martes, 16 de octubre de 2012

El rey de lo gonzo




Gonzo. La historia gráfica de Hunter S. Thompson

Will Bingley y Anthony Hope-Smith Traducción de Santiago García 451 Editores. Madrid, 2012 182 páginas. 19,50 euros

UNA DE LAS REGLAS del decálogo del buen periodista asegura que el redactor no tiene que convertirse en noticia. Pero a Hunter S. Thompson las reglas jamás le gustaron. Así que en los sesenta este estadounidense "adicto a las drogas y el alcohol, egoísta y desagradable, pero también un observador muy sensible, inteligente y crítico de la sociedad", en palabras de su editor Alan Rinzler, empezó a escribir una serie de crónicas en las que él no solo era protagonista, sino que influenciaba activamente la noticia. De Los ángeles del infierno —donde iluminaba las sombras de la organización de moteros— a Miedo y asco en Las Vegas (llevada al cine con Johnny Depp en el papel de Thompson), sus piezas llegaron a ser mitos. Y su peculiar estilo fundó un auténtico género: el periodismo gonzo. De eso y de las peripecias de este tipo nacido en Louis-ville (Kentucky) en 1939 se Ocupa Gonzo, La historia gráfica de Hunter S. Thompson, el cómic de Will Bingley y Anthony Hope-Smith. En blanco y negro, con más trazos oscuros que palabras, los dos autores repasan la alucinante trayectoria de un hombre que algunos consideraron un visionario y otros una suerte de psicópata. Con el fondo de los Estados Unidos de los jipis, la generación Beat y las protestas contra la guerra de Vietnam, la novela'gráfica acompaña a Thompson a lo largo de sus páginas por sus reportajes, sus excesos y su intento de desenmascarar la hipocresía del sueño americano. Hasta su dramático y reciente (2005) epílogo. Tommaso Koch


El Pais Babelia 13.10.2012

Larsson y el nazismo


Stieg Larsson, antes de Millenium

Guillaume Lebeau y Frédéric Rébéna Traducción de Enrique S. Abulí Norma Editorial. Barcelona, 2012 64 páginas. 13,50 euros

STIEG LARSSON, antes de Millenium arranca con una escena en la Suecia profunda de 1962. La protagoniza el exitoso autor a los ocho años. Lo acompaña su abuelo Severin, empeñado en cazar un zorro. Su conversación profundiza en su lado más personal y cómo influyó en su posterior bibliografía. Su preocupación por el racismo, con el relato del paso de su abuelo por un campo de concentración. Severin se declara "antinazi, sindicalista, pacifista y comunista". Una ideología que heredó el nieto, que militó en la Liga Comunista de Trabajadores y luchó contra la ultraderecha desde sus artículos.

El cómic, a la venta el 31 de octubre, recoge datos desconocidos de la vida del autor como su viaje a la independentista Eritrea en 1977. Su defensa de las mujeres, una obsesión que le persiguió toda la vida, tras presenciar una violación colectiva y no tratar de evitarla. Allí enseña a las amazonas a utilizar el armamento. A lo largo de la historieta vive la fundación con su pareja de la revista antiracista Expo a la que le llueven las amenazas —les envían balas por correo —y por fin en 2004 aceptan editar Millenium. Era tarde, ese mismo año murió "sin poder disfrutar de la riqueza, el éxito y la gloria". Tras leer el cuidado volumen de viñetas en blanco y negro, y cerrado con una detallada crononogía, uno entiende por qué su trilogía es tan marcadamente antinazi y rechaza la violencia a las mujeres. E. Silió


