miércoles, 17 de agosto de 2016

LOBEZNO. Galería y Portadas. Varios Autores.


En Mayo de 1989, Comics Forum comienza a publicar una nueva serie, que casi todo el mundo esperaba, Lobezno. Nostalgias aparte, y sin entrar demasiado en detalles tecnicos. La cosa comienza con guiones de Chris Claremont y John Buscema al dibujo. La edición de Forum además incluía una ilustración en la contraportada, aunque duró poco la alegría, se pueden ver ilustraciones de John Byrne, Bill Sienkiewicz, Kevin Knowlan, Barry Windsor-Smith, John Bolton, McFarlane, Liefield, Kent Williams y Art Thibert (por orden de aparición). La cosa es que el equipo creativo se mantiene, y así, las historias comienzan a alargarse, se deja un poco de lado la cosa superheroica, y a los mutantes y sus superpoderes y bueno la cosa no pinta mal. Del 17 al 23 se encargan Archie Goodwin y John Byrne. Vale. En el 24, Gene Colan dibuja con guión de Peter David, y seguimos con varios autores más hasta el número 31, como comentario extra, los 10 comics que faltan los tenía y los he leido, muchas veces, pero, oh triste de mi, me los robaron, y nunca quise sustituirlos por otros nuevos. No divaguemos, a partir del numero 31, como decía, entra en acción un tamdem brutal. Larry Hama y Marc Silvestri se ponen a los mandos y lo ponen todo patas arriba. Aquí tengo hasta la portada del número 50, agosto de 1993.

Seguiremos en otra entrega, del fascículo nostalgico.









































































ALFONSO FONT, EL NARRADOR IMPLACABLE

por Yexus

La reciente publicación de su trabajo en un clásico italiano del western como Tex y, sobre todo, la afortunada iniciativa de Glénat dedicando una colección monográfica a recuperar su obra, otorgan merecida actualidad a uno de nuestros más sólidos, prestigiosos y veteranos valores.

Estamos hablando de un autor ajeno a modas éticas o estéticas, cuya labor mantiene una media de calidad tan uniforme como elevada. Estamos hablando de Alfonso Font. Capaz de moverse en los más variados registros arguméntales o gráficos y de combinar el entretenimiento más genuino con el
compromiso social y humanista, su labor fue reconocida en 1993 con el Gran Premio del Salón de Barcelona y en 1996 con el prestigioso premio Yellow Kid otorgado en Lucca. El As Negro y Barcelona al alba son los álbumes publicados por Glénat mientras que el tomo Los asesinos debería propiciar en Planeta la edición del resto de su trabajo protagonizado por Tex. Los cuatro son brillantes y dispares ejemplos del trabajo de Font pero solo constituyen muestras representativas de una fructífera trayectoria que rebasa ya las cuatro décadas.






Viñetas de Historias Negras publicada en la revista Cimoc en 1984

Cruzando los Pirineos
Alfonso nace en Barcelona en agosto de 1946. Inmerso en la magia del dibujo desde muy pequeño, a los 5 años disfrutaba ya con las colecciones de cromos de su abuelo y prefería leer tebeos a jugar al fútbol en la calle. No extraña que cumplidos los nueve se atreva a bosquejar sus primeras viñetas.
Dibujante autodidacta, todavía es un adolescente cuando comienza a trabajar en la editorial Bruguera casi a título de aficionado. Aunque su verdadero debut tiene lugar hacia 1963 en Toray, con populares colecciones como Hazañas del Oeste y Sioux.

Huyendo del paupérrimo mercado español, los siguientes diez años proporcionarán a Font trabajos para Europa y Estados Unidos a través de agencias como Bardon Art y Selecciones Ilustradas, la célebre empresa de Josep Toutain inmortalizada por Carlos Giménez en Los Profesionales. El dibujante barcelonés llegaría incluso a firmar algunas páginas para el célebre magazine de Marvel Dracula Lives!.


Viñeta de Géminis publicada en la revista Spirit en 1976. Con guión de Carlos Echevarría.


Las mencionadas agencias surten de material de género a editoriales como Fleetway, Skywald o Warren y en su seno crea entre 1973 y 1974 la serie Géminis, trabajo de sindicación que será comercializado en diversos países. Por ejemplo, en Francia se publica en la revista Virus y en España en el magazine Spirit dos años más tarde. Está escrita por Carlos Echevarría y protagonizada por Phil Jackson, un agente doble que opera bajo el nombre clave de Géminis para el servicio de inteligencia británico durante la I Guerra Mundial. Sus peripecias a lo largo del mundo permiten al dibujante desplegar una cuidada documentación y mostrar ya sus dotes para las escenas de acción con un grafismo rico en texturas de diverso tipo, aunque aun ocasionalmente deudor de clásicos norteamericanos como Caniff, Sickles o Robbins.



