viernes, 23 de enero de 2026

MENTAT F.P. NAVARRO/JAVIER PULIDO PLANETA DEAGOSTINI



Ya lo ha dicho alguien en otra parte, creo: los trabajos menos satisfactorios de esta extraña Línea Laberinto no son los que directamente podemos desechar como basura (FIAN es un buen ejemplo, pero hay más), sino los títulos firmados por gente de la que uno esperaría más. Es el caso, lamentablemente, de MENTAT, serial de cuatro entregas que quiere vehicular un jocoso divertimento nostálgico y referencial del guionista Pérez Navarro y queda empantanado a medio camino por culpa, en buena parte, de un dibujante excepcionalmente dotado que no acaba, sin embargo, de cuajar, no sé si por falta de sintonía con el escritor o por una excesiva indecisión (inmadurez, casi diría) en sus planteamientos narrativos e incluso plásticos.

De Pérez Navarro, sin duda, podía esperarse más. No en vano es uno de nuestros guionistas industriales más inteligentes y entregados (conviene no olvidar sus primeros trabajos para SUPERLOPEZ o aquella serie deslumbrante que en 1988 publicase la fenecida CAIRO, NOSTRADAMUS, un arriesgado ejercicio de montaje resuelto con agilidad, precisión y el talento espectacular de Sempere), pero no parece que su intento de homenajear un cierto tebeo de superhéroes haya acabado de dar en la diana esta vez.

Leyendo MENTAT uno siente una suerte de incómodo desdoblamiento: ¿es una obra referencial y de tono burlesco, en la línea de Gallardo o Montana, o nos encontramos ante un despropósito nostálgico, dialogado a la manera del Claremont más estereotipado (esas adolescentes patéticas, los chistes de manual...)? Personalmente, prefiero creer que se trata de lo primero. (Por desgracia, el dibujante no parece compartir mi opinión y realiza un trabajo espectacular, sí, pero disperso, frío. El resultado, insisto, queda en tierra de nadie, a mitad de camino entre el quiero y el no puedo.)

En cuanto a Pulido, hay un par de cosas más que obvias: es joven y tiene talento. El apresuramiento de la puesta en página, sus titubeos narrativos o su insistencia en omitir fondos y viñetas de situación son errores subsanables con tiempo y trabajo (cosas ambas que, parece, no le faltan). Entre sus aciertos, que no son pocos, no es el menor un contagioso entusiasmo por el medio que traspasa la viñeta como una brisa de aire fresco y, tal vez, renovador (entusiasmo y amor por los tebeos que lo hermanan a dos de sus compañeros de generación más notables, el prolífico Germán García y el más disperso Luis Bustos, con los que comparte además no pocas influencias: Mazzucchelli, Jaime Hernández, una sombra de Olivares aquí y allá... Juntos tomarían una especie de núcleo activo de refundación de un nuevo tebeo de consumo, de gramática elemental y aliento lúdico, que empieza a despuntar entre la mucha maleza inútil que llena el jardín de la joven Historieta española).

Un tebeo comercial, decididamente fallido pero con los suficientes aciertos para que la semillita de la esperanza pueda empezar a echar raicillas en nuestras estanterías. Un prólogo titubeante, sí, pero prometedor. Excusa más que suficiente para recomendar su lectura, a mi juicio (¿a lo mejor la edad me vuelve blando..?).

Francisco Naranjo

U, el hijo de Urich #4 Marzo 1997


jueves, 22 de enero de 2026

ESTADOS CARENCIALES JAVIER OLIVARES MALASOMBRA EDICIONES/CAMALEÓN EDICIONES



Quizás una de las consecuencias más molestas de la precariedad industrial de nuestra Historieta es que cada vez son menos los autores que pueden dedicar una parte lo suficientemente importante de su tiempo a dibujar tebeos. Aunque parezca mentira, los dibujantes de comic también comen, y a algunos hasta les gusta salir por ahí de vez en cuando, viajar o abandonar la casa de sus padres antes de cumplir los 40.

Casi sin darnos cuenta, nos hemos quedado sin saber qué hubieran podido llegar a dar de sí tantos y tantos historietistas que se ven obligados a dedicar la mayor parte de su tiempo a la ilustración o el diseño.

Aunque el madrileño Javier Olivares nunca ha abandonado totalmente los tebeos (tras el cierre del MADRIZ Y de MEDIOS REVUELTOS, las dos revistas en las que se dio a conocer, Javier ha publicado decenas de historietas cortas en los sitios más insospechados) lo cierto es que la mayor parte de sus estuerzos como dibujante durante los últimos siete u ocho años se ha centrado en la ilustración de libros de texto, varios cuentos infantiles (entre ellos uno excelente escrito por él mismo que lleva por título EL ARCA DE NOEMI) e incluso algún storyboard cinematográfico. De hecho, pese a su indudable interés, las dos únicas obras verdaderamente "de autor" (o sea, realizadas de acuerdo a criterios estrictamente persona-les) que ha publicado durante todo este tiempo, LOS CUENTOS DE LA ESTRELLA LEGUMBRE, un miniálbum publicado por El pregonero, y EL SEGADOR DE TUS COSAS, editada por Camaleón dentro de su colección en formato tira El extraño camaleón, no eran exactamente historietas, sino ese extraño híbrido, aún por nombrar y definir con exactitud, a medio camino entre la ilustración, el comic y la prosa que practicó con regularidad buena parte de la plantilla del MADRIZ (Javier de Juan, Raúl, Federico del Barrio, etc).

