jueves, 13 de octubre de 2016

VALERIAN aventuras socio-temporales CHRISTIN-MEZIERES

Por Lorenzo F. Díaz

1967
En la revista Pilote empieza a publicarse por entregas una historia titulada Les mauvais réves donde un agente espacio temporal proveniente de un futuro llamado Galaxity que viaja a la Edad Media en busca de un científico renegado. Vuelve acompañado de una joven de esa época llamada Laureline.
Es ciencia-ficción amable, escrita por un periodista izquierdoso llamado Jean-Pierre Christin -1938- y dibujada por un amante del western llamado Jean Claude Méziéres -1938-. Son aventuras escapistas sin mucha definición izquierdista más allá de ponerse del lado de los débiles y contra una sociedad feudal.




Igual sucedería con su continuación, La ciudad de las aguas turbulentas, que apareció al año siguiente en la misma revista. Aventuras y poco más, aparte de algún comentario hacia la tensión atómica y de guerra fría del momento al dar 1986 como fecha de un cataclismo atómico de cuyas cenizas nacerá la Galaxity de Valérian.


1968
Tiene lugar el mayo francés, y la redacción de Pilote queda muy afectada; los autores se rebelan contra la dirección de la revista y exigen un cambio de contenidos, más acorde con lo tiempos que corren. El resultado es una deriva hacia un contenido menos blanco que antes. Hasta Asterix empieza a tener apuntes de crítica social.

Christin y Méziéres aprovechas la oportunidad e incorporan poco a poco elementos socialmente críticos en las historias de Valérian, pero sin abandonar su tono aventurero. La crítica social se integra en la trama, huyendo siempre del panfleto, lo cual hace que su lectura siga siendo enormemente agradable hoy en día. Christin se reservó los panfletos para otros trabajos, otros cómics, donde siempre prevalecería un tono pesimista y directamente discursivo que muchas veces lastra el resultado. Valerian es un oasis de humor y desahogo en la obra de Christin, quizá debido a su colaborador Méziéres, dibujante de trazo amable e inteligente, con gran cariño por sus personajes, parece rechazar cualquier final que vaya más allá de una conclusión agridulce.


Las historias se suceden. El imperio de los mil planetas cuenta la búsqueda de un aristocracia corrupta que domina mil planetas, en un relato que prefigura la enciclopedia de razas y culturas extraterrestres en que casi acabará convirtiéndose la serie. En El país sin estrella, dos culturas libran una batalla perpetua dentro de un enorme planeta hueco a punto de estrellarse contra otro sin que lo sepan sus habitantes. Bienvenidos a Aflolol narra la colonización de un planeta sin tener en cuenta a sus habitantes. En Los pájaros del amo todo un planeta vive sometido a los designios de un amo omnipotente que no ha visto nadie y al que temen todos.


1975
 El embajador de las sombras parece el corolario de todo lo aprendido por sus autores en las seis historias anteriores.  El  embajador de  la Tierra en  unas Naciones Unidas extraterrestres es secuestrado junto con Valerian y le toca a Laureline ir visitando a las culturas de esas Naciones Unidas buscando el rastro de su compañero.

Los recursos narrativos que emplea Christin para contar la peripecia paralela de los dos protagonistas son hasta ese momento inusitados en un cómic, aunque conocidos en la literatura. Laureline, ya convertida en protagonista absoluta de la serie, siendo Valerian poco más que un comparsa, se entera del periplo de su compañero desaparecido empleando sondas telepáticas, percepciones extra-sensoriales, aparatos transmisores, etc. Todo ello en una curiosa estructura literaria que no está presente en el resto de la obra de Christin, pareciendo reservarse esos experimentos narrativos para Valerian, como si el tono informal y de denuncia indirecta de la señe le permitiera una diversión que no se concede en sus otras obras más solemnes y serias.

Méziéres, por su parte, se ha convertido en un narrador excepcional, en un dibujante inventivo y creativo como pocos. Cualquier página suya es una delicia y una lección de sabiduría narrativa. Aquí se supera a sí mismo en el diseño de culturas extraterrestres, adecuando vestiduras, abalorios, tecnología y costumbres a cada raza. Su dibujo ha evolucionado hasta llegar a un semirealismo en el que se mueve con soltura y que le permite alternar lo humorístico con lo serio, el encuadre sencillo con el innovador. A tal efecto, son notables los dos siguientes álbumes, Mundos ficticios y Los héroes del equinoccio, parábolas sobre los excesos de la ciencia pura y sobre la lucha por el poder, que además de ser los más exhibicionistas gráficamente hablando, donde Méziéres explota y se recrea en el virtuosismo recién alcanzado, se encuentran entre los álbumes más divertidos y entretenidos de la serie.



Primera página de Brooklin station. Por Christin y Mezieres. En la edición de Pilote. Dargaud,
1981


1978


Se estrena La guerra de las galaxias, película notable que George Lucas, su máximo responsable, realiza con los álbumes de Valérian delante. Razas extraterrestres, naves, conceptos visuales... todo su imaginario parece sacado de las páginas de Méziéres. Y de hecho lo está, máxime teniendo en cuenta que no había -ni hay- diseñador o dibujante norteamericano que no busque en los álbumes europeos del momento inspiración para su trabajo. Y Valérian es la ciencia-ficción como debe hacerse. La película sería el principio de una larga cadena de plagios, homenajes, fusilamientos gráficos e ideas calcadas del cómic que concluiría en 1995 con El quinto elemento, primera película hollywoodense que requiere abiertamente sus servicios como diseñador oficial, gracias a que su director y guionista es el también francés Jean-Luc Besson, y decide darle al César lo que es del César.



1986
Fecha del cataclismo atómico que acabará con la Tierra dando origen a Galaxity. Los autores se
aprestan a apegarse a esa fecha y explicar lo que le sucede al planeta. Pero ya no son tiempos de miedo atómico y en 1981 empiezan una saga de dos historias en cuatro álbumes donde se enfrentarán al problema. En la primera, compuesta por los álbumes Metro Chátelet dirección Casiopea y Brookiyn Station término Cosmos, se relaciona un tráfico interestelar de energías con diversos sucesos en la Tierra y donde se presentan varios personajes que se retomarán en la siguiente historia, compuesta por Los espectros de Inverloch y Los rayos de Hipsis. El resultado es que no hay cataclismo atómico y Galaxity desaparece, quedando Laureline y Valérian aislados y destinados vagar por el universo sin un objetivo claro.

Estos cuatro álbumes marcan el fin de una época. Y el principio de otra.

Son álbumes notables, pero decepcionantes para los que buscan una narración tradicional como la de los anteriores álbumes. Su dibujo alcanza la síntesis perfecta para su autor y la narración es muy relajada, con tramas que se pierden en agradables meandros, simpáticos y entretenidos, demorándose en alcanzar su objetivo porque en el fondo lo importante es disfrutar del viaje, encadenar una escena con otra, divertirse con cada escena, cada personaje, cada ambiente...

