
Mucho se ha escrito sobre la vocación de francotirador de Matt Groening. Desde la serie de televisión de sus desbarbilladas criaturas amarillas o desde la tira de prensa semanal Life in Hell, Groening ha disparado contra todo lo que le es sagrado al americano medio. Pero. ¡es que es tan fácil escandalizar en Estados Unidos...! ¿Que no me creen? Baste citar la columna firmada por Groening que aparece en el número 3 de la edición española de Simpson Comics, en la que se cuenta con pelos y señales cómo unos críos de una escuela primaria de Carolina del Sur no pudieron, como pretendían, bautizar su colegio con un nombre tan inofensivo como Escuela Primaria de Springfield porque ¡ése era el nombre de la escuela de Bart Simpson! Incluso las autoridades locales (las de siempre, o sea, el alcalde, el cura, el cabo de la Guardia Nacional, ya saben a quiénes me refiero) no tuvieron empacho alguno en aparecer en medios de comunicación justificando su decisión de no aceptar el nombre de Springfield en nombre de, lo han adivinado, los valores morales y esas cosas. Como dice el mismo Groening en otra de sus columnas (número 7 de Simpson Comics, edición española) "irritar a los irritables tiene un sabor muy agradable."
Mucho se ha escrito también sobre la millonaria (en audiencia y en metálico) serie televisiva y sobre su abrumador éxito: se emite en decenas de países (bueno, aquí la pone Antena 3, o sea que como si no) y ha propiciado un merchandising tan avasallador que ríase usted de Hombres Murciélago. Bart Simpson sí que es mas famoso que Jesucristo (jódete, John Lennon). sus frases se ponen de moda y la serie acapara premios
Algo menos, sin embargo, hemos podido leer sobre la serie de tebeos que edita Bongo Comics en su país de origen y aquí Ediciones B. La primera pregunta que uno se plantea es, obviamente. si el tebeo es tan bueno como su progenitor televisivo. Bueno, pues no. No me entiendan mal. en principio cualquier cosa que venga avalada por la familia mas amarilla de Pistado.
Unidos merece una lectura e incluso una compra, porque siempre hay grandes posibilidades de que aparezca alguna de esas perlas que son de rigor en la serie de televisión. Pero mientras que la mayoría de los episodios de la serie mantienen una calidad regular y constante, y los que se salen de esta norma lo hacen por arriba, lo de los tebeos es algo muy distinto. La irregularidad es en este caso la norma.
Aunque suponemos que a estas alturas Matt Groening estará demasiado ocupado contando el número de retratos de George Washington enmarcados en verde que le ha dado su creación, desde el principio su desvinculación de Simpson Comics ha sido notoria. reduciendose a firmar las portadas, escribir una columna que a veces deja trascender un tufillo progre que ya desprendían las planchas mas flojas de El Libro de Amor de Binky, recopilación de Life in Hell aparecida hace un par de años aquí en la que comenta lo que le viene en gana, eso si, muy enrolladamente, y a aparecer en los créditos como publisher de Bongo Comics. Matt Groening es ya como Walt Disney, Stan Lee o Hergé, una marca de fábrica.
Hasta el número 6 de la edición española (de la que hablaremos más adelante). el nivel de la serie es más que aceptable, tanto literario como artístico. Tiene mucho que ver, imaginamos, que son en los que están implicados de una u otra manera Steve Vance y Bill Morrison.
Pero como suele ocurrir en otras editoriales americanas que tienen entre manos personajes de éxito, pronto los autores dejan de tener importancia para la editorial y el énfasis se desplaza hacia el producto, confiando en que venderá igual porque lo verdaderamente importante es eso. el producto. Bongo Comics no es una excepción, por muy enrollados y rocanroleros que seamos. Así, a partir del número 7 comienza un desfile de dibujantes y guionistas muy conocidos en su casa a la hora de comer (o quizá sea ignorancia del que esto firma) que conducen la serie lenta pero resueltamente hacia unos abismos grfticos y literarios, pero sobre todo gráficos, que no habíamos visto desde la ultima vez que abrimos un tebeo de los Extreme Studios (elijan ustedes mismos).
