sábado, 14 de febrero de 2026

Art & Beauty Robert Crumb La Cúpula



No cabe duda de que tenemos suerte, en este pequeño y provinciano país, de contar con la línea Brut gracias a la cual parte de lo más interesante del cómic alternativo americano actual acaba apareciendo ante nuestras complacidas miradas. Está muy bien, sin duda, que se publique lo último de Robert Crumb y, además, tan pronto. (Dejemos de lado las inmensas lagunas que, de su ya larga y productiva carrera, existen en el panorama editorial hispano, será que Crumb no vende). Una idea, por otro lado, la del Crumb, tan sencilla, autocontenida y fácil de asumir desde el punto de vista editorial como este Art & Beauty Magazine, retorcidamente inspirado en aquella simpática máxima del "Instruye deleitando".

La edición, sin embargo, no es que adolezca de algunos defectos reseñables sin menoscabar el todo, sino que corre el riesgo de desvirtuar bastante el mecanismo del pastiche imaginado por Crumb. Opciones tomadas no del todo aceptables son reducir el tamaño del original al de comic-book (¿Art & Beauty comic book: instruye deleitando? Ejem). Errores en los porcentajes de los, perdón, del color de las tapas hasta convertir unos verdes bien contrastados en algo que, como portada, ni se ve, ni atrae... pase, suele pasar, nos lo tragamos. El papel, que tampoco es blanco-blanco, pongamos que no influye en el resultado de los pinceles.

Pero la parte importante a la hora de disfrutar una obra, de captar su sentido, de que nos haga gracia, es decir, el texto, donde se vierten las ideas, donde si se es original, debe notarse, este sí que puede verse afectado por los defectos de una traducción rápida, despreocupada o poco cómplice. Mucho me temo que no se trata, simplemente, de poner palabras que en español no existen, o nadie las usa, como elusivo, seductivo, etc. O comerse cosas que vienen en el texto original (no es problema de espacio, otras veces el traductor elige la perífrasis castellana más larga sin ningún problema). Por el contrario, muchos de los textos traducidos, que Crumb presenta como pie de sus dibujos al estilo rancio de las viejas revistas, u otros, citas de las procedencias más variopintas, revelan que el traductor no se ha detenido a reflejar también la intención socarrona de Crumb y se quedan en una versión somera del contenido del texto, cuando no ofrecen, a las claras, la prueba palpable de que no ha comprendido el original como, por ejemplo, en la cita de Nietzsche.



Porque Crumb, en esta obrita, lo que está haciendo es servirse de un tipo de producto anticuado y pasado de moda para, parodiándolo, dar un vehículo, de nuevo, a sus fantasías sexuales (que todos, en cierta medida, compartimos) desplegando una serie de estampas dibujadas con un cuidado inusual en él, llevado en volandas por la calentura, no cabe duda, en la cual resulta de capital importancia la precisión y la dosis de auténtico "flavour" que contenga para el éxito del resultado. Cuanto más evocador de clichés encorsetados en el inconsciente colectivo, tanto mayor es su gracia. De lo contrario, se quedaría en una colección más de dibujos guarros del obseso del Crumb.

No hay que perder de vista que un trabajo como éste, como lo es, en otro registro, la pertinaz reproducción de esquemas de prensa antiguos que vehiculan el detonante imaginario de Chris Ware, depende, para su funcionamiento, del contraste entre el contenido, erótico en este caso, y la presentación, adscrita a formas tradicionalmente empleadas para otra cosa. Así, si el lenguaje es ridículamente pulcro, debe notarse y si la expresión se vuelve chabacana de vez en cuando, para marcarnos los límites de la parodia que se busca, esto debe quedar reflejado.

Porque, además, no sólo se trata, en este caso, de Crumb evocando sus fantasmas sexuales adolescentes (cosa que tan bien hace). A lo largo del recorrido que nos proponen las citas seleccionadas hay toda una crítica y una toma de postura con respecto al arte y al oficio del artista. Crumb va desgranando un racimo de opiniones, hablando por boca de otros, escogidas de forma no tan inocente como el carácter del producto podría dar a entender. Se nos ofrece además, sí, es cierto, en qué ir pensando mientras nos ponen cachondos los dibujos (no todos sólo de tías buenas). Resulta que, en cierto modo, la parodia es tan fiel que ¡instruye deleitando! Con el punto de humor necesario pero sin renunciar a opinar. Y todo el maravilloso talento de Crumb con las caras y los cuerpos para transmitir expresión, que es el auténtico motor de la identificación en tanto que vehículo de un realismo necesario siempre como disparadero erótico.


