lunes, 5 de junio de 2017

COMIC BRITÁNICO SEGUNDO SIGLO


UN REPASO A LA PRODUCCIÓN BRITÁNICA DE 1990

Después de décadas de relativo ostracismo y bajo prestigio, los últimos ochenta vieron a los creadores de comic británicos obtener un aclamo sin precedentes y un estatus reconocido en todo el mundo, culminado con el honor de ser el país invitado en el Salón Internacional del Comic de Angouléme en Francia, en enero de 1990. Esto ha llegado como un agradecimiento por las sofisticadas creaciones de los artistas británicos, ampliamente publicadas en USA, como Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd y Arkham Asylum, de Grant Morrison y Dave McKean. En los noventa, mientras sus obras americanas sigan ganándose la atención, los nacientes proyectos que estos creadores británicos preparan para su propio público, están también llamados a impactar en el mundo entero.

Los comics británicos alcanzaron su primer siglo de vida el 17 de mayo de 1990. Ese mismo día, cien años antes, salía a la venta el primer comic semanal británico, prometiendo en sus ocho páginas «cien carcajadas por medio penique». Desde su inestable comienzo, basado principalmente en reediciones, generalmente sin permiso, Comic Cuts alcanzó la popularidad, censando a dos millones y medio de lectores en 1942, y manteniéndose durante más de tres mil números. Su éxito consolidó la carrera editorial de Alfred Harmsworth, editor de 24 años, quien más tarde fundaría los diarios Daily Mail y Daily Mirror, y una inmensa cantidad de comics a través de su compañía Amalgamated Press. Fleetway Publications es hoy parte del imperio de Robert Maxwell; pero es, sin duda, descendiente indirecta de Comic Cuts tras un largo historial de fusiones y adquisiciones. Para celebrar este centenario, anunció una inversión de un millón de libras en la promoción de sus títulos. Semanarios con larga trayectoria como Eagle, que cumple cuarenta este año, y Buster, de treinta años de edad, fueron relanzados con el a todo color y con un papel de mayor calidad, mientras que apareció una nueva línea de revistas mensuales de 48 páginas a mayor precio, con la ambiciosa Revolver en cabeza. Muchas esperanzas fueron fijadas en torno a esta antología para lectores maduros. La radical mixtura incluía Purple Daze, una biografía de Jimi Hendrix, Rogan Gosh, una mezcolanza psicodélica entre alegre y mística, y Dare, una sátira revisionista del piloto espacial de las páginas de Eagle. Quizás la mezcla era muy radical. Tal vez estas historias, creadas con la longitud de novela gráfica, no soportaban ser serializadas en entregas mensuales de ocho páginas. Lo cierto es que el bajo índice de ventas, apoyado por la exigua distribución de la revista en quioscos, forzó la cancelación de Revolver tan sólo siete números después de su inicio. No hay posible comparación con Comic Cuts, 62 años de carrera, y difícilmente será mejor el comienzo de la historieta inglesa en su segundo siglo.


Fleetway jugó una segunda partida, esta vez más segura, en octubre con la salida de su segundo nuevo mensual, Judge Dreed: The Magazine, erigido alrededor del policía futurista de las páginas del semanario 2000 AD, que ha visto incrementada su popularidad desde 1971. Las ventas partían como garantizadas, y así ha sido, aunque no con cifras espectaculares. Para sorpresa de muchos, el otro semanario de Fleetway, el deliberadamente controvertido Crisis, ha sobrevivido a las ventas modestas recortando la publicación de historietas de producción propia, las mejores de las cuales eran New Adventures of Hitler, oscura y surreal historia de Grant Morrison y Steve Yeowell, y True Faith, cántico apóstata de Garth Ennis y Warren Pleece, reemplazándolas por traducciones de material destinado al mercado europeo, siempre más baratas, como Sinner, de Muñoz y Sampayo, innecesariamente coloreada. En una afortunada colaboración, Amnistía Internacional, denunció las injusticias surafricanas en un ampliamente distribuido número especial de Crisis.

En lo que respecta a sus semanarios juveniles, Fleetway ha invertido grandes sumas en sus clásicas historietas de producción propia; aunque a pesar de añadir color y convertir a Dan Dare en un supermacho vegetariano en las páginas de Eagle -dibujado por Keith Watson y John Burns- el interés de los chicos no ha sido notable, al menos en lo que se lleva publicado. Los jóvenes prefirieron en el 90 agotar Las Tortugas Ninja, el mayor éxito de Fleetway -importado de USA- No es de extrañar, pues, que Fleetway haya adquirido los derechos de los comics Disney en 1991; siempre es más barato reeditar-como comprobó el viejo Alfred Harmsworth en sus comienzos-.

2000 AD, el abanderado de los semanarios de Fleetway, continuó su estable rumbo cosechando éxitos con Rogue Trooper, un Platoon en clave futurista, escrito por el original Dave Gibbons y dibujado por Will Simpson, y Slaine: The Horned God, fantasía bárbara con cierto feminismo subliminal, de Pat Mills y Simón Bisley, recopilada en el primero de tres volúmenes, este álbum de Slaine resultó ser un hallazgo cualitativo en la inauguración de una nueva línea de novelas gráficas de Fleetway. El pasado año la complementaría Troubled Souls, recopilación del docudrama publicado en Crisis, de Garth Ennis y John McCrea, reflejando sus propias experiencias en los numerosos disturbios de Belfast, Irlanda del Norte. Todos los periódicos y revistas se han hecho eco del rumor de la viabilidad del mercado de álbumes, especialmente ahora que una gran editorial como Penguin Books ha irrumpido en este mercado, inaugurado en su día por Titan Books. Animados por el éxito de Penguin con la edición inglesa del Maus de Art Spiegelman, han publicado su antología del Raw a ambos lados del Atlántico, en esta ocasión en un más grueso aunque más manejable formato que el de Maus. El resto de producción de Penguin oscila desde valores seguros en ventas, como las originales Tortugas Ninja, el gran éxito de las pasadas navidades y Tank Girl, de Jamie Hewlett y Alan Martin, una frenética farsa protagonizada por una heroína Acid House, su tanque y su novio, un canguro, hasta libros más innovadores como Mauretania, un escueto y convicente volumen de misterio. Penguin también ha patrocinado unos nuevos premios, los UK Comic Art Awards, votados, no por los aficionados, sino por los miembros de la industria, y presentados en la primera Comic Art Convention, celebrada en Glasgow, Escocia, convenientemente nombrada capital europea de la cultura en 1990.





 Titan books insistió en su inteligente línea de recopilaciones de 2000 AD y coediciones de álbumes norteamericanos sin olvidar otras empresas. Su producción original en Graphic Novel fueron la autobiográfica Spiral Cage, en la que el dibujante Al Davinson, nacido con una terrible malformación, narra los fracasos y triunfos de su vida y la biografía de Reg Smythe, hoy con 72 años y dibujando Andy Capp cada día en el Daily Mirror. Otros periódicos, incluido el augusto Sunday Times, han incorporado historietas, pero aparte de la desgraciadamente desaparecida Sumo Family, de Woodrow Phoenix en el Independent de los domingos, pocas han llegado a la calidad de Alex, el inútil yuppy de Russell Taylor y Charles Peattie publicada diaria¬mente en las páginas del Independent.

El resto de la producción en novelas gráficas incluye: The Complete Alec, la espiritual invocación sobre el amor y las resacas de Eddie Campbell, editada por Acme Press; Seven Ages of Women, prueba del talento que un artista británico puede desplegar dándole una oportunidad; y el serial autoeditado de Alan Moore Big Numbers, un estudio fractal de la vida en (North) Hampton, la localidad donde vive. Todas estas y más fueron exhibidas en Strip Search, la mayor exposición de historieta realizada en Inglaterra, mostrada inicialmente en la Swiss Cottage Library de Londres en 1990, e itinerante a partir del 91.

