lunes, 11 de diciembre de 2023

EN NUESTRO PUEBLO HAY MÁS DE UNA BRUJA

Quim Pérez




El terreno de juego del cómic juvenil actual está muy claro para quién lo quiera ver, incluso es tan diáfano que se ve sin necesidad de enfocar demasiado. En el cómic juvenil, la parte del león de sus argumentos tiene que ver con la identidad de género y cómo la persona protagonista toma conciencia. Muchas historietas dirigidas a los young adults ponen esta conciencia en el centro del conflicto del personaje protagonista; esta temática también resulta muy habitual en el cómic para adultos.

Kat Leyh, de la que sabemos que reside en Chicago, pero no tenemos ninguna noticia de cuándo ni dónde vino al mundo, lo comenta en una entrevista. Dice que muchos creadores queer escriben las historias que hubiesen deseado leer en su niñez, donde aparecen otros modelos de expresión de género y de orientación sexual más allá de la heteronormatividad. Muchos creadores queer entraron dentro de la comunidad LGBTQAI+ ya de adultos, pero en su infancia no tuvieron referentes culturales que dieran carta de naturaleza a su sentir y a su expresarse. Snapdragon atiende a este propósito; esto es, a reconocer que los jóvenes queer existen y tienen algunas experiencias diferenciadas.

Los cómics, como cualquier obra artística, respiran también el aire que sopla en su época. Lo fe- menino, lo masculino, lo no binario, la identidad de género, la orientación sexual, la expresión del género son cuestiones que están en el candelero e interpelan no solo a la juventud de hoy, sino a toda la sociedad. Su presencia en Snapdragon es incuestionable, sus principales protagonistas no encajan en ninguno de los referentes tradicionales y viven esta diferencia sin alterarse, y está integrado en la trama con una fluidez que a los lectores mayores no puede más que regocijarnos aunque, a la vez, nos sorprenda.

Snapdragon es un cómic de aventuras clásico. La acción comienza de manera accidental, la protagonista va superando pruebas cada vez más difíciles al tiempo que hace importantes descubrimientos familiares, cuenta con una mentora y consigue su gran objetivo: dominar la magia y ser una bruja como dios manda. La lección que aprenderá la mentora es que no hay un único camino para hacer bien las cosas, y la lección de la protagonista es que la magia solo brota cuando nos enfrentamos a una gran necesidad.

Es un cómic que lanza un mensaje positivo sobre diversos aspectos de la vida, pero no en forma de moralina, sino que está integrado en la historia y discurre sin sombra alguna de didactismo. Algunos de esos temas son: el tiempo que conlleva cualquier nuevo aprendizaje, la vejez y la merma de capacidades físicas, la autonomía juvenil, el valor del trabajo manual, los fantasmas como seres que padecieron injusticias todavía no reparadas, la vinculación estrecha del ser humano con la naturaleza, que hubiese sido muy del gusto del Osamu Tezuka de Buda, la bondad de las segundas oportunidades en la vida, la familia escogida frente a la familia biológica, las afinidades con los demás por encima de las diferencias, o el trabajo de cuidados como una labor valiosa y necesaria. Si buscamos un hilo común que pueda unir a buena parte de estos temas lo encontraremos en la compasión. Es un sentimiento que surge cuando nos enfrentamos al sufrimiento de otra persona y nos impulsa a aliviarlo. A diferencia de la empatía, la compasión incluye el deseo de ayudar al otro. En las viñetas de este cómic, de tamaño inferior al de la novela gráfica, hay muchos ejemplos de ese inmiscuirse en lo ajeno para ponerle algún remedio.

Este cómic tan ágil tiene un ramalazo de mal cómic juvenil a la hora de construir el personaje del antagonista. Se trata de Chuck, la expareja de la madre de Snapdragon, un tipo agrio y vengativo; un malo maloso, malcarado como un pecado y poca cosa más. Es un personaje demasiado plano y poco creíble, porque no se le presenta con la misma complejidad de carácter que al resto de personajes; aunque el mundo vaya sobrado de canallas que consideran a su expareja como una propiedad y pretenden hacerle la vida imposible.

