lunes, 3 de enero de 2011

Dark Knight -Diez años después- revista Slumberland nº14 (Agosto de 1996)


La fascinación que la mayoría de los lectores han sentido en algún mo­mento de sus vidas por Batman y la popularidad que éste ha tenido entre ellos es indiscutible. Sin embargo, en los 80 esa popularidad fue disminuyendo progresivamente hasta que Frank Miller, en marzo de 1986, revolucionó el mun­do del comic con Batman: The Dark Knight Returns, una miniserie de cuatro números que se ha convertido en punto de referencia indispensable (junto a Watchmen, publicada curiosamente ese mismo año) para comprender la evolu­ción de los comics a lo largo de estos diez últimos años.

Aunque Dark Knight logró atraer a más lectores hacia las series de Batman (in­cluyendo gente adulta), las repercusio­nes dentro de las colecciones mismas de Batman no fueron todo lo relevantes que cabía esperar. A pesar de que tras las Crisis en Tierras Infinitas se abría todo un abanico de posibilidades para revita­lizar al personaje (como hicieran Byrne con Superman o Perez con WonderWo­man), los pasos que Miller marcó con Dark Knight en 1986 y Batman: Año uno a principios de 1987 no fueron con­tinuados por sus predecesores. Batman: Año uno (Batman # 404-407) sirvió para que Miller nos contase a su manera el ya por todos conocido origen de Bat­man, demostrando con su versión cómo hacer de una historia archiconocida algo original, distinto y magistral.

Los autores que siguieron a Miller ni su­pieron estar a la altura, ni parecieron mostrar ningún interés por seguir míni­mamente su camino. Alan Davis (tras deleitarnos antes de irse a Excalibur con sus dibujos en siete números de Detec­tive Comics) daba paso a un todavía no muy conocido Todd McFarlane para que acabase Año dos, una historia con guión de Mike W. Barr que acabaría de sentar las bases de lo que iba a ser el nuevo Batman: más de lo mismo, por desgra­cia. La influencia de Miller en El señor de la noche se fue diluyendo poco a po­co, y sus sucesores se quedaron tan sólo con el tono oscuro que había impuesto en la serie. La oportunidad de convertir a Batman en algo más que una atracción publicitaria para las masas se había per­dido, y no sería hasta unos tres años más tarde, con la aparición de una nue­va serie, llamada curiosamente Legends of the Dark Knight, que se recuperaría esta línea con historias más elaboradas y menos tópicas, aunque sin llegar nunca a las cotas alcanzadas por Miller.


Durante los meses siguientes a Año uno y Año dos vimos cómo Robín (un Jason Todd al que le habían cambiado ligera­mente el origen) se iría volviendo cada vez más temerario e imprudente y có­mo Batman se enfrentaba a los Manhun­ter durante los episodios de Milleníum (Detective #582 y Batman #415).

Fue entonces cuando se produjo una destacable separación entre los caminos que tomaron las dos series de Batman. A Detective Comics llegarían dos auto­res ingleses como son John Wagner y Alan Grant, que hicieron de Batman un personaje más sombrío, cuyas aventuras transcurrían siem­pre de noche y sin la compañía de Robin. Además, aumentaron la galería de villanos de Batman (con personajes como Scarface, el Señor de las ratas, Mr Kadaver o el Hombre Corrosivo) y tocaron temas sociales como la droga o residuos tóxicos. Más tarde, y coinci­diendo con la celebración del número 600 de la serie, llegó Justicia Ciega, una saga de tres números realizada por Sam Hamm y Denys Cowan en la que Bat­man se enfrenta a Harbinger (un pode­roso villano que a punto estuvo de aca­bar con él) y Bruce Wayne es acusado de espía comunista. En el #601 regresa­ron de nuevo Grant y Breyfogle a Detec­tive Comics con historias que mantenían la tónica marcada por ambos autores con anterioridad: historias nocturnas y oscuras de Batman, inclusión de nuevos personajes (como Anarquía), temas socia­les, y la inclusión de una nota de humor, algo que había sido bastante infrecuente desde Dark Knight, en la serie principal del Hombre Murciélago. Por aquel en­tonces, además, Grant comenzó a recu­rrir en sus historias a la galería de villa­nos de Batman: Clayface, Pingüino... cosa que no había hecho con mucha frecuencia hasta aquel momento.