El Pais Babelia 13.10.2012

lunes, 15 de octubre de 2012

Arte del cómic: Los cuadernos inéditos de los grandes artistas



Por Valentín Vanó



EN EL propio título de su edición española, este libro lleva implícita una consideración de trascendencia hacia el cómic que está calan­do, cada día más, entre autores, especialis­tas y lectores. Es un título casi de manifies­to, más rotundo que el original anglosajón (Comics Sketchbooks: The Private Worlds of Today's Most Creative Talents) y por ello menos ajustado al contenido. Pero, dia­blos, la gente del cómic quiere llamar la atención de la alta cultura; cualquier ayuda es poca. Arte del cómic: Los cuadernos inédi­tos de los grandes artistas participa de la corriente contemporánea que identifica a los autores de cómic como creadores de pleno derecho. Mientras en los ámbitos aca­démicos se discute si el cómic es literatura o, en realidad, es arte, en el terreno práctico hay una o varias oleadas de nuevos lectores cultos y formados dispuestos a leerlo y dis­frutarlo sin detenerse demasiado en disqui­siciones teóricas. Nuevas generaciones, pe­ro también generaciones de lectores vetera­nos, personas ilustradas de toda índole, que jamás leyeron un tebeo de superhéroes o un manga comercial; y hoy se muestran intrigados por las incesantes novedades que el cómic de autor, o el cómic artístico, o la novela gráfica, proporcionan regularmente a las librerías y supermercados culturales.

El Otro motivo por el cual resulta capcio­so el cambio de título del volumen en espa­ñol es porque los autores seleccionados han sido invitados a entregar bocetos, esbozos, dibujos informales extraídos de los "mundos privados" de sus cuadernos perso­nales. Esto es lo que encontrará el lector en estas 350 páginas: estudios previos, garaba­tos de calentamiento, material no concebi­do para ser publicado. Exuberante y genero­so, diseñado con un gusto remarcable, Arte del cómic se dirige, sobre todo, a ese nuevo lector de cómic que quiere orientarse en lo que intuye como un mundo de maravillas. La elección de Steven Heller, editor y activis­ta cultural vinculado a las artes visuales, ha sido cristalina en cuanto al criterio de selec­ción, y hay que respetarla. Quizás habría aumentado la calidad de su desafío al antologizar a otros profesionales del cómic co­mercial; ya fuese americano, europeo o ja­ponés, pero apenas han entrado varios en la selección del volumen. "Las páginas que siguen deben ser consideradas una especie de regalo. Una especie de ofrenda. Una ofrenda íntima", escribe Heller en el prólo­go sobre la naturaleza de revelación que denotan los dibujos privados al ser exhibi­dos públicamente. "Los bocetos libres es­tán más cerca de aquello que los surrealis­tas definieron como escritura automática", concede el holandés Joost Swarte.

La lista es impresionante, aunque real­mente lo bastante ecléctica como para transmitir un efecto positivo de selección caprichosa. Y en determinados nombres, se echa en falta alguna página más para enriquecer la muestra. Entre los clásicos indis­cutibles destacan tres esenciales del underground como Robert Crumb, Víctor Moscoso y Kim Deitch, además de varios profesio­nales venerables como Arnold Rom o Denis Kitchen, y un mito viviente del cómic de género, Jim Steranko. También renovado­res de los setenta, a los que Heller se refiere como "viejas glorias", Gary Panter y Charles Burns; varios europeos ilustres como Joost Swarte y Javier Mariscal, y una buena cantidad de artistas internacionales, que están en la primera fila del cómic actual: David Mazzucchelli, Posy Simmonds, Seth, Ben Katchor, Vanessa Davis, Rutu Modan, Johnny Ryan, Matt Maden, David Heatley, Kevin Huizenga, Benoït Guillaume o Takeshi Tadatsu, entre otros muchos. La inclusión de Jim Steranko es significativa, pues encarna el paradigma de historietista comercial, al reconocer que no dibuja por placer, sino siempre por encargo. "El dibujo es trabajo, y la única razón por la que sigo dibujando es por mi afiliación religiosa: ¡El culto al dinero!", bromea.
"Para mí los bocetos son una forma de pensar sobre el papel", reflexiona David Mazzucchelli. Mientras, el japonés Takeshi Tadatsu elogia la libertad que siente al esbozar, "algunos bocetos son incluso más libres de lo que eran en mi imaginación". Destacan, al pasar las páginas, los formidables y detallados cuadernos de viaje de Peter Kuper; que además, según reconoce, le sirven para hacerse entender en países extraños. "Son una especie de documento histórico de determinados periodos de mi vida y de cómo me sentía entonces". Del mismo modo, los estilos gráficos de dos mujeres historietistas, la británica Posy Simmonds y la israelí Rutu Modan, adquieren una calidez y belleza considerables en sus sketchbooks. Como coloso del dibujo, Charles Burns evidencia en su aproximación al arte del esbozo su gusto por el plagio, las apropiaciones y las referencias a la cultura pop. "Tengo la intención de quemar la mayor parte de esas páginas antes de dejar el planeta. No quiero que mi hija ni nadie más tenga que cargar con ellas cuando yo no esté". Una boutade que, en boca de un artista fogueado en las llamas del punk, suena bastante creíble. •
Arte del cómic. Los cuadernos inéditos de los grandes artistas. Steven Heller. Traducción de Laura Fernández. Lunwerg. Barcelona, 2012. 352 páginas. 34,50 euros.

