domingo, 5 de noviembre de 2023

CÓMICS. LITERATURA EN VIÑETAS

 Por Ana Merino

Los tebeos, el cómic, la historieta como forma expresiva con poco más de cien años de existencia, hereda y asume aspectos de otras artes que la precedieron. De las artes plásticas, los principios de la composición, la perspectiva o el sentido del color. De la literatura, los recursos narrativos, y del cine, con el que se desarrolla coetáneamente, multitud de hallazgos para captar el movimiento y el dinamismo de la acción constante. Por todo ello se ha dicho que era el Noveno Arte. Sea como fuere, se trata sin duda de un arte comunicador propio del siglo XX, surgido en los periódicos y que, en su devenir, ha alcanzado su mayoría de edad y su autonomía. La proliferación de certámenes, salones y ferias con la historieta como disculpa es una realidad en España, Europa y el resto del mundo occidental.San Diego en California, Angoulême en Francia, Barcelona en España, son citas anuales con bagaje y tradición; pero otras como A Coruña, Gijón, Granada, Sevilla o Madrid están despertando curiosidad y los miles de visitantes indican el interés que suscita el tema. La historieta, el cómic, el tebeo siguen teniendo tirón.

Las ilustraciones reproducen cuadros de Roy Lichtenstein.

Cuando los críticos y los estudiosos trazan los inicios del cómic, a muchos les gusta remontarse a las imágenes tallada de la Columna Trajana. Es decir, construyen un posible discurso sobre los antecedentes del cómic en base a la Historia del Arte y su tradición a través de las imágenes. También destacan la belleza gráfica de los libros medievales, el arte del grabado y las ilustraciones que acompañaron a los textos de los libros desde la invención de Gutenberg.

La prensa (periódicos y revistas), que ya surgió tenuemente en el XVIII, se convertirá en un medio cada vez más extendido a lo largo del siglo XIX y será a finales de dicho siglo el espacio masivo desde donde el cómic comenzará a desarrollarse. El cómic además será el eje de entrenimiento y lectura de la clase obrera de las grandes fábricas urbanas (sobre todo en los Estados Unidos). Un grupo de población que comenzaba a alfabetizarse muy lentamente y que sabía descifrar los titulares y, cómo no, sonreir con las tiras de humor.

Las cualidades que tanto ahora como en el pasado el público consumidor de comics necesita son, entre otras, la capacidad para la lectura y cierta habilidad interpretativa para conectar y dar sentido a todos los elementos que aparecen en cada viñeta. EL comic no es producto descuidado ni facilón; detrás de cada obra se esconde un muchos casos un idilio ineludible con la literatura.

Al analizar las posibles relaciones del comic con la literatura creo necesario destacar tres corrientes. Una sería la compuesta por el grupo de las llamadas adaptaciones directas de las obras literarias; otra, los comics que incluyen en su narración evocaciones y homenajes a la literatura; por último, cabe destacar la novela gráfica, que es un tipo de comic que se consolida como libro y que da gran importancia al texto y a la proyección narrativa de su conjunto. Es además una narración enmarcada en un número limitado de partes o capítulos.




Las adaptaciones directas pueden ser más o menos libres, pero parten siempre de un sustrato literario al basarse en la obra de un escritor. Ejemplos recientes son La ciudad de cristal de Paul Auster, que fue adaptada al comic por David Mazzuchelli y Paul Karasik. El homenajes al Quijote de Will Eisner, que transforma en viñeta el memorable episodio de los molinos. La crónica de Francisco Vázquez y la novela de Ramón J. Sender han servido como base para que Felipe Hernández Cava fragüe los guiones del comic Lope de Aguirre, dibujado por Ricardo Castells en su tercera entrega, y en sus anteriores por Enrique Breccia y Federico del Barrio. Otros ejemplos son El hombre que ríe de Victor Hugo, que ha sido adaptado muy libremente por Fernando de Felipe y Federico del Barrio; algunos episodios de Las mil y una noches, traducidos por Madrus, que han adaptado Laura y Lo Duca; Ibicus de Rabaté, una adaptación de la novela de Alexis Tolstoi; o Kafka para principiantes de David Zane Mairowitz y Robert Crumb, que adapta diferentes escenas de las principales obras de Kafka.

