martes, 14 de agosto de 2012

The Joe Kubert School



Aún conservo la revista Wizard que contiene este artículo sobre la escuela de Joe Kubert. Aún soñaba uno con dibujar, y la escuela (previo pago) podía darte acceso a las grandes compañías de comics americanas.
 No se como seguirá la cosa por allí, el articulo es de 1995, prácticamente otro universo, pero la escuela creada en 1976 tenía para mi agradables sensaciones, lo cierto es que tenían buenos profesores: Timothy Truman, Steve Bissette, Tom Mandrake, Ron Randall. Tres años de curso con seriedad y trabajo duro. Según las cifras de entonces entre el 90 y el 95 por ciento de los estudiantes encontraban trabajo en el mundo del comic y los de animación en un 98 por ciento.
Me pareció curioso que en aquel entonces sus hijos no estuvieran dibujando comics: Adam Kubert trabajaba como ilustrador médico y Andy estudiaba en la escuela del padre.
Aquel año cumplia Joe Kubert 69 años. Anteayer fallecía a los 85 años, descanse en paz.

















Revista Wizard nº44 abril de 1995

lunes, 13 de agosto de 2012

Fallece Joe Kubert, leyenda del cómic del siglo XX

ELMUNDO.es | Madrid
Actualizado lunes 13/08/2012 13:56 horas

El legendario artista creador de cómics de origen polaco, Joe Kubert, ha fallecido en el día de ayer en la ciudad de Nueva Jersey a los 85 años de edad, según informan diversos medios estadounidenses.
Entre los trabajos por los que se dio a conocer destaca 'Sargento Rock', uno de los más destacados personajes de cómics de guerra. También creó al superhéroe 'Hawkman', trabajó en tebeos clásicos como 'Tex' o 'Tarzán', y colaboró en otros personajes tan conocidos como 'Superman', 'Batman' o 'Wonder Woman'.
Con la muerte del artista se pierde una de las figuras más influyentes de la industria del cómic. Conocido por ser el más joven de los creadores de la Edad de Oro del cómic americano en los años 40, o por haber fundado en 1976 la Escuela Joe Kubert, un centro de formación para dibujantes de cómic que lleva décadas generando nuevas promesas. Dos de sus hijos, Andy y Adam, han resultado ser asimismo dibujantes de cómic de éxito, siguiendo los pasos de su padre.



Sobre el futuro del cómic, Kubert comentaba en una visita a España en la XV edición del Salón del Cómic de Granada (celebrada en 2010) que "ahora muchos escritores vienen de la televisión o la literatura, y no acaban de comprender que el cómic es un género aparte, donde la historia debe fluir de una viñeta a otra. No es ni prosa ilustrada ni una colección de dibujos bonitos, es la alianza entre ambos para contar una historia".
El dibujante nunca quiso posicionarse sobre sus preferencias en cuanto a personajes; siempre afirmó que: "mi preferido es el que está en mi mesa de dibujo, y si alguien me pregunta con cuál quiero trabajar que no lo haya hecho ya, mi respuesta es ¡cualquiera!".

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/08/13/cultura/1344857466.html

 En su visita al Salón del cómic de Granada en 2010.


José A. Cano | Granada
Actualizado viernes 12/03/2010 18:44 horas
 
 

