martes, 26 de diciembre de 2023

Con amigos (y algún enemigo), sí…

La vida del adorable brutote de ojos azules se va a complicar algo más de lo habitual


JOSÉ LUIS VIDAL

23 Diciembre, 2023 

El título de esta reseña me da pie y viene perfecta para que os hable de algo que, desde su nacimiento, ha apasionado a los lectores que disfrutan de las aventuras que publica la editorial Marvel. Y se trata de ese concepto de “universo compartido”. ¿Quién no alucinó por primera vez cuando el Trepamuros saltaba de tejado en tejado y, a lo lejos, en segundo plano, veíamos que Daredevil se percataba de su presencia?




La Cosa: La hora de las tortas

Autor: Steve Skroce

Tapa blanda

Color

120 págs.

15,50 euros

Panini Cómics

En una ciudad superpoblada como es la Gran Manzana, la presencia superheroica es tremenda, por ello resulta casi inevitable que en algún momento estos personajes se conozcan y unan sus fuerzas para plantar cara a alguna amenaza, ya venga de la propia urbe, el espacio exterior o alguna dimensión paralela.

Y precisamente, creo que no me equivoco al recordar la serie que protagonizó un miembro de los 4 Fantásticos, donde en cada número se encontraba con un nuevo compañero de aventuras y nacía ese concepto del que os hablo, el team up.

Sí, Ben Grimm, La Cosa, tiene los teléfonos de todos, toditos, los miembros del vasto Universo Marvel, por lo que esta miniserie creada por Steve Skroce rinde un divertido y apasionante homenaje a las mil y una peripecias que el rocoso héroe ha vivido y, sobre todo, las que va a seguir protagonizando.

Todo empieza, como ya os comentaba, de la manera más apacible. Ben, Bruce Banner y Reed Richards, en el laboratorio de éste último, desayunando y haciendo unos ajustes técnicos. La cosa podía haber seguido así, con largas y aburridas conversaciones sobre temas de lo más cotidiano, ¿verdad?

Pero claro, éste es un comic Marvel, y aquí lo que prima es la acción, el peligro no esperado, los mamporros y rayos, maldita sea. Así que, sin que se le invite, un tipo vestido con una armadura que os será algo conocida, aparece en escena y, de golpe y porrazo, lleva a La Cosa y Hulk (sí, el alter ego verde no tiene más remedio que hacer su aparición) a una dimensión donde, sin poder declinar la oferta, se verán convertidos en los paladines, defensores de un pueblo de curiosos seres, a los que acecha una auténtica legión de horribles criaturas…

No penséis que esta es la sinopsis completa de esta aventura. Para nada, ya que las vendas y el Betadine va a correr por litros para curar las heridas y que Ben va a compartir al lado de conocidísimas caras, creaciones de La Casa de la Ideas, como el mutante canadiense Lobezno, el místico ex cirujano Doctor Extraño, un inesperado supervillano, regente de un país, y que oculta sus facciones tras una máscara metálica (¿Hacen falta más pistas?) y, por último, el curioso narrador de toda esta historia, en la que llegará un momento que tendrá su parcela de protagonismo y, claro está, tortas, muchas tortas frente a un villano del todo inesperado, que tiene en mente un peligroso plan…

Con un virtuosismo gráfico espectacular y grandes dosis de buen humor, Steve Skroce regresa a la editorial que le dio la fama, dibujando cabeceras como X-Man, Gambito o Lobezno, para después dar el salto al mundo del celuloide, donde trabajó en producciones como Matrix, pero sin olvidar el medio que más ama, el cómic, al que ha regresado por la puerta grande en más de una recordada ocasión (Doc Frankenstein, We stand in guard, Maestros y BRZRKR).

Así que preparaos lectores, porque en cuanto abráis la primera página de este cómic sentiréis el golpe en vuestras retinas. Y es que, como no podía ser de otra manera, ha llegado ¡La hora de las tortas!


Malaga Hoy


lunes, 25 de diciembre de 2023

Carlos Giménez - Dibujante de tebeos

En el Saló Internacional del Cómic de Barcelona recibió el Premio al mejor guión y a la mejor obra del año, y en la Feria del Cómic de Madrid el Premio a una vida dedicada a la creación de tebeos

L.C.

¿Este año ha sido el de su regreso?

No, no ha habido ningún regreso. La única diferencia es que he cambiado de editor en España, y el nuevo tiene un proyecto en España, y el nuevo tiene un proyecto editorial más amplio, mayor interés por publicar mis cosas. Ultimamente mi anterior editor no se preocupaba mucho por ello.



¿Se ha planteado la editorial lanzar sus obras completas o primero las que más se venden?

Se ha planteado hacer la "Colección Carlos Giménez" de Glénat; la idea es ir publicando toda mi obra hasta donde se pueda. Si se pudiera llegar hasta mis primeros trabajos, yendo lógicamente hacia atrás, estaría bien. Pero no hay garantía, porque no sabemos hasta dónde le interesará al público mi obra más juvenil. En cuanto al orden no se sigue un criterio cronológico, sino dar preferencia a los trabajos que el editor supone que son más esperados.

