"Feliz mortal aquel que conozca la obra de Edgar Pierre Jacobs" es una frase que podría pasar inadvertida si no fuera porque salió de la boca de otro gran creador, Hergé, amigo personal de Jacobs, quien, como veremos más adelante, tuvo un papel muy importante en las aventuras de Tintín. Una frase que define el sentir de cientos de miles de lectores de diversas generaciones, que desde hace 60 años disfrutan, cual "felices mortales", en efecto, de las propuestas narrativas y estéticas de Jacobs.
Como la nuestra, la del cómic, es una industria cambiante y algo falta de memoria, no podemos aplicar lo de "diversas gene-raciones" al caso concreto de Blake y Mortimer. Esta serie nos llegó algo tarde, pero, al menos en estos últimos años, Norma Editorial, gracias a la recuperación tanto de los primeros títulos firmados por Jacobs como de las nuevas aventuras imaginadas por otros autores de primera línea, nos permite degustar el intenso sabor de las aventuras de Francis Blake y de Philip Mortimer. Y para aquellos que desconozcan o apenas atisben la historia que envuelve esta obra, unas notas aclaratorias.
EL CREADOR: EDGAR PIERRE JACOBS
Antes de entrar en materia, el lector me permitirá bucear, ni que sea un rato, por la apasionante personalidad del creador de Blake y Mortimer, un hombre de amplia cultura, lo que llamaríamos un hombre del Renacimiento, una persona que cultivó las artes y las ciencias con fruición. Nacido en Bruselas en 1904, Jacobs reveló muy pronto su pasión por las dos disciplinas que marcarían su vida: la música y el dibujo. Tan pronto como que, ya en 1921, a sus 17 años, compaginaba su trabajo de dibujante publicitario con el de figurante del Teatro Real de Bruselas, donde se paseaba con soltura, ansioso por conocer los misterios del bell canto. Al año siguiente, su voz surgía ya de una garganta de barítono profesional, iniciando una carrera que se presumía pletórica, confirmada por el Gran Premio de canto que recibió en 1929, poco antes de ser contratado como artista lírico por la Ópera de Lille. Allí, hasta que la II Guerra Mundial truncara la cotidianeidad de millones de personas, destacó tanto por la educación de su voz como por los diseños de vestuario, personajes y decorados que realizaba, demostrando sus adquiridos conocimientos de otra de sus pasiones: la historia del traje. En ese momento, 1940, la ópera perdió una voz, pero la historieta estaba a punto de ganar un maestro.
Obligado a vivir de trabajos que sólo le daban para procurarse alimentos, como la ilustración de publicidad, catálogos y prensa, en 1941 Jacobs pasó a formar parte del staff de la revista Bravo, una popular publicación belga (300.000 ejemplares de tirada) básicamente integrada por series de prensa norteamericanas, como Katzenjammer Kids, Félix el gato o Flash Gordon, historietas complementadas por un copioso apartaalkie redacción para el que Jacobs realizaba, básicamente, ilustraciones de cuentos. La guerra, de nuevo, intervino en la vida del autor belga y forzó el que sería su giro definitivo hacia la historieta: la ocupación alemana prohibió la edición de material norteamericano, pero antes que dejar colgada una aventura del Flash Gordon de Alex Raymond, el editor de Bravo le pidió a Jacobs que terminara la historia. Firmando con su nombre, Bravo publicó algunas páginas de un Flash Gordon dibujado por Jacobs; el siguiente paso era casi obvio. Bravo necesitaba manos autóctonas para seguir publicando historietas, y una de ellas era la de Edgar Pierre Jacobs, que en 1943 recibió el encargo de crear una aventura que, de alguna manera, supliera la ambientación entre fantástica y futurista de Flash Gordon. Nació El rayo U, una historieta que no escondía sus referencias, con personajes muy "raymondianos" como Lord Calder (Flash Gordon), Marduk (Zarkov) o Sylvia (Dale Arden), una historia muy influida, como el propio Jacobs reconoció, por la lectura de los relatos de aventuras de Arthur Conan Doyle. Pero Jacobs no era un sosias de Raymond; antes al contrario, sus fuentes estilísticas eran otras, y El rayo U acabó por convertirse en un relato de aventuras fantásticas, con un grafismo elegante y personal y un llamativo uso del color; estamos, claramente, ante la obra que prefigura Blake y Mortimer.
