Manuel Barrero: hemos conseguido digitalizar unos 100.000 tebeos españoles previos a 1968, que es la fecha en la que el tebeo español se transforma por completo
Nos sentamos con Manuel Barrero, creador y presidente de la Asociación Cultural Tebeosfera en la Casa de la Ciencia de Sevilla, rodeados de varias docenas de portadas de Mortadelo y Filemón. Tebeosfera es una de las entidades culturales privadas más necesarias y útiles de todo el país, ocupando un espacio, el de la recuperación de la memoria de nuestros cómics, que nunca ha sido ocupado por quien tiene la obligación constitucional, las administraciones públicas. Tebeosfera en su web atesora la historia del cómic español desde sus inicios en la segunda mitad del XIX hasta nuestros días. Barrero nos habla de qué es y qué hace la asociación que preside.
—Empecemos por el principio: ¿cómo surge Tebeosfera?
—Tebeosfera surge de un proceso de ansiedad personal, supongo. De un querer hacer algo por el cómic en un momento en el que yo vivía aquí, en Sevilla, y tenía mucho interés por ese colectivo de personas que en los años noventa estaban haciendo fanzines sobre cómics, o cosas en torno al cómic.
Surge también de una convicción personal, nacida sobre la base de muchas lecturas. Yo era un apasionado lector, no solo de historieta, sino de todo lo que estaba alrededor del cómic: el coleccionismo, las actividades, la aplicación del cómic en otros medios. Y mi reflexión se encontró con la situación del cómic en los noventa, que era de franca agonía.
En aquellos años se habló incluso, en festivales de cómic en Barcelona, de la muerte del cómic en España. De la muerte de la industria española, porque se venía arrastrando una deriva de colonización de otras factorías, sobre todo la norteamericana: los superhéroes. Y en los noventa, de repente, aparecen los japoneses y se van comiendo el otro trozo del pastel. La historieta española estaba temblando.
Yo quería defender un medio antes que un género o que un entretenimiento. Y empecé a pensar cómo hacerlo. Lo primero que se te ocurre cuando eres joven es hacer un fanzine. Pero no tenía dinero, y los fanzines exigen un mínimo. Además, había algo nuevo que había nacido en el mundo: Internet.
Entonces decidí —aunque no fue una decisión totalmente consciente— que había que hacerlo online. Y así nació Tebeosfera: como un intento de hacer un fanzine. Pero la idea que yo tenía en la cabeza era hacer una revista web.
—Eso te iba a preguntar: ¿qué es Tebeosfera?
—Hay tres Tebeosferas.
La primera nace con ese propósito de hacer una publicación divulgativa, muy ufana. Pero claro, yo trabajaba con una tecnología que hoy resultaría risible: un programa de Windows para gestionar páginas web. Lo hacía yo todo: búsqueda de textos, redacción, edición… con unos conocimientos muy malos. Y llega un momento en que aquello no dio más de sí.
En esa primera etapa contacté con mucha gente de Latinoamérica. Me interesaba mucho la historieta latinoamericana: me parecía importantísima y estaba poco estudiada en España. Hice amigos en Cuba, Brasil, Argentina, sobre todo en México, y dedicamos espacios enteros a esas historietas. Yo seguía explorando el pasado de la historieta española, que en los noventa no se valoraba demasiado.
Esa primera Tebeosfera se corta cuando sucede lo más importante de mi vida: el nacimiento de mis hijas. En 2004 nació mi primera hija y en 2005 la segunda. La crianza, en una ciudad como Sevilla, me obliga a cerrar Tebeosfera en diciembre de 2005. Momentáneamente, porque yo quería seguir.
Ahí está la segunda Tebeosfera, la que verás si te asomas a la web: pone «segunda». Se concibe como una revista web, con números en bloques y contenidos concretos. En esa época hicimos números especiales dedicados a autores: Carlos Pino, Francesc Capdevila «Max», José Luis Ágreda, Mateo Guerrero… incluso guionistas.