Sus anteriores editores, los más recientes, han sido De la Torre en Madrid y Planeta DeAgostini en Barcelona. ¿Qué ha pasado con ellos?

De la Torre publicaba fundamentalmente libros, y quería incluir algunos tebeos, especialmente los míos, pero al distribuirlos los colocaba donde se venden tebeos, con lo que el público interesado los encuentra.

¿Esta edición es sólo para nuestro país?

Esta colección en castellano es sólo para España, lo que no quiere decir que algún resto no se distribuya en países de habla hispana.

¿Y que pasó con Planeta DeAgostini?

Que sólo publicó el Dani Futuro y no se habló nunca de publicar nada más. Yo tampoco lo pretendí y no hubo, por tanto, ningún problema. Me gustó mucho cómo se realizó la edición: muy cuidada, popular y con precios asequibles.

Esta es la tercera o cuarta vez que Dani Futuro intenta una edición popular, si contamos los cuadernillos de Toutain...

La diferencia es que ahora se ha hecho bien. Se ha publicado completo, desde el primer número hasta el último. Y sin faltas de ortografía o errores de edición. De las diferentes ediciones de Dani Futuro, la primera de Bruguera era un desastre; la de Toutain se editó en cuadernillos de formato clásico, y además se quedó a medias. Así que esta última es la que se ha editado como la colección es, con rigor, con un cariño poco usual y arropada por artículos de profesionales y amigos, de críticos que han escrito reseñas sobre el personaje.

¿Reeditar es volver a vivir la emoción del primer momento?

Reeditar es volver a salir a la calle pero vestido con traje nuevo. No tiene la alegría de la primera vez, pero sí la de ver lo bien que te sienta el traje. Debo reconocer que esta colección de la editorial Glénat tiene los álbumes mejor editados actualmente en España. Para mí es un lujo, siendo yo una persona que siempre ha tendido a que su trabajo fuese popular. Pero eso era cuando los tebeos eran un producto barato que compraba la gente de los barrios. Ahora eso no es así; los tebeos van dirigidos a los coleccionistas, a los aficionados, que no se corresponden forzosamente con lo popular. Los quieren coleccionar, y en ese sentido creo que Glénat ha acertado plenamente con esta colección: algunos álbumes ya han sido reeditados, con el poco tiempo que llevan en la calle.

¿Qué contraste encuentra ahora con los lectores de entonces, los que compraban sus primeras ediciones?

Mis tebeos ahora, al ser reeditados, tienen más peso específico. Cuando se publicaron por primera vez en las páginas de las revistas -porque estos tebeos se publicaban primero en revistas y luego se recopilaban de álbumes- se mezclaban con el resto de materiales. Ahora, los tebeos hechos hace tiempo se presentan un poco con la idea de gozar de un clásico, ¿no? Aquellos tebeos de Carlos Giménez... Eso a mí me agrada, la idea de ser un clásico vivo. Así han sido presentados estos álbumes: obras que se hicieron hace tiempo, refiriéndose incluso a temas de hace tiempo. Como la Transición que yo reflejé en aquellos álbumes de España, una, grande, libre: contada a pie de actualidad. Con el tiempo se han convertido en una crónica de aquellos años.

De hecho, con estos álbumes se hizo cronista de un tiempo.

Cuando hice Paracuellos, Barrio, incluso Los Profesionales, quería hacer una crónica de la época que había vivido: contar cómo era, cómo éramos, las costumbres, cómo eran los barrios. Pero en los de la Transición no fue así. Yo simplemente hacía un trabajo semanal para una revista de actualidad. La idea que yo tenía era que la semana siguiente mataba la actualidad de la semana anterior: es un chiste, un comentario, una gracia que se pasa y que la actualidad cambia. No me daba cuenta de que, al hacer actualidad semanal, lo que has contado es, inevitablemente, lo que ha ocurrido en ese periodo de tiempo. Al final, lo que conté fue mi Transición, la Transición vista desde mi punto de vista.

Si pudiera, ¿le gustaría ahora hacer algo parecido, la crónica de estos tiempos de fin de siglo y milenio?

Hace muy poco tiempo me interesó, hasta el punto de que empecé a preparar dosieres, incluso hice unos primeros episodios de dos o tres páginas... Creo que se llamaba Fin de siglo o algo así. Reuní mucho material de prensa, con recortes sobre temas como el sida, el racismo, la solidaridad, la emigración, etc. Pero aunque se interesó alguna publicación no hubo una respuesta, y luego ya lo dejé. Y estos momentos sinceramente no me gustaría hacerlo pero no porque el tema no me apetezca, sino porque mi atención está puesta en otras cosas.

¿En qué está trabajando ahora?

