miércoles, 14 de enero de 2026

IKKYU HISASHI SAKAGUCHI GLÉNAT



Parece que el manga está en nuestro país condenado a ser identificado con argumentos hiperviolentos, personajes de cabezas superlativas o pechos titánicos y con una especie de infantilismo mal curado que acabaría resolviéndose en fascismos varios e idiocia extrema. Sin negar que mucho hay de todo eso en el material que llega a los kioscos (por no hablar de la mayor parte de los productos miméticos que surgen del fandom más profundo), empieza a hacerse imprescindible una campaña de desagravio para con un medio del que apenas nos ha sido desvelada la mínima (aunque muy ruidosa, sí) punta del iceberg. Hay en Japón, que nadie lo dude, obras y autores poco amigos del fuego de artificio y el consolador de fantasía, incluso dentro de eso que puede calificarse como mainstream (si bien por allí no están tan claras las divisiones, y algunas de las mejores y más rompedoras obras se publican en multitudinarias revistas de género). No es este lar ni momento para extendernos en una lista de nombres y títulos que, por otra parte, aún no acabamos de completar, pero sirvan las siguientes líneas en torno a la edición francesa de AKKANBE IKKYU como reflexión sobre un medio del que aún lo ignoramos casi todo, pese a quien pese. 

Aparecida en Japón entre los años 1993 y 1995, esta biografía del muy célebre (parece) monje budista Ikkyu constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de que también por allí se hace una Historieta meditada y compleja. De la mano del excelente narrador que fue Hisashi Sakaguchi conocemos la vida del niño Shûken, que ingresará en un monasterio budista para convertirse en el joven Shójun, que a su vez recibirá de uno de sus maestros el nombre ya definitivo que sirve de título a la excelente edición francesa. El tono del relato es intimista y cercano, el peso siempre del lado de los personajes: sus conversaciones, sus gestos más pequeños. Sin perder de vista, por supuesto, la minuciosa reconstrucción histórica (que, pese a su importancia, nunca ocupa un primer término: ahí está siempre, como telón de fondo, sin interferir la narración, sin desvirtuar con una indigestión de documentación la dimensión puramente lúdica de la obra). Resulta curioso comprobar cómo el autor va dosificando los datos imprescindibles sobre la época (política, situación económica, relaciones con China, idiosincrasia de los diferentes templos...), bien merced a breves textos impersonales o a través de las conversaciones casuales de los campesinos o los propios monjes, pero siempre de manera que la información se integre en la historia en el momento adecuado, nunca antes o después, y nunca de manera artificial.

En lo plástico, el talento de Sakaguchi brilla con todo su esplendor en esta obra: la línea delicada y nerviosa, el trabajo de tramas, la mancha crispada y compleja.... El realismo estilizado del dibujo tradicional japonés (el delicioso costumbrismo, la poesía del paisaje, la composición elegantísima) se da la mano con el lenguaje del manga (Historieta, al fin) en un trabajo de maneras clasicistas que aprovecha hasta el último resquicio las posibilidades expresivas de la narración gráfica. (Por supuesto, las convenciones se nos siguen antojando, a veces, ajenas: el tratamiento del tiempo, la verticalidad de la puesta, un cierto hieratismo difícilmente asimilable por nuestra cultura visual. Y, sin embargo, resulta sorprendente lo cerca que las páginas de IKKYU están de los mejores trabajos de Hermann, por ejemplo. Por la fluidez del montaje, por la extraordinaria sensación de libertad formal que cada plancha respira.)



Hisashi Sakaguchi nació en Tokio en 1946. A los 17 años ingresó en los Estudios Mushi, donde trabajó para el gran Osamu Tezuka (el maestro de maestros, lamentablemente inédito en nuestro país) en series como TETSUWAN ATOM O JUNGLE TAITEl. En 1969 dejó la animación para dedicarse a tiempo completo a la ilustración y la Historieta. En 1984 comienza a seriar en la revista MONTHLY COMIC TOM su primera gran obra, ISHI NO HANA, (más de 1.400 páginas), sobre un partisano que lucha en la vieja Yugoslavia contra la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial.