Marvel UK se introdujo distribuyendo en Gran Bretaña sus novelas gráficas producidas a lo americano, aunque también lo intentó con su propia antología de historietas adulta, Strip, presentando en sus primeros números reimpresiones americanas e importaciones europeas, como Storm o Thorgal, combinadas con las nuevas y atrevidas historias británicas, como la barroca Gengis Grimtoad, de Wagner, Grant y Gibson. Pero la receta no cuajó y una, digamos, recaída hacia la tradicional historieta de ciencia ficción violenta ha sido lo que ha sostenido a la revista durante una veintena de números. Como era de esperar, The Knights of Pendragon, enredando al Capitán Britania en una trama de misterio y horror ecológico e impresa en papel ecológico, ha tenido mucho más éxito. En el frente de las revistas, Deadline, recurrió de nuevo a la modernísima Tank Girl, cambiando editores y añadiendo color, aunque siguen luchando por obtener algo más que una serie de culto. Sólo dos números de la cara antología A1 salieron en el 90, con ocasionales auto-satisfacciones provocadas por algunas piezas excelentes, especialmente la poética Actress and the Bishop de Brian Bolland. Tristemente, el bestseller fugitivo continuó, siendo Viz, que había pasado rápidamente de ser un fanzine de Newcasttle a un superventas nacional. Por alguna razón, su despiadada dieta de desvergonzado humor parece ser el plato favorito de los británicos, lo que ha  hecho que una verdadera legión de imitadores saturaran los quioscos ingleses. El editor de Viz, John Brown, trajo la revista de información sobre comics Speakeasy, con un nuevo estilo, pero fue coartada por el Comics International, un periódico sacado por Dez Skinn tras Warrior en los ochenta. Pero John Brown se prepara para 1991 con un buen contingente de títulos.













Los otros ejecutantes sorprendentes de 1990 han sido Neptune Distributions, con dos maniobras editoriales, Trident Comics y Apocalypse Ltd. Más experimental y modesta, Trident agotó el volumen St. Within's Day de Grant Morrison y Paul Grist, especialmente cuando su historia de un chico inadaptado cuyo máximo anhelo consistía en asesinar a Margaret Thatcher desató las iras de los Tory y consiguió titulares en The Sun. La otra controvertida serie de Trident, Saviour, concibe al anticristo como un superhéroes. Apocalypse, entretanto, ha reunido a varios de los creadores clave de 2000 AD -Pat Mills, John Wagner, Alan Grant, Kevin O'Neill y Mike McMahon- para confeccionar un nuevo y decididamente indecente semanal, Toxic! cuya salida está prevista en marzo de 1991. En un especial de avance de la revista, se presentó Marshall Law, de Mills y O'Neill, originalmente publicada en USA por Epic. Podría ser el primero de unos grandes cambios, destinados a que los autores británicos vuelvan a trabajar, tras haber triunfado en USA, para el recuperado mercado británico. Una razón por la que este retorno se está ya produciendo es que los contratos británicos están comenzando a ser competitivos con los de Epic/Marvel y D.C., a veces incluso superiores, lo que se consigue solamente incrementando el precio por página, royalties y derechos de sus creaciones. Durante décadas los editores no han respetado los derechos de los artistas, a menudo almacenando descuidadamente los originales, muchas veces incluso destruyéndolos, insistiendo en el anonimato de los artistas. Ahora esto ha cambiado, el mercado local es mucho más atractivo, con importantes editoriales de libros como Víctor Gollancz y MacDonald Futura desarrollando proyectos de historieta para este año. Pero el concepto de comic adulto todavía no está aceptado en Gran Bretaña, continuas operaciones policiales en las librerías de comic y la decisión de distribuidores de no importar algunos comics adultos de los Estados Unidos. Cuando uno observa que el que el docudrama gráfico Brought to Light contenga esquemas del proceso de fabricación de un cóctel Molotov puede suponer que todas las copias del libro sean retiradas por la poderosa cadena de librerías de W.H. Smiths, la batalla está lejos de ser ganada. Así, ¿Qué nos deparara este año?. A los historiadores y publicistas podría no gustarle, pero la historia de los comics, como la historia real, nunca se desarrolla en una necesariamente ordenada dirección. Sería mucho más fácil si así fuera, si progresara de acuerdo a un claro desarrollo lineal. Pero sabemos que un paso decisorio hacia adelante puede estar seguido de un retroceso importante. Un título desaparece, otro comienza. Un creador decepciona, y surge un novato prometedor. 1990 ha visto su parte de atrevimientos y decepciones, pero al menos comparada con el desgraciado estado del cine británico este año (o la industria de la música) la historieta británica nunca han estado en una situación tan favorable y a la vez impredecible. Definitivamente To Be Continued...



■ PaulGravett
Paul Gravett es el autor del New Penquin Book of Comics, de próxima aparición, y el comisario de God Save The Comics!, una exposición que se mostrará en el Salón Internacional del Comic de Barcelona en 1991.



Krazy Comics Nº20. Mayo 1991. Editorial Complot. Barcelona

No signal - Keko


Smart Jot Down, El Pais, Nº21. Junio 2017

domingo, 4 de junio de 2017

Transformaciones, literales y de otro tipo

El guionista Straczynski narra cómo Peter Parker ya no es el chico al que picó la araña radiactiva, sino un treintañero que comienza una nueva etapa como Spider-Man.


GERARDO MACÍAS
31 Mayo, 2017




'Marvel Saga 3. El asombroso Spiderman 1'. Guión: Joseph Michael Straczynski. Dibujos: John Romita Jr. Panini Cómics, 2016.


Spider-man/Peter Parker tiene la más completa lista de secundarios: desde su figura materna, la tía May, a Flash Thompson, el abusón de instituto, sin olvidar a Gwen Stacy, primer amor de Peter, que murió trágicamente, ni a la seductora Mary Jane, posteriormente convertida en la esposa del protagonista.

Peter Parker es un icono con el que millones de lectores se han identificado desde su creación en 1962. Sin embargo, desde 1988, los guionistas no acababan de encontrar la manera de hacer que los tebeos de Spider-Man volvieran a aquellos años dorados, en los que había sido el superhéroe incomprendido que cumplía con su deber, aunque tuviera en su contra a las autoridades y al editor del Daily Bugle, J. Jonah Jameson.


Como 1988 había sido el año de la boda del personaje con Mary Jane Watson, la editorial Marvel culpaba erróneamente al enlace matrimonial de la pérdida de popularidad de la colección. Así las cosas, comenzaron a encadenarse argumentos forzados que intentaban deshacer el matrimonio, y sagas interminables sin ningún interés.

Pero realmente, lo que estaba fallando no era el matrimonio, sino el enfoque que se le daba al que había sido el héroe con el que mejor se habían identificado los lectores, pero cuya vida resultaba, desde diez años atrás, artificial.

En 2001, llegó el guionista Joseph Michael Straczynski, que había participado en teleseries como He-Man y los Masters del Universo, She-Ra, La Princesa del Poder, Guerreros sobre ruedas, Los Verdaderos Cazafantasmas, Capitán Power y los Soldados del Futuro, La Nueva Zona Crepuscular, Jake y El Gordo, Se ha escrito un crimen y Walker, Texas Ranger, aunque la fama le llegó por haber creado para la pequeña pantalla en 1993 la serie Babylon 5. En su juventud, había sido lector habitual de Spider-Man, y tenía claro cómo hacer que funcionara: Peter Parker es una persona de carne y hueso a la que hemos visto crecer con nosotros. Era absurdo insistir en que Peter pareciera joven, como hacía la editorial. Si le habíamos visto pasar del instituto a la universidad, y casarse, ¿por qué no dejar atrás esos veintitantos años en los que parecía anquilosado?

Stracynski nos ofrece al Spider-Man de siempre, pero ya no es el chico al que picó la araña radiactiva, sino un treintañero que comienza una nueva etapa. El guionista sabe que la magia de Spider-Man está en su capacidad para acompañar al lector en todos los estadios de su vida. La tía May descubre en estas páginas que su sobrino es Spider-Man, en un símbolo de liberación, gracias al cual Peter afronta por fin quién es realmente. La conversación posterior entre tía y sobrino es sincera, y hace madurar la relación entre los dos personajes, tras quitarse un peso de encima.

¿Cómo se tomaría Mary Jane el salto a la madurez que había dado su marido? Straczynski había dotado de una dimensión increíble a la tía May, y estaba dispuesto a hacer lo mismo con la pelirroja.

La primera aventura de Spider-Man desarrollada por Joseph Michael Straczynski y John Romita Jr. se titula Transformaciones, literales y de otro tipo, ya que narra un paso más en la evolución de Peter Parker y la de Spider-Man. En sus páginas se nos presenta a Ezequiel, un hombre mayor que tiene poderes arácnidos igual que Peter, y plantea una teoría impactante sobre el origen de los mismos; y a un nuevo y espeluznante supervillano: Morlun, un ser sobrenatural que se alimenta de tótems, algo, que según Ezekiel, es Peter Parker.

