sábado, 16 de mayo de 2020

ERRAR ES HUMANO Por RODRIGO FRESAN

Hace unos 500 años, contemplada desde la óptica y conocimiento de nuestros días, la humanidad toda vivía completamente equivocada en casi todo, hasta que Newton y su Ley de de la Gravitación Universal (con dos milenios de retraso) comenzaron a erigir el armazón que soporta y fija nuestro presente. ¿Y si ahora está pasando lo mismo y vivimos totalmente equivocados? Esta idea, inquitantemente buena, se anuncia desde la portada del libro recién publicado en EE UU con la tipografía invertida, como si algo fuera un error de imprenta, cuyo título plantea el interrogante But, what ifwe're wrong? Thinking about the present as if it were the past [¿Y si estamos equivocados? Pensando en el presente como si fuese el pasado]. Lo que se pregunta el ensayista, novelista y pensador pop Chuck Klosterman (Minesotta, 1972) en su nuevo ensayo es si no será posible que, de aquí a medio milenio, se comprenda que todas nuestras certezas cotidianas no son más que frágil e imaginativa superchería. Empezando por el absurdo ese de la ley de Newton, que algunos físicos comienzan a cuestionar como "algo que no es del todo así" o "apenas la punta visible de una fuerza que aún no estamos capacitados ni intelectual ni técnicamente para vislumbrar y comprender". En resumen: la hipótesis es que estamos incapacitados para juzgar y calibrar nuestro ahora hasta que no se convierta en nuestro entonces.

Dicho lo anterior —superado el costado ominoso y críptico de la cuestión— hay que decir que el ensayo de Klosterman es de lo más ágil y divertido y, sí, muy personal que se ha escrito últimamente a la hora de la divulgación científico-sociológica-lite-rario-multi-mediático. Klosterman —conocido por sus columnas para Spin, The Believer, Esquire, y con tres títulos en español— se pasea por las páginas como si pensara en voz alta y, en ocasiones, con una dicción tan creativamente irresponsable, como saludablemente irritante. Salta de un tema a otro, de un libro a una película, de una innovación técnica a una sitcom; reflexiona sobre si la injusticia sufrida en su momento por la ignorada, y posteriormente redimida novela, Moby-Dick de Melville será síntoma más o menos parecido a lo que experimentará con los siglos La broma infinita de Foster Wallace. Se pregunta si, tal vez, el escritor del más admirado en el mañana no será un absoluto e inédito y kafkiano desconocido del hoy.
También —abriendo o cerrando el paraguas— Klosterman hace sitio para postular la posibilidad de si nuestra realidad no será otra cosa que la polución informática de un adolescente nerd en un garaje, en una dimensión alternativa. O si será cierto aquello que todo lo históricamente anterior a la Edad Media no es más que un invento de monjes letrados empeñados en sostener su dogma. O si Obama no será el mejor presidente para una sociedad con derecho a no votar. O si la supuesta "edad de oro de la televisión" y sus series no son más que un fenómeno de histeria colectiva. O si la figura de Chuck Berry acabará eclipsando a las de Elvis Presley y Bob Dylan aunque "todavía haya cosas acerca de The Beatles que no pueden ser explicadas".

En su racional delirio, Klosterman está en buena compañía. Sus hipótesis aparecen puntuadas, a lo largo de su deambular, por "especialistas" en diversos campos que intentan —casi siempre en vano— poner orden. Así, llama a las puertas de profesionales como el astrónomo Neil deGrasse Tyson y el teórico de cuerdas Brian Greene, los músicos David Byrne y Ryan Adams, la crítica literaria Kathryn Schulz, el director de cine Richard Linklater, y los escritores Junot Díaz, George Saunders y Jonathan Lethem, entre otros.

La tesis resultante es muy plural en su caprichosa singularidad: la Historia —tal como la-conocemos y usamos— es un animal de hábitos selectivos y simplificantes y sintetizadores. De acuerdo, Shakespeare y Bach son cumbres de vértigo; pero, también, impiden que prestemos atención a muchos de los escaladores que podrían clavar bandera en sus cimas. Y el acceso al Todo vía Internet ha probado ser una maldita bendición, o una maldición bendita, erosionando nuestra capacidad de juicio y concentración.

Así que -entre conservador y revolucionario—Klosterman se despide con un "estoy listo para un nuevo mañana siempre y cuando se parezca mucho al ayer".Pero —aunque lo ignoremos— va a ser que no.

