martes, 23 de septiembre de 2025

¡Hasta la próxima, Buddy Bradley!

La Hora del Bocadillo

Uno de los personajes más carismáticos del underground norteamericano se despide de los lectores españoles con un buen puñado de locas historias


José Luis Vidal

21 de septiembre 2025 



Nunca me han gustado los adioses. Trato de evitarlos a toda costa pero, afortunadamente, en el mundo de la ficción este momento nunca existe, ya que siempre que queramos podemos volver a disfrutar de ese libro, película o, en este caso particular, de las viñetas de nuestros cómics favoritos.

Es por ello que, aunque el quinto volumen de Las crónicas de Odio suponga una despedida de sus protagonistas, siempre tendrá un lugar destacado en nuestra/vuestra comicteca, a la que seguro que vamos a acudir en más de una ocasión para que Peter Bagge nos ponga una sonrisa con las tribulaciones de sus personajes.

En esta quinta entrega nos encontramos con un Buddy algo cambiado físicamente, sus famosas greñas no están por ningún lado, y su apariencia se asemeja más a la de un clásico lobo de mar, con parche y gorra incluida, que a otra cosa.

El negocio de los objetos de memorabilia no va demasiado bien, por lo que Buddy aprovecha la cercanía de un desguace para meterse de cabeza en el mundo de la chatarra, Y lo hará, pese a la desconfianza de su pareja Lisa, con su antiguo socio Jay, un tipo que salta de un negocio a otro con mucha habilidad.

A la nueva responsabilidad como pater familias se unirá una pesadilla que le persigue desde hace tiempo, la localización del cadáver de Apestoso. Y lo malo es que su hermano Butch, bajo los efectos del alcohol, se irá de la lengua, poniendo las cosas más difíciles.

Por su parte, el peso de la maternidad y su vida en casa hacen que, la ya de por sí desequilibrada Lisa, trate de encontrar una distracción, un hobby que la saque del agobio existencial. Lo conseguirá desde el momento que conozca a una de las madres del colegio de Harold Jr., de la que se hará amiga desde el minuto uno.

Juntas formarán un dúo musical que en breve consigue su primer bolo. Pero tal vez las cosas nos sean lo que Lisa piensa…

Y si hay un momento especial en este volumen es cuando Buddy y Lisa viajan para que este conozca a unos personajes que tan solo habían sido nombrados en anteriores historias, y que de hecho han marcado fuertemente el carácter y personalidad de la pareja de Buddy.

Son los padres de ella, una pareja que, desde el primer momento, y debido a sus personalidades y achaques, van a espantar al sorprendido yerno, que pondrá pies en polvorosa en cuanto pueda, dejando a Lisa al cuidado de sus progenitores y mostrándonos que, al fin y al cabo, Buddy Bradley siempre va a ser el mismo tipo holgazán, pasota, al que le gusta pasearse por la casa en calzoncillos y no hacer nada en todo el santo día.

El tomo se completa con un buen montón de historias protagonizadas por varios de los personajes del Universo Odio, e incluso vamos a poder disfrutar de una parodia de la relación de Peter Bagge con sus editores en Fantagraphics, un trío abandonado en una isla.

Y a todo esto, que ya de por sí es canela fina, hay que añadir un buen montón de extras, inéditos hasta ahora en nuestro país: Portadas, ilustraciones, guía de personajes, un ‘concurso’ para elegir a la novia perfecta para Apestoso…

Además de las risa que provoca este genial cómic, que no ha envejecido para nada, con el paso del tiempo ha llegado a convertirse en el retrato mordaz, pero no menos real de una sociedad como la norteamericana, formada en buena parte por esa población que en las proclamas de un psicópata con ínfulas de dictador han encontrado un camino de baldosas amarillas que, sin ellos saberlo, está pavimentado con mentiras, leyes surrealistas y el dolor de esa otra parte de la población que está sufriendo en sus carnes las injusticias de este presidente de color cheeto.

Peter Bagge es el cronista perfecto, ya que mezcla la ironía en sus desopilantes argumentos con un estilo heredero del cartoon, y ha convertido la saga de Odio en un clásico modero que todo buen lector de cómic debería disfrutar.

Para finalizar, elogiar como siempre tanto la traducción de Hernán Migoya y la rotulación de Iris Bernárdez y Joan Mulero. Sin su aportación, la edición española de Odio no sería lo que es.