Spider-Man tiene que encontrar respuestas a las dudas que le crea Ezekiel, ya que serán la clave para vencer a Morlun: ¿La radiación capacitó a la araña para darle esos poderes? ¿O la araña estaba intentando darle los poderes antes de que la radiación la matara? ¿Qué fue antes, la radiación o el poder? Por tanto, paralelamente buscan su camino vital Peter Parker y su alter ego Spider-Man.

Joseph Michael Straczynski se considera uno de los grandes guionistas actuales de Marvel, ha escrito series como El Escuadrón Supremo, Doctor Extraño, Los Cuatro Fantásticos y Thor. John Romita Jr. ha dibujado los cómics más representativos de Marvel como The Amazing Spider-Man, y también el cómic Kick Ass, que ha sido llevado a la gran pantalla.


Malaga Hoy

Corazón de robot

La editorial Astiberri publica la tercera entrega 'Descender', una interesante serie de ciencia-ficción protagonizada por un robot con cuerpo de niño.



JOSÉ LUIS VIDAL
31 Mayo, 2017



Descender 3. Singularidades, Dustin Nguyen, Jeff Lemire 120 páginas. Color, Cartoné. 17 x 26 cm, año 2017. Astiberri


Si le damos un somero repaso (os recomiendo que tengáis alguna noción del idioma inglés) a los cómics que publica la editorial Image, nos daremos cuenta de que entre sus muchas novedades mensuales destacan varias que, gracias a la calidad de su contenido, se han convertido en auténticos bestsellers, tebeos que son nominados y reciben los más prestigiosos premios dentro del mundo de la viñeta.

Esta editorial también se ha convertido en una especie de "catálogo" para productores de cine y televisión, ya que debido a la clara falta de ideas que padece el negocio hollywoodiense, qué mejor que echar un ojo de vez en cuando y adaptar ideas que en el papel funcionan a la perfección (de hecho, muchas de ellas nacen con la única pretensión de ser adaptadas a la gran pantalla, sino que se lo digan a Mark Millar, cuyo sello Millarworld lleva el record de versiones cinematográficas…) o al mega éxito catódico llamado The Walking Dead.


Pero se dan casos curiosos, como el de Descender, una interesante serie de ciencia-ficción, que antes de ser publicada ya tenía detrás de su historia a varias productoras que, con su fino olfato para detectar obras de calidad, se mostraron interesadas en comprar los derechos del cómic para ser llevado a la gran pantalla. Fue la multinacional Sony la que finalmente se llevó el gato al agua. Pero para su guionista, el canadiense Jeff Lemire, esta situación no era nueva, ya que su aclamada trilogía Essex Country tendrá también su versión catódica.

Pero hablemos de Descender, el cómic, del cual Astiberri publica como novedad de junio su tercer volumen. Para los que no la conozcan, pongámonos un poco en situación. En su primer tomo, titulado Estrellas de hojalata, nos trasladamos a un futuro lejano en el tiempo, el CGU (Consejo Galáctico Unido) gobierna sobre una colación de planetas, en unos mundos muy diferentes entre sí, cada uno con sus propias características.

Los robots y los humanos conviven en perfecta armonía, estas máquinas han venido a cubrir muchos huecos en la sociedad, tanto haciendo labores profesionales, así como ocupando un lugar en la vida de muchas familias.

Todo parece funcionar a la perfección hasta un aciago día en el que el cielo se oscurece. Unos enormes colosos robóticos llamados Cosechadores atacan a los principales planetas de la coalición, sembrado el caos y la muerte… ¿Por qué ha ocurrido esto? Nadie parece saber la respuesta.

Pasan los años y un niño despierta en la más absoluta de las soledades, su nombre es Tim 21 y, bueno, rápidamente descubriremos que las apariencias engañan, ya que se trata de un robot de compañía, único superviviente de la colonia minera Dirishu-6. A partir de aquí, abrochaos los cinturones porque la acción se va a acelerar y multitud de personajes, ya que ésta es una historia coral, van a entrar en escena.

Desde el ataque de los Cosechadores nació un sentimiento de odio hacia los robots, por lo que hay planetas en los que son directamente ajusticiados de la manera más cruel posible. Pero, a la vez, ha nacido un movimiento robótico, liderado por Psius, un robot, en el que ocurre todo lo contrario. Se odia al hombre, tratando de formar una nueva sociedad compuesta solamente por máquinas.

¿Qué, os parece interesante? Pues éste es solo el principio, ya que, desde mi modesta opinión, nos encontramos ante una de las mejores series de ciencia ficción del momento (con el permiso de la también genial Saga, claro está) en la que sus creadores, el prolífico guionista Jeff Lemire (Black Hammer, Moon Knight, Old Man Logan… ) y el dibujante Dustin Nguyen (Authority: Revolución; American Vampire…) nos platean una historia en la que acompañaremos al inocente Tim 21 (recordad que tiene la conciencia de un niño) a través de mil y una peripecias, ya que él sin saberlo se ha convertido en el principal peón de un juego en que tanto la CGU, que envía a uno de sus principales agentes para atraparlo, la expeditiva Telsa Nagoki, como el mercenario Andy Tavers, junto a Reina Intermedia (una humana con implantes robóticos) van detrás del chico. A esta ecuación sumad un sosias malote llamado Tim 22.

En este tercer volumen, titulado Singularidades, Lemire hace un alto en el camino y en cinco geniales retratos (como indican sus portadas) retrocede en el tiempo y nos cuenta, en modo flashback, las historias de los principales protagonistas de esta absorbente trama: Tim 22, Telsa Naoki, el perro robot Bandido, Andy Taverns y Effie (antes de transformarse en una ciborg) y finalmente otro robot trabajador,Taladro, contestando a muchas preguntas y misterios que se han ido diseminando por el camino.

¿Pueden los robots tener sentimientos? En Descender encontrareis la respuesta…


Malaga Hoy

Circe contra Diana

Diseñado para el 50º aniversario del personaje, 'La guerra de los dioses' es el arco argumental que culmina la Wonder Woman de Pérez y compañía.

JAVIER FERNÁNDEZ
31 Mayo, 2017



"Wonder Woman: La guerra de los dioses". George Pérez, Jill Thompson y otros. ECC. 304 páginas. 29,50 euros.


A toda máquina, aprovechando quizá el tirón de la película que se estrenará en breve, sigue ECC recuperando cómics y más cómics de Wonder Woman. De una presencia escasa en librerías se ha pasado a la abundancia en cuestión de meses, y ya puestos ¿por qué no soñar con la edición en español de la etapa por antonomasia del personaje, los tebeos originales de Marston y Peter de los años 40?

Sueños aparte, de los tomos del personaje que han visto la luz por aquí recientemente, les recomiendo dos: Wonder Woman: La guerra de los dioses y Grandes autores de Wonder Woman: Greg Rucka - Reflexiones. El primero recupera los cuatro episodios de la miniserie homónima, más los números 58 a 62 de Wonder Woman (publicados en inglés entre septiembre de 1991 y febrero de 1992), es decir, el final de la que es, sin duda, la etapa más influyente de la era moderna del personaje, la de George Pérez. El apreciado dibujante se sumó a la ola de actualizaciones de personajes del universo DC posterior a las Crisis en Tierras Infinitas con una bella y modélica versión de la princesa amazona, en la que se reforzaban los lazos de Diana con el panteón mitológico y se recuperaba el espíritu feminista de la serie (no solo en lo temático, también con una nutrida presencia de mujeres en los títulos de crédito; ahí queda, como ejemplo, el histórico segundo anual de la cabecera, editado, dibujado, entintado, coloreado y rotulado por mujeres). Y es que Pérez, que se implicó con los argumentos de la serie desde el inicio, se doctoró en Wonder Woman como artista completo y posteriormente abandonó el tablero de dibujo y se concentró solo en los guiones (otra escritora, Mindy Newell colaboraría con él durante, aproximadamente, un año). En su aventura como guionista, lo acompañaron los dibujantes Chris Marrinan, Tom Grummett o Joe Phillips, pero también las dibujantes Cynthia Martin, Colleen Doran y, muy especialmente, Jill Thompson, que es precisamente quien se encarga del tramo último de la etapa.


