sábado, 15 de febrero de 2014

CEREBUS: GUÍA DE SUPERVIVENCIA PARA AARDVARKS EN LA TIERRA DE LOS NAZIS CON LEOTARDOS Por Albert Monteys i Homar

 En 1977, los Sex Pistols abrieron el camino para montones de nuevas bandas New Wave y Punk decididas (y en ocasiones incluso con el suficiente talento) a desmarcarse de los circuitos establecidos. Las emisoras universitarias fueron el soporte que amparó a la ingente cantidad de nuevos grupos que surgían. No tenían grandes audiencias o "patrocinadores" a los que tener en cuenta y su estructura no les condicionaba a radiar los cuarenta principales constantemente. Con este nuevo medio para las bandas, grupos con contratos de grandes compañías pero pequeñas audiencias se encontraron compitiendo con grupos independientes. Estas independientes sobrevivían enviando copias promocionales a algunas emisoras universitarias ya tiendas de discos locales, más que luchando por un publico a nivel nacional o internacional. Acabaron atrayendo la atención de las grandes firmas, que empezaron a emular a las independientes, masificando así su mercado.
Y en 1977 Dave Sim decidió hacer lo propio.


La misma época que vio el surgimiento de los Sex Pistols, Ramones o Talking Heads, vio también un cambio en el encorsetado mundo del cómic americano al publicar su propia obra autores que habían fracasado en su intento de entrar en las grandes. El Cerebus de Dave Sim, era a la vez una calculada explotación de Conan y un modelo para otros creadores del mundo del cómic, un autentico Never Mind The Bollocks para la industria del cómic yanqui, embutida en pijamas de colores.

Sim era, en aquella época un dibujante aficionado, como cualquier otro (bastante del montón, para ser honestos), había probado en fanzines y en revistas semiprofesionales y conocía ligeramente los entresijos de la distribución, gracias a su trabajo en una librería especializada. Tenía un personaje, mascota del fanzine Cerebus y decidió arriesgarse con la edición del numero uno de su propio comic-book. Él se lo guisaba y él se lo comía. Si la cosa no funcionaba era él el que perdía, pero si todo iba bien, era él quien obtenía los beneficios. Incluso dejando de lado el vil metal la cosa tenia ventajas: control absoluto sobre la propia obra, propiedad del personaje y alimento para el enorme ego de Dave Sim.




 En el numero uno de Cerebus se nos presentaba aun Aardvark (algo así como un cerdo que puebla la noche africana, y ni siquiera estoy seguro) ataviado como Conan y con una personalidad agresiva y hosca, en un mundo de heroic fantasy poblado por seres humanos. Cerebus era por aquel entonces una parodia sin demasiada trascendencia, el dibujo imitaba toscamente ai del Conan de Barry Windsor Smith y las historias eran graciosas, abundando en ellas los textos paródicos.

y la cosa tuvo éxito. No era la Patrulla X, pero se vendió lo suficiente como para asegurar la continuidad y el progreso de una historia, que número tras numero empezó a adquirir continuidad, profundidad y sobre todo, interés.

Así que transcurrieron los primeros doce números, que ocuparon dos años de la vida de Sim, consistentes en historias autoconcluslvas, relatando las hazañas de Cerebus y en los cuales apreciamos una rápida evolución, tanto en el estilo como en el story telling, con tramas más complejas y acertadas secuencias de viñetas, composiciones de pagina y una sorprendente facilidad para la mímica (léase las expresiones de los personajes, sobre todo Cerebus). Y Sim empezó a alargar las historias, ocupando varios números, recuperando personajes aparecidos anteriormente, y, fíjate, resulta que a Sim se le daba bien la sátira política y que el cerdito ya no derrotaba hechiceros sino que se immiscuia en los problemas de una burocracia cuya cabeza visible, Lord Julius, es, que casualidades tiene la vida, un sosias de Groucho Marx, y en este punto Sim se confirma como gran dialoguista (pese a que los diálogos son originales, el propio Groucho no le hubiera hecho ascos a las agudas réplicas de su clon de papel).

Y, claro, al tratarse de un cómic paródico no dejan de aparecer personajes como Roach (superheroe esquizoide que encarnará a lo largo de los años a Cockroach, Captain Cockroach, MoonRoach, WolveRoach, SpiderRoach y, últimamente, PunisherRoach), Elrod of Melvinbone (que habla como el Gallo Claudio de la Warner: Pero hijo, digo, hijo ¿a donde vas con eso?). Red Sonya, Sump Thing, Woman Thing o el Profesor X Claremont, por citar algunos.

El lector puede apreciar que Cerebus pierde sus caracteristias de funny animal clásico, su aspecto de personaje plano y estereotipado y va adquiriendo profundidad y se convierte al final de los veinticinco episodios que cierran el primer ciclo de la serie en un personaje, conservando su cuerpo de cartoon de la Disney, pero con posturas ante el amor o la religión, y con un rasgo que marcara la tortuosa existencia de Cerebus, la ambición.

