viernes, 13 de febrero de 2026

Jonas Fink. 2/La adolescencia Vittorio Giardino Norma Editorial



El último trabajo del siempre exquisito Giardino es una nueva constatación de que la historieta puede abordar cualquier tema, por encima de géneros, y dirigirse a cualquier lector no necesariamente iniciado en el fanatismo comiquero.

La pena es que cada vez que nos topamos con una obra que nos recuerda esta perogrullada tengamos que felicitarnos simplemente por su existencia.

Jonas Fink es, en apariencia, una historia sencilla, fluida, contada con claridad y sin demasiadas complicaciones argumentales. Y digo lo de la apariencia porque, como suele ocurrir con las obras que realmente valen la pena, la sencillez y la claridad no son sinónimos de simplicidad, sino que son el resultado de un enorme trabajo de síntesis, de recreación ambiental, de estudio de personajes y de contención narrativa. En definitiva, de madurez.

La serie, cuyo segundo tomo se publica ahora, transcurre en la Praga de los años 50 y nos narra la vida de un chico judío cuyo padre ha sido encarcelado por supuestas actividades contrarrevolucionarias. Desde ese momento, la historia de Jonas Fink y de su madre es la historia de una pérdida y de una reconstrucción: la pérdida de un mundo, de una forma de vida, y la reconstrucción desde la nada de otra, superando un cúmulo de adversidades algo kafkianas: no hay nadie que dé explicaciones ni otorgue la más mínima esperanza a tantas penalidades. Lo único que les queda a ambos es luchar por sobrevivir y esperar.

Precisamente la espera es el hilo argumental que conduce este segundo tomo, y con él empieza y concluye, en un alarde de maestría narrativa y elegancia. El álbum se abre con una canción ("Por más larga que sea la noche, no es eterna"), al tiempo que los relojes de Praga marcan la hora en que Jonas debe levantarse para comenzar su nuevo trabajo como aprendiz en una obra e iniciar así una nueva vida. Desde este momento el protagonista comienza a edificar una existencia relativamente normal: descubre la amistad, las reuniones en la taberna, el placer de los libros, el amor. Entre todos los padecimientos sufridos por el joven Fink, posiblemente el más injusto sea la pérdida de la infancia. Obligado a actuar como un adulto demasiado pronto, ya no sabe comportarse como un muchacho ni relacionarse con gente de su edad. El Kralic (la taberna en la que suele detenerse al salir del trabajo) se convierte en su escuela, y el hidráulico Slavec, un borrachín socarrón y algo cínico, en su maestro y mejor amigo, la única persona con la que es capaz de mantener cierta intimidad. Por contra, cuando intenta integrarse en un grupo de jóvenes se comporta de forma violenta y torpe, al igual que cuando pretende entablar relación con Tatiana, la joven de la que se enamora.

La progresión del personaje es planteada por Giardino con gran inteligencia. A pesar de los hechos tan dramáticos que envuelven su vida, el autor opta por una narración distanciada, de forma que Jonas casi nunca nos dice abiertamente lo que piensa ni lo que siente. Pero gracias a la cuidadísima planificación de las páginas, al magistral uso de los silencios, de las miradas y los gestos, a la perfecta elección de los encuadres, somos capaces de entender lo que le ocurre en cada momento sin necesidad de muchas palabras. Jonas, en realidad, es una víctima resignada al sufrimiento y a la espera.

Curiosamente, el único momento en que lo vemos demostrar su rabia es cuando Tatiana y sus amigos ponen en evidencia la triste realidad de su existencia, paralizada por una espera inútil (la liberación de su padre).

Hay varias escenas que me parecen modélicas y en las que Giardino demuestra su altura como historietista: cuando Jonas corre a contarle a su madre que ha conseguido el trabajo en la librería, o cuando Tatiana y el resto de jóvenes intelectuales entran en la librería en la que él trabaja, o la reunión en el parque para leer libros prohibidos. En todas ellas Giardino utiliza los recursos justos y precisos, sin alardes de ninguna clase, con la elegancia de quien domina el arte de contar historias con imágenes.

"Alguien debe estar alerta", recita Jonas Fink en la escena que cierra el álbum mientras apaga la luz para dormir (recordemos que el álbum se inicia cuando Jonas se despertaba).

Afortunadamente, Giardino sigue alerta, velando por nosotros.

Enrique Bonett


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997

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