Enrique Vela 


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


viernes, 13 de febrero de 2026

Nexus: Alien Justice Mike Baron/Steve Rude Norma Editorial



La reaparición de Nexus de la mano de sus creadores en una editorial como Dark Horse llenaba de alborozo a su (ahora parece que también escasa) fiel parroquia, que había visto cómo Baron y Rude se habían alejado de Horatio Hellpop y compañía en los últimos tiempos.

Baron y Rude, o Rude y Baron, que en Nexus tanto montan, empezaron su nueva trayectoria en la nueva editorial dispuestos a barrer el pasado y a encauzar el futuro. El primer paso, el de barrer la casa, se cumplió sobradamente con la publicación de Nexus: The Origin. El siguiente, el de encauzar el futuro, es precisamente el propósito de Nexus: Alien Justice que ahora publica Norma Editorial.

No nos vamos a detener ahora a explicar el imaginario de Nexus, su entorno ni su circunstancias, entre otras cosas porque ya se encargan de hacerlo Baron y Rude en la primera página de la serie que ahora comentamos. Hablando de lo cual, o realmente el punto de partida de Nexus es muy simple, o la capacidad de síntesis de sus autores es verdaderamente portentosa, porque en apenas cinco párrafos y cuatro dibujos queda perfectamente claro qué pasa, de dónde vienen, quiénes son los principales personajes y por dónde van a ir los tiros. Esto sí que es, como dirían los americanos, reader friendly, y no los tostones que por ejemplo, el sobrevalorado Starlin solía endiñarnos en cada número de Dreadstar, por hablar de otro tebeo de ciencia-ficción.

Una vez inmersos en la lectura de Alien Justice, lo primero que llama la atención es la disparidad de criterio argumental que preside cada uno de los tres números, (porque, atención, Alien Justice es en origen una miniserie de tres números, por mucho que Norma se empeñe en sacar sus novedades en el molesto formato de tomo. ¿Alguien podría explicarnos esta aversión de la casa al formato comic book?), a saber: el primero es como una peli de intriga política, el segundo como una de Indiana Jones y el tercero como una de los hermanos Marx, sobre todo a partir de la aparición del segundo Merk y de Judah McCabee. Pero no vayan a pensar que este "aligeramiento progresivo, que no abrupto, perjudica a la trama, nada más lejos de la realidad. Más bien enaltece la figura del guionista, que se desempeña a la perfección, con el talento y la honradez propia de los mejores artesanos, tocando palos tan diversos, logrando que al lector se le encoja el corazón cuando Dave llega a su mundo natal de Thune y que unas páginas más allá, se parta de risa cuando uno de los nuevos

Nexi utilice sus poderes para destruir el banco que arruinó la tienda de batidos de su tía Bea. Se podría decir que Nexus: Alien Justice manipula al lector, y es cierto. Baron y Rude reclaman tu atención y te piden sin recato tu complicidad, y lo hacen de un modo tan inteligente que no te puedes negar.

De los méritos de Baron ya hemos hablado, los de Rude saltan a la vista... li-te-ral-men-te. Indudablemente, sus dotes como ilustrador son lo primero que llama la atención: su dibujo, preciso y precioso, de trazo sinuoso y elegante, tan sencillo que parece que podría hacerlo cualquiera (y les aseguro, por experiencia propia, que no es así) ayuda a que la lectura se desarrolle con la naturalidad y el ritmo precisos, también ayudado por el espléndido sentido de la narrativa del que hace gala Rude. Aquí habría que hacer una mención especial a la colorista Nöelle Giddings, que hace un trabajo excepcional, vibrante, brillante y sin embargo sólido en plena fiebre del coloreado virguero por ordenador, detalle éste (el del coloreado) que los lectores españoles verán rebajado en un 50% gracias a la roñosa edición de Norma, que sustituye el precioso papel satinado del original por papel vulgaris aunque eso sí, sin renunciar a clavarnos 1.500 pelas por el tomo.

