lunes, 6 de julio de 2015

Peridis dona sus dibujos a la Biblioteca Nacional




El arquitecto y caricaturista entregará a la institución 30.000 documentos


Peridis publicó su primera viñeta en EL PAÍS el 4 de mayo de 1976, el primer día del periódico en los quioscos de España. José María de Areilza, entonces ministro de Exteriores, emprendía un importante viaje a Marruecos.

MANUEL MORALES Madrid 20 JUN 2015

Felipe González sentado sobre una columna junto a su vicepresidente, Alfonso Guerra, les dice al entonces líder de la oposición, José María Aznar, y al presidente fundador del PP, Manuel Fraga: "Se acabó el rodillo. De ahora en adelante, diálogo, diálogo y diálogo". A lo que responde Fraga: "No te fíes, José Mari: que estos hablan entre ellos". Si hay alguien que ha contado en la prensa la política española con mucho humor, desde hace 40 años, es el dibujante José María Pérez, Peridis (Cabezón de Liébana, Cantabria, 1941), colaborador de EL PAÍS desde el primer día de este diario, que ha donado a la Biblioteca Nacional todos estos dibujos, más de 14.000 (de los que 1.946 son originales en papel cebolla realizados entre 1990 y 2010).
Adolfo Suárez es uno de los personajes emblemáticos de las viñetas de Peridis, muchas veces dibujado con su columna. Esta se publicó el 4 de septiembre de 1977 y respondía a las inmumerables crisis que capeó en el seno de su Gobierno.



Junto a esto, lo que él llama "hojas tontas, unos 10.000 bocetos que ha ido llenado uno y que sirvieron para crear a los personajes". El resto de su legado a la BNE son dibujos desde sus tiempos de estudiante de arquitectura, en 1963; cartas, especialmente postales de felicitación navideñas; fotografías y planos de arquitectura de edificios que ha rehabilitado este arquitecto, "como el teatro Cervantes de Alcalá de Henares o el teatro Principal de Burgos". En total, "unos 30.000 documentos" que el propio Peridis se ha encargado de ordenar.

El 26 de febrero de 1978, Suárez de nuevo en su columna. Acababa de remodelar el Gobierno de la Unión de Centro Democrático (UCD).

De todo lo que ha dibujado en EL PAÍS, Peridis insiste en que ha tenido "la suerte de ilustrar la Transición, y básicamente toda la democracia española del siglo XX y XXI". "Soy de los últimos dibujantes en papel, ahora está todo digitalizado", ha contado hoy por teléfono. Él sigue hoy bosquejando su tira primero en el papel, "con el temblor de la mano", luego la escanea para colorearla y la envía por correo electrónico al periódico. Peridis cree que el mayor valor de su obra "es haber reflejado todos estos años a los personajes de la política española, es el carácter público de mi actividad como caricaturista". Por eso se siente "muy orgulloso" de que alguno de sus felipes o aznares, zapateros o marianos puedan estar en un rincón del edificio del madrileño Paseo de Recoletos "escuchando el latido de un dibujo de Leonardo, en ningún sitio van a estar mejor".


El 24 de febrero de 1981 se agigantó la figura del rey Juan Carlos. Y así lo reflejó Peridis al día siguiente del intento de golpe de Estado del 23-F.

Para la gran casa del patrimonio bibliográfico y documental que dirige Ana Santos, recibir el archivo personal de Peridis es "un gran complemento para la colección del Departamento de Bellas Artes y Cartografía y una gran contribución al patrimonio gráfico español". Fue Peridis quien se dirigió a esta institución fundada por Felipe V en 1712 para decirles que había dejado en su testamento que les legaba estos dibujos porque "uno no puede llevarse nada" al otro mundo. Eso y el temor a que cuando él no estuviera, se dispersara su colección.

Una viñeta publicada el 18 de abril de 1982. La banda terrorista ETA había perpetrado dos atentados la víspera.

"Es a lo que he dedicado mi vida. A esto y a defender el patrimonio, lo que es público", dice también a propósito de su labor como presidente de la Fundación Santa María la Real, dedicada al estudio y restauración de los edificios románicos de la Península, un trabajo prolongado en sus series de televisión Las claves del Románico y La luz y el misterio de las catedrales. A todo esto ha añadido recientemente el oficio de novelista: con Esperando al rey (Espasa), ganó el año pasado el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio.
En septiembre de 1984, España anhelaba entrar en la Comunidad Europea y además se debatía en un referéndum, prometido por el PSOE antes de llegar al poder, si el país permanecía en la OTAN. Peridis ligaba ambas cuestiones en esta viñeta.



Peridis dice que la BNE le ha tratado con tanto cariño que le dan ganas "de decirles que me devuelvan lo que les he entregado", bromea. Sin embargo, la Biblioteca le ha hecho también "un favor enorme" por una cuestión mucho más práctica: casi no le quedaba espacio para almacenar tanto papel. "Y haberlo vendido, ¿para qué?". Por eso, este hombre afable que siempre le ha dado a la pelea política, por agria que sea, un toque de humor hace un llamamiento a otros dibujantes y escritores para que sigan sus pasos y pongan su obra en manos de la Biblioteca Nacional.
Esta caricatura se publicó el 13 de marzo de 2004. Habían transcurrido dos días del atentado del 11-M y era la víspera de las elecciones generales del 14 de marzo.


“¿Va a Madrid?, ¿Me entrega este dibujo?”

José María Pérez, Peridis, ha faltado “en contadas ocasiones” a su cita con los lectores de EL PAÍS desde el primer número del diario, el 4 de mayo de 1976. Las dificultades para enviar su dibujo en tiempos menos tecnológicos que los de hoy le llevaron a tener que ingeniárselas. Así, durante las dos semanas de unas vacaciones en la provincia de Lleida, “hace 30 años”, se acercaba a una gasolinera, y al conductor que le inspiraba confianza le decía: “Soy Peridis, el dibujante. ¿Va usted a Madrid? Por favor, entregue este sobre a un taxista y que él lo lleve a la redacción del periódico”. Los improvisados mensajeros nunca le fallaron.


Una divertida viñeta de Peridis en la que aparece el propio dibujante y sus principales personajes. Se publicó en EL PAÍS el 4 de enero de 2007 porque había aparecido un libro con sus memorias.



Una página completa de EL PAÍS recogió a los animalillos politicos de las tiras de Peridis, protagonistas de los 30 años que hasta entonces habían transcurrido desde la Transición.


 El 21 de octubre de 2007 se publicó esta viñeta en el suplemento Domingo. Aparece en ella otro elemento característico de entonces el "raca raca" del nacionalismo vasco.


El 30 de diciembre de 2007 parecía lejana la posibilidad de que se produjera un cambio en el trono de España. Eso se refleja esta viñeta.


