La Hora del Bocadillo
Abel Ippólito, recién nombrado académico de las Bellas Artes, nos regala una magnífica y cruda historia en el medio que mejor se mueve, el cómic
José Luis Vidal
22 de marzo 2026
Las leyendas aún hablan de él. Aquel rudo monarca, Svlak. Llevó a la victoria a su pueblo en infinidad de luchas, empuñando su espada sin parpadear. A su paso, el rey dejaba un sendero de cuerpos sin vida, vitoreado por sus soldados, que lo miraban con admiración y, por qué no decirlo, cierto temor”.
Svlak era tremendamente estricto con las costumbres y ritos de su pueblo, no pestañeaba a la hora de cumplir con las ancestrales leyes, como por ejemplo la que dictaba la eliminación de aquellos recién nacidos que, una vez llegados a este mundo a manos de Baba Yaga, la hechicera del lugar, si estos mostraban algún signo de debilidad o enfermedad eran inmediatamente calificados como “malditos”.
El afilado puñal blandido por el rey daba cuenta de estas vidas, dejando a los padres del recién nacido sumidos en la más oscura de las desesperaciones, como en el caso de la mano derecha de Svlak, uno de sus mejores guerreros, Hamak. Este se hubiera lanzado de cabeza al mismísimo Infierno si su rey lo hubiera pedido, pero el dolor que sentirá por el sacrificio de su hijo hará que el argumento del relato dé un inesperado giro.
Y es que lo malo que tienen las leyes, los ritos, es que en algún momento te llegará tu turno de acatarlos. Y justamente esto es lo que le acontece a Svlak y su esposa que, tras varios intentos infructuosos, por fin queda encinta.
Lo malo es que el rostro de Baba Yaga reflejará la decepción cuando, tras un parto complicado, determine que el recién nacido es también uno de esos malditos…
Justo en ese instante, el apesadumbrado monarca deberá tomar una decisión que no será la que todos esperan, ya que en su lecho de muerte de su pareja deberá cumplir su último deseo.
Sin él saberlo, la leyenda comenzaría aquí, ya que su ausencia del lugar le convertiría en un auténtico misterio, marcado por un hecho dramático. Y tan solo Hamak sería el único que sospecharía que algo extraño había ocurrido, por lo que buscaría dentro de la tribu Volhojk a un compañero en su empeño de sacar a la luz qué había sucedido realmente con los desaparecidos Svlak, Baba Yaga y aquel bebé.
El resto de la historia nos sumerge en dos relatos que confluirán en algún momento. Por un lado cómo el rudo, y en momentos cruel rey, deberá aprender a aceptar lo que hasta ese momento para él era una monstruosidad nacida del vientre de su mujer. Un sentimiento, el de la paternidad, que irá creciendo poco a poco, a medida que el singular dúo viva un buen montón de peripecias y momentos de angustia.
Por otro lado, Hamak encontrará a Vook, un tipo enorme y al que le gusta disfrutar de todos los placeres que le da la vida, el complemento ideal a la hora de seguir el rastro del desaparecido monarca.
Ambos no cejarán en ningún momento en su persecución, que en algún momento deberá concluir, y lo hará de manera harto dramática.
Y hasta aquí puedo leer, prefiero dejar que los lectores disfruten de lo que acontece en este cómic tan magnífico, Kiwi, cuya primera parte llegó a nuestras manos mediante una campaña de crowdfunding en el 2018, y que ahora que ya por fin ha sido completada en un solo volumen integral, editada dentro de la línea dedicada al Noveno Arte de la revista Jot Down.
Drama, emoción, aventura, su pizca de humor, un arte que se sale de las viñetas en una historia que no podrás dejar de leer una vez la comiences, acompañando a estos carismáticos personajes, que nos llevan hasta una conclusión de lo más inesperada y sorpresiva.
En resumen, una gran obra de un magnífico autor como Ippólito que ha tardado varios años en concluir pero, como suele decirse, la espera merece totalmente la pena y tan solo queda felicitarle no solo por este trabajo sino también por su reciente y merecido ingreso en la Academia de Bellas Artes de Cádiz.
Y es que en Kiwi ha volcado todo su saber y su talento a la hora de narrar en viñetas la emocionante historia de un padre y su hijo, ese ‘maldito’ que nos va a enamorar en cuanto lo conozcamos.
Diario de Cadiz

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