viernes, 9 de enero de 2026

ODIO MUNDO IDIOTA PETER BAGGE EDICIONES LA CÚPULA

Ediciones La Cúpula saca estos días al mercado la tercera entrega de ODIO, serie de Novelas Gráficas bajo el anagrama de Víbora Comix, que presenta, por fin, de una forma no meramente testimonial, la homónima obra de Peter Bagge, HATE. En el año 90, tras dar por concluída la revista formato magazine NEAT STUFF, donde venía presentando su trabajo en los '80, Bagge decide pasarse al formato comic book y centrarse en su personaje presumiblemente más comercial, en una especie de indisimulada búsqueda del éxito a la americana, independizando a su juvenil Buddy Bradley de la familia que constituyó, a su vez, el núcleo de continuidad de los contenidos de NEAT STUFF. Bagge ironiza sobre esta decisión suya, Fantagraphics, Gary Groth y el submundo del comic en una divertida historieta que apareció en el número 1 de HATE y que, por salirse de la línea Buddy Bradley, no aparece en la edición española.

La edición de La Cúpula, también en un meditado intento por conseguir comercialidad para el más reciente underground americano, cuya consistencia artística venía pidiendo a gritos su publicación en castellano (hablamos de LOVE & ROCKETS, Dan Clowes, Chester Brown como mínimo), reúne tres números americanos en cada, así llamada, Novela Gráfica y, hasta ahora, mantienen escrupulosamente el orden original.



Por lo tanto, este tercer número recopila el material de los comic books de Fantagraphics 7,8 y 9, así que parece que podremos disfrutar de la serie en este formato de entregas, s1 ésta encuentra un nicho natural de público que, sin duda, debe existir en el escuálido mercado hispano. En esa búsqueda de público, los de EL VÍBORA están siguiendo el criterio de los americanos de asociar, a través de referencias y publicidad, este comic con la música pop-rock alternativa más cañera, lo que allí les ha dado un indudable éxito de ventas a nivel indie, al menos. De hecho, HATE aparece más reseñado casi por revistas de música que por las de comics, y el mayor peso específico de aquéllas le permite llegar a un público más amplio.

Paralelamente, bajo la insignia de Brut Comix que ofrece también (amén de algunos autores nativos de aquí) a Brown y a Clowes, han salido dos números de MUNDO IDIOTA, dudoso pero resultón título que esconde material antiguo de Bagge desarrollando otros personajes más episódicos de la galería creada en su anterior revista, NEAT STUFF, fuera del universo Bradley. En ello también parecen seguir la política de Fantagraphics ya que, actualmente, la obra de Bagge se recopila en tomos, un poco con ese criterio: Bradleys por un lado y, por otro, STUPID COMICS, JUNIOR & OTHER LOSERS y STUDS KIRBY. Si los lectores hispanos seguimos con esta "suerte", es posible que La Cúpula acabe ofreciéndonos con cierta constancia también los trabajos originados en NEAT STUFF.

Este MUNDO IDIOTA, evidente trasposición de STUPID COMICS, incluye salvajes episodios de Girly Girl y otras monstruosas criaturas como Chucky Boy, junto a alguna historieta de Junior y Studs Kirby. Adolece del molesto defecto de la reducción de formato (similar al RIO VENENO de Beto, también en Brut), que obliga a rotular en castellano con letra minúscula, lo cual no sucede con ODIO, afortunadamente. Por otro lado, tanto una como otra edición recopilatoria nos privan de las portadas originales de los tebeos americanos, que no aparecen ofrecidas como complemento de ningún tipo, aunque esto es algo a lo que ya estamos acostumbrados. Las traducciones de Hernán Migoya parecen bastante ajustadas, en general, teniendo en cuenta la cantidad de lenguaje callejero superactual de, además, diversidad de tribus urbanas, a la que debe enfrentarse, no obstante lo cual, alguna palabra rancia y fuera de tribu se le cuela de vez en cuando.

