domingo, 11 de enero de 2026

"El arte es el azul"

La frase de Victor Hugo muestra el simbolismo y la presencia del color desde el Paleolítico hasta los contemporáneos.

Silvia Hernando

Madrid

La mayoría de los ciudadanos occidentales coinciden en que el azul es su color favorito. En una encuesta realizada a 2.000 personas para Psicología del color (Editorial GG), de la alemana Eva Heller, un 46% de hombres y un 44% de mujeres lo escogieron como su predilecto, mientras que solamente un 1% de hombres y un 2% de mujeres afirmaron que no les gustaba. El verde, en comparación, contaba con un 16% de adeptos entre ellos y un 15% entre ellas. Inquiridos por los sentimientos que les inspiraba su favorito, los sujetos del sondeo coincidieron en asociarlo a emociones eminentemente positivas: la simpatía, la armonía, la amistad, la confianza. Aunque muchos de los participantes lo relacionaron con el frío, la inteligencia y lo masculino, en la tradición este ha sido, en contra de la arbitrariedad impuesta sobre la ropita de los bebés, un emblema de lo femenino: Iris (lirio), Celeste o Zafiro son nombre de mujer.

Este color encandila, infunde un efecto tranquilizador, tal y como relata Heller. El azul, como en aquella píldora de Matrix, es el color de las cosas que no cambian. Solo hay un lugar donde no gusta: en el plato. En sus múltiples encarnaciones se antoja divino: vasto, profundo y artístico. Innumerables escritores, pintores, cineastas y músicos le han cantado sus odas a la musa azul; Van Gogh, Picasso, Matisse y Helen Frankenthaler, entre otros, tuvieron fijación por él, vibra en la exaltación de la pasión de Azul de Rosa Regás, emociona al ver la vida apagarse en Noches azules de Joan Didion y en Tangled Up in Blue de Bob Dylan. En el icónico Azul de la trilogía cinematográfica Tres colores, de Krzyszof Kieslowski, los filtros y los objetos se bañan de azul para evocar el leitmotiv de la búsqueda de la libertad que abandera la película. La melancolía que transportan los aires del blues afroamericano proviene de su significado en inglés: el azul alude al sentimiento oscuro de la depresión.

Rubén Darío escribió en Historia de mis libros que el azul es "el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental, el coeruleum, que en Plinio es el color simple que semeja al de los cielos y al zafiro". En ese ensayo de 1916, el nicaragüense volvía así la vista a su obra magna, el celbrado libro de cuentos y poemas de 1888 que, con el evocador título de Azul..., inauguró vestido de esa tintura la era del modernismo literario en español, un repliegue del yo hacia el interior arropado por la búsqueda de la belleza formal y el simbolismo.

Caminado junto a las letras, aquel movimiento permeó todas las artes. Ya había  sentenciado Víctor Hugo que "el arte es el azul" ("l´art cést l´azur"), y sobre esa premisa y bajo el influjo del libro de Darío se inauguró en 2019 en CaixaForum Azul, el color del Modernismo, un recorrido tras la estela de ese color en los pintores e incipientes cineastas del periodo de entre finales del siglo XIX y principios del XX. Con obras de Rusiñol, Torres-García, Courbet..., aquella muestra probó que sí, el azul de origen natural y sus entonces novedosos tonos artificiales, como el azul de Prusia, resultó ser el color predilecto del modernismo. También los renacentistas europeos veneraron el fabuloso lapislázuli y, en el siglo XX, exploradores como Yves Klein hicieron oficio de su búsqueda más cercana a lo místico del azul más puro, materializado en el IKB, el Internacional Klein Blue.

Y, sobre todo, como ya introdujo Goethe en su Teoría del color (Editorial GG), conviene separar la óptica del color descubierta por Newton de la psicología de su percepción, algo que con el tiempo fueron asimilando todos los artistas y diseñadores contemporáneos.

Sentido y sensibilidad

Sujeto a las oscilaciones del gusto y las modas, la percepción del color es una cuestión de sentido, el de la vista, y también sensibilidad, esa de la que daba líricas pinceladas Rubén Darío en su descripción del "color de ensueño", pero que el historiador Michel Pastoureau puntualizaría indirectamente en obras como su monumental Azul. Historia de un color (Folioscopio): no podría decirse que se trate de un color helénico ni homérico. Como también recuerda Daniel Entrialgo en el reciente Cuando el mar no era azul (Espasa), el autor de la Ilíada describe el mar como del color del vino, y por la imprecisión de la terminología que usaban y lo infrecuente de su plasmación artística, los estudiosos de finales del siglo XIX llegaron a plantearse la duda de su griegos y romanos eran ciegos de azul.

Para los romanos, al hecho de que el pigmento azul resultaba difícil de obtener y fijar con la naturaleza que tenían a su alcance, se sumaba la circunstancia de que lo relacionaban con los bárbaros, de tal manera que no existía ni un solo tono que les resultara aceptable.




Desde arriba, La habitación azul, de Picasso; pinturas en el templo egipcio de Luxor; Untitled (Blue placebo)(1991), de Félix González-Torres, y La anunciación, de Fra Angelico. Nick Brundle/ Marta Pérez (EFE)


Listado como una de las maravillas de los viajes de Marco Polo, si existe una variante mítica del color azul ese es el ultramar, obtenido, como explica el diseñador italiano Riccardo Falcinelli en Cromorama (Taurus), de "la reducción a polvo de una piedra semipreciosa, el lapislázuli, que llega a Europa, en naves provenientes de países lejanos, de más allá del Mediterráneo". Aunque existen depósitos de lapislázuli en minas de Chile, Zambia y Siberia, su procedencia fundamental se sitúa en las montañas de Afganistan.

En un viaje arriesgado en busca de aquella roca casi mágica, la periodista británica Victoria Finlay se trasladó en el 2000 hasta el hogar de los Budas de Bãmiyãn, poco antes de que los talibanes destruyeran aquellas figuras colosales acompañadas de frescos decorados en azul. "El ultramar brillaba aún en las arruinadas paredes", rememora Finlay en Color. Historia de la paleta cromática (Capitán Swing), "y era extraordinaria pensar que este fue el primer uso conocido del pigmento".

Cuando en 2019 el Museo del Prado restauró una de sus obras más conocidas, La anunciación de Fra Angélico, la luminosidad recuperada del lapislázuli que decora las bóvedas y el manto de la Virgen resultó un auténtico descubrimiento: el pigmento, hasta entonces opaco y plano, volvió a la vida en su tono más intensamente brillante y profundo. "La diferencia reside en la calidad del ultramar y la técnica usada por el pintor", sentencia Almudena Sánchez, la mano a cargo de aquella restauración. "A partir del siglo XVII", agrega Sánchez, "el lapislázuli se usa mucho menos, sustituido por la azurita, pero esta tiende a alterarse con el tiempo". Viendo su extraordinario comportamiento después de 600 años, no extraña que el ultramar ostente el récord de ser el color más caro de todos los tiempos.

Aunque el azul no se afianzó como un favorito hasta los siglos XVII y XVIII, rivalizando con el rojo, desde un recién descubierto pigmento de época paleolítica hasta su utilización en los templos egipcios, la porcelana china o las vidrieras góticas, el azul se nos presenta como un color fascinante cuyas huellas pueden rastrearse a lo largo y ancho del curso de la historia.

El Pais. Cultura Sábado 27 de diciembre de 2025



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