 El dibujo del 29 de julio de 2014 recoge la confesión de Pujol de que había evadido impuestos de España.





 Ligado a las noticias del día a día, esta viñeta ilustra el primer mensaje navideño de Felipe VI, el 26 de diciembre de 2014.


El Pais 20 de junio de 2015



jueves, 2 de julio de 2015

Roto y arreglado

'Green Arrow: Roto', de Lemire y Sorrentino, contiene el esperado final de un trabajo que ha devuelto al personaje a primera línea de interés.


JAVIER FERNÁNDEZ







GREEN ARROW: ROTO. Jeff Lemire, Andrea Sorrentino. ECC. 72 páginas. 6,95 euros.

Creado por Mort Weisinger y George Papp, Green Arrow encarna como superhéroe el motivo clásico del encapuchado del arco y las flechas, que ha dado frutos bien conocidos en la literatura y el cine. Pertenece al universo DC, el mismo de Superman, Batman y Wonder Woman, y su primera aparición tuvo lugar en el número 73 de la cabecera More Fun Comics (noviembre de 1941). En la caracterización del personaje hubo un evidente toque a lo Batman: su álter ego, Oliver Queen, era un millonario metido a justiciero, contaba con el sidekick adolescente de turno (otro arquero prodigioso, el fiel Speedy) y disponía de un amplio arsenal de artefactos y maravillas tecnológicas para llevar a cabo su misión altruista. Green Arrow causó buenas sensaciones entre los lectores, pero no suficientes como para granjearle un título propio, de modo que sus primeros años los pasó asomándose aquí y allí en otras series de la casa. Entre estos episodios esporádicos, destacan sobremanera los de Dave Wood y Jack Kirby en Adventure Comics, allá por 1958, tan dinámicos y entretenidos como todo lo del Rey.

Aunque, si buscamos los momentos álgidos de la trayectoria de Green Arrow, quizá lo primero que venga a la cabeza del aficionado sea la fenomenal interpretación que realizaron Denny O'Neil y Neal Adams en las páginas de Green Lantern, comenzando con el mítico número 76 (abril de 1970). El conocido tándem artístico revolucionó el cómic de superhéroes al introducir en la serie problemáticas sociales (de la droga a la superpoblación, pasando por la pobreza), con un Green Arrow que servía como crítico y conciencia de su compañero de fatigas, el mucho más poderoso (e inocentón) Green Lantern. Muestra del carisma y la importancia del personaje en aquellos años es que la propia serie pasó temporalmente a llamarse Green Lantern/Green Arrow. Con O'Neil y Adams, Oliver Queen era contestatario y rebelde con causa.

Más tarde, ya en los 80 y con la remodelación general del universo DC tras las Crisis en Tierras Infinitas, llegó la que, para muchos, es la versión definitiva del superhéroe, la realizada por Mike Grell en la miniserie The Longbow Hunters (1987). Grell mantuvo muchos de los rasgos que habían definido al personaje en la última década, en especial su carácter seco, pero le quitó los artilugios y las flechas milagrosas, le cambió el traje y hasta prescindió de la máscara. Su Green Arrow era solo un arquero excepcional (que no es poco), con una determinación absoluta por combatir la corrupción. Ahora sí, tuvo una serie regular que alcanzó casi 140 números.

A este puñado de versiones imprescindibles, hay que sumar la muy reciente de Jeff Lemire y Andrea Sorrentino en el marco de los Nuevos 52. Por desgracia, han sido pocos episodios, concretamente los números 17 a 34 (2013-2014) del volumen 5 de Green Arrow, pero son modélicos, sólidos y excitantes. Green Arrow: Roto contiene el esperado final de un trabajo que ha devuelto al personaje a primera línea de interés. Merece la pena hacerse con él, es un verdadero disfrute.


Malaga Hoy

Un Clark Kent alternativo

JAVIER FERNÁNDEZ 



SUPERMAN: UN AUTÉNTICO HÉROE BRITÁNICO. John Cleese, Kim Johnson, John Byrne. ECC. 96 páginas. 8,95 euros.

¿Qué pasaría si la nave del último hijo de Krypton aterrizase en un pueblecito inglés en lugar de en Kansas? Esta es la premisa de partida de Superman: Un auténtico héroe británico (2004), la novela gráfica escrita por Kim Johnson (con ayuda del ex Monty Python John Cleese) y dibujada por John Byrne. Como cabe suponer, la aproximación de Johnson y Cleese es fundamentalmente humorística, y el pobre Colin Clark, que es el nombre que recibe este Clark Kent alternativo, ha de lidiar con las añejas costumbres y el ordenado modo de vida británico en un sinfín de situaciones cómicas. Por su parte, Byrne tuvo aquí la oportunidad de reencontrarse con uno de los personajes más importantes de su carrera y se amoldó al tono del guión, apoyado en las tintas de Mark Farmer. En suma, un nuevo ejemplo de la línea Otros Mundos que demuestra lo inagotable del mito.

Malaga Hoy

martes, 30 de junio de 2015

El tesoro de Lartigue

Florette en Vence
Mayo, 1954.

 Jacques Henri Lartigue descubrió el color a los 17 años. Su cámara y los azules, verdes o rosas que capturaba le acercaban a la vida. A la felicidad. Ajeno al canon de su época, ceñido a un estricto blanco y negro, una exposición en París reivindica ahora la paleta cromática de este pionero de la fotografía.

POR ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS FOTOGRAFÍA DE JACQUES HENRI LARTIGUE

Florette en Megéve
Marzo,1965.

 Todo lo que rodea a Jacques Henri Lartigue (Courbevoie, París, 1894-Niza, 1986) trasciende la historia de la fotografía. Gracias a su titánico archivo -más de cien álbumes de fotos donados poco antes de su muerte al Estado francés- sabemos que eso que llaman la joie de vivre no es un simple lugar común, sino una religión a la que este pionero de la imagen entregó cuerpo y alma. Pintor frustrado del que nadie recuerda hoy un solo cuadro, Lartigue quiso hacer inmortal su memoria con una cámara de fotos. Dejó miles de huellas, obras maestras llenas de vida, pero atravesadas por algo más: la inexorable melancolía que encierra el inútil esfuerzo de atrapar lo que proclaman.

Su obra en blanco y negro es célebre, pero una exposición en la Maison Europeenne de la Photographie de París pretende poner ahora el foco en una faceta menos conocida, el color, al que nunca se había dedicado una retrospectiva y que solo se ha mostrado al público con cuentagotas, como anecdótica guinda a su monumental corpus fotográfico. Un libro, Lartigue, la vie en couleurs (editorial Seuil), ahonda a su vez en esta vertiente menos explorada de su legado.

