sábado, 9 de diciembre de 2023

ÉRASE UNA VEZ UNA METAMORFA

Noelia Ibarra-Rius


Entre los títulos estivales de 2021, Astiberri presentó en su catálogo dos obras de la emblemática Noelle Stevenson, El fuego nunca se apaga y Nimona, publicada en español hace cuatro años por Oceáno. El diario de experiencias vitales comprendidas entre 2011

y 2019 que constituye el primer título ofrece una visión completa de la autora y su proceso creativo, en particular de la obra que nos ocupa, Nimona. Sin embargo, su génesis se remonta a 2012 y a un trabajo de clase de la entonces estudiante de Bellas Artes veinteañera, Noelle Stevenson. A partir del personaje creado para este trabajo, Nimona, Stevenson iniciará un webcómic que finalizará en 2015 y será posteriormente recopilado en un volumen por Harper Collins, por el que ganará, entre otros, el Cartoonist Studio Prize al mejor webcómic, un Eisner a mejor álbum y el premio Cybils a mejor novela gráfica para jóvenes.

Desde su mismo inicio, con la presentación voluntaria del personaje que da título al libro nos apuntan algunas de sus claves: el humor, la parodia y la subversión de las convenciones y arquetipos del género protagonizados por una metamorfa capaz de adquirir la apariencia de prácticamente casi cualquier ser vivo en cuestión de segundos como compinche del villano Ballister Negrocorazón y las reticencias iniciales del primero por considerarla una cría. A partir de este momento, la tensión entre una impaciente Nimona por ejecutar planes malvados y un equilibrado contrincante, para el que la venganza contra Ambrosius Lomodorado requiere de preparación y paciencia, regula la sucesión de episodios, con un ritmo cuidadosamente medido para no perder la atención del lector y, al tiempo, proporcionarle indicios que le permitan desentrañar los diferentes niveles de significación de la historia.

Los diferentes recovecos de la trama y la intertextualidad, presente tanto en el sincretismo genérico por el que apuesta como en la construcción de los personajes, permiten al receptor modelo gozar de una lectura compleja, que ofrece más posibilidades que la mera construcción argumental. Sin embargo, Stevenson no se centra de forma exclusiva en este perfil de lector ideal, sino que diseña una poderosa narrativa gráfica capaz de seducir a una amplia variedad de público, tanto por sus preferencias temáticas como por su bagaje de lecturas o edades.

A través de la aparente sencillez como disfraz, al igual que su protagonista, la autora advierte de los peligros de dejarse llevar por las apariencias, desde la misma subversión de toda suerte de estereotipos. En efecto, Nimona habla también de la dicotomía entre la apariencia y el ser, entre la identidad real y el personaje construido para mostrar al exterior y relacionarse, del aspecto físico y sus trampas en los juicios sociales que de forma cotidiana efectuamos, pero sin un atisbo de complacencia o sentido doctrinal. Entre otras claves, para la consecución de este logro compositivo destaca el cuidado diseño argumental, la sólida creación del mundo fantástico y, sobre todo, el carismático esbozo de los personajes que desfilan por sus páginas.

Sin descuidar ni por un momento la potente ambientación, Stevenson traza los caracteres de sus personajes con gran sensibilidad y precisión, en un trayecto de ida y vuelta entre la fantasía y la realidad más próxima a nuestros días. De esta manera, la autora puede dibujar problemas contemporáneos del ser humano sin perderse en falsas dualidades maniqueas o restringirse a la representación de un determinado defecto o virtud. Sus personajes afrontan temas actuales con total naturalidad en el seno de la lógica narrativa desde una delicada gama de matices que recorre desde el humor al ingenio, pasando por la sensibilidad. Así, se adentra en el tratamiento de la amistad, la identidad, la homosexualidad, la integridad, la traición, los celos, la corrupción, las trampas del aspecto físico, la construcción de la verdad desde las altas esferas o el poder, entre otros.

Con héroes que velan por la seguridad de sus ciudadanos a villanos que claman venganza con el perspectivismo de la aventura articulada en torno a diferentes episodios para desvelar los más oscuros secretos, Stevenson se mueve con maestría entre la aventura, la fantasía épica, la ciencia ficción y la comedia, y logra crear una ficción que, además de ser verosímil y divertida, trasciende la etiqueta de juvenil para interpelar a todo tipo de lector que desee perderse entre sus viñetas y disfrutar de la exhibición de creatividad y frescura que rezuman.



Nimona

Noelle Stevenson 

Astiberri Ediciones 

Estados Unidos 

Rústica con solapas 

272 págs.

