En 1986, Don Rosa vendió la empresa que dirigía en Louisville para dedicarse en cuerpo y alma a su hobby preterido: dibujar tebeos, pero no como las tiras que había dibujado ocasionalmente para periódicos locales, sino tebeos de patos, recuperando el espíritu aventurero de las magistrales aventuras creadas por su idolatrado Carl Barks, el "padre" de personajes Disney tan emblemáticos como Tío Gilito, Eugenio Tarconi o los Golfos Apandadores. Aprovechando que por aquel entonces la pequeña editorial Gladstone comenzaba a publicar en EstadosUnidos los comics Disney, Rosa envió una historia de 26 páginas titulada "EL HIJO DEL SOL", un emocionante relato digno de Indiana Jones que, tras ser publicado, fue recibido por los lectores con un entusiasmo hasta entonces reservado a la reedición de las aventuras clásicas de Barks.
Desde entonces, el nombre de Rosa se ha convertido para los lectores de Disney en sinónimo de emocionantes aventuras excepcionalmente bien ambientadas y rigurosamente documentadas, llenas de divertidos gags y resueltas con un oficio que las sitúa a la altura de los mejores clásicos de la literatura de género. Afortunadamente para sus lectores, Rosa escribe historias que pueden disfrutar por igual tanto niños como adultos sin complejos. Y, si tenemos en cuenta que sus argumentos tienen que atenerse en todo momento a los contradictorios dictados de Disney, que trabaja con personajes que él no ha creado, que no ve un dólar cuando su obra es reeditada en el extranjero y que incluso ha tenido problemas para conservar la propiedad de sus originales, está claro que Rosa, por encima de todo, ama su trabajo. Y se nota.
En "SI YO FUERA RICO", primera entrega de una serie de cuatro albumes, Rosa consigue lo imposible: a partir de los pocos datos que aparecían en las historietas de Carl Barks, ha elaborado una divertida biografía del "gran tacañon", nada menos que el impresentable Tío Gilito, el único funny animal del mundo que se baña en una piscina llena de monedas. Quizá no es el mejor trabajo de su carrera (las historias cortas que permanecen inéditas en castellano son absolutamente insuperables), pero sin duda será el preferido por todos los que nos criamos leyendo en la edición de Montena las aventuras del cínico más carismático y puñetero de la escudería Disney (por cierto, ¿alguien sabría decirme por qué Scrooge, el nombre original del personaje -como el del legendario avaro del CUENTO DE NAVIDAD de Dickens- ha sido traducido toda la vida al castellano por Gilito?).
La primera historia de las dos que recopila el álbum que ha editado B comienza en Escocia en el año 1867. Por primera vez, nos encontramos con un Gilito niño a punto de ganar su primera moneda (sí, la mítica número uno, la legendaria moneda de diez centavos que Gilito guarda en una campana de cristal colocada sobre un cojín de terciopelo). Por supuesto, la acción pronto se traslada a América. El país de las oportunidades acoge a un Gilito adolescente dispuesto a hacerse millonario con la única compañía de los dientes de oro y el reloj de plata de su bisabuelo. Pero poco después la fortuna comienza a sonreírle y encuentra trabajo en Lousville, Kentucky (¿os suena de algo?), en uno de los barcos que recorren el Missisipi, conoce a Eugenio Tarconi y tiene su primer encontronazo con los Golfos Apandadores en una divertida aventura de proporciones épicas. Aún quedan muchas páginas para que el joven emprendedor y optimista se convierta en un amargado millonario resen-tido. Pero, tranquilos, Alaska está a la vuelta de la esquina...
Un consejo: si podéis conseguir la edición de Gladstone no os lo penséis dos veces. Aunque parece ser que la culpa del desaguisado la tiene la errática política editorial de Disney, la edición española deja bastante que desear. No sólo nos hemos quedado sin las estupendas portadas de Rosa, sino que también se han suprimido los textos que se incluían en la edición de Gladstone explicando en qué anécdotas de las historietas de Barks se ha inspirado para escribir su epopeya. Además, cualquier parecido del color español con el original es pura coincidencia. Al menos podemos consolarnos con el bajo precio de los álbumes de la colección Olé! Disney y, vamos, seguro que de pequeños nos habría encantado el relieve de la portada.
¿O no?
David Muñoz
U, el hijo de Urich #2 Enero 1997


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