Mil novecientos setenta y cinco supone un paso crucial para la carrera de Font, ya que sus expectativas de trabajo le impulsan a viajar e instalarse en París. Allí publicará en cabeceras como As y Scop pero, sobre todo, se ganará el respeto del lector galo con dos series para la célebre revista Pif : Sandberg, padre e hijo y Los Robinsones de la Tierra. La primera estaba escrita por un joven Patrick Cothias y presentaba al abogado manco Erick Sandberg compartiendo aventuras policiacas con su hijo Paul en un marco parisino contemporáneo. Mientras que la segunda desarrollaba un guión de ciencia-ficción de Roger Lecureux de orientación juvenil, cuyos cuatro protagonistas se ven confinados a una Tierra prehistórica y perseguidos por un tirano galáctico. Font, con un grafismo más que competente, brinda la necesaria espectacularidad e incorpora el uso del color.

El éxito de Los Robinsones de la Tierra permitió prolongar la serie durante tres años pero no era tan fácil la adaptación al nuevo país para la familia del dibujante catalán: su esposa no encuentra trabajo y su hija de tres años no se integra en la escuela por causa del idioma. Lo que, sumado al fin de la dictadura franquista, motiva el regreso definitivo a Barcelona en 1977.
Replanteamientos
De nuevo en su propio país, Font encuentra que por fin se dan las condiciones apropiadas para poder expresar un mensaje político de forma explícita en el cómic. Lo hace colaborando en algunas páginas de carácter crítico para la revista El Cuervo con Carlos Giménez, con quien había trabajado ya en Francia -en los Dossiers Misterio- y con quien había intentado incluso organizar un sindicato de autores en España. También colabora en el combativo proyecto editorial del colectivo Trocha -después Troya- con la serie Parral. Y, sobre todo, asume la parte gráfica de una serie creada por Víctor Mora para el semanario La Calle: Tequila Bang. Se trataba de una atractiva heroína, tan concienciada como sensual, que asumiendo las maneras de un James Bond femenino se enfrentaba a dictadores y fascistas a lo largo y ancho del planeta. En Huracán en Felicia se alineó con la oposición de una república bananera y en Contra el Club Tenax -esta vez con Usero y Giménez como el Taller Premia- desbarató una conspiración de la ultraderecha española. No faltaba en la serie la acción, el humor y las obligadas raciones de destape propias de la Transición. Contemplada hoy en día resulta un tanto ingenua y maniquea, si bien era una lógica reacción a innumerables años de infantilización y censura de este y otros medios, además de jugar un significativo papel en el empleo de la historieta como herramienta de divulgación ideológica en tan difíciles días.




Font todavía conserva sus lazos laborales con el país vecino, como demuestra la participación en un especial de Pif dedicado a Julio Verne en 1979. Pero quizá la experiencia de dibujar productos acordes con sus particulares inquietudes junto a ciertas desavenencias con guionistas como Lecureux terminan por decidirle a escribir sus propias historias. Y es así como al inicio de los años 80 comienza a señalizar dos títulos donde, sirviéndose de diversos géneros populares, consigue plasmar sus reflexiones políticas, sociales o ecológicas, fórmula que mayoritariamente viene utilizando hasta la fecha. Se trata de Historias Negras y Cuentos de un futuro imperfecto. La primera, aparecida en la revista Creepy -y posteriormente en Cimoc-, habla de un horror a escala cotidiana y palpable, de la miseria, la estupidez y el egoísmo de los seres comunes y corrientes. La segunda fue publicada en 1984 y se sirve de amenos episodios fantacientíficos para extrapolar los alegatos críticos del autor.
En ambas oscila del realismo al extremo más oscuro o sarcástico del humor. Gráficamente, exhibe un estilo vigoroso y efectivo, depurando progresivamente el uso de la mancha negra y la trama mecánica, de la iluminación y la composición de viñeta o página. Pero, en cualquier caso, es ahora cuando encuentra su propia voz: una voz madura y afinada por diez años de concienzudo trabajo. Y así lo reconocerán los medios y el público cuando le otorgan el Premio 1984 y el Premio del Club Amigos de la Historieta.

Euforia y autogestión
Pero aquellas fechas no solo vieron despegar la trayectoria más personal de Font. También comenzaba el fenómeno que durante la primera mitad de la década se dio en llamar el boom del cómic en España; se creaba el Saló barcelonés, las revistas proliferaban en los quioscos y, junto a nuevas firmas, otros muchos autores conocidos en Europa y América como él se ganaban el fervor popular en su propio país: Bernet, Ortiz, Fernández, Sommer, Giménez o Leopoldo Sánchez fueron algunos de ellos. Tal euforia, incluso, propicia en 1982 el nacimiento de una nueva revista gestionada por los propios autores -en calidad de socios trabajadores- y editada por Distrinovel. Su título era Rambla y sus responsables Carlos Giménez, Adolfo Usero, Luis García y Josep María Beá, a los que se une un Font laboralmente descontento con Toutain.





