viernes, 29 de diciembre de 2023

Historieta...¿crónica de una muerte dibujada?



 Texto Jesús Palacios

Cómic, "bande dessinée", manga, historeita, "comix", monitos, "fumetti"... se llame como se llame, la literatura dibujada, una de las artes más propias y características del siglo XX, atraviesa una de sus crisis más difíciles. Tanto, que los más pesimistas se inclinan a pensar lo peor.

Sin necesidad de rebuscar antecedentes prehistóricos, tan del gusto de los eruditos, se puede afirmar que la historieta es un medio de comunicación propio del siglo XX. Nacido, según los expertos, gracias al Yellow Kid de Outcault, allá por el 1896, sus comienzos en la prensa, como lógico desarrollo del humor gráfico de finales del XIX, lo caracterizan como un arte ligado a la actualidad más rabiosa. De esas comic strips o tiras cómicas de los periódicos surgiría precisamente el genérico anglosajón de cómic, convertido en término que designa toda literatura dibujada sea o no cómico su contenido.

El salto de la prensa, sin abandonarla, ocurrió con la aparición de los llamados comic-books, revistas de historietas que surgieron al calor de los primeros superhéroes, Superman y Batman. Es imposible trazar una detallada historia el cómic en estas páginas, por lo que espero se me perdone que este simple bosquejo siga el hilo de la historieta norteamericana, ya que, al igual que ocurre con el cine, el cómic es (o fue) esencialmente un arte y una industrias americanos. Dicho esto, hay que añadir que el comic-book estaba, a diferencia de la comic strip, dirigido fundamentalmente al público juvenil.

Tras la época clásica americana, que ve los nombres de Alex Raymond, Harold Foster, Burne Hogarth, Milton Caniff, Will Eisner y tantos otros, llegan precisamente los europeos, allá por los años 60, y deciden que el cómic es más que un mero entretenimiento para niños. Con Umberto Eco a la cabeza aparece un movimiento de reivindicación, que analiza el cómic como forma de arte válida y especialmente apropiada, por su doble naturaleza literaria y visual, para nuestro tiempo. Pronto, unido a la revolución underground que viene de Estados Unidos, surge el concepto de cómic para adultos.


Son tiempos dorados: el
fumetti italiano tiene a los Crepax, Pratt, Bataglia... Aparece la francesa Metal Hurlant, con Druillet, Moebius, Caza y otros. En España también hay mutaciones que viven entre las colaboraciones americanas y nuestros primeros atisbos de modernidad: Victor de la Fuente, Hernández Palacios, Esteban Maroto y muchos más.

Sin embargo, los años 80 terminan marcados por una recesión de lo intelectual y lo euro, para volver a las fuentes originales: Estados Unidos y los superhéroes. Se necesitaba un equilibrio entre ambos conceptos, cómic adulto y cómic de aventuras, y lo aportan nuevos talentos ingleses y americanos. Pero este parece el canto del cisne.

El manga, el cómic japonés, aparece de repente y lo consume todo.

FUNDIDO EN NEGRO

Todos los aficionados y expertos están de acuerdo. La historieta está en crisis. Actualmente en España no existe ninguna revista, excepción hecha de El Vibora, dedicada al género (Kiss comix, también editada por La Cúpula, entra dentro de otra consideración puesto que está especializada en cómic erótico y porno). En pocos años han desaparecido publicaciones como Zona 84 (antes1984), Creepy, Totem, Blue Jeans, Cimoc, Bumerang, Vértigo, Madriz, Cairo, Medios Revueltos, Viñetas... No sobrevivieron a la invasión del comic-book americano, introducido por las ediciones españolas de los superhéroes Marvel a cargo de Planeta-DeAgostini y de la DC a cargo de Ediciones Zinco. Pero, sorpresa, tras un breve esplendor, Zinco pierde los derechos de la DC, y aunque Planeta continúa con su línea Marvel, las ventas de esta disminuyen brutalmente. ¡Echale la culpa al manga! Y ciertamente, todas las editoriales españolas, incluida la afrancesada Glénat, se vuelcan en el cómic japones, hasta el punto de que, finalmente, la saturación del mercado colapsa el fenómeno nipón. Entretanto, han desaparecido los álbumes clásicos europeos, demasiado caros y con mucho texto.

¿Más? Bueno: la historieta es lo peor pagado en España. El resultado es que muchos dibujantes se pasan a la publicidad, el cine y la prensa, mientras otros se deslizan al mercado americano y japonés. La cosa está muy, pero que muy negra.

EL OCASO DE LOS SUPERHÉROES

No toda la culpa es de los vaivenes del mercado. La triste verdad es que el cómic en sí vive sus peores horas a nivel creativo. Tras una segunda mitad de los 80 que vio la revolución del cómic de superhéroes, gracias a talentos como Frank Miller (Daredevil, Elektra, Batman Dark Knight), Alan Moore (La Cosa del Pantano, Watchmen) y otros como Neil Gaiman, John Byrne o Matt Wagner, nuestros amigos de los disfraces y los superpoderes se colapsan. Superman muere y resucita, y clásicos como Spiderman o los 4 Fantásticos se vuelven tan liosos y se dividen y subdividen en tantas series que hace falta una guía para seguir sus aventuras. Los guiones descienden a lo peor. A los intelectuales les bajan los humos con las pérdidas y les dan de vez en cuando alguna miniserie para que se luzcan. Pero hasta su tono gótico, apocalíptico y pesimista es ya cansado y repetitivo.

Lo cierto es que los superhéroes ya no saben qué hacer, y los lectores lo notan.

UNA LÍNEA POCO CLARA

Lo peor de todo es que el triunfo americano de los 80, por merecido que fuera, tuvo también como consecuencia hacer retroceder las ventas y, más aún, la sensibilidad que hacía posible que el cómic europeo, principalmente francobelga, fuera una alternativa viable al yanqui. Si a eso se le suma la muerte de bestias sagradas como Hergé, Goscinny, E.P. Jacobs, Charlier y otros, el clásico álbum europeo de historieta se queda casi huérfano. En España, ni que la editorial francesa Glénat se introduzca en el mercado consigue salvar la papeleta, aunque algunos de sus álbumes y de los de Norma Editorial hayan funcionado, si bien alternándose en inferioridad de condiciones con material americano y nipón. Naturalmente, quien tuvo retuvo, y la bande dessinee, con su Feria de Angulema, con su Museo de Bruselas, etcétera, se mantiene en regular estado de salud en sus países natales, especialmente si nos comparamos con ellos. Pero toda una nueva generación de lectores de tebeos ha nacido y crecido ajena al lenguaje del cómic europeo, lo que promete un futuro incierto para un estilo mucho más literario, intelectual y complejo que el de la mayoría de los mangas o de los cómics yanquis.




EL TRIUNFO DE LA MARGINACIÓN

No deja de ser curioso que la única revista de historieta que goza de buena salud en España sea El Víbora, un cómic que comenzó su andadura dentro del más rebelde underground, apostando tanto por publicar clásicos el género desconocidos en España. como Crumb, como por artistas españoles que ahora son ya historia: Nazario, Max, Gallardo, ect. Lo cierto es que difícilmente se puede considerar al Víbora underground hoy día, pero esto no es una crítica. Con una política abierta, radical pero inteligente, El Víbora está dando a conocer lo mejor del cómic y del cómix actual. Peter Bagge y su ya inmortal Odio, los Hermanos Hernández, Tank Girl... y jóvenes españoles como Juanjo Hoces, Iron, Miguel Ángel Martín, Mónica y Bea... Su serie Brut, formato comic-book y precio asequible, en la que publica a los citados y a otros como Burns, Sequeiros, Juaco... es lo más interesante de un panorama árido.

Hay, naturalmente, intentos editoriales independientes y entusiásticos como Camaleón o La Factoría de Ideas, pero su futuro es incierto y se mantiene solo gracias al entusiasmo de sus colaboradores.

TRISTE, SOLITARIO...¿Y FINAL?

