domingo, 13 de marzo de 2016

Los españoles que colonizaron Estados Unidos con mallas y capas

 La exposición 'Superhéroes con Ñ' reúne en el Museo ABC dibujos de 47 autores de cómic

ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

Madrid 12 MAR 2016

Paco Roca aterrizó en el cómic de superhéroes de casualidad. Tras una mala experiencia en Francia, su amigo Salvador Larroca, que llevaba una década en Marvel, le ofreció un encargo: colorear sus dibujos de Spiderman o Iron Man. Aunque no tenía interés en hacer cómics con guiones ajenos, se atrevió a proponer una historia "realista" protagonizada por Los 4 Fantásticos. Pero entonces recibió una llamada de España: "Me dijeron sí a a Arrugas", recuerda Roca, sobre su obra más conocida. Con un premio Nacional bajo el brazo, nunca más necesitó saltar el charco.

El mercado estadounidense empezó a estar poblado por españoles. Pese a que Roca nunca formó parte de esa colonización, sus páginas inéditas son una de las joyas expuestas en la muestra Superhéroes con Ñ, del Museo ABC en Madrid —desde el pasado viernes, 11 de marzo, hasta el 12 de junio—, que recorre el trabajo de 47 artistas patrios que se atrevieron a estilizar las mallas más reconocibles. Julián Clemente, comisario y editor de Marvel España, es consciente de que no todo fueron éxitos: "Las carreras son paralelas pero diversas. Algunos siguen triunfando, otros hicieron un par de números y desaparecieron, y gente como Paco decidió tomar un camino distinto".

Javier Pulido dibuja a Hulka.

Encontrar hoy un apellido español entre los dibujantes de superhéroes no es raro para el lector. Los créditos se cuentan por decenas: el catalán Ramón Rosanas firma las aventuras de El Hombre Hormiga; el madrileño Pepe Larraz dibuja Kanan, sobre el último jedi de Star Wars; el murciano Daniel Acuña se encarga del Capitán América afroamericano, y Marcos Martín, mientras tanto, revoluciona el cómic digital.

"Lo apasionante es que no hay un estilo predominante de arte español. Carlos Pacheco tiene influencia clásica, Natacha Bustos del manga e independiente, David Aja es más cinematográfico", explica Clemente. Los autores reunidos en las paredes del museo cuentan su historia como mejor saben: con 198 ilustraciones, bocetos y originales, así como con vídeos sobre su proceso.

Roberto de la torre dibuja a Daredevil.

Todo comenzó con Rafael López Espí, con cuyas añejas portadas crecieron los niños de los setenta, amantes de los tebeos publicados por Ediciones Vértice. Nunca trabajó en EE UU, pero fue el primer español en nómina en Marvel. Durante tres lustros, dibujó hasta 2.500 cubiertas y 80 cromos coleccionables.

Hoy, el mercado es otro. "Internet es donde hay que estar, donde te descubren", sostiene Bustos, la última en unirse al grupo y la única mujer con Emma Ríos de la exposición. Bustos, que dibuja en tableta, lleva cinco números de Moon-Girl and Devil Dinosaur para Marvel y todavía está adaptándose al ritmo mensual: "A un editor le gustaron mis dibujos, y al año, cuando pensaba que no se acordaría, me llamó para hacer un número sobre sumo en DC. Allí conocí a mi guionista actual. Una vez que leen tu firma, comienzan a llamarte".

Ramón Rosanas dibuja a Deadpool.

Ese "techo de cristal" se rompió en los noventa: "La historia del desembarco estuvo llena de casualidades", recuerda Clemente. Pacheco, Larroca o Pasqual Ferry llegaron a Marvel Reino Unido en un portafolio de Gavin Rodrigues, "un agente que, en realidad, no era un agente. La figura ni existía". Meses más tarde, la filial británica quebró y toda la plantilla saltó a EE UU. Por entonces, también otros como un desconocido Juanjo Guarnido, que hoy triunfa con el felino noir Blacksad (premio Nacional del Cómic 2014), trataron de entrar en Marvel sin éxito.

El cómic estadounidense es ahora internacional. Los estilos comenzaron a mezclarse e Internet abrió el mercado global. El autor ya no tiene que ir cada mes a la oficina neoyorquina. Los guiones llegan por correo electrónico, tienen discusiones con escritores y editores por Skype y, cuando acaban, suben los dibujos a la nube. Estén en Barcelona, Valladolid o Valencia. Al igual que Superman, son inmigrantes integrados en un universo ajeno.

Paco Roca dibuja 'Los Cuatro Fantásticos'.

Larroca (que dibuja Darth Vader), Pacheco y Ferry siguen allí. Son maestros de David Lafuente, Ibán Coello, David López y Javier Pulido. "Este tío de Cádiz lo ha logrado', fue el argumento para que muchos se atrevieran", explica Clemente: "Pero hay que trabajar mucho y no solo dibujar, sino también saber contar historias".

Los comienzos no fueron buenos para ninguno. "Estuve un año y medio mandando pruebas. No sabía qué plan seguir. Llegué a enviar un 'e-mail' semanal a Marvel. Al final, creo que me dieron trabajo para que les dejara tranquilos", recuerda hoy Larraz, que comenzó dibujando al héroe afroamericano Luke Cage. "En mi primer trabajo, tenía que enviar una portada del Capitán Universo al día. No puedo ni verlas. Es lo peor que he hecho nunca", comparte Acuña.

¿Volvería Roca a los superhéroes para quitarse la espinita con Los 4 Fantásticos? "Cuando más tienes, más conservador eres, pero ojalá pueda hacer un cómic de aventuras. Que te dejen jugar con personajes de tu infancia es atractivo, pero con mis condiciones, con libertad total y en un terreno donde aportar. Sin que te digan que les vas a romper sus juguetes".


Rafael López Espí (Barcelona, 1937)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ 

Rafael López Espí nunca trabajó en EE UU, pero fue el primer español (del que se tenga constancia) en ser contratado por Marvel. Suyas son las icónicos portadas que acompañaban a todos los cómics de la editorial en España durante buena parte de los setenta, y publicados por Ediciones Vértice. Espí decidió, de manera autodidacta, dedicarse a dibujar tebeos con 13 años, cuando el noveno arte era algo primigenio. Durante tres lustros, dibujó hasta 2.500 cubiertas y 80 cromos coleccionables. En los noventa, Marvel España volvió a contar con sus servicios. Ya como leyenda.


José Luis García López (Pontevedra, 1948)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ 

José Luis García López (un desconocido para el público español, pero uno de los primeros artistas en llevar España a la cultura superheroica que despuntaba en EE UU en los ochenta como una nueva mitología). "Llamé a un dibujante argentino que conocía, Luis Ángel Domínguez. Era un miércoles, justo el día en que los 'freelance' hacían su ronda por las editoriales. Así que me llevó a Western Publishing y DC", contaba a EL PAÍS hace unos meses. Enseñó su obra y ese mismo día le cogieron en ambos sitios. DC le pidió ponerle la tinta a una historieta de Clark Kent. De su lápiz no solo saldrían las páginas de superhéroes, sino la muestra que utilizarían el resto de autores para adaptar los personajes más famosos de DC. 

