sábado, 15 de mayo de 2021

¡Bruguerama!

Atención, el consumo de 'El pacto', opera prima de Paco Sordo, puede provocar irrefrenables ataques de risa y súbitas crisis de nostalgia 'tebeil'


JOSÉ LUIS VIDAL

12 Mayo, 2021 



Imagino que a estas alturas, todo buen aficionado a esto de las viñetas conocéis el nombre de Miguel Gorriaga, ¿no? Él fue uno de los grandes artistas nacidos de la Escuela Bruguera, heredero directo de otro maestro, Vázquez, del que tomó lo mejor de su trazo. Aunque el entintado no era su fuerte, se le perdona por lo arriesgado de su propuesta en una época, y un entorno editorial, en el que era bastante complicado publicar unas páginas protagonizadas por un personaje como Torcuato Turulato, donde el surrealismo y la locura más extremos impregnaban todas y cada una de sus viñetas.Qué inmensa pena que la brillante trayectoria de este hombre tímido, según cuentan los que le conocieron, terminara de una manera trágica. Pero, por desgracia, hay personas cuyo destino está indeleblemente marcado por la fatalidad…Pudiendo vivir una vida totalmente acomodada, gracias al dinero de sus progenitores, Gorriaga luchó de forma harto obsesiva por dedicarse a su sueño, ser dibujante de tebeos. Y ésa fue su perdición…Pues bien, han pasado los años, y la historia de este genio estaba prácticamente olvidada, por lo que un fan y lector que echó los dientes mientras leía los tebeos de Bruguera ha decidido sacar a la luz todos los secretos, las luces y sombras sobre Gorriaga. Su nombre es Paco Sordo, autor cuyo nombre se relaciona con la animación, campo en el que trabajó durante una primera época de su carrera artística. Pero a todos aquellos que nos gusta el humor del bueno, nos hemos descojonado a mandíbula batiente con sus chistes tanto en El Jueves, donde firmó la serie semanal Internet: Modo de uso como, posteriormente, en su etapa dentro de la revista digital Orgullo & Satisfacción. Dueño de un humor muy personal, tras abandonar esta publicación, lleva años ilustrando con talento infinidad de libros infantiles y juveniles publicados en el mercado internacional. Pero hete aquí que, el inquieto Paco tenía una deuda personal, espinita clavada o anhelo (elíjase el que se prefiera). Quería hacer un cómic. Y tras mucho pensar, y darle vueltas, y algún que otro quebradero de cabeza, se puso manos a la obra, con el objetivo de presentarlo a un concurso con un suculento premio. Pero claro, esto de los concursos es un universo ignoto, en el que es bastante probable que te lleves una decepción en vez del ansiado galardón. Es por ello que se dirigió, carpeta en mano, para presentárselo a Ricardo Esteban, un editor de fino olfato que, tras parpadear un par de veces, no se lo pensó y le dio una gran alegría a Paco. ¡Iba a publicarlo en su editorial Nuevo Nueve!Y ya lo tenéis, voraces lectores, en vuestra librería. Así que acudid prestos si queréis pasar uno de los mejores y divertidos ratos que uno puede disfrutar con un cómic entre las manos. Y es que Miguel Gorriaga no existió en realidad. Paco Sordo ha creado a este personaje para introducirnos en una época, los años 50, en los que la capital catalana era el centro neurálgico del tebeo en España, y Bruguera sostenía con orgullo ese estandarte. Pues bien, este apocado personaje que, como ya veremos más tarde, tampoco está muy bien de la azotea, lo intenta una y otra vez, pero las negativas del editor jefe de la editorial, Rafael González, siempre son iguales. Gorriaga carece del talento exigido para publicar en Pulgarcito. Y es justo cuando González le da un consejo que será la génesis de esta tragedia narrada en viñetas. ¿Por qué no se fija en los grandes nombres de la editorial y copia, por ejemplo, a Vázquez? Una cosa lleva a la otra, y espoleado por la ominosa (y descacharrante) presencia del Pato Gitano, personaje de su creación y demoniaco ser que le empuja hacia el abismo, hará lo innombrable, cometerá un crimen que, curiosamente, conseguirá que su nombre se haga famoso y se convierta en el dibujante más conocido de la editorial Bruguera. Obviamente, todo lo narrado anteriormente es ficticio, proviene de la talentosa mente de su autor, Paco Sordo, que ya desde la portada de este comic, con ese formato que recuerda al de las añejas Joyas Literarias Juveniles con las que muchos de nosotros, los que ya peinamos canas, comenzamos a conocer la literatura internacional a través de las viñetas, deja claras sus intenciones y su amor por una brillante época en la historieta patria.El color del cómic, la distribución de las viñetas, incluso la repetición de éstas, marca de la casa Vázquez, hacen que este sea un increíble viaje a esos años en los que en todas las casas de los españolitos había uno, o varios, tebeos de Bruguera. Y como complemento a lo narrado en viñetas, los testimonios de una serie de autores, editores y divulgadores del medio, donde seguro que, ejem, vais a encontrar algún rostro conocido.Considero a este El pacto como uno de los grandes tebeos de este año, una brillante ópera prima de una autor que aún tiene mucho y bueno que contar, y que por ciento, desde hace varias semanas viene compartiendo en sus redes sociales un diario, el camino que le llevó a realizar esta obra que bueno, sólo puedo calificar como complemento único y genial.¡Estamos de suerte, ya que próximo día 14 de mayo, en la Biblioteca Provincial de Cádiz, pasaremos un rato con Paco Sordo en la presentación de este cómic! Así que tan sólo me queda por gritar a los cuatro vientos: ¡¡¡Rechufla y regodeo, vaya pedazo de tebeo!!!


Malaga Hoy



Black Lives Matter

'Sam Wilson, Capitán América' (2015), de Nick Spencer y Daniel Acuña, elegido por Steve Rogers como su sustituto, no tiene a toda la opinión pública de su lado por ser un varón negro


GERARDO MACÍAS

12 Mayo, 2021 


'Sam Wilson, Capitán América'. Guion: Nick Spencer, Joss Whedon, Tim Sale, Greg Rucka. Dibujos: Daniel Acua, Mike Choi, Jess Saiz, Paul Renaud, Angel Unzueta, Mark Bagley, Joe Bennett, John Cassaday, Tim Sale, Mike Perkins. Panini Cómics, 2021.


El lunes 25 de mayo de 2020 tuvo lugar el suceso que acabó con la vida de George Floyd, un hombre de raza negra que moría en manos de un agente tras ser detenido por la policía de Minneapolis, en Estados Unidos. Sucesos como este han dado lugar a movimientos como, por ejemplo, el más sonado ahora mismo, el Black Lives Matter (las vidas de los negros importan), que condena la violencia contra las personas negras.Solamente cuatro años antes, en 2016, Rick Remender nos presentó por vez primera a Sam Wilson con el uniforme del Capitán América. Steve Rogers otorgó el legado del supersoldado abanderado a su fiel amigo el Halcón cuando sufrió la pérdida temporal de los efectos del suero supersoldado en su organismo y se convirtió en un anciano que apenas podía levantar su escudo. Ya no podía ser el símbolo que encarnaba. Por ello, Sam Wilson recoge el escudo de manos de su mentor y le hace el relevo, dispuesto a rendirle su más que merecido tributo.Será otro Nick, más concretamente Nick Spencer, quien desarrolle a Sam como Capitán América, pero, eso sí, sin desperdiciar para nada la premisa que había propuesto anteriormente Nick Remender. Sam descubre que portar los colores de la bandera estadounidense en su traje es más difícil de lo que pensaba, puesto que no se trata de añadidos cosméticos a sus habilidades como Halcón, sino de portar un legado e inspirar unos ideales.Éste es uno de los cómics en los que están basados la teleserie Falcon y El Soldado de Invierno de Disney + y el final de la película Vengadores: Endgame, donde vemos a un Capitán América viejo cediendo su escudo a Falcon (Sam Wilson). Una parte de la opinión pública no está del lado de Wilson, entre otros motivos, porque Steve Rogers es rubio con los ojos celestes, mientras que Jim Wilson es un varón de raza negra, lo cual Spencer aprovecha para hacer crítica social. Al menos hasta que regrese Rogers, que ya se sabe que en el cómic de superhéroes, lo normal es la vuelta a los orígenes. Marvel se caracteriza por reflejar la realidad social en sus viñetas, así que no sorprende que Nick Spencer, que tuvo una efímera carrera política antes de escribir para Marvel, aprovechase el cambio de protagonista en la cabecera Capitán América para mostrar la ideología de Sam Wilson, nuevo portador del escudo del Capitán América. Las reacciones no tardaron en llegar, dentro y fuera de las viñetas, que reflejan la transición entre Barack Obama, precisamente, el primer presidente negro de Estados Unidos, y el controvertido Donald Trump. En realidad, las páginas del cómic Capitán América siempre habían reflejado momentos históricos, como la Segunda Guerra Mundial y el Watergate, por ejemplo. Pero ahora, por primera vez, el protagonista de esta serie es una persona de raza negra, con todo lo que ello implica. El antiguo Falcon se une a su nuevo socio Nómada para hacer frente a amenazas que incluyen a los Hijos de la Serpiente (análogos del Ku Klux Klan en el Universo Marvel, aunque en esta ocasión se asemejan al movimiento indignado) en una historia que revela una conspiración que involucra a un adolescente desaparecido y el regreso del loco Dr. Karl Malus.Tenemos a un magnífico Sam Wilson en el papel del Capitán América. El potencial de la narración es fantástico, con ilustraciones de varios dibujantes como los patrios Daniel Acuña y Jesús Saiz, a quienes se suman John Cassaday, Tim Sale, Mike Perkins, Joss Whedon, Paul Renaud, Joe Bennett y Greg Rucka.Steve Rogers, aunque en ese momento sea un anciano, todavía trabaja para S.H.I.E.L.D., la agencia de inteligencia, espionaje y antiterrorismo, y tiene roces con Sam Wilson a causa de su actuación como nuevo Capitán América. Entre los compañeros de fatiga encontramos a Misty Knight, respaldo sensato del testarudo Sam. Otro de los apoyos es El Hombre Demolición. Los españoles Daniel Acuña, Ángel Unzueta y Jesús Saiz son los dibujantes principales, y tienen la oportunidad de brillar aquí con muchos personajes, lugares y tipos de escenas diferentes, proporcionando viñetas elegantes, con expresiones faciales siempre claras y apropiadas para las emociones que se quieren transmitir, y haciendo gala de su buen hacer como dibujantes.