Ahora estoy haciendo el Paracuellos 4, y tengo ya preparados el 5 y el 6. En estos momentos me gustaría seguir trabajando sobre Paracuellos, desarrollando los temas, tratándolos con más detalle. Este tema me sigue preocupando, y además he tenido la enorme suerte en este tiempo -una de las razones por las que he retomado el tema- de haber reunido mucho material de amigos, de gente de la época con la que me sigo viendo, con la que he grabado muchas cintas y me han sacado documentos y fotos. Me he encontrado con tanto material que no aprovecharlo sería un desperdicio. Escribir sobre estos temas me apasiona. Primero, porque es la biografía de mi infancia, lo recuerdo muy bien, y sobre todo es un mundo insólito, que muy poca gente ha conocido y que, quien lo ha hecho, raramente lo va a contar o lo ha contado. Quizás porque los de aquellos colegios en pocos casos han llegado a ser escritores, directores de cine, novelistas, y los que lo han sido no han escrito sobre estos temas, sino sobre otros más comerciales o lo que sea... Es como si yo dijera: yo puedo contarlo, yo sé contarlo, yo tengo el material y además me gusta contarlo. A mis casi 60 años de edad, las cosas las quiero matizar más.

Vamos, que tiene material para tres o cuatro años más...

De Paracuellos y quizás de otros también. Yo digo de mí mismo que soy un mendigo de historias, siempre le digo a los amigos: "Oye, ¿por qué no me cuentas tu...?". Y grabo cintas y reunimos material que es maravilloso para escribir, porque pone en marcha el mecanismo de tus propios recuerdos. Yo podría estar con Paracuellos muchos años.

En dibujar cada álbum, ¿cuánto tarda?

Aproximadamente un año por álbum...pero también es cierto que entretanto hay otras cosas que me interesan, que me encargan y tengo que hacer.

¿Sigue publicando en la revista satírica francesa Fluide Glacial?

Sigo publicando, aunque creo que ya mi relación con ellos está terminando, porque en Francia hay muchos autores que quieren publicar y ya no hay tantas revistas. Al director actual le intereso menos que al anterior y publico con una cadencia muy por debajo de lo que me gustaría. Por eso creo que voy a cortar mi colaboración, porque ya no me interesa.

¿Publica en algún otro país?

No, sólo en Francia y ya lo voy a dejar, como he dicho.

¿Cómo ve el mercado del tebeo actual?

En relación con el tebeo de autor, el que yo hago, hay una recesión mundial, al contrario de lo que ocurre con el de superhéroes. Pero como yo estoy más cerca de un novelista o un narrador que cuenta sus historias, no lo tengo fácil. Hacemos una obra cada cierto tiempo, como ocurre con el cine independiente. Hubo tiempos mejores: cuando había revistas que primero te publicaban y luego lo recopilaban, por que saliendo sólo con el álbum no cubres todo el ámbito.

¿Qué otras cosas hace?

Colaboro con la industria del cine haciendo story boards y decorados a lápiz muy creativos, para crear climas y ambientes generales. Es muy interesante y está muy bien pagado.

¿Qué autores de tebeos extranjeros le interesan?

Citaría dos que me gustan mucho; uno especialmente, Bill Watterson, el creador de Calvin y Hobbes. Y otro el de Hellboy, Mike Mignola.

Dos norteamericanos. ¿Y europeos?

Me sigue gustando mucho la serie de Christin y Mezieres, Valerian, y el Blueberry de Giraud. Los releo y busco los nuevos. Pero el Blueberry que busco es el Giraud, nada más. Y los Spirou y Fantasio, y muchos de los franco-belgas...

¿Cómo ve las adaptaciones del tebeo al cine?¿Cuáles considera mejor adaptados de un medio a otro?

Inevitablemente en el trasvase se pierde mucho. Recuerdo con horror el pase del caminado de Mafalda, cómo se perdía el gag en el cine. En el dibujo animado interviene el aspecto comercial. Otro horror me ha parecido el Asterix, o un Marsupilami que me espantó. Una que me ha gustado: una de Phantom que han pasado por televisión, y el primer Conan.

¿Le gustaría que Paracuellos pasara al cine?

Me gustaría, y ya tengo escrito un guión para cuando llegue la ocasión.


Revista Leer número 114. Julio-Agosto 2000

domingo, 24 de diciembre de 2023

Dormilones en el avión ALBERT MONTEYS

PEQUEÑOS PLACERES

¿Antes del despegue? ¿Con antifaz y tapones? ¿O eres un contorsionista? Estas son ocho maneras de descansar en las alturas


22 DIC 2023 










'Dormilones en el avión'. Ilustración: MONTEYS.

MONTEYS

“No me gusta nada volar, por suerte tengo un sistema de defensa que consiste en dormirme en el momento en el que me abrocho el cinturón y despertarme con el ruido de la gente recogiendo sus maletas al llegar”, explica el humorista Albert Monteys (Barcelona, 1971). En este cómic, el ilustrador ha dibujado su forma de descansar cuando vuela y otras ocho maneras más.