Así que como ya os decía al principio, detesto los adioses. ¡Así que nos vemos en nada, Buddy!


Diario de Cadiz


lunes, 22 de septiembre de 2025

Todas las máscaras del diablo

Varios títulos recientes exploran la figura cambiante de Satanás, desde su invocación en la poesía de todos los tiempos hasta su pasado angelical y su encarnación humana


Esculturas realizadas por el músico Nick Cave: 'Diablo niño', 'Retrato de un diablo' y 'El último baile del diablo'. 

Thomas Merle (Collection museum Voorlinden)



Por Silvia Hernando

Al filo de la medianoche del próximo 20 de octubre se cumplirán 30 años exactos de la venida del anticristo a Madrid. En las profundidades del esqueleto renqueante de las Torres KIO, rascacielos gemelos erigidos con la forma de la mismísima signatura de Satanás, esa noche aciaga el mal se estrenó en presencia de un cura, un ocultista y un heavy, trío de personajes icónicos del cine patrio interpretados por Álex Angulo, Armando de Razza y Santiago Segura. Aquella visión cómico-milenarista de Álex de la Iglesia en El día de la bestia, consolidada como una de las grandes películas españolas modernas, es solo una de las incontables apariciones diabólicas que han poblado el imaginario del cine y, más incluso, la literatura.

A modo de celebración macabra del número 1.200 de su Colección de Poesía, la editorial Visor lanzó recientemente El diablo en la poesía. Los poetas con el diablo, antología de cánticos a mayor gloria del Príncipe de las Tinieblas reunida por Jesús García Sánchez; una selección que abarca desde el profeta Isaías -cuyo texto Un rey transformado en Lucifer se considera el más antiguo en torno a la caída del ángel -hasta los ensalmos del maldito Leopoldo María Panero, excelso embajador nacional del reverso sórdido de la vida.

A lo largo de las páginas de El diablo en la poesía, el escritor inglés Samuel T. Coleridge celebra que el Traidor "(...) les quitó a los pobres / y a los ricos les dio, / y hasta estrechó la mano de un maldito escocés / pues nunca tuvo miedo"; el poeta español Vicente Aleixandre se asombra de que "Me miras con tus ojos azules, / nacido del abismo. / Me miras bajo tu crespa cabellera nocturna, / helado cielo fulgurante que adoro"; y la autora estadounidense Sylvia Plath le implora: "Oh, hacedor del orgulloso negativo del planeta / oscurece el sol abrasador hasta que se detengan todos los relojes".

Junto a estos, se suceden en el libro escritores cuyas incursiones al inframundo se han entronizado en clásicos de la literatura universal: nombres como Dante, Milton y Goethe, que conviven con los de Charles Baudelaire, Vainica Doble, Nathaniel Hawthorne y Samantha Schweblin -por nombrar algunos de las decenas de heterogéneos autores invocados- en otra compilación siniestra: El gran libro de Satán (edición de Jorge de Cascante, Blackie Books, 2021), que además de algunos poemas incluye ensayos y relatos, algunos inéditos, como este de Laura Fernández titulado "Luzz quiere ser (un buen ) escritor", que empieza así: "No quería, el mismísimo demonio (...), el más sabio y más viejo arrastrazapatos de la historia, el esponjoso Ted Bliss LeClair, supiese que aquellos relatos eran suyos".

Puede que, efectivamente, hoy en día el Maligno resida en la piel de un pacato aspirante a escritor o que directamente resulte ser, como ya lo pintó Dante, un pelagatos ridículo, pero hubo una época triunfal en la que el majestuoso arcángel ocupaba un lugar destacado en el Paraíso. En un ensayo que llegará a las mesas de novedades este otoño, Jerarquía. La sociedad de los ángeles (Siruela), el filósofo italiano Emanuele Coccia nos recuerda que "el mal fue descubierto por el diablo, pero no fue creado por él", y, más afiladamente todavía, que el ejército angélico de cuyas filas fue expulsado Lucifer "en cierto sentido, encarna el fracaso masivo del proyecto monoteísta, del intento de reducir la divinidad a un solo sujeto". Otro título de próxima aparición, Serpientes. Enciclopedia ilustrada de las serpientes a través de los tiempos (de varios autores con edición de Servando Rocha, La Felguera), recorre los senderos sinuosos de la serpiente, animal maldecido bajo cuyas escamas encontró su disfraz más tentador el díscolo Belcebú.

