domingo, 18 de enero de 2026

"Der Tiger": al infierno en Panzer

 El faro del fin del mundo / Jacinto Antón

Una imagen del tanque Tiger I, de Der Tiger


Como irredento fan de los tanques Tiger -todos tenemos nuestras debilidades, aunque sea por un pesado carro de combate del III Reich: 57 toneladas de leyenda-, me ha gustado muchísimo Der Tiger (El tanque), la pelícbonheur

Der Tiger, que se puede ver en Prime Video, cuenta la historia de un Tiger I y su tripulación enviados a una extraña misión en el frente ruso: tienen que atravesar las líneas enemigas y traer de vuelta a un coronel. La operación te hace alzar la ceja desde el principio: ¿envías a una misión de rescate a un solo tanque (un tanque pesado) y sus cinco tripulantes, sin ningún tipo de apoyo, ni siquiera un pelotón de infantería? Las aparentes incongruencias, sin embargo, y algunas imágenes pesadillescas, tienen explicación al final y no digo más que luego me corren a gorrazos (precisamente).

Hay que señalar que Der Tiger, aunque es aparentemente una película bélica muy canónica -e impecable en su factura, gorra aparte-, es también algo más, con puntos de contacto con Apocalypse Now (la patrulla enviada a localizar al militar perdido en medio de la locura de la guerra, las drogas, LSD y anfetaminas, respectivamente) e, inesperadamente, me ha parecido, con El corazón del ángel, aquella película en la que Mickey Rourke se embarcaba en una pesquisa diabólica que le llevaba hasta un secreto infernal. En el fondo, la misión de los tanquistas de Der Tiger es adentrarse en el corazón de las tinieblas conradiano, las externas y las internas.

Aunque la película puede verse esencialmente como un reverso alemán de Corazones de acero, el filme con Brad Pitt centrado en un tanque estadounidense Sherman, y su tripulación, compuesta también por cinco hombres enviados a una misión (mantener una encrucijada) y que se enfrentan a un Tiger, los alemanes no podían producir un filme épico como aquel, que en última instancia acaba como un canto al valor y el compañerismo. Al hacer cine bélico de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes no pueden (y seguramente ni deben) perder de vista que eran los malos y que el Tiger y sus tripulantes no dejaban de ser parte de un régimen asesino de una parte de un régimen asesino de una inaudita violencia criminal, mientras que el Sherman de Pitt aplastaba también gente a su paso, pero estaba liberando Europa.

Ese estigma, y ser los perdedores, hace que las películas bélicas alemanas (desde la pionera El puente, de 1959, a Das Boot: El submarino, Stalingrado, la miniserie Hijos del Tercer Reich y esta misma) tengan un tono muy particular, oscurísimo y desesperanzado: el espanto y la muerte consustanciales a la guerra no pueden hallar nunca la (relativa) redención del coraje y del luchar por una causa justa -derrotar a los nazis y su terrible inhumanidad- como pasa con los filmes de los países que combatieron al III Reich. Con esa premisa no es raro que no les salgan películas muy alegres. No ha de haber nada que parezca que glorifica la guerra o se recree en ella, ni por asomo. Ni que apunte a relativizar o mitigar la culpa alemana.

En Der Tiger, con su curiosísimo (casi extravagante) guión, eso se cumple a rajatabla. Y mira que hay un momento en que el Tiger y sus ocupantes llegan a un pueblo ruso en medio de una sanguinaria acción de un Einsatzgruppen y parece que vayamos a encontrarnos con un discurso tipo los SS eran los malos y el ejército regular, la Wehrmacht, un contingente apolítico que luchaba por su país una guerra limpia. Finalmente la escena cobra un significado absolutamente contrario a esa idea perversa y falsa. Y es muy simbólica y significativa la ilusión última a los hornos como meridiana metáfora de culpabilidad.