Una disciplina con recursos propios

 Faustino R. Arbesú

Desconozco con certeza en qué está fundamentado el poder de atracción que ejerce la historieta. Quizás en sus enormes capacidades expresivas, de comunicación, de transmisión de ideas, de diversión...Lo que resulta incuestionable es que gran número de creadores, de comunicadores, no se han librado de ese atractivo que se ejerce desde la infancia, la fase de la vida más abierta y receptiva, menos condicionada. Epoca formativa y en formación, que dará paso a la plena madurez y al condicionamiento que, inexorablemente, impondrá el entorno social y artístico.




En las páginas dominicales a color de los principales diarios publicados en Estados Unidos, a comienzos del siglo XX, aparecen series de gran popularidad con reminiscencias literarias. El primer literato que adapta su obra (El mago de Oz) fue L. Frank Baum: Queen visitore from the marvelous Land of Oz (1904); luego vendrán las freudianas Little Nemo in Slumberland (1905; Winsor McCay) y Baby make-believe (1918; Frank King), sin olvidar la parodia quijotesca Don K. Haugthy (1918; Edgar Wheelan).

Con el crack económico mundial de 1929 se impuso en el cómic el carácter aventurero, sustituyendo a los predominantes géneros oníricos, de humor o fantasía. Irrumpe entonces un personaje de leyenda procedente de la literatura: Tarzán, de Edgar Rice Burroughs. Fue de la mano de Rex Mason, al que sustituyeron los artistas Hal Foster (El príncipe valiente), Hogarth y Joe Kubert. Sin embargo el cómic, como antes el cine, eludió el carácter fantástico que posee la casi totalidad de la obra de Burroughs. En los años 50 se hace con el control del personaje Russ Manning, que sí aportó todo su sentido épico y fantástico, con el mundo de Pellucidar, el reino de Opar, el de Pal-Ul-Don, de los hombre-hormiga, etcétera.

Con la llegada del formato comic-book (1934) el pulp literario sufrirá una eclosión en la historieta. Burroughs tendrá adaptaciones de sus series marcianas, venusianas y de El mundo perdido, siendo el autor más adaptado al cómic, incluso tuvo descendientes que en él han intervenido como autores. La Sombra, Bill Barnes, Doc Savage, entre otros muchos, pasarán a ser personajes asiduos en los tebeos.

El gran boom de las adaptaciones se produce a partir de 1940 con la serie Classic Ilustrated, que se mantendrá en el mercado mundial durante 30 años, con innumerables adaptaciones de obras literarias de todo tipo dando origen a una práctica muy común. En este terreno, en Europa destacó el asturiano Chiqui de la Fuente. Con la colaboración de varios guionistas dibujó más de cincuenta obras, para editoriales como Planeta DeAgostini, Toutain, El Pais, Sedmay, Diario 16, etcétera, destacando El Barón de Munchausen y Canción de Navidad, traducidas a una veintena de idiomas y publicadas en múltiples países. De este fluir de la novela al cómic hay que destacar la popular serie Conan. Su actual estatus se debe a la adaptación firmada por Ray Thomas y John Buscema.

Hoy en día sigue produciéndose este trasvase con una marcada pátina de cualité, buscando un público intelectual más selecto, con formatos propios de la literatura. El ejemplo más destacado es La ciudad de cristal (Paul Auster), realizada por el irrepetible David Mazzucchelli. Adaptación en la que llega a quitarle plomo al original.

En el otro sentido esta práctica es casi inexistente. Nada raro cuando las élites literarias, por ignorancia en la mayoría de los casos, han considerado al tebeo sólo apto para deficientes culturales. Opinión que ha variado muy poco en cien años, a pesar de existir voces preclaras en su defensa: Carpentier, Jodorowski, Sabatini, Lacassin, Cortazar, Fellini, Resnais, Faulkner, Steinbeck, Hemingway, Caldwell, sin olvidar a nuestro poeta y actual director de Cultura Luis Alberto de Cuenca, que no pierde ocasión de reivindicar su notable papel en nuestra sociedad. Podemos recordar aquí que la serie Li´l Abner de Al Capp fue propuesta por Steinbeck para el Nobel de Literatura.

Existe sin embargo una forma literaria que sí se ha interesado por el cómic desde sus inicios: el teatro. Una de las primeras obras adaptadas fue Little Nemo in Slumberland del genial McCay. El 18 de octubre de 1908 se estrenó este musical en Broadway con un costo de 100.000 dólares. Tres años antes lo había hecho Buster Brown, del autor que diera origen a este medio con su Yellow Kid: R.F. Outcault. Adapataciones que continuaron produciéndose con Superman, Li´l abner, nuestro Torpedo (Abulí/Bernet), Diego Valor (Adolfo Alvarez Buylla y Bayo), Salomé (Nazario), Maki Navaja (Ivá) o las del francés Lauzier Las cosas de la vida (Glups!) y La carrera de la rata (Cacao!). Que decir de las adaptaciones de los mangas (cómics japoneses) tienen en ese país. Desde el año 1914 en que se formó la compañía de operetas Takarazuka, integrada exclusivamente por mujeres (como contrapunto al clásico Kabuki), han incorporado de forma continua obras procedentes de la historieta.