Malaga Hoy


Sucesores dignos de Pratt

JAVIER FERNÁNDEZ

12 Mayo, 2021


'Corto Maltés: El día de Tarowean'. Juan Díaz Canales, Rubén Pellejero. Norma Editorial. 88 págs. 19,95 euros.


Parecía imposible imaginar un álbum de Corto Maltés sin Hugo Pratt, pero el famoso marinero ha seguido corriendo aventuras ya sin la mano prodigiosa del italiano. Después de mucho pensárselo, los dueños de los derechos acabaron cediéndolo a dos autores españoles, el guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero, quienes han demostrado su eficacia y su entendimiento de la poética de Pratt. Comenzaron con Bajo el sol de medianoche, siguieron con Equatoria y la tercera entrega (que explica por qué aparece Corto atado a una balsa al principio de La balada del mar salado) lleva por título El día de Tarowean. Norma los ofrece en dos ediciones, a color y en blanco y negro, igual que los álbumes de la serie original.


Malaga Hoy


viernes, 14 de mayo de 2021

Una fiesta para los sentidos

JAVIER FERNÁNDEZ

12 Mayo, 2021


'Viaje secreto'. Hugo Pratt. Norma Editorial. 420 págs. 60 euros.


El segundo de los dos volúmenes de ilustraciones de Hugo Pratt publicados por Norma Editorial hace ya una década lleva por título Viaje secreto y recoge dibujos de técnica mixta publicados entre los años 1950 y 1995. Tinta china, ceras, óleo, rotulador, bolígrafo, gouache, carboncillo... no hay técnica que se le escape al creador de Corto Maltés, y verlo todo recogido en un solo libro es una auténtica fiesta para los sentidos. De verdad que se queda uno con la boca abierta admirando esta impresionante colección de dibujos, bocetos, estudios de personajes, litografías, carteles y demás piezas protagonizadas no solo por Corto, sino por la infinidad de personajes que componen el rico catálogo del historietista. Vienen también varias fotos del artista en su estudio, textos de análisis y una detallada información sobre la procedencia de cada ilustración.


Malaga Hoy


Un cómic inmenso

JAVIER FERNÁNDEZ

12 Mayo, 2021

'La balada del mar salado. Edición 50 aniversario'. Hugo Pratt. Norma Editorial. 200 páginas. 59 euros.


Estas semanas he estado haciendo limpieza, tengo mi colección de cómics esparcida por cuatro habitaciones (más de veinte estanterías) y ya no me queda sitio para más. Me he puesto serio y me he deshecho de tebeos que tenía repetidos dos y hasta tres veces, en distintas ediciones. No todos, claro, porque hay cosas que tienen un valor sentimental y aún no estoy preparado para despedirme de ellas. Es el caso de mis ejemplares de La balada del mar salado, uno de las joyas intemporales del noveno arte.

El álbum lo tengo en tres formatos distintos: está el viejo tomo de Editorial New Comic, que es lo primero que leí de Corto Maltés, en blanco y negro (y que me dedicó el propio Pratt, como les he contado más arriba); está también la edición a color de la Colección Hugo Pratt de Norma Editorial, con esa hermosa introducción de casi 30 páginas llena de fotografías exóticas; y, bueno, tengo la edición del 50 aniversario, también de Norma y regalo de mi hermana, con sus más de 40 centímetros de altura y su papel de alto gramaje, en el que las viñetas en blanco y negro de Pratt lucen como en un museo. Cualquier coleccionista entenderá que me sea imposible desprenderme de alguno de los tres.

Este último, por cierto, es el que quiero recomendarles en esta nota. Es una de las ediciones más bonitas que he visto en España (las ediciones francesas, hay que reconocerlo, son otra cosa), un libro gigante y hermoso que hace justicia a esta maravilla que cambió la historia del tebeo. Viene la historieta completa, claro, reproducida pulcramente y también un espectacular apartado previo con 14 acuarelas de Pratt (embellecidas con textos manuscritos, como en otras ocasiones), así como 18 páginas de un dossier final compuesto por retratos de personajes y un excelente artículo de Gianni Brunoro. Se imprimieron 1.500 ejemplares numerados (el mío es el 249), e imagino que sigue en catálogo porque aparece aún en la página web de Norma. Hoy he regalado dos bolsas de cómics, pero éste se queda, ya lo creo.


Malaga Hoy


jueves, 13 de mayo de 2021

Poesía y color

'Viaje imaginario' está compuesto por 450 páginas de acuarelas fechadas entre 1965 y 1995, pintadas por un mago de esta técnica, Hugo Pratt, y en un papel estupendo

JAVIER FERNÁNDEZ

12 Mayo, 2021 


'Viaje imaginario'. Hugo Pratt. Norma Editorial. 456 páginas. 60 euros.


A Hugo Pratt lo conocí en Córdoba en 1990, el año que se celebró una exposición suya en el Museo Taurino. De aquel evento conservo el bonito cartel de Corto Maltés posando en la calleja de las Flores y la aún más bonita carpeta de láminas de Corto en Córdoba, así como los dos álbumes que me dedicó en una sesión de firmas: Fábula de Venecia y La balada del Mar Salado.

El primero, cuando me llegó el turno y se lo tendí para que lo firmara, lo recibió con cierto agrado y se esmeró dibujando un bonito perfil de Venecia junto a la rúbrica. Pero, al ponerle el segundo sobre la mesa, me devolvió una cara de enfado, garabateó un manchurrón con forma de gaviota y ralló su firma medio disgustado. Supongo que pensó que había llevado dos álbumes para quedarme uno y vender el otro, y desde luego que he visto a aficionados transportar, literalmente, montones de cómics a las sesiones de firmas para que se los personalice el artista y poder especular luego con ellos. No es mi caso, ignoro si tendrán algún valor de mercado, pero, treinta años después, sigo guardando estos cómics como un tesoro.

Hablando después del evento con otros aficionados, a los que también les había gruñido Pratt aquella tarde, nos dio la impresión de que el genio italiano andaba de mal humor, y luego acabaríamos sabiendo por qué, pero esa es una historia para otra ocasión.El caso es que tengo sobre la mesa un ejemplar de Viaje imaginario, remitido gentilmente por Norma Editorial, y no sé cómo convencerles, con los tiempos que corren, para que reúnan los 60 euros que cuesta y vayan a comprarlo. Les podría decir que vale mucho más de lo que cuesta, o que es, sinceramente, uno de los libros más bellos que he leído (contemplado es una palabra más adecuada) en mucho tiempo, que está repleto de imágenes espectaculares, pura poesía visual, 450 páginas de acuarelas fechadas entre 1965 y 1995, pintadas por un mago de esta técnica, que el tomo tiene un formato enorme, un papel estupendo y la calidad de reproducción es sobresaliente, que contiene infinidad de imágenes exclusivas de Corto Maltés (y otros personajes), más textos y fotografías del autor, y no les estaría mintiendo, pero creo que no basta.

Lo que realmente quiero decirles es que el libro les hará felices. Porque pocos autores, como Hugo Pratt, son capaces de tocar tan rápida y profundamente esa fibra que nos conecta con el gozo y el placer de vivir. Como dice Giuseppe Mussari en uno de los textos introductorios: "No es de extrañar que el público de Pratt sea muy especial. Sus historias no se leen para pasar el rato, como ocurre con la mayoría de los cómics. Es una inmersión hasta el ensimismamiento en sus lugares y personajes. Por eso Corto Maltés no tiene lectores, sino seguidores apasionados de sus aventuras. O se le ama o se le ignora. No es una diversión ni un pasatiempo. En efecto, no nos representa a todos nosotros, sino que abre horizontes insospechados a muchos de nosotros". Háganme caso, cualquier otra cosa puede esperar, Viaje imaginario les enamorará.


Malaga Hoy


domingo, 9 de mayo de 2021

La que lucha contra monstruos

Solo hay una persona capaz de erradicar el sangriento drama que acontece en este pueblo. Pero no va a ser sencillo…


JOSÉ LUIS VIDAL

07 Mayo, 2021 


Ni la amabilidad de sus paisanos, o sus maravillosos paisajes, esos frondosos bosques en los que perderse caminando. No, nada de eso distingue a Archer´s Peak de otros pueblos de los Estados Unidos.


Hay algo matando niños

Guion: James Tynion IV

Dibujo: Werther Dell´Edera

Tapa dura

Color

152 págs.

16,95 euros

Planeta Cómic


Es algo más oscuro y terrible, que mantiene a la gran mayoría de su población en vilo, sufriendo el inmenso dolor que significa saber que tu hijo o hija está muerto, o desaparecido sin visos de ser encontrado.

A las fuerzas policiales se les acumula el trabajo, y poco o nada pueden hacer ante estos hechos, que los mantienen desbordados desde hace ya demasiado tiempo.

Pero la verdadera carga, las pesadillas, el horror, queda para los vivos, los supervivientes a este horror innombrable. Y James, un chico del lugar, es víctima de los reproches y miradas desconfiadas de sus compañeros de clase y el resto de los habitantes del lugar.

Él estuvo ahí, junto a sus amigos, y presencio la orgía de sangre que se los llevó para siempre, sin poder mover ni un solo músculo, paralizado por el miedo más absoluto.

Y pudo vivir otro día, y otro más, aunque le pesen como losas y no pueda eliminar del recuerdo los gritos de auxilio de sus amigos, a los que perdió para siempre.

Lo que él desconoce es que la ayuda está en camino, y no de la manera que cualquiera podría esperar…

De un autobús se baja una chica que, desde el momento en el que pone el pie en el pueblo, no podrá evitar que todos la miren y cuchicheen, ya que su aspecto es bastante inusual.

Rubia, con unos penetrantes ojos que se le salen del rostro, ella parece saber exactamente qué está sucediendo en la población y, como ya ha hecho en otros lugares, se encargará de eliminar la oscura amenaza que se cierne sobre el lugar.