Bien sea la serpiente o la cabra, no cabe duda de que el demonio tiene sus favoritos. Aunque, seguramente, nada como un tierno ser humano para ocupar un cuerpo en el reino de la Tierra. En los años noventa, parece que el Maligno tuvo a bien desplazarse del Hades hasta Noruega para infiltrarse en la escena del Black Metal, un género musical muy dado a asuntos del satanismo que en aquellas gélidas latitudes se encarnó en un puñado de bandas conocidas como el Inner Circle, grupos de actitud (y sonido) infame que sorbieron también de la mitología pagana vikinga hasta desembocar en un festival de sangre y vísceras con asesinatos, suicidios, quema de iglesias y profanación de tumbas incluidos. La historia, delirante, ya ha sido contada en películas y libros como Señores del caos (Es Pop, 2013), de Michael Moynihan y Didril Søderlind, pero ahora adquiere un cariz juguetón de la mano del premio Nacional del Cómic Magius, quien convierte a Euronymus, el Conde Grishnackh y el resto de greñudos en niños en el cuidado tebeo Black Metal (Autsider Comics)

Ya planteó Carl Jung -de quien Paidós recupera su versión ilustrada de El hombre y sus símbolos -que en nuestra sociedad descreída el diablo no se entiende tanto como representación del mal cósmico, sino como imagen del abismo que todos contenemos. Para el suizo, el diablo es Sombra, el lado oscuro y reprimido de nuestra psique, y en torno a esa idea giran algunos de los títulos de la editorial Dilatando Mentes, entregada en (ejem) cuerpo y alma al género del terror y el weird con apuestas como El diablo cree que soy hermosa, de Charlene Elsby, una historia adolescente de posesión (en realidad, enfermedad mental) en el EE UU deprimente y mísero de los parques de caravanas. Antes del primer capítulo, se advierte de que este texto "es una obra para lectores adultos". Recuerda al "Dejad toda esperanza, vosotros los que entráis aquí". Por su depravación inconcebible, en otros infiernos de la mente ni siquiera nos permitimos el acceso. Puede dar fe Luisgé Martín, cuyo libro sobre los filicidios de José Bretón, El odio -donde daba voz al asesino-, fue retirado antes de salir a la venta en abril.




El diablo en la poesía. Los poetas con el diablo

Varios autores

Edición de Jesús García Sánchez

Visor, 2025

324 páginas. 18 euros



El gran libro de Satán

Varios autores

Edición de Jorge de Cascante

Blackie Books, 2021

666 páginas. 24,90 euros


Jerarquía. La sociedad de los ángeles

Emanuele Coccia

Traducción de Marta Serrano Jiménez

Siruela, próxima aparición.



Black Metal

Magius

Autsaider Comics, 2025

220 páginas. 25 euros


Babelia núm. 1.764. Sábado 13 de septiembre de 2025



Viñetas con historia

Dos nuevas publicaciones de ACyT Ediciones repasan la historia de los tebeos. Una presenta la historia del cómic en España, otra ahonda en la 'bande dessinée' franco-belga como el modelo que ha marcado el desarrollo del cómic europeo


Julián Ruesga

21 de septiembre 2025 





Historia de los cómics en España. Varios autores. ACyT Ediciones. Sevilla, 2025. 196 págs, 15 euros



El canon franco belga del cómic. Una historia de la historieta europea. Jordi Canyissà. ACyT Ediciones. Sevilla, 2024. 400 págs, 22 euros


Historietas, tebeos, cómics, …, la narración gráfica en España ha adoptado diferentes denominaciones a lo largo de sus más de ciento cincuenta años de existencia. Unida a la industria editorial, la prensa y la imprenta modernas, la historia de los tebeos es la historia del desarrollo de estas industrias culturales en la modernidad. Desde las primeras historietas en periódicos y revistas hasta las actuales novelas gráficas, su capacidad para contar historias mediante la combinación de secuencias de imágenes dibujadas y texto le otorga una cualidad única.

Dibujantes y guionistas, los hacedores de los tebeos, han desarrollado su creatividad con un espíritu de experimentación e inventiva que desde el primer momento ha sido otra seña de identidad del medio. Las soluciones visuales y compositivas desplegadas han reforzado su eficacia narrativa y la amplitud y perspectivas de temas tratados ha convertido al tebeo en un espacio de interés estético, gráfico y literario. Su capacidad para combinar entretenimiento con expresión artística, mientras mantiene un fuerte componente comercial, ha permitido que sea un medio culturalmente relevante en todo el mundo y un objeto de investigación y estudio que aporta una reveladora información sobre el funcionamiento y desarrollo de la cultura popular en el mundo contemporáneo.

