martes, 17 de noviembre de 2015

Pasión arácnida

El estudio definitivo sobre el Hombre Araña.


JAVIER FERNÁNDEZ 




SPIDER-MAN. LA HISTORIA JAMÁS CONTADA. Julián M. Clemente. Panini. 608 páginas. 25 euros.

Los aficionados al cómic de superhéroes conocen de sobra a Julián M. Clemente. Ejerce como Editor Marvel en Panini y es autor, con Helio Mira, de la entrañable novela Los chicos que coleccionaban tebeos, retrato generacional (y friki) donde los haya. Clemente ha escrito infinidad de textos sobre la Casa de las Ideas, siempre con enorme conocimiento y buen criterio, y si hay un personaje con el que se le relaciona por encima de todo, qué duda cabe, este es Spiderman. Allá por finales del siglo pasado, la editorial Alberto Santos le publicó el libro Spider-Man: Biografía no autorizada, del que más tarde manarían otros dos volúmenes, ambos en el catálogo de Dolmen: Spider-Man: Bajo la máscara (firmado a medias con Rubén Guzmán) y Spider-Man: Historia de una araña (confeccionado con un puñado de autores). En su momento, estos textos fueron pioneros en el estudio de los superhéroes en nuestro país, y siguen siendo una lectura estimulante, iluminadora y muy entretenida.

Siguiendo con la línea comenzada con la versión española de Marvel Cómics. La historia jamás contada, el impresionante volumen de Sean Howe, Panini nos deleita ahora con Spider-Man. La historia jamás contada, el libro definitivo de Clemente sobre el Hombre Araña. El presente ensayo es más que la suma actualizada de los anteriores títulos; como dice el propio autor en su introducción: "Considero que, mientras Biografía no autorizada y Bajo la máscara eran trabajos de divulgación, La historia jamás contada se enmarca en el terreno del reportaje periodístico. Al revisar el texto, descubrí que había demasiadas cosas que me gustaría corregir, ampliar y reformular, por lo que al final he hecho bastante más que limpiar y pulir. (…) un dato objetivo al respecto: Bajo la máscara tenía algo más de quinientos mil caracteres con espacios. Este libro se acerca a los dos millones". En pocas palabras, La historia jamás contada es el estudio definitivo sobre Spiderman, tan documentado y completo como pueda uno soñar, y tan apasionante que se lee casi como una novela.


Malaga Hoy

Un cómic refrescante

JAVIER FERNÁNDEZ 




MS. MARVEL, 2: GENERACIÓN ¿POR QUÉ? G. Willow Wilson, Adrian Alphona, etc. Panini. 176 páginas. 15,50 euros.

Esta nueva y desenfadada versión de Ms. Marvel ha resultado ser una de las sorpresas del año en el ámbito de los superhéroes; no en vano se alzó con el premio Hugo 2015 a la Mejor Historia Gráfica. Diferente, divertida, refrescante, Ms. Marvel narra las aventuras de Kamala Khan, una adolescente musulmana de New Jersey que desarrolla repentinamente superpoderes y decide seguir los pasos de su heroína favorita: Ms. Marvel. Los guiones corren a cargo de la escritora Gwendolyn Willow Wilson, y en el apartado artístico destacan los canadienses Adrian Alphona y Takeshi Miyazawa, conocidos ambos por su trabajo en Runaways. El segundo tomo recopila los números 8 a 15, y en ellos se revelan los lazos del personaje con los Inhumanos.


Malaga Hoy


Drácula en Marvel

JAVIER FERNÁNDEZ 




LA TUMBA DE DRÁCULA, 4. Marv Wolfman, Gene Colan y otros. Panini. 464 páginas. 42,95 euros.

El cuarto y último tomo de la magnífica reedición de La Tumba de Drácula ofrece el final de la serie original del personaje, así como posteriores apariciones suyas en el universo Marvel, incluyendo el arco argumental de su muerte y la eliminación de los vampiros por parte del Dr. Extraño. Se trata de los números 58 a 70 de The Tomb of Dracula (1977-79), el 159 y el anual 6 de The Uncanny X-Men (1982) y los 58 a 62 de Doctor Strange (1983). Los primeros son, cómo no, obra de Marv Wolfman y Gene Colan, la dupla mutante está firmada por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz y el resto es cosa de Roger Stern, Dan Green y Steve Leialoha, ahí es nada. Completan la edición 24 páginas de extras, entre los que destacan un buen puñado de originales de Gene Colan, una auténtica maravilla que permite apreciar la maestría de Colan en el uso de los lápices.


Malaga Hoy

lunes, 9 de noviembre de 2015

Venantius


Hay tantas opiniones como personas para dar su punto de vista a algo tan sutil o esquivo como el Arte. En su gestión administrativa para educar, como carrera universitaria, creo que aún puede ser más complejo. Pero independientemente de todo, acabas haciendo una cantidad de trabajo inmenso. Venantius ha cursado Bellas Artes y en su pagina de Facebook ha ido poniendo parte de todo ese trabajo.

A mi, particularmente, me encanta todo cuanto hace, empezando por los bocetos, por los apuntes del natural que realiza como si fuese lo más natural del mundo.









domingo, 8 de noviembre de 2015

‘Aquí’ revoluciona la forma de narrar de los cómics

 Richard McGuire, portadista de ‘The New Yorker’, superpone dibujos para relatar el paso del tiempo en una habitación

ANDREA AGUILAR Nueva York

Una página doble de 'Aquí' (Salamandra Graphic en España), en la que se ve la superposición de imágenes. / EL PAÍS

Sentado en su apartamento del West Village, en Manhattan, se quedó mirando una de las esquinas de la sala, y pensó en la persona que habría ocupado esa casa antes que él. La esquina cortaba el plano en dos, quizá se podría llevar esta idea a una página. Aquel día de finales de los ochenta había escuchado una conferencia del historietista Art Spiegelman en la que el autor de Maus definió los cómics como diagramas narrativos. Poco tiempo después un amigo le habló de Windows, un innovador programa informático que usaba ventanas.

Fue así como la superposición de capas temporales sobre un mismo espacio físico, la página de un cómic, empezó a cobrar forma en la cabeza del inquieto Richard McGuire (Nueva Jersey, 1957). Bajista del grupo Liquid Liquid, escultor, diseñador de juguetes y de portadas de discos, autor de libros infantiles, cineasta de animación y portadista de la revista The New Yorker son algunas de sus ocupaciones.

Pero fue aquella visión que tuvo hace casi tres décadas la que marcó el arranque de un proyecto con el que ha marcado un hito en una de sus actividades, en concreto, en la concepción de la novela gráfica. McGuire habla de ello en el estudio que comparte con otros artistas en el Garment District de Manhattan. Hay pinceles y pilas de papeles, libros de arte y una vieja cama de metal con una colcha de ganchillo tejida en muchos colores. Los espacios de McGuire están llenos de encanto.

En 1989 publicó en la legendaria revista RAW editada por Spiegelman y su esposa, Françoise Mouly, un relato sobre una habitación y el paso del tiempo, que ya rompía las formas superponiendo las viñetas. Esas seis páginas fueron reconocidas de inmediato como una obra revolucionaria para el género que ampliaba las posibilidades del cómic. “Os garantizo que recordaréis siempre dónde estabais cuando lo leísteis por primera vez”, comentó el conocido historietista norteamericano Chris Ware. En 2014, finalmente, apareció el esperado libro, Aquí, en el que desarrolla a lo largo de más de 150 páginas aquel breve relato y recorre el pasado histórico y el futuro lejano en una sola habitación.

McGuire rompe con las convenciones narrativas y formales del género: sus dibujos escapan los márgenes y se van superponiendo en una misma página en la que aparece reproducida un mismo salón por una familia en los años sesenta o en el siglo XVIII. El protagonista es el tiempo y Aquí una reflexión poética repleta de sentimientos, ecos, gestos. Celebrado por la crítica como un clásico imprescindible, su publicación en EE UU fue acompañada de una exposición en la Morgan Library de Nueva York. Salamandra Graphic acaba de publicar la versión en España del libro.

