martes, 7 de agosto de 2018

MAX, PREMIO NACIONAL DEL CÓMIC

"Incluso el cómic más banal y de serie B es arte para mí"

El dibujante que introdujo la historieta en el Museo del Prado participa con 'Bardín el Superrealista' en la muestra que la Casa de la Provincia dedica a los galardones otorgados por el Ministerio de Cultura a su disciplina 




Francesc Capdevila, Max (Barcelona, 1956) en la Casa de la Provincia. / BELÉN VARGAS

CHARO RAMOS
Sevilla, 28 Julio, 2018

Recién llegado de la isla de Mallorca, en cuyo interior reside desde hace décadas, Francesc Capdevila, más conocido como Max, recorre la muestra colectiva que la Casa de la Provincia dedica en Sevilla a los 10 primeros años del Premio Nacional del Cómic y comparte con sus seguidores algunos de los secretos de Bardín el Superrealista, libro con el que ganó en 2007 la primera edición del galardón. Es uno de los nombres esenciales del dibujo y la historieta pero también un pensador que nos ha acercado a través de sus imágenes algunos de los mayores logros de la cultura europea. Así ocurre con dos de sus libros ilustrados: el que dedicó al pintor El Bosco con motivo de la muestra que el Prado inauguró en el V Centenario de su muerte; o el que realizó en 1994 para la Fundación Luis Cernuda sobre el mito de Orfeo. Órficas, que Nórdica y La Cúpula reeditaron en 2017 tras llevar años agotado, es un título clave en la producción de este hombre afable y extremadamente fiel a sus afectos, a sus chanclas y sus paisajes mediterráneos. Ajeno a boatos y coches -o aviones- oficiales, Max es uno de los mayores artistas que ha dado este país.


-¿Qué supuso ganar con Bardín el primer premio del Ministerio de Cultura al cómic?

-Bardín me sirvió para reconectar con los cómics tras varios años haciendo obra menor o un poco dispersa y dedicándome sobre todo a la ilustración como medio de vida. Supuso mi regreso y el volver a hacerme fuerte en el cómic, y también el inicio de mi última etapa.

-¿Qué rasgos comparte Bardín con una obra que, desde sus inicios en los 80 en la revista El Víbora, ha abarcado trabajos tan diversos como carteles, portadas de discos, ilustraciones, viñetas y cómics?

-En cuanto a la temática hay una exploración del mundo de las ideas filosóficas, artísticas, religiosas... Bardín toma esos asuntos pero les mete una bomba retardada de humor dentro. Eso ha estado un poco presente en toda mi trayectoria anterior y en la posterior, donde el humor es cada vez más acusado. Con Bardín encontré el camino por donde transitar y el tema del humor desde entonces lo llevo como bandera. No voy a renunciar ya nunca al humor.

-Pepo Pérez, el comisario de esta muestra antológica sobre el Premio Nacional, destaca de su obra el equilibrio que logra entre la densidad de las ideas que maneja y la aparente ligereza -su admirada línea clara- con que las presenta. ¿Está de acuerdo?

-Creo que se refiere a mi manera de tratar unos temas que podrían ser muy áridos o pedantes si no les aplicara un poco de humor. Encontré esta fórmula de abordar asuntos que me interesan sin ser yo ningún especialista en nada pero sí un consumidor de cultura. Me permite expresar mis dudas sobre todo. A partir de ahí me han adjudicado a veces la etiqueta de dibujante filósofo pero yo no soy nada de eso. Mi nivel cultural es medio pero a mí el consumir arte y cultura me hace reflexionar, me plantea dudas, y esas dudas generan en mí ficciones que yo a mi vez dibujo y escribo para que continúe esta cadena de autor a lector. Digamos que el hueco que he encontrado en el mundo es éste: seguir la cadena.

-¿No le tienta realizar una novela gráfica sobre un icono cultural como hizo Zapico con su biografía de Joyce en Dublinés, Premio Nacional del Cómic en 2012?

-No. Podría hacerlo y ha habido algún encargo frustrado en ese sentido pero no es algo que me tiente. En todo caso tuve la oportunidad cuando el Museo del Prado me planteó hacer una obra original donde recreara la vida de El Bosco o trabajara a partir de su obra.


Detalle de 'El tríptico de los encantados', su homenaje a El Bosco

-¿Qué elementos valoró al recibir en 2016 el encargo del Prado?

-Me facilitó las cosas el hecho de que se sabe muy poco de la vida de El Bosco, existen aún muchas lagunas. Eso me dio el pretexto para abordar con libertad su arte y meterme donde realmente yo podía hacerlo: en sus cuadros. El Bosco es un pintor por el que he tenido devoción desde siempre. Me llamaba la atención lo mismo que a todo el mundo, ese desfile de bichos raros y situaciones extrañas que en teoría él realizó para provocar miedo pero que a mí me parece que, por el contrario, dan risa o incitan a la lujuria. Tras estudiar a fondo lo poco que se sabe de su vida y de su obra logré hacer este libro porque me identifiqué con él en dos aspectos: en el hecho de que, al igual que yo, él trabajaba por encargo, como ocurría con todos los artistas de la pintura antigua; y en el tema del catolicismo, pues El Bosco debía ajustarse a esos temas que le pedían. Me eduqué en un colegio de curas y la religión es una carga con la que he tenido que lidiar muchos años después de dejarla. Y ese mundo torturado del Bosco, ese fardo del pecado, ha estado durante años en mi cabeza y me hacía sentirme muy cercano a él. Pensamos en El Bosco como una persona que siempre fue de la misma pieza pero no creo que eso fuera cierto.Lo imagino como alguien muy creyente de joven, con dudas después, y al final prácticamente ateo. Y aunque la cronología de sus cuadros también es confusa, El Jardín de las Delicias es una obra de madurez claramente, él ya es lo suficientemente descreído como para atreverse a jugar con el tema que le han encargado: esa ambigüedad entre lo terrorífico, lo risible y lo grotesco. Y después, si rastreas muchísimo el cuadro, ves cosas que los estudiosos del arte no han visto, como me ocurrió a mí: hay un ojo en mitad del primer panel, una fuente con un agujero y un búho dentro, y ahí insertó un ojo con su iris... Y ése es, para mí, el ojo del pintor, del Bosco. Y está situado justo allí, en el momento de la creación del paraíso.

-¿Quiere decir que advirtió un mensaje de afirmación del artista como creador?

-Sí. Y también saqué esa conclusión por la presencia de las aves nocturnas que dibuja, como búhos, lechuzas... Sólo en esta pintura hay cuatro o cinco diseminadas. Experimenté esto en carne propia: a mí también me dio durante un tiempo por incluir búhos en todas partes y al hacerlo estaba representando, sin saberlo, al artista, porque el ave rapaz nocturna es la que ve en la oscuridad lo que los demás no ven y, por tanto, la que enseña. Hay tantas teorías de los historiadores del arte sobre El Bosco y son tan distintas entre sí que pensé que no estaría tan equivocado si tenía la mía propia, tan particular como lo son las suyas. Pero quien me abrió los ojos a la hora de interpretar su cuadro más célebre no fue un historiador del arte sino el filósofo Michael de Certeau, que le dedica un capítulo en su libro sobre la mística de los siglos XV y XVI. Su visión no la encontré en los tratados clásicos sobre El Jardín de las Delicias pero es la que me abrió los ojos. Él dice que el cuadro no tiene ningún sentido y que El Bosco juega en él al despiste total, que es una obra llena de pistas falsas y callejones sin salida. Dice muchas más cosas pero ésta ya bastaba para dejarme boquiabierto.


Max ante los originales de 'Bardín' en la Casa de la Provincia / BELÉN VARGAS

-En su libro, titulado El tríptico de los encantados (Una pantomima bosquiana), tomó como punto de partida tres obras. El Jardín de las Delicias parecía una elección obvia pero se decantó además por La extracción de la piedra de la locura y Las tentaciones de San Antonio. ¿Por qué estas dos?

-Obviamente tenía que elegir pinturas suyas en las colecciones del Prado y la de la piedra es para mí como la viñeta de un cómic, una pintura que me servía a la perfección para iniciar la historia que quería contar. Curiosamente luego los holandeses pusieron en duda la autoría del cuadro y en el Prado se enfadaron muchísimo, por lo que yo me alegré más de haberlo elegido. Las tentaciones de San Antonio aborda un tema que él trató en varios otros cuadros pero éste del Prado siempre me pareció una delicia, con su formato pequeño, muy tierno. Y decidí hilar una historia con los tres. Mi relato arranca justamente con un tipo al que le extraen su locura y esa piedra viaja gracias a un pájaro -porque había quedado olvidada por ahí- hasta un lugar donde está San Antonio, que la recoge junto al cerdo. Pero no se trata de una piedra, sino de una canica translúcida donde, al mirar dentro, encuentran el mismísimo Jardín de las Delicias. En realidad la piedra no tiene un significado preciso, es como un Macguffin hitchcockiano, un elemento de suspense que me permite avanzar la historia. El asunto del libro no es la piedra aunque al final volvemos a ella para decir que si a uno le extirpan su locura la acaba añorando. Y quien dice su locura dice su imaginación, su capacidad de fantasear.