«Las nuevas tecnologías están ayudando mucho a la industria del cómic», explica Joe Kubert, el último grande del cómic-book americano, «porque ahora el único criterio para poder publicar es la calidad. Un artista puede dibujar desde su casa en España y enviarlo a un editor en Estados Unidos para que se publique allí, y eso hace que el único criterio sea la calidad del trabajo».
Kubert, célebre por su creación Sargento Rock o su trabajo en tebeos clásicos como Tex o Tarzán, se encuentra estos días en Granada para ser el invitado estrella de la XV edición del Salón del Cómic, aunque antes ha tenido tiempo de participar el I Encuentro Profesional del Cómic y en unas jornadas de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada. Y aunque glosa las virtudes de internet «para el primer contacto con un editor siempre recomendaré el cara a cara».
De cómo entrar en el mundo profesional de la historieta Kubert sabe bastante no sólo por ser el más joven de los creadores de la Edad de Oro del cómic americano en los años 40, también por dirigir desde 1976 la ‘Joe Kubert School of Cartoon and Graphic Art’, una escuela profesional que lleva décadas nutriendo a las dos grandes editoriales de superhéroes de EEUU, Marvel y DC, y tener dos hijos, Andy y Adam, que han seguido sus pasos como dibujante.
Sus apreciaciones optimistas sobre el dibujo no las lleva también al terreno del guión. Al menos en la industria americana, donde «ahora muchos escritores vienen de la televisión o la literatura, y no acaban de comprender que el cómic es un género aparte, donde la historia debe fluir de una viñeta a otra. No es ni prosa ilustrada ni una colección de dibujos bonitos, es la alianza entre ambos para contar una historia».
Algo que no ve que se repita en Europa, ya que «la figura del autor completo, que escribe la historia y luego la dibuja, es más común». Entre ellos destaca a Jean Giraud, ‘Moebius’, dibujante de obras como el Teniente Blueberry o El Incal, para Kubert «uno de los más grandes narradores del tebeo... y también un amigo». Entre los autores españoles conoce sobre todo a los que trabajan en Estados Unidos, pero no se atreve a hacer juicios, ya que «no sigo la industria cómo hacía antes».

Una historia sobre Vietnam

Aunque hace años que se escribe sus propios guiones, entre todos los escritores con los que ha trabajado destaca a Bob Kanigher, con el que colaboró a lo largo de más de 20 años en historias de la mayoría de personajes de DC –Superman, Batman, Wonder Woman–, además de otros propios como el mismo Sargento Rock. «Escribía cada escena en imágenes, de manera que podías ver cómo quería organizar la historia mientras leías sus guiones. Para un dibujante facilita mucho el trabajo».
A sus 83 años, Kubert acaba de publicar una historia sobre Vietnam y sigue disfrutando de su trabajo como cuando dibujaba las aventuras de Tarzán o el Sargento Rock: «Mi personaje preferido siempre es el que está en mi mesa de dibujo, y si alguien me pregunta con cuál quiero trabajar que no lo haya hecho ya, mi respuesta es ¡cualquiera!».

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/03/12/andalucia/1268415862.html






domingo, 12 de agosto de 2012

La noche de los guiris no-muertos vivientes por Gallardo

Miguel Gallardo (Lleida, 1955). El creador de la hermosa fábula María y yo, novela gráfica sobre unas vacaciones junto a su hija con autismo, nos presenta la tercera entrega de esta serie ilustrada de verano: una reflexión tragicómica sobre las hordas de turistas en Barcelona. Gallardo ha sido finalista del Premio Nacional de Cómic, en los ochenta dio vida al personaje Makoki, y sus ilustraciones han aparecido en numerosas publicaciones nacionales e internacionales, incluyendo The New Yorker y Herald Tribune.






El Pais Semanal nº 1872 domingo 12 de agosto de 2012

viernes, 10 de agosto de 2012

Hombre buscado. guión y dibujo: Pat McEown

Publicado originalmente en Dark Horse Presente nº 130. Edición española Dark Horse Presenta marzo de 2000. Norma Editorial.














Superlopez

No, si al final vamos a tener que dar gracias de que los americanos no sepan que el Atlántico tiene dos orillas. S no fuese así, con lo que les gustan los juicios por plagio y esas cosas, haría tiempo que nuestro querido Jan habría tenido que abandonar a Superlópez. Probablemente, in­cluso habría tenido que dejar la historieta para dedicarse a atracar bancos o alguna otra profesión lo bastante lu­crativa como para poder pagar la demanda judicial que le pondrían las grandes compañías yanquis de superhéroes. Tampoco seria el primer caso.






Sería una pena porque si algo necesita la historieta para seguir adelante, son personajes. No nos engañemos, esto puede ser un arte, pero también es una in­dustria que exige un soporte económico. Ahí (no nos engañe­mos, repito) entra la necesidad de unos personajes que atraigan al público por sí mis­mos; que superen, o al menos igualen, la personalidad de sus autores.