Los primeros estudios sobre los tebeos aparecieron en España en la década de 1960, Tebeo y cultura de masas de Luis Gasca, publicado en 1966, y Los cómics, arte para el consumo y formas pop de Terenci Moix publicado en 1968. A la vez, en Europa, el interés de los “estudios culturales” por la cultura de masas y la publicación de investigaciones sobre cómics, como las de Umberto Eco, le dieron dimensión académica abordándolos -junto al cine, la música pop y los programas de radio y televisión- como una manifestación cultural contemporánea y un medio de expresión con un lenguaje y estética propios.

Dos nuevas publicaciones de ACT Ediciones se suman a la colección de títulos ya existentes. Una es Historia de los cómics en España, un recorrido por el legado sociocultural y mediático del cómic nacional destacando su perfil de industria cultural. El volumen es la edición española de Histoire de la bande dessinée espagnole, publicado en Francia en diciembre de 2023 con motivo de la celebración de la decimotercera edición del Salon des ouvrages de BD (SoBD) en París, dedicado al cómic español. El libro subraya el cambio de estatus cultural y percepción social del cómic a lo largo del siglo XX, su paso de los quioscos de prensa a las librerías y bibliotecas, el interés de la academia por investigarlo y el desarrollo de estudios críticos que han favorecido su legitimación artística y reconocimiento social.

Organizado cronológicamente, en torno a los grandes momentos que han marcado su desarrollo y transformación, Historia de los cómics en España se estructura en cuatro capítulos escritos cada uno de ellos por un especialista español: Manuel Barrero escribe sobre los orígenes de la historieta en España 1857-1937, Antonio Altarriba sobre los tebeos en el franquismo 1939-1975, Antoni Guiral se ocupa del periodo comprendido entre 1975 y el fin de siglo –de las revistas al cómic book para adultos- y cierra el volum en el capítulo escrito por Álvaro Pons sobre los cambios del tebeo durante el siglo XXI, 2000-2023. Además, se acompaña de una introducción de Felix López y un prólogo de la hispanista Viviane Alary directora del proyecto europeo iCOn-MICs.

El otro volumen publicado por Tebeoesfera es El canon franco belga del cómic. Una historia de la historieta europea, escrito por Jordi Canyissà, un extenso y elaborado trabajo que analiza cómo la narración gráfica consolida en Bélgica y Francia un tipo de estética particular, con un lenguaje visual y un formato característicos, que recibe el nombre de bande dessinée, BD. El autor explica cómo nace el modelo, los autores que lo hacen posible y desarrollan, el modelo editorial que lo sostiene, los fenómenos editoriales que lo impulsaron y favorecieron su difusión internacional y cómo ha sido su transformación, formal y comercial, abriéndose a nuevos planteamientos e influencias. Subraya su peso económico, como la bande dessinée es una parte muy valiosa del negocio editorial en Francia y Bélgica, supone más del 7% del total de la facturación del sector del libro, sin contar el manga ni el cómic estadounidense -las otras dos grandes familias de la narración gráfica.

El canon franco-belga del cómic recorre varias décadas de historia del cómic en Europa a través de las grandes obras que lo han hecho posible hasta finales del siglo XX, cuando surge una nueva historieta independiente que enlazará con la llamada novela gráfica. En el epicentro de ese canon el autor sitúa naturalmente a Georges Remi, Hergé, creador de Tintin y a André Franquin dibujante de Spirou y sitúa alrededor de ellos, ampliando y desarrollando su estela, a Jijé, Morris, Goscinny, Charlier, Uderzo, Giraud-Moebius, Greg, Gotlib, Bretécher, Bilal, Lauzier o Tardi. La obra pasa revista a álbumes, revistas, editoriales y al cruce de influencias entre autores. Un paseo entre grandes obras del cómic. Un libro claro y accesible con una excelente selección de imágenes históricas que ilustran muy bien los temas desarrollados en cada uno de los capítulos.

Los cómics, en España y Europa, son un importante componente de la cultura contemporánea a la vez que un reflejo paradigmático del complejo funcionamiento de las industrias culturales: libertad creativa sujeta a los imperativos económicos del mercado. Una forma de arte que ha jugado un importante papel en la cultura de masas a lo largo de su historia. Ambas publicaciones alumbran y explican este espacio.


