La reaparición de Nexus de la mano de sus creadores en una editorial como Dark Horse llenaba de alborozo a su (ahora parece que también escasa) fiel parroquia, que había visto cómo Baron y Rude se habían alejado de Horatio Hellpop y compañía en los últimos tiempos.
Baron y Rude, o Rude y Baron, que en Nexus tanto montan, empezaron su nueva trayectoria en la nueva editorial dispuestos a barrer el pasado y a encauzar el futuro. El primer paso, el de barrer la casa, se cumplió sobradamente con la publicación de Nexus: The Origin. El siguiente, el de encauzar el futuro, es precisamente el propósito de Nexus: Alien Justice que ahora publica Norma Editorial.
No nos vamos a detener ahora a explicar el imaginario de Nexus, su entorno ni su circunstancias, entre otras cosas porque ya se encargan de hacerlo Baron y Rude en la primera página de la serie que ahora comentamos. Hablando de lo cual, o realmente el punto de partida de Nexus es muy simple, o la capacidad de síntesis de sus autores es verdaderamente portentosa, porque en apenas cinco párrafos y cuatro dibujos queda perfectamente claro qué pasa, de dónde vienen, quiénes son los principales personajes y por dónde van a ir los tiros. Esto sí que es, como dirían los americanos, reader friendly, y no los tostones que por ejemplo, el sobrevalorado Starlin solía endiñarnos en cada número de Dreadstar, por hablar de otro tebeo de ciencia-ficción.
Una vez inmersos en la lectura de Alien Justice, lo primero que llama la atención es la disparidad de criterio argumental que preside cada uno de los tres números, (porque, atención, Alien Justice es en origen una miniserie de tres números, por mucho que Norma se empeñe en sacar sus novedades en el molesto formato de tomo. ¿Alguien podría explicarnos esta aversión de la casa al formato comic book?), a saber: el primero es como una peli de intriga política, el segundo como una de Indiana Jones y el tercero como una de los hermanos Marx, sobre todo a partir de la aparición del segundo Merk y de Judah McCabee. Pero no vayan a pensar que este "aligeramiento progresivo, que no abrupto, perjudica a la trama, nada más lejos de la realidad. Más bien enaltece la figura del guionista, que se desempeña a la perfección, con el talento y la honradez propia de los mejores artesanos, tocando palos tan diversos, logrando que al lector se le encoja el corazón cuando Dave llega a su mundo natal de Thune y que unas páginas más allá, se parta de risa cuando uno de los nuevos
Nexi utilice sus poderes para destruir el banco que arruinó la tienda de batidos de su tía Bea. Se podría decir que Nexus: Alien Justice manipula al lector, y es cierto. Baron y Rude reclaman tu atención y te piden sin recato tu complicidad, y lo hacen de un modo tan inteligente que no te puedes negar.
De los méritos de Baron ya hemos hablado, los de Rude saltan a la vista... li-te-ral-men-te. Indudablemente, sus dotes como ilustrador son lo primero que llama la atención: su dibujo, preciso y precioso, de trazo sinuoso y elegante, tan sencillo que parece que podría hacerlo cualquiera (y les aseguro, por experiencia propia, que no es así) ayuda a que la lectura se desarrolle con la naturalidad y el ritmo precisos, también ayudado por el espléndido sentido de la narrativa del que hace gala Rude. Aquí habría que hacer una mención especial a la colorista Nöelle Giddings, que hace un trabajo excepcional, vibrante, brillante y sin embargo sólido en plena fiebre del coloreado virguero por ordenador, detalle éste (el del coloreado) que los lectores españoles verán rebajado en un 50% gracias a la roñosa edición de Norma, que sustituye el precioso papel satinado del original por papel vulgaris aunque eso sí, sin renunciar a clavarnos 1.500 pelas por el tomo.
Baron y Rude, o Rude y Baron, entregan un nuevo capítulo de la saga space opera de Nexus dándonos más de lo de siempre, en una nueva demostración de cómo es posible avanzar sin moverse del sitio.
gonzalo quesada
U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997

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