2001
Se acaba el peregrinaje de Laureline y Valérian. Han sido cinco álbumes recorriendo el universo -Fronteras cósmicas, Las armas vivientes, Los círculos del poder, Rehenes de Ultralum y El huérfano de las estrellas-, donde Christin y Méziéres se han dejado llevar por sus respectivas obsesiones, pergueñando una serie de historias competentes y entretenidas pero que no llevan a ninguna parte y no aportan nada nuevo a lo ya hecho, aparte de su buen hacer habitual nunca exento de excelentes diseños gráficos, variadas parábolas sociales y un agradable sentido del humor que a veces se impone a la historia en sí.

Es el año en que aparece Par des temps incertaines, Inédito en castellano, donde los autores intentan cerrar la paradoja temporal abierta en Los rayos de Hipsis y resucitan Galaxity recuperando a muchos personajes secundarios que hacía cinco álbumes no veíamos. Un bucle temporal resuelto de forma desconcertante con la aparición de un Dios -o dioses- lo menos católico imaginable, reflejo seguramente fiel de la visión que tiene Christin de Dios, cosa nada improbable en alguien tan de izquierdas.



Viñetas de Brooklin station. Por Christin y Mezieres. En la edición de Pilote. Dargaud. 1981

2004
Teórica aparición de Au bord de gran rien, el último Valérian, de momento. Con esta anunciada aparición, nos permitimos reflexionar para contemplar con distancia el legado de esta serie. Jean-Claude Méziéres es el padre de la moderna ciencia-ficción en imágenes, ya que está presente, de forma directa o indirecta, en las películas de ciencia-ficción que se estrenan y en las páginas de los cómics que se publican hoy en día. Jean-Pierre Christin sigue siendo un ejemplo sobre cómo escribir un cómic y hacer una narración política de peso sin dejar de ser ameno -aunque a veces resulte algo cargante-. Y Valérian ha marcado escuela gráfica y literaria, ha demostrado cuál es la importancia de un diseño coherente de personajes, que el diseño de página puede ser tan Innovador y sorprendente como la narración y el dibujo, y hasta ha sido pionero en aplicar técnicas literarias de novela a la historieta. Se ha convertido en un clásico, no por sus años, sino porque es un ejemplo a imitar.

Y el hecho de que este año salga el siguiente álbum y muchos lo esperemos con impaciencia indica que además es un clásico actual, vivo al margen de arqueologías.












Publicado en la revista Dentro de la Viñeta nº28, año 2004



lunes, 10 de octubre de 2016

Video killed the radio star por Miguel Gallardo


El dibujante Miguel Gallardo crea un ensayo en forma de comic en el que traza un recorrido del libro en los últimos años y lo vincula a su experiencia lectora.











Publicado en El Pais, revista Ideas, domingo 9 de octubre de 2016


El Capitán Trueno. Tras los pasos del héroe. Exposición en el Circulo de Bellas Artes de Madrid. Sala Europa


(En la Cadena Ser escucho la noticia del inicio de la exposición en el Circulo de Bellas Artes de Madrid de un exposición sobre el Capitán Trueno, y a riesgo de extenderme demasiado, y/o olvidar el tema original del comentario, copio la entrada de la página del Circulo de Bellas Artes y enlazo con otras actividades y asuntos de una exposición que, sinceramente, me parece de un buen gusto exquisito, quien pueda que vaya y la disfrute)






El Capitán Trueno es uno de los títulos icónicos de la cultura de la España del pasado siglo. Con guión de Víctor Mora y dibujos de Ambros, la serie capturó a miles de lectores desde su primer cuadernillo, en 1956, hasta bien entrada la década de los sesenta. Y los multiplicó en sucesivas reediciones, hasta hoy mismo.

La catalogación que lo cerca como cómic de aventuras es a la vez exacta y falaz. De aventuras se trata, sin duda. Pero, por suerte, tanto las vicisitudes del guión como el genio desigual de los sucesivos dibujantes propiciaron unos encuentros que esta exposición pretende explorar: encuentros con la literatura, por cuanto El Capitán Trueno repite o imita episodios que se pueden hallar en la Iliíada o en la Odisea, en Verne o en Swift, en Shakesperae, en Cervantes, en el legado de las Eddas y de las sagas, en Gilgamesh o en Rabelais.

Pero también encuentros con la arquitectura. Grandes construcciones y pequeñas arquitecturas vernáculas fueron avistadas en España, quizá por primera vez, en la aventura de Trueno, que recorrió el mundo y censó sus paisajes, naturales y urbanos.

Encuentros, finalmente, con la técnica, tanto con la pretérita como con la futura: semanas en globo antes de que tal artefacto existiera, pólvora cuando ese elemento era solo una diversión oriental, y presencia de la balística y la robótica.

La exposición está vinculada, en sus tres espacios temáticos (literatura, arquitectura, técnica), por un hilo conductor político: las historias de un español que no hace pie en España, las de un permanente exiliado con añoranza, las de un paladín de la libertad y la justicia en una época de dictadura. Con todas sus ambigüedades y todos sus equívocos. Con toda su sagacidad.

El recuerdo de Víctor Mora estará presente en esta exposición, que se convertirá en nuestro homenaje a uno de los creadores de un cómic imprescindible en la historia de nuestro país.

El CBA acogerá, dentro de su programación de Los lunes, al Círculo, una serie de actividades vinculadas a la exposición. La primera de ellas, el 10 de octubre, será una conversación entre Patxi Lanceros (comisario de la exposición) y José Antonio Ortega Anguiano (especialista en cómics).

El ciclo de cine El héroe artúrico de las mil caras, que se proyectará en el Cine Estudio durante los meses de octubre y noviembre, completa la programación que el CBA dedica al Capitán Trueno.

Nota de prensa
Fecha:
10.10.2016 > 29.01.2017
Horario:
Martes a domingos
11:00 > 14:00
17:00 > 21:00
Lunes cerrado
Sala:
Sala Goya
Comisariado:
Patxi Lanceros



domingo, 9 de octubre de 2016

'Málaga a trazos'. Un árbol en la cornisa

Como es el caso de esta casita, en cuyo canalón prospera un ejemplar que pronto alcanzará porte arbóreo. Quien transite por la calle Salamanca reparará en ella debido al oscilante ramaje que brota del alero

LUIS RUIZ PADRÓN
9 octubre 2016

La tenacidad con que la naturaleza reclama su antiguo solar resulta admirable. La ciudad supone un desafío para la fauna y la flora silvestres, pero siempre hay un pájaro dispuesto a depositar una semilla en suelo yermo de la que luego surgirá la planta pionera. La avanzadilla suelen formarla higueras y otras especies de ficus, que padecen una querencia irrefrenable por las cornisas de las edificaciones antiguas. Como es el caso de esta casita, en cuyo canalón prospera un ejemplar que pronto alcanzará porte arbóreo. Quien transite por la calle Salamanca (número 32) reparará en ella debido al oscilante ramaje que brota del alero. Al pasar puede que oiga el inconfundible sonido que producen al cerrarse los portones de madera de antaño: la buena noticia es que la casa sigue habitada.

Ruiz Padrón ilustrará cada domingo la contraportada de SUR con dibujos al natural en 'Málaga a trazos'.

Diario Sur


sábado, 8 de octubre de 2016

La brigada Lincoln te necesita

 El alicantino Pablo Durá financia con micromecenazgo un cómic sobre los estadounidenses que lucharon en la Guerra Civil española

ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

Madrid 6 OCT 2016

Portada de 'La Brigada Lincoln'.