El Pais Babelia 13.10.2012


domingo, 14 de octubre de 2012

Reir en defensa propia por Liniers






Les Luthiers. Palacio Municipal de Congresos. Madrid. Hasta el 21 de Octubre


El Pais Babelia 13.10.2012

Iban Barrenetxea, ilustrador por accidente

Ilustraciones de Iban Barrenetxea en Blancanieves, de los Hermanos Grimm (Nórdica) —arriba— y en su libro El cuento del carpintero (A Buen Paso), ganador del premio concedido por los libreros de Club Kirico. 



Dibujaba en un blog por afición y en apenas tres años ha conseguido vivir de ello, ser premiado y exponer en el extranjero 


Por Elisa Silió 








En apenas tres años Iban Barre­netxea ha pasado de ser un diseña­dor gráfico anónimo en su pueblo —Elgoibar, Guipúzcoa, donde na­ció en 1973— a codearse sin moverse de su monte y su playita con lo más granado en exposiciones colectivas en sitios tan dispa­res como Oxford y Japón. Está exhausto de tanto trabajar —casi una decena de libros en ese corto espacio de tiempo— y aún in­crédulo de su éxito. La última alegría se la han dado los 90 libreros del Club Kirico, que le han concedido su premio al mejor libro editado en 2011. Felicidad por partida doble porque es autor e ilustrador de El cuento del carpintero. El relato recuerda a las narracio­nes clásicas del norte de Europa. Érase un carpintero tan bueno tan bueno "que sus mesas jamás cojeaban, es más, presumían de tal gracia y tal delicadeza que, al mirarlas de reojo, parecían bailar el minué", escribe en su arranque Barrenetxea. Conocedor de la fama del ebanista, el Barón von Bombus le encarga un brazo que reemplace al suyo derecho, que perdió en la guerra. El librito, de apenas 48 páginas, asombra con sus ex­quisitos e irónicos dibujos, repletos de minu­ciosos detalles, que llegan a ocupar cuatro páginas cuando se despliegan. Barrenetxea es un ilustrador en boga, pero huye de eti­quetas: "Aveces puedes crear una falsa sen­sación por haber alcanzado de pronto tanta visibilidad. Espero tener un largo recorrido". Dice "pronto" porque su travesía sin mo­verse de Elgoibar (11.000 habitantes) ha sido meteórica desde que sus ilustraciones co­menzaron a circular por la Red. Tanto, que no tardó en abandonar su trabajo. "Me encantaba dibujar, pero el diseño gráfico me pareció que era la salida profesional más factible. En Guipúzcoa hay mucha industria y durante más de 10 años me dediqué a hacer catálogos y, cuando volvía a casa, a veces, dibujaba". Los internautas se entu­siasmaron con las estampas de su blog y se dio cuenta de que lo natural en él era ilus­trar. "Me preguntaban dónde podían com­prar mis libros y les decía: 'Si no tengo publicado nada. Estos cuatro dibujos son lo único que he hecho". Entre quienes le contactaron estaba la editora Arianna Squilloni, que le encargó el cuento El cazador y la ballena (OQO), de Paloma Sánchez Ibarzábal. Desde entonces no ha parado. Bom­bástica Naturalis (Premio Euskadi de Ilustra­ción 2011), Un panal de rica miel, Alicia en el País de las Maravillas, Blancanieves... "Hubo quien confió en mí cuando yo no sabía que podía hacer esto. Está surgiendo una generación de hombres y mujeres or­questa que se atreven a estar en cuatro si­tios al tiempo. Lo mismo maquetan que presentan el libro... como Diego Moreno (Nórdica), Arianna Squilloni (A Buen Paso), Enrique Redel (Impedimenta)... Cuando uno se entera de que solo hay detrás una persona o dos, no da crédito...".

