martes, 28 de abril de 2020
sábado, 25 de abril de 2020
OTRAS VIÑETAS
Dibujos a lápiz, ordenador, 'collage'. Los jóvenes talentos del cómic español prueban con todo. Y se alejan de la temática tradicional. El certamen del Injuve muestra por dónde van los nuevos ilustradores
TEXTO. MANUELA VILLA
EXISTE toda una vida en el interior de las viñetas que va más allá de los superhéroes, la estética manga o las típicas historias de aventuras. Lo podrás comprobar en la exposición de la obra de los 19 seleccionados en el Certamen de Cómic e Ilustración del Instituto de la Juventud (Injuve) en la sala Amadís de Madrid hasta el 17 de enero. Los más jóvenes apuestan por historias intimistas, críticas acidas, ingenuidad adolescente, optimismo o temática social y corroboran que los tebeos no son sólo para los niños. "Estamos asistiendo a un nuevo impulso del cómic y la ilustración aunque todavía sea de una manera muy incipiente", asegura el madrileño de 49 años Jorge Diez, director de Cultura del Injuve y de la sala de exposiciones Amadís. Así, en es esta sexta edición se ha premiado el riesgo creativo frente a los lenguajes más conocidos de la viñeta. "Han sido los participantes más jóvenes los que han encontrado el camino para plantear las propuestas más arriesgadas", dice Jorge. Los cuatro ganadores tienen entre 20 y 24 años: Esther Gili, Fidel Martínez y Alvaro Ortiz son los tres premiados en el apartado de cómic y Txell Darné es la galardonada en ilustración.
Distintos estilos y una misma pasión: la ilustración. Todos empezaron a hacer garabatos cuando eran pequeños, como Esther Gili, madrileña de 22 años que dibuja tebeos "desde siempre". "Mi hermana y yo nos montábamos unas historias increíbles dibujando nuestras propias muñecas y recortándolas", asegura esta técnica superior en Ilustración.
"Yo desde pequeñito hacía dibujillos que más tarde se iban convirtiendo en viñetas", dice Alvaro Ortiz, el más joven del grupo, con 20 años, que acaba de terminar sus estudios superiores de diseño gráfico en la Escuela de Arte de Zaragoza.
Las técnicas varían, desde el más tradicional dibujo a lápiz finalizado con ordenador del sevillano de 24 años Fidel Martínez, hasta los collages con objetos como martillos, sierras o tapones de botella de la gerundense Txell Darnés, de 23 años. Los temas, sin embargo, son comunes: "Hemos premiado contenidos que tienen más que ver con la intimidad que con las aventuras y que buscan la elaboración de un mundo propio", asegura Jorge Diez. Así, gran parte de las historias seleccionadas gira en torno a la vida cotidiana, al amor o a la muerte. "Trato temas sencillos que la gente pueda sentir como cercanos, pero siempre desde un punto de vista un poco surrealista, algo extraño y quizá muchas veces bastante melancólico", asegura Alvaro, que relata en Gotitas el miedo a la muerte que provoca en un niño cortarse el dedo con un folio, quizá uno de los guiones más representativos de la exposición.
Este alejamiento de la temática tradicional parece más fruto de la intuición que de la premeditación, ya que al preguntarles cómo definirían su obra, ninguno acierta a responder. "Eso de obra me suena grande porque acabo de terminar ahora de estudiar y todavía no me he hecho a la idea", asegura Txell. "Mis historias se basan en las cosas que me rondan la cabeza, las que me gustan o las que me preocupan, pero la verdad es que no sabría definirlo", concluye Alvaro, que también acaba de terminar Diseño y pensará en lo que hace con su vida laboral a partir del año que viene.
Y es que pese a que todos aseguran taxativamente que en el futuro les gustaría dedicarse profesionalmente a dibujar cómic o a hacer ilustraciones, también coinciden en las dificultades que esto entraña. "Hoy en día en España el panorama no es muy positivo", asegura Fidel, que vive y trabaja en Badajoz. Mientras tanto ven en el diseño gráfico una salida laboral digna. "Por ahora me contento con seguir mis labores de diseñador y con poder dedicarme al cómic en mi tiempo libre", dice Fidel, "soy como cualquier diseñador gráfico del siglo XXI, un chico para todo, y lo mismo hago una página web que un calendario o una tarjeta de visita". El sueño de Alvaro también sería vivir del cómic, "pero por si acaso ahí está el diseño gráfico como algo más viable". El de Esther sería montar un estudio con unos amigos y, mientras ilustran libros, cuentos y revistas, poder seguir dibujando los tebeos que les gustan.
No haber publicado nunca es una de las principales dificultades a las que se enfrentan estos autores jóvenes en el mercado laboral, y por ello, después de que la exposición se presente en el Salón del Cómic de Barcelona y en el de A Coruña, algunos participantes podrán acceder a la publicación de sus álbumes en editoriales alternativas como Astiberri o Sinsentido, que apuestan por la innovación y por proyectos audaces. El Injuve se ocupará de remunerar a los artistas, siendo un apoyo tanto para éstos como para las pequeñas editoriales. ■
MUNDOS PROPIOS
Entre los temas que destacan en este certamen resalta la creación de mundos propios. Txell Darnés, que trabaja en un estudio de diseño de Girona, dedica gran parte de su tiempo a ilustrar cuentos gitanos, cuya tradición es normalmente oral. "Es muy difícil encontrar libros de cuentos gitanos ilustrados", asegura Txell, que presentó a concurso parte de su libro de ilustraciones Mingo i el Gegant (Mingo y el gigante, en la imagen) y que es una fábula protagonizada por un niño calé.
Exposición de los seleccionados en el Certamen de Cómic e Ilustración Injuve 2003. En Madrid hasta el 17 de enero. Sala Amadís, José Ortega y Gasset 71. Metro Ortega y Gasset. www.mtas.es/injuve
El Certamen de Cómic Injuve te gustará si te gusta... el dibujo, los relatos cortos, descubrir nuevos talentos, la animación. Una cifra: se presentaron 163 autores. Un regalo: con la compra del catálogo de la exposición (10 euros) te obsequian con una camiseta en la que se puede ver la impresión de una ilustración de uno de los autores seleccionados.
TEXTO. MANUELA VILLA
EXISTE toda una vida en el interior de las viñetas que va más allá de los superhéroes, la estética manga o las típicas historias de aventuras. Lo podrás comprobar en la exposición de la obra de los 19 seleccionados en el Certamen de Cómic e Ilustración del Instituto de la Juventud (Injuve) en la sala Amadís de Madrid hasta el 17 de enero. Los más jóvenes apuestan por historias intimistas, críticas acidas, ingenuidad adolescente, optimismo o temática social y corroboran que los tebeos no son sólo para los niños. "Estamos asistiendo a un nuevo impulso del cómic y la ilustración aunque todavía sea de una manera muy incipiente", asegura el madrileño de 49 años Jorge Diez, director de Cultura del Injuve y de la sala de exposiciones Amadís. Así, en es esta sexta edición se ha premiado el riesgo creativo frente a los lenguajes más conocidos de la viñeta. "Han sido los participantes más jóvenes los que han encontrado el camino para plantear las propuestas más arriesgadas", dice Jorge. Los cuatro ganadores tienen entre 20 y 24 años: Esther Gili, Fidel Martínez y Alvaro Ortiz son los tres premiados en el apartado de cómic y Txell Darné es la galardonada en ilustración.
Distintos estilos y una misma pasión: la ilustración. Todos empezaron a hacer garabatos cuando eran pequeños, como Esther Gili, madrileña de 22 años que dibuja tebeos "desde siempre". "Mi hermana y yo nos montábamos unas historias increíbles dibujando nuestras propias muñecas y recortándolas", asegura esta técnica superior en Ilustración.
"Yo desde pequeñito hacía dibujillos que más tarde se iban convirtiendo en viñetas", dice Alvaro Ortiz, el más joven del grupo, con 20 años, que acaba de terminar sus estudios superiores de diseño gráfico en la Escuela de Arte de Zaragoza.
Las técnicas varían, desde el más tradicional dibujo a lápiz finalizado con ordenador del sevillano de 24 años Fidel Martínez, hasta los collages con objetos como martillos, sierras o tapones de botella de la gerundense Txell Darnés, de 23 años. Los temas, sin embargo, son comunes: "Hemos premiado contenidos que tienen más que ver con la intimidad que con las aventuras y que buscan la elaboración de un mundo propio", asegura Jorge Diez. Así, gran parte de las historias seleccionadas gira en torno a la vida cotidiana, al amor o a la muerte. "Trato temas sencillos que la gente pueda sentir como cercanos, pero siempre desde un punto de vista un poco surrealista, algo extraño y quizá muchas veces bastante melancólico", asegura Alvaro, que relata en Gotitas el miedo a la muerte que provoca en un niño cortarse el dedo con un folio, quizá uno de los guiones más representativos de la exposición.