Salvador Larroca (Valencia, 1964)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ Madrid 

José Luis Rodrigues llegó a Marvel UK (la filial de la editorial estadounidense en Reino Unidos) con un portafolio lleno de dibujos de Carlos Pacheco, Pasqual Ferry o Salvador Larroca, que venían del fanzine español y de colaboraciones en Forum, encargada de Marvel en España. "Era un agente que, en realidad, no era un agente porque esa figura no existía. Todo fue un cúmulo de casualidades. Podría haber salido mal en cualquier momento", revive Julián Clemente. Larroca debutó allí con 'Dark Angel' pero, meses después, la filial cerró y todos los autores saltaron a EE UU. El valenciano encontró allí una casa que le vio crecer mes a mes, como uno de esos raros autores que nunca falla a su entrega y que más ha evolucionado del mercado. Hoy ilustra la armadura de 'Darth Vader', aunque por sus manos también han pasado 'Iron Man', la Patrulla X o 'The Flash'. 

Carlos Pacheco (San Roque, Cádiz, 1962)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ Madrid  

"Cuando vi por primera vez a Carlos Pacheco firmar en un cómic, no pude hacer otra cosa que comenzar a buscar. Que fuera un español era algo increíble. ¡Y además trabajaba desde Cádiz!. 'Este tío de Cádiz lo ha logrado', fue el argumento para que muchos se atrevieran". Julián Clemente, editor de Panini y responsable de la exposición, es uno de los muchos que se sorprendió al ver por primera vez un Pacheco en los cómics. Él es el primero de esta generación de autores que había soñado desde pequeño con dibujar cómics Marvel. La española Forum fue su puerta de entrada al mercado estadounidense, pero pronto se traslado a Reino Unido y comenzó a dibujar en 'Dark Guard'. Hoy, y tras haber dibujado a todos los personajes icónicos y obras más personales, de 'X-men' a 'Los Vengadores' pasando por 'Linterna Verde', sigue tan activo como nunca en una profesión que no suele tratar demasiado bien a los más veteranos. 

Juanjo Guarnido (Granada, 1967)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ Madrid  

Hoy conocido por los álbumes de 'Blacksad' (premio nacional del cómic 2014), Guarnido también trató en los ochenta de dar el salto al mercado de los superhéroes desde Marvel UK. De esa época quedan una colección de pósters e ilustraciones que demuestran que hubiera sido un gran fichaje del mercado estadounidense. Pero el destino no le jugó una mala pasada. Walt Disney Studios lo contrató como artista de dibujos animados en España y Francia, donde su estilo evolucionó hasta al laureado artista conocido hoy. 

Daniel Acuña (Águilas, Murcia, 1974)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

“Llegué a EE UU hace unos 10 años de la mano del agente David Macho, con la idea de hacer portadas o algún que otro número al año, pero continuando mi trabajo en en mercado francobelga (hice un álbum con mis personajes Claus y Simon llamado 'Los Reyes de la evasión', con mi amigo y guionista Santi Arcas). Recuerdo mi primer trabajo con una sensación agridulce, porque fueron unas portadas para Marvel de 'Captain Universe' que tuve que hacer muy rápido. Eran cinco, una al día. Hoy considero que es el peor trabajo de mi carrera, así que no me gusta recordarlo. No puedo ni verlas. Al mismo tiempo, empecé a hacer cosas para DC. El editor de Marvel me decía que lo que hacía para la competencia era mejor. '¡Pues dame más tiempo!', pensaba. Dos años más tarde, cuando acabé mi contrato con DC y firmé con Marvel, el editor con el que entré a trabajar fue el mismo del que tenía tan mal recuerdo. Pero nada de segundas partes nunca fueron buenas. Nos entendimos a la perfección en la serie de 'Los Eternos". Hoy, Acuña sigue en Marvel, con uno de los proyectos más importantes de la editorial: 'Sam Wilson: Capitán América', centrado en El Halcón, heredero del traje del Capitán América original.

David López (Las Palmas de Gran Canaria, 1975)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

"Empecé a trabajar gracias un agente que empezaba también en aquel momento, hace 15 años. Mi primer trabajo en EE UU fue un proyecto que no llegó a materializarse. Se titulaba 'Nikki & June' y era una historia de corte intimista en Marvel, sin superhéroes. No salió. Una pena. En aquel primer trabajo me pasó lo que no me ha vuelto a pasar después: mandé las primeras páginas y mi editora me devolvió un 'email' larguísimo con una serie interminable de correcciones, tantas que hubo que repetir todo el trabajo desde cero. Lo positivo fue que aprendí tanto que no me ha vuelto a pasar nada parecido desde entonces". Tras pasar por 'Catwoman', 'Capitana Marvel' o 'X-men', López se encarga hoy de 'All-New Wolverine', serie dedicada a X-23, joven clon de Lobezno (fallecido).

Pepe Larraz (Madrid, 1981)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ 

"Llegar a publicar en Marvel me llevó un año y medio de hacer pruebas y mandar 'e-mails'. Al ir por libre, sin agente, dependía de poder contactar a algún editor en un Salón del cómic y machacarle a 'e-mails' con mi trabajo, hasta que se hartara y dejara de contestarme. No era el mejor de los planes pero era un plan. Les llegué a enviar un 'e-mail' semanal. Finalmente, creo que me dieron trabajo para que les dejara tranquilos… El primer trabajo decente fue una serie de 'Luke Cage', supliendo a Eric Canete. Más de lo que nunca imaginé". Hoy, Larraz dibuja 'Kanan', una de las series Marvel del universo 'Star Wars'.

Natacha Bustos (Ibiza, 1981)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ 

Natacha Bustos ha sido la última dibujante en unirse a este grupo de artistas. Lleva seis meses como autora de 'Moon-Girl and Devil Dinosaur', un título nuevo basado en uno de los personajes originales de Jack Kirby. Todavía no se lo cree y lucha por llegar a tiempo mes a mes en este competitivo mercado: "Mi primer trabajo en EE UU fue una colaboración en la antología 'Strange Sports Stories', una serie sobre deportes que se había hecho en los setenta y ahora se relanzaba en DC. El trabajo llegó a través de un editor que conocí en un Salón del cómic un año antes. Pensé que ya no me iban a llamar. Pero, y sabiendo que a veces tardan mucho, al año llamó. Cada historia era diferente y a mí me tocó una de sumo. Justo un mes antes había visto por primera vez un combate en Japón. Es un espectáculo impresionante, que recomiendo a todos. El guionista Brandon Montclare, me decía una y otra vez que la historia no era muy brillante pero yo le insistí que me lo iba a pasar teta. ¡Lo había visto en directo hace un mes! Así fue. Me encantó, me lo pasé muy bien. Fue cortito pero lo disfruté. A partir de esto el guionista, el mismo de Moon Girl, le habló de mí a Marvel y salté a 'Spiderwoman". 

Paco Roca (Valencia, 1969)
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ 

Premio Goya y Nacional del cómic por 'Arrugas'. Premio del Salón del Cómic de Barcelona por 'El Invierno del Dibujante'. Ha firmado clásicos modernos como 'Los surcos del azar' y 'La casa'. Pero Roca, el autor de cómic actual más reconocido de España, también tiene un pasado. "Siempre he estado alejado de los superhéroes. A mí lo que me gusta es contar historias, no dibujar guiones de otro. Pero había tenido problemas con un editor en Francia y había publicado 'El Faro' con una editorial que estaba empezando como Astiberri. Había pasado desapercibido. Mi buen amigo Salvador Larroca me ofreció colorear sus dibujos en Marvel. Allí hice portadas para 'Iron Man', 'Ultimate Fantastic Four' y un número de 'Sensational Spiderman'. Entonces propuse a Marvel hacer una historia de 'Los 4 Fantásticos' (que tenía muchas posibilidades) pero con mi personalidad: con principio y fin, documentación y un enfoque más realista. Marvel me dijo que iba a ser difícil hacer una historia a mi manera, guionizada y dibujada por mí, a la europea. A pesar de ello hice las pruebas, y me hicieron cambios. Justo en ese momento, sin embargo, una editorial francesa, DelCourt, me dijo que sí a 'Arrugas'. Abandoné el proyecto y me centré en lo que me iba a aportar más".



