sábado, 9 de mayo de 2020

LO QUE HUGO OTORGA CUANDO MALTESE CALLA por Antoine ROUX



El cómic o el arte del "doble juego": el juego de las imágenes entre sí dentro de la página y el juego de las palabras con las imágenes. Para resumir en una sola palabra este segundo aspecto, un especialista (1) ha propuesto el calificativo de verbo-icónico.

¡Definición interesante pero que puede poner los pelos de punta a los puristas!

En primer lugar a causa de ese matrimonio un tanto bárbaro entre una raíz que se ha tomado prestada del latín y otra que se ha cogido a los griegos:  ¡mejor hubiera sido pescar las dos en el mismo vivero!
Además y sobre todo porque, si se analiza detenidamente, la primera de estas raíces no conviene exactamente: pues las palabras en el cómic por muy englobadas que estén dentro de un bocadillo, no son sin embargo palabras en el aire!

"Verba volant, scripta manent", según dicen al mismo tiempo la sabiduría popular y el derecho romano: pero las palabras del cómic son palabras escritas. Dejando aparte su significado, por su número, por su grosor, por la manera misma en la que están trazadas participan en la originalidad de la serie. ¡Sin olvidar las famosas onomatopeyas!

Por lo tanto habría que decir scripto-icónico. ¡Pero que no cunda el pánico, vamos a dejar aquí estas generalidades preliminares que vienen dictadas por una molesta deformación profesional! (2).

¡Hugo Pratt tiene la palabra... o más bien el silencio!
Se podría realizar sin duda un erudito trabajo sobre el discurso de Hugo Pratt y sobre las variaciones de su retórica según los momentos y los personajes.


Incluso según la fecha en la que la historia ha sido realizada.

Se podría apostar (¡pongo mi mano en el fuego!) que hoy el maestro de Venecia desdeñaría la introducción en la segunda viñeta de este montaje (3) del comentario que en ella figura, demasiado limitativo, y que dejaría únicamente a la imagen y a sus lectores el trabajo de revelar (en el sentido casi fotográfico del término) ese odio desbordante que se menciona así como otras muchas impresiones...
  
Además no hay más que comparar estas dos imágenes, sacadas de los comienzos de la obra de Pratt, con otras más recientes como este principio de aventura en el que aparece el viejo Jeremías (4).

En los Pequeños poemas en prosa de Baudelaire hay uno que se titula "Golpeemos a los pobres": a un miserable que le pide limosna, el artista dandy le da... una paliza hasta que el desgraciado, ante los palos, se rebele y se los devuelva, volviendo así a ser de nuevo un hombre. Mutatis mutandis, aquí, en cierta manera, la misma historia nos es recontada: ¡pero para Corto Maltese una mirada y un silencio son suficientes para transformar una piltrafa en una persona!




Ese primer plano sobre el rostro de Jeremías podría, para un lector apresurado, desaparecer del montaje: la imagen que precede y la que sigue, en campo/contracampo, se cortocircuitan perfectamente, la réplica de Corto conecta directamente con el tono lastimero del viejo borracho. Pero en ese caso el lector no se entera de algo importante. Pues ese primer plano sobre el rostro fatigado es todo un momento "fuera del tiempo" en el que nosotros somos a la vez Corto contemplando al viejo y también el propio viejo, sorprendido, sin atreverse a creer que alguien le mira...

Hugo el lacónico y Corto el taciturno... Uno puede imaginarse el texto que un autor prolijo añadiría a estas otras imágenes de Pratt, una página que podría titularse: "el combate en la isla". La sobriedad es tanto más apreciable en un relato en donde cada una de las tiras tiene su originalidad para traducir la intensidad dramática:





—así, en lo que a la primera tira respecta, ese primer plano sobre la gaviota que viene a colocarse entre Corto (primera imagen) y el tirador emboscado (tercera imagen): signo precursor y respuesta burlona del destino a la orden que nuestro héroe dirige a su adversario escondido ("¡sal!");

—así, esa única viñeta que ocupa toda la segunda tira para hacernos sentir mejor el estado de tensión y de crispación de Corto: cuerpo pegado al suelo y atrapado en la viñeta, músculos tensos y mirada fija en el punto de mira, hasta ese ligero temblor de la mano apretando el arma;

—así, las dos onomatopeyas alineadas ambas en la tercera tira porque en ese instante preciso esos dos ruidos condensan el drama que está desa-rrollándose: grito de la gaviota que turba a nuestro héroe, chasquido del arma que va a dar en el blanco;

—así, la doble interjección del héroe en la última tira: ¿a quién se dirige el primero de los dos "maldito" proferidos? ¿al adversario escondido? ¿o quizá podría tomarse como el comienzo de la maldición final? O más bien como una rectificación de Corto: maldecir a su adversario ha sido un reflejo incontrolado que se le ha escapado: nuestro hombres es un aventurero que sería incapaz de guardar rencor a quien ha sabido vencerle.

El término "maldito", incluso el de "condenado" no tienen ya en castellano el valor imprecatorio, terrible, del "maledetto" italiano que así se traduce. E incluso para un Corto Maltese, el "maldito" a la italiana, es algo temible. Así pues esta maldición ha sido soltada, ya no se puede volver atrás... Que una solución: desviaría, del adversario hacia el animal.

Y esta maldición final, risible, resuena como una comprobación irónica: ¡que el destino es ciego y que la vida depende tan sólo de un grito, del grito de una gaviota...!

En una novela de Agatha Christie, a propósito de un gato asesinado, se hace alusión a esa última imagen que el moribundo se lleva consigo, la última que haya impresionado la retina y que persistirá una vez que la vida nos haya abandonado, al menos durante ese interminable instante de la descomposición...



Existe también esa práctica de cerrar los párpados de los muertos: como si se sospechara que, quizá, sus ojos continúan grabando y su inteligencia asimilando pero sin poder ya dar órdenes al envoltorio carnal.

