sábado, 14 de febrero de 2026

Heroes Reborn: Los 4 Fantásticos, Iron Man, Capitán América, Los Vengadores Jim Lee/Rob Liefeld & Otros Forum



En un desesperado intento por recuperar las ventas de sólo hace unos años (supongo que los contables de Marvel estarían pensando en las cifras millonarias del primer número de los X-Men de Jim Lee y del Youngblood de Rob Liefeld) y, utilizando como excusa narrativa la retorcida conclusión de la saga de Onslaught -la plana mayor de Marvel fue borrada de un plumazo de la continuidad habitual, para renacer desde cero en un nuevo universo- Marvel ha puesto durante un año cuatro de sus colecciones punteras en manos de los chicos de Image: Jim Lee y sus Wildstorm Studios se han encargado de Los 4 Fantásticos e Iron Man y Rob Liefeld y los Extreme Studios de Capitán América y Los Vengadores.

Como es probable que a estas alturas los lectores del U estén ya un poco hartos del culebrón Liefeld (y, si no es así, revistas como Dolmen y Slumberland han publicado artículos en los que se explica de forma detallada las circunstancias que han llevado a la expulsión de Liefeld de Image y a la cancelación de su contrato en Marvel) me vais a permitir que obvie el tema en lo posible, porque, al fin y al cabo, lo que realmente importa son los tebeos que Forum ha empezado a publicar en castellano sólo hace tres meses.

Paradojas aparte (¿quien les iba a decir a Liefeld y a Lee cuando abandonaron Marvel para formar Image que volverían por la puerta grande?) el proyecto Heroes Reborn puede enorgullecerse de haber conseguido en un solo año que los lectores veteranos de la casa empiecen a ver con buenos ojos el soporífero Capitán América de Mark Gruenwald, los Fantásticos de Tom De Falco y Paul Ryan o los Vengadores de Bob Harras.

En Los 4 Fantásticos, Lee y su dialoguista Brandon Choi se limitan a realizar un desangelado y artificioso "remake" que, salvo ligeras discrepancias (la historia se ambienta en los años 90 y narra con mayor lujo de -innecesarios- detalles las razones que llevan a Reed Richards a organizar su viaje al espacio) respeta fielmente el argumento de los primeros tebeos de Lee y Kirby: los Cuatro Fantásticos adquieren sus poderes de una manera similar, aparece el Hombre Topo, se enfrentan a Namor, etc.. Pero, aunque el abigarrado dibujo de Lee está a años luz del descomunal derroche de talento que ofrecía el titánico Kirby en cada una de sus viñetas y los falsotes diálogos de Choi no tienen nada que hacer ante los ingeniosos textos de Lee, hay que reconocer que por lo menos el creador de WildC. A. T. S. se toma algo más en serio su trabajo que Liefeld y, a pesar de que el resultado es absolutamente plomizo, intenta salir del aprieto con dignidad e incluso hace algún esfuerzo (confuso y algo caótico, eso sí) por narrar su historia con una cierta legibilidad.

Los otros tres títulos ya son harina de otro costal. La única pregunta que cabe hacerse después de leerlos es: ¿cuál es el peor?

En Iron Man, Lee se limita a ejercer de guionista junto al pesadísimo Scott Lobdell, mientras que el dibujo corre a cargo de un Whilce Portacio especialmente desganado y falto de inspiración (lo único positivo de este nuevo Iron Man es el diseño de la armadura) al que parece darle totalmente lo mismo que la historia se entienda o no, y parece contentarse con resolver todas las secuencias con planos imposibles o cabezas parlantes. Por no hablar del infinito número de incongruencias argumentales que se acumulan número tras número, de la pobre caracterización de los personajes, o el absurdo papel que juega Hulk en el desarollo de la historia... en fin, un desastre total.