En cuanto al contenido de lo que ofrece La Cúpula, aparte del "imprescindible" implícito en lo anterior, no hace falta ahorrar calificativos elogiosos. Ciertamente, pocas cosas he leído con tanto gusto e interés como esta primera etapa de HATE ),que está saliendo ahora al mercado español. Talento de caricaturista e historietista aparte, ya demostrado por Bagge en su anterior etapa (para muestra, un buen pegote de risas se puede sacar de MUNDO IDIOTA también), en ODIO Bagge se revela como un finísimo y paciente observador de la gente de su generación y de su entorno. Presenta cada historia de forma modélica, tanto en lo que se refiere a su puesta en escena y a la caracterización gráfica de los personajes, que es muy brillante dentro de su estilo histriónico, como -y sobre todo- en cuanto al desarrollo de los argumentos y la peripecia vital de sus creaciones que consigue aquel tan elusivo "efecto de realidad" que resulta aplastantemente eficaz.

ODIO nos devuelve la magia de la continuidad en tiempo real del comic tradicional, un poco a la antigua, con el aliciente extra de que los personajes no son aventureros imaginarios cuyos cerebros engendran ideales perfectos, sino gente tan común como los propios lectores cuyos pensamientos adolecen de toda la inseguridad y la barbarie de la gente real. En esto, la representación de la evolución interior del personaje a través de los bocadillos de nubecitas, típica técnica del comic underground, Bagge también raya a gran altura, mezclando manipulación y sinceridad en sus justas proporciones.

El talento de Bagge, sin duda en su mejor forma en esta etapa de ODIO, encierra la paciencia de los buenos narradores de dar a cada personaje su oportunidad de desarrollarse y ser distinto, de presentar a cada cual con sus razones y sus miserias, sacadas directamente de la observación de la calle, y de dedicarle tiempo a ese trabajo. No es sencillo encontrar una conjunción bien engrasada entre personajes cotidianos, historias reales e interesantes y la continuidad tan particular y exclusiva del comic, con una coreogratía tan acertada. Se cuentan con los dedos de la mano este tipo de historietas que no sólo te enganchan y te encariñan con los personajes, sino que te aportan algo válido a cada episodio, en un terreno puramente humano.

Enrique Vela


U, el hijo de Urich #2 Enero 1997

SIEMPRE ES DOMINGO YUZO TAKADA PLANETA-DEAGOSTINI



Todo es mentira en SIEMPRE ES DOMINGO. A simple vista, parece un tebeo infantil, pero trata con desenvoltura argumentos relacionados con drogas y pornografía. También parece un tebeo ingenuo y simple, pero pronto queda claro que tiene que ser un producto maquiavélicamente calculado. Por último, parece uno de esos títulos pasto de los fans más hardcore del manga, los incondicionales que devoran todo lo que lleve el sello del Sol Naciente, pero a la postre resulta una de las lecturas más amistosas para el "público general". Que SIEMPRE ES DOMINGO esté lleno de engaños y de impresiones falsas superficiales es lo más adecuado. Al fin y al cabo, uno de sus dos protagonistas principales es prestidigitador.

Además de dedicarse a las ilusiones, Toru Ichidaiji cultiva marihuana en la terraza, actividad con la que se saca unos duros y va tirando todos los meses. El momento crucial de su vida llega cuando se reencuentra con Yumi Takeshita, que ya había marcado su destino la primera vez que se vieron años antes, en circunstancias azarosas, y que ahora se ha convertido en una encantadora jovencita... y en una novata y voluntariosa agente de policía de la ciudad de Disparate. Las habilidades de mago de Toru le servirán de ayuda a Yumi en la resolución de casos relacionados con mirones, ladrones de bañadores y otros asuntos trascendentales, y, por supuesto, entre ambos se establecerá una historia de amor campechana y desentadada.