Han pasado más de dos décadas hasta que McGuire retomó el proyecto de Aquí. ¿Por qué decidió hacerlo? “Lo cierto es que tenía un contrato en el año 2000. Había hecho varios libros para niños, pero sentía que debía retomar este proyecto. Hablé con Chris Ware, que me animó. Hice una pequeña maqueta, firmé, y luego ya no sabía como hacerlo. Trabajé en muchas versiones, me fui a Francia para hacer una película de animación y cuando regresé a Nueva York me dieron una beca en el New York Public Library y me pasé un año investigando”, explica el artista.

Él no se siente un novelista gráfico: “He hecho muy poco y no tengo un estilo muy marcado. Hice aquella historieta que publiqué en Raw y este libro, realmente. Lo cierto es que siempre he alternado distintos campos artísticos. Cuando tenía el grupo de música seguía haciendo arte. Me gusta tener múltiples ocupaciones. De las esculturas pasé a los juguetes, luego a los libros de niños, una cosa me lleva a la otra”.

La habitación en la que se desarrolla el libro está inspirada en su casa familiar y hay sutiles referencias a su familia, pero de alguna manera Aquí rompe, también, con la clave autobiográfica de las novelas gráficas. “Así es, esto empezó con Robert Crumb y ha tenido mucho impacto. Pero es que si ves el arco temporal completo te das cuenta de que nuestra presencia es tan breve. Trato la historia del planeta en 300 páginas y si lo piensas así, nuestras vidas son un parpadeo. Sabía que no quería hablar abiertamente de mi familia. Probablemente porque era algo doloroso tras la muerte de mis padres. Luego, poco a poco, fueron entrando en la historia. Por ejemplo, mi padre nos sacaba fotos todos los años en el mismo rincón y posando exactamente igual. Quizá ahí está el germen de la idea”.

Esa superposición de imágenes resulta casi impresionista, escapa a la trama formal, y reviste una elevada complejidad. ¿Cómo se trabaja una estructura así? “Sabía que esto tenía que haber un crescendo y que luego todo se rompía. Hay una conversación que lleva a una discusión, y luego eso se transforma en algo tranquilo que deja paso a una parte sobre la pérdida. Luego llega la calma total, los paisajes sin texto. Lo difícil es que cuando metía un cambio tenía que cambiarlo todo, había un efecto dominó. Los distintos hilos narrativos se entrecruzaban”.

Richard McGuire, en su estudio de Nueva York. / ANA NANCE (EL PAÍS)

Palabras por el camino
Por el camino se quedaron muchas palabras, en un proceso de depuración narrativa. “Cuando estaba metido de lleno en faena y pensaba en el libro como si fuera música, como una remezcla, también pensaba que esto tenía que poderse leer y lo imaginaba como un poema con una sola voz. Empecé a trabajar todos los textos sin las imágenes, a recortarlos”, dice.
Tal vez tener que imaginar también el futuro, al que se viaja también a través de las viñetas. “No quería que fuera demasiado oscuro, porque eso es algo tan recurrente y típico. En mi libro está la inundación y esa guía que recorre el pasado del siglo XX, y luego las imágenes del futuro más lejano. Traté de retratarlo como una recuperación, la vida continua aunque no se vea ningún ser humano”, explica McGuire, que ha estado reflexionando sobre las influencias que uno recibe incluso sin darse cuenta en muchas ocasiones. “Y ahí está Raymond Carver, y la adaptación de Robert Altman en Short Cuts, Vonnegut y Matadero cinco o William Burroughs y sus juegos temporales. No he inventado nada”, afirma.

El Pais Domingo 8 de noviembre de 2015

LA VOCACIÓN Pedro Espinosa (basado en un texto de Ana Pastor)









Jot Down Smart edición El Pais número 2 noviembre 2015

sábado, 7 de noviembre de 2015

Dinamita mental

Divertidísimo entretenimiento, 'Los Invisibles' desafía toda clasificación y constituye una de las lecturas más estimulantes del catálogo de Vertigo.

JAVIER FERNÁNDEZ



LOS INVISIBLES: CONTAR HASTA LA NADA. Grant Morrison, Phil Jiménez y otros. ECC. 240 páginas. 23 euros.

Cuando Grant Morrison dio el salto al mercado estadounidense a finales de los 80, pocos podían sospechar que acabaría convirtiéndose en uno de los guionistas más importantes del mainstream, una especie de gurú de los superhéroes en el siglo XXI.

Animal Man y Doom Patrol, sus dos primeras series en DC, son experimentos metalingüísticos que permanecen como joyitas de la nueva forma de entender el cómic inaugurada unos años antes por los Chaykin, Moore, Miller y compañía (sin olvidar al muy adelantado Steve Gerber). Siguieron más y más tebeos, delirantes y deliciosos hasta que, en 1994 y tras una especie de epifanía, dio a imprenta la que tal vez funcione como cúspide artística en el cómputo general de su bibliografía: Los Invisibles. Mezcla psicodélica de ciencia ficción y superhéroes, comentario contracultural al borde del milenio, sigilo mágico, compendio de obsesiones personales y, sobre todo, divertidísimo entretenimiento, Los Invisibles desafía toda clasificación y constituye una de las lecturas más estimulantes del catálogo de Vertigo. (Si me permiten la digresión, uno no puede sino asombrarse cuando ve los títulos que ofrecía el prestigioso sello de DC en aquellos años: Hellblazer, Sandman, Sandman Mystery Theatre, Shade, the Changing Man, junto con miniseries y novelas gráficas de una calidad impensable hoy día.) Acompañado de distintos dibujantes, Morrison narra en Los Invisibles la guerra entre la organización clandestina del mismo nombre y las deidades alienígenas que, a la manera de Philip K. Dick, han sometido a la humanidad sin que esta lo sepa.

El conjunto de la serie se divide en tres volúmenes, de 25, 22 y 12 episodios respectivamente, publicados entre septiembre de 1994 y junio de 2000. Ha conocido distintas ediciones en nuestro idioma, y actualmente está siendo reeditada por ECC en siete coquetos y manejables tomos en cartoné, de los que ya han visto la luz cinco. El último de estos cinco se titula Contar hasta la nada, y ofrece los números 5 a 13 del volumen 2, más la historieta corta del primer especial Vertigo Winter's Edge. La mayoría del arco está dibujado por Phil Jiménez, a quien acompañan brevemente Michael Lark y Philip Bond, además de un puñado de entintadores.

Mientras escribía Los Invisibles, Morrison se integró también en el movimiento de renovación del género superheroico de mediados de los 90, liderado por Kurt Busiek y Mark Waid (y al que no tardó en sumarse Alan Moore con su Supreme). Dicho en pocas palabras, el género llevaba una década deconstruyendo a los héroes y empapándolos de oscuridad. Títulos como Marvels, Astro City o Kingdom Come defendieron la vuelta a ideales más sencillos y luminosos. En esta hebra se sitúa la JLA de Morrison, que comenzó su andadura en 1997 y se prolongó hasta el año 2000. ECC también está recuperando en tomos esta maravilla, de temática más convencional, pero igualmente atractiva y sofisticada. El tercer tomo, recién llegado a librerías, contiene los números 18 a 31. Son pura dinamita.


Malaga Hoy

El barrio del placer

JAVIER FERNÁNDEZ




HISTORIA DE UNA GEISHA. Kazuo Kamimura. ECC. 360 páginas. 19,95 euros.

De Kazuo Kamimura (Yokosuka, 1940-1986) había leído previamente los tres tomos de Lady Snowblood publicados en su día por Planeta, y confieso que me quedaron ganas de hincarle el diente a más cosas suyas. Pero pasaban los años y no llegaba nada nuevo del mangaka, de modo que me froté las manos cuando supe que ECC preparaba la edición de Historia de una geisha en su cada vez más interesante línea de manga. La espera ha merecido la pena.