Pero antes, amigo lector, un inciso; importante, por cierto. Y es que, aunque Jacobs colaboró hasta 1946 en Bravo (y realizó ilustraciones para revistas como Stop, Abe, Lutin o Bimbo), en 1943 un amigo le presentó a otro dibujante belga, éste ya de cierta fama, que respondía al seudónimo de Hergé. Su primer encuentro se redujo a que Hergé, asombrado por el dominio del color de Jacobs, le pidió asesoría ante el ingente trabajo que le esperaba: remontar y sobrecolorear los primeros álbumes de Tintín. En 1944, y durante dos años, Hergé contrató a Jacobs como ayudante, tanto para la tarea de remontaje; color de las primeras obras de Tintín como para participar directamente en la realización de sus nuevas aventuras. Jacobs ejercía de colorista y de dibujante de fondos y de objetos, colaborando activamente en las nuevas versiones de Tintín en el Congo, Tintín en América, El loto azul y El cetro de Ottokar (álbum para el que rediseñó todo el vestuario de los guardias reales), y en tres nuevas aventuras de "el chico del mechón": El tesoro de Rackham el Rojo, Las 7 bolas de cristal y El templo del sol. Jacobs participó también en un ambicioso proyecto de Hergé: una enciclopedia ilustrada en la que Tintín evocaba la historia de los medios de transporte y de antiguas civilizaciones, así como el desarrollo de la industria y la ciencia o estudios de animales y plantas; estos "cromos" fueron publicados en el semanario Tintín y posteriormente recopilados en diversos libros con el título de Voir et savoir (Ver y saber).
Esta intensa experiencia ilustra no sólo los conocimientos culturales almacenados por Jacobs, sino también su facilidad para dibujar cualquier ser vivo, paisaje, decorado o máquina y, sobre todo, su fervor por la correcta y copiosa utilización de la documentación. En suma, en 1946 Edgar Pierre Jacobs era ya un dibujante muy completo, un hombre de conocimientos, un autor preparado para crear un mundo propio.
EL JACOBS DE BLAKE Y MORTIMER
En 1946 las armas habían callado, y aunque la II Guerra Mundial había dejado un reguero de destrucción y desolación, Europa, como otros continentes, se aprestaba a recuperar la normalidad. Raymond Leblanc, un editor belga, propuso a Hergé la creación de una nueva revista, una de historietas, escrita y dibujada por autores belgas: Tintín. Hergé invitó a Jacobs a que participara en ella desde el primer número, momento en el que abandonó Bravo y creó una saga de aventuras, imbuida por su amor a la historia, a las narraciones detectivescas y fantásticas, a su afición por la documentación y a su marcada anglofilia. Llevado por las circunstancias, Jacobs era ya un autor de historietas, y por fin tenía la oportunidad de escribir y dibujar con total libertad.
