El viento de los dioses
T.2 El vientre del dragón.
Cothias-Adamov
Ediciones Glénat
Colección Historia Gráfica
P.V.P.: 1450 Ptas.
SERGI VICH
Mientras en La Sangre de la Luna Cothias y Adamov nos ofrecían los parámetros básicos en los que se ubica su serie. Esto es, una visión general del Japón de 1270, de un país dividido entre una setentena de daymyos independientes en incesante lucha, posibilitada únicamente por los recursos que extraen sin piedad de un campesinado esclavizado en sus predios, en el que el emperador no es sino una figura distante y carente de fuerza real, y que pronto sufrirá un primer intento de invasión (1271) por parte del todopoderoso soberano mongol de la China, Khubilai Khan. En esta segunda entrega nuestros autores nos proponen una suerte de viaje iniciático protagonizado por Tchen Quin, el héroe de su historia, repleto de símbolismos y alegorías.
Así, en El vientre del dragón, a la vez que asistimos a la sangrienta represión instigada por el intrigante Kozo, y a la búsqueda por parte de la concubina Pimiko del cuerpo de su amado Tchen Quin, en la seguridad de que aún vive, éste, malherido, se debate entre la vida y la muerte, azuzado por su otro yo, por su sombra, quien le repite una y mil veces al sentirle desfallecer: "La muerte no es un juego, Tchen, y yo quiero vivir".
Amén de narrarnos una interesante historia, lo que pretenden Cothias y Adamov en este episodio, es introducirnos en el mundo creencial de los samurais, en su código de honor (el Bushido) mezcla de preceptos morales confucianos y dogmas procedentes del budismo Zen que introdujera el monje Eisai a principios del siglo XIII y que tendría una gran aceptación entre la casta guerrera nipona a partir de las enseñanzas de Dogen y que caracterizaría al período Kamakura en el que se inscribe nuestra historia.
De ahí, que ninguna viñeta ni ningún texto de este álbum puede ser pasado por alto, pues todas y cada una de ellas tienen un propósito determinado, cual pieza de un inconcluso puzzle que debemos completar a fin de comprender su verdadero significado. Desde la secuencia en que una liebre es cazada por un águila mientras Pimiko lucha contra un guerrero que le cierra el paso, hasta las escenas finales en las que Kwanow, cual Caronte femenino, le dice a Tchen Quin que el futuro depende única y exclusivamente de su deseo, y que cuando acabe su viaje, es decir, cuando venza a la muerte será un hombre nuevo, y así parece entenderlo Mara, la intocable prostituta que lo ha recogido y cuidado y que, ignorante de su verdadero nombre, lo bautiza como Mizu.
La frase final pronunciada por Mara, a la vez, enigmática y premonitoria, nos acerca al significado de una historia que intenta ser algo más que una mera serie de aventuras, y demuestra, una vez más, a lo que una inteligente narración y un magnífico dibujo pueden llegar:
"Las sombras son uno de los raros privilegios de los hombres vivos. Sus únicas propiedades y sus únicas garantías contra los maleficios del reino de la noche"
Revista Viñetas nº5 Mayo 1994
Ediciones Glenat
Barcelona
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