Graduado en la universidad de arte de Musashino, Kamimura comenzó su carrera como ilustrador en el mundo de la publicidad. El encuentro con el cantautor y novelista Yu Aku (que firma el epílogo de Historia de una geisha) le dio la oportunidad de introducirse en el manga. A finales de la década de los 60, Aku y Kamimura colaboraron en un gekiga titulado Parada, cuando dicho género realista estaba muy en boga, y, a raíz de ello, Kamimura decidió dejar la ilustración y dedicarse de lleno al cómic. Murió con apenas 45 años, de cáncer de faringe, pero nos legó miles de páginas, de una belleza y elegancia fuera de lo común. Publicada entre 1972 y 1973, Lady Snowblood, con guión del célebre Kazuo Koike, es seguramente su obra más conocida en Occidente, en especial desde que Tarantino afirmó que le había servido de inspiración para Kill Bill, aunque no es, ni mucho menos, su trabajo más personal. Sin ir más lejos, Historia de una geisha, alumbrada también la luz en el primer lustro de la década de los 70, posee mayor calado. Con una estructura episódica, el libro narra la vida de Tsuru, una geisha entre los años previos a la guerra de Manchuria y los posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Cada capítulo se lee como un relato corto en la vida de Tsuru, que comienza muy niña su odisea y va progresando sin pausa en el barrio del placer, dominando por el camino las propias emociones. Incisivo, emocionante, con momentos de una rara intensidad, Historia de una geisha es un manga sobresaliente, presume de un guión inteligente y hermosos dibujos. En resumen, un verdadero disfrute.


Malaga Hoy

Un Darwin detective

JAVIER FERNÁNDEZ 



LOS CUADERNOS DE DARWIN. Sylvain Runberg, Eduardo Ocaña. Yermo Ediciones. 176 páginas. 35 euros.

Los cuadernos de Darwin es una fantasía decimonónica, a medio camino entre el suspense y el terror. El guion del belga Sylvain Runberg nos transporta a la campiña inglesa de la segunda mitad del siglo XIX, donde la policía ha hallado los cadáveres de unos operarios de ferrocarriles, con marcas y mutilaciones nada corrientes. El mismísimo Charles Darwin, cuya hipótesis sobre la evolución de las especies está causando revuelo en la estricta sociedad de la época, es enviado como experto para tratar de dilucidar el misterio, lo que causará reacciones encontradas entre los investigadores. El intrigante relato de Runberg encuentra magnífico apoyo en los dibujos del madrileño Eduardo Ocaña, poseedor de una estética realista y un amplio dominio del storytelling. La edición de Yermo, tan sobresaliente como es habitual, se completa con un cuaderno de bocetos.


Malaga Hoy

En un mundo aterrador

JAVIER FERNÁNDEZ



WORLD WAR WOLVES. Jean-Luc Istin, Kyko Duarte. Yermo Ediciones. 112 páginas. 18 euros.

El guionista francés Jean-Luc Istin se asocia con el dibujante malagueño Kyko Duarte para ofrecernos el primer volumen World War Wolves, una historieta de ciencia ficción con hombres lobo trayendo el apocalipsis a nuestra sociedad. En la senda de taquillazos como Los muertos vivientes, este estupendo álbum de Yermo Ediciones detalla las difíciles relaciones interpersonales, las angustias y los cambios psicológicos de los protagonistas en un mundo aterrador, en el que se han convertido en mero ganado para los lobos humanos, y lo hace con un ritmo endiablado y una espectacular estética en blanco y negro que conduce a un clímax muy emocionante. World War Wolves se completa con una galería de ilustraciones y algunos textos extra.

Malaga Hoy

jueves, 5 de noviembre de 2015

LA HUELLA DE BLAKE Y MORTIMER



"Feliz mortal aquel que conozca la obra de Edgar Pierre Jacobs" es una frase que podría pasar inadvertida si no fuera porque salió de la boca de otro gran creador, Hergé, amigo personal de Jacobs, quien, como veremos más adelante, tuvo un papel muy importante en las aventuras de Tintín. Una frase que define el sentir de cientos de miles de lectores de diversas generaciones, que desde hace 60 años disfrutan, cual "felices mortales", en efecto, de las propuestas narrativas y estéticas de Jacobs. 

Como la nuestra, la del cómic, es una industria cambiante y algo falta de memoria, no podemos aplicar lo de "diversas gene-raciones" al caso concreto de Blake y Mortimer. Esta serie nos llegó algo tarde, pero, al menos en estos últimos años, Norma Editorial, gracias a la recuperación tanto de los primeros títulos firmados por Jacobs como de las nuevas aventuras imaginadas por otros autores de primera línea, nos permite degustar el intenso sabor de las aventuras de Francis Blake y de Philip Mortimer. Y para aquellos que desconozcan o apenas atisben la historia que envuelve esta obra, unas notas aclaratorias.


EL CREADOR: EDGAR PIERRE JACOBS
Antes de entrar en materia, el lector me permitirá bucear, ni que sea un rato, por la apasionante personalidad del creador de Blake y Mortimer, un hombre de amplia cultura, lo que llamaríamos un hombre del Renacimiento, una persona que cultivó las artes y las ciencias con fruición. Nacido en Bruselas en 1904, Jacobs reveló muy pronto su pasión por las dos disciplinas que marcarían su vida: la música y el dibujo. Tan pronto como que, ya en 1921, a sus 17 años, compaginaba su trabajo de dibujante publicitario con el de figurante del Teatro Real de Bruselas, donde se paseaba con soltura, ansioso por conocer los misterios del bell canto. Al año siguiente, su voz surgía ya de una garganta de barítono profesional, iniciando una carrera que se presumía pletórica, confirmada por el Gran Premio de canto que recibió en 1929, poco antes de ser contratado como artista lírico por la Ópera de Lille. Allí, hasta que la II Guerra Mundial truncara la cotidianeidad de millones de personas, destacó tanto por la educación de su voz como por los diseños de vestuario, personajes y decorados que realizaba, demostrando sus adquiridos conocimientos de otra de sus pasiones: la historia del traje. En ese momento, 1940, la ópera perdió una voz, pero la historieta estaba a punto de ganar un maestro.

Obligado a vivir de trabajos que sólo le daban para procurarse alimentos, como la ilustración de publicidad, catálogos y prensa, en 1941 Jacobs pasó a formar parte del staff de la revista Bravo, una popular publicación belga (300.000 ejemplares de tirada) básicamente integrada por series de prensa norteamericanas, como Katzenjammer Kids, Félix el gato o Flash Gordon, historietas complementadas por un copioso apartaalkie redacción para el que Jacobs realizaba, básicamente, ilustraciones de cuentos. La guerra, de nuevo, intervino en la vida del autor belga y forzó el que sería su giro definitivo hacia la historieta: la ocupación alemana prohibió la edición de material norteamericano, pero antes que dejar colgada una aventura del Flash Gordon de Alex Raymond, el editor de Bravo le pidió a Jacobs que terminara la historia. Firmando con su nombre, Bravo publicó algunas páginas de un Flash Gordon dibujado por Jacobs; el siguiente paso era casi obvio. Bravo necesitaba manos autóctonas para seguir publicando historietas, y una de ellas era la de Edgar Pierre Jacobs, que en 1943 recibió el encargo de crear una aventura que, de alguna manera, supliera la ambientación entre fantástica y futurista de Flash Gordon. Nació El rayo U, una historieta que no escondía sus referencias, con personajes muy "raymondianos" como Lord Calder (Flash Gordon), Marduk (Zarkov) o Sylvia (Dale Arden), una historia muy influida, como el propio Jacobs reconoció, por la lectura de los relatos de aventuras de Arthur Conan Doyle. Pero Jacobs no era un sosias de Raymond; antes al contrario, sus fuentes estilísticas eran otras, y El rayo U acabó por convertirse en un relato de aventuras fantásticas, con un grafismo elegante y personal y un llamativo uso del color; estamos, claramente, ante la obra que prefigura Blake y Mortimer.

Pero antes, amigo lector, un inciso; importante, por cierto. Y es que, aunque Jacobs colaboró hasta 1946 en Bravo (y realizó ilustraciones para revistas como Stop, Abe, Lutin o Bimbo), en 1943 un amigo le presentó a otro dibujante belga, éste ya de cierta fama, que respondía al seudónimo de Hergé. Su primer encuentro se redujo a que Hergé, asombrado por el dominio del color de Jacobs, le pidió asesoría ante el ingente trabajo que le esperaba: remontar y sobrecolorear los primeros álbumes de Tintín. En 1944, y durante dos años, Hergé contrató a Jacobs como ayudante, tanto para la tarea de remontaje; color de las primeras obras de Tintín como para participar directamente en la realización de sus nuevas aventuras. Jacobs ejercía de colorista y de dibujante de fondos y de objetos, colaborando activamente en las nuevas versiones de Tintín en el Congo, Tintín en América, El loto azul y El cetro de Ottokar (álbum para el que rediseñó todo el vestuario de los guardias reales), y en tres nuevas aventuras de "el chico del mechón": El tesoro de Rackham el Rojo, Las 7 bolas de cristal y El templo del sol. Jacobs participó también en un ambicioso proyecto de Hergé: una enciclopedia ilustrada en la que Tintín evocaba la historia de los medios de transporte y de antiguas civilizaciones, así como el desarrollo de la industria y la ciencia o estudios de animales y plantas; estos "cromos" fueron publicados en el semanario Tintín y posteriormente recopilados en diversos libros con el título de Voir et savoir (Ver y saber).