Algo como Astérix o la Patru­lla-X, para entendernos. Y, por mucho que les duela a algunos, en España esos personajes sólo se dan en el terreno del humor. Aunque ya casi ni ahí. Desde hace algún tiempo, demasiado, tan sólo los del Jueves han sido capaces de crear nuevos perso­najes con gancho entre el públi­co.

Fuera de ellos sólo nos quedan los últimos coletazos de la era dorada de editorial Bruguera convertidos muchos de ellos en mala copia de lo que fueron. Y luego las excepciones; los pai­seros Mot y Goomer o, en su propia escala, Peter Pank.

Y Superlópez, que no es que sea precisamente nuevo pero sí mantiene unas características especiales que le separan del resto de los personajes Brugue­ra, aunque desdichadamente sí haya compartido con ellos su decadencia. Poco importa ya que siga siendo el único super-héroe del mundo más preocupa­do por el partido del domingo que por las andanzas del malva­do de turno y probablemente también el único que se encuen­tra con que la novia (o lo que sea) de su personalidad secreta le desprecia. No es que le odie o le tema, es que no le traga. Poco importa ya eso porque, en el fondo poco importa ya que ten­ga superpoderes. Pero vamos a parar un momento que me pare­ce que me voy a liar más de lo necesario en un artículo como éste. Que ya es bastante.
Vamos a ver, estábamos con que Superlópez es el único superhéroe de aquí. Aunque ahora que lo pienso, ¿no ha­bía por alguna serie marvel de tercera fila un tipo, que era espa­ñol y se llamaba Aguila Españo­la o algo así? Bueno, aún así es probable que en la España del tipo este los atascos de la Gran Vía se deban más a los burros que se paran a abrevar en doble fila que a los que dejan el coche atravesado en los semáforos, así que es perfectamente obvia­ble, lo que nos dejaría de nuevo a Superlópez como el único su­per (y van...) en una España (o Fespaña o como se llame), pa­recida a la nuestra. En un país en que sigue interesando el re­sultado del Parchelona-Tilbao por encima de cualquier otra co­sa, Cristal, Hacienda y el precio de la gasolina aparte, claro.
Pero antes de entrar en dis­quisiciones demasiado pesimis­tas, es obligatorio hacer un poco de historia. Superlópez nace en 1973 en Editorial Eurodit como parodia de Supermán a través de chistes mudos de 3-4 viñetas cada uno. No es que fuera nada del otro mundo pero dado lo es­trecho del planteamiento no es­taba mal. Jan lograba suplir la falta de diálogo con un dibujo muy expresivo que era lo aue le
daba gracia al asunto.
El siguiente paso en Bruguera. Desde que apareció por allí en 1974, desarrolla una extensa obra que llega hasta hoy con to­das las vicisitudes que ha pasa­do la editorial en estos años y que yo me voy a permitir dividir en tres etapas: Hasta su colabo­ración con Pérez Navarro, su obra conjunta y la desarrollada desde la marcha de éste.
Sus inicios en Bruguera vie­nen marcados por la imposición editorial de amoldarse al estilo de la casa para lo cual le asig­nan guionistas veteranos de plantilla que convierten a Super­lópez en un personaje que osci­la entre lo gris y lo estúpido, re­pitiendo hasta la saciedad los mismos chistes.
La segunda etapa es la que para muchos es su época dorada: Su trabajo junto al guionista Fran­cisco Pérez Navarro (Efepé). Ahora las cosas son muy distin­tas. Ha cambiado el formato siendo las historias de entre 6 y 10 páginas lo que permite desa­rrollar otro tipo dé argumentos. Además, Efepé aporta un cono­cimiento mucho mayor del parti­cular mundillo de los superhéro­es, algo de lo que siempre había carecido el personaje. Retoma el rumbo de la serie y decide volver a empezar desde cero, dándole hasta un origen, algo de lo que nunca se había preocupado Jan. Con ello logra además eliminar los lastres que tenía el persona­je, como el que estuviera casado o estupideces del tipo de que tu­viera que esconder su personali­dad secreta de un señor que le ha llamado a su domicilio para pedirle ayuda.
Asimismo, este nuevo comien zo permite a Efepé introducir a héroe en un mundillo muchc más cercano al original america no que se pretendía parodiar desde el principio. De este modc irán apareciendo sus compañe­ros de oficina con el jefe al tren te, su novia Luisa y su compañe­ro y amigo (¿) Jaime. Después aparecerán otros superhéroes hasta la formación final del Su pergrupo: Superlópez, el Capi­tán Hispania, El Bruto, la Chica Increíble, el Latas y el Magc componen la asociación de hombrecitos en pijama más alu­cinante que se pueda imaginar Por supuesto, dedican su tiem­po a salvar al Mundo de cuantas amenazas lo ponen en peligrc (habitualmente debido a s.u pro­pia incompetencia) y a zumbar­se de lo lindo entre ellos por ur quítame allá esta jefatura.
En definitiva, el planteamientc general y lo agudo de la sátira: hacen que esta etapa sea sir duda la más brillante del perso­naje, además de ser la única er la que realmente se puede decir
que se realiza una sátira de los superhéroes como tales. Sin ir más lejos, la visita al Superban­co es una muestra perfecta de lo que debería ser un día en la vida de cualquiera de los miles de su­pertipos que pululan por el Nue­va York marveliano.
Pero por aquello de que lo bueno suele durar poco, la cola­boración entre Jan y Efepé se deshace pronto. Sí, Superlópez deja el Supergrupoo y Efepé la serie y, según algunos, con su marcha desaparece todo lo inte­resante del personaje. A mí me parece eso muy exagerado aun­que sí es cierto que el nivel de las aventuras desciende mu­chos enteros. Desaparece el componente de sátira superhé-roes y se va reforzando progresi­vamente el de aventura pura y dura. Después de todo, ya he­mos dicho que Jan no era preci­samente un experto en superhé­roes y es difícil ironizar sobre lo que no se conoce. Sin embargo, durante los primeros álbumes en solitario, Jan aguanta el tipo perfectamente salvo algún pati­nazo esporádico pero logrando historias tan divertidas como «Los cabezicubos» o, sobre to­do, «La gran superproducción» con la que se puede decir que Superlópez entona el canto del cisne.
A partir de ahí, casi nada. Y no digo nada porque junto con la historia del «Cachabolik Blues Rock» venía también una histo­ria corta bastante divertida, «El fantasma del Museo del Prado». Todo lo demás, lo podemos divi­dir entre lo soso y lo lamentable. Y encima lleva propaganda anti­tabaco en cantidades industria­les. Y sin embargo, siempre nos queda la esperanza de que al­gún día vuelva por sus fueros.
Agustín Oliver
P.D./Me acabo de comprar (lo siento, es una debilidad perso­nal) El Periplo Búlgaro y, en fin, pueees... Bueno, que por lo me­nos si algún día me decido a vi­sitar Bulgaria no tendré que bus­car catálogos turísticos.