El número 3 de Nosotros somos los muertos de diciembre del 96 ha recogido de forma minimalista esa tradición idílica entre el comic y la literatura, dedicando parte de aquella publicación a confeccionar una sección en la que 19 autores elegían una obra literaria y la condensaban en una página de historieta. Pere Joan fue el más atrevido y resumió las siete novelas de Proust en una sola viñeta; Max se deslizó por el imaginario de Lao Tse; Federico del Barrio reconstruyó un Haiku; Gallardo tuvo una forma muy particular de adaptar Lolita, mezclando sus pasiones literarias con las cinéfilas. Así, numerosos autores "micro adaptaron" al cómic sus obras literarias preferidas, afianzando con un guiño de un página la complicidad del comic con la literatura.

También existen ejemplos "clásicos" de adaptaciones literarias al comic. Dentro de este apartado entraría el Tarzán que Harold Foster adaptó en 1929 de la obra de Edgar Rice Burroughs escrita en 1912. Otra obras de gran interés que nació de un texto literario fue Conan, de Robert E. Howard. Conan fue adaptada al comic por el guionista Roy Thomas, siendo dibujada inicialmente por Barry Windsor-Smith. Por último, entraría dentro de este mismo grupo el caso de los novelistas que crean guiones para el comic al estilo de sus novelas, destacando como ejemplo Dashiell Hammett, creador de la serie Agente Secreto X-9 en 1934.

En el segundo grupo, el que incluye en su narración evocaciones y homenajes a la literatura, destacan numerosísimas obras. Tal vez una de las más reconocidas por el público en general sean las aventuras de Corto Maltese, del italiano Hugo Pratt. Pero hay otras creaciones claramente influenciadas por la literatura, como es el caso del universo artúrico en El príncipe valiente del norteamericano Harold Foster en 1937. Todos los guiones creados por el argentino Hector Oesterheld combinan la tradición de aventuras con una sensibilidad literaria entroncada en el género de los fantástico. EL tema de la mítica Batalla de las Termópilas, cargado de literatura épica y teatro clásico, aparecerá en un episodio de Mort Cinder (ilustrado por Breccia) entre 1962 y 1964, y reaparecerá en una nueva versión de Frank Miller y Lynn Varley titulada 300. El universo de Tolkien puede respirarse entre las páginas de Bone de Jeff Smith; muchos lectores han visto a Inodoro Pereyra, de Fontanarrosa, conversar en medio de la Pampa con un Borges ciego y muy avejentado por el trazo de la tinta; y la obra de Max no se puede entender sin la profunda relación con los grandes mitos y relatos de la literatura de todos los tiempos. En el ámbito del terror, la influencia de las novelas clásicas del siglo pasado ha sido clara. Obras como Carmilla (1872) de Sheridan le Fanu o Drácula (1897) de Bram Stoker han sido decisivas en toda la imaginería del terror, presente en revistas como Vampus o Rufus, o en la serie Vampirella.



El último grupo, definido como el de la novela gráfica, tiene entre sus máximos representantes a Art Spiegelman, creador de MAUS, que recoge el testimonio de su padre durante los años de la Segunda Guerra Mundial en el infierno del nazismo. Sin embargo, aunque la novela de Art fuese revolucionaria, un autor clásico como Will Eisner -creador en 1940 de The Spirit- ya anunciaba con sus obras a partir de los setenta (Contrato con Dios, Big City o El corazón de la tempestad) una dirección narrativa encaminada a consolidar la novela gráfica. Otras novelas gráficas de tono testimonial son los trabajos de Joe Sacco, creador de Palestina, o Un largo silencio de Miguel Gallardo, que fue la adaptación al comic de las memorias de la Guerra Civil de Francisco Gallardo. La recopilación de todos los episodios autobiográficos de Carlos Giménez configurarían otro ejemplo de novela gráfica, ya que construyen un discurso narrativo cerrado encauzado a recopilar, en este caso, un proceso vital determinado. Max también ha trabajado la novela gráfica con el libro El prolongado sueño del señor T, y Jason Lutes está en proceso de terminar una titulada Berlin. Lo más característico de la novela gráfica es que suele ser una obra de autor; es decir, proyecta en sus páginas el trabajo de un narrador capaz de ser guionista y dibujante a la vez, porque persigue construir una peculiaridad expresiva reconocible en todos sus ámbitos.