-¿Qué sintió al ser el artista que introdujo el cómic en el Prado?

-Fue un hecho importante pero no hay que perder de vista los orígenes turbios y de serie B del cómic. Ambas cosas tienen que coexistir, a mí el cómic más cutre y más banal me parece arte aunque no me parezca bueno. Porque también hay arte malo en el arte contemporáneo pero nadie le discute su carta de naturaleza, así que con el cómic debería ser lo mismo. Me considero un eslabón más en la historia de la creación y por eso me hace ilusión haber trabajado para el Prado, y que allí tengan el cuaderno de bocetos que sirvió para el libro, del que hice donación al museo. Ellos además me compraron tres originales relacionados con el proyecto. Así que, sí, tengo obra en el Prado aunque no está expuesta, se exhibió solamente unos días.

Ilustración de Max para el libro 'Órficas'

-En Órficas pintó, como en El tríptico de los encantados, numerosos animales. ¿Qué recuerda de la génesis del libro? ¿Conectaba especialmente con el tema del músico y su descenso a los infiernos?

-Desde hacía años estaba descatalogado y había gente que lo buscaba o me lo pedía. Órficas fue el primero de mis libros que no era sólo un cómic pues allí escribí textos, fue mi primera experiencia como escritor. Y además la Fundación Luis Cernuda y su extraordinario equipo me dieron carta blanca, al igual que el Prado ahora, así que pude experimentar mucho, tanto en dibujos en blanco y negro como en color. Incluí también historietas y unas estampas que embellecían cada acto de la ópera de Monterverdi... Disfruté mucho escribiendo y dibujando ese libro. Además me sentía muy cercano al tema de Orfeo en ese momento de mi vida. En cuanto a la presencia de los animales, lo cierto es que me gustan mucho y tiendo a dibujar aquello que me entusiasma, como mi perro.

-En esta exposición se recalca la influencia del surrealismo en su trabajo. ¿Qué otros referentes visuales destacaría?

-Bebo de muchas fuentes, desde la pintura paleolítica -que protagoniza mi próximo libro- al arte minoico y la pintura renacentista flamenca, el romanticismo y las vanguardias históricas. Y por supuesto del cine de Buñuel, de David Lynch... Hay una serie de directores y de músicos esenciales para mí, de los cuales aprendo mucho. Y luego están mis dos creadores favoritos del siglo XX, las dos influencias que siempre se cuelan en mi obra: Borges, esencial en la escritura de mis guiones, y la otra, tal vez menos evidente, es Kafka. Aunque ilustré un libro suyo –El fogonero– esa influencia aún resulta extraña pero está ahí, me interesa mucho ese humor torcidillo de Kafka.

-¿No echa de menos contar con un guionista con el que trabajar codo a codo regularmente?

-No, desde hace tiempo no. Aunque desde el principio me apañé como dibujante y fui creciendo, en cambio como guionista era un desastre. Tenía ideas en la cabeza pero organizar los temas para convertirlos en historias me costaba mucho. Finalmente aprendí con Mique Beltrán en un libro que hicimos juntos, Mujeres fatales, a convertir las ideas en historias y a partir de ahí me he sentido fuerte para hacer mis propios guiones. Además las cosas que me gustan a mí son tan personales que no podría trabajar con guionistas.

-Colabora desde hace años con el suplemento cultural Babelia. ¿Nunca le falla la inspiración?

-Tengo que estar pendiente cada semana de dar con la idea y a veces no la encuentro hasta que está a punto de cumplirse el plazo pero siempre acaba saliendo.

-¿Qué proyecto le gustaría realizar si no hubiera trabas económicas, si tuviera un mecenas?

-Lo que más me gusta últimamente es escribir, incluso más que dibujar. Estoy escribiendo además muchas más cosas de las que puedo pintar y por primera vez igual soy yo quien acaba buscando dibujantes. Nunca escribo ensayos, es siempre ficción. Incluso he escrito un cuento infantil que está dibujando Flavia, una ilustradora mallorquina. Sin embargo, ahora estoy terminando un libro que llevaba cuatro años en mi cabeza y en el que no hay palabras, sólo imágenes. En cuanto a los mecenas, no los busco porque no existen. Soy lo suficientemente viejo para saber lo que me espera el resto de mi vida y a lo que me voy a tener que enfrentar; voy a continuar en la guerrilla. Tengo un proyecto para el que sería estupendo contar con un mecenas y es hacer una película real, no de animación, pero tampoco me empeñaré en ella. Si sale, bien, y si no, no. Seré el autor de la historia y el guionista, también de algún modo el director de arte y el creador del story-board pero no la dirigiré. La cámara y el cerebro lo pondrán, si llega el momento, otras personas que saben de cine mucho más.

Malaga Hoy







domingo, 29 de julio de 2018

MORTADELO Y FILEMÓN por FRANCISCO IBAÑEZ



Los agentes secretos Mortadelo y Filemón ingresan en la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea), donde se las tendrán que ver, además de con cacos y malhechores, con el colérico Superintendente Vicente (el Super) y con los inventos del disparatado Profesor Bacterio.

Mortadelo, rey del disfraz, y Filemón, el Jefe, nacieron en 1958 en el mítico tebeo "Pulgarcito" Creados por Francisco Ibáñez como unos Holmes y Watson a la española, han sido traducidos a más de una decena de idiomas. "El sulfato atómico" fue la primera historieta larga que se publicó en formato álbum e inauguró, en 1969, la colección Ases del Humor de la revista "Gran Pulgarcito" En 1970 eran tan populares que se creó para ellos la revista "Mortadelo" y después, "Super Mortadelo" La película de Javier Fesser "La gran aventura de Mortadelo y Filemón", basada en "El sulfato atómico! cosechó en 2003 uno de los mayores éxitos de taquilla del cine español. Varias generaciones españolas han crecido con Mortadelo y Filemón; Ibáñez, que ha recibido el Gran Premio del Salón del Cómic por el conjunto de su obra y en 2002 la medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes, asegura: "El niño que no lea cómics no leerá libros".



Mortadelo y Filemón reciben del Super el importante encargo de atrapar a todos y cada uno de los integrantes de la peligrosa banda de espías internacionales conocida como el "gang" del Chicharrón. Los criminales se han introducido en el país con su temible jefe, Gedeón el Chicharrón, al frente y vienen con planes de robo y sabotaje que los agentes de la T.I.A. tienen la misión de impedir.

Desternillante aventura publicada en 1970 con Mortadelo y Filemón, los más celebres personajes de Francisco Ibáñez (Barcelona, 1956). Autor también de otras inolvidables creaciones, como 13 Rue del Percebe, El botones Sacarino, Pepe botera y Otilio o Rompetechos, en los últimos años sus historietas han incorporado temas de actualidad (Mundiales de Fútbol, Juegos Olímpicos, escándalos políticos), representados por caricaturas de ilustres personalidades del cine, la cultura o la política que se han topado con los agentes de la T.I.A.: de Felipe González a José María Aznar; de Mitterrand o Clinton al príncipe Carlos de Inglaterra. Porque Ibáñez es el más valorado, editado y leído internacionalmente de los historietistas españoles.


Ediciones El Pais, año 2005


ROCO VARGAS Torres y el arte de la saga en cómic

Por Jordi Juanmartí


En un artículo escrito hace años por el abajo firmante y Javier Riva, a propósito del primer volumen de la obra El octavo día, tildamos a Daniel Torres de cuentacuentos -1- destacando su gran maestría en la destreza del relato corto en tebeo, de narrar una historia interesante y de saber desarrollarla en pocas páginas, o sea, el poder del fabulador. El objetivo de este nuevo ensayo es probar que con los cuatro primeros episodios de las aventuras de Roco Vargas Torres ha conseguido lo que se puede considerar la saga historietística por excelencia del tebeo español contemporáneo, al demostrar también su maestría como narrador de relatos largos interdependientes con un objetivo final claro. Al mismo tiempo veremos como el recientemente publicado quinto volumen, El bosque oscuro, se escapa, al menos por ahora, del propósito común que conformaban los cuatro tomos precedentes. Una advertencia: en el transcurso de este artículo se van a desvelar hechos cruciales en la saga. Se recomienda al lector que aún no haya disfrutado de la misma que no dude en leer esta obra fundamental y que luego, si quiere, lea estas líneas que siguen y se prepare a disentir o coincidir con sus apreciaciones



La dificultad de hacer una buena saga

El término saga se ha usado muchas veces en el mundo del comic, como posiblemente en sus hermanos el cine o la literatura, con demasiada ligereza. Se ha hablado, por ejemplo, de la saga de Star Trek o de La guerra de las galaxias; de la saga de El señor de los anillos; de la saga de la Patrulla X, o de Thorgal, Bone o de la del Príncipe Valiente... o de Roco Vargas. Y sin embargo, hay claras diferencias entre todos estos ejemplos, las que hay entre una serie y lo que más propiamente sería una saga. Un número de relatos de longitud variable con los mismos personajes pueden formar una serie, pero no necesariamente una saga. En una serie lo importante es que los personajes respondan a los rasgos que se han ido esbozando poco a poco, pero cada episodio goza de una independencia absoluta, incluso aunque algunos lleven el sambenito final del continuará.