Diseñado para celebrar el 50º aniversario del personaje, La guerra de los dioses es el arco argumental que culmina la Wonder Woman de Pérez y compañía. Dioses griegos, dioses romanos, los Nuevos Dioses creados por Jack Kirby y un sinfín de personajes asoman por estas páginas en las que Diana hace frente a las maquinaciones de Circe. Dibuja una miríada de artistas, entre ellos el propio Pérez que firma bocetos, páginas a lápiz y la mayoría de las portadas de un volumen que se completa con una galería de ilustraciones de Chris Sprouse.

Por su parte, Reflexiones es el título del primer tomo de la colección Grandes autores de Wonder Woman dedicado a recuperar otra celebrada etapa del personaje, la del escritor Greg Rucka. Si les gustó Hiketeia, este es su cómic. El ejemplo perfecto de cómo interpretar a Wonder Woman en el siglo XXI. Van los números 195 a 205 de Wonder Woman (2003-04), con dibujos de Drew Johnson, Stephen Sadowski y Shane Davis, más unas portadas de Adam Hughes y J. G. Jones, entre otros, que quitan el aliento.


Malaga Hoy


Un tebeo precioso



JAVIER FERNÁNDEZ
31 Mayo, 2017



'Shazam: El poder de la esperanza'. Paul Dini, Alex Ross. ECC. 72 páginas. 12,50 euros.

Con Shazam: El poder de la esperanza, ECC culmina la reedición del puñado de novelas gráficas del guionista Paul Dini y el dibujante Alex Ross que reinterpretaron desde una óptica realista las principales figuras del universo DC (Superman, Batman, Wonder Woman, la JLA y Shazam). Como en el resto de títulos de la serie, el héroe protagonista se enfrenta con un problema más propio del mundo real que de la ficción: Billy Batson, el álter ego de Shazam, recibe una carta de un niño enfermo terminal y decide aparcar las faenas superheroicas y emplear su tiempo con otros niños en similares circunstancias, tratando de llevarles algo de esperanza. La emocionante premisa argumental de Dini cobra vida ante nuestros ojos gracias al arte hiperrealista de Ross, y el resultado es un tebeo precioso que hace justicia al larguísimo legado del Capitán Marvel original.



Malaga Hoy

Una edad de oro



JAVIER FERNÁNDEZ
31 Mayo, 2017




'Flash de Geoff Johns: El país de las maravillas'. Geoff Johns, Ángel Unzueta y otros. ECC. 368 páginas. 33,50 euros.

Cuando la editorial ECC se dispuso a reeditar la magnífica etapa de Flash escrita por Geoff Johns entre 2000 y 2005 (una de las mejores de la historia del velocista), resultó un poco raro que no comenzase por el principio. Los dos primeros tomos de la colección, Ignición y La guerra de los villanos, contienen los números 201 a 225 del volumen 2 de Flash, es decir, el último tramo de una temporada que se desarrolló ininterrumpidamente desde el número 164. Por fin, el tercer tomo, El país de las maravillas, viaja hasta el año 2000 y nos ofrece los números 164 a 176, para gozo de los aficionados a Flash. (Y a estos, recuerdo que estamos de enhorabuena porque también se está reeditando en estos momentos esa maravilla que es el Flash de Mark Waid, publicada originalmente en la década de 1990.)

Mucho antes de revolucionar el universo DC desde Green Lantern y con eventos tan sonados como Crisis Infinita o Flashpoint, éxitos que le granjearían a la postre el cargo de presidente de DC Entertainment, un joven Johns llegó a Flash para cubrir el hueco entre el final de la etapa de Mark Waid y la llegada del nuevo equipo creativo compuesto por Jerry Ordway y Scott Kolins. Lo que para otro podría haber sido un trabajo de compromiso, para Johns fue una oportunidad de oro (no en vano, Flash era su personaje favorito), y así, junto con el dibujante Ángel Unzueta, tejió un sólido y movidísimo argumento en seis partes que hacía uso del imaginario de Lewis Carroll. Lo que son las cosas, Ordway se desvinculó de la cabecera antes de comenzar, y Johns pasó rápidamente a ocupar el puesto de guionista regular de la serie, ahora con Scott Kolins en el apartado gráfico. Una nueva edad de oro había comenzado para el superhéroe, como puede comprobarse leyendo este tomo.

El país de las maravillas, ya lo he dicho, contiene los primeros 13 cómics de Flash debidos a Johns, más el especial Flash: Iron Heights (2001), dibujado por un artista que sonará a todos los que hayan seguido el trabajo del guionista en Green Lantern: Ethan Van Sciver.


Malaga Hoy

'Crossover' de los 90



JAVIER FERNÁNDEZ
31 Mayo, 2017

'Superman: Pánico en el cielo'. VV. AA. ECC. 296 páginas. 29,50 euros.

Tras haber rescatado la famosa saga de la muerte y el regreso de Superman, ECC retrocede un poco y nos presenta ahora Superman: Pánico en el cielo, otro crossover de los 90 (con Brainiac como villano y un montón de superhéroes invitados) realizado por los artistas habituales de la época: Dan Jurgens, Jerry Ordway, Louise Simonson, Roger Stern, etc. El volumen compila los números 674 a 676 de Action Comics, 488 a 490 de Adventures of Superman, 65 a 67 de Superman y 9 a 11 de Superman: The Man of Steel, todos de 1992. Además de la larga aventura del título, van el puñado de episodios posteriores, y es una suerte que podamos disponer al fin de una edición digna de esta controvertida, pero interesante etapa del Hombre de Acero.

Malaga Hoy

sábado, 3 de junio de 2017

El botones más famoso del mundo

La muestra ‘Spirou en Madrid’ en Casa del Lector profundiza en la historia de un personaje de cómic creado en 1938 y que aún hoy sigue teniendo vigencia


PABLO LEÓN

Madrid 2 JUN 2017
Cuando al dibujante francés Rob Vel le pidieron que creara un personaje de ficción para un magacín juvenil, tuvo claro dónde buscar inspiración. Basado en su propia experiencia, como camarero en barcos navieros, Rob Vel ideó en 1938 a Spirou, un botones que trabajaba en el hotel Moustique y al que le pasaban todo tipo de aventuras. “Se trata del personaje de cómic de la escuela franco-belga más antiguo y que sigue en activo”, cuenta Lorenzo Soto, responsable de programas con jóvenes lectores de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez-Casa del Lector. Desde esta institución, en colaboración con Dibbuks (editora actual de la serie), han organizado Spirou en Madrid (hasta el 11 de julio), una ambiciosa exposición que evidencia el legado y la relevancia del botones más famoso del mundo.





Spirou y Fantasio en la Gran Vía en la ilustración realizada para la muestra por Pepe Larraz y María Emegé. PEPE LARRAZ / MARÍA EMEGÉ

“A pesar de su importancia e influencia, Spirou es un personaje no tan conocido en España”, apunta Soto. El botones apareció en plena Guerra Civil, antesala de la II Guerra Mundial, por lo que sus primeras aventuras llegaron al público español en los años sesenta. “Y en esa época no se podía acceder a muchos cómics de fuera: de la línea clara [estilo de historieta caracterizado por la definición exacta de la línea y por una narrativa clásica] Tintín. Y apareció tarde. Por lo que esta muestra es una buena oportunidad para conocer al personaje”, relata Soto.


Así, se puede recorrer la vida del botones —que, como Tintín, acabó siendo periodista, pero que nunca perdió su característico traje rojo— y la de sus colegas Fantasio, la ardilla Spip o el Marsupilami a través de la reinterpretación que han realizado un centenar de interesantes ilustradores como Pepe Larraz, Marta Alonso Berná, Juan Berrio, Jorge González, Sonia Moruno, María Emege... También se pueden hojear volúmenes de todas las épocas del héroe.

Aunque Spirou fue ideado por Rob Vel —a petición de la editorial belga de Jean Dupuis—, a diferencia de otros héroes del cómic se trata de un personaje coral: muchos dibujantes le han dotado de personalidad. “Se podría decir que tiene varios padres, cada uno con su estilo. Y que cuenta con diferentes series”, aclaran desde Dibbuks, que sigue publicando tanto la serie regular como un conjunto de cuidados volúmenes-homenaje (Una aventura de Spirou por...).