Revista Krazy Comics nº14 noviembre 1990

jueves, 9 de agosto de 2012

Por qué odio Saturno por Kyle Baker


Ante ciertas obras uno duda a la hora de escribir sobre ellas entre hacerlo de una manera entusias­ta, remarcando lo mucho que se ha disfrutado con su lectura o por el contrario trazar un gélido análi­sis ex post ensañándose en de­fectos marginales, puntos flacos en cuya presencia lo más seguro es que, en un primer momento, ni siquiera habiamos reparado. De ahí que pecar de hipercrítico con un producto tan agradecido como Why I Hate Saturn se me antoje no ya una injusticia sino casi un signo de ingratitud. Cierto es que no se trata de una obra por com­pleto lograda (sobre todo en lo que de autocomplaciente ejercicio de ingenio tiene), más sí resulta de sobra uno de los tebeos más inteligentemente lúdicos que el que subscribe ha tenido ocasión de llevarse a los ojos en las últi­mas fechas.

Y es que apoyándose con bri­llantez en un argumento nimio (la trama apenas comienza a avan­zar transcurridas la treintena de páginas) y sirviéndose de un con­tinuo (casi apabullante) retruéca­no verbal, Kyle Baker ha com­puesto una enloquecida e inclasi­ficable pieza que excava con luci­dez y mucha guasa en el absurdo cotidiano.

