeza a la artista. Tanto que cuando llegar el momento de aprovechar el éxito logrado por las peripecias de estas mujeres, decidió seguir junto a Emilio Ruiz el rastro de un billete de veinte euros…
Y de ahí al Polo Norte para, en los últimos tiempos, compartir la noche brasileña con un mito del Séptimo Arte.
Este número viene trufado por infinidad de ilustraciones, bocetos, páginas, dejándonos boquiabiertos ante la belleza de todas y cada una de ellas, así como con varias historias que hasta ahora habían permanecido prácticamente inéditas para sus seguidores y, como es costumbre, la visión de varios teóricos del medio sobre las obras y trayectoria artística de Miralles.
He de confesar que, para un servidor, la apasionante lectura de esta nueva entrega ha supuesto el descubrimiento de una gran artista, una luchadora de inmenso talento que merece todos los honores habidos y por haber.
¿Qué esperan? ¡Corran a la librería más cercana y háganse con un ejemplar!
Diario de Cadiz
El mensajero alanceado
El faro del fin del mundo / Jacinto Antón
Probablemente el sistema de mensajería más bestia de la historia sea el que empleaban los antiguos getas, "los tracios más valerosos y más justos", según Heródoto, que estaban emparentados al parecer con los dacios, pueblo que presentó resistencia a los romanos en el siglo I. Cuenta el escritor y viajero griego en el libro IV de su Historia que los getas "cada cuatro años despachan en calidad de mensajero, para que se entreviste con [el dios] Salmoxis [Zalmoxis], a aquel miembro de su pueblo que en dicha ocasión resulte elegido por sorteo y le encargan lo que en según el momento necesitan. Y he aquí como lo envían", continúa el padre de la historia: "Los encargados de ese menester sostienen tres venablos, en tanto que otros cogen de las manos y de los pies al que va a ser enviado a entrevistarse con Salmoxis; y tras haberlo balanceado en el aire, lo echan a las picas".
A mí esa ceremonia cruenta me obsesiona desde que vi de niño la única película -que yo sepa- en la que aparece representada. Los guerreros del imperio (1967), un péplum de aquellos de tarde de sábado y sesión doble. Recuerdo que me fascinaron las imágenes de las legiones romanas y las batallas pero sobre todo me impactó la historia de los dos hijos del rey dacio Decébalo en el filme, una chica, Meda (Maria-Jose Nat), y un chico, Cotyso (Alexander Herescu, el Alain Delon rumano), muy unidos. De qué manera el joven es seleccionado como el mejor guerrero dacio en una serie de pruebas. El caso es que el chico para lo que está compitiendo y gana, para horror de su hermana (y mío al ver la película), es para ser el mensajero hacia Zalmoxis, vía sacrificio humano.
De forma que vemos cómo el pueblo dacio se reúne ante un montículo, Cotyso se echa sobre el altar de piedra que hay en la cúspide, donde queda observando cómo pasan las nubes; un sacerdote tipo druida hace una invocación al dios (no vayan a estar comunicando) y dos acólitos toman al joven por pies y manos y lo lanzan sobre tres largos pinchos metálicos.
La escena me traumatizó, pese a que me tranquilizaba algo que mi hermano mayor fuera mejor que yo en todo. Puede parecer raro que de niños en los años sesenta descubriéramos en el cine, entre palomitas y caramelos Darlins, la existencia de los dacios, Zalmoxis y un rito descrito por Heródoto, pero luego he sabido que Los guerreros del imperio era una producción rumano-francesa auspiciada por Ceaucescu para divulgar las viejas glorias del reino de la Dacia y también recordar el crisol dacio romano, la "etnogénesis" de la nación rumana.
Muchos años después, el plena etapa de entusiasmo por Mircea Eliade me reencontré con la ceremonia del mensajero en el ensayo del historiador de las religiones De Zalmoxis a Gengis-Khan. Eliade ve revelando que se sacrifique en el aire (lanzándolo en plan manteo), lo que apuntaría que Zalmoxis era un dios celeste. Y relaciona la cruenta mensajería con un rito que reactualiza la situación primordial en que los hombres podían establecer comunicación directa con los dioses.
Recientemente, he vuelto a encontrarme con el mensajero en un libro editado por Desperta Ferro, Tracios, getas y dacios, de Radu Oltean. En una de las páginas aparece representado el sacrificio humano a Zalmoxis, en una "recreación ideal basada en los escritos de Heródoto".
Sea como sea, cine y escatología, drama y misterio, la imagen del joven mirando al cielo recostado aguardando sobre la piedra sacrificial (¿qué otra cosa es la vida?), y ese instante de fulgor y esperanza en el aire antes de caer sobre las puntas afiladas, resuenan de una manera extraña en el corazón, despertando un eco en los largos días de verano, mientras las espigas agitan su dorado esplendor en la inexorable ceremonia del transcurrir de los días.
El Pais. Cultura. Sábado 19 de julio de 2025
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