Para la revista crea una nueva serie, titulada Clarke & Kubrick, retomando a dos personajes nacidos en un episodio de Cuentos de un futuro imperfecto. De nuevo el color y la ciencia ficción, presentando como novedad el registro humorístico en las desventuras de estos chapuceros espaciales trasuntos de los padres de 2001. Fue una especie de buddy movie galáctica con exceso de dialogo pero ingeniosas tramas que homenajeaba a clásicos del género como Asimov, Philip K.Dick o Robert Sheckley. Se prolongó durante dos años, derivando su argumento progresivamente hacia la pura comedia en detrimento de la aventura fantacientífica.
Desafortunadamente, la inadecuada gestión de los impulsores de Rambla condujo a una inexorable descapitalización. García y Beá deciden asumir la condiciones económicas resultantes, Font se retira del proyecto para entrar en la agencia Norma. Es allí donde concluye la serie, concretamente en los mensuales Cimoc y Cairo, una conclusión motivada en gran parte por su escasa repercusión comercial en Francia. Porque el trabajo del autor catalán siempre encuentra eco en el mercado europeo, una industria que le vio formarse como dibujante y a la que ahora regresa en plena madurez creativa. Sus trabajos aparecerán hasta finales del siglo XX en cabeceras tan clásicas como Pilote, Charlier o Circus y en editoriales como Soleil, Glénat, Vaillant o Magic-Strip.






Viñeta de Los Robinsones de la Tierra publicada en la revista Cimoc en 1982. Con guión de Roger Lecureux



Personajes de carne y hueso
Font publica su siguiente título en 1983: El prisionero de las estrellas. Y lo hace en las páginas de Cimoc, cabecera en la que normalmente señalizará sus trabajos durante su permanencia en Norma Editorial hasta finales de los noventa. Persiste en el género de ciencia-ficción con esta nueva obra pero vuelve al empleo de un blanco y negro definitivamente personal y capaz de mantener un asombroso equilibrio entre claridad y minuciosidad. La brillante puesta en escena y la espectacularidad en la descripción de ambientes futuristas definen esta aventura sobre un fugitivo rebelde que busca su razón de ser en un mundo totalitario y postapocalíptico. Acción y misterio se suceden en esta historia de larga extensión y desenlace inesperado que sin embargo sufre un progresivo descenso de calidad gráfica en el último tramo. Tras su recopilación en forma de álbum, la serie conocería una continuación en 1988, El paraíso flotante, trabajo solvente pero de inferiores pretensiones y con el color añadido a cargo de Marta Cardona.



Diferentes historias cortas también aparecen durante los 80 en diversos extras y cabeceras de la editorial -parte de los cuales configuran el álbum de Glénat El As Negro-, además de las disparatadas tiras protagonizadas por Federico Mendelsson Bartholdy en las páginas de Cimoc.

Mil novecientos ochenta y cinco no solo verá publicado el divertimento erótico Carmen Sonden la revista satírica A tope y la contribución de Font al álbum colectivo de Amnistía Internacional sobre los Derechos Humanos, sino que contempla el germen de uno de los personajes más emblemáticos y celebrados del autor: Jon Rohner. En realidad nace con el nombre de Jann Polynesia tras el afán del dibujante por transcribir sendos cuentos de London y Stevenson, Las terribles Salomón y La isla de las voces, respectivamente, ambos ambientados en los Mares del Sur. En dicho escenario desarrolla un guión ameno de carácter aventurero y en un tono desenfadado que solo desvelará su verdadero potencial años más tarde.




En 1987 firma el episodio Y tu, ¿qué has hecho por la victoria? para la serie sobre la Guerra Civil escrita por Víctor Mora en Cimoc y también dibuja para el magazine Circus la serie Alise et les Argonautes. Es este un guión de su viejo amigo Patrick Cothias que consiste en una fábula sobre la manipulación colectiva protagonizada por una heroína tan decidida como sexy. Atributos ambos que también pueden aplicarse, por cierto, a su siguiente personaje de creación propia, sin duda otro de los más sólidos en la carrera de Font: la periodista conocida como Taxi.


Una profesión que en realidad propicia la aventura urbana -y posteriormente transoceánica, incluso- en una serie de peripecias que van del género negro al thriller de misterio, siempre con un trasfondo que propicia el comentario social o político; es decir, el tráfico de armas o drogas se entremezcla con oscuras tramas xenófobas y hasta conspiraciones golpistas, aunque no es menos evidente el hipócrita y omnipresente peso de los grandes poderes tácticos.



La humanidad de los personajes es palpable, un verismo al que contribuyen no poco las localizaciones concretas y el tono costumbrista. Ya que Barcelona es un ideal telón de fondo, ciudad que el autor conoce con todo detalle, aunque también se sirve de cualquier otro rincón del mundo con puntilloso sentido documental. Cediendo protagonismo la mancha y las texturas a un acertado uso del color, Font alumbró tres historias de larga duración entre el 87 y el 90: El laberinto del dragón, Un crucero al infierno y La fosa del diablo, donde se confirma sin lugar a dudas como un narrador ejemplar.

Mientras trabaja en el ciclo de la arriesgada reportera, Font decide explorar más a fondo las posibilidades del mencionado Jann Polynesia hasta llegar a remodelarlo en una nueva identidad, con un dibujo y planteamiento más realistas y el nombre con el que se le conoce hasta la fecha.
Es así como surge en 1988 un personaje tridimensional, el marino Jon Rohner, que convive en Samoa con el propio Stevenson y cuyas historias no solo comparten la magia del escritor escocés sino la de clásicos como Conrad o el mencionado London sin excluir algunas dosis de Corto Maltes. Rohner es socarrón, temerario y descreído, conteniendo sus aventuras un componente romántico que alude al sentido de la maravilla exótica e incluye suaves dosis de crítica histórica o antropológica. Unas aventuras teñidas también de pasión y melancolía, que reivindican la amistad, la memoria y las excelencias de un buen relato.