El Pais. Sábado 17 de enero de 2026


El corazón del ángel

 Tribuna libre / Juan Arnau


El ángel no tiene ego. Esa es su magia. Vive en una mente extendida, lo que le permite conocer el funcionamiento del mundo y, al mismo tiempo, estar fuera del mundo (si lo que llamamos mundo es una mera acumulación de egos). ¿Son posibles estos seres diáfanos, a los que la energía cósmica atraviesa sin encontrar obstáculos? Los místicos creen que sí. Bueno, no lo creen, lo saben. Esa es la certeza mística. El místico ha vivido, de modo súbito y deslumbrante, la experiencia del ángel, la vivencia de la unidad de todas las cosas sostenida por el amor. Una experiencia que honrar, proteger y asimilar, algo que no es fácil ante el asedio insistente de la vanidad, del ego.

El ángel carece de personalidad. Es constantemente otro, incluso respecto a sí mismo. No coincide consigo mismo sino con su tarea. No es hombre ni Dios, sino un tránsito entre ambos. Los ángeles son los peldaños que transmiten la fuerza para aguantar su presencia. Integran legiones jerarquizadas, cuya espada puede cortar sin pestañear el árbol de la vida. Destruyen al dragón y lo hacen con gusto. El destino del mundo depende de ellos. Los ángeles necesitan  tanto a los hombres como los hombres a los ángeles. Unos y otros participan de una lucha cuya sentido último desconocen.

La Edad Media hizo proliferar la angelología y abusó de ella. El Renacimiento recolocó al hombre en la cumbre de los seres creados. Y el mundo moderno desterró a los ángeles al laberinto oscuro del inconsciente. Hoy vuelven con fuerza (ya saben, lo que se entierra precipitadamente suele regresar). Newton, el último medieval y el primer moderno, concibió unos ángeles particulares. Lo cuenta el historiador de la ciencia Simon Schaffer. Los movimientos celestes y el orden cósmico son sostenidos y ajustados por estos newtonian angels, encargados del mantenimiento de la mecánica cósmica. Newton defiende una naturaleza gobernada por leyes mecánicas, pero, en su correspondencia con Richard Bentley, admite que la estabilidad del sistema solar requiere de intervenciones angelicales. Los ángeles son compatibles, en los detalles, con la visión matematizada del universo. Kurt Gödel confirmará siglos después este supuesto: las matemáticas son una ciencia inexacta, llena de intuiciones y abierta a lo irracional. Hay hermosas demostraciones visuales de por qué π es un número irracional. Para mantener el orden son necesarios ángeles. Cualquiera que viva en una comunidad de vecinos lo sabe. Todo esto quedó olvidado con la mecánica de Laplace, que acabó con los ángeles newtonianos y postuló la autosuficiencia de leyes deterministas. Los ilustrados lo creyeron a pies juntillas y los ángeles se esfumaron.

El mucho estudio no acerca al ángel. Conforma el entendimiento va entendiendo, se aleja de lo divino. Eso decía el poeta y carmelita Juan de la Cruz, un monje familiarizado con el Incomprensible. Los llamados "carismas menores" (telepatía, precognición, visión extraocular, bilocación) son otro enredo del ego, aunque esta vez en los mundos sutiles. Margarita Porete lo apunta en El espejo de las almas simples (Siruela). Mucho antes lo había dicho Buda en el Dhammapada (edición ilustrada de Errata Naturae). Roberto Esposito recorre la lucha con el ángel en Los rostros del adversario (Herder). Elisabet Riera vuela junto a estas criaturas divinas en Los alados. Teresa de Ávila estaba especialmente dotada de carismas menores. Nos lo cuenta Luce López-Baralt en Mucho me atrevo, editado por el Ayuntamiento de Ávila. Teresa tenía el don de la precognición, la bilocación, las visiones de difuntos y la mediumnidad. Juan de la Cruz experimentaba la telepatía con frecuencia. Cuando hay mucho amor, hay telepatía y bilocación. Es la magia de Eros, que tiene alas. Sus caminos están hechos de aire. Por eso el amor eleva y el odio entierra. Las criaturas aladas son el eslabón entre nuestro mundo y el cielo. Las mariposas, que han sido gusanos, llevan en las alas dibujos de estrellas. Los místicos dicen que hay más ángeles que granos de arena en las playas o estrellas en el cielo.