Barrenetxea está convencido de que una imagen estática puede aportar tanto como el 3D. "Ahora hay unas películas y unos videojuegos alucinantes, pero a un niño hay que hacerle descubrir el poder de evocación de los libros. Hace 150 años estos y las revis­tas ilustradas tenían una aceptación tremen­da. Eran lo máximo a lo que se podía aspi­rar, un medio de recibir historias. Tienen que seguir siéndolo". Él no empezó a dibu­jar por una obsesión plástica, sino por rela­tar. "De pequeño el impulso que me llevaba
a dibujar eran las películas de Errol Flynn y de piratas. Terminaban y me ponía a dibu­jar barcos, el Séptimo de Caballería...". Me­tódico, si se embarca en un proyecto no quiere saber de otros. Acaba de terminar David Copperfteld, de Charles Dickens, en Teide, la misma editorial que su Otra vuelta de tuerca, de Henry James. "Si ilustro Dic­kens solo leo cosas de la época victoriana. Si me disperso, me intereso por otras cosas". No se plantea mudarse de Elgoibar —"soy de estar tranquilito"— y, al fin y al cabo, con Internet y el teléfono está conecta­do con editores de cualquier lugar del mun­do. "Se echan los brazos más largos. Todo es más pequeño", sostiene el artista, que expu­so én la muestra Le immagini della fantasía, de Sármede (Italia). Así, sin conocer al edi­tor, acaba de publicar Por el color del trigo, de Toño Malpica, para el Fondo de Cultura Económica de México; y junto a los de otros premiados en la Bienal de Bratíslava, sus dibujos viajarán a Japón. "En Oxford, por el 150° aniversario de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas, inaugurarán una muestra y estaré con nombres de primera fila como Anthony Browne". No quiere ser rompedor, pero sí hacer su propia lectura. "Blancanieves pertenece al imaginario popular y lo que me sale es algo relativamente tradicional. Si dibujo a los enanitos volviendo a casa, quizá recuerde a la imagen típica de Disney ¡pues estupendo! Es como con Alicia. Pensé en el poso que me habían dejado las ilustraciones de John Tenniel y lo hice a mi manera". Ha ilustrado a un ritmo vertiginoso y necesita una pausa. "No he tenido tiempo de ver cuál ha sido mi trayectoria. Creo que he evolucionado bas­tante, pero temo perder calidad si dibujo tanto. Me gusta documentarme mucho y me lleva muchas horas. Hay quien dice que escribe para sí y no para los demás. A mí, en cambio, me importa muchísimo". 

Blancanieves. Jacob y Wilhelm Grimm. Traduc­ción de Isabel Hernández. Nórdica. Madrid, 2012. 60 páginas. 13,95 euros. Otra vuelta de tuerca. Hen­ry James. Traducción de Montse Triviño. Teide. Barcelona, 2012. 288 páginas. 10,30 euros. El cuento del carpintero / Bombástica naturalis. Iban Barre­netxea. A Buen Paso. Mataré, 2011 / 2010. 48 pági­nas. 15 /l 9 euros. Alicia en el País de las maravillas. Lewis Carroll. Adaptación de Lourdes Íñiguez. Anaya. Madrid, 2011.144 páginas. 9,90 euros. ibanbarrenetxea.blogspot.com/ 