Por su parte, Liefeld escribe (es un decir) Capitán América ayudado por la hiperbólica verborrea de Jeph Loeb, mientras que en Los Vengadores el encargado de los diálogos es Jim Valentino (uno de los clones de Liefeld, Chap Yaep, ilustra buena parte del número uno). Como Lee en Iron Man, Liefeld toma elementos de las historias "clásicas" para refundirlos a su manera, cayendo a menudo, supongo que sin pretenderlo, en la autoparodia sonrojante. Atentos a lo que suelta el hipertrofiado Capitán América de Liefeld tras liberar a Thor (que, por cierto, habla inglés perfectamente): "Sí. ¿Pero qué hemos hecho? Los vikingos eran bárbaros y si de verdad es Thor... seguramente se rige por un código moral que el mundo actual puede encontrar inaceptable. ¡Vengadores, preparaos para cualquier cosa!". Por favor..

Si no fuera por la nefasta influencia que ha supuesto su éxito (y el de su peculiar "estilo") sobre toda una generación de dibujantes a los que ha echado a perder para siempre, la absoluta negación de Liefeld para el dibujo sería hasta simpática (recuerdo con especial cariño la bochornosa doble página que publicó en un número de Youngblood en la que se dibujó a sí mismo pidiéndole la mano a su futura esposa).

Es posible que Liefeld sea el peor dibujante que jamás haya dibujado una historia del Capitán América, pero me resulta imposible describir hasta qué punto Liefeld desconoce el significado de palabras como proporciones, secuencia, ambientación, perspectiva o coherencia. Como le ocurría a uno de los dibujantes protagonistas de Los profesionales de Carlos Giménez, las viñetas de Liefeld serían ideales para ilustrar en un libro sobre cómo hacer historietas los defectos que tienen que evitar a toda costa el aficionado si algún día quiere dedicarse en serio a esto de los tebeos.

De todos modos la jugada no salió tan bien como Marvel hubiera querido (los contables que citaba al principio no debieron tener en cuenta que en las cifras de venta de los primeros 90 influyó más la ingenuidad de los pardillos que compraban copias múltiples de cada tebeo con la vana esperanza de enriquecerse revendiéndolas algún día que el talento de Lee o Liefeld) y tras este peculiar año sabático los héroes Marvel han vuelto al redil para reintegrarse sin dificultad en la continuidad regular del universo Marvel.

Para terminar, una cita extraída del discurso que pronunció Frank Miller durante la entrega de los últimos premios Eisner. Un oportuno varapalo a una industria adormecida que viene que ni pintado: "¿En qué estado se encontraría hoy la industria del disco, si todo lo que ofreciera fueran grabaciones y videos de imitadores de Elvis? Entonces considerad las posibilidades de un campo cuyo "mainstream" consiste casi en su totalidad de personajes creados antes de que naciéramos la mayoría de nosotros (...) ¿Por qué dedicamos una parte tan importante de nuestra energía a la nostalgia? (...) Claro que se supone que no hay que llamarlo nostalgia, se supone que hay que llamarlo "retro" (...) y lo "retro' es sólo nostalgia con un aro en la nariz."

David Muñoz


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


The Ghost In The Shell : premier teaser (nueva serie de Science Saru)

 


Se acaba de publicar el primer avance de " The Ghost in the Shell ", la nueva serie de anime basada en la obra de Masamune Shirow, producida por Studio Science Saru , con la dirección de Mokochan y Shuhei Handa como diseñador de personajes y supervisor de animación.

Via Catsuka

Art & Beauty Robert Crumb La Cúpula



No cabe duda de que tenemos suerte, en este pequeño y provinciano país, de contar con la línea Brut gracias a la cual parte de lo más interesante del cómic alternativo americano actual acaba apareciendo ante nuestras complacidas miradas. Está muy bien, sin duda, que se publique lo último de Robert Crumb y, además, tan pronto. (Dejemos de lado las inmensas lagunas que, de su ya larga y productiva carrera, existen en el panorama editorial hispano, será que Crumb no vende). Una idea, por otro lado, la del Crumb, tan sencilla, autocontenida y fácil de asumir desde el punto de vista editorial como este Art & Beauty Magazine, retorcidamente inspirado en aquella simpática máxima del "Instruye deleitando".