Luego vino VERSION (cuyo primer tomo ha aparecido serializado en formato comic-book de mano de Glénat-España), una compleja aventura de ficción científica con la inteligencia artificial como telón de fondo. Por fin, entre 1993 y 1995 aparecen las distintas entregas de AKKANBE IKKYU, la que muchos consideran su obra maestra, de la que Glénat-Francia ha publicado hasta ahora dos espléndidos volúmenes (a los que habría que reprochar únicamente la rotulación de determinados textos de apoyo, ilegible, en el primero; el error se subsanó para el segundo, señal de que alguien se fija y hasta piensa. Allí, al menos). Sakaguchi murió de un problema cardíaco el 22 de diciembre de 1995, en lo más alto y fructífero de su carrera y de sus capacidades artísticas. Resulta lamentable que en nuestro país únicamente conozcamos una mínima parte de su obra. Su ausencia nos hace, sin duda, más pobres.

Francisco Naranjo


U, el hijo de Urich #3 Abril 1997

Diablo ciego

El que fue el defensor de La Cocina del infierno ha perdido su poder, que será más que necesario ante lo que se avecina…

José Luis Vidal

14 de enero 2026 


¡Vaya coincidencia! Este mes entre las novedades de Panini Cómics encontramos la versión geriátrica de dos de sus personajes más conocidos. Al Viejo Logan ya lo conocéis de sobra, pero nunca habíamos viajado al futuro para ver cómo le va a Matt Murdock, antaño conocido como Daredevil, ahora tan solo un habitante más del Bronx. Ni ya se dedica a sus labores de defensa como abogado y tras perder esas capacidades que le convertían en El Hombre sin Miedo, hace tiempo que no se balancea entre las azoteas del barrio.




Marvel One-Shot: Daredevil. Un día gélido en el infierno.

Autores: Charles Soule, Steve McNiven

Tapa blanda

Color

128 págs.

12 euros

Panini Cómics


Eso sí, como siempre ha estado del lado de lo más desfavorecidos, regenta un comedor social donde el calor humano y de un plato de comida siempre van a estar ahí para aquellos que lo necesiten.

Pero claro, esta sociedad futura en la que Charles Soule y Steve MacNiven, dúo creativo de este relato, sitúan la acción es de todo menos plácida.

Un inesperado atentado en el metro hará que Matt Murdock vuelva a 'sentir'. De golpe y porrazo sus adormecidos sentidos se amplifican, convirtiendo su cabeza en una cacofonía de voces, gritos, ruidos…

Daredevil ha vuelto a la ciudad, y se va a encargar, antes de que vuelva a perder ese inesperado regalo, de averiguar quién está detrás del atentado, un tipo al que todos los que hemos seguido las aventuras de Daredevil conocemos muy bien, pero cuya identidad no os voy a revelar, ya que el estado de este tipo es de lo más impactante, así como la presencia de otro viejo conocido del Universo Marvel al que mantiene prisionero…

Y eso no es todo, amigos, ya que aunque Murdock, pese a sus cansados huesos le duelen más que nunca, sigue conservando la agilidad que le caracterizaba. Pero la cosa se pone mal cuando tiene un cara a cara con un grupo de criminales, que acaban apalizándolo. Tan solo la aparición de alguien, una imagen que él cree imposible, resolverá la situación de la manera más expeditiva.

Pero además, Matt carga con un peso extra a lo largo del relato, un hecho del pasado, algo que sucedió y le marcó para el resto de sus días, una cruz con la que está cargando y de cuyo peso tan solo podrá librarse si toma una decisión llegado el momento.

Charles Soule y Ed McNiven nos regalan un relato duro, crudo y adulto, en el que nos ofrecen una imagen del héroe como nunca lo hemos visto, enfrentado a los fantasmas del pasado que siempre acaban por regresar.