Este alejamiento de la temática tradicional parece más fruto de la intuición que de la premeditación, ya que al preguntarles cómo definirían su obra, ninguno acierta a responder. "Eso de obra me suena grande porque acabo de terminar ahora de estudiar y todavía no me he hecho a la idea", asegura Txell. "Mis historias se basan en las cosas que me rondan la cabeza, las que me gustan o las que me preocupan, pero la verdad es que no sabría definirlo", concluye Alvaro, que también acaba de terminar Diseño y pensará en lo que hace con su vida laboral a partir del año que viene.
Y es que pese a que todos aseguran taxativamente que en el futuro les gustaría dedicarse profesionalmente a dibujar cómic o a hacer ilustraciones, también coinciden en las dificultades que esto entraña. "Hoy en día en España el panorama no es muy positivo", asegura Fidel, que vive y trabaja en Badajoz. Mientras tanto ven en el diseño gráfico una salida laboral digna. "Por ahora me contento con seguir mis labores de diseñador y con poder dedicarme al cómic en mi tiempo libre", dice Fidel, "soy como cualquier diseñador gráfico del siglo XXI, un chico para todo, y lo mismo hago una página web que un calendario o una tarjeta de visita". El sueño de Alvaro también sería vivir del cómic, "pero por si acaso ahí está el diseño gráfico como algo más viable". El de Esther sería montar un estudio con unos amigos y, mientras ilustran libros, cuentos y revistas, poder seguir dibujando los tebeos que les gustan.
No haber publicado nunca es una de las principales dificultades a las que se enfrentan estos autores jóvenes en el mercado laboral, y por ello, después de que la exposición se presente en el Salón del Cómic de Barcelona y en el de A Coruña, algunos participantes podrán acceder a la publicación de sus álbumes en editoriales alternativas como Astiberri o Sinsentido, que apuestan por la innovación y por proyectos audaces. El Injuve se ocupará de remunerar a los artistas, siendo un apoyo tanto para éstos como para las pequeñas editoriales. ■
MUNDOS PROPIOS
Entre los temas que destacan en este certamen resalta la creación de mundos propios. Txell Darnés, que trabaja en un estudio de diseño de Girona, dedica gran parte de su tiempo a ilustrar cuentos gitanos, cuya tradición es normalmente oral. "Es muy difícil encontrar libros de cuentos gitanos ilustrados", asegura Txell, que presentó a concurso parte de su libro de ilustraciones Mingo i el Gegant (Mingo y el gigante, en la imagen) y que es una fábula protagonizada por un niño calé.
Exposición de los seleccionados en el Certamen de Cómic e Ilustración Injuve 2003. En Madrid hasta el 17 de enero. Sala Amadís, José Ortega y Gasset 71. Metro Ortega y Gasset. www.mtas.es/injuve
El Certamen de Cómic Injuve te gustará si te gusta... el dibujo, los relatos cortos, descubrir nuevos talentos, la animación. Una cifra: se presentaron 163 autores. Un regalo: con la compra del catálogo de la exposición (10 euros) te obsequian con una camiseta en la que se puede ver la impresión de una ilustración de uno de los autores seleccionados.
El Pais de las Tentaciones Viernes 19 de diciembre de 2003
#COnviVIenDo 19 días, de David Ramírez
Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 42)
Hay dos caminos del cómic moderno que se cruzan con asiduidad en los últimos tiempos: por un lado la querencia del noveno arte por la autobiografía, que sabido es que de desde los tiempos de Crumb corre a sus anchas por los tebeos (que se lo digan a nuestro insigne Manuel Vázquez, eterno moroso elevado a la categoría de personaje universal), y que tuvo en los relatos de Art Spiegelman o Marjane Satrapi un impulso brutal. Por otro, un trayecto que habla de la enfermedad y sus consecuencias, inaugurado por Justin Green en los 70 y que autores como Paco Roca o David B. han convertido en género fundamental con nombre propio, patografías. El confinamiento será un caldo de cultivo para que ambas líneas se entrecrucen de nuevo y tejan tupidos relatos de una pandemia que siempre imaginamos de formas apocalípticas y nadie previó como drama doméstico. De hecho, son muchas las series que ya están apareciendo en redes sociales narrando ese devenir cotidiano del encierro, como la que está firmando David Ramírez, COnviVIenDo 19 días.
Ramírez está curtido en un humor surrealista capaz de traspasar cualquier barrera, siempre acompañado de un personalísimo estilo que une la influencia del manga con la de la escuela Bruguera. Sus obras han ido desde la parodia de Dragon Ball a la sátira política rajoyesca, pasando por la catalogación de parafilias de Sexo Raro o una indudable habilidad para el cómic infantil (Minimonsters, Dino Kid). En su última obra, Tal cual, se convertía en blanco y protagonista de su propio humor, en una experiencia que se extiende con naturalidad al relato a la situación actual. La convivencia con su pareja, infectado de covid-19, es el reflejo de la experiencia de miles de personas, que el humor de Ramírez clava desnudando sus miedos y realidades. Divertido, entrañable…¡Imposible no enamorarse de esta pareja!
Álvaro Pons
#COnviVIenDo19días se está publicando en las redes sociales de David Ramírez, Twitter y Facebook.
El Pais
Hay dos caminos del cómic moderno que se cruzan con asiduidad en los últimos tiempos: por un lado la querencia del noveno arte por la autobiografía, que sabido es que de desde los tiempos de Crumb corre a sus anchas por los tebeos (que se lo digan a nuestro insigne Manuel Vázquez, eterno moroso elevado a la categoría de personaje universal), y que tuvo en los relatos de Art Spiegelman o Marjane Satrapi un impulso brutal. Por otro, un trayecto que habla de la enfermedad y sus consecuencias, inaugurado por Justin Green en los 70 y que autores como Paco Roca o David B. han convertido en género fundamental con nombre propio, patografías. El confinamiento será un caldo de cultivo para que ambas líneas se entrecrucen de nuevo y tejan tupidos relatos de una pandemia que siempre imaginamos de formas apocalípticas y nadie previó como drama doméstico. De hecho, son muchas las series que ya están apareciendo en redes sociales narrando ese devenir cotidiano del encierro, como la que está firmando David Ramírez, COnviVIenDo 19 días.
Ramírez está curtido en un humor surrealista capaz de traspasar cualquier barrera, siempre acompañado de un personalísimo estilo que une la influencia del manga con la de la escuela Bruguera. Sus obras han ido desde la parodia de Dragon Ball a la sátira política rajoyesca, pasando por la catalogación de parafilias de Sexo Raro o una indudable habilidad para el cómic infantil (Minimonsters, Dino Kid). En su última obra, Tal cual, se convertía en blanco y protagonista de su propio humor, en una experiencia que se extiende con naturalidad al relato a la situación actual. La convivencia con su pareja, infectado de covid-19, es el reflejo de la experiencia de miles de personas, que el humor de Ramírez clava desnudando sus miedos y realidades. Divertido, entrañable…¡Imposible no enamorarse de esta pareja!
Álvaro Pons
#COnviVIenDo19días se está publicando en las redes sociales de David Ramírez, Twitter y Facebook.
El Pais
viernes, 24 de abril de 2020
jueves, 23 de abril de 2020
FanziNacion (El Pais de las Tentaciones)
Hace algunos años había muy pocas señales para encontrarlos. El mundo del fanzine era ancho y ajeno. Territorio ignoto habitado por tribus de perturbados y fanáticos (de ahí el nombre: fan de cine, fanzine), donde un pasaporte de freak parecía imprescindible. Pero con la creciente ampliación y sofisticación de la oferta, las fronteras se diluyen y se plantea un dilema irresoluble: ¿se habrán multiplicado los obsesos o estas publicaciones alternativas han empezado a coquetear cada vez más con lo establecido? Si antes las vías de acceso eran carreteras en mal estado (festivales universitarios, que te abordaran en una fiesta, un encuentro fortuito...), ahora se puede recorrer hasta por Internet.