Una saga, sin embargo, tiene un principio, un nudo y un desenlace, en varios episodios, independientes o no, y la impresión final es de un todo compacto. No olvidemos que los orígenes de las sagas son los larguísimos relatos escandinavos en los que se narraba una epopeya con diferentes episodios en la que el héroe emprendía una búsqueda cuyo final, con éxito o fracaso, daba sentido al relato completo. Apliquen ustedes esta descripción a mucho de lo que llamamos sagas y verán que la selección se reduce: la obra de Tolkien, Star Wars, Bone o el Príncipe Valiente -más cerca ésta del folletín o novela-río-, algunos momentos de Thorgal -especialmente los episodios en los que se despejan las incógnitas sobre el origen del personaje...-. En el resto de los casos tenemos series, posiblemente con partes muy concretas relacionadas entre sí, pero que no dejan de ser diferentes episodios en la vida de un grupo de caracteres. Lo que importa es lo que les ocurre, y aunque evidentemente en algunos casos evolucionen y maduren, esto no es lo importante.

Con esta digresión queremos apuntar las dificultades que entraña hacer una buena saga, en la que el oyente/lector mantenga el interés de principio a fin, y que sea capaz de ver al final como todos los personajes y los acontecimientos en los que intervienen tenían una finalidad. Todo lo contrario, en resumen, de lo que supone un relato corto, donde la caracterización debe ser muy breve para que se pueda entender el porqué de las acciones de los personajes dentro de lo fundamental, la historia. En un relato corto -ya sea de ocho o de cuarenta y ocho páginas, da igual-, la palabra fin supone un término a la historia y la preparación, si ha lugar, a nuevas peripecias de los personajes. En la saga, dicha palabra plantea un círculo cerrado, ya sea una vuelta al punto de partida o una nueva línea de salida. El héroe, en su interacción con el resto de los personajes y las diferentes peripecias por las que pasa, gana matices que antes no tenía o recupera algo que había perdido. El término de una saga no es un punto y final de la misma, supone un enriquecimiento de lo ya leído o escuchado y una invitación a una nueva relectura.

Nada más y nada menos que lo conseguido por Daniel Torres con los primeros cuatro volúmenes de Roco Vargas. Veamos cómo.



Viñetas de Tritón Por Daniel Torres en la edición de 1998 de Norma Editorial


Tritón: esbozando el inicio de la búsqueda del héroe

La evolución que hay entre el Armando Mistral del comienzo de Tritón y el Roco Vargas del final de La estrella lejana, tanto desde el punto de vista de la caracterización como el gráfico, no debe llamar a engaño alguno. Son la misma persona, pero una persona que ha cambiado de forma lógica y equilibrada en el transcurso de los cuatro volúmenes de la saga. Ese cambio se circunscribe a que la búsqueda que empieza Armando Mistral en el primer tomo tiene éxito en la última página del tomo final. Y esa búsqueda es algo interior, un Jeckyll a la búsqueda del Hyde que deliberadamente ha ocultado durante años; pero aquí el reactivo no es una poción extraña, sino los amigos que vuelven del pasado para embarcarle en una serie de peripecias y los amigos del presente que se le
unen para ayudarle en la búsqueda: Armando Mistral debe reencontrar a Roco Vargas.

Aunque Torres parece dejar clara su intención desde un principio de un plan preconcebido para las aventuras de Roco Vargas-2-, la primera impresión que da el primer tomo de la saga, Tritón, es la de un episodio aislado en las aventuras de un héroe de clara influencia de la space opera del comic, desde el Flash Gordon de Alex Raymond hasta los Brick Bradford o incluso Dan Daré. De ahí las caracterizaciones muy rápidas de todos los personajes, desde Armando/Roco, que se nos presenta como un ocioso autor de bestsellers de dudosa calidad literaria pero que le permiten mantener una sala de fiestas de éxito, hasta los secundarios como Rubí, Sansón, Jill, Covalsky, el ambiguo Peres, el villano Mung... El autor sabe que no tiene tiempo, al menos en este momento, de dotar de más personalidad a los mismos, porque lo importante es ahora su función de motor de la aventura y aún no el contribuir al desarrollo de la saga en ciernes. Un ejemplo de esto es que la muerte de Pierre Covalsky no tiene la intensidad dramática que adquiere cuando se relee este volumen tras leer La estrella lejana. Por ahora, este acontecimiento es sencillamente uno de los ejes que mueven el primer episodio.



viñetas de Tritón, por Daniel Torres. En la edición de 1998 de Norma Editorial 



viñetas de El misterio de Susurro, por Daniel Torres. En la edición de 1998 de Norma Editorial

Por supuesto, de ningún modo podemos contradecir las declaraciones del padre de la criatura. En primer lugar, porque en el proceloso mundo de la industria del tebeo, y más del tebeo español, por lo que se ha visto y se ve, antes de arriesgarse a una saga de varios años de duración, hay que cubrirse las espaldas y ofrecer un producto que, en caso de fracaso del empeño fundamental, pueda aguantarse por sí mismo y al que nadie pueda reprochar el aquí falta algo. En este sentido, Torres alcanza su objetivo, y Tritón es una aventura apasionante ubicada en un mundo de ciencia-ficción que no deja de ser también el nuestro, a través de una ambientación contemporánea y veladas alusiones a la actualidad del momento. Sin embargo, y en segundo lugar, Torres sí que se arriesga a ir dando datos sueltos sobre su héroe y su pasado: el que Mistral hable de Vargas como de otra persona -otra vez Jeckyll y Hyde-, su fría conversación con Covalsky, su reacción ante su reencuentro con Jill, la consulta de Rubí de una enciclopedia sobre los héroes de la exploración del espacio, el álbum de fotos antiguas, la impresión de que su reencuentro con Mung en Tritón es un ajuste de cuentas... y, sobre todo, la espectacular aparición de la nave Estrella Lejana, a la que Armando describe como una vieja amiga que no me fue fiel. Otro misterio que el lector apunta en la lista para un posible futuro desarrollo de la serle... porque en las páginas que continúan lo único que va a importar ya es la aventura y no los personajes. Y en este excelente episodio no es poco, desde luego.

El misterio de Susurro: el mito va tomando forma

En la entrevista mencionada más arriba Daniel Torres explica cómo no tuvo que esperar mucho para ver que Tritón funcionaba, al ser vendida a otros países con éxito, con lo cual pocos meses después acomete el comienzo de la segunda parte de las aventuras de Roco Vargas. Uno quiere pensar que el autor se sintió ya libre para empezar a desarrollar ese plan de hacer una saga en la que ese héroe a su pesar acaba reencontrándose a sí mismo. Para ello hace también que su dibujo evolucione, y aunque otros ya lo han analizado y analizarán en más detalle, abreviaremos diciendo que es un estilo progresivamente más claro y detallista, más fiel a la línea curva y menos rígido, y que culminaría en la maravilla gráfica que supondría el tomo La estrella lejana.

El misterio de Susurro empieza de forma muy similar a Tritón, aunque Armando/Roco da muestras de más actividad, jugando con Sansón, ensayando con Rubí escenas de sus obras... Sin embargo, aún está lejos de iniciar la búsqueda que sin lugar a dudas necesita. Otra vez, será un personaje del pasado el que da el pistoletazo de salida, el joven e irresponsable Panamá, trasunto del tópico aventurero empedernido, el que abrirá la puerta de los recuerdos del protagonista.

Por otro lado, este volumen presenta ya una estructura narrativa más compleja; se mantiene la linealidad, pero como en toda saga que se precie, Torres auna diferentes episodios y nuevos personajes. La casualidad -otro elemento muy típico de las sagas clásicas- hace que Mistral/Vargas se vea implicado en la investigación de un detective, Cuper, y en una peripecia de tráfico de sustancias prohibidas que está a punto de provocar una guerra planetaria. Ahí se encontrará con la guerrera Trébol y con el misterioso Susurro, que reconoce su verdadera identidad.