El Pais

sábado, 12 de marzo de 2016

GUSTAV DORÉ : El hombre que fracasó como pintor


Gustavo Doré nació en Estrasburgo, en plena Alsacia, en la frontera que separa a Alemania de Francia y en una región de asombrosa belleza natural, junto a los Vosgos y al pie del Rhin. La familia Doré, en anteriores generaciones, había escrito su nombre como "Dorer", pero se habían convertido en franceses en el siglo XIX y siempre recordaron con veneración al abuelo que había combatido al lado de Napoleón. El padre era un ingeniero y trabajaba empleado por el gobierno en el departamento de caminos y puentes. Su segundo hijo, Gustavo, vino al mundo en enero de 1832. Desde su infancia, el niño mostró una sorprendente inclinación por todo lo antiguo: arquitectura, escultura o pintura le decían bien poco a no ser que fueran góticas o románicas y estuvieran empañadas con la pátina del tiempo y de los siglos. Comenzó a dibujar siendo aún un niño, llenando de garabatos los bordes de sus libros escolares, sus cuadernos y todo papel que cayera en sus manos. Su padre, más escéptico y positivo, trataba de convencer al joven Doré; de que buscara otro trabajo más seguro que la precaria carrera de artista, pero su madre, típica matrona hogareña, dulce pero autoritaria, creyó antes que nadie en el talento y las posibilidades de Gustavo.


 A los 15 años le llevaron a visitar París. Los escaparates de las librerías y papelerías, repletos de cuadros, ilustraciones, revistas y dibujos, le hicieron ver claramente que aquél era el género de trabajo que deseaba realizar. En el tiempo que su padre tardaba en realizar unas gestiones profesionales, el joven Gustavo realizó rápidamente unos dibujos y los llevó a un editor muy conocido por aquellos años, que editaba revistas con caricaturas y los primeros cómics del siglo XIX, Philipon. Este quedó impresionado ante el talento del muchacho y convenció a su padre para que le dejara permanecer en París, firmándole un contrato por tres años. A los quince años, con una precocidad sólo comparable a la del genio musical de Salzburgo, Gustavo Doré comenzó su carrera profesional. Alternaba su trabajo con el estudio y las visitas a los museos parisinos, donde estudiaba la obra de los artistas de todas las épocas. No le quedaba tiempo para asistir a una academia de dibujo y recibir clases formales, pero pronto tuvo una inmejorable oportunidad para estudiar en vivo el movimiento de la figura humana y las congregaciones de multitudes que luego serían tantas veces protagonistas de su obra. Esa gran oportunidad fue la Revolución de 1848.


Desde sus primeros días en París, y una vez pasada la turbulenta época revolucionaria, fue siempre bien recibido en todos los salones, en los que su amabilidad e ingenio le hacían ser siempre agradable y bien venido. Pronto se convirtió en uno de los favoritos del Segundo Imperio, y entre sus amigos más fervientes se contaron figuras como el compositor Rossini, Dumas padre y Dumas hijo, Teófilo Gautier, con quien visitó España, y otras importantes personalidades artísticas. En la segunda mitad del siglo XIX, Gustavo se había convertido ya en el dueño indiscutido e indiscutible de la ilustración parisina. Al principio de su carrera había trabajado muchísimo en litografía, grabando directamente en la propia piedra, pero en los años de su mayor fama prácticamente todos sus trabajos fueron realizados en madera.

Acostumbraba a dibujar directamente sobre los bloques, trabajando en varios al mismo tiempo y yendo de uno a otro incesantemente, dando rápidos y pequeños toques a cada trabajo hasta terminarlos por completo. La madera, entonces, era cortada por otras manos. Durante su juventud le había disgustado siempre la manera en que los grabadores de Philipon terminaban sus trabajos, y cuando trabajó independientemente se rodeó de un grupo de jóvenes artistas y aprendices a los que enseñó a interpretarle más fidedignamente. Muchos de ellos se convirtieron en amigos personales y colaboraron con él durante su carrera. Sus firmas —Pisan, Pannemaker, Jomtard y otros— pueden verse en sus Milton y Dante y también en Las rimas del viejo marinero.


Dentro de lo posible, Doré trataba siempre de trabajar en los bloques de madera solamente por las mañanas, para poder dedicar las tardes a su estudio de pintura, en el que trabajaba en óleos y aguadas. La ambición de toda su vida fue la de convertirse en uno de los grandes nombres de la pintura; una ambición en la que fracasó porque los críticos no prestaron la menor atención a su obra pictórica, contrariamente a lo que ocurría con sus grabados, constantemente alabados y celebrados. La pintura de aquellos años contaba con nombres mucho más brillantes y que ocupaban la atención de los ambientes artísticos: Manet, Degas, Pissarro...



Su otra gran ambición fue ilustrar los grandes temas de la literatura universal. Las obras de Rabelais (en 1854) y de Balzac (1855, con no menos de 425 exquisitos dibujos) fueron seguidas por las de otros autores, entre ellos Cervantes, Perrault, La Fontaine y Münchhausen. Se encontraba especialmente a gusto cuando ilustraba cuentos de hadas. Su interpretación de Milton, de Dante y de la Biblia, y el enorme éxito que con ellas obtuvo, la consolaron de su falta de reconocimiento como pintor. En los últimos años de su vida estuvo trabajando en varios dibujos para una edición de Shakespeare que nunca llegó a completar.

El trabajo más intenso de Gustavo Doré se produjo en los últimos años de su vida, con los escritores ingleses. A partir de 1866 visitó continuamente Inglaterra y en 1867 fue invitado a crear en la capital británica, en la calle New Bond, su propia galería de arte, la Doré Gallery. Sus últimos años fueron especialmente melancólicos. La guerra franco-prusiana fue un acontecimiento muy triste para él, cuando los paisajes en los que había nacido y pasado su infancia fueron arrebatados a Francia. La Comuna y la Tercera República le disgustaron profundamente: el París  de  Napoleón III se había perdido indefectiblemente.






También a paso precipitado fueron desapareciendo sus amigos. Rossini murió en 1868, Dumas padre en 1870, Gautier en 1873.

Y Gustavo Doré dejó de existir en 1883, a los cincuenta años, dejando tras de sí una obra genial como ilustrador que ha borrado para siempre sus tímidos intentos para labrarse un nombre en el terreno de la pintura y la escultura. Doré fue, es y será para siempre uno de los nombres más prestigiosos en la historia de ese arte que es la ilustración. Un arte al que quizá alguien pueda calificar de menor, pero que en el caso de Gustavo Doré se magnifica y adquiere proporciones universales.

MANEL DOMÍNGUEZ NAVARRO


Ilustración + COMIX internacional nº4 , Toutain Editor, año 1984



Hergé y Tintín, canónicos

 Ya ha aparecido en Francia el primero de los doce volúmenes de «Hergé. Le Feuilleton Intégral», edición definitiva de la obra del creador belga. Nos la acerca Fernando Castillo, autor de «El siglo de Tintín» y «Tintín-Hergé, una vida del siglo XX»

FERNANDO CASTILLO - @ABC_CulturalMadrid - 10/03/2016




La Factoría Moulinsart, que en tantas cosas recuerda a la warholiana y neoyorquina Factory, especialmente en lo referido a la explotación de la imagen y a su concepción del original y de la copia múltiple, ha autorizado la que puede considerarse la edición definitiva de la obra de Georges Remí, Hergé. Y lo hace, como no podía ser menos, de la mano de la Editorial Casterman, que ha emprendido la publicación de las obras completas de Hergé, pero además a partir de su versión original. La obra del dibujante belga se va a editar con el nombre de «Hergé. Le Feuilleton Intégral» en doce volúmenes, y lo va a ser con pretensiones de rigor, pues incluirá toda su producción tal y como apareció desde sus comienzos en la década de los veinte, publicada bien en tiras semanales en medios de Bruselas como «Le Petit Vingtième», «Coeurs Vaillants», el colaboracionista «Le Soir» de los años negros o en las páginas del «Journal Tintin».