La edición, sin embargo, no es que adolezca de algunos defectos reseñables sin menoscabar el todo, sino que corre el riesgo de desvirtuar bastante el mecanismo del pastiche imaginado por Crumb. Opciones tomadas no del todo aceptables son reducir el tamaño del original al de comic-book (¿Art & Beauty comic book: instruye deleitando? Ejem). Errores en los porcentajes de los, perdón, del color de las tapas hasta convertir unos verdes bien contrastados en algo que, como portada, ni se ve, ni atrae... pase, suele pasar, nos lo tragamos. El papel, que tampoco es blanco-blanco, pongamos que no influye en el resultado de los pinceles.

Pero la parte importante a la hora de disfrutar una obra, de captar su sentido, de que nos haga gracia, es decir, el texto, donde se vierten las ideas, donde si se es original, debe notarse, este sí que puede verse afectado por los defectos de una traducción rápida, despreocupada o poco cómplice. Mucho me temo que no se trata, simplemente, de poner palabras que en español no existen, o nadie las usa, como elusivo, seductivo, etc. O comerse cosas que vienen en el texto original (no es problema de espacio, otras veces el traductor elige la perífrasis castellana más larga sin ningún problema). Por el contrario, muchos de los textos traducidos, que Crumb presenta como pie de sus dibujos al estilo rancio de las viejas revistas, u otros, citas de las procedencias más variopintas, revelan que el traductor no se ha detenido a reflejar también la intención socarrona de Crumb y se quedan en una versión somera del contenido del texto, cuando no ofrecen, a las claras, la prueba palpable de que no ha comprendido el original como, por ejemplo, en la cita de Nietzsche.



Porque Crumb, en esta obrita, lo que está haciendo es servirse de un tipo de producto anticuado y pasado de moda para, parodiándolo, dar un vehículo, de nuevo, a sus fantasías sexuales (que todos, en cierta medida, compartimos) desplegando una serie de estampas dibujadas con un cuidado inusual en él, llevado en volandas por la calentura, no cabe duda, en la cual resulta de capital importancia la precisión y la dosis de auténtico "flavour" que contenga para el éxito del resultado. Cuanto más evocador de clichés encorsetados en el inconsciente colectivo, tanto mayor es su gracia. De lo contrario, se quedaría en una colección más de dibujos guarros del obseso del Crumb.

No hay que perder de vista que un trabajo como éste, como lo es, en otro registro, la pertinaz reproducción de esquemas de prensa antiguos que vehiculan el detonante imaginario de Chris Ware, depende, para su funcionamiento, del contraste entre el contenido, erótico en este caso, y la presentación, adscrita a formas tradicionalmente empleadas para otra cosa. Así, si el lenguaje es ridículamente pulcro, debe notarse y si la expresión se vuelve chabacana de vez en cuando, para marcarnos los límites de la parodia que se busca, esto debe quedar reflejado.

Porque, además, no sólo se trata, en este caso, de Crumb evocando sus fantasmas sexuales adolescentes (cosa que tan bien hace). A lo largo del recorrido que nos proponen las citas seleccionadas hay toda una crítica y una toma de postura con respecto al arte y al oficio del artista. Crumb va desgranando un racimo de opiniones, hablando por boca de otros, escogidas de forma no tan inocente como el carácter del producto podría dar a entender. Se nos ofrece además, sí, es cierto, en qué ir pensando mientras nos ponen cachondos los dibujos (no todos sólo de tías buenas). Resulta que, en cierto modo, la parodia es tan fiel que ¡instruye deleitando! Con el punto de humor necesario pero sin renunciar a opinar. Y todo el maravilloso talento de Crumb con las caras y los cuerpos para transmitir expresión, que es el auténtico motor de la identificación en tanto que vehículo de un realismo necesario siempre como disparadero erótico.


Enrique Vela 


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997


viernes, 13 de febrero de 2026

Nexus: Alien Justice Mike Baron/Steve Rude Norma Editorial



La reaparición de Nexus de la mano de sus creadores en una editorial como Dark Horse llenaba de alborozo a su (ahora parece que también escasa) fiel parroquia, que había visto cómo Baron y Rude se habían alejado de Horatio Hellpop y compañía en los últimos tiempos.