Así, es muy probable que para todos aquellos que de forma automática asocian su nombre con atrevidos experimentos formales y alambicadas piruetas lingüísticas sea una sorpresa el que Javier Olivares publique a estas alturas un tebeo en apariencia tan ortodoxo como ESTADOS CARENCIALES. Pero los que le conocemos y hemos tenido la suerte de echar un vistazo a alguno de sus abigarrados cuadernos de bocetos sabemos que Javier, además de ser un titán del dibujo (tal y como ha demostrado con creces a lo largo de toda su carrera y de forma aún más contundente en sus últimas colaboraciones para las revistas LA MÁS BELLA, IDIOTA Y DIMINUTO y NOSOTROS SOMOS LOS MUERTOS), es también un historietista metódico y riguroso que conoce a fondo los mecanismos narrativos del medio.

Cuatro historietas conforman esta primera entrega de ESTADOS CARENCIALES: "ESCENA EN LA COCINA", un gélido sketch de desamor gay que Javier ha dibujado con un agresivo estilo expresionista a partir de un texto de Jesús Gras; la desconcertante "LA ÚLTIMA CENA", una historieta de una página que ya fue publicada en el fanzine PATÉ DE MARRANO; y las fascinantes "DIOS GUARDE CADA RINCÓN DE ESTA CASA" y "SE RUEGA SILENCIO", dos desoladoras historias protagonizadas por un introvertido cuarentón que aún vive con su anciana madre (en una de las escenas más conmovedoramente patéticas de la primera historieta, el anónimo protagonista se masturba por la noche tapándose la boca con una mano para no despertar a su esperpéntica "mama"), que Olivares ha resuelto, pese a la dificultad añadida que entraña el que transcurran casi en su totalidad en agobiantes espacios cerrados, con un envidiable oficio que pocas veces ha tenido oportunidad de demostrar con anterioridad (un oficio forjado, por extraño que parezca, durante una adolescencia dedicada casi exclusivamente al estudio obsesivo de clásicos de la Historieta europea como EL TENIENTE BLUEBERRY de Giraud o los álbumes de COMANCHE dibujados por Hermann).

No es fácil explicar en cuatro líneas cómo, a partir de anécdotas tan nimias como las que narra en ESTADOS CARENCIALES y utilizando los equivalentes historietisticos de técnicas propias del "realismo sucio" americano que practicaron escritores como Raymond Carver o Tobias Wolf (anticlimáticos falsos finales, desarrollos argumentales lineales, engañosa sencillez formal y personajes hieráticos, que llevan "la procesión por dentro") que también han hecho suyos compañeros de generación transatlánticos como Seth, Daniel Clowes o Chester Brown, Javier ha sabido escribir y dibujar una obra de lectura indispensable (desigual e imperfecta, como todas las verdaderamente grandes) para cualquier lector mínimamente inquieto.

Ahora sólo cabe esperar que Javier no se desinfle y que nos sorprenda con un nuevo ESTADOS CARENCIALES en un plazo de tiempo algo más breve al transcurrido entre la publicación de EL SEGADOR DE TUS COSAS Y este número dos de la colección Terra Incógnita. El mercado, como siempre, tiene la última palabra.

David Muñoz


U, el hijo de Urich #4 Marzo de 1997


martes, 20 de enero de 2026

TRIBUTO ALBERT UDERZO 1950-1959, LA DÉCADA MÁGICA


ALBERT UDERZO

Fotografiado en casa por Christophe Lebédinsky en 2012

© Christophe Lebédinsky

El 24 de marzo de 2020, Albert Uderzo falleció silenciosamente a los noventa y dos años, en un mundo hostil paralizado por el coronavirus. Un mundo que, sin embargo, el dibujante se había esforzado por hacer reír, en todos los idiomas, gracias a su universo galo creado junto al guionista René Goscinny. De la imaginación de estos dos socios surgieron cientos de millones de álbumes, películas de animación, éxitos de taquilla de acción real, innumerables productos derivados, un parque de atracciones... ¡Eso sin duda merece unas palabras!

Por Alain Duchêne


Tanguy y Laverdure: Ilustración para el 4º álbum de la serie (hacia 1966)
©Charlier & Uderzo / Dargaud

La carrera de Albert Uderzo, este auténtico genio del dibujo, es única, como la de un tal Walt Disney, y merece ser ampliamente reconocida. Lo sorprendente es que vivió los momentos más decisivos de su vida y carrera durante una sola década: la de 1950. Caricaturista humorístico por inclinación, se inclinó hacia el realismo por necesidad. Se convirtió en uno de los mejores en todos los campos (bajo el seudónimo de Al Uderzo) y creó, gráficamente, a Oumpah-Pah, Astérix, Tanguy y Laverdure... y tantos otros personajes entre 1950 y 1959.

Encuentros para toda la vida

Profesional y personalmente, Albert Uderzo, nacido en 1927, tuvo tres encuentros importantes a principios de la década de 1950. Primero, conoció a Jean-Michel Charlier en el verano de 1951, con quien trabajaría y forjaría una estrecha amistad. Luego, a finales de 1951, conoció a René Goscinny: conectaron al instante. Finalmente, Albert se enamoró de Ada en 1952 y se casó con ella el 5 de septiembre de 1953. Pasaría casi setenta años de amor incondicional con ella.