En el aspecto gráfico McNiven lo da todo, se nota que este era un proyecto largamente deseado, e incluso por el camino homenajea a Frank Miller. No podía ser de otra manera, ya que el relato recupera ese todo duro, sórdido de la mejor época de este personaje.

En fin, nos encontramos ante una de las obras más interesantes que nacen de La Casa de las Ideas en los últimos tiempos.


Diario de Cadiz


EL CANON DE LOS COMICS IGNACIO VIDAL-FOLCH Y RAMÓN DE ESPAÑA BIBLIOTECA DEL DOCTOR VÉRTIGO N°7 GLÉNAT



Atrapados por un inesperado fervor evangelista, el crítico y guionista de comics Ramón de España y el también guionista y novelista Ignacio Vidal Folch (coautor con Gallardo de la obra maestra ROBERTO ESPAÑA Y MANOLÍN) han publicado un catecismo tebeístico para "lectores indocumentados" deseosos de abrazar la verdadera religión. Qué leer, por qué y cómo leerlo a un precio módico y en un formato aún más manejable que una Biblia de bolsillo.

Un libro como éste, que pretende provocar en el mundo del comic un revuelo semejante al desatado en el mundillo literario por la publicación de EL CANON OCCIDENTAL del critico norteamericano Harold Bloom (pretensión por otra parte bastante absurda, teniendo en cuenta cómo está el patio, pero, en fin, yo por lo menos voy a darles ese gusto...) tiene que ser abordado necesariamente desde dos puntos de vista.

Por una parte los veintitantos mini-ensayos que incluye están lo suficientemente documentados como para merecer el interés de cualquier aficionado a la Historieta de inquietud mediana. El escasísimo número de textos publicados en castellano sobre autores de la talla de Goscinny, Daniel Clowes, Yves Chaland o Charlier juega en este caso a favor del "dúo dogmático" España / Vidal-Folch. Por mucho que a uno le repatee su falsa pose provocadora, es de agradecer que alguien se preocupe de escribir un texto sobre Franquin o el SPIRIT de Eisner que vaya un poco más allá del habitual recitado de lugares comunes.

De hecho, si este libro se titulara sencillamente NUESTROS TEBEOS PREFERIDOS habría muy poco que objetarle. ¿Que Ramón de España y Vidal-Folch creen que Veyron o Michael Dougan son nombres lo suficientemente importantes para justificar sendos capítulos en un librito de 150 páginas? Allá cada uno con su manías.

Sin embargo, en el prólogo que abre este CANON DE LOS COMICS los autores se empeñan en explicarnos ambiguo criterio que han utilizado para seleccionar las obras comentadas. Al parecer se trata de aquellos comics cuya lectura puede ser recomendada sin reparos a ese lector que, sin tener ni pajolera idea de que es un tebeo, de pronto decide (?) dejarse caer por una tienda especializada y adquirir un volumen que podrá exhibir con orgullo al lado de "su biblioteca general de grandes obras de la literatura universal". Ese lector ideal busca, al parecer, "relatos coherentes (dirigidos a un público adulto) que no desmerecen de los logros de otros sistemas como la novela o la película". Por supuesto, según España y Vidal-Folch ese elevado criterio -absoluta-mente demagógico, ya que en ningún momento explican exactamente qué entienden por "tebeo adulto" o se definen los parámetros que utilizan para valorar la calidad de una obra de ficción, como si existiera un consenso universal sobre el significado de dichos términos- excluye automáticamente de la lista el manga, los clásicos americanos y los comics de superhéroes. Como no me es posible escribir un articulo de doscientos folios rebatiendo con todo lujo de detalles el descomunal número de despropósitos que se acumulan en las cinco páginas que ocupa el prologo / pataleta, me limitaré a enumerar algunos conceptos básicos con la esperanza de que los lectores del U se animen a hacernos llegar sus propias conclusiones:

Como de costumbre, se sigue confundiendo manga con BOLA DE DRAGÓN y similares. ¿Cabría imaginar un texto parecido en el que se hablara con semejante desprecio de la BD francesa, el comic americano, los quadrinhos portugueses o, claro está, la Historieta española? (por cierto, la misma existencia de la gigantesca industria del Japón invalida una de las tesis que se defienden en el prólogo, aquello de que "otros entretenimientos (...) relacionados con las nuevas tecnologías" han desplazado a la Historieta de los gustos del lector adolescente). Al menos nos queda la tranquilidad de saber que Ramón de España y Vidal-Folch le sacarán todo el partido que merece a nuestra Guía manga para no iniciados.