Cuando el pasado julio el presidente de Estados Unidos Barack Obama visitó España, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, le hizo un regalo con mucho significado para ambos países: un libro sobre la Brigada Lincoln, el grupo de combatientes estadounidenses que se unió contra el franquismo en plena guerra civil española. "Tiene todos los elementos para ser una gran superproducción de Hollywood. Incluso un gran protagonista: Oliver Law, sindicalista, comunista y el primer afroamericano en comandar una unidad militar estadounidense", exclama por teléfono Pablo Durá, escritor alicantino que hace una década se puso a investigar, de manera casual, la historia de estos soldados. El guionista se quedó entonces asombrado de lo desconocido que era este capítulo tanto en EE UU como en España. Le parecía increíble que ningún cineasta se hubiera interesado por ellos (David Simon lleva tiempo tratando de dedicarles una serie), así que Durá, en cuyo corto currículo aparece una historia en Marvel, se decidió a recrear el relato en el medio que mejor conocía: el cómic. Su batalla acababa de comenzar. Hoy, cualquier lector puede apoyar a que aquel sueño sea una realidad.


 
 La brigada Lincoln te necesita

Los problemas no eran pocos. Durá (Alicante, 1976) no se dedicaba profesionalmente al tebeo. Había publicado varios fanzines, pero no tenía relación con editores, distribuidoras o imprentas. El guionista, como los superhéroes de su infancia, tiene, de hecho, una doble vida: por el día trabaja en un banco, con lo que paga sus facturas, y, por la noche, se dedica a su pasión. Con esa rutina, el proyecto de La brigada Lincoln parecía solo un sueño, una aventura puesta en espera por la vida. "Nació de una charla con un amigo. ¿Por quién doblan las campanas? de Hemingway era mi único referente entonces y creía que había sido algo testimonial. Entonces comencé a investigar". Así recuerda Durá el momento en el que descubrió la Lincoln no era un pequeño batallón, sino 2.500 milicianos dispuestos a acabar con Franco. El último vivo, Delmer Berg, murió el pasado marzo con 100 años. "Pero soy muy poco disciplinado, iba informándome y escribiendo según encontraba tiempo", reconoce a EL PAÍS.

Todo cambió cuando, en 2014, la mayor compañía de cómics del mundo lo contrató para escribir una historia de dos páginas para su gran evento veraniego. Sucedía en Alacantown, pero allí se colaban el Capitán América y Spiderman. Durá, y su socio David Abadía, eran los primeros escritores españoles tras Rafael Marín y Carlos Pacheco en los que Marvel había confiado sus personajes. "Cuando publicaron la historia de Pecado Original. Compendio, el proyecto de La Brigada Lincoln resurgió en mi cabeza", recuerda.


 La brigada Lincoln te necesita

Las trabas, sin embargo, seguían ahí. Pese a que tratara de vender la idea por todos los cauces imaginables a los dos lados del Atlántico, el cómic —con un dibujo de Antonio Rojo más cercano al superheroico que al europeo— no tenía una venta fácil en ninguna editorial. Durá seguía siendo un desconocido. Así que se acabó optando por la complicada tarea de autoedición y el crowdfunding. Hoy, con más del 80% alcanzado en su campaña de Kickstarter, en la que pide 13.500 euros para lanzar una primera edición, la idea parece un éxito. "Si te gustan las historias bélicas de Hollywood como Salvar al soldado Ryan y Hermanos de sangre, este cómic es para ti", anuncia.

A Durá, además, esta campaña le ha concedido satisfacciones más allá de las monetarias. "El cómic no es un libro de historia, aunque trata de ser lo más fiel posible. Está escrito en tres capas: lo que sabemos que ocurrió, lo que apunta que fue así y los huecos que he rellenado sin saber nada. En las primeras páginas, por ejemplo, Oliver se manifiesta con otros comunistas de la época en Chicago. Deduje que se conocían, pero tuve la confirmación cuando la hija de uno de ellos, Steve Nelson, me escribió dándome las gracias y diciéndome que efectivamene eran amigos", recuerda todavía sorprendido: "Además, hizo una aportación". El cómic, para mecenas como la hija del combatiente de la brigada, será publicado tanto en inglés como en español.


 
La aportación de Pablo Durán en Marvel.

Visto el interés de su proyecto personal, Durá ya está pensando no solo en volver a llamar a las puertas de los editores, sino en regresar también a hacer un tebeo de superhéroes con David Abadía, junto a quien creó el fanfic El Águila, tebeo protagonizado por un antiguo villano español hecho a imagen y semejanza de un cómic Marvel que paradójicamente les abrió la puerta de la editorial. "Yo sigo con mi trabajo. Y si este experimento pega el pelotazo, aprenderemos de los fallos y haremos más. Quizás hasta me lo podría tomar con un poco más de calma".

HASTA LOS 18.000 EUROS


 
La brigada Lincoln te necesita

"Cuando digo a mis amigos que necesito 13.500 euros me preguntan '¿para qué tanto?', pero hay que pagar al dibujante, entintador [David 'Puste' Antón] y a la colorista [Ester Salguero] varios meses. Sin contar con los gastos de imprenta y el pago a Kickstarter, yo ya había puesto 2.000 euros de mi bolsillo. Quería que, incluso si no salía adelante, al menos los que estén envueltos cobren un sueldo digno", defiende Durá, cuya edición ideal se sustentaría en 18.000 euros.

Ese tope sería suficiente para financiar una edición en tapa dura del cómic de 120 páginas, que además estaría completo con numerosas páginas extras y bocetos para coleccionistas, además de una portada especial creada por David López, dibujante que ha trabajado en Catwoman, Capitán Marvel y Lobezna. Según sus contribuciones, los mecenas recibirán, asimismo, diferentes premios (todos los que aporten más de 25 euros, tendrán el cómic en su casa). Hay incluso una contribución específica para librerías de 80 euros. Entre los más de 200 patrocinadores, hay dos que han donado más de 500 euros, y ya son coeditores de la obra.

El Pais

Sueños del adicto al queso fundido (1905) por Winsor Mc Cay


Sueños del adicto al «Welsh Rarebit» (1905)
«... un viejo que cada día conduce su carro de basura por delante de la redacción es mi tocayo; un tipo raro...»
Recuperamos aquí una vieja droga irlandesa, muy popular en los U.S.A. de principios de siglo, capaz de provocar la más hermosa desmesura en los sueños.

Si se siguen cuidadosamente las indicaciones de esta receta, los sueños se ponen a vivir su propia vida y se puede conocer los verdaderos deseos y las angustias más secretas de cada uno. Pero, atención, lo importante es acordarse de despertar en el momento justo. Para ello se puede tener a punto la música compuesta especialmente para la película de Edwin S. Porter (1906) basada en las tiras de Mc Cay.
Hecha la advertencia, todo es posible: ¡felices sueños!...

WELSH RAREBITS 
—Tostadas de queso fundido —
250 grs. de queso chester o cheddar                       Huevos
75 grs. de mantequilla                                Sal, pimienta
Medio vaso de cerveza                               paprika dulce
4 rebanadas de pan

Rallar fino el queso y mezclar con la mitad de la mantequilla que hemos fundido previamente, los condimentos y tantos huevos como haga falta para hacer una especie de pasta para amasar.