Snapdragon es el cómic que a Kat Leyh le hubiese gustado leer de pequeña: personajes protagonistas tratados sin un ápice de paternalismo y que brillan con luz propia. Estamos ante un tebeo con una buena dosis de elementos fantásticos, con revelaciones familiares insospechadas, y un puñado de los elementos que Terry Pratchett incluía en sus novelas. No en vano, Snapdragon puede considerarse como una versión de la novela Ritos iguales (1987), de Pratchett.

Leyh tiene un estilo de dibujo con reminiscencias del Estudio Ghibli y del cartoon, pero el entintado es casi de línea clara. Sus trazos, pocos y limpios, sugieren un lápiz muy trabajado. La tinta depura al lápiz, podríamos decir. Pero si a nivel de dibujo es notable, a nivel de narrativa gráfica es demoledoramente brillante. Proyecta en sus páginas un gran dinamismo gracias a que los ángulos de sus viñetas casi nunca suman noventa grados. Además, usa recursos narrativos del cómic y no simplemente saqueados del cine o de la literatura. Estamos ante la obra de una historietista madura con pleno dominio de sus capacidades.



Snapdragon

Kat Leyh

Editorial Astronave

Estados Unidos

Cartoné

240 págs.

Color

Traducción: Diego de los Santos Rotulación: Vanessa Cabrera y Juan Pacheco

Obra relacionada

Leñadoras

Noelle Stevenson y varios autores

(Sapristi Comic)

Paper girls

Brian K. Vaughan y Cliff Chiang

(Planeta Cómic)

El príncipe y la modista

Jen Wang

(Sapristi Comic)

Buda

Osamu Tezuka

(Planeta Cómic)

El tapiz de los dragones de té

Kay O’Neill 

(Ediciones La Cúpula)


Anuario Jot Down Comics 2021

 

Las tiras gráficas en la prensa norteamericana

Ana Merino

En 1995, centenario de la aparición del primer cómic norteamericano, el Departamento de Correos de los Estados Unidos editó una colección de 20 sellos de 32 centavos que homenajeaba a las tiras clásicas de cómics. Allí aparecían personajes como Yellow Kid, los Katzenjammer Kids, Little Nemo, Krazy Kat, Annie, Popeye, Blondie, Dick Tracy, Alley Oop o Nancy, entre otros.



A los norteamericanos les gusta reivindicar como suya la invención del cómic. Lo cierto es que han sido ellos los grandes promotores de la industria de la historieta y los que más la han desarrollado, a través de la prensa, como una sección habitual dentro de las páginas de sus periódicos. Yellow Kid, el personaje con un gran mandilón amarillento creado en 1895 por Outcault para el periódico The New York World dio nombre de amarilla a la prensa sensacionalista. Los Katzenjammer Kids (1897), de Rudolph Dirks, que en España leímos como Los cebollitas o El Capitán y los pilluelos, eran dos niños muy traviesos en los que se inspiró Escobar para crear a Zipi y Zape, y se suele considerar como la primera tira cómica propiamente dicha por su contenido riguroso de viñetas y bocadillos.

Una de las obras más sugerentes, por su refinamiento estético y sus referencias oníricas, será Little Nemo, creada en 1905 por Winsor McCay para el New York Herald como entrega dominical a página completa. Nemo es un niño que vive dentro de las aventuras que fabrican sus propios sueños. Krazy Kat, de George Herriman, creada en 1910 para el New York Journal, es un gran ejemplo de mundo surrealista.


Izquierda, Richard F. Outcault, creador de The Yellow Kid; derecha, George Herriman, responsable de Krazy Kat

Dentro de la tira de cómics americana hay un género que puede denominarse "costumbrismo familiar" (que influye en la historieta europea y latinoamericana) y que narra en sus viñetas la historia de diferentes familias. Este género lo inició en 1913 la serie Bringing up father (traducida como Educando a papá) de George McManus, y es la historia de una familia emigrante irlandesa que se hace millonaria. Jiggs, el padre, es un albañil a quien su condición de nuevo rico no cambia ni de modo de ser ni de amistades; por su parte, su esposa Maggie, antes lavandera, se transforma en una señora derrochona que pretende formar parte de la alta sociedad. Blondie es una tira también familiar, creada por Chic Young en 1930, y narra las relaciones de un matrimonio de clase media, en que el marido ha renunciado a su herencia para casarse con la mujer que quiere. En la actualidad, y desde hace dos décadas, se publican en los Estados Unidos las tiras familiares de Lynn Jonhston tituladas For better or for worse, que narran la vida de una familia de clase media, con la peculiaridad de que sus peripecias se desarrollan en el propio tiempo y al hilo de los sucesos de la realidad.