Y, ¿qué tienen que ver entre sí estética o ideológicamente WATCHMEN, WILDC.A. T.s o los X-MEN aparte de estar protagonizados por individuos superpoderosos que visten mallas de colores? ¿Y a santo de qué la obra de Segar es menos "madura" que la de Regis Franc? ¿En qué se basan para incluir a Pere Joan entre los elegidos y olvidarse del equipo Felipe Hernández Cava / Federico del Barrio o del granadino Joaquín López Cruces? ¿En qué datos se apoyan para deducir que la culpa de la desaparición del comic francobelga de los estantes de nuestras librerías se debe a la proliferación de mangas y comic-books? ¿Por qué siguen empeñados en creer que los potenciales lectores de comic "adulto" no preferirían leer obras de genero similares a las que consumen habitualmente en cine y televisión? (me resulta imposible imaginar a un lector totalmente ajeno a las Historieta "peleándose" con los indigeribles textos de apoyo de BLAKE Y MORTIMER o a un fan de Pérez Reverte enfrascado en la lectura del último EIGTHBALL).

Por último, ¿a qué viene tanto empeño en "dignificar" una fórmula narrativa que funciona de acuerdo a códigos propios estableciendo constantes comparaciones con su primos lejanos cinematográficos y literarios? ¿Cómo es posible que se intente establecer una jerarquía cualitativa basada únicamente en el país de origen de la obra valorada?. ¿No serán Ramón de España e Ignacio Vidal-Folch los primeros en menospreciar el medio historietístico?

Y, por favor, si alguien conoce a uno de esos lectores que, según Ramón de España y Vidal-Folch, es capaz de tirar un tebeo recién comprado a la papelera después de leerlo en el metro, que nos escriba corriendo.

David Muñoz

(en solidaridad con los "críticos adolescentes granujientos y ligeramente retardados")


U,el hijo de Urich #3 Abril 1997



martes, 13 de enero de 2026

EL BUENO DE CUTTLAS CALPURNIO COLECCIÓN LA NEURONA FELIZ EL PAÍS AGUILAR



¿Alguien habría imaginado hace unos años que EL País llegaría a recopilar en un solo volumen las aventuras de Cuttlas publicadas en su suplemento de los viernes EL PAÍS DE LAS TENTACIONES? Mientras otros compañeros de viaje como la Alicia internauta de Max se han tenido que contentar con una modesta edición independiente, el legendario icono pop creado por Calpurnio Pisón desafía sus orígenes underground desde un álbum impecablemente editado, publicado casi de forma simultánea al estreno en televisión (codificado, por desgracia) de su serie de animación. En este libro de más de cien páginas en blanco y negro y color y coña warholiana en portada, el intrépido bandolero minimalista pelea con los malos (ya sean estos extraterrestres, bandoleros mejicanos, miembros del Ku Kux Klan o los alumnos españoles de la Markrönigen Gymnasium School de Alemania), discute con su novia Mabel, hace amigos extraterrestres y muere dos veces (la primera en una de las secuencias más auténticamente épicas de la historia del comic).

Pero CUTLASS es mucho más que eso. La sencillez del dibujo de Calpurnio no le impide jugar con gracia e imparable desparpajo con todas y cada una de las convenciones y los recursos narrativos de la Historieta. Sin necesidad de escribir un sesudo texto sobre cuestiones metalingüísticas, el ex-fanzinero zaragozano ha convertido las páginas de CUTTLAS en un inapreciable catálogo de todas las formas habidas y por haber de hacer (y deshacer) tebeos. O, como dice Jim, el vaquero negro amigo de Cutlass, siempre, convulsionando los cimientos del lenguaje gráfico occidental' Además, es una risa.