Parte de la engañosa sencillez de SIEMPRE ES DOMINGO procede de la desarmante naturalidad con la que los japoneses suelen tratar el sexo y la violencia, pero ocurre que Takada, además, ofrece un extra. Siempre se guarda una sorpresita para el final, una vuelta de tuerca, una ocurrencia divertida y nada truculenta que nos hace recuperar la admiración infantil por las tradiciones narrativas y nos obliga a poner los ojos como platos, como si todo en el mundo fuera nuevo.

Pero, en realidad, desentrañar los secretos de esta serie es tarea demasiado ardua para el crítico excesivamente alerta, y, renunciando de antemano a ella, sólo puedo aspirar a recoger algunos de los efectos que produce su lectura. El primero, que después de leer SIEMPRE ES DOMINGO dan ganas de vivir; de salir a la calle y disfrutar del sol; de ayudar a la gente y reir con ganas y, en resumidas cuentas, comportarse como un perfecto imbécil (lástima que también dan ganas de mudarse a Disparate). El segundo, que después de leer SIEMPRE ES DOMINGO dan ganas de salir a comprar más tebeos, dan ganas de leer tebeos, y especialmente tebeos como éste (lástima que no los haya).

Una vez probados los poderes curativos de esta obrita, todo lo demás resulta insignificante, pero el rigor profesional me obliga a citar ciertos datos que tal vez algún lector encuentre de interés. SIEMPRE ES DOMINGO ofrece una excelente oportunidad a quienes deseen explorar la forja de una megaestrella. Yuzo Takada, elevado al séptimo cielo gracias a 3X3 Ojos, y que continúa su carrera de éxitos con BLUE SEED, está aquí todavía en etapa de tanteo y crecimiento, y muy alejado del registro heroico y grandioso de sus obras posteriores y más conocidas (parece, pues, que el encanto de lo cotidiano no es tan comercial como lo aparatoso acompañado de monstruos). SIEMPRE ES DOMINGO es una serie cerrada (lo cual ayuda, probablemente, a que la acumulación de miles de páginas no le reste frescura, como ocurre en otros tantos títulos que ya hemos conocido y que, al cabo de varios volúmenes, bajan sensiblemente el nivel), y está dividida en capítulos breves y autoconclusivos, con lo cual la experiencia de lectura es muy distinta de las que exige el manga que habitualmente llega a estas latitudes. La sensación, tan conocida para cualquier lector de tebeos japoneses, de estar siendo víctima del efecto chicle, en el cual una premisa básica se estira y se estira sin llegar a romperse jamás, pero resultando cada vez más fina y frágil, es desconocida en este caso. SIEMPRE ES DOMINGO es uno de los mangas más concisos que se han publicado en España. Por el contrario, podríamos reprocharle a Takada que no explotara algo más los dulces sucesos de la ciudad de Disparate. Otras doscientas o trescientas páginas y estaríamos seguros de tener a mano el más contundente remedio contra cualquier depresión.

Trajano Bermúdez


U, el hijo de Urich #2 Enero 1997

FRAGMENTOS DE LA ENCICLOPEDIA DELFICA MIGUELANXO PRADO NORMA EDITORIAL



Cuando en 1983 comenzó a publicarse FRAGMENTOS DE LA ENCICLOPEDIA DÉLFICA en la legendaria revista 1984, el nombre de Miguel Angel Prado era el de un casi completo desconocido (un gallego con talento, un dibujante espléndido que algo había hecho ya en CREEPY, un tipo que contaba historias, caramba...). Cuando el álbum aparece en el '85, Prado es ya un nombre respetado, alguien con su hueco asegurado en la pequeña historia de la Historieta española.

Hoy, a una década de distancia, Norma reedita el libro en su Biblioteca Miguelanxo Prado con una portada nueva y un epílogo humilde del propio autor (un gigante ya, reconocido internacionalmente y publicado en muchos, muchísimos países): y sí, seguramente tiene razón cuando dice que era muy joven, que la ambición le podía y que algunas cosas se le fueron de las manos; seguramente el álbum es irregular, no acaba de cuajar como hubiera debido, no termina de ser redondo. No obstante, su lectura sigue siendo conmovedora y el trabajo de guión mantiene la brillantez que ya le hacía destacar hace trece años.