Color

Traducción: Gónzalo Quesada

Obra relacionada

El fuego nunca se apaga

Noelle Stevenson

(Astiberri Ediciones)

Leñadoras

Noelle Stevenson y varios autores

(Sapristi Comic)


Anuario Jot Down Comics 2021


viernes, 8 de diciembre de 2023

Mi amigo el alien

Cuando menos lo esperas, puedes convertirte en la heroína de tu propia historia


JOSÉ LUIS VIDAL

01 Diciembre, 2023

¿Pensáis que la vida de los autores y autoras de cómic es totalmente maravillosa? Premios, alabanzas por doquier, viajes alrededor del mundo, tanto dinero que no sabes qué hacer con él…




Planeta manga: Soma

Guion: Fernando Llor

Dibujo: Carles Dalmau

Tapa blanda

Formato manga

Color

288 págs.

18,95 euros

Planeta Cómic


No, para nada. O si no que se lo digan a la protagonista de esta historia, Hana. Se pasa la mayor parte del día sometiendo a su espalda a la tortura de reclinarse sobre el tablero de dibujo, viendo pasar las horas una tras otras, inmersa en una historia que hace tiempo que dejó de entusiasmarla, pareciéndose cada vez más a un vampiro a la que la luz del sol no le roza.

Y para colmo, tiene el nocivo vicio del tabaco.

En fin, una vida de lo más solitaria y gris. Afortunadamente (por decir algo) tiene un amigo, Juu. Un chico que vive obsesionado por encontrar pareja, y para ello tira de la App de citas más famosa, aunque una vez que se ve cara a cara con la elegida, se le “lengua la traba” y gana un sobresaliente en comentarios inapropiados…

Dos vidas maravillosas, como podéis ver.

Lo que Hana y Juu desconocen es que en menos que canta un gallo sus existencias van a dar un inesperado vuelco, y ya nada será igual.

Y será en forma de ser venido de no se sabe dónde. Rechoncho, con un solo ojo, y que aparece en el apartamento de la protagonista pidiendo ayuda, ya la que cápsula que le mantiene con vida se ha agrietado.

Tras el susto inicial y una demostración de lo torpe que se puede ser ante un hecho tan extraño como el que se encuentra Hana, un apéndice, o llamémoslo tentáculo, arregla la situación, explicando a la chica que en breve se va a iniciar una terrible invasión, y tan solo el alien y ella misma serán los únicos que puedan plantar cara a las tropas que ya empiezan a recorrer la urbe con no muy buenas intenciones.

Este podía ser una especia de prólogo de Soma, el nuevo cómic, esta vez en formato manga, escrito por el prolífico guionista Fernando Llor, que aquí ha creado una historia pensada para los más jóvenes, cómo el mismo comenta en el interior del volumen, donde en su parte final ofrece a los lectores y lectoras, un interesante mini cursillo donde junto a Carles Dalmau, el dibujante de la obra, explican cómo se elabora un cómic, paso a paso.

Y hablando de Carles Dalmau, destacar el gran trabajo que ha hecho, utilizando todos los recursos que el formato manga le ofrecen, y me gustaría destacar sobremanera el uso del color, que no suele ser habitual en este formato, y que aquí hace que la obra gane muchos puntos.

Como he comentado, un cómic destinado a los más jóvenes de la casa, pero que también puede ser disfrutada por los más talluditos, ya que además de mucha acción, también los sentimientos humanos (y algunos pertenecientes al alien que da nombre al manga) tienen un papel muy importante en la apasionante trama.


Malaga Hoy


El arte secuencial

 Luis Conde

Conan por Barry Windsor-Smith


Entre los comentarios críticos cinematográficos es un lugar común, una frase comodín, decir que determinada película "ed puro cómic". ¿Qué quieren decir con eso? Seguramente casi nada, a lo sumo dar una idea a sus lectores sobre el look del filme: tiene un formato visual que recuerda a los cómics. De las interrelaciones de estas dos artes coetáneas, apenas les separa un año en su origen "moderno", es de lo que hablaremos en este trabajo, pero va por delante que a ninguno de los críticos o comentaristas de los tebeos se le ocurre decir que determinada historieta "tiene un ritmo cinematográfico"... ¿O sí? Como diría Jack El Destripador, "vayamos por partes".

En el año 1995 se ha conmemorado hasta la saciedad el primer centenario del nacimiento del cinematógrafo, con festivales, ciclos, seminarios y multitud de antologías y edición de estudios críticos y divulgativos. Hasta las televisiones rindieron homenaje a su hermano mayor con programas y emisiones especiales. Un año después, en 1996, desde Estados Unidos y también en Europa se convocó a los media para recordarles que otro arte comunicador, el cómic o la narrativa dibujada, que en cada país recibe un nombre peculiar, también cumplía los cien años. Como europeos y norteamericanos no se ponen de acuerdo en fijar los orígenes de este arte surgido en los periódicos, generalmente se acepta que el cómic estadounidense, el desarrollado pujantemente en los diarios, se inició con la famosa página del Yellow Kid en el dominical del 25 de octubre de 1896 del diario New York World. Dando, pues, por bueno ese origen convencional, cine y cómic tiene un desarrollo estético coetáneo, interfiriéndose y prestándose materiales y hallazgos expresivos. De eso queremos tratar en este intento aproximador y sobre el que hay mucho escrito, investigado y divulgado por gentes de distintas procedencias y campos del conocimiento.