Pero el misterio rodea a Erica Slaughter, una chica que habla con un muñeco de tela, y en su bolsa porta cuchillos, machetes y toda suerte de objeto cortantes. Alguien, una misteriosa voz, la ha enviado a Archer´s Peak con una misión, aunque sin que ella aún lo sepa, va a contar con una ayuda inesperada…

Seguro que muchos de vosotros conocéis al guionista James Tynion IV, ya que lleva ya algunos años 'residiendo' en Gotham City, narrando las aventuras de cierto Hombre Murciélago, o tal vez hayáis disfrutado de su premiada serie The Woods.

Si es así, seguro que acometéis la lectura de Hay algo matando niños sin pensarlo dos veces. Y es que hay muchas razones para hacerlo: en primer lugar, una trama que mezcla misterio y terror y te atrapa desde la página uno, de la que no podrás apartar la mirada. Y, cómo no, del gran trabajo que realiza el dibujante italiano Werther Dell´Edera que, junto al colorista español Miquel Muerto, nos sumergen en este lugar, sus oscuros bosques y nos llevan de la mano a conocer la ominosa presencia que está masacrando a los más jóvenes del lugar.


Malaga Hoy


Hay otros mundos, pero están en Hickman...

Abrochaos los cinturones, iniciamos un apasionante viaje a través de la imaginación de uno de los autores más personales del panorama actual

JOSÉ LUIS VIDAL

06 Mayo, 2021 


'Los mundos posibles de Jonathan Hickman'. VV. AA. Tapa dura. Color. 592 págs. 40 euros. Panini Cómics.


Ya todos a estas alturas de la película hemos podido disfrutar de las diferentes etapas que el guionista Jonathan Hickman ha firmado en el vasto Universo Marvel, y en los últimos tiempos nos ha maravillado (y continúa haciéndolo) al haber cogido con fuerza y determinación las riendas de la franquicia mutante para darle una adictiva vuelta de tuerca que nos tiene a todos los lectores babeando cada vez que llega a las librerías una nueva entrega.

Pero todo tiene un principio, una génesis, y este creador publicitario reconvertido en guionista de cómics comenzó su carrera en la editorial independiente Image que, con el buen olfato que caracteriza a su editor Eric Stephenson, vio que Hickman tenía talento, ideas y una personalidad única para llevar a las viñetas sus historias.

Y es ahora, querido lector, cuando tienes la fortuna de sujetar entre tus manos este voluminoso tomo que incluye todos aquellos primeros pasos que refrendaron el talento de su autor, que en los dos primeros, El informativo nocturno y Pax Romana firma hasta como dibujante. Así pues, internémonos en su particular universo.

El informativo nocturno abre su argumento de la manera más brutal posible, con una masacre. Pero una muy bien dirigida, ya que el francotirador tan solo asesina, con una certera puntería, a reporteros, dejando una firma indeleble en sus asesinatos. Conoceremos como John Guyton era un sin techo que fue abordado por un extraño en plena calle, ofreciéndole algo más que la mano.

Le dio un propósito a su existencia, y él ocuparía su lugar como el medio conductor de una misteriosa voz que dicta órdenes a través de cintas, señalando los objetivos a borrar del mapa. Y es que este hombre, y sus acólitos, han iniciado una sangrienta campaña contra los responsables de los medios informativos.

Como veremos a lo largo de la miniserie, no van a dejar títere con cabeza, diezmando de una manera brutal a la profesión periodística, a la que culpa de estar manejada como títeres, tan solo para transmitir las noticias que los poderosos empresarios y los políticos de alto nivel quieren que llegue a la población. Un argumento éste que seguro os sorprenderá, ya que en algunos momentos se amolda totalmente a la realidad cotidiana que vivimos, y que viene acompañado por toneladas de información totalmente real.

De ahí saltamos a Pax Romana, en la que el concepto de los viajes en el tiempo protagoniza su argumento. ¿No habéis soñado nunca cómo podría alterarse el devenir histórico si pudiéramos alterar algunos hechos? Borrar del mapa a dictadores, evitar injustos asesinatos, prevenir catástrofes mundiales... Un sueño que se hace realidad en esta miniserie, también ilustrada por Hickman, y que nos presenta la historia en la que un Papa del futuro le narra a un joven regente en la ciudad de Roma, un niño que ha alcanzado el poder a través de la sangre.

El Papa Gene y el Emperador Constante IV protagonizan el prólogo de este apasionante viaje que nos lleva a su pasado, concretamente al año 2053, en el que la tecnología para viajar en el tiempo ya existe y va a ser utilizada para llegar a la antigua Roma y alterar la historia. Para ello se necesita un equipo de hombres y mujeres que lo den todo, que sepan sacrificarse por su causa. Serán comandados por un experto militar, Nicholas Chase, que se encarga de reunir a un grupo de mercenarios. Por encima de ellos, el poderoso Cardenal Pelle, que dicta las órdenes y comandos a seguir.

Ésta es una historia manchada por la sangre, por la traición, la muerte. Como ha ocurrido a lo largo de los siglos, tan solo la violencia ha ido dictando los cambios, y este argumento no será una excepción. Y aunque el plan de conquista mundial, bajo el mando de uno de los mayores estrategas que ha tenido la historia, parece ir funcionando a la perfección, algo se torcerá en el camino...

Y de ahí, otro salto temporal al futuro, al año 2115. Y otra historia. El planeta Tierra ha pasado, y sobrevivido, por todos los hechos imaginables. Pandemias, terremotos... Pero la amenaza que se acerca ahora puede ser la definitiva, la que extinga a la raza humana. Y viene de más allá del espacio. Son los Hun-Du, unos letales alienígenas cuyo único objetivo es la masacre de todas las civilizaciones con las que se cruzan. Una historia ésta, narrada por un auténtico visionario, ya que es su poder.

Marcus Farber Astorga, más conocido como El Benefactor, será nuestros ojos en este particular universo defendido por poderosos superhombres, que serán la única barrera contra la horda asesina que se aproxima. Y aunque un arma es enviada contra las hostiles tropas, tan solo el más poderoso de los hombres tendrá la última palabra en la batalla definitiva. Su nombre e historia también lo conoceremos en esta apasionante miniserie, Requiem por Marte, en la que la parte gráfica viene de la mano de Ryan Bodenheim.

Y para concluir este singular viaje, otro salto hacia adelante en el tiempo, al siglo XXIII, en el que la tecnología y el talento humano ha creado las TAC, naves que pueden saltar a través de las épocas.

En The Red Wing, ilustrada en esta ocasión por Nick Pitarra, conoceremos a dos jóvenes cadenes, Valin Redd y Dominic Dorne, que aspiran a formar parte del legendario Escuadrón Rojo, grupo en el que el padre del segundo, Robert, se convirtió en un héroe... y mártir.

Veremos sus avances y también la verdadera historia de lo que le sucedió a Robert, cómo quedó atrapado en una lejana época y convivió con una tribu, para en un momento dado enfrentarse a los hostiles invasores que hostigan a la raza humana, poseyendo también la tecnología del salto temporal. Varias líneas temporales que convergerán en un final impactante, inesperado.

Cuando uno pasa la última página de este tomo la sensación que queda es como cuando realizamos un largo y fructífero viaje, en el que hemos conocido nuevos lugares y personas. Pero aquí el medio de transporte es otro, y se trata de la inagotable, fértil imaginación de Jonathan Hickman, un creador de historias único.


Malaga Hoy


'Locus amoenus'

'Perceván' (1981), de Jean Léturgie, Xavier Fauche y Philippe Luguy, es un cómic de fantasía épica medieval, protagonizado por el joven caballero pelirrojo que da nombre a la serie


GERARDO MACÍAS

05 Mayo, 2021 


'Perceván'. Guion: Jean Léturgie y Xavier Fauch. Dibujos: Philippe Luguy. Norma Editorial, 2021.


El concepto locus amoenus (en latín, lugar idílico) es un tópico de las artes que describe un lugar natural idealizado y paradisíaco, en el que parece desarrollarse, por poner un ejemplo, Perceván, serie de cómic francesa escrita por Jean Léturgie y Xavier Fauche y dibujada por Philippe Luguy para la revista Gomme! desde 1981. Perceván es un cómic de fantasía épica medieval, protagonizado por el caballero que da su nombre a la serie. Philippe Luguy combina las formas estilizadas de nuestro intrépido héroe y las integrantes femeninas de la aventura con divertidas panzas y prominentes narices. Las vestimentas perfectamente medievales nos meten de lleno en esta época de caballeros y mágicas leyendas. La ambientación está cuidada, con bosques, lagos, castillos... todo con un encanto especial. La serie llega por ahora a los 16 álbumes en su país de origen, Francia, con el decimoséptimo en preparación. Esta integral engloba los tres primeros álbumes -Las tres estrellas de Ingaar (1982), El sepulcro de hielo (1983) y La espada de Ganäel (1984)- y presenta al elenco: Perceván, el protagonista, joven y valiente caballero de melena pelirroja; Kervin, bufón y juglar amigo de Perceván siempre con apetito; Guimlyes, animalito de una especie ficticia que acompaña a los protagonistas; la enigmática Balkis, bruja de la que Perceván está enamorado; Altaïs, otra bruja, hermana de Balkis; Shyloc'h, de aspecto repulsivo, sirviente de la bruja Balkis, y Sharlaan, de los más poderosos magos de este mundo. Por supuesto, también hay personajes que alteran la armonía del locus amoenus: el trío antagonista está formado por el Barón Piedramuerta y su servidor Polémic, y, por último, Cienciencias, un ambicioso mago que también está al servicio del Barón Piedramuerta. El primer álbum de la serie, Las tres estrellas de Ingaar, comienza cuando el Barón Piedramuerta descubre la leyenda de las tres estrellas de Ingaar, que dice que quien encuentre las tres estrellas y las ponga en su corona obtendrá poder y riqueza. Acompañado de su esbirro Polémic, va en busca de los dueños de estas estrellas. El primero al que le roban es al caballero Perceván. Mientras Piedramuerta piensa cómo hacerse con las otras dos, el joven caballero conoce al cómico Kervin y emprende la búsqueda de la joya robada.El álbum El sepulcro de hielo forma un díptico con el anterior, y cuenta cómo siguiendo su hambre de poder, el Barón Piedramuerta, ayudado por su fiel Polémic, conquista la tierra de Ingaar (Noruega) y sus magníficos fiordos. Perceván y Kervin, aún persiguiéndolos, tienen toda la intención de frustrar sus planes y recuperar las estrellas robadas. El último álbum de este primer integral es La espada de Ganäel, el cual cuenta cómo, en busca de un amigo de la infancia, Perceván lleva a Kervin a un viaje por las Tierras del Miedo. Unos terroríficos jinetes negros oprimen a los aldeanos, una terrible bestia aterroriza a quienes se aventuran en el bosque y siniestros cuervos parecen espiar a los viajeros. Jean Léturgie (Caen, Francia, 1947) es un guionista francés que firmó con el pseudónimo Joop sus primeros trabajos como Istérix, parodia de Astérix. Muy prolífico, se dio a conocer al gran público en series como Perceván, Lucky Luke y Rantamplán, entre otras. Con su hijo Simon, trabajó en Polstar y, más tarde, en Spoon and White y Gastoon. Xavier Fauche (París, Francia, 1946) es un guionista de cómics, productor y realizador de radio, y director comercial que colaboró en el guion de los siete primeros álbumes de Perceván. Philippe Luguy (París, Francia, 1948) creó Sylvio le Grillon en 1974 en la revista Pif. Su primer álbum, Cyril et le Château des Mille Diamants, fue publicado por Editions Garnier en 1977. Luego participó con Le Guen, Gaty, Deynis y Lenvers, bajo el pseudónimo de Five Stars, en la serie Albator, basada en una teleserie, entre 1980 y 1981. Trabajó para la televisión francesa, en programas como L'Aventure des Plantes, con JP Cuny y JM Pelt; Espace Fabbri, con Jacques Fabbri y Bernard Mabille; Les Tibères, con B. Delflandre y P. Viale, y; Thalassa, con William Garit y Georges Pernoud. Al año siguiente, Philippe Luguy crea Perceván.