Diario de Cadiz



domingo, 21 de septiembre de 2025

Bailando con Zorros, un homenaje

 El faro del fin del mundo / Jacinto Antón


Graham Greene, en un momento de la película Bailando con lobos.


Se acaba, lenta, inexorablemente, el verano, y me dedico a hacer el indio, de manera literal. He aprovechado que el jueves era fiesta en Cataluña para irme a mi tradicional territorio sagrado, unos campos junto a una masía abandonada, Can Batllic, en Viladrau, a fin de implorar una visión, en plan sioux. Lo he hecho siguiendo a mi manera las reglas del Hanblecheyapi (llorar por una visión), el rito de paso lakota tan bien descrito por Alce Negro en La pipa sagrada (Taurus, 1986), uno de mis libros de cabecera. consiste en echarte al monte y, en soledad y ayuno, esperar a ver qué se te presenta para posteriormente interpretar lo que has visto con ayuda de un wichashawakan, un líder espiritual, como Ave que Patea (Kicking Bird, Zinjtká Nagwáka), el ficticio hombre medicina sioux de Bailando con lobos que encarnaba de manera inolvidable -excepto por el peinado- el recién fallecido actor de la nación oneida Graham Greene.

Marché pues con el triste recuerdo de Ave que Patea ( y en homenaje a actor y personaje) a sumergirme en la naturaleza y a conectar con las fuerzas sagradas y con Wakan Tanka, el Gran Espíritu. Llegado el atardecer a mi axis mundi de los campos, enmarcados por dos montes gemelos que son mi humilde equivalente de las Black Hills, procedí a buscar mi visión. Acoté un espacio en un montículo y me estiré en la hierba a esperar la visión. Caballo Loco (Tashunlo Witko) y Toro Sentado (Tatanka Iyotanka) las tuvieron sensacionales. Yo no aspiraba a tanto pero por si acaso había cogido los prismáticos.

Cuando llevaba una hora inmóvil, con calambres, sed y comido por los mosquitos, se hizo un silencio impresionante mientras la atmósfera se espesaba y la luz del ocaso adquiría una calidad mágica. Entonces sucedió. Dos pájaros dorados pasaron volando hasta posarse en la gran higuera junto a la masía abandonada. Fue como si el vuelo dejara un rastro incandescente en mis ojos y mi corazón. Surcaron el cielo mientras el sol se ponía como un ascua entre las dos colinas recortándose en un estallido de oro. Eran dos oropéndolas macho, la extraordinaria ave amarilla. Nunca las había visto en Can Batllic. Apenas me estaba reponiendo de la sensación numinosa de la visión cuando tuve otra: una figura bamboleante atravesaba los campos, ¡un tejón como el de Caballo Loco! Me quedé un largo rato mirando y los campos volvieron a cobrar vida con un precioso zorro rojizo que incluso se puso a dos patas y ejecutó unos saltos dignos del potro encabritado de la visión del gran guerrero oglaga (o de Calcetines, el lobo de Bailando con lobos). Y eso no fue todo: apareció un segundo zorro, con parte del lomo plateado, como si fuera un viejo chamán.

Más allá de la experiencia me indicaba un nuevo nombre, Pájaro Sol, Hombre que Alucina o Bailando con Zorros, pensé que había recibido un regalo de Ave que Patea, probablemente el mejor hombre medicina y el mejor indio a secas (dejando de lado los problemas con el alcohol de Greene ) que hemos conocido en el cine. Buen tipo, entrañable y definitivamente simpático. Ave que Patea es un personaje inolvidable. Escenas como aquella en la que reconoce en la voluntariosa pantomima del teniente John Dunbar al búfalo, "tatanka", son de las que permanecen en la memoria. Nativo oneida (una de las seis naciones iroqueses o como se prefiere ahora, exónimo por endónimo, Haudenosaunee), no le gustaba la etiqueta de actor nativo americano, que le parecía como si a Kevin Costner, lo conocieran como "actor blanco". Él hizo de todo, incluso de Shylock en El mercader de Venecia, pero es cierto que le recordamos sobre todo en papeles de indio. Su rostro de buena persona, tranquilo, con un punto melancólico, le caracterizaba.