Aquí esta sucesión de rostros, enmarcados exactamente de la misma manera, no son solamente el tiempo que pasa sino también quizá esas últimas visiones, ese adiós a los amigos, esa última llamada silenciosa antes del "gran sueño"... Las últimas orillas de imágenes...




Y para terminar tendréis que conformaros con un texto porque si no habría que reproducir aquí un álbum completo.

En una serie de cortos relatos e historias completas (La macumba del gringo, Al Este del Edén...) se encuentra una historia más particularmente estructurada a partir del silencio.

Las 12 primeras páginas de Jesuíta Joë son mudas: lo que no quiere decir insonoras: 3 páginas están marcadas por el ritmo de los "bang... bang..." y otras 2 por el de los "tom... tom..."
Al principio se piensa en el deseo del autor de describir un entorno, el del "gran silencio blanco", como se suele decir al hablar de las gran¬des extensiones nevadas... Pero, avanzando en la historia, uno se da cuenta de que se trata también de un silencio interior o, más bien, de una alternancia de fases en las que el personaje tan pronto es consciente de lo que experimenta como se contenta con vivir lo inmediato, pura y llanamente.

Nunca sabremos con exactitud lo que ocurre dentro de la cabeza de Jesuíta Joë y, en cierta manera, él tampoco, presa de sus huecos de consiencia. Un caso patológico que únicamente los especialistas podrían presentarnos en todas sus manifestaciones clínicas pero que aquí Pratt nos lo hace conocer, incluso experimentar, jugando con la ausencia de textos: ¡manto blanco de la nieve y blancos mentales del protagonista!

Expulsad lo natural y volverá al galope: esperemos que se nos sepa perdonar estas racionalizaciones sobre el texto y la imagen en el caso muy particular en el que este último brilla por su ausencia o por su parsimonia.

Naturalmente hay en el trabajo de Pratt y en el placer que se experimenta leyéndolo mucha más profundidad y sutileza(s).

Nos hemos detenido en los linderos de un mundo cuya exploración requeriría algo menos de espíritu geométrico y mucha más agudeza... En definitiva esa cualidad, esa "virtú" que Hugo Pratt posee en grado extremo: ¡el laconismo!
Y para terminar con una anécdota, recordemos aquella reflexión, a propósito precisamente de Jesuíta Joë del que hemos hablado más arriba. Cuando se le hacía notar: "Es muy hermoso... pero se lee enseguida", Hugo contestó: " ¡Bueno, en ese caso lo volverán a leer!" (5).





NOTAS
Cf. Rene La Borderie: Les images dans la société et l'éducation (Casterman 1972).
Téngase en cuenta que el autor de este artículo ha prpetrado una defensa e ilustración del
cómic bajo el título: La bande dessinee peut étre pedagogique (Ed. de l'Ecole, Paris 1970 y
reediciones).
Sacado de una aventura dibujada durante el periodo argentino: Anna nella jungla.
Bajo el signo de Capricornio.
Citado en A la rencontre de Hugo Pratt (suplemento de Bédésup núm. 22, enero del 83).



Neuroptica 2
Estudios sobre el comic
Primera edición, abril de 1984
Zaragoza




viernes, 8 de mayo de 2020

FaNzInE AnDaLuZ (1980-1989): JAEN













VIDA MOSTRENCA: Esta noche nos vamos de alcantarillas

EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 14 DE ENERO DE 2000


Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti



Hubo algunos utopistas de la comunicación convencidos de que el advenimiento de las televisiones digitales iba a traer un renacimiento de la contracultura. La multiplicación de ofertas de ocio no podría sino tender hacia una especializacion cada vez más singularizada. El canal temático sería el primer estadio de lo que acabaría por convertirse en el fanzine virtual. Quizás porque la velocidad (de caracol) de los procesos evolutivos no tiene mucho que ver con la velocidad (de gacela) de los avances tecnológicos, la aparición de voces apocalípticas no se ha hecho esperar: según éstas, lo único que podrá ofrecer la proliferación de canales digitales será un espectacular incremento de posibilidades de ver... siempre lo mismo.

Quizás ni los utopistas ni los apocalípticos sirvan para describir lo que está ocurriendo: el ocio digital, por ahora, es una suerte de reflejo hiperbólico del ocio sin adjetivos. O sea, un bosque de alicientes para el paladar común en el que, no obstante, el buscador avezado siempre podrá encontrar trufas transgresoras. Y, por supuesto, como el reflejo es hiperbólico, en el universo digital todo es más grande que la vida: por un lado, está la más espectacular gama de alicientes para el espectador medio; por otro, singulares explosiones de contracultura tan fresca y agresiva que difícilmente podrían hallar cobijo en las televisiones generalistas. Toda esta chachara viene a cuento porque el único programa televisivo mostrenco ha hecho su aparición en ese contexto. Se trata de Red infernal, espacio que Canal C:, de Canal Satélite Digital, programa en la medianoche de los sábados. Su concepto no puede ser más excéntrico: Flus y Sport, un par de zopencos que se dirían sacados de una versión mascleta de las odiseas indies de Kevin Smith, han sido abducidos por el universo virtual y, a bordo de una nave legañosa, buscan una salida mientras un supervillano de tebeo les hace la vida más o menos imposible. Flus y Sport se detienen en algunos de los más sucios web-sites y topan con pintorescos personajes de la Red, entre ellos el Prisionero —la cabeza levitante de un tetraplejico moralista que alerta a los muchachos sobre los peligros virtuales— y el profesor Orloff —algo así como el nieto canábico de Jiménez del Oso-.