Malaga Hoy


sábado, 8 de mayo de 2021

Una superproducción en cómic sobre la Revolución francesa

Florent Grouazel y Younn Locard lograron el Gran Premio del Festival de Angulema con ‘Revolución I. Libertad’, que reconstruye el verano de la toma de la Bastilla en 1789


Viñeta de 'Revolución' de Florent Grouazel y Younn Locard.EDITORIAL PLANETA


GUILLERMO ALTARES

Desde que los efectos digitales se apoderaron de las películas, resulta difícil hablar de superproducciones, porque el ordenador lleva a cabo una parte muy importante del trabajo. Los actores interpretan casi siempre sobre un fondo verde que luego se rellena con todo tipo de paisajes y criaturas generados por ordenador. El resultado de esa extraña mezcla es lo que llega a la pantalla. La parte artesanal de filmes como Cleopatra o los efectos especiales caseros de Ray Harryhausen se han quedado por el camino. Sin embargo, existe un arte en el que todavía se puede hablar de artesanía y de auténticas superproducciones: el cómic.

Aunque los creadores pueden recibir un poco de ayuda informática, dibujar un tebeo es todavía una labor sobre todo manual. Y, en algunos casos, deja boquiabiertos a los lectores. Es lo que ocurre con Revolución I. Libertad (Planeta Cómic, Traducción de Albert Agut Iglesias), el primer volumen de una serie de tres con la que Florent Grouazel y Younn Locard pretenden llevar al cómic la historia de la Revolución Francesa y por la que recibieron el Gran Premio del Festival de Angulema, el más importante galardón que se concede a una historieta. El resultado de este gigantesco fresco de París en el verano de la toma de la Bastilla, en 1789, representa un alarde de documentación y rigor histórico. No solo es bonito, entretenido, trepidante: su recreación de la capital francesa de finales del siglo XVIII y de acontecimientos históricos que forman parte de la imaginación colectiva de Europa resulta espectacular.

Los dos autores tardaron cinco años en dibujar su tebeo: se inspiraron no solo en una amplia documentación, sino también en Barry Lyndon, el filme de época que Stanley Kubrick rodó solo con iluminación natural o de velas para las escenas nocturnas, o incluso en mangas. Cada detalle está cuidado con realismo y precisión, desde la ropa hasta los escenarios en los que transcurre el relato: los salones de la corte, los barrios más pobres de la capital, la asamblea en la que se celebran los Estados Generales o las tiendas de los comerciantes. Grouazel y Locard han consultado archivos, pero también las primeras fotografías del París del siglo XIX y el color sepia de estas se ha colado en numerosas viñetas.


Viñetas de 'Revolución' de Florent Grouazel y Younn Locard.
EDITORIAL PLANETA

El enorme trabajo que han invertido sus autores en los fondos, en el dibujo de cada una de las viviendas, muebles, trajes, harapos, uniformes, calles o puentes de París confiere una densidad extraordinaria al cómic. Los buenos tebeos históricos permiten contemplar y, a la vez, imaginar un momento del pasado. La fidelidad a la realidad, en una tradición que incluye a Hergé o Hugo Pratt, que eran unos obsesos de la documentación, forma parte del pacto con los lectores. Pero, al mismo tiempo, el relato, los dibujos, el punto de vista del dibujante, son pura subjetividad.

Pese a ser el acontecimiento central de la historia moderna de Francia y de que se han escrito miles de libros sobre él, todavía existen rincones de sombra en la Revolución Francesa y, sobre todo, interpretaciones enfrentadas. ¿Fue una matanza sin límites? ¿Un cambio de régimen inevitable? ¿El primer gran triunfo del pueblo? ¿El principio del fin del absolutismo en Europa? Incluso la jornada central de aquella revolución, convertida en la fiesta nacional francesa, se mantiene como un misterio. Éric Vuillard escribió en su novela 14 de julio (Tusquets), que reconstruye aquel día: “Hay que escribir lo que se ignora. En puridad, se desconoce lo que ocurrió el 14 de julio. Los relatos que poseemos son encorsetados o deslavazados. Hay que plantearse las cosas a partir de la multitud sin nombre. Y debe relatarse lo que no está escrito”.

Grouazel y Locard parten de esas dos ideas de Vuillard: retratan a la multitud sin nombre, porque los personajes que articulan el relato provienen de todas las clases sociales y se mueven arrastrados por la historia. Y cuentan lo que no está escrito. O, mejor dicho, lo dibujan. La toma de la Bastilla ocupa un espacio pequeño en su relato de 300 páginas (que tendrá 1.000 en total cuando se publiquen los tres tomos). El París del hambre (nunca el pan había sido tan caro como aquel verano), de la violencia, del hartazgo ante los privilegios de la nobleza, pero también la política y la prensa, son los grandes protagonistas de un tebeo inolvidable.


'Revolución I. Libertad'

Autores: Florent Grouazel y Younn Locard

Traducción: Albert Agut Iglesias

Editorial: Planeta Cómic, 2021

Formato: 336 páginas – 35 euros



El Pais. Babelia Nº1.537. Sabado 8 de mayo de 2021

domingo, 2 de mayo de 2021

Kafka

Robert Crumb y David Zane Mairowitz 

Traducción de Leandro Wolfson

La Cúpula. Barcelona, 2010

177 páginas. 20 euros

FRANZ KAFKA no quería que en la edición de La Metamorfosis se incluyera ninguna representación del insecto en el que se convierte Gregor Samsa. Robert Crumb, quizá el más famoso de los dibujantes de cómic underground estadounidense, sí lo ha hecho. En este libro, cuyo título original en inglés es Kafka para principiantes, se van alternando las figuraciones de Crumb de fragmentos de novelas, relatos y escenas biográficas del au- tor checo con los textos del escritor David Zane Mairowitz. La relación entre texto e imagen funciona con una fluidez imparable. Mairowitz introduce con facilidad al lector en las claves que ligan las ficciones del escritor con episodios de su vida y rasgos de su perfil psicológico, mientras Crumb se deleita en páginas que resumen La colonia penitenciaria, El proceso, El castillo, Un artista del hambre y América. Kafka le va mucho mejor a Crumb que la Biblia (su reciente libro es sobre el Génesis), tal vez porque comparten humor y neurosis. Fietta Jarque


El Pais Babelia Nº 961 24.04.10


Lulú, mujer desnuda (volumen 1)


Étienne Davodeau

Traducción de Raúl Martínez

La Cúpula. Barcelona, 2010

88 páginas. 20 euros

A DAVODEAU LE GUSTA la distancia corta, esa que permite hablar de pequeños sentimientos entre dos amigos mientras pasean. Quizás naderías sin importancia, pero siempre “trozos de vida”. Testimonios mínimos que le han servido para hablar sobre la problemática de iniciar un negocio sobre agricultura biológica, sobre el sindicalismo cristiano francés de los años sesenta o, como ahora, sobre una mujer que descubre que su vida no es la que quería. Semanas después, sus amigos comienzan a intentar reconstruir lo que llevó a Lulú a no volver ese día a casa, a dejar a su marido y a sus hijos. No intentan juzgar a su amiga y lo que pasó, sólo comprender qué la llevó a escapar. Davodeau evita que sea la propia Lulú la que hable para estudiar, precisamente, a esa sociedad que siempre intenta juzgar a quien no sigue sus dictados. Y el lector irá descubriendo la realidad de una Lulú que no era ni rebelde ni aventurera, sólo una mujer más que un día se bajó de la vida que tenía escrita. Á. P.


