El 'JLA' de Grant Morrison es una auténtica vuelta a las raíces y una frenética montaña rusa, uno de los títulos imprescindibles de su década.
JAVIER FERNÁNDEZ
Tras un reboot memorable, iniciado poco después del evento Crisis en Tierras Infinitas (1985-1986), con los guionistas Keith Giffen y J. M. DeMatteis y el dibujante Kevin Maguire en plan gamberro, los tebeos de la Liga de la Justicia naufragaron, como gran parte del material superheroico de los 90. Entre tanto exceso de músculos, violencia desaforada y argumentos anodinos como abundaban en la época, la Liga se fue llenando de posturas imposibles y personajes de segunda fila (Wonder Woman aparte), y fue acumulando páginas prescindibles hasta provocar el sopor y la consiguiente cancelación. Especialmente recordada, por mediocre, es la última etapa del grupo, allá por mediados de la década, debida a Gerard Jones (escritor, todo sea dicho, de tebeos notables como El diablo o Martian Manhunter: American Secrets) y Chuck Wojtkiewicz (de este no me viene nada bueno a la cabeza). Sea como fuere, el supergrupo por excelencia de DC se quedó sin serie propia en agosto de 1996, con una última cubierta que rezaba precisamente: "¿Es este el fin de la Liga de la Justicia (sic) América?" Se cancelaron también los numerosos spinoffs de la franquicia.
Fue el siempre genial e impredecible Grant Morrison el encargado de devolver la grandeza perdida a la Liga de la Justicia. Lo hizo en las páginas de una nueva cabecera titulada sencillamente JLA, que comenzó su andadura con fecha de portada de enero de 1997. La estrategia del guionista escocés quedó clara desde el principio, si la Liga quería recobrar su pretérita relevancia debía sustentarse en los pesos pesados, los grandes héroes de la editorial, y trajo de vuelta a los siete magníficos: Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Green Lantern, Aquaman y el personaje que mejor encarna la historia de la mítica formación, el Detective Marciano.
Con tamaño elenco, verdadera reunión de semidioses, no valía cualquier antagonista, y Morrison enfrentó siempre al grupo con desafíos de altura: amenazas planetarias, ejércitos alienígenas, coaliciones de supervillanos, guerras apocalípticas… Su JLA es una auténtica vuelta a las raíces y una frenética montaña rusa, una serie entretenida como pocas que figura entre el puñado de títulos imprescindibles de su década. Fue, además, un tebeo influyente, uno de los promotores de la salida del túnel oscuro en el que se había adentrado el género tras el exceso de relecturas de Dark Knight o Watchmen.
El apartado artístico, por su parte, recayó mayormente en Howard Porter, y este es quizá el punto flaco (si es que hay alguno) de JLA. No es que Porter sea un mal dibujante, pero tiene un acusado sabor de época. Con todo, le imprimió ritmo, coherencia y personalidad al conjunto. Con otros lápices, la cosa podría haber sido mejor, aunque no cabe duda de que también podría haber sido mucho peor. En resumen, un tebeo fresco y espectacular que ECC recopila ahora en cuatro tomos. El primero contiene los números 1 a 9 y el JLA: Secret Files 1 (1997), con colaboraciones de Mark Millar, Óscar Jiménez y Don Hillsman.
Malaga Hoy
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