Una de esas interpretaciones es El pequeño Spirou, curiosamente mucho más popular en España que su encarnación adulta: “Ese éxito se debe a la popularidad que obtuvo gracias a la prensa, concretamente por El Pequeño País”, dice Lorenzo Soto. El mozalbete también vestía de rojo botones, pero tenía un carácter diferente de su versión adulta —“más canalla y cabroncete”, bromea Soto—.

Todas esas versiones han dotado a Spirou de una influencia mayor que otros personajes, tanto cultural —el Botones Sacarino guarda parecidos razonables con Spirou— como generacional. “Algunos espectadores descubrirán los orígenes del héroe”, resume Soto, “otros se reencontrarán con el personaje y se lo enseñarán a sus hijos”.



DE TRABAJADOR EN UN HOTEL A PERIODISTA


La idea original de Spirou fue de Jean Dupuis, fundador de la editorial belga homónima. En 1938 el dibujante francés Rob Vel (Robert Velter) le dio forma como un conserje del ficticio hotel Moustique protagonista de diversas aventuras en la publicación Le journal de Spirou. En ese periodo, también le dieron forma otros dibujantes destacando las aportaciones de Jijé.

En 1947 Franquin comienza a dibujar al personaje. A Fantasio, periodista e inseparable colega de Spirou, se unen Marsupilami, un avispado y curioso animal de color amarillo y manchas negras; el Conde de Champignac, un científico ilustrado y alocado; o Zantafio, primo maligno de Fantasio y archienemigo de los héroes. Sus aventuras se relatan ahora en historias conclusivas.

Franquin dio en 1969 el relevo a Fournier, que introdujo en la serie temas como la contaminación ambiental o el peligro de las dictaduras. Nic & Cauvin fueron los siguientes responsables de diseñar al ahora periodista Spirou (entre 1980 y 1983). Tome & Janry firmaron sus historietas hasta 1998 para dar el testigo a Morvan & Munuera (desde 2004 hasta 2007). Los últimos responsables de la serie regular son, desde 2010, Yoann & Vehlmann, aunque otros dibujantes (Trondheim, Emile Bravo...) han realizado varios homenajes.


El Pais


viernes, 2 de junio de 2017

Pharaohs por Victor Puchalski

Autoeditados o publicados por editoriales como Autsaider Cómics, las historias de Victor Puchalski le han convertido en uno de nuestros mejores autores underground.



Tentaciones, El Pais, Número 25- Junio 2017

domingo, 28 de mayo de 2017

Aventuras y terror


JAVIER FERNÁNDEZ
24 Mayo, 2017




 
'Viejos descubridores'. Marc Tinent, Lourdes Navarro. Panini. 72 páginas. 12,95 euros.

El sello Evolution de Panini nos presenta Viejos descubridores, el álbum de Marc Tinent y Lourdes Navarro que se alzó ganador de la Beca Carnet Jove Connecta't al Còmic 2016. Ágil y divertido, el tebeo narra la imposible reunión de cuatro conocidos exploradores, dos décadas después del descubrimiento de América: Cristóbal Colón, Alonso de Ojeda, Américo Vespucci y Juan Ponce de León. Estos cuatro "viejos descubridores" que dan título al asunto dejarán a un lado las diferencias personales y se embarcarán en la empresa más asombrosa de su ya larga trayectoria, la búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud, que supuestamente se halla al norte de la Hispaniola, en la isla de Bimini. Aventuras y peligros se suceden en una obra en la que, además de la premisa argumental urdida por Tinent, destacan las caracterizaciones de los personajes y las relaciones entre ellos, y en la que brilla con luz propia el apartado gráfico. Navarro construye una estética de fantasía y de tintes infantiles, de formas cálidas, con el color como protagonista y la atmósfera y el paisaje como dos personajes más de la historia. Viejos descubridores tiene los elementos para convertirse en una serie, y para saltar de la página a la pantalla.





Hablando de pantallas, les recomiendo el volumen Cinema Purgatorio, otro título de Evolution que mezcla el terror con motivos del cine clásico. El libro recopila los tres primeros números de Alan Moore's Cinema Purgatorio, publicados en origen por Avatar, una suerte de revista colectiva compuesta por cinco series de episodios autoconclusivos, siempre en blanco y negro: Cinema Purgatorio, de Alan Moore y Kevin O'Neill; Código Pru, de Garth Ennis y Raúlo Cáceres; Modis, de Kieron Gillen e Ignacio Calero; Una unión más perfecta, de Max Brooks y Michael DiPascale; y Colosal, de Christos Gage y Gabriel Andrade. Hormigas gigantes en la guerra de secesión, monstruos aún más colosales que invaden las ciudades, Frankenstein paseando por la Gran Manzana… Bueno, ya se hacen ustedes una idea.

Malaga Hoy


El color de la nostalgia


'Azul' nos devuelve a los tiempos de la seminal etapa de Stan Lee y John Romita, a los días en que Peter Parker se enamoraba de Stacy.

JAVIER FERNÁNDEZ
24 Mayo, 2017




'Spiderman: Azul'. Jeph Loeb, Tim Sale. Panini. 168 páginas. 15 euros.

El equipo creativo compuesto por el guionista Jeph Loeb y el dibujante Tim Sale encadenó en la década de los 90, y para la editorial DC, una serie de obras sobresalientes del género de superhéroes, comenzando por la miniserie Investigadores de lo desconocido (1991). A la citada puesta a punta del grupo creado por Kirby en 1957, siguieron títulos de Batman tan recordados como Caballero maldito (compuesto por varios especiales de la serie Legends of the Dark Knight publicados entre 1993 y 1995), la obra maestra El largo Halloween (1996-97) y su continuación Victoria oscura (1999-2000), más uno de esos tebeos de Superman que se listan entre los mejores del personaje: Las cuatro estaciones (1998). Con todos estos títulos en su haber, Loeb y Sale aterrizaron en Marvel en el siglo XXI, dispuestos a seguir asombrando a los lectores. Para la Casa de las Ideas, el dúo había firmado la miniserie Lobezno/Gambito: Víctimas (1995), en plena efervescencia mutante, pero el resultado no puede compararse con los trabajos realizados para la competencia, así que tocaba superarse. Y lo hicieron.

Los seis números de Daredevil: Amarillo (2001-02) definieron el tono de lo que acabaría siendo una serie de revisiones nostálgicas de algunos de los personajes más emblemáticos de Marvel. Amarillo toma la muerte de Karen Page como excusa para visitar los primeros días del Hombre sin Miedo, una estrategia que había funcionado a la perfección en El largo Halloween y Las cuatro estaciones y que aquí resulta aún más emocionante. La historia es narrada por un afectado Daredevil, quien se dirige en primera persona a la fallecida para intentar desahogarse, superar la pérdida y combatir el miedo que le ha provocado su muerte. Lo que sigue es un bello homenaje al pasado remoto del héroe, a sus inicios y a los inicios de su propia relación con Karen. Loeb se toma sus licencias con la continuidad, de modo que Amarillo acaba siendo una reinterpretación libre de los viejos cómics de Daredevil que pueden leer y disfrutar los lectores nuevos y los más veteranos. Y claro está que el mayor interés de la obra reside en la singularísima puesta en escena de un Sale en estado de gracia, potenciado por el fabuloso coloreado de Matt Hollingsworth.

Animados por el éxito de su trabajo con Daredevil, Loeb y Sale repitieron la fórmula en tres ocasiones más: Spiderman: Azul (2002-03), Hulk: Gris (2003-04) y la accidentada Capitán América: Blanco (2008-15). De estos otros tres ejercicios de nostalgia, destaca sobremanera Spiderman: Azul, un cómic imposible de leer sin sentir un nudo en la garganta, y es que pocos temas resultan más emocionantes para el aficionado al trepamuros que el recuerdo de su relación con Gwen Stacy. Azul nos devuelve a los tiempos de la seminal etapa de Stan Lee y John Romita, a los días en que Peter Parker se enamoraba de Stacy, con Mary Jane Watson al fondo de la escena, todo ello rememorado muchos años después, un día de San Valentín, por Parker ya casado con Mary Jane. Una delicia en toda regla.