Esta intensa experiencia ilustra no sólo los conocimientos culturales almacenados por Jacobs, sino también su facilidad para dibujar cualquier ser vivo, paisaje, decorado o máquina y, sobre todo, su fervor por la correcta y copiosa utilización de la documentación. En suma, en 1946 Edgar Pierre Jacobs era ya un dibujante muy completo, un hombre de conocimientos, un autor preparado para crear un mundo propio.
 

EL JACOBS DE BLAKE Y MORTIMER
En 1946 las armas habían callado, y aunque la II Guerra Mundial había dejado un reguero de destrucción y desolación, Europa, como otros continentes, se aprestaba a recuperar la normalidad. Raymond Leblanc, un editor belga, propuso a Hergé la creación de una nueva revista, una de historietas, escrita y dibujada por autores belgas: Tintín. Hergé invitó a Jacobs a que participara en ella desde el primer número, momento en el que abandonó Bravo y creó una saga de aventuras, imbuida por su amor a la historia, a las narraciones detectivescas y fantásticas, a su afición por la documentación y a su marcada anglofilia. Llevado por las circunstancias, Jacobs era ya un autor de historietas, y por fin tenía la oportunidad de escribir y dibujar con total libertad.

El 26 de septiembre de 1946 apareció el número 1 del semanario belga Tintín, que incluía, además de las primeras páginas de El templo del sol y otras historietas firmadas por autores belgas como Laudy, Paul Cuvelier o Le Rallic, una historia bautizada como El secreto del Espadón, protagonizada por Francis Blake y por Philip Mortimer. La gran influencia de la cultura anglofila en Jacobs se hizo evidente en las personalidades de sus criaturas. Francis Percy Blake nació en el País de Gales, estudió en Eton y pasó por una escuela militar. En El secreto del Espadón, Blake es capitán del Ejército de Su Majestad Británica, más concretamente, miembro del Servicio de Inteligencia, del M.I.5, responsable de seguridad interior y de contraespionaje. El capitán Blake es un hombre serio, de orden, flemático, riguroso, muy preparado para la acción, reflexivo y, con el tiempo, laureado por Su Graciosa Majestad con el título de Sir. Por su parte, Philip Edgar Angus Mortimer nació en India, donde su padre ejercía de médico del Ejército británico. Su madre, Lady Helen, era originaria del condado de Perth, y es seguramente ese origen escocés el que marcará profundamente su personalidad romántica, su carácter de sangre caliente y su afición por las causas perdidas. El profesor Mortimer estudió, seguramente, en EE UU y se hizo una reputación tanto en el campo de la Biología como en el de la Física, demostrando ampliamente sus dotes como inventor. Este fumador de pipa, como Blake, es también amante del teatro y de la arqueología, fanático de la aventura y hábil políglota. Ambos, por cierto, comparten (como Sherlock Holmes y el Doctor Watson) un apartamento en el número 99 de la londinense calle Park Lane, y, como buenos gentlemen que son, forman parte de un club privado, el Centaur Club. Se cuenta, a título anecdótico, que Blake estaba inspirado en un amigo de Jacobs, el dibujante Jacques Laudy, mientras que Mortimer no es otro que Jacques Van Melkebeke, ilustrador, guionista y colorista, viejo colega de Jacobs y, curiosamente, la persona que le dio a conocer el mundo de la ópera. Queda claro que Jacobs estudiaba concienzudamente la personalidad de sus criaturas, tanto de sus protagonistas como, ya lo veremos más adelante, de los secundarios, sobre todo de los villanos.


Jacobs, además de iniciar El secreto del Espadón en 1946, tuvo todavía tiempo para seguir colaborando con Hergé en su Tintín, tarea que abandonaría definitivamente en 1947, para ilustrar, también en Tintín, la novela de H. G. Wells La guerra de los mundos, un excelente trabajo cuyos diseños de platillos volantes y alienígenas influenciarían posteriormente a más de una generación de dibujantes.

 Con Blake y Mortimer Jacobs pudo, seguramente, resarcirse en parte de su frustrada carrera como cantante de ópera. Esta serie, de la que Jacobs escribió y dibujó un total de once álbumes (el duodécimo sólo lo escribió), publicados todos en el semanario Tintín, contiene un mundo muy particular, que auna lecturas de géneros como la aventura, la fantasía, la ciencia-ficción y el género policíaco con la técnica de la historieta clásica, el diseño de espacios teatrales, el gusto por la documentación férrea y realista, la historia y un cierto espíritu científico, aplicado, en ocasiones, a inventos imposibles pero dotados de una base técnica, un aspecto relevante de la serie que fue estudiado en profundidad por científicos de todo el mundo en un número especial de la revista Sciencie et vie, publicado en 2004 con el título de Blake et Mortimer et la sciencie. No hay, prácticamente, detalle documental dejado al azar por Jacobs, capaz de consultar una amplísima bibliografía antes de realizar cualquier aventura de Blake y Mortimer, de hacer acopio de una inmensa base fotográfica y de visitar su querido Londres para tomar notas, apuntes y fotografías con tal de hacer perfectamente reconocible el tránsito urbano de sus personajes. Es más, la habilidad manual de Jacobs llegaba también a la confección de unas perfectas maquetas de avio-nes y de otros aparatos que utilizaba para poder dibujar las maquinarias desde cualquier punto de vista, sin faltar a una sensación de "realidad" que, curiosamente, contrastaba con la desatada imaginación de sus argumentos.

De hecho, el propio Jacobs explicaba así su método de trabajo: "Tras la sinopsis, que es un breve resumen de la historia, establezco mi documentación. Si es posible, hago un viaje de prospección en los lugares por donde transcurre la acción, como hice para el libro de Septimus (La marca amarilla), y contacto con especialistas, hablo con ellos, los bombardeo a preguntas, hablo, por ejemplo, con técnicos en electrónica, médicos, arqueólogos, meteorólogos, pilotos de aviación, exploradores...".
Y ahora, si te parece, amigo lector, entremos de lleno en el mundo de Blake y Mortimer.



EL MUNDO VISTO POR DOS HÉROES BRITÁNICOS
No está muy claro si Jacobs era consciente de la continuidad de Blake y Mortimer cuando sus personajes tomaron forma en El secreto del Espadón; seguramente, lo que no se imaginaba Jacobs era el posterior éxito de la popular serie. Lo que sí está claro es que el autor belga tenía una clara conciencia de saga, de aventura larga, de epopeya; El secreto del Espadón fue publicado en el semanario Tintín entre 1946 y 1949, y sus 144 páginas originales, posteriormente remontadas, se recopilaron inicialmente en dos álbumes, repartidos en tres a partir de 1986, dando forma a la edición definitiva de esta saga. La primera parte de la historia retoma de alguna manera la sensación de desastre transfronterizo de la II Guerra Mundial, que, recordemos, había finalizado sólo un año
antes de que se publicara la primera página de esta historia. Jacobs devuelve a escena el "peligro amarillo", tan clásico en las novelas de aventuras, en la figura de Basam Damdu, un emperador del Tíbet que, enloquecido, lanza una ofensiva generalizada sobre algunas de las principales ciudades del mundo  (Londres, París, Roma o Bombay) y sobre la flota norteamericana del Pacífico (una clarísima  referencia  a  Pearl  Harbor). Ante un mundo en llamas, el profesor Mortimer crea los planos de un arma secreta que puede neutralizar la amenaza, pero Olrik, un hombre sin escrúpulos al servicio del emperador tibetano, emprenderá una incansable persecución para conseguir esos planos. Mortimer, con la ayuda de Blake, huye con el Golden Rocket hacia una base secreta situada en Oriente Medio, donde intentarán organizar la resistencia y construir lo que se presenta como la única esperanza para el "mundo libre": el Espadón. El escenario está servido.