La obra completa y original de Hergé, que Casterman ha previsto publicar a un ritmo de dos volúmenes por año, se ha ordenado cronológicamente, un criterio tan obvio como esencial para aproximarse a la realidad del dibujante en el momento en el que aparecieron las historias de sus personajes. Con esta edición definitiva se podrán ver tal y como fueron publicadas las aventuras, tanto las primeras versiones dibujadas en un blanco y negro de gran modernidad, como las posteriores coloreadas, en las que participaron Edgar Pierre Jacobs y luego Bob de Mor. A pesar de la dificultad añadida, no se ha prescindido en esta búsqueda de las primeras versiones de las aventuras editadas en formatos diferentes como «Las siete bolas de cristal», «El templo del sol» y «El asunto Tornasol», aparecidas en planchas italianas, es decir, horizontales.

En el «Feuilleton», del que se acaba de editar un primer volumen, no solo se incluirán los episodios de Tintín sino también los de Quick y Flupke (Quique y Flupi), «Monsieur Bellum» o Jo, Zette y Jocko, todos ellos una suerte de primos del audaz periodista, que completan el universo de Hergé. Los responsables del proyecto «Le Feuilleton Intégral», un verdadero «joint-venture» editorial, son los franceses Jean-Marie Embs y Philippe Mellot, encargados anteriormente de la edición de otro proyecto imposible como el de los «Archivos Moulinsart», a los que se ha unido Benoît Peeters, quizás el más conocido de los «hergéologos» oficiales.

Un tupé rebelde
Ahora, con la publicación de la primera entrega, aunque no lo sea ni cronológica ni editorialmente, se puede decir que Hergé y Tintín han llegado al Parnaso de la mano de Gallimard y Casterman -esta última también parte del grupo de la «rue» Sébastien Bottin-, aunque desde 1953 ya nos miraban desde la Luna. Así lo señala Antoine Gallimard, quien significativamente se ha referido al proyecto del «Feuilleton» como «La Pléiade de Hergé», en alusión a la mítica colección gallimardiana, reservada para los autores que han alcanzado el indiscutible canon de clásicos. Una iniciativa que seguro hubiera aprobado su famoso abuelo Gaston, a quien Pierre Assouline, otro tintinófilo destacado y autor de una imprescindible biografía de Hergé, le ha dedicado un libro.

Probablemente por razones comerciales, el volumen que ha inaugurado la publicación del magno «Hergé. Le Feuilleton Intégral» ha sido el penúltimo, el undécimo, que como indica en el título abarca el periodo 1950-1958. En sus páginas se han reunido la última aventura de Jo y Zette, «El valle de las cobras», y cuatro de los más destacados álbumes de Tintín: ni más ni menos que los dos dedicados a la Luna, «El asunto Tornasol» y «Stock de Coque», y que llevaron a Tintín a la categoría de mito. Todas estas historias constituyen tanto el periodo de definitiva consagración de las aventuras del periodista del tupé rebelde, como su penúltima y quizás más brillante etapa.

La Historia que viene
Se trata de unas obras de madurez, de un contenido literario más complejo, en las que dominan las referencias a la «guerra fría» y los escenarios exóticos. Unos álbumes en los que la vocación documental y el interés por la actualidad, en la que el dibujante sabe distinguir lo que se va a convertir en Historia, son elementos esenciales. A comienzos de 1950, quedaban lejos los días complejos de la Ocupación, de la Bruselas de los años negros, en los que Tintín aparecía en «Le Soir», el periódico «collabo», buscando el tesoro de Rackham el Rojo o rumbo a un meteorito convertido en isla integrado en una extraña expedición que reunía a la Europa del Nuevo Orden hitleriano.

Con la aventura que tiene como escenario la Luna, aunque sea en el cohete X-FLR6 donde se desarrolla gran parte de la trama, publicada en 1950, Hergé supera poéticas viajeras anteriores -la del desierto, de la montaña, de la selva, de Oriente y del mar- que podían remitir a Pierre Benoit, Paul Morand o Henry de Monfreid. Ahora, decididamente julioverniano y con una más moderna inclinación tecnológica, envía al periodista a la Luna en una odisea que sorprende por su realismo documental y su premonición de la carrera espacial, el espionaje y la rivalidad entre Estados Unidos y la URSS, que tendría lugar poco después y que apenas ocultan syldavos y bordurios.

Otra cosa es «El asunto Tornasol», un álbum aparecido en 1954 en el que, tras la Borduria gobernada por el mariscal Pleszky Gladz -que a pesar de recordar al polaco Pilsudsky en realidad es una recreación de Stalin-, presenta con trazos certeros el totalitarismo soviético, la «guerra fría», el miedo al átomo y a los agentes secretos, así como la apocalíptica estrategia de Destrucción Mutua Asegurada que guiaban las dos potencias. Todo contemplado desde el pacifismo que siempre acompañó a Hergé y su rechazo al tráfico de armas, que reaparecerá en «Stock de coque»; por cierto, una de las mejores portadas de sus álbumes.

Oro negro
También en esta aventura, publicada en 1958, que cierra el undécimo volumen del proyecto «Hergé. Le Feuilleton Intégral», el dibujante recupera viejos personajes de su etapa más folletinesca como el malvado Roberto Rastapopoulos, y en la que debutan otros nuevos como el simpático piloto estonio Piotr Pst. Una entretenida trama de tráfico de esclavos y de armas en la que aparecen submarinos que recuerdan a los U-boote alemanes, un destructor americano, aviones De Havilland «Mosquito» y el exótico Oriente Medio, la región del oro negro, convertida en el escenario conflictivo que continúa siendo, en la que ya antes había estado Tintín.

El volumen de «Le Feuilleton» se completa con unos textos que analizan las aventuras del tomo, firmados por los responsables de la edición, y con un apartado titulado «Hergé au jour le jour», en el que se incluye la producción gráfica que acompaña a las historias realizadas en estos años: cubiertas, viñetas aisladas, postales y en general todo tipo de dibujos y diseños producido por la factoría Hergé.

A partir de ahora, con la edición de «Hergé. Le Feuilleton Intégral», es previsible que se haya puesto fin a uno de los asuntos habituales de debate entre los tintinófilos: la contraposición de ediciones, de versiones en blanco y negro y en color, de formatos apaisados o verticales, de conflictos de atribuciones o de contenido, de añadidos y supresiones, que los hubo, pues Hergé siempre pecó de una complacencia más que notable.

Solo hay un elemento que afea este alarde editorial: la reproducción en dos páginas completas de las viñetas de formato horizontal, «a la italiana», correspondiente a la primera versión de «El asunto Tornasol», de manera que aparecen divididas, impidiendo su visión de manera correcta. Quizás Casterman debería haber buscado alguna solución más ingeniosa para reproducir el formato apaisado, pues el precio del volumen y la categoría de la empresa lo merecen.