Baron y Rude, o Rude y Baron, que en Nexus tanto montan, empezaron su nueva trayectoria en la nueva editorial dispuestos a barrer el pasado y a encauzar el futuro. El primer paso, el de barrer la casa, se cumplió sobradamente con la publicación de Nexus: The Origin. El siguiente, el de encauzar el futuro, es precisamente el propósito de Nexus: Alien Justice que ahora publica Norma Editorial.

No nos vamos a detener ahora a explicar el imaginario de Nexus, su entorno ni su circunstancias, entre otras cosas porque ya se encargan de hacerlo Baron y Rude en la primera página de la serie que ahora comentamos. Hablando de lo cual, o realmente el punto de partida de Nexus es muy simple, o la capacidad de síntesis de sus autores es verdaderamente portentosa, porque en apenas cinco párrafos y cuatro dibujos queda perfectamente claro qué pasa, de dónde vienen, quiénes son los principales personajes y por dónde van a ir los tiros. Esto sí que es, como dirían los americanos, reader friendly, y no los tostones que por ejemplo, el sobrevalorado Starlin solía endiñarnos en cada número de Dreadstar, por hablar de otro tebeo de ciencia-ficción.

Una vez inmersos en la lectura de Alien Justice, lo primero que llama la atención es la disparidad de criterio argumental que preside cada uno de los tres números, (porque, atención, Alien Justice es en origen una miniserie de tres números, por mucho que Norma se empeñe en sacar sus novedades en el molesto formato de tomo. ¿Alguien podría explicarnos esta aversión de la casa al formato comic book?), a saber: el primero es como una peli de intriga política, el segundo como una de Indiana Jones y el tercero como una de los hermanos Marx, sobre todo a partir de la aparición del segundo Merk y de Judah McCabee. Pero no vayan a pensar que este "aligeramiento progresivo, que no abrupto, perjudica a la trama, nada más lejos de la realidad. Más bien enaltece la figura del guionista, que se desempeña a la perfección, con el talento y la honradez propia de los mejores artesanos, tocando palos tan diversos, logrando que al lector se le encoja el corazón cuando Dave llega a su mundo natal de Thune y que unas páginas más allá, se parta de risa cuando uno de los nuevos

Nexi utilice sus poderes para destruir el banco que arruinó la tienda de batidos de su tía Bea. Se podría decir que Nexus: Alien Justice manipula al lector, y es cierto. Baron y Rude reclaman tu atención y te piden sin recato tu complicidad, y lo hacen de un modo tan inteligente que no te puedes negar.

De los méritos de Baron ya hemos hablado, los de Rude saltan a la vista... li-te-ral-men-te. Indudablemente, sus dotes como ilustrador son lo primero que llama la atención: su dibujo, preciso y precioso, de trazo sinuoso y elegante, tan sencillo que parece que podría hacerlo cualquiera (y les aseguro, por experiencia propia, que no es así) ayuda a que la lectura se desarrolle con la naturalidad y el ritmo precisos, también ayudado por el espléndido sentido de la narrativa del que hace gala Rude. Aquí habría que hacer una mención especial a la colorista Nöelle Giddings, que hace un trabajo excepcional, vibrante, brillante y sin embargo sólido en plena fiebre del coloreado virguero por ordenador, detalle éste (el del coloreado) que los lectores españoles verán rebajado en un 50% gracias a la roñosa edición de Norma, que sustituye el precioso papel satinado del original por papel vulgaris aunque eso sí, sin renunciar a clavarnos 1.500 pelas por el tomo.

Baron y Rude, o Rude y Baron, entregan un nuevo capítulo de la saga space opera de Nexus dándonos más de lo de siempre, en una nueva demostración de cómo es posible avanzar sin moverse del sitio.

gonzalo quesada


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997

Jonas Fink. 2/La adolescencia Vittorio Giardino Norma Editorial



El último trabajo del siempre exquisito Giardino es una nueva constatación de que la historieta puede abordar cualquier tema, por encima de géneros, y dirigirse a cualquier lector no necesariamente iniciado en el fanatismo comiquero.