Poner mantequilla en uno de los lados de las tostadas, tostar en la sartén y luego poner mantequilla en la otra cara.

Disponer la pasta que hemos preparado en capa piramidal sobre las tostadas y calentarlo en el horno muy caliente.

Cortar en triángulos antes de servir.

Este es el tema principal de la música «Dream of the Rarebit Fiend» (Disponible en LP en Folkways' Phono-Cylinders, Vol. 1,1961, FS3886).













Publicado en La Oca, revista mensual de comics para adultos, nº1. Barcelona, marzo 1985

XIII por William Vance y Jean Van Hamme


 1984.
En algún lugar indeterminado de la costa norteamericana el oleaje deposita el cuerpo de un hombre gravemente herido de bala en la cabeza.
Al despertar no recuerda nada acerca de su pasado o identidad. Sus únicas pistas son una cifra romana -el número XIII- tatuada en su clavícula izquierda y una misteriosa llave cuya función ignora.
Al intentar descorrer el velo que cubre su memoria se convierte en el objetivo de un letal asesino al tiempo que descubre que la policia y el resto de la sociedad le consideran culpable de un crimen que él no es consciente de haber cometido.
Así arranca XIII, una de las series más populares y aclamadas del comic europeo en la actualidad, fruto de la unión del talento de dos autores de reconocido prestigio, como son Jean Van Hamme y William Vance.

Portada para el n° 3 de XIII.
Acrílico de W. Vance

 Jean Van Hamme no es ningún desconocido para el aficionado español, que ha tenido ocasión de disfrutar con su trabajo en Thorgal, Largo Winch y la serie que nos ocupa. Belga, nacido en Bruselas en 1940, su pasión por el mundo de la economía -de la que ha dado sobradas muestras en sus obras, en especial en la serie de Largo Winch- le llevó a licenciarse en Ciencias Económicas y Comerciales, dar clases de Economía política, y trabajar para diversas multinacionales; tareas que desde 1968 alternó con su otra gran pasión: la escritura, primero como guionista de cómics y televisión y, a partir de 1977, como novelista, tras la publicación del primero de sus libros sobre Largo Winch, que en la actualidad él mismo está adaptando al cómic en colaboración con el dibujante Philippe Francq.
Por su parte, William Van Cutsen -más conocido como William Vance- es uno de los nombres indispensables del cómic europeo de los últimos 40 años. Como detalle anecdótico -para los que les interesen estas cosas- cabe destacar que Vance también es oriundo de Bruselas, aunque nació en 1935, cinco años antes que su compañero y reside en Santander.

Como tantos otros dibujantes antes que él, Vance empezó trabajando en el campo de la publicidad hasta que en 1962 tiene lugar su debut en el mundo del cómic en las páginas de la revista Tintín. A partir de ahí vendrían en rápida sucesión series como Howard Flynn -1962-, Ringo -1963-, Bruno Brazil -1967-, Rodrigo -1973-, Ramiro -1974- o Bruce J. Hawker -1977-, personaje propio inspirado en el Hornblower de C.S. Forester. Pero sin duda los trabajos que le han dado fama internacional han sido Bob Morane -adaptación al cómic del célebre aventurero creado por el escritor francés Henri Vernes, y que Vance realizó entre 1969 y 1980-y XIII.

De los dos, tal vez Vance sea el más conocido entre los aficionados de nuestro país, ya que la extinta editorial Bruguera publicó muchos de sus obras -sobre todo, de Bruno Brazil y Bob Morane, aunque también de Bruce J. Hawker-bien como álbum, bien por entregas dentro de revistas semanales como Mortadelo, etc...

En cuanto a Van Hamme, su nombre empezó a sonar gracias a su labor como guionista en Thorgal y se consolidó en los últimos años con la publicación simultanea de XIII y Largo Winch.

La génesis del proyecto

El Proyecto XIII surgió en buena medida del interés de Vance por hacer algo relacionado con el tema del espionaje tras el cierre prematuro de la serie Bruno Brazil cuando Greg, su guionista habitual, se trasladó a los Estados Unidos. Su editor le sugirió el nombre de Van Hamme, un autor que por aquel entonces ya había demostrado su talento para escribir historias de intriga sólidas, con un guión trabajado hasta el último detalle, en el que todos los elementos encajaban entre sí como las piezas de un puzzle y una habilidad excepcional para las escenas de sexo y acción que lograba que nunca resultasen gratuitas.

Ambos tenían una amplia experiencia previa en el terreno del espionaje. Vance venía de dibujar durante diez años la ya aludida serie Bruno Brazil, agente secreto, personaje inspirado a partes iguales en el Bond de Fleming y el Phil Corrigan de Goodwin & Williamson. Por su parte, Van Hamme era muy conocido en Bélgica y Francia por sus novelas de Largo Winch, en las que las grandes conspiraciones, espionaje industrial y crímenes de encargo estaban a la orden del día.
Tras varios contactos iniciales surgió el acuerdo, pero tanto el trabajo personal de cada uno como la exhaustiva labor de documentación que Van Hamme quería llevar a cabo para la serie retrasaron varios años su aparición, hasta que por fin en 1984 apareció en las librerías el primer título de una colección que estaba destinada a adquirir la categoría de culto, XIII: El día del Sol Negro.



La historia hasta ahora
Antes de seguir adelante, una advertencia: si no has leído XIII -o, como mucho, los dos títulos reeditados por Norma- sáltate este apartado, ya que al analizar la serie inevitablemente tendremos que hacer referencia a sucesos y desvelar misterios que es mejor descubrir uno mismo. Si así y todo decides continuar leyendo, estabas avisado amigo lector.

Van Hamme y Vance han concebido XIII como una gran historia subdividida en pequeños
arcos arguméntales que agilizan la trama al desarrollar hechos puntuales aunque debidamente relacionados entre sí. Así, el primer arco estaría compuesto por los cinco primeros números, que servirían de carta de presentación del personaje de XIII y del Mc Guffin o hilo conductor de toda la obra.

Primera aparición del protagonista. En El día del sol negro. Primer episodio de la serie. Por Van Hamme y Vance. En la edición española de Grijalbo, 1988.

En El día del Sol Negro conocemos a XIII, un hombre amnésico a causa de una herida de bala en la cabeza y que tan sólo cuenta con dos pistas para descubrir quién es y que le ha ocurrido; la cifra XIII tatuada en números romanos en; su clavícula izquierda y la llave de la caja de seguridad. de un banco. Cuando empieza .a investigar su pasado, XIII se ve acosado a la vez por un siniestro asesino conocido como la Mangosta y por agentes del gobierno USA, representados por el coronel Amos, que le acusa ni más ni menos que de ser el asesino de William B. Sheridan, 42° presidente de la nación, aunque Trece no se siente capaz de haber cometido un crimen semejante.

La única ayuda le viene de parte del misterioso general Carrington y su ayudante,  la teniente Jones; sin embargo, sus motivos, aparentemente altruistas, tampoco resultan del todo claros...