Calpurnio Pisón y CUTTLAS, dos leyendas vivas de la galaxia Gutenberg

David Munoz


U, el hijo de Urich #3 Abril 1997

lunes, 12 de enero de 2026

LA JUVENTUD DEL TIO GILITO: SI YO FUERA RICO DON ROSA EDICIONES B



En 1986, Don Rosa vendió la empresa que dirigía en Louisville para dedicarse en cuerpo y alma a su hobby preterido: dibujar tebeos, pero no como las tiras que había dibujado ocasionalmente para periódicos locales, sino tebeos de patos, recuperando el espíritu aventurero de las magistrales aventuras creadas por su idolatrado Carl Barks, el "padre" de personajes Disney tan emblemáticos como Tío Gilito, Eugenio Tarconi o los Golfos Apandadores. Aprovechando que por aquel entonces la pequeña editorial Gladstone comenzaba a publicar en EstadosUnidos los comics Disney, Rosa envió una historia de 26 páginas titulada "EL HIJO DEL SOL", un emocionante relato digno de Indiana Jones que, tras ser publicado, fue recibido por los lectores con un entusiasmo hasta entonces reservado a la reedición de las aventuras clásicas de Barks.

Desde entonces, el nombre de Rosa se ha convertido para los lectores de Disney en sinónimo de emocionantes aventuras excepcionalmente bien ambientadas y rigurosamente documentadas, llenas de divertidos gags y resueltas con un oficio que las sitúa a la altura de los mejores clásicos de la literatura de género. Afortunadamente para sus lectores, Rosa escribe historias que pueden disfrutar por igual tanto niños como adultos sin complejos. Y, si tenemos en cuenta que sus argumentos tienen que atenerse en todo momento a los contradictorios dictados de Disney, que trabaja con personajes que él no ha creado, que no ve un dólar cuando su obra es reeditada en el extranjero y que incluso ha tenido problemas para conservar la propiedad de sus originales, está claro que Rosa, por encima de todo, ama su trabajo. Y se nota.

En "SI YO FUERA RICO", primera entrega de una serie de cuatro albumes, Rosa consigue lo imposible: a partir de los pocos datos que aparecían en las historietas de Carl Barks, ha elaborado una divertida biografía del "gran tacañon", nada menos que el impresentable Tío Gilito, el único funny animal del mundo que se baña en una piscina llena de monedas. Quizá no es el mejor trabajo de su carrera (las historias cortas que permanecen inéditas en castellano son absolutamente insuperables), pero sin duda será el preferido por todos los que nos criamos leyendo en la edición de Montena las aventuras del cínico más carismático y puñetero de la escudería Disney (por cierto, ¿alguien sabría decirme por qué Scrooge, el nombre original del personaje -como el del legendario avaro del CUENTO DE NAVIDAD de Dickens- ha sido traducido toda la vida al castellano por Gilito?).


La primera historia de las dos que recopila el álbum que ha editado B comienza en Escocia en el año 1867. Por primera vez, nos encontramos con un Gilito niño a punto de ganar su primera moneda (sí, la mítica número uno, la legendaria moneda de diez centavos que Gilito guarda en una campana de cristal colocada sobre un cojín de terciopelo). Por supuesto, la acción pronto se traslada a América. El país de las oportunidades acoge a un Gilito adolescente dispuesto a hacerse millonario con la única compañía de los dientes de oro y el reloj de plata de su bisabuelo. Pero poco después la fortuna comienza a sonreírle y encuentra trabajo en Lousville, Kentucky (¿os suena de algo?), en uno de los barcos que recorren el Missisipi, conoce a Eugenio Tarconi y tiene su primer encontronazo con los Golfos Apandadores en una divertida aventura de proporciones épicas. Aún quedan muchas páginas para que el joven emprendedor y optimista se convierta en un amargado millonario resen-tido. Pero, tranquilos, Alaska está a la vuelta de la esquina...