Pese a que Dave Sim afirma que desde un principio se planteó la serle como, llamémoslo así, una serie limitada de trescientos números, que ocuparía seis mil páginas y veintiséis años de su vida, no se percibe en los inicios de la obra una voluntad de tal continuidad. El Cerebus de los inicios es un personaje sin capacidad de evolución, un estereotipo constante; ademas debemos tener en cuenta la autoconclusión de los episodios. Por el contrario, creo que esa voluntad no se hace patente hasta la mitad del primer ciclo (titulado genéricamente Cerebus), donde apreciamos la base para el arranque de lo que será el cuerpo principal de la obra.



Pero comentemos, antes de hablar sobre los ciclos posteriores, en que consiste la totalidad del proyecto de Dave Sim, después de esos veinticinco números de arranque.

Según Sim, se hecha en falta en los cómics americanos una continuidad real. Citándole, resulta imposible leer, por ejemplo, la serie de Superman del primer episodio al último aparecido y que tenga sentido como conjunto. Quien más quien menos conocerá los esfuerzos, con mayor o menor éxito, de las grandes compañías desde mediados de los ochenta por cohesionar de un modo creíble sus universos respectivos, pero en los setenta el concepto de Sim resultó algo, si mas no, revulsivo. La intención de Sim es que asistamos a la vida, evolución y finalmente a la muerte de Cerebus, incluso en un principio Sim fue más allá, intentando que un año de la serie equivaliera a un año del personaje, intento que fue abandonando paulatinamente, debido a las evidentes limitaciones narrativas que eso le imponía y permitiéndole así afortunados juegos temporales, como los Mind Games, episodios que ocurren enteramente en la cabeza de Cerebus, o el episodio de The Sudden Return Of The Melodramatic Narrator (El súbito regreso del narrador melodramático) en el que la acción que se describe en las veinte páginas del episodio sucede en unos segundos.

Esto añade complejidad a la obra, que hasta dentro de trece años estará en proceso de producción. Sim inicia subtramas que se desarrollarán al cabo de varios años y afirma que en ocasiones dibuja viñetas, secuencias o páginas que lleva años planeando.

Porque pese a que en los inicios de la serie eso no quedara demasiado explícito Sim afirma tener una idea algo más que clara de como se desarrollarán los siguientes ciento cincuenta números. El nuevo lector puede quedar decepcionado. Uno puede comprar un episodio de Spiderman y quedar satisfecho, le han contado una historia y Spidey ha vencido al maloso sin cerebro de turno; todo lo contrario nos ocurre al ojear un numero al azar de Cerebus, que forma parte de una obra muy extensa, es como empezar a leer un libro por la mitad. Cerebus no tiene sentido más que como obra completa, y hay que leerlo empezando por el número uno y acabando por el trescientos. Hablando en plata, no son las aventuras de Cerebus, es la vida de Cerebus.

Así que Sim llegó al número veinticinco con una idea clara en la mente de como desarrollar la obra e inició lo que seria de hecho la primera novela de Cerebus: Church and State. En este caso ya no se basaba en episodios auto conclusivos o en la unión de dos o tres números, sino en
una historia que abarcaría los siguientes veinticinco números y que confirmaría la madurez de Dave Sim como autor completo.


 

Este ciclo, titulado High Society, que se desarrolla entre los números veintiséis y cincuentavos narra la ascensión al poder como primer ministro de Cerebus y se constituye en una hábil parodia política. Cerebus es manipulado por todo el mundo en su ambición y se ve ostentando el cargo de Primer Ministro sin obtener las compensaciones que esperaba. No tenemos de hecho, la sensación de que Cerebus esté escalando al poder, sino de que esta siendo empujado. Empezamos a percatarnos de que Cerebus, como figura patética, está solo, manipulado y nunca aprende de sus errores, se ciega fácilmente por el lujo y el oro y es, en realidad, un misántropo megalómano egomaniaco.

Acabamos este primer ciclo como lo empezamos, Cerebus se quita el disfraz de cortesano, recupera su espada y su atuendo de bárbaro y vuelve a vagar sin rumbo definido.

Ahi se inicia lo que hasta ahora ha sido la novela más extensa de Cerebus, que abarca desde el número cincuenta y uno al ciento once. Si en High Society hablamos del poder desde el punto de vista político, en este caso nos encontramos con un discurso sobre el poder absoluto, como concepto. Resumiendo bastamente su contenido, en ella Cerebus se convierte en Papa, dando un paso mas en su escalada al poder. En esta novela vemos a un Cerebus totalmente cegado por la ambición. La camiseta puesta a la venta durante la aparición de la serie, rezaba junto a la imagen de Cerebus ataviado con la toga y la estola "El no quiere tu amor. Solo quiere todo tu oro". Hay que destacar en este tercer ciclo, la aparición del fiel colaborador de Sim, Gerhard, artista que antes se dedicaba al rendering publicitario y que ahora se encarga de los fondos de la serie. Esto permite a Sim concentrarse en su principal preocupación gráfica, las expresiones y gestos de los personajes, mientras que el estilo de Gerhard casa perfectamente con el de Sim, enriqueciendo sobremanera los ambientes en que transcurren las escenas.