La investigación acerca de su pasado conduce a Trece a un laberinto de conspiraciones, mentiras dentro de mentiras y falsas identidades: Jake Shelton, Steve Rowland, Ross Tanner... hasta que finalmente Trece descubre que su auténtico nombre es Jason Fly -o, al menos, eso es lo que Van Hamme nos ha dado a entender hasta ahora-, un mercenario contratado por el padre del difunto presidente - con la colaboración del general Carrington - para descubrir a los responsables de la muerte de su hijo, los líderes de una siniestra conspiración que se reconocen entre sí mediante una cifra tatuada en su clavícula, que indica a la vez su importancia dentro de la organización.
La misión de Trece era descubrir al  Número  Uno suplantando   al   auténtico asesino,   Steve   Rowland; pero algo salió mal, fue descubierto y casi muerto por la Mangosta y sus hombres. Sin embargo, Fly sobrevivió, amnésico, con el secreto de la identidad de los conspiradores oculto en su mente.

Su regreso precipita los acontecimientos. Calvin Wax, asesor del Presidente -y supuesto Número Uno- aprovecha unas maniobras militares para hacerse con los resortes del poder con-, la no poco irónica excusa de evitar un golpe de estado -XIII número 5: Rojo Total-. Gracias a la ayuda de Walter Sheridan -hermano del presidente asesinado-, Trece logra infiltrarse en el Pentágono y abortar los planes de Wax. Antes de ser arrestado, este se suicida, pero a continuación se descubre que en su clavícula no lleva tatuada la cifra I, sino II. El auténtico líder de la conspiración aun permanece libre y desconocido.

Tras esta abrumadora sucesión de acontecimientos Trece -libre ya de la persecución policial, aunque no de la Mangosta y sus hombres-se toma un descanso en los números 6 y 7 de la serie -El informe Jason Fly y La noche del 3 de agosto- para ahondaren su pasado y localizar a sus parientes más directos, entre ellos su padre, un periodista de investigación que desapareció de escena durante los años más oscuros del Macartismo.

Pero el intervalo dura poco y en XIII contra uno -número 8- Fly se ve envuelto de nuevo en los entresijos de la misteriosa conspiración que aspira a hacerse con el control del país. Finalmente, Van Hamme y Vance nos desvelan la identidad del Número Uno -que, por razones obvias, no vamos a repetir aquí-.

Viñetas del n°6 de la serie, El informe Jason Fly.

 Nuevo cambio de escenario, y esta vez la acción se traslada a una nación iberoamericana de nombre imaginario en donde Trece actuó durante sus días como mercenario, previos al asunto del Sol Negro, bajo el seudónimo del Cascador -números 9 y 10: Por María y El Cascador-.

Van Hamme aprovecha para servirnos otra dosis de acción a raudales al sumergirnos de lleno en una veraz recreación de los conflictos civiles y políticos que azotan a estos países, aumentar el plantel de secundarios -como por ejemplo María, la bella líder revolucionaria enamorada de Trece, o del hombre que este fue-, y de paso dar una nueva vuelta de tuerca al introducir un personaje que va a trastornar de nuevo la vida de Trece al afirmar que Fly es el apellido de su padre adoptivo y que él es su auténtico progenitor.

Conmocionado por la noticia, Trece decide investigar la historia de su familia intentando descubrir la verdad en medio del cúmulo de engaños y mentiras que ha supuesto su regreso de la muerte -en Tres relojes de plata-.

El personaje

No cabe duda de que buena parte del éxito de la serie - además de la excelente labor de los autores- se debe a su protagonista, Trece, también conocido -al menos, de momento- como Jason Fly.
En principio, Trece es un personaje un tanto tópico: un hombre de acción cuando es necesario pero básicamente moral -como el Marlowe de Raymond Chandler-, lleno de recursos y que rara vez se deja caer en la desesperación. Tampoco el recurso de la amnesia resulta novedoso -basta con recordar películas como Recuerda, de Hitchcock, o Blackout de Abel Ferrara.

El mérito de Van Hamme, pues, radica en haber hecho atractivo un personaje a priori tan plano como XIII. La amnesia le sirve para crear un universo de ficción en el que nada es lo que parece y la verdad oficial puede cambiar de un número para otro. Así, el espectador es un mero testigo del proceso de reconstrucción de Trece. No sabemos más que él de su pasado.

 Uso del blanco y negro para los flash-back, en el séptimo episodio, La noche del 3 de agosto.
Ambos en la edición de Grijalbo, 1990-91.

Muestra del conservador erotismo de la serie. En el cuarto episodio, SPADS, como siempre por Van Hamme y Vance, en la edición de Grijalbo, 1988.

 No tenemos ninguna clase de ventaja sobre el personaje. Cada uno de sus descubrimientos es a la vez nuestro, y cuando algo que creemos cierto resulta ser falso, nuestra frustración es tan auténtica como la del personaje.

En XIII el lector es más espectador que nunca.

En cierto modo, Van Hamme aplica en XllI un esquema muy en boga en el cine, la literatura y el cómic actual como es la destrucción y posterior reconstrucción del héroe, renovado y purificado. El mejor ejemplo, sin. duda, sería el Born Again de Miller y Mazzucchelli.

Pero en el caso de XIII, el renacimiento de Jason Fly no supone un cambio a mejor del que el héroe emerge victorioso, sino que Van Hamme salva a su personaje de la muerte para arrojarlo a un mundo de engaños, dudas y paranoias.

Así, Trece se nos antoja más bien uno de esos antihéroes de la literatura y cine negro americanos, siempre en lucha con un mundo hostil que les supera, pero sin rendirse, fieles a un código moral que a. veces se nos antoja obsoleto.

Eso hace que el personaje resulte mucho más humano y, por ende, más complejo y rico en matices.

La historia detrás de la historia

XIII es un crisol de muy variadas influencias y homenajes que, sin embargo, dan como resultado una de las series más sólidas y consistentes del cómic europeo de la actualidad.

Hay influencias de carácter histórico. La más evidente es el asesinato de William B. Sheridan, que está evidentemente inspirado en el del presidente Kennedy, con el que guarda incluso un innegable parecido físico.

Van Hamme aprovecha la serie, además, para hacernos visitar la América oscura de los años 50, la Irlanda de principios de siglo o el México revolucionario, todo ello haciendo gala de un exhaustivo trabajo de documentación realzado por el dibujo casi hiperrealista, aunque algo plano, de Vance.

Otra fuente importante de inspiración ha sido el cine. La trama de la conspiración interna nos remite de inmediato al excelente film 7 días de mayo del director John Frankenheimer, en la que un grupo de militares tramaba un plan para dar un golpe de estado y convertir los EEUU en una férrea dictadura militar.

Asimismo, la búsqueda del padre de Jason Fly no deja de recordarnos a la película Círculo de silencio, magistralmente interpretada por Spencer Tracy. En 3 relojes de plata confluyen elementos que van desde la saga del Padrino de Coppola hasta clásicos como El tesoro de Sierra Madre.

La influencia cinematográfica, por último, es evidente en el físico de algunos de los personajes, como es el caso del general Carrington -inspirado en Lee Marvin- o el marqués de Préseau -David Niven-.

Página 34, del tercer libro de la serie, titulado Todas las lágrimas del mundo. En la edición de Grijalbo, 1988.