Pero antes de meternos en la harina del costal, quizás convenga delimitar los campos, acotar un poco la vastedad del cotarro: no podemos ni se pretende hacer un análisis comparativo del conjunto de filmes que han tenido inspiración en algún cómic, ni rastrearemos los miles de cómics derivados de filmes precedentes. Se elegirán ejemplos significativos, en ambos casos, para tratar los diversos paralelismos semióticos, o para evidenciar la similitud lingüística a lo largo del tiempo.

Sobre la sentencias peyorativa que encabeza estas líneas, no cabe más que recordar que ambas partes don industria del entretenimiento, pero con una infraestructura básica abismalmente diferenciada en sus tecnologías. ¿También en su chispa creativa?

Por nuestra parte, traemos a colación las palabras del historietista español recientemente fallecido Antonio Hernández Palacios, quien aseguraba que lo él quería hacer era dirigir películas, pero como eso le exigía una industria y un complejo equipo técnico, se había decidido por hacer historietas, porque él solo constituía todo el equipo y sólo quedaba para la industria el proceso de producción del soporte de su arte expresivo.

Algo parecido dice el autor estadounidense Jeff Smith para explicar su abandono de los dibujos animados, optando por los cómics.

Y desde el punto de vista de los consumidores, ¿acaso es más car un tebeo que una entrada de cine? También aquí se da el paralelismo , y son índices de valoración y estándares económicos referenciales, algo así como la cotización mundial del dólar y el precio de una hamburguesa, como una comida básica.



Investigadores del lenguaje, cineastas y estetas, así como estudiosos de los tebeos, de la figuración y las artes plásticas han establecido con mucho detalle las herencias y préstamos del cine y los cómics. Y cómo, a veces, uno tira del otro. Durante mucho tiempo se relacionaba la planificación cinematográfica con la de la historieta, asimilando que del primer plano al panorámico, del picado al contrapicado, en ambos medios era la gramática elemental, los elementos de la sintaxis. La planificación y el montaje, en las dos formas expresivas, son los elementos de la técnica para conseguir el objetivo propuesto: el flujo temporal a través de la imagen. Expresar el paso del tiempo mientras se cuenta una historia con imágenes. Una ilusión perseguida en las artes plásticas desde el Renacimiento. Las estampas de Epinal en Francia y algunos cuadros de Goya en España son evidencias de esa aspiración.

Además de mostrar algo se quería también contar. Y hasta el siglo XIX no surge el espacio plástico narrativo con la fotografía, el cine y la historieta. Fijar el tiempo en el espacio, iconizar la temporalidad es una de las grandezas de lo que llamamos las artes de nuestro tiempo. El cine consigue la ilusión del movimiento, lo insinúa, en su paso de un fragmento de espacio a otro: de una viñeta a otra.

Habrá que recordar que la historieta se basa en tres premisas: secuencia de viñetas consecutivas que articulan un relato, permanencia de un personaje que mantenga la continuidad y la inserción de los globos o bocadillos que indican los diálogos o la expresión por medio del habla. Por esto, los tebeos son un medio más relacionado con lo icónico-escritural, con la narrativa y la literatura, con el arte expresado por la lengua escrita en cuanto a los códigos del sonido dibujado: se "leerá" de arriba abajo y de izquierda a derecha, al menos en las lenguas occidentales. Esto es así tanto para la viñeta como para la secuencia o la página.

En la evolución del cine y los tebeos, la incorporación del habla y los sonidos sigue un desarrollo apasionante: en el cine mudo se intercalan diálogos o textos además de acompañar la proyección con música en la sala. En las historietas impresas se desarrolló un conjunto de convenciones gráficas que articulaban los sonidos, por medio de iconos y onomatopeyas. Lo fonético se captaba con lo icónico con la complicidad del lector-contemplador. Aunque entre las historietas mudas y el cine mudo se puedan establecer similitudes, entre el cine sonoro a la historieta moderna caben muchas matizaciones.

Los personajes de los comics estadounidenses proporcionaron durante los años veinte y treinta ideas y argumentos para versiones cinematográficas de imagen real con una duración de veinte minutos, sea como seriales continuados o como obra completa. El cine por jornadas o como obra completa. El cine por jornadas era el equivalente exacto al cine del "continuará" de los comics semanales y el largometraje la aventura completa, la recopilación del serial. Muchas fueron las series de comics que tuvieron su equivalente fílmico, y entre ellas Buster Brown, The Gumps, Winnie Winkle, Barney Coogle, Dixie Dugan, Tillie the toiler, Bringing up father, Skippy, Joe Palooka y Little orphan Annie.