Pero esto no significa que el universo de los fanzines se haya fusionado con el de las "publicaciones oficiales". La brecha existe. Aunque a veces sea difícil distinguir unos de otras, el fanzine no te asalta desde el quiosco; hay que salir en su busca. Y, pese a las novedades tecnológicas, la única ruta segura siguen siendo las tiendas especializadas o el socorrido y añejo apartado de correos. Ya dentro, la variedad abruma y no es difícil perderse porque el abultado mapa del fanzinerismo español cambia constantemente y sus afiliados se multiplican como setas. Algunos han sufrido ostentosas mutaciones y presentan una manufactura profesional. A otros no les interesa salir de la estética desastrada y el ánimo amateur. Hay especies inofensivas e inocuas, otras que mantienen el veneno a raya y todavía quedan raros especímenes que lo expulsan sin ningún pudor.
Lectura psicotrónica
De vuelta a casa con el trofeo en las manos, hay que armarse de gafas especiales o lupas, o ponerse a tono para disfrutar del fanzine en cuestión. Su lectura puede ser una experiencia psicotrónica (y, en otros casos, soporífera). Cualquiera que sea el resultado, las 300 pesetas de precio medio no habrán caído en saco roto. La hucha de los fanzineros habrá engordado y podrán seguir adelante en su tarea.
Por si alguien todavía no tiene idea de lo que estamos hablando, Carlos Galán, de Subterfuge, recurre a la etimología: "Es un medio en el que puedes dar lo que a ti te gusta, con una actitud de fan para fans". Pero coincide con otros colegas en que las cosas han cambiado mucho. Kini, de Tmeo, asegura que ahora todos parecen revistas. "Cuando te encuentras con el típico fanzine fotocopiado, dices: 'Hombre, así tiene que ser".
Como las apariencias engañan, la marca definitiva para distinguirlos debería ser su vocación independiente, pero ahora esta muletilla sirve para abanderar cualquier cosa. Hay publicaciones editadas por tiendas que son catálogos de ventas disfrazados de fanzines. O fanzines desubicados, en los que lees lo mismo que salió en el suplemento de turno, pero con faltas de ortografía, mal impreso y con tres meses de retraso.
Para muchos, el límite entre un fanzine y una revista profesional está en la dificultad de la distribución. Gracias al nacimiento de pequeñas empresas de reparto se ha allanado el camino para que algunos fanzines se encuentren prácticamente en todo el territorio nacional. Lo cual plantea nuevos problemas, ya que obliga a expandirse a un mercado hasta el momento local y de poca competencia. Muchos ya se han adecuado a los nuevos tiempos. "No me gustan esos fanzines que si los lees a 200 kilómetros del lugar en que fueron hechos no te enteras de nada", dice Rubén Scaramuzzino. Su Zona de Obras vuela de Zaragoza a Argentina y se vende en toda España a través de Boa.
Diversión y desparpajo
'Suburbio' ataca a "la mafia del mundo del cortometraje" (Felipe de Paz 9, 4°; 08028 Barcelona).
Otra norma nunca escrita es que la diversión debe impulsar todos los esfuerzos. Fanzine es igual a desparpajo, buen humor y sarcasmo, o por lo menos eso dicen los implicados y esperan sus incon¬dicionales. Todos trabajan con la firme convicción de que los temas que abordan no están reflejados en ninguna de las "publicaciones oficiales". Aunque algunas parcelas alternativas ya han sido engullidas por los grandes medios, los fanzines siguen supliendo las lagunas del mercado convencional en materia de información extraordinaria.
Abigarramiento. Otro sello inequívoco de estas publicaciones alternativas. Tienen demasiadas cosas que decir y no padecen ninguna ley de edición o diseño que masacre los textos. Sacan las páginas que necesiten y todavía quieren más, por eso varía tanto el grosor de número en número. Según vayan las finanzas, al tiempo que evolucionan al estilo, el formato se hincha o se alarga.
En los fanzines se escribe en primera persona y abundan las reflexiones personales, a veces salpicadas con aburridos catecismos del perfecto alternativo: el mundo dividido entre lo que nos mola y lo que no. Se crean estilos propios e incluso códigos tribales sólo para iniciados, como en Tzabootage (que tiene su diccionario privado de Tzaboo-cablos). En 2000 Maniacos usan cinéfago porque para ellos la palabra cinefilo es pecado. Para Grace Morales, de Mondo Brutto, sufanzine se mueve en "un universo personal, una actitud y una manera de ver la vida" que, inevitablemente, da como resultado prosa y temas particulares. Nunca se encontrará en las publicaciones establecidas una lista de Los 33 peores moñas, ni Consejos para ser el punki más guarrindongo, ni un histórico mano a mano entre Patricia Godes y Kike Turmix. Tampoco habrá secciones como Graznidos tóxicos, ni un salvaje Testimoño biográfico de Wojtyla, el zumo pontífice, y mucho menos esquelas de Héroes del Silencio o Fernandisco.
A toda máquina
En los ochenta reinaba el corte y confección artesanal y la reproducción en la fotocopiadora de la esquina. En los noventa, se ha asimilado la omnipresente invasión Mac-PC-Windows-Quark y se ha hecho la luz. Color, maquetación, impresión profesional... Los fanzineros que pudieron adquirir un ordenador en condiciones tiraron al cesto la cola y las tijeras y se integraron en la autoedición informática. "Me parece mal que muchos fanzines se sigan haciendo a la vieja usanza: recortando, pegando y con letra guarrindonga. Nos gustan las cosas más elaboradas", afirma Rubén Manrique, del sofisticado Neomanía, realizado por un grupo de diseñadores gráficos.
Sin embargo, algunos como Mono Gráfico, aunque se siguen haciendo a mano, no tienen nada que envidiar en cuanto a osadía gráfica. Otros viven la transición entre la mesa y el ciberespacio, y la mayoría ya camina a ritmo de muchos bytes. Los nuevos soportes también han hecho su aparición. Música en blanco y negro, de Granada, o República Tensión, de Zaragoza, se venden en vídeo. Webzine y La factoría del ritmo circulan por Internet. El avance es tan acelerado que, incluso, ha surgido una corriente nostálgica de recuperación de la estética cutre. "Somos los reyes de la Fotocopia Horror", afirman con orgullo desde Espanis Sico. Naxo asegura que en Suburbio intenta recuperar la verdadera esencia de los primeros fanzines: la fotocopia y la mala uva. "Yo no soy como Jaume Balaguero [editor de Zine Shock], el dinero no me chorrea por las orejas para hacer un fanzine tan pijo y monín".
Sacrificar el bolsillo
Ni colaboradores ni ilustradores cobran en los fanzines. Y muy pocos editores vivende ello. Con el dinero de las ventas de un número se edita el siguiente. Un poco de suerte y la publicidad termina de cuadrar las cuentas. El bar de los amiguetes, el sello del primo, la tienda familiar... Se recurre a lo que se tenga a mano. Sólo contados fanzines carecen por completo de anuncios. Borja Crespo asegura acerca de Burp!, el comixzine impresentable: "No tiene publicidad porque es demasiado políticamente incorrecto". Mondo Brutto, Mondo Lirondo y Snack, entre otros, tampoco anuncian, más por falta de gente que se ocupe del asunto que por purismo. Una nueva fórmula, muy despreciada por los más ortodoxos, es conseguir una pequeña subvención del Ayuntamiento de turno, como Garabato, apoyado por la Junta de Castilla y León. Para Luán Mart, de Mono Gráfico, no es aconsejable porque pierdes la independencia.
Otros se financian gracias a una estructura de venta de artículos por correo (libros, vídeos, muñecos...), como Manuel Valencia, de 2000 Maníacos, publicación que no esconde su ánimo de lucro: "Somos una familia muy grande comiendo de las mismas lentejas".
A veces, una empresa lleva a otra y se arma la factoría completa. Carlos Galán comenzó haciendo Compresa raída, publicación de corte anarco-punki que vendía 50 ejemplares. Más tarde, trabajando como extra en películas "en plan super cutre", financió las primeras ediciones de Subterfuge, que ahora alcanza una tirada de 2000 ejemplares. Del fanzine surgió el sello discográfico, y ahora éste paga el capricho de la revista. La fórmula de sello con fanzine se repite en Wacozine y Rock Indiana, entre otros. La combinación impulsó la tan extendida modalidad de vender el fanzine con un disco incorporado.
Cine, 'comic' y 'rock and roll'
Esta es la santísima trinidad alrededor de la que se mueven la mayoría de los fanzines en España. No es raro si se tiene en cuenta que estas tres variantes (ampliando cine a televisión y vídeo) son estadísticamente los asuntos que más interesan a los jóvenes.