La literatura también ha puesto su grano de arena en la génesis de XIII. El arranque del primer álbum recuerda poderosamente al de una novela del escritor americano Robert Ludlum: El caso Bourne. Aquí también encontramos un naufrago amnésico a causa de un disparo con otra extraña serie de números tatuados en su cuerpo; por otro lado, al observar el mundo de engaño y muerte de Trece, es difícil no pensar en el realismo pesimista de John Le Carré.

Otro caso de paralelismo curioso, más que influencia, lo encontramos en el terreno del cómic y en concreto en la Saga del Imperio Secreto del Capitán América. En ella, los miembros de dicho grupo se identificaban entre si mediante la numeración romana, al igual que en el caso de XIII; y la respuesta a la identidad del Número Uno se aproxima de forma sorprendente en ambas series.
Un último grupo de influencias podrían rastrearse en la obra anterior de ambos autores. En ocasiones, el físico de Trece nos trae a la memoria a Bob Morane, otro de los personajes clásicos de Vanee. El escenario de los números 9 y 10 de XIII -Por María y El Cascador- nos recuerda  al   de  otra  aventura de Morane, Aterrizaje forzoso; y el dibujo de Vance en 3 relojes de plata nos retrae a sus incursiones en el Western de la mano de Ringo o Blueberry.

Todo lo dicho hasta ahora no supone un empeño en negar la originalidad del guión de Van Hamme, sino más bien todo lo contrario.

Isaac Asimov concibió su Ciclo de las Fundaciones a partir de la Caída del Imperio Romano, y Lovecraft construyó sus Mitos de Cthulhu a partir de elementos dispersos de la obra de otros escritores, sin que ello les reste a ambos el más mínimo ápice de calidad u originalidad. Lo mismo puede decirse de Van Hamme, un autor que rehuye los tópicos como nadie.

De XIII se pueden decir muchas cosas salvo que sea predecible.

Es posible que a veces la historia te suene a algo ya visto o leído; pero también es cierto que para aquel entonces ya no te importará porqué estarás tan metido en la acción que lo único importante será volver la hoja y ver que es lo que ocurre a continuación.

 Despliegue militar en el quinto episodio. Rojo total, de Van Hamme y Vance, en la edición de Grijalbo, 1989.


Escrita y dirigida por...

Ya hemos hablado acerca de los trabajos de Van Hamme y Vance previos a XIII, pero ¿qué es lo que ha aportado a la serie cada uno de ellos? Bien, frente al espíritu clásico de Thorgal o las complejas intrigas financieras de Largo Winch Van Hamme ha optado en esta ocasión por un estilo simple y directo, con una historia lineal, prescindiendo de todo lo que pueda estorbar el desarrollo de la acción, ya sea excesivos flash-backs o los habituales rótulos de tiempo y lugar, tan de moda en la actualidad gracias a series como Expediente X.

XIII no los necesita, y apenas se resiente de su ausencia. De hecho, al leer XIII tenemos más bien la impresión de estar asistiendo a la proyección de una película, impresión reforzada por el cambio de estilo de Vance. Ahora sus lápices se hacen más limpios y las líneas de contorno más nítidas, con lo que su dibujo pierde algo en energía; pero a cambio el color cobra gran importancia -y aquí conviene resaltar que el colorista de la serie es la mujer del mismo Vance- y el resultado final gana en detallismo, hasta el punto de que en algunas viñetas es posible ver el escudo de la marca de los coches.

Hay quien al ver XIII y compararla con obras anteriores pueda pensar que el dibujante se está acomodando, perdiendo garra. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que Vance no es un autor arriesgado ni experimental.

Su dibujo es realista y su composición de página bastante tradicional, lo que no quita que en ocasiones se permita licencias como es el caso de la página 34 del volumen 3, en la que Trece y otro preso intentan fugarse de una prisión de alta seguridad a través de un angosto conducto subterráneo.

Para reflejar la angustia física y mental de los personajes Vance hace que a medida que avanza la acción las viñetas se hagan más y más pequeñas y estrechas, al igual que el pasadizo por el que se arrastran los personajes.

Por lo demás, Vance mantiene muchos de sus tícs habituales, como es su propensión a dibujar a sus personajes de frente, siempre mirando al lector, como enfrentados a una cámara imaginaria, lo que refuerza esa sensación de lenguaje cinematográfico que impregna toda la serie. No queremos terminar este artículo sin referirnos a otra faceta frecuentemente descuidada al valorar el trabajo de Vance: su labor como portadista. En XIII encontramos algunas de las mejores muestras de su saber hacer en este campo, como es el caso de la ilustración de portada del número tres, sobrecogedora en su aparente sencillez.

Viñetas del episodio Por María, correspondiente al noveno libro, editado por Grijalbo, 1993.




Portada de Vance para el tomo nº 12. Grijalbo, 1997. 



Publicado en la revista Dentro de la Viñeta nº11, año 2000

SPANISH FEVER.

Spanish Fever: Stories by the New Spanish Cartoonists from SPAIN arts & culture on Vimeo.

Una iniciativa empresarial y divulgativa excelente, que por ser algo extraño y poco corriente llama mucho la atención. Debería ser una actividad cotidiana. El video me parece una maravilla, por su concreción y brevedad.

A mi, particularmente, me emociona, lo que han podido disfrutar los autores, un grupo dispar, de diferentes generaciones, disfrutando de comics, historietas, tebeos en los Estados Unidos.

viernes, 7 de octubre de 2016

El artista y sus cuadernos de viaje


En El Cairo, Nueva York o Karmandú, llega siempre un momento en el que el pintor y escultor Fernando Bellver elige un café y se sienta a dibujar y anotar sus impresiones. Estas son páginas de su reciente viaje a Granada, Nicaragua.










Revista ROOM 3, año 2008

Una ilusión necesaria por Jorge Zentner





Los límites en penumbra -decía al final del precedente capítulo, y lo repito porque es de eso que quiero escribir hoy- brindan al receptor de lo narrado, al público, al lector, /a ilusión de un principio y un final.