El programa combina el lenguaje de la telecomedia aberrante -La pareja basura, la serie de Rik Mayall y Adrián Edmonson, sería su único referente posible— con el reportaje fanzinero con voces que mimetizan, versión ultra-trash, las de José Luis Moreno y Rockefeller, Beavis y Butthead, el oso Yogui y Bubu o Isabel Pantoja. El programa tiene de todo: bromas cuartelarias, atracones de donuts, guiños a Benny Hill preservativo en mano, sanguíneos homenajes a divas del pomo, sinceras apologías del onanismo, videojuegos ultraviolentos, zafiedad por un tubo, loas a los libros de cómic más brutales, juiciosas dosis de manga y anime y toda la grosería que uno podría perdonar a su hermano pequeño adicto al pegamento. Red infernal es un producto de la mente loca de Jorge Riera, ex niño prodigio del periodismo especializado en subcultura que revela, en la piel del asilvestrado, colérico y machista Flus, una energía cómica casi sobrenatural. Le secunda Sergio Benet encarnando al deglutidor de dobles whopper con queso Sport. No dejen de darse un garbeo por las cloacas de Internet en su insana compañía. Son lo más mostrenco que se puede encontrar en la pequeña pantalla.




VIDA MOSTRENCA: El hombre que gritó puta

Texto: Jordi Costa Ilustración: Darío Adanti

1
 Contaba Terry Gilliam, tras haber adaptado al cine la áspera Miedo y asco en Las Vegas, que los personajes de tan insólita odisea -el creador del periodismo gonzo Hunter S. Thompson y su abogado Óscar Zeta Acosta- habían logrado escapar de la guerra del Vietnam pero, como contrapartida, convirtieron su propio cerebro en un campo de batalla. En el Vietnam mental de Thompson y Acosta las más surtidas sustancias psicotrópicas caían sobre su bosque neuronal como cargas de napalm iluminando los neones de Las Vegas con los colores del Gran Infierno Americano. Lo importante no es dónde está uno, sino dónde cree estar. En Viet-Ñam, cortometraje del mostrenco cineasta Manuel Romo, un orondo gañán recibe la encomienda materna de comprar un frasco de Mr. Proper en el supermercado: su estado de divergencia mental le llevará a sublimar el encargo en clave Chuck Norris. Y la ficción le absorberá, sumiéndole en la beatitud perpetua.
2
 El freak-show -o feria de fenómenos humanos- es el origen mismo del show-business americano. Las Vegas es el estadio más sofisticado: los seres deformes han sido sustituidos por artistas que han reventado las costuras de su sentido del ridículo para convertirse en semidioses del espectáculo. Los artistas de Las Vegas no pueden ser juzgados por un rasero convencional: están más allá del bien y del mal, como antorchas ofrendadas frente al altar de esa manifestación de lo sublime que llamamos kitsch. Algunas instantáneas: el Elvis Presley fondón e hiperbólicamente patilludo de la última época; Liberace vestido de lentejuelas ante un piano blanquísimo con un candelabro en el centro; Tom Jones convirtiendo la más rugiente expresión de su masculinidad en dinamita musical...
3
 Hablemos de otro cortometraje español: Mi novio es bakala, de Diego Abad, director sin alma pero con una pericia narrativa más que respetable. En él, una joven en estado de catatonía indie-pop reflexiona sobre su (imaginaria) felicidad vital mientras el mundo se desmorona a su alrededor. En un momento, aparece Raphael ofreciéndose como fontanero en un programa de Tele-empleo. Este mostrenco articulista ignora dónde creía estar Raphael en esos instantes. Repito: lo importante no es dónde está uno, sino dónde cree estar. Raphael ha estado actuando en la Gran Vía madrileña, pero eso no es importante. Lo importante es que ha ofrecido una serie de conciertos memorables desde su Las Vegas mental.
4
 Si Raphael hubiese sido un artista de Las Vegas quizá le hubieran apodado Mr. Tongue-in-Cheek: pocas veces se ha visto tanta autoconsciencia del manierismo, tanta habilidad para puntuar el aspaviento melodramático con un atisbo -a veces casi imperceptible- de distancia irónica. Un concierto de Raphael contiene más elementos mesméricos y sobrenaturales que una actuación de David Copperfield. El artista actúa con la mente en Las Vegas y cada espectador puede ver algo distinto sobre el escenario: al artista doliente cuyo repertorio gira alrededor de la nostalgia de una infancia no vivida —No nos dejan ser niños, Volveré a nacer- y de una orgullosa, transgresora y combativa celebración ultrarromántica (y byroniana) de la diferencia -Qué sabe nadie, Escándalo, Digan lo que digan, No me comprendo- al eslabón perdido del glam, al histrión enamorado hasta de su más nimio mohín, al hombre que mejor sabe gritar "¡puta!" -o mejor, "¡putas reprimidas!"- ante un micrófono, a la voz que anaboliza sin vuelta atrás al arte del crooner para hacerle batir una marca cósmica... Sus canciones son como el alarido de un arlequín de Lladró estallando en mil pedazos en el cuarto oscuro de un club de ambiente. Y eso es Arte.


EL PAÍS DE LAS TENTACIONES
VIERNES 7 DE ENERO DE 2000

miércoles, 6 de mayo de 2020

Superlopez: El día del robot por Jan/Efepé







Editorial Bruguera, S.A.
3ª Edición. Año 1983


AL ENCUENTRO DE TINTÍN' por Jean-Claude FAUR





SOBRE UN GRAN MARIONETISTA DE LA NARRACIÓN FIGURATIVA

Hergé, dibujante escrupuloso, ha producido algo más de veinte álbumes en cincuenta años. Álbumes de más de sesenta planchas, no de cuarenta. ¿Qué podría pensar hoy Hergé de ese tipo de álbumes que invaden el mercado y en los que se amontonan cuatro maxi-relatos u ocho mini para ir más deprisa? ¿y qué pensaría, suponiendo que quisiera pensar en ello, de esos autores de éxito cuyo trabajo consiste en producir dos 'best-sellers' por año?

Se podría decir que Hergé tampoco ha escapado a la regla. ¿Acaso no ha publicado él también entre 1939 y 1943 unos seis álbumes? Pero pienso que en su caso se trata más de un problema de circunstancias que de marketing. Además está ese virus del perfeccionismo que ha conseguido transmitir a toda su escuela empezando por Jacobs o Jacques Martin. Sin olvidar esa preocupación por corregir y volver a corregir con motivo de cada reimpresión. Las páginas de Aterrizaje en la Luna como las publicadas anteriormente en el Loto azul lo prueban. Hergé busca en todo la concisión. Es raro encontrar viñetas de relleno.