Los cómics son un medio joven, si lo comparamos con otras artes, y eso comporta una cierta immadurez en los planteamientos. Si ademas tenemos en cuenta que en los Estados Unidos hasta
hace poco más de una decada, mal lo tenia el cómic que no llevaba el sellito de aprobación de la
comics code authority, invento maccarthiano que se aseguraba entre otras cosas de que el mal siempre fuera castigado, los buenos guapos y los malos feos o orientales, no nos debe extrañar que el noventa por ciento de la producción yanqui en el terreno de la historieta no trate con personajes o seres humanos sino con buenos y malos luchando en universos maniqueistas. Por eso podria llegarnos a chocar la actitud de Cerebus sobre todo en este tercer ciclo, pese a que tales actitudes en una obra literaria, por citar un caso, nos parecerían consecuencia normal de las intenciones expresivas de un autor o de la lógica evolución de un personaje.

Todo esto viene a cuento porque con Church and State, Dave Sim demuestra su carácter de autor completo, lejos de la mayoría de autores del mercado yanqui, platos recalentados contando una historia cuyo final ya conocemos, ganan los buenos.




Y todo esto viene a cuento también porque ¿cuantos cómics existen que nos narren, por ejemplo, las relaciones entre cinco personajes en un espacio físico limitado a tres casas y un patio? Cerebus en su cuarto ciclo Jaka's Story.

Después del grandilocuente final de Church and State, Sim nos sorprende con una narración de corte intimista , implicando a Cerebus, Jaka (el único amor en la vida de Cerebus), Rick (marido de Jaka), Oscar Wilde (poeta irlandés por más señas) y Pud Withers (propietario de las casas y el bar local, que desea en secreto a Jaka). Si High Society era una sátira política y Church and State
trataba del poder, Jaka's Story es una novela sobre el amor, o por lo menos sobre los sentimientos,
estableciendo como elemento del deseo o amor a Jaka (y aqui Sim traiciona ligeramente su autoproclamado feminismo al mostrar el amor casi exclusivamente desde el punto de vista
femenino, aunque esto, claro, es solo una lectura y puede haber muchas otras) y estudiando como el resto de personajes se mueven en torno a ella.

Después de amor, Sim nos hablará de la muerte en el siguiente ciclo: Melmoth, de una extensión menor que los anteriores. En Melmoth  asistimos a la muerte de Oscar Wilde y no se integra, de hecho en el resto de la serie más que como una subtrama. Nace fruto de la pasión de Sim por Wilde, y es una versión más o menos libre de los hechos reales que acompañaron al poeta y dramaturgo en su lecho de muerte Al final de Melmoth se cumple un pequeño hito en la serie, el número 150, es decir la consecución de la mitad de la ambiciosa obra de Dave Sim. Ha empezado una nueva novela, Mothers and Daughters sobre la cual es preferible no emitir juicios, debido a la ínfima parte que ha visto la luz hasta el momento.

Mención especial merece la comunicación de Sim con sus lectores a través de dos secciones insertas en el comic book de Cerebus. por una parte, mes tras mes en el Note from the president Sim confiesa sus inquietudes actuales, sus controvertidas opiniones, sus futuros proyectos y se convierte a veces en una "piedra rosetta" para la obra en sí, explicándola y ampliándola. Por otra parte tenemos la sección de correo que suele ocupar unas cinco páginas, cosa inusual en un
comic-book, y que se ha convertido con el tiempo en un foro donde se discute se reclama o se contesta sobre los más variados temas, con preferencia por aquellos que implican el contar la primera experiencia sexual o de quien estás enamorado en este momento, una autentica delicia para el psiquiatra casero.

Un último dato, Cerebus, a no ser que las cosas cambien muy mucho, no vera la luz en castellano, ni en francés ni en bosquimano. Razón: Sim afirma no disponer de tiempo ni ganas para dedicar a asuntos de royaltles, en resumen, le sobra el trabajo produciendo sus veinte paginas al mes, de modo que los interesados apréndanme inglés y pregúntenme en la tienda especializada más cercana. Vale la pena.

En serio.








