Entre las variadas injusticias históricas del medio, pocas hay tan sangrantes como la de Ventura y Nieto, escasamente paliada por aquel Gran Premio del Salón otorgado ya con el tándem roto y el dibujante cada vez más cerca del hastío que de las viñetas. La habitual adscripción de esta firma al género de humor o juvenil y la publicación mayoritaria en soportes como El Jueves ha enmascarado sistemáticamente la vigencia de una aportación ineludible. Por ello deviene tan afortunada la revisión que Planeta propone de este álbum de 1975, título emblemático del duo y claro ejemplo de esfuerzo creativo que excede a las pretensiones del medio que le cobija o de su publico destinatario: en este caso, ternos infantes v una revista del Movimiento; después, consumidores de un humor de usar y tirar.
Efectivamente, seria en la ya celebre revista Trinca - y previo rodaje con la serie Es que van como locos- donde causarían el estupor de sus directivos publicando este autentico maremagnum, por otra parte uno de sus relatos mas extensos hasta la techa. Fue después de las monjas progres de Molinete y antes del neurasténico Papus: concretamente entre 1972 y 1973, años de inquietud evidente donde Ventura y Nieto se sumaban a los afanes de otros autores de Trinca como Calatayud, Palacios o Victor de la Fuente por resquebrajar rigideces formales o ideológicas, al margen de las previsiones originales de la publicación. Obra primeriza y sin embargo madura, Maremagnum se muestra, paradójicamente, como germen y a la vez compendio; porque en ella se encuentra ya al Enrique Ventura plurimorfo del hallazgo visual constante y al Miguel Angel Nieto de la jocosa disonancia vital: también porque, incluso carente de la plena libertad expresiva por venir, traslucía va las claves de sus intereses estéticos y sobre todo éticos. Una autentica declaración de principios, no por candorosa menos pertinaz. Un decálogo de recursos gráfico-narrativos a explotar durante años por esta pareja de primos (en el buen sentido) cuyo modus operandi les revelo como cuerpo de trabajo bicéfalo de forma comanditaria.
No habrá muchos álbumes donde el protagonista muera en la segunda pagina. El engañoso western inicial de Maremagnum deriva desde semejante premisa hacia un estado de estrepitosa ucronía del que ya nunca se recupera y que, a golpe de macguffin, arrastra al lector al universo de bolsillo de los autores. Un universo que, por cuestión de principios, exprime los mas descarados tópicos hasta el espasmo. Para ello recurren al absurdo galopante, van del homenaje al pastiche y utilizan la sátira como defensa propia, también incluyen su particular mitomanía: personas y personajes fetiche como Buster Keaton, Mafalda, Little Lulu, Bertrand Russell y, sobretodo, sus máximos iconos ideológicos: San John Lennon y ese Groucho de sus amores, habitual y asumido alter-ego. No son los únicos recursos, con todo: el guiño multimedia. el metalenguaje, dosis de surrealismo, caricatura y, si, cierta poesía elemental son constantes de la marca Ventura y Nieto, presentes aquí como en el resto de su obra. Todo con un matiz pacifista y ecológico -también habitual en su trayectoria- y bañado por un espíritu anarquizante al que la coyuntura de la revista doto de un delicioso tono naïf, como de transgresión inocente, de gamberrismo inocuo. Lo que en ocasiones, eso si, remite en exceso a aquellos utópicos 70 ya trasnochados para la mirada escéptica de este fin de siglo. A nivel gráfico, Ventura adoptaba aquí un registro de humor con rastros de Bruguera, toques de Mad y cierto regusto francobelga del que se distanciaría paulatinamente para practicar ese dibujo camaleónico que le lleva del hiperrealismo al cartoon pasando por todas sus variaciones o permutaciones intermedias. Y no por inseguridad, ciertamente, sino por una suerte de inquietud plástica compulsiva. Igualmente nos deparaba filigranas con el montaje y el diseño, un amplio surtido de movimientos de cámara y de angulaciones e incluso efectos cinéticos o de profundidad de campo anteriores en décadas al uso de programas informáticos. Por no mencionar su paleta cromática, plena de narratividad y lirismo.
La lectura -o relectura- de Maremagnum equivale a zambullirse en una especie de constante Twilight Zone que mantiene una asombrosa coherencia dentro del caos. Son páginas de talento incomprendido en su día e infravalorado posteriormente, derrochado incluso, aunque fluyera casi como por inercia. Encaramado en aquel álbum, en breve, el propio Groucho podría clamar "Desde aquí, un cuarto de siglo nos contempla" o algo así. Porque se trata de un auténtico monumento, no lo duden: polvoriento puede, pero sólido y ejemplar:
Yexus
U, el hijo de Urich #11 julio 1998


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