A veces no puedo evitar comparar a Hergé con un exhibidor de marionetas. No un animador de guiñol, entendámonos bien, sino con uno de esos marionetistas cuyo arte está tan próximo de lo divino que ya no se ven los hilos. Hergé consigue reutilizarse sin que nos demos cuenta. Y no para vender sus álbumes reclamando la atención del amable público sobre sus precedentes producciones sino simplemente porque saca de su saco de trucos la muñequita que va a permitirle continuar.

* Este artículo está sacado del libro de J.-C. FAUR, A la rencontre de la bande dessinée. Se presenta aquí, aparte de por su valor intrínseco, para posibilitar el contraste entre distintos acercamientos críticos y ampliar el pequeño "dossier" Hergé que se presenta en este número.




Algunos ejemplos: el loco del Loto azul reaparece en el Oro negro; Milou, completamente borracho en Rackham vuelve a intentar la experiencia, que de nada le ha servido, en el Tibet; el Dawson del Loto, heredado de América, vuelve a encontrarse en Sotck de Coque. Es Proteo ligado a su presa o a igual máscara igual vocación por el bien o por el mal.
Que los mismos rostros se vuelvan a encontrar, ligados o no a la mis-ma identidad, no es una cuestión de facilidad o de falta de inspiración. Ni siquiera, creo, una voluntad deliberada sino un fenómeno inconsciente al mismo tiempo que una lección filosófica. Sobre los mismos papeles Hergé pone los mismos rostros, cosa que ya hacía la tragedia griega o más exactamente la dramaturgia antigua. ¿Acaso no resulta evidente que los sosias, más numerosos de lo que en un principio pueda creerse en la obra de Hergé, llevan a menudo el parecido hasta lo moral?
 
 
SOBRE LA IMPREGNACIÓN ALCOHÓLICA EN LA OBRA DE HERGE
De los mil y un aspectos del universo de Tintin, uno de los más dramáticos es sin duda el del alcoholismo, tema inhabitual en la literatura infantil y sin embargo omnipresente en la obra de Hergé.

Ciertamente cada héroe secundario hace tanta más exhibición de su vicio favorito cuanto más puro, inmaculado y sin defecto es el héroe principal (cf. la glotonería de Obelix). Sin embargo no deja de ser sorprendente que Haddock haya podido tragar en treinta años cajas enteras de whisky sin que la Comisión de Censura o el Código Europresse hayan parecido conmoverse.

Esa esponja que es Haddock, verdadera piltrafa en sus inicios, por mucho que evolucione a lo largo de los tiempos hacia un etilismo más distinguido, sigue llenando los álbumes de Tintin de escenas de alta graduación alcohólica. Esto ocurre ya a partir de Tintin en América en donde ese saco de vino de Haddock —que no existe todavía— es precedido por un sheriff lamentable que, para escapar a su misión (salvar a Tintin y mantener el orden), bebe copiosamente y termina derrumbándose completamente borracho ante su bando municipal.. El episodio etílico más dramático puesto en escena por Hergé es sin duda el del





Cangrejo de las pinzas de oro en donde Tintín encuentra por primera vez y rescata de su estado comatoso a un Haddock destrozado por el alcohol y dimisionario.
En este álbum se puede asistir a una descripción casi clínica de estados de asombro y estupor y de estados de agresividades veleidosas, sucesión que da testimonio de los esfuerzos del organismo por reaccionar contra el estado comatoso que le acecha.

En cuanto esta sucesión de derrumbamientos y de sobresaltos sea superada se desembocará directamente en el delirium tremens y en la locura homicida. En tres ocasiones Tintín está a punto de ser salvajemente asesinado por ese borracho que ha accedido ya al último estadio del alcoholismo (1).

Primera tentativa: Haddock no puede ya soportar la contradicción y para reducirla intenta suprimir a Tintín rompiéndole la cabeza con una botella. Luego, Haddock, todavía impregnado pero manteniendo una semilucidez, aborda el país de la sed en el que los espejismos de oasis le sugieren tan sólo botellas de champaña.

Esta travesía del desierto no hace entrar en razón al capitán sino que por el contrario desemboca directamente en una nueva fase de agresividad: se trata de la segunda tentativa de asesinato. La primera trompa prosigue dentro de la mejor tradición de las obstinaciones de los borrachos.

La tercera tentativa es simplemente soñada por Tintín pero manifiestamente se nota que prolonga las dos precedentes y que, si hubiera sido real, habría terminado en homicidio. El delirio haddockiano ha llegado a su paroxismo: sobre un decorado heredado de Dalí y de los surrealistas, el capitán se lanza a levantar la tapa de los sesos de Tintín con —etilismo obliga— un sacacorchos.

Su rictus es ahora tetánico, sus ojos reflejan únicamente la pasión que los habita. Llegamos aquí a las fronteras del horror, a los límites de lo soportable hasta que por fin, para nuestro alivio, Hergé interrumpe in extremis esta pesadilla que podría rozar el ridículo a no ser por las precedentes tentativas.
Es de notar la habilidad de Hergé que hace en un principio el simple retrato de una piltrafa entre dos vinos oscilando entre el asombro y la veleidad agresiva sin haber escogido todavía. Es una piltrafa a la deriva



que flota entre Alian y Tintin. Con su entrada en la locura activa, Haddock se convierte en el motor de un resurgimiento esencial para la acción (el aterrizaje en pleno desierto). Inconscientemente Haddock ha pasado al campo de Tintin. No tardará en eliminar el alcohol gracias a una especie de psicodrama liberador.

Aunque la plancha 32 sugiere el charco de sangre y la materia gris sobre las paredes, el drama ha sido repetido en principio en una clave menos realista y sin embargo por medio de un gesto más real. La pesadilla de Tintin bastará para convencernos de la curación de Haddock: el despertar de Tintin (2), es también el del capitán. Aplausos emocionados.