Articulo publicado en Gorka 1. Publicado por Patxarán Ediciones en Noviembre de 1992

Slave Cylinder


"Slave Cylinder" de Jeff Holland y James O'Barr's ilustración de una historieta corta publicada en Bone Saw #1 por Tundra en Enero de 1992. 

jueves, 13 de febrero de 2014

Grapa – Haciendo tebeos y Los Otros Superhéroes

Publicado el 
Ya ha llegado a las tiendas de España los primeros cómics del sello Grapa! de Anillo de SirioHaciendo tebeos de Jordi Bayarri y Los otros superhéroes de José Fonollosa y viendo el resultado esperemos que sean los primeros cómics de muchos de este movimiento de vender cómics españoles en formato grapa y asequibles dentro de lo que un autor de cómics se puede permitir. Algunos llegarán a decir que 2’5€ por 16 páginas o 4€ por 32 págs es caro pero para nada lo es si tenemos en cuenta la calidad del papel y las portadas  y el no incluir publicidad alguna. Os recuerdo que una grapa americana de cualquier serie Marvel que puede llegar a vender 20, 50 o 100 mil copias está llenísima de publicidad e impresa en un papel de calidad pauperrima y cuestan 3-4$

Haciendo tebeos

Hay muchas personas que desde su ignorancia creen que los cómics los hacen un programa de ordenador, una máquina venida de oriente o, en el caso de que crean que de verdad los dibujan una persona, que un dibujante le cuesta poquísimo trabajo realizar ilustraciones o páginas enteras de cómics y además se lo pasan genial. La realidad para los dibujantes es muy distinta, en realidad solo es verdad lo de que los dibujantes se lo pasan bien en su trabajo siempre y cuando sea algo que les guste, que tampoco suele ser siempre (es lo que tiene la extraña necesidad de pagar hipoteca, facturas, mantener a la familia ¡Y hasta de querer comer!).

Jordi Bayarri nos muestra en varias historias cortas de 1-2 páginas a modo descketches cómicos cómo es la vida real de un dibujante de cómics, con sus más y sus menos, sus fuentes de inspiración y sobretodo lo que Jordi nos muestra es lo bien que sabe dibujar el cuerpo de una mujer. Resulta una lectura amena, ligera y divertidapero que para mi gusto adolece de ser un cómic un tanto limitado, pudiendo haber sido más extenso y haber desarrollado más los temas que trata como el de los críticos de cómics, que algunos se creen que tienen la panacea para realizar los mejores cómics del mundo o que su gusto es una verdad absoluta y si no estás de acuerdo con él es que no tienes sentido del arte ni de nada. Tal vez en realidad lo que hace falta para a los que se les queden corto este Haciendo tebeos es tener más entregas.

Los otros superhéroes

El Chico Roca, Potencia, Garra Nocturna, Capitán Intrépido y Amazona forma el grupo de superhéroes conocidos (o desconocido) como Los Intrépidos, un grupo de héroesque asisten a presentaciones en tiendas de cómics, firman dedicatorias para los frikis de sus fans y no salvan ni a su propia sombra. Exacto, estamos ante un grupo de tristesque se encuentran en el último puesto en la cola de héroes a los que llamarías para salvar el mundo, la ciudad o al gato de la vecina que se ha subido a un árbol y no puede bajar el pobre. Es por ello que el integrante con más presencia, Amazona, tarda pocas páginas en abandonar el grupo y largarse a pastos más verdes para ascender en la escala superheróica.
Todo parece ir en contra de Los Intrépidos hasta que por causas desconocidas acaba recayendo encima de ellos una responsabilidad más grande de lo que ninguno podría imaginar, esperar o si quiera querer tener. José Fonollosa dibuja en 32 páginas un buen cómic de introducción a esta historia aprovechando al 100% el espacio limitado que tiene para presentarnos a los personajes, contarnos su origen y comenzar la gran historia que nos tiene preparado para esta miniserie de 5 números.



Fuente: 








domingo, 9 de febrero de 2014

¿QUÉ FUE DEL HOMBRE DEL MAÑANA?

La primera historia de Superman se publicó en Action Comics núm. 1 en junio de 1938. 




Poco más de 48 años después, en el número 583 de la misma serie, DC publicó la “última” aventura de Superman.

Está claro que ¿Qué fue del Hombre del Mañana? no fue realmente el último relato del personaje. Es obvio que sus andanzas se siguen publicando; pero a su manera, fue la última historia del Superman con el que habían crecido varias generaciones de lectores. Fue el fin de una era o, por lo menos, el de aquella en concreto.

A mediados de los años ochenta, en los cómics estaban cambiando muchas cosas. Había un montón de autores que estaban revisando los elementos de las cinco décadas anteriores. Batman: El regreso del Caballero Oscuro deFrank Miller y Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons redefinían las convenciones del género superheroico mientras Crisis en Tierras Infinitas, que duró un año entero, reformaba literalmente el Universo DC en sí.