Y ahora añado: brindan una ilusión necesaria, como el atardecer y el alba brindan también al ser humano, cada día, la ilusión de un principio y un fin y, con ello, una apárente renovación.
El ciclo de luz cotidiano -consecuencia del movimiento de los astros- deviene pues un modelo en escala del ciclo vital de un individuo. Nacimiento y muerte. La madre da a luz. El agonizante entra en las sombras, vuelve a lo negro.
El agonizante vuelve a lo negro como aquella mariposa nocturna que, viniendo de la oscuridad y dirigiéndose a ella, durante unos momentos pasa por la zona de luz que hemos denominado narración. ¿No se parece la vida de un individuo al breve y loco vuelo de la mariposa nocturna en la zona de luz?
El ciclo de luz cotidiano, el movimiento de los astros, la organización del cosmos, eso que vulgarmente llamamos naturaleza -lo infinitamente grande, para entendernos- nos brinda a los hombres -seres infinitamente pequeños regidos por todas las leyes de lo infinitamente pequeño- el modelo de nuestra existencia, que es también el modelo de todo relato.
El hombre cuenta historias con aparentes principio y fin. Un hipotético inmortal borgeano, inspirado por el modelo de su propia inmortalidad, contaría una historia sin principio ni fin: una historia insoportable, aburrida, mostruosa.
 ¿Cómo unir lo que acabo de decir con aquellos párrafos en los que tanta importancia atribuí al soporte de todo relato? Por ejemplo dejando tranquilo al inmortal y volviendo a nuestro Abuelo Narrador.
El fuego, la penumbra, la voz del Abuelo Narrador de las cavernas, sus gestos y muecas... todo eso, decíamos, conforma el primer soporte de una historia. Soporte que, insisto, condicionará absoluta e inevitablemente la historia contada.
Me parece útil que veamos la narración como una acción, como un trabajo del cuerpo; como algo que, al igual que toda acción del cuerpo, demanda una energía y produce fatiga. El narrador, por suerte, no es una invención borgeana; el narrador es un hombre, su voz pertenece a un cuerpo, pertenece a lo finito.
Y, por suerte, insisto, también el público tiene un cuerpo y una capacidad de atención que se agotan.
El narrador se fatiga; al narrador se le seca la boca; el narrador acaba afónico y se ve en la necesidad de decir: basta por hoy. O, en otras palabras, en la necesidad de decir: aquí se acaba el capítulo, esta historia continuará. Y así hasta llegar al último capítulo, la última entrega del folletón, el necesario Fin.
Sí: desde el principio de los tiempos el soporte del relato -la voz, el cuerpo que produce esa voz- aparece condicionando lo contado, aparece condicionando la forma y determinando eso que llamamos historia.
El cuerpo, la voz, ese soporte, es lo que hace humano al relato; lo que lo hace nuestro, en la medida en que, gracias a la fatiga y al sueno, nos garantiza que habrá un desenlace, que habrá un final.
El cuerpo, por ser algo que se fatiga, nos brinda un gran alivio metafísico al garantizarnos que esa historia tendrá un fin. No como el Tiempo que nos contiene, que siempre es presente y, en consecuencia, infinito.
Un libro sin fin, a la Borges, es metafísicamente agobiante, física y anímicamente insoportable. Un libro, cualquier libro, cualquier historia con principio y final, cumple la sana función de recordarnos nuestra feliz, envidiable condición de mortales.
Como ocurre con nuestro propio fin individual, el final de toda historia crea expectativas; en cierto modo nos angustia; avanzamos hacia él con ansiedad, pero también, hacemos lo posible por demorarlo; quisiéramos adivinarlo y, al mismo tiempo, quisiéramos que nos sorprenda y que, en las últimas líneas, aclarase, llenase de sentido a todo lo leído, todo lo vivido. Y esto es así, -no puede ser de otra manera-, porque la idea de final está estrechamente emparentada con la idea de muerte.
En ese orden, podría decirse que todo relato es una puesta en escena de la vida.
Tal vez ahí, en eso, esté impregnado ese carácter necesario de la narración en las vidas humanas.
Narración, cosmogonía, mito, religión, relato de cómo son las cosas y por qué.

El bisabuelo narrador
Y ahora, para no alejarnos más del soporte, volvamos a nuestros ancestros, reunidos en torno al fuego. Incluso vayamos algo más lejos de lo propuesto anteriormente. Imaginemos no ya al Abuelo, sino, como diría Jodorowsky, al Bisabuelo Narrador.
Este viejo es mudo o, al menos, todavía incapaz de articular un lenguaje hablado. La anécdota relatada, el argumento, son los mismos que habíamos propuesto imaginar para el relado del Abuelo. La historia, sin embargo, adoptará una forma muy diferente: puesto que las palabras no existen, los gestos y mímicas se multiplicarán.
Llegado a cierto pasaje, a cierta secuencia, el Bisabuelo Narrador se siente impotente: su cuerpo, en la penumbra, resulta insuficiente para contar lo que quiere contar.
Por una feliz casualidad -fruto de esa búsqueda, de esa desesperación expresiva-, descubre, quiero pensar que con inmensa alegría, que puede multiplicar sus posibilidades si, situándose en cierto lugar, consigue que su cuerpo proyecte sombras sobre las rocas; sombras capaces de ser leídas por su público.
El Bisabuelo Narrador, el hombre, de pronto, se descubre poseedor de un nuevo lenguaje y, también, de un nuevo recurso del cuerpo, su único soporte. Algo que, por proyección, su cuerpo produce -la sombra-, habrá de permitirle narrar de otra manera la historia, darle otra forma. Las capacidades expresivas de su sombra son casi infinitas o, mejor dicho, dependen de la capacidad interpretativa de sus lectores.
El nuevo soporte determinará su tarea narrativa. Tal vez sea necesario echar más leña al fuego, tal vez buscar una roca más blanca para contar mejor, o cambiar la hora en que se produce el relato, o pasar al interior de la cueva. Poco a poco, ese narrador prehistórico y mudo, pero ya hombre -tal vez, justamente, ya hombre en cuanto narrador- inventa las sombras chinas, el teatro negro, el cinemascope...
Pero no nos vayamos por las ramas; ciñámonos a la forma de este texto que, ya lo ven, también habrá de determinar mi relato.
Dejemos al Bisabuelo Narrador y a su relato mudo junto al fuego; dejemos atrás también al Abuelo Narrador y su posterior relato oral.
Dejemos eso, pero sigamos siendo un pueblo primitivo con ganas de contar una historia: escribamos pictogramas sobre la arena, narremos así una historia de manera necesariamente fugaz, porque el viento nos la borra.
Ahora acerquémonos a la playa, seamos pescadores; tendremos que contar aún más velozmente, porque viene la ola a borrar lo que hemos dibujado sobre la arena húmeda; tendremos que contar de manera todavía más efímera, porque subirá la marea. Nuestro relato, ritmado por el ciclo de las mareas, se renovará día a día.
Y ahora, para preservar nuestro relato del viento y del agua, inscribamos representaciones literales de objetos y animales sobre la piedra.
O inscribamos signos sobre la arcilla, tras descubrir que los pájaros y los animales dejan sus huellas sobre el barro que se seca, junto al curso de agua.
Necesariamente, estaremos fundando una etimología, estaremos inscribiendo frases lapidarias, porque con una maza y un cincel no es cuestión de hacerse el Balzac.
Si luego avanzamos en esa crónica del tiempo, ese otro relato al que llamamos La Historia, con mayúsculas, iremos descubriendo nuevos soportes, nuevos lenguajes, nuevas formas.



Publicado en la revista Dentro de la Viñeta nº11, año 2000

miércoles, 5 de octubre de 2016

LA ALTERNATIVA BARKS por Alfons Moliné




El lector de este artículo se sorprenderá al ver que trata una parcela del comic-book U.S.A. que este boletín no acostumbra a tocar. Pero el coordinador me ha encargado expresamente el tema, por lo que intentaré satisfacerle, tanto a él como, naturalmente, a usted, lector.

Para ello le sugiero que se traslade a esa cuasi-mitica era de los 60, en la que, sin duda, habrá vivido parte, si no la totalidad, de sus años mozos. Era la época en la que Superman & Co. acababan de ser vetados por los "pillos malosos" censores, y de los cuadernillos Novaro apenas nos quedaba la PEQUEÑA LULU. También era época de crisis y mutaciones en el mercadillo nacional, por lo que Ediciones Recreativas, entonces detentora exclusiva del fondo historietístico de Disney, acababa de reconvertir su moribundo "DUMBO" en dos publicaciones: "PATO DONALD" (un intento de emular el "Journal de Mickey" galo, en un ambicioso gran formato, que no llegaría a cuajar, pasando tras 26 números al formato bolsillo) y un DUMBO en forma de volúmenes de 80 páginas, con una historia larga al principio, principalmente de Carl Barks, y otras cortas como complemento.