Arcángel Miguel matando al dragón (1380-1389), de Tommaso del Mazza. Heritage images (Getty images)

Todos estos fenómenos están todavía alejados de la experiencia unitiva, que a veces asoma, de modo breve y relampagueante, en el viaje psicodélico. La experiencia unitiva no es siempre serena, es una experiencia dinámica, un torbellino. Teresa se confiesa aturdida y no habla de "endiosamiento" como hace su director espiritual. En términos hindúes, se trata de la experiencia de prakriti, es decir, permite vislumbrar los engranajes de la maquinaria cósmica. Se confunde con la visión de Dios, cuando es sólo el aspecto dinámico de lo divino. Permite advertir cómo de la vibración original surge la luz. Del sonido la figura, y con ella la palabra y el símbolo, que permiten los distingos del conocimiento científico. En sus experiencias de "luz no creada" la actividad del metabolismo baja y Teresa parece muerta, se siente cómoda e íntimamente corporal. Se transforma en aquello que conoce. El amor que experimenta no consiste en poseer. Es justo lo contrario, un arte del desprendimiento y el reconocimiento. Un despojarse y apartarse. El amor genuino se abre a todo aquello que supera al yo. Porete es rotunda:

"Una habrá de reducirse, cercenarse y recortarse para dar mayor amplitud al lugar donde querrá habitar el amor". La mística recuerda al vínculo secreto entre amor y negación, bien conocido en la upanishads. Una asociación que se remonta en Occidente a Dionisio Areopagita. La ascensión se realiza a base de negaciones, a base de eliminar y abstraer. Una ascensión inductiva (frente a la deductiva, que es afirmativa y descendente) permite acceder al "desconocimiento" y "contemplar la oscuridad esencial que queda oculto por la luz de todo lo que existe". Afirmar lo universal exige sustraer lo particular. Lo universal sólo se puede abordar de manera indirecta, negativa, de soslayo. Sólo así se desvela lo que queda oculto tras el velo del conocimiento. Molinos, del que hablamos el mes pasado, confirma esa intuición: hacer sitio "para que Dios sea en ti". Una oquedad que precisa aniquilar la memoria, el entendimiento y la voluntad. Lo que uno sabe, lo que uno recuerda y lo que uno desea. Un desafío enorme para una civilización erigida sobre el culto al individuo y la personalidad. No es de extrañar que sujetos como Porete o Molinos fueran quemados o encarcelados a perpetuidad. Ángeles desterrados de una civilización que ahora regresan.


Babelia Núm. 1.778. Sábado 20 de diciembre de 2025

¡El fin de los mundos!

El terrible plan de un misterioso villano pondrá en la balanza la supervivencia de dos Tierras paralelas


José Luis Vidal

15 de enero 2026

Tal vez el nombre de Karmang El Malvado no os suene demasiado, debido a la ingente cantidad de malosos que pueblan el vasto Universo DC. Desciende de una antiquísima raza que pobló la superficie del planeta Marte, ya extinta y de la que él es el único superviviente.



Ficha
DC Edición Facsímil All- New Collectors´Edition Vol 1 C-58: Superman VS. Shazam!

Guion: Gerry Conway

Dibujo: Rich Buckler, Dick Giordano.

Tapa blanda

Color

72 págs.

15 euros

Panini Cómics


Vive rodeado por los aullantes espíritus de todos aquellos que antaño vivieron en las rojizas tierras, por lo que, utilizando sus habilidades místicas, va a contar con la ayuda de dos villanos que atraerán la atención y, sobre todo, confundir a dos viejos conocidos de los lectores.

Ellos dos, como habéis podido adivinar, son los paladines del Bien y la Justicia en sus respectivas Tierras, Superman y Shazam. Dos titanes que caerán en el artero engaño promovido por Karmang y sus secuaces Black Adam y Quarmmer.