Cine y cómic han caminado siempre de la mano, al unísono, con influencias recíprocas; recordemos que nacieron a la vez como medio de comunicación de masas (1895). Si la balanza se ha de inclinar de un lado, ha de hacerlo del segundo hacia el primero. Comenzó con el lenguaje de la imagen, desarrollado por Winsor McCay entre 1903 y 1909 en las obras Little Sammy Sneeze, Dream of the Rarebit Fiend y muy especialmente Little Nemo in Slumberland, varios lustros antes que David W. Griffith y demás autores siguieran sus pasos. McCay incorporó a este lenguaje el plano subjetivo, el escorzo, travelling, fundido, superposición de imágenes y todo tipo de planificaciones y angulaciones, sin olvidar el proceso de continuidad en todas sus vertientes.

El cómic le ha dado al cine miles de obras, realizadas con actores reales o con dibujos animados. Por seguir citando al gran McCay, en 1906 se hizo la primera adaptación de una de sus obras con personas reales: Dream of the Rarebit Fiend (Edison). El mismo llevó a cabo la realización de más de veinte películas de dibujos animados, de entre las cuales destacan Nemo en 1909 (en color), Gertie the dinosaur (1914) y The Sinking of the Lusitania (1918). McCay es padre y madre de los actuales dibujos animados. Uno de los primeros cortos de los Lumiére, El regador regado (1895), fue la recreación de una historieta de la época. 

Entre 1900 y 1930 se llevaron al cine animado la casi totalidad de los personajes más populares del cómic. Un hecho similar aconteció con actores reales entre los años treinta y cincuenta. algunos tuvieron hasta 30 adaptaciones. Blondie (Pepita Parachoques) fue una de ellas. Nada extraño dado que en su época contó con más de 70 millones de lectores en los diarios de todo el mundo. Han dirigido películas basadas en historietas desde Fellini a Huston, pasando por Losey, Resnais y un largo y prestigioso etcétera. Frank Capra hizo dos versiones de la serie Apple Mary: Dama por un día (1933) y Un ganster para un milagro (1961). Norman Taurog ganó un Oscar a la mejor dirección por la recreación del mundo de Skippi. Las mejores actrices y actores han encarnado personajes de tebeos, desde Marlon Brando a Bette Davies. Algunos de los grandes nombres del cine se han iniciado en la creación de la mano del cómic. Fellini y Zavattini en la época fascista, Tarantino y otros muchos seguirían sus pasos.

El cómic ha hecho lo mismo respecto al cine. La mayor parte de las películas famosas han tenido su versión y generado series. La guerra de las galaxias o El planeta de los simios son dos ejemplos de los muchos existentes. Los actores de renombre también: Charlot, Oliver y Hardy, John Wayne, Rod Cameron y Tim Holt, Dick Powell o Jimmy Durante, por citar algunos de los cientos de casos. Hasta hubo una editorial de tebeos especializada en actores, The Kinema Comic, que los publicó durante decenios.

Algo similar ha ocurrido entre historieta y televisión. Se han generado cientos de adaptaciones en ambos sentidos. Inicialmente predominaron las del cómic en la televisión, desde Superman a Batman. Diego Valor (Adolfo Alvarez Buylla y Bayo) fue la primera adaptada en España por la TV (1957). Maverick, Dr. Kildare, Bonanza, Viaje al fondo del mar y cientos más se podrían citar en sentido contrario.

¿Qué decir de la pintura? Aparte de la conocida influencia que el tebeo ha ejercido sobre el pop art y sus autores (Warhol, Kitaj, Lichtenstein o el Equipo Crónica), desde los 80 muchos de los practicantes de la Nueva Figuración han incluido en sus obras referencias icónicas directamente extraídas de los tebeos (James Marshall). Por otro lado, es fácil apreciar la influencia que determinadas vanguardias han tenido en los cómics, especialmente algunos expresionistas alemanes como Grosz, cuyos grafismos pueden rastrearse en la obra de diferentes dibujantes.

No se puede concluir sin insistir en que, pese a esas relaciones con otros medios, el cómic mantiene unas características de especificidad. No comparto la idea, que sostienen algunos autores como Eco o Barbieri, de la historieta como una disciplina dependiente de otras artes. Sus relaciones con otras disciplinas no deben hacernos olvidar sus recursos propios, que nos permiten hablar de un medio claramente diferenciado, con el mismo valor que los otros.

Si en la sociedad actual el hombre no puede ser una isla, tampoco pueden serlo ni los medios de comunicación ni las artes. Varios milenios de cultura, edición, información, narrativa y arte literario por fuerza han influido e influyen en las sociedades que las han desarrollado. El cómic, historieta o tebeo no ha sido ajeno a ello, como medio de comunicación y como arte nacido en las postrimerías del siglo XIX.