Por no hablar del trabajo gráfico, quizá un poco blando, sí, pero de una minuciosidad y un naturalismo entrañables (no es aún la madurez plástica de TRAZO DE TIZA, la limpieza en la composición, la poesía de la línea y la mancha; hay, sin embargo, un eco de lo que será, un pulso que recorre cada página como un hechizo y que no tardó en florecer: ya STRATOS era un paso de gigante dado en pocos meses).

FRAGMENTOS DE LA ENCICLOPEDIA DÉLFICA será para muchos una sorpresa, sin duda. Una sorpresa vigorosa y estimulante. Ficción Científica con una cierta profundidad y ambición, muy lejos de la Space Opera ramplona a la que la Historieta parece condenada (no en vano cita Prado en el epílogo nombres como el de Lem, ejemplo de inteligencia radical en la vanguardia del género). Un trabajo, en suma, de los que ya casi no se ven.

Habría que destacar, por último, la insólita política de Norma de ir reeditando la obra completa de algunos de sus más valiosos autores (Torres y Prado, concretamente), especialmente si tenemos en cuenta cómo está el mercado. Lo menos que se puede decir es que el experimento puede resultar más que interesante: ¿cómo reaccionará el nuevo público de los '90 ante las viejas aventuras de Claudio Cueco, o ante títulos clave de los '80 como STRATOS o este FRAGMENTOS DE LA ENCICLOPEDIA DÉLFICA?

Si es que reaccionan, claro (es decir, si se molestan en curiosear entre sus páginas e intentan descifrar códigos una pizca más complejos que los de los tebeos de Image o los pornomangas caseros: apocalipsis.- ¿están nuestros jóvenes preparados para leer tebeos de hace diez años o más?).

Francisco naranjo


U, el hijo de Urich #2 Enero 1997

jueves, 8 de enero de 2026

El superpoder de la uniformidad

 Tribuna libre / Jordi Costa

El Superman de James Gunn, estrenado el verano pasado, marcó un momento oportuno para la reflexión en torno a la evolución y los claroscuros de un género cinematográfico que ha acabado dominando el paisaje global del blockbuster, condicionando esa densa red de plataformas donde toda obra ha sido rebajada a la categoría nominal de contenido y que hoy ocupa el espacio antes conocido como Hollywood. Gunn parecía empeñado en devolver al público una ilusión anacrónica: la des ese público potencial que, allá por 1978, esperaba el estreno del Superman de Richard Donner: en definitiva, la película que abrió  la puerta a esta era de sobresaturación superheroica. Gunn, cuyo sello autoral se definía en el humor cínico, distanciado y metalingüístico de Guardianes de la Galaxia y, sobre todo, su radical El Escuadrón Suicida, apostaba por un registro muy distinto: formado en la Troma y lejos de toda sospecha de acercarse al imaginario del cómic sin verdadera pasión de fan, Gunn recibió intempestivas acusaciones de woke, mientras intentaba demostrar, con afilado ingenio, que, tras tantos años de justicieros oscuros y atormentados, quizás otro cine de superhéroes es posible.

El actor David Corenswet, en la nueva versión de Superman de James Gunn. 

Cuando hace ya 46 años, el Superman de Donner logró, como quería su eslogan, que el público creyese "que un hombre puede volar", nadie podía anticipar que llegaríamos a este presente en que el cielo del blockbuster luce tal densidad de figuras superheroicas que hay quien teme la potencial muerte del cine. Sin ir más lejos, cineastas como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Roland Emmerich o Denis Villeneuve. A mediados de diciembre, la firma analítica de datos PlayersTime hizo público su informa sobre el impacto global de las películas de superhéroes en los últimos 10 años, los que separan el estreno de Vengadores: La era de Ultrón, de Joss Whedon, del Superman de Gunn y Los 4 Fantásticos: Primeros pasos, de Matt Shakman. En la era del capitalismo de plataformas, el escenario que dibuja esa acumulación de números de nueve -y ocasionalmente diez- cifras parece triunfal, aunque quizás el análisis pasa por alto que esta aritmética bajo el signo de hybris quizás esté señalando el acelerado agotamiento de un modelo. Su colapso.