¿El objetivo de todo este plan?

La total destrucción de Tierra 1 y Tierra S…

El plan parece ir funcionando a la perfección, y como ya podéis observar en la portada de este cómic de gran formato, los dos héroes dejarán las palabras de lado y tan solo hablarán los puños, en un combate en el que, debido a los poderes de ambos, es difícil vaticinar quién sería el ganador.

Afortunadamente, en la trama hay otros dos personajes que van a tener un papel esencial en su feliz resolución. Nada menos que la prima de Superman, Supergirl (tan en boga en los últimos tiempos gracias a la genial reinterpretación que del personaje realizaron el guionista Tom King y la dibujante brasileña Bilquis Evely) y Mary Marvel, que tan bien conoce al jovencito que se esconde dentro del poderoso Shazam, Billy Batson.

¿A quién no le gusta ver como dos colosos como estos se enfrentan, poniendo a prueba su resistencia? Este tipo de cara a cara es ya legendario, e incluso a lo largo de los años se han realizado varios números especiales que confrontaban a personajes icónicos de las dos Grandes, Marvel y DC.

Obviamente, no voy a revelaros el frenético desenlace de esta pelea, ni si los planes del marciano Karmang tienen éxito, ya que precisamente son estos hechos la auténtica chicha de este cómic, en el pusieron toda su pasión e ingenio tres de los más legendarios nombres del Cómic norteamericano: En las labores de guionista, nada más y nada menos que Gerry Conway, cuyo relato será llevado a las espectaculares viñetas de gran tamaño por un dúo de excepción, Rich Buckler y Dick Giordano, plasmando a estos dos personajes en su máximo esplendor gráfico.

En definitiva, un gran formato este para una no menos gran historia, en la que está en juego el destino no de una, sino dos Tierras.

Además, como imprescindibles y didácticos extras, encontraremos una comparativa en ambos colosos, y un artículo donde se desgrana la encarnizada batalla judicial entre Superman y Capitán Marvel.

¿Se puede pedir algo más?



Omi Sky 2: Tráiler conceptual de la serie del estudio Aries (Taiwán)

 



- "Omi Sky 2": Tráiler conceptual (2026)

Via Catsuka

sábado, 17 de enero de 2026

Lo mejor del mes. De una denuncia de las miserias del Oeste americano a la memoria de la posguerra española

 Por Álvaro Pons y Noelia Ibarra


1. Marshall Bass. Darko Macan e Igor Kordey. Traducción de Isabel Moragón. Astiberri

Macan y Kordey aciertan en su revisión del wéstern desde una visión canónica en lo formal, heredera de la tradición que el cómic francobelga ha consolidado en su visión del Oeste americano, pero que trasciende esa representación de la epopeya épica del siglo XIX característica del género. A través de personajes que sobrepasan el estereotipo, la serie permite analizar ese racismo que supuraba en cada respiración de una sociedad construida en torno a la supervivencia del más fuerte, a través de la denuncia de sus incoherencias y sus miserias, con un trabajo gráfico excepcional que ahonda en esa atmósfera opresiva, densa y sucia donde luz y color impactan en la retina.


2. Two-Fisted Tales, vol.2. Varios autores. Traducción de Santiago García. Diábolo.

Más de 70 años después de su concepción, las historietas de los autores clásicos de la EC Comics resuenan con fuerza desde las viñetas de la exquisita restauración que la editorial madrileña ha realizado de esta joya del noveno arte. Historias cortas que condensan un contundente mensaje antibelicista que, desde el expresionismo brutal de los lápices de autores como Kurtzman, amplificado por el violento cromatismo de Severin, nos recuerda que no hay ningún tipo de vencedores en la guerra. Historias despojadas de héroes, en las que las batallas están protagonizadas por aquellos que padecen sus crueles consecuencias, víctimas que constatan un discurso de total vigencia en nuestros días.



