Parece que el manga está en nuestro país condenado a ser identificado con argumentos hiperviolentos, personajes de cabezas superlativas o pechos titánicos y con una especie de infantilismo mal curado que acabaría resolviéndose en fascismos varios e idiocia extrema. Sin negar que mucho hay de todo eso en el material que llega a los kioscos (por no hablar de la mayor parte de los productos miméticos que surgen del fandom más profundo), empieza a hacerse imprescindible una campaña de desagravio para con un medio del que apenas nos ha sido desvelada la mínima (aunque muy ruidosa, sí) punta del iceberg. Hay en Japón, que nadie lo dude, obras y autores poco amigos del fuego de artificio y el consolador de fantasía, incluso dentro de eso que puede calificarse como mainstream (si bien por allí no están tan claras las divisiones, y algunas de las mejores y más rompedoras obras se publican en multitudinarias revistas de género). No es este lar ni momento para extendernos en una lista de nombres y títulos que, por otra parte, aún no acabamos de completar, pero sirvan las siguientes líneas en torno a la edición francesa de AKKANBE IKKYU como reflexión sobre un medio del que aún lo ignoramos casi todo, pese a quien pese.
Aparecida en Japón entre los años 1993 y 1995, esta biografía del muy célebre (parece) monje budista Ikkyu constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de que también por allí se hace una Historieta meditada y compleja. De la mano del excelente narrador que fue Hisashi Sakaguchi conocemos la vida del niño Shûken, que ingresará en un monasterio budista para convertirse en el joven Shójun, que a su vez recibirá de uno de sus maestros el nombre ya definitivo que sirve de título a la excelente edición francesa. El tono del relato es intimista y cercano, el peso siempre del lado de los personajes: sus conversaciones, sus gestos más pequeños. Sin perder de vista, por supuesto, la minuciosa reconstrucción histórica (que, pese a su importancia, nunca ocupa un primer término: ahí está siempre, como telón de fondo, sin interferir la narración, sin desvirtuar con una indigestión de documentación la dimensión puramente lúdica de la obra). Resulta curioso comprobar cómo el autor va dosificando los datos imprescindibles sobre la época (política, situación económica, relaciones con China, idiosincrasia de los diferentes templos...), bien merced a breves textos impersonales o a través de las conversaciones casuales de los campesinos o los propios monjes, pero siempre de manera que la información se integre en la historia en el momento adecuado, nunca antes o después, y nunca de manera artificial.
En lo plástico, el talento de Sakaguchi brilla con todo su esplendor en esta obra: la línea delicada y nerviosa, el trabajo de tramas, la mancha crispada y compleja.... El realismo estilizado del dibujo tradicional japonés (el delicioso costumbrismo, la poesía del paisaje, la composición elegantísima) se da la mano con el lenguaje del manga (Historieta, al fin) en un trabajo de maneras clasicistas que aprovecha hasta el último resquicio las posibilidades expresivas de la narración gráfica. (Por supuesto, las convenciones se nos siguen antojando, a veces, ajenas: el tratamiento del tiempo, la verticalidad de la puesta, un cierto hieratismo difícilmente asimilable por nuestra cultura visual. Y, sin embargo, resulta sorprendente lo cerca que las páginas de IKKYU están de los mejores trabajos de Hermann, por ejemplo. Por la fluidez del montaje, por la extraordinaria sensación de libertad formal que cada plancha respira.)
Hisashi Sakaguchi nació en Tokio en 1946. A los 17 años ingresó en los Estudios Mushi, donde trabajó para el gran Osamu Tezuka (el maestro de maestros, lamentablemente inédito en nuestro país) en series como TETSUWAN ATOM O JUNGLE TAITEl. En 1969 dejó la animación para dedicarse a tiempo completo a la ilustración y la Historieta. En 1984 comienza a seriar en la revista MONTHLY COMIC TOM su primera gran obra, ISHI NO HANA, (más de 1.400 páginas), sobre un partisano que lucha en la vieja Yugoslavia contra la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial.
Luego vino VERSION (cuyo primer tomo ha aparecido serializado en formato comic-book de mano de Glénat-España), una compleja aventura de ficción científica con la inteligencia artificial como telón de fondo. Por fin, entre 1993 y 1995 aparecen las distintas entregas de AKKANBE IKKYU, la que muchos consideran su obra maestra, de la que Glénat-Francia ha publicado hasta ahora dos espléndidos volúmenes (a los que habría que reprochar únicamente la rotulación de determinados textos de apoyo, ilegible, en el primero; el error se subsanó para el segundo, señal de que alguien se fija y hasta piensa. Allí, al menos). Sakaguchi murió de un problema cardíaco el 22 de diciembre de 1995, en lo más alto y fructífero de su carrera y de sus capacidades artísticas. Resulta lamentable que en nuestro país únicamente conozcamos una mínima parte de su obra. Su ausencia nos hace, sin duda, más pobres.
Francisco Naranjo
U, el hijo de Urich #3 Abril 1997


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