El Pais Babelia Nº 961 24.04.10


Rebétiko


David Prudhomme

Traducción de Lucía Bermúdez

Sins Entido. Madrid, 2010

104 páginas. 19 euros

LAS VIÑETAS DE REBÉTIKO desprenden una luz especial, cálida, sensual, que envuelve al lector en el clima mediterráneo de la Grecia de los años treinta, escenario perfecto para esta metáfora de la libertad incontenible que firma David Prudhomme. Durante sólo un día seguirá la vida de cinco músicos rebetis, armados tan sólo de sus buzukis y de un arte que canta a la vida y sus dolores, igual que el fado, el tango o el blues y que, sólo por ser libre, fue censurado por la dictadura de Metaxas. Trazo y color consiguen un inesperado efecto sinestésico: las viñetas cantan esas canciones de muerte, amor y violencia y el lector sigue el ritmo de la música a medida que pasa las páginas, contagiado de esa fuerza de libertad que tanto miedo infundió en otros. Un álbum que Prudhomme cierra con un epílogo demoledor, casi desesperanzador, pero que multiplica todavía más los valores de una obra que certifica que su autor tiene mucho que decir en el noveno arte. Álvaro Pons


El Pais Babelia Nº 961 24.04.10


Una posibilidad entre mil

Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou 

Sins Entido. Madrid, 2010

128 páginas. 15 euros

HAY UNA POSIBILIDAD entre mil de que salga adelante. Así arranca la historia de este cómic autobiográfico. Laia, la hija de esta pareja de dibujantes, sufrió a las pocas horas de nacer una hemorragia cerebral que la llevó a pasar los primeros años de su vida entre hospitales, centros de rehabilitación y médicos. Pero Laia se aferra a la vida con una fuerza inusual, como también sus padres, que con una mirada sensible y una actitud admirablemente positiva consiguen guiar al lector por el nuevo mundo que les toca vivir. Estas viñetas de trazo limpio, en dos tonos, sin grandes detalles (lo imprescindible para seguir la historia) se leen con el corazón atrapado entre la congoja y el embeleso. Hay algo constante en el libro: en los momentos más duros o de gran vulnerabilidad, los lazos afectivos se convierten en salvavidas. Un libro revelador, que sin duda supone otro paso adelante en la sensibilización hacia el mundo de la discapacidad, con un toque de frescura y optimismo. Cristina Sánchez-Andrade


El Pais. Babelia  Nº 961 24.04.10


sábado, 1 de mayo de 2021

El nuevo combate de Manu Larcenet / Entrevista

El gran narrador de la Francia contemporánea, autor de Los combates cotidianos, da un giro a su estilo con Blast. “No me interesan las imágenes que no sirven para nada. La imagen me gusta cuando es pura y habla”, dice el dibujante

  Por Guillermo Altares

T RAS TRIUNFAR con Los combates cotidianos (Norma), la historia de un fotógrafo de guerra que decide dejarlo todo para irse a vivir al campo, donde descubre no sólo el amor, sino la historia periodística de su vida, y El retorno a la tierra (Bang Ediciones), un poco más o menos el mismo relato pero narrado en tiras y con mucho más humor, Manu Larcenet (Issy-les-Moulineaux, París, 1969) ha dado un giro radical con Blast (Norma), que inaugura una serie que se prolongará durante varios volúmenes. Frente al alegre color lleno de matices de sus obras anteriores se ha sumergido en un áspero blanco y negro para construir el relato de un hombre que decide vivir al margen de la sociedad. La narración arranca con un interrogatorio policial. En una de las planchas más bellas de Los combates cotidianos, Manu Larcenet incluye esta frase que es todo un manifiesto de sus principios artísticos. “Deslastrada de toda lógica, la poesía es la única forma libre de percatarse de lo que vale la pena. Depardon, Brassens, Miyazaki, Bonnard, Jarmush, Sempé, Tom Waits, Cézanne, Monty Python, Monet, Brel, Desproges, Klee, Cartier-Bresson Springsteen, Céline, Harvey Keitel, Baudelaire, Van Gogh. La poesía lo redime todo”. “No me interesan las imágenes que no sirven para nada. La imagen me gusta cuando es pura y habla, cuando sirve para algo, cada plano de Jarmush quiere decir algo, incluso sus silencios. Por eso en Blast hice tantas páginas de silencio”, afirma Larcenet en una entrevista en París, celebrada en la sede de su editorial francesa, Dargaud.

Estudió dibujo (gracias a un profesor que detectó su talento muy pronto) y afirma que, desde los 12 años, realiza todos los días una plancha de cómic. Como sus personajes de Los combates cotidianos (cuatro volúmenes) y El retorno a la tierra (cinco y los que quedan), vive en el campo, con su compañera y sus dos hijos. Una frase de Jacques Brel que aparece en Blast define su actitud ante la vida: “Cuando alguien se mueve, los inmóviles dicen que huye”.

PREGUNTA. ¿Por qué se ha lanzado a un cambio tan radical de estilo con Blast? 

RESPUESTA. Tengo una editorial que se llama Les Reveurs, donde hago lo que me gusta, y tengo una producción destinada al gran público en Dargaud, pero cuanto más tiempo pasa y me voy haciendo mayor, las dos se acercan y llegarán a ser una. Mi idea era contar una historia diferente de las que me han hecho famoso, no dejarme llevar por el mismo tebeo. Tenía ganas de hacer cuatro o cinco tomos de 200 páginas, algo largo que me diese tiempo para dibujar silencios, trabajar sobre la longitud y sin color, que es algo que hace los dibujos mucho más alegres.

P. ¿De dónde surge este personaje empeñado en vivir al margen?

R. Creo que es algo que tenemos todos, todos hemos pensando en algún momento en mandarlo todo a la mierda, en desaparecer, pero no lo hemos hecho por algún motivo, sobre todo por miedo. Mi protagonista no tiene ese miedo y es capaz de mandarlo todo a paseo. Quería crear un personaje que no fuese ni simpático ni antipático, nunca sabemos a qué atenernos con él. Lo veremos mejor en el segundo tomo.

P. ¿Cuándo sale?

R. No tengo ni idea, estoy en ello, llevo 60 páginas. Es algo que no quiero prever, los editores me preguntan y les respondo que estará listo cuando esté listo. Y tampoco admito cambios: si les gusta, genial; si no, lo siento mucho. 

P. ¿Y lo seguirá haciendo compatible con El retorno a la tierra?

R. Sí, yo quiero que sea como lo que llamo mi serie Peyo, el autor de los Pitufos. Me gustaría hacer esto hasta que muera. Jean-Yves Ferri, el guionista de la serie y casi el único amigo que tengo, cuando me escribe El retorno a la tierra es alta cocina, está todo tan bien trabajado que no tengo que cambiar nada, no hay una palabra mal puesta. Es una de las mejores series que he hecho nunca. Me gustaría envejecer con mis tebeos.




 “Me gustaría envejecer con mis tebeos”, cuenta Manu Larcenet, quien ha realizado este autorretrato para Babelia.


P. ¿Qué hay de real en sus tebeos?

R. Bueno, el gato es mi gato, no estéticamente, pero sí de carácter. Yo realmente vivía en la ciudad y mi gata se volvió loca cuando me mudé al campo. Cuando escribía Los combates cotidianos, durante un periodo de cuatro años, me fui a vivir al campo, tuve dos niños, murió mi padre y asistí a la desaparición mediática de los obreros. Tenía que aparecer por algún lado. Mezclé todo esto para hablar en estos libros. Eran obsesiones, pero para mí ya está terminado, he dicho todo lo que pensaba sobre ello. Lo único que me quedará es la muerte. Ahora trato de hablar del interior de la gente, la incomprensión que tenemos hacia nosotros mismos, de la violencia, me parece más honesto hablar de eso porque está más cerca de mi existencia cotidiana.

P. Sus tebeos están llenos de personas que viven en el margen. ¿Por qué?

R. Bueno, son los que tienen interés. No voy a contar historias de personas normales, bien integradas. Me apasiona contar historias de gente que está en el dolor, en los márgenes. Yo tampoco me siento especialmente insertado en la sociedad. Hay dibujos que están hechos sobre vidas clásicas, a mí no me apasionan. Pero me interesa mucho el lado negro de la gente, creo que el arte, la locura, es mucho más interesante que la norma. Adoro a Francis Bacon y es de una oscuridad extraordinaria, los cuadros de flores son cargantes.

P. De todas las planchas de Blast hay una que me ha impresionado mucho, que es cuando aparece una viñeta a página con la frase de Brel: “Cuando alguien se mueve, los que están inmóviles dicen que huye”.

R. ¿No es precioso? Antes de su último concierto, un presentador francés le entrevistó en su camerino y le preguntó: “¿Por qué se retira de los escenarios?”. Y Brel respondió eso, después de un gran silencio. Dice, sencillamente, una verdad.

P. En Los combates cotidianos, un personaje explica que vota al ultraderechista Le Pen “por miedo” y reconoce que le da igual que le mientan, “porque todos mienten”. ¿No cree que es una definición perfecta de lo que ocurre en Francia?

R. Eso es lo horrible. Porque aparte de unos cuantos extremistas estúpidos a los que es muy fácil detestar, el electorado de extrema derecha está formado por gente desesperada que tiene miedo. No veo ninguna salida a eso, por eso es un tema que he dejado de tratar en mis tebeos. Al final, el Frente Nacional siempre vuelve. En esta Francia me encuentro perdido. Estoy un poco desesperado, todo lo que hemos hecho no ha funcionado.

P. ¿Por eso decidió irse a vivir al campo?

R. La verdad es que seguí a mi mujer por un trabajo, pero ahora me encuentro mucho mejor. Incluso aunque viva en una región muy a la derecha. Me encuentro mejor, pero a la vez me voy convirtiendo en un misántropo: tuve tantas esperanzas y veo cómo nada funciona, que me estoy convirtiendo en una especie de oso y el hecho de no tener vecinos, de vivir en mitad del campo, me tranquiliza.

P. ¿Cree que vivimos una época dorada de los tebeos, que están alcanzando espacios que antes les estaban vetados?

R. Los tebeos han cambiado mucho desde los años noventa: la editorial L’Asociation, autores como David B, una serie de creadores que han hecho explotar todo lo que se hacía en el cómic. Al mismo tiempo hay otros creadores que hacían tebeos de adultos, pero era muy marginal. De repente, todo el mundo se puso a hacer tebeos de autor, aunque no me guste la expresión. Resultado: ahora mismo hay tantos cómics en una librería que ya no sabemos qué elegir, pero si escogemos diez tebeos, nueve serán de diversión, buenos o malos, y uno será otra cosa, y esa es la que me gusta. Es ver-dad que es una edad dorada, porque podemos hacer lo que nos guste. Pero a la vez hay demasiados libros, tal vez sea la culpa de los editores que no separan el trigo de la paja. Pero creo que nos estamos matando a nosotros mismos, salvo que tengan tu nombre en la cabeza no van a escarbar, cogerán lo que hay arriba, que muchas veces es lo peor y desde luego no es el cómic más moderno. Se ha convertido en un gran negocio, es una forma de ganar mucho dinero. Si los lectores no tienen tu nombre en la cabeza, estás jodido.

P. ¿Por qué cree usted que los tebeos sociales o el tebeo periodístico tienen cada vez más importancia?

R. Joe Sacco y yo no practicamos el mismo oficio, sería casi insultarle. Él hace un trabajo mucho más radical, a mí me gusta contar historias, soy más narrador, me encuentro muy atado a la novela. Lo que me parece extraordinario es que un medio como los tebeos, destinados a entretener a los niños hace 20 años, se haya convertido en un medio periodístico. Aunque no puedo evitar preguntarme si no son más directos un texto o una imagen.