Malaga Hoy

Revolucionaria intervención

JAVIER FERNÁNDEZ
24 Mayo, 2017
'Marvel Deluxe: Capitán América, 15: Nuevos órdenes mundiales'. Ed Brubaker, Patrick Zircher. Panini. 208 páginas. 19,95 euros.

Se acabó lo que se daba. El decimoquinto tomo del Capitán América en la colección Marvel Deluxe ofrece el final de la larguísima y revolucionaria intervención de Ed Brubaker en la franquicia del superhéroe abanderado. Nuevos órdenes mundiales recopila los números 11 a 19 del volumen 6 de Captain America (2012). Los ocho primeros episodios presentan dibujos de Patrick Zircher y Scot Eaton, que se reparten cuatro cada uno, y el noveno está dibujado por Steve Epting, de regreso junto con el colorista Frank D'Armata para cerrar el círculo con brillantez. Hablamos de una de las series de superhéroes más importantes de lo que va de siglo, así que el tomo me parece sencillamente imprescindible. Y los 14 anteriores también.

Malaga Hoy


Sofisticada virguería



JAVIER FERNÁNDEZ
24 Mayo, 2017 -





'Marvel Gold. Los Defensores: Los hombres cabeza'. Steve Gerber, Sal Buscema. Panini. 304 páginas. 28 euros.

Con Los Defensores: Los Hombres Cabeza, Panini completa la recuperación de la mítica etapa de Steve Gerber al frente de Los Defensores, publicada originalmente a mediados de la década de 1970. Con lápices de Sal Buscema y tintas de Jim Mooney y Klaus Janson, estos últimos episodios de Gerber son una sofisticada e inclasificable virguería, demasiado avanzada para su tiempo, anticipo de los posteriores delirios de tipos como Grant Morrison. Personalmente, la considero una de las lecturas esenciales de la Marvel de su tiempo y ha envejecido tan bien que la sigo considerando hoy una lectura más que recomendable. Van aquí los episodios 30 a 41 de The Defenders (1975-76; ojo, el primero es un fill-in de Bill Mantlo y Sam Grainger, no digan que no les avisé), el Annual 1 (1976) y el Marvel Treasury Edition 12 (1976), con el mismísimo pato Howard como invitado.

Malaga Hoy

Detective a pesar suyo

René Pétillon es el creador de Jack Palmer, un detective desgarbado y contrahecho. Las historias tratan con sátira temas de calado como el velo islámico o el terrorismo.

GERARDO MACÍAS
24 Mayo, 2017



'El caso del velo'. René Pétillon. Norma Editorial, 2006. Edición original francesa, 'L'affaire du voile' (Albin Michel, 2006).

Jack Palmer es un detective narigudo, de estatura irrisoria y porte más bien contrahecho, a medio camino entre Colombo y Phillip Marlowe, que se viste con gabardina (aunque le queda grande) y sombrero a la moda de los años 50, como el del inspector Clouseau.

Jack Palmer nació en la revista Pilote, concretamente en la historieta Una ensalada sagrada, como parodia de los clásicos del género negro. Fue creado en 1974 por el dibujante y guionista francés René Pétillon, haciendo gala de un humor absurdo inspirado en los hermanos Marx, sin perder de vista la capacidad crítica del cómic underground. Se convirtió muy pronto en su obra fetiche, contando hasta la fecha con quince álbumes.

Pétillon involucra a su personaje en los temas de actualidad, haciendo una demoledora crítica. Esta fórmula le funcionó perfectamente en El archivo corso (2000) con una durísima visión del terrorismo corso, ácida con terroristas, el Gobierno y todos los implicados, y con la que se atreve con el espinoso problema del integrismo islámico en Francia en El caso del velo (2006). En esta historia, Palmer tiene un nuevo caso: localizar el paradero de la hija adolescente de un cirujano y una dentista que ha desaparecido. Las primeras pistas le conducen al barrio árabe de París, donde cree descubrir que la adolescente en cuestión se ha convertido en una musulmana practicante y fundamentalista ante la oposición de sus padres.

Pétillon se inspira en hechos reales y localiza esta historia en París, donde el Islam es la segunda religión mayoritaria. El autor consigue ofrecer su perspectiva de la realidad islámica en Francia, invitando al lector por la vía del humor a reflexionar sobre los excesos ideológicos.

Llevar o no velo en Francia sigue siendo una cuestión muy polémica. Las leyes que prohíben portar símbolos religiosos como el velo islámico en las escuelas públicas francesas provocaron numerosas revueltas por todo el país.

Esta historia fue realizada coincidiendo con los disturbios que se iniciaron a finales de octubre de 2005 cerca de París y duraron hasta mediados de noviembre. Los disturbios se caracterizaron por el incendio de coches y por violentos enfrentamientos entre cientos de jóvenes y la Policía francesa, que comenzaron tras la muerte de dos jóvenes musulmanes de origen africano mientras escapaban de la Policía en un suburbio del este de París. Este cómic se publicó en Francia en 2006, con los sucesos aún recientes.

Pétillon describe a unos personajes tan cercanos como comprensibles, haciendo que jóvenes francesas aparezcan como integristas, que integristas discutan con moderados, y que moderados defiendan el modelo francés burgués.

Todos son caricaturizados: los musulmanes integristas, los moderados, los jóvenes hijos de inmigrantes descreídos y occidentalizados, el machismo musulmán, la actitud de la mujer musulmana ante el machismo... Pero también se caricaturiza a los occidentales: políticos, burgueses acomodados y supuestos solidarios con el mundo musulmán.

Pétillon retrata dos vertientes del Islam: una es más radical, extremista y muy arraigada a sus costumbres y otra es más acorde a las formas de vida de una sociedad cosmopolita.

René Pétillon (Lesneven, 1945), entra en 1972 en la prestigiosa revista Pilote. Especializado en el dibujo humorístico, ha colaborado en cabeceras del tebeo galo, como L'Echo des Savanes, BD y Fluide Glacial. Sus álbumes han llegado a vender 80.000 ejemplares sólo en Francia. Es considerado uno de los máximos representantes de la historieta de humor francobelga.

Recibe en 1989 el Gran Premio del Festival de Angoulême. En 2001 se le otorga el Premio al Mejor Álbum en el mismo festival con El archivo corso.

El director y guionista Alain Berberian, motivado por la gran acogida que El archivo corso tuvo entre el público galo, la trasladó a la gran pantalla en 2004, con el papel de Jack Palmer interpretado por Christian Clavier. En España se estrenó al año siguiente.

Jack Palmer o detective a pesar suyo es una serie de animación de 30 episodios de un minuto treinta, realizada por Jacky Bretaudeau, Luc Vinciguerra y René Pétillon, que se estrenó en 2001 en Canal +.

Malaga Hoy


Peripecias sin fin

Dolmen afronta una nueva apuesta con la creación de la línea de cómics 'Sin fronteras'. Rescata las aventuras de Johnny Hazard, Flash Gordon y Jungle Jim.

JOSÉ LUIS VIDAL
24 Mayo, 2017



El día a día del héroe de cómic (remitámonos, por favor, al de los tebeos más clásicos) es un no parar. En contadas ocasiones lo veremos realizar acciones cotidianas como tomar un café, sentarse a leer un libro o ese saludable ejercicio que hay que realizar de vez en cuando: procastinar.

No, siempre habrá un malvado plan, un enemigo en la sombra, una femme fatal con un puñal oculto en la media, seres de distantes planetas con ansias de conquista, monstruos casi invencibles, fieras de la jungla… Y así hasta una lista interminable de peligros, que hacen que el protagonista de estas historias no descanse ni un solo segundo.

Si a este recurso argumental le añadimos un formato, el de las tiras diarias (daily strips) o las páginas dominicales (Sunday Pages) , la dificultad narrativa se duplica, ya que cada final de tira o página ha de culminarse con lo que ahora conocemos como un cliffhanger, o sea, un momento de máxima emoción o peligro, en el que la mayoría de la veces, la vida del protagonista y/o la de la bella dama que rescata está pendientes de un fino hilo…

La pasión por revisitar aquellas clásicas aventuras parece haber vuelto, y editoriales como Dolmen se convierte en abanderada de este "movimiento". Si ya hace algunos años que viene publicando en su línea Fueraborda, lo mejorcito de la BD francobelga (Johan & Pirluit; Los Hombrecitos; Quena y el Sacramús…), desde hace un par de meses se han lanzado de cabeza a la recuperación de algunas de las mejores series clásicas publicadas en los periódicos norteamericanos.