Fijados para siempre
Con la publicación de «Le Feuilleton», las aventuras de Tintín -sus míticos veinticuatro títulos-, y de los otros personajes hergeianos, podrán ser leídas en todas sus versiones, en la original y en la editada en álbum, de manera que el entorno y los planteamientos de su autor a la hora de dibujar las peripecias del periodista quedan fijados diríamos que casi definitivamente. Algo que resulta especialmente importante, sobre todo en relación con los volúmenes más conflictivos.

Desde ahora, los interesados, es decir, los tintinófilos, una raza de exigentes y entregados hasta el delirio, tienen todo el material para trabajar más allá del teléfono de la carnicería Sanzot. Esperemos que esta unción de Hergé como un clásico del siglo XX sirva para mantener el interés y estrechar el enlace con las nuevas generaciones del mundo de la red. Para que, como diría Pessoa, Tintín siga siendo lo mejor del recuerdo de una infancia que, afortunadamente, nunca acaba de desaparecer.






periodico ABC




'La luna al revés': un cómic que cambiará el mundo


Es el último álbum de uno de los dibujantes más dotados del panorama europeo: el alsaciano Christian Hincker, más conocido como Blutch

El protagonista del cómic, abrasador y minado de golpes de estilo, vive consumido en sus propios días intentando recuperar la inspiración

Rubén Lardín
27/02/2016
La luna al revés 1.

Tanto la sociedad civil como los poderes fácticos están en vilo. Hombres y mujeres viven atentos a la nueva entrega del Nuevo Nuevo Testamento, un cómic con categoría de mito que una todopoderosa multinacional encargó hace tres años al último autor genuino con que cuenta el medio de la historieta. La ciudadanía ya no puede esperar más pero Lantz, un insensato que todavía dibuja a mano, se siente en crisis e incapacitado para cumplir su parte del trato.

Esta trama con mimbres de metaficción es el punto de partida, ahora sí en el mundo real, de La luna al revés, el último álbum de uno de los dibujantes más dotados del panorama europeo, el alsaciano Christian Hincker (Estrasburgo, 1967), más conocido por su nombre de pluma: Blutch.

Blutch, que debutó a finales de los 80 en las páginas de la revista Fluide Glacial, cuenta que cada vez que comienza a trabajar en un libro tiene la intención de integrar en él todo lo que conoce, lo que sabe, lo que piensa y lo que comprende, pero cuando lo termina, asegura, la obra le resulta siempre insuficiente.

Es un mal común del artista preocupado por desembarazarse de sí mismo, que entretanto, siempre para negar el anterior, va ofreciendo álbumes como Peplum, Blotch, Velocidad moderna, El pequeño Christian o La voluptuosidad. Esos son los títulos suyos que, además de alguna colaboración en la serie colectiva La mazmorra, hemos podido leer en castellano.

Quedan todavía inéditos otros como Total Jazz o Pour en finir avec le cinéma, pero al mercado español parece que le cuesta enamorarse de una bibliografía tornadiza, de preocupaciones sensoriales y a menudo fatalista a su pesar, o sea doblemente fatalista.

Crisis en tierras lejanas

Se dice que decía Orson Welles que la madurez es la etapa de la vida en que los hombres dan sus obras más mediocres porque han perdido la imaginación, una dote que solo recobrarán, ya mediada, cuando vuelvan a ser niños, esto es: cuando alcancen la vejez.

A sus cuarenta y largos, el protagonista de La luna al revés se encuentra atrapado en ese territorio estéril, está consumido y vive días retrospectivos en los que intenta recuperar la inspiración soltando lastre, encomendándose al fulgor de la juventud y eludiendo responsabilidades porque siente que esa es precisamente su responsabilidad. "Si no follo, no tengo ideas… Siempre he confundido la vida de los sentidos con la espiritual", le dirá en algún momento a una de sus amantes.

La luna al revés 2.

Leal a su trayectoria y respetuoso con sus propias derivas, Blutch es conocido por practicar un cómic enigmático y más afín a la poesía que al cine, el medio con que siempre de manera precipitada se suele comparar la historieta. Sus tebeos pretenden, más que contarnos cosas, hacérnoslas. Son singulares, abrasan, están minados de golpes de estilo y parecen conducidos por una búsqueda de lo primario que los hace casi comprensibles a las fieras. Sin embargo sería irresponsable recomendar ahora a todo tipo de lectores La luna al revés, un libro cuyo afán de precisión entre lo que expresa y lo que contiene llega a desconcertar.

La soledad del corredor de fondo

El sabor más aproximado de esta lectura sería el de una película de ciencia-ficción europea de los años setenta, donde el tiempo ha sido cancelado y la aventura sensacional parece sucederse en un sistema cerrado, el mental. Para hacerse entender en su misión, Blutch se auxilia en la clarividencia de los clásicos, entre los que suele citar referentes como el Jean-Claude Forest de Barbarella, el Fred de Philémon o el Carl Barks del pato Donald. Le asiste con gran talento la colorista Isabelle Merlet, y juntos dan un cómic meticuloso que tal vez se teme un poco a sí mismo.

La luna al revés es una puesta en abismo donde Blutch se retrata y se procura momentos descargados de sentido que le ayuden a explicarse por qué demonios el verdadero artista se estampa una y otra vez contra su propio hándicap. Un hándicap que en ocasiones viene impuesto por la maquinaria industrial: "Su proyecto es convencional, sin hálito, sin fuerza… Perfectamente inofensivo… Bravo, amigo, vamos a prepararle el contrato", le dice un personaje, editor y de nombre Blütch, a un autor en ciernes.


La luna al revés 3.

Como sea, las páginas de La luna al revés son de una generosidad que invita a la contemplación, algo que en ningún momento devaluará una trama que admite e incorpora el placer de la fuga psíquica. Y aunque todavía es pronto para determinar si el enorme esfuerzo que se infiere en este álbum es una virtuosa bisagra en la carrera de su autor o algo que lo hará perdurar, pese a que todos sabemos que el titular de este artículo es engañoso y que ningún cómic puede cambiar el mundo, es reconfortante saber que hay autores a los que les preocupa hasta la neurosis que no sea así.


el diario.es

Revistas de comics, año 2016




El título de esta nueva revista de comics no puede ser más revelador, La Resistencia. 80 páginas de historieta, 80 páginas de talento que me imagino con escasa recompensa. Juan Berrio, Pablo Velarde y Chipi, Miguel Ángel Martín, Juanjo el Rápido, Javi de Castro y Josep Busquets, Miguel B. Nuñez, Manel Cráneo, Olaf Ladousse, Jali, Rubén Garrido, Raúl, Alex Fito, José Luis Ágreda y Antoine Ozanam, Infame & Co, Chema García y Fermín Solís, con portada de José Luis Ágreda y contraportada de Santiago Valenzuela.