Aunque, de entrada, pueda parecer, y ciertamente posee muchos indicios, un argumento arquetípico, Jacobs, con los elementos de los que dispone, sabe desarrollar una intriga casi "hitchcokniana" con una acción desbordante, poniendo especial énfasis en la construcción de sus personajes, principalmente, por supuesto, en Blake y en Mortimer, pero también en la esencia de las buenas narraciones de aventuras: en la personalidad del villano. El conocido como coronel Olrik será el "malo" por excelencia de la serie, el perverso criminal, la encarnación del mal, el personaje que dará sentido a las correrías de la pareja protagonista, un hombre aficionado al disfraz, capaz de asumir múltiples personalidades, también un amante del arte, a juzgar por las obras que decoran su piso de París. Un personaje muy "teatral", adornado con su monóculo y su bigote, fumando cigarrillos con filtro, en una imagen muy cercana a la del director de cine alemán Eric Von Stroheim aunque, en realidad, es el propio Jacobs el que presta su fisonomía a Olrik. Algunos meses después del final de El secreto del Espadón, la revista Tintín empezó a publicar otra historia larga, bautizada como El misterio de la gran pirámide, y recogida posteriormente en dos álbumes. Durante casi tres años (de 1950 a 1952), Jacobs desarrolló una nueva intriga, esta vez ambientada en Egipto y concentrada en los descubrimientos de un amigo de Mortimer, el egiptólogo Ahmed Rassim Bey, que ha recuperado un antiquísimo papiro de una momia egipcia. Es aquí donde descubrimos al Jacobs amante de la historia, del detalle documental, al constructor de argumentos coherentes, del gusto por el detalle, de la narración que te transporta como lector, sin soltarte, sin que pierdas interés por el desarrollo de la trama, de los personajes; el Jacobs que sabe mover los hilos dramáticos. De nuevo, Olrik, esta vez involucrado en el tráfico de antigüedades, busca el provecho propio pero, también, la venganza contra los que se han convertido en sus dos enemigos, su fijación; una venganza que, en parte, parece cumplir, pero que finalmente Jacobs, en una de sus pericias arguméntales, acaba por truncar. Los dos álbumes de El misterio de la gran pirámide sirven también para perfilar, todavía más, a un personaje como Mortimer, que desata sus pasiones, que muestra sus sentimientos. Jacobs, pendiente siempre de mejorar, de completar su trabajo, realizó especialmente para la edición italiana de esta aventura una historieta completa de cuatro páginas, titulada El tesoro de Tutankamón, en la que narraba la odisea real de los dos egiptólogos ingleses, Lord Carnavon y Howard Cárter, que encontraron la tumba del faraón egipcio.

La siguiente aventura, La marca amarilla, publicada en Tintín entre 1953 y 1954 y editada en un solo álbum, resultó ser un importante punto de inflexión en la serie. El estilo gráfico de Jacobs gana en síntesis, se torna más realista, más flexible, madura, en suma, y ese paso adelante en el dibujo viene refrendado por la brillante estructura narrativa de la historia, una trama de suspense que mezcla hábilmente elementos fantásticos con científicos, y que crea una ambientación que definirá a partir de entonces el savoir faire de Jacobs. La marca amarilla, por éstas y por otras muchas más razones, es el título más influyente de la saga, está ambientada por primera vez en un lugar perfectamente reconocible: el Londres de la posguerra. Jacobs, cargado con su libreta de apuntes y su cámara fotográfica, se traslada a la capital británica y, siguiendo un itinerario perfectamente diseñado con anterioridad, absorbe la esencia de aquella ciudad gris, brumosa, algo tétrica, pero intensa. El autor belga plantea la insidiosa carrera delictiva de un misterioso ladrón que, tras ejecutar robos tan increíbles como el del Banco de Inglaterra, la National Gallery o, en el colmo de la osadía, el de la corona real de Inglaterra, deja una marca inconfundible: una M rodeada por un círculo y pintada en amarillo. El capitán Blake y el profesor Mortimer reciben el encargo de capturar al misterioso ladrón, que continúa impune su carrera, ahora raptando a eminentes médicos, periodistas o jueces. El siguiente de la lista podría ser el profesor Septimus, celebérrimo psiquiatra, que resulta ser el cerebro que se esconde tras la marca amarilla, con la ayuda de Olrik, que, esta vez en un papel menos preponderante, aparece en condición de cobaya de ese "doctor enloquecido" y tremendamente inteligente que resulta ser Septimus.

Casi sin descanso, Jacobs aborda la realización de otra historia desarrollada en un solo volumen, El enigma de la Atlántida, publicada en Tintín entre 1955 y 1956. En esta ocasión, Mortimer y Blake deberán intentar aclarar la procedencia de un extraño metal de naturaleza desconocida que Mortimer sospecha que viene de la Atlántida, el continente perdido, una leyenda que, por supuesto, resultará real. Mientras el dúo protagonista visitará las entrañas de la tierra para descubrir la Atlántida, Olrik, presente en casi todos los álbumes de Blake y Mortimer, utilizará de nuevo su faceta camaleónica para inmiscuirse en los planes de los héroes y tratar de hacerse con el preciado metal. De nuevo, la influencia del concepto clásico de la aventura anida en esta historia en la que, como es habitual en Jacobs, el elemento fantástico está rodeado de una sensación de "realidad" que hace completamente plausibles las increíbles hazañas de los personajes. A diferencia del espíritu más fantacientífico de El enigma de la Atlántida, S.O.S. Meteoros, publicada entre 1958 y 1959 en Tintín, abogará por una raíz más científica, planteando la existencia de unos violentos cambios climáticos que sumen al mundo en el caos. Mortimer, verdadero protagonista de este álbum en detrimento de Blake, se traslada a París e intenta ayudar a su viejo amigo, el profesor Labrousse, un meteorólogo, con el objetivo de descifrar el enigma. El argumento da un giro hacia el subgénero del espionaje, y es ahí donde aparece, de nuevo, la inquietante sombra de Olrik y de una importante potencia extranjera que podría estar detrás del desastre, por supuesto con intenciones claramente hostiles.





Entre 1960 y 1961 Tintín publica las nuevas aventuras de Blake y Mortimer,
La trampa diabólica, una historia que mantiene las constantes de Jacobs con respecto al sentido de la fantasía y la aventura de sus relatos, pero que intenta ir algo más allá. El propio Jacobs define así el origen de esta aventura: "Parte de la siguiente idea: cuando la gente habla del pasado tiene la costumbre de decir 'aquéllos sí que eran buenos tiempos, pero todo mejorará en el futuro', y lo que yo quise mostrar con esta historia es que los buenos tiempos, en el fondo, no existen, que todas las épocas tienen sus peligros, sus sinsabores". Para demostrar su teoría, Jacobs provoca que el inventor de la máquina que controlaba las inclemencias del tiempo en S.O.S. Meteoros, el profesor Miloch, conceda a Mortimer el dudoso honor de convertirse en su legatario universal, con lo que cae en sus manos el Cronoscafo, una máquina inventada por Miloch con la que se puede viajar por el tiempo. La curiosidad de científico que hay en Mortimer provoca que éste utilice la máquina y caiga en una trampa que podría ser mortal, ante la inoperancia de un Blake incapaz de ayudarle.   Mortimer  viajará por el pasado y por el futuro, siendo testigo de que los males no tienen edad, y de que el futuro que le espera a la raza humana está subyugado por un tirano déspota que ha reducido a la esclavitud a toda la humanidad.