Este episodio —paroxismo único en la obra de Hergé en el que uno se pregunta cómo separar la experiencia personal de la observación psiquiátrica— concluye con una escena tan delicada como brutales han sido las precedentes. Mientras que Tintin calla caritativamente el papel de Haddock en el dramático aterrizaje que acaban de vivir, Haddock, después de una mirada a Tintin y de manera espontánea, como si quisiera agradecérselo, rechaza el aperitivo que le ofrecen. Admirable escena de comportamientos llena de finura psicológica.
Todo ello permite hablar, sin lugar a dudas, de genio a propósito de Hergé porque cualquier autor con talento podría haberse quedado aquí mientras que Hergé todavía no ha agotado su material. Ni yo tampoco.

La verdadera conclusión-curación no es la que acabamos de vivir (plancha 33) sino la que de manera muy distinta viviremos en la plancha 55. A la abstinencia forzada de Haddock y al silencio natural de Tintin va a responder una monumental borrachografía que ahogará en los vapores del alcohol hasta el recuerdo de este episodio en el que quizá se pudiera percibir unos ciertos roces entre los dos personajes. De aliados se convierten en cómplices y de cómplices en definitivamente amigos. Metido en el fregado por la amenaza de un revólver, luego unido tácitamente a los designios de Tintin, Haddock va a sellar, además de manera involuntaria, su pacto con el único procedimiento que le es propio: la cogorza. Tintin y Haddock se nos presentan como un admi-rable dúo de cantores ebrios. Por primera y última vez en su vida Tintin agarra una trompa y Haddock por el contrario entierra así su vida de borracho.

Este es el episodio clave que permite fijar la leyenda haddockiana




ya desde la aparición del capitán en el universo de Tintin. Nuestros dos héroes acaban de intercambiar-desposar mutuamente sus papeles. El primero admitirá moralmente la inclinación del segundo mientras que el segundo evitará, por remordimiento, pero sobre todo por amistad, alcanzar un grado de impregnación alcohólica susceptible de terminar en el estadio último de la locura etílica.

Podrá notarse que en los sucesivos álbumes el vicio de Haddock se va atenuando hasta desaparecer totalmente en Vuelo 714 en donde ni una sola vez el capitán consume alcohol ni siquiera el más mínimo brevaje. La bebida va a ser reemplazada por sucedáneos de resultados en definitiva idénticos: tabaco (3), droga médica, hipnotismo alucinógeno. Comparar con las del Cangrejo las actitudes de Haddock en Vuelo 714, planchas 36 (culpabilidad lacrimosa del capitán), 44 (rictus y tartamudeo), 58 (locura en la mirada). Haddock se ha librado definitivamente de su vicio pero permanece y permanecerá hasta el final de los tiempos víctima de sus demonios interiores: ¿acaso escapa uno a su destino?

Se ha podido entrever hasta qué punto el universo de Tintin, a través de este esbozo, es realista. Realista en sus observaciones materia¬les. Realista en sus actitudes psicológicas. Realista por fin en su filosofía metafísica y en su esoterismo profundo (doctrina y técnica del intercambio del mal) (4). Pero —in vino veritas— se podría igualmente, para llegar a las mismas conclusiones, hacer un estudio comparativo del alcoholismo en Hergé y en Reiser. Al whisky haddockiano corresponde el tintorro proletario de Mi papá de igual manera que a la voluntad de distraernos de Hergé corresponde la voluntad de sacudirnos (para hacer-nos tomar conciencia) de Reiser.

Contexto social y técnica narrativa son totalmente opuestos e incluso la actitud en la lectura es diferente. Si el Cangrejo necesita el esfuerzo de análisis al que acabamos de someterlo, Mi papá habla directamente al lector.

¿Es preciso escoger necesariamente? ¿Es preciso necesariamente calificar estos dos niveles de lectura? Resaltaremos por fin que si Mi papá plantea el problema, Hergé, en el Cangrejo, nos había propuesto ya una terapia que muchos psicólogos apenas acaban de descubrir con la ayuda de todo un aparato especializado.

Hergé enseña únicamente a quien quiere leerle. Pero es preciso aceptar ser alumno para aprender la lección.




SOBRE EL ASUNTO DE LOS 'SOVIETS'
Sería inútil pretender en el espacio de un artículo recorrer todo Tintín ni tan siquiera uno de sus aspectos. Simplemente porque Tintín es un mundo fabuloso en el que cada comparsa añade su nota al conjunto, de la misma manera que el conjunto le da su densidad. Y además es casi una cuestión de humildad: no se habla de Hergé como de cualquiera haciendo exhibición de desenfado. Me da rabia precisamente ver la manera en la que los periodistas de tres al cuarto se acercan a Hergé o más bien, como suelen decir, a Georges Rémi de quien han descubierto los Soviets o el Congo.

A decir verdad ha habido dos oleadas de descubrimientos. La primera dentro de la intelligenzia de izquierdas en donde se murmuraba con complacencia "Sabe usted, Hergé es fascista", cohartada suplementaria para leer Sotck de Coque mientras que los izquierdistas y el underground, en su vasta operación de limpieza, resumían lapidariamente: "Hergé cabrón, el pueblo acabará contigo" (5).

Y luego la otra oleada, teniendo en cuenta que la primera también contribuyó sobre todo con una edición pirata que causó sensación, que hizo que se planteara la reedición oficial de los Soviets, oleada de periodistas que, con consigna o no, se lanzaron a la campaña con sus escritos.

¿Se han dado cuenta hasta qué punto todo este asunto es tintiniano al 100 °/o? No cabe por menos que pensar en los métodos de orquestación del Loto azul. Incidente fronterizo, escaramuzas, campaña de prensa, declaración de guerra, venta de armamentos. Todo transcurre como en un ballet maravillosamente orquestado. No digo que los Soviets fueran el objetivo. Compruebo simplemente que se aprovecharon de ello. Lo cual no es decir poco. Todo ello constituye una importante hazaña para el álbum que es el peor dibujado, sin duda, de todo el cómic franco-belga actual, exceptuando quizá algunos garabatos de tercera fila que no citaré.

