jueves, 12 de febrero de 2026

Los 4 Fantásticos Clásicos

 



Era 1961 y la década había arrancado con fuerza en uno de los frentes de la Guerra Fría que mantenían Los Estados Unidos de América y la Unión Soviética: la carrera espacial. Las dos superpotencias mundiales se afanaban en lograr victorias de alto valor propagandístico la una sobre la otra, cautivando la expectación de gentes de todo el planeta.

Probablemente, eso sí, nada de esto estuviese en la mente de Martin Gooman, propietario de una compañía de cómics de nombre cambiante desde que la fundó en los años cuarenta (siendo Marvel el más reciente), cuando le hizo un encargo al Director Editorial de esa empresa, un tal Stan Lee.

Goodman había descubierto que a su competencia directa, DC Comics, le estaba resultando muy rentable una serie protagonizada por un grupo de reinvenciones de viejos superhéroes, La Liga de la Justicia de América. Así que, dado que su editorial estaba especializada en imitar exitosas tendencias de otras, ordenó a Lee que lanzase un título con otro superequipo. Cabe sospechar que Goodman se refiriese a que estuviese formado también por nuevas versiones de antiguos superhéroes, de aquellos que Marvel había publicado en el pasado: La Antorcha Humana, el Capitán América, Namor...

Pero Lee, que llevaba tiempo algo quemado en la compañía, decidió afrontar el encargo de una manera más original y que le satisficiese a él mismo. Así, habló con el dibujante Jack Kirby, auténtico titán de la autoría de cómics, que prefirió fijarse más bien en otro grupo de DC (aunque no estrictamente de superhéroes) que él mismo había creado cuando trabajaba allí hacía unos años: Los Retadores de lo Desconocido.

Sobre esa base, añadieron ingredientes de los cómics de monstruos gigantes y ciencia ficción en los que llevaban trabajando juntos unos años, y de héroes clásicos de La Edad de Oro publicados dos décadas antes por la editorial Quality, como El Rayo (cuyo origen también estaba basado en la exposición a radiación en las capas externas de la atmósfera) o Plastic Man. Introdujeron una dinámica similar a la del personaje de novelas pulp Doc Savage y sus ayudantes, con fuerte énfasis en la interrelación de personajes como la que ambos autores tenían también experiencia en plasmar en los tebeos de temática romántica que Marvel publicaba. Y se incluyó, quizás por presión de Goodman, a una nueva iteración de la Antorcha Humana que todo apunta que no estaba en el concepto original cuando parece ser que Kirby ya había empezado a dibujar el cómic, teniendo que insertar al personaje como pudo en las viñetas ya realizadas.

Y claro, también estaba ahí el tema de la carrera espacial, que apasionaba a Kirby, y que mientras se elaboraba aquel cómic se desbocó cuando los rusos pusieron en órbita por primera vez en la historia a un ser humano, Yuri Gagarin. Esto hizo que el viaje sideral del cuarteto protagonista tuviese un objetivo genérico: para cuando se publicase, la Unión Soviética podía haber llegado ya a cualquiera que hubiesen concretado, creían.

Todos esos factores se combinaron para que Los Cuatro Fantásticos se convirtiese en toda una sensación: un producto que se sentía fresco, más emocionante que ningún otro del género superheroico, con personajes y diálogos más naturales, y que acabaría convirtiéndose en el modelo de cómo se harían ese tipo de cómics en no mucho tiempo.

Sergio Aguirre





















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