No cuento con hombre medicina alguno para interpretar mis visiones de final de verano, inducidas en parte por la noticia de la desaparición de nuestro chamán favorito. Pero me voy a hacer un pase intensivo de la versión alargada de Bailando con lobos y a revisar la filmografía completa de Graham Greene. En algún lugar se encuentra sin duda la explicación para lo que he visto, y se esconde el mensaje postrero, fundamental, de Ave que Patea. Aho, que así sea.


El Pais. Cultura . Sábado 13 de septiembre de 2025


Locked & Loaded : clip de CRCR (Fortnite Anthem 2025)


El colectivo francés CRCR firmó las secuencias de animación del reciente clip " Locked & Loaded " para el videojuego Fortnite (es el himno de sus competiciones de 2025).


Via Catsuka


Matices de gris y trazos de negro

El mangaka Gou Tanabe regresa a las librerías españolas adaptando a las viñetas relatos de varios autores


José Luis Vidal

20 de septiembre 2025


Le conocemos como el exitoso artista que ha recreado para el cómic el universo creado por el escritor norteamericano H.P. Lovecraft. Su visión de los Mitos de Cthulhu le ha convertido en un autor seguido por miles de lectores, y aquí en España hemos tenido la inmensa suerte de poder disfrutar de gran parte de su obra, gracias a Planeta Cómic.




El Extraño y otras historias

Guion: VV AA

Dibujo: Gou Tanabe

Tapa dura

Blanco y negro

208 pags.

17,95 euros

Planeta Cómic

En este nuevo volumen nos encontramos con que, a lo largo del tiempo, Tanabe se ha enfrentado al reto de sumergirse en otros universos literarios, todos alejados del conocido como terror cósmico. Curiosamente, el volumen se abre con un relato del propio Lovecraft, en su vertiente más gótica. En este, un joven maldice su soledad. Para huir de ella deberá ascender por el interior de una altísima torre, hecho que culmina con un gran esfuerzo.

La sorpresa llegara cuando al llegar a la cima se encuentre con lo inesperado, tanto para él como las personas con las que se cruce, desvelándose el verdadero horror que tan solo puede percibirse en el reflejo de un espejo.

Y a partir de aquí, olvidémonos por el momento del terror, ya que Gou Tanabe va a revisitar dos relatos pertenecientes a sendos autores rusos, Antón Chejov y Máximo Gorki.

En el primero, Casa con desván, nos presenta a un joven pintor que acepta la hospitalidad de una familia. En largas y acaloradas conversaciones con la hermana mayor, el artista bautizado como N se dejará llevar por la mirada de hermana menor, Misius, que ocupará su corazón en ese momento.

Por desgracia, la relación entre ambos no va a durar demasiado, convirtiendo este relato en un grito sentimental, de un amor que pudo ser y no fue.

El relato de Gorki podríamos considerar que está cubierto por una pátina kafkiana, ya que nos presenta a los protagonistas que dan título a este, Veintiséis y una. Y precisamente este es el número de jóvenes que trabaja amasando galletas, horas y horas. Su único momento de descanso y alegría es cuando a la sala accede una bella joven, Tania, que ha ocupado el corazón de todos y cada uno de los jóvenes.

Lo malo vendrá cuando el virus de los celos aparezca…

De ahí saltamos a un relato creado por el guionista nipón Carib Song, que lleva por título El artista ambulante de Pont Neuf, y nos presenta a un protagonista de peculiar aspecto, narrador de un suceso de su infancia, cuando junto a su hermana conocerán a un hombre que confiesa venir de las estrellas…

En Kasane, la muerte de Sôetsu, Gou Tanabe lleva a las viñetas en modo precuela, la que iba a ser una adaptación del texto creado por Enchô San´yûtei I, en el que un hombre ciego va a reclamar una deuda, con un desenlace dramático.

Y como colofón a este interesante volumen, un par de historias nacidas del talento del propio Gou Tanabe, que están protagonizadas por un monje budista, Gibon Genshô, que recorre las tierras niponas, arrasadas por la enfermedad y la hambruna, para enfrentarse a lo horrible, ya que el Mal siempre se aprovecha de estas situaciones tan extremas.

Este nuevo volumen es una oportunidad única para conocer por primera vez a este autor o, en todo caso, para seguir completando la línea dedicada a su obra.


Diario de Cadiz


sábado, 20 de septiembre de 2025

HITCHCOCK Y YO Por Álex de la Iglesia

Hay amores que matan. El cine está lleno de casos. El director de Crimen Ferpecto habla de su relación fetichista con el gran maestro del suspense.