Cuando Uderzo conoció a estas personas, que se convertirían en esenciales para él, llevaba trabajando en France Dimanche desde diciembre de 1949. Él, cuyo gusto se inclinaba más por el dibujo humorístico(1), se vio obligado, para sobrevivir en la profesión, a realizar dibujos realistas para ilustrar las secciones de sucesos. Publicó algunas tiras prometedoras, aunque todavía torpes (tres en diciembre de 1949 y el resto en 1950 y 1951).

(1) Todavía muy influenciado, especialmente en Clopinard, en 1946, al estilo de Floyd Gottfredson, dibujante de Mickey.

Cuando Uderzo comenzó a ilustrar la novela de Mildred Davis, La habitación de arriba, para France-Soir, su evolución gráfica fue innegable. El artista creó paneles intrincados con numerosos personajes, ángulos de cámara dignos de un maestro de la fotografía, primeros planos efectivos y fondos meticulosamente elaborados.

Sin embargo, a pesar de ganarse la vida cómodamente, Albert se aburrió rápidamente de este trabajo. Quería volver al cómic. Yvan Cheron, quien dirigía la agencia International Press en Bélgica, se fijó en su trabajo en el Tour de Francia de 1951 y le ofreció un puesto en su equipo. Así, en 1951, conoció a Charlier por primera vez y colaboró ​​con él: "¡Una persona excepcional!", diría Albert más tarde. El artista retomó su personaje Belloy, que Jean-Michel luego escribió para nuevas aventuras. Entonces Goscinny entró en la vida de Uderzo como mensajero, para retomar una página de Belloy que llegaba tarde... "Fue una especie de amor mutuo a primera vista", diría René. Hablamos durante horas. Decidimos trabajar juntos."



Una serie de proyectos encadenados.

Los dos amigos comenzaron a colaborar en una columna corta, "¿Quién tiene razón?", destinada a inculcar buenas costumbres, para el semanario Les Bonnes Soirées. Después crearon una primera versión del Oumpah-Pah indio, que fue rechazada por todos. Entonces dieron a luz a su primer héroe de cómic: Jehan Pistolet, el corsario del Rey. Esto marcó el comienzo de una amistad inquebrantable y una colaboración artística única.

Paralelamente a la columna "¿Quién tiene razón?", Albert creó las ilustraciones para una serie en la misma revista, Les Bonnes Soirées. Dibujó historias de Su Majestad, mi esposo, sin la firma de su autor, que narraban...

Le Chambre du haut. France-Soir n.° 2028 del 5 de febrero de 1951 © Albert Uderzo




Dibujo original. Bonnes Soirées N° 1633 de 24 de mayo de 1953 ©Alberto Uderzo




Plancha original 108 de Luc Junior chez les Paspartos. La Libre Junior nº43 de octubre 1956 © Albert Uderzo

Aventuras y desventuras de una pareja de clase media con tres hijos y un perro. A menudo erróneamente atribuida a René Goscinny, "Sa Majesté mon mari" (Su Majestad, mi marido) es una pequeña joya nacida de la pluma de Mony Lange, cuyo estilo etéreo recuerda inevitablemente al de Goscinny a través de los numerosos toques agradables y humorísticos que salpican estos relatos.

El jueves 2 de abril de 1953, el suplemento de "La Libre Belgique" dio la bienvenida a su nuevo héroe, el más famoso de los exploradores: "Marco Polo", una aventura histórica clásica y bien elaborada, cuyo guion fue escrito por Octave Joly (2). Uderzo creó su primera tira cómica verdaderamente realista, jugando con bloques negros. Hasta entonces, el entintado de sus dibujos para la prensa general había sido deliberadamente...Más lineal, sin sombras y con contornos más gruesos. Para ilustrar esta aventura ficticia, basada en hechos históricos (más o menos) verificados, el artista se basó en una sólida investigación.

Las vistas de Venecia son precisas e impresionantes. Aunque el propio artista las describió como "el pan de cada día", los cientos de ilustraciones que Albert produjo para La Libre Belgique siguieron siendo, en este punto de su carrera, un sorprendente interludio de realismo en su ya rica obra humorística. Entregaba cuatro dibujos al día para ilustrar la columna titulada "La historia de la semana". De lunes a viernes, veinte ilustraciones semanales fluían de su pincel, aunque no las recordaba.
El artista se centró en su serie en curso: Belloy y Jehan Pistolet. Todos los proyectos secundarios siguieron siendo, para él, anecdóticos. "Lo aceptábamos todo", recordaría más tarde. "¡Por suerte, tenía un don para la pintura!"

(2) Este nombre, aunque no sea conocido por el gran público, es conocido por los aficionados al cómic histórico ya que escribió los guiones de más de mil historias de la serie Belles Histoires de 1951 a 1976 de l´Oncle Paul para la revista Spirou.



El último viaje de "Pierrot el Hércules" Texto de Alain Corbuccia - Benjamin Jeunesse
Actualité n.°209 del 2 de diciembre de 1956 © Albert Uderzo

Una colaboración que cuajó rápidamente.
En 1954, Yvan Cheron encargó a Goscinny y Uderzo la creación de Luc Junior. A pesar de este encargo, que no encajaba del todo con las aspiraciones de ambos autores, el humor del dúo ya estaba consolidado.
El guion era preciso y efectivo, la obra gráfica, vivaz, divertida y enérgica. Ambos se complementaban a la perfección... En la viñeta final de Luc Junior en América, Uderzo se encuentra con Goscinny en la acera y se dan la mano... como para sellar el comienzo de una nueva era.