¿Acaso ha llegado el cómic a dar ya el máximo de lo que podía dar? No es una pregunta retórica. Comparado con el cine y frente a nuevas tecnologías como el CD-Rom, los videojuegos, internet, etcétera, ¿puede sobrevivir la historieta, especialmente cuando parece que ha evolucionado en cien años tan deprisa como para hacerse adulta, envejecer, y volver a su infancia? No quiere esto decir que desaparezca, como no ha desaparecido la novela, pero sí que difícilmente pueda volver a convertirse en el medio lleno de posibilidades que fue en los años 60 y en la fuerza económica y comercial que ha sido durante muchos tiempo. La historieta ha tenido desde sus anónimos artesanos a sus Joyce, Henry James o Capote en un lapso de tiempo que es mucho menor que la décima parte de la historia de la literatura. Y lo cierto es que parece difícil que vuelva a tenerlos si no es mutando en otra cosa. No me pregunten en qué.

Ibañez y cía.

Quizá a la historieta en España le iría algo mejor si la prensa especializada le prestara la atención que se merece. Iniciativas como la exposición sobre el cómic español realizada en la Biblioteca Nacional de Madrid gracias a su director Luis Alberto de Cuenca, no son tan frecuentes como deberían. Y ninguna lista, ni la oficial de la Feria ni la de los libreros independientes, refleja la realidad del mayor superventas de esta y otros Ferias de Libros de Madrid anteriores: ni Gala, ni Terenci, ni Gaarder, ni Prada, ni : Francisco Ibáñez, historietista veterano, en estado puro, creador de Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, Botones Sacarino y La 13 Rue del Percebe. Lo suyo sí que eran firmas. solo que a nadie parece importarle, lo que no dice nada bueno sobre la consideración que merece uno de los mejores humoristas españoles de todos los tiempos... ¿quizá porque "solo" dibuja tebeos?

GALLARDO, EN LA BRECHA

Quizá una de las soluciones que se ofrece al cómic como forma de expresión sea la de fundirse con otros medios que gozan de mejor fortuna. Un buen ejemplo es Un largo silencio, un librito donde Miguel Ángel Gallardo mezcla la pura historieta y la ilustración clásica con un texto de su padre, Francisco Gallardo, que recoge sus recuerdos de la Guerra Civil. Un atractivo ejemplo de literatura, dibujo e historieta que, además de su explosiva carga histórica y sentimental apto para todos los públicos, los del cómic y los otros.


MÁS TEORÍA QUE PRÁCTICA

En España goza de mejor salud la crítica y el libro de referencia sobre el género que los propios cómics. Actualmente, una revista como U, el hijo de Urich puede vender lo mismo que algunos de los cómics books más conocidos, y las polémicas que suscitan sus páginas interesan más a los aficionados que los guiones de los cómics que se editan. Y no cesan de publicarse libros de referencia, como lo de Alberto Santos o Glénat, o ese estupendo Diccionario de uso de la historieta española (1873-1996), editado por Compañía Literaria ¿Asistimos a la autopsia de un género moribundo?

Qué leer, año 3, nº25. Septiembre 1998

jueves, 28 de diciembre de 2023

Tras las viñetas de un manga

De la mano de uno de los más personales autores de cómic nipón sumerjámonos en el mundo de los profesionales de este medio artístico


JOSÉ LUIS VIDAL

26 Diciembre, 2023 

El particular código moral del protagonista de esta historia, el editor de manga Kazuo Shiozawa, hace que abandone la editorial en la que ha trabajado durante años. El fracaso de una serie manga que él coordinaba le ha hecho tomar esta decisión, de manera radical y definitiva, aunque incomprendida por su compañeros de editorial, a los que seguirá visitando casi a diario, para dejar concluidos algunos asuntos pendientes.




Tokio día a día vol. 1

Autor: Taiyô Matsumoto

Tapa blanda

Blanco y negro

224 págs.

17,95 euros

ECC Ediciones


Pero claro, tras tanto tiempo dedicándose a este medio, Shiozawa ha hecho amistades dentro de la profesión, aunque él es un tipo algo taciturno, muy reservado, que tan solo comparte confidencias con un pájaro que es su compañero de piso (sí, no os sorprendáis ante estas habituales puntos de realismo mágico que Taiyô Matsumoto suele introducir en sus historia, tan solo hay que recordar que una de ellas, la que le ha dado mucha fama y galardones en occidente está protagonizada, nada más y menos, que por un numeroso grupo de felinos, Los gatos del Louvre, obra también publicada por ECC) de vez en cuando veremos como suele quedar para tomar algo con uno de los principales autores de la editorial, Chozakû Miyazaki, un tipo al que le gusta disfrutar de la vida, y que aunque no lo quiere reconocer, también pasa por una crisis existencial .

A lo largo de las páginas de esta primera entrega vamos a conocer a algunos personajes más que trabajan para la editorial, como el rebelde Aoki, que mantiene una relación bastante tensa con su editora, la joven Hayashi, con la que no hay día que pelee, debido a la inconstante actitud del joven, que irremediablemente se ve reflejada en su trabajo.

Y así, a lo largo de los días, esas jornadas que dan título a esta nueva obra de Matsumoto, nos vamos a sumergir en el, para muchos, desconocido mundo editorial del manga que nos llega del País del Sol Naciente y que refleja la personalidad del pueblo nipón, su manera de ser y relacionarse y, sobre todo, volviendo al mundo de la publicación, lo duro que puede resultar esta carrera artística en un mercado donde cientos de obras de publican y la competencia es muy dura.

Seremos testigos de un propósito que nace en la cabeza de Shiozawa, que aunque al principio parece querer alejarse del mundo en el que ha vivido durante años, le resulta imposible, y va a comenzar la búsqueda de un nuevo artista que ilustre un manga que el volverá a editar.

Pero esto no le va a resultar nada fácil, ya que como os comentaba, muchos autores y autoras han abandonado su trabajo sin mirar atrás, golpeados por el stress, la falta de ventas… y ya no quieren saber nada más del asunto.

Taiyô Matsumoto regresa a las librerías españolas, y tenemos la inmensa suerte de poder disfrutar de su nueva obra, que se lanza de cabeza al mundo del que él mismo proviene, en un paseo por la ciudad de Tokio que nos hará detenernos en cada viñeta, siguiendo los pasos de el elenco de protagonistas.

Si os gustó, Ping Pong, Go Go Monster, Tekkon Kinkreet… Os entusiasmará Tokio día a día.


Malaga Hoy


Grandes creadores de historietas que dibujaron trenes

 El ferrocarril en el cómic



Dibujar trenes es un trabajo arduo, exije mucho detalle y documentación, cosa que pocos dibujantes de tebeos podían utilizar trabajando, las más veces, de memoria. Los dibujantes estadounidenses, que trabajaban para agencias y con equipos de asesores, se tomaban a molestia de documentarse, aunque algunas veces también resolvían "de memoria".

Gentes como Alex Raymond, John Prentice, Will Eisner, Outcault, Winsor Mac Cay y Roy Crane dibujaron trenes o solamente la máquina por aproximaión, como la mayoría de autores de historietas. Los europeos, especialmente los franco-belgas siempre tan meticulosos, parece que estén más documentados, y así los trenes que dibuja Hergé, el creador de Tintín, son bastante parecidos a los trenes de la epoca que ilustra. Como los que dibujan el francés Tardi y el italiano Giardino, que se atreve a dibujar el famosísimo "Orient Express". Moebius imagina trenes futuristas, y cuando firmaba como Gir, contando la epopeya del famosísimo Teniente Blueberry, sus trenes del Oeste son bastante fieles al modelo histórico. También son muy fieles los trenes que ilustra E. Jacobs, el de las historietas de Blake y Mortimer, incuso en los futuristas que imagina con detalles. Algo que también hacen Enki Bilal y Schuiten, entre otros creadores europeos.

Georges Pichard -fallecido el pasado mes de junio-, en una historieta erótica como es La Fábrica, hace alarde de documentación exhibiendo diversas máquinas de vapor, con detalles muy precisos y hasta numeración, como haría un coleccionista ferroviario, uno de los protagonistas. En las muy populares aventuras de Tex, un héroe del fumetto italiano, aparecen los trenes del Oeste con dibujos aproximados, como hace José Ortiz al reflejar el "Santa Fe Trail" de 1883, llevando al mítico Bat Mastterson a Dodge City. El italiano Vittorio Giardino, en su serie Las aventuras de Max Fridman, muestra la Europa de entreguerras y aún la guerra civil española, y en ella están los trenes presentes. Boixcar, el famoso dibujante español de los años 50 de las historietas de Hazañas Bélicas - en las que trabajaba con documentación fotográfica y de revistas militares-, dibujó estupendos trenes centroeuropeos, alemanes y rusos. Victor de la Fuente recrea estupendamente en su serie Los Gringos el ambiente de la revolución mexicana, con los trenes atestados del Ejército de Pancho Villa. Y el documentadísimo Antonio Hernández Palacios refleja los trenes blindados de la guerra civil española, aunque apenas con pequeños detalles.