Resulta difícil hablar de mi relación con Hitchcock, de la misma manera que me resulta complicado hablar de mi madre, de mis creencias religiosas, o de mi mejor amigo. Incluso me cuesta mucho hablar de esa rubia estupenda del casting que tanto me pone, con esas curvas, Dios, y a la que nunca tendré acceso, acceso carnal, se entiende. Pero antes de comenzar mi desordenado discurso por el intrincadísmo sendero de las sucias obsesiones que compartimos Hitchcock y yo, considero pertinente advertir al lector que mi parecido físico con el director británico no es producto de una desorbitada admiración o de un mimetismo fanático adolescente. No, no soy gordo porque él lo era, pero sí es posible que mi obesidad temprana como la suya, se deba a razones semejantes. Sospecho que bajo estos kilos de grasa que me acompañan a todas partes se oculta una larva de ansiedad incombustible, un insecto alienígena que me empuja sobre la realidad con una fuerza asombrosa, una energía que, inequívocamente, golpearía mi cuerpo una y otra vez contra los objetos y las personas, como una especia de torbellino infernal, hasta matarme. Mi organismo, por un afán de pura supervivencia, necesita frenar este impulso primigenio, entorpecer los estertores de esa larva imparable, y por eso engorda hasta la desmesura, creando un colchón blando a mi alrededor que de defiende del mundo real, áspera y punzante. Gracias a mi obesidad soy una persona socialmente aceptada, integrada en el sistema. Perezco incluso normal, si me apuras. Si adelgazase me dedicaría a la extorsión, al narcotráfico, al canibalismo. Se descubriría mi verdadero talante asesino: sería un peligro social.

El cine, tanto en el caso de Hitchcock como en el mío, ejerce sobre nuestras almas torturadas un curioso efecto balsámico. Nos hace engordar y apacigua nuestras mentes. Este negocio me permite mantenerme dentro de la legalidad. Sin el cine, yo no soñaría con crímenes perfectos, ni siquiera ferpectos. Yo cometería crímenes, sencillamente. La rabia y el dolor que genera frenar día a día ese monstruo interior que nos abrasa, puede vehicularse de manera pacífica a través de la tragedia, y darle un sabor deliciosamente amargo a la comedia. Es una especie de venganza, un placer obsceno: inyectar veneno sin que lo noten nuestras madres, el profesor del colegio, o el crítico del periódico. En Hitchcock está ahí, esa rabia, cuando Joseph Cotten, el tío Charlie, ese bonachón sinvergüenza, le escupe a Teresa Wright su manera de ver la vida: "El mundo es una inmundicia... Si derribasen las fachadas de las casas, sólo descubriríamos cerdos". Claro, eso relaja. Hitckcock, como el asesino después del crimen, siente una profunda plenitud cuando consigue que su identidad pase desapercibida, y la gente no sospecha nada. Su delito, construir un mundo de imágenes perfectas. Superar la realidad, ordenarla, sublimarla. Sí, su larva descansa. Por eso es terriblemente generoso con el público, por eso se disfraza de gordito simpático, y de alguna manera llega a serlo; porque su larva duerme, saciada al final de cada proyección. Hitchcock siempre será, para el no iniciado, el mago del suspense, alguien frívolo y comercial, un director para y por el público. ¿Hay algo más sublime? Por otro lado, algunos disfrutamos de su lado oscuro, del genio tras el genio, de lo que se esconde bajo el velo superficial de sus deliciosos thrillers, descendiendo poco a poco al fondo de la espiral, como decía el certero hermeneuta, José María Latorre. Ser un secreto dentro de un secreto. Más que mago, Hitchcock es un druida, un alquimista, el máximo hierofante de un misterio al que se accede a través de un viaje inciático, un camino tortuoso en el que el ayuno y la vigilia son fundamentales. Hay que olvidarse del estúpido sueño de querer ser importante para los estúpidos, y abandonar para siempre el sueño de lo serio. La seriedad es un paraíso de idiotas. Lo políticamente correcto, lo comprometido, lo socialmente relevante, no deja de ser una meta pobre, insustancial, dispensadora de premios y halagos de progres patéticos y señoras emperifolladas. William Wyler se los llevaba todos, claro. Hitchcock nunca rodó ese subgénero prestigioso, "el cine de festival", y nunca ganó un Oscar. ¿Creen que eso le importó alguna vez? Pues sí, porque era malo y envidioso, como cuenta Spoto en su libro. Pero no lo suficiente como para cambiar su destino. La Gran Obra consiste exactamente en lo contrario. Crear un bombón relleno de cianuro que se venda en todas las pastelerías del mundo... Intoxicar con su perfección el nauseabundo mundo real.