Baron y Rude, o Rude y Baron, entregan un nuevo capítulo de la saga space opera de Nexus dándonos más de lo de siempre, en una nueva demostración de cómo es posible avanzar sin moverse del sitio.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997

Jonas Fink. 2/La adolescencia Vittorio Giardino Norma Editorial



El último trabajo del siempre exquisito Giardino es una nueva constatación de que la historieta puede abordar cualquier tema, por encima de géneros, y dirigirse a cualquier lector no necesariamente iniciado en el fanatismo comiquero.

La pena es que cada vez que nos topamos con una obra que nos recuerda esta perogrullada tengamos que felicitarnos simplemente por su existencia.

Jonas Fink es, en apariencia, una historia sencilla, fluida, contada con claridad y sin demasiadas complicaciones argumentales. Y digo lo de la apariencia porque, como suele ocurrir con las obras que realmente valen la pena, la sencillez y la claridad no son sinónimos de simplicidad, sino que son el resultado de un enorme trabajo de síntesis, de recreación ambiental, de estudio de personajes y de contención narrativa. En definitiva, de madurez.

La serie, cuyo segundo tomo se publica ahora, transcurre en la Praga de los años 50 y nos narra la vida de un chico judío cuyo padre ha sido encarcelado por supuestas actividades contrarrevolucionarias. Desde ese momento, la historia de Jonas Fink y de su madre es la historia de una pérdida y de una reconstrucción: la pérdida de un mundo, de una forma de vida, y la reconstrucción desde la nada de otra, superando un cúmulo de adversidades algo kafkianas: no hay nadie que dé explicaciones ni otorgue la más mínima esperanza a tantas penalidades. Lo único que les queda a ambos es luchar por sobrevivir y esperar.

Precisamente la espera es el hilo argumental que conduce este segundo tomo, y con él empieza y concluye, en un alarde de maestría narrativa y elegancia. El álbum se abre con una canción ("Por más larga que sea la noche, no es eterna"), al tiempo que los relojes de Praga marcan la hora en que Jonas debe levantarse para comenzar su nuevo trabajo como aprendiz en una obra e iniciar así una nueva vida. Desde este momento el protagonista comienza a edificar una existencia relativamente normal: descubre la amistad, las reuniones en la taberna, el placer de los libros, el amor. Entre todos los padecimientos sufridos por el joven Fink, posiblemente el más injusto sea la pérdida de la infancia. Obligado a actuar como un adulto demasiado pronto, ya no sabe comportarse como un muchacho ni relacionarse con gente de su edad. El Kralic (la taberna en la que suele detenerse al salir del trabajo) se convierte en su escuela, y el hidráulico Slavec, un borrachín socarrón y algo cínico, en su maestro y mejor amigo, la única persona con la que es capaz de mantener cierta intimidad. Por contra, cuando intenta integrarse en un grupo de jóvenes se comporta de forma violenta y torpe, al igual que cuando pretende entablar relación con Tatiana, la joven de la que se enamora.

La progresión del personaje es planteada por Giardino con gran inteligencia. A pesar de los hechos tan dramáticos que envuelven su vida, el autor opta por una narración distanciada, de forma que Jonas casi nunca nos dice abiertamente lo que piensa ni lo que siente. Pero gracias a la cuidadísima planificación de las páginas, al magistral uso de los silencios, de las miradas y los gestos, a la perfecta elección de los encuadres, somos capaces de entender lo que le ocurre en cada momento sin necesidad de muchas palabras. Jonas, en realidad, es una víctima resignada al sufrimiento y a la espera.

Curiosamente, el único momento en que lo vemos demostrar su rabia es cuando Tatiana y sus amigos ponen en evidencia la triste realidad de su existencia, paralizada por una espera inútil (la liberación de su padre).

Hay varias escenas que me parecen modélicas y en las que Giardino demuestra su altura como historietista: cuando Jonas corre a contarle a su madre que ha conseguido el trabajo en la librería, o cuando Tatiana y el resto de jóvenes intelectuales entran en la librería en la que él trabaja, o la reunión en el parque para leer libros prohibidos. En todas ellas Giardino utiliza los recursos justos y precisos, sin alardes de ninguna clase, con la elegancia de quien domina el arte de contar historias con imágenes.