Ese fue el Barks que yo aprendí a conocer y apreciar, el de traducciones de títulos tan desopilantes como aquel "Andes lo que andes, no andes por los Andes", o los "gosh" o "jumpin'Jehosaphat" transcritos como "caspitina" o "zapabamba de la pampaleta". Porque Ediciones Recreativas se encargó de masacrar durante largas décadas el arte de Carl Barks y de otros excelentes artistas disneyanos, haciéndolo calcar por manos a menudo inexpertas y ello por causas que nadie ha dado, hasta la fecha, a revelar. Si bien, gran parte del mérito de que esas historias de patos, aunque deficientemente reproducidas, fueran un pedazo importante de nuestra infancia, se debe a esas memorables y anónimas traducciones ejemplo de lo qué debe ser una traducción.
Como decía, fue en esa época en que fui introducido al maravilloso universo de Mr. Duck, siguiendo ávidamente al Tío Gilito, Donald y sus muchachos en busca de huevos cuadrados, de las 7 ciudades de Cíbola o de la piedra filosofal. Naturalmente, uno no sabía todavía quién realizaba aquellas aventuras. Había, en esos mismos volúmenes otros "ducks" pertenecientes a otros estilos gráficos. Pero uno siempre se remitía a sus mejores andanzas, presentes, como ya se ha dicho, casi siempre al principio de cada DUMBO (aunque de entre las historias de complemento, también las había de Barks, sobre todo de esas "comedias urbano-hogareñas" de 10 páginas con Donald y sobrinos).

Y un buen (o mal, según se mire) día, Barks dejó de aparecer habitualmente en "Dumbo". Coincidió, más o menos, con una irrupción paulatina, pero segura, de los superhéroes en España, que nos hizo creer que la era del "funny-animal" había cesado. Sucedió a inicios de los 70, tiempos en que se nos decía que Disney estaba acabado; tiempos en que aquél "Para leer al Pato Donald" de Dorfman/Mattelart nos hacía ver que todo el arsenal comiquero de tío Walt, sin diferencias respecto a dibujantes, bien poco tenía de "sano e inocente esparcimiento".

Pero ello coincidió asimismo, con el acercamiento de España a los pirineos inclusive en el campo del 8o Arte. Y los fanzines y enciclopedias llegados de allá nos revelaron, por vez pcimera, quién era Cari Barks y por qué sus historias de patos eran las mejores y lo mal que hicimos en dejar caer las lecturas patunas. Y dispuestos a retomar dichas lecturas, observamos entonces que el panorama disneyano por estos lares también había cambiado: ediciones Montena había tomado el relevo pero, ay, pese a que se acabó el publicar el material redibujado, éste ya apenas si ofrecía interés: Carl Barks y sus contemporáneos habían dejado paso a una plebe de imitadores del país de los spaghetti. Y encima los "gosh" ya no se traducían por "caspitina" Sgrunt!



Y mientras, allende los pirineos, Barks ya era el objeto de mil y una reediciones y todo un fandom se erigía a sus pies. Asociaciones en toda Europa septentrional, como la NAFS(K), cuyo anagrama se traduce en sueco por Asociación Nacional Donaldista de Suecia (Cuac), fundada en 1976, editaban y editan todavía, fanzines y boletines donde se analizaban con pelos y señales todos los aspectos del universo duckiano. (Todo esto creo haberlo dicho en algún otro articulo, pero en vistas de que el público no reacciona... pues no es de extrañar que me repita).

Artistas de todo el orbe imitaban su esti¬lo para prolongar lo máximo posible su legado al campo del comic-book: es sabido que Vicar (Víctor Amagaba, ¿recordáis su "Hipólito y Camilo" en las páginas de "Chiribín") se ha erigido en un seguro candidato a sucesor de Barks; pero una cosa es asimilar el espíritu barksiano y otra sumirse en un preciosismo mimético (servido, por otra parte, mediante anodinos guiones casi todos elaborados desde Inglaterra) que es el único mérito de este señor; asimismo sus dibujos atufan a pequeño burgués que mata, en contraste con las deliciosas raíces rurales de Barks. Otros que sí han logrado captar a Barks en espíritu son Marco Rota (quizá el único artista Disney italiano realmente digno), Freddy Milton (del cual Ediciones Zinco, puesto que publica al Pájaro Loco, nos tendría que ofrecer las historietas que de dicho personaje ha realizado asimismo este danés), Miquel Pujol (un catalán que hace Disney a través del estudio Recreo y que ha trasladado magistralmente a Donald y Gilito a Barcelona, en un álbum todavía inédito aquí) y Don Rosa, uno de los primeros artistas apadrinados por Another Rainbow, la compañía que desde hace poco publica en los U.S.A. los comic-books Disney bajo el sello Gladstone (que, dicho aparte, es el nombre original de Narciso Bello). Su reciente "The son of sun", digna opera prima, ofrece una no menos digna secuela de "Andes lo que andes...", si bien su diseño de los patos   todavía   ha  de  madurar un  tanto.

Y es precisamente la labor de Gladstone lo que desearía hacer remarcar en este artículo: lo cuidado de sus copiosas reediciones (aunque en la reedición de las "dailies" de Mickey Mouse se pasen algo al retocar viñetas y suprimir cartuchos de texto) y el esmero en presentar lo mejor del material Disney made in Europa, asi como la promoción de "jóvenes cachorros" como el ya citado Don Rosa.

Por todo esto es mi deseo el que se implante a Barks y sus patos como una firme alternativa a tanto superhéroe en esquijama (gulp! ya veo que a algunos no les hará gracia esta definición) y el que las tiendas de comics de este país hagan difundir los comic-books de la Gladstone (y no es publicidad) entre el público. Y que este último aprenda a revalorizar los patos que amó en su infancia, y que luego abandonó, inconsciente de su trascendentalidad. También es mi deseo que algún editor de aquí logre la exclusiva para publicar a Barks de forma continua y digna. Ya que Montena sólo sigue publicando algo suyo muy de tarde en tarde y por casualidad: por ejemplo, y entre tantas italiañadas y "Vicar-bonatadas", en el reciente extra de verano de Don Miki (¿lo de cambiar "Mi¬ckey" por "Miki" fue cuestión de problemas de registro o qué?) se ha publicado "Adventure Down Under", originalmente aparecido en FOUR COLOR no. 159 (1947). Con que ya podéis arrebatárselo a vuestro hermanito.

Mientras tanto, confiamos en haber despertado el interés sobre Barks entre nuestros lectores; en tal caso, podríamos tratar más profundamente sobre el tema en un próximo URICH.
Quackll

(Este artrículo está dedicado a Joakim Braun, de Malmö, Suecia, sin duda uno de los próximos grandes "duck artist" del futuro).

Publicado en URICH nº12. Ago-Sept. 1987