Revista Leer número 114. Julio-Agosto 2000


sábado, 23 de diciembre de 2023

L'art de Jiro Taniguchi

 















¡Un mundo loco, loco, loco!

¡Agarrad con fuerza el timón, ya que se inicia una movida travesía por los mares de la imaginación del Capitán Millionaire!


JOSÉ LUIS VIDAL

20 Diciembre, 2023

Si os dijera, así como quien no quiere la cosa, que el volumen recién editado por el sello Barrett tiene como principales protagonistas a un cuervo borrachuzo con tendencias suicidas y un mono al que también le gusta el bebercio, seguro que me miraríais con cara rara, pensando que estoy gagá…

Pero sí, es justamente con ese estado de locura que aporta cierta clarividencia con el que hay que enfrentarse a este volumen que recopila las tiras de Maakies creadas por un genio perturbado como es Tony Millionaire, al que muchos conoceréis por su obra más famosa, la increíblemente poética, y oscura por momentos, Sock Monkey (por cierto, os informo que la mejor edición jamás publicada en nuestro país también lleva el sello de los amigos de Barrett, que saben apreciar lo realmente bueno).




Maakies

Autor: Tony Millionaire

Tapa blanda

Blanco y negro

272 págs.

24,90 euros

Editorial Barrett


Cuervo Borracho y Tío Gabby, que son los nombres de los protagonistas de estas tiras, iniciaron su travesía en el ya lejano año 1994, y no creáis que fue un impulso artístico el que llevó a Millionarie a crearlos, sino más bien la falta de pasta, de dinero para seguir acercando a su hígado a una inevitable cirrosis, como él mismo confiesa en la esclarecedora entrevista que incluye el volumen, donde el dibujante se pone a la altura del mismísimo Bukowski en lo que asuntos etílicos se refiere.

Es por ello que cuando nos sumergimos en las peripecias de esta inusual pareja hay que tomarse las cosa con calma, ya que nos lanzamos de cabeza a un mundo con mil y una situaciones surrealistas, la mayoría nos muestran comportamientos del todo incomprensibles por parte de sus protagonistas y otro puñado de personajes, muchos de ellos cargados con un saco de ironía, escatología y nihilismo que son capaces de dejarte sin palabras, totalmente mudo ante lo que se despliega ante tus ojos.

Pero, ah, con qué belleza gráfica lo hace Millionarie. Los que ya tuvisteis la oportunidad de disfrutar de su Mono de trapo, sabéis de ese gusto por el detalle, con mil y una bellas líneas que componen el singular trazo de este artista que añora otros tiempos, ya pretéritos, lejanos, en los que tal vez él mismo habría sido venerado por la belleza de sus obras.

Increíbles veleros, elaborados batiscafos, paisajes de ensueño… Y botellas con el preciado alcohol, retazos autobiográficos aquí y allá, sólidas construcciones que desafían al tiempo, cruentas batallas con tropas francesas, vetustos automóviles, viajes a otros planetas…

Todo esto y mucho, mucho más encontrarás, lector, en este desquiciado y genial universo en el que, por si no fuera suficiente, Millionarie nos regala unas mini tiras que acompañan a la principal en la que tendrás que dejar atrás ese manto de corrección política con el que nos vemos obligados a vivir en últimos tiempos, ya que de lo contrario, palidecerás ante las brutalidades que ahí suceden.

En este periplo, el autor se hace acompañar de vez en cuando por otros nombres del cómic independiente, como Eric Reynolds, Johnny Ryan o Renee French.

Aunque, antes de concluir, me gustaría destacar el magnífico trabajo realizado por Ángela Reinón a la hora de traducir a nuestro idioma esta obra tan personal y la originalidad de la portada y guardas del volumen, que os depara una sorpresa.

Y dicho esto tan solo me queda una cuestión: ¿Qué, os sumáis a la tripulación de este bajel?


Malaga hoy

Urbano y subversivo

L.C.

Hablar del tebeo urbano y el subversivo es casi hablar de la Historia del cómic hace más de un siglo. Más que nada porque el mismísimo Yellow Kid, el Chico amarillo, era un chico de barrio, un "barriobajero" inmigrante en la Nueva York del fin del siglo XIX. Y sus aventuras eran las propias de un descarado en trance de adaptación al país adoptivo. Las travesuras de la pandilla que lo acoge y secunda serán la pauta para otros héroes surgidos posteriormente. Así, a vuela pluma, se pueden recordar personajes y series como Buster Brown, Little Nemo, The Katzenjammer Kids, Red´lar Fellers, Skippy, Dennis the menace, Miss Peach, Krazy Kat, Maud the mule, The Monks, Happy hooligan, Mutt and Jeff, Popeye, Bringing up father, Blondie, The gumps, Betty Boop, Winnie Winkle, Little Orphan Annie, Gasoline Alley, Joe Palooka, dr. Kildare, Dick Tracy, Secret Agent X-9, Red Barry, Charlie Chan, Radio Patrol, Rip Kirby, Spirit, The Shadow, Batman, Spiderman y muchos otros superhéroes que pululan por la ciudad y ejercen de justicieros.