Los dibujantes de humor, que no tienen que sujetarse más que a su fértil imaginación, intentan de todos modos pintar trenes aproximados a la época que tratan, aunque sea satíricamente. En este trabajo selectivo hemos incluido algunos de los trenes de risa más significativos, aunque la búsqueda haya sido un trabajo ingente.

Obvio que Francisco Ibáñez y su Mortadelo ha dibujado trenes en su cientos, miles de historietas, y que sus trenes son parodias de los que conoce de España y Europa, atreviéndose incluso, con trenes del Lejano Oeste. Como asimismo hace Jan con sus páginas de Super López, la mejor parodia de Superman, el superhéroe por antonomasia. Pero Escobar, Cifré, Conti, Peñarroya, Iranzo, Nadal, Jorge, el by Vazquez y casi todos los grandes de la historieta humorística dibujaron sus trenes de la risa con desparpajo y habilidad. Rastrear sus divertidos trenes llenaría muchas páginas de este y cualquier otro trabajo.

Los creadores españoles de historietas del fin de siglo XX, en su estilo actual, también incorporan trenes a sus historias, y como muestra podemos citar a Miguel Ángel Díez con su interpretación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. O a Kike Benlloch y Alberto Vázquez, que realizan una exhibición de trenes actuales en visión realista y también ingenuo-infantil como evocación de la memoria.


Qué leer año 3 nº25. Septiembre 1998

Batman, Dickens o una croqueta enamorada: así son los cómics que mejor reflejan la Navidad

Viñetas nevadas

Una selección de tebeos de distinto pelaje, pero centrados en estas fechas, que se pueden conseguir con facilidad incluso por aquellos que dejan todo para última hora

En 'Klaus', Grant Morrison y Dan Mora presentan una reinterpretación del mito de Santa Claus y le convierten en un aguerrido vikingo.DAN MORA



ALEX SERRANO

25 DIC 2023 

Hubo un tiempo en el que no había navidad sin cómic ni cómic sin navidad. Las últimas décadas del siglo pasado fueron una época prolija para que autores de todo tipo y nacionalidad decidiesen apostar por la época de los buenos sentimientos para poner a alguno de sus personajes en aprietos. A cualquier lector que recuerde con algo de nitidez aquellos años le vendrá a la cabeza la costumbre de revistas como El Víbora (y su hermana más alegre, Kiss Comix) de publicar especiales navideños.

De la misma manera, los lectores de superhéroes seguramente recuerden que autores como Frank Miller, John Byrne o José Luís García López aprovechaban las fechas para mostrar el lado más cercano de Superman o Batman. Los X-Men, la Liga de la Justicia, Starman, Hellboy, Ojo de Halcón, Spirit e incluso Lobo, con su descacharrante Navidad Paramilitar, cuentan en su haber con al menos una historia memorable dedicada a estas fechas tan especiales. Tampoco hay Navidad sin las tiras navideñas de Calvin y Hobbes y Snoopy y Carlitos.

Algunas de estas historias están enterradas en volúmenes recopilatorios o descatalogadas y encontrarlas requiere un apasionante trabajo de búsqueda y captura en tiendas de cómics o librerías de segunda mano. Y como el espíritu navideño consiste también en regalar y, no nos engañemos, el tiempo es el regalo más generoso que uno puede hacer, hemos elaborado un pequeño listado con cómics de distinto pelaje que se pueden conseguir con facilidad incluso para aquellos que dejan todo para última hora.

Aquí van un listado de cómics, tebeos, novelas gráficas, llámelos como quiera, ideados para despertar el lado más festivo de lector. Algunos reinventan Cuento de Navidad, la obra de Charles Dickens. que se ha convertido en el referente literario de estas fiestas. Todos dejan volar la imaginación y el sentido del humor hacia territorios sorprendentes:




LEE BERMEJO (ECC EDICIONES)

Batman: Noel. Un cuento de Navidad. Es la adaptación del celebérrimo Cuento de Navidad de Charles Dickens ambientado en el universo de Batman, con el Caballero Oscuro enfrentándose a los fantasmas de su pasado, presente y futuro. La narrativa sigue al héroe enfrentando los fantasmas de su pasado, presente y futuro. El hombre murciélago toma el lugar del señor Scrooge dickensiano, en una trama que refleja sus dilemas morales en una impactante y navideña ciudad de Gotham. Las ilustraciones del estadounidense Lee Bermejo, conocido por su detalle y realismo, otorgan una atmósfera única a esta historia, donde Batman se enfrenta a las consecuencias personales de su solitaria cruzada contra el crimen.




CARLOS GIMÉNEZ (RESERVOIR BOOKS)

Canción de Navidad. Una historia de fantasmas. Carlos Giménez, maestro del cómic español, hace tiempo que disfruta de una total libertad creativa que, combinada con su incansable actividad artística, le llevó a hacer un juego de espejos con el clásico de Charles Dickens. Giménez, disfruta desde hace años de una especie de reclusión autoimpuesta en su casa, rodeado solo de sus amigos y sus cómics. Aquí no solo adapta la historia original, sino que la utiliza como un medio para reflexionar de manera muy personal sobre la situación social y política contemporánea. Con su característico estilo expresivo, combina la esencia de la historia de Dickens con un mensaje más actual, relevante y crítico, explorando temas de injusticia y desigualdad en la sociedad actual, manteniendo al mismo tiempo la esencia moral y redentora del cuento original.





Cuento de Navidad. Una historia de fantasmas. Otra inspirada versión del Cuento de Navidad. En este caso, es notable por la vibrante y colorida visión del dibujante español José Luis Munuera. La historia toma un giro único al tener como protagonista a Elizabeth Scrooge, una adaptación femenina del clásico personaje de Charles Dickens. El cómic conserva la narrativa y los temas del original, pero los presenta con un estilo más dinámico y accesible, haciéndolo atractivo tanto para los seguidores del clásico como para nuevos lectores. Las ilustraciones son ricas en color y expresividad, capturando la esencia de la narrativa navideña con un toque moderno. Munuera, uno de los autores que mejor ha entendido la sensibilidad de la bande desinée francobelga, ofrece un álbum de esos que miras página a página una y otra vez.




GIUSEPPE MANUNTA (NUEVO NUEVE)


La cena de Navidad. Una excelente oportunidad para conocer el trabajo del talentoso dibujante Giuseppe Manunta. El italiano presenta una mirada íntima y humana a una cena familiar en Nochebuena, combinando hábilmente elementos de drama y comedia para explorar las complejidades de las relaciones familiares durante las festividades. Las interacciones entre los personajes son realistas y el humor se trata de una manera que se agradece y no empalaga, retratando las tensiones, alegrías y peculiaridades que surgen en reuniones familiares. El arte de Manunta es cálido y acogedor, complementando perfectamente el tono de la historia. Uno de esos pequeños secretos bien guardados de editoriales como Nuevo Nueve.




CHARLES DICKENS Y ESTUDIO JOSO, (HERDER EDITORIAL)

Canción de Navidad (El Manga). Este listado no sería el mismo sin un manga navideño. Y esta adaptación del Cuento de Navidad de Dickens realizada por el Estudio Joso de Barcelona, combina con acierto las líneas maestras del cómic japonés con la historia victoriana, creando una experiencia de lectura fresca y original. Los personajes y escenarios están dibujados con el detalle y expresividad característicos del manga, ofreciendo una nueva perspectiva a la clásica narrativa de redención y espíritu navideño.




FRANCISCO IBAÑEZ

Mortadelo y Filemón. ¡Felices fiestaaas! Si hay un autor que supo aprovechar los hitos y fechas señaladas a lo largo del año, ese fue Francisco Ibáñez. Los álbumes de Mortadelo y Filemón dedicados a mundiales de fútbol y olimpiadas quizás sean los más célebres, pero conviene no olvidar esta desparramante recopilación de desventuras de sus dos creaciones más famosas en la temporada navideña.