Mientras el cine entraba a saco en el mundo fascinante de los tebeos, los creadores de historietas ensayaban las posibilidades de animar a sus personajes, de darles movimiento en el cine, pero con sus mismas características de dibujo, con las posibilidades de la línea y la mancha. Uno de los pioneros en esos menesteres fue el genial Winsor McCay, y su héroe el dinosaurio Gertie. En Francia, Emile Cohl adaptaba la serie de George McManus Bringing up father, y en pocos años habría cortos de animación con las series The Katzenjammer Kids, Happy hooligan, Krazy Kat y otras. Eran los llamados cartoons, cortos de animación, dibujos animados sobre series de historietas aparecidas en la prensa. Pero también ocurrió a la inversa: los cartoons dieron héroes a los comics. Personajes creados para los dibujos animados tenían luego versiones en el papel, como fue el caso del paradigmático Felix el gato. Bastantes de la factoría Disney seguirían el mismo camino, y así trabajan hoy en día las productoras japonesas con sus animé y manga.

La llegada del cine sonoro potenció aún más el cine de los dibujos animados, y por supuesto la incorporación del color. Así, entre los años 30 y 40 el cine vampirizó las series surgidas en los cómics, las trasladó a los serieales "por entregas" y finalmente con la llegada de la televisión, los campos se delimitaron: seriales en la TV y largometrajes en las salas de cine. Y los cartoons, en ambos medios. Héroes del cómic como Tarzán, Superman, Batman, Flash Gordon, Dick Tracy, Li´l Abner, The lone ranger, Red Ryder, Secret Agent X-9, The Shadow, Dr. Kildare, Cisco Kid, Charlie Chan, Hopalong Cassidy y muchos otros tenían espacio en las salas cinematográficas durante semanas y en la TV durante meses. También en espectáculos musicales y en el teatro. Y, como no, en versiones de largometraje para vender en los cines del mundo entero.

Cuando Walt Disney se atreve con los largometrajes de dibujos animados el campo para los comics se amplía: las posibilidades de un héroe de historieta en un largo animado no tardarán en ensayarse. La famosa serie de comics The Peanuts da origen al largometraje A boy named Charlie Brown, y tras su éxito vendrán otros como Fritz the cat, Tygra, El señor de los anillos, Asterix, Batman, Tarzán y muchas más.

En esta visión panorámica del desarrollo de las interacciones entre cine y cómic, del trasvase de un medio a otro de héroes y series, hay que preguntarse qué se gana y qué se pierde, qué ventajas revierten sobre las creaciones originales y para la fijación en el imaginario colectivo de unos personajes y caracteres que muchas veces son ensoñaciones de un pueblo, trasposiciones de una cultura o sublimación de aspiraciones colectivas de una sociedad. Para los europeos puede ser más significativo un personaje como Tintín, un periodista belga aventurero que recorre el mundo llevando soluciones a los conflictos de otras sociedades presuntamente atrasadas. Es la visión eurocentrista que tanto nos agrada de modo subsconciente. Por eso, aunque Tintín vende sus aventuras tebeísticas en todo el mundo y es traducido a todos los idiomas, la versión cinematográfica en imagen real apenas tuvo aceptación, y sí la de los mediometrajes en dibujos animados. Steven Spielberg ha concebido la idea de un largometraje como Tintín pero, por ahora, el proyecto está parado. Si lo hace, veremos el resultado.

Asterix es un héroe francés que vende millones de ejemplares de sus historietas en el mundo fracófono, y también está traducido a todos los idiomas del mundo. Es un símbolo de la resistencia al invasor todopoderoso y aunque sea una falsedad histórica, pocos franceses reconocerán que el Imperio Romano dominó las Galias. El paso a los dibujos animados acompañó al éxito de los álbumes de historietas, y finalmente ha llegado el largometraje de imagen real, protagonizado por una estrella del cine francés: Gerard Depardieu. ¿Cuál ha sido el resultado? Ha habido opiniones para todos los gustos, pero para ser una superproducción del cine francés no pasa de ser una mediocre película en la que se ensartan sin gracia los argumentos de varios de los álbumes de historietas, y se cede el protagonismo a la "estrella" cinematográfica frente al héroe de la historieta.