La mayoría de estos héroes son de ambiente urbano y perturban el orden natural de las cosas. Muchos de ellos actúan al margen del Orden, cuando no abiertamente en contra, o sin permiso expreso de la autoridades.

La subversión infantil o animal de los primitivos héroes va evolucionando hacia el héroe solitario, vengador de injusticias o desmanes y terror de malandrines de toda laya, con los que tienen a veces cosas en común.

Personajes como The Spirit, que surge como un resucitado o mal-enterrado para vengar injustícias y termina enamorando a la hija del comisario de Policía, es un arquetipo del héroe urbano y marginal, como lo puede ser el Batman señor de la noche, justiciero en horas libres y rival de la Policía que siempre llega tarde. Los miles de policías que llenan los tebeos del mundo como héroes del bien son un modelo imposible a seguir por los millones de lectores de tebeos, aunque los editores lo pretenden. Tienen que incluir algo del lado "oscuro", algo de lo alterador, para que el lector corriente se pueda sentir identificado. Lo "bueno" en abstracto es casi inhumano, difícil de imitar...

¿Será por eso que el "modelo" a seguir quizás deba venir del "exterior", aunque sea de otra galaxia? ¿Es una subversión aceptable? A lo visto, en los tebeos parece que sí.

Y el segundo aspecto: que el ámbito de ejercicio de esa actividad "justiciera" sea en la urbe quizás tiene su última ratio en el origen mismo de los tebeos: la prensa de la gran ciudad. Los cómics surgen en los grandes diarios y se desarrollan en los más vendidos.

El componente didáctico de los cómics con pocos textos y fáciles de leer por los inmigrantes casi iletrados, es un elemento a considerar cuando se estudian los potenciales consumidores de los cómics en la moderna sociedad. Y una posible explicación de tantos personajes marginales, para-policiales, perturbadores del orden establecido, subversivos inconscientes, "extranjeros", extraterrestres o "raros" .

En los primeros tiempos, los cómics tenian como protagonistas a niños, animales, marginales, grupos pandilleros, familias pintorescas o emergentes camino de la integración. La sociedad en proceso de formación en los Estados Unidos... El paraíso soñado para los oportunistas, los aventureros y los trepadores. Años después, tras las dos guerras mundiales en las que Estados Unidos intervino, el buen muchacho americano perdió la ingenuidad y volvió con redaños y desengaño. Las mujeres habian tenido que ir a las fábricas y ya no querían volver a quedarse en casa.

EL FINAL de la Segunda Guerra Mundial dio a los cómics norteamericanos una sensación de euforia por la victoria y desencanto al regreso de los héroes: Rip Kirby será ya un detective elegante y meticuloso, pero medido en la acción. Su creador, Alex Raymond, es un veterano y ha vivido la contienda. Como el creador del Spirit, Will Eisner, que se vuelca en analizar la vida en la ciudad, los barrios, la esclerosis de la familia y la hipocresía ambiente. Hasta Stan Drake con El corazón de Julieta Jones exhibe la vida mediocre en la pequeña ciudad de Devon.

Las comedias de teléfonos blancos intentan maquillar la realidad y mientras tanto la Guerra Fría desemboca en Corea y luego en Vietnam. De la confrontación ideológica frente al comunismo ruso y chino se llega a los conflictos en el Sudeste asiático. Los superhéroes incluso participan en las guerras, pero la sociedad cuestiona y los G.I. que regresan cuentan sus miserias. Primero MAD y luego el movimiento hippie impulsarán el cuestionamiento del expansionismo yanki: Kennedy ofrece la "nueva frontera" y las universidades críticas responden con la revuelta estudiantil. Pogo y sus fábulas satíricas, Jules Feiffer y sus personajes psicoanalizados, las luchas por los derechos de los negros y las minorías desembocan en el movimiento underground.

Nacen los comix en los campos universitarios y se extienden imparables al mundo. Robert Crumb, Gilbert Shelton, Richard Corben y otros muchos serán las nuevas estrellas rutilantes de los tebeos y ponen de moda la historieta subversiva y contestataria que, además, es fundamentalmente urbana: sus héroes son gente de la pequena o gran ciudad, gentes con problemas cotidianos que resolver con conflictos familiares y con quiebras en sus creencias fundamentales.

La revista Zap Comix abandera las que seguirán, como el MAD de Harvey Kurtzman había sido el ejemplo a seguir. Vendrán Help, The fabulous Furry Freak, Mr. Natural, Bijou Funnies y muchas otrasLa senda estaba abierta..