Al definir y ejemplificar estas tres corrientes he querido trazar una perspectiva de estudio con la que encauzar un debate abierto que profundice sobre las posibilidades del comic y su relación con la literatura. Existen muchas más aproximaciones y ejemplos, pero he creído oportuno en esta ocasión desmarcarme de un ensayo abierto y difuso para delimitar claramente lo que yo considero las tres grandes líneas de análisis.

Corto Maltese



Corto es uno de los personajes más conocidos del italiano Hugo Pratt (1927-1996), creado en 1967. Marinero sin rumbo fijo, representa el imaginario adulto de la aventura. En sus historias lo literario es parte de una viñeta donde palpita la influencia de Stevenson,, Dumas o Jack London. Su biografía imaginaria lo hace nacer en 1887 fruto de una gitana de Sevilla llamada la Niña de Gibraltar y de un marinero británico pelirrojo. Tras muchas aventuras el rastro de Corto se perderá en la Guerra Civil española, donde al parecer luchará contra el fascismo junto a las Brigadas Internacionales. Sus obras más destacadas son La balada del Mar Salado, Bajo el signo de Capricornio, Las Célticas. Corto Maltés en Siberia o La casa dorada de Samarcanda.

MAUS



Novela gráfica creada por el norteamericano Art Spiegelman (nacido en Estocolmo en 1948). La idea inicial surge en 1973, pero se lleva a cabo entre 1980 y 1991. Su libro fue revolucionario porque consolidó una nueva etapa narrativa en el contexto del comic. Relata el testimonio en primera persona de su padre, un judío polaco que sobrevive al Holocausto y a todo el infierno nazi de la Segunda Guerra Mundial. Obra de gran intensidad, no sólo por sus textos sino por la representación antropomórfica de sus personajes: los nazis serán dibujados como gatos y los judíos como ratones.


Revista Leer Extra de verano año XVI nº114 Julio-Agosto 2000


El hombre que pudo ser rey ¡soy yo!

 El faro del fin del mundo / Jacinto Antón


Sean Connery (derecha) y Michael Caine, en El hombre que pudo reinar, de John Huston.


No son pocos los aventureros, reales o imaginarios, que han soñado en conquistarse un reino lejano, sentarse en su trono y fundar una dinastía. Entre los primeros están James Brooke, que se convirtió en el rajá blanco de Sarawak; Josiah Harlan que llegó a ser brevemente monarca de Ghor, en Afganistán, o Charles-Marie David de Mayréna, rey de Sedang (nombre de la principal tribu  que le entronizó) en las selvas de Indochina y que, a la sazón exiliado en Malasia, murió a causa de una mordedura de serpiente o un duelo (es difícil decir que es más interesante). Entre los segundos, los aventureros de ficción que lograron un reino, destacan, claro, Daniel Dravot y Peachey Carnahan, los dos pillos buscavidas del inolvidable relato de Rudyard Kipling El hombre que pudo ser rey, llevado magistralmente el cine por John Huston con Sean Connery y Michael Caine.

Siempre me han fascinado esas historias, pero desde lejos. Hay que tener mucha ambición y sobre todo muchos redaños, dos cosas de las carezco, para hacerte con un reino ("lo primero que tiene que exigirse a sí mismo el que se sabe aparte es el valor", dice en La vía real de Malraux ese moderno avatar de Mayréna que es Perken; "no tememos nada salvo a la bebida", declara por su parte Carnahan en el relato de Kipling). Y si alguna vez acaricié la idea de ser alguno de esos tipos sin escrúpulos y resueltos me quitó las ansias de realeza lo que hacen los sedangs y los jarain con los intrusos (la tortura de las mechas, que no es que te coloreen el cabello sino que te horadan los dedos de manera horriblemente dolorosa). O el destino de Dravot, del que sólo regresa de Kafiristán la cabeza seca y marchita, con su corona de oro, eso sí.