Se sabe que Lartigue descubrió el color en 1911, cuando tenía 17 años. Lo anotó, eufórico, en su diario. Los hermanos Lumiére habían comercializado un nuevo invento y un amigo de la familia se lo llevó al joven aficionado. El autocromo estereoscópico consistía en unas placas de vidrio que reproducían en color después de un lento proceso y gracias a una mezcla de almidón sobre una película de blanco y negro. Lartigue escribió: "Antes, cuando veía un día maravilloso, sentía una especie de fiebre: una mezcla de ansiedad y desesperación. Pero esta mañana tengo placas de autocromo. ¡He instalado mi trípode y mi cámara frente a unos árboles rodeados de la azul neblina y me siento feliz! Siento la calma...".

Bibi en la isla de Saint-Honorat
Cannes, 1927.


Florette en Morgan
Provenza. Mayo, 1954

Edward Steichen
West Redding, 5 de noviembre de 1966.

En plena adolescencia ya era un fotógrafo dotado. Había empezado a los seis años, cuando una cadena de enfermedades lo postraron en la cama y para distraerle le regalaron su primera cámara. Fue la fragilidad física (constante en su infancia) lo que le acercó a la fotografía, en sus manos dejó de ser un juego para convertirse en un arma obsesiva para atrapar una vida que temía perder. Sin pretensiones artísticas, pero sí existenciales, Lartigue estableció de forma natural e inconsciente una relación moderna con su objetivo. Como recuerda la especialista Anne Morin, colaboradora de la exposición, sus fotos son famosas por la época que documenta, por su ligereza, por su manera de captar la velocidad y el vuelo, por sus saltos, sus risas y la belleza de sus mujeres, "pero ante todo lo son porque descubrieron la capacidad revolucionaria de la fotografía moderna". "Lartigue hablaba de la trampa del ojo", recuerda Morin. "Se refería a cuando de niño pasaba largas horas en la cama abriendo y cerrando los ojos, exagerando el gesto. Lo hacía para potenciar sus recuerdos. Jugaba a disparar con los ojos como con un diafragma natural".

Durante 10 años, el fotógrafo experimentó con el autocromo, del que se conservan 97 placas, asombrosas piezas primitivas de color en las que resulta chocante para cualquier admirador del trabajo de Lartigue su carácter estático. El hombre que capturó una vida casi flotante se peleaba con la inmovilidad que imponía el pesado proceso de revelado. Desesperado, aparcó el inventó casi 20 años. Cuando la técnica empezó a evolucionar, volvió a la carga. A partir de los años cincuenta, con su Rolleiflex 6x6 automática y su Leica 24x36, vuelve de forma intensa a los pigmentos. "No sabría decir si prefiero la fotografía en color o la de blanco y negro", explicó en una ocasión. "Ambas técnicas responden a intereses distintos. A su manera, cada una es única y se complementan. La composición en blanco y negro, los contrastes de los tonos claros y oscuros, tiene más fuerza. Pero me pregunto si podemos ser insensibles a la armonía cromática que nos ofrece la naturaleza. Es por ello que la fotografía en color me parece más apta aún para expresar la poesía".

Se acercó a la novedad con la misma libertad que al blanco y negro. Su condición de eterno amateur le permitía librarse de prejuicios.

Ascoli Piceno
1958.


Bois de Boulogne
París. Octubre, 1960.


Canal du Centre
1969.
 Mientras los grandes fotógrafos de su tiempo miraban por encima del hombro el uso de una paleta cromática, denostándolo porque lo asociaban con las revistas y los trabajos alimenticios, Lartigue, siempre a su aire, lo asociaba a la felicidad. La exposición, dividida en los autocromos de la adolescencia y el resto de su producción, retomada cuando ya era un hombre mayor de 60 años, muestra cómo va puliendo su técnica a lo largo de estaciones, viajes y retratos. En sus imágenes de los años cincuenta, espectaculares en su mayoría, vemos otra vez esa cualidad única de su obra: los espectadores del presente no somos meros observadores, somos partícipes de aquella vida, aquella gran vida. En una piscina en Cap d'Antibes, en una plaza de toros en Vallauris con Picasso y Cocteau, en unos increíbles jardines de cactus en Monaco, en Lourdes o en el País Vasco. El verde y el rosa, el rojo y blanco, todos los azules. Los sombreros de paja del primer sol y las flores amarillas de la primavera, los colores cálidos del verano y los bermellón del invierno, disfrutando en el agua y en la nieve. "Amaba las estaciones", recuerda Martine d'Astier, directora de la Donation Jacques Henri Lartigue y una de las comisarias de la exposición de París. "La naturaleza es importantísima en su vida, está presente todo el rato". Para D'Astier, las 110 fotografías de esta muestra van a ser toda una sorpresa para los aficionados y también para los profesionales y críticos de fotografía. "El color de los grandes maestros ha estado durante mucho tiempo oculto, hasta hace poco era políticamente incorrecto sacarlo a la luz, pero el trabajo de recuperación de muchos archivos nos ofrece muchas claves muy importantes, y en el caso de Lartigue, con especial intensidad, porque él quería parar el tiempo con su cámara y el color, que le fascinaba, le acercaba especialmente a la vida".

D'Astier, que trató al longevo fotógrafo, dice que para ella conocerlo fue una eterna lección de vida. "Le contaré por qué. Un día estaba yo muy triste y él, con su habitual encanto, lo detectó y me preguntó: '¿Qué te ocurre, querida Martine?'. Yo le dije que simplemente no era un buen día y él, sentado a mi lado, compartió su secreto. Me explicó que le había llevado mucho tiempo aprender a ser feliz, pero que había sido disciplinado con la felicidad como no lo había sido con nada. Ese esfuerzo, me dijo, era algo que merecía la pena poner en valor y nunca, ni en los peores días, descuidarlo". Ese esfuerzo, cabría añadir, sigue siendo su mayor legado •

La exposición 'Lartigue, la vie en couleurs' se exhibe del 24 de junio al 23 de agosto en la Maison Européenne de la Photographie de París.

Sylvana Empain en Juan-les-Pins
Agosto, 1961.


Las manos de Florette, Brie-le-Néflier.
Junio, 1961.




El Pais Semanal nº2021 Domingo 21 de junio de 2015





























El Corto Maltes español se deja ver

El nuevo cómic, 'Bajo el sol de medianoche', se edita en otoño






EFE, Madrid "Odio los perros, odio el frío y te odio a ti, Corto Maltes", le dice Sam McGee a su amigo en el que será el primer cómic del héroe dibujado por los herederos artísticos de su creador, Hugo Pratt, que saldrá a la venta el 30 de septiembre en Europa con el título Bajo el sol de medianoche.

Respetando dibujo y guión, Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero han logrado que Corto Maltés vuelva a la vida de la misma manera que su padre, Hugo Pratt, lo imaginó y lo llevó a lo más alto del cómic.

La editorial Norma, encargada de publicar esta nueva edición en España, adelantó ayer la primera página del libro.