A primera vista, el mapa dibujado por PlayersTime ofrece pocas sorpresas: Marvel domina el escenario global frente a DC; China es el mercado más significativo después de Estados Unidos y los títulos más apreciados universalmente son los de la saga coral Vengadores -concebidos como climáticos puntos de inflexión en el diseño serial del conjunto- y los protagonizados por Spiderman, el personaje que propicia una identificación más inmediata con el potencial público adolescente. Lo interesante aparece cuando el informe trasciende la ilustración de una avasalladora estrategia de mercado para revelar ciertas especifidades culturales: ¿tiene sentido preguntarse quién sería el superhéroe preferido de cada país? Aquí, lo llamativo son las singularidades: hay una clara lógica en que Sudáfrica celebre con especial entrega identitaria a un superhéroe como Black Panther, pero no deja de resultar pintoresco que Batman -ese personaje cuyo superpoder es el capital privado- tenga su lugar de (mayor) acogida en Arabia Saudí, o que el cínico y grosero humor de una película como Deadpool y Lobezno haya sido particularmente celebrado en Polonia y Bulgaria. El informe llega también a la generosa conclusión de que el marcado éxito de una película como Joker, de Todd Phillips, en territorios como España, Portugal e Italia delata una mayor inclinación local por aproximaciones frescas y artísticamente ambiciosas a la mitología superheroicas, pasando por alto que ese proyecto anómalo no encaja de manera muy ortodoxa en el molde del subgénero analizado.

Según Silvana Vladimirova, analista de datos en PlayersTime, "el patrón sugiere que el cine de superhéroes ya no es un monolito; es un prisma a través del cual los gustos locales, el contexto social y la conexión emocional dan forma al fandom, revelando que el éxito de taquilla". Una afirmación tan utópica como insostenible, en la que se intuye una clara voluntad de redimir una de los más aparatosos proyectos de uniformización cultural desarrollados por la gran industria cinematográfica. La primera objeción que un lector de cómics podría poner en este panorama es que, de entrada, esta transubstanciación audiovisual de los universos de Marvel y DC ha invisibilizado la figura del autor, que, en un universo ya tan alejado de la creación artesanal como en el que nacieron las historietas que nutren estas mitologías, por lo menos se expresaba a través de la identidad cifrada en el trazo: en otras palabras, lo que sobre el papel dibujaban artistas como Steve Ditko, Jack Kirby, Jim Steranko, John Byrne o Frank Miller, en la pantalla se despliega bajo la dirección de un cineasta invisible o de un repertorio de directorios básicamente -y salvo contadísimas excepciones- intercambiables. Como recordaba Michael Chabon en los Premios Eisner en 2004, fue el editor Mort Weisinger quien, en el seno de la DC, sentó las bases de una intrincada mitología -la de Superman- que se iba haciendo compleja, al tiempo que era accesible y, sobre todo, comprensible fuera cual fuera el punto de entrada para el lector. Años más tarde, en Marvel, Stan Lee replicaría el modelo. Hoy, el capitalismo de plataformas lo ha llevado al colapso, aunque quizás siempre haya tiempo para una reinvención.

Jordi Costa es escritor, periodista y jefe de exposiciones del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).


Babelia Núm. 1.780 . Sábado 3 de enero de 2026




Babelia Núm. 1.780. Sábado 3 de enero de 2026

BIG BLOWN BABY BILL WRAY DARK HORSE

Los tebeos siempre han estado bien provistos de humoristas blasfemos, brutos y escatológicos, de los que saben hacer un chiste con un orinal y dejarte humillado si intentas descifrarlos. A los Vullemin, Reiser, Akatsuka, Álvarez Rabo, Edika y otros mártires irreverentes se quiere unir ahora el nombre del americano Bill Wray, que, ayudado en parte por el guionista Robert Loren Fleming, ha parido el inmenso BIG BLOWN BABY, una miniserie de cuatro números destinada a cambiar la forma en que vemos la taza del wáter y, por lo tanto, nuestras vidas.