P. Pero en un mundo lleno de imágenes tal vez los tebeos ofrecen una visión diferente de la realidad.

R. Es posible, pero tengo mis reservas. Ahora hay muchos autores que quieren hacer esto, pero olvidan que para hacer este cómic comprometido, periodístico, hay que tener mucha calidad, interesarse por el dibujo, que es algo chamánico. Es un descubrimiento, es sumergirse en uno mismo, es una experiencia casi corporal para hacer surgir algo que va a hablar al otro. Pero muchas veces, en el periodismo dibujado, se hace pasar el discurso antes del dibujo y, desde mi punto de vista, no hay que hacer nunca eso. El ritmo, el color, la narración, todo eso debe estar equilibrado y muchas veces los que quieren hacer tebeos comprometidos se olvidan del lado artístico, se centran sobre la radicalidad de lo que tienen que decir. Necesito dejarme atrapar por el amor del dibujo y ya sea Sempé o Crumb. Al ver una plancha necesito sentir cuál es la obsesión del tipo que la ha hecho. David, en Epiléptico, es alucinante, mezcla un amor enorme por el dibujo con la capacidad para contar su vida, el dolor que siente con su hermano. 

Blast. Bola de grasa. Volumen 1. Manu Larcenet. Traducción de Enrique Abulí. Norma. Barcelona, 2010. 204 paginas. 24 euros.


EL PAÍS BABELIA Nº 961 24.04.10

El futuro del periodismo


Jota Lynnot

E n 2004, con la revista de historietas viviendo prácticamente sus últimos días, el semanario de humor El Jueves realizó una ambiciosa apuesta por el cómic infantil. Bajo la cabecera Mister K, autores como José Luis Agreda, Josep Busquet, Luis Bustos, Bernardo Vergara, Kiko Da Silva o Albert Monteys retomaron lo mejor de la escuela Bruguera incorporando elementos del manga que había irrumpido con fuerza en los años 90. A pesar de la calidad de la nueva revista, su ritmo de publicación fue irregular y no superó los sesenta números. Entre las series más celebradas destacaba con luz propia Carlitos Fax, de Albert Monteys.

Monteys, que ya había publicado Mondo Lirondo formando parte del colectivo La Penya, era uno de los mejores valores de El Jueves. En su trazo cabían influencias tan diversas como Jan o Robert Crumb, la BD de humor de los años sesenta, la frescura de los dibujos animados de la primera Cartoon Network o el descaro del primer Toriyama. Además atesoraba un talento innato para el gag visual y un ojo crítico para retratar la sociedad, que ya venía desarrollando con éxito en la serie Tato de El Jueves.

Carlitos Fax, como bien explica el propio Monteys en este volumen recopilatorio que publica Caramba, fue un reto no solo por el público al que iba dirigido, sino por la trayectoria de la propia revista Mister K, cuya periodicidad pasó de semanal a mensual con el correspondiente cambio de número de páginas. En dos, tres o cuatro planchas, se nos cuentan las desventuras futuristas de un robot que ejerce de máquina de fax en la redacción de un periódico, La Voz de Andrómeda. Carlitos, cuya función telemática es irrelevante incluso para el propio autor, es un periodista frustrado que intenta por todos los medios que su jefe le dé una oportunidad a pesar de su innata torpeza. Como si se tratara de un Antonio García Ferreras robótico o una versión posmoderna del repórter Tribulete, Carlitos Fax ejerce un periodismo compulsivo y animoso que es el principal desencadenante de gran parte de las historias. Su rivalidad con el periodista estrella Flash Norton, un claro homenaje a Cowboy Henk, precipita las tramas al desastre cuando los dos personajes compiten por hacerse con la mejor noticia. Como epílogo, la historia suele cerrarse con el titular sensacionalista de la noticia en cuestión. No obstante, dependiendo de la extensión de la historieta, la estructura se vuelve más flexible y Carlitos abandona muy puntualmente el ámbito del diario para el que trabaja y viaja a otros planetas o simplemente vive peripecias más cotidianas.

Al tratarse de una serie que transcurre en un universo de retrofuturismo interplanetario, Monteys vuelca todo tipo de referentes pop en cada una de las historietas. Kaijus, robots gigantes, invasiones alienígenas, mad doctors, gorilas parlantes, videojuegos o hasta Furbys sirven para que Albert Monteys reflexione sobre la sociedad en la que vivimos, como en todo buen relato de ciencia-ficción. Si bien el tono es amable y ligero, la lectura esconde continuas dobles lecturas sobre conflictos generacionales, la moda, la política, el consumismo, los memes de Internet o el propio periodismo actual, que recibe más de un merecido palo. Es Carlitos Fax el antecedente directo del Monteys actual, un creador que con su cómic digital ¡Universo! o, el todavía inédito en España, Solid State (junto a Matt Fraction), representa lo mejor de la ciencia-ficción distópica contemporánea.

Carlitos Fax supone no solo un buen reflejo del final de una época del cómic nacional, sino también una excelente punto de partida para que todo tipo de lector conozca a uno de nuestros mejores autores de hoy.



Carlitos Fax
Albert Monteys

Astiberri Ediciones España
Cartoné
176 págs.
Color


Obra relacionada

Mondo Lirondo

La Penya
(Astiberri Ediciones)

Gastón Elgafe
André Franquin
(Norma Editorial)

El repórter Tribulete
Cifré
(Dibbuks)

¡Universo!
Albert Monteys
 (Panel Syndicate)

 


Cómics esenciales 2017

Un anuario de ACDCómiC & JOT DOWN

Primera edición: abril, 2018


viernes, 30 de abril de 2021

NOTICIAS DIBUJADAS


Página de Des nouvelles d’Alain, de Emmanuel Guibert, Alain Keler y Frédéric Lemercier, publicada en la revista XXI, correspondiente a la primavera de 2010. Traducción de Manuel Silvestre. Rotulación de Bruno Spagnuolo

La documentación de la realidad encuentra en las viñetas una nueva vía de imaginar su futuro. El Salón del Cómic de Barcelona mostrará el boom del periodismo gráfico a través de crónicas sobre el 11-M, los Balcanes, Gaza, Afganistán, Líbano o Irán. 

Por Lucia Magi

LAS DESVENTURAS del joven Stravos bajo la dictadura griega de los años treinta centran Rebétiko (Sins Entido), de David Prudhomme. En Notas al pie de Gaza (Mondadori), Joe Sacco cuenta las matanzas de civiles palestinos en 1956. Zahra’s Paradise (de Amir y Khalil —seudónimos— , de momento sólo en formato webcómic en www.cimoc.com), la historia de una manifestante desaparecida después de las elecciones de junio en Irán, es la apuesta de Norma para los próximos meses. Los planes editoriales testifican que los cómics han dejado atrás el país de las maravillas. Se enfrentan al mundo, sin complejos, con ingenuidad, delicadeza e ironía. Y no lo hacen sólo para contar experiencias íntimas. Cuentan la realidad exterior, tratan temas sociales, como la prevención del cáncer (Alicia en la realidad, de Susanna Martín e Isabel Francla, Norma), o históricos, como la primera guerra de Líbano (el excepcional Yo me acuerdo, de Zeina Abirached, Sins Entido), los asesinatos en Ciudad Juárez (en 2009 llegó la segunda edición de Luchadoras —Sins Entido—, de Peggy Adam) o la corrupción de la política (El negocio de los negocios —Astiberri, 2009—, de Denis Robert y Laurient Astier).

“La fantasía ha perdido su batalla contra la realidad”, dice Art Spiegelman, el autor de Maus, en el documental de Mark Daniels Comic books go to war (2009). En su piso de Manhattan, Spiegelman vive la caída de las Torres Gemelas. El cielo se le cae encima, junto con fantasmas que pensaba soterrados, él que había contado la historia de su familia judía acosada por los nazis como una caza entre gatos y ratones. “Había pasado los diez años precedentes a la entrada en el nuevo milenio evitando realizar tebeos, pero desde un cierto momento de 2002 hasta septiembre de 2003 no pude contenerme”, cuenta en Sin la sombra de las torres (Norma). “Volvía a encontrarme suspendido en aquel punto donde entran en colisión la historia universal y la personal”. Dark Horse, Chaos! , DC dedicaron entregas especiales al terrible atentado. Marvel salió a las calles con una portada completamente negra. The Amazing Spider Man #36 representa a los superhéroes, mitos invulnerables de virilidad y fuerza, impotentes frente el ata- que de un enemigo imprevisto. Spiderman, Capitán América, Daredevil, Doctor Doom y Magneto llegan tarde al Ground Zero. La realidad ha ganado a la fantasía. Art Spiegelman no está solo. Un telón verídico se tiende de fondo a las obras por imágenes.

La última década conoce un fuerte auge de lo que los especialistas empiezan a llamar periodismo gráfico. Sin embargo, algunos ejemplos fundamentales de este género habían visto la luz antes.

Los retratos humanos de Will Eisner, los escorzos underground de Robert Crumb, indagados y dibujados con una riqueza de detalles que roza el documento antropológico, abren la vía a Joe Sacco (Palestina y Goradze). El japonés Keiji Nakazawa necesitó 30 años para representar el horror sufrido en Tenía seis años cuando la bomba atómica quemó a su familia y a todo el mundo que había conocido. “Tenía esas imágenes grabadas en mi memoria y necesitaba enseñarlas”, escribe Nakazawa (Hiroshima, Ediciones Mangaline, 7 volúmenes). Joe Kubert ha dibujado personajes clásicos como Tex, Tarzán o Sargento Rock. Pero algo cambia cuando la guerra de los Balcanes irrumpe en su casa de Nueva York. Su amigo Ervin Rustemagic, productor y distribuidor de cómics bosnio, se queda atrapado en la Sarajevo sitiada por los serbios y le va comunicando por telefax su infierno. Kubert dibuja aquellos despachos desde el frente, dibuja el terror y la esperanza, la angustia de un padre que quiere salvar a su familia en Fax from Sarajevo, de 1997. Marjane Satrapi, en 1999, elige el tebeo para contar su infancia en Irán (Persépolis, Norma).