El 26 de septiembre de 1946 apareció el número 1 del semanario belga Tintín, que incluía, además de las primeras páginas de El templo del sol y otras historietas firmadas por autores belgas como Laudy, Paul Cuvelier o Le Rallic, una historia bautizada como El secreto del Espadón, protagonizada por Francis Blake y por Philip Mortimer. La gran influencia de la cultura anglofila en Jacobs se hizo evidente en las personalidades de sus criaturas. Francis Percy Blake nació en el País de Gales, estudió en Eton y pasó por una escuela militar. En El secreto del Espadón, Blake es capitán del Ejército de Su Majestad Británica, más concretamente, miembro del Servicio de Inteligencia, del M.I.5, responsable de seguridad interior y de contraespionaje. El capitán Blake es un hombre serio, de orden, flemático, riguroso, muy preparado para la acción, reflexivo y, con el tiempo, laureado por Su Graciosa Majestad con el título de Sir. Por su parte, Philip Edgar Angus Mortimer nació en India, donde su padre ejercía de médico del Ejército británico. Su madre, Lady Helen, era originaria del condado de Perth, y es seguramente ese origen escocés el que marcará profundamente su personalidad romántica, su carácter de sangre caliente y su afición por las causas perdidas. El profesor Mortimer estudió, seguramente, en EE UU y se hizo una reputación tanto en el campo de la Biología como en el de la Física, demostrando ampliamente sus dotes como inventor. Este fumador de pipa, como Blake, es también amante del teatro y de la arqueología, fanático de la aventura y hábil políglota. Ambos, por cierto, comparten (como Sherlock Holmes y el Doctor Watson) un apartamento en el número 99 de la londinense calle Park Lane, y, como buenos gentlemen que son, forman parte de un club privado, el Centaur Club. Se cuenta, a título anecdótico, que Blake estaba inspirado en un amigo de Jacobs, el dibujante Jacques Laudy, mientras que Mortimer no es otro que Jacques Van Melkebeke, ilustrador, guionista y colorista, viejo colega de Jacobs y, curiosamente, la persona que le dio a conocer el mundo de la ópera. Queda claro que Jacobs estudiaba concienzudamente la personalidad de sus criaturas, tanto de sus protagonistas como, ya lo veremos más adelante, de los secundarios, sobre todo de los villanos.
Jacobs, además de iniciar El secreto del Espadón en 1946, tuvo todavía tiempo para seguir colaborando con Hergé en su Tintín, tarea que abandonaría definitivamente en 1947, para ilustrar, también en Tintín, la novela de H. G. Wells La guerra de los mundos, un excelente trabajo cuyos diseños de platillos volantes y alienígenas influenciarían posteriormente a más de una generación de dibujantes.
Con Blake y Mortimer Jacobs pudo, seguramente, resarcirse en parte de su frustrada carrera como cantante de ópera. Esta serie, de la que Jacobs escribió y dibujó un total de once álbumes (el duodécimo sólo lo escribió), publicados todos en el semanario Tintín, contiene un mundo muy particular, que auna lecturas de géneros como la aventura, la fantasía, la ciencia-ficción y el género policíaco con la técnica de la historieta clásica, el diseño de espacios teatrales, el gusto por la documentación férrea y realista, la historia y un cierto espíritu científico, aplicado, en ocasiones, a inventos imposibles pero dotados de una base técnica, un aspecto relevante de la serie que fue estudiado en profundidad por científicos de todo el mundo en un número especial de la revista Sciencie et vie, publicado en 2004 con el título de Blake et Mortimer et la sciencie. No hay, prácticamente, detalle documental dejado al azar por Jacobs, capaz de consultar una amplísima bibliografía antes de realizar cualquier aventura de Blake y Mortimer, de hacer acopio de una inmensa base fotográfica y de visitar su querido Londres para tomar notas, apuntes y fotografías con tal de hacer perfectamente reconocible el tránsito urbano de sus personajes. Es más, la habilidad manual de Jacobs llegaba también a la confección de unas perfectas maquetas de avio-nes y de otros aparatos que utilizaba para poder dibujar las maquinarias desde cualquier punto de vista, sin faltar a una sensación de "realidad" que, curiosamente, contrastaba con la desatada imaginación de sus argumentos.
De hecho, el propio Jacobs explicaba así su método de trabajo: "Tras la sinopsis, que es un breve resumen de la historia, establezco mi documentación. Si es posible, hago un viaje de prospección en los lugares por donde transcurre la acción, como hice para el libro de Septimus (La marca amarilla), y contacto con especialistas, hablo con ellos, los bombardeo a preguntas, hablo, por ejemplo, con técnicos en electrónica, médicos, arqueólogos, meteorólogos, pilotos de aviación, exploradores...".
Y ahora, si te parece, amigo lector, entremos de lleno en el mundo de Blake y Mortimer.