Font desarrollará siete historias de longitud corta y media hasta el año 92, consiguiendo un clima plenamente evocador con su dibujo cuidadoso y perfectamente documentado pero, sobre todo, con el empleo de un color que reproduce el luminoso cromatismo de las latitudes australes.

Dos grandes obras
Aun sin figurar entre las producciones más relevantes del autor, reviste un evidente interés la colección de historias publicadas durante 1991 que bajo el título genérico de Privado exploran la figura del detective clásico. No sin abundar en algunos clichés del género, propone seis guiones de distinto calibre y atractiva resolución; los dibuja con una trazo sintético y tosco, ajeno al detallismo que le caracteriza y por ello quizá en concordancia con el género que recrea. Por la misma razón, a pesar del añadido cromático, el juego de sombras y rayados resulta fundamental a la hora de definir atmósferas y estados de ánimo.

Amén de ilustraciones para la prensa y otros medios, Font llega a participar en 1992 en el ambicioso pero irregular proyecto auspiciado por la Comisión del Quinto Centenario para conmemorar el desembarco de Colón. Y lo hace con el álbum La epopeya de Chile -dentro de la colección Relatos del Nuevo Mundo-, un guión de Sánchez Abulí que insiste en distanciarse del componente colonialista inherente al llamado Descubrimiento.

Pero sin duda es a mediados de esta década cuando materializa dos de sus más ambiciosas producciones, proyectos frustrados a largo plazo aunque también sus últimos y más personales trabajos de gran envergadura hasta la fecha: Negras tormentas y Bri D'Alban.

La primera fue un guión del escritor Juan Antonio de Blas que no apareció bajo el sello de Norma sino publicada por entregas durante 1994 en la nueva revista de la editorial Glénat española, Viñetas. Historia, costumbrismo y género negro se dan cita en un magnífico relato ambientado en la turbulenta Barcelona de los años 20, con los enfrentamientos entre anarquistas y pistoleros de la patronal como violento escenario para una trama de misterio protagonizada por el periodista Pere Marsé; días de incertidumbre los de este periodo de entreguerras que contemplaba el nacimiento de los fascismos europeos, un periodo tan bien descrito por los autores de este álbum como los personajes que lo protagonizan, seres ficticios pero tridimensionales entremezclados con figuras históricas como Durruti, Lluis Companys, Antonio Escobar o el cónsul alemán Wilheim Canaris.

La obra fue publicada en blanco y negro, y, lamentablemente, solo en Francia apareció en formato de álbum. Con más de una década de retraso es subsanado el error en el libro actualmente publicado por Glénat y que cambia su título por el de Barcelona al alba, lo que permite disfrutar de un grafismo cuidadoso, documentado y, por supuesto, previsto con el color como imprescindible elemento expresivo. Los autores no descartaban el inicio de una serie pero la compleja coyuntura histórica que describía, tan enraizada en la propia idiosincrasia española, motivó la incomprensión del lector galo.




 Igualmente minucioso y climático es el fresco histórico recreado por Font en Bri D'Alban, una soberbia pieza de ambientación medieval que toma el enfrentamiento entre los cataros y la Iglesia de Roma durante la baja edad media para exponer las condiciones sociopolíticas de la época y desarrollar la particular historia del protagonista. Bri es el hijo bastardo de un señor feudal derrotado por los Cruzados y por la traición más amarga, cuyas aventuras son descritas con un trazo suelto y expresivo donde el color define magistralmente los matices de la naturaleza. Y donde, obviamente, resulta crucial un trabajo de documentación pormenorizado que incluyó excursiones fotográficas del autor a la Occitania francesa.

La obra suponía el inicio de un ciclo vital de aprendizaje que se proyectaba en tres álbumes pero desafortunadamente todavía no ha pasado del primero.

Incertidumbre, nuevos rumbos
La historieta en España atraviesa malos tiempos y la palabra crisis se convertirá en recurrente y hasta tópica en boca de profesionales y críticos. Font se encuentra en la tesitura de buscar nuevos mercados.

Menudean, pues, en la segunda mitad de los 90 algunos encargos para la Industria norteamericana, como la serie publicada por Penthouse Comix Dra. Dare, una revisitación en clave erótica de los viejos seriales de aventuras que había contado ya con las firmas de clásicos como Gray Morrow o el mismísimo Dan Barry. O su participación en The Big Book of Grimm, álbum de Paradox Press que mostraba los cuentos de los famosos hermanos en sus versiones más originales y crudas, donde participaron más de cincuenta artistas. Entre ellos, nombres tan dispares como los de Roger Landridge, Charles Vess, Keith Giffen o Marshall Rogers.