Un consejo: si podéis conseguir la edición de Gladstone no os lo penséis dos veces. Aunque parece ser que la culpa del desaguisado la tiene la errática política editorial de Disney, la edición española deja bastante que desear. No sólo nos hemos quedado sin las estupendas portadas de Rosa, sino que también se han suprimido los textos que se incluían en la edición de Gladstone explicando en qué anécdotas de las historietas de Barks se ha inspirado para escribir su epopeya. Además, cualquier parecido del color español con el original es pura coincidencia. Al menos podemos consolarnos con el bajo precio de los álbumes de la colección Olé! Disney y, vamos, seguro que de pequeños nos habría encantado el relieve de la portada.

¿O no?

David Muñoz


U, el hijo de Urich #2 Enero 1997


Mathias Enard y la relectura infinita del Prado


 Mathias Énard en el Museo Nacional del Prado. Cortesía de Fundación LOEWE. Fotografía: Silvana Trevale


El autor francés pasó seis semanas en la pinacoteca dentro del programa de residencias para escritores

Andrea Aguilar

Madrid

Historias dentro de historias: la de la escena que narra una pintura; la del artista que plasmó esa imagen; la de los materiales que empleó; la del objeto mismo, sea tabla o lienzo, y su marco; o la que ha recorrido una obra de arte desde el taller donde fue realizada hace siglos hasta las salas o almacenes del Museo del Prado. Todos estos relatos han cautivado al autor Mathias Enard (Niart, Francia, 53 años) en las seis semanas que ha pasado en la residencia para escritores de la pinacoteca madrileña, un programa, Escribir el Prado, que va ya por su sexta edición y que cuenta con el apoyo de la Fundación Loewe.

El museo de su infancia fue el Louvre, que visitó con uno de sus abuelos, el mismo que escribía ensayos y le presentó de niño a Marguerite Duras. Su otro abuelo, paracaidista, combatió en la II Guerra Mundial, en Indochina y Argelia, aportó el misterio de la violencia y la acción al mundo creativo de Enard, ganador del premio Goncourt hace una década por Brújula y cinco años antes del Goncourt de los estudiantes por Habladles de batallas, de reyes y elefantes. Al Museo del Prado, Enard llegó en la década de 2000, cuando trasladó su residencia a España, en concreto a Barcelona, donde aún tiene su casa y un restaurante de cocina libanesa, Karakala. Pero este autor estudió persa y árabe y ha vivido en Alemania, Italia, Siria, Líbano, Egipto e Irán.

"He tratado de almacenar tantas historias como he podido", cuenta de su participación en Escribir el Prado. "En mi forma de escribir no hay de partida un elemento pictórico, pero las imágenes me inspiran en su faceta de relatos, a partir de los cuales puedes desarrollar una ficción. Al mirar los cuadros constatas que nuestras vidas ya han sido pintadas por otros. Hay lugares que conocemos y hasta los rostros que ves te resultan, a veces, familiares".

Esa debilidad confesa por los relatos -"la posibilidad de viajar dentro de los cuadros es infinita"- le llevó a visitar los almacenes y salas de restauración y a regresar a las salas de pintura española del XIX, durante su residencia. El drama descrito en la escena que retrató Francisco Pradilla y Ortiz en Juana la loca (1877), Las escuchas marroquíes (1879), de Antonio Muñoz Degrain, o Emigrantes (1908), de Ventura Álvarez Sala, se cuentan entre sus cuadros favoritos.

Juana la loca (1877) de Francisco Pradilla y Ortiz



Las escuchas marroquíes (879) de Antonio Muños Degrain


Los ecos y reflejos que ha reconocido en los cuadros (paisajes que se repiten, edificios que surgen, por ejemplo, en varios cuadros de Rubens) le han fascinado y reverberan también en su vida. En la Villa Medici que Velázquez retrató en dos cuadros, Enard pasó un año invitado por la Academia de Francia en Roma. Y fue allí donde dio con el germen de una historia que le llevó a fabular sobre un encargo del sultán otomano a Miguel Ángel Buonarroti en Habladles de batallas, de reyes y elefantes (Random House, 2010)

Los premios Nobel J. M. Coetzee y Olga Tokarczuk, Chloe Aridjis, Helen Oyeyemi y John Banville han precedido a Enard en esta estancia para escritores que concluye con un relato o nouvelle que se edita unos meses después.