Si examinamos el paso del cómic norteamericano al gran cine de superproducción, hay que evocar los diversos y desiguales Superman y Batman más recientes, para no acordarse de los múltiples Tarzán, El príncipe valiente, The Phantom, Wonder Woman, Conan, Annie, Flash Gordon, The lone ranger, Sheena, Popeye, La Máscara o Spiderman. Cabría volver a preguntarse cómo fueron las versiones.... Hay casos en los que para la versión cinematográfica se parte de las largas series de tebeos, que durante años han caracterizado al personaje, aunque se haga una síntesis de sus aventuras y la evolución del héroe. Lo importante es captar lo que el personaje simboliza y recrear su mundo, el mundo de las historietas. Sus aventuras importarán quizás menos; eso depende de la habilidad de los guionistas y el director. Pero no hay que traicionar lo que es el héroe para sus lectores-contempladores originales, y hay que saber llevarlo a la imagen real y al mundo del cine. Algún Batman ha logrado con acierto el salto, especialmente el de Tim Burton, o el Superman recreado primero por Richard Donner y luego por Richard Lester. También Conan ha tenida diversa fortuna con las versiones de John Milius y de Richard Fleicher, que protagonizó con éxito arrollador el musculoso Arnold Schwarzenegger. Más reciente, la versión de The Phantom de Simon Wincer, en 1996, mantenía con dignidad el tono del tebeo para un filme sin pretensiones. Una superproducción puede acertar con una adaptación meticulosa, como el Dick Tracy de Warren Beatty o la Annie de John Huston, pero no es preciso un gran presupuesto sino ingenio para acertar: como Popeye de Robert Altman, con Pobin Williams como el marino tuerto. Claro que, además, el guión era de Jules Feiffer. Un último aspecto en este campo actual de las versiones es el de filmes de gran éxito que devienen en series de tebeos. Como ejemplos Star Wars o El señor de los anillos, entre otros muchos.

Star Wars fue estrenada en 1977 y su director, George Lucas, subió al cielo de los éxitos cinematográficos. La saga más famosa y multimillonaria de los últimos treinta años acababa de iniciar su andadura. Los tres filmes que abarcan la primera fase de la serie La guerra de las galaxias tuvieron una lejana inspiración en los tebeos de Flash Gordon, los dibujados por Alex Raymond. El propio Lucas reconoció que estuvo mucho tiempo luchando por conseguir los derechos del héroe para adaptarlo al cine. Como no pudo lograrlo, declinó recrear aquel mundo y aun el anterior de John Carter que imaginara el escritor Edgar Rice Burroughs. Algunos críticos aseguraron que Lucas había tomado la imaginería de sus serie en un comic de Howard Chaykin, el relato Cody Starbuck publicado en el primer número de la revista Star Reach. Sea lo que fuera, cuando la editorial Marvel consiguió los derechos de adaptación del filme a los tebeos se lo encargó al propio Chaykin, y finalmente fueron realizados por Archie Goodwin y Al Williamson. Este dibujante, Williamson, había realizado etapas del veterano Flash Gordon.




El señor de los anillos, largometraje de dibujos animado realizado en 1978 por Ralph Bakshi, que antes ya había adaptado el personaje de los cómics de Robert Crumb Fritz the cat, tuvo tras el éxito cinematográfico varias versiones en historietas, una de ellas la magnífica del dibujante español Luis Bermejo. Los álbumes de esta versión son muy apreciados por los aficionados. El rodaje en Nueva Zelanda de una nueva versión cinematográfica con actores de imagen real, que dirige Peter Jackson Wellinton con 53 actores y más de 16.000 extras, abarcará la trilogía de la novela original de Tolkien, y sin duda dará origen a nuevas versiones en los tebeos creando otra oleada de "tolkinianos" entre las nuevas generaciones. Este fenómeno ya se dió con Blade Runner y, últimamente, con Matrix.

¿Donde comienza el cine y donde termina el cómic? Las nuevas tecnologías digitales y los efectos especiales acercan tanto los dos medios que se hace difícil delimitar los campos. "Cine-puro-cómic, cómic-puro-cine". Volvemos al punto de partida. ¿Será eso lo que querían decir los comentaristas cinematográficos de los cómics? Por nuestra parte, no va más.


Revista Leer nº 114 Julio-Agosto 2000

jueves, 7 de diciembre de 2023

¡Ya llegan los héroes!

El trío de protagonistas de esta serie manga pensaban que convertirse en villanos iba a ser sencillo…

JOSÉ LUIS VIDAL

29 Noviembre, 2023 


Y no, para nada.

Cómo ya pudimos comprobar en el anterior volumen el enfrentamiento con la pareja de hermanos defensores de la ciudad, Lightning Volt y Thunder Girl, iba a terminar de la manera más terrible y violenta, mostrándonos que los poderes de Nozomi, Sakura y Akari se habían amplificado.




EVOL 4

Autor: Atsushi Kaneko

Tapa blanda

Blanco y negro

14,95 euros

Panini Cómics


Ahora los tres juntos, o por separado, se han convertido en armas letales, mucho, y es por ello que la inconsciente masa de fans que les sigue se ha incrementado, queriendo ser como ellos, los malos de la película, los EVOL.

Pero obviamente, las cosas no son tan fáciles, ya que al desatar su poder flamígero, Akari se ha convertido en un auténtico peligro para todos aquellos que estén cerca de ella, por lo que permanece oculta en un lugar desconocido.

Mientras, tanto Nozomi como Sakura le dan vueltas a su situación actual como proscritos, y el resultado es una decisión muy importante, nacida de los traumas que este trío de jóvenes comparte: ahora que ya no hay marcha atrás, tan solo queda una cosa por hacer, y es lograr la completa y total y completa destrucción del planeta.

