Si existe un género realmente difícil de concretar en un tebeo. éste es el del terror. Los condicionantes del medio obligan a dominar toda una panoplia de mecanismos narrativos y recursos gráficos si se desea causar cierta sensación de inquietud -no digamos ya horror- en el lector. Sea dicho de antemano, los artífices de Azoth no se encuentran entre el grupo de elegidos capaces de ello.
Bajo esta cabecera se han distribuido en nuestras librerías tres cuadernillos de portadas ominosas. Los mismos agrupan un conjunto de historietas autoconclusivas de extensión variable y construídas en torno a posesiones demoníacas, descensos a los infiernos, genocidios, demostraciones de vampirismo postmoderno y la martirología como medio de adquirir el placer. Todo ello aderezado con la pulsión adolescente de una identidad sexual aún por definir que encubren las diferentes formas de dominio catalogadas en sus páginas. Con estos elementos Art Brook's hilvana unos guiones vacuos, repletos de tópicos, lugares comunes y diálogos pretenciosos que creen ser crípticos cuando únicamente confunden aún más la lectura de unas historias anodinas que ponen en evidencia una asimilación deficiente de las novelas de Barker y Rice, los primeros arcos argumentales de Sandman y alguna película de Ferrara.
En cuanto al apartado gráfico, Jesús Saiz se preocupa por crear la atmósfera requerida para el género, sin conseguirlo plenamente. Aunque en el primer número se encuentra cerca de ello, aún no posee el dominio de luces y sombras requerido para tal empresa y -lo que es más importante- sus dotes para el dibujo no se ven acompañadas por un sentido narrativo muy depurado. Esta lacra se hace más evidente en las confusas escenas de acción que nos regala. Si a ello unimos un deficiente tratamiento de la expresión facial -muy cercana al estreñimiento perpetuo de los personajes de Liefeld- hemos de concluir que a Saiz aún le queda un largo aprendizaje como historietista, aunque cabe reconocerle madera para expresarse en el medio. En el tercer número su labor se ve acompañada por la de J. Zaragoza y Eduardo, aún más verdes y -a juzgar por lo demostrado- con menos habilidades artísticas que él.
Se ha convertido en común el comentario de que Azoth es un tebeo que recupera el espíritu que animó las publicaciones del malogrado Toutain, tópico fomentado por los propios autores al dedicarle su primer número. (Curioso, nadie parece haberse fijado en la dedicatoria a Jack Kyrby -sic- del tercero. ¿Habrá en la carrera del Rey algo que se me escapa y por ello no entendí de qué van las historias que contiene? ¿Una de ellas no es un plagio descarado de una de Gaiman?) Aunque superficialmente pudiera parecer así, la realidad es que los productos ofrecidos por el editor y agente catalán gozaron siempre de una calidad media que Art Brook's y Jesús Saiz ni siquiera rozan con las yemas de los dedos. En cualquier caso pueden sentirse orgullosos.
Con el homenaje tributado a Filstrup han conseguido que recordara con nostalgia al entrañable Creepy.
Eduardo García Sánchez
U, el hijo de Urich #9 marzo 1998

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