3. El diario de la señorita Litgi. Kim Aubert. Norma Editorial.

El relato del diario de una joven encontrado en el Rastro permite a Kim realizar una extraordinaria reconstrucción de la memoria de la posguerra, en la Barcelona del momento, a partir de la esmerada caligrafía de esta mujer como guía de un recorrido por una vida que habla de pasiones románticas y de relaciones prohibidas. A través de un atrevido ejercicio formal que confronta durante más de dos décadas la memoria íntima reflejada en las palabras consignadas por Litgi con la ficción trazada por Kim y su progresiva imbricación con la realidad, la trama se desvelará como una potente apuesta por la reivindicación de la libertad de elección femenina.



4. Gastroinforme de mi trastorno alimenticio. Kabi Nagata. Traducción de Luis Alis. Fandogamia Editorial.

Con un desparpajo de sinceridad arrolladora, Nagata sigue contando su intimidad desde la reflexión sobre sus problemas. Si en anteriores entregas sus adicciones o su sexualidad se convirtieron en absolutas protagonistas, en este nuevo encuentro con la mangaka japonesa asistiremos a un relato estricto del trastorno de la conducta alimentaria que padece, que nos llevará por una descripción detallada de su relación con la comida, desde sus preferencias culinarias a sus procedimientos de ingesta. Nagata no se impone ningún límite más allá de la honestidad, que su dibujo fresco y dinámico potencia hasta crear una relación de confianza con el lector que acoge sus viñetas como un diálogo con una amiga a la que escuchas con atención.



5. Miracleman Omnibus. Varios autores. Traducción de Raúl Sastre. Panini Comics.

Antes de Watchmen, Alan Moore retomó para la revista Warrior un personaje clásico del cómic británico, Marvelman, versión local de la creación concebida por C. C. Beck, que sirvió al guionista para iniciar su particular reflexión sobre el superhéroe, en una exploración en torno a la posible significación en la vida real de la existencia de un ser superpoderoso como el creado por Siegel y Shuster. Una idea que obligatoriamente pasaba por el Übermensch de Nietzsche y terminaba con un inquietante sueño fascista, en el que el poder absoluto usado para un supuesto bien termina por eliminar el libre albedrío del ser humano. Editado ahora en volumen único con profusión de extras, este clásico del cómic avanzó la conversión adulta del género.


Babelia Núm. 1.782. Sábado 17 de enero de 2026


Cook fue cocinado pero no comido

El faro del fin del mundo / Jacinto Antón

La muerte del capitán Cook en un óleo de George Carter de 1783 (Bernice P. Bishop Museum)


Llevo unos intensos días sumergido en la aventura postrera del capitán James Cook, el gran navegante y explorador británico (1728-1779). He visitado en CaixaForum la exposición Voces del Pacífico donde se le menciona varias veces, generalmente para mal, y sobre todo me he leído un extraordinario libro sobre su tercer y fatídico último viaje, El ancho ancho mar, de Hampton Sides (Capitán Swing, 2025), lleno de nuevas investigaciones. Vaya como aperitivo -y valga la palabra- que Sides sostiene que Cook fue cocinado pero no comido por los hawaianos tras matarlo en la playa de la bahía de Kealakekua.