Mientras, las aventuras que se narra­ban en la serie Batman de la mano de Jim Starlin y Jim Aparo: eran mucho más superheroicas, las sagas se suce­dían y se dejaba un tanto de lado la labor iniciada por Miller meses atrás. Las diez noches de la bestia, cuatro nú­meros en los que Batman se enfrenta­ba a un poderoso rival llamado Bestia, un ruso cuyas continuas matanzas obligan a nuestro héroe a utili­zar todo su ingenio; Una muerte en la familia, dondo por votación telefónica popular los lectores decidieron que Ro­bín muriera (aunque ya lo había hecho, de forma figurada, poco antes cuando en el Batman #424 se encargó de matar más como un reclamo publicitario al es­tilo de La muerte de Superman, sirvió para atraer a más lectores a las series del vigilante de Gotham. Aunque el ar­gumento resultaba bastante entretenido y fácil de leer, no dejaba de ser algo tó­pico. Curiosamente, el paralelismo con la mencionada muerte de Superman era total: aparece un nuevo y poderoso vi­llano (Bane/Doomsday) que derrota al héroe (Batman/Superman), el cual es a su vez substituido por otro en su labor como vigilante de su ciudad (Azrael/los cuatro Superman).

A partir de entonces, y hasta hace poco, las series relacionadas con Batman han estado íntimamente ligadas entre sí me­diante macrosagas que las conectaban y que obligaban al lector a seguir todas las series: La caída del murciélago, La cruzada, Génesis oscura... y más re­cientemente Contagio. La negativa reac­ción del público a todo este tipo de ma­niobras comerciales provocó que, hace tan sólo unos meses, DC manifestara su intención de no volver a producir nin­gún tipo de crossover entre las series de Batman... al menos durante un año.

En la actualidad, lo más destacado es el distinto rumbo que ha tomado cada una de las colecciones de Batman. Alan Grant continúa en su propia colección (Shadow of the Bat), con sus particulares historias en las que a menudo Batman no es el protagonista y en las que suele introducir a nuevos enemigos, en una serie que explora las motivaciones y las consecuencias de los actos de Barman; Doug Moench y Kelley Iones han aca­bado por convertir la serie de Batman en una colección realmente distinta de la que venía siendo has­ta ahora, con escenarios propios de los títulos de la línea Vertigo; mientras que Chucqu Dixon y Graham Nolan hacen de Detective Comics la colección con un estilo más super- heroico, en la que Batman y Robin continúan resolviendo crímenes y enfrentándose a criminales de un modo mucho más tradicional al que nos ofrecen Alean Grant o Doug Moench. Durante estos últimos años (y al igual que ocurriera en Marvel con Spiderman o los mutantes). hemos podido asistir a una proliferación de series relacionadas con Batman que ha sido espectacular. Apar­te de las colecciones anteriormente cita­das. la lista se completa con: Azrael, Catwoman, Robín, Nightwing, Batman Chronicles, Shadow of the Bat, Batman & Robin Adventures... por no mencionar los continuos anuales, especiales, miniserie, prestigios y similares. También hemos podido observar cómo, a menu­do, las mejores historias de Batman no han tenido lugar en ninguna de las se­ries regulares de éste. Ése ha sido el ca­so de prestigios y novelas gráficas como La broma asesina, Luz de gas, o El hijo del demonio, donde los aficionados han podido disfrutar de verdad con las aven­turas del Hombre Murciélago, con histo­rias -en algunos casos- de una calidad muy superior a la leída en las series re­gulares y con un espíritu más cercano al que en su día dejara Frank Miller en Bat­man: The Dark Knight Returns.

Vicente García

BATMAN BLACK & WHITE

Esporádicamente, DC nos regala con un producto de lujo dedicado a su personaje fetiche desde hace más de 50 años: Batman.

Hace poco ha aparecido en los U.S.A. una miniserie de 4 numeros que, como su nombre indica (Batman Block & White), era completamente en blanco y negro. Pero la innovación no reside ahí, sino en los autores que han colaborado en dicha miniserie, compuesta de episodios cortos del Hombre Murciélago. Parece una ga­lería de "lo que te hubiera gustado ver en Batman y nunca habías visto". Desde Neil Gaiman guionizando a su polo opuesto gráfico, Simon Bisley, hasta Corben, McKeever, Katsuhiro Otomo, Tanino Liberatore, Matt Wagner, José Muñoz, Brian Bolland, Chaykin o Joe Kubert, éstos han sido los cuatro números que con más ansia he esperado a leer en mu­cho tiempo. Y ha valido la pena. La verdad es que es una golosina que hay que paladear en pequeñas dosis, si no se quiere sufrir un parón cardíaco. Como todavía no existen rumores de publicación en nuestro país, desde aquí nuestro sugerimiento a Zinco de no esperar de­masiado. ¿Qué tal un tomo recopilatorio?

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