Emigrantes (1908) de Ventura Álvarez Sala



El Pais. Cultura Sábado 3 de enero de 2026

domingo, 11 de enero de 2026

"El arte es el azul"

La frase de Victor Hugo muestra el simbolismo y la presencia del color desde el Paleolítico hasta los contemporáneos.

Silvia Hernando

Madrid

La mayoría de los ciudadanos occidentales coinciden en que el azul es su color favorito. En una encuesta realizada a 2.000 personas para Psicología del color (Editorial GG), de la alemana Eva Heller, un 46% de hombres y un 44% de mujeres lo escogieron como su predilecto, mientras que solamente un 1% de hombres y un 2% de mujeres afirmaron que no les gustaba. El verde, en comparación, contaba con un 16% de adeptos entre ellos y un 15% entre ellas. Inquiridos por los sentimientos que les inspiraba su favorito, los sujetos del sondeo coincidieron en asociarlo a emociones eminentemente positivas: la simpatía, la armonía, la amistad, la confianza. Aunque muchos de los participantes lo relacionaron con el frío, la inteligencia y lo masculino, en la tradición este ha sido, en contra de la arbitrariedad impuesta sobre la ropita de los bebés, un emblema de lo femenino: Iris (lirio), Celeste o Zafiro son nombre de mujer.

Este color encandila, infunde un efecto tranquilizador, tal y como relata Heller. El azul, como en aquella píldora de Matrix, es el color de las cosas que no cambian. Solo hay un lugar donde no gusta: en el plato. En sus múltiples encarnaciones se antoja divino: vasto, profundo y artístico. Innumerables escritores, pintores, cineastas y músicos le han cantado sus odas a la musa azul; Van Gogh, Picasso, Matisse y Helen Frankenthaler, entre otros, tuvieron fijación por él, vibra en la exaltación de la pasión de Azul de Rosa Regás, emociona al ver la vida apagarse en Noches azules de Joan Didion y en Tangled Up in Blue de Bob Dylan. En el icónico Azul de la trilogía cinematográfica Tres colores, de Krzyszof Kieslowski, los filtros y los objetos se bañan de azul para evocar el leitmotiv de la búsqueda de la libertad que abandera la película. La melancolía que transportan los aires del blues afroamericano proviene de su significado en inglés: el azul alude al sentimiento oscuro de la depresión.

Rubén Darío escribió en Historia de mis libros que el azul es "el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental, el coeruleum, que en Plinio es el color simple que semeja al de los cielos y al zafiro". En ese ensayo de 1916, el nicaragüense volvía así la vista a su obra magna, el celbrado libro de cuentos y poemas de 1888 que, con el evocador título de Azul..., inauguró vestido de esa tintura la era del modernismo literario en español, un repliegue del yo hacia el interior arropado por la búsqueda de la belleza formal y el simbolismo.

Caminado junto a las letras, aquel movimiento permeó todas las artes. Ya había  sentenciado Víctor Hugo que "el arte es el azul" ("l´art cést l´azur"), y sobre esa premisa y bajo el influjo del libro de Darío se inauguró en 2019 en CaixaForum Azul, el color del Modernismo, un recorrido tras la estela de ese color en los pintores e incipientes cineastas del periodo de entre finales del siglo XIX y principios del XX. Con obras de Rusiñol, Torres-García, Courbet..., aquella muestra probó que sí, el azul de origen natural y sus entonces novedosos tonos artificiales, como el azul de Prusia, resultó ser el color predilecto del modernismo. También los renacentistas europeos veneraron el fabuloso lapislázuli y, en el siglo XX, exploradores como Yves Klein hicieron oficio de su búsqueda más cercana a lo místico del azul más puro, materializado en el IKB, el Internacional Klein Blue.

