Quizás una de las consecuencias más molestas de la precariedad industrial de nuestra Historieta es que cada vez son menos los autores que pueden dedicar una parte lo suficientemente importante de su tiempo a dibujar tebeos. Aunque parezca mentira, los dibujantes de comic también comen, y a algunos hasta les gusta salir por ahí de vez en cuando, viajar o abandonar la casa de sus padres antes de cumplir los 40.
Casi sin darnos cuenta, nos hemos quedado sin saber qué hubieran podido llegar a dar de sí tantos y tantos historietistas que se ven obligados a dedicar la mayor parte de su tiempo a la ilustración o el diseño.
Aunque el madrileño Javier Olivares nunca ha abandonado totalmente los tebeos (tras el cierre del MADRIZ Y de MEDIOS REVUELTOS, las dos revistas en las que se dio a conocer, Javier ha publicado decenas de historietas cortas en los sitios más insospechados) lo cierto es que la mayor parte de sus estuerzos como dibujante durante los últimos siete u ocho años se ha centrado en la ilustración de libros de texto, varios cuentos infantiles (entre ellos uno excelente escrito por él mismo que lleva por título EL ARCA DE NOEMI) e incluso algún storyboard cinematográfico. De hecho, pese a su indudable interés, las dos únicas obras verdaderamente "de autor" (o sea, realizadas de acuerdo a criterios estrictamente persona-les) que ha publicado durante todo este tiempo, LOS CUENTOS DE LA ESTRELLA LEGUMBRE, un miniálbum publicado por El pregonero, y EL SEGADOR DE TUS COSAS, editada por Camaleón dentro de su colección en formato tira El extraño camaleón, no eran exactamente historietas, sino ese extraño híbrido, aún por nombrar y definir con exactitud, a medio camino entre la ilustración, el comic y la prosa que practicó con regularidad buena parte de la plantilla del MADRIZ (Javier de Juan, Raúl, Federico del Barrio, etc).
Así, es muy probable que para todos aquellos que de forma automática asocian su nombre con atrevidos experimentos formales y alambicadas piruetas lingüísticas sea una sorpresa el que Javier Olivares publique a estas alturas un tebeo en apariencia tan ortodoxo como ESTADOS CARENCIALES. Pero los que le conocemos y hemos tenido la suerte de echar un vistazo a alguno de sus abigarrados cuadernos de bocetos sabemos que Javier, además de ser un titán del dibujo (tal y como ha demostrado con creces a lo largo de toda su carrera y de forma aún más contundente en sus últimas colaboraciones para las revistas LA MÁS BELLA, IDIOTA Y DIMINUTO y NOSOTROS SOMOS LOS MUERTOS), es también un historietista metódico y riguroso que conoce a fondo los mecanismos narrativos del medio.
Cuatro historietas conforman esta primera entrega de ESTADOS CARENCIALES: "ESCENA EN LA COCINA", un gélido sketch de desamor gay que Javier ha dibujado con un agresivo estilo expresionista a partir de un texto de Jesús Gras; la desconcertante "LA ÚLTIMA CENA", una historieta de una página que ya fue publicada en el fanzine PATÉ DE MARRANO; y las fascinantes "DIOS GUARDE CADA RINCÓN DE ESTA CASA" y "SE RUEGA SILENCIO", dos desoladoras historias protagonizadas por un introvertido cuarentón que aún vive con su anciana madre (en una de las escenas más conmovedoramente patéticas de la primera historieta, el anónimo protagonista se masturba por la noche tapándose la boca con una mano para no despertar a su esperpéntica "mama"), que Olivares ha resuelto, pese a la dificultad añadida que entraña el que transcurran casi en su totalidad en agobiantes espacios cerrados, con un envidiable oficio que pocas veces ha tenido oportunidad de demostrar con anterioridad (un oficio forjado, por extraño que parezca, durante una adolescencia dedicada casi exclusivamente al estudio obsesivo de clásicos de la Historieta europea como EL TENIENTE BLUEBERRY de Giraud o los álbumes de COMANCHE dibujados por Hermann).
No es fácil explicar en cuatro líneas cómo, a partir de anécdotas tan nimias como las que narra en ESTADOS CARENCIALES y utilizando los equivalentes historietisticos de técnicas propias del "realismo sucio" americano que practicaron escritores como Raymond Carver o Tobias Wolf (anticlimáticos falsos finales, desarrollos argumentales lineales, engañosa sencillez formal y personajes hieráticos, que llevan "la procesión por dentro") que también han hecho suyos compañeros de generación transatlánticos como Seth, Daniel Clowes o Chester Brown, Javier ha sabido escribir y dibujar una obra de lectura indispensable (desigual e imperfecta, como todas las verdaderamente grandes) para cualquier lector mínimamente inquieto.
Ahora sólo cabe esperar que Javier no se desinfle y que nos sorprenda con un nuevo ESTADOS CARENCIALES en un plazo de tiempo algo más breve al transcurrido entre la publicación de EL SEGADOR DE TUS COSAS Y este número dos de la colección Terra Incógnita. El mercado, como siempre, tiene la última palabra.
David Muñoz
U, el hijo de Urich #4 Marzo de 1997

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