A partir de aquí el autor desarrolla una trama de serie negra intercalada con un anticipo de lo que veremos en el siguiente volumen, la trastienda de un mundo en guerra, el ámbito de los cronistas bélicos. Sin embargo, la impresión que el lector va sacando es que, aunque la aventura y el misterio funcionan -¿quiénes son los responsables del tráfico de droga? ¿por qué hay una guerra y a quién beneficia?-, lo que realmente importa es el pasado que Mistral intenta enterrar. Será Panamá, en conversación con Rubí, simbolizando ésta aquí al lector intrigado, el que dé los datos: tres jóvenes, los chicos siderales,  Vargas,  el  propio  Panamá y alguien más -del que no se da el nombre pero del que sí tenemos su imagen en los recuerdos del protagonista al principio del libro-fueron pioneros junto a Covalski de la exploración espacial... hasta que la sed de conocimientos y aventura de Vargas se estrelló con lo imposible...

Tenemos por fin el motivo de la transmutación Vargas/Mistral; éste se convierte ahora en un mito, el símbolo del hombre que abandona sus ideales y antes que reconocer su fracaso, prefiere convertirse en otra persona, refugiándose en un campo más fácil como pueda ser el mundo de los relatos pulp, en el que como ya hemos visto sí ha tenido éxito. Como ya hemos dicho, la aventura continúa, pero ya no va a ser más que una excusa para ir descubriendo más datos sobre ese pasado del protagonista y para que acabe recuperando su verdadera identidad. Cuando al final del volumen Trébol robe La Estrella Lejana para poder seguir persiguiendo al Susurro, no solo está dando pie al continuará que introduce el tercer volumen de la saga. Está consiguiendo que Roco Vargas salga a la superficie. Las palabras finales de Panamá, Empieza la aventura no son casuales. No es que hasta ahora no haya habido aventura, sino que la maquinaria que mueve la saga está ya suficientemente engrasada...




Viñetas de El misterio de Susurro
Por Daniel Torres en la edición de 1998 de Norma Editorial


Saxxon: la elección del héroe

Hay en toda saga un punto culminante, el final de la búsqueda, el momento en el que el héroe debe hacer su elección: Frodo dudando sobre si arrojar el anillo al fuego, Thorn asumiendo su papel de princesa en el mundo de Bone, Thorgal enfrentándose a su padre en la saga del país Qa... Para Roco Vargas ese momento llega bien avanzado el tercer volumen de la serie, Saxxon. La diferencia es que el protagonista no está seguro de que ese sea el momento que ha estado buscando toda su vida, aunque el lector, merced al alarde narrativo de Torres, en la página 37, lo intuye perfectamente: un gran plano general de Vargas ante una misteriosa puerta que se abre para él, un cielo estrellado lleno de máquinas y seres extraños; a este plano siguen tres viñetas más pequeñas: un primer plano de un Vargas sudoroso, un plano americano con el héroe de espaldas y la misteriosa puerta abierta, un picado de los pies del personaje avanzando hacia ella, siguiendo unos extraños símbolos... y en la página siguiente, la negativa a continuar. ¿Miedo o la preocupación por sus amigos prisioneros? No importa mucho la razón, pero sí la impresión de que algo realmente trascendente no ha llegado a culminarse.

Como en otras sagas, lo que rodea a este momento son diferentes episodios que tienen su confluencia en el desenlace. Ese mundo en estado de preguerra descrito al principio hace que |os personajes tomen caminos variados en su particular búsqueda: Panamá y Trébol por un lado y Roco y los demás por otro. Trébol busca al Susurro para intentar evitar la guerra que se avecina. Roco busca a Trébol para encontrar su nave robada. La periodista Linx busca el reportaje de su vida. Diferentes vías para un mismo final. El autor demuestra su pericia narrativa una vez más, saltando de un episodio a otro, dotando de un ritmo frenético a la historia hasta el momento decisivo relatado en el párrafo anterior.



viñetas de Saxxon,
por Daniel Torres.
edición de 1998 de Norma Editorial

Y al final, parte de los misterios se resuelven. El Susurro resulta ser Saxxon, el tercer explorador del grupo mencionado en el volumen anterior. Su vida en sí podría haber sido otra saga, porque como Vargas deduce, el asunto del tráfico de drogas y la guerra que va a provocar es secundario. Al revés que Roco, Saxxon sí hizo en su momento la elección correcta y llegó al final de su búsqueda, el saciar su sed de aventura alcanzando mundos lejanos, y le reprocha a su amigo el que perdiera su oportunidad. Con esta declaración tan sencilla, este enigmático personaje, a pesar de lo poco que aun se sabe sobre él, llega al corazón del lector, y Torres consigue que el final de este episodio tenga una intensidad dramática fantástica, reflejada además de forma fehaciente en los crudos diálogos finales. Al término de la aventura, los caminos de los amigos se separan y todo apunta a una guerra que podría haber marcado el rumbo de las nuevas aventuras de Roco Vargas, pero el autor toma otro camino: una saga es la historia de una ida y una vuelta.




 viñetas de Saxxon, por Daniel Torres. En la edición de 1998 de Norma Editorial

La estrella lejana: cerrando el círculo

Al final de Saxxon, Armando Mistral ha recuperado a Roco Vargas. La búsqueda que implica toda saga ha llegado a su fin. Pero como hemos acabado de decir, una saga es un camino de ida y vuelta. En la excelente entrevista que hemos mencionado ya varias veces, Torres dice que cuando empezó a escribir las aventuras de Vargas no tenía perfectamente claro el contenido de este cuarto volumen, pero también afirma que tras el tercer episodio había muchas incógnitas por despejar todavía. En resumen, nos faltaba el comienzo del viaje. Teníamos la vuelta, pero no la ida.

Decir que La estrella lejana es el mejor volumen de la saga puede ser obvio. Por un lado, desde el punto de vista gráfico, por razones apuntadas anteriormente, es el más pulido y expresivo. Por otro lado, desde el narrativo porque Torres arriesga más a la hora de narrar, abandonando el relato lineal: un largo flash-back jalonado de soberbias elipsis e interrumpido por cotidianas escenas costumbristas en el presente, o el uso de noticiarios cinematográficos para hacer avanzar la historia y la presencia de un narrador omnisciente, Vargas, a través de los textos de apoyo sin que esto obstaculice en absoluto el progreso del relato. Y finalmente, desde el punto de vista de la caracterización, porque el autor riza el rizo presentando personajes que ya conocíamos como absolutamente nuevos: vamos a conocer al auténtico Vargas, al auténtico Saxxon, al joven Panamá a través de la mejor forma posible en el tebeo: el diálogo. Es decir, va a usar su talento como cuentista pero al mismo tiempo hace que este
relato corto complete la saga de forma soberbia y le da un alcance mítico: no puede ser casualidad que el refugio de Covaisky se llame Camelot: el científico adquiere un paralelismo con el rey Arturo -¿o quizá Merlín?- mientras que los tres chicos siderales o jinetes del espacio se equiparan a unos caballeros de la tabla redonda.






viñetas de La estrella lejana
Por Daniel Torres en la edición de 1998 de Norma Editorial
 Este volumen presenta la crónica del ascenso y caída de Vargas, el joven que pretende explorar y alcanzar lo desconocido, y que, como dijo Panamá en El misterio de Susurro, acabó tropezando con las estrellas. El diálogo final entre el decepcionado Covaisky y su discípulo/caballero lo deja bien claro. Como en las sagas artúricas, la búsqueda del Santo Grial -en nuestra saga, la exploración más allá de nuestro sol- no es importante por el hallazgo del objeto en sí mismo, sino porque la ilusión de la búsqueda mantiene viva la esperanza. Cuando alguien se da cuenta de que el objeto es imposible de encontrar, el mundo se viene abajo.

El relato de este fracaso en una historia que hasta la peripecia final había sido eminentemente optimista engrandece todavía más este volumen. El trasfondo de guerra, de corruptelas y traiciones aporta el sentimiento de la aventura, pero no ahonda en el concepto de la saga. Es más, la muerte de Ana y el posterior hecho de que posiblemente hayan evitado una guerra no parece afectar a Vargas cuando ve el prototipo de la nave que Covalski había ocultado limitándose solo a pensar en su sueño. Pero cuando dicho sueño se revela irrealizable se alcanza el drama del protagonista. Un drama que desaparece con el fin del flash-back y la asunción presente por parte del héroe de que ha vuelto y la búsqueda ha terminado ya. Ha recuperado su nombre.



página en blanco y negro de El bosque oscuro, por Daniel Torres. A partir de la reproducción del catálogo del Viñetas desde el Atlántico, 2000. 


El bosque oscuro: continuar partiendo de cero
A Daniel Torres le llevó cuatro volúmenes definir y volver a redefinir a su héroe. El final de La Estrella Lejana podría haber supuesto el canto del cisne del personaje. Pero los aficionados y sin duda también el autor sabíamos que Roco Vargas era un personaje que podría dar mucho más de sí. Le ha llevado catorce años, pero la espera ha merecido la pena, porque El bosque oscuro vuelve a ser una excelente aventura, aunque sin el alcance épico de lo que le ha precedido. Tampoco es que le haga falta.