Harold Grey, creador de Little Orphan Annie

George McManus, autor de Bringing up father

Una tira clásica que llegó a convertirse en portavoz de la tendencia más conservadora de la cultura de masas, además de pasar al cine, teatro y cine fue Annie (Little Orphan Annie), de Harold Gray, creada en 1924. El discurso de Gray, a través de sus viñetas, pretendió avivar el espíritu norteamericano más conservador en los tiempos difíciles de la Gran Depresión. Por su parte, la tira Li´l Abner (1934), de Al Capp, ambientada en la América rural, será una sátira sobre la vida en los Estados Unidos. Popeye (1929), de Segal, será un personaje carismático por la fuerza que alcanza tras la ingestión de espinacas.

La tira de los periódicos también tuvo espacio para las aventuras policíacas y míticas. Dick Tracy (1931), de Chester Gould, para el Chicago Tribune es ejemplo de género policíaco y Terry y los piratas, de 1934, de Milton Caniff también para el Chicago Tribune, será una serie realista de aventuras de enorme éxito. En 1940, Will Eisner creó su personaje The Spirit para el mismo periódico. Por su parte, en 1929 Harold Foster adaptó el Tarzán de Edgar Rice Burroughs a la tira de cómics para el Metropolitan Newspaper. Ese trabajo fue luego continuado por Burne Hogarth.

Hal Foster, padre de El príncipe valiente

Will Eisner, que dio vida a The Spirit


Hay que recordar que tanto Flash Gordon (1934), de Alex Raymond, como El príncipe valiente (1937), de Harold Foster -una tira que todavía hoy sigue apareciendo-, como Mandrake el mago moderno (1934), de Lee Kalk y Phil Davies, nacieron y se desarrollaron como tiras cómicas. En los años 60 fueron significativas B.C. -localizada en un particular mundo cavernícola- y The wizzard of Id -cuyo escenario es una cruel y grotesca Edad Media-, de Johnny Hart y Brant Parker. En los mismos años 60 aparece -y sigue saliendo- Beetle Bailey, de Mort Walker, que sucede en el mundo militar. Catfish, de Rog Bollen y Gary Peterman, presenta una parodia de aventuras del lejano Oeste, y Broon Hilda, de Russell Myers, tiene como protagonista a una singular bruja. La sociedad norteamericana de los 70 tuvo un reflejo divertido en Doonesbury, de G. B. Trudeau, acaso precedente del humor de Woody Allen.

La serie de Carlitos y Snoopy -Peanuts, nombre impuesto al autor y que nunca fue de su agrado-, creada en 1950 por el recientemente fallecido Charles Monroe Schultz, ha sido una tira emblemática difundida en todo el mundo y ha influido en otras, como la tira de Garfield, el gato gordo, anaranjado y vago creada en 1978 por Jim Davis, que también ha cosechado gran éxito, o la creada por Bill Watterson en 1985, Calvin y Hobbes, que narra las aventuras de un niño y su tigre de peluche.

En un espacio tan limitado es imposible resumir la extraordinaria riqueza y diversidad que las tiras de cómics han mostrado y muestran en la prensa diaria y dominical norteamericana, y hasta qué punto muchas de ellas son reflejo directo de la realidad. no obstante, hay que señalar que todas ellas pertenecen a ese peculiar mundo capaz de conseguir tanta expresividad, y que es uno de los vigorosos signos de identidad gráfica de la cultura del tiempo que vivimos.


Revista Leer nº 144 Julio-Agosto 2000

¡Viaje (a mil y una realidades) con nosotros!

En un alocado y colorido trayecto, continúan las apasionantes aventuras del grupo Excalibur



JOSÉ LUIS VIDAL

03 Diciembre, 2023

Si se echa la vista atrás, a través del larguísimo y exitoso curriculum del guionista Chris Claremont, me atrevería a decir que pese a ser mundialmente conocido y bautizado como el ‘padre’ de los mutantes, creo que la colección en la que tuvo más libertad creativa y, sobre todo, se lo pasó mejor, fue sin duda Excalibur.