Pero será el mercado italiano el que se beneficie de la sabiduría gráfica y narrativa de Font desde 1998, concretamente el gigante editorial Bonelli y sus títulos dedicados al veterano personaje de Tex. Tras conseguir la participación en las aventuras del ranger de nombres españoles del prestigio de Ortiz, Blasco, Bernet, Segura y De la Fuente -y aun de clásicos norteamericanos como Joe Kubert-, tres han sido los títulos firmados por el autor catalán hasta la fecha: Los asesinos, La legge del deserto y Nei territori del Nordovest, todos escritos por Mauro Boselli y de cuyo formato, contenido y estilos ofrece cumplida documentación Norman Fernández en el número 21 de esta revista y en el libro Tex habla español, publicado por la Semana Negra en 2002.

Se ratifica así una paradójica y lacerante situación en el mercado hispano: a la riqueza de una oferta tan ecléctica como desbordante para el lector se contrapone la fragilidad de una industria que hoy por hoy -y puntuales excepciones aparte- apenas puede mantener a sus autores viviendo exclusiva y profesionalmente del medio.


Publicado en la revista Dentro de la Viñeta nº31, año 2005

lunes, 15 de agosto de 2016

Bajo el signo de Aries por Chaland y Headline








Publicado en Metal Hurlant nº14, año 1981

El Escorpión por Marini y Desberg

 La púrpura y la espada
por Rafa González







Provocadores, ebrios e insolentes, los mosqueteros del Rey, o mejor dicho los de M. de Treville, se presentaban en las tabernas, en los paseos, en los juegos públicos, gritando fuertemente, retorciendo sus bigotes, haciendo sonar sus espuelas, atropellando con gusto a los guardias del Cardenal, cuando los encontraban, y escandalizando las calles con pendencias y galanteos; muertos algunas veces pero ciertos de ser llorados y vengados, matadores otras y seguros en este caso de no pudrirse en prisión, porque allí estaba M. de Treville para reclamarlos.

Los Tres Mosqueteros Alejandro Dumas

Así describía Dumas en su trilogía mosqueteril a los mignons franceses, que desafiando el edicto del Cardenal Ríchelieu prohibiendo los duelos, burlaban la ley ansiosos de servir a su rey y mofarse de su primer ministro. Sus andanzas, bastantes años después, darían nacimiento a un género, el de capa y espada, primero en la literatura y posteriormente en otros medios como el cómic.
Fue en el año 2000 cuando un joven dibujante de moda y un experimentado guionista realizan un acercamiento a este antiguamente glorioso y, hoy olvidado genero, publicando en la editorial Dargaud la serie El Escorpión; que vería la luz un año mas tarde en nuestro país editada por Norma Editorial y de la que por el momento tenemos cinco entregas en las librerías: La Marca del Diablo; El secreto del Papa; La cruz de Pedro, El Demonio en el Vaticano y El valle sagrado.


A través de ellos nos pasearemos por la Roma del siglo XVIII donde acompañando al protagonista descubriremos intrigas, nos batiremos, seduciremos a sensuales y descocadas damas, viajaremos al Oriente, seremos prisioneros en infectas mazmorras del Imperio Otomano y lucharemos contra malvados Cardenales y sus oscuros secuaces. Donde los autores, con un guión perfectamente estructurado de ritmo vivo y una preciosista puesta en escena, construyen una historia nueva partiendo de viejos clichés, aportando elementos modernos y personales, haciendo que el interés por conocer los avatares de El Escorpión no decaiga en ningún momento



LOS ESGRIMISTAS
Stephen Desberg nace en Bruselas el 10 de septiembre de 1954. Publica por primera vez en 1976 en la revista Tintín y dos años después lo hace de forma habitual en la revista Spirou, trabajando en diferentes títulos de la casa hasta centrarse en Billy the cat dibujada por Colman. Tras una extensa carrera en el cómic infantil y juvenil, realiza una primera incursión hacia temáticas mas adultas con los álbumes Le jardín des desir y Le 27eme letrre, continuando con una serie de aventuras históricas en cuatro álbumes, Le sang noir, dibujada por Bernard Vrancken e iniciada en 1996. Es en este año cuando realiza su primera colaboración con Enrico Marini en La estrella del desierto, elaborada en dos álbumes y ambientada en el Oeste Americano, obra premiada en el Salón de Angouleme y publicada en suelo patrio por Editorial Planeta. En el año 2000 se edita la primera historia de su exitosa serle en común, El Escorpión.

El dibujante Enrico Marini, aunque de nacionalidad italiana, nace en el país de los relojes en 1969, debutando como profesional en 1990 en la editorial suiza Alpen Publisher con Les Dossiers d'Oliver Várese, serie de la que dibujo cuatro álbumes hasta el año 93. Allí inicia su colaboración con Thierry Smolderen, que sería guionista de su siguiente trabajo, Gipsy, del que realizaría a lo largo de varios años, seis entregas para diferentes editoriales. Posteriormente colabora con Desberg en la ya mencionada La Estrella del Desierto. Rapaces, con guiones de Dufaux, una serie de temática vampírica, le consagra como dibujante estrella. Hasta la fecha su última obra es El Escorpión, con cinco entregas en las librerías.