Y en esa etapa publicamos un trabajo de doctorado en el que se descubría la primera historieta española documentada. Se hablaba de 1859, cuando por entonces se pensaba que arrancaba en 1872.
Al mismo tiempo que hacía Tebeosfera, yo quería trabajar el cómic en el ámbito académico. En los ochenta y noventa el cómic tenía una presencia limitada, y los medios le concedían poca atención. No se consideraba un medio con suficiente relevancia como para ser estudiado en la universidad.
Entonces me matriculé en Periodismo en el año 2000. Hice estudios de doctorado, un trabajo de investigación sobre el cómic en Sevilla y, con posterioridad, una tesis doctoral que leí en 2015.
En ese proceso me moví por hemerotecas. Descubrí que en Sevilla se habían hecho historietas en los años 1860: en 1864, en 1869… eran tiras pequeñas, de dos o tres viñetas. Tirando del hilo, descubrí también revistas donde estaban las primeras historietas españolas publicadas en La Habana, que por entonces era España.
Y fue durante ese periodo cuando decidí dar un giro: contratar a un programador profesional —que sigue trabajando conmigo— y montar un sitio web en condiciones, con instrumentos tecnológicos para construir un catálogo.
Yo veía un problema fundamental: no existía academia del cómic, pero tampoco existía un conocimiento sistemático de nuestro cómic. No había un diccionario terminológico serio, no había un catálogo contrastado, no había un documento donde se reunieran las investigaciones, que estaban dispersas.
Era necesario para colocar el cómic en su sitio dentro de la cultura española.
Cuando quise montar el catálogo me di cuenta de que era imposible. Pero yo sabía cómo hacerlo porque había estudiado Biología. El catálogo de Tebeosfera está construido sobre bases científicas: la cladística y la sistemática de Linneo.
Tenía la estructura, pero me faltaba la carnadura: ¿dónde están los tebeos?
Tuve muchísima suerte. En Sevilla vivían algunos de los mayores coleccionistas de España. Uno de ellos, José Manuel Humanes, de Paradas, me prestó su catálogo: una base de datos con fichas de colecciones. Partiendo de ahí —eran unas 12.000 fichas— abrimos Tebeosfera con una nueva programación y comenzamos a trabajar con un equipo en 2006–2007.
En ese momento nos aconsejaron fundar una asociación cultural, porque necesitábamos dinero. Hasta entonces lo pagaba yo todo: programación, servidor… La asociación se fundó en 2008 y funcionó. Con el tiempo editamos libros para los socios y seguimos trabajando.
—¿La creación de la asociación fue otro punto de inflexión?
—El siguiente punto de inflexión se da en 2014. Cerramos otra vez, durante un año y medio. Fue por un motivo tecnológico: la programación web había cambiado y había que rehacer la web por completo.
A partir de 2014 fundamos una base de datos mucho más potente y, en 2015, disponemos de herramientas analíticas para hacer trabajos estadísticos sobre los cómics publicados en España. En 2015 nace la tercera Tebeosfera, con un número cero dedicado al estudio estadístico de los cómics en España. Y ahí empieza el estudio anual.
—Para quien no lo conozca: cuando alguien entra en Tebeosfera, ¿qué se encuentra?
—Tebeosfera es una estructura binomial. Siempre quise que fuera una revista con estructura de revista —y hemos conseguido que sea reconocida como revista académica de relevancia en el ámbito hispanoamericano—, pero al mismo tiempo es un catálogo.
Cuando la gente entra ve una revista con artículos, y una columna de enlaces donde está el catálogo: el catálogo de todos los cómics publicados en España.
Pero también hemos hecho un catálogo de producciones audiovisuales basadas en cómics, actividades culturales, exposiciones, presentaciones, elementos para-BD… Y, para nosotros, una viñeta satírica es una historieta. Los mecanismos de lenguaje que activas para entender un cómic son los mismos que para entender el chiste de El Roto.