Sin embargo, las acciones de los jóvenes están siendo vigiladas por los autodenominados 'héroes', un misterioso grupo de seres que, liderados por una presencia cuando menos que inquietante, van a mover ficha en la situación de los protagonistas.

Y lo harán enviando una pareja a la que solo se puede calificar como letal, que con el poder de lanzar rayos láser, van a traer el terror y el caos a la ciudad, ya que con tal de erradicar la presencia de los EVOL, se llevarán por delante no solo a gran parte de su fans, sino que todo aquel ciudadano que se cruce en su camino va a llevar las de perder…

Justo aquí comenzará un nuevo y peligroso reto al que, Nozomi y Sakura tendrá que plantar cara, a lo largo y ancho de la urbe, perseguidos por los letales rayos de los Hell Eater, a unos enemigos que no les van a poner las cosas nada fáciles.

Y mientras tanto, ¿dónde diablos está Akari cuando se la necesita?

Atsushi Kaneko, el genial creador de este manga, sabe darle la vuelta a los clásicos roles de héroes y villanos, mostrándonos las consecuencias de unas oscuros traumas que llevan a los protagonistas a tomar el camino de la rebeldía, en el que se van a encontrar con la brutalidad y maldad que aquellos que hasta entonces eran conocidos como los adalides de la justicia en la ciudad, y que no son más que malvados psicópatas que visten uniformes de superhéroes.

Una vez terminado el cuarto tomo, que nos revela, cómo no podía ser de otra manera, un espectacular e inesperado cliffhanger en su conclusión, tan solo rezamos para que la quinta entrega de la serie llegue a la librería.


Malaga Hoy



sábado, 2 de diciembre de 2023

El esplendor de la novela gráfica nunca termina

 Una selección de novedades, de lo mejor del cómic español a una historia atípica de amistad neoyorquina, pasando por la biografía de un suboficial de la Luftwaffe.

Por Álvaro Pons



Planeta

de Ana Oncina

Planeta Cómic

No parecía la ciencia ficción un género por el que la autora alicantina fuera a transitar a la vista de su trayectoria anterior, pero su incursión puede ser más bienvenida. Oncina no oculta sus influencias del manga, tanto en lo gráfico como en lo narrativo, que le sirven como andamiaje para centrarse en su buen pulso y facilidad a la hora de abordar el relato íntimo en esta historia que explora los límites de lo que entendemos como relaciones. El amor y la amistad llevados al extremo del aislamiento absoluto frente al resto de la humanidad, en dos historias que corren paralelas entre un futuro aséptico de inteligencias artificiales y un presente cálido de libros y conversaciones, que irán entrecruzandose a través de sueños que rompen las barreras del espacio y el tiempo, pero también de lo real y lo imaginado, obligando al lector a reflexionar sobre qué lugar elegiría.



El pájaro y la serpiente

de Borja González

Reservoir Books

Todavía estábamos celebrando el flamante Premio Nacional de Cómic para la anterior aventura de Teresa, Matilde y Laura, Grito nocturno, cuando llega a las estanterías una nueva entrega de esta particular trilogía con la que Borja González nos sumerge en un estado de fascinación constante, en este caso llevando a sus protagonistas a un cuento de hadas donde las luces y los espacios componen un espacio poético donde se trazan expresivas coreografías que refieren a arcanos miedos, a historias de terror contadas a la luz de la luna que proyecta sombras con vida propia. Es difícil no verse arrastrado a esa danza de músicas que se palpan en la viñeta, a dejarse embriagar por el petricor del bosque húmedo, a escuchar las voces de los personajes sin rostro que lo dicen todo con gestos y silencios. Ritmos que se ven y trazos que se escuchan en un ejercicio de poesía visual deslumbrante.



Roaming

de Jillian Tamaki y Mariko Tamaki

La Cúpula

Podría ser un simple historia de viajes, un cuaderno turístico de Nueva York o un relato juvenil de amistades cómplices con el choque de la gran ciudad de fondo. Roaming podría ser cualquiera de esas cosas y, de hecho, lo es, pero las Tamaki tienen una especial habilidad para trasladar a sus cómics una naturalidad abrumadora, que hace a sus personajes tan próximos y creíbles que el lector los hace suyos. Y lo que era una postal de recuerdo, se transforma en el escenario de una tranche de vie, de un momento vital en el que las viñetas son testimonio fiel de amistades y sentimientos, de cómo las relaciones entre las personas son alambicadas construcciones que pueden mostrar un perfil diferente según las vivamos y, también, de esa búsqueda de la felicidad que encontramos en los rincones más inesperados con la cosas que creíamos más insignificantes.