Con un grupo de personajes tan variopinto como el Capitán Britania, la multiforme e indecisa Meggan, y el trío de mutantes formado por Kitty Pryde, Rondador Nocturno y la poderosa Fénix, se saca de la manga un universo (o mejor, debería decir universos) en los que los protagonistas van a vivir mil y una aventuras, dejando por el camino multitud de guiños y homenajes tanto a personajes de la cultura pop británica como a diferentes mundos creados por famosos escritores del género fantástico y famosas producciones cinematográficas.

Y eso que esta colección, como su creador, tiene un fuerte acento británico. Os reto, por ejemplo, a descubrir la presencia de uno de los peores enemigos del Dr. Who…

Pero, si por algo es conocido Chris Claremont es por su habilidad para trazar diferentes líneas argumentales que, con el tiempo, irá resolviendo. Y aquí, obviamente, vamos a encontrarnos con algunas. Os aseguro que todos y cada uno de los protagonistas van a tener su momento. Ya sea por amores no correspondidos, traumas del pasado, etc…

A bordo de un tren perteneciente a una versión ‘nazi’ del grupo, estos van a empezar a dar imprevistos saltos de una realidad paralela a otra. Y es que a bordo del vehículo les acompaña un misterioso artilugio al que bautizarán como Cacharro que, aprovechando la energía Fénix de Rachel Summers, los transportará al principio de este volumen a un mundo de caballeros, princesas… y príncipes como el joven William, que se va a quedar prendado por la belleza de la joven Kitty Pryde, que se las va a ver y desear para librarse de una inevitable boda.

Sin adelantar mucho más de la trama, sí, conseguirán escapar de bodorrio, pero tan solo para ir de cabeza a una versión desquiciada y violenta del Universo Marvel, donde tendrán que vérselas, irremediablemente con algunas más conocidas creaciones de la Casa de las Ideas…

Como os decía antes, Claremont es un hábil arquitecto narrativo, y otra de las líneas argumentales de la colección nos lleva junto a la Tecno-Red, ese grupo de mercenarios espacio temporales que, atrapados en nuestra realidad, van a ser contratados por Nigel Frobisher para que rescaten de las garras del Dr. Coco al hermano de Brian Braddock, el desquiciado y muy peligroso Jamie, hecho este que va a traer más de una problema al desaparecido grupo en un futuro inmediato.

Aunque tal vez mi arco favorito incluido en este volumen es aquel en el que los protagonistas aterrizan en un mundo que homenajea a la genial creación nacida de la fértil imaginación del escritor norteamericano Edgar Rice Burroughs, John Carter de Marte.

En este paisaje, Excalibur va a vivir una gran aventura, rodeados de naves voladoras que surcan el desierto rojo, voluptuosas princesas, letales combates a espadas seres con cuatro brazos… En fin, todo lo que incluye una gran peripecia, no exenta de sus momentos humorísticos, de los que vamos a toparnos con muchos en estas páginas.

Pero claro, no puedo obviar uno de los motivos por el que esta colección tuvo un éxito brutal. Y es su parte gráfica, en la que el también inglés Alan Davis dejó lo mejor de sí, regalándonos unas páginas que ya son merecedoras de estar colgadas en un museo y aportando también su talento como escritor.

Por desgracia, la enfermedad lo alejó temporalmente del título, y un baile de diferentes dibujantes vino a tratar de cubrir su hueco, hecho éste harto difícil pero que nos deja la oportunidad de disfrutar del trabajo de Dennis Jensen, Rick Leonardi, Chris Wozniak, Barry Windsor Smith, Colleen Doran y David Ross.

Hasta el propio Claremont será sustituido por otros guionistas como Michael Higgins, Terry Austin o Dana Moreshead, ya que en aquellos años eran muchas las colecciones éste llevaba adelante, y de vez en cuando necesitaba un respiro.

Afortunadamente, Davis pudo regresar para completar con su arte el final de esta larga saga de viajes a los largo de diferentes realidades, dándoles el cierre que todos esperábamos aunque, cuando creen estar de vuelta a ese faro que se ha convertido en su hogar, ‘alguien’ llama a la puerta… ¡Y la aventura vuelve a comenzar!