Mientras tanto y hasta entonces, la idea de Klosterman y su libro funcionan como mensaje en una botella desde muy lejos. Producen el incómodo placer de preguntarnos tantas cosas. Una de ellas es la de si esa música más o menos distante que oímos es la de la orquesta del Titanic o la del bautizo de la USS Enterprise.

Rodrigo Fresan es escritor y crítico argentino. Su última novela . es La parte inventada.





PUNTO DE ENCUENTRO: Comics en El Pais de las Tentaciones. Guión y Dibujo: Miguel Brieva






viernes, 15 de mayo de 2020

Los 'samplers' de la memoria

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 14 DE JULIO DE 2000


El sampler, que es algo así como el equivalente sonoro a la cita textual, tiene tras de sí un largo pasado que precede a su propia existencia como recurso expresivo dentro del ámbito de la música electrónica. De hecho, como bien sabían James Joyce y Dennis Potter, nuestro cerebro lleva sampleando desde tiempo inmemorial esos retazos de memoria sonora que, ante cualquier estímulo, nos llevan a sublimar, relativizar o, simplemente, acompañar las emociones que nos provoca cualquier experiencia del mundo físico. No hay que llevarse a engaño: muy rara vez somos capaces de alumbrar una idea elevada e inédita bajo las bóvedas de nuestros cráneos. Es mucho más frecuente que nuestro íntimo proceso mental para descifrar el mundo que nos rodea consista en una desordenada sucesión de chorradas: coletillas de humorista televisivo, jingles radiofónicos, el último chiste guarro que nos hayan contado, algún ripio chusco, un piropo de serie Z o la más atormentante canción del verano. Desde que sabemos que el pensamiento es -simple y llanamente- lenguaje, no tiene demasiado sentido que sigamos autoengañándonos con inexistentes elevaciones del espíritu: lo que se nos pasa por la cabeza es una papilla mental elaborada básicamente con materiales ajenos y cuya composición es primordialmente... ¡chorra! Pero tampoco hay que deprimirse, porque ahí reside la grandeza del ser humano: en llegar adonde ha llegado teniendo en el cerebro lo que tiene.

Una vez ceñida en una neurona, toda información tiene el mismo valor. Por eso mismo, este mostrenco articulista andaba desde hace unos días obsesionado por exteriorizar su gratitud hacia unos bienhechores, los responsables del sello discográfico Rama Lama, que han invertido no poco esfuerzo en la ardua labor de recopilar, con ánimo completista y voluntad enciclopédica, esos fragmentos de nuestro pasado sonoro que no han sido -ni, probablemente, serán- carne de reviva! por parte de los sucesivos arbitros de la modernidad. El catálogo Rama Lama está integrado por viejas grabaciones que, en su día -los decisivos años de formación de muchos de nosotros-, formaron parte de nuestra papilla neuronal, o sea de nuestra íntima herramienta para entender la vida.

Reuní en mi casa a algunos de mis amigos -Zebulón, Berto, los Pollopera- para someterles a una selecta audición de mis discos del sello Rama Lama y el resultado fue catártico. Para Zebulón, el tema Yo también necesito amar, de Ana y Johnny, supuso recuperar "el fondo sonoro de mi despertar al sexo. La frase '¡libérame del pudor!' berreada por Ana, los primeros números de la revista Nuevo Vale y el culo de una chica que veraneaba en mi pueblo, apretado en unos ceñidísimos Lois de pana marrón oscuro, inspiraron mis primeras pajas". A los Pollopera, el fundacional A cántaros, de Pablo Guerrero, les trajo el sinestésico recuerdo "del olor a pies y de las sandalias descoloridas del cura rojo que nos enseñó a tocar la bandurria en esas convivencias de la parroquia del barrio en las que nos conocimos". Y, a los acordes del My sweet Marlene, de Lone Star, Berto volvió a paladear "las largas tardes de domingo que pasé pegado a una máquina del millón de un bar de Soria, entre trago y trago de Pippermint en vaso largo, mientras mi hermano mayor se iba a la disco".

Tengo que confesar que en el templo Rama Lama yo tengo también a mis santos particulares: Desmadre 75 y La Charanga del Tío Honorio, grupos que me hicieron reír sin freno en la infancia y que, en la edad adulta -y gracias a las sendas recopilaciones de su obra integral editadas por el dili¬gente sello—, se me han revelado más llenos de matices y más cargados de niveles de lectura de lo que el recuerdo permitía aventurar. De ellos les hablaré la próxima semana, si de ahora hasta entonces no me han perdido el poco respeto que, ya a estas alturas, me deben tener.