EL MUNDO VISTO POR DOS HÉROES BRITÁNICOS
No está muy claro si Jacobs era consciente de la continuidad de Blake y Mortimer cuando sus personajes tomaron forma en El secreto del Espadón; seguramente, lo que no se imaginaba Jacobs era el posterior éxito de la popular serie. Lo que sí está claro es que el autor belga tenía una clara conciencia de saga, de aventura larga, de epopeya; El secreto del Espadón fue publicado en el semanario Tintín entre 1946 y 1949, y sus 144 páginas originales, posteriormente remontadas, se recopilaron inicialmente en dos álbumes, repartidos en tres a partir de 1986, dando forma a la edición definitiva de esta saga. La primera parte de la historia retoma de alguna manera la sensación de desastre transfronterizo de la II Guerra Mundial, que, recordemos, había finalizado sólo un año
antes de que se publicara la primera página de esta historia. Jacobs devuelve a escena el "peligro amarillo", tan clásico en las novelas de aventuras, en la figura de Basam Damdu, un emperador del Tíbet que, enloquecido, lanza una ofensiva generalizada sobre algunas de las principales ciudades del mundo (Londres, París, Roma o Bombay) y sobre la flota norteamericana del Pacífico (una clarísima referencia a Pearl Harbor). Ante un mundo en llamas, el profesor Mortimer crea los planos de un arma secreta que puede neutralizar la amenaza, pero Olrik, un hombre sin escrúpulos al servicio del emperador tibetano, emprenderá una incansable persecución para conseguir esos planos. Mortimer, con la ayuda de Blake, huye con el Golden Rocket hacia una base secreta situada en Oriente Medio, donde intentarán organizar la resistencia y construir lo que se presenta como la única esperanza para el "mundo libre": el Espadón. El escenario está servido.

Aunque, de entrada, pueda parecer, y ciertamente posee muchos indicios, un argumento arquetípico, Jacobs, con los elementos de los que dispone, sabe desarrollar una intriga casi "hitchcokniana" con una acción desbordante, poniendo especial énfasis en la construcción de sus personajes, principalmente, por supuesto, en Blake y en Mortimer, pero también en la esencia de las buenas narraciones de aventuras: en la personalidad del villano. El conocido como coronel Olrik será el "malo" por excelencia de la serie, el perverso criminal, la encarnación del mal, el personaje que dará sentido a las correrías de la pareja protagonista, un hombre aficionado al disfraz, capaz de asumir múltiples personalidades, también un amante del arte, a juzgar por las obras que decoran su piso de París. Un personaje muy "teatral", adornado con su monóculo y su bigote, fumando cigarrillos con filtro, en una imagen muy cercana a la del director de cine alemán Eric Von Stroheim aunque, en realidad, es el propio Jacobs el que presta su fisonomía a Olrik. Algunos meses después del final de El secreto del Espadón, la revista Tintín empezó a publicar otra historia larga, bautizada como El misterio de la gran pirámide, y recogida posteriormente en dos álbumes. Durante casi tres años (de 1950 a 1952), Jacobs desarrolló una nueva intriga, esta vez ambientada en Egipto y concentrada en los descubrimientos de un amigo de Mortimer, el egiptólogo Ahmed Rassim Bey, que ha recuperado un antiquísimo papiro de una momia egipcia. Es aquí donde descubrimos al Jacobs amante de la historia, del detalle documental, al constructor de argumentos coherentes, del gusto por el detalle, de la narración que te transporta como lector, sin soltarte, sin que pierdas interés por el desarrollo de la trama, de los personajes; el Jacobs que sabe mover los hilos dramáticos. De nuevo, Olrik, esta vez involucrado en el tráfico de antigüedades, busca el provecho propio pero, también, la venganza contra los que se han convertido en sus dos enemigos, su fijación; una venganza que, en parte, parece cumplir, pero que finalmente Jacobs, en una de sus pericias arguméntales, acaba por truncar. Los dos álbumes de El misterio de la gran pirámide sirven también para perfilar, todavía más, a un personaje como Mortimer, que desata sus pasiones, que muestra sus sentimientos. Jacobs, pendiente siempre de mejorar, de completar su trabajo, realizó especialmente para la edición italiana de esta aventura una historieta completa de cuatro páginas, titulada El tesoro de Tutankamón, en la que narraba la odisea real de los dos egiptólogos ingleses, Lord Carnavon y Howard Cárter, que encontraron la tumba del faraón egipcio.