En ella se ve cómo Corto Maltés conduce en el Ártico el trineo tirado por perros en el que viaja su amigo Sam McGee, que le pide que, si muere, no le encierre "en el asqueroso hielo".


El Pais 27.06.2015

lunes, 29 de junio de 2015

El artista callejero que encumbró a Obama


Shepard Fairey es el autor del retrato del presidente que catapultó su campaña
El creador inaugura una muestra en Málaga

GREGORIO BELINCHÓN Málaga 26 JUN 2015

El artista Shepard Fairey posa ante su obra en el CAC de Malaga. / PACO PUENTES (EL PAIS)

Barack Obama ganó sus primeras elecciones presidenciales por muchos motivos: principalmente políticos y sociales. Pero también por su imagen. En Estados Unidos cuenta, y mucho: JFK afeitado y moreno ante un Nixon hirsuto y demacrado en su famosa confrontación televisiva, Ronald Reagan vendiendo su patriotismo en los ochenta en un país hambriento de autoafirmación… Hasta en la serie El ala oeste de la Casa Blanca se incidía en lo necesario de poseer “una voz presidencial”. Obama recibió el apoyo de Shepard Fairey, más conocido en el arte callejero como OBEY, que de motu propio creó el icónico póster en rojo, blanco y azul –colores de la bandera estadounidense- en el que el entonces candidato demócrata mira como el Che Guevara en la foto de Korda y debajo puede leerse ‘Hope’ (Esperanza). “Había gente que creía que Obama no tenía altura presidencial, y yo sabía cómo contrarrestarlo visualmente”, recuerda Fairey (Charleston, Carolina del Sur, 1970). “Era un outsider, aun siendo senador, alguien que podía parecer al estadounidense común poco presidencial”. Imprimió 300.000 pegatinas y medio millón de pósteres, y el resto… el resto puede leerse en los libros de historia. “¿Pensaba en ese momento que iba a tener tamaño impacto? No. ¿Me sorprendió la repercusión? Tampoco. Sabía de la potencia de mi obra”.

Aquel retrato acabó colgado en la colección permanente de la National Portrait Gallery, del museo Smithsonian de Washington D. C. No forma parte de la antológica que ayer inauguró el artista urbano en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, donde pueden verse 300 de sus obras. Pero en uno de los muros puede verse el primer tratamiento que hizo de aquella foto de Associated Press que en sus manos se convirtió en un arma de elección masiva. Alrededor, todo tipo de mitos e iconos del siglo XX y XXI: el subcomandante Marcos, Deborah Harry, Joe Strummer, Dolores del Río, Patti Smith, Ai Weiwei, Angela Davis, Aung San Suu Kyi, Bob Marley, Basquiat… Serigrafías, carteles, un par de curiosos trofeos metálicos. Cartelismo soviético y chino; Warhol, Jasper Johns y rock psicodélico. Lemas a favor de la libertad de expresión, de la paz, la libertad, contra todo tipo de dictaduras, tanto gubernamentales como económicas. Rojo, negro, blanco. “Son los colores más potentes para la propaganda y la publicidad”, explica su autor, que ha sabido reconvertirse de aquel chaval que empapeló medio mundo hace 25 años con sus pegatinas con el rostro del luchador André el Gigante (famoso en el cine por La princesa prometida) en uno de los artistas más influyentes de la actualidad.






Obra de Fairey expuesta en Málaga. / PACO PUENTES

Fairey es un creador polémico. Maestro de la autopromoción y del marketing de guerrilla. Siempre ha jugado en muchos campos: desde la publicidad y los museos hasta el grafiti urbano. Sus seguidores más radicales aplauden que aún siga en busca y captura en Detroit (“el caso aún está en los tribunales, no puedo hablar de ello”) por vandalismo callejero, aunque muestran su decepción por sus campañas de diseño gráfico para grandes corporaciones. “Sí, creo en la propaganda. Pero no en la que acalla y manipula a la gente, sino en la que empuja a abrir debates, en la que llama la atención sobre los problemas de hoy”. Se siente muy estadounidense: “En mi país se puede hablar libremente y nadie me va a perseguir por mis ideas y opiniones. Pero a la vez me preocupa la situación económica actual, los problemas acuciantes de pobreza, y la reiterada negación del cambio climático”. Por eso se planteó aquel cartel de Obama. “Estaba harto de la guerra de Irak, de Bush, quería alguien que se preocupara de la ecología, de una economía verde”. ¿Se siente decepcionado? “Sí y no. Lucha contra un sistema poderoso, contra la maquinaria republicana… Ha conseguido cosas, ha hablado de valores. Sin embargo, tenía que haber dado más pasos. Luchado por ir más lejos. Ahora, en el trato personal debo decir que es tipo muy cercano”.

Vivir y crear en Los Ángeles

Shepard Fairey vive en Los Ángeles. “Es una gran ciudad. Repleta de arte, de posibilidades”. También un hervidero cultural. “Lo mejor de Los Ángeles es que conoces gente de todos los sitios del mundo. Se cruzan las culturas, las posibilidades artísticas, aparece gente nueva e interesante”. Allí tiene asentada su base, aunque Fairey fue uno de los primeros artistas en tener sitio web propio. “Creo firmemente en el acceso público, en expandir mi obra”.
Para Fairey, que luce imagen juvenil de skater que a la vez es consciente de que peina canas, el arte urbano “es el que se hace en la calle, y allí debe estar, sea legal o no”. Lo que muestra en los museos es otra cosa”. “Yo me considero multidisciplinar. La diferencia entre el arte comercial y las bellas artes no es el estilo, sino la intención. Yo empecé haciendo camisetas, diseñando portadas de discos y aún me gusta crear diseños para tablas de skate”. ¿Y qué le satisface más? “Los grandes murales”. Uno de ellos, Paz y libertad, lo colgó en una fachada en Málaga, enfrente del CAC, en 2013. “Supongo que veo a la gente admirándolo y me halaga. Además, el ser humano es tan pequeño junto a esos murales…”. En esta ciudad está cómodo. “Aquí nació Picasso. Me gusta su mezcla de calle y de aprecio al arte. Y mi mujer y mis hijas están ahora en la playa… Me encanta viajar”. De sus correligionarios, admira a Banksy. “Sabe contar ideas muy complejas con imágenes sencillas, No hay nadie como él para acertar en las localizaciones para poner sus obras. Es muy muy listo”.

¿El arte cambia al entrar los museos? “No, si se mantiene el compromiso”. Por eso sigue con sus campañas de apoyo a los indios estadounidenses. “La gente no quiere ver los problemas de los nativos norteamericanos en sus reservas. Yo desarrollo campañas y a la vez recaudo dinero para ellos. Algunos de esos nativos me miran mal y me dicen que no se fían de mí, que qué hace allí un blanco. Ahí está el problema; en mirar la piel en vez de darnos cuenta de que todos somos seres humanos”.