La pena es que cada vez que nos topamos con una obra que nos recuerda esta perogrullada tengamos que felicitarnos simplemente por su existencia.

Jonas Fink es, en apariencia, una historia sencilla, fluida, contada con claridad y sin demasiadas complicaciones argumentales. Y digo lo de la apariencia porque, como suele ocurrir con las obras que realmente valen la pena, la sencillez y la claridad no son sinónimos de simplicidad, sino que son el resultado de un enorme trabajo de síntesis, de recreación ambiental, de estudio de personajes y de contención narrativa. En definitiva, de madurez.

La serie, cuyo segundo tomo se publica ahora, transcurre en la Praga de los años 50 y nos narra la vida de un chico judío cuyo padre ha sido encarcelado por supuestas actividades contrarrevolucionarias. Desde ese momento, la historia de Jonas Fink y de su madre es la historia de una pérdida y de una reconstrucción: la pérdida de un mundo, de una forma de vida, y la reconstrucción desde la nada de otra, superando un cúmulo de adversidades algo kafkianas: no hay nadie que dé explicaciones ni otorgue la más mínima esperanza a tantas penalidades. Lo único que les queda a ambos es luchar por sobrevivir y esperar.

Precisamente la espera es el hilo argumental que conduce este segundo tomo, y con él empieza y concluye, en un alarde de maestría narrativa y elegancia. El álbum se abre con una canción ("Por más larga que sea la noche, no es eterna"), al tiempo que los relojes de Praga marcan la hora en que Jonas debe levantarse para comenzar su nuevo trabajo como aprendiz en una obra e iniciar así una nueva vida. Desde este momento el protagonista comienza a edificar una existencia relativamente normal: descubre la amistad, las reuniones en la taberna, el placer de los libros, el amor. Entre todos los padecimientos sufridos por el joven Fink, posiblemente el más injusto sea la pérdida de la infancia. Obligado a actuar como un adulto demasiado pronto, ya no sabe comportarse como un muchacho ni relacionarse con gente de su edad. El Kralic (la taberna en la que suele detenerse al salir del trabajo) se convierte en su escuela, y el hidráulico Slavec, un borrachín socarrón y algo cínico, en su maestro y mejor amigo, la única persona con la que es capaz de mantener cierta intimidad. Por contra, cuando intenta integrarse en un grupo de jóvenes se comporta de forma violenta y torpe, al igual que cuando pretende entablar relación con Tatiana, la joven de la que se enamora.

La progresión del personaje es planteada por Giardino con gran inteligencia. A pesar de los hechos tan dramáticos que envuelven su vida, el autor opta por una narración distanciada, de forma que Jonas casi nunca nos dice abiertamente lo que piensa ni lo que siente. Pero gracias a la cuidadísima planificación de las páginas, al magistral uso de los silencios, de las miradas y los gestos, a la perfecta elección de los encuadres, somos capaces de entender lo que le ocurre en cada momento sin necesidad de muchas palabras. Jonas, en realidad, es una víctima resignada al sufrimiento y a la espera.

Curiosamente, el único momento en que lo vemos demostrar su rabia es cuando Tatiana y sus amigos ponen en evidencia la triste realidad de su existencia, paralizada por una espera inútil (la liberación de su padre).

Hay varias escenas que me parecen modélicas y en las que Giardino demuestra su altura como historietista: cuando Jonas corre a contarle a su madre que ha conseguido el trabajo en la librería, o cuando Tatiana y el resto de jóvenes intelectuales entran en la librería en la que él trabaja, o la reunión en el parque para leer libros prohibidos. En todas ellas Giardino utiliza los recursos justos y precisos, sin alardes de ninguna clase, con la elegancia de quien domina el arte de contar historias con imágenes.