La obligación de no firmar las obras presentadas a las editoriales de Dupuis se convertiría posteriormente en un verdadero enigma para los historiadores del cómic.

De hecho, en la década de 1990, Dupuis comenzó a devolver a sus propietarios las ilustraciones originales encontradas en sus archivos. Uderzo recibió las cuatro páginas de lo que sería su único trabajo para la revista Spirou: El hijo del tonelero. En el reverso de la primera página, el guion se atribuía a Octave Joly... Sin embargo, persistía una duda. El estilo del escritor era más contundente que el de Octave Joly. Se parecía al de Jean-Michel Charlier. Los manuscritos encontrados en los archivos familiares disiparon definitivamente la duda: se trataba, en efecto, de otra colaboración entre Charlier y Uderzo.

Para el periódico Pistolin, Goscinny y Uderzo escribieron e ilustraron la columna "Niños Heroicos". Si bien el trabajo era claramente un medio para un fin, los dibujos eran sorprendentemente de alta calidad.

En 1957, junto con una multitud de otros proyectos, René y Albert revivieron la serie Benjamin y Benjamine, publicada en Benjamin Jeunesse Actualité, que se convirtió en Top Réalité Jeunesse en 1958. Al igual que Luc Junior, este estilo narrativo resultó ser vivaz y el ritmo, ágil. Los dos protagonistas, un hermano y una hermana, eran menos cautivadores que Luc Junior, pero las situaciones en las que se encontraban, y especialmente los personajes secundarios, eran divertidísimas. Los autores, sin duda, se lo estaban pasando bien.


Oumpah-Pah el Piel Roja, detalle de la lámina 13 (1958). © Albert Uderzo

Alternancia de estilos
Con Jean-Michel Charlier, también en 1957, Uderzo ilustró Clairette, una novela romántica desenfadada publicada en Paris Flirt. En sesenta y ocho medias páginas de esta desenfadada historia, el estilo del artista alcanza su máximo esplendor.

Siguió trabajando con Charlier, Uderzo contribuyó a la serie "Grandes Nombres de la Historia Francesa". Ilustró la vida de Guillaumet, un famoso piloto. "Lo recuerdo vagamente", contaría Albert más tarde. "Lo hacíamos para ganarnos la vida. No buscábamos divertirnos con estas pequeñas series.
Yo hice los títulos, como siempre. Recuerdo a Guillaumet porque desconocía su historia y la aprendí gracias a Charlier. De Guillaumet, por ejemplo, solo tenía una foto vaga de su avión, que dejó huella en su época. Intentamos acercarnos lo más posible a la historia real, pero todo lo demás fue improvisado". Uderzo también ilustró las vidas de Ferdinand de Lesseps y Drouot. Aparte de "Valérie André" y su formato tan especial (aguadas y texto bajo las ilustraciones), esta es, de hecho, la primera tira cómica realista de los dos amigos, y además, sobre aviación.

Goscinny, en colaboración con la revista Tintín, ayudó a su amigo Albert a incorporar al dibujante a esta poderosa editorial. Juntos, crearon la serie Poussin et Poussif (Poussin y Poussif), la historia de un bebé temerario y su perro maltratado, y La Famille Moutonet (La familia Moutonet), que narra las aventuras de una familia que vive en una pequeña casa suburbana. El texto y los dibujos ya estaban en perfecta armonía. En 1958, Oumpah-Pah hizo otra aparición. Los autores modificaron ligeramente el concepto inicial. El nativo americano vivía ahora en su propia época. El humor de la trama, la abundancia de juegos de palabras y juegos de palabras, y la fluidez del dibujo ya presagiaban a Astérix.

Un punto de inflexión decisivo
1959 marcó la creación de la revista Pilote, para la cual se necesitaban tiras cómicas. Albert Uderzo se convertiría en su pilar gráfico. Dibujó dos series que se convertirían en obras importantes, proporcionando maquetación e ilustraciones. Con Charlier, un entusiasta de la aviación, crearon Tanguy y Laverdure. Antes de establecerse en la Galia y sus habitantes, Goscinny y Uderzo evocan la Prehistoria. Albert dibuja algunos dinosaurios en papel (aunque en la Prehistoria, dinosaurios... ¡pero ambos autores serán aficionados a los anacronismos!).

En una hoja de papel, Albert pinta un cuadro que abarca desde la Prehistoria hasta la Antigüedad, desde dinosaurios cómicos hasta galos que aún buscan su identidad gráfica... Cuando el escritor se decide por Vercingétorix, ¡la suerte está echada! Lo que sigue es único. Albert produce cinco páginas semanales entre las dos series para Pilote y Oumpah-Pah para Tintín. Aún no es 1960, y ya está todo sembrado. ¡La cosecha igualará, e incluso superará, todo el esfuerzo invertido! 

Miles de páginas e ilustraciones después, gracias a Astérix, Albert Uderzo se ha convertido en un icono mundial.

Cuarenta y tres años después del fallecimiento de su amigo Goscinny, ahora descansa en su casa de campo, lejos del tumulto del mundo que ya echa mucho de menos.