El humor gráfico lo contemplamos y le hemos dedicado números, porque ha ido perdiendo fuelle con la digitalización del periodismo y la masiva emisión de memes.
La revista, en cambio, no promete un artículo sobre Dragon Ball o los trajes de Mortadelo y Filemón. Se van a encontrar artículos sobre poesía y cómics, feminismo y cómics, dictaduras y cómics… cómic como medio de comunicación.
En secreto —esto lo podrás publicar maquillándolo un poco—, en 2008 iniciamos un proyecto de albergue de todos los tebeos españoles digitalizados. Los antiguos. No íbamos a digitalizar lo nuevo de Blacksad o Carlos Giménez: somos conscientes de que el cómic, sin mercado, no existiría.
Pero yo estaba preocupado por la recuperación del patrimonio. ¿Por qué no puedo consultar los Pulgarcitos de los años cuarenta? No solo leerlos: salvar esa obra.
Me junté con el Colectivo de Tebeos Clásicos, un grupo de digitalizadores obsesionado con escanear incluso el tebeo más absurdo. Gracias a una persona, Antonio García —hoy fallecida—, conseguimos hallazgos increíbles, como revistas falangistas locales de la Guerra Civil.
Finalmente hemos conseguido digitalizar unos 100.000 tebeos españoles previos a 1968, que es la fecha en la que el tebeo español se transforma por completo. Es un tesoro y está al alcance de investigadores.
—¿Habéis tenido ayudas públicas para esa labor?
—No.
He intentado pedir ayudas constantemente: a la universidad, a instituciones públicas… pero en España las políticas de subvención no están pensadas para proyectos como este, sino para proyectos concretos y definidos. Nosotros no encajábamos: asociación cultural, web, libros… Hemos pedido ayudas para festivales, para simposios… es difícil.
Hemos avanzado mucho en los últimos años: ahora hablas de cómic en el Ministerio de Cultura y ya no te entornan las cejas. Pero sigue habiendo mucho hueco.
—También hay una labor editorial muy potente, muy rigurosa.
—Siempre lo consideramos una labor accesoria, pero ahora mismo somos de las entidades que más obra teórica edita en España.
Lo importante, desde mi punto de vista, está en dos cosas: la elección de los temas y la exigencia. Somos excesivamente exigentes, lo reconozco. Pero si vamos a hacer algo por los cómics, hay que hacerlo muy bien.
Porque el cómic sigue luchando contra estereotipos. Y un libro sobre tebeos para niñas o sobre censura en el cómic tiene que ser excelente. Es una manera de ganar consideración cultural.
Hemos publicado libros que son imposibles de vender: terminología, catálogos de investigación… pero eran necesarios. Queríamos colocar el cómic en su sitio.
—Y ya para terminar de todo lo realizado ¿con qué te quedas?
—Con la gente.
No he recibido más muestras de cariño en mi vida que desde Tebeosfera. Hay gente que un día decide llamarme para decirme lo feliz que le hago. Jubilados que entran al catálogo y encuentran las cosas que les hicieron felices de niños. Profesores que nos agradecen herramientas.
Pero sobre todo me quedo con la gente que colabora: gente altruista, generosa, que dedica horas a catalogar un fanzine o un tebeo erótico de los setenta sin esperar nada a cambio. Esa gente no la he buscado yo: ha venido.
El catálogo de Tebeosfera se ha construido con generosidad. Y pese a llevar 25 años haciéndolo, yo disfruto como un niño, porque todos los días descubro algo nuevo.
En los noventa fundamos esto porque pensábamos que la historieta se moría y que se iba al olvido nuestro patrimonio. La intención era esa: luchar contra el olvido.
Y ahora, sin embargo, lo fascinante es la diversidad que estamos viviendo.
Revista Mercurio (Jot Down)


































