Se aprecia en sus obras una evolución constante, creciendo desde planteamientos gráficos próximos al manga hasta una madurez y un estilo propio, mejorando y ganando en calidad en cada obra publicada. Con lo que pese a la relativa brevedad de su obra se le puede considerar como uno de los mejores artistas del momento.

FINTAS Y MOLINETE
El argumento del El Escorpión gira en torno al personaje que da nombre a la serie, un aventurero que ejerciendo de arqueólogo se gana la vida buscando tumbas de santos y desenterrando sus reliquias que luego vende a la nobleza y al alto clero, sacando pingües beneficios. Un mujeriego impenitente, de gustos refinados, que se mueve por tabernas y palacios con la misma desenvoltura y que lleva una agitada aunque cómoda existencia al lado de su compañero de correrías, el fiel Húsar. Hasta que se ven envueltos en la gran conspiración histórica que pondrá patas arriba su forma de vida, de la que El Escorpión y los secretos de su pasado serán parte fundamental y que pondrá en solfa los cimientos de la religión cristiana.

Guionista y dibujante toman elementos clásicos del genero de aventuras, del que forma parte el de capa y espada, como la representación gráfica del héroe: sus altas botas de cuero, su ajustado pantalón de montar, su blusón y su chaleco, nos recuerda a los espadachines que conocimos en los libros de Dumas, Salgari o Sabatini y a los grandes que los interpretaron en el cine: Douglas Fairbanks, Errol Flynn, Tyrone Power, Stewart Granger, dándose un aire a todos ellos pero sin parecerse concretamente a ninguno. Acompaña al protagonista el típico amigo, Húsar, elemento habitual en el género de aventuras sobre todo en el cómic, cumpliendo con los tópicos de este tipo de personajes, siendo el contrapunto humorístico del personaje principal, algo corto de entendederas, un poco bestia y leal como un perro, pero al que el guionista dota de una personalidad propia, con detalles como su obsesión con tener una granja de gallinas e incluso, cosa muy poco habitual en este tipo de personajes, llegando a gozar de los placeres de la carne, aunque sea con mozas que rechaza su jefe, redimiendo así a una inmensa galería de secundarios que nunca tuvieron suerte con las chicas.






Los malos que nos dibuja Marini son de manual, de esos en los que la cara es el reflejo del alma, como el lobuno Cardenal Trebaldi, que hay momentos en que parece salido de los mismos infiernos, inspirando temor con cada gesto, con cada mirada, el oscuro Rochnan, Capitán de la Orden de los Caballeros de Cristo, una especie de Doctor Muerte, rival en la espada del héroe. Sin embargo Desberg consigue dotarlos de veracidad, de humanidad, de pasado como en esos viejos westerns donde todos los personajes por insignificantes que fueran arrastraban una historia que daba credibilidad a la narración. En el caso de Trebaldi el guionista lo consigue con un excelente flashback de una página, mediante el cual nos asomamos a las razones de su comportamiento, con una juventud marcada por la pesada carga de la tradición familiar y el dominio de un padre tiránico y cruel.

Los personajes femeninos de la trama son tal vez los mejor construidos, ganando en complejidad y densidad conforme avanza la misma, hermosas mujeres bellamente representadas por Marini, sensuales, bellas, hembras de armas tomar -literalmente en este caso- modernas, peligrosas, independientes, saliendo de cualquier situación sin tener que recurrir al machito de turno, mas bien poniéndolo en dificultades y utilizando cualquier tipo de armamento, incluida la seducción, cuando lo necesitan. El sexo esta presente a lo largo de toda la obra. Los autores no dudan en mostrarnos las aventuras amorosas de El Escorpión, que goza de los placeres de la carne de manera promiscua sin importarle la posición social de sus amantes, sean estas mozas de taberna o nobles casquivanas. Así hacen crecer a lo largo de toda la historia la tensión sexual entre el protagonista y la bella Mejai, con momentos muy conseguidos que aportan humor y que, en ocasiones, recuerdan a las buenas comedias de guerra de sexos.

Y como fondo de sus correrías, la Urbs, Roma, la imperial, la vaticana, la de luminosas villas renacentistas, de amplias plazas y avenidas y oscuros y peligrosos callejones y tabernas. Siempre hermosamente retratada por el pincel de Marini, reflejando su famosa luz, dotándola de un carácter propio, a veces siniestra y amenazadora, otras alegre y colorista, pero siempre bella, y convertida en una protagonista mas de la historia que se nos cuenta. Un relato que el guionista anuda en torno a la Iglesia católica, una Institución vieja en la que se nos presentan las intrigas y luchas por el poder a lo largo de los tiempos. Unas peleas que nos muestran los diferentes bandos existentes, uno mas humanista y cercano al hombre.-en la época que trata el cómic corren por Europa vientos de Enciclopedia y revolución- y otro conservador y reaccionario, que en la lucha por el poder no duda en utilizar daga y veneno para lograr sus objetivos. Nada nuevo si miramos el actual momento histórico de la Iglesia, donde las teorías mas progresistas, la teoría de la liberación en América Latina es un ejemplo, se ven relegadas por la actual cúpula dominante, una de las mas reaccionaria de los últimos tiempos en una institución ya de por si reaccionaria. El guionista, dentro de una historia de género sin aparentemente grandes pretensiones, introduce una carga de profundidad en sus páginas al referirse a los inicios del cristianismo, religión que fue plegada y acomodada a los caprichos del Emperador Constantino y de su madre la Emperatriz Elena en el Concilio de Nicea. Por cierto, si hacemos caso de la leyenda, buen rival se hubiera encontrado El Escorpión en su oficio de arqueólogo en la madre del Emperador, que de viaje en Jerusalén encontró los clavos y la vera cruz, reliquia de reliquias, donde Cristo sufrió martirio pasando a ser Santa Elena después de tan fenomenal hallazgo.