La siguiente aventura, La marca amarilla, publicada en Tintín entre 1953 y 1954 y editada en un solo álbum, resultó ser un importante punto de inflexión en la serie. El estilo gráfico de Jacobs gana en síntesis, se torna más realista, más flexible, madura, en suma, y ese paso adelante en el dibujo viene refrendado por la brillante estructura narrativa de la historia, una trama de suspense que mezcla hábilmente elementos fantásticos con científicos, y que crea una ambientación que definirá a partir de entonces el savoir faire de Jacobs. La marca amarilla, por éstas y por otras muchas más razones, es el título más influyente de la saga, está ambientada por primera vez en un lugar perfectamente reconocible: el Londres de la posguerra. Jacobs, cargado con su libreta de apuntes y su cámara fotográfica, se traslada a la capital británica y, siguiendo un itinerario perfectamente diseñado con anterioridad, absorbe la esencia de aquella ciudad gris, brumosa, algo tétrica, pero intensa. El autor belga plantea la insidiosa carrera delictiva de un misterioso ladrón que, tras ejecutar robos tan increíbles como el del Banco de Inglaterra, la National Gallery o, en el colmo de la osadía, el de la corona real de Inglaterra, deja una marca inconfundible: una M rodeada por un círculo y pintada en amarillo. El capitán Blake y el profesor Mortimer reciben el encargo de capturar al misterioso ladrón, que continúa impune su carrera, ahora raptando a eminentes médicos, periodistas o jueces. El siguiente de la lista podría ser el profesor Septimus, celebérrimo psiquiatra, que resulta ser el cerebro que se esconde tras la marca amarilla, con la ayuda de Olrik, que, esta vez en un papel menos preponderante, aparece en condición de cobaya de ese "doctor enloquecido" y tremendamente inteligente que resulta ser Septimus.
Casi sin descanso, Jacobs aborda la realización de otra historia desarrollada en un solo volumen, El enigma de la Atlántida, publicada en Tintín entre 1955 y 1956. En esta ocasión, Mortimer y Blake deberán intentar aclarar la procedencia de un extraño metal de naturaleza desconocida que Mortimer sospecha que viene de la Atlántida, el continente perdido, una leyenda que, por supuesto, resultará real. Mientras el dúo protagonista visitará las entrañas de la tierra para descubrir la Atlántida, Olrik, presente en casi todos los álbumes de Blake y Mortimer, utilizará de nuevo su faceta camaleónica para inmiscuirse en los planes de los héroes y tratar de hacerse con el preciado metal. De nuevo, la influencia del concepto clásico de la aventura anida en esta historia en la que, como es habitual en Jacobs, el elemento fantástico está rodeado de una sensación de "realidad" que hace completamente plausibles las increíbles hazañas de los personajes. A diferencia del espíritu más fantacientífico de El enigma de la Atlántida, S.O.S. Meteoros, publicada entre 1958 y 1959 en Tintín, abogará por una raíz más científica, planteando la existencia de unos violentos cambios climáticos que sumen al mundo en el caos. Mortimer, verdadero protagonista de este álbum en detrimento de Blake, se traslada a París e intenta ayudar a su viejo amigo, el profesor Labrousse, un meteorólogo, con el objetivo de descifrar el enigma. El argumento da un giro hacia el subgénero del espionaje, y es ahí donde aparece, de nuevo, la inquietante sombra de Olrik y de una importante potencia extranjera que podría estar detrás del desastre, por supuesto con intenciones claramente hostiles.