Crisis en Tierras Infinitas fue la responsable de ¿Qué fue del Hombre del Mañana?, ya que el Universo DC se estaba modernizando tras décadas de continuidades de múltiples dimensiones mientras suprimía a los personajes redundantes. Ya no habría distintas Tierras que albergaran a versiones diferentes de Batman, Flash, Wonder Woman o Superman. Los lectores ya no tendrían que estar versados en más de 50 años de héroes y continuidades para leer una serie. Solo habría una Tierra que existiría en un único universo y en la que viviría (por lo general) una sola versión de un personaje.

En consecuencia, se decidió que la era post-Crisis, donde el pasado de los personajes era una pizarra en blanco, suponía una oportunidad perfecta para renovar o relanzar a muchos héroes de primera fila de DC, incluidos Wonder Woman, Flash, Hawk- man, la Liga de la Justicia...

...Y Superman.

John Byrne había firmado para escribir y dibujar el relanzamiento del Hombre de Acero empezando por la miniserie Man of Steel que salió a la venta en julio de 1986. Así, Julius Schwartz, el editor del personaje, tuvo la oportunidad de orquestar la apoteosis de su reinado en Superman y Action Comics. “Me puse a pensar qué iba a hacer en los dos últimos números, y la respuesta me llegó en plena noche: haría creer que dichos episodios eran los últimos de verdad”, recuerda. “Así pues, tenía la obligación de hacer aclaraciones, de explicar las cosas que habían ocurrido durante los años anteriores. Por ejemplo, ¿Lois Lane llegó a enterarse de que Clark Kent era Superman? ¿Se casaron? ¿Qué fue de Jimmy Olsen, Perry White y los villanos? Tenía que aclararlo todo.”

Con aquel enfoque argumental en mente, Julie se propuso dar con un guionista que se ocupara del relato. “En los salones del cómic, pregunto: ‘Si hubierais ocupado mi puesto en 1985, ¿a quién hubierais pedido que escribiera aquella historia?’.” Y se ríe entre dientes. Para Julie, la respuesta era obvia. “Ya que hizo la primera, que se ocupe de la ‘última’: ¡Jerry Siegel!” Resulta que Schwartz había acudido a la convención anual de San Diego aquel año y que uno de sus invitados iba a ser Jerry Siegel, cocreador (junto al dibujante Joe Shuster) de Superman. “Jerry y yo pasamos mucho tiempo en el stand de DC, y por fin le hice la pregunta crucial. ¿Aceptaría escribir la última historia? Su respuesta fue: ‘Eh... Bueno... Tengo que pensarlo... No, no hace falta. ¡Me encantaría!’. Pero resultó que había problemas legales que no íbamos a poder solucionar a tiempo, así que al final no pudo hacerlo él.”

“A la mañana siguiente, aún me preguntaba qué hacer al respecto, y resulta que desayuné con Alan Moore y le conté mis problemas. En aquel momento, se levantó literalmente de la silla, me echó las manos al cuello y me dijo: ‘Como se lo encargues a otro, te mato’. Como no quería ser culpable de mi propio asesinato, acepté.”

Que a Alan Moore se lo considere uno de los mejores escritores de cómics tuvo más que ver con la decisión de Julie que con el miedo a morir. Moore ya se había labrado una reputación como maestro posmoderno del cómic gracias a la tira británica Marvelman (publicada en Estados Unidos como Miracleman), y sus trabajos en La Cosa del Pantano y la mencionada Watchmen, ambas de DC, empezaban (aunque aún no hubieran concluido) a considerarse de esas pocas obras que redefinirían el medio de cara al futuro.

Así pues, en una carta enviada a Moore el 19 de septiembre de 1985, Julie proclamó: “¡Ha llegado el momento! Es decir, me acaban de informar de que los números de Superman y Action Comics con fecha de portada de septiembre serán los últimos que yo haga antes de que tomen las riendas John Byrne y compañía”. “Me refiero a que ha llegado el momento de que escribas la historia que aceptaste hacer de boquilla, es decir, la de un Superman ‘imaginario’ que sería la ‘última’ del personaje si se cancelaran las colecciones. Puedes contar qué fue de Superman, Clark Kent, Lois Lane, Lana Lang, Jimmy Olsen, Perry White, Luthor, Brainiac, Mr. Mxyzptlk, etc.”

El asunto de qué dibujante se ocuparía de aquella “última” historia nunca suscitó ninguna duda. Durante los 30 años anteriores o así, Curt Swan se había convertido para generaciones de lectores en el artista definitivo del personaje, pues había sido el responsable de un abrumador número de cómics protagonizados por el Último Hijo de Krypton. Lo cierto es que si alguien merecía hacer los honores en lo que iba a convertirse en uno de los relatos más memorables de Superman de todos los tiempos, era él. Aún hoy, más de una década después, su aportación a la leyenda de este héroe no se ha atenuado a pesar de que han seguido sus pasos muchos autores destacados. Esta recopilación de su último cómic “oficial” de Superman es un homenaje adecuado tanto para él como para su legado en las series.