Malaga Hoy


domingo, 10 de diciembre de 2023

La mirada exterior por Jesús Cuadrado


Para aconsejar a sus lectores en torno a una adaptación cinematográfica sobre una obra de Twain, el crítico filmico Francesc Llinás (casi una firma seria, no un periomixto al uso; lo que empeora el asunto) termina su nota con el topicazo "...si quieren saber de verdad de qué va la historia de Huck Finn, vayan a una librería y compren la novela". Pero ahí no está el tema; ni viene a cuento la conseja. La adaptación es siempre una mirada exterior; un apoyarse, un conato de difundir, un abanicar lo imposible. Adaptar es volver a mirar.

Las tres inamovibles cuestiones; una en contra y dos a favor:

a) La adaptación no interesa porque desvirtúa la riqueza del original

b) La adaptación sí interesa porque ayuda a la asimilación global del original

c) La adaptación sí interesa porque plantea una mirada alternativa

Un subgénero de servicio en la historieta es la adaptación. Casi desde el inicio de nuestra industria la adaptación ha estado presente. Y mucho antes: los planos secuenciales de Junceda en Los viajes de Gulliver o en La isla del tesoro ya eran historieta comprimida. Más del cincuenta por ciento de la obra de nuestros historietistas para el mercado agencial fueron adaptaciones; o recreaciones; o extensiones. Y no eran despreciables en bloque; depende de la firma: de su honestidad o de sus ganas de engañar.




De entre los guionistas hubo de todo: grandes autores (Pedro Quesada), mediocres (Antonio A. Arias) e intermedios (Mariano Hispano). Todos adaptaron. Y otros doscientos mil escritores de otras literaturas vivieron del tema. Historiadores (Vidal Sales, Joan Llarch), novelista (Víctor Mora) o firmas todoterreno (Arizmendo, Martínez Fariñas, Sánchez Pascual); incluso algún pornógrafo (Rodríguez Lázaro). Y, a su lado, centenares de dibujantes que se arriesgaron en el imposible: que la sombrilla de Robinson Crusoe no defraudara a un Defoe resucitado; que Stevenson quedara contento con la resolución de la más que compleja escena del tonel, la manzana y la angustia del grumete Jim; que el genial Jules Verne no la emprendiera a bastonazos con cada creador que se aproximó a los mil y doce capitanes Nemo que en el mundo de la adaptación convivieron...

Dispersas en los mercadillos de lance aún sobreviven colecciones adaptadoras (o recreadoras; o extensoras) que merecen una mirada de aqueo comprensivo; y de rescate. Allí, en Historias (1955), en Adaptaciones gráficas para la juventud (1959), en Novelas clásicas (1963), en Héroes (1963), en Hombres famosos (1968), en Joyas literarias juveniles (1970); allí, en sus páginas equivocadas o no, alimenticias o casi, allí está la mitad de nuestra historieta o más. Y olvídense ustedes -y, de paso, liberen a sus niños del pecado- de recientes baleadoras como Historias para siempre (Alfaguara, 1996), porque apenas son eso: más bien son chapuzas mercadotécnicas de editores que jamás leyeron tebeos o, si los leyeron, de su recuerdo se avergüenzan en plan exministro de la cosa cultural, tal que Solana.

Ahí, en las perdidas colecciones de editoras como las ya desaparecidas Bruguera, M Rollán o Valenciana (o en las aisladas miradas de un enamorado del medio como Carlos Giménez, o del casi clandestino Antonio Calderón) están los genios y están los medianos. Mas no los basureros; de estos casi no hay.

Porque la adaptación obliga a inventar y a suplir, a ir con cuidado; a no atropellar porque sí y a no mutilar en exceso; porque te vigilan. El autor original -aquel que inventó la historia primicial- desde su nube, atisba; y el adaptador lo sabe. Lo sabe y mantiene el respeto; o guarda un temor.

En la mayoría de los casos, al menos, lo presiente.


Revista Leer nº 144 Julio-Agosto 2000


Amour fou

Ichiro y Sachiko tienen una relación amorosa complicada, que el autor de este manga, Seiichi Hayashi, plasma con genialidad en sus páginas


JOSÉ LUIS VIDAL

05 Diciembre, 2023 

Idas y venidas. Risas alocadas y llantos desconsolados. Incontenibles peleas y amorosas reconciliaciones.