La lista de los fanzines de comics es interminable, y en muchos se mueven los mismos ilustradores: Borja Crespo, el Ladrón, Mauro Entrialgo, Miguel Ángel Martín, Calpurnio, Álvarez Rabo, entre otros reincidentes, pasan del Tmeo a Burp! y de allí a El Vibrador sin cambio de marcha. "No recuerdo un momento en que hubiera tantos fanzines de comic como ahora", asegura Natxo Allende, de La Comictiva, "hay un boom y el que lo niegue es que no sabe nada". Este año los bilbaínos aspiran a conseguir el premio del Salón del Comic de Barcelona. La distinción de 1995 se la llevó Paté de marrano, expedido con disparatados accesorios que ayudan a que se agoten las ediciones.
Entre los fanzines de comic se distinguen dos tendencias: los gore y los más naif. Con la música el panorama es igualmente abrumador en variedad, pero la batalla se plantea entre los indies y los dance, pese a los esfuerzos de mediadores como Disco 2000, que invita a la unión de las razas y a la tolerancia. En el espectro de cine sólo hay un rey: el gore y de terror, representado en las altas esferas por Zine Shock, El grito o 2000 Maníacos.
Otras tribus
Si el fanzine sofisticado ronda siempre los mismos temas, los tópicos más extravagantes se encuentran en especies modestas. Publicaciones de trekkies, de juegos de rol, de psicópatas o de pedofilia siguen siendo fotocopias engrapadas de distribución casera. Otro segmento más escaso, el que apela a la conciencia social, a una actividad editorial con eventos solidarios. El Komando Kutxarilla, de A Coruña, es un fanzine para ayudar a presos/as de Galicia. Los encargados de Anti-ultra, en Bilbao, tienen claro que su misión es alejar la intolerancia del fútbol, para lo que organizan actos diversos como llevar a cien inmigrantes africanos a un estadio a animar al Athletic.
Dimitri e Isabel García tienen 19 años y forman una tierna pareja fanzinera. Son adictos al medio: compran todos los fanzines que pueden, acuden a cuanto evento huela afanzineroso y respetan al pie de la letra la fórmula original de fotocopiado. La afición de Dimitri por las niñas actrices le llevó a crear Dejad que las niñas se acerquen a mí, y ahora vive con el terror de que le denuncien por fusilar fotos o por hacer un fanzine pedófilo, que en realidad no lo es, porque no va de guarradas pomos con niños". Una avalancha de cartas obscenas y paquetes de dudoso contenido tiene a sus padres "de los nervios". Isabel se entusiasmó y sacó Sendero maldito, dedicado al cine de terror.
Pocas chicas
Son pocas las chicas que pertenecen a este mundillo. Algunas se camuflan entre un grupo de chicos, todas escriben y casi ninguna dibuja. Figuras emblemáticas, sin embargo, son Grace Morales, de Mondo Brutto, Isabel Andrade en 2000 Maníacos o Ajo, de Noise Club. "Las chicas, por costumbre o falta de información, no leen revistas especializadas en música o cine, ni tebeos. Eso es como un mundo de chicos", asegura Grace Morales. "Me encantan 2000 Maníacos y El grito, pero ambos están hechos por profesionales del fanzine, si es que se puede usar este concepto" comenta Isabel García. Aunque soplan aires profesionales, mantenerse en lo alternativo y con cierto margen de ilegalidad (¡sorpresa!, algunos fanzines ya tienen depósito legal) todavía tiene sus ventajas porque "así no tenemos que pagar a nadie", asegura Natxo Allende. "No pagamos derechos de fotos ni ilustraciones. Si nos denunciasen, nos declararíamos insolventes", arremete Gerardo Cartón, de Pop Machine.
Pero es innegable que, en la mayoría de los fanzines, la rebeldía es apenas una sombra que ha sido reducida a algún seudónimo divertido o a reguladas dosis de tacos. Más oficio equivale a más rigor, a pensar más en el público y son pocos los que aún mantienen un marcado afán transgresor. "Como todos, he sido un adolescente radical que compraba fanzines anarcos, pero ya estoy cansado de los fanzines que quieren cambiar el mundo", dice Dimitri. "Nos hacemos viejos", suspira Kini. Y con los fanzineros, el género también se ha hecho mayor. O tal vez esté cruzando la adolescencia. Y ya se sabe que la pubertad es la etapa más difícil porque es justo la hora de definirse.
Fanzinerama se celebra del 11 al 14 de abril en Valencia (El Purgatori 2, calle El Salvador 9).
BREVE MANUAL PARA NO INICIADOS
dinero: fanzine
Características: bajo presupuesto, factura artesanal, espasmódica periodicidad, tirada variable (desde 50 ejemplares hasta, por ejemplo, 10.000, como alcanzó en su buena época el Tmeo), aunque la media es de 1000.
Probabilidad de vida: breve, la mayoría de las veces no pasan del tercer número. Muchos fallecen prematuramente y unos pocos sobreviven a la adolescencia. Algunos récords de longevidad los tienen el Tmeo, Mono Gráfico j 2000 Maníacos (7 años), Subterfuge (6 años) y Zoom (5 años).
Fisonomía: variable. Se han descubierto de todos los tamaños y texturas, impresos a color y fotocopiados, en cartulinas y en papel reciclado, en vídeo y circulando por Internet, engrapados y cosidos, de un folio y de hasta noventa. La mayoría viene con accesorios: pegatinas, postales, discos...
Otras especies catalogadas: De comic: El Vibrador, Alicante; Garabato, Palencia; Kovalsky Fly, Valencia; Fierabrás, Toledo; María Sarmiento, Alicante; Kok Art, Gipuzcoa; Zoom, Alicante; A la calle, Vallekas; Dangerous fanzine, Alicante. De música: Snap!, Madrid; Vibraciones, Vilagarcía de Arousa; Mamorro, Bilbao; Self Barcelona; República Tensión, Zaragoza; My life with Duckula, Sevilla; La bomba, Granada; Dance Club, San Sebastián; Back Culture, Santander; Voz en off, Sevilla. De alguna de las combinaciones anteriores: Botes de Humo, Castellón; La Parturienta, Palma de Mallorca; Cólico miserere, Madrid. De indies: Rock Indiana, Madrid; WACOzine, Oviedo. De mangas: Ediciones Camaleón, Barcelona. De actitud bestia: Mierda pa' tu serebro, Madrid. De actualidad sofisticada: Neomanía, Madrid. De trekkies: Hiperespacio, Valencia; Zona neutral, Madrid. De cine fantástico y de terror: El grito, Madrid; Quatermass, Bilbao; Sendero Maldito, Granada; Las lágrimas de la criatura. De cine oscuro y brutal: Zine Shock, Madrid. De arte y diseño: Snack, Barcelona; La +Bella, Madrid; Fe, Valencia; Círculo primigenio, Barcelona. De juegos: Inquisitor, Fanhunter.
Apareamiento con bandas: Mondo Brutto con Intronautas, Noise Club con Mil Dolores Pequeños, La Comictiva con Miles de Albañiles, El Vibrador con Las Serpientes de Marte, Pop Machine con Radio 77, Rau con Mother Monkies, entre otras muchas parejas de fanzines y músicos.
Los 'facedores': Gentes entre 15 y 40 años. Se distinguen varios estereotipos: el fanzinero clásico (estudiantes o parados que sobreviven de la caridad), el fanzinero ejecutivo (líder empresarial que lleva desde bares hasta sellos discográficos), el fanzinero punki-kañero (para ellos no pasa el tiempo), elfanzinero concienciado (los guía la función social), el fanzinero autónomo (lo hace todo sólito: escribe, dibuja y reparte).
miércoles, 22 de abril de 2020
El Murciélago sale por birras, de Álvaro Ortiz
Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 39)
Lo del Hombre murciélago tiene su aquél. Estamos acostumbrados a verlo como un personaje circunspecto, tenebroso y gótico a la par, demostrando que toda la concepción moderna de Batman nace desde la mente de Frank Miller y sus decisivas contribuciones en los ochenta, The Dark Knight y Año uno (con un empujoncito de Alan Moore y Brian Bolland por La broma asesina); pero durante décadas las aventuras del encapuchado millonario Bruce Wayne fueron un delirio lisérgico que puede sin duda contarse entre los referentes de la psicodelia y del pop art. Los guiones de Bill Finger, Edmond Hamilton o Gardner Fox, obligados por el crudo control del autoimpuesto Comics Code, evitaban cualquier trama noir al uso que caracterizaba los inicios del personaje para moverse confortablemente por las temáticas más alucinadas: Batman podía tanto encarnarse en un extraterrestre o en una sirena como lidiar con las dificultades de elegir el traje adecuado de una extensa panoplia multicolor. Todo siempre interpretado por dos genios como Sheldon Moldoff o Dick Sprang, que convertían las rocambolescas aventuras en un festival gráfico. Normal que Warhol se fijara en el personaje para hacer una película o que la serie de televisión de los 60 se convirtiese en un referente creativo.