"Alguien debe estar alerta", recita Jonas Fink en la escena que cierra el álbum mientras apaga la luz para dormir (recordemos que el álbum se inicia cuando Jonas se despertaba).

Afortunadamente, Giardino sigue alerta, velando por nosotros.

Enrique Bonett


U, el hijo de Urich #7 noviembre 1997

jueves, 12 de febrero de 2026

Fortnite x Chappell Roan en animación 2D + 3D + stop motion + bordado



Una rara mezcla animada de secuencias en 2D, 3D, stop-motion e incluso bordado en este video promocional del Festival de Fortnite con Chappell Roan .

Dirigido por Raman Djafari en Blink Studio .

Via Catsuka

Los 4 Fantásticos Clásicos

 



Era 1961 y la década había arrancado con fuerza en uno de los frentes de la Guerra Fría que mantenían Los Estados Unidos de América y la Unión Soviética: la carrera espacial. Las dos superpotencias mundiales se afanaban en lograr victorias de alto valor propagandístico la una sobre la otra, cautivando la expectación de gentes de todo el planeta.

Probablemente, eso sí, nada de esto estuviese en la mente de Martin Gooman, propietario de una compañía de cómics de nombre cambiante desde que la fundó en los años cuarenta (siendo Marvel el más reciente), cuando le hizo un encargo al Director Editorial de esa empresa, un tal Stan Lee.

Goodman había descubierto que a su competencia directa, DC Comics, le estaba resultando muy rentable una serie protagonizada por un grupo de reinvenciones de viejos superhéroes, La Liga de la Justicia de América. Así que, dado que su editorial estaba especializada en imitar exitosas tendencias de otras, ordenó a Lee que lanzase un título con otro superequipo. Cabe sospechar que Goodman se refiriese a que estuviese formado también por nuevas versiones de antiguos superhéroes, de aquellos que Marvel había publicado en el pasado: La Antorcha Humana, el Capitán América, Namor...

Pero Lee, que llevaba tiempo algo quemado en la compañía, decidió afrontar el encargo de una manera más original y que le satisficiese a él mismo. Así, habló con el dibujante Jack Kirby, auténtico titán de la autoría de cómics, que prefirió fijarse más bien en otro grupo de DC (aunque no estrictamente de superhéroes) que él mismo había creado cuando trabajaba allí hacía unos años: Los Retadores de lo Desconocido.

Sobre esa base, añadieron ingredientes de los cómics de monstruos gigantes y ciencia ficción en los que llevaban trabajando juntos unos años, y de héroes clásicos de La Edad de Oro publicados dos décadas antes por la editorial Quality, como El Rayo (cuyo origen también estaba basado en la exposición a radiación en las capas externas de la atmósfera) o Plastic Man. Introdujeron una dinámica similar a la del personaje de novelas pulp Doc Savage y sus ayudantes, con fuerte énfasis en la interrelación de personajes como la que ambos autores tenían también experiencia en plasmar en los tebeos de temática romántica que Marvel publicaba. Y se incluyó, quizás por presión de Goodman, a una nueva iteración de la Antorcha Humana que todo apunta que no estaba en el concepto original cuando parece ser que Kirby ya había empezado a dibujar el cómic, teniendo que insertar al personaje como pudo en las viñetas ya realizadas.

Y claro, también estaba ahí el tema de la carrera espacial, que apasionaba a Kirby, y que mientras se elaboraba aquel cómic se desbocó cuando los rusos pusieron en órbita por primera vez en la historia a un ser humano, Yuri Gagarin. Esto hizo que el viaje sideral del cuarteto protagonista tuviese un objetivo genérico: para cuando se publicase, la Unión Soviética podía haber llegado ya a cualquiera que hubiesen concretado, creían.

Todos esos factores se combinaron para que Los Cuatro Fantásticos se convirtiese en toda una sensación: un producto que se sentía fresco, más emocionante que ningún otro del género superheroico, con personajes y diálogos más naturales, y que acabaría convirtiéndose en el modelo de cómo se harían ese tipo de cómics en no mucho tiempo.

Sergio Aguirre