Comenzando por los años treinta, la primera serie que se recopila es la perteneciente a Johnny Hazard, las aventuras bélicas de este joven aguerrido, algo bravucón y conquistador de féminas comienza justo cuando sus compañeros de escuadrón lo creen perdido, desaparecido y capturado por el enemigo (los implacables nazis en este caso particular). Johnny, junto a sus inseparables compañeros Loopy y Scotty escaparán de su reclusión, reapareciendo para sorpresa de todos aquellos que ya los daban por muertos.

Y aquí comienzan, o debería decir, continúan las aventuras de este aviador, siempre con un tono algo ligero y en las que su creador, Frank Robbins, vino a demostrar lo que todos los que rodeaban ya sabían: que desde la más tierna infancia el dibujo había sido lo suyo, convirtiéndolo en un auténtico niño prodigio que, gracias a varias becas, se fue abriendo camino en el mundo del arte, la ilustración para revistas de primera línea (Life) o el trabajo en el medio cinematográfico.

Siempre hay una gran obra que marca la trayectoria de un autor, en el caso de Robbins, Johnny Hazard fue la obra de su vida, en la que ocupó más de treinta años, aunque también es admirado, y mucho, por su posterior salto al mundo de los cómic books, donde dejó su imborrable huella en las dos grandes, Marvel y DC Comics.

Y continuando con el sello Sin fronteras, en el pasado mes de abril publicó una auténtica maravilla, tanto por su gigantesco formato (se ha optado por respetar la concepción de la página de periódico de la época, con la inclusión de las dos series) como por lo que contiene, un auténtico tesoro. Me refiero, claro está, a las series Flash Gordon y Jungle Jim.

¿Quién no conoce al rubio héroe espacial? Bien sea por haber leído sus cómics o disfrutado de sus aventuras animadas o la genial película cuya banda sonora compuesta por los míticos Queen todos recordamos o tarareamos. Pues bien, aquí está de vuelta, en toda su grandeza. El inesperado y obligado viaje más allá de las estrellas al que es obligado el protagonista, junto a la bella Dale Arden, por el científico Hans Zarkov (que en aquellas primera páginas podía ser calificado como un mad doctor en toda regla, aunque luego se redimiría) y su destino, el letal planeta Mongo, repleto de bestias sedientas de sangre y enemigos que surgían de cualquier lugar. Aunque el que se llevaba la corona (y nunca mejor dicho) fue el temible Ming, cuyo odio hacia el protagonista lo llevaba a someterlo a una y mil torturas de las que, afortunadamente, el ex jugador de polo lograba escapar.

Si Frank Robbins fue un joven dotado para el arte, Alex Raymond, el padre de Flash Gordon y Jungle Jim (más aventuras en la jungla, rodeado de fieras, valientes féminas y enemigos implacables) no lo fue menos, y en estas maravillosas páginas seremos testigos de su brutal evolución, que lo convirtieron en uno de los Grandes de la Viñeta.

Para concluir, reseñar que la enorme tarea de recuperar, coordinar esta línea, ha recaído en el escritor gaditano Rafael Marín (como ya nos explicó hace poco en la Feria del Libro) que, junto a un equipo formado por Jesús Yugo, José Joaquín Rodriguez , Diego de los Santos y Diego García Cruz, están realizando una auténtica labour of love para que los lectores podamos disfrutar de estos clásicos, auténticas maravillas del Noveno Arte.


Malaga Hoy

miércoles, 24 de mayo de 2017

HEINRICH KLEY

 EL HUEVO DE LA SERPIENTE
En ninguno de esos modestos diccionarios enciclopédicos, de seis o siete tomos, que casi todos tenemos en casa, se encuentra referencia alguna a un ilustrador alemán llamado Heinrich Kley. Fue una especie de francotirador del arte de su tiempo, que tuvo la desdicha de debatirse entre la burguesía de la Alemania de principios de siglo, el nacimiento del nazismo, dos guerras que desangraron a Europa y una moral de miras estrechas, factores poco propicios a la sátira, a la ironía crítica, al erotismo a veces encubierto y a veces descarado y a la molesta forma de arte corrosivo que fue la verdadera vocación de un genio prácticamente desconocido en nuestros días —y también en los suyos— y que se llamó Heinrich Kley.







 Uno de los pocos datos seguros que de él se tienen es el de la fecha de su nacimiento: el año 1863, en Karlsruhe. Estudió arte en la academia de su ciudad natal y acabó sus estudios en Munich. Sus primeros trabajos, fechados entre 1888 y 1892, consistieron básicamente en retratos, paisajes, escenas callejeras y pinturas "históricas", entre las que no se encuentra ninguna obra digna de mención. A partir de 1892 comienza a ejecutar obras de encargo, como "Acero fundido en la fábrica Krupp", en la que parece tratar de imprimir un hálito de poesía en el frió mundo de la maquinaria de guerra moderna. Otros trabajos de aquella época son dos importantes murales que se encuentran en la oficina de correos de Baden-Baden, titulados "La consagración del altar romano a Mercurio" y "Paseo del Kaiser Guillermo I". Pero nada en él anuncia el estilo de apuntes rápidos a plumilla que la valdría la relativa fama de la que gozó en nuestro siglo. Los primeros trabajos de este estilo comienzan a aparecer en una revista cultural de Munich, titulada "Die Jugend" (La juventud), y son una serie de notables apuntes a plumilla y tinta china firmados solamente "Kley". Algunas veces son en blanco y negro y en otras ocasiones con mancha de aguada a color, casi siempre sin títulos ni comentarios. Su característica más destacada es una técnica satírica muy personal, y los





 temas tratados oscilan entre la caricatura y la fantasía más desenfrenadas, llegando en muchas ocasiones a una amarga semiobseenidad. Eran los primeros dibujos "maduros" y adultos de uno de los mejores ilustradores de la época moderna. Aquellos dibujos despertaron un gran interés en Munich y la gente del ambiente artístico comenzó a preguntarse con curiosidad quién era aquel desconocido "Kley". Entonces se descubrieron sus trabajos anteriores y llegó la sorpresa. Heinrich Kley era el último artista de quien se hubieran esperado aquellas extrañas fantasías, ya que hasta 1908, fecha en que comenzaron a aparecer sus primeros apuntes a plumilla en "Die Jugend", no había sido nada más que uno de tantos mediocres artistas académicos como se daban en la Europa de principios de siglo.

A partir de aquel momento, otras publicaciones se interesaron por publicar la obra de Kley, y sus apuntes empezaron a aparecer también en otra revista, esta de estilo satírico, titulada "Simplizissimus". Algo le había ocurrido a Kley; algo que fue capaz de trastornar profundamente su personalidad y su estilo artístico. Pero no sabemos qué fue. El Heinrich Kley clásico, el del acero de la fundición Krupp y los paseos del Kaiser, había dado paso a otro Heinrich Kley. El pintor de murales históricos aceptables y anodinos se burlaba ahora






 de la burocracia y de las conveniencias en todas las ocasiones posibles. Como en el film de Ingmar Bergman, "El huevo de la serpiente", a través del fino cascarón que eran los dibujos de Kley se adivinaba el mortal veneno que se infiltraba en la sociedad y la intelectualidad de la época: toda una revolución social e intelectual soterrada que llevaría al nacimiento de la serpiente del nazismo. Quizá sin proponérselo, quizá simplemente gracias a sus vibraciones y a su sensibilidad de artista. Kley captó el mensaje. Comenzó la burla, la sátira, el insulto, el despropósito, el desprecio a una sociedad decadente que, mientras por un lado se aferraba desesperadamente a los cánones más clásicos y académicos del arte, por el otro propiciaba una guerra y un caos intelectual que daría al traste con
aquellos mismos valores establecidos.

A partir de aquel momento, Kley comenzó a ilustrar un extraño mundo de metáforas y paradojas, poblado de extrañas visiones dignas de Brueghel o del Bosco. Animales, monstruos y extraños seres bestiales y humanos al mismo tiempo, mujeres desnudas que son a la vez como víctimas y vestales de sus demoníacos poseedores... Todo un mundo alucinante que simboliza los vicios y las virtudes de la humanidad, aunque con una marcada preferencia hacia los vicios, ya que con las virtudes Heínrich Kley tenía, al parecer, muy poco en común.