Albert Uderzo: Lápices con los dinosaurios y los galos antes de encontrar el personaje de Asterix (hacia 1959). © Albert Uderzo




Astérix © Goscinny & Uderzo / Albert René


Les Arts Dessinés 11. Julio/Septiembre 2020


Un eje entre dos mundos

De las matemáticas al arte, la religión o la arquitectura, la antigua India tendió un puente olvidado entre el conocimiento de Oriente y Occidente

Templo de Borobudur, en Java, Indonesia, fotografiado en 1950. Henri Cartier-Bresson (Fundación Henri Cartier-Bresson / Magnum Photos / Contacto )
Por Luis Mazarrasa

Los primeros años del siglo XIII serían testigos en Europa de un acontecimiento fundamental que marcaría un nuevo rumbo para la ciencia, el comercio y la economía en general. Fue entonces cuando Leonardo de Pisa, apodado Fibonacci, regresó a su ciudad natal después de pasar su juventud en el enclave comercial que esa república del norte de Italia poseía en el puerto argelino de Bugía. A su vuelta, este genio de las matemáticas y difusor en Europa de la secuencia que lleva su nombre publicó el Liber Abaci, un ensayo o una propuesta sobre el cálculo matemático que supuso la introducción en el Viejo Continente de la llamada numeración arábiga y la sustitución del engorroso sistema romano que solo ofrecía siete guarismos. Y que además, carencia fundamental, no conocía el cero.

Pero los nueve números y el signo que facilita la comprensión de las milésimas, decenas o centenas ya eran de uso cotidiano nada menos que en el siglo III antes de nuestra era en lo que hoy es el Estado indio de Bihar, cuando era el centro de una poderosa nación budista regida por el emperador Ashoka, uno de los grandes nombres en la historia de la India.

Fue desde Bagdad, el mayor centro del saber en el mundo mucho tiempo después, cuando en el siglo VIII el sistema de numeración indio empezó a expandirse por las tierras del califato y llegaría a Europa 500 años después, mérito de un italiano que probablemente no supo que, en realidad, el origen de estos números no era árabe. Sostiene el historiador escocés William Dalrymple (Edimburgo, 1965) en su nuevo libro, La vía dorada (Despertaferro), que ese origen indostánico de los números actuales es solo una muestra del enorme legado que el mundo recibió de la civilización india y hoy apenas conocido en Occidente.

Si en su anterior obra, La anarquía, uno de los ensayos más brillantes y mejor documentados que se hayan publicado sobre el expolio llevado a cabo por la Compañía Británica de las Indias Orientales en apenas dos siglos en la India y en lo que hoy son Pakistán, Bangladés, Sri Lanka y Myanmar, Dalrymple proponía tesis audaces, como la comparación entre los métodos de la mayor corporación empresarial privada que haya existido y las tecnológicas actuales presididas por unos aspirantes sin escrúpulos a convertirse en los amos del mundo, en La vía dorada su escritura amena y erudita al mismo tiempo quiere revelar la enorme y en gran medida olvidada influencia que la India ejerció en todo el mundo antiguo. Así, desde el año 250 antes de Cristo y hasta el siglo IV, los navegantes indios aprovecharon los vientos monzones para desarrollar un fluido comercio con Roma, mucho más intenso a partir de la conquista de Egipto por Augusto, ya que a sus enclaves costeros en el mar Rojo arribaban los bajeles desde la costa malabar y de los puertos tamiles y en los que, además de la pimienta y otras especias, las piedras preciosas, el algodón y la seda, el marfil o el sándalo y otras maderas valiosas -que intercambiaban por ingentes cantidades de oro-, también viajaban las ideas, los inventos y hasta los dioses de la India.

Abunda Dalrymple en esta nueva obra sobre la India, su país de adopción, que fue ésta y no China, como la mayoría de los historiadores ha divulgado, la que mantuvo en la Antigüedad unos intensos intercambios con Roma no solo comerciales, sino inevitablemente también culturales. Así, se cuentan por miles las monedas romanas encontradas en los antiguos puertos de Kerala y Tamil Nadu, en contraste con las pocas halladas en China. De hecho, los museos indios son los que más monedas atesoran en el mundo fuera de los territorios que dominó Roma.

Pero a partir de la caída del Imperio Romano, expone Dalrymple, que vive a caballo entre Escocia y Nueva Delhi, los navías de los reinos cholas y otras dinastías del sur orientaron las proas de sus flotas hacia el este en busca de nuevo del oro y la vía dorada se expandiría en lo que hoy son Malasia, Camboya, Vietnam, Tailandia, Indonesia, China y las Islas Maldivas.

En este punto traza una similitud entre la colonización griega en el Mediterráneo y la ejercida por la India en el sudeste asiático, ambas fundamentalmente culturales y no militares. Del mismo modo que los barcos griegos exportaron por el Mediterráneo una lengua que antecedió al latín, los dioses, la arquitectura o la Ilíada y la Odisea, la India extendió desde Afganistán hasta el Extremo Oriente el sánscrito, que se convertiría en la lingua franca en esta amplia área, el budismo, el hinduismo y el estilo en la construcción de los templos. Y todavía hoy el Ramayana y el Mahabharata, epopeyas tan sublimes como las homéricas, se representas en sus formas autóctonas en Tailandia, Camboya o Indonesia.