Pero ahí está el señor de la noche, sobreviviendo a todo sin inmutarse, asumiendo su papel como buenamente podía. En estos días de confinamiento, el dibujante Álvaro Ortiz está desarrollando en redes sociales (Instagram, Facebook y Twitter) una personalísima y divertidísima versión del Hombre Murciélago, parodiando –entendemos– la versión hispana que en los 40 hizo nuestro Julio Ribera, Robin y el Murciélago. La vida diaria del superhéroe puede ser agotadora cuando lo único que quiere el pobre es tomarse una cervecita en una ciudad donde todo el mundo se queda en casa, hasta los delincuentes, y todas las tiendas están cerradas. No es fácil. ¡Pero es divertido! Álvaro Pons
El Murciélago sale por birras. Álvaro Ortiz. 2020. El cómic puede leerse en la cuenta de Twitter del dibujante.
El Pais
Lo del Hombre murciélago tiene su aquél. Estamos acostumbrados a verlo como un personaje circunspecto, tenebroso y gótico a la par, demostrando que toda la concepción moderna de Batman nace desde la mente de Frank Miller y sus decisivas contribuciones en los ochenta, The Dark Knight y Año uno (con un empujoncito de Alan Moore y Brian Bolland por La broma asesina); pero durante décadas las aventuras del encapuchado millonario Bruce Wayne fueron un delirio lisérgico que puede sin duda contarse entre los referentes de la psicodelia y del pop art. Los guiones de Bill Finger, Edmond Hamilton o Gardner Fox, obligados por el crudo control del autoimpuesto Comics Code, evitaban cualquier trama noir al uso que caracterizaba los inicios del personaje para moverse confortablemente por las temáticas más alucinadas: Batman podía tanto encarnarse en un extraterrestre o en una sirena como lidiar con las dificultades de elegir el traje adecuado de una extensa panoplia multicolor. Todo siempre interpretado por dos genios como Sheldon Moldoff o Dick Sprang, que convertían las rocambolescas aventuras en un festival gráfico. Normal que Warhol se fijara en el personaje para hacer una película o que la serie de televisión de los 60 se convirtiese en un referente creativo.
Pero ahí está el señor de la noche, sobreviviendo a todo sin inmutarse, asumiendo su papel como buenamente podía. En estos días de confinamiento, el dibujante Álvaro Ortiz está desarrollando en redes sociales (Instagram, Facebook y Twitter) una personalísima y divertidísima versión del Hombre Murciélago, parodiando –entendemos– la versión hispana que en los 40 hizo nuestro Julio Ribera, Robin y el Murciélago. La vida diaria del superhéroe puede ser agotadora cuando lo único que quiere el pobre es tomarse una cervecita en una ciudad donde todo el mundo se queda en casa, hasta los delincuentes, y todas las tiendas están cerradas. No es fácil. ¡Pero es divertido! Álvaro Pons
El Murciélago sale por birras. Álvaro Ortiz. 2020. El cómic puede leerse en la cuenta de Twitter del dibujante.
El Pais
martes, 21 de abril de 2020
El Velo, de El Torres y Gabriel H. Walta
Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 38)
El cómic siempre ha sido buen compañero del género de terror: forma casi parte de su ADN desde que los cómics de la EC popularizaran el horror como espacio de reflexión social. Y no es una fácil compañía: el género usa (quizás abusa) de unos recursos que son complejos en la viñeta y naturales de otros medios como el cine. Mientras el espectador en una sala cinematográfica está atado a una tensión de la que no puede escapar, el lector puede imponer un ritmo al pasar la página que rompa todo intento de impactante sorpresa. Así que el cómic ha tenido siempre que buscar el miedo a través de mecanismos más sutiles, jugando con la psicología del lector y con el simbolismo del dibujo, reconvertido en mandala provocador de pesadillas, como bien saben autores japoneses como Junji Ito o Hideshi Hino, auténticos expertos en provocar malos sueños que se enganchan en las retinas.
Uno de los guionistas que mejor han sabido moverse por el género en España ha sido El Torres, autor poliédrico que ha sido uno de los pocos escritores capaces de desenvolverse a gusto por mercados tan diferentes como el exigente americano o el español, con obras que suelen jugar al guiño referencial de partida hacia cine o televisión para luego surcar su propio camino en connivencia siempre con excelentes artistas. El Velo, publicada hace ya una década, es un perfecto ejemplo de una obra que nace con aroma de series como Medium o Entre fantasmas para embarcarse pronto en un proyecto más personal. El Torres maneja con soltura los mecanismos del thriller de fantasmas, pero demuestra su inteligencia al dejar que sea el brillante trabajo de Hernández Walta el que mueva la historia, provocando una atmósfera malsana que lleva al lector a una inquietud constante. Solidez narrativa, excelente arte y una historia entretenida, una ecuación perfecta para una buena lectura.
Álvaro Pons
El velo, de El Torres y Gabriel Hernández Walta, fue publicada por la editorial Dibbuks y los autores la han compartido gratuitamente en este enlace.
El Pais
El cómic siempre ha sido buen compañero del género de terror: forma casi parte de su ADN desde que los cómics de la EC popularizaran el horror como espacio de reflexión social. Y no es una fácil compañía: el género usa (quizás abusa) de unos recursos que son complejos en la viñeta y naturales de otros medios como el cine. Mientras el espectador en una sala cinematográfica está atado a una tensión de la que no puede escapar, el lector puede imponer un ritmo al pasar la página que rompa todo intento de impactante sorpresa. Así que el cómic ha tenido siempre que buscar el miedo a través de mecanismos más sutiles, jugando con la psicología del lector y con el simbolismo del dibujo, reconvertido en mandala provocador de pesadillas, como bien saben autores japoneses como Junji Ito o Hideshi Hino, auténticos expertos en provocar malos sueños que se enganchan en las retinas.
Uno de los guionistas que mejor han sabido moverse por el género en España ha sido El Torres, autor poliédrico que ha sido uno de los pocos escritores capaces de desenvolverse a gusto por mercados tan diferentes como el exigente americano o el español, con obras que suelen jugar al guiño referencial de partida hacia cine o televisión para luego surcar su propio camino en connivencia siempre con excelentes artistas. El Velo, publicada hace ya una década, es un perfecto ejemplo de una obra que nace con aroma de series como Medium o Entre fantasmas para embarcarse pronto en un proyecto más personal. El Torres maneja con soltura los mecanismos del thriller de fantasmas, pero demuestra su inteligencia al dejar que sea el brillante trabajo de Hernández Walta el que mueva la historia, provocando una atmósfera malsana que lleva al lector a una inquietud constante. Solidez narrativa, excelente arte y una historia entretenida, una ecuación perfecta para una buena lectura.
Álvaro Pons
El velo, de El Torres y Gabriel Hernández Walta, fue publicada por la editorial Dibbuks y los autores la han compartido gratuitamente en este enlace.