ANA ONCINA (LA CÚPULA)


Una navidad con croqueta y empanadilla. Croqueta y Empanadilla son un fenómeno editorial que ha llevado a Ana Oncina a convertirse en una autora superventas. La proximidad sigue siendo el punto fuerte de la autora alicantina y este volumen es una entrañable y cómica mirada a las fiestas navideñas a través de los ojos de Croqueta y Empanadilla, dos personajes entrañables. El dibujo es sencillo pero expresivo, y destaca la capacidad de la autora para captar lo cotidiano, esas pequeñas alegrías y desafíos de las festividades en pareja. Oncina logra equilibrar el humor con momentos tiernos, creando una historia navideña que despierta más de una sonrisa cómplice.


                                            


JEFFREY BROWN (PLANETA DE LIBROS)

Star Wars. La familia Vader celebra Sithmas. El dibujante indie Jeffrey Brown inició una fructífera colaboración con el universo Star Wars a través de unos cómics destinados a lectores infantiles y juveniles, con un humor cómplice y familiar que conecta con padres e hijos frikis. Esta entrega, con un enfoque abiertamente humorístico se centra en la familia Vader, mezclando elementos icónicos de Star Wars con tradiciones festivas.



SHAWN CRYSTAL, CHARLES SOULE, CHRIS CLAREMONT, TERRY DODSON (PANINI CÓMICS)

Patrulla-X: Especial Navidad Calendario de Adviento. Este especial de Navidad presenta a los miembros de los X-Men en una serie de historias cortas que tienen lugar durante el período navideño. Cada historia, como un calendario de adviento, revela diferentes aspectos y tradiciones de la Navidad, entrelazándolas con los personajes y el universo de los X-Men. Este enfoque brinda una visión más humana y festiva de los superhéroes, mostrando cómo celebran y experimentan las festividades. No alcanza el nivel de Demon, la gran historia navideña de los X-Men, pero tampoco lo pretende.




GRANT MORRISON Y DAN MORA (PANINI CÓMICS)

Klaus. Grant Morrison y Dan Mora presentan una reinterpretación original y oscura del mito de Santa Claus. Klaus combina elementos de fantasía, acción y folclore para contar la historia de origen de Santa Claus de una manera nunca antes vista, como un aguerrido vikingo. Las ilustraciones de Mora son impresionantes, con un estilo dinámico y detallado que captura la atmósfera épica de la historia. Morrison, conocido por sus narrativas complejas y profundas, ofrece una versión de Santa Claus que es tanto heroica como mística, alejándose de las representaciones tradicionales del personaje.




DAVID LÓPEZ

Bola extra: Los tebeos navideños de David López El dibujante español lleva más de dos décadas dibujando para Marvel y DC cómics protagonizados por la Capitana Marvel, Catwoman o los X-Men. Durante ese tiempo, ha cumplido puntualmente con su personal tradición de publicar de manera totalmente gratuita una historia navideña protagonizada por personajes de su creación. La número 28, correspondiente a 2023, la acaba de editar estos días.


El Pais. ICON






miércoles, 27 de diciembre de 2023

El pasado cercano


Leí en una novela, no hace mucho, una sentencia curiosa y certera: “Los años cincuenta en los Estados Unidos han durado mil años”. Pues, algo así estoy encontrando en España de los años 80 y 90. No se acaban nunca. Entiendo que hay una serie de factores que hacen o convierten esas fechas en especiales. Factores de tan diversa índole que las convierten en focos de atención. Da la casualidad de una implicación personal, cosas de la edad, entra en las pautas. En definitiva, el chicle no para de estirarse de forma infinita a pesar de hablar de hechos nostálgicos curiosos, arrastrados por la memoria. Por suerte, hay indicios de un cierto avance, no se sabe bien hacia donde. 

A pesar de los pesares. Todo parece indicar que el bucle incluso crece en el tiempo. Una de las publicaciones de comics más interesantes en este año de 2023 en España ha sido una reedición de Krazy Kat de 1916, y eso a pesar de publicarse este año 5.000 comics. Lo mejor y lo peor. Un volumen brutal de publicaciones, que no se van a comprar. Ediciones impresionantes de editoriales que pagan una miseria a sus creadores. Encuentro ciertas incongruencias en estos hechos, objetivos y precisos, nada de sensaciones.


También veo documentales, mejores que las películas de ficción, aunque la cosa comienza a variar, en fin. Por aquello de la brevedad del tiempo de ocio, siempre escaso, suelo centrarme en las artes plásticas y la literatura. La Fundación de la Caixa, ahí hay pasta amigos, ha creado una plataforma audiovisual digital, CaixaForum+, cosas que pasan. Hay un poco de todo. Lo último que he visto, Booklovers, una creación de Jorge Carrión. No exagera un ápice el título, amantes de los libros. La pasión, que supongo que es algo necesario últimamente para vender libros. Cinco capítulos dedicados a cinco ciudades. Imposible medir la pasión de cada uno de los participantes en la serie, pero me quedo con Buenos Aires y Lisboa. Y de todos cuanto aparecen, y hay muchas personas con las que me identifico, me quedo con una traductora de libros de Buenos Aires. Con su tebeo en las manos, dice que no puede tenerlo muy lejos, no concibe la vida sin él. La Balada del Mar Salado de Hugo Pratt, donde aparece el personaje Corto Maltese. Es un gustazo saber que hay personas en el mundo con tu misma pasión. 

Porque todo esto va de pasiones, arrebato, delirio, entusiasmo, frenesí, vehemencia. Uno acumula toneladas de papel, que en un futuro, cada vez, más próximo y con suerte, irá a un contenedor para reciclar. ¿Y qué?

Un prólogo raro y extraño para poner unas pocas imágenes escaneadas de uno de los hitos de los noventa, el catálogo Advance Comics de Estados Unidos, cinco años de portadas y los títulos más vendidos del 89 al 92, un póster de una serie de Jae Lee, Hellshock, que no llegó muy lejos, un póster de unos personajes femeninos, mejor no comentar nada y publicidad de la revista Wizard. Larga vida a los noventa.














martes, 26 de diciembre de 2023

Walter, sus amigos y… ¿El fin del mundo?

Llega a las librerías la edición integral de uno de los mejores cómics de los últimos tiempos




JOSÉ LUIS VIDAL

24 Diciembre, 2023

He de ser sincero con vosotros, lectores y lectoras. A la hora de escribir esta reseña me encuentro ante dos caminos que se abren ante mí.

El primero de ellos es el fácil, os cuanto el argumento de este cómic y sin cortarme ni un pelo os suelto varios inevitables spoilers, estropeando la auténtica y única experiencia que supone sumergirse en esta genial obra sin saber nada, absolutamente nada, de su argumento.

Y claro, la otra es la más difícil, como podréis suponer, ya que he de hilar muy fino para que en ningún momento podáis unir cabos a la hora de saber qué sucede en las páginas de esta maravilla del Noveno Arte que se publicó, con tremendo éxito, por primera vez en los Estados Unidos, y viene firmada por una pareja artística de autores de auténtico lujo.

En primer lugar, el estadounidense James Tynion IV que, aunque comenzó su carrera escribiendo cómics de tipos con mallas y capa, en los últimos años se ha ganado un indiscutible apodo, y es el de ‘Rey del Cómic de Terror’. Si queréis comprobarlo tan solo tenéis que lanzaros de cabeza a algunas de sus obras, entre las que, últimamente, se encuentra una nueva visión del mito del conde transilvano, Drácula.

En la parte gráfica nos encontramos con un profesional de las viñetas que posee un larguísimo currículum laboral, ya sea en el mundo del diseño y la publicidad, además de haber dibujado innumerables títulos para editoriales independientes, Marvel y DC, que se ha convertido en su casa en los últimos años.

Y bueno… Llega el momento de enfrentarme a lo inevitable. Y lo haré con alguna que otra pregunta.

¿Tenéis o habéis formado parte de una pandilla de amigos de toda la vida, el típico grupo en el que varios de sus miembros han mantenido relaciones entre ellos y os conocéis todos y todas a la perfección?