Los mayores templos hinduista y budista que hoy se conservan casi intactos -Angkor Wat y Borobudur- no se alzan en la India, sino en Camboya y la isla de Java (Indonesia) y, aunque indudablemente incorporaron en su construcción elementos locales, ambos se diseñaron según los cánones arquitectónicos inventados en la Madre India, al igual que centenares de restos arqueológicos inventados en la Madre India, al igual que centenares de restos arqueológicos de santuarios diseminados por Oriente: My Son y las torres Cham en Vietnam, los templos no solo angkorianos, sino también los levantados durante el Reino Chenla en los primeros siglos de nuestra era en Camboya, los enclaves sagrados sivaítas en Nepal, las ciudades budistas de Anaradhapura y Polonnaruwa en Sri Lanka, las esculturas de Shiva y Visnú en Lembah Bujang (Malasia), los espléndidos recintos arqueológicos de Ayutthaya y Sukhothai, en Tailandia, los desaparecidos budas dinamitados por los talibanes en Bamiyán, los pocos restos que se han salvado del celo de otros regímenes integristas, como es el caso de Maldivas, y hasta las inscripciones y estatuas de dioses hinduistas en Turpán, en el Xinjiang chino.

William Dalrymple es un genial contador de historias, posee una erudición ya demostrada en sus obras anteriores, casi todas localizadas en el subcontinente indio, maneja una abrumadora documentación - La vía dorada contiene cerca de 1.000 notas finales y el índice bibliográfico ocupa 50 páginas- y lo narra con un estilo ágil, ameno y fácil de entender pese a la complejidad del tema.

Si este historiador no ha sido quien acuñó el término indosfera, sí es uno de los primeros autores en utilizarlo para explicar "cómo la India antigua transformó el mundo", como se lee en la preciosa portada de la edición española de este ensayo. Una influencia que en el sudeste asiático predominó hasta bien entrado el siglo XIII.

El motivo de este borrado de la historia de la enorme importancia de la cultura india en el mundo desde los primeros siglos de nuestra era lo atribuye Dalrymple al racismo y la justificación esgrimidos por los gerifaltes de la Compañía Británica de las Indias Orientales desde sus despachos de Londres y a partir de 1858 por el propio Gobierno de Gran Bretaña para legitimar una despiadada colonización sobre una de las dos mayores potencias culturales de Asia. ¿Cómo mantener una supuesta misión  civilizadora si se admitiera una estratosférica superioridad cultural y económica de los colonizados en el pasado?

Recuerda William Dalrymple en obras anteriores, como Los mogoles blancos, sobre los primeros ingleses y escoceses que se establecieron en la India y cayeron fascinados por su nueva patria -muchos incluso se casaron fascinados por su nueva patria - muchos incluso se casaron con bibis, princesas musulmanas, cambiaron su religión y adaptaron sus vestimentas al clima del trópico-, cómo en el siglo XVII el emperador mogol Jahangir, el hombre más rico del mundo que reinaba en el país con el mayor PIB del planeta, apenado por el aspecto poco elegante de una misión llegada de muy lejos por el oeste, concedió al enviado de un pequeño y desapacible reino de Europa, sir Thomas Roe,  el privilegio de establecer un pequeño puesto comercial en Surat (Gujarat) para la exportación de las riquezas de la India por parte de unos comerciantes modestos. El resto de la historia, como sucedió en la antigua Birmania, Hong Kong o la península malaya, fue la violación sucesiva de los acuerdos con los gobernantes de un país que les permitió su actividad para imponer finalmente sus leyes y dominación gracias a los fusiles de un poderoso ejército privado.

La vía dorada es también una nueva muestra del amor y la fascinación del autor por la cultura que nació "en la tierra al norte de los mares y al sur de los Himalayas", nos dice el sabio Vyasa en el Mahabharata. Y allí William Dalrymple sitúa "el jardín que produjo las semillas que, plantadas en otros lugares, florecerían con resultados innovadores, prósperos e inesperados".


La vía dorada 

William Dalrymple

Traducción de Ricardo García Herrero

Despertaferro, 2025. 464 páginas. 27,96 euros.


Babelia Núm. 1.772 . Sábado 8 de noviembre de 2025




lunes, 19 de enero de 2026

Breve historia contra el odio

 

Dos hombres y un niño, en El Escorial. George Rinhart (Corbis / Getty)

Juan Sisinio Pérez Garzón prescinde del debate de la esencia de lo español y se centra en las sucesivas sociedades que habitaron la península Ibérica

Por Gutmaro Gómez Bravo

La historia de España es un tema en constante renovación y en disputa permanente. La Breve historia de España, de Juan Sinisio Pérez Garzón (Catarata), de reciente aparición, sintetiza, de forma amena y con rigor, los avances de los últimos años, al mismo tiempo que muestra la inutilidad de las polémicas que nada tienen que ver con nuestro pasado. Prescinde, en primer lugar, del debate bizantino sobre la esencia o el ser de España, fijado desde la óptica del regeneracionismo del 98, y que sigue marcando buena parte de los ensayos sobre la naturaleza, estructura y gobierno de nuestro país. En su lugar, parte de una historia global de sus territorios y de sus gentes, mucho antes de que pudieran sentirse españoles. Y este es uno de sus principales logros, ya que consigue explicar cómo llegaron a serlo, junto a otros muchos sentimientos y pertinencias propios de su tiempo, pero no del nuestro. Las distintas identidades que los nacionalismos proyectan sobre el pasado desde el presente no coinciden con este repaso de las sucesivas sociedades que habitaron la península Iberíca desde la prehistoria. Mostrarlo de manera coherente, sin aspavientos ni solapamientos, es otro de los aciertos de esta obra interpretativa, narrativa y concisa, que tienen un afán didáctico.