El Pais Babelia 14.07.2012

MISTER WONDERFUL Daniel Clowes

CUARENTÓN BUSCA PAREJA 

Por Héctor Márquez



Traducción Rocío de la Maya 

Mondadori

80 páginas | 15,90 euros


Daniel Clowes —sí, el autor de Gosth World, aquel cómic de dos niñas adolescentes que llevó al cine Terry Zwigoff y por el que el propio Clowes sacó una nominación al mejor guión adaptado en los Oscar— ha decidido ser magnánimo con sus personajes. En el último cómic publicado en España de quien puede ser considerado uno de los diez más influyentes autores de cómic de las tres últimas décadas, continúa con el recurso de cambiar de estilo dibujístico dentro de una misma historieta. Un estilo que ya había llevado al cénit en su anterior novela gráfica, Wilson, donde, al contrario que en esta, acababa, como era marca de la casa, dejando a sus protagonistas convertidos en himnos de ruindad moral. Pero en Mister Wonderful, parece de repente mostrar cierta piedad hacia su criatura, un tipo tímido y apocado, nada seguro de sí mismo, con la cuarentena bien rebasada, que espera el encuentro con una mujer con la que se ha citado a ciegas.

Clowes, que se destacó en la escena del cómic independiente norteamericano en los años ochenta desde su revista Bola Ocho, había sido celebrado por toda una generación tan X como la suya, que de alguna manera se reconfortaba con la capacidad que el narrador tiene de permitir al lector excluirse de su visión vitriólica de la clase media norteamericana al identificarse con la inteligencia sarcástica del autor de David Boring. En esta obra, Clowes utiliza como gran experimento formal el contraste entre el monólogo interior incesante del protagonista y lo que “realmente sucede”. Con lo que, en puridad, y si nos ponemos a hilar muy fino —algo que Clowes siempre hace— obliga al lector a situarse del lado del personaje para aparentemente concluir que si Clowes comienza a sentir piedad de sus creaciones, nosotros, los de entonces, podemos permitirnos menos crueldad con respecto a los perdedores de antaño.


Pero nada es lo que parece. Lo que a Marshall le sucede durante la tarde noche en la que tiene
su primera cita de solterón con Natalie, amañada por una pareja de amigos comunes, no es ni
más ni menos que un tratado de desesperación y un inteligente diálogo cruzado entre lo que ocurre de veras —dos personas de quebrada autoestima y carácter cambiante que buscan pareja desesperadamente— y lo que Marshall imagina que sucede o puede suceder. Así las cosas, ese final abierto a la esperanza del amor puede resultar reconfortante para los que se hayan vestido con la piel del protagonista cuyas dudas, deseos y proyecciones se superponen gráficamente a los diálogos reales y acciones del resto de los personajes. Pero si nos atenemos a la historia de Marshall y Natalie, admitiremos que lo más lógico sería no dar un duro por esa pareja. Así que Clowes nos la ha pegado una vez más: si somos Marshall, somos tan inseguros, mentirosos y perdedores como él. Aunque personalmente pienso que en el fondo Clowes es un moralista posmoderno. Alguien capaz de mostrar a las personas desde todos sus puntos de vista, convertidas en seres imperfectos, donde todos ganan y pierden simultáneamente porque los partidos en la vida real nunca acaban y los árbitros se sustituyen y solapan de continuo. Alguien que no se relaciona con sus personajes en términos bipolares (bueno/ malo), sino que nos recuerda que todos —él, el primero— somos carne de cañón y de compasión. Criaturas susceptibles de ser tanto un esbozo caricaturesco infantil como un minucioso y fiel retrato hiperrealista siempre esperando, en cualquier caso, hallar esas grietas en otros por donde una pequeña luz sea capaz de conectarnos con la esperanza.


MERCURIO OCTUBRE 2012

viernes, 12 de octubre de 2012

Crea tu superheroe


 Ilustraciones que Carlos Pacheco realizó para Comics Forum en el año 1989 en torno al concurso "Crea tu superhéroe". Primer puesto para Plasmacel de Francesc Josep Chamorro i Benàssar, Segundo puesto para Dragón Ambar de Cristina Gordillo Jiménez y Tercer puesto para Exorcista de Diego Olmos Almiñano.
Cosas de la nostalgia