CUADROS QUE SON LECCIONES DE ESTILO

ESTELVILASECA
MADRID

Detalle de 'Mrs. Charles Kettlewell', de Frederick Goodall.

Una foto hoy puede hablar a millones de personas, recordaba Eva Chen, la nueva responsable de patrocinios de moda de Instagram. Y es que en la famosa aplicación las marcas han encontrado una buena herramienta para comunicar sus universos visuales, y los usuarios disfrutan compartiendo su estilo y sus favoritos a golpe de hashtag. Pero no todo son los manidos #selfies, #lookoftheday o #trends. De entre toda la maraña de material, asoman interesantes proyectos que proponen nuevas formas de acercarse a la moda. Trasladando al formato digital los viejos álbumes de recortes, dos cuentas dan apasionantes lecciones de historia y estilismo con su selecta curaduría de imágenes detalladas extraídas de cuadros clásicos.

La responsable de la cuenta Art Garments, que prefiere permanecer en el anonimato, hace zoom a pinturas de arte clásico procedentes de los mejores museos, llevando la mirada a complementos y tejidos. Con cuatro meses de vida ha logrado congregar a casi 35.000 seguidores. "Me encanta la idea de mirar una pintura conocida de una forma fresca, enfocándome en un detalle en el que el ojo no presta atención cuando se contempla el cuadro de forma completa" explica su autora, artista textil de profesión. A través de esta delicada selección, invita al espectador a un fascinante recorrido por la historia de la moda: "Me apasiona la parte de investigación que implica. Siempre aprendo de los posts y de las respuestas que leo". Eligiendo con intención las etiquetas que describen cada una de las piezas que cuelga, ella se ha propuesto crear una base de datos para estos recortes. Emprendiendo este particular viaje al pasado, surgen las comparaciones. Con sus sombreros, diademas, tiaras, ropajes, cinturones y bordados sus protagonistas parecen competir con las reinas del estilo callejero.

Devon Ashely Head está al frente de Shoes in Art. Con una mecánica parecida a la de Art Garments, su autora, historiadora del arte reciclada a estilista, pone toda su atención en el calzado que lucen los sujetos de obras de arte clásico y ofrece la versión más ilustrada del popular #shoeporn. Head quiere "animar a la gente a mirar más de cerca las pinturas. "En parte por este motivo no incluyo pies de foto, porque quiero forzar al espectador a apreciar los detalles más allá del contexto", cuenta por email. Con gran interés por los zapatos que llevan los hombres, pone énfasis en lo rica que había llegado a ser la moda para ellos: "Al principio estaba entusiasmada con la moda de hombre, por cuan exagerado y decorado había llegado a ser el calzado", suspira mientras sueña una vuelta a esos años dorados de excentricidad y refinamiento. Con ganas de usar Instagram para hacer de él un espacio menos homogéneo, Ashley se esfuerza en buscar estilismos fuera de lo común capaces de generar una conversación: "Creo que estamos en un momento muy interesante en lo que respecta al hecho de cómo miramos el arte, ya no tenemos que ver las obras en directo para experimentarlas".


El Pais

LA COSA NO PINTA BIEN

Un lavabo para blancos; otro para negros. La imagen, de EE UU, tiene 6o años. Hoy nos parece una barbaridad. ¿Pasará lo mismo cuando en 2070 miren algunas de las fotos actuales?
Por Juan José Millas



La foto, de 1950, muestra a un negro a punto de beber agua en un lavabo de negros, como Dios manda. Apenas a un metro de distancia se encuentra el lavabo de blancos, algo más sofisticado que el de los negros, también como Dios manda. Curiosamente, las acometidas o los desagües de ambos (no se distingue bien si se trata de una cosa u otra) permanecen unidos por una tubería. Quiere decirse que en este caso la superestructura, lejos de ser una manifestación de la infraestructura, va en la dirección opuesta. No sabemos si atribuirlo a un fallo del sistema o a una contradicción inherente al mismo. Cabe, en todo caso, suponer que puesto que el lavabo de los blancos es mejor que el de los negros, quienes mandan en este planeta son los primeros. Pero para apreciar ese matiz hay que poseer alguna información previa acerca de los sanitarios. De hecho, un marciano ingenuo habría pensado que los negros y los blancos bebían agua negra y blanca respectivamente, de ahí que gozaran también de dispensadores diferentes.