Así que comprenderán lo estupefacto que me ha quedado al enterarme de que alguien haya podido alguna vez pensar en mi como rey. Y no alguien cualquier, sino el mismísimo Javier Marias, Xavier I, rey de Redonda que serían excelentes reyes o reinas, por no hablar de su sangre azul literaria, su pedigrí, sus méritos y el afecto que les profesaba Javier. Basta con repasar el who´s who de Redonda y los grandes títulos que Javier otorgó a amigos, escritores y artistas: duques, duquesas, vizcondes y vizcondesas, caballeros y damas, embajadores, cónsules y emisarios redondinos, además de la ciudadanñia honoraria del Reino, y eso sin mencionar el Real Maestro de Esgrima o Lagardère que ostenta en doblete el Duque de Corso ((Arturo Pérez-Reverte) y que me gusta casi tanto como lo de "vizcondesa Strogoff" (Inés Blanca) o "embajador de Costa-guana o Nostromo" (Juan Gabriel Vásquez).

Mi propio título o rango es modesto. Consiste en el cargo de Jefe de Exploradores o Almásy -Javier hizo un guiño (o se hizo un lío) aludiendo al nombre de uno de mis personajes favoritos, el explorador y aventurero húngaro Laszlo Almásy-. Realmente (y valga la palabra) ascender de Jefe de Exploradores del Reino de Redonda a Rey sería un salto considerable. Una pirueta digna de una novela de aventuras.

Sea como sea, Javier sabía perfectamente que yo no tengo hechuras de rey, vamos, si en la mili no pasé de soldado raso, llevo 40 años en el diario en el mismo cargo de subjefe de Cultura y cuando en un momento de crisis del suplemento Lluís Bassets me propuso ser el jefe de Babelia dije que no, con el mismo horror que si me hubieran ofrecido ascender a sargento en Fort Zinderneuf.

La amistad con Javier se basaba en lecturas, ilusiones y sueños comunes, y en un cariño mutuo que se podía manifestar en cosas tan insólitas como el interés por el yeti, el Capitán Trueno, el coronel Blimp, los castillos cruzados, el espía nazi infiltrado en el rodaje del Enrique V de Laurence Olivier, las panteras negras, la traición, Kipling, precisamente, o el Mau-Mau.

Nunca seré rey de Redonda -lo que sin duda es una suerte para el reino-, pero he heredado una cosa de Javier que me hace muchísima ilusión. Un traje de gala de escocés, completo de gala escocés, completo con falda (tartán verde y oscuro Black Watch), chaqueta, chaleco, sporran y cinturón. Javier lo adquirió para vestirlo al recoger un premio al recoger un premio literario en Edimburgo. Me lo pongo en casa por las noches. Nunca se vio a un Jefe de Exploradores más pinturero y mejor vestido. Decía que jamás seré rey de Redonda, pero puede ser que Javier me haya dejado el traje para sorprender a los nativos de alguna tierra lejana y agreste, y, con un puñado de rifles, crear allí mi propio reino y proclamarme rey. Jacinto I, querido Javier, qué exótico suena. "El hijo del hombre se marcha a la guerra / buscando ganar una corona del rey / ¡en lontananza ondea su estandarte rojo como la sangre! / ¿Quién será el que lo siga?".


El Pais. Cultura. Sábado 28 de octubre de 2023


sábado, 4 de noviembre de 2023

ANIME ARQUITECTURE: INNOCENCE

 

Innocence, 2004 (English title: Ghost in the Shell 2: Innocence). DIR: Mamoru Oshii. SCR: Mamoru Oshii. ART: Shuichi Kusamori (credited as Shuichi Hirata). ANI: Hiroyuki Okiura, Kazuchika Kise. MUS: Kenji Kawai. PRD: Production I.G. 98 mins.


