Hacia el numero 15 la cosa se endereza mas o menos, de hecho más bien menos. pero a estas alturas ya no se puede pedir mucho y sigue un ritmo tambaleante, con apariciones esporádicas de Bill Morrison escribiendo guiones hasta de momento el numero 22, el último que ha aparecido a la hora de redactar esta reseña. Pero afortunadamente están los flip-books que acompañan a todos los números (exceptuando el numero 6). rinconcitos donde Matt Groening (bueno, es un decir) y los suvos pueden dar rienda suelta a su particular manera de entender algunos generos clasicos y al normal mente patetico (en este mundillo constantemente autorreferencial) ejercicio de homenajear.. ¿O no? Pues no. Sucede exactamente lo mismo que con la serie, a saber: los de los primeros números como Historias Terroríficas de Bart Simpson en el número 1. Krusty, Agente de P.A.Y.A.S.O. en el 3, McBein Comics en el 7 o, sobre todo, Las Escabrosas Aventuras de Busman en el 4 y Las Desdichadas Historietas Románticas de Patty y Selma en el numero 2 son estupendas, mientras que otras cosas (y queremos decir cosas como Historias de la Terrible Guerra en el número 12 o Los Comics Abusones de Jimbo Jones: en el 13 y muy particularmente esa cumbre del espanto que es Homer en la Sierra en el 11 son espeluznantes. Así. Sin paliativos. Desde el número 19 y hasta el 24 se han publicado las cuatro partes de Roswell. las aventuras del hombrecillo verde (bueno, ya se saben la historia del platillo volante que se estrelló en Roswell. Nuevo Méjico, ¿no?), con guión y dibujo de Bill Morrison que, si bien es una tontada, al menos los diseños tanto de personajes como de lugares son encantadores y el nivel gráfico supera en varios puntos al de la historia principal.
La edición española, para que no se diga, sigue el modelo titubeante del tebeo. Por un lado, parece que en Ediciones B se han preocupado por respetar la edición americana, y ciertos detalles como utilizar la fuente original para el rotulado. la inclusión de la columna de Groening o la publicación de los flip-books avalan esta teoría. Luego están los inconvenientes. Hallazgos de los traductores de la serie de televisión como "¡Mosquis!" o "Multiplícate por cero", lenguaje que se identifica plenamente con los Simpson se quedan en el tebeo en expresiones ramplonas como "Súpeer" o "Tope" o cualquiera de sus equivalentes, haciendo que Bart Simpson hable como los guionistas de Médico de Familia creen que hablan los jóvenes enrollados.
Pero lo mejor, con diferencia, lo encontramos en las páginas del correo. Mientras que la serie de televisión de Los Simpson se emite en su país en, como se dice ahora, prime time, aquí la siguen relegando a las horas más intempestivas de la programación infantil, sin darse cuenta de que que se trate de dibujitos no quiere decir necesariamente que se trate de un espacio para niños. Claro que lo de la emisión de Los Simpson daría para varios especiales de U, así que dejémoslo. Pero es que los responsables del tebeo siguen por la misma senda, y eso da que pensar.
Si desde el principio en Ediciones B han concebido Simpson Comics como un producto dirigido al público infantil no hacía falta molestarse en, por ejemplo, reproducir las columnas que escribe Groening, que están repletas de referencias a Frank Zappa, Gary Panter o Richard Nixon. La experiencia de leer completo un correo fluctúa entre el sonrojo vergonzante y los espasmos nerviosos. No es que sea verdaderamente importante, pero es un dato más que muestra que aquí Los Simpson no se entienden. Ya que no hay más remedio entendemos que el correo esté dirigido exclusivamente a los niños, pero ¿de verdad es necesario que esté escrito como si lo hiciera el hijo de Leticia Sabater y Joaquín Luqui? Una perla: "Y nosotros volvemos [...] dispuestos a dar caña a vuestra mente adormecida por los villancicos. ¡Juerga y cachondeo! ¡Marcha y carcajadas! ¡Jolgorio y escarnio (sic)! Allá '. Y una más: "Y, aquí se acaba mi rirrrollo, troncosss y troncasss... y todos los coleguis de mi corazón." Vale, dabuten.
Más cosas: la publicidad sugiere que la colección es quincenal. Dado que en Estados Unidos es bimestral, ¿qué van a hacer cuando alcancen la numeración americana? Y otra pregunta, aunque ésta obedezca más a una necesidad personal, ¿para cuándo nuevas recopilaciones de Life in Hell?
Si de verdad quieren comprarse algún tebeo de Los Simpson, háganse con El Hombre Radiactivo o los tres números de Krusty Comics. O esperen a que la colección regular recupere el pulso. Claro que lo mismo les daría ponerse debajo de un olmo a esperar a que caigan peras.
gonzalo quesada
U, el hijo de Urich #9 marzo 1998