Lejos de viajes por el tiempo y lecturas morales, El caso del collar (Tintín, de 1965 a 1966) es un álbum que puede situarse claramente en el terreno de la ficción policíaca. Olrik, ausente en la aventura anterior, reaparece con todos los honores en París, robando ante las mismísimas barbas de Blake y de Mortimer una valiosa joya. Para recuperarla, nuestros héroes han de llevar a cabo una rocambolesca investigación que les conducirá hasta los subsuelos de París, moviéndose entre sus húmedas catacumbas a la caza de Olrik y sus esbirros, en una aventura llena de misterio y de acción.
Para la siguiente aventura de la serie, Jacobs necesitó más páginas de las habituales, y concibió una historia en dos partes, la primera de ellas, Las tres fórmulas del profesor Sato 1, fue publicada en los años 1971 y 1972 en Tintín. Una curiosa historia en la que Jacobs, atento a los cambios científicos vividos en nuestra sociedad, incorpora la figura del profesor Sato, un investigador japonés, famoso por sus estudios sobre la cibernética, que ha creado un ingenio destinado a reemplazar al hombre en las fases más peligrosas del viaje cósmico. Se trata, curiosamente, de un androide volante que puede multiplicarse hasta el infinito por partenogénesis electrónica. Fuera del control de Sato, el ingenio es fruto de la codicia de Olrik, cuyos siempre diabólicos planes ponen en peligro la vida y la fama del mismísimo Mortimer. Curiosa historia, ambientada en Tokio, por cierto, que lamentablemente significará el adiós definitivo de Jacobs en Blake y Mortimer, aunque el autor belga ya tenía escrito el guión de la segunda parte, su realización se dilata en el tiempo, y Jacobs murió en 1987, antes de poder abordar el dibujo del segundo volumen de Las 3 fórmulas del profesor Sato.

Con la desaparición de Edgar Pierre Jacobs podría pensarse que muere, de alguna manera, una forma de entender la historieta, basculante entre el clasicismo narrativo y la perfección estética y una cierta propuesta de ahondar en imposibles avances científicos que, como ocurriera en la literatura de Jules Verne, no por visionarios disfrutan de una fuerte carga de romanticismo. Pero el mercado marca sus inapelables leyes. Al no existir ninguna razón para pensar que Jacobs no quería que nadie continuara su obra (como ocurriera con su amigo Hergé), el editor de la serie concluyó que el éxito comercial y el interés de los lectores demandaban una continuidad. Así, en 1990 aparece directamente en formato de álbum Las 3 fórmulas del profesor Sato 2, basada en el guión y los apuntes de Jacobs, pero dibujada por Bob deMoor (1925-1992), excelente dibujante, de grafismo tan próximo al de Hergé, que durante muchos años se convirtió en su principal colaborador en los Studios Hergé, lo que no le impidió realizar una obra propia, más personal, con personajes como Barelli. De Moor, gracias a su experiencia y al conocimiento de un estilo gráfico próximo al de Jacobs, realizaría un buen trabajo, supeditado, eso sí, a las indicaciones del creador de Blake y Mortimer, lo que hizo de este álbum, además de la obra postuma de Jacobs, una perfectamente reconocible aventura de los dos gentlemen británicos.

La historia podría haber terminado aquí, pero entonces, amigo lector, difícilmente habrías podido conocer esta serie, que hubiera quedado como uno de esos clásicos contemporáneos de calidad a los que, de tanto en tanto, el mercado devuelve su atención reeditando sus viejas historias.


BLAKE Y MORTIMER: LOS CLASICOS NUNCA MUEREN
En 1996, la editorial francesa Dargaud decide devolver la vida a Blake y Mortimer con nuevas aventuras. En una mezcla de operación nostálgica y comercial, sobre todo en Francia y en Bélgica, donde la serie y su creador eran idolatrados, Dargaud buscó profesionales de primera línea, autores capaces de resolver nuevos enigmas sin perder la filosofía vital que Jacobs imprimió a sus personajes. La idea era proponer a los lectores el renacimiento de la serie con un solo álbum, a la espera de la respuesta comercial del mismo. La publicación en 1996 de El caso Francis Blake fue noticia casi de primera página en Francia y Bélgica, y el éxito de ventas animó a Dargaud a plantearse definitivamente la continuidad de la serie. Inteligentemente, y teniendo en cuenta que la realización de un álbum de Blake y Mortimer puede llevar hasta dos años de trabajo, contando además con que sus autores no dedican su tiempo en exclusiva a la serie, la editorial francesa previo la aparición de un álbum anual, por lo que contrató a dos parejas de autores, guionista y dibujante, para llevar adelante un proyecto que, además de hacerse realidad, ha disfrutado, como ya se ha dicho, de un impresionante éxito mediático, hasta el punto de que cada nuevo álbum de Blake y Mortimer aparece en el mercado franco-belga con una tirada inicial de medio millón de ejemplares.


La primera pareja artística que tenía la difícil misión de emular  a Edgar Pierre Jacobs estaba formada por el guionista  Jean Van Hamme y el dibujante Ted Benoit, dos reconocidos y prestigiosos autores de cómics. El belga Van Hamme (1939), también escritor de novelas, guionista de cine y técnico editorial, es el guionista de una larga lista de series de largo recorrido, entre las que destacan Thorgal (creada en 1977 y dibujada por Grzegorz Rosinski), XIII (desde 1984, ilustrada por William Vance) o Largo Winch (1990, con dibujos de Philippe Franck), series todas ellas publicadas en España por Norma Editorial, además de títulos puntuales y tan populares como Luna de sangre (con Hermann) o Western (con Rosinski), entre muchas otras obras. Por su parte, el francés Ted Benoit (1947) se convirtió a principios de los años ochenta en un revolucionario autor de estética muy próxima a la "línea clara" de Hergé, pero con un planteamiento gráfico renovado y, sobre todo, con historias de muy distinto calibre. Autor de obra dispersa, creó un personaje, Ray Banana, protagonista de títulos como La mecedora eléctrica (1982), La ciudad luz (1986) o L'Homme de nulle part (1994), álbum escrito por Benoit pero dibujado por Pierre Nedjar.

El asunto Francis Blake, primera colaboración de Van Hamme y Benoit, plantea, de entrada, una cuestión muy "jacobsiana": se ha descubierto un topo en el Servicio de Inteligencia Británico, y todo apunta a que se trata del mismísimo capitán Blake. Por supuesto, el profesor Mortimer es incapaz de creer que su mejor amigo es un traidor, por lo que removerá cielo y tierra para limpiar su honor y descubrir al verdadero culpable. Y, sí, el coronel Olrik no anda muy lejos. Tanto Van Hamme como, sobre todo, Benoit, hacen un gran esfuerzo para que el lector se identifique rápidamente con las tramas y el estilo gráfico de Jacobs y, a tenor de lo dicho, tanto el lector clásico de la serie como los recién llegados dieron una nota bastante alta.

Tras el tiempo suficiente para demostrar que la "operación retorno Blake y Mortimer" es un éxito,
la maquinaria artística creada por Dargaud ya se ha puesto en marcha y, en el año 2000, aparece por fin el siguiente título de la serie, esta vez escrito por Yves Senté y dibujado por André Juillard: La maquinación Voronov. Senté (1964), curiosamente, es en realidad un novato como guionista, pero un experto en cuestiones editoriales, ya que desde 1991 ostenta diversos cargos técnicos en la empresa belga Editions du Lombard, llegando al cargo de director editorial. En cambio, el francés André Juillard (1948) es una de las firmas más conocidas y con mejor reputación de la historieta franco-belga. Dibujante de series como Las 7 vidas del gavilán o Pluma al viento (con guiones de Patrick Cothias), Arno (guión de Jacques Martin), y álbumes como Diario azul, escrito y dibujado por él, Juillard es autor también de una copiosa obra gráfica publicada en libros ilustrados, carteles, portadas, serigrafías y portafolios. Verdadera y habilísima trama de espionaje, La maquinación Voronov está ambientada en plena Guerra Fría entre EE UU y Rusia, más concretamente a finales de los años cincuenta, y propone una muy entretenida intriga política llena de agentes dobles, fugas imposibles, miembros del KGB, espectaculares persecuciones, algo de humor británico y, of course, el siempre omnipresente Olrik. Un primer álbum es suficiente para que tanto Senté como Juillard asuman perfectamente el espíritu de Jacobs.

Justo un año después, en 2001, Van Hamme y Benoit regresan a Blake y Mortimer, esta vez con el álbum La extraña cita. En esta ocasión, recuperan el amor de Jacobs por las historias fantásticas, aportando unas buenas dosis de intriga y misterio que empiezan por el encuentro, en 1954, de un soldado británico que parece haber muerto minutos antes... Pero que en realidad procede del año 1777.