Al arrancar la historia accede­mos al monólogo interior del personaje central, una desquiciada pero deliciosa periodista de éxito que se encuentra en unos mo­mentos especialmente pasados de rosca. Su feroz misantropía (una de las grandes bazas cómi­cas del album) está devorando te­rreno a su vida social hasta el punto de reducirla a intermitentes salidas con un amigo, con el que además acaba enzarzada una vez sí y otra también, en ácidos intercambios de opiniones. Esta primera parte desprende un tufillo a films como (por ejemplo) los de Jim Jarmush o El Declive del Im­perio Americano de Denys Ar­cand, que diseccionan con obli­cuo sentido del humor y espumosa verborrea determinados veles de las relaciones humanas. Se percibe también en dichas pági­nas algún que otro guiño soterrado al universo de Doris Dorre, en parti­cular en ciertas peroratas de la pro­tagonista (algunas, por cierto, dig­nas de aplauso). Será la entrada en escena y ulterior desaparición de una hermana de la protagonista (más chiflada todavía e igual de en­cantadora) lo que infundirá un giro copernicano al argumento hasta convertirlo en un extraño pastiche de psycho killerpersecutorio y road movie (con homenajes bastante explícitos a Planes, Trains and Au­tomoviles de John Hughes y True Stories de David Byrne, culminado con una disparatada conclusión po­co menos que rámbica, desenlace genial de puro descabellado.
No obstante, el principal rasgo de la novela gráfica es que en ella se habla y habla sin parar, ahora bien estos diálogos son tan chispeantes y agudos que poco le acaba impor­tando al lector la acción en sí o lo que les suceda a los personajes, mientras estos prosigan con su desbocada cháchara. El problema reside en que tanta conversación resulta muy complicada de soste­ner gráficamente, ya que el fragmento de guión que en una película apenas ocuparía unos pocos minu­tos de cinta, en historieta se con­vierte en varias planchas de perso­nas hablando y mirándose, hecho poco común en este medio y a la vez bastante indigesto. Aun así el autor peca de monótono en la reso­lución de estas secuencias, limitándose en la mayoría a encadenar una sucesión de planos cortos de rostros con las bocas muy abiertas, lo cual deviene en tedioso el seguimiento gráfico y termina induciendo al lector a obviar el dibujo y concentrarse tan sólo en los textos que, para más inri, se incluyen (parece que con esa in­tención) al margen de las viñetas. Este, quizá, excesivo sesgo literario (factor que momia en gran medida el aprovechamiento de las posibilida­des del medio) sólo resulta perdona­ble, en este caso, por la calidad poco usual de los propios diálogos.
En lo que al apartado gráfico res­pecta, nos topamos con un Baker algo más estilizado (delicado inclu­so por momentos) que en otros tra­bajos, renunciando a anteriores pi­rotecnias (Justice Inc.) y sin hundir demasiado la pluma en lo grotesco (Dick Tracy) aunque conservando intacta cierta tendencia al exceso, presente en casi toda su trayectoria.
Por otra parte si buscáramos simi­litudes (no necesariamente influen­cias) en su trazo y aparte de las ya apuntadas por Jesús Palacios en estas páginas (Krazy número 10) habría que añadir, tomando como referente la obra que estamos con­siderando los nombres de algunos artistas europeos de tono intimista como Loustal o el mismo Federico Del Barrio.
Nos hallamos, en suma, ante una pepita de la nueva historieta, impo­sible de ignorar tal y como está el patio del comic yankee. Una obra de inexcusable lectura para todo aquel que persiga estímulo en las viñetas, que sin constituir otra co­sa que un mero divertimento ico­noclasta no por ello cae en el fan­go creativo y la simpleza de plan­teamientos a que se agarran el 90% de los profesionales con la excusa de ... entretener.
Antonio Trashorras

Revista Krazy Comics nº 14.  Noviembre 1990







Por qué odio Saturno. Guión y dibujo de Kyle Baker  (Colección Vertigo nº 115) Marzo de 2000, publicado por Norma Editorial

Título original : Why I hate Saturn publicada por Piranha Press (D.C.)

Body Bags. guión y dibujo: Jason Pearson

Publicado originalmente en Dark Horse Annual 1997. Edición española Dark Horse Presenta de Marzo de 2000. Norma Editorial.