La fuerza del personaje y las aventuras narradas era tal que Torres tenía muchas opciones: dos vueltas al pasado, o explorando las viejas aventuras de los chicos siderales o relatando episodios de lo acontecido desde que Roco abandona Camelot, con su progresiva conversión en Armando Mistral; y dos opciones presentes: retomar el tema de la guerra en ciernes del final de Saxxon y La estrella lejana o partir de cero, colocando a su héroe en nuevas aventuras. Por ahora, el historietista ha elegido esta última y honestamente creemos que ha acertado, porque es la que le ha dado más libertad a la hora de contar historias.

Se nos plantea una historia a varios niveles: un misterio a resolver, elementos de género de terror, con un personaje que en el futuro también puede que de mucho de sí, la Medusa, momentos de cómico costumbrismo, y esas referencias al pasado que, al tiempo que nos instalan en un terreno confortable -la vuelta a Camelot, la visita en sueños de Saxxon-, nos recuerdan que la saga esta por ahora terminada y que es posible que no merezca la pena añadir nada más sobre ella -...y eso que esas referencias al pasado mercenario de Vargas prometen también mucho...-. Pero lo mejor quizá sea mirar adelante y esperar que este maduro Roco Vargas tenga aventuras para rato. Y que Daniel Torres nos haga disfrutar de ellas.

Notas   
1- Juanmarti, Jordi y Riva, Javier: Daniel Torres, el cuentacuentos, en El Wendigo, n° 57,
págs 40-41. G.A.I.R.N.I., Gijón, 1992.
2- Ramírez, Pablo: Conversaciones con Daniel Torres -IV-, en Daniel Torres.
Historietas-Ilustraciones, págs. 90-106, Conselleria de Cultura, Educació i Ciencia de la Generalitat
Valenciana, Valencia 1992.



Dibujo de Daniel Torres para la edición de 1998 de Roco Vargas. Norma Editorial.


dentro de LA VIÑETA revista mensual número doce, año 2000




lunes, 23 de julio de 2018

El cómic ‘Monstress’ triunfa en los premios Eisner, los Oscar del tebeo

La librería barcelonesa Norma Comics consigue el galardón Espíritu del Cómic como mejor tienda mundial

ROCÍO AYUSO
San Diego 22 JUL 2018








Páginas del cómic 'Monstress'.


El cómic Monstress, de Marjorie Liu y Sana Takeda, ha sido la obra triunfadora de los premios Eisner, los Oscar del tebeo, que se conceden anualmente dentro de la Comic-Con en San Diego (EE UU), y que repartieron la noche del viernes 32 galardones en una de las ceremonias más largas de los 49 años de esta convención. Monstress se ha llevado los galardones a Mejor Serie, Mejor Cómic para Adolescentes, Mejor Guion, Mejor Portada y Mejor Pintor / Artista Multimedia. My Favorite Things is Monsters, de Emile Ferris, se llevó los premios a Mejor Novela Gráfica, Mejor Guionista / Dibujante y Mejor Color. Y el trofeo a Mejor Edición Estadounidense de Material Internacional fue para Run for It: Stories of Slaves Who Fought For The Freedom, de Marcelo D’Salete. Este trabajo publicado por Fantagraphics acabó con las esperanzas de obras españolas como Las Meninas, de Javier Olivares y El Fantasma de Gaudi, de El Torres y Jesús Alonso Iglesias, nominadas al mismo galardón.


Norma Comics, una de las tiendas especializadas en cómics más antiguas de España, se alzó ganadora con uno de los Eisner. La librería que fundó Rafa Martínez hace 35 años en Barcelona y sede de la editorial del mismo nombre consiguió el premio Espíritu del Cómic. Recordando la importancia que tienen las librerías para el futuro del tebeo, el empresario y amante de los cómics Joe Ferrara se encargó de entregar un premio donde Norma Cómics fue seleccionada entre 20 librerías candidatas de todo el mundo. Como recordó Ramón Pérez al recoger el galardón, la librería ha sido en estas más de tres décadas un punto de referencia para la gente que ama el medio. Norma Comics es la segunda tienda española que resulta premiada, tras la madrileña Akira Comics, en 2012.


Esta fue la única candidatura española que consiguió el triunfo. Ninguno de los otros nominados españoles -hasta ocho- pudieron realizar su sueño y alzarse con un galardón que recuerda en nombre y espíritu a uno de indiscutibles maestros del cómic, Will Eisner. Como cada año la entrega tuvo lugar a espaldas de las más de 130.000 personas que se dan cita en estos cuatro días en San Diego (EEUU) y que bajan a la meca del cómic más interesados en lo que el cine, la televisión o los videojuegos basados en héroes de papel tienen que ofrecerles.


La tienda Norma Comics, en Barcelona.

Como contaba Sergio Aragonés, autor español criado en México y padre de los tebeos de Groo, más allá del orgullo del trabajo bien hecho reconocido por tus compañeros el premio Will Eisner cambia pocas cosas en la carrera de un dibujante de cómics. “Asombra cuando vienen las visitas”, bromeó socarrón a El PAIS alguien que ha recibido no solo numerosos Eisner sino otros galardones que guarda con más cariño como el Reuben de la Nacional Cartoonist Society o el del Salón del Cómic de Barcelona. “A diferencia de los salones europeos del cómic, esto es una convención. Esto es negocio. En Estados Unidos se valora la venta. En Europa, el arte”, recordó este artista que anualmente se encarga de anunciar los nombres de aquellos que han pasado a formar parte como él del Hall of Fame de la industria. Este año los agasajados con este honor fueron los autores Charles Addams, Karen Berger, Dave Gibbons y Rumiko Takahashi. “En Europa, el cómic sigue siendo cómic. Aquí las tres cuartas partes de la convención son cine y televisión porque son los que pagan más. El comic es terciario, ni tan siquiera secundario”, añadía.

Aún así siempre hay espacio para la esperanza y los Eisner también reconocieron como Gran Promesa el trabajo del argentino Pablo Tunica por su labor en TMNT Universe. La lista de ganadores también incluyó el de Mejor Trabajo Académico para Latinx Superheroes in Mainstream Comics, de Frederick Luis Aldama, y Mejor Publicación para Primeros Lectores para Buenas noches, planeta, del argentino Liniers.



El Pais



martes, 17 de julio de 2018

EN POCAS PALABRAS Daniel Torres


Padre de Roco Vargas, un héroe sideral que conquistó planetas ajenos al cómic español, Daniel Torres (Valencia, 1958) dibuja como un artista y planifica como un arquitecto. Tardó seis años en edificar La casa, un álbum descomunal que mezcla antropología, historia, sociología y urbanismo. Ahora acaba de publicar Picasso en la Guerra Civil (Norma), una ficción que juega con una fantasía inalcanzable del pintor.



Ilustración de Setanta


¿Cómo un aspirante a arquitecto acaba abrazando el cómic? Pues me di cuenta de que una viñeta se parecía mucho a una ventana. Así que le fui infiel a las ventanas.

A Picasso le ha dedicado un cómic y prepara otro. ¿Por qué le importa tanto? Porque Picasso fue ante todo un estajanovista de la creatividad.

Tardó seis años en crear La casa. ¿Fue su aportación a la historia de la vida cotidiana? Espero que fuese mi aportación a la historia de la historieta. Aunque al revés también es válido: mi aportación a la historieta de la historia.

¿Hay algún autor de cómic que se merezca un cómic? ¡Muchos! Doy un nombre: George Herriman, el de Krazy Kat.

Trabajó con Alan Moore. ¿Cómo fue? Fluido y divertido.

Una exposición reciente que le haya gustado. La cocina de Picasso, en el Museo Picasso de Barcelona.

¿A qué arquitecto mítico le habría encargado su casa? A Frank Lloyd Wright.

¿Prefiere leer antes de dormir o antes de levantarse? De lunes a viernes, antes de dormir. Sábados y domingos, antes de levantarme.

¿Por qué cómic podría empezar alguien que nunca haya leído uno? Por Little Nemo, de Winsor McCay.

¿Para qué le ha servido la cultura? Para atreverme con lo desconocido y lo diferente.


El Pais Babelia Nº 1.390 Sabado 14 de julio de 2018

domingo, 15 de julio de 2018

Fundido a negro

Tras una larga ausencia de 12 años, regresa a las librerías el `Balas Perdidas´ de David Lapham



JOSÉ LUIS VIDAL
09 Julio, 2018






Y lo hace a lo grande, ya que los que nos quedamos huérfanos de esta magnífica serie hace ya la friolera de doce años, tenemos la oportunidad de continuarla con un nuevo volumen, el quinto, titulado Hazañas y travesuras. Y por si esto fuera poco, Ediciones La Cúpula reedita (con nuevo tamaño, rotulación, etc.) el primer tomo con aquel puñado de historias que nos enganchó en su momento y que puede hacerlo ahora con todos los lectores que no conozcan este magnífico cómic enmarcado dentro del género negro.