Y en ese grupo, ¿hay alguien que destaque, que por su manera de ser, su idiosincrasia, y comportamiento hacia el resto, se haya ganado el respeto, confianza y, por qué no decirlo, amor del resto?

Pues bien, imaginad lo que sentiríais si esa persona, que cuenta con los medios necesarios a su alcance, os proponga algo totalmente inesperado y maravilloso a simple vista. Una única escapada de todos y todas juntos a un lugar paradisiaco, alejado de la civilización, pero que cuenta con todas las comodidades imaginables para el ciudadano moderno, además de estar rodeado por la más pura naturaleza.

No os faltará de nada, y como hace tiempo que nos os veis, el reencuentro se va a convertir en algo muy esperado, y especial.

Llegados a este punto, os presento a Walter, ese amigo único del que os hablaba hace unos párrafos. A lo largo de los últimos años, desde la época universitaria, ha entrado y salido de la vida de las diez personas a las que invita a esa bella casa en el lago. Son sus preferidos, con los que ha reído, ha llorado, y conoce perfectamente.

Y una vez que los conozcamos, nos asaltará una extraña sensación. Una artista, un acupuntor, un periodista, una escritora, una científica, una consultora, una doctora, un músico, un comediante y, finalmente, una contable.

¿No os parece algo sospechoso que la “casualidad” ha hecho que este grupo de persona englobe a la perfección una serie de profesiones con las que, se sucediera un cataclismo, se podría construir un modelo de sociedad?

Sí, es inevitable que os deis cuenta de que tras esta invitación, tras los abrazos, los besos, el reencuentro, la maravilla de sensaciones al llegar al único lugar se halle un plan totalmente elaborado por Walter, que es el único, en principio, que sabe lo que está sucediendo en el mundo exterior. Y cuando comparta este conocimiento, un cubo de agua gélida cae sobre los personajes, a los que vamos a encontrar al principio de cada episodio, inmersos en una situación inesperada, ofreciéndonos cada uno una pieza del puzzle que recompone el misterio que es Walter, que para nada es lo que suponemos.

Terror, suspense, misterio. Estas tres palabras engloban una perfecta descripción de esta obra que al fin podemos disfrutar al completo a lo largo de la doce entregas incluidas en este esperado tomo, que incluye la visión de un buen puñado de dibujantes sobre este universo tan especial, además de una galería de extras que incluye los alucinantes diseños de Martínez Bueno, no solo de personajes, sino además de la arquitectura del lugar, que os van a dejar boquiabiertos.

Espero haberos convencido para que os deis un paseo por este paraje donde lo totalmente inesperado sucede al pasar la página, además de retratar a la perfección a un grupo humano que se encuentra de cara con una pesadilla muy real.


Malaga Hoy

Cómics: El ferrocarril de la aventura

Luis Conde

Son contemporáneos, porque nacieron casi al mismo tiempo. El tren con la primera revolución industrial, siglo y medio atrás, al igual que los comics, nuestros entrañables tebeos. Y alcanzan su despegue y el inicio del esplendor cuando los periódicos empiezan a publicar sus primeras tiras cómicas, comenzando por The Yellow Kid, la primera de ellas, a partir de entonces ambos conviven armónicamente. El tren es protagonista frecuente de historias, viñetas e historietas. Pasen y vean.



La irrupción del tren en la civilización industrial fue tan importante, que casi la protagonizó. Su presencia social fue tan formidable que trastornó casi todos los aspectos de la vida colectiva, tanto en las sociedades avanzadas como en las más primitivas. En los países más civilizados porque desató la fiebre del ferrocarril: ¡Todos querían tenerlo en seguida! Y en los pueblos más atrasados, porque fijaban su progreso en conseguir que el tren llegase a sus territorios. El extraordinario invento de unos coches enganchados unos a otros y arrastrados por un monstruo que echaba humo circulando a gran velocidad era algo tan inusitado que todo el mundo tenía algo que decir sobre el asunto. A favor o en contra.

El debate y la polémica del tren fueron universales en los últimos decenios del siglo XIX: que si arruinaba el medio ambiente, que si destruía los campos de cultivo, que si afeaba las ciudades y el paisaje, y hasta que el impacto brutal del trazado de las vías, con sus túneles y puentes, había modificado los climas y provocado alteraciones irreversibles.

Como no podía ser menos, en un negocio de tal envergadura se movieron grandes fortunas y hubo luchas feroces por hacerse con las concesiones y movimientos inconcebibles de capitales, que alteraron definitivamente la composición de los grandes grupos de capital. Sólo en las dos últimas décadas del siglo XIX, entre 1880 y 1900, casi la mitad del total de la inversión privada mundial se canalizó hacia los ferrocarriles. Era uno de los mejores negocios posibles. Pero, además, el tren estimuló la producción metalúrgica y revolucionó la tecnología. Las compañías auxiliares y proveedoras crecieron al amparo de los grandes proyectos ferroviarios y de las enormes necesidades de materiales.



Finalmente, el debate político jugó sus bazas y el asunto llegó a los periódicos, a la controversia social. Toda la sociedad supo lo que suponía construir las líneas del ferrocarril en un país más o menos adelantado industrialmente. Y, en consecuencia, todos se involucraron. Las empresas constructoras del ferrocarril se constituyeron como sociedades anónimas; el que pudo compró acciones de las sociedades anónimas, enriqueciéndose o arruinándose. Y la mayoría contempló el espectáculo desde la barrera: por los chistes de la prensa satírica o por los comentarios y artículos de la prensa a favor y en contra. Cuando las crisis se volvieron insuperables, los Estados acabaron por nacionalizar unas empresas demasiado grandes y estratégicas para que estuvieran en manos privadas.

Había que asegurar la circulación por las redes y que el transporte de pasajeros y mercancías no se paralizase en el territorio nacional. Las opiniones públicas de los países así lo exigieron y los periódicos se erigieron en portavoces de las reclamaciones y quejas. De los periódicos satíricos y su acercamiento al tren se valieron luego los tebeos incipientes para incluir aquel invento, trascendental en sus páginas de historietas. Los personajes viajaban en tren o lo veían pasar desde sus localidades como algo insuperable y casi mágico: invento del maligno o solución a los atrasos seculares.

A pie, a caballo o en tren

Los primeros trenes empezaron a circular en la Inglaterra opulenta y victoriana de 1825, exactamente el 27 de septiembre, causando tal sensación que tanto la aristocracia como la burguesía emergente competían por utilizar aquel innovador medio de transporte. Y como el tren tenía vocación integradora para la sociedad ofreció en seguida posibilidades de uso incluso para las clases menos afortunadas: se construyeron los trenes con vagones de primera, segunda y tercera clase. A cada uno según su categoría y conveniencia. Pero todos viajaban en el mismo tren, aunque cada uno de acuerdo con su clase social.

A medida que el tren se fue afianzando en el continente europeo fue exportado a otros espacios con gran celeridad: África, Asia y América demandaron de inmediato que sobre sus inmensos territorios se trazaran los caminos de hierro para ver circular sobre ellos aquella maravilla rodante. Obvio que como había ocurrido en la Europa pletórica e industrializada, en los territorios coloniales se reprodujo el mismo debate y controversia por la introducción de un invento tan trasgresor de la geografía como de la economía, que modificaba inevitablemente el país al que llegaba.

Hasta entonces, tanto en la épica como en la lírica, los movimientos del héroe, de los protagonistas de la aventura y de los transmisores de los mensajes innovadores en la poesía o en la narrativa se hacían a pie o a caballo. El nomadismo de los juglares y de los caballeros andates, de pronto, encontró un medio que los superaba: no un carro arrastrado por asnos, mulas, bueyes o caballos. Nada menos que varios carros enlazados, caminando a gran velocidad, arrastrados por un vehículo poderoso que vomitaba fuego y humo, relinchando con gran estrépito. Era el Leviatán caminando por vías de hierro.