Las dos últimas aportaciones al universo de Blake y Mortimer tienen su origen en una nueva historia dividida en dos álbumes, Los sarcófagos del 6º continente, esta vez firmados por Senté y por Juillard, y publicados originariamente en 2003 y 2004. En un brillante tour de forcé, Senté nos descubre parte del pasado de Mortimer, cuando en 1933, en la India, se enamora de una princesa que aparece muerta en extrañas circunstancias. El tiempo pasa, y la historia nos sitúa en 1958, en plena celebración de la Exposición Universal de Bruselas, donde Mortimer disfruta del reconocimiento popular por sus estudios y experimentos científicos en el pabellón de la British Industry. Pero un grupo terrorista del Tercer Mundo ha escogido tan magno e internacional evento como objetivo para sus primeros intentos de desestabilizar al mundo occidental; los terroristas están comandados por Acoka, un emperador hindú que se supone que ha regresado a la vida tras llevar muerto 2.000 años, y que es el padre de Gita, el amor de juventud de Mortimer. Acoka está convencido de que el científico británico es el responsable de la muerte de su hija.

El capitán Francis Blake y el profesor Philip Mortimer siguen vivos, muy vivos, y con ellos sigue latente el recuerdo de Edgar Pierre Jacobs, su creador. Lo que no es posible transcribir en este texto es la importancia tanto de Jacobs como de Blake y Mortimer en países como Francia o Bélgica, donde la historieta se vive con intensidad y está considerada un medio de comunicación de importancia equiparable a otras manifestaciones artísticas contemporáneas, como el cine o la fotografía. Pero, si de muestra, además de lo dicho hasta ahora, vale otro botón, os diré que entre el 13 de noviembre de 2003 y el 30 de abril de 2004 tuvo lugar en París una impresionante exposición retrospectiva sobre Blake y Mortimer, celebrada en ocasión del centenario del nacimiento de Edgar Pierre Jacobs, y producida por el Festival International de la Bande Dessinée dAngouléme y el Musée de l'Homme. Esta muestra, bautizada con el título de Blake et Mortimer á París!, supuso una profunda revisión de la serie de Jacobs a través de más de 200 originales y facsímiles, que incluían, por un lado, bocetos, páginas y los colores originales; y, por otro, esqueletos de pterodáctilos, sarcófagos egipcios y diversas máquinas de los años cincuenta aportadas por las colecciones del Musée de l'Homme et Jardin des Plantes y por la Reunión des Musées Nationaux.

Las exposiciones son efímeras, pero quedan los álbumes de Edgar Pierre Jacobs y de sus continuadores para disfrutar de Las aventuras de Blake y Mortimer.

Antoni Guiral

Artículo publicado en Las Aventuras de Blake y Mortime: El Caso del Collar, de Edgar P. Jacobs, publicado por El Pais en 2005

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Ahí está, resucitado sin impostura: Corto Maltes por Carlos Boyero



Díaz Canales y Pellejero han logrado que los incondicionales no nos sintamos estafados ni decepcionados. Por Carlos Boyero

 CON DETERMINADAS PERSONAS, sé que la complicidad en amores literarios, e incluso la forma de moverse por la vida, va a ser notable, si nos recitamos con agradecida memoria el comienzo de Historia de dos ciudades (ya saben: "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos..."). Y en épocas de demasiadas nieblas internas y externas inevitablemente acude a mi cabeza el.maravilloso arranque de Moby Dick. A mí me sirve de refugio y de consuelo, aunque sea persona de tierra y no de mar, aunque jamás vaya a ser testigo del eterno y salvaje duelo entre el tullido capitán Ahab y la grandiosa ballena blanca, el arranque de esa novela tan enigmática como genial. ¿Quién puede resistirse a seguir leyendo con embeleso un libro que empieza así? "Llamadme Ismael. Hace unos años, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada concreto que me interesara en tierra, decidí que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte marítima del mundo. Es mi forma de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo con un gesto triste en la boca, cada vez que se instala en mi alma un nuevo noviembre húmedo y lluvioso, cada vez que me descubro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes y, sobre todo, cada vez que la hipocondría me asalta de tal modo que hace falta un firme principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación para arrancar de un golpe el sombrero de los transeúntes, se que ha llegado la hora de embarcarme cuanto antes. Es mi sustituto de la pistola y la bala". Bendito seas, Melville, por comprender no solo al existencialista aventurero Ismael, sino también a todos los Bartlebys que permanecemos en tierra, que preferimos (o no podemos, o no queremos) no hacer nada.

Ilustración de Bajo el sol de medianoche, de los autores Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero.

Y no solo envidiamos la determinación de Ismael. Aquel fulano con gorra marinera, gesto hierático, pendiente de bucanero (no de moderno) en la oreja y un cigarro en la boca, hijo de un marinero de Cornualles y de una gitana de Gibraltar, llamado Corto Maltes, nació en formato de cómic, pero su espíritu y sus inolvidables paseos por las geografías más exóticas y peligrosas también hubieran sido acogidos con fervor por el gran cine y la literatura de primera clase. Habiendo sido voraz lector de tebeos elementales en la infancia, me alejé progresivamente de ellos cuando en mi adolescencia descubrí que se llamaban cómics y su trascendencia intelectual era enorme. Y sin poseer referencias, en la primera aventura de Corto Maltes, titulada La batalla del Mar Salado, escrita y dibujada por un tal Hugo Pratt, leí en la contraportada de qué iban su aromático argumento y su legendario protagonista. Decía esto: "¿Quién es Corto Maltes, quién es Hugo Pratt? Se confunden y entremezclan ambos en su actitud ante la vida. Corto rio es un justiciero. Hugo no es un moralista. Hugo y Corto son aventureros. Testigos, casi siempre indiferentes, a menos que se ofrezcan a su vista los ojos de un niño, de una mujer angustiada, de un hombre acorralado". Era una descripción tan lírica como exacta. Y, cómo no, mi enamoramiento de ese universo complejo, de ese escéptico y nada exhibicionista paladín de tantos perdedores, de la capacidad de ensoñación que te ofrecían esas historias, esos diálogos, esas viñetas que suponían una cumbre de la línea clara fue inmediata.

Y un día, hace 20 años, a Hugo Pratt se le acabó el tiempo que le había sido concedido en la tierra. Y que, al parecer, lo vivió intensamente. Pero desde 1987 ya no poseíamos nuevas y ansiadas noticias de Corto Maltes. Y siempre da un poco de miedo que otra gente resucite a personajes que amamos. Admirando a John Banville y a su heterónimo Benjamín Black, me puse nervioso cuando me enteré de que iba a desenterrar a Philip Marlowe en La rubia de ojos negros. Me decía: dejad tranquilos a los muertos ilustres. Marlowe solo pertenece a su creador, al extraordinario Raymond Chandler. Y ya sé que este nunca debió de casar al secretamente romántico, cáustico y legal detective, como hizo en su última y escasamente memorable novela Playback, que los amantes de su escritura nos hubiéramos quedado más agradecidos con los largos adioses, aunque todo fuera triste, solitario, final. Y Benjamín Black, además de haberse empapado de las esencias de Chandler, hizo un trabajo muy bueno reviviendo al defensor de tanta causa perdida, a ese tío que se permite ser más chulo que un ocho, con los poderosos, entre otras cosas porque tiene muy claro que pueden derrotarle o cargárselo, pero jamás comprarle ni corromperle.

Y no sé si la resurrección de Corto Maltés solo obedece a las comprensibles razones crematística de las editoriales (aún no he leído, y dudo que lo haga, la continuación de las siempre turbias movidas a las que tiene que sobrevivir esa punk acosada y feroz llamada Lisbeth Salander, que no pudo llegar a narrar su difunto y meritorio inventor Stieg Larsson), pero el guionista Juan Díaz Canales y el ilustra-dor Rubén Pellejero han conseguido en Bajo el sol de medianoche que los incondicionales de Corto Maltes no nos sintamos estafados ni decepcionados, que reconozcamos con enorme gratitud el apasionante mundo de nuestro héroe. En el Ártico, en Yukon, en Alaska, pasando un frío de cojones porque recibió una carta de su viejo amigo Jack London, sabiendo este que el alcohol, la morfina o simplemente la desesperación van a acelerar su suicidio, rogándole que encuentre y proteja a una perseguida mujer que amó mucho tiempo atrás y cuyo recuerdo perduró en él. Espero anhelante más entregas de Corto Maltes. Y ojalá que sobreviva, que llegue a viejo si a él y a la espléndida pareja que sigue sus aventureros pasos les apetece. •

Corto Maltes. Bajo el sol de medianoche. Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Norma Editorial. Barcelona, 2015. 96 páginas. 19,50 euros.