Corría el año 95, cuando una pareja, los Lapham, David y Martha, se liaron la manta a la cabeza y crearon un sello editorial independiente, El Capitán Books. En él comenzó a publicarse la serie que hizo famoso a David Lapham, ya que en los siguientes años no tardaron en llegar los premios (Eisner) y las numerosas nominaciones. Su título, Balas Perdidas.





Lo malo es que los trofeos no dan de comer, así que todo el dolor de su corazón, pocos años después, tuvieron que tomar una decisión: La colección quedaría suspendida indefinidamente. Gracias al nombre que David se había hecho en el mundo de la viñeta, no le fue nada difícil comenzar a aceptar encargos para las grandes editoriales norteamericanas, Marvel y DC. En ellas posó su pluma sobre personajes como Daredevil, El Castigador, o el propio Batman. Su experiencia previa cuando comenzó en esto de las viñetas, trabajando para sellos como Valiant o Defiant, le facilitaron la labor a la hora de cambiar el chip.

Afortunadamente, había dejado un buen puñado de número de su serie, además de maravillas breves como las miniseries Murder me dead o la dedicada a Amy Racecar, y más tarde también tendría la oportunidad de seguir cultivando su género favorito con Silverfish y la lisérgica Young Liars, ambas publicadas en el sello Vertigo de DC Comics.

En aquellos años, mediados de los noventa y comienzos del nuevo siglo, el cómic de género criminal tan solo se cultivaba dentro de los grandes sellos, os puedo poner como ejemplo los trabajos de otros grandes del noir como Brian Azzarello (Jonny Double, 100 Balas), Jason Aaron (Scaped), Greg Rucka y Ed Brubaker (Gotham Central), autores la mayoría que, años después, liberados del yugo del comic-book mensual, se situarían en el Olimpo del Cómic, al llevar impresionantes relatos noir a la viñeta.

Y es curioso que muchos de ellos hayan arribado en la misma editorial, Image Comics, un lugar en el que los autores poseen la total autoría de su obra y la cadencia de su publicación, por lo que estaba bastante claro que aquella iba a convertirse en la nueva casa de la serie Balas Perdidas, que regresó a las estanterías yanquis en el año 2014, con el consiguiente alborozo de todos los que la seguíamos.

Y bueno, os preguntaréis, ¿de qué va esta serie? Pues bien, os pondré un claro ejemplo para que podáis poneros en situación: ¿Recordáis la película de Robert Altman, Vidas cruzadas, basada en los relatos de Raymond Carver? Pues bien, David Laphan nos lleva al lado más oscuro y peligroso de la Norteamérica de los últimos años, y lo hace presentándonos a una chiquilla, Virginia Applejack, miembro más joven de una familia totalmente desestructurada, con un padre ausente la mayoría del tiempo, una hermana que sufre en silencio y una madre que odia a la protagonista.

Las primeras historias contenidas en el volumen titulado La inocencia del nihilismo nos lleva a Baltimore, y comienzan presentándonos a Frank Y Joey, dos asesinos que, en uno de sus trabajos, la que se suponía iba a ser una noche tranquila, terminará como una orgía de sangre y violencia.

Violencia que la joven Virginia, Ginny, contemplará al salir del cine, marcándola de por vida. Su actitud rebelde le va a acarrear multitud de problemas y alguna que otra cicatriz…

Ella y otros personajes son las piezas de este rompecabezas, que poco a poco irá tomando forma ante nuestros ojos, desvelando un sangriento y brutal tapiz.

Y para los que ya seguíamos la serie en el sello Brut de La Cúpula, un salto en el tiempo: Tres años que han pasado desde que Ginny decidió romper con todo. Pero ahora ha regresado a su ciudad y, sobre todo, al instituto, donde trabará amistad con otro loser como ella, el joven de color Leon. Desde un segundo plano observará a sus compañeros, concretamente a los gamberros del lugar, miembros la mayoría del equipo de rugby: Rufus, Jeb, Mike… y a algunos pandilleros, encabezados por Sidney Barret. Entre todos se formará una red invisible, donde también quedarán atrapados Stef y Tony, una joven pareja, y el apocado padre de Mike, que conocerá de primera mano los expeditivos métodos de un matón apodado Dedos…

Y a todo esto, tanto en el primer tomo como en el quinto, se nos presentan las aventuras criminales y alocadas de una chica llamada Amy Racecar, que comparte rasgos con Virginia… ¿Quién es esta muchacha?

La violencia más descarnada espera para estallar en esta serie, calificada ya como una de las mejores del género criminal plasmado en viñetas de cómic.

Malaga Hoy

domingo, 8 de julio de 2018

Steve Ditko: El genio extraño


Fue un mito del cómic, capaz de crear un personaje complejo como Spiderman, inspirado en él mismo

ÁLVARO PONS
Madrid 7 JUL 2018


Steve Ditko en una foto de archivo. EL PAÍS

Si la construcción de la mitología Marvel requiere del establecimiento de una trinidad propia, la elección de los nombres es fácil: Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko. Lee fue el genio de la mercadotecnia que supo crear un concepto editorial nuevo, apoyado en un dibujante como Kirby capaz de idear una épica gráfica de alcance cósmico, pero también en un artista como Ditko, que supo compensar el poder infinito de los dibujos de su compañero con una humanización inexplorada del superhéroe. Mientras Lee creaba con Kirby a Los Cuatro Fantásticos, enfrentados a imponentes peligros galácticos, con Ditko creó a Spiderman, el héroe que luchaba contra sus monstruos personales y lo cotidiano. Un contraste que permitió a la compañía escribir una nueva forma de hacer superhéroes y que tendría finalmente en el personaje dibujado por Ditko a su icono más reconocible. Una excelsa trinidad en la que la figura de Ditko destaca especialmente por lo atípico de su evolución: el dibujante eludió la fama y los medios para construirse una hermética armadura ante la sociedad que lo presentaba como el nuevo Salinger, un autor huraño y solitario, apartado de todos. Su muerte solo ha hecho que consolidar esta fama de autor maldito: fue encontrado muerto en su casa de Nueva York el 29 de junio, solo, con indicios de haber fallecido un par de días antes por causas naturales.

Un final que casa difícilmente con el entusiasmo del joven aprendiz que llegó a la escuela de Jerry Robinson, uno de los primeros dibujantes de Batman, a aprender a hacer cómics. Su rápida progresión le llevó a trabajar a principios de los años 50 en el famoso estudio de Joe Simon y Jack Kirby, convirtiéndose en discípulo de Mort Meskin, uno de los grandes maestros de la economía de trazo. Tras pasar por Charlton Comics, recaló en 1955 en Atlas, la editorial que más tarde se convertiría en Marvel y en la que conocería a un jovencísimo Stan Lee. Ditko se especializó en las historietas de fantasía y terror, creando un catálogo inimaginable de monstruos extraños a medio camino entre la pesadilla psicodélica y el kaiju (no en vano fue responsable de la adaptación al cómic de Gorgo, la versión británica de Godzilla) que llenaban las páginas de revistas como Strange Tales, Tales to Astonish o Strange Worlds. El peculiar estilo de Ditko se convierte en aliado perfecto de unas historias donde la expresividad de los personajes es decisiva: las caras que dibujaba reflejan la ansiedad y el horror como pocas, con esas manos desencajadas inhumanamente ante la desesperación.


Uno de los cómics de Spiderman de Steve Ditko. EL PAÍS

Pero el gran éxito le llegaría cuando Lee le ofrece la responsabilidad de diseñar al nuevo héroe de Marvel Cómics, Spiderman. Tras no quedar contento con las propuestas de Kirby, próximas a su poderosa concepción del superhéroe, Ditko planteó un personaje completamente diferente, un joven debilucho y apagado, inspirado en su propia imagen juvenil, más preocupado por sus problemas de instituto que por salvar al mundo. El empollón Peter Parker le daba la vuelta a la idea original del personaje y, de paso, revolucionaba el concepto de superhéroe, alejándolo del panteón mítico para hacerlo urbano y cotidiano. Ditko trabajó también en series como Hulk, pero su otra gran creación para Marvel sería Dr. Extraño, un personaje mágico que le permitía dar rienda suelta a una concepción de la puesta en escena deudora del surrealismo daliniano, en la que plasmaría un extraño cóctel de influencias que iban de la psicodelia al esoterismo, de la generación beat al underground, en el que su dibujo se muestra en todo su potencial.