Para entintar las últimas historias de su reinado editorial, Julie Schwartz llamó a George Pérez, cocreador de Los Nuevos Titanes, para que hiciera la primera parte. “George se enteró de que yo dejaba las series y siempre había querido entintar a Curt Swan”, recuerda. Pérez lo corrobora: “Entintar por fin sus lápices fue un sueño hecho realidad, sobre todo en aquel último relato escrito por Alan Moore. Como todos, yo crecí leyendo el Superman de Curt, y fue emocionante trabajar con él aunque solo fuera a aquella escala. Trabajar con él en aquel cómic, que estaba llamado a pasar a la historia, lo hizo aún más especial”.

Julie eligió a Kurt Schaffenberger, el dibujante de Superman Family, para que entintara el capítulo final porque, según dice: “Había trabajado en los cómics de Superman toda la vida dibujando y/o entintando cómics de Superman, Lois Lane, Superboy y Supergirl. Y se me ocurrió que, durante todos aquellos años, nunca había entintado a Swan, así que me pareció una buena ocasión para que lo hiciera”.

Para las portadas, Schwartz encargó el entintado a Murphy Anderson, ya que iba a ser la última oportunidad de ver pavonearse al clásico equipo “Swanderson” (Swan y Anderson). Y como indica el editor, si os fijáis bien en la portada de Action Comics núm. 583, veréis unas apariciones estelares muy interesantes. “Muestra cómo Superman se marcha volando de la azotea del Daily Planet, y todos le dicen adiós. Las tres personas que hay delante y en medio son Jenette Kahn, flanqueada a la izquierda por Curt Swan y a la derecha por mí (el de las gafas). Y al fondo están todos los superhéroes.” Si os fijáis aún más en el rostro de Superman, le veréis lágrimas en los ojos. Según Schwartz, “esas lágrimas son las de Curt”.

La “última” aventura del Hombre de Acero dejó impresionados a todos los que la leyeron. John Byrne, que iba a sustituir a Moore, Swan, Pérez y Schaffenberger, dijo que ningún otro autor tendría ocasión de volver a hacer un¿Qué fue el Hombre del Mañana? “Fue el colofón, el relato que puso punto y final a las antiguas series, el que se despidió de todos los personajes tal como eran y el que allanó el camino para lo que estaba por venir. Es de esas historias que no se pueden hacer normalmente, y en el caso de Superman, un personaje que durará eternamente, no volveremos a leer ningún cómic así.”

Andrew Helfer, el editor que tomó las riendas de la franquicia después de Julie Schwartz, está de acuerdo. “Fue un momento irrepetible de la historia de Superman. En aquel momento, estábamos cancelando las series. Y era su última aventura de verdad. No era imaginaria. Se podían emplear las cosas ‘reales’ que habían ocurrido anteriormente para dar una conclusión definitiva a su trayectoria. Durante un momento, fue una aventura real, ya que, justo después, el primer capítulo de Man of Steel convirtió todos los relatos anteriores en imaginarios. Claro está, eso no implica que tuvieran menos valor ni que se disfrutasen menos, pero ya no existían en la continuidad, así que Alan lo cerró de maravilla de la forma que mejor se le daba.”

“Como maestro en unir las piezas para darles coherencia, tenía la oportunidad suprema de tomar cientos de elementos con los que había crecido y envolverlos en un bonito paquete. Fue un momento de la historia que no se repetirá.”

Como de costumbre, la última palabra sobre el tema la tiene Schwartz. “En la primera parte”, dice, “en la leyenda que precede al relato, Alan Moore escribió lo más cierto que se ha dicho sobre los cómics: ‘Este relato es imaginario. ¿Acaso no lo son todos?’.”

Pero si una cosa es imaginaria depende de cada cual, y para los lectores de cómics de 1986, año en que se publicó por primera vez ¿Qué fue del Hombre del Mañana?, sí que era la “última” historia de Superman.

Por suerte para quienes la leyeron después, iba a llegar una nueva era. Y resultó que el “último” cómic del Hombre de Acero allanó el camino para las grandes aventuras que lo siguieron.

Paul Kupperberg

Introducción de Grandes autores Superman: Alan Moore - ¿Qué fue del Hombre del Mañana? y otras historias, publicada por primera vez en 1997 en la primera recopilación de ¿Qué fue del Hombre del Mañana? Paul Kupperberg fue editor en DC Comics y también editor ejecutivo de Weekly World News. También ha escrito cientos de cómics, novelas, relatos cortos y varias cosas más. Es el creador de Arión, Señor de Atlantis, de Jaque Mate y de Takión. Su última obra es Jewjitsu: The Hebrew Hands of Fury, publicada por Citadel Press.