El Pais 27 de junio de 2015



domingo, 28 de junio de 2015

Jiro Taniguchi Las cosas importantes de la vida

 Lecturas no obligatorias por Guillermo Altares





En alguna de las historias más bellas del dibujante japonés Jiro Taniguchi (Totori, Japón, 1947), el lector tiene la sensación de que no está ocurriendo nada. Y, sin embargo, no puede dejar de leer. El gourmet solitario relata las experiencias de un viajante de comercio en los diferentes restaurantes que visita durante sus desplazamientos de trabajo. En la mayoría de los casos no va más allá de una apasionante lección de comida japonesa en la que Taniguchi se limita a describir el menú hasta el mínimo detalle. Los años dulces narra en dos tomos la inesperada amistad entre un profesor y una antigua alumna, con la que se encuentra por casualidad muchos años después. El caminante, que Ponent Mon acaba de reeditar en un volumen, es todavía más sencillo: describe a un individuo que camina, muchas veces al azar, por diferentes lugares. El protagonista decide tumbarse bajo un árbol en flor o charla con una mujer desconocida en una playa en una pequeña ciudad japonesa. Con estos elementos, Taniguchi construye sus historias a través de unas viñetas perfectas que dejan todo el protagonismo al dibujo.

Tal vez sea la calidad extraordinaria de sus trazos o la sensación de que uno está contemplando la vida, sin artificios, sin trucos, con una inmensa complejidad que solo puede describirse a través de esta sencillez, pero hay algo en los tebeos de Taniguchi que enganchan al lector, que le hacen identificarse con sus personajes que, solo aparentemente, no hacen nada. El ritmo sosegado de las andanzas de El caminante o la seriedad con la que el protagonista de El gourmet solitario se toma cualquier menú, por muy anodino que parezca, reflejan una mirada certera sobre las cosas importantes de la vida: un paseo matinal camino del trabajo, una comida en un restaurante popular... •



JAPONES UNIVERSAL
En una gran exposición que le dedicó el último Festival del Cómic de Angulema se definía a Jiro Taniguchicomo "el más transversal y ecuménico" de los dibujantes japoneses por su capacidad para unir diferentes tradiciones de tebeo sin abandonar nunca el manga. El más influyente y leído de los autores nipones en Occidente, su obra es inmensa y muy variada. 'El caminante' (PonentMon) es su último libro.

El Pais Semanal nº2021 Domingo 21 de junio 2015

Reunión de semidioses

El 'JLA' de Grant Morrison es una auténtica vuelta a las raíces y una frenética montaña rusa, uno de los títulos imprescindibles de su década.


JAVIER FERNÁNDEZ 




JLA, VOL. 1. Grant Morrison, Howard Porter. ECC. 256 páginas. 25 euros.

Tras un reboot memorable, iniciado poco después del evento Crisis en Tierras Infinitas (1985-1986), con los guionistas Keith Giffen y J. M. DeMatteis y el dibujante Kevin Maguire en plan gamberro, los tebeos de la Liga de la Justicia naufragaron, como gran parte del material superheroico de los 90. Entre tanto exceso de músculos, violencia desaforada y argumentos anodinos como abundaban en la época, la Liga se fue llenando de posturas imposibles y personajes de segunda fila (Wonder Woman aparte), y fue acumulando páginas prescindibles hasta provocar el sopor y la consiguiente cancelación. Especialmente recordada, por mediocre, es la última etapa del grupo, allá por mediados de la década, debida a Gerard Jones (escritor, todo sea dicho, de tebeos notables como El diablo o Martian Manhunter: American Secrets) y Chuck Wojtkiewicz (de este no me viene nada bueno a la cabeza). Sea como fuere, el supergrupo por excelencia de DC se quedó sin serie propia en agosto de 1996, con una última cubierta que rezaba precisamente: "¿Es este el fin de la Liga de la Justicia (sic) América?" Se cancelaron también los numerosos spinoffs de la franquicia.

Fue el siempre genial e impredecible Grant Morrison el encargado de devolver la grandeza perdida a la Liga de la Justicia. Lo hizo en las páginas de una nueva cabecera titulada sencillamente JLA, que comenzó su andadura con fecha de portada de enero de 1997. La estrategia del guionista escocés quedó clara desde el principio, si la Liga quería recobrar su pretérita relevancia debía sustentarse en los pesos pesados, los grandes héroes de la editorial, y trajo de vuelta a los siete magníficos: Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Green Lantern, Aquaman y el personaje que mejor encarna la historia de la mítica formación, el Detective Marciano.

Con tamaño elenco, verdadera reunión de semidioses, no valía cualquier antagonista, y Morrison enfrentó siempre al grupo con desafíos de altura: amenazas planetarias, ejércitos alienígenas, coaliciones de supervillanos, guerras apocalípticas… Su JLA es una auténtica vuelta a las raíces y una frenética montaña rusa, una serie entretenida como pocas que figura entre el puñado de títulos imprescindibles de su década. Fue, además, un tebeo influyente, uno de los promotores de la salida del túnel oscuro en el que se había adentrado el género tras el exceso de relecturas de Dark Knight o Watchmen. 

El apartado artístico, por su parte, recayó mayormente en Howard Porter, y este es quizá el punto flaco (si es que hay alguno) de JLA. No es que Porter sea un mal dibujante, pero tiene un acusado sabor de época. Con todo, le imprimió ritmo, coherencia y personalidad al conjunto. Con otros lápices, la cosa podría haber sido mejor, aunque no cabe duda de que también podría haber sido mucho peor. En resumen, un tebeo fresco y espectacular que ECC recopila ahora en cuatro tomos. El primero contiene los números 1 a 9 y el JLA: Secret Files 1 (1997), con colaboraciones de Mark Millar, Óscar Jiménez y Don Hillsman.


Malaga Hoy



Segunda oportunidad

JAVIER FERNÁNDEZ




EL DÍA MÁS BRILLANTE, 1. VV.AA. ECC. 336 páginas. 30 euros.

El día más brillante es la recopilación en dos volúmenes de la maxi-serie homónima publicada por DC entre mayo de 2010 y mayo de 2011. Se trata de un amplio crossover (consta de 25 episodios) que continuó argumentalmente otro conocido evento, La noche más oscura. El citado precedente fue realizado mayormente por Geoff Johns e Ivan Reis, y es uno de los puntos culminantes del largo trabajo de Johns con los conceptos que rodean a Green Lantern, en tanto que El día más brillante es una obra colectiva y se centra en el devenir de los 12 personajes resucitados al final de La noche más oscura, tras la sufrida batalla contra los Black Lanterns. Como explica Fran San Rafael en el prólogo del primer tomo publicado por ECC: "Las vicisitudes de buena parte de esos personajes se conocerían en otras series como Flash o Liga de la Justicia: Generación perdida. Sin embargo, la editorial se reservó El día más brillante para centrarse en cinco personajes de capital importancia que, durante los años anteriores, no habían disfrutado de una situación comercial óptima que podrían recuperar gracias al tirón de La noche más oscura". Dichos personajes son: Aquaman, Firestorm, el Detective Marciano, Hawkman y Deadman, todos con solera. Agraciados con una segunda oportunidad, los héroes resucitados deben encontrar ahora su objetivo y su sitio en el mundo.