Y, sobre todo, como ya introdujo Goethe en su Teoría del color (Editorial GG), conviene separar la óptica del color descubierta por Newton de la psicología de su percepción, algo que con el tiempo fueron asimilando todos los artistas y diseñadores contemporáneos.

Sentido y sensibilidad

Sujeto a las oscilaciones del gusto y las modas, la percepción del color es una cuestión de sentido, el de la vista, y también sensibilidad, esa de la que daba líricas pinceladas Rubén Darío en su descripción del "color de ensueño", pero que el historiador Michel Pastoureau puntualizaría indirectamente en obras como su monumental Azul. Historia de un color (Folioscopio): no podría decirse que se trate de un color helénico ni homérico. Como también recuerda Daniel Entrialgo en el reciente Cuando el mar no era azul (Espasa), el autor de la Ilíada describe el mar como del color del vino, y por la imprecisión de la terminología que usaban y lo infrecuente de su plasmación artística, los estudiosos de finales del siglo XIX llegaron a plantearse la duda de su griegos y romanos eran ciegos de azul.

Para los romanos, al hecho de que el pigmento azul resultaba difícil de obtener y fijar con la naturaleza que tenían a su alcance, se sumaba la circunstancia de que lo relacionaban con los bárbaros, de tal manera que no existía ni un solo tono que les resultara aceptable.




Desde arriba, La habitación azul, de Picasso; pinturas en el templo egipcio de Luxor; Untitled (Blue placebo)(1991), de Félix González-Torres, y La anunciación, de Fra Angelico. Nick Brundle/ Marta Pérez (EFE)


Listado como una de las maravillas de los viajes de Marco Polo, si existe una variante mítica del color azul ese es el ultramar, obtenido, como explica el diseñador italiano Riccardo Falcinelli en Cromorama (Taurus), de "la reducción a polvo de una piedra semipreciosa, el lapislázuli, que llega a Europa, en naves provenientes de países lejanos, de más allá del Mediterráneo". Aunque existen depósitos de lapislázuli en minas de Chile, Zambia y Siberia, su procedencia fundamental se sitúa en las montañas de Afganistan.

En un viaje arriesgado en busca de aquella roca casi mágica, la periodista británica Victoria Finlay se trasladó en el 2000 hasta el hogar de los Budas de Bãmiyãn, poco antes de que los talibanes destruyeran aquellas figuras colosales acompañadas de frescos decorados en azul. "El ultramar brillaba aún en las arruinadas paredes", rememora Finlay en Color. Historia de la paleta cromática (Capitán Swing), "y era extraordinaria pensar que este fue el primer uso conocido del pigmento".

Cuando en 2019 el Museo del Prado restauró una de sus obras más conocidas, La anunciación de Fra Angélico, la luminosidad recuperada del lapislázuli que decora las bóvedas y el manto de la Virgen resultó un auténtico descubrimiento: el pigmento, hasta entonces opaco y plano, volvió a la vida en su tono más intensamente brillante y profundo. "La diferencia reside en la calidad del ultramar y la técnica usada por el pintor", sentencia Almudena Sánchez, la mano a cargo de aquella restauración. "A partir del siglo XVII", agrega Sánchez, "el lapislázuli se usa mucho menos, sustituido por la azurita, pero esta tiende a alterarse con el tiempo". Viendo su extraordinario comportamiento después de 600 años, no extraña que el ultramar ostente el récord de ser el color más caro de todos los tiempos.

Aunque el azul no se afianzó como un favorito hasta los siglos XVII y XVIII, rivalizando con el rojo, desde un recién descubierto pigmento de época paleolítica hasta su utilización en los templos egipcios, la porcelana china o las vidrieras góticas, el azul se nos presenta como un color fascinante cuyas huellas pueden rastrearse a lo largo y ancho del curso de la historia.

El Pais. Cultura Sábado 27 de diciembre de 2025