Fuente:

http://www.eccediciones.com/contenidos/que-fue-del-hombre-del-manana-10529.aspx

viernes, 7 de febrero de 2014

Bill Watterson, creador de ‘Calvin y Hobbes’, Gran Premio de Angulema


El padre de la tira cómica recibe el galardón más prestigioso del cómic en el mundo francófono

Autorretrato del autor Bill Watterson
AFP París 2 FEB 2014

Un niño y su tigre de peluche se han convertido en los héroes de la edición 41 del Festival de Angulema que se clausura este domingo. Son los dos famosos personajes del dibujante estadounidense Bill Watterson, padre de la tira cómica de culto Calvin y Hobbes, y quien ha sido galardonado con la distinción más importante del cómic en el mundo francófono: el Gran Premio del Festival de Angulema. Watterson ya había recibido el premio al mejor álbum extranjero en este mismo festival en 1992. Han llegado a ser finalistas del certamen el japonés Katsuhiro Otomo y el británico Alan Moore.

Watterson (Washington, 1958) creció en los suburbios de Cleveland y es un apasionado de los cómics desde su infancia. Realizó estudios de Ciencias Políticas, pero después pronto comenzó a trabajar como diseñador en un diario de Cincinnati. Tras su despido, el dibujante fue de fracaso en fracaso hasta que en 1985 publicó por primera vez Calvin y Hobbes, con nombres inspirados por el reformador protestante John Calvin y por el filósofo Thomas Hobbes. Fue el comienzo del tremendo éxito de estas historias que describen el universo de la infancia y se burlan amablemente del mundo de los adultos. La tira cómica se ha difundido en toda la prensa mundial y ha sido traducida a unos cuarenta idiomas; de ella se han vendido 30 millones de libros. Watterson ha reconocido en su trabajo la influencia de Charles Schulz, creador de Snoopy y Carlitos, de George Herriman, el autor de Krazy Kat, así como el también estadounidense Walt Kelly, padre de Pogo.


Viñeta de 'El nuevo Calvin y Hobbes: Clásico' (Ediciones B, Grupo Zeta).

En 1995, después de varias disputas por los derechos de su tira cómica y de la creación de productor derivados de sus dibujos, Watterson puso fin, cuando se encontraba en plena cima, al travieso Calvin y al tigre Hobbes, que se anima únicamente cuando está fuera del radar de los mayores. Se consagró entonces a la pintura y a su familia.

El Pais

El artista y la geografía

Mateo Maté convive con paisajes propios y ajenos en su "ordenado" estudio madrileño

Mateo Maté vive y trabaja en un luminoso piso cercano al Retiro. Foto: Luis Sevillano


"SOY MUY ORDENADO. MUY OFICINISTA", advierte Mateo Maté (Madrid, 1964). La mesa de su despacho no lo desmiente: sobre ella reposan un ordenador, libros, fotos de sus hijos. Solo un par de elementos alteran el paisaje burocrático: una arqueología in progress —en esta ocasión el artista está interviniendo, "mientras trabajo en otras cosas, en los tiempos muertos", un libro editado por el Museo del Prado— y un conjunto de cucharas, cuchillos y tenedores que esperan su distribución en uno de los nobles escudos de la serie Delirios de grandeza. Uno de ellos cuelga en estos momentos en la sala de armas del Museo Lázaro Galdiano. La pinacoteca es uno de los cinco espacios —completan el recorrido los museos Cerralbo, Artes Decorativas, Romanticismo y el de la Biblioteca Nacional— en los que Maté ha colocado sus creaciones para el proyecto El eterno retorno, "que no debe interpretarse como una retrospectiva porque faltan muchas de mis series. Son las piezas que tienen más nexos con esos museos que yo visitaba de niño con mi madre". Con todos ellos se siente en deuda. "No soy artista solo por Goya, sino por la gran riqueza iconográfica de nuestra cultura. Un finlandés no puede decir lo mismo".

En cierto modo es lógico que Maté viva y trabaje en este luminoso piso cercano al Retiro: una de sus principales obsesiones artísticas es el espacio doméstico. "Empecé con esta introspección hace unos quince años. Me sentía desubicado y. me planteé una exposición sin salir de mi cama. Era una reacción a la grandilocuencia de los grandes eventos que no me comunicaban nada: quería demostrar que sin moverme de mi casa podía desarrollar un trabajo y conocerme". Ese es el origen de la serie Viajo para conocer mi geografía. "La he utilizado para estar seguro de dónde vivo. No me he fiado de otros, por eso he tenido que partir de cero para ir construyéndome".
Otra geografía, la española, se impone en una de las salas de su estudio: la Mesa España, que reproduce el contorno de la península Ibérica, domina una estancia en la que convive con varios paisajes uniformados. "Trabajo con la idea de acusarnos a los artistas de colaborar con la guerra y para ello modifico paisajes reconocidos con los colores de los uniformes de distintos ejércitos. Ahora estoy tratando de cambiar las pinceladas de luz de Sorolla con el camuflaje de la época".