Pura contradicción. Así es la vida de estos dos jóvenes en el Japón de los años setenta, en el que el talento de los protagonistas se diluye pasando interminables horas dibujando decenas de fondos y escenas para el floreciente mundo de la animación, que inicialmente pareció una panacea, pero que casi no saca a sus trabajadores de la miseria.





Elegía en rojo

Autor: Seiichi Hayashi

Tapa blanda

Blanco y negro

256 págs.

24 euros

Gallo Nero Ediciones


Es por ello que Ichiro tiene un sueño en el que también ha dejado muchas horas de labor, dibujar un manga, una historia propia que sueña con enseñar a un editor, aunque este simple hecho le atenaza. Pero sabe que si le aceptan el trabajo podrá vivir mejor y da a Sachiko todo lo que quiera, como un futón nuevo.

Pero la vida sigue, con sus altos y bajos, sus problemas cotidianos y esos otros que nunca son ajenos a uno mismo, y que tienen como protagonistas a la familia. El dolor que se carga desde hace años por el comportamiento de un progenitor; la inesperada aparición de lo que todos más tememos, una enfermedad que arrebate de nuestro a la persona que nos crio.

Indecisa, la joven Sachiko se deja llevar por la atracción hacia otras personas de su entorno, lo que hace enloquecer a Ichiro, que entre tragos de sake, se lanza de cabeza a una marea tóxica, etílica, que tal vez haga peligrar la relación de ambos, que se bambolea como un barco dentro de una tormenta en alta mar.

Con una economía gráfica de medios increíble, Seiichi Hayashi nos transporta a un mundo que conoció muy bien, el de la animación, aunque lo importante de esta obra es la clarísima influencia que tiene de esa 'nueva ola' gala dentro del mundo cinematográfico. Si me dijeran ahora mismo que Elegía en rojo esta creada por un Jean Luc Godard joven me lo creería, ya que comparte muchas características del cine del autor francés, entre otros coetáneos.

La editorial Gallo Nero sigue dándonos muchas alegrías a aquellos y aquellas que buscamos otras propuestas narrativas, estilísticas y gráficas en el universo del manga nipón, nutriéndose con un grupo muy especial, el de autores y autoras que supieron (y pudieron) expresarse con total libertad dentro de una publicación ya mítica, Garo.

Para todos aquellos que busquéis esto, ocupad algo de tiempo inmersos en la línea manga de esta editorial, seguro que encontráis lo que buscáis, llevándoos más de una agradable sorpresa.

Sorpresa como esta nueva incorporación, Elegía en rojo, en la que su autor confirma que la pasión y el amor puede que no lo sean todo para lograr mantener una relación sentimental en pie.

El volumen se completa con una historia breve titulada Un corazón del color de las flores del cerezo, que también habla de las relaciones humanas.


Malaga Hoy


Un guerrero en las eras oscuras

 L.C.

Las aventuras desmesuradas del guerrero bárbaro que atiende por Conan son un arquetipo de la novela popular, los tebeos y el cine. Y por ese orden cronológico las conoció el público. El personaje fue creado por un joven tejano, Robert E. Howard, cuando tenía 23 años. Para publicar en el pulp Weid Tales una serie de espada y brujería en año 1932 había desarrollado una serie de personajes que empezaba con el reyezuelo Kull y en la cuarta entrega de la serie empezaba con el reyezuelo Kull, y en la cuarta entrega de la serie aparecía Conan. El relato en que aparecía se titulaba El fénix y la espada, y allí quedó marcado el prototipo del guerrero bárbaro ambientado en la Era Hiboria, combatiendo la brujería, el fanatismo, el abuso militar y la injusticia sui generis. El vasto territorio en que Conan realiza sus peripecias aventureras es un continente pre-europeo, una especie de trasposición antes de la deriva continental, cuando Asia y Europa aún estaban más próximas y las islas británicas no eran tales. El primitivo guerrero, que ve morir siendo niño a su familia, se forjará indomable pasando por todas las profesiones y trabajos endurecedores. De ladrón a pirata pasará a soldado de horda o ejército disciplinado, para llegar a general invencible y caudillo mercenario. Termina como rey en Aquilonia, un imperio que abarca extensiones tan amplias como la Inglaterra, Francia y España actuales. Dominar este apetecido reino le costará Dios y ayuda, sostenerlo más todavía y defenderlo casi la vida. Varias veces lo pierde y lo recupera.