Heavenly Vessel

Celebrando el 10º aniveersario del estudio The Line, Venla Linna dirige este cortometraje

Toda la información a través del increible sitio de  Catsuka




 



Director - Venla Linna

Art Director - Juancho Crespo

Comp Lead - Clarisse Valeix

Animation Lead - Amanda Jespersen Holm

Character Design - Amanda Jespersen Holm, Jessica Teare, Venla Linna, Taehan Roh (Yono)

Concepts & Styleframes - Antoine Perez, Daniel Converio, Kévin Roualland

Beatboard - Kévin Roualland

Storyboards - Lou Victor Karnas, Venla Linna

Background Layout - Antoine Birot, Daniel Converio, Simon Masse

Background Paint - Antoine Birot - Daniel Converio - Luc Courtois

Character Layout - Amanda Jespersen Holm, Venla Linna

Animation Team - Maxime Jouniot, Camille Chao, Allan Michaut, Clara Schildhauer, Simone Cirillo, Louis Holmes.

Clean up - Amanda Jespersen Holm

Animation assistants - Paola Costigliola, Daniel Morales, Sara Frias, Cristina Ursachi, Chiara Di Luzio, Kamila Konczewska

Comp Team - Clarisse Valeix, Florian Ojeda, Valérie Guichard, Lucile Arnaud, Lisa Mandelli, Natasha Francis, Max Taylor

Executive Producer - Tim McCourt

Head of Development - Lisa A. Smith

Producer - Kateřina Grecová

Production Manager - Michaela Dede

Edit/Production Assistant - Viktoria Milcheva

Talent and Scheduling Coordinator - Jesus Ovejero

viernes, 3 de noviembre de 2023

VIENTOS DE CAMBIO. TIEMPOS DE REVOLUCIÓN José Andrés Santiago



Innocent

Shin’ichi Sakamoto

Milky Way Ediciones

Japón

Rústica con sobrecubierta (9 vols.)

208-226 págs. (varían según vol.)

Blanco y negro

Obra relacionada

La Rosa de Versalles

Riyoko Ikeda

(Azake Ediciones)

1789: La Revolución Francesa

Edmond Baudoin, Víctor de la Fuente, Michel Blanc-Dumont, Rubén Pellejero, Andreas Martens y Miguelanxo Prado

(Ikusager Ediciones)

Aunque en Japón el manga histórico es un género consolidado, con numerosas obras que cubren diferentes períodos temporales, hasta ahora su presencia en España siempre había sido testimonial, centrándose casi en exclusiva en crónicas biográficas y relatos de ninjas y samurais. Por ello, sorprende la apuesta de Milky Way por un título de este género. Lo que no resulta tan chocante es que lo haga de la mano de Innocent, un manga seinen del autor Shin’ichi Sakamoto, centrado en los eventos y actores que precedieron a la Revolución Francesa, y cuyo equilibrio entre un dibujo de gran belleza y una historia turbia y llena de personajes aberrantes le valió la nominación al Premio Cultural Osamu Tezuka en 2014 y al premio Manga Taisho en el año 2015. Innocent es una obra impactante y perturbadora, tanto por las complejas dinámicas interpersonales que trazan los protagonistas, como por su ejemplar factura artística.

Publicado originalmente por la editorial Shūeisha en la revista Weekly Young Jump entre los años 2013 y 2015, Innocent cuenta con un total de nueve volúmenes. Ambientada en la Francia del siglo XVIII, la historia gira en torno a la persona de Charles-Henri Sanson (1739-1806), cuarto cabeza de familia de una dinastía de verdugos oficiales. En la vida real, el Monsieur de París ejerció su cargo durante cuarenta años, ejecutó a miles de personas —entre los que se encuentran el propio Rey Luis XVI y su esposa María Antonieta de Austria— y fue uno de los principales promotores de la implantación y uso masivo de la guillotina como instrumento de muerte. No obstante, el retrato que de él hace Sakamoto se centra más en la construcción psicológica del personaje y no tanto en su indudable relevancia histórica. Los años que preceden a la Revolución Francesa, la corte de Luis XVI, los escenarios ambientados en los paisajes versallescos, la rutina palaciega y los quehaceres de la nobleza, o los callejones del París de la época, parecen, por momentos, un pretexto para profundizar en la esencia conflictiva de Sanson; un antihéroe sumido en una pugna constante entre las expectativas de su familia y su alma sensible y gentil, entre su abominable obligación como verdugo y sus sueños de justicia, paz y libertad. El manga de Sakamoto habla, en definitiva, de un progresivo adiós a la inocencia; una inmersión en las tinieblas y un constante debatirse entre el deseo y el deber.