A primera vista podría creerse que Kley utilizaba profundos simbolismos, juzgando por sus elefantes, sus mujeres-pájaro, sátiros, cocodrilos y toda clase de quimeras, pero un examen más atento nos mostrará que esos simbolismos pueden resumirse en unas pocas realidades concretas. Elefantes, niños y muchachos, torpes y desmañados, simbolizan la inocencia. El simbolismo de Kley es de lo más tradicional: el centauro personifica la lujuria, y el demonio o el fauno pueden encontrarse
allí donde se da el sufrimiento humano, el dolor y las desdichas. El elemento erótico es fuerte y se da una especie de placer infantil en acentuar posturas y utensilios relacionados con


















los excrementos. En todo ello se advierte un deseo, también infantil, de."épater le bourgois" a toda costa. Con una visión que nos da la perspectiva de los años, se puede considerar la tendencia de Kley como uno más de los canales en que se dispersó la corriente de nueva creatividad artística que conoció Europa entre 1910 y 1920. Kley vivió en el mismo Munich que vio nacer los trabajos de Kandinsky y Klee. Pero, a pesar de su coincidencia en el tiempo, no parece que hubiera ninguna relación social ni artística entre Kley y los modernistas. Quizá era la diferencia de edad: Kley tema en aquellos momentos 50 años y vivía ya en mundo personal y cerrado, y también pudo influir en el desconocimiento de sus contemporáneos el hecho de que su técnica era por aquel entonces muy inferior a la suya: Kley se había convertido en una especie de caricaturista fotográfico de la realidad, mientras que los modernistas investigaban por otros derroteros completamente distintos y trataban de abrir caminos menos figurativos a la ilustración y la pintura.

A partir de la década de los 30, sobre su nombre caen el silencio y la confusión de datos y de informaciones, hasta el extremo de que se llegó a informar en tres ocasiones distintas acerca de su muerte. Efectivamente, una primera fecha sitúa el fallecimiento de Kley a principios de los años 40. Según algunas fuentes, la auténtica fecha del fallecimiento sena el 2 de agosto de 1945, y según otras, murió el 8 de febrero de 1952. Lo que sí es seguro es que al propio Heinrich Kley, a quien tanto le complació evocar y retratar lo que de absurdo y demoníaco tiene el ser humano, esa postrera confusión le hubiera complacido enormemente.  

Manuel Domínguez Navarro.



Ilustración COMIX Internacional Nº1, Toutain Editor, Año 1.980, Barcelona.


lunes, 22 de mayo de 2017

IMAGENES DEL PLANETA IMAGINARIO Josep M. Beá





ZONA 84 Nº77, TOUTAIN EDITOR, Barcelona

YO, DIBUJANTE DE COMICS Will Eisner

Ya de crío me interesaba por los cómics. Y eso que entonces escaseaban; no es como ahora que se los ve por todas partes. Me gustaban los dibujos y también las historias que se contaban. A decir verdad, yo me creía más capacitado para escribir que para dibujar.

No fue hasta finales del 39, que el Register-Tribune Syndicate se interesó por mí. Me encargué de un cómic de 16 páginas, 8 de las cuales corrían de mi cuenta, tanto en lo que hacia respecto a los dibujos como al texto. Las restantes 8 páginas se las disputaban dos personajes: Mr. Mystic y Lady Luck. Me puse en contacto con Bob Powell para que me dibujara Mr. Mystic, mientras que Lady Luck corrió a cargo de Chuck Mazoujian, excelente dibujante. Pero los textos eran cosa mía o de un guionista contratado por la casa.

Jerry Iger y yo formamos la Eisner and Iger Corporation, que yo abandoné para dedicarme por completo a hacer The Spirit, y el caso es que le vendí a Jerry Iger mi 50% de la sociedad, y en dicho 50% iba incluido todo, hasta Sheena, que era una creación mía, así como un buen montón de personajes. Pero yo colaboraba con los mejores profesionales: Lou Fine, Bob Powell, Chuck Mazoujian y otros dos más. Formábamos un equipo que iba a sacar adelante no solo The Spirit, sino cualquier otro cómic, pues contábamos con la colaboración de "Busy"Arnold, que estaba a la cabeza del Quality Comic Group.

Se ha dicho que me he inspirado en el cine o en las narraciones cortas para conseguir mis personajes. Una cosa es cierta: Tanto las películas como los relatos me han influido mucho. Por ejemplo, los cuentos de O. Henry, Bierce y Maupassant, pero hay que tener en cuenta que por los años 30 estas narraciones estaban en boga. En resumen, que las películas me influenciaron, porque veía todas las que podía. Los relatos y cuentos también, pues los consumía en cantidades masivas. Y luego había una tercera influencia que no era de desdeñar: mi experiencia, que contagiaba todos mis trabajos. En realidad, basta con ver mis historias para saber la clase de influencias que he recibido. Las películas que más me gustaban eran las de Orson Wells, pero la verdad es que entonces apenas entendía de directores. Me tragaba todas las películas que me ponían por delante algo así como se tragan ahora los programas de televisión. Es curioso, para mucha gente, los artistas del cine y de la tele son de verdad, y cuando se les mueren, se ponen de muy mal humor, como si se les hubiera muerto un familiar.

Creo haber colaborado con los grandes del cómic. En este momento recuerdo a Jack Kirby, Jules Feiffer y a Wally Wood. Parece ser que mi encuentro con Jack Kirby ha sido uno de esos que suelen llamarse providenciales. Pero, ahora puedo decirlo. Al principio no se llamaba así, ni era tan famoso. Aunque otro tanto puede decirse de mí.

A Jules Feiffer le conocí terminada la guerra, cuando se presentó un buen día en mi oficina de Wall Street. Me dijo que quería trabajar y que no le importaba a qué precio. Al principio empezó con trabajillos de poca monta, pero no tardó en revelarse como un guionista de primera. Y en cuanto a Wally Wood, debo decir que no llegó a formar parte del equipo, pero colaboró con nosotros, y muy bien. Era lo que nosotros llamamos "a freelancer". Por aquel entonces yo andaba metido en el asunto de la American Visuals Corporation y no daba abasto. Estaba considerando la posibilidad de dejar Spirit, cuando se presentó Wally, que se encargó de cuatro o cinco episodios.


Terminé con Spirit en 1952, y el caso es que en los 15 ó 20 años siguientes permanecí, por decirlo así entre bastidores. Es que me metí en negocios. Estaba al frente de una compañía educativa, y pasaba el tiempo desarrollando ideas para el lanzamiento de cómics desde un punto de vista comercial. Considero que hay dos niveles dentro del cómic: Uno aspira a distraer, a divertir a pasar el rato, y el otro a instruir. Al menos, eso me parece. A cualquiera que se dedique a los cómics en los Estados Unidos, suele ocurrirle que tarde o temprano se encuentra con Jim Warren. Lo digo porque eso también me pasó a mí. Warren quería sacar una historia de Spirit en su Eerie o en su Creepy, pero me negué. O lo sacaba aparte, como una revista independiente o nada. Y así fue.

Me han preguntado muchas veces qué pienso del color. Y siempre he contestado lo mismo:  Que no me parece esencial. Más aún: El color llega a suprimir ciertos efectos. Antes he hablado de un nivel de cómics que aspira a distraer. Pues bien, yo diría que dicho nivel se divide a su vez en otros dos niveles. Primero, el cómic como experiencia sensual, de los sentidos, y segundo, el cómic que cuenta una historia, usando de los dibujos como de un lenguaje. En este último se nota un equilibrio muy delicado entre la historia o texto y los dibujos. Volviendo a Spirit, que tanto parece gustar, habré escrito cosa de 250 episodios, de los cuales se han reimprimido ya unos 170. No sé qué va a pasar con Spirit. Puede que escriba más historias y puede que no. Es lo mismo que preguntarle a un candidato si piensa presentarse a las próximas elecciones. No hay por qué correr tanto. Además, ahora estoy metido en cosas nuevas, que me apasionan, y que creo que pueden alcanzar tanto éxito como Spirit. Ya veremos.








Publicado en Ilustración COMIX Internacional Nº1, TOUTAIN EDITOR, S.A., año 1.980, Barcelona

sábado, 20 de mayo de 2017