El Pais
lunes, 20 de abril de 2020
Mis cien demonios, de Lynda Barry
Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 37)
Es imposible entender la escena del cómic independiente americano sin la figura de Lynda Barry. Su obra es un continuo reto a todo lo que entendemos sobre el cómic, una reflexión infinita alrededor de las posibilidades del cómic que se nutre de una personalidad artística tan rica como poliédrica: historietista, pintora, escritora, ilustradora, editora, dramaturga, maestra… No hay límites para la curiosidad inacabable de Barry, que ha explorado y explotados las posibilidades expresivas de la historieta de forma única, manteniendo una mirada que sabía preservar la ingenuidad y fascinación infantil por el dibujo a la par que hacía un fino análisis académico de hasta dónde puede llegar el cómic como lenguaje y medio de expresión. Obras premiadas y reconocidas como Picture this! o What it is son obras maestras del noveno arte que, inexplicablemente, no han sido publicadas todavía en España. Una ausencia que se resuelve por fin con la edición de una de sus primeras obras, Mis cien demonios. Publicada originalmente como cómic digital en la web de Salón.com, es una apasionante disección de la vida a través del dibujo. Páginas de recargadas composiciones visuales, de colores vivos en los que cualquier técnica es posible, desde el collage a los lápices, sin dejar espacio para el relax visual, dejando que la mirada se pierda en cualquier recoveco. Un lugar idóneo para dar salida a los demonios escondidos de la autora, que camparan libres por la página: pequeños diablillos que pueden recordar momentos profundos o hacer memoria de situaciones cotidianas intrascendentes, poniendo en apariencia al mismo nivel los problemas con los piojos de la niñez que el maltrato, su pasión por las mascotas o las dificultades con los hombres. Piezas aisladas que Barry esculpe con naturalidad, componiendo un retrato de su realidad, una fotografía que obvia su exterior para desnudarse con honestidad salvaje, empatizando con el lector sin dificultades. Una obra maestra. Álvaro Pons
Mis cien demonios. Lynda Barry. Reservoir Books, 2020. El cómic puede adquirirse en formato digital en Reservoir Books.
El Pais
Es imposible entender la escena del cómic independiente americano sin la figura de Lynda Barry. Su obra es un continuo reto a todo lo que entendemos sobre el cómic, una reflexión infinita alrededor de las posibilidades del cómic que se nutre de una personalidad artística tan rica como poliédrica: historietista, pintora, escritora, ilustradora, editora, dramaturga, maestra… No hay límites para la curiosidad inacabable de Barry, que ha explorado y explotados las posibilidades expresivas de la historieta de forma única, manteniendo una mirada que sabía preservar la ingenuidad y fascinación infantil por el dibujo a la par que hacía un fino análisis académico de hasta dónde puede llegar el cómic como lenguaje y medio de expresión. Obras premiadas y reconocidas como Picture this! o What it is son obras maestras del noveno arte que, inexplicablemente, no han sido publicadas todavía en España. Una ausencia que se resuelve por fin con la edición de una de sus primeras obras, Mis cien demonios. Publicada originalmente como cómic digital en la web de Salón.com, es una apasionante disección de la vida a través del dibujo. Páginas de recargadas composiciones visuales, de colores vivos en los que cualquier técnica es posible, desde el collage a los lápices, sin dejar espacio para el relax visual, dejando que la mirada se pierda en cualquier recoveco. Un lugar idóneo para dar salida a los demonios escondidos de la autora, que camparan libres por la página: pequeños diablillos que pueden recordar momentos profundos o hacer memoria de situaciones cotidianas intrascendentes, poniendo en apariencia al mismo nivel los problemas con los piojos de la niñez que el maltrato, su pasión por las mascotas o las dificultades con los hombres. Piezas aisladas que Barry esculpe con naturalidad, componiendo un retrato de su realidad, una fotografía que obvia su exterior para desnudarse con honestidad salvaje, empatizando con el lector sin dificultades. Una obra maestra. Álvaro Pons
Mis cien demonios. Lynda Barry. Reservoir Books, 2020. El cómic puede adquirirse en formato digital en Reservoir Books.
El Pais
sábado, 18 de abril de 2020
Intrusos, de Adrian Tomine
Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 35)
A principios de los años 90 se populariza en el cómic independiente americano una tendencia que podríamos denominar de “comic-book de autor”, que aprovechaba el formato mayoritario de edición de tebeos en Estados Unidos para desarrollar un discurso personal y diferenciado. Series míticas como Eight ball, de Daniel Clowes, ACME Novelty Library, de Chris Ware o Palookaville, de Seth, por solo citar algunas, consolidan un modelo de cómic de autor que recuperaba en cierta medida la insurgencia del fanzine underground de los sesenta, pero desde una lectura posmoderna de clara influencia literaria y con una concepción gráfica personal y alejada del mainstream, unida generalmente a editoriales de prestigio como Fantagraphics o Drawn & Quaterly. Podría considerarse como una peligrosa integración del fanzine dentro del sistema, pero lo cierto es que la libertad autoral fue la norma y éxito de este cambio. Una de las últimas series que llegaron a esta lista fue Optic Nerve, de Adrian Tomine. Fuertemente influenciado por autores como Clowes, Ware o los Hernández, las historias cortas que componían cada entrega navegaban por la autoficción y la contemplación de su entorno. Pero poco a poco, las influencias fueron dejando paso a una personalidad propia, a una concepción de la narrativa pausada sobre la que siempre descansaba una subterránea ironía, muy carveriana, que cristalizaría en obras como Intrusos (Sapristi Cómics). Historias cortas que hablan de soledad en una sociedad hiperconectada que es incapaz de mirarse a los ojos, pero que en esta obra generan además un atroz retrato de una sociedad donde el individuo se invisibiliza y desaparece si no sigue las normas, en una muerte en vida que lo recluye en un espacio de olvido indiferente más espantoso que cualquier tumba. Tomine fija con estos relatos una foto espeluznante de una soledad abandonada.
Álvaro Pons
El Pais
A principios de los años 90 se populariza en el cómic independiente americano una tendencia que podríamos denominar de “comic-book de autor”, que aprovechaba el formato mayoritario de edición de tebeos en Estados Unidos para desarrollar un discurso personal y diferenciado. Series míticas como Eight ball, de Daniel Clowes, ACME Novelty Library, de Chris Ware o Palookaville, de Seth, por solo citar algunas, consolidan un modelo de cómic de autor que recuperaba en cierta medida la insurgencia del fanzine underground de los sesenta, pero desde una lectura posmoderna de clara influencia literaria y con una concepción gráfica personal y alejada del mainstream, unida generalmente a editoriales de prestigio como Fantagraphics o Drawn & Quaterly. Podría considerarse como una peligrosa integración del fanzine dentro del sistema, pero lo cierto es que la libertad autoral fue la norma y éxito de este cambio. Una de las últimas series que llegaron a esta lista fue Optic Nerve, de Adrian Tomine. Fuertemente influenciado por autores como Clowes, Ware o los Hernández, las historias cortas que componían cada entrega navegaban por la autoficción y la contemplación de su entorno. Pero poco a poco, las influencias fueron dejando paso a una personalidad propia, a una concepción de la narrativa pausada sobre la que siempre descansaba una subterránea ironía, muy carveriana, que cristalizaría en obras como Intrusos (Sapristi Cómics). Historias cortas que hablan de soledad en una sociedad hiperconectada que es incapaz de mirarse a los ojos, pero que en esta obra generan además un atroz retrato de una sociedad donde el individuo se invisibiliza y desaparece si no sigue las normas, en una muerte en vida que lo recluye en un espacio de olvido indiferente más espantoso que cualquier tumba. Tomine fija con estos relatos una foto espeluznante de una soledad abandonada.
Álvaro Pons
El Pais
Solamente quien sueña aprende a volar...
'Peter Pan' (1990), del francés Régis Loisel, es una recreación libre a modo de precuela, dirigida para lectores adultos, que profundiza en el relato clásico de James Matthew Barrie
GERARDO MACÍAS
15 Abril, 2020
Régis Loisel (Saint-Maixent, Francia, 1951) es uno de los grandes autores del cómic europeo, famoso, sobre todo, por la espectacular saga fantástica La búsqueda del pájaro del tiempo (1983), con guiones de Serge Le Tendre. Pero Loisel abordó su proyecto más ambicioso, como autor completo, con Peter Pan, monumental obra compuesta por seis álbumes en los que el artista invirtió catorce años: empezó a publicarse en 1990 y terminó en 2004.
Peter Pan de Loisel es una recreación libre de la novela de James Matthew Barrie, que en vez de adaptar la historia original que la mayoría, incluyendo al propio Loisel, conoce a través de la versión de Disney, es una precuela de la misma. Este cómic surgió cuando Loisel se preguntó cómo un niño llega a ser Peter Pan. Al no encontrar respuesta en la película de Disney ni en la obra original de Barrie, Loisel decide construir su propia versión del origen de Peter Pan.
La obra de James Matthew Barrie no es la única reminiscencia literaria que subyace en este cómic, que está ambientado, igual que la novela por entregas Oliver Twist de Charles Dickens, en los bajos fondos del Londres de mediados del siglo XIX. Entre las transgresiones de Loisel en la historia está la inclusión de Jack el Destripador, que demuestra que la fecha escogida por el historietista no es casual.