La Francia dieciochesca ha sido el escenario de muchas obras de cómic japonés, pero sin duda el título por excelencia es La Rosa de Versalles (1972), el celebérrimo manga shôjo de Riyoko Ikeda. Pensada —al menos en su origen— para un público femenino y juvenil, la trágica historia de amor de La Rosa de Versalles se encuentra en las antípodas de Innocent. El seinen de Sakamoto está dirigido a un lector exclusivamente adulto; el amor romántico brilla por su ausencia y abundan las atroces escenas de tortura y brutal sufrimiento, el dolor, las penurias y la descomposición del alma humana. Así, en un primer momento, los parecidos entre ambos títulos parecen limitarse al periodo histórico en el que habitan sus respectivos protagonistas. Sin embargo, las semejanzas entre La Rosa de Versalles e Innocent van más allá, al estar ancladas en lo estético y narrativo. El dibujo de Innocent bebe de la influencia del shôjo más tradicional: los trazos depurados, personajes bellísimos y estilizados, la dilución de los roles heteronormativos, la ruptura del marco de la viñeta, la búsqueda constante de efectos atmosféricos, o el uso de alegorías visuales —con abundancia de elementos vegetales y oníricos—para representar la psique de los protagonistas.

No cabe duda de que el dibujo de Sakamoto —limpio, pulido, rozando el culto al detalle y con influencias del art nouveau— es uno de los grandes atractivos de Innocent. La lectura es semejante a la de cualquier otro manga —más sofisticado, tal vez, por el público adulto al que se dirige—donde la fluidez entre las diferentes viñetas, la composición del pliego y la ausencia de grandes bloques de texto aceleran el ritmo al que se devoran las páginas. Como contrapunto, el dibujo extremadamente detallado invita inmediatamente a una relectura, donde lo argumental da paso a lo formal. Cada página está bordada con primor y la atención a los detalles es casi patológica, tanto en la calidad de los diseños como en el esfuerzo del autor por representar con realismo objetos y situaciones de la época. Más allá de las lógicas licencias creativas, Sakamoto ha llevado a cabo una exhaustiva labor de investigación, y durante el desarrollo de la obra ha contado con la colaboración de varios departamentos de Historia de diferentes universidades japonesas.

Resulta chocante el abismo que se establece entre la belleza del dibujo y la crueldad de las imágenes. Las descripciones de las ejecuciones y procedimientos de tortura, a menudo acompañadas de minuciosas explicaciones médicas, acentúan el efecto de repulsa. En Innocent no se percibe una violencia estetizada, sino carnal. Sin embargo, el dibujo de Sakamoto tampoco se siente sucio y orgánico, sino inerte, más cercano a un relato de cirugía, a una mesa de disección o los grabados renacentistas y pinturas barrocas de Vesalio o Rembrandt.

Solo apta para lectores adultos, Innocent es una obra tejida por juegos dicotómicos de emociones enfrentadas; donde los límites entre dolor y placer, belleza y depravación, o bondad y vileza, terminan por desdibujarse.


Anuario Comic 2018

Jot Down Comics




ANIME ARQUITECTURE: METROPOLIS

 

Metropolis, 2001 (English title: Robotic Angel). DIR: Rintaro. SCR: Katsuhiro Otomo. ART: Shuichi Kusamori. ANI: Yasuhiro Nakura. MUS: Toshiyuki Honda. PRD: Madhouse, Tezuka Pro. 107 mins.