Sin embargo, la compleja personalidad de Ditko comienza a aflorar ya en esta época: en apenas tres años, los desencuentros se hacen continuos con Lee, que se arroga la creación completa de los personajes y lo ningunea. Ditko abandonaría la editorial para deambular por DC Cómics, creando personajes tan sugerentes como Shade the Changing Man o Halcón y Paloma, o volver después a Charlton, donde crearía otros personajes llamados a ser famosos: Blue Bettle, The Question y Captain Atom, inspiración de Alan Moore para su famosa serie Watchmen. Tras unos años publicando de nuevo sus características historias de terror para Warren en la revista Creepy, Ditko se retiraría de la vida pública para recluirse por completo, pero sin abandonar la creación. Comenzó a autopublicarse y trabajar para editoriales independientes, donde podía expresar su adoración por Ayn Rand y hacer proselitismo de la filosofía objetivista con el personaje Mr. A, toda una celebración del individualismo éticamente recto e intachable como su traje de blanco impoluto. Sus fanzines, financiados por crowfunding, siguieron siendo hasta el final de sus días el único contacto con su legión de fans, que le permitían tanto desahogarse contra Stan Lee como profundizar en su ideología.

Con Ditko desaparece un mito del cómic, capaz de crear un personaje tan complejo como extraño como él mismo.


El Pais


jueves, 5 de julio de 2018

Una filmoteca 10 a finales del siglo XX

Idiotas irredentos. Chinos enamorados. Matrimonios sin sexo. Psicópatas pecadores. Mamporros existenciales. Y una marmota. Una decena de directores españoles escriben sobre su película favorita de estos 10 años. Dale al “play”


EL CLUB DE LA LUCHA
Director: David Fincher (1999)
Por Álex de la Iglesia

Por supuesto que El Club de la lucha NO es la mejor película de la década. Elegir el mejor filme es una estupidez, como escoger la mejor persona o el mejor cuadro o pensar si es mejor la paella que la macedonia de frutas. De hecho, cito este largometraje por distar con mucho de ser perfecto. ¿Quién quiere películas perfectas? Los críticos, los curas, los políticos. Yo las quiero distintas, arriesgadas, divertidas, inteligentes y, a poder ser, malas, incluso amorales. El Club… habla de un montón de cosas sin resolverlas (quizá irresolubles), pero tiene momentos gloriosos en los que se adentra en terrenos inexplorados de nuestra mediocre manera de ver el mundo. Deja al descubierto debilidades, fisuras de nuestro software chungo, donde triunfa el que más se acomoda al uniforme colegial. El club de la lucha te habla a la cara: ¿tú también quieres ser un idiota más en este mundo de idiotas?¿Ves esta película acomodado en tu sillón o prefieres ser un hombre? Si, como espectador, eres generoso, el filme te arrastrará. A muchos no les ha ocurrido, porque buscan películas correctas. Ésta no lo es. Y por eso es imprescindible.



DESEANDO AMAR
Director: Wong Kar-Wai (2000)
Por Isabel Coixet

Me gusta Deseando amar (In the mood for love) porque no podemos tocar el pasado, sólo podemos recordarlo; porque los recuerdos son borrosos; porque me fascina el cuello de Maggie Cheung y los vestidos que se lo aprietan; porque siento debilidad por las fiambreras de varios pisos; por el dim-sum y el arroz frito y los noodles y cualquier cosa que se pueda comer con salsa de soja; porque los personajes pasan rozándose por estrechos pasillos y no se tocan; porque los agujeros de los muros de piedra son los únicos lugares en donde podemos decir lo que nos pasa; porque hace calor todo el tiempo y llueve y a nadie se le ocurre aflojarse el cuello del vestido o de la camisa; porque me gusta la canción de Brian Ferry que no sale en el filme; porque a ratos no sé si esos conyuges fantasmas existen o son una invención de los habitantes de la pensión; porque me gusta que una película me conmueva y me deje resquicios de misterio, y quiera volver a verla inmediatamente, y me muera de envidia al salir de la sala, y me lleve a casa las ganas de ser mejor y hacer mejores películas y comer sopa con bambú y cosas que no sé qué son.

DOS TONTOS MUY TONTOS
Director: Peter y Bobby Farrelly (1994)
Por Santiago Segura

Podría decir Man on the moon, de Milos Forman, que fue un fracaso; o Election, de Alexander Payne, que no vio casi nadie; o ya, para ser más enrrollado, Visitor Q, de Miike Takashi, que ni siquiera se ha estrenado. Todas me encantan y son cool, quedaría como un tipo moderno eligiéndolas mi película de la década, pero debo escuchar a mi corazón. El filme de estos 10 años es Dos tontos muy tontos, de los hermanos Farrelly (nada que ver con los Taviani o los Coen, afortunadamente). Es una película de risa en estado puro y, personalmente, me sirvió – aparte de para descojonarme y ver la luz- para descubrir a mis ídolos (que tantas satisfacciones me han dado desde entonces).
Con esta película los Farrelly revolucionaron y actualizaron la comedia moderna como en su día hizo John Landis con la increíble Desmadre a la americana. Sí, la crítica los odia a muerte, pero yo debo bendecirlos y ofrecerles mi gratitud. Me hacen reír, y eso es mucho.



QUEMADO POR EL SOL
Director: Nikita Mikhailkov (1994)
Por Fernando León de Aranoa

Sergei le habla a su hija Nadya de un sueño, el de construir una patria de futuro y de progreso en la que ella pueda crecer un día. Transcurre el verano de 1936 en la Unión Soviética y su historia nos hablará luego de la doble tragedia de los quemados por el sol de la revolución, de las cicatrices que sus vidas dejaron en las muñecas de la historia. Sucede en el campo, en una casa llena de sombras a la que hoy llega el dolor, disfrazado de amigo muy querido. El fantasma de Chejov recorre sus pasillos, la ternura de su aliento en la mirada de los personajes. La caligrafía dulce, casi musical con la que se escribe su historia contradice los incómodos silencias, el espanto y sus presagios.
Al final del día, un gran coche negro aguarda a Sergei en la puerta de la casa, su silueta de ogro al acecho dibujada en el verde esperanzado del bosque. Antes de partir, coge en brazos a su hija y corre con ella en un juego que en realidad es un deseo: el de huir para siempre del miedo y sus mensajeros, del pasado, del persistente dolor, de la traición de ese sueño que una vez tuvo su hija.



EYES WIDE SHUT
Director: Stanley Kubrick (1999)
Por Juan Carlos Fresnadillo

Cuando se encendieron las luces y pude ver la cara de confusión, aburrimiento e indignación de la gente que me rodeaba en el estreno de Eyes wide shut me sentí como un elegido. Pobre de mí. Ese diálogo final de una pareja que soluciona una crisis con una palabra tal real y tan poderosa (“follar”) me dio la espada que necesitaba para iniciar la guerra.
Qué iluso. A partir de ese momento he discutido con todo aquel que osara poner en duda la sabiduría del testamento de Kubrick. Mi arma arrojadiza siempre fue defender que esta película es una comedia. Una sonora carcajada de un maestro sobre la estupidez de la condición humana al no mirar y disfrutar de la realidad. De seguir siempre empeñándose en condicionar la vida por fantasías que no existen, que sólo están en tu cabeza y cuyo efecto secundario es el sufrimiento de no atrapar lo único que tenemos a mano: el aquí y el ahora. Lo siento Stanley, sigo sin practicarlo aunque no me quito tu película de la cabeza. Y especialmente, tu risa al escribir esto.



FUNNY BONES
Director: Peter Chelsom (1995)
Por Javier Fesser

Un tipo imperfecto, hijo de otro bastante más defectuoso, se adentra en el origen de tanto mal funcionamiento para encontrar una explicación de, al menos, una pequeña parte de su imperfección. Y viaja a la decadente Blackpool (Reino Unido), un lugar congelado en el tiempo de donde su padre trajo adherido el talento en la piel, para toparse de narices con la más bella expresión de lo no perfecto: su hermano desconocido. Tan desconocido como fascinante y tan extraño como genial, imprevisible, adorable, temible e irrepetible, cuyo magnetismo radica en su error cerebral de nacimiento.
Funny Bones (Los comediantes) es una aventura hermosísima llena de personajes a los que no les cabe el alma en el cuerpo. Una película, por suerte para ella y para disgusto de los críticos de todo a cien, imposible de clasificar. Un filme como la realidad, como las cosas que de verdad interesan y como la gente que tiene cosas que decir: imperfecta. Maravillosamente imperfecta.

ATRAPADO EN EL TIEMPO
Director: Harold Ramis (1993)
Por David Trueba

La última década de cine ha cancelado casi definitivamente la unión entre lo popular y lo inteligente. Lástima. Parece difícil encontrar películas que se adscriban al entretenimiento más puro con dignidad, cabeza y clase. Por eso, esta década, el público que se autodefine élite es dependiente del mal llamado cine independiente, casi siempre estadounidense, pero imitado en el mundo entero en su estética y contenidos. Peligroso como todo lo simbiótico. Superficial como toda moda. Entre todo eso, Atrapado en el tiempo es una comedia romántica emocionante, ácida, divertida y muy bien escrita. Una a Kafka con Lubitsch, está dirigida con invisibilidad y talento, sin más pretensiones que aquellas del cine clásico: entretener con cerebro. ¿Por qué lo que debería ser la norma es casi una excepción? Pero quizá lo más descollante es salir reafirmado de lo que durante esta década se ha confirmado con creces: Bill Murray es el mejor actor de comedia del cine estadounidense actual.