No necesita para ello apropiarse ni arrebatar a nadie la idea de España, que nació y se consolidó en un marcado contexto de afirmación, pero también de crisis del modelo de Estado-nación europeo. Se afana, al contrario, en explicar los procesos que marcaron la vida de la gente a lo largo de las distintas etapas del tiempo hasta nuestros días, insistiendo, precisamente, en la naturaleza cambiante de la historia. Pero, por encima de todo, es una historia coral compuesta por una cantidad asombrosa de temas como los recuerdos, el tiempo, el espacio, la movilidad, el campo, las ciudades, las fronteras, las revoluciones, el Estado, las comunicaciones, la energía, el trabajo, las élites, el conocimiento, el arte o la religión. El dominio de esa amplitud temática y temporal marca, sin duda, la diferencia.

Muchas historias de España han consistido en una suma de relatos, en gran medida dependientes de otras historias nacionales anteriores. Se limitaban, como sigue ocurriendo en la mayoría de los libros de texto y manuales de estudio, a actualizar los datos y, sobre todo, a adelantar la línea del tiempo sin alterar el relato tradicional. La lógica aquí es inversa, ya que ofrece todo aquello que el gran público quiere saber, pero no encuentra en internet: una explicación coherente de su propio pasado, más allá de una ensalada de cifras y nombres aliñada de opiniones, errores y manipulaciones históricas. Ofrecer una mirada al pasado sin nostalgias ni mistificaciones no resulta nada fácil en la era de los bulos, pero es nuestra obligación como historiadores. Casi tanto como realizar una lectura del pasado común, sin corsés ni estrecheces particulares, a ritmo desigual y sin destinos manifiestos, prescindiendo del boato y de los formalismos académicos que llenan miles de páginas con un lenguaje indescifrable y cerrado. Esta Breve historia de España ofrece una visión de conjunto fuera de los compartimentos estancos en que se han transformado los campos de especialización y las líneas de investigación universitarias en las últimas décadas. La originalidad se encuentra en los argumentos y en las interpretaciones que plantea, así como en la variedad de temas que trata. La historia debe fomentar el interés y la capacidad crítica, pero no debe limitarse a juzgar el pasado porque, como sentenciara Montesquieu y nos recuerda bien este libro, "la verdad en un tiempo es error en otro".


Breve historia de España

Juan Sisinio Pérez Garzón

Catarata, 2025. 352 páginas. 22,50 euros.


Babelia Núm. 1.778 , Sábado 20 de diciembre de 2025

Los horrores de la guerra

La Hora del Bocadillo


‘Blazing Combat’, pese a su corta existencia como revista, supuso un clarividente jarro de agua fría para aquellos que apoyan el belicismo


José Luis Vidal

18 de enero 2026


Creo que no había mejor momento que este que estamos viviendo para que la reedición de este cómic regresara a las librerías. En la actualidad estamos viviendo un momento de una fragilidad absoluta en esa paz que todos creíamos que ya no iba a volver a romperse nunca más.

No hay más que leer la prensa o estar atento a los informativos para que un sudor frío recorra tu espinazo, ya que la ‘oportuna’ llegada a la presidencia de los Estados Unidos de un tipo como Trump, que tan solo piensa en su propio beneficio y juega al matonismo, está haciendo que la balanza se incline hacia un terreno muy oscuro y peligroso, el del conflicto entre países, ya sea con o sin razón alguna.

Pero no soy politólogo, ni lo pretendo. Así que viajemos al pasado, en concreto al ya lejano año 1965, en el que el hábil editor James Warren lleva a los quioscos y tiendas de prensa de la época una revista titulada Blazing Combat. Imagino la cara de muchas de las personas que compraron aquel primer número, obnubilados por la increíble portada del mítico Frank Frazetta, esperando encontrar en su interior un canto al patriotismo yanqui, que si por algo se ha caracterizado a lo largo del tiempo es por tomar un papel de tutor mundial que nadie le había encomendado, metiéndose en un buen puñado de conflictos y teniendo que salir pitando de algunos con el rabo entre las piernas… (Léase Vietnam, por ejemplo).

No, aquella revista no contenía una loa a la batalla, para nada. Y no lo era porque el creador que estaba tras el buen puñado de historias que contenía era un anti belicista convencido, pero además uno de los mejores guionistas que ha tenido el mercado norteamericano del cómic, Archie Goodwin.

Este en sus historias se centra en el ser humano, y en las terribles consecuencias que la batalla, el resonar de los disparos y, sobre todo, la obligación de sujetar un fusil o una ametralladora tienen sobre el equilibrio psíquico de una persona, la mayoría de la veces demasiado jóvenes para estar metidos en un trinchera, rodeados de podredumbre y muerte.