El apartado literario de esta exitosa colección corre a cargo del propio Geoff Johns y Peter J. Tomasi, y el tema gráfico se lo reparten Ivan Reis, Patrick Gleason, Fernando Pasarín, Ardian Syaf, Scott Clark y Joe Prado, más un buen número de dibujantes invitados entre los que figuran Mark Bagley, Andy Kubert o Aaron Lopresti. Como todos los trabajos de Johns, se devora de principio a fin y está cargado de momentos emotivos, sorpresas y puntos de giro. Un disfrute para el aficionado al tebeo de superhéroes, en especial al cada vez más numeroso connoiseur del universo DC. Este primer tomo recopila los números 0 a 11 de Brightest Day, e incluye un quién es quién de la serie.


Malaga Hoy

sábado, 20 de junio de 2015

Continúa el trabajo. El Ojo de Melkart continúa.



Hacía más de dos años que no incluía en el blog una referencia, una imagen, algo, referente al trabajo que aquí se alude. El motor gráfico por excelencia, Venantius, realiza pruebas y bocetos que incluyen más personajes.
















Un monumento dibujado a la Resistencia contra los nazis

La novela 'Hijos de la libertad', de Marc Levy, llega al cómic
Levy se adentra en la cotidianeidad de la resistencia francesa

TOMMASO KOCH Madrid 14 JUN 2015

Una viñeta de 'Hijos de la libertad'. / © EDITIONS ROBERT LAFFONT, S.A., SUSANNA LEA ASSOCIATES, PARIS, 2007

Cuesta creerlo. Y, sin embargo, todos los episodios son reales. Lo dice el propio autor, Marc Levy, así que habrá que fiarse. Incluso cuando el relato del escritor cuenta en Los hijos de la libertad, ahora llevado a la novela gráfica con dibujos de Alain Grand, roza fronteras asombrosas. Así, en las viñetas, un grupo de judíos deportados por los nazis y amontonados en un tren sufre las paradójicas ráfagas de ametralladora de un avión aliado, convencido de atacar un vagón lleno de mercancías. Entonces Raymond Levy, padre de Marc y protagonista de la historia, coge una camisa ensangrentada y la cuelga por una ventana. De milagro, el piloto estadounidense entiende el mensaje y acalla sus disparos. Todos salvos. Aunque, por desgracia, solo es un decir.

Porque, pese a su trazo coloreado y vivo, Los hijos de la libertad (Planeta Cómic) construye en realidad un relato con tintes dramáticos. En sus 162 páginas, reviven las memorias de Raymond Levy, su hermano Claude y la treintena de jóvenes soñadores que conformaron la 35ª brigada y lucharon a golpes de guerrilla y sabotajes contra la ocupación nazi en Toulouse. Con sus satisfacciones y sus victorias, pero también entre encarcelamientos, torturas y muertes. “No es un libro sobre la Resistencia, sino sobre la acción de resistir; no sobre la guerra, sino sobre los destellos de humanidad que estos hombres y mujeres mostraron. Es una novela que trata de coraje, hermandad, libertad y el significado de la palabra ‘amor”, relata el escritor francés.

Todo ello hacía falta en la Francia de 1943, nueva víctima del avance de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Tras la ocupación de los nazis, el país quedó dividido en dos: el norte, bajo la dominación alemana, y el sur, controlado por el gobierno-títere de Vichy. Allí, frente al silencio de muchos y la abierta colaboración de otros, un grupo de niños -en su mayoría extranjeros, de judíos huidos de otros países a españoles refugiados de la Guerra Civil-, decidió plantar cara en Toulouse a las armadas hitlerianas. En Los hijos de la libertad Levy cuenta su día a día a ratos totalmente normal, a ratos en absoluto: una viñeta muestra una cena entre risas, o un enamoramiento, pero una página después hay ejecuciones y explosiones.


Una página de 'Los hijos de la libertad'. / © EDITIONS ROBERT LAFFONT, S.A., SUSANNA LEA ASSOCIATES, PARIS, 2007

La obra original fue un exitazo en su Francia natal. Al fin y al cabo, con superventas como Ojalá fuera cierto (llevado al cine por Mark Waters) o Volver a verte y más de 23 millones de ejemplares vendidos, Levy es uno de los autores franceses más leídos tanto en su país como en el extranjero. Aunque también ha recibido críticas ocasionales por un estilo que rozaría demasiado lo pasteloso y sentimental. El autor descarta contestar a esta cuestión, pero sí jura que no tiene ninguna fórmula áurea para deshornar un superventas tras otro: “No hay una clave para el éxito. Antes de publicar un libro, nunca sé si va a tener un público. Escribir es algo artesanal. Lo que sí intento es expresar ciertos valores que me han sido trasladados por mis historias y personajes. Y mucha gente comparte esos valores”.

En el caso de Los hijos de la libertad, por encima de todo está quizás la dignidad. “Significa defender siempre la parte de humanidad que la vida te ha dado, no rendirse nunca y estar alerta, mantener tu mente y tu corazón abiertos a los demás”, resume Levy. Para respetar tamaño legado de la 35ª brigada, el escritor se volcó en reconstruir su historia paso a paso, hasta el último detalle: estudió archivos y documentos, leyó testimonios y se entrevistó con algunos de los supervivientes. Además, tuvo que comprobar que había hablado con la persona correcta, ya que muchos de ellos tenían varias identidades y nombres. “Fui muy cuidadoso para no traicionar la memoria, las elecciones y la vida de los jóvenes miembros de la Resistencia”, agrega el autor. También se benefició de la ayuda de su tío Claude y de otros dos excomponentes de la brigada, que le contaron sus vivencias y le recomendaron libros.


Marc Levy, en una imagen de 2011.

Pero, ¿por qué tantos esfuerzos si el protagonista principal era su propio progenitor? ¿Por qué no acudir, como en Maus de Art Spiegelman, a las memorias directas de su padre? Simple: porque Raymond Levy no hablaba de ello. “Creo que quería que le amara por el maravilloso padre que era y no por ser un héroe”, afirma el escritor. Hasta el punto de que Levy solo descubrió el pasado de su padre con 23 años: acudió a un homenaje en el que Raymond recibiría la Legión de Honor francesa, sin saber a qué se debía el tributo. Pero un amigo del padre le dejó una tarjeta de visita y un mensaje: “Llámame si quieres saber quién fue tu padre”. Levy llamó. Bingo.