SEVEN
Director: David Fincher (1995)
Por Jaume Balagueró

Podrían decirse muchas cosas. Su clasicismo y su modernidad, por ejemplo, que aúnan sin complejos sobriedad narrativa con nuevas tendencias estéticas y formales. O su brillante guión, una pirueta perversa que juega con nosotros y nos hace temer aquello que nunca vemos porque sólo se nos muestran sus restos, sus consecuencias. O su montaje crispado y fluido al mismo tiempo, soberbio ejercicio de microelipsis que, lejos de resultar abrupto, acaba dotando al conjunto de una fluidez impecable. O la tenebrosa fotografía de Khondji, agobiante, depresiva y húmeda como la vida. O su diseño de producción impactante, oscuro y supurante, que sabe instalar el horror en cada fotograma. O lo influyente que ha acabado siendo para gran parte del cine moderno de género: imitada, plagiada, homenajeada. Podría decir todo esto. Incluso más. Pero no. No son éstas mis verdaderas razones.
Porque en realidad me basta una: sus últimos 10 minutos, tensos hasta lo insoportable. Un ejemplo de intriga y suspense, casi miedo, difícilmente igualables. Vertiginosos. Magistrales. Un milagro.

REQUIEM POR UN SUEÑO
Director: Darren Aronofsky (2000)
Por Daniel Calparsoro

Sueños rotos, destrozados, que se vuelven pesadillas. La película de Aronofsky te atrapa desde el inicio y no te suelta hasta reventarte al final. La puesta en escena, la música, el montaje beben de eso que se llama electro… pero lo mejor es el título. En 10 años han cambiado muchas cosas, y lo más significativo es que todo sigue igual. El sueño de un cine independiente, destrozado. El sueño de la libertad creativa, reventado. El sueño de un mundo mejor, aplastado. Al igual que los personajes de Aronofsky, vivimos envueltos en la ficción del movimiento, la sensación de ir hacia delante, pero que duda cabe de que si algo se mueve aquí, es hacia atrás. Convertidos en cómplices de una pesadilla de cinismo colectivo nos vemos incapaces de despertar; más nos vale hacerlo, o vendrá Aronofsky y hará un réquiem por nosotros.



ED WOOD
Director: Tim Burton (1994)
Por Daniel Monzón

De todos los directores aquí congregados, que levanten la mano los que se han sentido alguna vez como Ed Wood. Yo la levanto. Y a mucha honra. Porque el protagonista de esta fábula, que Tim Burton compuso con alma de poeta, representa la pasión ciega, energúmena, mameluca por el cine, a través de la cual nuestro querido Ed encuentra y expresa su pasión por la vida. No es ésta una disección sarcástica del mundo del cine, ni tiene vocación realista. Eso queda claro desde los mismos títulos, con el paseo a ritmo de bongos por el marciano universo de Edward D. Wood junior, que concluye en una descarada maqueta de un Hollywood de juguete por el que se moverán los personajes. Por ello, Burton nunca se ríe de la supuesta falta de talento de su protagonista; más bien al contrario, apunta que la única forma de sentarse en una mesa con Orson Wellles es siendo como Ed Wood. En su angustioso aunque irrenunciable amor por el cine, estos dos hombres se miran a los ojos, se comprenden y se dan aliento. No importan sus diferencias. Les hermana la pasión.


El País de las Tentaciones Viernes 31 de Octubre de 2003



martes, 3 de julio de 2018

CUANDO LOS AÑOS MEJORAN EL PRODUCTO

Sergi Vich Sáez

El 16 de septiembre de 1948, aparecían en el nº 38 de la revista belga Tintin las primeras planchas de un personaje llamado al éxito: Alix el Intrépido, debidas al autor alsaciano Jacques Martin. En las mismas, comenzaba la primera aventura del joven homónimo galo, que acabaría convirtiéndose en amigo y confidente del pro-cónsul Julio César.


Alix Senator. El grito de Cibeles (nº 5) Valérie Mangin, Thierry Demarez y Jean-Jacques Chagnaud
Coeditum
Bélgica Cartoné 48 págs. Color

Obra relacionada

Murena. Las espinas (nº 9) Jean Dufaux y Philippe Delaby (Planeta Cómic)
Alix. El oro de Saturno (nº 35) Pierre Valmour y Marco Venanzi (Coeditum)
Las águilas de Roma (libro V, nº 5) Enrico Marini (Norma Editorial)
Plinivs (nº 3) Mari Yamazaki y Miki Tori (Ponent Mon)


Bien es cierto que aquellos primeros dibujos eran quizás algo estáticos y rudimentarios, pero el autor, un apasionado por la Antigüedad, lo suplía con una apabullante documentación histórica que plasmaba en cada una de sus viñetas, especialmente atractivas para el público juvenil al cual iba dirigido. En sus andanzas, Alix recorrería el Mundo Antiguo, y entraría en contacto con sus más importantes civilizaciones: desde Grecia y Roma, hasta Egipto o Persia, sin olvidar a celtas y germanos. Es más, llegaría a vislumbrar el perdido esplendor de otras, ya desaparecidas en el tiempo en que se ubica la serie, como la etrusca o cartaginesa, si bien Jacques Martin tendría el acierto de rememorarlas a través de sus descendientes, a fin de no romper el marco cronológico.
Con los años, el dibujo mejoró y las historias fueron cada vez más sólidas, no solo desde un punto de vista argumental, sino también en cuanto a la ambientación, lo que daría lugar a una sub-serie didáctica: Los viajes de Alix, en la que el protagonista mostraba con todo detalle los modos y costumbres de quienes vivieron en aquel remoto pasado.

Los 36 álbumes publicados y 70 millones de ejemplares vendidos atestiguan la fuerza del binomio aventura-historia presente en Alix. Por lo que no podemos sino estar de acuerdo con la apreciación del crítico Patrick Gaumer en el sentido de que la serie: «abrió el camino al cómic histórico realista».
Con todo, el Alix el Intrépido de las primeras décadas escondía en sus páginas una pugna que el público al que iba dirigido no permitía explicitar. De una parte, ciertas dosis de moralidad, patentes en la especie de misión civilizadora que emanaba de los personajes principales, especialmente cuando se relacionaban con los pueblos, digamos, bárbaros; y, de otra, ciertos indicios de homosexualidad nunca resueltos entre el protagonista y su alter ego, el joven egipcio Enak.

La necesidad de adecuar el producto a quienes entonces fueron niños y ahora son mayores movió a los editores a lanzar en 2012, de la mano de Denis Bajram y Valérie Mangin en el guión, y de Thierry Démarez en el dibujo, un primer álbum de otra serie paralela, dirigida esta vez a un público adulto: Alix Senator.

Situada en el año 12 a. C. durante el mandato de Octavio Augusto, el protagonista, que ahora peina canas, aparecía convertido en el senador Alix Gracus, a cuyo cuidado se hallaban su hijo Titus y su protegido Kefrén, hijo de Enak, que haría su reaparición en el segundo álbum de la nueva serie: El último faraón, un año después.

Con una ambientación, si cabe, mejorada respecto a la serie original, Alix Senator establecerá una interesante trama política en la que se ven implicados los más altos personajes de la corte: un Augusto atormentado por haber ordenado el asesinato del hijo de su tío-abuelo César ordena transportar los Libros Sibilinos del santuario de Delfos a la misma Roma, a fin de conocer el futuro que espera a su recién creado Imperio, mientras su esposa, Livia Drusila, muy puesta en las artes mágicas, pretende a toda costa asegurar la sucesión a favor de su hijo Tiberio.

Pero la intriga, muy propia del género polar francés, permite al lector, por poco que se detenga, mostrar de una forma seria y a la vez amena el amplísimo marco creencial que rodeaba a aquellas gentes, no solo a los romanos, sino también a los egipcios y a las gentes que habitaban un Próximo Oriente, donde el fuerte impacto de la helenización había dado lugar a un sincrético panteón.
Será precisamente allí, en el santuario de Cibeles en Pesinunte (Anatolia), donde uno de los protagonistas, Kefrén, hijo de Enak, sobrevivirá a la emasculación realizada por los castrados servidores de la diosa en el episodio que nos ocupa, confiriendo a la serie de Alix Senator una perspectiva inusual y que de alguna manera condicionará las siguientes entregas de una serie realmente importante, que aúna de forma notable diversión y cultura, intriga y conocimiento, logrando lo que muchos de los cómics llamados históricos apenas han rozado: contarnos cómo eran, cómo vivían y cómo pensaban y creían nuestro antepasados, sin recurrir a perspectivas anacrónicas, y con un notable respeto. De todas todas, recomendable.

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Portada de El Pais de las Tentaciones número 387





Viernes 23 de Marzo de 2001

Autor: Jose Luis Agreda