Y es que los hombres, a vista de pájaro, provocamos la impresión de estar muy bien organizados. Te asomas al zoológico y lo primero que ves es el FMI y el Banco Mundial y la ONU, la OTAN y el sursum corda, qué bien todo. Pero si eres un marciano cumplidor y realizas un buen trabajo de campo, adviertes enseguida que esa distribución de bebederos de agua, además de absurda e insultante, es la metáfora de un sinfín de distinciones que quizá dentro de 50 años nos parezcan tan bárbaras como la de la foto. Y decimos 50 años por ser optimistas, pues la cosa no pinta bien. •



Fotografía de Elliott Erwitt


'Dogmatofilia'


EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 7 DE JULIO DE 2000



Juan Pinzas se parece al señor con bigotes del logotipo de las patatas Pringles. Es un bigote modelo Linimento Sloan, adoptado tradicionalmente por los domadores de circo. Un bigote que, colocado en la faz de un director de cine, inquieta por pura cuestión de descontextualización. ¿Cuántas veces habrán pensado los interlocutores de Pinzas que se hallaban ante un cantamañanas? Pero, ¿es Pinzas un cantamañanas? Pinzas es, esencialmente, el director de la primera película del Dogma español -Érase otra vez-, así como el productor de uno de los melodramas desaforados que dan más risa del reciente cine nacional: Cuando el mundo se acabe te seguiré amando, de Pilar Sueiro, esa película en la que Cristina Piaget se travestía de mujer galáctica y pantera para reconquistar a una versión fondona de Nancho Novo, escritor atormentado y abocado al infierno del lingotazo de tequila.

Cuando Lars Von Trier fundó el Dogma con Los idiotas y lo presentó triunfalmente en Cannes, probablemente hubo en el acto mucho de pataleta punkie-juvenil, de salivazo a los cantamañanas que habían convertido el cine de autor en algo tan falazmente glamouroso -y, en consecuencia, muerto-como el cine más mercenario. Pero no todo acababa ahí: Los idiotas, además, tocó el nervio de un malestar inefable y contemporáneo, perturbó de un modo medular y se convirtió en una obra inmortal, la Gran Película del Mal Rollo Finisecular.

Érase otra vez no es, oficialmente, una película Dogma 95: le falta el certificado oficial que Pinzas decidió no solicitar para no ralentizar la producción. Érase otra vez tiene el primer certificado Spanish Dogma, lo que significa que cumple con el decálogo danés y con una nueva cláusula Pinzas: que las películas Dogma Español reflejen la realidad sociocultural de España. A partir de ahora, para hacer un nuevo Spanish Dogma habrá que solicitar el certificado pertinente a Juan Pinzas: a este mostrenco articulista

le gustaría pensar que Pinzas ha querido reaccionar contra esa industria española del cine que ha hecho de la hipertrofia de la idea hueca -o de la monserga cara- su emblema. De lo contrario, habría que pensar que le ha movido la lujuria de extender certificados, lo que le convertiría en aduanero del arte o, lo que es lo mismo, en un modelo específico de cantamañanas. Con todo, Érase otra vez demuestra que lo que sí puede aplicarse al cine español es una vieja cláusula estoica: "Hagas lo que hagas (caro o barato, en vídeo o con tropecientos millones), siempre la cagas (comercial o artísticamente, o de ambas maneras)".

2 El fetichismo es aquella práctica metonímica del sexo que lleva a excitarse del todo con la parte. Desde que las películas pomo están rodadas en vídeo hay quien encuentra sumamente excitante la textura de la imagen videográfica: quizá por eso a algunos nos nubla más el juicio Paprika Steen -actriz Dogma por excelencia-que, pongamos, Natalie Portman. Cuando uno contempla a unos actores grabados en vídeo tiende, inevitablemente, a pensar que no tardará en ocurrir algo clasificado X. Según esta línea de pensamiento, el Lars von Trier de Los idiotas no tenía más remedio que caer en la pornografía.

En Érase otra vez -ficción modelo Reencuentro-, un grupo de amigos se reúne 10 años después de su licenciatura. No tardan en ocurrir cosas... ¡clasificadas S! En el filme de Pinzas, como en la relación inicial entre Jorge y María José, de Gran Hermano, no hubo penetración. Lejos de sacudir conciencias como Von Trier, Pinzas prefiere recordarnos al añorado softcore español practicado en nuestra transición por cineastas como Manuel Esteba, Carlos Aured o Ignacio F. Iquino. Lo que permite sacar una conclu¬sión, quizá de peso: nuestra realidad socio-cultural es -aún- una realidad sociocultural de club liberal de intercambio de parejas. □



PUNTO DE ENCUENTRO: Comics en El Pais de las Tentaciones. Guión y Dibujo: Andrés Barzi