De hecho ¿no he caído yo mismo en la trampa puesto que ya soy culpable unas líneas sobre el "asunto" de los Soviets? ¡Media vuelta... derecha!
 





SOBRE LA OMNIPRESENCIA DE LA PRENSA EN HERGE
Podría proponer mil tesis sobre Hergé, convencido de antemano de que no agotaría el tema. Una de estas tesis podría ser: "La información en Hergé: omnipotencia, evolución, perspectiva". Otra podría titularse: "La información en Hergé como procedimiento de narración figurativa". Una tercera...

Ninguna de ellas aparece en la bibliografía detallada de Numa Sadoul e ignoro si Labesse, Fresnault-Deruelle o Stoller han consagrado a este tema algún capítulo. Abordémoslo aún a riesgo de redescubrir ingenuamente lo que puede haber sido objeto de una memoria de 600 páginas en la Universidad de Friburgo.o de Petahouchnock.

Importancia de la prensa en Hergé. En primer lugar prensa escrita y prensa hablada. Casi sería necesario hacer un cuadro comparativo de la importancia dada a cada una de estas prensas según los álbumes. Quizá hubiera materia de reflexión. En ese caso tendríamos que tener en cuenta muy especialmente el América, el Loto azul, La oreja rota en donde este aspecto temático de Hergé es manifiesto.

La prensa escrita destaca ampliamente en el conjunto de los álbumes por el lugar que ocupa en centímetros cuadrados, lo cual se explica por la necesidad de reproducir bien sea artículos enteros o un conjunto de recortes de prensa. Es preciso sin embargo resaltar hasta qué punto Hergé insiste en la existencia de la prensa escrita y en su papel en la vida cotidiana, particularmente cuando pone en evidencia la omnipresencia de esta prensa hasta en las colonias Moris.

Si por el contrario se quiere observar el número de planchas en las que aparecen estas dos prensas, la importancia de la prensa hablada resulta evidente: gana por 4 (planchas 1, 12, 34, 56) contra 3 (3, 42, 56) en La oreja, por 3 (36, 53, 62) contra 2 (14, 41) en América, por 3(1, 42, 62) contra 1 (45) en El oro negro, aparece 3 veces en La estrella misteriosa (13, 20, 62). Y ampliamente destacada en Las siete bolas (1, 17, 22, 48). Estadísticas-trampa para imbéciles, de acuerdo. Perdóneseme si he omitido referencias que serán consideradas indispensables.

En cualquier caso es cierto que estos media derrotan con su omni-presencia y potencia de fuego a otros modos de información más tradicionales como el cartel (1 o 2 veces en La oreja, Stock, El loto y es casi todo en la serie de álbumes), el libro (La oreja, Las siete bolas,



Tornasol) o el discurso. Por otra parte habrá que tener en cuenta que quedan afincadas en un papel específico: papel de ambientación para el cartel, papel documental y cultural para el libro.

El discurso merece una nota aparte: aparece una o dos veces como intervención individual (en La oreja y en La estrella) mientras que el discurso por radio es inseparable del media radio. Resulta evidente que Hergé no cree en la eficacia del discurso individual pero recobra el lugar que merece bien, aunque raramente, en los mítines (América) bien, sobre todo, ante un micrófono. Afirmación-comprobación de la omnipotencia de las ondas en un dibujante cuya generación ha sido marcada por los discursos radiados que precedieron el Anschluss así como la radio de Londres. ¡Qué gran lucidez indica la escasa importancia otorgada al discurso puramente oral y circunscrito en el espacio (mítines de Nuremberg) por un autor al que se llama fascista!

Esta radio, esta prensa con vistas esencialmente como vehículos de informaciones que se reparten en dos categorías: reportajes (se anuncia que tal expedición...), campañas de prensa (noticas sensacionalistas y falsas que preceden generalmente las declaraciones de guerra) y que corresponden a las dos influencias de la prensa: la fasta y la nefasta.
Hergé aborda más discretamente, pues le importa menos para su propósito, el papel publicitario de estos media (mensaje de radio en El oro negro, publicidad escrita en Las joyas o folleto publicitario en Ottokar). Prueba quizá de que Hergé no es un dibujante satírico aunque sea, por la fuerza de las cosas, un pintor de costumbres.

Y preciso inmediatamente: esto no significa que Hergé quiere evitar responsabilidades, que no quiere "comprometerse" que se niega a ver los problemas o que mantiene voluntariamente por medio de Tintín al cómic dentro del infantilismo, cosas todas ellas declaradas por periodistas profesionales que no mencionaremos pero que hubieran debido tener algún escrúpulo en hacer semejantes procesos de intenciones al mejor ilustrador de la prensa hablada y escrita.

Esto significa simplemente que el propósito de Hergé no es, al contrario que el suyo, hacer un proceso de intenciones sino pintar el mundo tal y como es, mundo en el que la prensa sensacionalista no merece que se le dedique la menor atención porque no es digna de ello y en donde la publicidad no merece ser retenida como elemento motor de la existencia, aunque sea omnipresente. Un tema que también habría




que tratar: la publicidad en Hergé. En las cabinas telefónicas (¡qué extraordinario planfleto en una viñeta el de los F-Hernández cogidos en el engranaje de Simoun en El oro negro!), las columnas, los aeropuertos, etc..

Una única vez Hergé se ha apartado de sus objetivos y de su tranquilidad. Una única vez, pues con una es suficiente. Una única vez porque la demostración ha sido definitiva. Es en Las joyas de la Castafiore en donde los paparazzi son denunciados en varias ocasiones (23, 27, 41, 42) junto con la machacona publicidad de las contraportadas. Pero el papel normal de la prensa es recuperado en la página 57.