Los autores hacen que los diferentes sucesos acaben desbordando a nuestro héroe, que habituado a llevar las riendas de su existencia, pasa a ser un peón de un complicado tablero en un juego que le sobrepasa y donde personaje y lector vamos descubriendo juntos las claves del mismo a través de los cinco álbumes que de momento forman la saga.


A ESTOCADAS
La serie está siendo publicada en España en una digna y ajustada edición, en cuanto precio y formato, por Norma Editorial, en una clara apuesta por una serie ya superventas en Europa, que parece funcionar bien en nuestro país. Impactante y atrayente es el envoltorio del producto, con espectaculares cubiertas dobles que aparte de ser bonitas y cumplir como reclamo para atraer al lector, recupera la tradición de los tebeos de aventuras en los que la portada era la representación de una de las escenas, normalmente la mas espectacular o la de mas tensión dramática, que contenía el interior del comic.

El guionista construye la historia con diferentes referencias, por una parte las ya apuntadas a las historias de espadachines realizadas en otros medios, como el comic, la novela, el cine, etc., introduciendo un elemento muy de moda en los best seller de novela histórica, la conspiración para ocultar hechos sucedidos en el pasado por medio de grupos y sociedades secretas -casi siempre con La Orden del Temple de por medio- y que, este es un hecho recurrente en este tipo de literatura, están habitualmente relacionados con la figura de Jesús o los Inicios de la religión cristiana.





Desberg despliega un amplio catalogo de recursos, con abundantes flashbacks, cambios constantes de escenarios, idas y venidas del pasado al presente de diferentes personajes, elementos que si no son bien utilizados lastran la narrativa y el ritmo del cómic, pero el escritor nos da muestras de su oficio y experiencia consiguiendo un ritmo de lectura alegre y mantenido a lo largo del relato. Un ejemplo a destacar de la Inteligente narrativa empleada transcurre en las primeras paginas del primer volumen La marca del Diablo, desarrollando dos escenas que ocurren al mismo tiempo, contándonos mediante la alternancia de viñetas la búsqueda de una tumba por El Escorpión y el asesinato de un párroco por el Cardenal Trebaldl y sus secuaces, en una secuencia de gran tensión resuelta con un inteligente climax en cinco paginas y que sirve como excelente presentación de caracteres e intenciones de los principales actores del drama.

Y si el comic cuenta con un buen guión, el punto fuerte es la deslumbrante parte gráfica a cargo de Marini que se confirma como uno de los mejores dibujantes del ámbito europeo. Con una narrativa clara, utiliza el plano general con acierto, resuelve las escenas de acción con facilidad, hace que las expresiones de los personajes sean creíbles, con un dibujo y un color preciosistas pero que no se recrean en si mismos sino que están al servicio de la historia de Desberg.

Para todos los que crecimos con un palo en la mano imitando aquellos espadachines que leíamos en los tebeos -grande, grandísimo Corsario de Hierro- esta serle supone un nuevo acercamiento a un genero desde una perspectiva mas actual, conjugando comerclalidad y calidad, haciendo de El Escorpión una obra de agradable lectura consiguiendo que nos apetezca blandir de nuevo la espada de nuestra infancia contra los malvados espadachines del tedio y la rutina que nos acechan en la vida diaria



Dentro de la Viñeta nº31, año 2005

sábado, 13 de agosto de 2016

A Pulp Heroes Tale: Todos los vivos acaban cayendo by Victor Santos


Publicado en la revista Club Cultura #9. Enero-Febrero 2006, editorial FNAC

Bienvenido a la república independiente de tu casa (Agustín Ferrer)









 JOT DOWN SMART Nº11, El Pais, agosto 2016


BEN-HUR (1959)


El cine se abrió paso en el siglo XX e hizo suyo un hueco digno en el Arte. Hay todo un universo digno de discusión, estudio o controversia. Dejando aparte todo eso para otro día u ocasión. Uno de los exponentes de esa explosión técnica y artística fue la película Ben-Hur, del año 1959. Probablemente, la culminación de toda una época y una industria que dejó en esta y otras pocas películas un recuerdo imborrable.

Aprovechando que otros hacen un trabajo encomiable, a través de la página Framefilter, puedo disponer de unas excelentes capturas de pantalla de esta increíble película. De esta y muchas más, tiene que haber bastantes sitio dedicados a esta pasión, otro que encontré es, Movie Screenshots.