Lubianka

de Felipe Hernández Cava y Pablo Auladell

Norma Editorial

En Soy mi sueño, Hernández Cava y Auladell exploraron el resbaladizo camino de la elección personal ante el horror a través de Erich Hafner, piloto de la Luftwaffe. Tras lustros después, los mismos autores deciden dar un paso más allá en Lubianka, explorando una elección ya tomada, la del suboficial Volodia Gubin, que decide destruir una vida, en cuerpo y alma. El escenario, la terrible prisión estanilista donde se purgaba a los disidentes del estanilismo, es en manos de Auladell un espacio de atmósfera opresiva que sus trazos hacen casi inaguantable. Pero Cava nunca se lo deja fácil al lector: Gubin no es solo la mano ejecutora de un régimen totalitario y destructor, es también presa de sentimientos egoístas que quieren destruir al poeta Evgueni Petrovich Gógoliev en beneficio propio. ¿Donde anida el mal entonces? Quizás en la locura de un dictador, pero también en el corazón del envidioso, quizás en la propia esencia del ser humano.



Anamnesis

de Santiago Valenzuela

Astiberri

En los últimos 20 años, Santiago Valenzuela ha ido construyendo con Las aventuras del Capitán Torrezno una de las sagas más fascinantes del cómic europeo, un universo personal en el que el dibujante se alza como un demiurgo máximo de civilizaciones que se erigen sobre las ficciones de la cultura popular, rebuscando en la filosofía que rige al ser humano cuando descansa con su carajillo en la barra de un bar, que resulta no ser demasiado diferente que la escrita por lo grandes y más prestigiosos pensadores. Anamnesis sigue en la construcción de ese particular micromundo desde la mirada irónica, desde un humor soterrado que transforma el tragaluz del sótano donde todo transcurre en una platónica ventana en la que podemos comprobar que las ficciones y las realidades se confunden y se retroalimentan, emborronando sus fronteras con la grasa de un suculento torrezno. Una obra indispensable.


El Pais. Babelia nº 1.671. Sábado 2 de diciembre de 2023


viernes, 1 de diciembre de 2023

Muere Elliot Erwitt, el fotógrafo de los niños y los perros

El artista estadounidense, discípulo de Cartier-Bresson y vinculado a la agencia Magnum durante seis décadas, deja una obra en blanco y negro que ha entrado en los museos


Elliot Erwitt con su imagen de perros más famosa, en una exhibición el 29 de noviembre de 1994.

STEVEN SIEWERT (GETTY IMAGES)

María Antonia Sánchez-Vallejo

MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO

Nueva York - 01 DIC 2023

Sin llegar a la socarronería de Martin Parr y sus populares escenas de turismo de masas, el fotógrafo estadounidense Elliot Erwitt plasmó en su obra el humor y el absurdo cotidianos con ironía, pero también la emoción y el amor, al margen de que fueran perennes o fugaces. Heredero de la mejor escuela en blanco y negro, esa raigambre que viene de Herbert List y que en los ochenta coronó a una generación entera (Irving Penn, Helmut Newton, Richard Avedon, el propio Erwitt), definió el modo de plasmar un mundo en movimiento, de ahí que sus imágenes parezcan en algunos casos en volandas. Erwitt destacó especialmente retratando a niños y a perros, seres especialmente inquietos y las criaturas que, como recomendó en su día Hitchcock -y luego repitiera Bertolucci-, más conviene mantener alejadas de las cámaras.

“La belleza de la fotografía está en su capacidad de detener el tiempo”, dijo. Su tiempo se acabó este miércoles, a los 95 años, en su domicilio de Manhattan, rodeado de su familia. Su muerte fue anunciada por la agencia Magnum, a la que perteneció durante más de seis décadas, llegando a dirigirla en los años sesenta. Reconocido fotoperiodista, pero también fotógrafo comercial, dijo también algo que describe a la perfección su obra: “Para que una fotografía sea buena debe tener equilibrio, forma y fondo. Pero para ser muy buena también debe tener una magia indefinible”. Casi todas sus instantáneas tienen la impronta de la fugacidad. Porque Elliot Erwitt perfeccionó lo que su maestro, Henri Cartier-Bresson, consideraba clave de una buena fotografía, el “instante decisivo”, el momento justo, aun sin saber, jamás, que el resultado estuviese a la altura de las expectativas. El dedo presto en el disparador para percibir lo extraordinario en lo ordinario y fijar para siempre esa milésima de segundo.

Defensor a ultranza de la película en blanco y negro hasta bien entrada la era de la fotografía digital, armado siempre con sus Rolleiflex y Leica, Erwitt compatibilizó una doble carrera como periodista y como artista. Empezó a colaborar en la década de los cincuenta en Magnum, la agencia de fotoperiodismo fundada por Cartier-Bresson y otro mentor, Robert Capa, así como con revistas populares de la época, como Life, Newsweek, Collier’s y Look. El país recién salido de la guerra, entregado al optimismo hasta patentar el american way of life, desfiló por delante de su objetivo comercial, el que le permitía vivir y pagar las facturas. Pero a las sesiones siempre llevaba otra cámara, la del artista. Al primer trabajo, lo llamaba “obediencia creativa”, tarea que cumplía con oficio para poder desarrollar su pulsión artística. Esa dualidad se retroalimentó hasta que su consagración como fotógrafo le permitió decantarse por la creación, no sólo por la recreación de lo que veía.