Peter es hijo de una prostituta alcohólica que sobrevive en las calles, y al que su madre maltrata constantemente para que le lleve alcohol. El poco afecto que tiene lo encuentra en el viejo señor Kundal, quien ve en Peter un alma cándida, y a quien anima a conservar la inocencia de la infancia alimentada por el poder de su fértil imaginación. Y eso es lo que Peter intenta transmitir a otros niños abandonados en las calles de Londres, que trabajan para mafias y que lo envidian, sin saber que su situación es similar.
Una noche, tras recibir una dura reprimenda por parte de su madre, Peter vaga por las calles de Londres, y es entonces cuando conoce a Campanilla, que viene a buscarlo porque necesita su ayuda para salvar a las criaturas de Nunca Jamás, que están siendo atacado por el malvado Capitán Garfio, un pirata que quiere arrebatarles un tesoro mítico, sin saber muy bien qué es.
Descubrimos lo que Barrie no contó en su historia. Por ejemplo, la razón por la que el pequeño decide adoptar el nombre de Peter Pan, cómo conoce a las criaturas de Nunca Jamás (como los indios y las sirenas) y cómo reúne a los Niños Perdidos, además de descubrir a varios personajes creados por Loisel que no desentonan para nada con los originales.
Conocemos al Capitán Garfio cuando todavía tenía dos manos. Precisamente, en el cómic descubrimos cómo pierde la mano y el origen de su obsesión por cierto cocodrilo. Pero lo más importante será el origen de su relación con Peter, ya que ambos están unidos por un misterioso pasado. También conocemos a la tripulación pirata de Garfio y a las criaturas fantásticas que pueblan la isla.
Llama la atención el respeto de Loisel por el material original de Barrie, aunque añade nuevos matices y una visión sin edulcorar de la perfecta metáfora para adultos sobre la magia, la vida, el no querer crecer, el despertar sexual y la obsesión de los Niños Perdidos por tener una madre de verdad.
No nos encontramos ante una obra dirigida a los niños, sino a los adultos, con un trasfondo psicológico importante. Uno de los puntos fundamentales de la obra es la carencia afectiva que sufre el protagonista. Según Loisel, Peter será siempre un niño que no quiere crecer, no por la felicidad que encuentra siendo un niño sino por el odio que siente por los adultos. Este sentimiento queda articulado alrededor de la figura de la madre.
Loisel llega casi hasta el mismo momento en el que empieza la novela de Barrie (y la película de Disney), rellena los huecos en la historia, mostrando un conocimiento profundo, y no evita elementos que alteran la obra original, como la relación de Peter Pan con los asesinatos de Jack el Destripador, o el hecho de que Peter llega a la isla de Nunca Jamás después de recibir un libro sobre mitos griegos y enterarse de que su padre le abandonó antes de nacer para hacerse a la mar, insinuando que todo puede ser fruto de la imaginación de Peter.
Malaga Hoy
GERARDO MACÍAS
15 Abril, 2020
'Peter Pan'. Guion y dibujos: Régis Loisel. Planeta Cómic, 2019.
Régis Loisel (Saint-Maixent, Francia, 1951) es uno de los grandes autores del cómic europeo, famoso, sobre todo, por la espectacular saga fantástica La búsqueda del pájaro del tiempo (1983), con guiones de Serge Le Tendre. Pero Loisel abordó su proyecto más ambicioso, como autor completo, con Peter Pan, monumental obra compuesta por seis álbumes en los que el artista invirtió catorce años: empezó a publicarse en 1990 y terminó en 2004.
Peter Pan de Loisel es una recreación libre de la novela de James Matthew Barrie, que en vez de adaptar la historia original que la mayoría, incluyendo al propio Loisel, conoce a través de la versión de Disney, es una precuela de la misma. Este cómic surgió cuando Loisel se preguntó cómo un niño llega a ser Peter Pan. Al no encontrar respuesta en la película de Disney ni en la obra original de Barrie, Loisel decide construir su propia versión del origen de Peter Pan.
La obra de James Matthew Barrie no es la única reminiscencia literaria que subyace en este cómic, que está ambientado, igual que la novela por entregas Oliver Twist de Charles Dickens, en los bajos fondos del Londres de mediados del siglo XIX. Entre las transgresiones de Loisel en la historia está la inclusión de Jack el Destripador, que demuestra que la fecha escogida por el historietista no es casual.
Peter es hijo de una prostituta alcohólica que sobrevive en las calles, y al que su madre maltrata constantemente para que le lleve alcohol. El poco afecto que tiene lo encuentra en el viejo señor Kundal, quien ve en Peter un alma cándida, y a quien anima a conservar la inocencia de la infancia alimentada por el poder de su fértil imaginación. Y eso es lo que Peter intenta transmitir a otros niños abandonados en las calles de Londres, que trabajan para mafias y que lo envidian, sin saber que su situación es similar.
Una noche, tras recibir una dura reprimenda por parte de su madre, Peter vaga por las calles de Londres, y es entonces cuando conoce a Campanilla, que viene a buscarlo porque necesita su ayuda para salvar a las criaturas de Nunca Jamás, que están siendo atacado por el malvado Capitán Garfio, un pirata que quiere arrebatarles un tesoro mítico, sin saber muy bien qué es.
Descubrimos lo que Barrie no contó en su historia. Por ejemplo, la razón por la que el pequeño decide adoptar el nombre de Peter Pan, cómo conoce a las criaturas de Nunca Jamás (como los indios y las sirenas) y cómo reúne a los Niños Perdidos, además de descubrir a varios personajes creados por Loisel que no desentonan para nada con los originales.
Conocemos al Capitán Garfio cuando todavía tenía dos manos. Precisamente, en el cómic descubrimos cómo pierde la mano y el origen de su obsesión por cierto cocodrilo. Pero lo más importante será el origen de su relación con Peter, ya que ambos están unidos por un misterioso pasado. También conocemos a la tripulación pirata de Garfio y a las criaturas fantásticas que pueblan la isla.
Llama la atención el respeto de Loisel por el material original de Barrie, aunque añade nuevos matices y una visión sin edulcorar de la perfecta metáfora para adultos sobre la magia, la vida, el no querer crecer, el despertar sexual y la obsesión de los Niños Perdidos por tener una madre de verdad.
No nos encontramos ante una obra dirigida a los niños, sino a los adultos, con un trasfondo psicológico importante. Uno de los puntos fundamentales de la obra es la carencia afectiva que sufre el protagonista. Según Loisel, Peter será siempre un niño que no quiere crecer, no por la felicidad que encuentra siendo un niño sino por el odio que siente por los adultos. Este sentimiento queda articulado alrededor de la figura de la madre.
Loisel llega casi hasta el mismo momento en el que empieza la novela de Barrie (y la película de Disney), rellena los huecos en la historia, mostrando un conocimiento profundo, y no evita elementos que alteran la obra original, como la relación de Peter Pan con los asesinatos de Jack el Destripador, o el hecho de que Peter llega a la isla de Nunca Jamás después de recibir un libro sobre mitos griegos y enterarse de que su padre le abandonó antes de nacer para hacerse a la mar, insinuando que todo puede ser fruto de la imaginación de Peter.
Malaga Hoy
viernes, 17 de abril de 2020
Un sueño hecho realidad
'Bakuman' (2008), de Tsugumi Oba y Takeshi Obata, narra las aventuras de dos adolescentes estudiantes de Secundaria cuyo sueño es publicar su propio manga de manera profesional
GERARDO MACÍAS
08 Abril, 2020
Ya lo dijo Hergé, el creador de Tintín: "A fuerza de creer en sus sueños, el hombre los hace realidad". Como hombre se refiere a la especie humana: varón y mujer. Precisamente sobre sueños cumplidos trata el manga titulado Bakuman, que narra que un ficticio dibujante de manga llamado Nobuhiro fallece debido a que dormía poco. Desde la muerte de su tío, el adolescente Mashiro Moritaka va a la deriva sin ningún objetivo claro para su futuro, pese a que posee un gran talento gráfico, algo que no pasará por alto a Akito Takagi, uno de los alumnos más destacados de la clase, quien tratará que ambos se unan para crear un manga.
Aunque Mashiro rechaza la propuesta, tras descubrir que Azuki Miho, la chica que le gusta, sueña con convertirse en actriz de doblaje, cambia de opinión, luego de prometer que ella será la voz de la heroína, si su manga es adaptado al anime. Moritaka pide a Miho que se casen una vez que ambos cumplan sus sueños. A Azuki le gusta Mashiro, así que se ponen de acuerdo, y tendrán que afrontar las mil dificultades que supone crear una obra de cero y presentarla a una editorial para que esta termine aceptando su publicación.