Cook revive sensacionalmente en las páginas de Sides que desmenuza su leyenda y resigue de manera magistral los pasos de su tercer viaje, muchos de cuyos lugares ha visitado. Explica el autor que Cook, ya famoso tras las dos anteriores expediciones, en las que había circunnavegado el mundo, aceptó tomar el mando del HMS Resolution y el HMS Discovery con la misión esta vez de encontrar el paso del Noroeste, ese grial ártico. La expedición accedería al extremo norte del continente americano desde el Pacífico. En el curso del viaje, su canto del cisne, Cook fue a dar con Hawái, y fue allí donde los nativos se cargaron al capitán en un desafortunado incidente. Yo creía erróneamente que tras matarlo se lo habían comido, al menos en parte, dado que los hawaianos devolvieron un trozo de su pierna chamuscado, lo que ya me dirán si no es para sospechar. En una segunda entrega llegaron más trozos de las piernas (sin pies), parte del cráneo, cabellos y las manos, a las que les habían echado sal. Sides recuerda que, a diferencia de otros polinesios, especialmente los maoríes (que se comieron a 10 marineros de Cook en su segundo viaje), los nativos de Hawái no eran tradicionalmente caníbales. "Mi opinión es que no creo que fuera comido, pero ciertamente fue cocinado", me explicó el jueves en una interesante (iba adecir suculenta) conversación telefónica desde su casa de Nuevo México. A Cook lo asaron aunque no por razones culinarias sino en el marco de una ceremonia para desprender la carne adherida a los huesos, que era donde creían los locales que residía la fuerza espiritual del difunto. De hecho, apunta Sides, lo que hicieron los hawaianos es tratar a Cook como a un fallecido relevante de su propia cultura y convertir sus restos en reliquias. Sides recuerda que hasta hoy los ancianos de Hawái, pese a las muchas historias morbosas que han circulado, siempre han insistido con vehemencia que nadie comió ninguna parte del cuerpo de Cook y que a los restos del capitán se les dio un trato tan digno y respetuoso como el que se dispensaba a los grandes jefes.

Sobre qué pasó en la playa de Hawái aquel aciago día, Sides dice que el capitán perdió la compostura y "no actuó con la diplomacia con que solía". Hubo una escalada violenta. A Cook un guerrero le arreó con una maza en la cabeza (hay algunas muy elocuentes en la exposición de CaixaForum) y otro le clavó en el cuello una pahoa, una daga tradicional que a menudo llevaba dientes de tiburón o pico de pez espada.

Señala que en la actualidad, Cook está bastante mal visto en Hawái, donde se le ataca como un símbolo del colonialismo. El juicio de Sides es distinto: "Es sin duda uno de los grandes capitanes y navegantes de todos los tiempos. Era sobre todo un explorador". No mostraba prejuicios, dice, no moralizaba. Incluso asistió a un sacrificio humano.

¿Nos hubiera caído bien Cook? Probablemente no demasiado. Hampton Sides recalca que era "una máquina de navegar" (aunque curiosamente no sabía nadar), circunspecto y nada romántico. Valoraba la precisión y no poseía habilidades sociales. Su gran pesadilla era que le robaran el sextante. Parece haber practicado una estricta castidad pese al ambiente erótico de alto voltaje en la Polinesia. Quizá eso tuviera algo que ver con el mal carácter de sus últimos días.


El Pais, Sábado 22 de noviembre de 2025

La bella Europa a través de sus edificios

El profesor y arquitecto David Ferrer propone un viaje por la historia y geografía del continente desde Atenas hasta la obra de Mies der Rohe

Villa Savoye (1929-1931), de Le Corbusier y Pierre Jeanneret, en Poissy (Francia). Bildarchiv Monheim / Alamy / Cordon Press


Por Use Lahoz

En Una historia personal de la arquitectura europea, David Ferrer emprende un viaje admirable tomando como guía la sabia premisa del arquitecto y teórico del Renacimiento Leon Battista Alberti, autor de Sobre la construcción (1485): "No escribimos solo para especialistas, sino para personas interesadas en temas nobles, y conviene intercalar de vez en cuando temas amenas".

De este modo, Ferrer dibuja un plano clarividente que va del templo griego al siglo XX. No es un libro de crítica arquitectónica pura; es, por el contrario, una celebración del empeño constructivo, de la evolución del ideal de belleza, de las corrientes y los estilos que han marcado la historia. Como esta disciplina precisa de nuestra presencia para ser comprendida, Ferrer ofrece una panorámica ilustrada y estimulante de la arquitectura europea desde la Antigüedad hasta las vanguardias, invitándonos a ver y leer las ciudades, los materiales, los arquitectos y, sobre todo, los edificios y el uso que de ellos hizo la gente. 