"Alguien debe estar alerta", recita Jonas Fink en la escena que cierra el álbum mientras apaga la luz para dormir (recordemos que el álbum se inicia cuando Jonas se despertaba).

Afortunadamente, Giardino sigue alerta, velando por nosotros.

Enrique Bonett


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997

jueves, 12 de febrero de 2026

Fortnite x Chappell Roan en animación 2D + 3D + stop motion + bordado



Una rara mezcla animada de secuencias en 2D, 3D, stop-motion e incluso bordado en este video promocional del Festival de Fortnite con Chappell Roan .

Dirigido por Raman Djafari en Blink Studio .

Via Catsuka

Los 4 Fantásticos Clásicos

 



Era 1961 y la década había arrancado con fuerza en uno de los frentes de la Guerra Fría que mantenían Los Estados Unidos de América y la Unión Soviética: la carrera espacial. Las dos superpotencias mundiales se afanaban en lograr victorias de alto valor propagandístico la una sobre la otra, cautivando la expectación de gentes de todo el planeta.

Probablemente, eso sí, nada de esto estuviese en la mente de Martin Gooman, propietario de una compañía de cómics de nombre cambiante desde que la fundó en los años cuarenta (siendo Marvel el más reciente), cuando le hizo un encargo al Director Editorial de esa empresa, un tal Stan Lee.

Goodman había descubierto que a su competencia directa, DC Comics, le estaba resultando muy rentable una serie protagonizada por un grupo de reinvenciones de viejos superhéroes, La Liga de la Justicia de América. Así que, dado que su editorial estaba especializada en imitar exitosas tendencias de otras, ordenó a Lee que lanzase un título con otro superequipo. Cabe sospechar que Goodman se refiriese a que estuviese formado también por nuevas versiones de antiguos superhéroes, de aquellos que Marvel había publicado en el pasado: La Antorcha Humana, el Capitán América, Namor...

Pero Lee, que llevaba tiempo algo quemado en la compañía, decidió afrontar el encargo de una manera más original y que le satisficiese a él mismo. Así, habló con el dibujante Jack Kirby, auténtico titán de la autoría de cómics, que prefirió fijarse más bien en otro grupo de DC (aunque no estrictamente de superhéroes) que él mismo había creado cuando trabajaba allí hacía unos años: Los Retadores de lo Desconocido.

Sobre esa base, añadieron ingredientes de los cómics de monstruos gigantes y ciencia ficción en los que llevaban trabajando juntos unos años, y de héroes clásicos de La Edad de Oro publicados dos décadas antes por la editorial Quality, como El Rayo (cuyo origen también estaba basado en la exposición a radiación en las capas externas de la atmósfera) o Plastic Man. Introdujeron una dinámica similar a la del personaje de novelas pulp Doc Savage y sus ayudantes, con fuerte énfasis en la interrelación de personajes como la que ambos autores tenían también experiencia en plasmar en los tebeos de temática romántica que Marvel publicaba. Y se incluyó, quizás por presión de Goodman, a una nueva iteración de la Antorcha Humana que todo apunta que no estaba en el concepto original cuando parece ser que Kirby ya había empezado a dibujar el cómic, teniendo que insertar al personaje como pudo en las viñetas ya realizadas.

Y claro, también estaba ahí el tema de la carrera espacial, que apasionaba a Kirby, y que mientras se elaboraba aquel cómic se desbocó cuando los rusos pusieron en órbita por primera vez en la historia a un ser humano, Yuri Gagarin. Esto hizo que el viaje sideral del cuarteto protagonista tuviese un objetivo genérico: para cuando se publicase, la Unión Soviética podía haber llegado ya a cualquiera que hubiesen concretado, creían.

Todos esos factores se combinaron para que Los Cuatro Fantásticos se convirtiese en toda una sensación: un producto que se sentía fresco, más emocionante que ningún otro del género superheroico, con personajes y diálogos más naturales, y que acabaría convirtiéndose en el modelo de cómo se harían ese tipo de cómics en no mucho tiempo.