La aventura encontraba un nuevo ámbito y los poetas otra fuente de inspiración, aparte de un maravilloso medio de traslado de un lugar a otro, incluso muy lejano, con muchas posibilidades de llegar sin complicaciones adicionales. Claro es que para los aventureros, como para Cervantes, era más apasionante el viaje que la posada. Lo que ocurriera en el traslado y recorrido, que lo que les esperaba al final del viaje. Sobre todo para poder contarlo, evidentemente. Y eso fue lo que ocurrió en la narrativa, la poesía y el arte en general: que el tren se convirtió en tema, asunto, o incluso argumento primordial. En cualquier manifestación artística aparecía el tren en lontananza. 

En los periódicos, la fotografía y el cinematógrafo el tren era una presencia arrolladora: uno de los primeros filmes de los hermanos Lumiére, precisamente, era La llegada del tren a la estación de la ciudad. Eran sólo 17 metros de película, pero en el rodaje descubrieron casualmente la profundidad de campo y todos los encuadres, desde el general al primer plano, al registrar cómo avanzaba la locomotora hacia la cámara. La secuencia provocó el asombro y la conmoción general, de tal modo que hubo espectadores que se levantaban de sus asientos por temor a ser atropellados.

En los años de finales de siglo XIX y los primeros del XX, el tren figura como tótem, Moloch ante el que todo se sacrifica en aras del progreso. Tanto en los filmes de la época del cine mudo como en los principio del sonoro, el tren es el vehículo de la acción y la aventura por antonomasia, desplazando incluso al caballo, hasta entonces rey indiscutido. Y en seguida ocurrirá lo mismo en los tebeos, los periódicos de historietas. Primero con una tímida presencia en las páginas satíricas y cómicas. Y, desde los años 20 y 30, en casi todas las series aventureras. Todos los grandes personajes que viven aventuras continuadas en las páginas de historietas, todos ineludiblemente, terminar por vivir algún episodio emocionante en los vagones de un tren. O encima, debajo, atrás o delante. Pero con el tren como presencia imponente. ¡El tren era la aventura en sí mismo!



Convendrá recordar, como contexto, que tras la crisis económica del llamado crash del año 1929 los subsiguientes años de la Depresión en los USA fueron tan difíciles para aquel gran país que, encima, marcaba la pauta previsible para el mundo industrial, que tanto el cine como la radio y los cómics, las revistas de historietas recurrieron a ofrecer evasión a mundos fantásticos, lejanos en el tiempo y el espacio, en los que vivir otra realidad menos cruel que la cotidiana de la sopa de unos centavos. Una de las formas de salir de la rutina cotidiana era montar en un tren y viajar a otro país, otro mundo, incluso a otro tiempo. ¡Julio Verne, en Francia, había preparado el terreno en los años felices de los inventos y los descubrimientos geográficos!

La epopeya del Far West, el Lejano Oeste norteamericano, el ámbito de la aventura de la conquista del gran Oeste territorial USA, está escrita, narrada y contada tanto por los bardos primitivos como por los novelones, el cine y los tebeos, las revistas de historietas. Para aquel enorme país esa épica es como el romancero para los grandes reinos europeos: el canto de la gesta alumbradora de un país. La nación se forja en ese contexto heroico y confuso. Los héroes fundacionales, las referencias para la posteridad, surgen entonces y se convierten en los estereotipos a imitar. Los modelos áulicos.

El caballo de hierro

Es muy cierto que por las grandes praderas americana vagaban inquietos los justicieros solitarios a lomos de sus caballos. Que la transustación entre el buen cowboy y el sheriff es el sustrato del que el colectivo extrae el paradigma. Y que ambos utilizan el caballo, que trajeron los colonizadores hispanos, como medio de transporte y aventura.



Pero muy pronto, a partir de la década de 1830, surge impetuoso en las inmensas praderas otro vehículo imparable, el caballo de hierro, que de costa a costa atraviesa los enormes territorios comunicando pueblos, ciudades y lugares de explotación ganadera, minera o agrícola, que antes estaban tan alejados como inmersos en su Arcadia más o menos feliz.

La construcción de aquel ferrocarril transcontinental fue, en sí misma, una parte de la epopeya del Oeste y, muy pronto, algo imprescindible en las aventuras posteriores. El Este y el Oeste de los inmensos territorios de los Estados Unidos de América quedaron enlazados el día 10 de mayo de 1869, cuando el "Union Pacific" y el "Central Pacific" se encontraron en Promontory, Utah. Se clavó una escarpia de oro para dejar señalada la última conexión de los rieles, en una ceremonia que se comunicó por telégrafo a todo el continente americano. El tren se incorpora, con total protagonismo, al canto general. Tanto los pieles rojas nativos como los pioneros colonizadores vieron estupefactos cómo aquel monstruo imparable se apoderaba de los territorios y les marginaba a sus guetos, camino del ocaso.

De nuevo en el cine, las historietas y la canción, las aventuras del viejo Oeste ofrecerían nuevos temas para la emoción y la ensoñación: un ser terrible que hendía las fronteras y con su poder arrastraba civilizaciones y formas de vida. Las llanuras esplendorosas, con sus grandes herbazales acariciados por el sol y los vientos, lugares privilegiados para el pasto del ganado o para los cultivos inabarcables, de pronto se vieron interrumpidos por el surco de unos railes implacables que aseguraban el paso del monstruo a toda velocidad. al primitivo rechazo de ganaderos y agricultores siguió la comodidad y seguridad del traslado de ganado y productos, que arrumbó los viejos modos. ¡El tren era mucho más eficaz y rápido!

Y por si fuera poco, en la Guerra de México se demostró la absoluta ventaja bélica de un transporte de pertrechos, vituallas, tropas y armamento. ¡El tren de Pancho Villa pasó a la leyenda y despertó imitadores en todos los continentes!

En el continente europeo, los primeros trenes que circularon fueron los belgas, en 1835, entre Bruselas y Malinas. Y ese mismo año empezó a circular por Alemania y un año después por Canadá. En los tres países las locomotoras de arrastre eran de construcción británica, del inventor afortunado Robert Stephenson, el que había demostrado el 15 de septiembre de 1830 que entre Liverpool y Manchester un tren podía alcanzar la inusitada velocidad de 38 kilómetros por hora.

El primer tren francés se inauguró el año 1828, enlazando Saint Etienne y Andrézieux, pero no transportó viajeros hasta el año 1832. Rusia estrenó su línea ferroviaria tendida entre Pavlovsk y Tsarskoye en 1836. Italia entre Nápoles y Portici en 1839. Y España inauguró su primer tramo Barcelona-Mataró el año de 1844. Aunque bien es cierto que el primer tren español fue el de La Habana-Bejucal, inaugurado el año de 1837. Que, además, era el primer ferrocarril en toda Iberoamérica. La primera línea férrea de América, fuera de los Estados Unidos. Cuba tenía entonces el carácter de provincia española, según lo aprobado en las Cortes de Cádiz de 1812, para sustituir a las Leyes de Indias. Las provincias del todavía extenso Imperio español tenían así los mismos derechos y obligaciones que las provincias de la metrópoli. Esta legislación se consolidó en las Cortes de 1820 y en el Estatuto Real de 1834. Y serían los mismos promotores del tren de Cuba, con Marcelino Calero Portocarrero al frente, los que lo llevaron a la metrópoli.



La era del ferrocarril, en consecuencia, se inicia en 1830, pero no puede fijarse como tal hasta 1870, fecha en la que Inglaterra tiene ya una extensa red, que se mantiene hasta hoy mismo, con 21.600 kilómetros de vías férreas. Ya en los USA existía el tren transcontinental, el que enlazaba las dos costas. Se construían redes en Argentina, Brasil, México, y otras más pequeñas en Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. En cuatro Estados australianos circulaba ya el tren y en otros más y en Nueva Zelanda se tendían vías. En África existía ferrocarril en los extremos Norte y Sur, entre Alejandría y El Cairo, inaugurado en 1856, y en África del Sur desde 1860; pero el inmenso interior todavía no podía ni soñarlo. Bueno soñarlo sí lo había hecho Cecil Rhodes, que quería enlazar por ferrocarril El Cairo con Ciudad del Cabo, y en la novela de Conrad El corazón de las tinieblas por el Congo andaba Kurtz construyendo un ferrocarril imposible. Todavía no había trenes en China ni Japón, países que luego desarrollarían extensas y precisas redes ferroviarias. Y en la India se estaban trazando las vías con modelo y material inglés.