El papel de la prensa es pues para Hergé, por sus duraderas consecuencias, un papel de información que Hergé utiliza como procedimiento narrativo. A veces los recortes y los mensajes sonoros introducen o completan la introducción permitiendo plantear el problema, a veces, por el contrario, permiten concluir con una divertida crónica radiada del profesor, perdón, del capitán Haddock o con un reportaje de prensa que demuestra los resultados definitivos obtenidos por Tintín así como su audiencia internacional, otras, por fin, la prensa es utilizada como agente de unión que sustituye a los puntos suspensivos cargándoles de informaciones para dar al clásico "...y un poco más tarde" una densidad inigualable. Una única vez la radio (en Tornasol) desempeña un resurgimiento angustioso en el plano del misterio (plancha 24).

Se podría igualmente sacar a colación la utilización de otros medios de comunicación a veces más generalizados y otras no. Por ejemplo el cine que desempeña un papel de ambientación (Stock, 1) o como fuente informativa (documental en El loto). También el calendario, el despertador, la tarjeta de visita, la carta o incluso el mensaje "Secreto-Defensa" en los ambientes militar-beligerantes. ¡Y qué decir del teléfono portador infatigable de planes maquiavélicos, de conversaciones banales, de insoportables ataques a las seguridades de todo tipo o de informaciones destinadas a hacer progresar la acción!

Permítaseme una última observación pues no me perdonaría nunca dejar pasar la ocasión y porque me arrepentiría de que se me acusara de haber ignorado lo que podría constituir una conclusión para cualquiera de las "memorias universitarias" a las que hacía referencia. Me refiero a la repentina aparición de la televisión que va a adquirir protagonismo en detrimento de la radio. Aparición tímida en Tornasol, es




decir en 1954-56, bajo forma de circuito cerrado reservado a una élite militar-científica. Demostración positivamente extraordinaria del poder de evocación de este media-plaga moderno puesto que hasta el final de la plancha, hasta haber apretado el botón, creemos asistir ante nuestros OJOS de lectores de un cómic, al igual que los telespectadores privilegiados lo creen también, a la destrucción de una "gigantesca ciudad de ultramar que no vale la pena nombrar". Prueba de la fascinación que ejerce la televisión en cuanto se consagra la atención a la pantalla (y aquí a penas parafraseo a Hergé). Y en el mismo Asunto Tornasol, el libro a partir de ahí está ilustrado con fotos, lucha ridícula del impreso contra el audiovisual.

La televisión va acaparar cada vez más la tipología de la prensa propia de Hergé en Las joyas y en Vuelo 714. En Las joyas en donde frente a una prensa podrida de sensacionalismo —prensa que decae de su papel noble y útil—, la tele muestra el otro lado del decorado (31a 33) así como todas sus posibilidades de deformación de la imagen (48 a 50) imagen en color al mismo tiempo que sus consecuencias trágicas en el comportamiento humano: primera fase: reflejo de defensa del ojo humano por el lagrimeo; segunda fase: después de la inyección nueva del tratamiento, paso directo al universo televisado en el que lo humano es tan sólo el ectoplasma del tubo catódico. En este punto Hergé debe detener su demostración-comprobación pues siente que acaba de tocar el centro del problema y que su papel no es aportar remedios sino describir el mal, diagnosticarlo. Prefiere por lo tanto pasar al día siguiente para encontrar, apacible contraste, el tranquilo campanario de un campo que se despierta. ¡Ecología, la madre de todos!
Como concluiría Haddock, tachando con una observación todo el patrimonio, finalmente ridículo e incluso peligroso de la galaxia Gutenberg y del siglo XIX positivista: " ¡Pobres americanos!" —nótese la resonancia gala de esta conmiseración— " ¡Eran tan felices antes de Cristóbal Colón...!".
Tenga la bondad de disculpar esta interrupción momentánea de la imagen debida a circunstancias... crouic... a nuestra voluntad.
 




SOBRE EL "HECHO COLONIAL" EN HERGE Y SU TEORÍA ACERCA DE LA GUERRA
Hergé es apasionadamente de su siglo. Como todos lo grandes artistas si hablamos con rigor, no crea sino que devuelve al mundo su propio reflejo. ¿Qué hay de extraño, teniendo en cuenta su juventud, que en plena transición Lenin-Stalin haya resultado antibolchevique al mismo tiempo que Henri Béraud tenía un enorme éxito (más de 100.000 ejemplares) con "Lo que he visto en Moscú".

Me parece que hay algo mejor que hacer un proceso de intenciones sobre la concepción de la manera de hablar de los negros que tiene Georges Rémi. ¿Acaso los piratas de Goscinny no son más condenables hoy que Hergé en 1930?

No, nada de esto es serio y el asunto del Congo, al igual que el anteriormente mencionado de los Soviets pone en tela de juicio más a los periodistas que lo han forjado que al racismo de Hergé. Hergé que toma partido por los amarillos contra los blancos en el Loto azul, a favor de un inca contra los mestizos en el Templo del sol, a favor de los negros contra los árabes en Sotck de Coque, a favor de los indios contra los blancos en América. Porque el problema del racismo está ahí: es un problema universal, porque siempre se es "el juicio de alguien" Ya en esta fórmula reside una buena dosis de racismo. ¿Por qué no decir que siempre se es "el blanco de alguien", fórmula que el tercer mundo haría suya con agrado hoy día?

Creo interesante por el contrario, si queremos ser serios, resaltar en el panorama que dibuja Hergé del colonialismo una vena claramente anglófoba heredada aparentemente de la anglofobia colonial experimentada desde siempre por las potencias franco-belgas. En el Loto es denunciado el comportamiento británico con respecto al estatuto de Hong-Kong, de igual manera los soldados US que expulsan a los indios de sus tierras en América se parecen, despreciando toda preocupación de realismo, a los tommies ingleses. 

Resulta curioso que Hergé se haya visto prácticamente obligado por Methuen Ltd., su editor inglés, a corregir en 1971 algunos aspectos del Oro negro porque Hergé ponía en escena el enfrentamiento de la Haganah judía contra los tommies ingleses.

Si se quiere encontrar a toda costa un Hergé fascista ¿por qué no buscarlo en Tintín en Tibet, sin duda el álbum más nazi de Georges


Rémi? En él se encuentra en primer lugar la exaltación del esfuerzo individual a través del alpinismo, deporte eminentemente antidemocrático. Luego el retorno a la raíces del viejo hogar cultural indoeuropeo. ¿Acaso Hitler, según se dice, no tenía en el Berlín de 1945 una división tibetana? Habría aquí también material para una tesis.