Desde las transformaciones culturales de Atenas hasta el sanatorio de Paimio de Alvar Aalto, transitamos con interés creciente por la geografía europea. Así, empezamos con los griegos, que consideraron al ser humano el centro de todas las cosas y volcaron su potencial artístico en templos que fueron tomados como referencia por su perfección, que ligaba el orden y las proporciones. La vida pública de la polis requería de largas naves cerradas con cubiertas de madera, llamadas estoas, que pronto albergaron reuniones de filósofos populares a los que hoy llamamos estoicos. Figuras como Fidias dotaron de milagrosa belleza a la escultura, que ha jugado un papel fundamental en la arquitectura.

La época helenística dio lugar a las primeras ciudades planificadas y mejoró las casas particulares. Los romanos, , más organizados que cultos, dieron una vuelta de tuerca a las comunicaciones terrestres y convirtieron Roma en una verdadera capital imperial a partir de edificios públicos concebidos como monumentos artísticos. Ahí está el Panteón, la perfección de la cúpula y el fascinante óculo que ilumina un templo reverenciado por Le Corbusier. La simetría era la forma romana de ve el mundo. En la era de Augusto, Marco Vitruvio publicó un manual que se salvó milagrosamente: De architectura, texto de influencia determinante en la arquitectura europea. El panem et circense del que habló Juvenal fomentó los espacios para el espectáculo: ahí está el Coliseo.

Son fascinantes los capítulos dedicados a la arquitectura del cristianismo, cuyas ceremonias comunitarias precisaron de unas casas de reunión llamadas domus ecclesiae, de las que derivaría la ecclesia, la iglesia, que se extendería de manera imparable. De todas las iglesias bizantinas, ninguna es comparable a Santa Sofía. El poeta Pablo Silenciario definió su cúpula como "el firmamento que descansa sobre el aire". El carácter pedagógico del ensayo se extiende por la Europa de las órdenes monásticas, cuando congregaciones como la de Cluny levantaban monasterios para llevar a cabo el ora et labora, donde se perfeccionaron los claustros y las bóvedas de crucería. Luego vendrá la fiebre constructora de las ciudades medievales y la Europa de las catedrales.

En el siglo XIV renacerá en Florencia la herencia de Roma: los ojos humanistas reclamaban las glorias de la Antigüedad. Y llegó Bruneleschi para realizar  una interpretación moderna de la arquitectura romana en la Catedral de Santa María del Fiore, con su eterna cúpula. La arquitectura del Renacimiento halló nombres como Bramante y Leonardo da Vinci, y luego Miguel Ángel, que le daría un rumbo irreversible.

Cuenta Ferrer que la arquitectura gótica pervivió en gran medida por la influencia de la literatura: la novela basada en relatos de castillos medievales, con pasadizos y fantasmas, era muy popular. Wilde escribió El fantasma de Canterville, Walter Scott fundó la novela histórica, y Victor Hugo publicó en 1831 Nuestra Señora de París, cuyo personaje principal -Notre Dame- es la catedral, descrita como "la obra colosal de un pueblo".

Contra la revolución industrial, William Morris fundó el movimiento Arts and Crafts, apostando por el retorno a la artesanía, antesala del art nouveau y de la Escuela de Viena, con Adolf Loos maldiciendo el ornamento. La Alemania moderna de la Bauhaus, representada por el edificio de Gropius (el pedagogo) en Dessau -templo de racionalidad y funcionalismo-, abriría caminos sin retorno para arquitectos como Mien van del Rohe (el artista y el maestro).

Estamos ante una lectura palpitante y no erudita en exceso, que no deja de celebrar el conocimiento y que se lee con la pasión con la que se asistía a una clase de Historia del Arte en el bachillerato y la universidad. David Ferrer nos recuerda que la arquitectura, más que una cuestión de técnica, es un espejo de lo que soñamos ser. Nos invita a escuchar esas voces de piedra, mármol o acero que, a lo largo de los siglos, han intentado decirnos quiénes somos. Esa es, tal vez, la más humana de las construcciones.



Una historial personal de la arquitectura europea

David Ferrer

Tusquets, 2025. 400 páginas. 22 euros


Babelia Núm. .775. Sábado 29 de noviembre de 2025