Me alegra haberla podido encontrarla facilmente y apoderarme del último ejemplar. Encuentro estas publicaciones fascinantes por lo breve de las historias y ver en una sola publicación diferentes estilos y formas de contar un comic. No me atrevo a llamarlo casualidad, a pesar de que faltaríamos a la verdad si no dijesemos que han ido apareciendo diversos intentos de revistas de comics, aún así sigue siendo curioso que el mes de abril, ediciones La Cupula anuncie otra revista de historietas llamada Voltio, con portada de Ana Galvañ y historietas de  PowerPaolaAntonio HitosAlex RedCristian RoblesAroha TravéNuria Tamarit,José DomingoAndrew RaeAlexis NollaAlex Giménez 



Y rizando el rizo, mi sorpresa, como ellos mismos anuncian, dieciocho años después, desde diciembre de 1997 (À suivre) Ediciones Casterman vuelve a publicar una revista de comics con autores como:  Alfred, Denis Bajram, Blutch, Eleanor Davis, Johan De Moor, Florence Dupré la Tour, Jean-Claude Götting, Jean Harambat, Patrice Killoffer, Jacques de Loustal, Valérie Mangin, Ronan Toulhoat, Lorenzo Mattotti, Jean-Christophe Menu, Katsuhiro Otomo, Anthony Pastor, Michel Pirus, Ville Ranta, Aapo Rapi, François Ravard, Christian Rossi, Géraldine Bindi, Art Spiegelman, Terreur Graphique, Jean-Louis Tripp, Fabio Viscigliosi, Bastien Vivès, Matthias Lehmann, Isabelle Merlet, Brigitte Fontaine y Olivia Clave según bdzoom 264 páginas por 18 euros, tampoco me fiaria mucho porque el texto de la página está en francés, veremos que tal sigue la cosa.



jueves, 10 de marzo de 2016

En busca del amor


Fulgencio Pimentel publica 'Paciencia' de Daniel Clowes, una obra cuya aparente sencillez denota una maestría al alcance de muy pocos.

JAVIER FERNÁNDEZ


PACIENCIA. Daniel Clowes. Fulgencio Pimentel. 180 páginas. 24,99 euros.

Paciencia es el nuevo trabajo de Daniel Clowes (Chicago, 1961), y llega a nuestro mercado de la mano de… Fulgencio Pimentel. Enseguida les hablo del tebeo en sí, pero déjenme primero que me congratule por esta adición al catálogo de la que considero una de las editoriales más estimulantes del panorama nacional. Los de FP (así estampan su firma en el lomo de Paciencia, a la manera del FBI de Fantagraphics) son tan chulos que lo mismo les da publicar a Jim Woodring que a Andrea Pazienza, se acuerdan de pronto de compilar la obra de Julie Doucet o lanzan al mercado títulos tan fenomenales como Sirio, de Martín López Lam. Y ya puestos, contratan a uno de los autores más influyentes de las últimas décadas: Daniel Clowes, nada menos.

No dudo que ustedes conocerán la trayectoria de Clowes, pero, por si acaso, les recuerdo que el dibujante comenzó su carrera en la década de los 80, editó la famosa revista Eightball y acumula un Pen Award, una docena de premios Harvey, media de premios Eisner, una nominación a los Oscar y hasta tres premios a la Mejor Obra Extranjera en el Salón de Barcelona, por títulos tan notorios como Ghost World, David Boring, Ice Haven, El rayo mortal o Wilson. La sombra que estos proyectan sobre el tebeo contemporáneo es mayúscula, y el estilo de su autor es imitado dentro y fuera de la escena independiente.

¿Qué es Paciencia? Por lo pronto es la novela gráfica más extensa de Clowes hasta la fecha, y lo primero suyo que ve la luz tras un hiato de cinco largos años. Al lector habitual de su obra no le extrañará que esta historieta acumule elementos de pura ciencia ficción y los combine con motivos y escenas cotidianas, aunque seguramente sí le maravillará una cierta variación del tono, que concluye siendo menos pesimista que en otras ocasiones. Dice la nota de prensa remitida por FP que quizá en esto haya influido la paternidad del artista o la operación a corazón abierto a la que fue sometido en 2009, y lo cierto es que desconozco si será fruto de una epifanía, el simple resultado de una maduración personal o si la esperanza (a lo Clowes) tendrá razones sencillamente argumentales y quedará limitada a Paciencia. En cualquier caso, la cosa resulta tan llamativa que no puede dejar de comentarse, como aquellas primeras sonrisas de Bob Dylan cuando dejó la canción protesta.

También a diferencia de trabajos anteriores, encuentro en Paciencia menos elipsis, fragmentación y variaciones en el punto de vista, elementos que están aquí siempre justificados por la recurrencia de los viajes temporales del protagonista, embarcado en una delirante búsqueda del asesino de su esposa; la composición de página, el ritmo y la paleta de color son los de antiguos cómic books, figuras y entintado se muestran espontáneos, y todo junto contribuye a que la lectura sea tan fluida y absorbente como la de una buena novela de género. Ojo, no digo que Clowes sea hoy menos sofisticado que ayer. Todo lo contrario, la aparente sencillez denota una maestría al alcance de muy pocos.

Malaga Hoy

Segunda venida

JAVIER FERNÁNDEZ




PUNK ROCK JESUS. Sean Murphy. ECC. 368 páginas. 30 euros.

Publicada originalmente en inglés entre septiembre de 2012 y enero de 2013, en forma de miniserie de seis números, Punk Rock Jesus es una fábula futurista sobre la segunda venida de Jesucristo al mundo. La premisa de partida es la siguiente: una corporación halla restos del supuesto ADN de Cristo en la Sábana Santa de Turín, lo inyecta en un óvulo sin fertilizar y este es luego implantado en el útero de una virgen, que da a luz en directo al mesías. Estrella mediática, protagonista de su propio realityshow, el clon crecerá y acabará cuestionando los oscuros intereses que propiciaron su nacimiento, poniendo en jaque el statu quo con su música y su mensaje antisistema.

De Punk Rock Jesus se ha dicho que es "una historia cautivadora, reflexiva e importante que aborda algunas de las grandes preguntas de nuestra era, y lo hace usando una energía increíble con unos enfoques compositivos dinámicos y elásticos", que "está en la misma liga que Watchmen" y que "es brillante, desgarradora, épica y emotiva". Cierto es que la novela gráfica de Sean Murphy ha conseguido cautivar la imaginación de los lectores de medio mundo, convirtiéndose en uno de los títulos más celebrados de la última hornada del sello Vertigo. Por si alguien lo desconoce, Murphy es el dibujante de obras tan interesantes como Joe el Bárbaro o El resurgir, escritas respectivamente por Grant Morrison y Scott Snyder, y, ya antes de Punk Rock Jesus, había probado suerte como autor completo con la novela gráfica Off Road. Aun conociendo la calidad de su trabajo, el presente cómic ha sorprendido gratamente a propios y extraños, y ha situado al autor entre los nombres propios del mainstream estadounidense.


Hace poco menos de tres años, ECC sirvió Punk Rock Jesus en castellano, compilado directamente en tomo, y ahora celebra el éxito del título con un grueso volumen encuadernado en cartoné y con casi 150 páginas de material extra. Una delicia tanto para los que ya conocen la obra como para los que se acerquen a ella por primera vez.


Malaga Hoy


Un osito en un bosque

JAVIER FERNÁNDEZ



LOS KURDLES. Robert Goodin. La Cúpula. 68 páginas. 16,50 euros.



Hay quien ve en Los Kurdles, de Robert Goodin, trazas de Tintín, los patos de Carl Barks o el Bone de Jeff Smith, pero yo prefiero estas otra filiaciones propuestas por Publishers Weekly: "Los Kurdles es una mezcla encantadora de la fantasía de Enid Blyton y las extravagancia del valle Moomin (…) Las bellas páginas de acuarela pintadas a manos por Goodin nos remiten a los libros ilustrados de nuestra niñez". Quiero decir con esto que Los Kurdles es una lectura sencilla, con encanto y pocas pretensiones. La cosa va de un osito de peluche abandonado en la carretera que se interna en un bosque habitado por seres imposibles. Goodin nos propone un mundo consistente y planta aquí las semillas para una posible serie de aventuras. El autor trabaja en el mundo de la animación, así que el fuerte del libro son sus bellas imágenes y una excelente narratividad.


Malaga Hoy

Este libro es un hechizo

JAVIER FERNÁNDEZ



EL CAMBIO. Ales Kot, Morgan Jeske. ECC. 128 páginas. 12,59 euros.