En Europa, la revuelta estudiantil del Mayo Francés del 68 será el detonante de lo que se venía cociendo. Los modelos norteamericanos se transfieren y surgen otros nuevos. El comix underground, los tebeos subversivos y corrosivos trastornan el mercado fasta que son absorbidos por el sistema: ¡Cualquiera hace una protesta y lo expresa en un tebeo!... Pero algunos de los que nacen dejarán huella: Fluide glacial, L'echo des Sabannes, Charlie, Frigi-Caire, Actuel y los brutales Hara-kiri y sus imitaciones soliviantan a Pilote, Spirou y el mismísimo Tintín.

Las historietas de nuevos personajes como El gran Duduche de Cabú, Los frustrados de Brétecher, las páginas de Gotlib, El pequeño Nicolás de Sempé y muchos más crean el clima para los Wuillemen, Veyron, Matiotti, Milo Manara y Maxmagnus. Jóvenes, mujeres, ancianos, todos son personajes de historietas. Y el sexo, la violencia, la marginalidad, la delincuencia, la entran en las páginas de los tebeos, donde nunca antes habían estado.

A ESPAÑA llego este movimiento mundial de los tebeos con sordina y amortiguado. Hacia el final de los años sesenta, los tebeos franceses y belgas llegaban filtrados en publicaciones como Bravo, Gran Pulgarcito, Strong y Gaceta Junior. Eran revistas juveniles envidiosas de los Pilote, Spirou o Tintín, a los que compraban material "juvenil". Y, como respuesta, desde el organismo propagandístico del franquismo, la Falange, se lanzó Trinca según el modelo europeo dominante, con autores españoles de calidad. Apenas duró dos años. Aunque hizo escuela y lanzó autores como Ventura y Nieto, que hacían historieta todo lo subversiva que se podía bajo el tardofranquismo. Sólo era el año 1970 cuando surgió y alcanzó a rescatar creadores "perdidos por Europa", como Carlos Giménez o Víctor de la Fuente.

Hubo que esperar a 1974 para que el coxim se publicara en este país. Y lo hizo de la mano de la muy meritoria y muy injustamente olvidada revista quincenal Star. En la portada se indicaba que era "sólo para adultos" y por sus páginas y portadas psicodélicas aparecieron los Druillet, Shelton, Crumb, Corben, Gotlib, Warner, Sheridan, Richards y muchos otros. Y empezaron los Nazario, Max, Alfonso López, Miracle, Martí, Albert, Cesepe, El Hortelano, Mariscal y casi todos. En el número 13 publicó como monográfico Fritz the cat, de Robert Crumb, y la policía lo secuestró porque, al parecer, un padre se lo compró a su hijo creyendo que era El gato Félix. Era el mes de julio de 1975 y hasta el 20 de noviembre no se murió Franco.

La semilla ya estaba echada y a trancas y barrancas y gracias a los del "Rollo enmascarado" pudimos aguantar hasta que llegó Totem en 1977. Allí se rescató el tiempo perdido y en aluvión llegaron los comix y los cómic adultos del resto de Europa, los Estados Unidos y el resto del mundo. Empezamos a  normalizarnos.

De la mitad de los 70 a la de los 80 fueron los del "destape" y "la ola de erotismo que nos arrollaba". En los quioscos llegó a haber más de veinte revistas de cómics y se publicó de todo: bueno, malo, regular y de Marruecos. Pero sirvió para que nuevos autores surgieran en España y hasta publicaran en el extranjero su obra.

FUERON los años de El Vibora y Makoki, de la ruptura y lo marginal; teníamos un comix español, agresivo. crítico y provocador: urbano, subversivo y chungo, el feísmo estadounidense y francés, adaptado y mediterráneo. No había nada que envidiar al resto del mundo. Triunfábamos en Angoulême, en Lucca y hasta en Grenoble.

Autores como Max, Mariscal, Pons, Kim, Martí, Bernet, Laura, Del Barrio, Raúl, Ana Juan, José Luis Martín, Gin, Garcés, Das Pastoras, Prado, Pellejero, Font, Ortiz, Giménez, Victoria Martos y muchos más demostraron su buen hacer. Y crearon escuela. Pero las revistas desaparecieron y volvió el muermo. Pocos siguen hoy publicando regularmente. Si acaso, el álbumes ocasionalmente.

Y tras la crisis de los 90, nuevas generaciones surgen y no se resignan y publican donde pueden, pero ahí están los Entrialgo, Miguel Angel Martín, Juaco, Ortega, De Felipe, Colino, Monteys, Alex Fito, Garay, Sequeiros y algunos más.

Casi todos ellos cumplen con su vocación de "desveladores de lo oculto", de ser testimonio de su tiempo y sus convicciones. Cuentan sus historias o las de su mundo, como hacen en los Estados Unidos Peter Bagge, Clowes, los Hernández, Burns, Lapham y otros.

Los editores "independientes" están lavando la cara al mercado adocenado, tanto a un lado como al otro del Atlántico. ¿Será ése el camino del tebeo de calidad y culto? Por lo menos, para lo urbano y subversivo, parece que sí.


Revista Leer nº 114. Julio-Agosto 2000