COMIDA, SEXO Y SUEÑO

Si te falta uno, siempre está el otro. Como vasos comunicantes, se compensan entre sí. Pero dejemos este jardín de digresiones metafísicas. Hitchcock y yo estamos gordos porque no movemos el culo de la silla. Decían que Hitchcock se dormía durante el rodaje de Family Plot. ¿Quién no se duerme después de una copiosa comida, aturdido por el sol a las cuatro de la tarde? Ya tenemos otro punto en común. A partir de aquí, los senderos se bifurcan. Hitchcock se diluye como un cometa en el cielo estrellado, y yo soy un espectador de su inalcanzable trayectoria. Sólo soy un observador asomado a un abismo que se desborda, como apuntaba el genial Eugenio Trías. Ese abismo que girando como un tornillo se hunde en un ojo, un ojo que, a su vez, termina mirando fuera de cuadro. No puedo ni debo hablar de sus películas. Eso es trabajo de otros. Sólo puedo recordar sensaciones; sobre todo, la belleza de los planos. Pero, ¿es Hitchcock exclusivamente un director formal, como algunos aseguran apresuradamente? Evidentemente, no. Su enigma es más profundo. Hay una postura ante el mundo, una posición incómoda, brutal en algunos casos, cínica, terroríficamente sarcástica, amarga, malsana, y sobre todo, enormemente divertida. Me interesa todo, desde el cine británico, con esa viejecilla desaparecida en el tren, su etapa Selznick, donde afianza su carácter y la fuerza de su cámara, hasta el apogeo, en los cincuenta. Si me obligaran a elegir una película entre todas las que he visto, una de las finalistas sería, sin duda, Con la muerte en los talones. Jamás he disfrutado tanto en un cine. George Kaplan. Roger Thornhill... Nombres que perdurarán en mi memoria para siempre. Después, el excelso ocaso: Topaz, ininteligible, opaca, misteriosa, alucinante, Frenesí, desagradable, incluso repugnante, perfecta en su maldad, impecable...

¿Cómo soportar la densidad de Vértigo? Huyendo en su interior. He visto esa película demasiadas veces, demasiadas para conocer su número. Durante semanas fui una y otra vez a aquella sala y asistí al ritual. En silencio, aquellas imágenes de otro mundo llenaban mi cabeza hasta asfixiarla. Nunca he sentido una sensación semejante. No podía asumir tanta información. Pensé en irme sólo tras los títulos de crédito. Ya bastaba, ya era suficiente. Necesitaba tiempo para reflexionar, para pensar con calma. ¡Oh, Señor yo no soy digno de que entres en mi cabeza, pero sólo un fotograma tuyo bastará para sanarme! Hay una atmósfera inhumana, en la misma imagen, que la hace particularmente cautivadora, casi hipnótica. Creo que es la única película en la que el espectador penetra en un mundo de sensaciones similar al de los sueños. Viendo Vértigo, el alma se sumerge en un líquido denso como el mercurio, traslúcido, porque no llega a ser transparente, pero de la luminosidad asombrosa... ¿Qué se oculta bajo el turbio océano? Trías estableció una serie de conexiones imprescindibles para esclarecer ese sueño hipnótico: La unión indisoluble de lo Bello con lo Siniestro, Hoffman y sus autómatas. ¿Es posible amar? Sí, a un fantasma, a una idea. Pero yo no quiero que sea ideal, necesito que sea real. Entonces enloquecerás y lo destruirás. Frankenstein enamorado de su monstruo... ¿Qué hago? ¡Qué pretendo? ¿Explicarlo? No, por Dios. Sólo puedo sentirlo. Es mejor que abandone, en serio. Me estoy poniendo lírico. Parezco un crítico y, desgraciadamente, no soy más que un pobre hombre metido en una tremenda historia, como sus protagonistas. Como Scottie en Vértigo, intento patéticamente recordar algo que soñé una vez, y mis estúpidas manazas sólo saben darle vida durante unos segundos antes de que desaparezca, hecho añicos, entre mis dedos.


ClubCultura #4 Otoño 2004