Maté trabaja durante años en sus series —"están todas abiertas"—: Paisajes uniformados comenzó en 2007 y desde entonces ha acumulado un banco de datos de miles de uniformes militares. "Estamos familiarizados con el camuflaje americano, el de Vietnam, pero hay muchos otros. Por ejemplo, los suecos Son geométricos. Pero lo que verdaderamente asusta es que haya un uniforme militar para describir cada textura del planeta". Virginia Collera

El Pais Babelia 18.01.14

Un atlas imposible

Ante el horizonte recorre la historia del arte del romanticismo hasta hoy. La exposición analiza la representación del umbral del más allá como tema recurrente y desafío pictórico


Chemin de la lande (1917), de Félix Vallotton

Por Ángela Molina

LA FUNDACIÓN MIRÓ presenta una muestra sobre el horizonte en el arte que abarca casi doscientos años, que es como decir que estamos ante un atlas imposible —o cuando menos, arbitrario— sobre la representación del umbral del más allá. Sin embargo, la ingenuidad del tema merece un voto de confianza hacia su comisaria, Martina Milla, quien ha tenido que condicionar su se¬lección al presupuesto aportado por la Fundación BBVA. No está el horno para más empanadas. Se trataba de articular un recorrido que hablara con elocuencia —sobre todo pictórica— de la dislocación y fracaso del artista frente a la línea absolutista y evasiva del horizonte que él mismo inventa.

En la exposición se percibe un intento por evitar el reductivismo formal a través de 60 obras que recorren, afable y desordenadamente, la historia del arte (occidental) desde el romanticismo hasta hoy. Un intento que aparece resumido en el delicado tríptico que firma Antoni Llena, La historia del hombre, La historia del arte (occidental) desde el romanticismo de hoy. Un intento que aparece resumido en el delicado tríptico que firma Antoni Llena, La historia del hombre, La historia del arte, La historia de la pintura (1968), metáfora de la entropía pictórica que nos sitúa ante la intensidad y profundidad ilusoria de la página en blanco. A muy pocos metros cuelga el poderoso magritte Le Château des Pyrénées (1959), aseveración de la realidad como construcción mental y del horizonte como simbolo de lo que aún queda por imaginar. A partir de estos dos polos, la tensión entre el horizonte que dicta el título y las obras reales confiere al recorrido una vitalidad especial, como si a cada paso encontráramos un motivo renovador en los logros de muchos autores cuyas obras han jalonado la historia del arte: Claude Monet, Raoul Dufy, Emil Nolde, Beckmann, Bonnard, Paul Klee, Tapies, Miró, Chagall, Agnes Martin, Dan Flavin o Yves Klein, por mencionar solo algunos.

Abre la muestra un cálido y preciso paisaje  nocturno  de  Modest  Urgell —de quien Miró aprendió la importancia del horizonte- tan alejado del sublime romántico de su admirado Böcklim. El suizo Ferdinand Hodler retrata los perfiles casi humanos de las montañas suizas, pero los tonos del color, aunque expresionistas, son tan estrictos que parecen indicarnos el tiempo real de la atmósfera alpina. Un rarísimo Alexander Calder cuelga junto a un vuillard que rubrica un delicado paisaje de colinas azules; el bonnard La plage á maree basse (1920) es, sencillamente, ejemplar, un índice de cómo el artista es capaz de alterar la percepción de las distancias mediante el contraste del color y del espacio simbolista. El insólito dalí Bahía de Caduques  (1920) contrasta con otros trabajos más previsibles, por literales, como el Mar de Japón (1987) de Sugimoto, Elogio del horizonte (1985) de Chillida  o Los cuatro horizontes (1991) de Perejaume. Cierran  el  recorrido tres perfiles urbanos: el imprevisto Panorama of San Francisco from California Street Hill (1878), de Eadweard Muybridge,   un  libro que despliega en imágenes la ciudad californiana antes del gran incendio; Los Ángeles en versión celuloide de Ed Ruscha (Triumph, 1994), y una Nueva York elíptica que nos transporta al horizonte islandés que fotografía Roni Horn, artista de quien la Fundación Miró prepara una retrospectiva para la próxima primavera.

En resumen: frente a esta exposición nunca nos fallará la curiosidad. No intenta armar ninguna tesis únicamente nos habla de la inanidad de aparcar el arte en una  batería  de  "ismos". El horizonte entrópico. •

Ante el horizonte. Fundación Miró. Parc de Montjuïc, s/n. Barcelona. Hasta el 16 de febrero. Comisaria: Martina Millá.

El Pais Babelia 25.01.14