El crecimiento ferroviario en el mundo saltó de los 35.000 kilómetros existentes en 1850 a más de un millón de kilómetros en 1920, cuando finaliza la Primera Gran Guerra.

Dos trenes con Historia y mucha literatura, que luego aprovecharon el cine y los tebeos, serían el símbolo de esa "era del ferrocarril": el "Orient Express", que empezó a circular en 1883 enlazando París, Viena y Estambul; y luego el también famosísimo "Express Trasiberiano", con 2,240 kilómetros, que se inauguró como vía directa en 1900. El tendido enlaza moscú con Irkustsk y todavía es la espina dorsal del ferrocarril ruso. ¡Hasta Julio Verne lo elogia y describe en su novela Miguel Strogoff!.

Otros trenes con menos Historia y mitología fueron el "Shangai Express", el "Rheingold" (Oro del Rhin)- que llevaba hasta una cúpula en el segundo piso para contemplar el cielo en marcha-, el "Mistral" entre París y Lyon, el "Tren Azul" sudafricano y algunos otros.

Definitivamente, el tren había derrotado a las diligencias en el transporte de pasajeros y todavía con mayor eficacia en trasladar mercancías. El caballo de hierro se había impuesto a la tracción a sangre o animal.

Trenes blindados

El uso y utilización del tren en los conflictos bélicos, que lo hizo desarrollarse y exhibir nuevas posibilidades, es una historia apasionante y ofrece multitud de aspectos aventureros idóneos para la literatura, el cine y la historieta. Tanta materia novelable, como la intriga y el espionaje, ingredientes habituales en los trenes burgueses de la Europa de inicios del siglo XX.

Pero en el protagonismo del tren bélico incide la tecnología: hay que dotar al vehículo de elementos acorazados, de blindajes que resistan los impactos del enemigo y, con las armas que lleva instaladas, catapultarlo como eje de penetración en campo contrario. Tal formidable equipamiento es una especie de dragón invencible o un monstruo demoledor que impone terror en los ejércitos que deben combatirlo. 

Los primeros trenes con blindaje aparecieron en la Guerra de Secesión estadounidense, entre 1861 y 1865, cuando sudistas y nordistas se combatieron ferozmente por defender el esclavismo o abolirlo. Los trenes que circulaban por territorio enemigo llevaban planchas de hierro para evitar los ataques del enemigo emboscado y de paso, con armamento incorporado, convertirse en verdaderos carros de combate imbatibles. 



La Gran Guerra europea de 1914 a 1918 sería el primer campo de experimentación de un invento surgido para el transporte de pasajeros y mercancías, que se vio abocado al rol de máquina de guerra implacable y objeto de ataque preferente entre los ejércitos contendientes. Las tropas alemanas utilizaron muy eficazmente el ferrocarril para desplazar armamento y pertrechos en todo el territorio. Pero descubrieron que instalando piezas de bombardeo, cañones de gran alcance, en los propios vagones metálicos que además se blindaban con grandes planchas, el tren se convertía en una formidable máquina de guerra, que con gran velocidad se desplazaba buscando objetivos o eludiendo los ataques contrarios. Aquellos enormes acorazados causaban estragos y eran casi invulnerables. Hasta que no se desarrolló la aviación de combate, los trenes blindados solo eran víctimas de atentados sorpresa, golpes de mano o descarrilamientos por guerrilleros audaces.

Las revoluciones de México y Rusia mitificarían la participación del tren con blindaje en los combates sorpresivos y golpes de audacia, en la guerrilla móvil y la guerra relámpago que luego llevaría al paroxismo el Tercer Reich, el ejército de Hitler.

Entre los años 1916 y 1917 El centauro del Norte, Pancho Villa, combatió a las tropas de Orozco y en varios combates utilizó el tren como factor sorpresa y máquina de guerra. Todos hemos visto en el cine y las historietas el extraordinario partido que Villa sacó del tren, y que quedó inmortalizado en la fotografías de la Revolución, con guerrilleros colgando de los escalones, los topes y el mismo techo de los vagones y aun la misma máquina. ¡Cómo multiplicaba la mortífera labor de las ametralladoras o los cañones, con el tren en marcha! La cercanía de la frontera Norte con la infiltración constante de ayuda norteamericana, debió ser el contagio de lo que había sido el tren en la Guerra de Secesión y su ventaja estratégica.

La Revolución rusa, el mito del siglo XX, guarda evocaciones ligadas al tren, con la fuga de Lenin en 1917 hacia la estación de Finlandia en Petrogrado, y luego de los bombardeos del Aurora todos quedamos boquiabiertos con la eficacia combativa del tren blindado del Ejercito Rojo, diseñando y dirigido por Trotski. En el filme Reds de Warren Beatty, toda una secuencia se desarrolla con el tren blindado como eje de la acción, marchando a gran velocidad por las estepas. Y, en Doctor Zhivago, como otras muchas películas sobre la Revolución, la presencia del tren es decisiva en la acción narrativa.

Toda esa mitología la llevó a la historieta Hugo Pratt con su aventura de El Corto Maltés en Siberia, una historia de cien páginas ubicadas entre Mongolia y Manchuria, con personajes reales y ficticios enmarañados inextricablemente con magistral habilidad. Corto se encuentra con el barón Roman von Ungern-Sternberg, que quiso fundar una república antirrevolucionaria en el extremo oriental siberiano, y por la aventura campean Rasputin, el general Semenov y el general chino Chang.

Semenov controla el enorme cañon-tren con técnicos japoneses, que será el centro de la aventura. Como Chang el tren blindado que circula entre Mongolia y Manchuria. Para dibujar estos materiales, Pratt contó con la colaboración de un especialista, Guido Fuga, que supo encajar muy bien los detalles técnicos, con el eficacísimo dibujo del genio veneciano. En algún lugar dejó escrito Fuga cómo había disfrutado trabajando coco con codo con el gigante Pratt, sus discusiones y controversias hasta llegar al acuerdo.

En la guerra civil española de 1936-1939 también se utilizaron trenes blindados, aunque su eficacia fue más legendaria que estratégica. Lógicamente, el cine y los tebeos consagraron esas máquinas vetustas armadas por los milicianos siguiendo el modelo revolucionario ruso, que se convirtieron en material propagandístico para uso en el frente y en la retaguardia. 

Trenes para la guerra

En el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, la de 1939 a 1945, la utilización del tren como arma siguió su evolución, pero ya la aviación de guerra estaba en el cenit de su éxito y los trenes de carga y de combate eran objetivos prioritarios. Había que pensar muy bien la organización de convoyes, que debían ir protegidos por la propia aviación si se quería que no fuesen pasto de las bombas enemigas.

Casi todos los grandes creadores de historietas han narrado algún episodio ambientado en los terribles episodios de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial y, por supuesto, han tenido que recrear aquellos temibles convoyes con los deportados. Trenes alemanes, por supuesto. En los tebeos bélicos y en los aventureros, pero también en los testimoniales y críticos, estos trenes se han hecho tristemente célebres. En la España franquista, en una serie tan popular como Hazañas Bélicas, que dibujó muy eficazmente Guillermo Boixcar, figuraban reflejados los trenes bélicos, pero se eludieron los de los campos de concentración y de exterminio. Pero en las historietas francesas y aun en las italianas, belgas, holandesas y de los países del Este europeo esos trenes sí que se ven reflejados y expuestos.



El libro de historietas Maus, del estadounidense de origen sueco Art Spiegelman, que recibió un Premio Pulitzer por ese trabajo, expone a modo de memorias cómo sus padres polacos sobrevivieron en el campo de exterminio de Auschwitz. Y, por supuesto, cómo fueron llevados allí en siniestros trenes desde distintos lugares del país.

Trenes a ninguna parte

Para la historia del tren reflejado en la aventura y especialmente en los tebeos tenemos que evocar aquí otros trenes espectaculares o que han jugado un buen papel en las viñetas.