El siglo XXI recoge el desafío de la reali- dad. “El arte de las viñetas ha crecido muy lentamente”, comenta David B. en BilBol- Bul, el festival de cómics de Bolonia. “Nació junto con el cine, pero mientras éste fue considerado algo serio y digno desde el prin- cipio, el cómic se quedó atrapado en el lim- bo de la diversión, bastante frívola. Ésta era su percepción social. A finales de los años ochenta arranca su rescate”. Los libros de dibujos se sacuden el estigma intelectual que les “condenaba a tratar aventuras ficti- cias, con personajes fantásticos y caricatu- rescos. El cómic hoy se está liberando”, afir- ma Susanna Martín.

En su edad de la razón, el tebeo intercepta la crisis de otro medio de expresión masivo, que hasta entonces había lucido la exclusiva en el testimonio de la realidad: el periodismo. “Los medios de comunicación tradicionales pasan por momentos difíciles, no el periodismo”, matiza Patrick de Saint- Exupéry, veterano reportero de Le Figaro, fundador y actual redactor jefe de la revista trimestral francesa XXI. En un gran formato coloreado, más de 200 páginas de reportajes con textos, fotografías, ilustraciones y dibujos. Con apenas dos años de vida, vende 50.000 ejemplares. Saint-Exupéry tuvo la intuición de saciar con nuevos instrumentos formales la exigencia “de volver a las bases del periodismo, a la escritura narrativa. A las viejas pautas de: ‘He ido, escuchado, visto, sentido y ahora te estoy contando esta historia porque creo que es importante”. La apuesta por el periodismo gráfico es provocada “precisamente a causa del impasse de los medios tradicionales”. La misma apuesta en Italia funciona en el semanal Internazionale, que envía a sus colaboradores dibujantes por el mundo y publica sus reportajes. Venden 100.000 ejemplares por semana.

Parece el castillo de los destinos cruzados: por una parte, el periodismo, que necesita volver al corazón del oficio; por otra, el cómic, por fin considerado creíble, tras años vividos como género de segunda. La documentación de la realidad encuentra en las tiras, en las viñetas, una nueva vía de imaginar su futuro. Aparte del valor artístico y llamativo del cómic, de la maquetación que permite asumir en dosis proporcionadas imágenes e información, hay algo intrínseco en el tebeo que lo hace particularmente apto para contar el mundo.

“La fuerza de nuestra manera de representar la realidad es la primera persona. Todos los yo que entran en la página hacen que el relato sea vivo, sentido. Quizás no imparcial, pero sí honesto”, comenta Joe Sacco, que siempre se dibuja como un personaje más de sus investigaciones de campo. “Estamos bombardeados por informaciones sobre la guerra. Esto nos provoca dos reacciones enfrentadas: paranoia y anestesia”, afirma el francés Emmanuel Guibert, también en Bolonia invitado por BilBolBul.

“Nos hemos vuelto impermeables al sufrimiento humano, por defensa o descuido. Los cómics rompen este círculo vicioso”. Sus historietas, como la aún inédita en España Des nouvelles d’Alain, sobre los gitanos del este de Europa y los Balcanes, paran de golpe el río fragoroso de la información. Se acercan hasta enfocar un detalle, a una persona, entrar en ello y usarlo como punto de vista para documentar lo que ocurre. La mirilla puede ser el mismo autor, como en el caso de Sacco, curioso, desubicado, humilde recogedor de historias. Puede ser un amigo que recuerda la II Guerra Mundial (La guerra de Alan, Emmanuel Guibert, Ponent Mon, 3 volúmenes). “Mi libro es fruto de la experiencia de mi amigo reportero Didier Lefèvre. Se llama El Fotógrafo y no Afganistán, 1986”, ejemplifica Guibert hablando de su obra maestra. Patrick Chappatte se dibuja mientras construye sus espléndidos reportajes para el Herald Tribune y Le Temps. Siempre acompaña al lector de la mano de una persona amiga, con su nombre, sus sueños y miserias. Como Bruno, que por la noche vigila una mansión rica, por el día vive en una chabola en la periferia de Nairobi (Les vies des autres, inédito en España, se puede ver en www.bdreportage.com).

El reportero gráfico puede confesar tener frío, estar asustado o no entender las contradicciones de una situación. “Gracias a la personalización, el lector se identifica y se acuerda de un cómic más que de un frío artículo”, afirma Guibert. Los salones vacíos de hotel dibujados por Guy Delisle en PyonYang (Asti- berri, 2009) describen la dictadura norcoreana mejor que miles de palabras en una revista. Las manifestaciones de los maestros mexicanos se hacen comprensibles gracias a que Peter Kuper empezó “a ir de manera regular a la ciudad y a enviar correos electrónicos ilustrados que detallaban la realidad como yo la experimentaba”, escribe en Diario de Oaxaca (Sexto Piso, 2009). La espera de Nicolas Wild en un hospital de Jalalabad cuenta en una sola plancha la extensión del opio en esa sociedad: un hombre alivia las penas de un enfermo con unos gramos de droga: “No tengo dinero para la morfina”, se justifica en Kabul Disco (Ponent Mon, 2009).

Reporteros que van, ven, escuchan y cuentan. No pretenden comprender o juzgar. Usan su piel, sus ojos y oídos. Los cinco sentidos del periodista, diría Ryszard Kapuscinski, y sobre todo el sexto: la humildad, que se fija en los hombres. En los que, bajo el juego de poder, declaraciones y armas, siempre pierden. Las batallas de los superhéroes invulnerables quedan lejos, en otro universo. Como los dioses del Olimpo. Como en un inverosímil país de las maravillas.



 EL PAÍS BABELIA Nº 961 24.04.10

jueves, 29 de abril de 2021

REFLEXIONES SOBRE EL TEBEO JUVENIL


Elisa McCausland

Las etiquetas, a veces, nos ayudan a entender el medio: nos acercan obras que jamás habíamos pensado que podrían interesarnos; nos facilitan la identificación de un título para regalo; nos indican en qué balda podemos encontrar aquello que necesitamos. No obstante, como todo marco simbólico, como toda construcción que se perpetúa en el tiempo, es importante preguntarse por su sentido en el hoy. ¿En qué pensamos cuando hablamos de tebeo juvenil? ¿Qué lee la juventud? ¿Cuándo se deja de ser infante? ¿Importa eso a la hora de abrir un cómic, cualquier cómic?



 No deja de ser curioso que, durante el proceso de mutación metafórica y —no tan metafórica— que llamamos crecimiento, estemos más preocupados por saber si la lectura es conveniente para la edad de la persona —si no provocará algún trauma, si la obra se adecúa a su madurez—, que por el mero hecho de que observe, experimente, lea. Desde mi experiencia como lectora temprana, también de cómics, esta es una de las tensiones observadas que más me intrigan; es por eso que le pregunto a amigas bibliotecarias, a libreros entregados a la causa de la lectura, a editores que se han especializado en dar de leer a la infancia y la adolescencia, a compañeras que educan, y no hay una respuesta unívoca. Desde quienes prefieren seguir el proceso, etapa a etapa, hasta la opción del acompañamiento silencioso, pasando por el más o menos disimulado control de lecturas. La observación más lúcida, hasta el momento, la hizo una mediadora en biblioteca pública, que me confesaba que los títulos que arrasaban entre un espectro de edad temprana eran clásicos como El Pato Donald, de Carl Banks, Terry y los piratas, de Milton Caniff o Calvin y Hobbes, de Bill Watterson.


 La edad peliaguda

La biblioteca como espacio de descubrimiento, de creación del gusto y del disfrute por la lectura. Y, para ello, las etiquetas ¿orientan o limitan? No quería quedarme encallada en reflexiones sobre lo que podríamos llamar «la edad peliaguda», un apelativo coloquial que nos permite visibilizar estas tensiones a las que hacía referencia anteriormente, y que hace referencia a ese espacio/tiempo entre el aprendizaje de la lectura y la preadolescencia que tanto preocupa a los adultos. Sin embargo, tebeos provenientes del ámbito del audiovisual, como Gumball, Hora de aventuras o Steven Universe, desafían esas mismas etiquetas. Colecciones, que no por nada, interesan a ilustradores y dibujantes, como producto pero, sobre todo, como nicho de mercado. Algo parecido a lo que encontramos en fantasías hiperbólicas como I hate Fairyland (Panini), una versión macarra y cuqui de Alicia firmada por el estadounidense Skottie Young. Bastante más descafeinadas, pero también adorables, son las DC Super Hero Girls, que adoptan la fórmula de grupo de amigas de instituto, solo que con las heroínas y villanas del Universo DC como protagonistas. Firmadas por la animadora Shea Fontana, también se encarga de los cortos animados, lo que vuelve a poner de manifiesto las productivas sinergias transmedia que traen consigo estas obras.



Cambiando de escala, encontramos en editoriales como Sallybooks, La Tribu Ediciones, Dibbuks, Sapristi o Bang Ediciones un trabajo específico, patente, en editar para público infantil y juvenil. Comparten enfoque de mercado con la revista Kiwi, enfocada a la ya citada «edad peliaguda», y especifican en su propuesta el cuidado por el diseño. En este apartado cabría destacar a Ediciones Maeva, que ha capitalizado la categoría juvenil de los Premios Eisner trayendo a nuestro mercado dos de sus premios: Sonrisas, de Raina Telgemeier, y Super Sorda, de Cece Bell.

Pero, como hemos precisado en el inicio, el cuestionamiento de lo que encontramos bajo estas etiquetas nos parece necesario. También observar qué funciona; es decir, qué es lo que buscan las nuevas generaciones en el tebeo en contraste con aquello que la crítica valora. Obras de éxito y prestigio editadas el pasado 2017, como Luces nocturnas, de Lorena Álvarez (Astiberri); Los cuadernos de Esther, de Riad Sattouf (Sapristi); Nimona, de Noelle Stevenson (Océano); o Las 100 noches de Hero, de Isabel Greenberg (Impedimenta) ponen de manifiesto el interés editorial y de mercado por las aventuras protagonizadas por niñas y jóvenes de ficción, que también tienen su reflejo productivo en obras didácticas al estilo de los dos volúmenes de Valerosas, de Pénélope Bagieu (Dibbuks).