El cambio recopila los cuatro números de la miniserie Change, escrita por Ales Kot, dibujada por Morgan Jeske y publicada por Image a finales de 2012 y comienzos de 2013. Se trata de una historieta de ciencia ficción psicodélica, en la mejor tradición de Philip K. Dick o William S. Burroughs. A grandes rasgos, el argumento narra la inminente llegada del apocalipsis a la ciudad de Los Ángeles, un apocalipsis que solo podrá ser evitado por alguno de los siguientes personajes, a cual más extravagante: una guionista y ladrona de coches malhablada, un cosmonauta moribundo que regresa a la Tierra o un rapero empeñado en rodar una película basada en Lovecraft. Como dice Joshua Dysart en su introducción, este libro "es un hechizo".

Malaga Hoy



Díselo en un bocadillo

La Térmica celebra la primera convocatoria de Termicómic, un ciclo sobre novela gráfica y autoedición

PABLO BUJALANCE MÁLAGA










Que en Málaga el cómic dejó de ser una cuestión extraña hace mucho tiempo es a estas alturas algo bien sabido: de ello dan buena cuenta los distintos salones y encuentros dedicados al tebeo, así como las librerías especializadas, las editoriales que con más o menos fortuna han probado a darse por enteradas a este lado del mundo en los últimos años, las diversas revisiones críticas y académicas aparecidas y el mayor interés general contrastado, por no hablar de determinados creadores que desde aquí han acaparado no poca de la atención prestada a la viñeta en todo el país. Más allá del quid comercial, de cuya trascendencia tampoco conviene dudar, y del tono festivo cruzado tan a menudo con el trazo grueso a mayor gloria de la masa freak, conviene advertir, sin embargo, que hacía falta todavía un encuentro en Málaga donde el verdadero protagonista fuese el ejercicio profesional, con sus vicisitudes, sus particularidades y sus complejidades; y hacía falta porque es del trabajo de dibujantes, guionistas, editores y demás implicados de donde emana todo lo que viene después, incluido el amor incondicional de los fans. He aquí que La Térmica ha venido a completar este hueco con la primera convocatoria de Termicómic, un programa dedicado a la novela gráfica y la autoedición que se celebrará desde mañana jueves hasta el sábado y en el que tendrán cabida los aspectos más lúdicos pero también los más urgentes en cuanto a la creación en la materia. Para ello, serán algunos de los referentes indiscutibles del cómic español contemporáneo quienes reflexionen en voz alta sobre su ocupación y quienes compartan con el público sus dudas y sus certezas. La apelación a la novela gráfica no es baladí: aunque todo esto pueda resultar muy divertido, que resulta, no hemos venido (sólo) a pegar estampitas, sino a hablar de una tradición artística que cuenta entre los suyos con un talento a prueba de obstáculos. Eso sí, en Termicómic habrá, además de estos encuentros, talleres, conciertos, proyecciones y otras propuestas lanzadas con tal de que nadie se sienta ajeno a un mundo en el que caben todos.

La inauguración del ciclo corresponderá así mañana jueves a las 19:00 a un creador cercano: el dibujante Pablo Ríos disertará sobre Cómic y fútbol a cuenta de su último trabajo, Fútbol. La novela gráfica, firmada al alimón con Santiago García. Posteriormente se celebrará un encuentro sobre cómic independiente y autoedición con dos autoras, Klari Moreno y Mireia Pérez, y la editora Lucía González, fundadora del sello Libros de Autoengaño. El viernes será otro malagueño, Pepo Pérez, doctor en Bellas Artes y autor de la memorable serie El Vecino (también mano a mano con Santiago García), quien abra fuego de nuevo a las 19:00 con la ponencia La memoria traumática en viñetas. De 'Master Race' y 'Gen de Hiroshima' a 'Maus', 'Persépolis' y 'Un largo silencio'. Después tomará el relevo el barcelonés Albert Monteys, referente clave del cómic de humor español reciente, vinculado a El Jueves durante muchos años, actualmente en la plantilla de Orgullo y Satisfacción y autor de obras como Mondo Lirondo, Calavera Lunar y las series ¡Para ti, que eres joven!, junto a Manel Fontdevila, y Tato.



La jornada del sábado comenzará antes, a las 12:00, y presenta un completo programa que se desarrollará hasta la noche a prueba de gustos y diversidades. El primer plato del menú lo conformará un taller de ilustración de Pedrita Parker dirigido a niños de entre 7 y 12 años, al que seguirán ya por la tarde otras dos actividades para todas las edades que tendrán a la participación como protagonista indiscutible: un taller de realización de fanzines y autoedición a cargo de Klari Moreno y otro de ilustración de pegatas con Juan Díaz-Faes. En cuanto a los encuentros con autores, el sábado se adivina cargadito: también a las 12:00 comparecerá el citado Santiago García, divulgador incansable, guionista fundamental de la novela gráfica en España, ganador del Premio Nacional del Cómic por Las Meninas (publicada en 2014 con el dibujante Javier Olivares) y autor de otras obras recientes imprescindibles como La tempestad (2008, con Javier Peinado) y Beowulf (2013, con David Rubín). García pronunciará la conferencia Más cómics sensacionales, mientras que el ilustrador y dibujante Chema García (colaborador en publicaciones y series como Monográfico, La Comictiva, Cretino, El Manglar y El Jueves) hará después lo propio con El dibujante de los mil estilos. Posteriormente, Santiago García y Javier Olivares compartirán una mesa redonda en la que se adentrarán en el proceso de creación de Las Meninas. La tarde del sábado reservará en la agenda otros tres encuentros con otros tantos dibujantes: uno con Luis Bustos a propósito de ¡García!, su novela gráfica, realizada igualmente con Santiago García; otro con el gaditano Paco Alcázar, el padre de Silvio José; y el tercero con otro malagueño, El Torres, fundador del Malaka Studio y creador de cómics como The veil (2009) y El bosque de los suicidios (2011). Todo esto y mucho más, conciertos incluidos. Que no se diga.


Malaga Hoy



‘La casa’, de Paco Roca, Mejor Cómic Nacional de 2015


Es la obra más personal del dibujante, en la que hace un homenaje a su padre fallecido

EFE
Madrid 9 MAR 2016

Paco Roca, en 2014 durante la presentación de su exposición en la Fundación Telefónica de Madrid. Luis Sevillano

La casa (Astiberri), de Paco Roca (Valencia, 1969), ha sido elegido Mejor Cómic Nacional de 2015, un galardón que otorgan desde hace cuatro años las librerías especializadas integradas en Zona Cómic, de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL). El galardón se entregará en Valladolid el 16 de marzo.

Han quedado como finalistas del premio: la última entrega de la saga de Corto Maltés, Bajo el sol de medianoche (Norma), de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, y La carta 44 (Norma), obra dibujada por Alberto Jiménez Alburquerque.

La casa es el cómic "más personal" de Roca, un emocionante homenaje a su padre fallecido, en el que se reconcilia con los recuerdos y lo que significa ser padre e hijo, una idea que le llegó cuando estaba acabando Los surcos del azar, que también obtuvo el premio de Zona Cómic en 2014.

Las 136 páginas de La casa se publicaron el pasado de diciembre con la mayor tirada, 10.000 ejemplares, de los que la editorial Astiberri, que este año cumple 15 años, ha preparado hasta ahora de una obra suya.

Viñetas de 'La casa'.

A partir del regreso de tres hermanos a la casa familiar en la que crecieron, un año después de la muerte de su padre, para venderla, Roca reflexiona sobre si el hecho de tirar los trastos que contiene supone deshacerse del pasado, del recuerdo de su padre y del suyo propio.