Mashiro Moritaka, a sus 14 años muestra una madurez enorme, algo que se ve reflejado en los comentarios que realiza acerca de lo importantes que son los años de instituto en la adolescencia y cuánto suelen marcar el resto de la vida.
Un día, deja en el aula una libreta que contiene un dibujo de Azuki. Al volver al aula, se encuentra con Akito Takagi, que promete devolverle la libreta con la condición de hacer con él un dúo de mangakas, a lo cual Mashiro se opone. Tras volver a casa, Takagi llama a Mashiro, diciendo que se va a confesar a Azuki, para que él lo acompañe. Mashiro se encuentra con Takagi delante de casa de Azuki, y cuando parecía que Takagi se iba a declarar, Takagi revela el sueño de Azuki: ser actriz de doblaje. Luego le propone la idea de hacer juntos un manga que se vuelva anime, para que Azuki sea la actriz de doblaje de la protagonista. En un momento de mezcla de sentimientos, Mashiro le propone a Azuki que, cuando ese sueño se cumpla, los dos se casarán. Azuki le promete que así será, y que mientras no sea así se comunicarán a través de correos electrónicos, lo que le da a Mashiro ánimos para alcanzar este sueño.
Akito Takagi, el coprotagonista, también tiene 14 años de edad al principio de la serie; y es uno de los estudiantes más brillantes de su curso. Akito desde muy pequeño decidió que tomaría su propio camino, sin importarle nunca las opiniones que tuviesen los demás, desde que fue criado por su estricta madre que quería desahogar en él su frustración por separarse de su esposo. Pocos años después, decidió que iba a convertirse en guionista de manga.
Kaya Miyoshi es una chica que constantemente intenta emparejar a Miho y Moritaka, aunque siempre termina fallando porque ambos prefieren llevar su romance a su manera. Se volvió novia de Akito y terminaron casándose mucho antes que sus amigos Moritaka y Miho. A diferencia de Miho, es ella quien suele tomar la iniciativa en su relación con Akito, a quien apoya en la consecución de sus sueños.
Tsugumi Ohba es el seudónimo del guionista de Bakuman, tras el que no se sabe quién se oculta. El dibujante Takeshi Obata nació en 1969 en la provincia de Niigata (Japón). Tsugumi Ohba y Takeshi Obata habían trabajado juntos en una serie que les daría gran reconocimiento, Death Note, tras la cual decidieron comenzar a trabajar en una nueva historia, inspirada en su travesía en la industria del manga. Así, en 2008 inician Bakuman, tras cuyos protagonistas, Mashiro Moritaka y Takagi Akito, se esconden vivencias de juventud de los autores de la obra.
Bakuman es un manga compuesto por 176 capítulos, recopilados en 20 tomos, que comenzó su serialización semanal en la revista Shonen Jump en 2008, y finalizó en el año 2012. El anime empezó a emitirse en televisión en 2010 y finalizó en 2013, dividido en tres temporadas de 25 capítulos cada una. Además, se adaptó en un largometraje con actores de carne y hueso en 2015, que fue distinguido en la 39º edición de la ceremonia de la Academia Japonesa de Cine con los premios a la Mejor Música, a la Mejor Edición y a la Popularidad.
Malaga Hoy
GERARDO MACÍAS
08 Abril, 2020
'Bakuman nº 1'. Guion: Tsugumi Oba. Dibujos: Takeshi Obata. Norma Editorial, 2015.
Ya lo dijo Hergé, el creador de Tintín: "A fuerza de creer en sus sueños, el hombre los hace realidad". Como hombre se refiere a la especie humana: varón y mujer. Precisamente sobre sueños cumplidos trata el manga titulado Bakuman, que narra que un ficticio dibujante de manga llamado Nobuhiro fallece debido a que dormía poco. Desde la muerte de su tío, el adolescente Mashiro Moritaka va a la deriva sin ningún objetivo claro para su futuro, pese a que posee un gran talento gráfico, algo que no pasará por alto a Akito Takagi, uno de los alumnos más destacados de la clase, quien tratará que ambos se unan para crear un manga.
Aunque Mashiro rechaza la propuesta, tras descubrir que Azuki Miho, la chica que le gusta, sueña con convertirse en actriz de doblaje, cambia de opinión, luego de prometer que ella será la voz de la heroína, si su manga es adaptado al anime. Moritaka pide a Miho que se casen una vez que ambos cumplan sus sueños. A Azuki le gusta Mashiro, así que se ponen de acuerdo, y tendrán que afrontar las mil dificultades que supone crear una obra de cero y presentarla a una editorial para que esta termine aceptando su publicación.
Mashiro Moritaka, a sus 14 años muestra una madurez enorme, algo que se ve reflejado en los comentarios que realiza acerca de lo importantes que son los años de instituto en la adolescencia y cuánto suelen marcar el resto de la vida.
Un día, deja en el aula una libreta que contiene un dibujo de Azuki. Al volver al aula, se encuentra con Akito Takagi, que promete devolverle la libreta con la condición de hacer con él un dúo de mangakas, a lo cual Mashiro se opone. Tras volver a casa, Takagi llama a Mashiro, diciendo que se va a confesar a Azuki, para que él lo acompañe. Mashiro se encuentra con Takagi delante de casa de Azuki, y cuando parecía que Takagi se iba a declarar, Takagi revela el sueño de Azuki: ser actriz de doblaje. Luego le propone la idea de hacer juntos un manga que se vuelva anime, para que Azuki sea la actriz de doblaje de la protagonista. En un momento de mezcla de sentimientos, Mashiro le propone a Azuki que, cuando ese sueño se cumpla, los dos se casarán. Azuki le promete que así será, y que mientras no sea así se comunicarán a través de correos electrónicos, lo que le da a Mashiro ánimos para alcanzar este sueño.
Akito Takagi, el coprotagonista, también tiene 14 años de edad al principio de la serie; y es uno de los estudiantes más brillantes de su curso. Akito desde muy pequeño decidió que tomaría su propio camino, sin importarle nunca las opiniones que tuviesen los demás, desde que fue criado por su estricta madre que quería desahogar en él su frustración por separarse de su esposo. Pocos años después, decidió que iba a convertirse en guionista de manga.
Kaya Miyoshi es una chica que constantemente intenta emparejar a Miho y Moritaka, aunque siempre termina fallando porque ambos prefieren llevar su romance a su manera. Se volvió novia de Akito y terminaron casándose mucho antes que sus amigos Moritaka y Miho. A diferencia de Miho, es ella quien suele tomar la iniciativa en su relación con Akito, a quien apoya en la consecución de sus sueños.
Tsugumi Ohba es el seudónimo del guionista de Bakuman, tras el que no se sabe quién se oculta. El dibujante Takeshi Obata nació en 1969 en la provincia de Niigata (Japón). Tsugumi Ohba y Takeshi Obata habían trabajado juntos en una serie que les daría gran reconocimiento, Death Note, tras la cual decidieron comenzar a trabajar en una nueva historia, inspirada en su travesía en la industria del manga. Así, en 2008 inician Bakuman, tras cuyos protagonistas, Mashiro Moritaka y Takagi Akito, se esconden vivencias de juventud de los autores de la obra.
Bakuman es un manga compuesto por 176 capítulos, recopilados en 20 tomos, que comenzó su serialización semanal en la revista Shonen Jump en 2008, y finalizó en el año 2012. El anime empezó a emitirse en televisión en 2010 y finalizó en 2013, dividido en tres temporadas de 25 capítulos cada una. Además, se adaptó en un largometraje con actores de carne y hueso en 2015, que fue distinguido en la 39º edición de la ceremonia de la Academia Japonesa de Cine con los premios a la Mejor Música, a la Mejor Edición y a la Popularidad.
Malaga Hoy
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
André Edouard Marty (1882-1974) colaboró con revistas como Fémina, Le Sourire, Vogue, Harper's Bazaar o Gazette du bon ton (imagen dch...
-
A continuación se muestra el avance de “ Master Nobody ”, uno de los nuevos cortometrajes de la temporada 3 de “ Cápsulas ”, la antología ...
-
Ahora es oficial, se anuncia el estreno de la serie " False Memory ", para 2025. Producida por los jóvenes estudios chinos Tumbl...






















