Adolescentes alienígenas

«Tanto da que seas una bailarina o una marginada, una chica de clase trabajadora o de la alta sociedad, en este campamento hay un sitio para ti, no importa lo distinta que te sientas a todas las demás». El mensaje del Consejo Mayor de las Leñadoras, junto


Todas las imágenes de esta página: GIANT DAYS IS TM and © 2017m John Allison. All rights reserved. Para la edición española: © Fandogamia Editorial C. B.

con su promesa de superación individual y sororidad colectiva, bien podría ser una de las características de una ficción medida para hacer llegar un mensaje positivo desde la misma creación, pues las autoras de Leñadoras —dos volúmenes editados por Sapristi hasta el momento en nuestro país— escriben, ilustran y colorean; proyecto creado por Shannon Waters, Grace Ellis, Noelle Stevenson y Brooke Allen, nos interesa porque se ha configurado como artefacto idóneo para trasladar un visión positiva de las relaciones entre chicas. Algo que en Paper Girls (Planeta) resulta más ambiguo pero, no por ello, menos interesante. Serie de ciencia ficción cool firmada por Brian K. Vaughan y Cliff Chiang para Image, encuentra en el tebeo de género una deriva distintiva de la que también se nutren producciones como Rat Queens (Norma), un cómic de espada, brujería y heroínas disfrutonas llevado a cabo por Kurtis J. Wiebe, Roc Upchurch y Stjepan Šejić; la sátira distópica y feminista Bitch Planet (Astiberri), de Kelly Sue Deconnick y Valentine De Landro; la fantasía oscura y vibrante Monstress (Norma), de Marjorie Liu y Sana Takeda; o la ciencia ficción panteísta Mirror (Astiberri), firmada por Emma Ríos y Hwei Lim.

Pero, si Image ha logrado darle un giro a lo que a detectar tendencias se refiere, se lo debe, en gran medida, a la generación The Wicked + The Divine, que tan bien han detectado Kieron Gillen y Jamie McKelvie con su obra más depurada; una generación de lectoras y lectores que buscan la transgresión en el lema, en el guiño, y conciben los cómics como espejos desde los que remitirse al mundo. En esta línea, no es de extrañar que Giant Days (Fandogamia) haya logrado erigirse como tebeo de primera división en la editorial Boom Studios, después de transitar Internet y la small press. El equipo formado por el guionista John Allison, las dibujantes Lissa Treiman y Max Sarin, y Whitney Cogar como colorista han sabido hilvanar agenda con comedia, lo que ha dado un resultado bastante invencible en cuanto a entretenimiento y diversidad. Algo parecido a lo que Marvel y DC han intentado con colecciones protagonizadas por Harley Quinn, la bufona del Universo DC, y su contrapartida Marvel, Masacre-Gwen, y que han logrado con series que amplían espectro de edad, como Moon Girl y Dinosaurio Diabólico, Ms. Marvel o Chica Ardilla. Mención aparte para títulos herederos de La Leyenda de Wonder Woman, de Renae De Liz, en formato y público como el volumen único firmado por Mariko Tamaki y Joelle Jones, Supergirl: Fuera de lo común. Historias de crecimiento y madurez, de pérdida de la inocencia y encuentro del trayecto vital, imaginadas por autoras provenientes de distintos ámbitos, que conciben el estilo y la narrativa propia del manga, el diseño gráfico y recursos de la animación, e incluso la autoficción, como parte del elenco de herramientas que permitan, de manera desprejuiciada, concebir ficciones difíciles de etiquetar.


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Cómics esenciales 2017

Un anuario de ACDCómiC & JOT DOWN

Primera edición: abril, 2018


martes, 27 de abril de 2021

El padre del ‘manga’ para adultos

Más apreciado fuera que en Japón, Yoshihiro Tatsumi introdujo encuadres propios del cine y compuso páginas enteras sin diálogos. “Escribo para mí mismo”, dice el historietista

Por Andrés S. Braun

YOSHIHIRO TATSUMI (Osaka, 1935) nos cita en Saboru, un local a medio camino entre una cripta y un bar de estética polinesia que sigue siendo la guarida por excelencia de las criaturas que pululan por Jimbôcho, el barrio tokiota donde se asienta buena parte de la industria editorial de Japón. Aquí conocen bien a sensei (maestro) Tatsumi. Él es el padre del manga gekiga, aquel que apeló por primera vez a un público adulto en Japón. Mientras el tebeo occidental empezó a reconocer la madurez del medio, Tatsumi y los integrantes del taller Gekiga, entre los que se contaban autores hoy reconocidos como Takao Saito (Golgo 13), emprendieron en Japón su propia cruzada a finales de los cincuenta. No apostaron por transgredir la moral burguesa sino que intentaron emplear los circuitos convencionales para brindarle al lector recursos narrativos más sofistica- dos, temáticas y géneros más adultos —como el suspense o el drama— alejados del cómic de aventuras infantil tan popular en la época. El seinen, como se llama hoy al manga dirigido a lectores mayores de 20 años, no sería lo mismo si Tatsumi y sus colegas no hubieran empezado a rasgar el encorsetamiento al que las editoriales niponas tenían sometido al tebeo.

“La Nueva Isla del Tesoro, de Osamu Tezuka (cuya versión publicó en España Glénat), su primera obra de éxito publicada en 1947, fue el tebeo que nos marcó. Vimos que se podía hacer algo diferente”, recuerda Tatsumi con una sonrisa dibujada en su contundente rostro al que acompañan unas gruesas gafas y su cabello encrespado. “Además tuvimos la suerte de empezar en las editoriales que vendían a los kashibon —tiendas de alquiler de tebeos— en Osaka. Allí ni siquiera había reuniones editoriales como en Tokio. Lo importante era que la portada fuera llamativa para que se alquilara la obra. Gracias a eso, pudimos empezar a buscar nuevas fórmulas”, rememora. Sin embargo, la revolución del gekiga no fue un camino de rosas. “Tuvimos muchas barre- ras, especialmente cuando nos mudamos a Tokio. Muchos consideraron nuestras historias violentas y perniciosas para los niños, aunque no nos dirigíamos al público infantil. Por otro lado, las editoriales intentaban meternos en cintura y nos decían que el lector adulto no existía, que los niños dejaban de leer tebeos cuando entraban en secundaria”, apostilla. La historia de esa lucha está recogida en los dos tomos que componen Una vida errante, obra autobiográfica que además ofrece una visión de los años del milagro económico japonés.

“He sudado mucho con Una vida errante, pero no la considero mi obra cumbre, es algo aparte dentro de mi producción. Nunca quise escribir una autobiografía. Fue una suerte que Mitsuhiko Asakawa, de la editorial Mandarake, me propusiera dibujarla en 1994 y publicarla por entregas en la revista- catálogo de la casa. Lo que no imaginé fue que se publicaría en España y en Estados Unidos”, añade Tatsumi, que acaba de regresar de Singapur donde un productor independiente ha rodado una película basada en Una vida errante combinando animación y acción real. El encargo en el que ahora trabaja también viene de fuera, de la mano del historietista y editor californiano Adrian Tomine, responsable de que buena parte de su obra se haya traducido al inglés. “A petición suya estoy dibujando la continuación de Una vida errante. Arranca en 1960, donde se quedó el anterior volumen, y recoge la desaparición de las tiendas kashibon, pero sobre todo la explosión del gekiga y la aparición de la revista Garo”. Esta nueva obra también recoge el estrés que padeció entonces, cuando tenía que entregar tres publicaciones de 100 páginas a la semana. Una vez, él y los cinco ayudantes que había con- tratado para dar abasto con los pedidos dibujaron 50 páginas en una noche porque se les había pasado el plazo. “Es la historia del boxeador que aparece en Venga, saca las joyas (Ponent Mon, 2004)”.

Antes de eso, Tatsumi se había pasado años buscando la manera de introducir en sus tebeos patrones narrativos procedentes de las lecturas que devoraba con fruición —desde El conde de Montecristo hasta las novelas policiacas de Mickey Spillane— y ante todo de su pasión por el cine. “Adoraba sobre todo el cine europeo por encima del de Hollywood y sus finales felices. Una de las películas que más me marcó fue la francesa Des gens sans importance (1956), de Henri Verneuil. Salí del cine pensando: quiero hacer algo así en manga; un cómic donde no hagan falta diálogos para expresar algo”. Esos influjos le llevaron a introducir encuadres propios del séptimo arte, a diseñar con mimo los escenarios, a componer novedosas puestas en página o a dibujar viñetas o incluso páginas enteras sin diálogos. Del cine europeo también pareció heredar su gusto por los finales abruptos que aparecen en la mayoría de las historias cortas que han compilado en España La Cúpula y Ponent Mon. “Nunca he querido dirigir al lector, me gusta que ponga de su parte, que complete el antes y el después de la historia”. Esas historias plagadas de seres atormentados —ya sean prostitutas, delincuentes u oficinistas— y que exprimen las miserias de la posguerra o de la vida tokiota pudieron leer- se por primera vez en castellano a principios de los ochenta en la revista El Víbora. “Después de que el gekiga viviera su explosión, el sexo se hizo muy presente. Siempre lo he empleado en favor de la narración, nunca gratuitamente, y además se encuentra en mi propio proceso creativo ya que me he inspirado mucho en artículos de las secciones de sucesos. Y creo que mis recuerdos de infancia también influyen. Vivía cerca del aeropuerto de Itami, en Osaka, que pasó a ser una base estadounidense tras la guerra. Recuerdo ver a soldados manteniendo relaciones sexuales con japonesas en los bosques próximos a mi casa. Y también que estos regalaban globos a los niños que luego resultaban ser preservativos”, recuerda entre risotadas.

“Muchos autores te dirán que escriben para sus lectores, para contarles algo... Pero yo he llegado a la conclusión de que escribo para mí mismo. Para extraer cosas de mí, cosas que pueden resultarme vergonzosas y que no me gustaría contar de otra manera. Claro que si pretendes vivir de esto tienes que gustar a los lectores, y es fabuloso saber que tantos me aprecian, sobre todo en el extranjero”, señala este historietista que vive ahora entre el cariño del público foráneo y la indiferencia que le despierta el manga actual. “Admiro la sofisticación de los dibujantes japoneses actuales, pero desde hace diez años no hay ningún manga que me sorprenda. Lo último que me gustó fue Bola de Dragón, de Akira Toriyama. Después todo se ha vuelto mediocre. La industria se ha dormido en los laureles”. 



Una vida errante 1 y 2. Traducción de X. Astiberri. Bibao, 2010. 432 y 416 páginas. 24 euros cada tomo


EL PAÍS BABELIA 12.06.10