Sergio Aguirre





















miércoles, 11 de febrero de 2026

Adam Hughes - Are they big enough fanboy?

 

















Sur la route encore Baru Casterman



En la memoria de la historieta hay almacenadas grandes cantidades de anécdotas, más o menos reales, traducidas a narraciones con irregular éxito. La mayoría de esos intentos no han sabido, o podido, librarse del paradójico lastre de la liviandad cotidiana que convierte lo que promete ser espléndido vuelo en truncada trayectoria de fallido fuego artificial. El núcleo dramático de las anécdotas es tan llamativo como precario, es un momento vital que emerge irregularmente de lo cotidiano para volver a desvanerse poco después en su uniformidad, por eso necesita de una previa recreación de atmósferas y personajes que haga entrar al lector en situación para poder saborearlo plenamente. La caricatura con su expresividad facial y corporal, la configuración, y a veces la deformación, de las puestas en escena, el ritmo de las secuencias y especialmente los diálogos o los silencios son elementos claves a la hora de dar solidez a la traducción narrativa de la anécdota.

Baru, otro autor francés desconocido mayoritariamente en nuestro mercado, es un historietista con una especial capacidad tanto para detectar yacimientos de anécdotas como para explotarlos narrativamente. Sus primeros álbumes, la trilogía de Quequette Blues, una recreación costumbrista de las pequeñas aventuras de un grupo de muchachos franceses, ya evidenciaron una especial habilidad para extraer de personajes y situaciones anónimos una alta rentabilidad narrativa. La obra de Baru continuaría por el camino costumbrista hasta que en Le chemin d'Amerique eleva su objetivo temático al enfrentarse a un tema casi tabú en Francia: la independencia de Argelia. En esta historia el protagonista sale, precisamente, del anonimato para iniciar una espectacular pero precaria ascensión social que le convierte en un referente público y potencia la repercusión de sus actos.

Después llegaron los japoneses y le encargaron una obra que resultó ser Autoroute du Sud, con la que ganó el Premio a la mejor obra del Salón de Angulema de 1.996. Autoroute es un historia de acción mantenida a un fuerte ritmo, de esas que te enganchan desde el principio y te sumergen en el remolino de un viaje enloquecido por una Francia tan real como emocionante. Ahora bien, entre tanta huida y escapada, persecución y acoso, hay intercalados suficientes retazos de cotidianidad como para llenar de carne el esqueleto argumental y definir los abundantes personajes secundarios al tiempo que se refuerza la consistencia de los principales.

Sur la route encore, su último álbum, es una obra estructurada en historietas en apariencia auto-conclusivas, aunque poco a poco empieza a desvelarse una segunda trama que unifica todas las acciones dispersas y configura otra historia que sólo se nos revela al final . De esta forma recupera la anécdota como fuente de inspiración, para las historias parciales, aunque dentro de un contexto narrativo más amplio. Por otra parte, la relación presente-pasado que recorre todo el álbum favorece la sensación de un cierto retorno del autor a sus inicios. Así, de entrada nos encontramos con una historieta que se mueve como una lanzadera por el tiempo utilizando como vehículo la misma pasión por el rock que palpitaba en Quequette Blues. Tras esta introducción, el viaje sigue a través de una serie de estampas costumbristas de carretera y de la Francia profunda, estampas descritas con sabia naturalidad y alternando el sujeto narrativo, un sujeto que se esconde tras el mirada del autor que planifica las historietas como si manejara la cámara subjetiva. Después, los protagonistas desvelarán su identidad y ocuparán el lugar que les corresponde en la narración en una última e imprevista cita con el ayer.

Gráficamente, su concepción de la viñeta sigue siendo muy dinámica, recreando como pocos la potencialidad del movimiento y las escenas de masas en lugares cerrados. Por otra parte el expresionismo, algo salvaje y turbio, de Quequette Blues, se ha serenado y ahora su caricatura sigue reflejando la vida a través de la distorsión, pero lo hace de una manera más limpia, con más rabia pero con menos impaciencia.

Pepe Gálvez

L'Autoroute du Soleil fue reseñado por Lorenzo Díaz en U Especial n° 1 (agosto 1.996)


U, el hijo de Urich #6 septiembre 1997