El Pais Babelia nº1.249  31.10.2015


viernes, 30 de octubre de 2015

Un monstruo entrañable


'Un monstruo entre nosotros', publicado por Panini, retrocede hasta finales del año 1975 para traernos los primeros episodios de Sal Buscema con Hulk.

JAVIER FERNÁNDEZ 




EL INCREÍBLE HULK: UN MONSTRUO ENTRE NOSOTROS. Len Wein, Sal Buscema. Panini. 616 páginas. 39,95 euros.

Hace ya tres años que la colección Marvel Héroes de Panini amplió su número de páginas para dar cabida, en uno o varios tomos, a grandes etapas del universo Marvel publicadas originalmente entre mediados de los 70 y mediados de los 90. En pocos meses, los aficionados al género de superhéroes han podido disfrutar de nuevas ediciones del Spiderman de Roger Stern y John Romita Jr., el Thor de Walter Simonson, el Daredevil de Ann Nocenti, los 4 Fantásticos de John Byrne o el Hulk de Bill Mantlo y Sal Buscema, entre otras virguerías. Precisamente este último personaje protagoniza el volumen titulado Un monstruo entre nosotros, llegado recientemente a librerías.

El libro en cuestión retrocede hasta finales del año 1975 para traernos los primeros episodios de Sal Buscema, uno de los dibujantes señeros del bruto esmeralda, quien vino a sustituir a otro artista largamente asociado con el personaje: Herb Trimpe. La mayoría de los guiones están firmados por Len Wein, el célebre creador de la Cosa del Pantano, Lobezno y la Patrulla-X de Segunda Génesis, ahí es nada. Como escribe Julián M. Clemente en su introducción: "Buscema se unía a un proyecto que ya estaba en construcción. Len Wein había comenzado a hacer los guiones un año atrás, y tenía en marcha algunas importantes tramas que, como era habitual en él, desarrollaba a largo plazo". Y en palabras del propio Buscema: "Con escasas excepciones, da igual dibujar a un personaje u otro. Siempre es el mismo tipo con ropas ajustadas corriendo de aquí para allá y salvando al mundo un mes tras otro. Hulk era distinto. Cuando descubrí el concepto por primera vez, quedé fascinado. Me encanta dibujar a Hulk, debido a su lenguaje corporal y a su personalidad, que son tan diferentes a los de cualquier otro superhéroe. Así que cuando un editor de Marvel me llamó para preguntarme si quería hacer su serie todos los meses mi respuesta no pudo ser más positiva".

Con una cabecera mensual a color, un magazine en blanco y negro, una breve aparición diaria en prensa y una serie de televisión, el Increíble Hulk fue uno de los "superhéroes" más exitosos de la segunda mitad de la década de los 70, y su fama ha continuado hasta hoy día. Creado en 1962, en el albor del universo Marvel, hay algo en esta bestia torturada, epítome de los "héroes con problemas" de Stan Lee y Jack Kirby, que no deja de fascinarnos. Quizá sea esa (inestable) candidez que lo emparienta con otros tiernos polvorines andantes como el Frankenstein de James Whale, o una tozuda sencillez moral que contrasta con la hipocresía de nuestra sociedad. El desarrollo posterior de Hulk, de manos de escritores como Bill Mantlo o Peter David, lo llevó por otros derroteros más sofisticados, pero el monstruo entrañable sigue a fuego en el imaginario de los lectores, y los episodios de Un monstruo entre nosotros son el mejor exponente de dicha etapa. Van aquí recopilados los números 194 a 222 de The Incredible Hulk, así como los Annuals 5 y 6, todos publicados entre 1975 y 1977.


Malaga Hoy


Nacido para liarla


JAVIER FERNÁNDEZ



MASACRE: TÚ PUEDES SER EL HÉROE. Joe Kelly, Ed McGuinness. Panini. 376 páginas. 17,15 euros.

Mientras siguen llegando noticias del próximo estreno de la película de Masacre (Deadpool en la lengua de Stan Lee), aprovecho para desempolvar el primero de los tomos de la Colección Extra Superhéroes dedicados al personaje. Tú puedes ser el héroe ofrece los números 1 a 11 de la primera serie regular de Deadpool, más el Deadpool Minus 1 y el Daredevil/Deadpool Annual'97, publicados originalmente entre enero y diciembre de 1997, es decir, el comienzo de la fenomenal etapa escrita por Joe Kelly, con dibujos de Ed McGuinness, entre otros.

El popular antihéroe fue creado por Fabian Nicieza y Rob Liefeld en 1991, en la cabecera de Los Nuevos Mutantes, pero Kelly y McGuinness son los que terminaron por definir al mercenario bocazas que todos conocemos. Irreverente, verboso y aficionado a romper la cuarta pared, Wade Winston Wilson posee fuerza sobrehumana, habilidades de combate y un asombroso factor curativo. Cabe sumar que el tipo está como una chota, lo que lo convierte en una especie de grano en el culo. Y es que Deadpool (Masacre en la lengua de Carlos Pacheco) puede ser tan mortífero como insufrible. McGuinness se marchó pronto, y Kelly aguantó hasta el número 33 (octubre de 1999), componiendo una divertida parodia que no deja títere con cabeza; como dice Raimon Fonseca en su prólogo: "Kelly puso toda la carne en el asador para escribir historias donde la acción se combinaba sabiamente con el humor más negro y corrosivo del mundo del cómic. El resultado es una serie de historias donde todo puede ocurrir. Y la verdad es que ocurre".

Personaje de culto, broma con aspecto de superhéroe, Masacre ha gozado de numerosas series, miniseries y apariciones estelares, lo que le ha permitido ser interpretado por autores de toda catadura, como Christopher Priest, Gail Simone, Daniel Way, David Lapham, Jason Pearson o Kyle Baker, por citar algunos. Cada uno ha aportado su granito, con más o menos acierto, aunque puestos a escoger un solo tomo me quedo con este de Kelly y McGuinness, una coña marinera de principio a fin.

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Cimientos removidos


JAVIER FERNÁNDEZ 



CAPITÁN AMÉRICA: EL JUICIO DEL CAPITÁN AMÉRICA. Ed Brubaker, Butch Guice. Panini. 248 páginas. 23,95 euros.

Los ocho años del guionista Ed Brubaker al frente del Capitán América son uno de los hitos recientes del género de superhéroes. Acompañado siempre de excelentes dibujantes, Brubaker removió los cimientos del personaje y le otorgó una relevancia e interés de los que había carecido en décadas. El juicio del Capitán América es uno de los últimos ciclos argumentales de la serie firmados por Brubaker. En él, el nuevo Centinela de la Libertad, Bucky Barnes (antiguamente conocido como el Soldado de Invierno), debe enfrentarse públicamente a su oscuro pasado y demostrar que es un digno sucesor de Steve Rogers. El presente volumen de la colección Marvel Deluxe contiene los números 606 a 615 de Captain America (agosto de 2010-abril de 2011), todos escritos por Brubaker, con dibujos del veterano Butch Guice y algunas páginas de Mitch Breitweiser y Daniel Acuña.


Malaga Hoy

El lado cósmico de Marvel

JAVIER FERNÁNDEZ 



ANIQUILACIÓN: CONQUISTA. VV. AA. Panini. 504 páginas. 25 euros.

Publicada por Marvel entre 2007 y 2008, Aniquilación: Conquista es la secuela del evento Aniquilación, que había visto la luz dos años antes. Se trata de una miniserie de seis números que nos transporta al lado cósmico del universo Marvel, con el concurso de multitud de personajes. Entre los hitos más sobresalientes del asunto se cuentan el retorno de Adam Warlock y el nacimiento de los modernos Guardianes de la Galaxia, y el elenco creativo incluye a Dan Abnett, Andy Lanning y Keith Giffen, entre otros. El número 53 de la Colección Extra Superhéroes de Panini recopila la miniserie en cuestión, junto con un prólogo y otras tres miniseries relacionadas con el evento: Quasar, Star-Lord y Wraith, estas de cuatro episodios.

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