Pasiones aparte, no hay fuente de información más impresionante para un dibujante de comics que aprovechar los conocimientos de directores, fotógrafos, escenógrafos, diseñadores y en general todo el trabajo que hace que una película se convierta en un icono y en un referente mundial.

Un amigo tiene especial pasión por este película, algo normal, tan solo leyendo algo sobre ella, por ejemplo aquí, impacta bastante. Lo cual me lleva, casi inevitablemente a preguntarme por la nueva versión de Ben-Hur, a estrenar este año. Pero supongo que la misma industria que creó los mitos y las leyendas puede hacer con ellos lo que quiera.

Lo importante para mi, es que gracias a películas como la que William Wyler rodó en 1959, aprovechando todos los elementos de que disponía, se puede disfrutar y utilizar una base de trabajo para dibujar, como antes se utilizaba la pintura o lo que se pudiese utilizar para crear algo nuevo.

Porque este blog nació con una meta y aún estamos en ello. Me gusta comentarlo.





















viernes, 5 de agosto de 2016

Un millón de euros por el número 1 de Superman


Una subasta del 'Action Comics No. 1', con la primera aventura del hombre de acero, alcanza otra vez una enorme suma

ÁNGEL LUIS SUCASAS
Madrid 5 AGO 2016

Portada del 'Action Comics nº1', el debut de Superman.  DC COMICS
Si lo contáramos a la página, estaríamos hablando de 69.000 euros por hoja. Porque de las 64 que componen el Action Comics No. 1 (1938), solo valen las 13 primeras, la aventura en la que un tal Clark Kent voló por primera vez como Superman. El cómic, del que se creen que solo quedan unas 50 copias en el mundo según Variety, se ha vendido por casi un millón de dólares (900.000 euros) en una subasta organizada por la Heritage Auction Dallas, en Texas. El precio inicial se fijó en 750.000 dólares (unos 673.000 euros).

No es ni mucho menos la primera vez que se genera una locura con este número en una subasta. En agosto de 2014, se vendió un Ebay un ejemplar por más de tres millones de euros. Tres años antes, Nicolas Cage marcaba un récord al vender por casi dos millones este codiciado ejemplar de su colección personal.

La historia del ejemplar de Cage tiene su miga. Fue robada de su casa en el 2000 junto con otras joyas del tebeo, tal y como denunció la estrella a la policía de Los Ángeles. 11 años después, el Detective Comic Nº1 de Cage aparecía en el casillero de un almacén del Valle de San Fernando (California). A poco de recobrarlo, el actor declaraba que se trataba de la “divina providencia” y que “la reliquia retornaba a la familia”. Meses después, el intérprete lo vendía sin pensárselo dos veces.

La primera página de la historieta debut de Superman explica el origen del personaje sin nombrar Kripton.  DC COMICS

Como cómic, el primer vuelo de Superman no es gran cosa. Pero fija muchas de las claves de este personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. En sus ocho primeras viñetas, con la prosa rimbombante de la época, se nos cuenta cómo un científico metió a su primogénito en una cápsula espacial mientras su planeta moría (planeta que, por cierto, no se nombra). No había granja afable en la campiña norteamericana, sino el ingreso directo a un orfanato. Y en una combinación de tres viñetas se nos cuentan sus poderes extraordinarios: ¡Salta más de 200 metros desde un edificio de 20 pisos! ¡Corre más rápido que un expreso! ¡Levanta unos pisos tremendos! (aunque lo que levanta es una viga).

Pero el Clark Kent con gafas y periodista está aquí. También Lois Lane, su amor platónico de siempre. Y el traje azul (ya con el calzoncillo rojo por fuera), capa roja y la señal de la S en el pecho (completamente amarilla). Volar, lo que se dice volar, no vuela, pero pega unos saltos de cuidado y en una de las viñetas se compara su capacidad de botar con la de un saltamontes (sic). También se le compara con una hormiga, por la fuerza extraordinaria de estos insectos en relación a su tamaño. El cómic termina con un Superman rompiendo con su pecho una cadena y el siguiente texto bajo él: "Una proeza física, un prodigio mental, Superman está destinado a cambiar para siempre el mundo".

De villanos va más bien la cosa justita. Hay tipos con pistola, tipos con cuchillo, tipos con coches a toda pastilla. Pero todos comprueban que contra la carne de acero del superhombre poco se puede competir. Lejos queda este cómic de las amenazas sobrehumanas y extraterrestres, como el general Zod (kriptoniano también) o el monstruoso Doomsday, amenazas que lograrán poner contra las cuerdas a este moderno Prometeo de extraordinarios poderes.

Pero hay vida en las subastas más allá de Superman. El debut de Batman, Detective comic nº 27, también superó la cifra del millón de dólares. Como lo hizo el Amazing Fantasy nº 15, con la primera aventura de Spider-Man. La web Dave & Adams guarda registro de las ventas más abultadas de una pieza del noveno arte. Y, según ella, la de hoy sería el récord absoluto.

Un triunfo para un Superman necesitado de demostrar que puede competir con los superhéroes contemporáneos, mucho más oscuros y atormentados que este kriptoniano capaz de lucir calzoncillo a miles de metros sobre el suelo.

El Pais