“Elliott ha conseguido un milagro”, declaró Cartier-Bresson al diario The Guardian en 2003, “trabajando [a la vez] en campañas comerciales y ofreciendo un ramillete de fotos robadas [de esas mismas sesiones] con un sabor especial, una sonrisa de su yo más profundo”.


Elliot Erwitt en el desierto de Nevada, en 1960.

ERNST HAAS (GETTY IMAGES)

Fascinado por los perros, aunque también autor de un maravilloso retrato femenino con gato (Lucienne and cat, de 1953), los retrató en escenarios inverosímiles, muchas veces suplantando los humores de los humanos: perros perplejos, inquisidores, melancólicos, cascarrabias, insolentes. Uno de ellos se pasea por la playa de Deauville en temporada baja como una alegoría de la soledad; otro mira despreocupadamente hacia el fotógrafo desde el asiento del conductor de un Renault, en una calle de París. Porque Erwitt fue uno de los grandes de la fotografía estadounidense, pero también inmortalizó el París de los tópicos: el niño francés con boina, sobre una bicicleta, entre su padre y dos baguettes. O la grácil pirueta de un hombre con paraguas recortándose sobre el fondo de la torre Eiffel mientras una pareja se besa. Besos, como niños y perros, fueron motivos constantes en su obra. A los cánidos les dedicó tres libros monográficos: Son of Bitch (Hijo de perra o hijo de puta), To the Dogs (A los perros) y Woof, la onomatopeya inglesa para el ladrido.

El artista que consagró el carisma de Castro y del Che

Definir a Elliot Erwitt como un fotoperiodista con una doble vida artística sería limitar la grandeza de su obra. Por delante de su cámara pasaron Frank Sinatra, Muhammad Ali y Simone de Beauvoir. Sus retratos de 1964 del líder cubano Fidel Castro y del icono Che Guevara pavoneándose por las calles de La Habana consagraron definitivamente el carisma de ambos. “Fidel Castro era muy fotogénico, una especie de cowboy”, contó después. “Una persona interesante, obviamente, y muy hablador. Fue extraordinario reunirlos en la misma habitación. Estaban dispuestos a dejarse fotografiar, era bastante fácil. Es mucho más fácil fotografiar a las estrellas que no hacerlo”.

De otras estrellas más mundanas también mostró el lado menos conocido. A Marilyn Monroe la bajó del pedestal de Hollywood para mostrarla simplemente como la aplicada estudiante de un guion; a Jacqueline Kennedy, clamorosamente sola entre la multitud tras el entierro de su esposo, con la bandera que cubría el féretro doblada en sus manos. Erwitt fue fotógrafo oficial de la Casa Blanca durante la presidencia del demócrata asesinado en Dallas hace ahora 60 años.

Aunque viajó por medio mundo, incluida la Unión Soviética de Nikita Jrushov, el universo creativo de Erwitt empezaba y terminaba en su casa. Una de sus fotos más celebradas, un claroscuro con grano de 1953, muestra a su esposa, Lucienne, mientras mira con arrobo a Ellen, su bebé de seis días, dormida en la cama, mientras un gato vela a los pies de la criatura (una variación de la citada Lucienne and cat). El propio autor la definió sencillamente como “una foto de familia de mi primer hijo, mi primera mujer y mi gato”, pero se convirtió en una de las más vendidas de su carrera, tanto que “permitió que varios de mis hijos fueran a la universidad”, declaró en una entrevista. Su hija Shasha fue este miércoles la encargada de comunicar que su padre había detenido definitivamente el tiempo, aquello que persiguió toda su vida con la cámara.

El  Pais


Blancorror

En un arrebato, cada vez más extraño, el mes de septiembre compré una libreta (de tapas verdes) de tamaño A4 y en poco más de 30 días realicé más de 60 dibujos a lápiz. Obligándome todos los días a realizar al menos un dibujo. Comencé con un libraco de publicidad de restaurantes de Ibiza. Fotografías en blanco y negro de cocineros. Luego ya, de todo lo que me motivaba. Encontraba imágenes interesantes en instagram, sobre todo de fotógrafos y diseñadores que reúnen un poco de todo. 

Siempre voy bastante atrasado respecto a lo que me gustaría hacer con imágenes e ilustraciones, sobre todo a la hora de terminarlas, de entintarlas. Ha sido un hobby, un entretenimiento, pero a veces pueden pasar décadas, y bueno, la inmortalidad no está prevista, aún.

Todo esto, el comentario y tal, viene un poco,  porque ahora me ha dado por la tinta, para terminar unos dibujos en A3 que hice ya hace un año y más. También intentaré manchar los lápices por aquí exhibidos. Todo buenas intenciones y felicidad. A ver cuanto dura. Ja!