Aun así, el escritor tardó 20 años en escribir esa historia. “No me sentía preparado. Me preocupaba también la reacción de mi padre, ya que siempre había sido tan discreto y humilde respecto a esa parte de su vida”, cuenta Levy. Cuando el libro por fin se publicó, sin embargo, recibió llamadas de supervivientes y de sus familias. Damira, una de las protagonistas de la obra, contactó con él para contarle que justo entonces había recuperado amigos que pensaba que no vería nunca más.

La reacción de su padre, en cambio, fue algo más sintética. “Sonrío y dijo: ‘No recordaba que fue tan duro”. En el fondo, Raymond nunca quiso hablar mucho sobre su pasado. A las palabras, él prefería las acciones. Como los héroes.

El Pais 

jueves, 18 de junio de 2015

Quimérica geografía

JAVIER FERNÁNDEZ




VIAJE A COTILEDONIA. Cristóbal Serra, Pere Joan. Edicions de Ponent. 116 páginas. 20 euros.

Viaje a Cotiledonia es la reunión de dos artistas singulares, inclasificables, dueños cada uno de su propio universo estético. Por un lado está Cristóbal Serra (Palma de Mallorca, 1922-2012), el escritor de los mundos interiores, el autor libre por excelencia, un erudito cuyo nombre es pronunciado en voz baja, siempre en ocasiones especiales, por los afortunados miembros de su culto. Como dice Josep Maria Nadal Suau en el estupendo epílogo que cierra este libro: "Viaje a Cotiledonia, publicado por primera vez en 1965, es un libro muy raro en las letras españolas: pesa menos que la ventosidad de un potentado, pero es más subversivo que tres guerrillas tropicales. En él, este mallorquín alucinado practica una inventiva verbal que bebe directamente de la tradición dadaísta, y su objetivo es burlarse de la Historia (tan terrible) y la geografía política, oponiéndoles una historia quimérica y una geografía juguetona e imposible". Puestos a pensar en un texto inadaptable al cómic, este de Cotiledonia figuraría entre los principales candidatos.

Pero claro, Pere Joan (Palma de Mallorca, 1956), que es el otro extremo de la citada reunión, ha compuesto su carrera artística dibujando, precisamente, lo inefable. ¿Quién si no él podría atreverse a poner Cotiledonia en imágenes? El autor de La muerte húmeda, La lluvia blanca, Mi cabeza bajo el mar, Azul y ceniza o la alucinante adaptación de Nocilla Experience vuelve a demostrar que posee un talento inacabable y una mirada genial, y firma aquí algunas de las páginas más hermosas de una bibliografía que es pura poesía. Transitando entre el cómic y la ilustración, su versión de Viaje a Cotiledonia es un paisaje conquistado, una obra nueva que añade sutileza y densidad al original literario. De nuevo en palabras de Nadal Sudau: "adaptador y adaptado comparten tres cosas fundamentales: son isleños, mediterráneos y un poco disparatados. (…) Los dos saben reír. Por eso este libro es tan leve, tan divertido, y tan terrible. Está hecho de una imaginación doble que hiere y sana".

Malaga Hoy

lunes, 15 de junio de 2015

Una imagen, mil palabras

En la era digital, los libros ilustrados para adultos (en papel) están al alza

RICARD RUIZ GARZÓN 12 JUN 2015

Ilustración de Liniers para 'Crímenes ejemplares'.


Reza la sabiduría popular que una imagen vale más que mil palabras, pero el sector editorial sabe que eso es tan falso como lo contrario: una imagen, de hecho, gana mucho si acompaña a mil palabras, y si de vender esas palabras se trata hay pocas ayudas mejores que un buen muestrario de imágenes. De ahí, sin duda, que en la era de internet, y a falta aún de un verdadero despegue en los campos del ebook y el libro enriquecido, los títulos ilustrados para adultos -en papel- se estén convirtiendo en un nicho al alza. Bastaría para probarlo con ojear algunas perlas presentes en cualquier librería real o virtual (por citar cinco: los Crímenes ejemplares de Max Aub ilustrados por Liniers en la premiada Libros del Zorro Rojo; la obra de arte Mirabilia, de Milena Nonó y Conrad Roset en La Galera; La vida de las paredes, de la escritora e ilustradora Sara Morante, en Lumen; Mansfield Park, de Jane Austen junto a Fernando Vicente, en Galaxia Gutenberg; y, last but not least, Saltaré sobre el fuego, de Wislawa Szymborska y Kike de la Rubia, en Nórdica, editorial que también acaba de lanzar los Cien sillones y pico de Max y Manuel Rodríguez Rivero), pero la red, por supuesto, permite mucho más.

Así, y empezando por España, noticias recientes como la de los ilustradores en campaña espontánea por Manuela Carmena, la de la inclusión de cinco españoles entre los mejores del mundo o la de la aparición el Lunwerg del libro Ilustradores españoles del especialista Mario Suárez (convencido de que "internet fomenta el intercambio creativo" y comisario de una exitosa exposición internacional) respaldan la idea de que el fenómeno made in Spain va más allá de las inspiraciones de Lady Gaga en su Applause. Los numerosos blogs en busca de los ilustradores on line más destacados, el éxito en redes de artistas como Paula Bonet y la existencia de una agencia especializada y pionera como Pencil, en fin, no hacen sino subrayar un auge al que pese a todo afecta la crisis.

Junto al desarrollo que permite el diseño digital popular, a menudo combinado con técnicas tradicionales, la principal tranformación del sector se ha producido sin embargo en la promoción. Para conocer hoy a algunos de los mejores ilustradores latinoamericanos, por ejemplo, y para disfrutar de sus creaciones, basta con navegar por webs como Ilustración México (de Itzel Alcántara a Jorge Manjarrez), Ilustradores argentinos (de Marcelo Zamora a Tintavlek), Ilustradores colombianos (de Johnny Calderón a Eliana Molina), Artistas gráficos del Perú (de Sandra Travenzaño a Juan Carlos Silva Bocanegra), Ilustradores ecuatorianos (de Andrés Landivar a Chepita Ouyeah), Ilustradores Paraguay (de Adri Peralta a Wolfgang Krauch) o la chilena Ilustrared (de Diego Agasso a Raquel Echenique). Claro que, para los más urgidos, es fácil encontrar recopilatorios como el que la revista Código ha publicado este año sobre diez ilustradores latinoamericanos en el punto de mira, de Alberto Montt a Mathias Siefield. O mejor, encontrar, explorando, sus favoritos. Y ponerles, claro, nombre y cara, es decir: palabra... e imagen.