Por lo tanto Hergé es claramente de su época. Introduce la televisión en cuanto parece adquirir importancia, al mismo tiempo que en 1971 modifica su Stock de Coque. Hergé, o Tintín con sus eternos pantalones de golf no es un retrasado dentro de su siglo: lo sigue. Nada de oportunismo, me parece a mí, sino simplemente adaptación a las modas que pasan —pues todo esto, no hay que olvidarlo, son modas únicamente y únicamente lo que permanece es importante—. Tintín está en nuestra época y permanece atento a ella.

En efecto, si el joven Tintín está siempre dispuesto a salir hacia la aventura y si consigue burlar todas las trampas, Hergé, su padre, adoptó una postura de distanciamiento que le permitió desmontar los mecanismos ocultos, precisamente aquéllos que, teniendo en cuenta su complejidad suelen desembocar en titulares de periódicos generalmente ilusorios.

Releamos Tintín en América ¿dónde puede encontrarse un mejor resumen de la historia de los Estados Unidos? Descubrimiento del petróleo, compra de terreno a los propietarios por un bajo precio, conquista militar ("alambradas en la pradera"), rapaces inmobiliarios, instalación de una banca, todo está preparado para funcionar y funciona tan bien que en una noche aparecen el automóvil y el poli, el rascacielos y la multitud, para terminar con la expulsión final de los indios que en este caso son Tintín y Milu. Ni Wounded Knee ni Morris ni Goscinny han hecho una mejor recensión.

Este esquema lapidario va a servir 2 o 3 años más tarde a la demostración por parte de Hergé de una teoría realista de la guerra dentro del Loto azul en un episodio particularmente memorable. En primer lugar: falso incidente fronterizo totalmente inventado (Tintín será personalmente víctima en este tipo de maquinación en el Oro negro —plancha 14— o en La oreja —plancha 18— que consiste, en el momento de un registro, en esconder debajo de la cama las granadas que permitirán a unos Hernández-Fernández enchironar a su "cliente" por porte de arma indebida). Segunda fase:  el gobierno competente se


rebela, no se sabe si de buena fe, contra una violación "incalificable" de sus fronteras. El presunto agresor afirma su inocencia y su voluntad "decidida" de proteger a su pueblo en caso de agresión. Guerra dentro de las ondas radiofónicas, venta de armas remuneradora para quienes han teleguiado ej incidente, ballet accesorio y vano en la SDN. Sólo le queda a cada cual la posibilidad de reírse de buena fe de los eternos valores que le son propios. Esta es la teoría de la guerra de Hergé-Clausewitz. La historia se confirma.

Tintin es un falso ingenuo y Hergé no se hace por lo tanto ninguna ilusión. La conversación entre Carreidas y Rastopoulos (Vuelo 714, plancha 31) es totalmente edificante. 

Naturalmente Tintin sigue siendo honesto hasta el final y cumple con su contrato salvando la piel al sinvergüenza de Carreidas. Naturalmente las enganchadas con el sinvergüenza de Carreidas (sabiamente minimizadas por el autor para las necesidades de la acción) no llegan a la altura de los sangrientos crímenes de esa basura que es Rastopoulos. Pero es el mismo cinismo, la misma deshonestidad, el mismo afán por el dinero y nadie se equivoca a este respecto, ni siquiera Tintin.

De hecho la verdadera preferencia de Tintin, al igual que la de Hergé, no se dirige hacia uno u otro emir, hacia uno u otro financiero internacional, hacia uno u otro loco o sabio de atar, hacia uno u otro partido apoyado cada uno por su cohorte de traficantes de armas y de banqueros podridos; dicha preferencia se dirige hacia los desheredados de los Andes o del Nepal, a los muchachos pobres, a Tchang en el Loto azul, a Zorrino en El templo del sol, y esta solicitud misericordiosa y desinteresada, fijarse en ello, permitirá siempre ulteriormente a Tintin beneficiarse, en los momentos más críticos, de la ayuda directa o indirecta de aquéllos a los que ha salvado cuando estaba en condiciones de hacerlo. La lección de Tintin vale más que todas las llamadas de atención lanzadas por los cocodrilos de la televisión en favor de Biafrobanglakistan y denunciados a su manera por Gotlib.




NOTAS
1. Cf. el acto fallido de la plancha 20 en la que la intención homicida es finalmente apartada: Haddock se precipita sobre Tintín y se apodera en realidad de un caldero y quiere estrangularlo o agarrarse a él en una especie de empujón-pugilato.
2. A esta pesadilla que Haddock hace sufrir a Tintín corresponderá -pues nada se pierde, nada se crea, todo se transforma, axioma fundamental para comprender la obra de Hergé... junto con algunas otras cosas- la pesadilla que Tornasol hará sufrir a Haddock en el Tibet (plancha 16). Es simplemente cuestión de justicia.
3. Cf. el significante psicoanalítico de la pipa propuesto por Maif-Fredy en su memoria de semiología sobre Gotlib.
4. Nada se pierde, nada se crea. Si Tintín se ahoga en una especie de bautismo tintorril (pues no se trata de whisky, no es el brevaje del mal haddockiano), Milu va a heredar este traspaso alcohólico con el que Tintín ha conjurado el hechizo sin anclarlo en su persona. Tengo anotadas por lo menos tres borracheras sufridas (involuntaria pero placenteramente) por este animal. Rackham, p. 19, Tibet, p. 19 (cf. la agresión de Tornasol a Haddock), La isla negra pp. 34-35,40.
5. Nota del traductor: se traduce de esta manera un famoso slogan empleado en Francia en las manifestaciones políticas y que J.-C. Faur utiliza de la siguiente manera: "Hergé salaud, le peuple aura ta peau".
 


Neuroptica 2
Estudios sobre el comic
Primera edición, abril de 1984
Zaragoza