Antes de entrar en otro tipo de disquisiciones, conviene dejar claro desde el principio que BIG BLOWN BABY es una salvajada que sorprende a cada viñeta, porque cada viñeta aumenta el tamaño de la última afrenta y parece buscar el límite de la tolerancia admitida en un producto publicado por Dark Horse y, desde luego, claramente insertado en el mainstream yankee. Bill Wray, como el niño de año y medio, parece especialmente a gusto manipulando vómitos, excrementos, órganos sexuales (en concreto masculinos) y todo tipo de fluidos corporales (sí, la menstruación también), pero lo que le da la categoría suficiente como para ser aceptado (qué digo aceptado, adorado) por los sesudos críticos que conforman el malévolo Círculo Interno del U es su eficaz manejo de referencias suficientemente elegantes y eruditas, como es el caso de Jack Kirby y Harvey Kurtzman, con alguna gota de Hanna Barbera y Wally Wood para dar colorido y remachar el triunfo. En realidad, soy injusto. Es cierto que BIG BLOWN BABY parece un tebeo de Kirby dibujado por Kurtzman y escrito por un Stan Lee violentísimo que tratara de hacer méritos para publicar en el TMEo, pero no es eso lo que hace que sea la repanocha, sino lo contundente y brillante de sus gags, lo delirante de su verborrea, el dominio que demuestra de las artes narrativas y compositivas y todas esas virtudes que ahora podría enumerar durante varias líneas sabiendo que a continuación me voy a escapar de explicarlas con la excusa de que el espacio impone sus limitaciones.



Si alguien ha leído hasta aquí sin conocer la obra y ya arde en deseos de saber de qué trata, que no sufra, ahora toca el resumen. Como si en un THOR de los de Lee y Kirby se tratara, contemplamos los salones dorados de los dioses cósmicos, asistimos a su concepción y nacimiento y al envío de uno de sus infantes a la Tierra, ya que todos los dioses niños "son lanzados en pequeñas naves hacia mundos remotos, donde deben demostrar que son dignos de la divinidad realizando hazañas de heroismo ininterrumpidamente durante cien años, o salvando todo un planeta, lo que caiga antes". Nuestro Big Blown Baby aterriza en mitad de una familia que, si mejorase notablemente, podríamos definirla como disfuncional. El padre, ex-marine, es una montaña de músculos que anda desnudo por la casa exigiéndole a su acojonado hijo que le machaque las pelotas con un martillo ("¡Vamos!" le arenga, "Me puedes pegar más fuerte! ¡Crees que no puedo soportarlo, ¿verdad?!'). Como el pequeño diosecillo también es un cafre, los conflictos se desatan sin demasiados prolegómenos, alcanzando su culminación en un extravagante duelo de inmundicias, consistente en ver quién es capaz de comer la cosa más asquerosa. La trama ofrece otras complicaciones (como la aparición de un polluelo espacial con poderes mentales que quiere vengarse de Big Blown Baby) y, que nadie se confunda, no es una simple excusa para acumular chistes sin sentido. Al final de la mini-serie, el lector está realmente interesado en saber cómo va a acabar todo, cosa que no siempre consiguen los tebeos de superhéroes formales.

Cada número de BIG BLOWN BABY ofrece una sección principal ocupada por esta historia, y una serie de complementos de diversa extensión, protagonizados por el Voyeur (trasunto del célebre Vigilante marveliano) o por los distintos Big Blowns de la naturaleza (Big Blown Bird, Big Blown Bee).

También hay colaboraciones de otros autores, en forma de ilustraciones o de historietas de una página: Hilary Barta, Bob Finger-man, Mike Mignola y Stephen DeStefano contribuyen a la causa.