He de deciros que todas y cada una de las historias contenidas en este imprescindible volumen son auténticas joyas. Goodwin nos lleva en su particular máquina del tiempo atrás y adelante, desde la famosa batalla de las Termópilas, donde tan solo trescientos duros espartanos se las hicieron pasar canutas al ejército de Jerjes, saltando a la guerra civil norteamericana y sus estragos, y de ahí al conflicto en Vietnam, o la guerra aérea, la submarina, etc…

El proceso de documentación del guionista debió ser brutal, ya que creo que ningún historiador puede poner una sola pega a lo que nos narra en todos estos relatos (tan solo hay una divertida viñeta en la que digamos que no se comprendió demasiado bien el funcionamiento de un mortero… Cosas que pasan, no hay nada perfecto).

Para conocer los entresijos del nacimiento de la publicación, os remito a las dos interesantísimas entrevistas con las que culmina este volumen, que también contiene un staff de dibujantes que lo sitúan en una posición de calidad pocas veces logradas en este formato de revista.

Agarraos porque vienen curvas: Joe Orlando, Angelo Torres, George Evans, Gary Morrow, Reed Crandall Blaisdell Jones y Whitman, John Severin, Al McWilliams, Alex Toth, Gene Colan, Wallace Wood, Russ Heath.

Todos y cada uno de estos artistas, dibujantes, han escrito su nombre en la historia de los cómics, auténticos titanes de la viñeta que en estas páginas van a dar lo mejor de su arte.

Como ya os decía anteriormente, todas las historias escritas por Goodwin me parecen una maravilla, pero si tuviera que recomendaros las que más me han impresionado, ya sea por el arte o por el mensaje que contenía, os recomendaría las que llevan por título ¡Enemigo!, ¡Consecuencias!, ¡Paisaje! Por solo elegir tres, pero ya os digo que el mensaje antibelicista de los relatos en potente, sin pretender en ningún momento ser un panfleto, más bien todo lo contrario. Tan solo utilizando la realidad como medio, los autores logran que nos demos cuenta de la experiencia tan terrible que supone ser un soldado en un conflicto y las consecuencias que esto tiene también para todos aquellos que no luchan, pero se ven golpeados por la incomprensión de las armas en medio de la batalla.



Diario de Cadiz



Funny Games

¿Pensabais que el destino del mundo estaba regido por los gobiernos?


José Luis Vidal

16 de enero 2026



Oak Valley siempre ha sido un pueblecito norteamericano donde nunca ha sucedido nada especialmente reseñable. Todos sus habitantes se conocen y, ahora que se acerca la celebración de Halloween, esperan ansiosos esa noche en la que las calles del lugar se van a llenar de fantasmas, vampiros y monstruos de toda ralea.



Ficha
Cadáveres Exquisitos Vol. 1

Guion: James Tynion IV, Michael Walsh, Pornsak Pichetshote

Dibujo: Michael Walsh, Marianna Ignazzi, Valentine de Landro

Tapa blanda

Color

144 págs.

22 euros

Norma Editorial


Pero lo que los habitantes del lugar no saben es que los monstruos existen de verdad. No tienen colmillos, ni garras, ni poderes especiales.

Ellos y ellas son humanos, como nosotros, pero en vez de tener corazón en su interior tan solo existe la codicia y una frialdad hacia sus congéneres que no parece de este mundo.

Son los dueños del país, una sociedad secreta de millonarios, pertenecientes a familias de rancio abolengo que desde siempre han movido los hilos en los Estados Unidos.

Y claro, gente de esta ralea no podían llevarse bien entre ellos, por lo que la envidia y ambición han dado como oscuro fruto la celebración anual de un 'juego', por llamarlo de alguna manera. Y en esta ocasión, para no llamar la atención, el lugar elegido es Oak Valley…

Las reglas son muy básicas. Cada casa tiene un 'paladín', o mejor dicho, un asesino que deberá esforzarse en dejar tras él el mayor número de cadáveres para conseguir la supremacía de su casa en la justa, y que pueda gobernar durante un año. Obviamente, estos sicarios no son gente normal, y a algunos de ellos se les conoce por inquietantes alias. Rascal Randy, La Congregación, reclusa, Gamer Kid, Slater…

Pero claro, el odio entre las casas y la envidia que unas se tienen a otras ha hecho que la semilla de la conspiración crezca dentro el seno de una de las Casas, en concreto la perteneciente a Massachusetts, cuya representante va esforzarse al máximo por convencer a un ex militar degradado sin honores para que se convierta en su arma, y borre del mapa a todos los asesinos. Su nombre es Eduardo Torres, pero será conocido como Pistolero Solitario.

Y llega la hora de comienzo del juego…

Tras la marcha de Scott, el sheriff del lugar, los habitantes quedan a la merced de la horda de psicópatas. Veremos qué tal se las apañan Mike, un flipado empleado de gasolinera, la pareja formada por Xavier y Craig, la enfermera Laura, Audrey y su hijo Jason…

Si os entusiasmó la saga cinematográfica La Purga, este es vuestro comic, que viene firmado por dos de los geniales 'culpables' de que el género de terror esté de nuevo de moda en las viñetas, James Tynion IV (Hay algo matando niños) y Michael Walsh (The silver coin). Junto a ellos otros talentos del cómic, como Pornsak Pichetshote, Marianna Ignazzi y Valentine de Landro.

Os aseguro que, desde que se dé el pistoletazo de salida a este peculiar juego, no vais a poder apartar la mirada de las viñetas, para ver quién masacra a quién, y toda una tela de araña que se irá tejiendo entre los miembros de las Familias.


Diario de Cadiz