La saga de Conan es casi espurea, pues apenas un par de relatos son del creador del personaje, que se suicidó siete años después de imaginarlo. Pero sus seguidores y amigos recopilaron sus notas y apuntes y recorvirtieron aquello en una veintena de relatos y centenares de guiones para los cómics y el cine.

Ilustración de Conan por Frank Frazetta


Las portadas de las novelas fueron dibujadas por un extraordinario ilustrador y dibujante de cómics, Frank Frazetta, que así dio imagen visual al héroe. Pero los primeros comics los dibujó otro gran visualizador, el británico Barry Windsor-Smith, quién le imprimió otro carácter al musculoso de Frazetta. De 1970 a 1973 el personaje tendrá la elegancia "prerafaelita" de Barry, pero enseguida pasa a la rudeza barroca de John Buscema y luego a muchos otros dibujantes que hoy todavía lo siguen recreando.

Un cineasta que luego ganaría el Oscar, pero que entonces era casi un desconocido, Oliver Stone, había escrito un guión para la adaptación al cine del héroe que dibujaría Barry Windsor-Smith, del que Stone era gran admirador. Eran los finales años 70 y Conan era ya un personaje de culto entre los jóvenes y adultos, que lo veían como un símbolo de la lucha y la rebelión contra los opresores...

De los Estados Unidos el personaje había llegado a Europa, y en esos años 80 iniciales los comics del guerrero de la Edad Hiboria estaban traducidos a todos los idiomas. En Francia, Italia y España eran más que populares. Se seleccionaban como piezas de culto y se pedían reediciones al agotarse las series. Un productor cinematográfico italiano aficionado al género, que ya había realizado dos adaptaciones de héroes del cómic en 1968 y 1980 (Diabolik y Flash Gordon, respectivamente), el astuto Dino de Laurentis, decidió que había que pasar al cine aquel personaje tan popular. Y se lo encargó a John Milius, quien con el guión de Oliver Stone se vino a España a rodar las brutales aventuras del guerrero hiborio. Para protagonizarlas buscaron un mister universo, un tipo a la moda culturista de aquellos años, el austríaco Arnold Schwarzenegger, que, cargado de pieles, fetiches y armas medievales, marcó el nuevo modelo de héroe de las eras oscuras. Las poses del tipo fijaron al personaje en las mentes de millones de adolescentes y harían evolucionar la imaginería del primer creador gráfico. Ni Frazetta ni Barry Windsor-Smith podrían ya modificar la estampa del hercúleo mito arrebatado al cómic y consagrado ya para la Historia del cine.

El filme titulado Conan el bárbaro se estrenó en 1981 y cosechó un éxito insospechado, lanzando al intérprete al estrellato del cine mundial. Y con el acierto cinematográfico se relanzó la serie de tebeos, y nuevas versiones surgieron hasta con adaptaciones de la película. De Laurentis encargó una segunda entrega al experimentado Richard Fleischer, que ya había adaptado otros héroes del cómic y reconocidos filmes de guerra, manteniendo el mismo intérprete. Esta segunda entrega con el título de Conan el destructor resultó menos solemne y algo más parecida al "cine de romanos", pero mantuvo el tipo entre los seguidores y le valió al director un nuevo encargo un año después, 1985, para realizar una especie de continuación con el personaje de Red Sonja, la compañera sentimental y de aventuras del feroz guerrero.

Hoy en España, como en muchos otros países del mundo, Conan sigue vivo 70 años después de nacer en un relato de folletón, saltando a los cómics y el cine como un símbolo inquietante de la mitología juvenil de los años 80 y 90.


Revista Leer nº 144 Julio-Agosto 2000

sábado, 9 de diciembre de 2023

Film noir

Películas de cine negro. También incluimos fotografías en blanco y negro. La verdad, facilita mucho el trabajo de proporcionar sombras a los dibujos. Ahí están Charles Laughton, Orson Wells o "el animal más bello del mundo", es decir Ava Gardner. Se acerca el final del año y toca pasar lista. Faltan muchas más ilustraciones, que están a medio terminar, o de empezar, pero están cerca, a mano. La pereza me tienta, pero de vez en cuando siento el impulso de ver como queda el blanco y negro. Es más que probable que intente probar con el color, pero por ahora, apuesten al negro.