Los aficionados a reirse con las excreciones intestinales y los que echan de menos más frecuentes trabajos del gran Gallardo quedamos desde ya a la espera de posibles continuaciones de este monumental título, que tantos movimientos de vientre está destinado a provocar en los civilizados gabinetes de los lectores de tebeos cultos.

Trajano Bermúdez

U, el hijo de Urich #2 Enero 1997


MICHAEL TURNER ART EDITION THE BEST OF ASPEN COMICS®VoL.1

 











































MICHAEL TURNER ART EDITION: THE BEST OF ASPEN COMICS™ Vol. I Issue I FEBRERO 2020. 

miércoles, 7 de enero de 2026

LIGUES SYLVIE BRASQUET/ MAX CABANES NORMA EDITORIAL



A estas alturas de partido, aún tendremos que agradecer al señor Martínez que continúe publicando un material por el que nadie más parece dispuesto a arriesgarse (y riesgo es un concepto con el que nunca se me habría ocurrido relacionar a Norma hasta ahora), a la espera de que Planeta haga cuentas de su timidísima línea de álbumes "europeos" y decida abortarla o no, y con Glénat en su muy enigmático dique seco.

Gracias, pues, por mantener nombres como Juillard, Boucq o Loisel en las mesas de novedades de las librerías, aunque sea de tarde en tarde y en ediciones no siempre primorosas.

Pero vayamos con el libro que nos ocupa, BOUQUET DE FLIRTS (no parece que LIGUES sea una traducción afortunada; carece, a mi entender, de la sutileza del original).

Quien se aventure en sus páginas podrá disfrutar de una serie de cortas estampas de tono casi impresionista, resueltas por Sylvie Brasquet con una escritura liviana y esponjosa que no es ajena (se me ocurre) a la del Raymond Queneau más fresco (pienso en Zazie o en Sally Mara, adolescentes de ternura arrogante, como la Pascale del álbum), y podrá también contemplar la luz magnífica que llena las páginas de Cabanes, la porosa melancolía que transpira cada viñeta, la precisión de una puesta en escena relajada y de apariencia casual que se ciñe al tono del relato con una dejadez felina, adaptándose con fluidez, envolviéndolo, asimilándolo.



Continúa aquí Cabanes una suerte de serie no declarada en torno al descubrimiento del sexo y la pérdida de la inocencia, cuyo primer título (LA GALLINA CIEGA, publicado en 1991 también por Norma) constituyó una auténtica sorpresa para los que no conocíamos a este autor de polimórfica carrera que, al acercarse a la cincuentena, parece decidido a recuperar no tanto sus recuerdos como una cierta cualidad del acto mismo de recordar (algo cercano a la nostalgia, pero sin sus lastres: una forma, en fin, de poesía). No obstante, en esta segunda entrega cambia de punto de vista y, por tanto, de voz. Si en LA GALLINA CIEGA eran distintos chavales los que descubrían un mundo fragante y ajeno en las piernas, los ojos, los labios de las mujeres que les atraían como poderosísimos imanes, en este LIGUES es una sola muchacha la que nos cuenta su mundo, el sol de Londres y los diferentes sabores de la carne. De la mano de los guiones excelentes de la tal Brasquet, Cabanes vuelve al terreno de la sensualidad como sólo él sabe: la luz cálida, el ritmo lento, la frescura de una impronta acaso superficial, pero siempre encantadora (y no puedo resistirme a citar otro nombre: Patrice Leconte).

En resumen, un álbum de lectura muy agradable, recomendable para los que aún son capaces de apreciar una belleza sutil (un paisaje sereno, una mirada limpia, la sombra de un aroma...) y para los que todavía recuerdan un tiempo en que los tebeos venían, también, de Francia (porque, no puedo evitar el chiste, si algo es este libro es, sin ninguna duda, francés, con todas sus consecuencias). Abstenerse, pues, lectores de SUEÑOS y demás pajilleros convulsivos.

Francisco naranjo


U, el hijo de Urich #2 Enero 1997