Con este cómic, Paco Roca recupera el registro más sociológico y familiar con el que triunfó con Arrugas (2007) y que le llevó a una cima del mundo del tebeo, al ganar el Premio Nacional de Cómic en 2008, y del cine, pues su adaptación como película de animación le llevó a conseguir el Goya a mejor guion adaptado en 2012, el filme, dirigido por Ignacio Ferreras, también consiguió el premio a mejor película de animación.

El Pais

martes, 8 de marzo de 2016

Antártida- Storyboard por Andrés Hispano


Antártida. Francisco Casavella- Andrés Hispano Colección Storys Ediciones Glenat, S.L. 1ª edición: Septiembre 1995




andrés
hispano
"Hola soy Cuqui, ¿te gustaría dibujar un story para un largometraje?" La voz al otro lado del teléfono me dejó perplejo ¿Un hombre que se llama Cuqui? ¿Un largometraje? . La respuesta fue rápida y el hombre resultó encantador (productor para más señas). Pero lo mejor fue participar de un proyecto dirigido por Manuel Huerga en el que el concepto de "trabajo en equipo" fue tangible y por ello tremendamente enriquecedor.

Con seguir de cerca el proceso de realización de una película yo me daba por pagado (ahora puedo decirlo, Cuqui), pero no podía ni sospechar hasta qué punto iba a involucrarme personal y profesionalmente. Responsable de eso fue, nuevamente, Manuel por escucharme cada vez que sugería algo o le traía imágenes que .pensaba, podrían ayudar.

La confianza de la que disfruté me hizo sentir a menudo como un director tras la cámara, pues tras las reuniones y las aclaraciones me quedaba con el guión en una mano y el papel en blanco en la otra. Puesto que el guión no lo precisaba, la planificación de las secuencias corría a mi cargo.

Esta primera planificación era la más dura, pero para mi sorpresa, pocas veces fue corregida de manera significativa. Visto con cierta perspectiva, algunas de nuestras largas charlas sobre alguna escena en concreto, pueden parecemos hoy algo gratuitas (dado que después factores de todo tipo cambiaban las cosas) pero ayudaron desde el primer día a trabajar cada escena de la película como si del momento definitivo se tratase. Esa sensación de "trabajo útil" lo era sobre todo por mantener muy alto el ritmo y la moral del proyecto, en momentos en los que eran tantas las cosas por decidir como las ya decididas (actores, localizaciones, director de fotografía, etc.). El story era "la película antes de la película", o lo que es lo mismo, era algo en lo que creer y sobre lo que trabajar cuando el primer grito de "Acción!" estaba aun lejos.

No quiero pecar de ingenuo y suponer que el dibujante encargado del story va siempre a sentirse como yo me sentí en Antártida. La actitud de Manuel y Francisco Casavella permitieron que me integrase completamente en el engranaje de la película. Supongo que a ello contribuyó la perfecta sintonía que, desde el primer día, compartimos. Los meses que trabajamos juntos fueron, por todo ello, un placer y una lección permanente. Ahora nos queda la certeza de un extraño vínculo fraternal, que es garantía de futuras lecciones y colaboraciones. Quizás así se entienda porqué la aventura de Antártida ha sido para mí mucho más que un encargo profesional, más que un primer contacto con el cielo del cine.

Y ahora, algunas cosas sobre la realización del story.
Antes de dibujar una sola viñeta, Manuel se encargó de que tuviese muy claro qué tipo de película deseaba hacer. Para ello empleamos al menos dos semanas revisando secuencias y planos de otras películas, fotografías, pinturas y las más variadas referencias que puedan imaginarse. Después me enfrentaba directamente al guión. Manuel revisaba los bocetos, los corregía cuando era necesario y entonces se pasaban a limpio. Los dibujé a lápiz y después hacia fotocopias de ellos, entonces les daba un toque de lápiz (es decir, sombras) con rotuladores Pantone Tria (no disuelven el fijador de la fotocopia y dan un aspecto de acuarela muy agradable). Preferí sombrear las fotocopias (en lugar de hacerlo sobre el lápiz original) porque contrastaban e! trazo del lápiz hasta un negro propio de tinta china. Las sombras, pensé, me ayudarían a dejar siempre claro donde estaban izquierda y derecha, en casos de contraplanos y cambios de ejes.

Lo más difícil, o pesado, era mantener las coordenadas de fondos (que se repetían a lo largo de varias viñetas). Por ello trabajé con mesa de luz, calcando los fondos de una a otra viñeta y manteniendo así una continuidad que demostró ser muy útil, especialmente al realizar el animatic.

Entre unas y otras secuencias del story, podían haber pasado hasta cuatro meses. Las correcciones se sucedieron en función a cambios en el guión y localizaciones definitivas. Lógicamente cada nueva versión del story era algo más sintética y, quiero pensar, más expresiva también. En cualquier caso, debería justificar los ligeros cambios de estilo que se pueden apreciar en el paso de algunas secuencias a otras.

A excepción de Ariadna Gil, el resto de actores estaban, cuando empecé a trabajar, por determinar. Teníamos, lógicamente, un perfil bastante preciso de cada personaje. A aquellas descripciones procuré atenerme, pero buscar un parecido con los actores que finalmente aparecen en la película es inútil.

Existen bastantes diferencias entre este story y el largometraje que finalmente se proyectará. La principal afecta al final de la película, aunque las más numerosas son recortes de guión que están indicados en esta edición. Pero hay otras no tan ortodoxas. Una de las diferencias más curiosas se debe a que soy zurdo, y supongo que debí haberlo tenido en cuenta. Al visualizar la película, planificándola, moví a los personajes (preferentemente) de izquierda a derecha . No es que tenga mucha importancia, pero llegó un día en que alguien comentó "Yo imaginé al revés esta escena" y todos repitieron "Yo también". Luego el problema era yo. Entre las correcciones que fuimos haciendo y las aportaciones del director de fotografía, Javier Aguirresarobe, se fue difuminando esa tendencia. No creo que sea grave, pero es un ejemplo de los factores que pueden determinar cómo imaginamos una escena.

Por último debo señalar que este story responde (espero) a lo que Manuel quería de un story. No conozco dos storys resueltos de la misma manera. Ni siquiera en Antártida se esperaba lo mismo de una escena a otra. En algunos casos Manuel deseaba filmar una secuencia con retroproyecciones y por ello el story debía reflejar exactamente los ángulos de las tomas y el tipo de planos. En otros casos la atmósfera era primordial, y era preferible dibujar (incluso a color) planos generales del lugar de acción, aun cuando esos planos no aparecían estrictamente en la película. Finalmente, la posibilidad de filmar un animatic, nos envalentonó y obligó a planificar con la misma dedicación todo el guión, a pesar de saber que ciertas secuencias se verían sujetas a cambios importantes, principalmente debido a las localizaciones definitivas. Con todo esto quiero decir que la función y la forma de un story pueden variar sensiblemente dependiendo de lo que el director desee y lo claro que lo tenga.

Este es el story que nos a salido y me alegró comprobar cómo circulaban las copias del mismo por el plato, aunque a menudo fuera para señalar las cosas que se cambiaban. Era un referente continuo. Y una prueba viva y útil de que cada escena se había creado y considerado con dedicación y cariño desde hacía tiempo.

Nada más. Espero que a través de este story pueda recorrerse cómodamente el camino que va del guión de Francisco Casavella a la película de Manuel Huerga. Para mí fue una ruta feliz e iniciática que me llevó al corazón de una antártida francamente acogedora.