Hemos citado antes el tren que el personaje de Conrad intenta montar en el Congo, y que es parte implicada en el relato de El corazón de la tinieblas. Kurtz contempla melancólico los restos de un tren que nunca entrará en funcionamiento. Del cine pasó a los tebeos y así queda en las páginas de historietas. Como ocurre con otra epopeya insólita, la de la construcción de un puente sobre el rio Kwai para que se pase el tren japonés de abastecimientos y que un oficial estadounidense trata de volar. El cineasta David Lean, el mismo que luego recreó la aventura de Lawrence de Arabia, sacó un gran partido a la novela homónima de Pierre Boulle gracias a la genial interpretación de Alec Guinness. Como consiguió con Peter O´Toole transformado en el héroe del desierto, organizando a los muyaidines en una guerrilla implacable contra los turcos, volando los trenes de abastecimiento con dinamita y recorriendo triunfal los techos de los vagones aclamado por sus seguidores.

Los trenes de la India aparecen en muchas historietas, con su abigarramiento y sobrecarga humana, como vehículo idóneo para recorrer el inmenso país asiático. Es un tren inglés, pero el ámbito lo transforma en exótico y los dibujantes así lo interpretan. Como ocurre con el tren al Machu Pichu, que sortea curvas inverosímiles y supera cumbres asombrosas, con turistas anonadados y con posibilidades aventureras extraordinarias. De estos trenes hay en la Historia de las historietas miles de aventuras con el tren como vehículo: desde The Yellow Kid -la primera tira cómica que apareció en un periódico, El chico amarillo, de donde viene la expresión "Prensa amarilla"- a Tarzán, pasando por Little Nemo y por supuesto Flash Gordon, entre los grandes héroes del cómic USA de la Edad de Oro. Y cómo no, Tintin y otros muchos de la historieta europea de todos los tiempos. Así, a vuela pluma, vamos a traer a colación a algunos de los más significativos o que sirven como referentes del cariño de los creadores por el tren y por la pasión de incluirlo en sus historietas.

Y, evidentemente, mostramos páginas y viñetas de los tebeos españoles en los que el tren ha ejercido la misma fascinación: tanto los de vapor y eléctricos como el mítico "Talgo" y el no menos admirado "AVE". El tranvía urbano, aunque tiene muchas concomitancias con el desarrollo del tren y aparecen con mucha frecuencia en las historietas, los dejamos en esta ocasión como complemento y sólo hacemos algunas referencias cuando por el autor o el personaje de los tebeos merezca una evocación especial.

Un apartado considerable en el reflejo del tren en los tebeos es el humorístico. El tren de la risa es especialmente interesante y significativo. Los propios apelativos que el pueblo iba dando a los trenes que circulaban delante de sus narices eran definitivos: el "tren botijo", uno que iba parando en cada vuelta para que los viajeros bebieran o desbebieran; el "mixto", tren compuesto de vagones de carga y de pasajeros; el "tren expreso" o el "rápido", así llamados por su velocidad. Y muchos más en cada cultura y país. Consecuentemente, en las historietas cómicas se coló también el tren desde su inicio. Y ahí sigue, incorporando el punto de vista de los humoristas y los propios personajes.

Walt Disney, en Dumbo y en Los tres caballeros, muestra unos trenes divertidos y que se convierten en protagonistas de sendas secuencias llenas de imaginación y colorido: el tren que transporta al circo y que se esfuerza por cumplir como uno más, o el que lleva a Donald y José Carioca a recorrer los paisajes brasileños de la costa de San Salvador de Bahía. Se convertirían en modélicos para muchos otros dibujantes que se atrevieron a darle al tren un papel antropomórfico.


Trenes futuristas

En las últimas décadas del siglo XX se han fijado las condiciones idóneas para que el ferrocarril haya recuperado su función de vía vital de comunicación. Los trenes de gran velocidad se han revelado como el fenómeno más atractivo para el transporte de viajeros, y aún están por ver las posibilidades para el transporte de carga pesada en los grandes convoyes.

El "TGV" francés y el "AVE" español han sido las estrellas europeas que han disparado las expectativas del futuro desarrollo para una red ferroviaria de gran velocidad en toda Europa. El gran túnel bajo el Canal de la Mancha, una obra de ingeniería casi futurista, es otra de las realizaciones que despiertan la capacidad del sueño ferroviario.

La nueva línea "Tokaido" en el Japón y el pasillo Boston-Nuevo York-Washington, con velocidades previstas de 500 kms. por hora, son los horizontes más inmediatos que el tren ofrece para competir con el avión en las distancias de menos de mil kilómetros.

La comodidad  de los viajeros que acceden al centro de las ciudades, la buena comida, el aire acondicionado y la puntualidad en los horarios son bazas que ya se están jugando. La seguridad en los trazados con la eliminación de curvas o el diseño de radios enormes harán que los trenes incluso puedan parar en esas grandes curvas. Estos trenes herméticamente cerrados pueden penetrar con seguridad en los necesarios túneles sin riesgo de elevación de la presión del aire, otro de los factores a considerar. Como las posibilidades de los nuevos tipos de suspensión, que permitan al cuerpo del vagón moverse independientemente del bastidor, aliviando así los efectos dentro del coche. Todo en aras de aumentar los coeficientes de seguridad de los viajeros y del propio tren en marcha.

Franceses, canadienses, japoneses, alemanes, ingleses y estadounidenses compiten por mejorar sus líneas ferroviarias, y ofrecer unos estándares tan atractivos que les sirvan para vender y exportar sus tecnologías a otros países, que esperan con ilusión adaptar a sus territorios esas experiencias tan fascinantes.

Los nuevos trenes cada vez más toman formas y diseños aerodinámicos, como de obuses o balas de cañón ensartadas para su arrastre o deslizamiento sobre los raíles o los soportes de los que se cuelgan los trenes. Parece que el deslizamiento sobre hierro aún tiene años de posibilidades, pero el tren colgado de un raíl también está ya muy experimentado y aún tiene que demostrar sus potencialidades. El tren monocarril, de cuyo prototipo se construyó una muestra en 1824, ha tomado dos posibles direcciones: el modelo "Alweg", que funciona entre Tokio y su aeropuerto y en varias ciudades USA, es un tren soportado que se desliza sobre una viga-raíl de hormigón. Los coches ruedan por la parte superior de la viga con llantas de caucho. El otro modelo es el francés "Safege", que cuelga de la viga soporte sobre el que se deslizan las ruedas, también de caucho, formando una estructura de bogies, de varias ruedas enlazadas. Las ruedas corren por el interior de la viga soporte.

Otros trenes especiales son los de cremallera, que superan pendientes inverosímiles como el de Monte Pilatos en Suiza, que en algunos lugares es superior al 480 por mil, o el recién inaugurado de Montjuic. La cremallera consiste en una llanta de acero, colocada horizontalmente entre los carriles y dentada por ambos costados, con lo que engranan dos ruedas dentadas horizontalmente dispuestas en los coches. Para pendientes aún mayores se utilizan los funiculares, trenes arrastrados por cables y que también funcionan con soportes de los que cuelgan los vagones.



Las visiones futuristas de Fritz Lang en Metrópolis ya han sido desarrolladas por los diseñadores de trenes del futuro, y en los tebeos es un elemento más, como "el quinto elemento" de Moebius en el filme homónimo. Diversos dibujantes han desarrollado su visión imaginativa sobre lo que puede ser el tren en las ciudades de los siglos venideros, y en las historietas se observan como si ya fueran algo cotidiano. ¡El futuro ferroviario ya está aquí, los trenes de alta velocidad y los nuevos servicios de trenes de cercanías, compatibles con el tren metropolitano, son ya un ejemplo en las mayores y más avanzadas ciudades del mundo!

Epílogo, suma y sigue

Así pues, el mundo del cómic ha tenido, como hemos visto, una especial consideración con el ferrocarril, tan presente en tantas de sus historias e historietas, protagonista indiscutible de tantos tebeos, de tantas viñetas. Mientras tanto, el cómic como forma de expresión artística alcanza ya su madurez, su mayoría de edad. Algunos de sus creadores, de sus fabricantes de historias, de sus guionistas, se equiparan ya en calidad al perfil de novelistas o narradores de fama, y muchas de sus historias son trasladadas al cine, que desde hace ya muchos años se nutre de la imaginación de los autores de cómics para llevar sus historias al cine, como hemos visto con personajes como Superman, Batman o el más reciente Spiderman.

Comienza, pues, una cierta Edad de Oro del cómic, que ya es incluido en las promociones de los grandes periódicos europeos. El ferrocarril siempre estuvo ahí.


Revista Leer número 144 Julio-Agosto 2003