miércoles, 14 de enero de 2026

EL CANON DE LOS COMICS IGNACIO VIDAL-FOLCH Y RAMÓN DE ESPAÑA BIBLIOTECA DEL DOCTOR VÉRTIGO N°7 GLÉNAT



Atrapados por un inesperado fervor evangelista, el crítico y guionista de comics Ramón de España y el también guionista y novelista Ignacio Vidal Folch (coautor con Gallardo de la obra maestra ROBERTO ESPAÑA Y MANOLÍN) han publicado un catecismo tebeístico para "lectores indocumentados" deseosos de abrazar la verdadera religión. Qué leer, por qué y cómo leerlo a un precio módico y en un formato aún más manejable que una Biblia de bolsillo.

Un libro como éste, que pretende provocar en el mundo del comic un revuelo semejante al desatado en el mundillo literario por la publicación de EL CANON OCCIDENTAL del critico norteamericano Harold Bloom (pretensión por otra parte bastante absurda, teniendo en cuenta cómo está el patio, pero, en fin, yo por lo menos voy a darles ese gusto...) tiene que ser abordado necesariamente desde dos puntos de vista.

Por una parte los veintitantos mini-ensayos que incluye están lo suficientemente documentados como para merecer el interés de cualquier aficionado a la Historieta de inquietud mediana. El escasísimo número de textos publicados en castellano sobre autores de la talla de Goscinny, Daniel Clowes, Yves Chaland o Charlier juega en este caso a favor del "dúo dogmático" España / Vidal-Folch. Por mucho que a uno le repatee su falsa pose provocadora, es de agradecer que alguien se preocupe de escribir un texto sobre Franquin o el SPIRIT de Eisner que vaya un poco más allá del habitual recitado de lugares comunes.

De hecho, si este libro se titulara sencillamente NUESTROS TEBEOS PREFERIDOS habría muy poco que objetarle. ¿Que Ramón de España y Vidal-Folch creen que Veyron o Michael Dougan son nombres lo suficientemente importantes para justificar sendos capítulos en un librito de 150 páginas? Allá cada uno con su manías.

Sin embargo, en el prólogo que abre este CANON DE LOS COMICS los autores se empeñan en explicarnos ambiguo criterio que han utilizado para seleccionar las obras comentadas. Al parecer se trata de aquellos comics cuya lectura puede ser recomendada sin reparos a ese lector que, sin tener ni pajolera idea de que es un tebeo, de pronto decide (?) dejarse caer por una tienda especializada y adquirir un volumen que podrá exhibir con orgullo al lado de "su biblioteca general de grandes obras de la literatura universal". Ese lector ideal busca, al parecer, "relatos coherentes (dirigidos a un público adulto) que no desmerecen de los logros de otros sistemas como la novela o la película". Por supuesto, según España y Vidal-Folch ese elevado criterio -absoluta-mente demagógico, ya que en ningún momento explican exactamente qué entienden por "tebeo adulto" o se definen los parámetros que utilizan para valorar la calidad de una obra de ficción, como si existiera un consenso universal sobre el significado de dichos términos- excluye automáticamente de la lista el manga, los clásicos americanos y los comics de superhéroes. Como no me es posible escribir un articulo de doscientos folios rebatiendo con todo lujo de detalles el descomunal número de despropósitos que se acumulan en las cinco páginas que ocupa el prologo / pataleta, me limitaré a enumerar algunos conceptos básicos con la esperanza de que los lectores del U se animen a hacernos llegar sus propias conclusiones:

Como de costumbre, se sigue confundiendo manga con BOLA DE DRAGÓN y similares. ¿Cabría imaginar un texto parecido en el que se hablara con semejante desprecio de la BD francesa, el comic americano, los quadrinhos portugueses o, claro está, la Historieta española? (por cierto, la misma existencia de la gigantesca industria del Japón invalida una de las tesis que se defienden en el prólogo, aquello de que "otros entretenimientos (...) relacionados con las nuevas tecnologías" han desplazado a la Historieta de los gustos del lector adolescente). Al menos nos queda la tranquilidad de saber que Ramón de España y Vidal-Folch le sacarán todo el partido que merece a nuestra Guía manga para no iniciados.

Y, ¿qué tienen que ver entre sí estética o ideológicamente WATCHMEN, WILDC.A. T.s o los X-MEN aparte de estar protagonizados por individuos superpoderosos que visten mallas de colores? ¿Y a santo de qué la obra de Segar es menos "madura" que la de Regis Franc? ¿En qué se basan para incluir a Pere Joan entre los elegidos y olvidarse del equipo Felipe Hernández Cava / Federico del Barrio o del granadino Joaquín López Cruces? ¿En qué datos se apoyan para deducir que la culpa de la desaparición del comic francobelga de los estantes de nuestras librerías se debe a la proliferación de mangas y comic-books? ¿Por qué siguen empeñados en creer que los potenciales lectores de comic "adulto" no preferirían leer obras de genero similares a las que consumen habitualmente en cine y televisión? (me resulta imposible imaginar a un lector totalmente ajeno a las Historieta "peleándose" con los indigeribles textos de apoyo de BLAKE Y MORTIMER o a un fan de Pérez Reverte enfrascado en la lectura del último EIGTHBALL).

Por último, ¿a qué viene tanto empeño en "dignificar" una fórmula narrativa que funciona de acuerdo a códigos propios estableciendo constantes comparaciones con su primos lejanos cinematográficos y literarios? ¿Cómo es posible que se intente establecer una jerarquía cualitativa basada únicamente en el país de origen de la obra valorada?. ¿No serán Ramón de España e Ignacio Vidal-Folch los primeros en menospreciar el medio historietístico?

Y, por favor, si alguien conoce a uno de esos lectores que, según Ramón de España y Vidal-Folch, es capaz de tirar un tebeo recién comprado a la papelera después de leerlo en el metro, que nos escriba corriendo.

David Muñoz

(en solidaridad con los "críticos adolescentes granujientos y ligeramente retardados")


U,el hijo de Urich #3 Abril 1997



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