El Pais Babelia 13.06.15

viernes, 12 de junio de 2015

Revisando conceptos

La premisa de 'Tierra Uno' consiste en contar desde el inicio, y en un entorno realista, las aventuras más emblemáticas de los héroes de DC.


JAVIER FERNÁNDEZ


SUPERMAN: TIERRA UNO, VOL. 3. J. M. Straczynski, Ardian Syaf. ECC. 136 páginas. 15,50 euros.

Dice J. Michael Straczynski que escribir Superman Tierra Uno es un sueño hecho realidad. Y la verdad, se nota que el autor de Babylon 5, Midnight Nation y Supreme Power, se lo pasa en grande realizando esta nueva versión de Superman. La premisa de Tierra Uno consiste en contar desde el inicio, y en un entorno realista, las aventuras de los héroes más emblemáticos de DC, adaptándolos al gusto de los tiempos. Varias cuestiones argumentales avanzan de tomo en tomo, pero cada uno de ellos presenta y resuelve un conflicto propio, lo que les da un sentido de obra cerrada y permite su disfrute por separado. En este sentido, las novelas gráficas de Tierra Uno se parecen más a una película de superhéroes que a los cómics de toda la vida, y, con su amplio bagaje en televisión y cine, Straczynski resulta idóneo para escribirlas. Además, su conocimiento del medio garantiza el acierto a la hora de reinterpretar los conceptos.

En la dedicatoria de Superman Tierra Uno, Straczynski confiesa tener "un absoluto amor profundo y duradero hacia la mitología de Superman", y dice también: "Cada generación crece con una versión de Superman que es su Superman. Para mí, ese fue el Superman de la Edad de Plata, cuyo rostro era amable, atento, sabio y compasivo, y sin embargo increíblemente fuerte. Inquebrantable. Honorable". Es posible que ese Superman al que hace referencia Straczynski, el entrañable boy scout de la era Weisinger, sea el superhéroe por antonomasia, y todos los demás meras derivaciones. Así lo entendieron Stan Lee y Steve Ditko cuando crearon a Spiderman a comienzos de la década de 1960. El atribulado Peter Parker, buque insignia de Marvel, puede leerse como una parodia de Clark Kent, y Spiderman, casi como un anti-Superman. El caso es que aquel adolescente picado por una araña, aspirante a héroe, humanizó el mito, le insufló nueva vida y se convirtió por sí mismo en referente dentro del medio. Se da la circunstancia de que Straczynski estuvo una larga (y memorable) temporada al frente de Spiderman, y hay algo de la frescura de Peter Parker en su reinterpretación de Clark Kent. De modo que Superman Tierra Uno cierra paradójicamente el círculo. En este tercer volumen, por cierto, el Hombre de Acero se enfrenta a Zod, su identidad secreta es descubierta por un personaje muy cercano y se nos narra la génesis del Lex Luthor de Tierra Uno. El apartado gráfico, que hasta ahora había sido cosa de Shane Davis, recae en un estupendo Ardian Syaf, habitual de DC en los últimos tiempos.

Siguiendo con Superman, aprovecho para avisarles de que ECC acaba de completar la reedición de la importante etapa de John Byrne, que también reformuló al personaje, allá por la segunda mitad de la década de 1980. En total, han sido diez bonitos tomos de la colección Grandes autores de Superman, y el último de ellos contiene los Superman 19 a 22, Action Comics 441, 442 y 444 y el prestigio The Earth Stealers (1988), seguramente la última gran aportación del mítico Curt Swan al personaje. Una delicia.


Malaga Hoy



Amigas del alma

JAVIER FERNÁNDEZ



BATMAN: HARLEY Y HIEDRA. Bruce Timm, Judd Winick, Paul Dini, Joe Chiodo. ECC. 136 páginas. 15,50 euros.

En plena Edad Oscura de los superhéroes, allá por comienzos de la década de 1990, DC se inventó una virguería titulada The Batman Adventures, que devolvió al género la diversión y los componentes paródicos que lo habían caracterizado durante décadas. Si no recuerdo mal, el invento lo comenzaron Kelley Puckett y Ty Templeton, con un refrescante estilo muy en la onda de los dibujos animados. Aunque seguramente fueron Paul Dini y Bruce Timm, dos autores fogueados en el mundo de la animación, los que llevarían la serie a su culmen con joyitas como The Batman Adventures: Mad Love, la divertidísima novela gráfica protagonizada por Harley Quinn, recientemente reeditada en español por ECC.

Con Dini y Timm a los guiones y este último a los dibujos, vio la luz en 2004 otra descacharrante historieta, Batman: Harley y Hiedra, una miniserie de tres números en la que la pareja de villanas comienza tratando de robar una peligrosa raíz expuesta por la sociedad botánica y acaba rodando su propia película en Hollywood. Leer estos tebeos es lo más parecido a ver un vertiginoso episodio de televisión, con la diferencia de que cada imagen se puede contemplar a placer. El volumen homónimo editado por ECC contiene también la historieta La apuesta, de Paul Dini y Ronnie del Carmen, extraída de Batman: Gotham Knights, y la novela gráfica Harley y Hiedra: Amor a la fuga, escrita por Judd Winick y pintada por Joe Chiodo, de nuevo con el dúo de amigas del alma como protagonistas.

Sin dejar a Batman y su rico entorno, a los aficionados al Hombre Murciélago les recomiendo encarecidamente que se asomen a la colección Grandes autores de Batman, donde ECC lleva varios meses sirviendo la larga etapa escrita por Doug Moench y dibujada por un espectacular Kelley Jones. La noche final es, por el momento, el tercer tomo de la recopilación en marcha, tras Fundido en negro y La conexión Deadman. Compila los números 536 a 543 de la cabecera Batman, editados originalmente en 1996 y 1997, y son una gozada, narrativa y visualmente.

Malaga Hoy

Una alianza peligrosa

JAVIER FERNÁNDEZ



ODISEA CÓSMICA. Jim Starlin, Mike Mignola. ECC. 208 páginas. 20,50 euros.

En su breve pero significativo paso por DC a finales de los ochenta, Jim Starlin firmó títulos tan recordados como Batman: The Cult, Gilgamesh II o la polémica muerte de Jason Todd, el segundo Robin. Suya es también la miniserie de cuatro números en formato prestigio Odisea Cósmica, dibujada por el siempre genial Mike Mignola, que ECC recupera ahora en un solo volumen. La historia narra la imposible alianza entre el malvado Darkseid y algunos de los más importantes héroes del universo DC, como Superman, Batman, el Detective Marciano, los Nuevos Dioses o Green Lantern, cuyo anillo era por entonces propiedad de John Stewart. El universo está en peligro, y la ayuda prestada por Darkseid acarreará, como puede suponerse, consecuencias inesperadas. En la línea de sus grandes sagas cósmicas para Marvel, el trabajo de Starlin resulta colorido y excitante.


Malaga Hoy